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4/19/2026

Enemigo de la humanidad


“Si en Europa, como suele decirse, el siglo XX empezó con la Primera Guerra Mundial, en Améríca Latina justo comenzaba en ese momento (la guerra de Estados Unidos contra España), 1898… porque los problemas políticos y culturales que engendraba la presencia estadunidense se enquistarían y afectarían a la vida entera del continente desde ese momento hasta el presente.”

Así describe Carlos Granés ( Delirio Americano) el corolario del movimiento de independencia cubana iniciado por José Martí en 1995 y el triunfo estadunidense sobre el reino español –se inició con un bloqueo– por el control colonial de Cuba. Si Cuba la revolucionaria, la heroica, la ejemplar, llega a caer también a partir de un bloqueo, según el anuncio terrorista y el bloqueo total de Trump, América Latina habrá inaugurado su entrada al siglo XXI de la peor manera posible.

Ese acto siniestro confirmaría lo que hoy se sabe pero ningún gobierno se atreve a expresar: que Estados Unidos, en su decadencia como imperio, se ha erigido en el enemigo más peligroso que la humanidad haya tenido jamás. Y no es por las actuales guerras de agresión y crímenes de guerra que se suman a todos los anteriores cometidos impunemente, ni por su propensión genocida, ni sus actos de corrupción (en el primer año de su gobierno la familia Trump, según The New York Times, se embolsó 4 mil millones de dólares), despojo y robo descarado a otros países; tampoco por sus amenazas e insultos a gobernantes de diversos estados (Brasil, Venezuela, Canadá, Inglaterra, Francia, Cuba, el Vaticano, Irán etc.), o los denuestos viles contra pueblos y naciones: los países de la Unión Europea, cobardes vasallos; los iraníes, animales; los inmigrantes somalíes, basura; los países de América Latina que no se alinean con el humor de la Casa Blanca, fallidos.

El carácter de enemigo de la humanidad le viene a Estados Unidos de su estructura productiva vinculada a la política y ambas lo deben a la necesidad de mantener un estado de guerra permanente. Una cronología mínima de las guerras en las que ha participado este país durante los siglos XX y XXI bastaría para confirmar este fenómeno metabólico de su sociedad. Veamos. Sólo apunto, de más de 70, algunos movimientos bélicos estadunidenses, por países y regiones. Varios de ellos se han reproducido varias veces en un mismo país. Panamá (1903, 1989); Cuba (1906, 1912, 1917, 1953, 1961- ); México (1910-1917), Nicaragua (1912, 1933); Haití (1915,1934); República Dominicana (1916-1924); Primera Guerra Mundial (1917-1918); Rusia (1918-1920, 2022); Segunda Guerra Mundial (1941-1945); China (1945-1949); Siria (1949, 2011-2019); Corea (1950-1953); Puerto Rico (1950); Irán (1953, 1987, 2025- ); Guatemala (1954); República Democrática del Congo (1960-1965); Vietnam (1955-1975); Camboya (1970); Angola (1975, 2002); Argentina, Bolivia, Chile, Paraguay, Uruguay, Brasil, Perú y Ecuador mediante el Plan Cóndor (1970-1980); Líbano (1975-1990); Granada (1983); Libia (1986, 2011); Somalia (1993); Haití (1994); Bosnia y Herzegovina (1995); Kosovo (1998-1999); Irak (1990-1991, 2003-2011), Yemen (2014- ); Afganistán (2001, 2021); Palestina (2023) y Venezuela (2026- ).

El negocio fundamental de Estados Unidos no se constriñe a la industria armamentista, pues esta se nutre de otras industrias: la acerera, la nuclear, la de energía, la automotriz, la náutica, la aeronáutica, la digital en diversas ramas, la de aparatos y medios de comunicación, la cinematográfica, la de confección de uniformes y equipos y otras. Ninguna puede parar su actividad ni rendir bajos dividendos a sus accionistas, menos aún pérdidas. Ni todo lo fabricado para la guerra va a parar a los museos. Tiene que ser empleado para ser sustituido por nuevos productos hechos con la misma finalidad: ser usados y consumidos. Por ello es que la política estadunidense implica necesariamente la guerra.

Todas las industrias y servicios vinculados a la actividad bélica tienen bajo su control segmentos dominantes de los partidos republicano y demócrata, pues estos son los beneficiarios de sus aportaciones dinerarias para la realización de campañas electorales y, en general, para su gestión burocrática. Pero no sólo la industria armamentista extiende tal control al Congreso de Estados Unidos; se calcula que entre 15 y 20 por ciento de la Cámara de Representantes responde a sus intereses. Las principales industrias vinculadas a la de las armas también tienen porcentajes mayores o menores de control sobre este órgano legislativo. Se infiere que algo similar ocurre en el Senado. No hay político que no deba parte o toda su carrera a alguna de esas industrias.

El régimen presidencialista de Estados Unidos hace que el titular del poder ejecutivo, como se ha visto de manera muy evidente con Trump, sea el agente cumbre de venta de armas como conductor de las guerras emprendidas por este país. Durante el mandato trumpista, los intentos del Senado por sujetar las decisiones bélicas del presidente a las del Congreso apenas si logran sumarse a la pedacería de la división de poderes tan objeto de jactancia de propios como de torpeza de extraños en la potencia guerrera. Quizá ni siquiera baste que un megalómano como Trump llegue a la presidencia de Estados Unidos para que este país provoque, si no es que promueva directamente, una guerra de destrucción mundial. Este breve análisis no puede concluir sino de una manera tajante. O la humanidad logra desarticular a Estados Unidos y su amenaza de un armagedón o Washington la destruye con algún motivo banal.

5/07/2022

Debanhi, ¿otra verdad histórica?

Abraham Nuncio

Las tres muertes de Maricela Escobedo, documental sobre el feminicidio de la madre de Rubí, su hija asesinada, por empeñarse en que se hiciera justicia respecto de su asesino, o La historia de un crimen, cinta que recrea la desaparición y muerte de la pequeña Paulette o la novela Las memorias de Andrea (base de la serie La prepago). Quienes las hayan visto o leído podrán tener un acercamiento aceptable a la desaparición y muerte de Debanhi, y de muchas mujeres que han muerto en condiciones semejantes y en su mayoría rodeadas de impunidad.

De esas desdichadas mujeres, Debanhi atrajo el mayor interés y una difusión global. ¿Por qué? La mala foto tomada por el taxista que la dejó a la orilla de la carretera a Laredo fue suficiente. El aviso de su desaparición, su figura grácil vista de espaldas en uno de esos páramos del Monterrey metropolitano y contra la oscuridad de la madrugada del día en que desapareció pudieron remitir al quiebre secreto de un destino violentamente truncado. En otros videos y fotografías se la ve expansiva y melancólica, vital y apagada, plena y escasa. Nada sorprendente. Por lo general los adolescentes son así, pero no todos lo expresan igual. Los rasgos hermosos de Debanhi fueron el subrayado del interés en saber de su paradero.

La búsqueda, sobre todo en el ánimo de cibernautas y otros espontáneos fue vehemente. Algunos aportaron datos que la procuración de justicia desechó por negligencia o bien por razones políticas.

Contexto. Colectivos se manifestaron en la primera decena de abril para protestar por esos atentados que de pronto se convierten en feminicidios. Cuatro de las manifestantes fueron detenidas y golpeadas por policías en el Palacio de Gobierno. Se quejaron formalmente y fueron citadas en este lugar donde recibieron una disculpa del gobernador, Samuel García. Miles más se han manifestado pidiendo justicia para las desaparecidas o asesinadas: Debanhi, Yolanda, María Fernanda y una larga nómina: más de 300 desparecidas en el estado entre enero y abril.

Hechos. A Debanhi la grabaron las cámaras del motel Nueva Castilla el 9 de abril y fue hallada muerta 13 días después en una cisterna de esta empresa cuyo cateo nunca fue ordenado. Sus prendas aparecieron en dos fosas diferentes; entre otras, sus botines tipo tenis donde ella yacía, en una, y su celular y su bolso, donde encontraron su sostén, en una diferente a una muy amplia distancia.

En el lapso que permaneció sin saberse su paradero renunció la titular de la Secretaría de la Mujer, cuyo motivo para ello, dijo, fue situaciones en que no había coincidencias. Y a causa de demasiadas inconsistencias en torno al caso fueron removidos de sus puestos el Fiscal Especializado en Personas Desaparecidas y el Fiscal Antisecuestros. Falla humana masiva, dijo el titular de Seguridad.

En la búsqueda y aclaración de la muerte de Debanhi las autoridades fueron perdiendo credibilidad. Su hipótesis inicial fue accidente; luego la cambiaron por crimen, y más tarde la volvieron a accidente. Murió, según el forense, de una contusión profunda en el cráneo. Mario Escobar, padre de Debanhi le vio marcas de violencia en ojos y garganta y contrató otra autopsia. Sus resultados, afirma, difieren de los de la oficial.

Medios y redes sociales. En el anudado contexto informativo de Nuevo León apareció un periodista en la modalidad de desparpajo y lengua suelta, Mafián. Mostró espacios donde se movió la víctima e información de aquellos a quienes entrevistó. A su padre lo grabó reclamando estentóreamente a las autoridades por el hallazgo de su hija en la tal cisterna, cuando ya habían investigado en su perímetro cuatro veces (sólo fue una, afirmó la fiscalía estatal). Mafián también se hizo una pregunta elemental: ¿Debanhi tenía novio? Y luego identificó a un personaje con el mote de El Jaguar, de nombre Gustavo Soto, pariente del dueño de la empresa Alcosa, a quien Debanhi dice temerle en una presunta conversación de celular con una de sus amigas. Soto niega ser El Jaguar, a pesar de que usó el mote algún tiempo en Instagram.

Como Mafián, periodistas similares desbordaron a las autoridades y a las empresas informativas tradicionales. Grabaciones difundidas, desde dentro y fuera el ámbito policial, hilvanaron parte de la trayectoria de Debanhi. Se la ve huyendo perseguida por un sujeto cuando ella sale de la casa donde había una fiesta a la cual acudió con sus amigas Ivonne y Sarahí. Se la ve deambular ante la empresa Alcosa e ingresar (corriendo) al motel.

Su personal dijo primero no haberse percatado de ello y carecer de grabaciones sobre los movimientos de la joven. Empero, una más reciente la toma caminando hacia la cisterna donde su cadáver fue hallado. La hipótesis multánime fue de que allí se le sembró.

Ante sus errores, reconocidos por las autoridades sobre la muerte de Debanhi, la mirada pública ha volteado a ver la información que cuestiona las versiones oficiales. Esa información tiene una lógica interna –no por ello necesariamente objetiva– que abona a su confiabilidad. Uno de sus extremos presenta una realidad siniestra: prostitución, proxenetismo, narcotráfico, ciertas amistades ligadas al gobernador y su esposa. Incluye la referencia a la habitación 124 del motel. Fotos que acompañan a éste y relatos similares los vuelve más verosímiles. Pero está la declaración de Alicia Leal, ex titular de la Secretaría de la Mujer, de que la casa de la fiesta donde estuvo Debanhi podría ser un lugar dedicado a la trata de personas.

La estrategia de la fiscalía estatal ha sido exigua en su pesquisa y en la forma de publicarla. Las veloces y arborescentes redes sociales le han ganado tiempo y piso. No sabremos pronto sus conclusiones. Las ronda, hasta ahora, el espectro de la verdad histórica.

9/24/2020

Intelectuales, medios y lucha de clases

Abraham Nuncio

Quienes descerrajaron el aplauso más franco y estruendoso con el desplegado de los 650 intelectuales (menos sus bajas) fueron los cinco ex presidentes rumbo a un posible juicio por los daños que cometieron contra la nación, contra la economía de las familias de menores ingresos y en favor de los más ricos y de sí mismos, contra el erario, los derechos humanos, los recursos naturales y el medio ambiente.

Como en el anterior desplegado que firmaron los caudillos de ese grupo y otros pocos, en el más reciente defienden lo que no existe (aquello que llaman prensa independiente) y lo que ya hay: respeto a la libertad de expresión de la cual gozan su propio desplegado y el denso coprovulario contra el titular del Ejecutivo: abren puertas abiertas dando la voz de alarma: Anibal ad portas, y en términos de guardianes de tal prensa independiente.

Hablemos de esa prensa independiente: la más visible fue hija del neoliberalismo –el capitalismo más desenfrenado, agresivo y corrupto–, que los cinco ex presidentes mimaron a la par que empleaban su ariete contra los medios que se mostraban críticos. Eso lo supo muy bien Fernando Gutiérrez Barrios y lo sabe igualmente Otto Granados Roldán en torno a casos como el de El Porvenir (hasta entonces el diario más prestigiado de Monterrey y el noreste mexicano), que desde su intervención siniestra se vino abajo. Prensa independiente en la neolengua de los 650 (menos sus bajas): conjunto de instrumentos de la oligarquía empresarial operado por la suboligarquía mediática y convertido en cuerpo informativo y de opinión por intelectuales inteligentes, que no alcanzaron el arduo nivel de la conciencia.

Es esa prensa la que le dio cobertura a los efectos de tal capitalismo: empobrecimiento de la mayoría trabajadora, desarticulación y entrega a los empresarios de sus conquistas sindicales, precariedad del empleo vía maquiladoras, outsourcing, contratos de protección al patrón, reducción real de salarios, privatizaciones de activos estratégicos, de-lincuencia burocrática, destrozo de los derechos humanos y depredación del medio ambiente. Una herencia que recibió el gobierno de Morena y a la cual apenas le ha tocado algunos de sus pelos.

Bien como violinista de restaurante, bien como alano o como golpeador, bien como tercia de simios que no ven, que no oyen, que callaron las causas de la ruina que los anteriores gobiernos nos dejaron, esa prensa fue y es cómplice de las peores prácticas entre funcionarios y empresarios. Hay que decirlo, sus abogados hallarán receptores diversos en una sociedad despolitizada y aliados de todos tamaños dentro y fuera del país.

Ese grupo de intelectuales inteligentes es menor si se toma en cuenta su matriz: un puñado de caudillos a quienes sigue un más amplio círculo de intelectuales inteligentes que han decidido dilapidar su obra en una causa engañosa, y, finalmente, otro grupo de mayor extensión conformado por adjuntos y arrimados con un desarrollado olfato oportunista.

Hablando en plata, digamos que la conformación de los 650 (menos sus bajas) no es privativa de este grupo. Así suele ocurrir cuando los intelectuales nos lanzamos a la política. Y en el intento de sumar, las posibilidades de seleccionar términos y compañeros se tornan muy delgadas o nulas. La ola que se levanta no deja de traer basofia, palabra que le pido prestada a Engels. Es inevitable.

Pero ya estamos en la arena. Y, como no ocurría hace tiempo, en la arena ideológica de la lucha de clases, anatema de la oligarquía y sus cajas de resonancia si es en respuesta a sus agresiones; triunfo de la razón si logran imponer sus términos y condiciones.

Así como la oligarquía le ha pedido a uno de los caudillos de los 650 (menos sus bajas), que los asesore para que las bases sociales hagan suya su causa, así quienes estamos en la línea de identidad de estas bases tenemos que esforzarnos por hacer llegar al mayor número y con la máxima coherencia posible, aunque no tengamos las facilidades de difusión, que sí tienen esos caudillos y sus seguidores, las ideas vinculadas a la liberación social –no sólo a la libertad regulada de la burguesía– y al cambio del sistema capitalista por otro identificado con la mayoría trabajadora y menos destructivo.

No hay que dejar que unas cuantas frases o vocablos como libertad de expresión, democracia, pluralidad, diálogo, que las conocimos de sobra en boca de políticos demagogos –mientras se ejercitaban en la represión– enmascaren realidades opuestas o sean artificialmente enarboladas.

En el vivac del Zócalo, acaso Gilberto Lozano pudo haber marcado falta a los intelectuales inteligentes. Si así fue debiera quitárselas. Espiritualmente –aunque ellos quieran deslindarse – puede contabilizarlos entre sus aliados, igual que lo hacen los cinco ex presidentes.

Otro préstamo, ahora de Lichtenberg: Una regla de oro: no hay que juzgar a los hombres por sus opiniones, sino por aquello en lo que sus opiniones los convierten.

9/10/2020

De partidos (no de fut ni de beis)




En occidente, y en varios de oriente, los partidos políticos se definen por la democracia.
México no ha sido la excepción. Los partidos que aparecieron en el siglo XX muestran en sus documentos básicos el principio de establecer o fortalecer la democracia. En una valiosa edición del Fondo de Cultura Económica (1975) titulada Los partidos políticos de México, son presentados tales documentos de los partidos Acción Nacional, Comunista Mexicano, Popular Socialista y Revolucionario Institucional, en sus versiones históricas y con comentarios de sus dirigentes e ideólogos.
El Partido Comunista era, por esas fechas, el más antiguo de todos: fue fundado en 1919. Aspiraba a constituirse en vanguardia del proletariado y de las masas trabajadoras en su lucha por la transformación socialista de la sociedad mexicana y por la edificación de la sociedad comunista. En esta redacción, producto de su XVI Congreso Nacional, declaraba que el objetivo principal para alcanzar tales fines era impulsar una revolución democrática y socialista.
En su declaración de principios de 1929, el Partido Nacional Revolucionario, primer antecedente del PRI, señala en su primer artículo que este partido acepta sin reserva alguna “el sistema democrático y la forma de gobierno que establece la Constitución. Esto lo relaciona con las elecciones periódicas, la libertad del sufragio y el triunfo de las mayorías en los comicios.
Lo mismo hace en 1938, en el artículo primero de su declaración correspondiente, el Partido de la Revolución Mexicana (PRM) sobre el sistema democrático de gobierno. Pero, a diferencia de su predecesor, en el articulo cuarto consideraba como uno de sus objetivos fundamentales la preparación del pue-blo para la implantación de una democracia de trabajadores para llegar al régimen socialista. De aquí su acento en los derechos de los trabajadores y la justicia social.
El Partido Revolucionario Institucional sigue, en los mismos términos, lo declarado antes por el PNR y el PRM sobre el sistema democrático. Elimina lo referente al socialismo, pero reconoce “la existencia de la lucha de clases como fenómeno inherente al régimen capitalista… y sostiene el derecho que los trabajadores tienen de contender por el poder político…”. Y reconoce –la gran paradoja de su historia– que ningún gobierno puede servir cabalmente al pueblo sino con un programa político y social donde impere una absoluta moralidad.
El Partido Acción Nacional, que ve la luz en la crisis de 1939, no hace mención definitoria de la democracia en sus principios de doctrina, y más bien parece evitar el uso del término, aunque en su visión del Estado y la política se avenga a la existencia de los derechos liberales que la traducen en las sociedades capitalistas. Desde luego, condena la lucha de clases, exalta la propiedad y eleva a la iniciativa privada a la más viva fuente de mejoramiento social. En la introducción a sus documentos rechaza las empresas en manos del Estado y se pronuncia por que se privaticen. Esa y otras medidas serán las formas por las que medio siglo más tarde se decantaría la modalidad estatal llamada neoliberalismo. Su redacción es una profecía.
El Partido Popular Socialista fue la nueva versión (1961) del Partido Popular (1947). Se trata de un híbrido de los principios y planteamientos del PRI en sus diferentes etapas y de los partidos socialistas; recupera la vocación democrática para ampliarla.
Desde luego, cada uno de los partidos que comprende esa edición han cambiado y ello puede verse, en principio, en sus documentos básicos, si bien la lectura completa de lo que han sido y son hay que derivarla de sus prácticas.
Desafortunadamente, la historia de la democracia, desde que Clístenes la introduce como régimen en Grecia hace apenas 2 mil 500 años, nadie la ha podido ver concretada si es que, como su nombre lo dice, significa poder del pueblo. Así le han llamado diferentes gobiernos, a pesar de mantener ellos mismos la esclavitud, la discriminación, la oligarquía, la explotación y la ausencia de libertad: los opuestos de la democracia.
Los partidos políticos que la abanderan han hecho dispendio de su uso demagógico, pero en la mayoría de los casos no han sido capaces siquiera de apelar a métodos democráticos en su vida interna. ¿Cuáles son ellos? En primer lugar, tomar sus decisiones fundamentales en el seno de una asamblea con capacidad de voz y voto. Y, en seguida, debatir todos los problemas internos, empezando por sus propios principios, la manera en que el partido trabaja para hacerlos practicables, la elección de sus dirigencias y, por supuesto, abordar el debate de los grandes problemas de su entorno inmediato, los nacionales y los de orden internacional. Para ello, no hay sino fomentar el estudio de los documentos que debe discutir cada uno de los colectivos en que se halle estructurado el partido.
Esos métodos elementales no parecen ser la cotidianeidad de los partidos políticos, y esto vale para cualquier tiempo y lugar.

8/27/2020

Señas de una generación que se despide



En poco más de un año murieron numerosos amigos queridos. Y el género del obligado y recurrente pésame ya me resulta cuesta arriba –siempre ha sido así, pero más aún en este lapso hollado por la pandemia.
Nunca como en esta peste aleve representada a todo color he invocado el poema de Jorge Cantú de la Garza, otro amigo –poeta él– muerto hace tiempo. Escribía: ya sólo nos vemos en las bodas / en los entierros / y en las tomas de protesta.
Ahora es peor. No nos vemos ni para disfrutar una taza de café, la charla vivificante o un saludo al paso.
Silvia ya no está. No la veremos en el próximo encuentro acompañada sin falta por Miguel, quien ahora, dice, se quedó a la mitad, sin su mujer: pantera negra y cantos de aves. Una de las parejas eje en el mundo cultural de Monterrey. Por suerte ella, Silvia Mijares, me pidió que le escribiera el prólogo para su libro Los pájaros impensables de la filosofía, que reúne su labor filosófica de largos años. Con Miguel Covarrubias, el punto velar de la poesía en la familia y fuera de ella hacíamos fiesta de la conversación sobre el tema de este libro, editado por la universidad pública de Nuevo León. Se traducía en generosas tandas de charla sobre sus diversas temáticas.
Silvia ya no está y esto es grave. Su partida nos priva de su actitud apasionada, gozosa y recia que nos liberaba una nube de endorfinas; de sus convicciones donde anidaban ideas políticas, teoremas filosóficos y literarios. Lo más triste es que no tenemos la exclusiva. La ciudad se ha quedado huérfana de filósofas y sus filósofos no están a la vista. Eso resulta tan peligroso como un hombre sin un libro.
Alejandra Rangel era la otra filósofa –que hizo del existencialismo heideggeriano la praxis que a su autor le faltó–. Murió unos cuantos días atrás. Su magisterio se extendía en varias dimensiones: el aula, el periodismo, la promoción cultural, la construcción de tejido social y, muy señaladamente, la dimensión afectiva de la amistad.
La familia Rangel, de la que fue genearca el escritor y culto liberal, Raúl Rangel Frías –uno de los fundadores de la que Alfonso Reyes pensó como la Universidad del Norte–, aún no se reponía de la muerte de Alfonso Rangel Guerra: pensador, literato, universitario digno de esta rama familiar. Fue rector de la UANL, como lo fuera su primo Raúl, y también responsable de la Anuies. Igualmente, un amigo comprometido con el ámbito de la universidad: a mi solicitud aportó un postrer trabajo sobre el tema para un libro sobre la autonomía universitaria publicado por la Universidad Autónoma de Nuevo León para conmemorar el centenario de la reforma universitaria de Córdoba.
Pesar múltiple, que ya venía con heridas. Sergio García, Rubén González Garza, Julián Guajardo y Rogelio Villarreal, con diferencia de pocos meses, abandonaron sin retorno el escenario donde dieron muestras de un valioso trabajo escénico y de actuación. Y con ello también nos abandonaron a sus seres queridos y a sus amigos.
Inició esta mala hora con la muerte de la admirada y muy querida María Fernanda, La Chata, Campa. Ella, como la primera geóloga del país, sabía muy bien lo que nos estaba pasando con la entrega traidora de nuestros hidrocarburos a un puñado de políticos y empresarios rapaces. Y sabía expresarlo con el espíritu aguerrido, que le venía del ejemplar dirigente político y luchador social que fue Valentín Campa, y de su propia lucha al lado de Raúl Álvarez Garín y otros compañeros que le imprimieron un sello histórico al movimiento estudiantil de 1968.
Siguió la muerte de la poeta Minerva Margarita Villarreal. Premio Nacional de Poesía, ella elevó a la que se hace en el noreste mexicano a cumbres no frecuentemente alcanzadas por los poetas de éstas y otras tierras. Un raudal de emociones y búsquedas en la literatura hispanoamericana cristalizado en páginas propias y ajenas. Lo cual a todos nos reconforta y alienta, mas no nos compensa de su presencia vibrante, iluminada.
Victoria Novelo, la antropóloga que ponía ahínco y ternura en sus temas, investigaciones y trabajos, murió acompañada de su talante amable y generoso.
Con las figuras públicas la amistad, si se da, es en pequeñas dosis. Fueron algunas de ellas las que precedieron este obituario personal que comienza, en rigor, con el siglo que corre: Carlos Monsiváis, Carlos Fuentes, José Emilio Pacheco, Fernando del Paso. Sin omitir, por supuesto, a Raúl Macín, artífice de proyectos ecuménicos de pleno sentido social.
Siento que es una generación la que se está despidiendo. Años más, años menos, en su alma y en su cerebro se tatuó el zeitgeist multánime de la década de los 60, que tocó conciencias y corazones, la cultura, la política, la vida entera. Generación gestora de una renovación ya luida, pero aún con recias costuras y vueltas.
En el lapso a que me refiero, el virus se llevó a José Luis Paredes. Distribuía su tiempo de trabajo entre su taxi y nuestro transporte doméstico. Veinte años de limpia amistad.
La extensión ya me obliga. El que mucho se despide pocas ganas tiene de irse. ¿Pocas? Ni las más mínimas, a pesar de la conciencia que me hace recordar a mis amigos muertos.

8/13/2020

Botargas



La pandemia ha hecho desaparecer del paisaje humano muchos aspectos comenzando por el rostro. En México se hizo popular una figura que se sumó a otras fruto de la publicidad: la botarga, ahora también descontada.
Los individuos que animan las botargas con fines comerciales no hacen sino moverse dentro del muñeco que promueve alguna mercancía o servicio. Llegan, se disfrazan, se mueven, cobran y se van. No se preguntan, creo, sobre lo que puede haber tras lo que anuncian. A veces es una mera mercancía; otras es el poder si hemos de recordar la campaña electoral de 2006. La botarga simpática y bonachona de un médico le daba fuerza al dueño de una empresa que se candidateaba para la Presidencia de la República.
Por alguna razón he asociado la figura de las botargas y a quienes las animan con los intelectuales que publicaron el manifiesto titulado: Contra la deriva autoritaria y por la defensa de la democracia. Ante pronunciamientos colectivos que intentan alcanzar el mayor significado posible, usualmente me pregunto qué quieren en el fondo sus autores, pues con frecuencia lo que dicen querer es distinto de lo que en el fondo quieren. Y éste me parece el caso.
Lo que quieren los autores de ese desplegado y el que le siguió es lo mismo que quieren Frenaa y su destacado vocero, el ex ejecutivo de Cocacola-Femsa, Gilberto Lozano, uno entre otros coprófonos que intoxican las redes sociales; lo mismo que quiere el ex arzobispo de Guadalajara, Humberto Sandoval Íñiguez, pastor de género (los feminicidios obedecen a la imprudencia de las mujeres) y reinventor del macartismo; lo mismo que quieren todos esos periodistas y medios a los que sobresubsidiaban los gobiernos anteriores; lo mismo que quieren los de las caravanas de autos antiAMLO; lo mismo que quieren los gobernadores de la oposición en modo vintage; lo mismo que quieren el priísmo panificado, el panismo priíficado y el perredismo prianificado; lo mismo que quiere la oligarquía y la derecha más rabiosa del país. Esa es la coalición a la que se refieren los signatarios del documento: la que no votó por López Obrador contra la mayoría que lo llevó a ejercer la autoridad del Ejecutivo federal
Ellos han leído a Sartre, a Canetti, a Foucault. Saben, así, que las palabras no cobran un sentido social por sí mismas, sino por el contexto en el que se pronuncian. Su historia, con otras palabras, se hermana a las otras historias de voluntad opositora que tienen un mayor radio de difusión.
En su desplegado afirman que tomó muchos años eliminar el autoritarismo –del que acusan al actual gobierno– y establecer la democracia en nuestro país. Si los mexicanos hubiéramos experimentado lo que una democracia significa podríamos estar de acuerdo con su afirmación.
Pero en México la democracia nunca ha existido, ni existe ahora mismo. Puede haber un gobierno con prácticas más o menos democráticas, pero esto no asegura la existencia de la democracia. No puede haberla –ellos lo saben– en una nación con una tan pronunciada cordillera de ingreso como es la nuestra; tampoco puede haberla donde la propiedad de los medios de producción y mediación es absoluta y le da a sus dueños, en consecuencia, un poder prácticamente absoluto sobre las relaciones laborales, las utilidades y precios condicionados por las mercancías bajo su control.
La reducción al trámite electoral es sólo una parte –y no la más significativa– de una democracia. Si así fuese, el voto mayoritario que eligió a López Obrador sería, por segunda ocasión en este siglo, la concreción plena de la democracia. No lo fue con Fox el súbdito, menos con Calderón el espurio o Peña Nieto el corrupto; el propio gobierno de Morena está aún por demostrar hasta dónde resulta democrático, según su programa.
Si en verdad defendieran esos intelectuales un principio elemental de democracia, su defensa estaría centrada en lo que favorece a los trabajadores y en contra de lo que los daña. La democracia es el poder de los trabajadores por encima de cualquier otro. La razón es simple: somos la gran mayoría. Otra cosa es que el capital compre o seduzca su voto y tenga a muchos de sus líderes dentro de su seno y que, por ello, los trabajadores voten contra sí mismos.
¿Acaso se han pronunciado esos intelectuales por eliminar el outsourcing, por hacer que la riqueza sea más horizontal exigiendo que los que más tengan sean los que más paguen impuestos; por eliminar las empresas que especulan con las pensiones de los trabajadores? Cuestiones que son viables dentro del capitalismo al que se cuidan de mentar. Disfrazados de demócratas enfatizan sólo la liana política, y si hablan de economía es para reclamar lo que reclaman los líderes empresariales: que se endeude el gobierno para rescatarlos de lo que dejan de ganar en virtud de la crisis.
La que generaron fue una pequeña discusión a la que bastaron unos cuantos días para extenuarse. Si vuelvo sobre ella es porque algunos de esos intelectuales, tras haber sido exhibidos en su ausencia de honestidad, siguen opinando en el mismo tono de autoridad como si no la hubiesen perdido, y lo que escriben fuese algo más, como dijo Witold Gombrowicz, que Oh, papel, papel; palabras, palabras.

7/30/2020

Parque Fundidora: ¿quién lo defiende?

Abraham Nuncio


Para poder cerrar la Fundidora Monterrey, en mayo de 1986, como primer paso del neoliberalismo que jibarizó al gobierno y embarneció manos privadas con bienes públicos, la prensa a favor de la nueva expansión capitalista sirvió de manera perversa a sus intereses haciendo ver a los obreros de la firma, responsables, productivos y aguerridos, como individuos entregados a la holganza y la disipación.
Luego de su cierre, el gobierno de Miguel de la Madrid la expropió y la donó al gobierno neoleonés, para beneficio del pueblo, destinándola a ser un pulmón urbano de Monterrey. La historia hay que repetirla, pues los diversos gobiernos, sobre todo los de finales del siglo XX y principios del XXI, con la complicidad del bipartidismo reinante y los organismos empresariales, han ido convirtiendo al Parque Fundidora en campo de negocios privados apelando a sospechosas figuras jurídicas. Mientras, la toxicidad del ambiente citadino ha ido en aumento.
Hace unas semanas se anunció que el Parque Fundidora se cerraba por quiebra, como si fuera un negocio particular. La causa: falta de recursos. El gobierno comprometió al parque a un manejo empresarial, que lo ha depredado a cambio de que sus administradores, con el dinero resultante, financiaran su operación. Luego se hizo saber que dentro del museo de arqueología industrial, que es su vocación natural, se construirían torres habitacionales. Otra vez: como si fuera patrimonio propio y no una intocable superficie pública.
¿Quiénes salieron en defensa de semejante vandalismo de cuello blanco? Los grupos de ex obreros de la antigua Fundidora Monterrey, ambientalistas, académicos, algunos miembros ubicados partidariamente en la izquierda y organizaciones sociales de perfil democrático. Es decir: no fueron los protagonistas empresariales ni los del bipartidismo PRI-PAN y sus satélites ni ciertas aprontadas ONG para defender causas superficiales.
Los defensores se plantaron en sus puertas cerradas y lanzaron una serie de demandas llenas de sentido, con conocimiento de causa y por supuesto viables. Las que haría un estadista.
En primer lugar, exigieron la anulación de los actos jurídicos contrarios al decreto expropiatorio mediante el cual la Federación donó la superficie de la siderúrgica, que así pasó a ser patrimonio público. Exigieron también la revisión de los contratos leoninos en favor de sus administradores y en detrimento de la superficie del parque y su debido mantenimiento y desarrollo. Por ello, pidieron que se le practicara una inmediata y rigurosa auditoría a la administración financiera del Parque Fundidora.
Igualmente señalaron la urgente intervención del Presidente de la República y de las secretarías responsables vinculadas al ambiente; muy particularmente de la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales, para que intervengan tanto en lo que hace a las atrocidades financieras como a las que se han perpretado y se cometen en contra de la naturaleza y de la comunidad cuya salud depende de ella.
En ese mismo sentido, el ambientalista Guillermo Martínez Berlanga presentó una iniciativa ante el Congreso del estado para crear la ley de manejo y conservación de los grandes parques y bosques urbanos de Nuevo León. Ésta estuvo apoyada por 175 ciudadanos de variada índole.
Grandes parques y bosques urbanos. Una gran medida de solución a múltiples problemas urbanos; entre otros el de la absorción de fuertes lluvias que convierten todo terreno talado o desertificado y las calles de la ciudad en peligrosos afluentes cuyas aguas producen inundaciones, destrucción y pérdida de vidas. Las zonas donde hay densidad de una flora grande y pequeña sirven de acompañamiento a ríos y arroyos y absorben el agua de las lluvias que llega hasta los mantos freáticos cuyas aguas proveen el consumo diverso de la urbe. Ello no haría pensar en proyectos enormemente caros y fuera de racionalidad en la obtención y suministro del agua, como lo es la proyectada presa Libertad.
Gilberto, Alex, Ingrid, Fernand y ahora Hanna han causado graves daños en el área metropolitana de Monterrey y otros municipios nuevoleoneses. No hay áreas de absorción necesarias para atenuar sus impactos y tornar las lluvias en beneficios. La asfaltada, desarbolada y carente de áreas verdes en una proporción alarmante en la ciudad; a ella se pretenden seguir sumando viviendas para ricos (el proyecto de grandes torres dentro del Parque Fundidora, por ejemplo).
La intervención del gobierno federal es imprescindible, pero no sólo con el fin de enviar recursos para atender las zonas materialmente destruidas, sino con el propósito de evitar que ellos sean administrados con la opacidad acostumbrada a nombre de la libertad y soberanía que ocultan la existencia, como en otros estados, de cacicazgos donde los titulares del Poder Ejecutivo operan en colusión con los grandes empresarios locales.

7/16/2020

Izquierda y derecha en el capitalismo


La Jornada

En un espectacular, similar a los que han aparecido en Jalisco, se muestra la insolencia exigiendo a López Obrador que se vaya. Sus autores ubicaron el anuncio en un crucero significativo: el de las avenidas Revolución y Garza Sada en la ciudad de Monterrey.
El costo de este tipo de anuncios supera el medio millón de pesos. ¿Quiénes si no los ricos y beneficiarios de los anteriores gobiernos pueden hacer ese tipo de inversión? Son los mismos que patrocinan a la banda dispersa llamada Frenaa, las ofensivas caravanas de autos, las campañas de odio en medios y redes, las plumas y voces de los intelectuales que dejaron de cobrar en las oficinas de gobierno percepciones millonarias.
De repente hay opiniones de militantes de izquierda señalando que AMLO y su gobierno no son de izquierda. La prueba científica de que sí lo son nos la ofrecen cotidianamente sus rabiosos enemigos, que quisieran tener un gobierno como los que a lo largo de cuatro décadas convirtieron a México en el país más desigual de América Latina.
En un gesto de alarma, Antonio Guterres, secretario general de la ONU, lo ha señalado: la crisis del Covid-19 hará que México se encuentre, a finales de 2020, con una población de 50.3 en pobreza y 18.2 en pobreza extrema; arriba, de la media en América Latina, cuyos promedios son de 37.2 y 15.5 por ciento, respectivamente ( La Jornada, 10/7/20), según el documento El impacto de Covid-19 en América Latina y el Caribe. Y su conclusión es, precisamente, hacer aquello que no fue prioridad para los gobiernos previos al de López Obrador ni para la coalición partidaria PRI/PAN/PRD: una amplia generación de fuentes de trabajo y empleos decentes, sistemas tributarios más justos, mecanismos de protección social efectivos, inversión en el campo y en infraestructura productiva, fortalecimiento de la sostenibilidad ambiental; también, la erradicación de la inseguridad alimentaria y la malnutrición, así como el fortalecimiento de los apoyos a los grupos más vulnerables, a las mujeres y los indígenas.
Al 30 de noviembre de 2018, todas esas y otras tareas quedaron pendientes. El gobierno de la 4T, apenas inició algunas, y ya estaba encima la pandemia. O la banca, que se opuso a la disminución de sus comisiones para continuar practicando la usura.
A pesar de la debilidad frente al capital financiero, que es el que se ha impuesto en la economía mundial, la derecha ha insistido en ver moros socialistas a cada paso de la 4T. Sus patrocinadores saben que tal vía es una matraca propagandística para regresar, en lo posible, al capitalismo gandalla fincado en grandes transas entre ellos y los funcionarios de turno. Ninguno de sus negocios creció sólo con el plusvalor obtenido del trabajo de todos y cada uno de sus empleados, ni con la invención de la competitividad, la productividad basada en la tecnología de máquinas y dispositivos empresariales, sino con prebendas y privilegios fiscales y contables a costa del erario y del alimento, la salud y la educación de la mayoría.
Al capitalismo lo deja ver hoy el Covid-19 en toda su monstruosa tectónica. La derecha persiste en reivindicarlo como normal y hasta saludable, y de allí sus ataques arteros a AMLO y su gobierno para volver a lo de antes.
En este análisis cabe anotar que la izquierda no nace socialista. Su nombre deriva de una posición topográfica (a la izquierda del presidente) en la asamblea convocada por Luis XVI, en Francia, y su contenido de cambio (más bien antimonárquico) de quienes se situaban en ese espacio de las galerías deliberativas y lo promovían. Tras la revolución socialista en Rusia, el calificativo de izquierda lo absorbió casi por completo la fuerza política identificada con los valores y prácticas del socialismo soviético –prostalinista o antistalinista.
Históricamente, la izquierda –liberal o procapitalista, o bien la socialista y anticapitalista– es la que reivindica las necesidades y demandas de la mayoría trabajadora. La derecha, partidaria del statu quo, por lo general se mantiene alejada de ellas. Por supuesto hay matices, coaliciones coyunturales, metamorfosis en una y otra fuerza. Pero su diferencia ideológica crucial es la propiedad. Para la izquierda capitalista, los medios de producción son de propiedad privada, lo cual introduce la desigualdad y excluye, por consecuencia, la democracia plena (no la democracia procedimental, que no es democracia per se, y con dinero se le puede manipular sin límites). En el capitalismo, para decirlo de una vez, la democracia es imposible. Para la izquierda socialista, la democracia se empieza a cumplir una vez que los medios de producción pasan a ser propiedad ejercida colectivamente.
Adam Smith supo muy bien lo que significaba la propiedad en el capitalismo; decía: a mayor concentración de la propiedad, mayor extensión de la pobreza. No tiene vuelta de hoja. La ONU, no por nada, señaló la necesidad de un cambio de modelo económico. La 4T sigue esta pauta. La derecha la rechaza. La izquierda socialista la acepta, pero busca un cambio no sólo de modelo económico, sino de régimen económico-social.

7/02/2020

El pensamiento liberal: ¿a quién sirve?


La Jornada
El pensamiento liberal sirve esencialmente al sistema capitalista en cualquiera de sus versiones y dimensiones. Por supuesto, con matices: a veces se acercará a la izquierda y otras a la derecha.
Para explicar esto apelemos a su historia, experiencias e ideas. El capitalismo empezó a desarrollarse desde la época renacentista con el comercio ultramarino, sobre todo en Italia. Su franja más estrecha se hallaba en manos de comerciantes independientes. Pero el grueso de las actividades comerciales y de producción lo controlaba la nobleza y su régimen: la monarquía.
Muchas de esas actividades eran abiertos monopolios. Sin embargo, hacia mediados del siglo XVIII, ya la economía y la sociedad albergaban las condiciones para que la clase emergente –la burguesía– pudiera disputarle al Estado absolutista tanto la propiedad del poder económico, creando así las bases del capitalismo –el nuevo régimen de producción dirigido por ella– como el poder político sustentado en aquél.
Esa disputa, como se sabe, debió resolverse por las armas en tres revoluciones señeras: la inglesa, donde la nobleza logró conservar parte de su poder económico y el político; la francesa, en la que la nobleza pretendió hacer lo mismo con la restauración encabezada por Napoleón, sin lograrlo, y la estadunidense, que se independizó de la nobleza y erigió un pleno Estado burgués.
En su libro La riqueza de las naciones, Adam Smith le da fundamentos y falacias a la burguesía para desarrollar y justificar las bases del capitalismo. Y en el libro Teoría de los sentimientos morales da a un supuestotodosel consuelo ético: los hombres no sólo buscan satisfacer su egoísmo, sino que también se muestran filántropos; un ejemplo contemporáneo: Bill Gates.
Su enseña ideológica, el liberalismo, tenía un fundamento real: la nobleza impedía la dirección económica y social en otras que no fueran sus manos. La monarquía le había dado a su Estado un carácter absolutista: profundamente desigual, excluyente y despótico. Era del todo racional y aceptable un nuevo modo de producir y comerciar. Su ventaja, según el autor, igualaba a los diversos concurrentes y extendía y nivelaba la riqueza, mediante la competencia y las leyes de la oferta y la demanda. Hasta hoy, 250 años después, ambas fórmulas, la idea del mercado compensatorio y la de la voluntad altruista sólo permanecen como una ilusión escoltada por la publicidad mercantil y la propaganda política.
El origen del Estado de la burguesía es, por otra parte, un mito sobre el cual se erigieron las constituciones que aparecen en la base jurídico-social de la sociedad dominada por esa clase. La etapa presocial donde los hombres vivían en estado de naturaleza (como individuos dotados de propiedad, pero sin otra ley que su codicia, endógena o adquirida, y su fuerza para obtenerla) nunca existió. De otra manera, ya la arqueología y la paleontología nos hubieran dado alguna breve noticia de sus vestigios. Diversas interpretaciones de ese mito se las debemos a Hobbes ( El Leviatán), Locke ( Sobre el gobierno civil), Rousseau ( El contrato social) y la legión que les siguió. Ese conjunto de individuos, en el relato de tal mito, para evitar la guerra de todos contra todos resolvió pactar la creación de una entidad superior a la cual dieron la facultad de impartir justicia y, por tanto, ser la depositaria de la fuerza armada para conseguir el estado de derecho, es decir, una autoridad superior ceñida a la ley.
Convirtiendo al individuo aislado aquél en ciudadano, la burguesía aseguraba, en primer lugar, el derecho a ser propietario y a heredar su patrimonio a título de exclusividad. Pero una cosa es que cualquier ciudadano pudiera ser potencialmente propietario y otra muy diferente que todos lo fueran. Lo mismo ocurriría con el poder. Y aquí se entraba ya en los asegunes de la condición propietaria.
La liberal Constitución de Cádiz, ya desde la definición de quiénes tenían la condición de igualdad, tanto en la metrópoli como en sus colonias, excluía a los pardos (los individuos de linaje africano) a los que permitía emanciparse, segúnla virtud y el merecimientoque mostraran. Los demás ciudadanos eran iguales, pero sólo podían ser diputados de la nación quienes tuvieran una renta anualprocedente de bienes propiosy comprobables (artículos 93-94).
Una constitución de propietarios, en aquel mundo de miserables, resultaba un código de derecha. Por el contrario, el decreto para la Libertad de la América Mexicana (la llamada Constitución de Apatzingán) era un código de izquierda: abolía la esclavitud y garantizaba la propiedad; pero en ella todos los habitantes del territorio nacional, sin excepción, eran considerados ciudadanos al llegar a la mayoría de edad, y no había requisitos de fortuna para ser representante popular. Así se estableció en las constituciones de 1824, 1857 y 1917. Fueron códigos con una orientación de izquierda dentro de una sociedad capitalista. Diferente fue en la Constitución de 1936. Para ser miembro del Supremo Poder Conservador de esta constitución, sus integrantes debían disponer, al día de la elección, de un capital que les produjese, por lo menos, 3 mil pesos de renta anual. Se trataba de un poder de derecha.
En el siguiente artículo abundaré sobre el tema.

6/18/2020

Hablemos de capitalismo gandalla



“No os dejéis engañar. Cuando el rico sale a la calle lo hace para reclamar privilegios; cuando el obrero lo hace es para reclamar derechos”. En el aluvión de la red me encontré tal mensaje. Sintetiza el contenido de este artículo.
Lo que se ha difundido como neoliberalismo no es sino un capitalismo gandalla en el sentido que le da a este vocablo el Diccionario de Mexicanismos de la Academia Mexicana de la Lengua. Gandalla: adjetivo referido a persona, que se aprovecha de alguien o se apropia de algo de manera artera.
El vértice de ese capitalismo es el de los más ricos de México. Ahora protestan en sus autos de lujo, deportivos y blindados. Con sus caravanas pretenden la pronta defenestración del presidente López Obrador, como si no hubiera un marco normativo ni existieran los más de 30 millones de mexicanos que votaron por él. ¿El propósito?: seguir disfrutando de sus privilegios sin límite. Es la muestra ululante del uno por ciento de la población nacional y sus seguidores, a los que se suma un sector de la clase media alta, que piensa que su apariencia le da para ser parte de los integrantes de esa minúscula minoría.
Entre los motivos agitados en sus pancartas, los caravaneros señalan al titular del Ejecutivo de conducir al país al comunismo o al socialismo. Sólo un zafio redomado o un despistado consuetudinario puede afirmar que el gobierno de López Obrador nos conduce al socialismo.
Bastaría que los promotores de la embestida ideológica y financiera le preguntaran a sus asesores, que hoy convergen en ese sótano sórdido y violento, tan familiar a Galio, qué es socialismo y comunismo, para que buscaran otro tipo de espantajo a sus ambiciones.
Pero nada nuevo hay en esa embestida. Veamos.
Juan López Cancelada dirigió la Gaceta de México, y sus opiniones favorecían al Consulado de Comercio de México (antecesor de las cúpulas empresariales de nuestros días). El consulado estaba controlado por los comerciantes monopolistas. Éstos se conjuraron para dar un golpe de Estado al virrey Iturrigaray, que dio muestras de apertura a los reclamos de los criollos en la Nueva España. López Cancelada les sirvió de vocero. También en su combate a la independencia. Sus opiniones cambiaron al triunfo de la Constitución de Cádiz, para luego ponerse al servicio de ese déspota de siete suelas que fue Fernando VII. Hasta el fin de sus días, López Cancelada insistió en que la nueva república debía esperar la reconquista de su antigua metrópoli. Un poco de visión y habría muerto feliz: la reconquista tendría lugar poco más de siglo y medio después, con la venta de los bancos mexicanos a los de España.
Conocido, pero no asumido, es el episodio por el cual los conservadores del siglo XIX pidieron a Napoleón III de Francia que les facilitara un emperador para que gobernara México. Ahora, Gustavo de Hoyos, presidente de la Coparmex, se queja ante el rey Felipe VI de la gestión de López Obrador.
Santiago Vidaurri, gobernador de Nuevo León hacia mediados del siglo XIX, casó a su hija Pudenciana con Patricio Milmo, el empresario más poderoso del noreste mexicano. Ante la necesidad de recursos para sostener la guerra contra el imperio de Maximiliano, Vidaurri se los negó a Juárez, y su hijo, Indalecio, baleó al Presidente. El apellido Milmo se proyectaría en la radio y la televisión del México futuro.
Enrique Gorostieta González, consuegro de Francisco G. Sada, uno de los dos fundadores de la Cervecería Cuauhtémoc (confiscada por las fuerzas revolucionarias en 1914) fue ministro de Justicia, primero, y de Hacienda, después, en el gabinete de Victoriano Huerta. Su hijo, Enrique Gorostieta Velarde, sería ascendido entonces de coronel a general y más adelante se convertiría en el comandante en jefe del ejército cristero.
El artículo 123 permanecía sin legislar tres lustros después de promulgada la Constitución de 1917. Las presiones empresariales lo impedían. En septiembre de 1929 nace Coparmex para fortalecer esa postura. Luis. G. Sada, su primer presidente, y el intelectual y empresario Joel Rocha, tío bisabuelo de Ricardo Salinas Pliego, fueron sus figuras centrales.
Del Monterrey industrial también saldrían iniciativas para impedir el surgimiento de la CTM; para defender los intereses de las trasnacionales del petróleo a la hora de su nacionalización; para impulsar la fundación del PAN; así como oponerse al texto gratuito; para enfrentarse a reformas fiscales; para catapultar fugas de capitales como la que promovió el grupo Monterrey, luego del apoyo oficial a Alfa (el escándalo de Banobras), a efecto de paliar su crisis en 1981, y la de febrero-marzo de este año. Ahora, el presidente de la regiomontana Femsa señala, al momento de pagar 8 mil millones de pesos por concepto de impuestos atrasados, que podría invertir el doble para sacar a López Obrador de la Presidencia. Su ataque es múltiple: desde abajo, con voces como la del fascista Gilberto Lozano; por arriba, con la postura de Carlos Salazar Lomelí, director ejecutivo de Femsa y presidente del CCE, y desde en medio con el Consejo Nuevo León, pieza estratégica incrustada en el gobierno del estado.
El capitalismo gandalla, antes y ahora, apela a extremos para continuar disfrutando sus privilegios.

6/04/2020

Monterrey News



Ellos son los que cobran visibilidad en la vida de Monterrey cuando pierden la suya de forma violenta y el episodio aparece en las planas de algún vespertino o en la edición popular de cierto diario anclado en las buenas conciencias: se la metieron, lo tronaron. Por lo común las víctimas pertenecen a un barrio marginado.
Una mirada distinta es la de Fernando Frías –uno de esos chilangos que no le acaban de llenar la pupila a los autollamados regios. En Ya no estoy aquí, film que desde su primer día de exhibición en una de las plataformas de mayor demanda alcanzó un éxito sin precedente, recupera la dignidad y el carácter creativo de un adolescente (Ulises) cuya adicción al baile lo convierte en el líder de una de las pandillas de esos barrios donde ani-da la música colombiana.
Como todo, la cinta Ya no estoy aquí tiene su historia. Bengala, una agencia conducida por tres cineastas regiomontanos, se acercó un día con Celso José Garza, anterior corresponsal de cultura de La Jornada y ahora secretario de Extensión y Cultura de la Universidad Autónoma de Nuevo León, y de esa iniciativa nació el Premio Bengala-UANL: un proyecto que promueve la creación de historias para el cine. La de Fernando Frías obtuvo el premio de la primera edición (1913).
En adelante, el futuro director del film que ha sorprendido a propios y extraños se dedicó a tocar puertas para financiar su producción. Labor nada fácil, sobre todo con ciertos empresarios para quienes hablar de seres distintos a su mundo –en realidad los hijastros, esos nacos, a los que niega toda paternidad– no era negocio. La palabra inviable no faltaba en sus respuestas y en las de algunos intelectuales y otros personajes vinculados a la industria cinematográfica.
Profundizar in situ las entrañas de aquellos barrios y sus habitantes fue el otro imperativo al que Frías se entregó con vehemencia.
El espíritu de Celso Piña, Aniceto Molina, Javier López y en el cual reverbera el de Antonio Tanguma y Ramón Ayala se deja sentir en los alrededores de la colonia Independencia (el antiguo barrio de San Luisito, que es, según su corrido, el origen del Monterrey proletario): La Risca el cerro de La Campana y otros barrios. Ulises y su banda deambulan por su barrio: todo lo absorbe el presente y el azar. El presente es buscar un espacio para bailar: la calle, cualquier habitación. Y el azar es encontrarse con ese espacio o con otras bandas, que pueden ser aliadas o rivales, o bien con los soldados.
Sí, había narcotráfico y la presencia de soldados (también lo había en la zona residencial de San Pedro: claro, allá los soldados no allanaban casas y otras atrocidades; las cosas se arreglaban de otra manera). Pero –me dice– también una biblioteca cuidadosamente organizada; también a intérpretes, a sonideros como Gabriel Dueñes, que colecciona y vende los discos más increíbles de la cumbia y sus estilos nacionales y regionales: un ritmo arborescente interpretado por bandas con un nivel sofisticado como El Gran Silencio o con rasgos menos calificados como La Mafia de Colombia, que trafica con música, según Pedro López, su acordeonista
El universo social y musical de Los colombias de Monterrey, al que el antropólogo Darío Blanco Arboleda ha teorizado en su dimensión contestataria y de identidad y al que la gran cantante Eugenia León ha documentado sentimentalmente es ya una desmesura. A esa desmesura debió enfrentarse Fernando Frías para ceñirla a su historia y al guión que debía narrarla cinematográficamente. La condensó en Ulises y su banda. Vistos a secas encajarían en la categoría del Das Man heideggeriano: la multitud carente de autenticidad y sujeta a la voluntad externa de los otros, los que tiene el poder ejercido sobre ella a nivel de la conciencia. Inautenticidad aparente: la actitud contestaria propia de los jóvenes se vuelca en comportamientos identitarios que escapan a la voluntad de los manipuladores: desde su indumentaria, el atavío, la fuerza que despliegan en su ánimo lúdico o púgil.
Tangencialmente, Ya no estoy aquí da cuenta de la violencia familiar y social. Esta violencia le impone a Ulises salir de su barrio para librarse de la amenaza de muerte, la suya y la de su familia, que le hace un pandillero mal herido. Para no verla cumplida sigue la suerte de los migrantes que se dirigen a Estados Unidos, y así llega a Nueva York. No hay imagen más existencialista que la de un adolescente de 17 años en un mundo donde todo le es ajeno, empezando por el lenguaje. El de Ulises y su banda, casi transcrito, es el lenguaje de los actores-no actores, de donde viene la frescura del film.
Entre esos actores-no actores, Daniel García Sampiero, el protagonista de Ulises, se lleva las palmas por su actuación magistral. Buen testimonio del talento popular.
A Ulises no lo calienta ni el sol de una adolescente sinoestadunidense que siente por él un acentuado afecto. Deportado, a su regreso encuentra que las cosas en su barrio ya no son las que eran. Y sufre entonces una doble nostalgia: no se sentía del otro lado y ya no esta aquí.

El título de este artículo se lo debo al primer rotativo moderno que hubo en Monterrey y, en deuda subprime, a la novela de Hugo Valdés.

5/21/2020

Hidrocefalia militar



Quien tiene el poder lo ejerce en espiral. Si a las fuerzas armadas de México se les da mayores atribuciones que las que tradicionalmente desempeñaron hasta convertirlas en sustituto de las policías federal, estatales y municipales, también se les ha debido asignar, y se les asignará, mayor presupuesto y tendrán, por su carácter de órgano transversal, una creciente injerencia en las políticas públicas de los tres órdenes de gobierno.
Es facultad del Presidente de la República, para preservar la seguridad nacional, emplear en su totalidad las fuerzas armadas para hacer efectiva tanto la seguridad exterior como interior, según la Constitución. En su texto no se hace referencia a la seguridad pública como una de las funciones de tales fuerzas, lo cual se deja a la interpretación judicial. La no puntualización respecto a su empleo deja un boquete en la ley por el que la arbitrariedad presidencial ha encontrado una ancha vía. ¿Seguridad interna de la nación implica necesariamente seguridad pública, que tiene para su salvaguarda autoridades de carácter civil? Es decir, los militares pueden realizar funciones civiles, pero los civiles no pueden realizar funciones militares. La ambigüedad conduce a la confusión y de tal confusión nunca han salido beneficiados los derechos humanos. Se entiende que en circunstancias extraordinarias, las policías de los tres niveles de gobierno puedan ser desbordadas por ciertos acontecimientos, y que ello dé lugar al empleo de las fuerzas armadas para restablecer el orden jurídico y social quebrantado; pero esto sólo puede ser posible mediante la declaración del estado de excepción que implica, por fuerza, un tiempo determinado –y breve en razón de su naturaleza.
La función policial del Ejército contraría, por lo demás, lo establecido en el artículo 129 de la propia Constitución, que no deja lugar a dudas: en tiempo de paz, ninguna autoridad militar puede ejercer más funciones que las que tengan exacta conexión con la disciplina militar. Sin embargo, y esto es lo grave, también el espíritu y la letra de este precepto constitucional ha sido relativizado –más bien, manipulado– por el órgano judicial.
En su decreto del pasado 11 de mayo sobre el tema, el Presidente ordena a la fuerza armada permanente llevar a cabo tareas de seguridad pública de manera extraordinaria, regulada, fiscalizada, subordinada y complementaria. De manera extraordinaria, ciertamente, aunque prolongada hasta 2024 para dar lugar a que en este lapso pueda concluir su estructura la Guardia Nacional. Regulada, cuando en la práctica el Ejército ha dado reiteradas muestras de autonomía coincidentes con el atropello a los derechos humanos. Fiscalizada, subordinada y complementaria. En lo inmediato, la fiscalizaría la Secretaría de Seguridad y Protección Civil, pero en este sentido y en su dependencia real la influencia de la Secretaría de la Defensa Nacional será de gran peso. Y complementaria, apenas por lo que la guardia civil pudiera hacer y pedir dentro de los estrechos límites de su actuación proforma. Todo ello bajo el mando superior del Presidente, desde luego, pero sólo con el título de Comandante supremo de las fuerzas armadas que le confiere, no la Constitución –como en varias ocasiones se ha pretendido, incluso por iniciativa de ley–, sino una ley secundaria: la Ley Orgánica del Ejército y Fuerza Aérea Mexicanos.
Los métodos democráticos no avanzan cuando en ciertos procesos, asumidos para ser gestionados por las autoridades civiles, las fuerzas armadas son las que deciden. Obligado por inercias de una realidad marcada por el crimen y el autoritarismo, el decreto presidencial sobre el auxilio de esas fuerzas a una guardia civil integrada con miembros de ellas mismas, le resta posibilidades a esos métodos y fortalece a la derecha calderonista. En términos más amplios retonifica a un modelo de gobierno basado menos en las leyes que en las órdenes.
Es ese modelo al que aspiran los políticos formados en el autoritarismo: por encima de la moral y la ley, mi voluntad (en sus versiones semifolklóricas: mis huevos o mis aguacates). Un ejemplo es el de Jaime Rodríguez Calderón, gobernador de Nuevo León, quien se jacta de formar generaciones de jóvenes disciplinados en el bachillerato militar creado por él. Como si enfrentar la vida con una disciplina atravesada por la idea de las armas y las acciones derivadas de una orden fuera un timbre de orgullo y no un dislate primitivo y reaccionario. Recordemos la divisa del Yunque: el que obedece no se equivoca. Obedecer una orden, sobre todo si es recibida y ejecutada por sistema, elimina la posibilidad de pensar por sí mismo sobre aquello que se hace: la responsabilidad moral –diría Hanna Arendt– se torna un acto banal.
Viejas herencias. Un gobierno que resulta de un movimiento armado no responde, sin importar su ideología, sino a su matriz militar. La revolución se hizo con huevos, dirá Artemio Cruz, el personaje de Carlos Fuentes que nos deja leer lo que vivió y lo que piensa mientras agoniza. Y también con sus concomitancias: machismo, abusos, fobias e impunidad. Antivalores contra los que las mujeres y los hombres más conscientes siguen luchando en nuestros días.

4/23/2020

Subtexas



Ominosa, pero es una historia que se repite con distintos ropajes. Y obedece a lo que luego, entre burlas y veras se dice en una frase: en el norte se trabaja, en el centro se administra y en el sur se toma el sol. A esa frase la subyace un regionalismo con impulsos separatistas cuya fuente tiene indudables contornos de clase.
El anterior intento de rebelión fiscal lo protagonizó el empresario panista Fernando Canales Clariond a finales del siglo pasado, como gobernador de Nuevo León. Sus argumentos eran similares a los de los gobernadores de ahora: lo que la entidad contribuye es mucho comparado con lo que le devuelve la Federación. Los grandes empresarios de Nuevo León y los gobernantes a su servicio siguen el guión primitivo de un libro titulado El Nuevo Reino de León. Un estado sin impuestos“. Su autor, Abelardo A. Leal, el padre, estuvo vinculado al diario que hoy se ha tornado en aparatoso boletín (Monterrey-CDMX) de la oposición empresarial y cuya divisa es devolver a estos empresarios su imagen glamorizada: ellos son los que churrchilianamente tiran del carro de la economía. Si fuese dable probar con un día sin trabajadores, se vería científicamente quién es quien tira ese carro. Ahora, desde posiciones ideológicas neoliberales, presionan para volver a los tiempos en que se mantuvieron bajo el más desaforado proteccionismo envuelto en la niebla globalista al uso de gobiernos que no dudaron en entregarles el oro (nacional) y el moro (estatal).
Los promotores de la rebelión fiscal, investidos gobernadores, en realidad son los voceros de quienes no sólo quieren ver disminuidas sus utilidades, sino obtener una buena tajada de la crisis económica ya en puerta. Es cierto, en México urge una reforma fiscal proporcional y equitativa, como dice el autor aquí comentado. Y para no hacer distingos que sólo encubren una injusticia a favor de los contribuyentes de mayores ingresos, que paguen más los que más ingresan. Sólo así podremos superar lo que el magnate estadunidense Warren Buffet ha dicho: en los últimos 20 años (?) de guerra de clases, la mía ganó. Somos los únicos que logramos reducir drásticamente nuestros impuestos.
La inefable propuesta de Leal es que el gobierno federal los cobre así: 1. Por partes alícuotas (una unidad cada estado) 2. Por territorio (según su extensión y recursos naturales) 3. De acuerdo al elemento humano.
Lo del elemento humano es central, pues “sería injusto que los estados más laboriosos paguen por la indolencia, la desidia o el desinterés de los demás, peor cuando estos últimos tengan mejores recursos naturales, y por ello vivan despreocupados ante la prodigalidad de su territorio…” Ese territorio puede llamarse, por ejemplo, cerro del Mercado, Altamira, Cosoloacaque, Irapuato e innumerables lugares cuyos recursos naturales han sido explotados por una sóla familia de Nuevo León que ya está, con sus tiendas de conveniencia, en todo el país.
El humor involuntario de ese texto no está lejos de la ideología que han introyectado los grandes empresarios de esa entidad en su mundo laboral y su diversa periferia: ahorro y trabajo. Ante una crisis o como efecto de ella, es evidente quiénes son los que ahorran y quiénes los que trabajan sin conseguir ahorro alguno; al contrario, se les desemplea, se recorta su salario y endeuda como (Fobaproa-IPAB) para rescatar a los ahorradores. Los que nos han vencido –hasta ahora– en la lucha de clases quieren mantener a los trabajadores de aliados estúpidos y desmemoriados.
En cada una de las crisis registradas en el siglo XX y la que ha generado el capitalismo global, enmascarada por el Covid-19, el esquema es el mismo: campaña de rumores, fuga de capitales, chantaje económico y social con sus empresas y a través de los organismos empresariales donde predominan.
Fundada en 1929, a iniciativa de los empresarios de Monterrey, la Coparmex quiso impedir el avance sindical de los trabajadores y la aprobación de la Ley Federal del Trabajo. Punta de lanza en el combate al surgimiento de la CTM, hoy se dirige a los trabajadores para que apoyen su proyecto de reactivación económica. Demandan un salario solidario aportado por el gobierno. La condición, para aceptarlo, sería que los empresarios lo devolvieran mediante utilidades solidarias. Los patrones también piden que el gobierno se endeude, igual que lo hizo Zedillo. El dinero de ese empréstito se quedó en las élites; la mayoría lo estamos pagando.
En Estados Unidos no se detuvo la industria militar ante la pandemia. Ya pide esta potencia que varias industrias vinculadas a ella en territorio mexicano regularicen sus actividades. En los empresarios nacionales siempre ha tenido a su mejor aliado. Sobre todo en los de Nuevo León y otros estados norteños: los más beneficiados por su situación limítrofe al norte y los beneficios que por ello obtienen del gobierno mexicano (maquiladoras, franja fronteriza, salarios). Algunos de ellos son los que, justamente, promueven la rebelión fiscal. Si no piden ser anexados a Texas es porque allá la competencia empezaría por los salarios. Mejor permanecer como Subtexas.

3/26/2020

San Pedro y San Pedro 400


La Jornada

San Pedro Garza García fue el primer municipio que estableció el estado de emergencia en el país. También fue el primero en registrar el primer caso del Covid-19 en el estado. Los vecinos de su territorio se encerraron de inmediato. Con todo, es el municipio con mayor número de casos en Nuevo León. Son algunos de los que vacacionaban en varios de los lugares más caros en Estados Unidos (Vail y Aspen, en Colorado). De allá importaron el contagio.
Como se sabe, San Pedro es el municipio más rico de América Latina. Por ello sus habitantes –es posible que la mayoría– pueden aislarse en sus casas varias semanas y, si se requiriere, varios meses. A iniciativa suya fueron vaciados los estantes de los supermercados. Están rodeados de personal que realiza todas las actividades domésticas y les resuelve cualquier tipo de problema vinculado a su familia, vivienda, empresa, servicios, banca.
Hay, sin embargo, una parte de ese municipio llamada San Pedro 400. Se trata de una colonia de bajos ingresos, a la que divide el río Santa Catarina (como si fuese el río Bravo) de la porción distinguida por su riqueza. Sus habitantes no pudieron acatar el estado de emergencia dictado por las autoridades municipales ni vaciar los estantes de supermercados. Su necesidad los hace salir a trabajar para poder disponer del diario sustento.
¿Cómo hacer para que los habitantes de todo un municipio (los de San Pedro no llegan a 200 mil) se mantengan sin salir de sus casas? Dadas las violentas desigualdades, imposible. Las autoridades envían de tarde en vez convoyes de patrullas para conminar a los habitantes de San Pedro 400, irresponsables como son en comparación con los de la ex hacienda de San Pedro, a no andar en la calle. Pero al día siguiente vuelven a salir para ir a trabajar en los diferentes puntos del área metropolitana de Monterrey. Era para que tales autoridades, si quisieren mantener el riguroso aislamiento, en lugar de patrullas le hubiera enviado personal para hacer un censo de aquellos vecinos en condición vulnerable (entre ellos hombres y mujeres de la tercera edad que, por una propina, se ven despachando la mercancía en los supermercados) y subsidiarles lo mínimo para que se mantuvieran encerrados. Pero bien saben que con eso afectarían buena parte de su propia actividad o la de sus clientes, operarios o proveedores, que requieren cierta cantidad de los trabajadores de esa y colonias similares.
Crisis igual a claridad y deslinde, si vemos el problema desde una óptica distinta. Ahora, me parece, el otro hemisferio del estado, ese que desde el siglo XVIII se hace pasar por ciudadanía neta, a los mexicanos nos debe demostrar que, como lo dicen sus marbetes, todo lo hacen por México. A estas alturas, los organismos empresariales y las empresas y oligopolios de mayor tamaño debieran haber dicho esta boca es mía en términos de solidaridad con las consecuencias económicas y sociales del Covid-19.
Al capitalismo que se juega en los paquetes accionarios del Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y otros organismos similares les debe llegar el llamado que hizo António Guterres, el secretario general de la ONU, al G-8; un llamado para apoyar la precaria situación de los países más vulnerables por razones económicas y bélicas. De hecho, en las redes circula ya una demanda absolutamente racional: que el FMI condone la deuda soberana de estas naciones. En México, por lo menos, la banca parece responder a la situación y diferirá los cobros entre cuatro y seis meses a sus deudores.
Por de pronto, frente al Covid-19 los mexicanos debemos cuidarnos para no contagiarnos ni contagiar. Pero no paralizar la actividad económica. No estamos para eso. El empresario Ricardo Salinas Pliego ha llamado a recobrarla; cualquiera que haya sido su motivo para ello, es lo más realista que he escuchado: no hizo sino describir lo que hacen los habitantes de San Pedro 400. La economía, como concepto, es tan abstracta como la astrología; pero su correlato en la vida real significa, para muchos seres humanos, comer o no comer. Una síntesis de lo que aquí escribo es la letra de un rap de Danger DK que Gibrán Ramírez Reyes hizo circular en un tuit como respuesta a un rockero que se sumaba al discurso de Trump:
Que no salgamos, que hay que atrincherarse / que nos quedemos en casa para que el virus no avance / pero si no se asegura que al pobre le alcance / no salir no es una opción / es un lujo de clase.
Y, en fin, si los habitantes de este planeta nos encerráramos cada que se desata una guerra de agresión, el encierro por la pandemia resultaría comprensible. México tiene la experiencia de una guerra sucia y de una supuesta guerra al narco. En ambas murieron más seres humanos que los que dejará la cauda del Covid-19 en todo el mundo.

3/12/2020

Escrituras




Como si Vitrubio hubiese sido llamado para crear un espacio ad hoc que climatizara el espíritu poético y la humanidad cálida, vital y consistente de la poeta Minerva Margarita Villarreal, allí, en la sala de la Biblioteca Universitaria Capilla Alfonsina que lleva su nombre, los asistentes escucharon a otros brillantes poetas refiriéndose a Miguel Covarrubias, poeta que llegaba vigoroso y vibrante a sus 80 años de vida, y a la voz del propio autor de Papelería, Sombra de pantera, El traidor y muchos títulos más. En el homenaje que le rendía la Universidad Autónoma de Nuevo León, con voz clara y precisa y una impecable sintaxis verbal, él hizo un apunte autobiobiográfico vinculado a la literatura de la cual él se declaró un trabajador incansable. Como reconocimiento a su obra, la universidad pública dio a conocer en ese acto un premio a la traducción que llevará su nombre, de la que él ha sido, ciertamente, un incansable ejecutor (precisamente cuando una marca de tecnología digital decreta que aprender idiomas es inútil y costoso; o sea, que viva la ignorancia adobada de transmisores y a la venta con grandes ahorros)... Se acabaron los traidores inspirados y rigurosos; quedan los traidores artificiales.
Un par de semanas después, la misma universidad rindió otro cumplido homenaje; en esta ocasión, a la poeta Minerva Margarita Villarreal, fallecida el 20 de noviembre de 2019. La biografía de Minerva Margarita Villarreal es un joyero donde quien lo abre encuentra a la socióloga precursora del movimiento de las mujeres que hoy ha conmovido al mundo. Encontrará, por supuesto, a la poeta deslumbrante que se dijo como mujer enamorada, rebelde, exploradora ferviente de regiones sentimentales, silvestres, desoladas, oníricas, profundamente humanizadas, como si se tratara de ¨un personaje multánime ficticio o tan real como la santa Teresa de Ávila. También a la directora de revistas ( Armas y Letras, Cathedra), a la prolija autora de colaboraciones para publicaciones culturales ( La Jornada entre ellas); a la editora (Hogaza, la fantástica colección El oro de los tigres y otras colecciones editoriales); a la madre que escribía mientras amamantaba o mientras educaba a sus tres hijos; a la esposa que compartió con el poeta José Javier Villarreal –como él pudo leerlos en el acto de homenaje– los vasos comunicantes que suele haber en una pareja de poetas: sueños, amores, dolores, delicias, angustias, logros, contradicciones y mitosis; a la amiga entrañable de numerosos escritores, poetas, académicos, universitarios; a la militante de diversas causas –una de las últimas, miembro del Consejo de Memoria Histórica y Cultural que preside la esposa del Presidente López Obrador. La institucionalidad no le quitó a Minerva Margarita compromiso militante. Así como lo mostró, tanto al frente de la Biblioteca Universitaria Capilla Alfonsina, como miembro reciente de la Academia Mexicana de la Lengua. Más adentrados en su biografía, no se dejará escapar un hecho dramático: el cáncer, que finalmente acabó con su vida valiosa, fue tratado por ella a la par de su atuendo con el que parecía esperar la llamada a escena.
En ese acto hubo aproximaciones reseñables al conjunto de gemas biográficas de Minerva Margarita. Beatriz Gutiérrez Müller elaboró una suerte de diálogo con la poeta; el historiador Javier García-Diego hizo saber del porqué ella fue seleccionada para formar parte de la Academia; el escritor Gonzalo Celorio amplió esa información; el rector Rogelio Garza Rivera se extendió en todo aquello que dejó como huella fértil la poeta de Higueras, Nuevo León a la UANL.
Otro homenaje en el Centro Cultural Universitario-Colegio Civil de la UANL se le rinde a la educadora e investigadora Sandra Arenal. Una mujer que viene de una familia donde hay mezclas étnicas (Oaxaca, Francia, España), políticas, artísticas (en su genealogía se puede hallar a la escultora Electa Arenal y al pintor David Alfaro Siqueiros; a su lado la figura del militante de la izquierda, Edelmiro Maldonado). Sandra fue heredera de una ideología en cuyo seno ella se nutrió de savia popular, democrática, socialista. Un día, con ese bagaje, llegó a la Oficina de Investigación y Difusión del Movimiento Obrero, uno de los espacios por donde pasaron los movimientos de los trabajadores en la década de los ochenta del ya lejano siglo XX. Allí Sandra, como quienes formábamos el pequeño grupo de comunistas y no comunistas, pero compañeros identificados con la izquierda. Allí nos dedicamos a investigar diversos aspectos del mundo del trabajo y de la producción. Sandra, en su actividad apícola, abordó los temas de los obreros de la Fundidora de Monterrey, de las mujeres en el trabajo (y que hoy es imprescindible seguir investigando), del número creciente de los niños empujados a trabajar por el capitalismo que vino a revivir las condiciones de pobreza y miseria que inspiraron a los escritores del primer liberalismo (Dickens, Víctor Hugo, Zolá, entre otros) e hicieron posible el surgimiento de los grandes teóricos de ese sistema de producción: Marx, Engels, Rosa Luxemburgo, Alejandra Kollontai. No hay tiempo para jugar es un libro que debiera volver a verse con urgencia. También con un cáncer encima, Sandra no dejó de ofrecernos su sonrisa fresca y sus opiniones enérgicas sobre cuestiones que también debieran formar parte de las mujeres que hoy luchan por emanciparse de plúmbeas tradiciones y hábitos irracionales en el seno familiar, centros laborales, doctrinarios, deportivos, partidarios, y ese largo etcétera que las somete a lo que ya debiera ser un pasado ruin.
En una sociedad donde la industria, la empresa en específico, los negocios, la tecnología dominan la mentalidad y los intercambios sociales de toda índole, la escritura es una brisa que permite oxigenarnos. La escritura, las escrituras de quienes comparten un destino común: el trabajo arduo, tesonero, indeclinable del lenguaje y sus deroteros, que muestran un horizonte donde lo invisible se visibiliza y da pie a la promesa de una dimensión más humana.