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5/03/2026

Escucha, Yanqui


Raúl Romero*

Para el año 1959, el estadunidense Charles Wright Mills era ya un destacado sociólogo con influencia en su país y en algunas partes de Europa. A sus 44 años había elaborado una sólida teoría sobre la sociedad estadunidense y las relaciones de poder – Los nuevos hombres del poder, los líderes laborales de Estados Unidos (1948), Cuello blanco: Las clases medias estadunidenses (1951) y La élite del poder (1956)– y también había hecho importantes críticas y aportes a la teoría social – La imaginación sociológica (1959 )–. En octubre de 1959 Mills participó de una reunión académica en Brasil, en la que entró en contacto con algunos de los pilares de la sociología latinoamericana: Gino Germani, Fernando Henrique Cardozo y Pablo González Casanova. Unos meses más tarde, entre febrero y marzo de 1960, Mills realizaría una estancia en México, donde fortaleció su relación con González Casanova, Carlos Fuentes, Enrique González Pedrero y Arnaldo Orfila, entre otros. La breve pero determinante historia de Mills en México ha sido documentada por Elisa Servin en La experiencia mexicana de Charles Wright Mills (2020).

Mills se percataría, en Brasil primero, y luego en México, de los impactos de la revolución de Cuba de 1959 en los intelectuales de Latinoamérica. Su curiosidad intelectual lo llevó a acercarse de manera directa al proceso cubano para conocer de primera mano lo que allá sucedía. Buscaba así alejarse de la información negativa y contrarrevolucionaria que en EU se difundía y que desde entonces construía opinión pública. Así nació Escucha, Yanqui: La revolución en Cuba, un libro en el que el autor se hace a un lado y plasma las voces de los propios cubanos y cubanas revolucionarias entrevistadas por Mills. La obra, escrita en inglés y rápidamente traducida al castellano, tuvo una gran circulación por todo el continente americano. Con dicho texto Mills ganó la simpatía de intelectuales, periodistas y dirigentes revolucionarios del continente, pero también la crítica, el acoso y las amenazas en su propio país.

Escucha, yanqui tiene como una de sus premisas el que, ya sea por control de la prensa por parte de grupos financieros, por autoengaño, o por ignorancia y falta de entendimiento, la sociedad estadunidense no alcanza a comprender el significado de la revolución en Cuba. Mills retoma así la voz de los revolucionarios cubanos para contarles a los “yanquis” algo de historia, del papel de EU en América Latina, de su posición imperialista, intervencionista y de cómo los cubanos han decidido cambiar su propio destino. Explica las formas, las razones, los medios, los límites y algunas contradicciones del proceso cubano. Y asegura: el bloque de las naciones hambrientas de América, de Asia y de África corren el mismo destino, luchar para liberarse. “Lo que debes hacer, en nuestra opinión, es actuar políticamente en tu propio país, asegurar que tu gobierno no utilice la violencia –ni directa ni indirectamente, en ninguna forma– contra la revolución cubana. ¡Manos fuera de Cuba!”, dirán los cubanos por medio de Mills en 1960.

“Tienes que aplastar al imperialismo yanqui desde adentro de Estados Unidos, porque no puedes esperar que el gobierno –si es efectivamente tu gobierno– varíe su línea política si no destruyes ese sistema”, recomiendan los cubanos por medio de Mills. El autor tenía claro algo: Cuba había decidido desde entonces hacerse cargo de su destino, la revolución que estaban emprendiendo y los cambios materiales y culturales que iniciaban sólo podían detenerse desde afuera, desde agentes externos, desde el imperialismo yanqui. Por eso, entre sus preocupaciones estaba que la sociedad estadunidense ayudara a que Cuba y todos los pueblos tuvieran el derecho a hacerse cargo de su propio destino. Los cambios en el mundo, o por lo menos en “el bloque de naciones hambrientas” pasaba por el cambio desde dentro de EU, por la rebelión de su propio pueblo.

La voz del pueblo de Cuba es hoy la voz de la humanidad que clama por el alto a las guerras y la ambición de los que se creen dueños del mundo. La firmeza y resistencia del pueblo de Cuba ha sido y es hoy ejemplo para seguir luchando contra los genocidios y ecocidios con los que el sistema capitalista recoloniza el mundo. El pueblo de Cuba ha tenido históricamente muchos aliados que ha ganado con solidaridad, con campañas de alfabetización, de salud, con diálogos culturales y artísticos.

El pueblo de Cuba tiene el derecho de seguir eligiendo su propio destino. Para que eso sea posible, y también para que el mundo entero pueda salir del estado de guerra, caos e incertidumbre, es fundamental que los pueblos de EU hagan frente a sus gobiernos, que detengan la ola fascista y colonialista que desde ahí se expande. Escucha, yanqui: tienes que aplastar al imperialismo desde adentro de Estados Unidos.

*Sociólogo

X: @RaulRomero_mx

8/30/2020

Defender la vida en tiempos de pandemia



La pandemia por coronavirus llegó a los pueblos en resistencia en un momento de guerra por varios frentes: económico, militar, político y mediático. A la lucha contra los megaproyectos, a la resistencia contra las violencias estatales, paramilitares y del crimen organizado, a la ofensiva mediática y al discurso oficialista que les coloca como enemigos; tienen que sumar la organización para sobrevivir al coronavirus.
Basta con revisar la página oficial del Congreso Nacional Indígena (CNI) para comprobar que durante la pandemia no cesaron los ataques contra los pueblos. Sólo entre marzo y lo que va de agosto, hay más de 40 denuncias que van desde amenazas, detenciones, despojos, torturas, secuestros y masacres. Mayor notoriedad cobraron la masacre contra el pueblo Ikoots, en Oaxaca, o los despojos y agresiones contra integrantes del Ejido Tila, en Chiapas. El ataque del sábado 22 de agosto, por parte de grupos paramilitares contra bases de apoyo del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), termina de dibujarnos el escenario de guerra en el que están inmersos los pueblos y sus organizaciones.
Es en medio de esa guerra que estas organizaciones se han dado a la tarea de implementar medidas para enfrentar la pandemia. En la Chiapas Zapatista, por ejemplo, el EZLN llamó a sus bases de apoyo a adoptar medidas con bases científicas, y desde la segunda quincena de marzo sugirió el cierre de espacios como los caracoles y otros centros de resistencia.
La estructura de salud con la que cuentan las comunidades zapatistas es ampliamente reconocida en la región. En 2014, durante la Escuelita zapatista, las bases de apoyo contaron a sus alumnos y alumnas cómo se implementa un modelo de salud desde abajo y desde adentro de las comunidades, lo que permite un conocimiento del contexto cultural y lingüístico. Este modelo, que tiene fuerte énfasis en lo preventivo y en la alimentación, es aplicado con el trabajo de hombres y mujeres como promotores de salud, con casas de salud, microclínicas y clínicas, laboratorios, ediciones de libros y folletos, y capacitaciones.
En este modelo se combina la medicina tradicional con la medicina moderna, partiendo siempre de ver a la salud como un proceso comunitario e integral, donde lo físico, lo mental y lo emocional forman un conjunto; y donde la salud personal y comunitaria, el territorio y la naturaleza están íntimamente relacionados.
En el caso del CNI, los pueblos y sus organizaciones se dieron a la tarea de compartir, mediante programas de radio, algunas de las experiencias de lo que significa defender la vida en tiempos de pandemia. En esas ediciones puede documentarse la importancia de las radios comunitarias, desde las cuales se difundió información culturalmente adecuada, traducida y adaptada por las propias organizaciones.
La adaptación o creación de estrategias propias, como el quédate en tu comunidad es relevante. Igualmente, el papel de las juventudes fue clave, pues ayudaron al diseño de cápsulas de radio, infografías y folletos, y también a la utilización efectiva de redes sociales y plataformas digitales, con las cuales también se combatió la desinformación y difusión de información falsa.
Por otra parte, se ha hecho especial énfasis en la promoción de la salud preventiva, enfocada a fortalecer las defensas del organismo mediante la alimentación y la medicina tradicional. Se establecieron cercos sanitarios y en algunos casos, en comunidades que tienen importante flujo migratorio, se establecieron centros de observación para prevenir infecciones.
En otras comunidades se activaron comités de salud y resistencia, comités de alimentación y resistencia, y fueron las propias comunidades las que se dieron a la tarea de conseguir insumos, botiquines. Salud comunitaria y autogestionada.
El trabajo de las mujeres parteras ha sido importantísimo, incluso, su labor cobró gran notoriedad en zonas urbanas.
La reflexión sobre el papel de las personas adultas mayores también destaca. La integrante del Colectivo Suumil, en Sinanche, Yucatán; reflexiona: mientras el sistema puso a los ancianos como los y las desechables, en la comunidad nos lanzamos a su resguardo, a cuidarles. En ellos y ellas, nos cuentan en otros pueblos, habita la memoria histórica de cómo sus antepasados vivieron otras calamidades.
Muchos otros elementos habría que apuntar de estas experiencias, en lo económico, en la seguridad, e incluso en las propias formas que tuvieron que imaginar para continuar con sus resistencias.
El EZLN y el CNI son sin duda la articulación más sólida que hace frente, desde abajo y a la izquierda, al actual gobierno. Ellos y ellas proponen construir un mundo fuera de los márgenes establecidos. Un mundo con democracia, libertad y justicia. Un mundo sin capitalismo ni patriarcado. Una verdadera alternativa civilizatoria. Eso incomoda a quienes piensan que el capitalismo se puede humanizar y que sólo ahí es posible la vida. Les incomoda que los pueblos se atrevan a decir y construir otro mundo, por eso les hacen la guerra.
*Sociólogo
Twitter: @cancerbero_mx

7/17/2020

Desaparición, una responsabilidad de Estado en México



En julio 2011, Israel Moreno Pérez tenía 20 años y estudiaba geografía en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Influido por la literatura que le atraía en ese momento, Israel decidió realizar un viaje a Oaxaca. Fue así como el 4 de julio salió de su casa con una mochila y un par de libros. Al día siguiente se reportó con su familia, había llegado a Monte Albán. Luego, el 6 y 7 del mismo mes, estuvo en Puerto Escondido y posteriormente se trasladó a Chacahua, desde donde se comunicó por última vez. Al no recibir más noticias, sus padres comenzaron la tortuosa labor de buscar a un hijo desaparecido.
Carlos, padre de Israel, se trasladó a Oaxaca. Peregrinó por oficinas, solicitó audiencias, utilizó todos los recursos a su alcance. Fue hasta que recurrió a la prensa que las autoridades locales comenzaron a atender su caso. El 22 de diciembre de 2011, el ex procurador de Oaxaca informó a Carlos que todo indicaba que a Israel lo habían asaltado y asesinado. Pero la familia de Israel no creyó la versión, sobre todo porque nunca tuvo acceso al cuerpo de quien supuestamente era su hijo.
Con recursos propios, la familia deIsrael continuó su búsqueda, al tiempo que aportó pruebas para desmentir la versión oficial. Con el acompañamiento de organizaciones independientes de derechos humanos, llevaron el caso al Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas, organismo que en 2019 concluyó que el Estado mexicano violó los derechos humanos del estudiante, lo anterior al no realizar una búsqueda inmediata, y también por efectuar una investigación con testimonios contradictorios y fabricación de pruebas. Hoy, nueve años después de la desaparición de Isra, su familia y las organizaciones que acompañan exigen a la Fiscalía General de la República que atraiga el caso.
La desaparición de personas en nuestro país es una responsabilidad de Estado, ya sea porque sus representantes la ejecutan directamente, por no garantizar las condiciones para que ésta no secometa, o por permitir que actores no estatales perpetren el delito. Los académicos Camilo Ovalle y Carlos Dorantes advierten que las desapariciones actuales son resultado de un proceso histórico: la transición de una práctica de la violencia estatal que poco a poco se ha consolidado como tecnología de violencia o dispositivo al servicio de ac-tores diversos en sus disputas por el control social y nuevas formas de acumulación de capital, a través de lo que ya se conoce como economías ilegales fuertemente vinculadas a los mercados financieros y productivos, como el narcotráfico (https://bit.ly/2CDet21).
La desaparición de personas es uno delos grandes problemas nacionales. El Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas recién dio a conocer que existen 72 mil 916 personas desaparecidas, es decir, que su ausencia se relaciona con la probable comisión de algún delito. Si bien los datos contemplan los registros desde 1964, es notorio que este problema aumentó significativamente entre 2006 y 2007.
Al respecto, hay que señalar que la demanda de información es una exigencia de colectivos de víctimas, de derechos humanos y de periodistas, quienes desde hace décadas orientan sus pasos a la búsqueda de memoria, verdad y justicia. Son también este tipo de organizaciones las que emiten las primeras observaciones a la información: no se liberó la base de datos ni se publicó la metodología con que se realizó el informe.
La lucha contra la desaparición de personas ha sido una causa principalmente de las familias afectadas. En algunas ocasiones cuentan con el apoyo de organizaciones de derechos humanos o de organizaciones políticas, especialmente si las personas desaparecidas pertenecían a una de estas últimas. Recientemente, son las redes de los movimientos de mujeres las que acompañan a otras mujeres que buscan a sus desaparecidas.
Los impactos sicosociales de este problema son graves, sobre todo también para las familias. La ausencia de sus seres queridos rompe de tajo con la normalidad, el desgaste emocional de la búsqueda se hace mayor al encontrar oídos sordos, burocracia, corrupción, impunidad. A lo anterior se suma el desgaste económico, pues la búsqueda implica tiempo completo. Sin embargo, el amor y deseo de encontrar a sus seres queridos, de dar con la verdad, les empuja a seguir.
La desaparición de personas sigue siendo un fenómeno cotidiano, como también lo son muchas de las condiciones que la hacen posible. Es buen comienzo tener datos que ayuden a dimensionar el problema, pero sería un error invisibilizar las historias de cada persona desaparecida: cada una de ellas representa una familia rota y en su conjunto, un México desgarrado. Más importante aún es avanzar en los procesos de búsqueda de todas y cada una de estas personas, sin escatimar recursos, sin capitalizar política y mediáticamente. Las personas desaparecidas nos hacen falta a todos y todas.

*Sociólogo
Twitter: @cancerbero_mx

5/17/2020

¿Para qué los militares?



El lunes 11 de mayo fue publicado en el Diario Oficial de la Federación el acuerdo con el que se dispone de la Fuerza Armada permanente para llevar a cabo tareas de seguridad pública. El acuerdo, fechado el pasado 8 de mayo, es acompañado de las firmas de Andrés Manuel López Obrador y de los secretarios de la Defensa Nacional, de Marina y de Seguridad y Protección Ciudadana.
Al seguir la ruta marcada en marzo y mayo de 2019, cuando con la aprobación de todos los partidos políticos se modificó la constitución y se expidió la Ley de la Guardia Nacional, respectivamente, el acuerdo ahora publicado está en concordancia con la lógica militarista de la actual y anteriores administraciones, y da continuidad a una indirecta y directa militarización de la seguridad pública del país hasta 2024, es decir, durante todo el sexenio de AMLO.
Hay que recordar que, de acuerdo con el cable 06MEXICO505 de WikiLeaks, del 31 de enero de 2006, López Obrador hizo saber al embajador estadunidense, Tony Garza, que quería dar más poder y autoridad a los militares en la guerra antinarcóticos, y que para ello pretendía una enmienda constitucional que no dudaba en obtener.
Llama la atención el momento en que se publica dicho acuerdo: en plena entrada al pico más alto de los contagios de Covid-19, marcado por una fuerte disputa con una parte del sector empresarial y con medios de comunicación nacionales y foráneos; pero también cuando los dos megaproyectos emblemáticos de la actual administración, el Tren mal llamado Maya y el Corredor Interoceánico, han encontrado mayor oposición de los pueblos y sus organizaciones.
De igual forma, entre los nuevos escenarios posibles para México, como consecuencia de la crisis económica global que estaba en curso y que se agudizará con la pandemia, hay que contemplar el descontento de grandes sectores sociales que se verán afectados, así como el ascenso de la migración, y también el crecimiento y expansión de las empresas del crimen organizado, las cuales podrán nutrirse con grandes cantidades de personas que quedarán desempleadas.
El gran poder político, económico y social que la actual administración le ha entregado a las fuerzas armadas es innegable. Si bien con Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto la Sedena se convirtióen una gran industria constructora, esto no ha cesado con López Obrador, pues la misma construirá y dará mantenimiento a carreteras, puertos, aeropuertos, ferrocarriles, bancos, hospitales, infraestructura de telecomunicaciones y otras obras.
Según palabras del propio AMLO, los militares construyen ya, con un presupuesto de 10 mil millones de pesos, las primeras mil 300 sucursales del Banco de Bienestar de las 2 mil 700 planeadas. La Sedena también construye el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles, en Santa Lucía, y se ha anunciado que le otorgarán la construcción de dos tramos del Tren Maya. En lo que respecta al programa Sembrando Vida, se utilizan los 12 Viveros Forestales Militares ubicados en siete estados del país, desde donde se opera la distribución y entrega de las plantas.
También se ha entregado a la Sedena, Marina y Guardia Nacional el control y seguridad de ductos de Petróleos Mexicanos, la distribución de medicamentos y, en días recientes, el control de algunos hospitales.
En lo que se refiere a la Guardia Nacional, en febrero pasado AMLO informó que se habían desplegado 70 mil elementos, pero que el plan implicaba tener 140 mil en todo el territorio nacional para finales de 2020.
Ni antes de la pandemia ni ahora, la ruta de la militarización era opción, sobre todo en nuestro país, donde las fuerzas militares han sido utilizadas sistemáticamente para reprimir y acallar el descontento, para perseguir y desaparecer las resistencias, y también para proteger o fortalecer los negocios de grupos criminales. Los nombres de Ernestina Ascencio y Ayotzinapa, por mencionar algunos, debieran resonar fuerte en la memoria colectiva en estos momentos.
Mientras las fuerzas armadas no sean llevadas ante la justicia por crímenes pasados y presentes, o por su participación en hechos de corrupción, el pacto de impunidad seguirá marcando su actuación. En tanto las fuerzas armadas no sean transformadas a profundidad para obedecer a los pueblos, sujetos de los que emana el poder público, son en realidad una amenaza.
El militarismo es un campo de acumulación de capital, nos advirtió Rosa Luxemburgo, tiene la función de la proletarización violenta de los indígenas y la imposición del trabajo asalariado en las colonias, en la formación y extensión de esferas de intereses del capital europeo en territorios no europeos, en la implantación forzosa de ferrocarriles en países atrasados. Aquí una posible respuesta para entender por qué tanto interés del actual gobierno en los militares: los necesitan para garantizar el orden y la paz social, para garantizar sus proyectos de desarrollo.
*Sociólogo
Twitter: @cancerbero_mx

2/23/2020

Samir Flores y las resistencias



El 11 de febrero de 2019, Samir Flores y un grupo de opositores al Proyecto Integral Morelos acudieron a protestar a una actividad en la que estaría el presidente Andrés Manuel López Obrador. Con mantas, consignas y un modesto equipo de sonido, los y las manifestantes permanecieron durante todo el acto hasta que lograron llamar la atención del presidente. AMLO, quien estaba acompañado, entre otros, por Cuauhtémoc Blanco y Hugo Erick Flores, volteó hacia el grupo en el que se encontraba Samir y, visiblemente molesto, con la mano derecha alzada y el dedo índice también levantado, se refirió a ellos y ellas en tono retador: Escuchen, radicales de izquierda, que para mí no son más que conservadores. Nueve días después, el 20 de febrero, Samir Flores sería asesinado a las afueras de su casa.
No ha sido la única vez que AMLO ha descalificado a personas, pueblos y organizaciones sociales que expresan el dolor y el descontento de un país que se sigue desangrando día a día. Lo ha hecho contra los movimientos de víctimas, de migrantes, de mujeres, de pueblos originarios, de periodistas. Para descalificar sus protestas y demandas, se refiere a algunos de estos sectores como provocadores, abajo firmantes, ridículos, o cualquier calificativo que ayude a ubicarlos en el plano de los conservadores.
En ese discurso que se centra en el antagonismo pueblo/oligarquía, con sus adaptaciones según la moral e ideología del titular del ejecutivo (liberales/conservadores, buenos/malos), no hay cabida para observar otras contradicciones u opresiones. En este discurso la ex-plotación no aparece, por lo que explotadores y dueños del capital que anteriormente eran ubicados como parte de la mafia en el poder, ahora llegan a ser protegidos con la popularidad del Presidente.
Lo mismo sucede con los proyectos y megaproyectos extractivos, algunos de ellos antes impulsados o implementados por gobiernos neoliberales. El Corredor Transístmico, el Proyecto Integral Morelos o la Constellation Brands hoy son retomados por la actual administración y presentados como necesarios. En otros casos, sólo basta con cambiarles el nombre o la ubicación, como el Tren mal llamado Maya o el aeropuerto en Santa Lucía. No importa que en el pasado las resistencias y luchas de los pueblos los hayan detenido, hoy son moneda de cambio de promesas de un futuro mejor, las mismas promesas que otros ya hicieron.
Pero este discurso no es exclusivo del Presidente. En cualquier espacio que les sea posible, funcionarios de gobierno y seguidores de AMLO lo reproducen. Los zapatistas son un invento de Salinas, ¿Y tú dónde estabas cuando se imponía el neoliberalismo?, Las caravanas de migrantes son un invento de Trump, “Hay ‘mano negra’ detrás de los movimientos de mujeres”. El objetivo es el mismo: anular las resistencias, desprestigiarlas, ubicarlas en el mismo campo que las verdaderas fuerzas dominantes, aunque muchas de estas últimas, en realidad, estén con el Presidente.
Esta estrategia parte de una premisa: el país va bien, el pueblo está feliz, si alguien difiere, es conservador o aliado de la derecha. En el peor de los casos, el Presidente y sus seguidores siempre pueden tener otros datos para confrontar la realidad. La estrategia los lleva a presentarse como la única izquierda y pretender el monopolio de la verdad.
Lo problemático es que López Obrador es el Presidente de México, el jefe del Estado y, como tal, su voz tiene eco y consecuencias.
En un contexto de violencia política y criminal como el que se vive en México desde hace más de una década, donde mujeres, periodistas y defensores del territorio son asesinados constantemente, el que el Presidente descalifique o minimice a las resistencias y los problemas que plantean, haciendo uso del privilegiado espacio mediático con el que cuenta, abre la puerta para el acoso, las amenazas y para los peores demonios.
Ejemplo de lo anterior es la situación que en días recientes vivieron pobladores de Calakmul, en Campeche, que frente a la obtención de un amparo contra el Tren Maya, fueron acosados en redes sociales y amenazados por seguidores del Presidente. El caso de la periodista Frida Guerrera también salta a luz, pues después de cuestionar al Presidente en una conferencia matutina sobre qué hace el gobierno federal frente a la grave situación de feminicidios y violencias de género, fue atacada severamente en redes sociales.
Ante esta situación, las resistencias enfrentan el reto de elaborar estrategias comunicativas más pedagógicas y reforzar las medidas de seguridad de todo tipo. Las violencias del Estado y del capital van encontrando nuevas formas en nuestro país, no hay que dejar de denunciarlas, pero sobre todo imaginar salidas a ellas.
*Sociólogo
Twitter: @cancerbero_mx

9/15/2019

El Istmo es nuestro



El camino de Coatzacoalcos, Veracruz, a Juchitán, Oaxaca, es una verdadera postal de la guerra capitalista: los imponentes pozos petroleros son la antesala de los parques eólicos y sus gigantescos molinos. En diferentes puntos del camino, agentes de migración y de la Guardia Nacional detienen automóviles y camiones en busca de migrantes. El escenario se vuelve más dramático cuando uno se entera de que en los alrededores se han descubierto fosas clandestinas con cuerpos humanos.
Ya en Juchitán, la riqueza cultural del pueblo binnizá (gente que proviene de las nubes) contrasta con las decenas de casas destruidas a consecuencia de los sismos de 2017 que todavía se observan. En esa región del país donde no se ha terminado la reconstrucción, ya se habla de la destrucción que se agudizará con el Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec.
El Istmo de Tehuantepec, que atraviesa de Oaxaca a Veracruz y une por tierra en tan sólo 200 kilómetros el océano Pacífico con el Atlántico, es un territorio estratégico. Su importancia alcanza dimensiones mundiales: es la puerta de entrada a lo que Pablo Neruda llamó la cintura de América.
En el siglo XIX, Gran Bretaña y Estados Unidos intentaron hacerse del control de esa parte del territorio nacional, historia que puede rastrearse por medio de los tratados de la Mesilla, Clayton-Bulwer y McLane-Ocampo. En el siglo XX y lo que va del XXI, como bien documentó en estas mismas páginas Luis Hernández Navarro, los presidentes Gustavo Díaz Ordaz, Luis Echeverría, José López Portillo, Miguel de la Madrid, Ernesto Zedillo, Vicente Fox y Felipe Calderón intentaron reactivar, de distintos modos, el proyecto. Hoy Andrés Manuel López Obrador retoma la iniciativa y promete una diferencia: habrá explotación y despojo, pero sin corrupción desde el gobierno.
En el Plan Nacional de Desarrollo 2019-2024 se define el Tren Maya, el transístmico y la zona libre de la frontera norte como “proyectos regionales de desarrollo que actúen como ‘cortinas’ para captar el flujo migratorio en su tránsito hacia el norte”. En otras palabras, el tan anhelado muro de Donald Trump.
Mientras, en el decreto con que se da certeza jurídica al Transístmico sólo se señalan los puertos de Coatzacoalcos, Veracruz, y de Salina Cruz, en Oaxaca, así como la conexión ferroviaria entre éstos. No se menciona nada de los negocios a los que servirá el corredor: la agroindustria, la manufactura, la inmobiliaria, la minería, la expansión de los parques eólicos y la modernización de un gasoducto, ni del aeropuerto de Ixtepec y la carretera transístmica. De los impactos ambientales de todo el conjunto del proyecto tampoco hay noticias.
Para Estados Unidos, el Transístmico no sólo es una cortina de contención de migrantes: es, además, una ruta de comercio que refuerza al canal de Panamá con Sudamérica y abre nuevas rutas con Europa y Asia. Esto, en plena disputa con China y Rusia, es también una posición militar privilegiada.
Visto junto a los otros proyectos prioritarios del actual gobierno, el Transístmico es parte de una red de interconexión y suministro de energía para las corporaciones que operan en el sur del país, la mayoría de ellas de capital privado y extranjero. Éstas están ubicadas en zonas económicas especiales –que todavía cuentan con vida legal– o en las rutas que las conectan. Así, la administración actual construye la infraestructura para que, por medio del Proyecto Integral Morelos, el Corredor Transístmico y el Tren Maya, las compañías capitalistas se articulen en una compleja red que va de Morelos a Yucatán, pasando por Puebla, Tlaxcala, Veracruz, Oaxaca, Chiapas, Tabasco y Campeche.
Para los pueblos originarios del Istmo y aquellos que habitan en regiones donde ya se ejecutan o ejecutarán este tipo de megaproyectos, se trata además de iniciativas que amenazan su reproducción material y cultural. Por eso son la principal resistencia: se juegan la vida en ello. Ésa fue la valoración compartida en la asamblea nacional entre los pueblos del Congreso Nacional Indígena/Concejo Indígena de Gobierno y los adherentes a la Sexta, Redes de Resistencia y Rebeldía, organizaciones y colectivos que se organizan y luchan contra el patriarcado, el capitalismo y los malos gobiernos, realizada el 6, 7 y 8 de septiembre en Juchitán.
A dicha asamblea acudieron más de 500 personas, representantes de 22 medios libres y de 107 organizaciones y colectivos provenientes de 17 pueblos originarios, 22 estados de la República y 18 países. Ahí se abrazó la lucha de los familiares de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, las viudas de los mineros de Pasta de Conchos, los compañeros de Samir Flores… Ahí las resistencias continuaron tejiendo una red regional, nacional e internacional que en el futuro se propone detener la política de muerte y destrucción que viene con el capitalismo. Saben que el camino no es fácil ni corto, pero saben también que es el único: cambiar todo lo que haya que cambiar, desde abajo, a la izquierda y en colectivo. Por ahora esa red ha lanzado ya su primer grito en la región: el Istmo es nuestro, no del capital.
*Sociólogo
Twitter: @cancerbero_mx

8/18/2019

Los Caracoles zapatistas



El 19 de diciembre de 1994, la comandancia general del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) anunció que como resultado de la campaña denominada Paz con Justicia y Dignidad para los Pueblos Indígenas, y con apoyo de la población local, tomaron el control de 38 municipios en el estado de Chiapas. La toma se realizó sin enfrentamiento alguno, y respetando el cese al fuego en el que se encontraban en ese momento.
La población civil de esos municipios se dio a la tarea de renombrarlos de acuerdo con sus creencias, usos y costumbres, y de elegir a sus propias autoridades. La conciencia rebelde se hizo notar en forma sensible. Los pueblos eligieron nombres como General Emiliano Zapata, Libertad de los Pueblos Mayas, Ernesto Che Guevara, Lucio Cabañas o Magdalena de la Paz. Con ellos, los territorios que antes poseían hacendados y finqueros fueron resignificados.
Los nuevos municipios pasaron a regirse con la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos de 1917, las Leyes Revolucionarias Zapatistas de 1993 y las leyes del propio municipio. Así nacieron los Municipios Autónomos Rebeldes Zapatistas (Marez), los cuales practican el autogobierno a través de consejos autónomos. El EZLN sólo se encargaría de dar protección frente a ataques militares o paramilitares. Los ejércitos deben usarse para defender, no para gobernar. El trabajo de un ejército no es ser policía o agencia de ministerio público, dijeron los zapatistas por medio de su vocero.
En 2001 el EZLN dio una última oportunidad al Estado mexicano para que reconociera su derecho, y el de todos los pueblos indígenas, al autogobierno. Miles de personas se volcaron a las calles en toda la nación para apoyar la exigencia. Por su parte, la clase política toda, incluidos los partidos de izquierda, dieron la espalda a los pueblos originarios de México: los Acuerdos de San Andrés sobre Derechos y Cultura Indígena fueron rechazados y se abonó así el camino de despojo y saqueo.
Los pueblos tzotziles, tzeltales, mames, choles, tojolabales y zoques organizados en torno al EZLN, dijeron que los tiempos de pedir y de exigir estaban agotados, y que era momento de pasar al tiempo de ejercer.
Luego de comunicar la suspensión total de cualquier contacto con el gobierno federal y con los partidos políticos, el 9 de agosto de 2003 se anunció la creación de cinco Caracoles Zapatistas y sus respectivas Juntas de Buen Gobierno.
Los Caracoles pasaron a sustituir a los Aguascalientes, construidos en 1995 con el objetivo de ser puntos de encuentro entre las culturas de los pueblos zapatistas y las otras culturas de México y del mundo. Los Caracoles tienen una función similar, la de ventanas para vernos dentro y para que veamos fuera, la de bocinas para sacar lejos nuestra palabra y para escuchar la del que lejos está, dicen los rebeldes del sureste.
Por su parte, las Juntas de Buen Gobierno funcionan mediante los principios de rotatividad, la revocación de mandato y la rendición de cuentas. Son verdaderas redes del poder de abajo. En ellas se articulan los consejos municipales, los cuales a su vez agrupan a las autoridades comunitarias. Así es como se va tejiendo esa forma emancipadora del poder en el que los gobernantes pasan a ser servidores, personas que mandarán obedeciendo al pueblo.
Cualquier persona que visite territorio zapatista puede percibir los logros de este ejercicio de autogobierno. Los y las zapatistas han dedicado sus esfuerzos a darse a sí mismos techo, tierra, trabajo, salud, alimentación, educación, democracia, libertad, justicia, cultura e información. Pero desde su origen, el EZLN fue claro: su lucha no es por beneficios para los pueblos que agrupa, ni tampoco es sólo para los pueblos indígenas, es una lucha por todos y todas.
Los Caracoles zapatistas y las Juntas de Buen Gobierno son un aporte de los pueblos mayas a las luchas por la emancipación. El diálogo que establecen entre lo particular y lo universal, les abre un lugar en la historia justo a lado de las comunas, de los sóviets, de los comités, de los consejos obreros, de los municipios libres.
Ahora que los Caracoles zapatistas y las Juntas de Buen Gobierno cumplen 16 años, enfrentan nuevos retos y amenazas, entre ellas, las de un Presidente que un día les dice que no son adversarios ni enemigos, y al otro les tilda de mentirosos y de apostar por la violencia.
Pero esos pueblos que históricamente fueron despreciados y violentados, explotados y oprimidos, ahora conocen la libertad que viene con el autogobierno, y están dispuestos a defender con todo su proyecto de mundo nuevo. Ojalá no sea necesario, y ojalá también que el largo y lento andar del Caracol encuentre la libertad para seguirnos alumbrando.

* Sociólogo.
Twitter: @cancerbero_mx