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8/01/2019

Proteger los derechos culturales

Editorial La Jornada


En 2016, el artesano Adalberto Flores Gómez demandó a la trasnacional Nestlé por haber comercializado objetos promocionales en los que aparecía una serie de diseños que el dibujante de tenangos –bordados tradicionales de Tenango de Doria, Hidalgo– considera de su autoría. Desde entonces se han sucedido diversos casos en que compañías con presencia global toman diversas expresiones pictóricas de las comunidades indígenas mexicanas y las reproducen en objetos de venta masiva o de lujo –algunos de los cuales alcanzan precios de cientos de miles de pesos– sin ninguna consulta a los creadores y sin que a éstos les sea retribuida ninguna porción de las ganancias obtenidas gracias a su talento.
El caso de Flores Gómez resulta particular porque él pudo identificar varios diseños específicos y proceder ante instancias legales sobre lo que sostiene es un caso de robo de propiedad intelectual, pero el tema trasciende con mucho la cuestión de los denominados derechos de autor: lo que se debate es la apropiación cultural, concepto que en este espacio ya se ha definido como el acto de usar objetos, imágenes o símbolos de una cultura que no es la nuestra, en especial cuando a esta cultura no se le da un tratamiento respetuoso.
El fenómeno de la apropiación cultural no es nuevo, pero se ha convertido en un tema de interés público en México debido a su reiteración en fechas recientes: en 2017 la marca española Mango lanzó un suéter con la iconografía de los mencionados tenangos, mientras este año la francesa Louis Vuitton puso a la venta una silla tapizada con los mismos, y la neoyorquina Carolina Herrera, además de los tenangos, plagió bordados del Istmo de Tehuantepec y los conocidos sarapes de Saltillo. Este uso sistemático de elementos identitarios de los pueblos indígenas fuera de su contexto, sin el conocimiento de los creadores y por parte de actores del todo ajeno a las comunidades, difícilmente puede hacerse pasar como muestra de la interculturalidad que caracteriza a la sociedad globalizada; en cambio, parece adecuado caracterizarla como una violación de los derechos culturales perpetrada por poderosas corporaciones.
Como señala el etnohistoriador Aldo Guagnelli Núñez, de Chimalli Centro de Estudios y Derechos Culturales, no se trata de regular o legislar desde la perspectiva de los derechos de autor que rige la producción cultural en la dinámica mercantilista occidental, sino de reconocer y proteger los derechos culturales en su dimensión tanto individual como colectiva. Esto, que parece escapar por completo a los voceros de las firmas de moda que defienden el uso de diversos patrones textiles como inocentes homenajes, resulta evidente una vez se entiende que, para los artesanos y sus comunidades, cada diseño se encuentra ligado de manera intrínseca a todo su sistema de pensamiento.
Es deseable que las compañías de cualquier tamaño, pero ante todo las grandes multinacionales por el impacto global de sus acciones, cobren conciencia del significado que las obras artesanales guardan para sus creadores y procedan en un futuro con el respeto que éstos merecen. Por su parte, las autoridades harían bien en acercarse a las comunidades y los artesanos afectados para consultarlos acerca de los mejores mecanismos para proteger su patrimonio cultural

7/31/2015

Derechos económicos, sociales y culturales


Como parte de derechos económicos, sociales y culturales, están la democracia y el desarrollo en el orden jurídico mexicano.

lasillarota.com


Relacionados con el concepto de igualdad, los “derechos económicos, sociales y culturales”, son conocidos como de “segunda generación” cuya principal característica consiste en que son de cumplimiento “obligatorio” para la autoridad, por lo que deben ser plenamente satisfechos.


Es decir, que mediante las políticas públicas el Estado debe asegurar que todos los sectores sociales disfruten de una mayor calidad de vida. Mas si existiera algún impedimento, con la finalidad de cumplir el objetivo puede hacerse una reestructuración del Estado para que cuente con los medios adecuados, y así resuelva las más elementales necesidades económicas, sociales y culturales de las personas.

Lo anterior implica, por supuesto, un reto para el Estado pero a fin de cuentas responde a un mandato constitucional establecido en los artículos 3° y 40, que instruyen a todas las instituciones de gobierno a esforzarse para alcanzar las metas suscritas.

¿Cuáles son estos derechos? Mencionemos los más importantes: Toda persona tiene derecho a la seguridad social; el derecho al trabajo; a formar sindicatos; a un nivel de vida adecuado que le asegure a él y a su familia la salud, alimentación, vestido y vivienda; asistencia médica y los servicios sociales necesarios; a la salud física y mental; a la seguridad pública; derecho de los padres a escoger el tipo de educación para sus hijos.

Cabe resaltar que, como parte de derechos económicos, sociales y culturales, están también la democracia y el desarrollo en el orden jurídico mexicano. La democracia no sólo como estructura jurídica sino como forma de vida, basada en el mejoramiento de las condiciones de vida de la población.

El desarrollo, como medio para el bienestar económico alcanzable gradualmente desde los órganos de gobierno y para satisfacción de otros valores igualmente demandados como la seguridad, la justicia, el orden, la paz.

Una vez teniendo en claro que la democracia es una forma de vida y no un simple sistema electoral o un instrumento de la democracia representativa, el desarrollo nacional se convierte en programa de gobierno, un proceso gradual de mediano y largo plazo.

Con una garantía adicional un tanto novedosa: Que por los mecanismos jurisdiccionales las disposiciones constitucionales que consagran los derechos económicos, sociales y culturales, sean protegidos como derechos progresivos en favor de la población, una posibilidad que quedó abierta a raíz de la reforma constitucional de 2011.

Flor de loto: El éxito consiste en entender una idea de felicidad, establecer condiciones para alcanzarla, y hacer coincidir los medios con los fines.