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5/24/2025

Golpe de calor y capitalismo

.-Hace un año me dio un golpe de calor. Fue horrible. Nunca antes había sentido algo así: dolor de cabeza, mareo, náuseas, vómito, la sensación de tener el cuerpo hirviendo por dentro y por fuera. En los últimos días he sentido que estoy cerca de volver a ese punto. Pero me resisto: busco sombra, me hidrato, trato de hacer algo antes de que llegue el golpe. Hasta ahora lo he logrado. He esquivado el colapso.

Hace unos días llegó a la escuela un joven egresado. Me pidió que respondiera un cuestionario para su tesis. Si alguien me dice que está haciendo una investigación y que puedo serle útil, mi respuesta invariablemente es sí. Porque he estado en ese lugar, y porque generar conocimiento —del que sea— siempre me importa.

Me tomé el tiempo para contestarlo. El cuestionario era sobre calentamiento global, educación y género. Una triada que, además, me interesa profundamente.

¿Explique con sus propias palabras qué es el calentamiento global?

Es mi dolor de cabeza. Es no querer estar en ninguna parte. Son mis estudiantes empapados en sudor, abanicándose con los cuadernos. Es la angustia de no saber si mañana, por fin, tendremos agua. Es el cerro incendiándose a lo lejos, hermoso y siniestro. Es Natasha, mi perrita, dejando de mover la cola, buscando dónde echarse cerca del tanque porque ahí está más fresco.

Eso quisiera escribir. Pero supongo que no es apropiado. Así que pongo otra cosa.

¿Quién cree que es el principal responsable del calentamiento global?

Marcaba varias opciones, pero elegí “otra” y escribí, en mayúsculas: EL CAPITALISMO.

Para mí no hay discusión. Es el capitalismo. Esta forma de consumir. Cada vez que quiero comprar algo que no necesito, me acuerdo de estos días. Cada vez que uso ChatGPT para algo innecesario, recuerdo que en mi colonia desde hace un mes solo nos dan agua una vez a la semana. Cada vez que quiero prender el aire acondicionado, me pregunto si puedo resistir un poco más. Es agotador.

¿Cree que las consecuencias del calentamiento global afectan de manera diferenciada según el género?

Sí, sin dudar. Porque pienso en las mujeres que caminan kilómetros para llevar agua a casa. Porque son ellas quienes, en este contexto de desigualdad, sostienen las tareas de cuidado. Y esas tareas se vuelven más difíciles cuando los recursos se agotan. Porque cuando llega el desastre, las desgracias siempre se multiplican para las mujeres.

¿Cree que desde la educación se puede hacer algo para revertir los efectos del cambio climático?

Digo que sí… pero me encantaría que alguien me dijera cómo. Qué hacemos en las aulas.

Ese mismo día hablé con mis estudiantes sobre el cambio climático, el calor, nuestras formas de consumo. No sé cuánta atención me pusieron: el calor era insoportable, el aula un horno lleno de adolescentes acalorados. Algunas y algunos me hicieron preguntas que me conmovieron, por lo desesperadas que eran y todo lo que encerraban.

“¿Cómo le hacemos?”, me preguntan.

Y yo también quiero saber.

En eso estamos.

P.D. Esta foto la tomé hace un tiempo en Chenalho. Esa olla de agua es donde llegan a traer agua a diario las mujeres de la comunidad. En el primer comentario les dejó la liga de un trabajo que hice al respecto.

12/24/2023

Capitalismo y derechos humanos, dos términos incompatibles

 Por Javier Tolcachier 

Fuentes: Rebelión

Pensar en lograr un ejercicio pleno de los derechos humanos en el marco de un sistema capitalista es un error garrafal y una ingenuidad absoluta. Error de apreciación que no es espontáneo sino inducido intencionalmente por los detentores de la hegemonía del mismo sistema, faltos de toda ingenuidad. 

Es innegable que los derechos humanos, en tanto concepto, tienen una vigencia moral inobjetable, aunque su efectiva realización diste mucho del canon teórico. El abismo entre ambas es, además de la constatación de realidades preexistentes, una emboscada semántica y reside, como es habitual, no en el declamado discurso, sino en los diferentes significados que a este fundamental significante se le atribuyen.

El occidente dominado por la ética anglosajona, sucesora de los anteriores poderes imperiales, restringe la concepción de los derechos humanos al ámbito de los derechos civiles individuales, las prácticas de una devaluada democracia liberal, y sobre todo, el derecho a la propiedad. Mientras que el espíritu condensado en los treinta artículos de la Declaración Universal reconoce de modo extendido los derechos sociales y la necesidad de entornos dignos para la existencia humana.

La acepción estrecha no solo relativiza y condiciona la aplicación universal, irrestricta, equitativa de los derechos humanos en su sentido pleno, sino que no juzga y por ende no condena la violencia sobre la que se asienta la injusta relación de fuerzas previamente existente, que estos derechos son llamados a modificar.

Aun así, la sola afirmación del carácter de “derechos” y la aceptación colectiva por parte de todas las naciones y los pueblos de la Tierra confieren a estos postulados el carácter de una conquista cultural invalorable.

Dinero contra derechos humanos

La ineficiencia del capitalismo para asegurar un mínimo bienestar a cada ser humano se aprecia con claridad cada día. La endeble sustentación del sistema es la lejanísima ilusión de las mayorías de pertenecer al ínfimo núcleo adinerado y “triunfador”, más parecida a la posibilidad de ganar la lotería, o la simple resignación de sobrevivir aceptando un modelo depredador, competitivo y excluyente.

Los derechos humanos quedan entonces recluidos a las posibilidades de lograr lentos avances progresivos desde los esfuerzos colectivos, estatales y comunitarios, a contracorriente de los deseos y las fuerzas con las que cuentan los grupos empresariales corporativos multinacionales y la banca de inversión. 

Es una lucha despareja en la que el capital compra, alquila o manipula los resquicios de la voluntad política ciudadana, vulnerando por completo esa “democracia” que suelen esgrimir sus personeros formados en universidades adeptas.

Tal es el desquicio en el uso del término, que aquellos que osan desafiar las modalidades impuestas son vilipendiados en la esfera diplomática justamente por la fechoría de “violar sistemáticamente los derechos humanos”.

Como lo señala Silo en su novena Carta a mis amigos: “Una vez más se está comprometiendo la soberanía y autodeterminación de los pueblos mediante la manipulación de los conceptos de paz y de solidaridad internacional.”

Esto no quiere decir que aquellos pueblos que optan por construir sus vidas de un modo más equilibrado e igualitario no padezcan estas violaciones, como también puede constatarse a diario. Lo que se afirma es que el capitalismo hoy predominante es fuente de violencia económica, por tanto, en flagrante oposición al cumplimiento de los derechos humanos.

Muestra cabal de la contradicción radical entre capitalismo y derechos humanos son las guerras, un anacronismo que se sigue instigando y librando para apropiarse de recursos, destruir infraestructuras, conquistar mercados, doblegar adversarios políticos o más llanamente, para continuar llenando las arcas de los inversores en empresas armamentistas. Es indudable que nada de ello dice relación con la supuesta y tan remanida defensa de “derechos humanos”, retórica envenenada esgrimida por los belicistas del Norte global. 

Capitalismo y subjetividad

Lejos de quedar restringido a la materialidad, el capitalismo no puede subsistir sin operar permanentemente sobre los psiquismos, propagando actitudes y conductas absolutamente reñidas con la concreción de derechos universales consagrados.

Sentidos vitales como la posesión y la apropiación promueven el despojo y la diferencia, lo que realimenta sociedades de apropiadores y expropiados, contrarias al usufructo colectivo del producto generado socialmente. Obtener bienes y placeres a cualquier costo degradando la existencia ajena, hasta el límite incluso de su eliminación física, es fuente de máxima violencia, inimaginable en un real régimen de derechos humanos.

La lógica de la competencia, el lucro y la acumulación de poder, consustanciales al capitalismo, son la exacta contracara de la colaboración, la acción desinteresada y la autodeterminación personal y colectiva, elementos insustituibles para avanzar hacia sociedades protegidas por estos derechos.

La concreción de los derechos humanos en un futuro humanista

De lo expuesto hasta aquí podría inferirse – erróneamente – que bastaría con modificar las condiciones de organización socioeconómica para arribar automáticamente a la plena vigencia de los derechos humanos. 

Dicha tesis, formalizadas doctrinariamente en la Europa industrialista del siglo XIX, junto a la brutalidad y negación del sector dominante ante los justos reclamos de los desposeídos de todo derecho, animaron violentos levantamientos populares en la creencia de que el control centralizado de los medios de producción y de la actividad social traería consigo los cambios deseados.

Haciendo uso de las proposiciones bicondicionales de la lógica, puede afirmarse que la distribución armónica de los recursos es condición necesaria pero no suficiente para que se verifique la implementación de los principios expuestos en la Declaración Universal. La condición suficiente es la instalación de nuevos preceptos éticos irrenunciables como ejes de relación social, intersubjetivos y de conducta personal. 

Preceptos cuya instauración, a gran distancia de la moral impuesta por designio de grupos particulares que causaron indecible violencia y la entronización de poderes ajenos al bienestar de los pueblos, no puede ser forzada verticalmente.

Esta nueva ética, en una etapa de mundialización e interconexión total entre las distintas culturas de la Tierra, no puede tener otra base que aquella que justamente constituye el alma de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, es decir, el reconocimiento del Ser Humano como sujeto primordial de derechos, como lo señala su segundo artículo, “sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición.” 

El afianzamiento y extensión de esta moral revolucionaria humanista es tarea de los pueblos, partiendo de una aspiración y conducta cotidiana extendida a expresiones políticas colectivas, en la que debiera afianzarse la convicción de que no habrá progreso para nadie sino es para todos y todas.

Para ilustrar en concreto estas valoraciones, puede aclararse que seis conceptos han sido posición común de los humanistas de las distintas culturas, a saber: la ubicación del ser humano como valor y preocupación central; la afirmación de la igualdad de todos los seres humanos; el reconocimiento de la diversidad personal y cultural; la tendencia al desarrollo del conocimiento por encima de lo aceptado o impuesto como verdad absoluta; la afirmación de la libertad de ideas y creencias y el repudio a la violencia. 

Lo cual refuerza la necesidad de crear entornos mentales y sociales humanistas para la efectiva aplicación de la Declaración que ahora cumple 75 años. Declaración a la que podríamos sugerir como epígrafe el lema: “Nada por encima del Ser Humano y ningún ser humano por debajo de otro”.

(*) Javier Tolcachier es investigador del Centro Mundial de Estudios Humanistas, organismo del Movimiento Humanista y comunicador en agencia internacional de noticias Pressenza.

12/02/2023

«Luchar contra las prisiones es una forma de combatir el heteropatriarcado y el capitalismo»

  Zambra/Baladre publica Feminismo anticarcelario: el cuerpo como resistencia, de Alicia Alonso Merino

Por Enric Llopis 

Fuentes: Rebelión

En el libro Por qué abolir la cárcel. Las razones del movimiento «No prision«, los autores, Livio Ferrari y Giuseppe Mosconi, exponen los argumentos para abolir la institución carcelaria, ya que representa la violencia de “un sistema basado en el dolor, la pena y la venganza”.

Asimismo, editado por Zambra y Baladre en 2023, Feminismo anticarcelario: el cuerpo como resistencia, de Alicia Alonso Merino (AAM), aborda la cárcel como uno de los instrumentos del patriarcado; en cuanto a las posibles respuestas, el texto concluye con la siguiente frase de la escritora y activista feminista afroestadounidense, Audre Lorde: “Las herramientas del amo nunca desmontarán la casa del amo”.

¿Por qué la prisión refuerza, a grandes rasgos, la lógica patriarcal? Según Alicia Alonso Merino, que forma parte del Consejo Editorial de Baladre (Coordinación de Lucha contra la Exclusión Social), porque refuerza el binarismo, las masculinidades hegemónicas, la agresividad, la misoginia, la homofobia y las desigualdades de género.

AAM sitúa los orígenes de la cuestión en el siglo XVIII, en el comienzo de la revolución industrial, la globalización capitalista y las formas de organización burocrática de los Estados; todo ello dio lugar a cambios en el método de aplicar lo punitivo, también vinculados la nueva concentración del proletariado en las fábricas.

“Los castigos ejemplarizantes y sanguinarios perdieron efectividad y se pensó una nueva forma penal de castigar”: los centros de reclusión, resume la investigadora feminista y abogada de derechos humanos, que realiza acompañamiento socio-jurídico en prisiones de diferentes países.

En noviembre de 2022, Prison Insider publicó una entrevista a la investigadora docente en el Institute for Crime and Justice Policy Research (ICPR), Helen Faire, quien participa en la elaboración de la Lista Mundial de Mujeres Encarceladas; se calcula que más de 740.000 mujeres y niñas se hallan privadas de libertad en todo el mundo; además, la población carcelaria femenina ha registrado un aumento del 60% desde el año 2000, mientras que la masculina se ha incrementado un 22%.

Respecto a las mujeres presas, Helen Faire extrae la siguiente conclusión: “A menudo han vivido acontecimientos traumáticos, sufren problemas de salud mental o adicciones, han estado en situación de calle o han sido víctimas de violencia doméstica y sexual”; además la cárcel incrementa su angustia psicológica.

La investigadora del ICPR relaciona, en la entrevista, el ritmo de crecimiento de las mujeres reclusas con la pobreza; de hecho, “son procesadas de manera excesiva por delitos como el hurto en tiendas, la prostitución y los delitos de drogas de bajo nivel”.

Alicia Alonso Merino no se queda en la abstracción; menciona nombres de mujeres desobedientes que –a lo largo de la historia- han sufrido castigos; como Lilith (en las mitologías mesopotámica y judía) y Eva; la lideresa indígena en Argentina, Milagro Sala, condenada a 13 años de prisión en 2019; la machi Francisca Linconao, defensora de los derechos humanos presa en la cárcel de mujeres de Temuco, en la Araucanía chilena (territorio mapuche); la activista fue arrestada en 2016, y sometida a un proceso judicial irregular; o la defensora de los derechos de las mujeres negras en Brasil, Marielle Franco, asesinada en 2018.

La autora de Feminismo anticarcelario se apoya en un texto de la filósofa y activista Silvia Federici, Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación originaria (2004), para mostrar la importancia de la subordinación de las mujeres –en la transición del feudalismo al capitalismo-, pero con consecuencias que alcanzan el mundo actual (por ejemplo se refiere a la ejecución –en el pasado- de centenares de miles de “brujas”).

Otro caso es el de las Casas de Corrección (y después las cárceles de mujeres) de la que se hacían cargo las órdenes religiosas, con el fin de someterlas a disciplina y redimir a las mujeres pecadoras; tras el paso por estas instituciones, se esperaba que actuaran “como servidoras de la burguesía y de la fe cristiana”; actualmente, subraya Alonso Merino, el combate anticarcelario “es también una forma de luchar contra el heteropatriarcado y el capitalismo”.

El texto de Zambra/Baladre dedica capítulos a la guerra contra las drogas (desde que el presidente de Estados Unidos, Richard Nixon, la declarara en 1971), en su variante de “guerra contra las mujeres pobres y racializadas”; asimismo a Parir con dolor como castigo: violencia obstétrica en las prisiones; No a la tortura: por el fin del aislamiento penitenciario; condenadas a enfermar; enloquecer de cárcel o a los Suicidios en prisiones: un problema de salud pública.

Tal vez el contenido del libro se anticipe en la imagen de portada: una mujer afro, con indumentaria de color y el puño alzado, realizada por Vanesa Doren en el taller del Colectivo Retazas, en el Centro Penitenciario Femenino de Santiago-Chile.

Las exiliadas del neoliberalismo es el título de un documental, de 2005, realizado por el colectivo Mujeres Creando de Bolivia; se trataba de mujeres que migraban, rumbo a Europa, al ser expulsadas del país andino por las políticas neoliberales (mayor deuda y empobrecimiento); “mantenían los derechos de otra mujeres en las sociedades capitalistas coloniales”, remarca Alicia Alonso Merino.

Pero todavía es posible distinguir un sector de mujeres que el capitalismo neoliberal considera de tercera clase, agrega la activista e investigadora; así, “en Austria las mujeres extranjeras encarceladas son un 40% del total de la población femenina presa; en Italia un 36% y un 32% en el estado español”.

La huelga de hambre es una de las formas de protesta utilizada por las mujeres presas, otra es la de ayunos personales/colectivos; el libro apunta los casos de dos reclusas palestinas en cárceles de Israel que, desde los años 90 del siglo XX, emprendieron estas acciones: Amneh Muna (en 2003, también en diciembre de 2007) o Hana Shalabi, sometida a detención administrativa sin cargos (43 días en 2012).

Asimismo la abogada turca, originaria del Kurdistán, Ebru Timtik (238 días en 2020); falleció a causa de la huelga de hambre en que reivindicaba un juicio justo; fue condenada a 13 años de cárcel por los tribunales de Turquía.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

8/13/2023

Transformaciones en el capitalismo de la información

 rebelion.org

Fuentes: Rebelión 

Resumen

La teoría económica moderna parte de la categoría de “equilibrio general” como una condición necesaria para la comprensión del funcionamiento de la economía. Sin embargo, existen ahora fenómenos económicos que son irreductibles al equilibrio general. Las corporaciones de la sociedad de la información definen su estructura de precios por fuera de toda consideración del equilibrio general. Esto ha generado dos fenómenos que son incompatibles con la teoría económica moderna: de un lado hay corporaciones que han endogenizado la demanda, es decir, han convertido a los consumidores en vectores de su propio modelo de negocios; y, de otro, han exogenizado la oferta, es decir, se han desprendido de todo proceso productivo. Para hacerlo se necesitan de condiciones de posibilidad previas, esas condiciones son políticas y tienen que ver con la desarticulación política a los trabajadores, con las medidas de austeridad y con el debilitamiento del Estado, entre otras. Esto conduce a que la estructura social sobre la cual se definen los precios en la sociedad de la información y por fuera del equilibrio general, sea política, lo que conlleva al retorno de la economía política.

Palabras clave: endogenización de la demanda, homo economicus, exogenización de la oferta, neoliberalismo, desarticulación de la clase obrera

El marco teórico del mainstream de la economía moderna

El neoliberalismo transformó de manera radical el concepto de “mercado”. De ser un espacio social destinado al intercambio entre vendedores y compradores a partir de un sistema de precios, el neoliberalismo lo transformó en una esfera de regulación social y validación de decisiones políticas. Para el neoliberalismo el mercado no solo permite el encuentro entre oferta y demanda, sino que, además, ratifica a la sociedad en sus decisiones políticas y su capacidad de regularse a sí misma.

La construcción de instituciones sociales que siempre se habían relacionado con la ley, la justicia y la costumbre, ahora ceden el paso a la racionalidad económica del mercado porque se asume que los criterios de eficiencia y la racionalidad solamente pueden ser expresados y validados desde el mercado, de ahí que se afirme que todas las instituciones sociales sean económicas y que todo cambio histórico de la humanidad, en realidad, se debería a los cambios en los precios relativos.

Sin embargo, la teoría económica clásica, es decir, el pensamiento que proviene de Adam Smith, David Ricardo y Karl Marx, entre los más importantes, siempre había integrado el mercado a la producción y, a su vez, la producción al trabajo y a la división del trabajo. Marx, de su parte, nunca asimiló la producción al mercado sino que había integrado al mercado como la esfera que realizaba el valor que, de su parte, se había generado en la producción. El mercado, en tanto circulación del valor, nunca crea valor: lo realiza. La única excepción que Marx previó fue aquella del transporte de mercancías.

Para que el mercado se transforme en algo más que un espacio de compra y venta y se convierta en un regulador de toda la sociedad, que incluye a sus decisiones políticas, era necesario una amputación teórica radical: separarlo de la producción. Este proceso se realizó a fines del siglo XIX y se construyó a lo largo del siglo XX con la denominada teoría económica moderna.

De esta manera, el eje de toda la discusión económica asume al mercado como algo más que un concepto económico, en realidad lo considera como regulador social. La producción de mercancías se convierte en un asunto técnico y se desplaza hacia la administración de empresas y la microeconomía. Así, se efectúa un proceso inverso a aquel de la economía clásica: se transforma a la producción en una determinación de la circulación (el mercado).

El valor de las mercancías tendría que ver, en efecto, con el mercado como el locus desde el cual los consumidores asignan el valor a partir de sus decisiones supuestamente racionales, autónomas y libres en un contexto de libre concurrencia. Los consumidores se acercan a la mercancía y deciden adquirirla en función de un concepto que tiene un fuerte componente metafísico: las preferencias reveladas. Esos seres humanos convertidos en una determinación de la mercancía (un fenómeno que ya había sido advertido por Marx en el análisis de la alienación y en el fetichismo de la mercancía), se transforman, para la teoría económica moderna, en homo economicus.

De todos los conceptos económicos elaborados en el siglo XIX, quizá aquel de equilibrio económico sea uno de los más importantes no solo por sus implicaciones económicas sino incluso por sus consecuencias políticas y metafísicas. El equilibrio de mercado, para la economía moderna, implica una utilización racional de recursos escasos y la máxima satisfacción tanto para los consumidores como para los productores, lo que conduce a la sociedad a una realización de sí misma. El equilibrio económico es ese punto metafísico en donde coinciden la supuesta utilidad del homo economicus y la rentabilidad de los empresarios y en donde la sociedad también alcanza el máximo nivel de racionalidad posible con un sistema de precios dado y a partir de recursos escasos. El equilibrio económico petrifica a la historia y hace imposible pensar en cualquier transformación social.

El concepto de equilibrio general fue formulado por Leon Walras a fines del siglo XIX. Se construye metodológicamente el encuentro entre dos fuerzas casi naturales (oferta y demanda) que, al coincidir, se anulan mutuamente y dejan en su punto máximo la función de utilidad para compradores y vendedores. Ese punto máximo, la teoría económica moderna, lo denomina margen.

En la oferta constan todos los bienes y servicios realizados por los productores con una dotación inicial de factores (tierra (o naturaleza), trabajo y capital (incluye tecnología y gestión)), que buscan el máximo posible de rentabilidad para su inversión. En la demanda, en cambio, están los consumidores que, en tanto homo economicus, son plenamente racionales en cuanto a sus gustos y preferencias, y que pueden discriminar de forma racional aquellos bienes y servicios que maximizan su utilidad con la restricción del ingreso disponible.

Para la oferta y la demanda, el precio constituye una información que les permite tomar decisiones que se consideran racionales. Todas esas decisiones que se toman de manera libre, autónoma y soberana en el mercado conducen, finalmente, al equilibrio general de toda la sociedad.

El concepto de equilibrio de mercado, que Marx consideraba un concepto vulgar porque no permitía ninguna comprensión del capitalismo en tanto sistema económico, por supuesto que ha cuestionado desde diferentes visiones y marcos teóricos; sin embargo, la construcción del mainstream implica y supone la invisibilización de sus críticos.

La noción de equilibrio general de la economía es el punto nodal de todo el discurso económico del siglo XX y también del siglo XXI. Se asume como una posición de principio epistemológico sobre la cual descansa toda la analítica de la economía moderna. Si este principio epistemológico se cae, se derrumba todo el edificio conceptual construido sobre él. Por ello no hay cabida para ninguna forma de reinterpretar, criticar, cuestionar o siquiera poner en debate la noción de equilibrio general.

Aunque sumario, pero este es el marco general que subyace a la teoría económica moderna y su enfoque de equilibrio general. Se llama equilibrio general porque en él coinciden, a saber, los tres mercados más importantes: el mercado de trabajo, el mercado de capitales y el mercado de bienes y servicios. Toda posición que mueva a los precios de sus posiciones de equilibrio implica distorsiones que no tienen nada que ver con el mercado sino con fuerzas exógenas a él, porque el mercado, se supone, llega de forma natural y espontánea al equilibrio en función de su capacidad de autorregulación. En este enfoque de la teoría económica moderna, quien puede desplazar a la economía de sus posiciones de equilibrio general es, habitualmente, el Estado.

Ahora bien, no quiero sumarme a las críticas del concepto de equilibrio general de mercado y, menos aún a la crítica al marco epistemológico del neoliberalismo, que son múltiples, vastas e importantes sino, más bien, ponerlo en otra perspectiva y que tiene que ver con la posibilidad de que la demanda de mercado pueda ser endogenizada por las empresas mientras que, al mismo tiempo, estas empresas puedan exogenizar la oferta, lo que daría lugar a la anulación práctica del equilibrio económico o, en todo caso, a una posición bastante alejada de las prescripciones teóricas del discurso actual de la economía.

En otros términos, hay un contexto en el cual existen determinadas empresas con tal capacidad de dominar al mercado que pueden conocer casi con exactitud a la demanda, mientras que, al mismo tiempo, deciden dejar de producir los bienes y servicios que tradicionalmente comercializaban y, no obstante, mantienen una posición de dominancia de mercado sobre esos bienes que ya no producen directamente. Para estas empresas, la oferta y la demanda ya no son fuerzas ciegas que llevan al equilibrio general sino más bien determinaciones de su propio modelo de negocios. Ellas definen e imponen sus precios por fuera de toda consideración de equilibrio de mercado, competencia, racionalidad de los consumidores, preferencias reveladas, en fin.

Si esto es así entonces el equilibrio general, definitivamente, adquiere otra significación. ¿Cuál es esa nueva significación? Y ¿cómo la oferta y la demanda pasan a convertirse en determinaciones de cierto tipo de empresas? ¿Qué significa que estas empresas (o, si se quiere, corporaciones) puedan endogenizar la demanda y, al mismo tiempo, exogenizar la oferta? Si anulan al equilibrio ¿qué pasa con la economía de mercado?

La endogenización de la demanda y exogenización de la oferta

Son cuestiones que tienen que ver con el desarrollo del capitalismo y las consecuencias sobre los sistemas de regulación del capitalismo de los avances tecnológicos y de la emergencia de la economía de la información. Son avances cuyos contornos se han perfilado a partir de la segunda década del siglo XXI y que dan cuenta de niveles de concentración y centralización del capital a niveles inéditos.

En un grado determinado de concentración y centralización y, al mismo tiempo, de desarrollo tecnológico y de especulación financiera, ciertas corporaciones tienen la capacidad de anular los efectos aleatorios y la incertidumbre de la oferta y la demanda, es decir, del mercado. Para esas empresas, el mercado es otra cosa que aquella de la descripción original del siglo XIX y XX. Es, ahora, un espacio que ellas controlan por entero y que forma parte de sus propias determinaciones. De límite externo ha devenido en determinación interna.

No se trata solamente de una posición de monopolio o de acuerdo colusorio del mercado sino de algo más profundo, más vasto y más complejo. Se trata de la forma por la cual un determinado grupo de corporaciones dejan de producir bienes y servicios y, al mismo tiempo, se dedican a producir patrones de comportamiento que implican administrar la demanda a voluntad.

Este proceso que empieza con la sociedad de la información, se consolida, amplía y profundiza con la masificación del uso de redes sociales, el incremento de las capacidades de conexión a internet, la irrupción de la inteligencia artificial, el abaratamiento y el fácil acceso de los dispositivos tecnológicos, entre ellos los teléfonos inteligentes, entre otros, son los que ahora permiten la conversión de la subjetividad humana como una determinación de la corporación para administrar la demanda a su antojo.

Creo que las nuevas tecnologías están logrando lo que a primera vista puede ser imposible: que las empresas puedan conocer de tal forma al consumidor que puedan registrarlo, inscribirlo y adecuarlo a sus propios modelos de negocios como un vector de su modelo de gestión. De esta manera, la demanda, al menos como la conocíamos y como se la había teorizado desde el siglo XIX, para estas corporaciones, desaparece en su formato original. La demanda de mercado es ahora, para ellas, una determinación que nace, se dispone, define y condiciona como un vector que ha sido previamente precisado y estructurado dentro de sus propios modelos de negocios.

A este proceso de endogenización de la demanda de mercado se suma otro: estas corporaciones se desprenden de la producción para concentrarse en la administración de las preferencias del consumidor. Es decir, la oferta se exogeniza de la empresa. La producción, en tanto espacio para la creación de bienes y servicios, sale de la esfera de la empresa. Así, estas corporaciones dejan de preocuparse de la producción y, más bien, se concentran en la administración de la demanda.

El desarrollo de las tecnologías de la información, con la expansión de las redes sociales, con el perfeccionamiento y rápida propagación de  la inteligencia artificial, con las capacidades de conectividad cada vez más exponenciales (las próximas redes 6G por ejemplo), y con el desarrollo de nuevas tecnologías, como es el caso de la computación cuántica y los enlaces cuánticos, las biotecnologías y las nanotecnologías, entre otros, otorgan a cierto grupo de corporaciones capacidades tecnológicas que son inéditas y que les conducen a alterar de forma importante la estructura misma de la economía.

Ahora pueden hacer algo que era imposible en el siglo XX: individualizar su producción sin perder sus economías de escala y llegar a tal conocimiento de la demanda que pueden generar patrones de comportamiento en los consumidores para inscribirlos dentro de sus propios modelos de gestión y de negocios.

Pero ¿cómo lo hacen? ¿De qué forma han logrado, de una parte, dejar de producir y, de otra, incidir sobre la subjetividad de los consumidores para administrarla a su conveniencia? Y, ¿qué consecuencias tiene esto para la teoría económica? O más bien, ¿qué tipo de teoría económica debería ocuparse de estos fenómenos? Esto nos lleva a una cuestión importante: ¿Hacia dónde va el capitalismo?

El mercado como espacio de incertidumbre: la regulación en el capitalismo

Una empresa se enfrenta siempre a un entorno de indeterminación e incertidumbre con respecto al mercado. Mientras que para la empresa la producción no guarda ningún misterio y puede planificar al detalle todos los procesos productivos, en cambio el mercado se le presenta con un enorme signo de interrogación.

Es por ello que las empresas han invertido tanto en el conocimiento, predicción y comprensión de las tendencias del mercado. Es por ello también que se han desarrollado campos analíticos como la neuro-economía y la economía del comportamiento, porque las empresas buscan intuir de la manera más cierta la forma por la cual se comportarán los mercados para poder reducir la incertidumbre, los gastos asociados a ella y, por ende, incrementar su rentabilidad.

Una de las formas arcaicas que tienen las empresas para domeñar los mercados es a partir de su  control directo, sea por la vía de los monopolios o los monopsonios, o por la vía de los acuerdos colusorios de mercado. Pero son controles exógenos al mercado. Son, en realidad, distorsiones al mercado y, por tanto, al equilibrio general. Es por eso que los textos de economía analizan de forma particular la formación de precios de los monopolios porque suponen alteraciones al equilibrio de mercado.

¿Qué pasaría si una empresa puede reducir casi a cero la incertidumbre del mercado sin distorsionarlo? En ese caso la empresa se confronta a un horizonte de certezas hacia el cual puede converger su producción. Sabe exactamente qué es lo que tiene que producir y para quién es esa producción. Fue esa transformación la que provocó el denominado “toyotismo” de la producción justo a tiempo en los años setenta del siglo pasado.

Pero el toyotismo no alteró la incertidumbre del mercado, simplemente la adecuó a las necesidades de las empresas. En vez de la producción en masa del fordismo, el toyotismo se ajustó a las exigencias de la demanda. Desde la demanda nacían las señales que se replicaban hacia toda la empresa. La demanda de mercado, en todo caso, siempre era un factor exógeno a la empresa.

Ahora bien, este modelo del toyotismo empieza a transformarse en la sociedad de la información. Las nuevas empresas endogenizan la demanda y, casi al mismo tiempo, exogenizan la producción. ¿Qué quiere decir esto? Que las empresas van un paso más allá del toyotismo. Ahora pueden conocer exactamente al consumidor. Y no se trata de un conocimiento ni marginal ni casual, sino amplio, riguroso y exhaustivo y a tal extremo que, incluso, llegan a conocerlo más allá de lo que el propio consumidor puede conocerse a sí mismo.

Para estas corporaciones de la sociedad de la información, los consumidores ya no representan ningún misterio. Estas corporaciones saben qué sienten, qué necesitan, qué les gusta, qué no les gusta, cómo distribuyen su tiempo, cuáles son sus filias, cuáles son sus paranoias, cuáles son sus excesos, cuáles son sus debilidades, etc.

Estas corporaciones tienen la posibilidad de desarrollar una especie de mapa cognitivo, afectivo, fisiológico e intelectual de todos y cada uno de sus consumidores reales y potenciales. Con ese mapa no solo que pueden ubicar su modelo de negocios sino también pueden generar señales imperceptibles sobre los patrones de conducta e interferir sobre ellos. Esto pone a estas corporaciones en otro nivel: de la incertidumbre del mercado ahora deben resolver el desafío de cómo interferir en los patrones de comportamiento del consumidor y transformarlos en vectores de su modelo de negocios.

De esta forma, la empresa endogeniza al consumidor. Lo transforma en una determinación de la propia empresa. Si la empresa tiene éxito puede crear una especie de reflejo condicionado o patrones de conducta condicionados que han sido diseñados desde la empresa.

Entonces, el desafío ya no consiste tanto en producir algo sino en endogenizar al consumidor dentro de la empresa y para ello se necesita de información. En efecto, la endogenización del consumidor no puede hacerse sin que el consumidor transfiera a las empresas todos sus datos personales, sus gustos, sus preferencias, sus dinámicas más vitales, los datos de su salud y fisiología, sus dudas más existenciales y sus proyectos de vida, de manera libre, voluntaria, sistemática, cotidiana y, además, gratuita. Es exactamente eso lo que hacen las redes sociales y las aplicaciones de internet. Son, literalmente, redes lanzadas hacia la subjetividad de las personas que, al caer en ellas, ponen en ellas toda su vida y, encima, lo hacen todo el tiempo y gratis.

Las corporaciones tienen información del número de pasos que ha dado una persona en un día determinado. De los circuitos urbanos o rurales que ha recorrido. De las compras que ha hecho. De su presión arterial y pulso cardíaco. De sus indicadores más importantes de su salud. De sus preferencias cotidianas. De su círculo social. De sus opiniones políticas. De su forma de conducir un coche. En fin.

En ese contexto, para estas corporaciones la producción, de forma paradójica, se convierte casi en un obstáculo porque le sustrae recursos de su objetivo más importante que es la endogenización del consumidor. Se trata de un proceso que lleva el fetichismo de la mercancía a un nivel más alto y que coloniza la subjetividad del consumidor de tal manera que el consumidor se convierte en una determinación de la empresa sin que tenga la más mínima idea de ello.

La empresa ya no solo produce un bien o un servicio, sino que también produce al consumidor de ese bien y de ese servicio.  Estas corporaciones lo pueden hacer porque conocen los patrones de comportamiento y preferencias de los consumidores, no como un dato general y que ha sido extrapolado de otras variables, sino como un dato real y que tiene que ver con la propia información que el consumidor ha colocado en sus redes sociales.

Pero el volumen de información es tan grande y las posibilidades de integrarlas de manera consistente es tan vasta que se necesitan recursos tecnológicos gigantescos para hacerlo. Es en esa dinámica que se genera la inteligencia artificial, como un algoritmo que tenga capacidades heurísticas y probabilísticas para poder manejar la información que los consumidores diariamente exponen en las redes sociales.

Me voy a valer de un ejemplo, como un marco heurístico, de lo que quiero decir. En el siglo XXI existe, sobre todo en las sociedades capitalistas más avanzadas, una especie de culto al cuerpo y a la imagen. El filósofo francés Michel Foucault las denominaba las tecnologías del yo y tienen que ver con las derivas biopolíticas del neoliberalismo. Ahora bien, esto conduce a que prácticas relativamente extrañas ahora formen parte de la cotidianidad de millones de personas en todo el mundo y sin las cuales no se sienten conformes consigo mismas y que han generado importantes modelos de negocios e industrias. Una de esas prácticas extrañas tiene que ver con los gimnasios y el trabajo sobre el cuerpo. Existen, en efecto, muchas industrias detrás de ese culto al cuerpo (farmacéuticas, ropa deportiva, aplicaciones, etc.). Pero de todas ellas, quisiera detenerme en las corporaciones de ropa deportiva como Nike, Puma o Adidas, entre otras.

Cada una de ellas, ha logrado influir sobre la subjetividad de millones de personas que se han convertido en usuarios permanentes de eventos deportivos y que adquieren una serie de gadgets, ropa deportiva y uso de aplicaciones que les obligan a cambiar sus rutinas diarias de vida. Este comportamiento de las personas, aparentemente autónomo, en realidad se integra a las necesidades de las corporaciones cuando ellas saben exactamente lo que piensan y sienten estas personas y los motivan a que adopten ciertos comportamientos, entre ellos, el uso del gimnasio (fitness) y sus rutinas (o el jogging).

Estas corporaciones, que han exogenizado la producción (actualmente ninguna de ellas fabrica ropa deportiva, ni zapatos deportivos ni nada en concreto en realidad), ahora se concentran en las conductas de las personas. Así, han experimentado un proceso de alteración que tiene que ver con las mutaciones del capitalismo: primero se transformaron en corporaciones dominantes gracias a su economía de escala; luego trasladaron su producción hacia subcontratistas gracias a la delocalización en zonas especiales de desarrollo económico, lo que les obligó a concentrarse en la gestión de la marca; y, finalmente, han vinculado la marca con patrones de comportamiento del consumidor para administrar la demanda.

De esta forma, la marca de la corporación es solo una interfaz para la intervención directa sobre la conducta. Se trata de influir sobre la conducta para provocarla a que asuma hábitos y costumbres que, en otras circunstancias, habrían sido imposibles. Así, logran movilizar millones de personas todo el tiempo a través de eventos deportivos, maratones, o jornadas extenuantes con los pretextos más variados pero que generan fenómenos sociales que han sido creados expresamente desde estas corporaciones.

Muchas personas quizá en algún momento de epifanía retornen a ver el ambiente del gimnasio, del fitness o del jogging y se pregunten “¿qué hago aquí?”, o “¿por qué estoy haciendo esto?”. Es solamente un relámpago de lucidez que alumbra el absurdo de su situación. No están ahí por motu propio. Están ahí porque han sido condicionados. Porque su propia subjetividad ha dejado de pertenecerles. Pero no lo saben. Se esfuerzan en el gimnasio hasta más allá de lo posible y transitan todo el día con ese cansancio que los obliga a tomar suplementos y drogas para mantenerse siempre en esa forma; así, establecen sus propios horarios de vida para robarle tiempo al descanso o a la recreación, y pasar en el gimnasio o en el jogging o en algo parecido, solamente por el culto al cuerpo: biopolítica pura. Todo ello revela una colonización de la subjetividad que va más allá de la alienación que describía Marx.

¿Cómo una corporación, como Nike por ejemplo, pasó de la producción de artículos deportivos a la gestión de la marca, y de ahí a la formación y administración de conductas? Quizá porque tienen a su disposición algo que no existía en el siglo XIX cuando se conformó la teoría de los mercados y del equilibrio general. Ahora tienen información real y permanente de todos y cada uno de los consumidores. Y se trata de un insumo abundante, gigantesco y que cada día crece más y que para estas corporaciones tiene un costo marginal nulo, es decir, es casi gratuito. Se trata de una mina de proporciones colosales que necesita de empresas de minería de esa información. El principal extractivismo del siglo XXI no es del petróleo, ni del oro, ni de ningún commodity. El principal extractivismo es la minería de datos. Es el extractivismo sobre la subjetividad de todos y cada uno de nosotros.

De esta forma, para estas corporaciones el mercado quiere decir otra cosa que aquello que define la teoría económica tradicional. Esta vez, el mercado no tiene nada que ver entre el encuentro del consumidor con su oferta. Ahora, son el espacio en el cual se produce la disputa sobre la conciencia de lo humano y la colonización de la subjetividad personal. Los consumidores dejan de ser impredecibles. Se convierten en vectores. Pero su dirección, en tanto vectores, no depende de ellos, sino de aquella que ha sido impregnada desde estas corporaciones.

Volvamos al caso de una de ellas. Nike por ejemplo. Hace ya varias décadas que Nike dejó de producir y empezó a descargar sobre sus subcontratistas las responsabilidades de la producción de ropa, zapatos y accesorios deportivos. El proceso previo fue la liberalización comercial que empezó en el año 1979 en China con las Zonas Especiales de Desarrollo Económico. Las empresas, cuando comprendieron que en esas Zonas de Desarrollo Económico que empezaron a proliferar en todo el sudeste asiático, les permitían reducir sus costos laborales, decidieron relocalizar y delocalizar sus líneas de producción. Nike es una de ellas. Pero Nike entendió rápidamente que no solo podía relocalizar su producción sino también exogenizarla, es decir, trasladar hacia terceros todas sus líneas de negocios relacionadas con la producción. Ahora Nike, strictu sensu, no produce ningún bien. Todos ellos han sido transferidos hacia empresas subcontratistas. Muchas de ellas están en esas zonas especiales de desarrollo económico del sudeste asiático aunque se han replicado por todo el mundo.

De esta forma, muchas empresas pasaron de la relocalización y delocalización al outsourcing. Así por ejemplo, Apple ha transferido a Foxconn, una empresa de Taiwan, la fabricación de todos sus productos.

Pero las empresas pueden exogenizar la producción y asegurarse de la propiedad intelectual de su marca gracias a los derechos de propiedad intelectual y sus instrumentos jurídicos internacionales que han sido avalados y reconocidos por los Estados a través de los acuerdos internacionales de inversión; el reconocimiento a los tribunales internacionales de justicia para controversias relacionadas con las inversiones, y gracias también a que los Estados consideran a la inversión extranjera directa la capacidad de determinación de la tecnología, la innovación y el empleo en sus propias economías.

En la exogenización de la producción en primera instancia la corporación se queda con la marca, de ahí la importancia del derecho a la propiedad intelectual y los tribunales de conciliación y arbitraje para diferencias relativas a inversiones. Son, de hecho, sus subcontratistas los que finalmente producen todo lo que estas corporaciones negocian. Pero esos subcontratistas, a su vez, tienen a su disposición una fuerza de trabajo abundante, barata y que, gracias a las zonas especiales de desarrollo económico, no tiene capacidad política de interferir en la producción porque tienen prohibida toda forma de sindicalización. Se produce así una situación paradójica: los trabajadores crecen a escala global pero, como clase obrera, prácticamente están anulados. Políticamente los obreros son irrelevantes.

Es una fuerza de trabajo precarizada a nivel global. La precarización laboral es el otro lado de la exogenización de la producción. La precarización es, en realidad, creada desde la anulación política de la clase obrera y, por ello, corresponde a una dinámica política. Sin embargo, para que la precarización se convierta en un vector clave de la producción globalizada es necesario evitar que el Estado intervenga sobre la sociedad, sobre todo a través de la regulación, control y política social. Al mismo tiempo es necesario que los derechos de los trabajadores se anulen políticamente. El Estado debe achicarse. Así, la exogenización de la producción es también un resultado de las políticas de austeridad que recortan al Estado y las políticas de des-sindicalización que destruyen la capacidad política de los trabajadores.

En ese contexto, las referencias teóricas de la economía se quedaron en el siglo XX. El equilibrio general no es ni funcional ni metodológicamente pertinente para comprender a las corporaciones del siglo XXI, sobre todo a aquellas que manejan, controlan y administran la demanda y la oferta.

El precio: un espacio de disputas políticas

Estos procesos de endogenización de la demanda y exogenización de la oferta suscitan una cuestión: ¿qué significación tienen para el equilibrio económico? Si el equilibrio económico, supuestamente, es el locus desde el cual se estructuran y definen los sistemas de precios globales, pero si ya no existen como fuerzas cuasi-naturales ni la oferta ni la demanda, entonces, ¿cómo se forman los precios en contextos de endogenización de la demanda y exogenización de la oferta? Por ejemplo, ¿por qué la suscripción al Chat GPT de OpenAI o Midjourney tiene ese precio y no otro? ¿De dónde y cómo se estructuró ese precio? ¿qué tienen que ver esos precios con la demanda, con las preferencias reveladas del consumidor, con el equilibrio general, con los costos marginales de producción? Lo mismo puede decirse con un vasto conjunto de aplicaciones de internet y sus precios.

Si en esos precios no existe la lógica del equilibrio entre oferta y demanda, porque parten de un precio que es inelástico y que ha sido impuesto por fuera de cualquier punto de encuentro entre oferta y demanda y, por tanto, sin relación alguna con la competencia de mercado, entonces ¿cómo se definen? ¿qué significación tienen para el capitalismo? ¿qué rutas abren para los procesos globales de acumulación de capital? ¿cómo se estructuran esos precios?

Esto nos lleva a una constatación: los precios de las corporaciones de la sociedad de la información se estructuran, establecen, definen e imponen por fuera de la racionalidad económica y sin relación alguna con el cálculo económico; porque se han formulado desde otras determinaciones que no tienen relación con la economía, al menos con aquella economía que describen y analizan los libros de texto y el discurso oficial de la economía moderna.

Los precios que se originan desde estas corporaciones de la sociedad de la información nada tienen que ver con la racionalidad económica del siglo XX. Esos precios expresan procesos relativamente novedosos como son la endogenización de la demanda y la exogenización de la oferta.

Si esos precios no nacen desde la economía, porque no tienen relación alguna con el equilibrio económico, ni las preferencias reveladas del consumidor, entre otras, entonces ¿cómo se definen? ¿cuál es su estructura más fundamental? Y una intuición clave es que los procesos más fundamentales que definen esos precios en realidad obedecen a fenómenos políticos y globales. Esos precios, a la larga y esencialmente son políticos. Dependen de circunstancias y procesos políticos concretos e históricamente determinados.

Para que los ciudadanos pongan su información personal en las redes se necesita de la desregulación a las corporaciones que administran esta información y esas redes. Para que estas empresas puedan realizar minería de datos (machine learning, big data, data science, etc.), también se necesita de desregulación y de asimetrías entre el poder de los ciudadanos y aquel de las corporaciones. ¿Qué poder regulador controla el uso de datos, por ejemplo, de Google? ¿Qué estructura legal regula el hecho que OpenAI haya usado a toda la humanidad literalmente como conejillo de Indias para sus programas de inteligencia artificial? ¿Qué instancias de control ético y moral pueden regular y controlar el uso de la información que utiliza Alexa?

Para que las corporaciones puedan colectar datos globales y administrarlos necesitan de la complicidad de los Estados, los sistemas jurídicos y los sistemas políticos a escala global. Para que se pueda exogenizar la oferta se necesita precarizar al trabajo y, para que esto ocurra, se necesita deconstruir y derrotar políticamente a la clase obrera y eso, por definición, es una tarea política. Para proteger los derechos de propiedad intelectual de las marcas se necesita que los Estados realicen convergencias normativas hacia las prescripciones hechas por estas corporaciones en los tratados de libre comercio o acuerdos internacionales de inversión que son instancias, de hecho, políticas y en las cuales no participa la sociedad.

En definitiva, la endogenización de la demanda y la exogenización de la oferta tienen sustratos políticos y, evidentemente, globales. Es desde esa trama de circunstancias políticas que se crean las condiciones de posibilidad para que estas corporaciones puedan definir sus precios prescindiendo del mercado y de los equilibrios de mercado y de toda la racionalidad económica del siglo XX. De esta manera, entramos en una etapa en la que los precios dejan de ser económicos para convertirse en determinaciones políticas. Los usuarios o consumidores nada pueden hacer contra este sistema de precios que ahora se convierte en una gigantesca aspiradora de rentas.

La principal significación del equilibrio económico en circunstancias en las que la demanda se ha endogenizado y la oferta se ha exogenizado es que, esta vez, los precios adquieren una consistencia fundamentalmente política y el equilibrio general de la economía se transforma en una categoría política de desequilibrio general entre ciudadanos y corporaciones. A mayor desequilibrio mayores rentas para estas corporaciones. Un desequilibrio que se mantiene, consolida y expande gracias al poder político de estas corporaciones y a la debilidad de los Estados, de la democracia y de la clase obrera.

Si esto es así, entonces la trama que sostiene a estos precios se confunde, imbrica y yuxtapone a los procesos productivos que aún conservan aquella trama que los define desde el siglo XIX. En esa mezcla, el capitalismo contamina todos los procesos productivos y los lleva, de grado o por fuerza, a esa lógica en la que los precios se definen desde la política. Son precios que deben dar cuenta de las circunstancias políticas que contribuyen a conformarlos, sostenerlos y consolidarlos, es decir, la política como relaciones de poder, como espacios de luchas, resistencias, violencia e imposiciones. Es el retorno de la economía política.

Endogenizar la demanda y exogenizar la oferta implica administrar políticamente los precios y eso supone administrar políticamente a la sociedad. La lucha política que se supone se inscribía en las coordenadas del sistema político, en realidad se define antes: en la economía política. Se trata, por tanto, de un vasto proceso político que le permite a las corporaciones asegurar y controlar las condiciones políticas desde las cuales se estructuran estos precios como vectores políticos.

Quizá sea por ello que un espacio ad hoc y contingente como el Foro de Davos, finalmente, sea más importante y trascendente que cualquier Asamblea de Naciones Unidas. Porque en el Foro de Davos se trazan las coordenadas políticas (y, sobre todo, geopolíticas) sobre las cuales van a actuar las corporaciones de la sociedad de la información y se definen las coordenadas de esas luchas políticas.

Esto pone en otro nivel la lucha por las reivindicaciones sociales. Si los precios ahora constan en la esfera de la política, entonces será la política quien imponga sus límites y trace sus posibilidades. Pero para ello es necesario que los trabajadores puedan abrir la política para la discusión de la economía de la información. Para hacerlo, los trabajadores necesitan capacidad política que, lamentablemente, por ahora no tienen. Quizá ese sea uno de los retos del futuro y de la nueva izquierda.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

9/17/2020

Capitalismo salvaje y el canto de las sirenas


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Hace frío, la madrugada se cobija con el firmamento profundo, transparente, iluminado por una Luna azul, tintada así por la helada adelantada septembrina, y en el camino al Sombrerete Chonilla, en su andar menudo apresura el paso, va retrasada para levantar las mazorcas que habrán de ser la comida del siguiente año. Hace décadas que antes de abandonar la comodidad de su casa en el pueblo, para cumplir con sus labores del campo en una parcela grande para ella de hectárea y media; llena tres cuartos de un vaso con una coca cola y un huevo fresco recién recolectado del nido de las gallinas coloradas rodailas (Rhode Island), como las identifica por ser de buena raza ponedora y que tiene en su solar, y eso es desayuno, almuerzo y comida.

Encarnación Espinoza, Chonilla, a sus 60 años de vida ni esperanza que deje su natal Jerécuaro. Es guanajuatense de cepa. Buenas y malas las ha vivido en este pequeño pueblo que se aproxima a ser ciudad pues ya rebasa los 50 mil habitantes. Para ella, como lo platica con la calidez hospitalaria de los jerecuareños, “la coca cola es fuente de juerza”, porque cuando toma por la mañana su huevo crudo con té de canela o jugo de naranja, “en la labor me agarran los váguidos y no’más ya no puedo seguir”, afirma.

La historia de Chonilla es extensa y propia para otro espacio, pero este pasaje en particular homologa la realidad de millones de campesinos y otras tantas personas que habitan los cinturones de pobreza y colonias populares de las ciudades, de las que con desparpajo se escucha decir que un refresco o bebida gaseosa y unas conchas o donas, o cualquier otro de esos panes y pastelillos embolsados en celofán que se venden en todo tipo de expendios por lo que están al alcance del consumidor fácilmente, les da la energía suficiente para trabajar todo el día, además de quitarles el hambre.

Estos productos están tan a la mano del consumidor que Bimbo a nivel mundial, en sus estadísticas afirma llegar a mil 200 millones de personas y sus metas son incrementar ese número para abarcar la mayor parte de los siete mil 400 millones de habitantes del Planeta. Es una empresa multinacional cuya facturación es mayor a 300 mil millones de pesos y en México su plantilla laboral es mayor a 137 mil empleados, y calcula la generación indirecta de más de un millón puestos de trabajo.

Coca cola es la multinacional refresquera más grande del mundo, presume que con los mexicanos tiene un compromiso permanente que inició en 1926 desde su llegada al país y en los días actuales su planta de trabajo se constituye por más cien mil empleados en México. También asegura que genera más de un millón de puestos de trabajo indirectos. Está integrada por 70 marcas, más de 500 presentaciones y más de 300 productos. A nivel mundial vende 190 millones de unidades diarias, en 200 países, y su valor de ventas es de más de 37 mil millones de dólares a nivel global.

Este es el tamaño de las dos principales compañías señaladas como productoras de los llamados alimentos chatarra, golosinas que no nutren, pero sí engordan a quienes los comen. Hay una lista de más de cien empresas entre grandes, medianas y pequeñas que se disputan este mercado floreciente entre la población de las clases media, baja y de pobreza extrema, que conforman 85 por ciento, en promedio, de la población global.

En México, por enésima ocasión, dicho de alguna forma, el Gobierno en turno denuncia la nocividad, para la nutrición y salud pública, de frituras, golosinas, pastelillos, bebidas gaseosas y energéticas, así como de la comida rápida (léase pizza, hamburguesas, hot dogs y la cocina oriental), que no son otra cosa que un coctel de altas concentraciones de azúcares, carbohidratos, grasas, sodio, ingredientes que no nutren, como grasas, almidón de maíz, jarabe de maíz de alta fructosa, melaza, grenetina, benzoato de sodio, benzoato de potasio, eritorbato de sodio, maltodextrina, carragenina, goma de algarrobo, azul brillante FCF, tartrazina, rojo allura AC, amarillo ocaso FCF, carboximetil celulosa, fosfato disódico, nitrito de sodio, ciclamato de sodio, glutamato monosódico, entre otros compuestos identificados públicamente como factores que propician diferentes tipos de cáncer para las personas que los consumen con regularidad, así como una causa principal de desnutrición y obesidad.

No es algo nuevo que las autoridades gubernamentales se pronuncien en contra de esas multinacionales e inclusive amenacen con prohibir la venta de sus productos. Gobiernos anteriores legislaron y reglamentaron el comercio de éstos, en el que se prohibió desde principio del siglo XXI el expendio de esas golosinas en las escuelas, así como la transmisión de su publicidad en la televisión abierta, con el objetivo de reducir al mínimo el consumo de la llamada chatarra de los alimentos.

En el contexto de esto, están los trabajados de investigación de organizaciones internacionales como la OMS y la FAO en los que señalan que desde la década de los años 70 del siglo XX se identificaron a nivel mundial que el sobrepeso y la obesidad representaban un problema de salud pública. Sin embargo, fue hasta 2004 que la Organización Mundial de la Salud (OMS) los clasificó como epidemia mundial que cobra la vida de 2.6 millones de personas al año y que puede colapsar cualquier sistema de salud. De esta forma se cataloga como una epidemia que es la quinta causa de fallecimientos a nivel global.

La evidencia del daño a la salud pública regional y mundial la documentan los organismos internacionales y en el caso de México, como lo hacen otros países, sus cuerpos científicos del sector salud avalados legalmente por los órganos legislativos. En días pasados, durante la mesa de análisis Oaxaca, el estado que detonó la Revolución en contra de la comida chatarra y bebidas azucaradas en la infancia, el investigador del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán (INCMNSZ), Abelardo Ávila afirmó que esta reforma propuesta por el Congreso oaxaqueño constituye un hito histórico para enfrentar el gravísimo problema de daños a la salud como consecuencia del alto consumo de alimentos chatarra. Pero hasta el momento ello no ha sido suficiente para detener la industria de esta rama productiva.

En contraparte, una de las organizaciones más fuertes del empresariado mexicano, Coparmex, afirmó recientemente que prohibir los alimentos chatarra quitaría 50% de ingresos en tienditas y cancelaría 300 mil empleos.

Por otro lado, como parte de las medidas gubernamentales para reducir el consumo de esas golosinas, desde 2014 se impuso un impuesto de un peso por cada litro de bebidas azucaradas. Sin embargo, de la misma forma que con el IEPS a comida chatarra, el de bebidas azucaradas es cuestionable por su ineficacia en el combate de los problemas de salud, se antoja, más bien, como una simple medida recaudatoria.

Un botón de muestra. Los números así lo revelan: en los primeros 11 meses de 2014, el Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) sólo a refrescos dejó ingresos por 24 mil 866 millones de pesos, que significó un aumento de 6.7% anual, en términos reales.

En tanto que la recaudación del IEPS que se le impone a la comida chatarra creció 20.2% anual. Fue el mayor crecimiento para un periodo similar desde la creación de este gravamen en el 2014, con la implementación de la reforma fiscal, con lo cual se paga una tasa de 8% por cada 100 gramos o más a los alimentos no básicos con alta densidad calórica, cuyo contenido energético sea de 275 kilocalorías.

De acuerdo con la información de la Bolsa Mexicana de Valores en 2009, las tres principales empresas de ese sector: Coca-Cola y sus dos principales distribuidoras Fomento Económico Mexicano (Femsa) y Embotelladoras Arca; Grupo Bimbo, Alsea que opera siete cadenas de comida rápida, y Grupo Embotelladoras Unidas (Geusa-Pepsi) reportaron ganancias por 43 mil 500 millones de pesos más respecto de las utilidades que alcanzaron en 2008. Y esto sucedió en medio de una de las crisis económicas a nivel global más severas del presente siglo.

En tanto, las empresas crecen a ritmos de dos dígitos el grupo The Coca-Cola Company a nivel mundial obtuvo un beneficio neto atribuido en 2019 de 8,920 millones de dólares, 39% más que en 2018, cuando ganó 6,434 millones de dólares, un nuevo avance que aún ha sido más significativo en el último trimestre gracias a la buena acogida de sus nuevos productos, de acuerdo con un reporte de la agencia EFE del 30 de enero del presente año.

Los datos del pasado y del presente no dejan lugar a dudas para ver el poder de las multinacionales para conservar sus mercados y sus tasas de ganancia, así como el poder que tienen sobre los gobiernos y Estados. Y no se trata de grupos neoliberales y mandatarios corruptos que se aliaron a esas corporaciones para modificar los hábitos alimenticios de la sociedad regional y global: éstos se ajustan a las dinámicas del desarrollo de la industrialización de la producción de los alimentos en la que se busca un mayor rendimiento por la superficie destinada al sector agropecuario, y una reducción de costos productivos; con ello aumentan la plusvalía en esos procesos. Asimismo, impulsa el mercado de los alimentos chatarra que son el complemento del negocio a nivel global. Y en esto las declaraciones de los gobiernos para frenar el daño que hacen esas mercancías a la salud pública, son sólo eso: declaraciones, como canto de sirenas en noches de marea alta.

Juan Danell Sánchez, reportero mexicano, director del portal sostenible.com.mx y autor del libro Campanas Rotas. jdanell1@hotmail.com
  

https://www.alainet.org/es/articulo/208903    

5/23/2020

Mujeres e indígenas, tienen la clave para afrontar crisis del Capitalismo: R Zibechi


Mujeres e indígenas, tienen la clave para afrontar crisis del Capitalismo: R Zibechi
Foto: Contagio Radio
Este jueves 14 de mayo se llevó a cabo un espacio virtual de diálogo de saberes, impulsado por Planeta Paz y que contó con el apoyo de Vortex, Incidem y Contagio Radio. Este primer diálogo títulado Coronavirus desnuda crisis del capitalismo conversaron teóricos y analistas sobre la crisis que se está viviendo, lo que significa para el sistema global y dieron algunas pistas sobre lo que debemos aprender los pueblos de las luchas de los pueblos indígenas y las mujeres.

Luis Jorge Garay, y la crisis del capitalismo

Luis Jorge Garay, investigador y analista en asuntos económicos colombiano, sostuvo que la crisis del capitalismo viene de antes y tiene razón en el quiebre de dos paradigmas fundamentales: la meritocracia, que premia al más capaz; y la movilidad ascendente intergeneracional, es decir, que las sociedades avanzan y ascienden en posiciones sociales con el paso del tiempo.
Por ambas razones estructurales, Garay asegura que «el modo de desarrollo del capitalismo en el neoliberalismo ha hecho eclosión con la crisis», y la pandemia es solo una de sus expresiones; «no la última tampoco, probablemente veremos la profundización de la crisis». En ese sentido afirma que el reto de la humanidad en este momento es pensar en caminos para evitar la profundización de la crisis y transformar la sociedad.
En análisis de Garay, hay dos tendencias claves en el mundo en términos políticos: Las de gobernantes que en medio de la democracia han tomado medidas de corte autoritario, «que podría alimentarlas tendencias de gobiernos ultraderechistas de democracias iliberales», es decir, sin derechos y con menor control ciudadano; o las de gobiernos que parecen encontrar en la pandemia una oportunidad «para avanzar en la búsqueda de un modelo de Estado posbenefactor, posneoliberal y poscapitalista».
El experto reconoce que en medio de esos dos relatos políticos hay multiplicidad de versiones, pero reitera en la necesidad de iniciar un proceso de transición inmediato, o de lo contrario, la crisis desvelada por la pandemia solo será seguida por crisis con multiplicidad de estilos.

Iolanda Fresnillo: la crisis de la deuda y el cambio de un modelo insostenible

Iolanda Fresnillo, investigadora especialista en política económica y economía feminista española, centró su intervención en la crisis de la deuda. Estuvo de acuerdo con Garay en que la crisis tiene una característica estructural: es crisis de la democracia, crisis de la deuda…
Y respecto a este tema, recuerda que las políticas monetarias que se pusieron en marcha tras la útlima crisis de la deuda en 2008 que afectó sobre todo a países del norte global, llevó al mundo a niveles de deuda hasta entonces desconocidos, sobre todo en la deuda privada. Ello, debido a que se promovió el endeudamiento de las familias incluso para sustenar el consumo.
Lo que signfica una situación inédita: «nunca ha habido una deuda pública tan alta en tiempos de paz, y nunca una deuda privada tan elevada», señala. Adicionalmente, añade que las anteriores crisis de deuda (la de los 80´s en América Latina, por ejemplo) estaban focalizadas en una región particular o en cierto tipo de países, pero esta es una situación generalizada y que afecta a todos los sectores.
En esa medida, y aclarando que es imposible determinar lo que pasará en el futuro, sostiene que es previsible una situación como la de la década perdida en el continente americano; por lo tanto, afirma como necesario romper con el sistema de deuda actual para evitar que los niveles que ya existen de deuda se sigan profundizando.

Silvia Rivera: el reconocimiento de las mujeres como cuidadoras de la vida

Silviea Rivera, sociologa e historiadora boliviana, retomó a Garay en tanto los elementos estructurales de la crisis, y los explica mediante el ejemplo de los migrantes. En Bolivia, relata, se tenía el imaginario de que la economía avanzaba pero realmente había sectores que salían del país y eran invisibilizados.
Ahora que se está dando un retorno masivo, sobre todo desde Chile, el gobierno de facto puso una barrera para evitar el regreso, en parte porque entienden que hay una fragilidad en la economía. Ello quiere decir que los indicadores de Producto Interno Bruto (PIB) o la llegada de remesas no medían realmente la situación de algunas personas que se hace evidente con el retorno al país.
Respecto al futuro, la sociologa rercuerda que «lo que nos ha enseñado la crisis es que tras ellas, viene una exacervación de los factores que la provocaron». Pero también asegura que esta crisis tiene el elemento particular de reconocer a las mujeres como ciudadoras de la alimentación y de la vida.

Raúl Zibechi: el momento para aprender de las mujeres y los pueblos indígenas

Raúl Zibechi, investigador social y analista uruguayo, expresa que en las útlimas décadas asistimos a una concentración de la riqueza y el poder que continúa y en estos momentos se está acelerando. Además, los modos de la democracia están ausentes, en tanto los gobernantes toman desiciones autoritarias en medio de estados de excepción.
Zibechi fue enfático en que en este momento de la historia vívimos un colapso generacional porque el capitalismo está creando crisis ante las que no tiene la capacidad de responder. A ello se suma el fortalecimiento del autoritarismo de algunos Gobiernos, no obstante, también añade que los movimientos sociales se están haciendo fuertes.
El analista uruguayo destaca por ejemplo el trabajo del Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC), que está haciendo una minga hacia dentro, armonizando sus territorios, fortaleciendo la comunidad y cuidándose. Al tiempo, cuidando a otros mediante la propuesta de trueques en los que no se intercambia bajo la idea de equivalencia sino de necesidad, es decir, poniendo de presente el coperativismo.
En medio de esa tensión planteada, para Zibechi es claro que no se debe pensar en un choque de trenes o una confrontación, porque es necesario evitar «aquello que nos puede eliminar». En cambio propone que aprendamos de la lucha de las mujeres y de los pueblos originarios, para enfrentar la muerte mediante la multiplicación de la vida.
El analista concluye que lo que pase en el futuro dependerá de lo que hagan los pueblos organizados para convertir esta coyuntura en una oportunidad, «no será de los Estados y lo que se haga en términos de crecimiento o desarrollo», finaliza. (Le puede interesar: «Condonación de deuda, control a capitales y emisión productiva: La posible trilogía económica»)

Un espacio para pensar en lo que viene

El diálogo de saberes continuará emitiéndose todos los jueves de 2 a 4, con temas que buscan hacer análisis sobre la coyuntura y el seginficado de lo que está pasando en el mundo respecto a la pandemia. En este link puede ver el programa completo desde la emisión que realizó Contagio Radio este jueves. (También lo invitamos a consultar: «Cinco propuestas de mujeres que le apuestan a la paz»)

4/07/2020

Cobraron bancos 102 mil 900 mdp por comisiones y tarifas en 2019

Entorno de reducción de créditos

El conjunto de bancos que operan en México obtuvo el año pasado 102 mil 900 millones de pesos por cobro de comisiones y tarifas netas, cifra 4.3 por ciento mayor en comparación con la de 2018, indican cifras de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV), en un entorno de desaceleración del crédito a empresas y familias.
Los intereses que cobran por uso de tarjetas básicas, con un límite de crédito de 4 mil 500 pesos, ronda entre 21 y 153 por ciento por costo anual total (CAT) –el cual incluye intereses y comisiones. En estos plásticos el cobro por anualidad va de 310 a 716 pesos, de acuerdo con información del Banco de México (BdeM).
La institución financiera que cuenta con el CAT más bajo en este rango es Banregio, y el más alto es Inbursa con su tarjeta Bodega Aurrerá.
En el caso de las tarjetas de crédito con límite de financiamiento de 4 mil 500 a 8 mil pesos, el CAT se encuentra en un promedio de 62 a 123 por ciento, mientras el cobro de anualidad va de 300 a 716.
La cuenta clásica de Banregio es la que cobra el CAT más bajo, y BBVA tiene el más elevado con su tarjeta Crea.
Para las tarjetas Oro el interés anual es de entre 42 y 100 por ciento. El cobro de anualidad por uso de éstas va de 250 a 3 mil 300 pesos. El CAT más bajo lo tiene Banca Mifel, y el más alto BBVA con su tarjeta UNAM.
En el caso de las tarjetas Platino, los usuarios deben pagar un CAT anual de entre 19 y 80 por ciento. El más bajo es el de la Infinite, de Banorte, y el más alto es el de la cuenta Fiesta Rewards Platino, de Santander.
En este tipo de plásticos el cobro de anualidades es de entre mil 200 y 5 mil 999 pesos.
A esta clase de intereses los bancos llegan a realizar el cobro de comisiones como consulta de saldos, repuesto de plásticos y, en caso de contar con mensualidades atrasadas, se incluyen gastos de cobranza, intereses moratorios (que dependen de cada institución) y reportes al Buró de Crédito.

Los rendimientos son más bajos
Según la información del BdeM, los bancos ofrecen rendimientos en sus instrumentos de inversión que van de 2 a 7 por ciento nominal, es decir, sin descontar la inflación, al depender del producto que sea contratado.
En caso de que los usuarios abran una cuenta de captación, con depósitos a plazo fijo por dos meses, el rendimiento otorgado, en promedio, es de 2.1 por ciento.
Si se aplica la inflación, que el año pasado fue de 2.8 por ciento, el ahorrador tiene una disminución en términos reales, es decir, su dinero pierde capacidad de compra.
En caso de ser por tres meses asciende a 3.1 por ciento, y por seis meses es de tres.
Para las inversiones en pagarés con rendimiento liquidable al vencimiento a 28 días el retorno promedio es de 1.6 por ciento, a 91 días es de 2.3 y a 128 de 2.1.
En el caso de depósitos a plazo fijo por un día, los rendimientos son de 6.7 por ciento. A siete días la tasa es de 6.9, a 28 de 7.2, a 60 de 6.7 y a 90 de 7.5.
En este tipo de cuentas las tasas de retorno más altas se dan en caso de que se hagan depósitos superiores a 250 mil pesos, de acuerdo con los datos oficiales de las instituciones financieras.
Según la CNBV, en 2019 la captación total de recursos sumó 6 billones 27 mil millones de pesos, es decir, un aumento anual real de 2.4 por ciento.
De este monto, 59.2 por ciento corresponde a depósitos de exigibilidad inmediata.

Créditos de nómina, con intereses de entre 20 y 40%
De acuerdo con la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (Condusef), los créditos de nómina que ofrecen los bancos en México tienen intereses de entre 20 y 40 por ciento sobre el préstamo total, aun cuando la fuente de pago es el salario del trabajador y se descuenta en automático la amortización.
Para un financiamiento de 17 mil pesos, a liquidar en 12 meses con pagos quincenales, Inbursa tiene un interés anual de 28.3 por ciento y un CAT de 32.6.
HSBC cobra un interés de 35.1 por ciento y un CAT de 41.7, mientras el de Banorte es de 37.5 y 46.7, respectivamente.
BBVA cobra intereses de 43.7 por ciento sobre el mismo producto y el CAT asciende a 62.3.
En el caso de Santander, por último, el interés es de 44.90 y el costo anual total de 74 por ciento.

Periódico La Jornada

3/24/2020

El desastre perfecto para el capitalismo de desastre



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Foto: movimentorevista.com.br
La pandemia actual de coronavirus representa una oportunidad única para repensar la forma en que habitamos la Casa Común, la forma en que producimos, consumimos y nos relacionamos con la naturaleza. Ha llegado el momento de cuestionar las virtudes del orden del capital: acumulación ilimitada, competencia, individualismo, indiferencia ante la miseria de millones, la reducción del Estado y la exaltación del lema de Wallstreet: "la codicia es buena" (greed is good). Todo esto ahora está en jaque. Tiene los días contados.
Lo que puede salvarnos ahora no son las empresas privadas, sino el Estado, con sus políticas generales de salud, siempre atacadas por el sistema de "mercado libre" y serán las virtudes del nuevo paradigma –defendido por muchos, y por mí–, del cuidado, de la atención, de la solidaridad social, la corresponsabilidad y la compasión.
El primero en ver la urgencia de este cambio fue el presidente francés, neoliberal y del mundo financiero, Emmanuel Macron. Habló claramente: “Queridos compatriotas, necesitamos sacar lecciones del momento en que estamos pasando, cuestionar el modelo de desarrollo que nuestro mundo eligió hace décadas, que muestra sus fallas a la luz del día, y cuestionar las debilidades de nuestras democracias. Lo que revela esta pandemia es que la salud gratuita sin condiciones de ingresos, historial personal o profesión, y nuestro Estado de Bienestar Social, no son costos, ni cargas, sino bienes preciosos, ventajas indispensables cuando el destino llama a la puerta. Lo que revela esta pandemia es que hay bienes y servicios que deben estar fuera de las leyes del mercado”.
Aquí muestra su plena conciencia de que una economía de mercado, que todo lo comercializa, y su expresión política, el neoliberalismo, son perjudiciales para la sociedad y para el futuro de la vida.
Aún más sorprendente fue la periodista Naomi Klein, una de las críticas más perspicaces del sistema mundial, y que sirvió como título de mi artículo: "El coronavirus es el desastre perfecto para el capitalismo de desastre". Esta pandemia produjo el colapso del mercado de valores (intercambios), el corazón de este sistema especulativo, individualista y anti-vida, como lo llama el Papa Francisco. Este sistema viola la ley más universal del cosmos, de la naturaleza y el ser humano: la interdependencia de todos con todos; que no hay ser, mucho menos nosotros los humanos, como una isla desconectada de todo lo demás. Además, no reconoce que somos parte de la naturaleza y que la Tierra no nos pertenece para explotarla a voluntad, sino que pertenecemos a la Tierra. En opinión de los mejores cosmólogos y astronautas, que ven la unidad de la Tierra y la Humanidad, somos esa parte de la Tierra que siente, piensa, ama, cuida y adora. Sobreexplotando la naturaleza y la Tierra, como lo estamos haciendo en todo el mundo, nos estamos dañando, y nos estamos exponiendo a sus reacciones, incluso a los castigos que nos impone. Es una madre generosa, pero puede enfadarse y enviarnos un virus devastador.
Apoyo la tesis de que esta pandemia no puede combatirse sólo por medios económicos y sanitarios –que siempre serán indispensables–. Lo que nos exige es cambiar el tipo de reacción que tenemos con la naturaleza y la Tierra. Si, después de que la crisis ha pasado y no hacemos los cambios necesarios, la próxima vez, puede ser que sea la última, ya que nos convertimos en enemigos de la Tierra, y puede que ya no nos quiera aquí.
El informe del profesor Neil Ferguson en el Imperial College de Londres declaró: "este es el virus más peligroso desde la gripe H1N1 de 1918. Si no hay una respuesta inmediata, habría 2’2 millones de muertos en Estados Unidos y 510.000 en Reino Unido". Esta declaración fue suficiente para que Trump y Johnson cambiaran de posición de inmediato, comprometiendo tardíamente grandes sumas para fortalecer a la población. Mientras, en Brasil, al Presidente no le importa, trata el asunto como una "histeria" colectiva, y en palabras de un periodista alemán de la Deutsche Welle: "Actúa criminalmente. Brasil está dirigido por un psicópata, y el país haría bien en deponerlo tan pronto como sea posible. Habría muchas razones para ello”. Esto es lo que el Parlamento y el STF, por amor a la población, deberían hacer sin demora.
La hiper-información y las apelaciones en los medios no son suficientes. Eso no nos mueve a cambiar el comportamiento requerido. Tenemos que despertar nuestra razón sensible y cordial. Superar la indiferencia y sentir el dolor de los demás con el corazón. Nadie es inmune al virus. Ricos y pobres, tenemos que mostrar solidaridad entre nosotros, cuidarnos personalmente y cuidar a los demás, y asumir la responsabilidad colectiva. No hay puerto de salvación. O nos sentimos humanos, co-iguales, en la misma Casa Común, o nos hundiremos todos.
Las mujeres, como nunca antes en la historia, tienen una misión especial: ellas saben sobre la vida y los cuidados necesarios; pueden ayudarnos a despertar nuestra sensibilidad, hacia los demás y hacia nosotros mismos. Ellas, junto con los operadores de salud (personal médico y de enfermería) merecen nuestro apoyo sin restricciones. Cuidar a quien nos cuida, para minimizar los males de este terrible asalto a la vida humana.
2020-03-21