En un número anterior de FRAGUA ya hemos explicado uno
de los cuentos que tejían los voceros del gobierno, apegándose al
libreto usual de la burguesía moderna: la “competencia” nos va a sacar
de jodidos, va a eliminar los monopolios, la ineficiencia y
paulatinamente, creará empleos para todo el mundo. Excepto, claro, para
los huevones, los que están cambiando de trabajo o uno que otro reacio
que no acepta los salarios que ofrecen y se cotiza demasiado.
Si
hace unos meses usaron esa historia para cantar victoria por una falsa
reducción en el precio de la gasolina y perfumar el atraco de la reforma
energética (y siguieron prometiendo futuras rebajas antes de que
volviera a subir el litro), ahora utilizan un cuento parecido para
tratar de convencernos de que la devaluación del peso frente al dólar no
afecta a la mayoría de los mexicanos.
¿Observa que aumenta
el precio de las verduras? Está en un engaño. ¿Siente que sus costos de
vida aumentan? Déjese de supersticiones. Como dijera en su tiempo
Carlos Salinas, “todo ha sido una fantasía”. Un poco más cauteloso, Luis
Videgaray dice que el encarecimiento del dólar solamente afecta el
precio de “bienes durables”. En otras palabras, si próximamente no tiene
que comprar lavadora, licuadora o algún artículo del estilo, es decir,
que sea de importación, no tiene de qué preocuparse. Según este
cuento, el precio del dólar afecta la deuda del gobierno, la deuda de
las empresas y el costo de bienes de importación, pero no aquello que
usted compra todos los días para mantener a su familia. ¿O acaso usted compra en dólares? ¿Paga deudas en dólares? ¿Paga maquinaria en dólares? No, ¿verdad? Así que despreocúpese y siga chingándole porque el dinero nadie se lo regala y en unos meses todo regresará a la normalidad.
El cuento se basa en uno de los libretos más utilizados por economistas, funcionarios y burócratas neoliberales.
Según este cuento, si el dólar sube, poco a poco, y debido a la
competencia, los productos mexicanos, que son más baratos con respecto
al dólar, se venderán más; las empresas que exportan al extranjero
querrán contratar a más gente para producir y vender más, con ello
entrarán más dólares al país y algún día el dólar regresará a su precio
anterior. Así, según esta historia, aunque al principio algunos
(usted no, no se preocupe) tengan que apretarse el cinturón por la
devaluación, a la larga a todos nos va a beneficiar, siempre que tengamos funcionarios bien entrenados que sepan cómo sobrellevar una devaluación.
Sin embargo, los precios de la comida han aumentado notablemente con la
última devaluación, como con todas las anteriores, tal como han
documentado varios periódicos y como seguramente habrá notado en sus
bolsillos. La explicación oficial niega lo que vemos frente a nuestras narices. ¿Qué está pasando entonces?
En primer lugar, toda la producción de comida dentro del territorio
nacional, gestionada de manera capitalista, está sujeta a la lógica del
mercado mundial y asume costos tasados en dólares. Las grandes
productoras y comercializadoras de granos y verdura, esas que coyotean a
los campesinos (los verdaderos productores directos), rentan, compran o
toman por la fuerza tierras ejidales y comunales para explotarlas con
trabajo asalariado. Por lo general, piden préstamos para adquirir
maquinaria, contratos de transporte y exportación, costos de registro y
administración, etcétera. El fertilizante y los tractores para la
producción industrial de vegetales son importados y se pagan en dólares;
en muchos casos, las empresas contratan seguros que las cubren por si
una cosecha no se da o no se vende, y estos suelen pagarse en dólares. Si
aumenta el dólar, aumenta el costo de producción de la comida; éste se
mide en dólares, aunque esté producida dentro del territorio nacional y
con el trabajo de campesinos y jornaleros mexicanos. Los capitalistas,
tanto los coyotes como los productores, no se quedan contentos con
ganancias reducidas o con pérdidas. Si ese es el caso, encarecen el
precio de sus productos con tal de sacar ventaja. Por eso usted
tiene que pagar de 5 a 10 pesos más por un kilo de jitomates de pronto.
En otras palabras, los platos rotos los paga usted.
Además de
esto, las comercializadoras suelen jugar con el precio del alimento: si
piensan que va a subir, tratan de esperar lo más que puedan antes de
vender; si se pudren algunas toneladas en el proceso no importa, es
preferible a perder la oportunidad para un buen negocio. Por si fuera
poco, cuando sube el dólar, muchas comercializadoras prefieren mandar
la mayor parte de su producto a Estados Unidos, donde se paga mejor con
el dólar encarecido. Eso quiere decir menos alimento a mayor precio. El punto es comprar barato y vender caro, la alimentación de la gente les tiene sin cuidado.
Otra razón por la que dicho libreto neoliberal es pura fantasía es que
la mayor parte de lo que se exporta desde México no es más que
ensamblaje de productos importados. Cerca del 85% del valor de lo
que nuestro país exporta en un año proviene de empresas como General
Motors, Chrysler, Ford, Volkswagen, Nissan, Hewlett Packard, Nokia,
Daewoo, LG, Panasonic, Samsung, BlackBerry, Toshiba; todas ellas,
empresas extranjeras que hacen el ensamblado de sus productos en México.
Cuando el gobierno anuncia que han aumentado las exportaciones,
quiere decir que se ensamblando más productos extranjeros en México.
Los salarios de los empleados mexicanos de dichas empresas son hasta 15
veces más bajos que en Estados Unidos por el mismo trabajo. En este
proceso pasa un capital colosal por el país, pero nada nos dice del
tamaño real de la economía mexicana. Casi todas las inversiones
provienen de fuera y las ganancias vuelven hacia allá. Un aumento en las
exportaciones mexicanas nunca aumentará el precio del peso con respecto
al dólar dentro de la economía neoliberal.
Cuando el peso
se devalúa, implica que cada hora de trabajo que usted desempeña ahora
tiene un valor de cambio menor, es decir, vale menos que antes y vale
menos que una hora de trabajo en Europa, Japón o Estados Unidos. Prácticamente toda la canasta básica se produce con insumos importados y tasados en dólares. ¡Hasta las verduras! La devaluación disminuye el valor de su salario y de su esfuerzo como trabajador.
En el fondo, el
problema no es sólo la devaluación, sino que nuestra capacidad para
trabajar esté sometida, en calidad de mercancía, a los caprichos de
grandes empresas que operan en el mercado global para servirse la rebanada más grande.
Nota:
Este artículo fue publicado como parte de la sección ECONOMÍA del No. 19 de FRAGUA, órgano de prensa de la Organización de Lucha por la Emancipación Popular (OLEP), en circulación desde el 25 de julio 2016.
(03 de septiembre, 2015. Revolución TRESPUNTOCERO).- La situación
económica en México no ha sido favorable desde el 2012, y en la
actualidad la crisis en la materia que atraviesa el país es atribuida
al panorama internacional poco alentador que se está presentando. Para
el maestro Alejandro Álvarez Béjar, contrario al discurso oficial, la
situación económica mexicana actual se debe a los desajustes internos
que se han presentado en la administración peñista.
Al participar en el juicio ciudadano convocado por la Constituyente
Ciudadana y Popular, el licenciado en economía por la Universidad
Nacional Autónoma de México (UNAM) hizo un diagnóstico del panorama
económico a tres años de la llegada de Enrique Peña Nieto a Los Pinos.
En este, el también profesor titular del UNAM manifestó que desde el
2012 México se encuentra inmerso en una crisis, la cual a la fecha se
ha ampliado.
“Estamos llegando a la mitad del sexenio con una mezcla de problemas
económicos, políticos y sociales (…) Si quisiéramos hacer un recuento
de los tres años de Peña Nieto tendríamos que decir que entramos en el
2012 en una crisis financiera y a la mitad del sexenio la crisis
financiera esta ampliada. En el comienzo la crisis financiera estaba
asociada solamente al problema de las hipotecarias y las constructoras
y hoy en día tenemos las crisis en las fianzas públicas y las
privadas”, dijo.
Álvarez Béjar subrayó que a tres años de EPN en el ejecutivo la
economía mexicana se encuentra estancada, además que los niveles de
vida de la gran mayoría de la población están por debajo de la media.
Añadió que si bien existen cifras que indican que se redujo la pobreza
extrema, “la pobreza en general ha aumentado”.
“Vivimos en una economía estancada. El ritmo de crecimiento apenas
da para cubrir la tasa de crecimiento de la población, eso en términos
prácticos no es nada. Tenemos una clara depredación de los recursos
naturales y el ejemplo más claro es el caso del petróleo.
Tenemos un deterioro muy importante de los niveles de vida por los
bajos salarios reales. La sociedad de México acumula una caída del 40%.
Es un elemento sumamente preocupante y al mismo tiempo vemos que hay un
desempleo muy alto, subestimado en las estadísticas oficiales que
afecta especialmente al sector de los jóvenes y al sector de jóvenes
más educados. Eso es lo que vivimos. Hace poco salieron cifras que
plantean que la pobreza extrema se redujo un poco, pero la pobreza en
general ha aumentado”, manifestó.
En este sentido reiteró el grave problema de desigualdad. Recordó
que hoy en día el 1 % de la población acumula cerca del 40 % de la
riqueza mexicana. A esto, dijo, se le debe sumar la crisis política y
de derechos humanos que ha convertido a México en un país de
desaparecidos.
“Tenemos un aumento en la informalidad, que es un reflejo del
problema de desempleo. Y al mismo tiempo tenemos una concentración de
la riqueza escandalosa: el 1 % de la población se lleva prácticamente
el 40 % de la riqueza del país y ahora no tenemos que ser muy
elegantes, los nombres se conocen, los 3 multimillonarios combinan
mineras, aseguradoras, compañías explotadoras de petróleo, todo,
absolutamente todo. Al mismo tiempo estamos viviendo una crisis
política que no se ha resuelto por el problema de las desapariciones
forzadas, y las ejecuciones extrajudiciales. Pero no sólo por eso, por
este problema es que se han denunciado conflictos de interés entre la
promoción de obras del gobierno y la recepción de favores por parte de
los gobernantes.
Tenemos una militarización anticonstitucional en varias regiones del
país. Literalmente las tenemos en Estado de sitio, sin haber convocado
a los congresos estatales, sin haber convocado a nada. El asunto se
mueve como si cada quien pudiera hacer lo que se le pega la gana, y los
diagnósticos son innecesarios. Hay desvío de poder, impunidad, y como
se dijo, ausencia de justicia”, expuso.
En este sentido tocó el tema de los desajustes internos. Dijo que
los problemas económicos del país si bien tiene que ver con el
exterior, principalmente son producto de los movimientos del gobierno
peñista.
“Es muy importante decir (que) son desajustes internos, porque se
habla en el discurso oficial que todo se debe a problemas del exterior:
‘paso una mosca por Grecia y aquí se cayó el peso’, pero no, los
problemas que estamos viviendo son producto fundamentalmente de
desajustes internos, ese es el primer problema. También tenemos algunos
problemas que son externos” dijo.
El economista recordó que ya van más de 30 años desde la llegada del
modelo neoliberal a México y 20 años desde la firma del Tratado de
Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Detalló que las promesas
de crecimiento, trabajo y estabilidad planteadas con el modelo
neoliberal, a más de tres décadas no han llegado.
“Estamos en esta fase que se cumplen tres años de gobierno, pero se
cumplen 33 años de neoliberalismo, y 20 años del TLCAN. Entonces el
modelo (neoliberal) está entrando en una fase de desorganización
profunda, porque en el curso de este tiempo no nos ha dado crecimiento,
y lo prometió; no nos ha dado seguridad financiera, no nos ha dado
empleo, no nos ha dado buenos salarios, y ahora se está convirtiendo
en un problema porque tampoco está resultando capaz de resolver los
propios desequilibrios que genera.
“Las reformas estructurales llegaron al calor de la crisis y con la
idea que eran la única alternativa para superar la crisis. Hoy vamos
entrando en (otra) crisis y se repite la misma cantaleta. Se está
recortando el gasto, pero lo que están haciendo es comenzando a
descargar paulatinamente el asunto de la crisis sobre el conjunto de la
población trabajadora. Pero más en concreto, hoy a través de los
recortes del gasto es castigar a los sectores que están resistiendo”,
manifestó.
Sobre los más de 30 años de modelo neoliberal, Álvarez Béjar
insistió que la responsabilidad ha sido de los gobiernos priistas y
panistas que han “caminado de la mano” con organismos como el Fondo
Monetario Internacional (FMI) o el Banco Mundial (WB, por sus siglas en
inglés), doblegándose a los lineamientos que estas instituciones han
establecido.
“Una de las cuestiones es que llevamos 33 años (con neoliberalismo)
y la responsabilidad primaria recae en una sucesión de gobiernos
priistas y panistas, que corrieron de la mano con la llamada
condicionalidad de los organismos internacionales. Las políticas que se
aplicaron aquí fueron comprometidas con el FMI, con el WB, con el
gobierno de EUA y con la OCDE. No son políticas que se les ocurrieron.
Sabían lo que estaban haciendo y lo que querían era desmantelar lo poco
que pudiéramos tener de Estado de bienestar: la salud pública, la
educación pública y la seguridad social para convertir esos espacios en
espacios de expansión de los negocios privados de los empresarios
mexicanos e internacionales”, enfatizó.
El fracaso de la reforma energética
Álvarez Béjar habló sobre el fracaso que ha representado la reforma
energética, la cual es considerada como la madre de las reformas. En
este sentido reiteró que ante la caída de los precios del petróleo
nadie va a querer invertir en México.
“La reforma energética se les está cayendo porque se cayó el precio
del petróleo y la producción. Y entonces en ese horizonte el tesorito
está valiendo para puras vergüenzas porque no hay interés de sacar
petróleo en aguas profundas, para lo cual se necesitaría que el precio
fuera de 80 dólares por barril y estamos en 34 o 40 dólares por
barril, ósea que nadie le va a meter dinero. Y el problema de fondo es
que hay un cambio de saturación en el mercado petrolero nacional, entre
otras cosas, alentado por E.U.A. Hay que decirlo con claridad, E.U.A
está saturando el mercado petrolero porque sus compañías petroleras
quieren el control de las reservas internacionales”, apuntó.
En este sentido reiteró que ante el intento de imponer estos cambios
se ha iniciado un “golpeteo” a la sociedad, con el cual se busca, en
palabras del ecónomo, romper la resistencia de comunidades a la puesta
en marcha de megaproyectos energéticos.
“La energética era la madre de todas las reformas pero como se cayó
el precio del petróleo, ahora alegan que la fundamental era la
educativa. Lo que están buscando, y por eso el golpeteo a las
comunidades, es despojar de sus territorios y por eso el golpeteo
contra la prensa y los estudiantes y contra todos los que se
solidarizan con esas luchas. Porque lo que quieren es romper la
resistencia para poder convertir eso en un negocio privado de
nacionales y extranjeros.
“En el caminos lo que han hecho es destrozar empresas estatales, y
todo con cargo a los trabajadores; hicieron polvo Luz y Fuerza y le
echaron la culpa a los del SME, pero resulta que la empresa tenía
gerentes y un consejo de administración, en donde el SME sólo tenía 2
representantes pero que no decidían nada. Ahora están echando la culpa
de la crisis de la educación al magisterio, están echando la culpa del
desastre de la salud a los médicos, enfermeros (…) Los victimarios son
estos regímenes que a la entrada de Peña Nieto añadieron un elemento
nuevo: el PRD apoyó todas las reformas neoliberales. Esa es la novedad,
lo demás es lo mismo de siempre”, manifestó.
Ante este contexto de crisis económica, el especialista calificó
como importante desarrollar las capacidades productivas de la nación.
Al respecto, dijo, no es necesario tener un posgrado en el extranjero
para encontrar soluciones básicas.
“En esos 33 años han ofrecido economía en crecimiento, buenos
salarios, empleo, seguridad, y no la hay. Nos quieren hundir en un hoyo
negro dando la idea que no hay alternativa. Pero sí hay alternativa, y
no tienen que quebrarse la cabeza ni es necesario tener posgrados en el
extranjero.
Necesitamos desarrollar nuestras capacidades productivas, y eso
implica tener mano de obra educada, capacitada y activa en el campo y
la ciudad. Necesitamos que la política económica tome en cuenta los
intereses de todo y no nada más los grandes monopolios. Este es un
problema central. Necesitamos regulaciones, el problema de la apertura
es un experimento que no ha funcionado en ningún lugar del mundo. La
apertura indiscriminada no ha sido el camino para el desarrollo de
nadie en el mundo y nosotros tampoco vamos a hacerlo”, expuso.
Además de lo anterior, manifestó: “la gente pide democracia
electoral y nos dan manipulación, fraude, trampas, compra de votos,
porque están aterrados de que la gente se canalice a la protesta
electoral. Necesitamos democracia electoral, pero también directa en
las escuelas, en fábricas, sindicatos, en todos los ámbitos, la gente
quiere participar. Necesitamos una política que ponga énfasis en la
creación de empleo y en el desarrollo de las potencialidades de los
jóvenes”.
Previsible encarecimiento de canasta básica y sobrecarga laboral
El
aumento del precio del dólar en México –que en su cotización al cierre
de hoy se vendió en 17 pesos con 15 centavos– podría afectar dentro de
uno a cinco años los costos de la canasta básica, lo que pondría en
crisis el gasto de los hogares del país, de los que una cuarta parte
están encabezados por mujeres que ganan menos de 200 pesos diarios.
Desde el pasado jueves 20 de agosto, los principales bancos del país
registraron un aumento histórico en el precio del dólar, pasando de 16
a más de 17 pesos en sólo un día, según la información del Banco de
México (Banxico).
Los dos días siguientes la cotización de la divisa estadounidense
siguió en incremento hasta alcanzar casi los 18 pesos, y los recientes
tres días registró una disminución de entre sólo cinco y 10 centavos
por día.
No obstante, en realidad la devaluación del peso ha ido en aumento
desde el inicio de este año, con lo que suma una depreciación total de
17.30 por ciento en comparación con el mes de enero.
REPERCUSIÓN
La economista y demógrafa Isalia Nava Bolaños, del Instituto de
Investigaciones Económicas de la Universidad Nacional Autónoma de
México (UNAM), explicó a Cimacnoticias que el aumento en el tipo
cambiario es consecuencia de la desaceleración de la economía en China
(una de las mayores potencias mundiales), que en 2015 registró un
crecimiento económico de sólo 6 por ciento.
A fin de estimular las exportaciones de materias primas, China decidió
devaluar el yuan (su moneda nacional); sin embargo, esto no impidió que
la inversión de capital extranjero huyera a economías más estables, en
concreto a Estados Unidos, cuyo banco central (la Reserva Federal)
anunció la posibilidad de aumentar la tasa de inversiones, lo que
incentivó que inversionistas en México también empezaran a irse al país
vecino.
A decir de la investigadora, en general la economía mexicana padece de
un “clima de desconfianza” para los inversionistas extranjeros, quienes
tienen expectativas de un crecimiento débil, consideran que no hay
reglas claras en licitaciones de obras públicas, perciben corrupción e
inseguridad, y además se quejan de una falta de certeza jurídica en las
inversiones, lo que está propiciando una devaluación paulatina.
A la par, esta misma desconfianza la enfrentan las y los consumidores
internos, quienes retrasan o modifican sus gastos. “Una disminución del
gasto en consumo contrae la demanda y afecta el crecimiento de la
economía”, expresó Isalia Nava.
A esta volatilidad en el mercado financiero se suma el desplome de los
precios internacionales del petróleo (que está por debajo de los 40
dólares –686 pesos mexicanos– por barril), ya que su disminución se
traduce en una menor entrada de dólares, lo que también aumenta el tipo
de cambio.
La experta en economía de las mujeres precisó que si bien la inflación
(aumento generalizado del costo de los productos) se mantiene por
debajo del 10 por ciento desde hace 10 años, esta depreciación del peso
podría tener algunos efectos a mediano y largo plazo (entre uno y cinco
años) en la economía de las mexicanas.
Esto porque cuando se incrementa el dólar generalmente el poder
adquisitivo de la moneda mexicana disminuye, lo que aumenta el costo de
algunos productos de la canasta básica y, en consecuencia, aumenta la
inflación.
“Actualmente Banxico mantiene un control sobre la inflación, pero si se
registrara un aumento en los precios de los productos habría una
afectación para toda la población, con mayor incidencia para la
población femenina debido a los roles tradicionales de género”, expresó
Nava Bolaños.
Esto quiere decir que las mujeres –quienes actualmente dedican más
tiempo al trabajo en los hogares que los varones– se verían obligadas a
buscar alternativas para garantizar el consumo familiar (pues cuatro de
cada 10 hogares en México son encabezados por mujeres), tales como la
redistribución y reducción del gasto.
Además, es posible que los bienes y servicios que ya no se puedan
pagar, como las comidas en restaurantes, ahora tendrán que ser
elaborados por las propias trabajadoras –que ganan en promedio de dos a
tres salarios mínimos–, lo que incrementará su carga de trabajo en el ámbito familiar.
La experta consideró que es complejo plantear una medida para que el
gobierno mexicano evite un aumento en la inflación; pero detalló la
importancia de garantizar que el incremento de los bienes y servicios
importados no se traspase al público consumidor y lo asuman las
empresas; y asegurar así que no se presenten incrementos de precios en
la canasta básica en productos sin alguna relación con el precio del
dólar.
AÑEJA CRISIS EN LOS HOGARES
Si bien actualmente esta volatilidad en el mercado no ha aumentado la
inflación y el gobierno federal asegura que protegerá el ingreso de los
hogares, la crisis económica que estalló en México a fines de 1994
–momento conocido como “el error de diciembre”, cuando el peso sufrió
una devaluación de 80 por ciento y hubo una fuga de capitales que sumó
mil 599 millones de dólares– dejó ver fatídicas consecuencias un año
después y con grandes desventajas para las mujeres.
De acuerdo con investigaciones de esa década, en 1995 México cayó al
lugar número 40 de una lista de 44 países que integran la Organización
para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), que mide los
niveles de bienestar de la población.
Lo anterior como consecuencia de que el Producto Interno Bruto (PIB)
fue de -6.9 por ciento, se registró una inflación de 51.97 por ciento,
2.3 millones de personas estaban desempleadas, de 15 mil a 20 mil
negocios quebraron, las tasas de interés aumentaron al 120 por ciento y
el salario mínimo tuvo una pérdida de 20 por ciento, entre otros
desplomes importantes para la economía, según el “Balance económico de
1995 y perspectivas para 1996”, de la Red Mexicana de Acción Frente al
Libre Comercio.
El Comité Nacional Coordinador para la IV Conferencia Mundial sobre la
Mujer de 1995 también analizó entonces que a pesar de que desde 1990 se
registró una participación de las mujeres en el ámbito laboral de 19.6
por ciento, ellas resistieron más la insuficiencia de fuentes de
empleos bien remunerados, estables y productivos.
Como estrategias de sobrevivencia familiar en épocas de crisis, los
hogares más pobres tuvieron que sustituir bienes y servicios que antes
compraban en el mercado por artículos de producción doméstica para
contrarrestar la caída de los salarios y las mujeres prolongaron sus
jornadas de trabajo.
La
caricatura –señaló el crítico de arte británico de origen austriaco
Ernst Gombrich– tiene la capacidad de hacer tangible el pensamiento
abstracto. Ejemplo que confirma la regla, un reciente cartón de José
Hernández resume en unas cuantas líneas la gravedad de la situación
económica y política del país, en la que se mezcla la problemática de
la devaluación del peso con la última ofensiva contra Andrés Manuel
López Obrador y su supuesto populismo, y las ejecuciones
extrajudiciales por parte del Ejército.
En la viñeta del monero Hernández, el presidente Enrique Peña Nieto advierte: Con el populismo, el peso se devalúa muchísimo, al tiempo que, a su lado, el general Salvador Cienfuegos, secretario de la Defensa, puntualiza: Nosotros sólo lo abatimos (http://goo.gl/FsxfDv ).
El cartón sintetiza magistralmente tres elementos centrales de
nuestra coyuntura actual. Primero, el imparable declive de la paridad
del peso frente al dólar, que lo ha llevado a una tasa de cambio por
arriba de 17 pesos y a una depreciación que, de acuerdo con la revista
británica The Economist, alcanza 36 por ciento en los últimos
12 meses, aunque, según el Banco de México (BdeM), es de tan sólo 23
por ciento. Segundo, la difusión de algunas encuestas en las que se
documenta que Andrés Manuel López Obrador va arriba en las intenciones
de voto de los comicios de 2018. Para frenar desde ahora esta
tendencia, se ha lanzado una ofensiva en su contra acusándolo de
populista. Y, finalmente, de la difusión realizada por el Centro Pro de
Derechos Humanos de un documento de la Secretaría de la Defensa en el
que se le da la orden al batallón involucrado en los hechos de Tlatlaya
–en los que 22 civiles murieron a manos de elementos del Ejército– de
‘‘abatir delincuentes’’.
No hay exageración en el dibujo de José Hernández. Un periódico tan poco sospechoso de populismo como el Financial Times
escribió que México se ha unido al grupo de economías emergentes de
alto riesgo, debido a un conjunto de factores, entre los que se
encuentran: el elevado monto de la deuda corporativa denominada en
dólares, el riesgo de una salida masiva de capitales en cuanto la
Reserva Federal de Estados Unidos incremente la tasa de referencia en
septiembre próximo, y una caída en picada del peso que no ha podido ser
frenada, a pesar de la subasta millonaria de dólares, que ha provocado,
de paso, una disminución sostenida de las reservas internacionales del
país.
Aunque el cartón no lo señala, no es sólo el peso el que fue
abatido: toda la economía lo está. El BdeM acaba de anunciar la baja en
la expectativa de crecimiento a un nivel promedio de 2.1 por ciento.
Siguiendo un guión trazado desde Los Pinos, el subsecretario de
Hacienda Fernando Aportela declaró que la cifra no era mala porque a
otros países en América Latina les había ido peor.
Ciertamente, el peso se ha derrumbado en parte como producto de
factores externos. Uno es la sorpresiva devaluación del yuan y la
creación de una enorme incertidumbre financiera asociada a ella. Esta
depreciación confirma la desaceleración del crecimiento de China (en
julio sus exportaciones disminuyeron 8 por ciento y su crecimiento de 7
por ciento esperado para 2015 será el menor en cerca de dos décadas) y
el estallido de su burbuja bursátil. Se trata de una caída que enfriará
la economía global y afectará severamente a varias naciones de América
Latina que exportan sus materias primas al dragón asiático.
Tanto la devaluación del yuan como la apreciación del dólar estadunidense indican una guerra de divisas y devaluaciones competitivas, así como una reducción en las expectativas de crecimiento de la economía global y doméstica.
Según el BdeM, las fuentes de debilidad de la economía nacional
provienen también del debilitamiento de las perspectivas de crecimiento
de Estados Unidos. Y, por supuesto, de la baja en la producción y el
precio del petróleo, y de su impacto en los recursos públicos. Se
estima que el ingreso petrolero este año representará 18.64 por ciento
del total de los ingresos, frente a 30.7 por ciento de 2014. Esta caída
es un indicador de la magnitud del recorte presupuestal que se
presentará en septiembre en el marco del paquete económico de 2016.
No hay buenas noticias para el futuro inmediato. La reducción del
precio del oro negro podría no haber tocado fondo aún. El regreso
progresivo de Irak e Irán al mercado petrolero, así como la
incertidumbre financiera y la disminución en el crecimiento de China,
presionan a un desplome mayor.
Sin embargo, la devaluación del peso y la disminución en las
expectativas de crecimiento del país no responden solamente a causas
externas. De acuerdo con Banxico, la falta de vitalidad de la economía
nacional está asociada al moderado dinamismo de la demanda interna.
De ello da cuenta una estimación del crecimiento en el segundo
trimestre del año de apenas 0.3 por ciento, así como del estancamiento
de la producción industrial, que aumentó a una tasa anual de tan sólo
uno por ciento en el primer semestre de 2015.
El hecho central es que, conforme sigan cayendo el precio del
petróleo y la producción interna, la devaluación será mayor para
compensar los efectos en los ingresos fiscales petroleros en 2015 y en
los años que vienen. Inquieta la gran demanda corporativa de dólares y
los efectos de la devaluación en sus ingresos, mientras siguen sin
repuntar las exportaciones nacionales.
El gobierno asegura que la inflación está bajo control. Algunos
analistas sostienen que en la comunidad financiera se cuestiona la
veracidad de esta afirmación. Para abonar sobre la incertidumbre, se
especula sobre la posibilidad de que el gobierno rompa la promesa de no
elevar los impuestos. La fecha clave es el 17 de septiembre en que se
reúne la Reserva federal, en la que se espera el alza en la tasa de
interés en Estados Unidos.
La economía está en crisis y lo que viene será peor. Con menos
recursos para enfrentar el creciente descontento social y la negativa a
abrir espacios políticos, la tentación gubernamental de salidas cada
vez más autoritarias está a la orden del día. Así lo anuncia el cartón
de José Hernández.
La depreciación del peso frente al dólar es ya del 25 por ciento
desde la segunda mitad de 2014. La caída no la ha frenado ni siquiera
la subasta diaria de 260 mil millones de dólares. La estrategia no
funcionará, pues hasta el propio Carstens dice: “en tiempos de crisis
es mejor encender una vela que maldecir en la oscuridad”. A eso se
reduce el programa de subastas de dólares: a una simple vela
Las
medidas preventivas anunciadas por la Comisión de Cambios (CC),
integrada por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) y el
Banco de México (Banxico), es decir, por Luis Videgaray y Agustín
Carstens, para tratar de enfrentar la inestabilidad del mercado de
divisas y la depreciación nominal del peso ante el dólar estadunidense
–10 por ciento en lo que va del año, hasta el 5 de agosto; 25 por
ciento desde el inicio de la segunda mitad de 2014, cuando comenzó el
desplome de los precios y los ingresos petroleros, según datos del
banco central–, son dignas de las doctas y legendarias reflexiones del segundo, cuando entonces despachaba en la SHCP.
En 2008, Carstens dijo proverbialmente, ante la catástrofe estadunidense que se iniciaba, que a la economía mexicana sólo “le dará un catarrito y no una pulmonía, como antes”. Justo cuando implosionó Wall Street, el corazón financiero de la mundialización neoliberal, sus efectos devastadores se extendieron rápida y prodigiosamente por los vasos comunicantes
de los circuitos monetarios globales hacia todos los rincones del
mundo, concentrándose en Europa con particular furia, y hundieron al
sistema capitalista en su peor desastre productivo (recesión y
deflación) desde la gran recesión de la década de 1930.
En esa ocasión, Carstens adoctrinó doctoralmente:
“Tenemos recursos de la reforma fiscal y del petróleo”. Orondo,
descartó el alza de los réditos, merced a la “buena conducción de la
política monetaria, el tipo de cambio flexible, la disciplina fiscal y
la inflación baja”. “Además –agregó–, se ha fortalecido el peso. Por
tanto, remata: “No hay razón para que haya un movimiento abrupto contra
nuestra moneda”.
Por si las dudas, para atender el dichoso “catarrito”, recomendó su terapia favorita de siempre: recortar gastos públicos innecesarios, y convocaba a las familias a “hacer lo mismo, ser más racionales”.
A mediados de 2007, la Reserva Federal
estadunidense, para enfrentar el derrumbe, empezó a reducir gradual y
sistemáticamente la tasa de interés de fondos federales (que los bancos
se cobran entre ellos al prestarse dinero –fondos federales– y es
fijada por el Comité Federal de Mercado Abierto, de la Reserva, y por
medio de sus cambios se busca modificar la oferta de dinero en el
mercado, su costo). Entre junio y diciembre de 2007 bajó de 5.25 a 4.25
por ciento. Al cierre de 2008 cayó a 0.16 por ciento; en promedio
anual, descontando la inflación, fue negativa en 1.5 por ciento.
A contracorriente, el Banco de México,
en ese entonces regenteado por Guillermo Ortiz, decidió elevar su tasa
objetivo (para las operaciones de fondeo interbancario a 1 día) de 7.5
por ciento a 8.2 por ciento, entre enero y diciembre de 2008. Los
Certificados de la Tesorería (Cetes) a 28 días pasaron de 7.4 por
ciento a 8.2 por ciento. Sólo en 2009, ante los síntomas recesivos de
la economía, la primera tasa bajó a 4.5 por ciento en julio, nivel que
se mantuvo hasta marzo de 2013, y la otra a 4.5 por ciento al cierre de
2009. La “disciplina” fiscal redundó en la pérdida del superávit de
2007 y en un déficit creciente en 2008 y 2009, con el recorte del gasto
programable en este último año, y en un deterioro nominal del tipo de
cambio en 27 por ciento en 2008, al pasar de 10.92 pesos por dólar a
13.93.
El vendaval terminó por arrastrar a la onírica ínsula mexicana y enterrarla en la recesión de 2009 (-5.8 por ciento), la peor desde 1932 (-14.8 por ciento), en plena depresión internacional.
Decía Marx: “Todo lo sólido se desvanece en el aire”.
Desconsolado, Carstens dijo después del diluvio: “Ya no voy a hablar en términos médicos. Soy doctor en economía, no en medicina”.
Aunque, en sentido práctico, no parece ser ni lo uno ni lo otro.
Ante el enésimo ciclo de
volatilidad cambiaria desestabilizadora queda el consuelo de… Enrique
Peña Nieto, autoproclamado enemigo de los “populistas” progresistas y
socio de los “populistas” de derecha: a pesar de que no se alcanzaran
los niveles económicos “que queremos”, hay otros países del mundo “a
los que les ha ido peor”.
El esquizofrénico imperativo categórico
Algunas de las medidas de la línea de
defensa de la paridad fueron especificadas públicamente por la CC el
pasado 22 de mayo y 30 de julio: la reducción en el ritmo de
acumulación de las reservas internacionales hasta el 29 de septiembre,
en una proporción equivalente a una tercera parte de la acumulación
neta esperada para los 12 meses siguientes a mayo de 2015; el aumento
de los dólares subastados sin precio mínimo, de 52 millones a 200
millones; el mantenimiento de las subastas diarias con precio mínimo
por un monto de 200 millones de dólares, cuya cotización será
equivalente al tipo de cambio FIX determinado el día hábil anterior
incrementado en 1 por ciento. Ambas subastas se mantendrán vigentes
entre el 31 de julio y el 30 de septiembre del año en curso. El tipo de
cambio FIX es fijado por el banco central los días hábiles bancarios
con base en un promedio de las cotizaciones representativas del mercado
de cambios al mayoreo para operaciones liquidables el segundo día hábil
bancario siguiente, y es anunciado a partir del medio día.
En un régimen de tipo de cambio
flexible o de libre flotación como el impuesto a finales de 1994 –en
sustitución de la fracasada y la traumática experiencia de la banda de
flotación con microdevaluaciones administradas (1991-1994), de Pedro
Aspe, responsable de la hecatombe de ese año–, donde el precio de la
moneda es fijado por la oferta y la demanda de divisas, el banco
central vende dólares de las reservas internacionales para generar la
liquidez requerida que contrarreste la escasez de divisas que presiona
y deprecia la paridad. Despeje la inestabilidad y la incertidumbre.
Facilite el ajuste ordenado del mercado, sin buscar un nivel definido
de la paridad, y atempere la vulnerabilidad de la economía ante choques
externos. Evite el aumento de las tasas de interés y genere tensiones
inflacionarias y en las cuentas externas, entre otros males, que
pondrían en riesgo las metas de política económica, las reformas
estructurales y al propio modelo económico.
Al menos así rezan los documentos del
Banxico, y Manuel Ramos Francia, subgobernador del organismo,
complementa la zaga: “Ha habido una depreciación, sí, complicada, pero
ordenada, y los costos, en términos de impacto económico”, no han sido
fuertes. “El punto es cómo nos estamos depreciando; imagínate esta
depreciación con más volatilidad”.
En el consuelo peñista, Ramos añade:
varias monedas se han depreciado. “Es un movimiento generalizado”.
Según él, el peso sólo se ha depreciado 13 por ciento en lo que va de
2015.
Cuantitativamente, la defensa de la
estabilidad del peso es reforzada en la retaguardia por los recursos de
las reservas internacionales –190.8 mil millones de dólares (mmd)
acumulados al cierre de julio– y la línea de crédito flexible negociada
con el Fondo Monetario Internacional –70 mmd–. Un escudo financiero por
un total de 260 mmd. Una cantidad nada despreciable para intentar
eludir la estampida masiva de capitales. Aunque nada garantiza el éxito
de la estrategia ante un puñado de especuladores enfermos de los
nervios.
“En tiempos de crisis es mejor encender
una vela que maldecir en la oscuridad”, dijo Carstens. A eso se reduce
el programa de subastas de dólares: a una simple vela.
Técnicamente, equivalen al tratamiento
de los síntomas de una grave enfermedad con antipiréticos. Con
aspirinas. Cada ciclo de ataque especulativo, de inestabilidad y
volatilidad cambiaria, se enfrenta con los simples paliativos de venta
de dólares para una enfermedad que genéticamente está asociado a la
arquitectura del modelo económico neoliberal.
El gobierno y los analistas del sector
privado afirman que la debilidad y la depreciación del peso se deben,
fundamentalmente, a factores externos.
Según el Banxico: “si bien las
reducciones recientes en el precio del petróleo jugaron un papel en la
depreciación de la moneda nacional, se puede decir que el factor que
más importa, que explica dicha depreciación, es la expectativa de
incrementos inminentes en la tasa de interés de Estados Unidos”.
A finales de julio, Carstens señalaba
que “estamos en el proceso de enfrentar un periodo que puede ser
turbulento”, el cual está “asociado a las acciones de la Reserva
Federal”. Sin embargo, en su irredento optimismo, el doctor experto en velas cree atisbar a la distancia del oscuro túnel una tiritante flama (ojalá que no sea el faro de un ferrocarril)
que, “al final, el peso podría verse favorecido, porque la Reserva
Federal estaría apretando su política monetaria porque tiene la
convicción de que la recuperación económica en Estados Unidos está
siendo más fuerte”.
En la lógica de Carstens, ese mal
redundaría en un beneficio: el alza de la tasa de referencia de la
Reserva se debería a la combinación de cuando menos tres elementos: un
mejor crecimiento estadunidense, un mayor empleo y un bajo nivel de
inflación, lo que redundaría en el aumento de las exportaciones
mexicanas que estimularía la expansión económica local.
De cualquier manera, algo perturba a Carstens y que, como buen alumno de Milton Friedman, siempre le altera el sueño:
la pesadilla de la “dinámica perversa” de los precios. “Si la
depreciación nos está generando movimientos en las expectativas de
inflación tomaremos las medidas correspondientes, también lo tomaremos
cuando la Reserva tome sus acciones”.
Es decir, con o sin presiones
inflacionarias, de todos modos el Banxico elevará los réditos en
simetría a lo que decida la Reserva, por una sencilla razón: mientras
no se apliquen localmente regulaciones a los movimientos de capitales,
lo que se verá es la continuidad de la dinámica especulativa en los
mercados de divisas, de dinero y bursátil, merced a la estampida en manada de
los inversionistas financieros de corto plazo que sólo buscan la máxima
rentabilidad, el diferencial ofrecido entre un país y otro. Quien pague
más beneficios, ése será el elegido.
Por tanto, el banco central alimentará gustosamente a los buitres financieros con mayores réditos.
En manada, los banqueros centrales del mundo también ajustarán sus tasas de interés de referencia.
Aunque ello implicará, en el caso de
México, encarecer el costo del crédito, afectar el consumo, la
inversión, las deudas, y hundir más al gobierno peñista en la ciénaga del estancamiento y la recesión.
Los economistas de los empresarios
coinciden que la volatilidad de la moneda se debe a factores externos.
Todos resaltan la incertidumbre existente alrededor de las decisiones
de la Reserva Federal o el desplome de los precios del petróleo. Los
más “refinados” vislumbran otros elementos adicionales en sus
respectivas bolas de cristal económicas.
Del lado externo, pueden citarse la
crisis griega; el desplome bursátil chino (alrededor de 30 por ciento
desde junio) y el temor a una posible crisis inmobiliaria en ese país,
así como la ralentización de su economía (su crecimiento podría
ubicarse en 7 por ciento o poco menos en 2015 y 2016, su tasa más baja
en 24 años y distante de las de poco más de 10 por ciento registrada en
un amplio periodo), lo que ha afectado sus exportaciones e
importaciones en alrededor de 15 por ciento y 13 por ciento, en cada
caso, afectando a países como Argentina o Brasil, que se encuentra en
recesión; la caída de los precios de otras materias primas (metales,
por ejemplo) y de los alimentos.
Algunos de esos analistas consideran
que la economía mexicana contribuye a la debilidad de la moneda: el
sonoro fracaso de la primera licitación de la Ronda Uno petrolera
reprivatizadora; el deterioro de las finanzas públicas: la caída de los
ingresos del Estado y el ostensible aumento del déficit fiscal y de la
deuda pública; los síntomas de una nueva fase recesiva de la economía
mexicana.
Aún así, Mario Correa, economista en
jefe para México de Scotiabank, ha sostenido que “los fundamentos
macroeconómicos de México son razonablemente buenos, aunque respecto a
lo que teníamos hace pocos años han tenido algún deterioro, como la
posición fiscal del gobierno”.
Raras veces esos analistas y el gobierno explican qué entienden por “fundamentos macroeconómicos” sólidos o razonables.
¿Se refieren acaso al cuasi equilibrio fiscal o la baja inflación que desde 1983 asfixian al crecimiento desde la cuna?
En su artículo “Lo que no hizo México para evitar una tormenta financiera” (publicado en la revista Expansión
el 6 de agosto pasado), Alfredo Coutiño, director para América Latina
de Moody’s Analytics, se queja porque la política económica peñista es cojitranca:
“México está enfrentando la volatilidad financiera de manera
ineficiente e incompleta. Todo el costo del ajuste se está cargando al
tipo de cambio. El renunciar al uso del amortiguador doble le está
costando al país reservas internacionales cuyo drenaje podría poner en
riesgo la estabilidad financiera.
El país, agrega Coutiño, “está caminando en medio de la tormenta financiera con sólo una pierna: el tipo de cambio. La otra pierna,
la tasa de interés, la han inmovilizado las autoridades monetarias bajo
el argumento de que les costaría más desamarrarla. Por lo tanto han
preferido cargarle al peso todo el costo de la volatilidad. México
podría haberse defendido mejor del temporal financiero si
hubiera utilizado el tipo de cambio y la tasa de interés de tal manera
que el impacto de la volatilidad se habría distribuido entre las dos
variables. Así, el peso no se habría depreciado tanto ya que la tasa de
interés habría absorbido parte del choque externo”.
A juicio de Coutiño, el exceso de
liquidez global bombeado a raíz de la recesión del 2008-2009, el peso
mexicano se revaluó en 25 por ciento y la tasa de interés se redujo en
5.25 puntos porcentuales, hasta la tasa de 3 por ciento. Pero estos
movimientos de dinero barato y abundante eran artificiales, temporales,
y ahora tendrá que regresarse a la normalidad de la escasez y del
financiamiento caro. Todo dependerá cuál sea en nivel de las tasas que
fije la Reserva Federal. Mientras más se retrase el alza de los
réditos, en tanto se mantenga esa “pierna amarrada”, más costoso será el ajuste (www.cnnexpansion.com/economia/2015/08/03/mexico-camina-en-una-tormenta-financiera-con-solo-una-pierna).
Sin embargo, la propuesta de Coutiño
implica una ganancia por partida doble a los apostadores del casino
financiero mexicano y de otras latitudes. En especial para los
tiburones, expertos en nadar en aguas turbulentas, en generar ciclos
especulativos artificiales.
De hecho, así sucederá. Recuérdese la
amarga experiencia de la libra esterlina, derrumbada por el salvaje
ataque especulativo de George Soros, en 1992, que le permitió
embolsarse alrededor de 1 mil millones de dólares en 24 horas. O la del
peso mexicano y argentino, el rublo y otras tantas monedas. Al desplome
monetario le ha seguido el alza tardía de las tasas de interés. Un
bocadillo adicional.
Los especuladores de 2015 ya han ganado
en su apuesta en contra del peso y otras divisas. Y ganarán más con el
alza de los réditos, porque los países subdesarrollados, conocidos con
el eufemismo de “emergentes”, tendrán que pagar más intereses que los
pagados en Estados Unidos y en otros países desarrollados, para tratar
de evitar que la salida de capitales los desfonden.
Los costos los pagarán los consumidores, los productores, los deudores, los importadores y la economía en su conjunto.
Esa historia es cíclicamente vieja y chocantemente tediosa.
México sufre las consecuencias de su
subordinación pasiva a la zona de influencia del dólar estadunidense,
agravadas por el empecinamiento de no imponer regulaciones a los flujos
de capitales especulativos, de corto plazo (impuestos, tiempo de
permanencia, monto de capitales repatriados, entre otras medidas), con
el objeto de “arrojar arena en las ruedas” de la especulación, como ha propuesto desde 1978 James Tobin, Premio Nobel de Economía 1981.
Sería como aplicar una “tasa al pecado”
para a castigar una actividad que provoca costos sociales y económicos
inaceptables para la mayoría, agregaría, en 2000, Robin Round, de la
Iniciativa Halifax, con sede en Vancouver, Canadá.
Cualquier cambio en la política
monetaria instrumentado por la Reserva Federal, en el sentido que sea,
se sobredimensionará en los mercados locales, de cambios, bursátil y de
dinero. Esa desestabilización monetaria-financiera se transmitirá
después, más temprano que tarde, sobre el sector real de la economía,
las cuentas externas, las finanzas públicas, las condiciones de vida de
la población.
En una perspectiva más amplia, al
ocupar el dólar estadunidense el papel de moneda de reserva y de uso
para las transacciones mundiales, como expresión de la hegemonía de ese
país en el sistema capitalista, todo cambio o gesto de la Reserva
Federal se transmitirán hacia todos los rincones del mundo, y obligará
a las otras monedas a revaluarse o devaluarse.
En la gráfica 1 se muestra los cambios
de la relación nominal del dólar con otras monedas. Enrique Peña Nieto
señalaba que México libraba mejor la guerra de las monedas. La
aseveración, empero, es parcialmente cierta, sin dejar de reconocer que
las paridades de Brasil, Colombia o Turquía han sido las más castigadas
hasta el momento.
En las gráficas 2 y 3 se muestra el
comportamiento del peso mexicano. En 2010, 2011 y 2013 se revalúa
frente al dólar. El promedio anual nominal se deprecia 4.2 por ciento
en 2014 y 14 por ciento hasta el 5 de agosto de 2015.
El proceso de deterioro del peso
prácticamente se inició a finales de mayo. El último día de ese mes la
paridad era de 12.85 pesos por dólar. Para el 5 de agosto se ubicaba en
16.38 pesos por dólar. Eso significa una depreciación de 24.5 por
ciento. Más adelante podría superar los 17 pesos por dólar. El nivel
máximo es incierto.
La revaluación se explica por el
ingreso de capitales, debido a que la Reserva Federal baja la tasa
efectiva de fondos federales para enfrentar el colapso financiero.
Entre los meses de julio de 2006 y 2007 ésta es de 5.24 por ciento y
5.26 por ciento. A partir de octubre a menos de 1 punto porcentual y
desde ese momento promedia una tasa de 0.14 por ciento. Actualmente es
de 0.13 por ciento.
La depreciación es consecuencia del
riesgo del aumento de dicha tasa, la cual, quizá inicie ese ciclo en
septiembre o lo que resta del año. Algunos estiman que podría subir
gradualmente hasta instalarse en alrededor de 4 puntos porcentuales.
Cuando llegue el día fatal, otras tasas, como los bonos del gobierno
federal estadunidense, también iniciarán su tendencia ascendente. De
hecho, las tasas pagadas por los bonos de 1 a 10 años, muestran una
modesta alza desde finales de 2014, propiciando el reacomodo de los
flujos de capital hacia esa nación.
En parte, esa situación también se debe
a la caída de los precios del petróleo en el segundo semestre de 2014.
Pero desde finales de septiembre del mismo año, se añadió el temor del
aumento de los réditos, que en cualquier momento puede decretar la
Reserva Federal.
Desde ese momento, la esquizofrenia
especulativa se instaló en los mercados financieros y, a cada tanto,
estallan los ataques de histeria.
La volatilidad y vulnerabilidad del
peso refleja la limitada capacidad de las subastas de dólares, por no
decir su inutilidad. En un mercado donde se estima que se negocian poco
más de 20 mil millones de dólares, los efectos de los dólares vendidos
por el banco central resultan marginales. Desde la puesta en marcha de
ese instrumento de intervención en el mercado de divisas (no es tan
“libre” como se dice), en 2006, no se observan resultados alentadores.
Los esfuerzos por mantener la
estabilidad cambiaria son importantes para los programas económicos
anuales. En 2015 se estima una paridad media de 13 pesos por dólar,
contra la de 13.1 por dólar de 2014. Es decir, se había proyectado una
revaluación marginal para tratar de lograr la meta de precios: 3 por
ciento, +-1 punto porcentual. Para inicios de agosto, es de 15.26 pesos
por dólar, 17 por ciento más alto de la meta programada.
Al desfondarse la paridad también desfondó el tercer año peñista.
El gobierno ya ha gastado más de 7 mil millones de dólares en la defensa
del peso. La medida no logrará contener el precio del dólar, que en
septiembre superará los 17 pesos. En breve se declarará la
“conveniencia” de la devaluación
La
conducción económica de México ha fracasado. Esto bajo el supuesto de
que alguien se responsabilice internamente de la administración de un
país que está en crisis. Cada noticia adversa, externa o interna,
acrecienta la incertidumbre y agrava la descomposición de las
expectativas alrededor de los objetivos sexenales que ya nadie recuerda.
Enrique Peña Nieto dice que sus
reformas neoliberales son el mejor blindaje de la economía, la mejor
forma de protegerla ante un contexto adverso, de volatilidad de los
mercados financieros internacionales y de desaceleración económica
mundial, pues ellas potencian las fortalezas y las ventajas competidas.
Ante ese escenario, la Comisión de Cambios (CC), integrada
por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) y el Banco de
México (Banxico), es decir, por Luis Videgaray y Agustín Carstens,
decide reducir el ritmo de acumulación de reservas internacionales
durante 3 meses (una cuarta parte de la acumulación neta esperada para
los próximos 12 meses se venderá en el mercado) e intervenir temporal e
indirectamente en el mercado, por medio de la subasta de dólares (200
millones con un precio mínimo, cuando el dólar avance 1 por ciento o
más, y la ampliación de la venta de dicha moneda sin un precio, de 50
millones a 200 millones hasta septiembre). Dicha situación tendrá
vigencia entre el 31 de julio y el 30 de septiembre, aunque el periodo
puede ampliarse si permanece la volatilidad en los mercados financieros
internacionales y las presiones sobre la paridad cambiaria.
Esas medidas tienen por objeto tratar
de garantizar la liquidez del mercado cambiario y evitar que el
desequilibrio entre la oferta y la demanda de divisas desestabilice a
los otros mercados financieros (bursátil y de dinero) y las actividades
productivas, y genere presiones inflacionarias.
Cabe preguntarse: ¿cuáles han sido los
resultados de la política cambiaria contingente? ¿Esa estrategia es la
adecuada para enfrentar la dinámica especulativa que provoca la
volatilidad cambiaria y la depreciación del peso frente al dólar
estadunidense? ¿La inestabilidad se debe única y exclusivamente a
factores externos o también está asociada a razones internas? ¿Cuáles
serán las consecuencias de la depreciación de la moneda?
La “estrategia”
A menudo los políticos intentan ser graciosos, aunque sin fortuna.
Por ejemplo, hace poco Ernesto J Nemer
(exsecretario particular de Emilio Chuayffet, exoperador de Eruviel
Ávila, y emparentado con los del Mazo), devenido en subsecretario de
Rosario Robles, en la Secretaría de Desarrollo Social, dijo: “La
política asistencialista queda atrás, sólo sirve de mejoral”.
Ello pese a que el peñismo utiliza el mejoral
de los programas asistencialistas fondomonetaristas, del populismo de
derecha, para manipular políticamente a pobres y miserables.
Los beneficios esperados de la política cambiaria de la CC son equivalentes a los proporcionados por los analgésicos como el mejoral. Atienden temporalmente los malestares de la volatilidad y la depreciación cambiaria. Los dólares vendidos son una especie de antidepresivos para los paranoicos inversionistas aterrados
por cualquier noticia, así sea nimia o favorable para la economía (por
ejemplo, la reducción del desempleo estadunidense), que pueda afectar
sus ganancias y los lleve a convulsionar los mercados financieros. Representan el asistencialismo de los agobiados especuladores. Sin embargo, los efectos del placebo
desaparecen rápidamente, una vez subastados los dólares. En el mejor de
los casos, sólo revalúan, contienen y atenúan por un tiempo las
presiones y el ritmo de la depreciación del peso. Pero no la eliminan.
La Comisión de Cambios olvida, o si se
prefiere, los considera inamovibles, los factores estructurales que
generan la volatilidad financiera, la estimulan y propician una
reacción exagerada. Ellos están asociados a la arquitectura del modelo
económico neoliberal: la desregulación de los mercados financieros
locales (de divisas, de valores y de dinero); la apertura externa
comercial y de la cuenta de capitales de la balanza de pagos (la
entrada de la inversión extranjera directa y la financiera-especulativa
de corto plazo, las inversiones de mexicanos en el exterior); la
integración subordinada a la economía mundial; la compra y emisión de
títulos que operan simultáneamente en cualquier mercado del mundo que
cumpla las condiciones anteriores (en el caso de la bolsa
estadunidense, las empresas emiten los títulos conocidos como ADR,
American Depositary Receipt); el libre flujos de capitales.
Esa arquitectura que fue diseñada e
impuesta a escala mundial desde el siglo pasado por el Fondo Monetario
Internacional (FMI), el Banco Mundial y la Organización Mundial de
Comercio, con sus programas de estabilización, de ajuste estructural,
de liberación del comercio de bienes y servicios o de protección de la
inversión extranjera (garantías contra pérdidas no comerciales como las
expropiaciones, la inconvertibilidad de moneda, las transferencias cambiarias, las guerras civiles o disturbios). Esas contrarreformas
que después fueron conocidas con el nombre del Consenso de Washington y
que fueron implantadas del gobierno de Miguel de la Madrid al de
Enrique Peña.
Sin la corrección de esa estructura, la
nación está condenada a sufrir los recurrentes ciclos especulativos y
los choques externos, internalizados por el modelo adoptado, también
conocido como modelo monetarista de balanza de pagos o para una
economía abierta.
La eliminación de las regulaciones
internas y externas, económicas y financieras, en especial de la cuenta
de capitales (como señala el economista chileno Ricardo Ffrench-Davis,
renegado de la escuela de Chicago –fue uno de los primeros Chicago Boys latinoamericanos paridos en esa escuela y que después, él no, trabajaron con la manu militari
del criminal Augusto Pinochet– y que fue director de Estudios del Banco
Central de Chile –1990-1992– y asesor regional de la Comisión Económica
para América Latina y el Caribe, entre otros cargos) es la principal
responsable del ingreso y la salida de los capitales de corto plazo. De
sus efectos estabilizadores. De la volatilidad cambiaria. Del estallido
de las burbujas financieras especulativas. Los choques externos se
transmiten a través de los circuitos cambiario, bursátil y de dinero.
Sin embargo, con la integración al mercado mundial, los choques dejan
de ser foráneos y, en sentido estricto, se vuelven internos.
Ffrench-Davis y un gran número de
economistas han estudiado esa lógica, cuyas primeras crisis datan de la
década de 1980, con la quiebra de las cajas de ahorro estadunidense y
el estallido de Wall Street de 1987. La crisis mexicana es otra
manifestación de esa manera de funcionar del neoliberalismo. El colapso
sistémico iniciado en 2007 es su expresión más salvaje.
Eso lo saben Enrique Peña Nieto, Luis Videgaray y Agustín Carstens. Pero prefieren aferrarse a la ortodoxia y sucumbir con ella.
El ingreso masivo de capitales, en
especial los especulativos, que busca aprovechar las ganancias rápidas,
conlleva la apreciación o el atraso cambiario, el abaratamiento del
dólar, la reducción de las cotizaciones de las importaciones, de la
inflación, las tasas de interés y el déficit fiscal, que facilitan la
estabilidad de precios anhelada por los ultraortodoxos Carstens y
Videgaray. Esa fase del ciclo, mientras dura, podría considerarse la fantasía de la riqueza prestada.
Sin embargo, no es la estabilidad
macroeconómica ni la fortaleza de la economía lo que se alcanza como
pretenden hacer creer Videgaray y Carstens.
El abaratamiento del dólar tiene, entre
otros costos, el ingreso de bienes importados (la “modernización de los
aparadores”, la calificó el economista chileno Fernando Fajnzylber) que
compiten deslealmente con la producción local, la desplaza, la
destruye, desalienta las exportaciones y provoca el estancamiento
económico y la incapacidad para generar los empleos formales
requeridos, además que retrasa la reforma fiscal integral progresiva.
Lo que se genera es una desinflación
desestabilizadora, el estancamiento económico, el desequilibrio de la
balanza comercial y la dependencia crónica del financiamiento externo,
lo que explica las contrarreformas peñistas, completamente inútiles para impulsar el crecimiento.
Eso también lo saben Enrique Peña, Videgaray y Carstens. Pero prefieren el suicidio
económico antes de liberarse de los dogmas neoliberales, por cierto,
rentables para elite político-oligárquica. Por ello impusieron ese
modelo económico. Es el “capitalismo de amigotes”, según Joseph Stiglitz.
Entre 1983 y 2014, el producto interno
bruto (PIB) creció a una tasa media real anual de 2.4 por ciento, menos
de la mitad registrada entre 1950 y 1982 (poco más de 6 por ciento). Lo
peor es que durante el peñismo, esa tasa se redujo a 1.8 por ciento en
2013-2014, y difícilmente superará ese nivel en 2015-2016 y lo que
resta del sexenio.
Sobre todo cuando la apuesta a la
reprivatización petrolera ha sido desdeñada por las grandes
corporaciones petroleras y les obligará a malbaratar los hidrocarburos.
El derrumbe de la política
La reversión de los flujos de capital propicia los efectos contrarios.
Los economistas Paul Krugman y Lance Taylor han explicado los efectos de las devaluaciones.
Indubitablemente, suscita la escasez de
divisas, el deterioro del peso frente al dólar, la caída de la bolsa y
del mercado de dinero, la compra de títulos públicos. Eleva el precio
de las importaciones. El abaratamiento de las exportaciones tiene
beneficios limitados y, en el mejor de los casos, reduce temporalmente
el deterioro de la balanza comercial y la cuenta corriente de la
balanza de pagos que, con el tiempo, vuelve a elevarse. Encarece el
costo de los recursos foráneos para financiar la balanza de pagos.
Reduce los ingresos fiscales del Estado y eleva su déficit, lo que
obliga a recortar el gasto para atenuar el déficit público. Encarece el
costo financiero del endeudamiento foráneo (pago de intereses). Inhibe
el consumo privado. Engendra un ambiente de incertidumbre que paraliza
la inversión privada y el crecimiento, mientras se despeja el ambiente
enrarecido.
La recomposición de las expectativas
dependerá del tiempo en que dure la inestabilidad cambiaria y el nivel
en que se ubique la relación peso-dólar.
Asimismo, crea presiones inflacionarias que ponen a temblar
al Banxico, el cual se apresura a anunciar la próxima alza de las tasas
de interés, en caso que el aumento de precios se vuelva realidad y no
hay razones para esperar que ese fantasma no se vuelva
realidad. Los empresarios ya lo advirtieron, debido al incremento de
sus costos de producción, en particular los importados, y sus
tentaciones especulativas. Ellos trasladarán dichos aumentos a los
precios finales e inevitablemente la población pagará los costos. Se
reducirá la demanda, lo que afectará a la producción y el crecimiento.
El aumento de los réditos, adicionalmente, tendrá efectos negativos
sobre el crédito, el consumo, la inversión y las deudas locales.
El recorte del gasto público en 2015 y 2016 terminará por derrumbar el crecimiento y al peñismo.
El alza de los réditos será otro fracaso más en el actual gobierno.
Originalmente la SHCP estimó una meta
de 3.7 por ciento para 2015 y de 4.9 por ciento para 2016. En agosto,
el banco central redujo su pronóstico de 2-3 por ciento a 1.7-2.5 por
ciento para el primer año y a 2.5 a 3.5 para el segundo.
Con la reforma petrolera se esperaba
una avalancha de capitales extranjeros, la cual permitiría alcanzar la
meta de crecimiento de 4.9 por ciento. Pero las licitaciones fueron un
verdadero fracaso. De los 18 mil millones de dólares esperados, apenas
se invertirán 2 mil 600 millones.
El desplome económico de 2015
evidencia, adicionalmente, que las reformas en telecomunicaciones,
laboral, fiscal o financiera, tampoco han seducido a los inversionistas.
Por repetitiva, esa historia resulta analíticamente tediosa.
Mientras disminuyó nominalmente el
precio del dólar (-6.4 por ciento de 2009 a 2010, de 13.50 pesos por
dólar a 12.50, en promedio anual, y a 1.42 pesos por dólar en 2011; y
-1.7 por ciento de 2012 a 2013, al caer de 13.17 pesos por dólar a
12.77 pesos por dólar), el gobierno no dijo nada.
Al cabo, se vivían los años felices del
ingreso de divisas. Ya sea por el aumento de los precios
internacionales de petróleo (el precio medio de la mezcla de
exportación pasaba de 57.40 dólares por barril en 2009 a su máximo
101.96 dólares por barril en 2012; en 2013 es de 98.44 dólares por
barril). O por los flujos de capital, el endeudamiento externo público
y privado, la inversión extranjera y en el mercado de dinero (compra de
títulos del Estado), que mejoraron entre 2009 y 2013. Estos últimos
recursos fueron suficientes para compensar el creciente déficit de la
cuenta corriente, el cual pasó de 8.3 mil millones de dólares en 2009 a
26.5 mil millones de dólares en 2014.
La caída de los precios del petróleo (a
86 dólares por barril en 2014 y 49.92 dólares por barril en julio de
2015, aunque en la primera mitad de agosto bajó a 39.69 dólares por
barril), apuntaló la menor entrada de recursos por la cuenta de
capitales y la incertidumbre generada por la Reserva Federal. Es
notoria la caída de la inversión en el mercado de dinero (pasó de 46.6
mil millones de dólares en 2012 a 28.7 mil millones de dólares en
2014), y la retracción se agudiza este año.
En el primer trimestre de 2015, según
datos del Banxico, la inversión extranjera total cayó en 47 por ciento,
en comparación del mismo lapso del año anterior (de 16.2 mil millones
de dólares a 8.6 mil millones de dólares). La directa en 34 por ciento
(de 114 mil millones de dólares a 7.7 mil millones de dólares). En el
mercado de dinero pasó de una inversión de 4.5 mil millones de dólares
a una desinversión por 326 millones de dólares (ver cuadro 1).
El último punto refleja la reducción
del interés por los títulos del Estado (Cetes y demás) por parte de los
inversionistas financieros extranjeros. En 2009 demandaron esta clase
de papeles por un monto de 325 mil millones de pesos, el 15.4 por
ciento del total. En enero de 2015 sumaron 2 billones 413 mil millones
de pesos, el 45 por ciento en los años referidos. A partir de ese
momento el interés declinó y, en julio, la inversión fue de 2 billones
134 mil millones de pesos, el 36.5 del total. La contracción fue por
280 mil millones de pesos (ver gráfica 1).
A menos que se incrementen los
rendimientos de los títulos gubernamentales, en una proporción similar
o mayor al ajuste esperado por la tasa de referencia de la Reserva
Federal (quizá un cuarto de punto porcentual), la menor entrada de
capitales, la desinversión de los no residentes en papeles oficiales y
la salida de recursos se incrementará. De por sí, ya se sufren los
efectos del aumento de los bonos del Tesoro estadunidense de largo
plazo.
Genera reservas para después subastarlas
La ampliación de los dólares subastados
y el sacrificio de las reservas internacionales son medidas tardías e
insuficientes y no han logrado contener la tendencia alcista del precio
de la moneda estadunidense.
A finales de julio de 2014 empezó a
percibirse la restricción de divisas, las presiones cambiarias y la
depreciación de la paridad (por arriba de los 13 pesos por dólar),
aunque esa tendencia se intensificó en septiembre, cuando los
funcionarios de Reserva Federal anunciaron la posibilidad de iniciar el
alza de la tasa de fondos federales, que desde octubre de 2008 promedia
una tasa de 0.14 por ciento. Cuando esto suceda, será el primer aumento
desde marzo de 2007. Al cierre de 2014 la relación llegó a 14.72 pesos
por dólar, y al 17 de agosto a 16.40 pesos por dólar (ver gráfica 2).
Todo ante la parsimonia de la CC, que
decidió empezar a colocar dólares en el mercado con o sin un precio
mínimo a partir de marzo pasado, proceso reforzado en agosto con la
ampliación de la cantidad de estos últimos.
En lo que va del año, hasta el 14 de
agosto, se han colocado 7 mil 96 millones de dólares, 773 millones de
dólares con precio mínimo y 7 mil 869 millones de dólares sin precio
mínimo. Sólo en lo que va de agosto se han subastado 373 millones de
dólares de los primeros y 1 mil 800 millones de dólares de los
segundos. En total, 2 mil 173 millones de dólares.
Lo anterior, sumado al menor ritmo de
acumulación, las reservas internacionales han declinado de 196 mil
millones de dólares a 189.7 mil millones de dólares entre el 30 de
enero y el 7 de agosto. Se han contraído en 6 mil 292 millones de
dólares (ver gráfica 3).
Pese a la ampliación de las divisas
vendidas, la paridad ha pasado de 16 pesos por dólar a 16.40 pesos por
dólar entre el 31 de julio y el 17 de agosto.
Nadie debe extrañarse que la
volatilidad de la paridad se mantenga y se eleve el precio del dólar
(más allá de los 17 pesos) hasta el momento en que la Reserva Federal
eleva las tasas, lo que podría ocurrir durante su reunión de septiembre.
El peso seguirá cayendo y el dólar subirá como un globo.
Un aspecto que ha sido descuidado por
los analistas es que el ajuste nominal en el valor de la moneda ha
corregido parcialmente la sobrevaluación real de la misma, anomalía
consustancial a la política monetaria (tipo de cambio con relación a
111 países), que exige el abaratamiento del dólar para reducir el nivel
de precios.
Al cierre de 2014 el banco central
estimaba el atraso en 22 por ciento. En mayo la sobrevaluación baja a
19.7 por ciento. Una paridad real de equilibrio exigiría al menos los
20 pesos por dólar, que beneficiaría a la economía, dado que
encarecería las importaciones.
Pero ese no es el objetivo de Videgaray y Carstens.
En 1973, Luis Echeverría dijo: “Las finanzas públicas se manejan desde Los Pinos”.
En 1976, sin embargo, decidió cederle
su manejo al FMI, luego de la crisis devaluatoria, por medio de la
carta de intención que firmó con ese organismo.
El ajuste fiscal actual es subsidiario de esa pérdida de independencia.
Ahora, la política monetaria y
cambiaria también fue cedida al control de los especuladores y la
Reserva Federal. Videgaray y Carstens se someten a éstos.
En conjunto, la soberanía de la política económica es decidida en otro lado.
Devaluación del peso comienza a afectar precio de productos básicos, advierten
No hay modo de que el sector privado deje de repercutir el alza a los compradores: Anierm
Alarmas naranjas o amarillas por que la volatilidad encarezca la canasta, señala
México es deficitario en su balanza comercial en alimentos como los lácteos.
La imagen, mercado en la ciudad de México
Foto Yazmín Ortega Cortés
Susana González G.
Periódico La Jornada
Domingo 23 de agosto de 2015, p. 23
Al
formar parte de la canasta básica, medicinas y productos de consumo
generalizado (que van desde alimentos industrializados hasta productos
de higiene o limpieza, ropa o cualquier cosa que se vende en
supermercados y otros negocios) son afectados directamente por la
devaluación del peso.
Si bien hasta el momento las empresas importadoras han contenido el
aumento de precios, si el dólar se mantiene por arriba de los 17 pesos
en lo que resta del año no hay modo de que el sector privado deje de repercutir el alza a los consumidores,
advirtió Luis Enrique Zavala Gallegos, director de la Asociación
Nacional de Importadores y Exportadores de la República Mexicana
(Anierm).
La canasta básica, compuesta de varios productos y no sólo de
alimentos frescos, no se ha encarecido aún por la devaluación pero
consideró que hay alarmas naranjas o amarillas por dicha volatilidad.
Se encarecen medicinas y material médico
Las medicinas junto con el material y equipo médico ya
están siendo afectados por la devaluación, porque lo que México fabrica
al respecto no basta para satisfacer la demanda interna y deben
importarse. Al momento, ese es uno de los sectores que está
tratando de absorber el costo de la depreciación, pero si llegamos a
los 17 pesos (al mayoreo) y se mantiene por más de un trimestre,
afectará los costos de operación de los sectores médico y farmaquímico
que no podrán detener mucho los efectos.
De ahí viene la preocupación del sector privado porque si las
medidas del gobierno no son suficientes y la depreciación llega a
mantenerse, entonces sí habría una afectación a los bienes de consumo y
a los de la canasta básica, cuyos precios en este momento están
conteniéndose.
El dólar, según las previsiones de la Anierm, seguirá bajando y subiendo en lo que resta del año, pero
de venderse al mayoreo en 17 pesos de manera constante durante el
tercer trimestre del año, las empresas tendrán que trasladar los
aumentos a la gente, aunque no en la misma proporción que se dé la
devaluación, dijo Zavala Gallegos, entrevistado por La Jornada.
Las
grandes tiendas de autoservicio o supermercados, como Walmart o Costco,
son básicamente importadores de bienes de consumo y van a tener un
problema de distribución porque mientras el tipo de cambio (al mayoreo)
no llegue a 17 pesos todavía pueden compensar sus márgenes de costos y
prepararse para las fechas navideñas concretando las compras externas
que pactan con meses de antelación y que tienen que pagar en dólares, advirtió el directivo.
Acotó que en productos agrícolas frescos no se tiene tanta
dependencia de las importaciones e incluso el precios de varios
alimentos ha bajado porque ha habido buenos niveles de producción a
nivel nacional y en el mundo las materias primas registran una
tendencia a la baja, lo que incluso coadyuva a que no se note tanto la reducción del ingreso per cápita del consumidor mexicano.
No obstante, hay alimentos en los que México es deficitario en la
balanza comercial, como los productos lácteos de los que somos grandes
importadores, además de instrumentos, maquinaria o material para
labores agrícolas o de pesca que ahora son comprados más caros por las
empresas y comercializadoras.
Las importadoras, dijo, son las perdedoras en esta coyuntura y los
sectores exportadores, como la industria manufacturera en general y
entre las que destacan las ramas automotriz y la electrónica, son los
ganadores porque aunque muchos de los insumos que ocupan para su
producción son importados, compensan las pérdidas a la hora de exportar.
Programas sociales no son promotores de desarrollo
Roberto Garduño
Periódico La Jornada Domingo 23 de agosto de 2015, p. 5
El
presidente Enrique Peña Nieto enviará al Congreso una iniciativa que
otorgue facultad al Ejecutivo de crear zonas económicas especiales. El
secretario de Hacienda, Luis Videgaray, expuso que la intención de
dicha medida obedece a los comportamientos diferenciados en distintas
regiones de la República.
La atención de la administración federal, puntualizó Videgaray, se
concentrará en estados como Oaxaca, Chiapas y Guerrero, donde no se
observan efectos positivos de la entrada en vigor del Tratado de Libre
Comercio, y de la inserción de México a la globalidad.
Al anunciar dicha medida a los diputados electos de PRI y PVEM, el funcionario argumentó: hay
que ser autocríticos, a lo largo de los últimos años, con independencia
de qué partido político ha estado en el poder, la estrategia de
desarrollo en el sur del país ha tenido un carácter dominantemente
asistencial.
Hay estados, dijo, donde se han creado programas muy positivos
para abatir carencias básicas, que sin duda hacen una diferencia en la
vida de las familias pobres, pero, hay que reconocerlo, no son
promotores del empleo, de la inversión y, por tanto, del crecimiento
económico.
Agregó: Lo
que es un hecho es que si seguimos haciendo lo mismo, vamos a seguir
teniendo los mismos resultados, y lo que no podemos hacer, quienes
somos originarios del centro o del norte del país, es desentendernos
del problema... Hoy una parte del país se está rezagando, así que
tenemos que pensar con audacia, con creatividad en nuevas estrategias
de desarrollo para el sur del país.
Las zonas económicas, precisó, son figuras que nunca se han
utilizado en México, que podrán intentarse no con una lógica
asistencial ni una lógica remedial, sino con una apuesta a crear
desarrollo.
Para las zonas especiales, añadió, habrá ventajas fiscales. También
un régimen aduanero especial, un marco regulatorio ágil,
infraestructura de primer nivel, programas de apoyo y otros estímulos y
condiciones preferenciales.
De tal forma se creará la figura jurídica de zona especial, fijando
requisitos para su implementación; se aplicará una vigencia mínima a
los incentivos fiscales, y se habrán de establecer facultades a las
dependencias de los tres niveles de gobierno para aplicar programas y
políticas especiales.