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9/28/2016

No se preocupe por la devaluación


“Uste’ chínguele más”
FRAGUA


En un número anterior de FRAGUA ya hemos explicado uno de los cuentos que tejían los voceros del gobierno, apegándose al libreto usual de la burguesía moderna: la “competencia” nos va a sacar de jodidos, va a eliminar los monopolios, la ineficiencia y paulatinamente, creará empleos para todo el mundo. Excepto, claro, para los huevones, los que están cambiando de trabajo o uno que otro reacio que no acepta los salarios que ofrecen y se cotiza demasiado.
Si hace unos meses usaron esa historia para cantar victoria por una falsa reducción en el precio de la gasolina y perfumar el atraco de la reforma energética (y siguieron prometiendo futuras rebajas antes de que volviera a subir el litro), ahora utilizan un cuento parecido para tratar de convencernos de que la devaluación del peso frente al dólar no afecta a la mayoría de los mexicanos.
¿Observa que aumenta el precio de las verduras? Está en un engaño. ¿Siente que sus costos de vida aumentan? Déjese de supersticiones. Como dijera en su tiempo Carlos Salinas, “todo ha sido una fantasía”. Un poco más cauteloso, Luis Videgaray dice que el encarecimiento del dólar solamente afecta el precio de “bienes durables”. En otras palabras, si próximamente no tiene que comprar lavadora, licuadora o algún artículo del estilo, es decir, que sea de importación, no tiene de qué preocuparse. Según este cuento, el precio del dólar afecta la deuda del gobierno, la deuda de las empresas y el costo de bienes de importación, pero no aquello que usted compra todos los días para mantener a su familia. ¿O acaso usted compra en dólares? ¿Paga deudas en dólares? ¿Paga maquinaria en dólares? No, ¿verdad? Así que despreocúpese y siga chingándole porque el dinero nadie se lo regala y en unos meses todo regresará a la normalidad.
El cuento se basa en uno de los libretos más utilizados por economistas, funcionarios y burócratas neoliberales. Según este cuento, si el dólar sube, poco a poco, y debido a la competencia, los productos mexicanos, que son más baratos con respecto al dólar, se venderán más; las empresas que exportan al extranjero querrán contratar a más gente para producir y vender más, con ello entrarán más dólares al país y algún día el dólar regresará a su precio anterior. Así, según esta historia, aunque al principio algunos (usted no, no se preocupe) tengan que apretarse el cinturón por la devaluación, a la larga a todos nos va a beneficiar, siempre que tengamos funcionarios bien entrenados que sepan cómo sobrellevar una devaluación.
Sin embargo, los precios de la comida han aumentado notablemente con la última devaluación, como con todas las anteriores, tal como han documentado varios periódicos y como seguramente habrá notado en sus bolsillos. La explicación oficial niega lo que vemos frente a nuestras narices. ¿Qué está pasando entonces?
En primer lugar, toda la producción de comida dentro del territorio nacional, gestionada de manera capitalista, está sujeta a la lógica del mercado mundial y asume costos tasados en dólares. Las grandes productoras y comercializadoras de granos y verdura, esas que coyotean a los campesinos (los verdaderos productores directos), rentan, compran o toman por la fuerza tierras ejidales y comunales para explotarlas con trabajo asalariado. Por lo general, piden préstamos para adquirir maquinaria, contratos de transporte y exportación, costos de registro y administración, etcétera. El fertilizante y los tractores para la producción industrial de vegetales son importados y se pagan en dólares; en muchos casos, las empresas contratan seguros que las cubren por si una cosecha no se da o no se vende, y estos suelen pagarse en dólares. Si aumenta el dólar, aumenta el costo de producción de la comida; éste se mide en dólares, aunque esté producida dentro del territorio nacional y con el trabajo de campesinos y jornaleros mexicanos. Los capitalistas, tanto los coyotes como los productores, no se quedan contentos con ganancias reducidas o con pérdidas. Si ese es el caso, encarecen el precio de sus productos con tal de sacar ventaja. Por eso usted tiene que pagar de 5 a 10 pesos más por un kilo de jitomates de pronto. En otras palabras, los platos rotos los paga usted.
Además de esto, las comercializadoras suelen jugar con el precio del alimento: si piensan que va a subir, tratan de esperar lo más que puedan antes de vender; si se pudren algunas toneladas en el proceso no importa, es preferible a perder la oportunidad para un buen negocio. Por si fuera poco, cuando sube el dólar, muchas comercializadoras prefieren mandar la mayor parte de su producto a Estados Unidos, donde se paga mejor con el dólar encarecido. Eso quiere decir menos alimento a mayor precio. El punto es comprar barato y vender caro, la alimentación de la gente les tiene sin cuidado.
Otra razón por la que dicho libreto neoliberal es pura fantasía es que la mayor parte de lo que se exporta desde México no es más que ensamblaje de productos importados. Cerca del 85% del valor de lo que nuestro país exporta en un año proviene de empresas como General Motors, Chrysler, Ford, Volkswagen, Nissan, Hewlett Packard, Nokia, Daewoo, LG, Panasonic, Samsung, BlackBerry, Toshiba; todas ellas, empresas extranjeras que hacen el ensamblado de sus productos en México. Cuando el gobierno anuncia que han aumentado las exportaciones, quiere decir que se ensamblando más productos extranjeros en México.
Los salarios de los empleados mexicanos de dichas empresas son hasta 15 veces más bajos que en Estados Unidos por el mismo trabajo. En este proceso pasa un capital colosal por el país, pero nada nos dice del tamaño real de la economía mexicana. Casi todas las inversiones provienen de fuera y las ganancias vuelven hacia allá. Un aumento en las exportaciones mexicanas nunca aumentará el precio del peso con respecto al dólar dentro de la economía neoliberal.
Cuando el peso se devalúa, implica que cada hora de trabajo que usted desempeña ahora tiene un valor de cambio menor, es decir, vale menos que antes y vale menos que una hora de trabajo en Europa, Japón o Estados Unidos. Prácticamente toda la canasta básica se produce con insumos importados y tasados en dólares. ¡Hasta las verduras! La devaluación disminuye el valor de su salario y de su esfuerzo como trabajador.
En el fondo, el problema no es sólo la devaluación, sino que nuestra capacidad para trabajar esté sometida, en calidad de mercancía, a los caprichos de grandes empresas que operan en el mercado global para servirse la rebanada más grande.
Nota:
Este artículo fue publicado como parte de la sección ECONOMÍA del No. 19 de FRAGUA, órgano de prensa de la Organización de Lucha por la Emancipación Popular (OLEP), en circulación desde el 25 de julio 2016. 

9/03/2015

Con EPN nivel de vida de lo mexicanos cayó 40 %; crisis financiera se ha ampliado: especialista

   


Ven manejo irresponsable de economía con EPN, esperan 2015 negro para todo el país

(03 de septiembre, 2015. Revolución TRESPUNTOCERO).- La situación económica en México no ha sido favorable desde el 2012, y en la actualidad la crisis en la materia que atraviesa el país es atribuida al panorama internacional poco alentador que se está presentando. Para el maestro Alejandro Álvarez Béjar, contrario al discurso oficial, la situación económica mexicana actual se debe a los desajustes internos que se han presentado en la administración peñista.
Al participar en el juicio ciudadano convocado por la Constituyente Ciudadana y Popular, el licenciado en economía por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) hizo un diagnóstico del panorama económico a tres años de la llegada de Enrique Peña Nieto a Los Pinos. En este, el también profesor titular del UNAM manifestó que desde el 2012 México se encuentra inmerso en una crisis, la cual a la fecha se ha ampliado.
“Estamos llegando a la mitad del sexenio con una mezcla de problemas económicos, políticos y sociales (…) Si quisiéramos hacer un recuento de los tres años de Peña Nieto tendríamos que decir que entramos en el 2012 en una crisis financiera y a la mitad del sexenio la crisis financiera esta ampliada. En el comienzo la crisis financiera estaba asociada solamente al problema de las hipotecarias y las constructoras y hoy en día tenemos las crisis en las fianzas públicas y las privadas”, dijo.
Álvarez Béjar subrayó que a tres años de EPN en el ejecutivo la economía mexicana se encuentra estancada, además que los niveles de vida de la gran mayoría de la población están por debajo de la media. Añadió que si bien existen cifras que indican que se redujo la pobreza extrema, “la pobreza en general ha aumentado”.
“Vivimos en una economía estancada. El ritmo de crecimiento apenas da para cubrir la tasa de crecimiento de la población, eso en términos prácticos no es nada. Tenemos una clara depredación de los recursos naturales y el ejemplo más claro es el caso del petróleo.
Tenemos un deterioro muy importante de los niveles de vida por los bajos salarios reales. La sociedad de México acumula una caída del 40%. Es un elemento sumamente preocupante y al mismo tiempo vemos que hay un desempleo muy alto, subestimado en las estadísticas oficiales que afecta especialmente al sector de los jóvenes y al sector de jóvenes más educados. Eso es lo que vivimos. Hace poco salieron cifras que plantean que la pobreza extrema se redujo un poco, pero la pobreza en general ha aumentado”, manifestó.
En este sentido reiteró el grave problema de desigualdad. Recordó que hoy en día el 1 % de la población acumula cerca del 40 % de la riqueza mexicana. A esto, dijo, se le debe sumar la crisis política y de derechos humanos que ha convertido a México en un país de desaparecidos.
“Tenemos un aumento en la informalidad, que es un reflejo del problema de desempleo. Y al mismo tiempo tenemos una concentración de la riqueza escandalosa: el 1 % de la población se lleva prácticamente el 40 % de la riqueza del país y ahora no tenemos que ser muy elegantes, los nombres se conocen, los 3 multimillonarios combinan mineras, aseguradoras, compañías explotadoras de petróleo, todo, absolutamente todo. Al mismo tiempo estamos viviendo una crisis política que no se ha resuelto por el problema de las desapariciones forzadas, y las ejecuciones extrajudiciales. Pero no sólo por eso, por este problema es que se han denunciado conflictos de interés entre la promoción de obras del gobierno y la recepción de favores por parte de los gobernantes.
Tenemos una militarización anticonstitucional en varias regiones del país. Literalmente las tenemos en Estado de sitio, sin haber convocado a los congresos estatales, sin haber convocado a nada. El asunto se mueve como si cada quien pudiera hacer lo que se le pega la gana, y los diagnósticos son innecesarios. Hay desvío de poder, impunidad, y como se dijo, ausencia de justicia”, expuso.
En este sentido tocó el tema de los desajustes internos. Dijo que los problemas económicos del país si bien tiene que ver con el exterior, principalmente son producto de los movimientos del gobierno peñista.
“Es muy importante decir (que) son desajustes internos, porque se habla en el discurso oficial que todo se debe a problemas del exterior: ‘paso una mosca por Grecia y aquí se cayó el peso’, pero no, los problemas que estamos viviendo son producto fundamentalmente de desajustes internos, ese es el primer problema. También tenemos algunos problemas que son externos” dijo.
El economista recordó que ya van más de 30 años desde la llegada del modelo neoliberal a México y 20 años desde la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Detalló que las promesas de crecimiento, trabajo y estabilidad planteadas con el modelo neoliberal, a más de tres décadas no han llegado.
“Estamos en esta fase que se cumplen tres años de gobierno, pero se cumplen 33 años de neoliberalismo, y 20 años del TLCAN.  Entonces el modelo (neoliberal) está entrando en una fase de desorganización profunda, porque en el curso de este tiempo no nos ha dado crecimiento, y lo prometió; no nos ha dado seguridad financiera, no nos ha dado empleo,  no nos ha dado buenos salarios, y ahora se está convirtiendo en un problema porque tampoco está resultando capaz de resolver los propios desequilibrios que genera.
“Las reformas estructurales llegaron al calor de la crisis y con la idea que eran la única alternativa para superar la crisis. Hoy vamos entrando en (otra) crisis y se repite la misma cantaleta. Se está recortando el gasto, pero lo que están haciendo es comenzando a descargar paulatinamente el asunto de la crisis sobre el conjunto de la población trabajadora. Pero más en concreto, hoy a través  de los recortes del gasto es castigar a los sectores que están resistiendo”, manifestó.
Sobre los más de 30 años de modelo neoliberal, Álvarez Béjar insistió que la responsabilidad ha sido de los gobiernos priistas y panistas que han “caminado de la mano” con organismos como el Fondo Monetario Internacional (FMI) o el Banco Mundial (WB, por sus siglas en inglés), doblegándose a los lineamientos que estas instituciones han establecido.
“Una de las cuestiones es que llevamos 33 años (con neoliberalismo) y la responsabilidad primaria recae en una sucesión de gobiernos priistas y panistas, que corrieron de la mano con la llamada condicionalidad de los organismos internacionales. Las políticas que se aplicaron aquí fueron comprometidas con el FMI, con el WB, con el gobierno de EUA y con la OCDE. No son políticas que se les ocurrieron. Sabían lo que estaban haciendo y lo que querían era desmantelar lo poco que pudiéramos tener de Estado de bienestar: la salud pública, la educación pública y la seguridad social para convertir esos espacios en espacios de expansión de los negocios privados de los empresarios mexicanos e internacionales”, enfatizó.
El fracaso de la reforma energética
Álvarez Béjar habló sobre el fracaso que ha representado la reforma energética, la cual es considerada como la madre de las reformas. En este sentido reiteró que ante la caída de los precios del petróleo nadie va a querer invertir en México.
“La reforma energética se les está cayendo porque se cayó el precio del petróleo y la producción. Y entonces en ese horizonte el tesorito está valiendo para puras vergüenzas porque no hay interés de sacar petróleo en aguas profundas, para lo cual se necesitaría que el precio fuera de 80 dólares por barril y estamos en 34 o 40  dólares por barril, ósea que nadie le va a meter dinero. Y el problema de fondo es que hay un cambio de saturación en el mercado petrolero nacional, entre otras cosas, alentado por E.U.A. Hay que decirlo con claridad, E.U.A está saturando el mercado petrolero porque sus compañías petroleras quieren el control de las reservas internacionales”, apuntó.
En este sentido reiteró que ante el intento de imponer estos cambios se ha iniciado un “golpeteo” a la sociedad, con el cual se busca, en palabras del ecónomo, romper la resistencia de comunidades a la puesta en marcha de megaproyectos energéticos.
“La energética era la madre de todas las reformas pero como se cayó el precio del petróleo, ahora alegan que la fundamental era la educativa. Lo que están buscando, y por eso el golpeteo a las comunidades, es despojar de sus territorios y por eso el golpeteo contra la prensa y los estudiantes y contra todos los que se solidarizan con esas luchas. Porque lo que quieren es romper la resistencia para poder convertir eso en un negocio privado de nacionales y extranjeros.
“En el caminos lo que han hecho es destrozar empresas estatales, y todo con cargo a los trabajadores; hicieron polvo Luz y Fuerza y le echaron la culpa a los del SME, pero resulta que la empresa tenía gerentes y un consejo de administración, en donde el SME sólo tenía 2 representantes pero que no decidían nada. Ahora están echando la culpa de la crisis de la educación al magisterio, están echando la culpa del desastre de la salud a los médicos, enfermeros (…) Los victimarios son estos regímenes que a la entrada de Peña Nieto añadieron un elemento nuevo: el PRD apoyó todas las reformas neoliberales. Esa es la novedad, lo demás es lo mismo de siempre”, manifestó.
Ante este contexto de crisis económica, el especialista calificó como importante desarrollar las capacidades productivas de la nación. Al respecto, dijo, no es necesario tener un posgrado en el extranjero para encontrar soluciones básicas.
“En esos 33 años han ofrecido economía en crecimiento, buenos salarios, empleo, seguridad, y no la hay. Nos quieren hundir en un hoyo negro dando la idea que no hay alternativa. Pero sí hay alternativa, y no tienen que quebrarse la cabeza ni es necesario tener posgrados en el extranjero.
Necesitamos desarrollar nuestras capacidades productivas, y eso implica tener mano de obra educada, capacitada y activa en el campo y la ciudad. Necesitamos que la política económica tome en cuenta los intereses de todo y no nada más los grandes monopolios. Este es un problema central. Necesitamos regulaciones, el problema de la apertura es un experimento que no ha funcionado en ningún lugar del mundo. La apertura indiscriminada no ha sido el camino para el desarrollo de nadie en el mundo y nosotros tampoco vamos a hacerlo”, expuso.
Además de lo anterior, manifestó: “la gente pide democracia electoral y nos dan manipulación, fraude, trampas, compra de votos, porque están aterrados de que la gente se canalice a la protesta electoral. Necesitamos democracia electoral, pero también directa en las escuelas, en fábricas, sindicatos, en todos los ámbitos, la gente quiere participar. Necesitamos una política que ponga énfasis en la creación de empleo y en el desarrollo de las potencialidades de los jóvenes”.

8/28/2015

Aumento del dólar pegará en economía de las mexicanas



   Previsible encarecimiento de canasta básica y sobrecarga laboral


El aumento del precio del dólar en México –que en su cotización al cierre de hoy se vendió en 17 pesos con 15 centavos– podría afectar dentro de uno a cinco años los costos de la canasta básica, lo que pondría en crisis el gasto de los hogares del país, de los que una cuarta parte están encabezados por mujeres que ganan menos de 200 pesos diarios.


Desde el pasado jueves 20 de agosto, los principales bancos del país registraron un aumento histórico en el precio del dólar, pasando de 16 a más de 17 pesos en sólo un día, según la información del Banco de México (Banxico).
Los dos días siguientes la cotización de la divisa estadounidense siguió en incremento hasta alcanzar casi los 18 pesos, y los recientes tres días registró una disminución de entre sólo cinco y 10 centavos por día.
No obstante, en realidad la devaluación del peso ha ido en aumento desde el inicio de este año, con lo que suma una depreciación total de 17.30 por ciento en comparación con el mes de enero.  

REPERCUSIÓN   

La economista y demógrafa Isalia Nava Bolaños, del Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), explicó a Cimacnoticias que el aumento en el tipo cambiario es consecuencia de la desaceleración de la economía en China (una de las mayores potencias mundiales), que en 2015 registró un crecimiento económico de sólo 6 por ciento.   

A fin de estimular las exportaciones de materias primas, China decidió devaluar el yuan (su moneda nacional); sin embargo, esto no impidió que la inversión de capital extranjero huyera a economías más estables, en concreto a Estados Unidos, cuyo banco central (la Reserva Federal) anunció la posibilidad de aumentar la tasa de inversiones, lo que incentivó que inversionistas en México también empezaran a irse al país vecino.   

A decir de la investigadora, en general la economía mexicana padece de un “clima de desconfianza” para los inversionistas extranjeros, quienes tienen expectativas de un crecimiento débil, consideran que no hay reglas claras en licitaciones de obras públicas, perciben corrupción e inseguridad, y además se quejan de una falta de certeza jurídica en las inversiones, lo que está propiciando una devaluación paulatina.   

A la par, esta misma desconfianza la enfrentan las y los consumidores internos, quienes retrasan o modifican sus gastos. “Una disminución del gasto en consumo contrae la demanda y afecta el crecimiento de la economía”, expresó Isalia Nava.   

A esta volatilidad en el mercado financiero se suma el desplome de los precios internacionales del petróleo (que está por debajo de los 40 dólares –686 pesos mexicanos– por barril), ya que su disminución se traduce en una menor entrada de dólares, lo que también aumenta el tipo de cambio.   La experta en economía de las mujeres precisó que si bien la inflación (aumento generalizado del costo de los productos) se mantiene por debajo del 10 por ciento desde hace 10 años, esta depreciación del peso podría tener algunos efectos a mediano y largo plazo (entre uno y cinco años) en la economía de las mexicanas.   

Esto porque cuando se incrementa el dólar generalmente el poder adquisitivo de la moneda mexicana disminuye, lo que aumenta el costo de algunos productos de la canasta básica y, en consecuencia, aumenta la inflación.   

“Actualmente Banxico mantiene un control sobre la inflación, pero si se registrara un aumento en los precios de los productos habría una afectación para toda la población, con mayor incidencia para la población femenina debido a los roles tradicionales de género”, expresó Nava Bolaños.   

Esto quiere decir que las mujeres –quienes actualmente dedican más tiempo al trabajo en los hogares que los varones– se verían obligadas a buscar alternativas para garantizar el consumo familiar (pues cuatro de cada 10 hogares en México son encabezados por mujeres), tales como la redistribución y reducción del gasto.   

Además, es posible que los bienes y servicios que ya no se puedan pagar, como las comidas en restaurantes, ahora tendrán que ser elaborados por las propias trabajadoras –que ganan en promedio de dos a tres salarios mínimos–, lo que incrementará su carga de trabajo en el ámbito familiar.   

La experta consideró que es complejo plantear una medida para que el gobierno mexicano evite un aumento en la inflación; pero detalló la importancia de garantizar que el incremento de los bienes y servicios importados no se traspase al público consumidor y lo asuman las empresas; y asegurar así que no se presenten incrementos de precios en la canasta básica en productos sin alguna relación con el precio del dólar.   

AÑEJA CRISIS EN LOS HOGARES   Si bien actualmente esta volatilidad en el mercado no ha aumentado la inflación y el gobierno federal asegura que protegerá el ingreso de los hogares, la crisis económica que estalló en México a fines de 1994 –momento conocido como “el error de diciembre”, cuando el peso sufrió una devaluación de 80 por ciento y hubo una fuga de capitales que sumó mil 599 millones de dólares– dejó ver fatídicas consecuencias un año después y con grandes desventajas para las mujeres.   

De acuerdo con investigaciones de esa década, en 1995 México cayó al lugar número 40 de una lista de 44 países que integran la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), que mide los niveles de bienestar de la población.   

Lo anterior como consecuencia de que el Producto Interno Bruto (PIB) fue de -6.9 por ciento, se registró una inflación de 51.97 por ciento, 2.3 millones de personas estaban desempleadas, de 15 mil a 20 mil negocios quebraron, las tasas de interés aumentaron al 120 por ciento y el salario mínimo tuvo una pérdida de 20 por ciento, entre otros desplomes importantes para la economía, según el “Balance económico de 1995 y perspectivas para 1996”, de la Red Mexicana de Acción Frente al Libre Comercio.   

El Comité Nacional Coordinador para la IV Conferencia Mundial sobre la Mujer de 1995 también analizó entonces que a pesar de que desde 1990 se registró una participación de las mujeres en el ámbito laboral de 19.6 por ciento, ellas resistieron más la insuficiencia de fuentes de empleos bien remunerados, estables y productivos.   

Como estrategias de sobrevivencia familiar en épocas de crisis, los hogares más pobres tuvieron que sustituir bienes y servicios que antes compraban en el mercado por artículos de producción doméstica para contrarrestar la caída de los salarios y las mujeres prolongaron sus jornadas de trabajo.

8/25/2015

El abatimiento del peso



Luis Hernández Navarro
La caricatura –señaló el crítico de arte británico de origen austriaco Ernst Gombrich– tiene la capacidad de hacer tangible el pensamiento abstracto. Ejemplo que confirma la regla, un reciente cartón de José Hernández resume en unas cuantas líneas la gravedad de la situación económica y política del país, en la que se mezcla la problemática de la devaluación del peso con la última ofensiva contra Andrés Manuel López Obrador y su supuesto populismo, y las ejecuciones extrajudiciales por parte del Ejército.
En la viñeta del monero Hernández, el presidente Enrique Peña Nieto advierte: Con el populismo, el peso se devalúa muchísimo, al tiempo que, a su lado, el general Salvador Cienfuegos, secretario de la Defensa, puntualiza: Nosotros sólo lo abatimos (http://goo.gl/FsxfDv ).
El cartón sintetiza magistralmente tres elementos centrales de nuestra coyuntura actual. Primero, el imparable declive de la paridad del peso frente al dólar, que lo ha llevado a una tasa de cambio por arriba de 17 pesos y a una depreciación que, de acuerdo con la revista británica The Economist, alcanza 36 por ciento en los últimos 12 meses, aunque, según el Banco de México (BdeM), es de tan sólo 23 por ciento. Segundo, la difusión de algunas encuestas en las que se documenta que Andrés Manuel López Obrador va arriba en las intenciones de voto de los comicios de 2018. Para frenar desde ahora esta tendencia, se ha lanzado una ofensiva en su contra acusándolo de populista. Y, finalmente, de la difusión realizada por el Centro Pro de Derechos Humanos de un documento de la Secretaría de la Defensa en el que se le da la orden al batallón involucrado en los hechos de Tlatlaya –en los que 22 civiles murieron a manos de elementos del Ejército– de ‘‘abatir delincuentes’’.
No hay exageración en el dibujo de José Hernández. Un periódico tan poco sospechoso de populismo como el Financial Times escribió que México se ha unido al grupo de economías emergentes de alto riesgo, debido a un conjunto de factores, entre los que se encuentran: el elevado monto de la deuda corporativa denominada en dólares, el riesgo de una salida masiva de capitales en cuanto la Reserva Federal de Estados Unidos incremente la tasa de referencia en septiembre próximo, y una caída en picada del peso que no ha podido ser frenada, a pesar de la subasta millonaria de dólares, que ha provocado, de paso, una disminución sostenida de las reservas internacionales del país.
Aunque el cartón no lo señala, no es sólo el peso el que fue abatido: toda la economía lo está. El BdeM acaba de anunciar la baja en la expectativa de crecimiento a un nivel promedio de 2.1 por ciento. Siguiendo un guión trazado desde Los Pinos, el subsecretario de Hacienda Fernando Aportela declaró que la cifra no era mala porque a otros países en América Latina les había ido peor.
Ciertamente, el peso se ha derrumbado en parte como producto de factores externos. Uno es la sorpresiva devaluación del yuan y la creación de una enorme incertidumbre financiera asociada a ella. Esta depreciación confirma la desaceleración del crecimiento de China (en julio sus exportaciones disminuyeron 8 por ciento y su crecimiento de 7 por ciento esperado para 2015 será el menor en cerca de dos décadas) y el estallido de su burbuja bursátil. Se trata de una caída que enfriará la economía global y afectará severamente a varias naciones de América Latina que exportan sus materias primas al dragón asiático.
Tanto la devaluación del yuan como la apreciación del dólar estadunidense indican una guerra de divisas y devaluaciones competitivas, así como una reducción en las expectativas de crecimiento de la economía global y doméstica.
Según el BdeM, las fuentes de debilidad de la economía nacional provienen también del debilitamiento de las perspectivas de crecimiento de Estados Unidos. Y, por supuesto, de la baja en la producción y el precio del petróleo, y de su impacto en los recursos públicos. Se estima que el ingreso petrolero este año representará 18.64 por ciento del total de los ingresos, frente a 30.7 por ciento de 2014. Esta caída es un indicador de la magnitud del recorte presupuestal que se presentará en septiembre en el marco del paquete económico de 2016.
No hay buenas noticias para el futuro inmediato. La reducción del precio del oro negro podría no haber tocado fondo aún. El regreso progresivo de Irak e Irán al mercado petrolero, así como la incertidumbre financiera y la disminución en el crecimiento de China, presionan a un desplome mayor.
Sin embargo, la devaluación del peso y la disminución en las expectativas de crecimiento del país no responden solamente a causas externas. De acuerdo con Banxico, la falta de vitalidad de la economía nacional está asociada al moderado dinamismo de la demanda interna. De ello da cuenta una estimación del crecimiento en el segundo trimestre del año de apenas 0.3 por ciento, así como del estancamiento de la producción industrial, que aumentó a una tasa anual de tan sólo uno por ciento en el primer semestre de 2015.
El hecho central es que, conforme sigan cayendo el precio del petróleo y la producción interna, la devaluación será mayor para compensar los efectos en los ingresos fiscales petroleros en 2015 y en los años que vienen. Inquieta la gran demanda corporativa de dólares y los efectos de la devaluación en sus ingresos, mientras siguen sin repuntar las exportaciones nacionales.
El gobierno asegura que la inflación está bajo control. Algunos analistas sostienen que en la comunidad financiera se cuestiona la veracidad de esta afirmación. Para abonar sobre la incertidumbre, se especula sobre la posibilidad de que el gobierno rompa la promesa de no elevar los impuestos. La fecha clave es el 17 de septiembre en que se reúne la Reserva federal, en la que se espera el alza en la tasa de interés en Estados Unidos.
La economía está en crisis y lo que viene será peor. Con menos recursos para enfrentar el creciente descontento social y la negativa a abrir espacios políticos, la tentación gubernamental de salidas cada vez más autoritarias está a la orden del día. Así lo anuncia el cartón de José Hernández.
Twitter: @lhan55

8/24/2015

Devaluación sin freno


 


La depreciación del peso frente al dólar es ya del 25 por ciento desde la segunda mitad de 2014. La caída no la ha frenado ni siquiera la subasta diaria de 260 mil millones de dólares. La estrategia no funcionará, pues hasta el propio Carstens dice: “en tiempos de crisis es mejor encender una vela que maldecir en la oscuridad”. A eso se reduce el programa de subastas de dólares: a una simple vela


Las medidas preventivas anunciadas por la Comisión de Cambios (CC), integrada por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) y el Banco de México (Banxico), es decir, por Luis Videgaray y Agustín Carstens, para tratar de enfrentar la inestabilidad del mercado de divisas y la depreciación nominal del peso ante el dólar estadunidense –10 por ciento en lo que va del año, hasta el 5 de agosto; 25 por ciento desde el inicio de la segunda mitad de 2014, cuando comenzó el desplome de los precios y los ingresos petroleros, según datos del banco central–, son dignas de las doctas y legendarias reflexiones del segundo, cuando entonces despachaba en la SHCP.
En 2008, Carstens dijo proverbialmente, ante la catástrofe estadunidense que se iniciaba, que a la economía mexicana sólo “le dará un catarrito y no una pulmonía, como antes”. Justo cuando implosionó Wall Street, el corazón financiero de la mundialización neoliberal, sus efectos devastadores se extendieron rápida y prodigiosamente por los vasos comunicantes de los circuitos monetarios globales hacia todos los rincones del mundo, concentrándose en Europa con particular furia, y hundieron al sistema capitalista en su peor desastre productivo (recesión y deflación) desde la gran recesión de la década de 1930.
En esa ocasión, Carstens adoctrinó doctoralmente: “Tenemos recursos de la reforma fiscal y del petróleo”. Orondo, descartó el alza de los réditos, merced a la “buena conducción de la política monetaria, el tipo de cambio flexible, la disciplina fiscal y la inflación baja”. “Además –agregó–, se ha fortalecido el peso. Por tanto, remata: “No hay razón para que haya un movimiento abrupto contra nuestra moneda”.
Por si las dudas, para atender el dichoso “catarrito”, recomendó su terapia favorita de siempre: recortar gastos públicos innecesarios, y convocaba a las familias a “hacer lo mismo, ser más racionales”.
A mediados de 2007, la Reserva Federal estadunidense, para enfrentar el derrumbe, empezó a reducir gradual y sistemáticamente la tasa de interés de fondos federales (que los bancos se cobran entre ellos al prestarse dinero –fondos federales– y es fijada por el Comité Federal de Mercado Abierto, de la Reserva, y por medio de sus cambios se busca modificar la oferta de dinero en el mercado, su costo). Entre junio y diciembre de 2007 bajó de 5.25 a 4.25 por ciento. Al cierre de 2008 cayó a 0.16 por ciento; en promedio anual, descontando la inflación, fue negativa en 1.5 por ciento.
A contracorriente, el Banco de México, en ese entonces regenteado por Guillermo Ortiz, decidió elevar su tasa objetivo (para las operaciones de fondeo interbancario a 1 día) de 7.5 por ciento a 8.2 por ciento, entre enero y diciembre de 2008. Los Certificados de la Tesorería (Cetes) a 28 días pasaron de 7.4 por ciento a 8.2 por ciento. Sólo en 2009, ante los síntomas recesivos de la economía, la primera tasa bajó a 4.5 por ciento en julio, nivel que se mantuvo hasta marzo de 2013, y la otra a 4.5 por ciento al cierre de 2009. La “disciplina” fiscal redundó en la pérdida del superávit de 2007 y en un déficit creciente en 2008 y 2009, con el recorte del gasto programable en este último año, y en un deterioro nominal del tipo de cambio en 27 por ciento en 2008, al pasar de 10.92 pesos por dólar a 13.93.
El vendaval terminó por arrastrar a la onírica ínsula mexicana y enterrarla en la recesión de 2009 (-5.8 por ciento), la peor desde 1932 (-14.8 por ciento), en plena depresión internacional.
Decía Marx: “Todo lo sólido se desvanece en el aire”.
Desconsolado, Carstens dijo después del diluvio: “Ya no voy a hablar en términos médicos. Soy doctor en economía, no en medicina”.
Aunque, en sentido práctico, no parece ser ni lo uno ni lo otro.
Ante el enésimo ciclo de volatilidad cambiaria desestabilizadora queda el consuelo de… Enrique Peña Nieto, autoproclamado enemigo de los “populistas” progresistas y socio de los “populistas” de derecha: a pesar de que no se alcanzaran los niveles económicos “que queremos”, hay otros países del mundo “a los que les ha ido peor”.

El esquizofrénico imperativo categórico

Algunas de las medidas de la línea de defensa de la paridad fueron especificadas públicamente por la CC el pasado 22 de mayo y 30 de julio: la reducción en el ritmo de acumulación de las reservas internacionales hasta el 29 de septiembre, en una proporción equivalente a una tercera parte de la acumulación neta esperada para los 12 meses siguientes a mayo de 2015; el aumento de los dólares subastados sin precio mínimo, de 52 millones a 200 millones; el mantenimiento de las subastas diarias con precio mínimo por un monto de 200 millones de dólares, cuya cotización será equivalente al tipo de cambio FIX determinado el día hábil anterior incrementado en 1 por ciento. Ambas subastas se mantendrán vigentes entre el 31 de julio y el 30 de septiembre del año en curso. El tipo de cambio FIX es fijado por el banco central los días hábiles bancarios con base en un promedio de las cotizaciones representativas del mercado de cambios al mayoreo para operaciones liquidables el segundo día hábil bancario siguiente, y es anunciado a partir del medio día.
En un régimen de tipo de cambio flexible o de libre flotación como el impuesto a finales de 1994 –en sustitución de la fracasada y la traumática experiencia de la banda de flotación con microdevaluaciones administradas (1991-1994), de Pedro Aspe, responsable de la hecatombe de ese año–, donde el precio de la moneda es fijado por la oferta y la demanda de divisas, el banco central vende dólares de las reservas internacionales para generar la liquidez requerida que contrarreste la escasez de divisas que presiona y deprecia la paridad. Despeje la inestabilidad y la incertidumbre. Facilite el ajuste ordenado del mercado, sin buscar un nivel definido de la paridad, y atempere la vulnerabilidad de la economía ante choques externos. Evite el aumento de las tasas de interés y genere tensiones inflacionarias y en las cuentas externas, entre otros males, que pondrían en riesgo las metas de política económica, las reformas estructurales y al propio modelo económico.
Al menos así rezan los documentos del Banxico, y Manuel Ramos Francia, subgobernador del organismo, complementa la zaga: “Ha habido una depreciación, sí, complicada, pero ordenada, y los costos, en términos de impacto económico”, no han sido fuertes. “El punto es cómo nos estamos depreciando; imagínate esta depreciación con más volatilidad”.
En el consuelo peñista, Ramos añade: varias monedas se han depreciado. “Es un movimiento generalizado”. Según él, el peso sólo se ha depreciado 13 por ciento en lo que va de 2015.
Cuantitativamente, la defensa de la estabilidad del peso es reforzada en la retaguardia por los recursos de las reservas internacionales –190.8 mil millones de dólares (mmd) acumulados al cierre de julio– y la línea de crédito flexible negociada con el Fondo Monetario Internacional –70 mmd–. Un escudo financiero por un total de 260 mmd. Una cantidad nada despreciable para intentar eludir la estampida masiva de capitales. Aunque nada garantiza el éxito de la estrategia ante un puñado de especuladores enfermos de los nervios.
“En tiempos de crisis es mejor encender una vela que maldecir en la oscuridad”, dijo Carstens. A eso se reduce el programa de subastas de dólares: a una simple vela.
Técnicamente, equivalen al tratamiento de los síntomas de una grave enfermedad con antipiréticos. Con aspirinas. Cada ciclo de ataque especulativo, de inestabilidad y volatilidad cambiaria, se enfrenta con los simples paliativos de venta de dólares para una enfermedad que genéticamente está asociado a la arquitectura del modelo económico neoliberal.
El gobierno y los analistas del sector privado afirman que la debilidad y la depreciación del peso se deben, fundamentalmente, a factores externos.
Según el Banxico: “si bien las reducciones recientes en el precio del petróleo jugaron un papel en la depreciación de la moneda nacional, se puede decir que el factor que más importa, que explica dicha depreciación, es la expectativa de incrementos inminentes en la tasa de interés de Estados Unidos”.
A finales de julio, Carstens señalaba que “estamos en el proceso de enfrentar un periodo que puede ser turbulento”, el cual está “asociado a las acciones de la Reserva Federal”. Sin embargo, en su irredento optimismo, el doctor experto en velas cree atisbar a la distancia del oscuro túnel una tiritante flama (ojalá que no sea el faro de un ferrocarril) que, “al final, el peso podría verse favorecido, porque la Reserva Federal estaría apretando su política monetaria porque tiene la convicción de que la recuperación económica en Estados Unidos está siendo más fuerte”.
En la lógica de Carstens, ese mal redundaría en un beneficio: el alza de la tasa de referencia de la Reserva se debería a la combinación de cuando menos tres elementos: un mejor crecimiento estadunidense, un mayor empleo y un bajo nivel de inflación, lo que redundaría en el aumento de las exportaciones mexicanas que estimularía la expansión económica local.
De cualquier manera, algo perturba a Carstens y que, como buen alumno de Milton Friedman, siempre le altera el sueño: la pesadilla de la “dinámica perversa” de los precios. “Si la depreciación nos está generando movimientos en las expectativas de inflación tomaremos las medidas correspondientes, también lo tomaremos cuando la Reserva tome sus acciones”.
Es decir, con o sin presiones inflacionarias, de todos modos el Banxico elevará los réditos en simetría a lo que decida la Reserva, por una sencilla razón: mientras no se apliquen localmente regulaciones a los movimientos de capitales, lo que se verá es la continuidad de la dinámica especulativa en los mercados de divisas, de dinero y bursátil, merced a la estampida en manada de los inversionistas financieros de corto plazo que sólo buscan la máxima rentabilidad, el diferencial ofrecido entre un país y otro. Quien pague más beneficios, ése será el elegido.
Por tanto, el banco central alimentará gustosamente a los buitres financieros con mayores réditos.
En manada, los banqueros centrales del mundo también ajustarán sus tasas de interés de referencia.
Aunque ello implicará, en el caso de México, encarecer el costo del crédito, afectar el consumo, la inversión, las deudas, y hundir más al gobierno peñista en la ciénaga del estancamiento y la recesión.
Los economistas de los empresarios coinciden que la volatilidad de la moneda se debe a factores externos. Todos resaltan la incertidumbre existente alrededor de las decisiones de la Reserva Federal o el desplome de los precios del petróleo. Los más “refinados” vislumbran otros elementos adicionales en sus respectivas bolas de cristal económicas.
Del lado externo, pueden citarse la crisis griega; el desplome bursátil chino (alrededor de 30 por ciento desde junio) y el temor a una posible crisis inmobiliaria en ese país, así como la ralentización de su economía (su crecimiento podría ubicarse en 7 por ciento o poco menos en 2015 y 2016, su tasa más baja en 24 años y distante de las de poco más de 10 por ciento registrada en un amplio periodo), lo que ha afectado sus exportaciones e importaciones en alrededor de 15 por ciento y 13 por ciento, en cada caso, afectando a países como Argentina o Brasil, que se encuentra en recesión; la caída de los precios de otras materias primas (metales, por ejemplo) y de los alimentos.
Algunos de esos analistas consideran que la economía mexicana contribuye a la debilidad de la moneda: el sonoro fracaso de la primera licitación de la Ronda Uno petrolera reprivatizadora; el deterioro de las finanzas públicas: la caída de los ingresos del Estado y el ostensible aumento del déficit fiscal y de la deuda pública; los síntomas de una nueva fase recesiva de la economía mexicana.
Aún así, Mario Correa, economista en jefe para México de Scotiabank, ha sostenido que “los fundamentos macroeconómicos de México son razonablemente buenos, aunque respecto a lo que teníamos hace pocos años han tenido algún deterioro, como la posición fiscal del gobierno”.
Raras veces esos analistas y el gobierno explican qué entienden por “fundamentos macroeconómicos” sólidos o razonables.
¿Se refieren acaso al cuasi equilibrio fiscal o la baja inflación que desde 1983 asfixian al crecimiento desde la cuna?
En su artículo “Lo que no hizo México para evitar una tormenta financiera” (publicado en la revista Expansión el 6 de agosto pasado), Alfredo Coutiño, director para América Latina de Moody’s Analytics, se queja porque la política económica peñista es cojitranca: “México está enfrentando la volatilidad financiera de manera ineficiente e incompleta. Todo el costo del ajuste se está cargando al tipo de cambio. El renunciar al uso del amortiguador doble le está costando al país reservas internacionales cuyo drenaje podría poner en riesgo la estabilidad financiera.
El país, agrega Coutiño, “está caminando en medio de la tormenta financiera con sólo una pierna: el tipo de cambio. La otra pierna, la tasa de interés, la han inmovilizado las autoridades monetarias bajo el argumento de que les costaría más desamarrarla. Por lo tanto han preferido cargarle al peso todo el costo de la volatilidad. México podría haberse defendido mejor del temporal financiero si hubiera utilizado el tipo de cambio y la tasa de interés de tal manera que el impacto de la volatilidad se habría distribuido entre las dos variables. Así, el peso no se habría depreciado tanto ya que la tasa de interés habría absorbido parte del choque externo”.
A juicio de Coutiño, el exceso de liquidez global bombeado a raíz de la recesión del 2008-2009, el peso mexicano se revaluó en 25 por ciento y la tasa de interés se redujo en 5.25 puntos porcentuales, hasta la tasa de 3 por ciento. Pero estos movimientos de dinero barato y abundante eran artificiales, temporales, y ahora tendrá que regresarse a la normalidad de la escasez y del financiamiento caro. Todo dependerá cuál sea en nivel de las tasas que fije la Reserva Federal. Mientras más se retrase el alza de los réditos, en tanto se mantenga esa “pierna amarrada”, más costoso será el ajuste (www.cnnexpansion.com/economia/2015/08/03/mexico-camina-en-una-tormenta-financiera-con-solo-una-pierna).
Sin embargo, la propuesta de Coutiño implica una ganancia por partida doble a los apostadores del casino financiero mexicano y de otras latitudes. En especial para los tiburones, expertos en nadar en aguas turbulentas, en generar ciclos especulativos artificiales.
De hecho, así sucederá. Recuérdese la amarga experiencia de la libra esterlina, derrumbada por el salvaje ataque especulativo de George Soros, en 1992, que le permitió embolsarse alrededor de 1 mil millones de dólares en 24 horas. O la del peso mexicano y argentino, el rublo y otras tantas monedas. Al desplome monetario le ha seguido el alza tardía de las tasas de interés. Un bocadillo adicional.
Los especuladores de 2015 ya han ganado en su apuesta en contra del peso y otras divisas. Y ganarán más con el alza de los réditos, porque los países subdesarrollados, conocidos con el eufemismo de “emergentes”, tendrán que pagar más intereses que los pagados en Estados Unidos y en otros países desarrollados, para tratar de evitar que la salida de capitales los desfonden.
Los costos los pagarán los consumidores, los productores, los deudores, los importadores y la economía en su conjunto.

Esa historia es cíclicamente vieja y chocantemente tediosa.

México sufre las consecuencias de su subordinación pasiva a la zona de influencia del dólar estadunidense, agravadas por el empecinamiento de no imponer regulaciones a los flujos de capitales especulativos, de corto plazo (impuestos, tiempo de permanencia, monto de capitales repatriados, entre otras medidas), con el objeto de “arrojar arena en las ruedas” de la especulación, como ha propuesto desde 1978 James Tobin, Premio Nobel de Economía 1981.
Sería como aplicar una “tasa al pecado” para a castigar una actividad que provoca costos sociales y económicos inaceptables para la mayoría, agregaría, en 2000, Robin Round, de la Iniciativa Halifax, con sede en Vancouver, Canadá.
Cualquier cambio en la política monetaria instrumentado por la Reserva Federal, en el sentido que sea, se sobredimensionará en los mercados locales, de cambios, bursátil y de dinero. Esa desestabilización monetaria-financiera se transmitirá después, más temprano que tarde, sobre el sector real de la economía, las cuentas externas, las finanzas públicas, las condiciones de vida de la población.
En una perspectiva más amplia, al ocupar el dólar estadunidense el papel de moneda de reserva y de uso para las transacciones mundiales, como expresión de la hegemonía de ese país en el sistema capitalista, todo cambio o gesto de la Reserva Federal se transmitirán hacia todos los rincones del mundo, y obligará a las otras monedas a revaluarse o devaluarse.
En la gráfica 1 se muestra los cambios de la relación nominal del dólar con otras monedas. Enrique Peña Nieto señalaba que México libraba mejor la guerra de las monedas. La aseveración, empero, es parcialmente cierta, sin dejar de reconocer que las paridades de Brasil, Colombia o Turquía han sido las más castigadas hasta el momento.
En las gráficas 2 y 3 se muestra el comportamiento del peso mexicano. En 2010, 2011 y 2013 se revalúa frente al dólar. El promedio anual nominal se deprecia 4.2 por ciento en 2014 y 14 por ciento hasta el 5 de agosto de 2015.
El proceso de deterioro del peso prácticamente se inició a finales de mayo. El último día de ese mes la paridad era de 12.85 pesos por dólar. Para el 5 de agosto se ubicaba en 16.38 pesos por dólar. Eso significa una depreciación de 24.5 por ciento. Más adelante podría superar los 17 pesos por dólar. El nivel máximo es incierto.
La revaluación se explica por el ingreso de capitales, debido a que la Reserva Federal baja la tasa efectiva de fondos federales para enfrentar el colapso financiero. Entre los meses de julio de 2006 y 2007 ésta es de 5.24 por ciento y 5.26 por ciento. A partir de octubre a menos de 1 punto porcentual y desde ese momento promedia una tasa de 0.14 por ciento. Actualmente es de 0.13 por ciento.
La depreciación es consecuencia del riesgo del aumento de dicha tasa, la cual, quizá inicie ese ciclo en septiembre o lo que resta del año. Algunos estiman que podría subir gradualmente hasta instalarse en alrededor de 4 puntos porcentuales. Cuando llegue el día fatal, otras tasas, como los bonos del gobierno federal estadunidense, también iniciarán su tendencia ascendente. De hecho, las tasas pagadas por los bonos de 1 a 10 años, muestran una modesta alza desde finales de 2014, propiciando el reacomodo de los flujos de capital hacia esa nación.
En parte, esa situación también se debe a la caída de los precios del petróleo en el segundo semestre de 2014. Pero desde finales de septiembre del mismo año, se añadió el temor del aumento de los réditos, que en cualquier momento puede decretar la Reserva Federal.
Desde ese momento, la esquizofrenia especulativa se instaló en los mercados financieros y, a cada tanto, estallan los ataques de histeria.
La volatilidad y vulnerabilidad del peso refleja la limitada capacidad de las subastas de dólares, por no decir su inutilidad. En un mercado donde se estima que se negocian poco más de 20 mil millones de dólares, los efectos de los dólares vendidos por el banco central resultan marginales. Desde la puesta en marcha de ese instrumento de intervención en el mercado de divisas (no es tan “libre” como se dice), en 2006, no se observan resultados alentadores.
Los esfuerzos por mantener la estabilidad cambiaria son importantes para los programas económicos anuales. En 2015 se estima una paridad media de 13 pesos por dólar, contra la de 13.1 por dólar de 2014. Es decir, se había proyectado una revaluación marginal para tratar de lograr la meta de precios: 3 por ciento, +-1 punto porcentual. Para inicios de agosto, es de 15.26 pesos por dólar, 17 por ciento más alto de la meta programada.
Al desfondarse la paridad también desfondó el tercer año peñista.

Marcos Chávez M*

8/23/2015

Gastan, sin éxito, 7 mil MDD para detener devaluación


23. agosto, 2015


El gobierno ya ha gastado más de 7 mil millones de dólares en la defensa del peso. La medida no logrará contener el precio del dólar, que en septiembre superará los 17 pesos. En breve se declarará la “conveniencia” de la devaluación

La conducción económica de México ha fracasado. Esto bajo el supuesto de que alguien se responsabilice internamente de la administración de un país que está en crisis. Cada noticia adversa, externa o interna, acrecienta la incertidumbre y agrava la descomposición de las expectativas alrededor de los objetivos sexenales que ya nadie recuerda.
Enrique Peña Nieto dice que sus reformas neoliberales son el mejor blindaje de la economía, la mejor forma de protegerla ante un contexto adverso, de volatilidad de los mercados financieros internacionales y de desaceleración económica mundial, pues ellas potencian las fortalezas y las ventajas competidas.
Ante ese escenario, la Comisión de Cambios (CC), integrada por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) y el Banco de México (Banxico), es decir, por Luis Videgaray y Agustín Carstens, decide reducir el ritmo de acumulación de reservas internacionales durante 3 meses (una cuarta parte de la acumulación neta esperada para los próximos 12 meses se venderá en el mercado) e intervenir temporal e indirectamente en el mercado, por medio de la subasta de dólares (200 millones con un precio mínimo, cuando el dólar avance 1 por ciento o más, y la ampliación de la venta de dicha moneda sin un precio, de 50 millones a 200 millones hasta septiembre). Dicha situación tendrá vigencia entre el 31 de julio y el 30 de septiembre, aunque el periodo puede ampliarse si permanece la volatilidad en los mercados financieros internacionales y las presiones sobre la paridad cambiaria.
Esas medidas tienen por objeto tratar de garantizar la liquidez del mercado cambiario y evitar que el desequilibrio entre la oferta y la demanda de divisas desestabilice a los otros mercados financieros (bursátil y de dinero) y las actividades productivas, y genere presiones inflacionarias.
Cabe preguntarse: ¿cuáles han sido los resultados de la política cambiaria contingente? ¿Esa estrategia es la adecuada para enfrentar la dinámica especulativa que provoca la volatilidad cambiaria y la depreciación del peso frente al dólar estadunidense? ¿La inestabilidad se debe única y exclusivamente a factores externos o también está asociada a razones internas? ¿Cuáles serán las consecuencias de la depreciación de la moneda?

La “estrategia”

A menudo los políticos intentan ser graciosos, aunque sin fortuna.
Por ejemplo, hace poco Ernesto J Nemer (exsecretario particular de Emilio Chuayffet, exoperador de Eruviel Ávila, y emparentado con los del Mazo), devenido en subsecretario de Rosario Robles, en la Secretaría de Desarrollo Social, dijo: “La política asistencialista queda atrás, sólo sirve de mejoral”.
Ello pese a que el peñismo utiliza el mejoral de los programas asistencialistas fondomonetaristas, del populismo de derecha, para manipular políticamente a pobres y miserables.
Los beneficios esperados de la política cambiaria de la CC son equivalentes a los proporcionados por los analgésicos como el mejoral. Atienden temporalmente los malestares de la volatilidad y la depreciación cambiaria. Los dólares vendidos son una especie de antidepresivos para los paranoicos inversionistas aterrados por cualquier noticia, así sea nimia o favorable para la economía (por ejemplo, la reducción del desempleo estadunidense), que pueda afectar sus ganancias y los lleve a convulsionar los mercados financieros. Representan el asistencialismo de los agobiados especuladores. Sin embargo, los efectos del placebo desaparecen rápidamente, una vez subastados los dólares. En el mejor de los casos, sólo revalúan, contienen y atenúan por un tiempo las presiones y el ritmo de la depreciación del peso. Pero no la eliminan.
La Comisión de Cambios olvida, o si se prefiere, los considera inamovibles, los factores estructurales que generan la volatilidad financiera, la estimulan y propician una reacción exagerada. Ellos están asociados a la arquitectura del modelo económico neoliberal: la desregulación de los mercados financieros locales (de divisas, de valores y de dinero); la apertura externa comercial y de la cuenta de capitales de la balanza de pagos (la entrada de la inversión extranjera directa y la financiera-especulativa de corto plazo, las inversiones de mexicanos en el exterior); la integración subordinada a la economía mundial; la compra y emisión de títulos que operan simultáneamente en cualquier mercado del mundo que cumpla las condiciones anteriores (en el caso de la bolsa estadunidense, las empresas emiten los títulos conocidos como ADR, American Depositary Receipt); el libre flujos de capitales.
Esa arquitectura que fue diseñada e impuesta a escala mundial desde el siglo pasado por el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial y la Organización Mundial de Comercio, con sus programas de estabilización, de ajuste estructural, de liberación del comercio de bienes y servicios o de protección de la inversión extranjera (garantías contra pérdidas no comerciales como las expropiaciones, la inconvertibilidad de moneda, las transferencias cambiarias, las guerras civiles o disturbios). Esas contrarreformas que después fueron conocidas con el nombre del Consenso de Washington y que fueron implantadas del gobierno de Miguel de la Madrid al de Enrique Peña.
Sin la corrección de esa estructura, la nación está condenada a sufrir los recurrentes ciclos especulativos y los choques externos, internalizados por el modelo adoptado, también conocido como modelo monetarista de balanza de pagos o para una economía abierta.
La eliminación de las regulaciones internas y externas, económicas y financieras, en especial de la cuenta de capitales (como señala el economista chileno Ricardo Ffrench-Davis, renegado de la escuela de Chicago –fue uno de los primeros Chicago Boys latinoamericanos paridos en esa escuela y que después, él no, trabajaron con la manu militari del criminal Augusto Pinochet– y que fue director de Estudios del Banco Central de Chile –1990-1992– y asesor regional de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, entre otros cargos) es la principal responsable del ingreso y la salida de los capitales de corto plazo. De sus efectos estabilizadores. De la volatilidad cambiaria. Del estallido de las burbujas financieras especulativas. Los choques externos se transmiten a través de los circuitos cambiario, bursátil y de dinero. Sin embargo, con la integración al mercado mundial, los choques dejan de ser foráneos y, en sentido estricto, se vuelven internos.
Ffrench-Davis y un gran número de economistas han estudiado esa lógica, cuyas primeras crisis datan de la década de 1980, con la quiebra de las cajas de ahorro estadunidense y el estallido de Wall Street de 1987. La crisis mexicana es otra manifestación de esa manera de funcionar del neoliberalismo. El colapso sistémico iniciado en 2007 es su expresión más salvaje.
Eso lo saben Enrique Peña Nieto, Luis Videgaray y Agustín Carstens. Pero prefieren aferrarse a la ortodoxia y sucumbir con ella.
El ingreso masivo de capitales, en especial los especulativos, que busca aprovechar las ganancias rápidas, conlleva la apreciación o el atraso cambiario, el abaratamiento del dólar, la reducción de las cotizaciones de las importaciones, de la inflación, las tasas de interés y el déficit fiscal, que facilitan la estabilidad de precios anhelada por los ultraortodoxos Carstens y Videgaray. Esa fase del ciclo, mientras dura, podría considerarse la fantasía de la riqueza prestada.
Sin embargo, no es la estabilidad macroeconómica ni la fortaleza de la economía lo que se alcanza como pretenden hacer creer Videgaray y Carstens.
El abaratamiento del dólar tiene, entre otros costos, el ingreso de bienes importados (la “modernización de los aparadores”, la calificó el economista chileno Fernando Fajnzylber) que compiten deslealmente con la producción local, la desplaza, la destruye, desalienta las exportaciones y provoca el estancamiento económico y la incapacidad para generar los empleos formales requeridos, además que retrasa la reforma fiscal integral progresiva.
Lo que se genera es una desinflación desestabilizadora, el estancamiento económico, el desequilibrio de la balanza comercial y la dependencia crónica del financiamiento externo, lo que explica las contrarreformas peñistas, completamente inútiles para impulsar el crecimiento.
Eso también lo saben Enrique Peña, Videgaray y Carstens. Pero prefieren el suicidio económico antes de liberarse de los dogmas neoliberales, por cierto, rentables para elite político-oligárquica. Por ello impusieron ese modelo económico. Es el “capitalismo de amigotes”, según Joseph Stiglitz.
Entre 1983 y 2014, el producto interno bruto (PIB) creció a una tasa media real anual de 2.4 por ciento, menos de la mitad registrada entre 1950 y 1982 (poco más de 6 por ciento). Lo peor es que durante el peñismo, esa tasa se redujo a 1.8 por ciento en 2013-2014, y difícilmente superará ese nivel en 2015-2016 y lo que resta del sexenio.
Sobre todo cuando la apuesta a la reprivatización petrolera ha sido desdeñada por las grandes corporaciones petroleras y les obligará a malbaratar los hidrocarburos.

El derrumbe de la política

La reversión de los flujos de capital propicia los efectos contrarios.
Los economistas Paul Krugman y Lance Taylor han explicado los efectos de las devaluaciones.
Indubitablemente, suscita la escasez de divisas, el deterioro del peso frente al dólar, la caída de la bolsa y del mercado de dinero, la compra de títulos públicos. Eleva el precio de las importaciones. El abaratamiento de las exportaciones tiene beneficios limitados y, en el mejor de los casos, reduce temporalmente el deterioro de la balanza comercial y la cuenta corriente de la balanza de pagos que, con el tiempo, vuelve a elevarse. Encarece el costo de los recursos foráneos para financiar la balanza de pagos. Reduce los ingresos fiscales del Estado y eleva su déficit, lo que obliga a recortar el gasto para atenuar el déficit público. Encarece el costo financiero del endeudamiento foráneo (pago de intereses). Inhibe el consumo privado. Engendra un ambiente de incertidumbre que paraliza la inversión privada y el crecimiento, mientras se despeja el ambiente enrarecido.
La recomposición de las expectativas dependerá del tiempo en que dure la inestabilidad cambiaria y el nivel en que se ubique la relación peso-dólar.
Asimismo, crea presiones inflacionarias que ponen a temblar al Banxico, el cual se apresura a anunciar la próxima alza de las tasas de interés, en caso que el aumento de precios se vuelva realidad y no hay razones para esperar que ese fantasma no se vuelva realidad. Los empresarios ya lo advirtieron, debido al incremento de sus costos de producción, en particular los importados, y sus tentaciones especulativas. Ellos trasladarán dichos aumentos a los precios finales e inevitablemente la población pagará los costos. Se reducirá la demanda, lo que afectará a la producción y el crecimiento. El aumento de los réditos, adicionalmente, tendrá efectos negativos sobre el crédito, el consumo, la inversión y las deudas locales.
El recorte del gasto público en 2015 y 2016 terminará por derrumbar el crecimiento y al peñismo.
El alza de los réditos será otro fracaso más en el actual gobierno.
Originalmente la SHCP estimó una meta de 3.7 por ciento para 2015 y de 4.9 por ciento para 2016. En agosto, el banco central redujo su pronóstico de 2-3 por ciento a 1.7-2.5 por ciento para el primer año y a 2.5 a 3.5 para el segundo.
Con la reforma petrolera se esperaba una avalancha de capitales extranjeros, la cual permitiría alcanzar la meta de crecimiento de 4.9 por ciento. Pero las licitaciones fueron un verdadero fracaso. De los 18 mil millones de dólares esperados, apenas se invertirán 2 mil 600 millones.
El desplome económico de 2015 evidencia, adicionalmente, que las reformas en telecomunicaciones, laboral, fiscal o financiera, tampoco han seducido a los inversionistas.
Por repetitiva, esa historia resulta analíticamente tediosa.
Mientras disminuyó nominalmente el precio del dólar (-6.4 por ciento de 2009 a 2010, de 13.50 pesos por dólar a 12.50, en promedio anual, y a 1.42 pesos por dólar en 2011; y -1.7 por ciento de 2012 a 2013, al caer de 13.17 pesos por dólar a 12.77 pesos por dólar), el gobierno no dijo nada.
Al cabo, se vivían los años felices del ingreso de divisas. Ya sea por el aumento de los precios internacionales de petróleo (el precio medio de la mezcla de exportación pasaba de 57.40 dólares por barril en 2009 a su máximo 101.96 dólares por barril en 2012; en 2013 es de 98.44 dólares por barril). O por los flujos de capital, el endeudamiento externo público y privado, la inversión extranjera y en el mercado de dinero (compra de títulos del Estado), que mejoraron entre 2009 y 2013. Estos últimos recursos fueron suficientes para compensar el creciente déficit de la cuenta corriente, el cual pasó de 8.3 mil millones de dólares en 2009 a 26.5 mil millones de dólares en 2014.
La caída de los precios del petróleo (a 86 dólares por barril en 2014 y 49.92 dólares por barril en julio de 2015, aunque en la primera mitad de agosto bajó a 39.69 dólares por barril), apuntaló la menor entrada de recursos por la cuenta de capitales y la incertidumbre generada por la Reserva Federal. Es notoria la caída de la inversión en el mercado de dinero (pasó de 46.6 mil millones de dólares en 2012 a 28.7 mil millones de dólares en 2014), y la retracción se agudiza este año.
En el primer trimestre de 2015, según datos del Banxico, la inversión extranjera total cayó en 47 por ciento, en comparación del mismo lapso del año anterior (de 16.2 mil millones de dólares a 8.6 mil millones de dólares). La directa en 34 por ciento (de 114 mil millones de dólares a 7.7 mil millones de dólares). En el mercado de dinero pasó de una inversión de 4.5 mil millones de dólares a una desinversión por 326 millones de dólares (ver cuadro 1).
El último punto refleja la reducción del interés por los títulos del Estado (Cetes y demás) por parte de los inversionistas financieros extranjeros. En 2009 demandaron esta clase de papeles por un monto de 325 mil millones de pesos, el 15.4 por ciento del total. En enero de 2015 sumaron 2 billones 413 mil millones de pesos, el 45 por ciento en los años referidos. A partir de ese momento el interés declinó y, en julio, la inversión fue de 2 billones 134 mil millones de pesos, el 36.5 del total. La contracción fue por 280 mil millones de pesos (ver gráfica 1).
A menos que se incrementen los rendimientos de los títulos gubernamentales, en una proporción similar o mayor al ajuste esperado por la tasa de referencia de la Reserva Federal (quizá un cuarto de punto porcentual), la menor entrada de capitales, la desinversión de los no residentes en papeles oficiales y la salida de recursos se incrementará. De por sí, ya se sufren los efectos del aumento de los bonos del Tesoro estadunidense de largo plazo.

Genera reservas para después subastarlas

La ampliación de los dólares subastados y el sacrificio de las reservas internacionales son medidas tardías e insuficientes y no han logrado contener la tendencia alcista del precio de la moneda estadunidense.
A finales de julio de 2014 empezó a percibirse la restricción de divisas, las presiones cambiarias y la depreciación de la paridad (por arriba de los 13 pesos por dólar), aunque esa tendencia se intensificó en septiembre, cuando los funcionarios de Reserva Federal anunciaron la posibilidad de iniciar el alza de la tasa de fondos federales, que desde octubre de 2008 promedia una tasa de 0.14 por ciento. Cuando esto suceda, será el primer aumento desde marzo de 2007. Al cierre de 2014 la relación llegó a 14.72 pesos por dólar, y al 17 de agosto a 16.40 pesos por dólar (ver gráfica 2).
Todo ante la parsimonia de la CC, que decidió empezar a colocar dólares en el mercado con o sin un precio mínimo a partir de marzo pasado, proceso reforzado en agosto con la ampliación de la cantidad de estos últimos.
En lo que va del año, hasta el 14 de agosto, se han colocado 7 mil 96 millones de dólares, 773 millones de dólares con precio mínimo y 7 mil 869 millones de dólares sin precio mínimo. Sólo en lo que va de agosto se han subastado 373 millones de dólares de los primeros y 1 mil 800 millones de dólares de los segundos. En total, 2 mil 173 millones de dólares.
Lo anterior, sumado al menor ritmo de acumulación, las reservas internacionales han declinado de 196 mil millones de dólares a 189.7 mil millones de dólares entre el 30 de enero y el 7 de agosto. Se han contraído en 6 mil 292 millones de dólares (ver gráfica 3).
Pese a la ampliación de las divisas vendidas, la paridad ha pasado de 16 pesos por dólar a 16.40 pesos por dólar entre el 31 de julio y el 17 de agosto.
Nadie debe extrañarse que la volatilidad de la paridad se mantenga y se eleve el precio del dólar (más allá de los 17 pesos) hasta el momento en que la Reserva Federal eleva las tasas, lo que podría ocurrir durante su reunión de septiembre.
El peso seguirá cayendo y el dólar subirá como un globo.
Un aspecto que ha sido descuidado por los analistas es que el ajuste nominal en el valor de la moneda ha corregido parcialmente la sobrevaluación real de la misma, anomalía consustancial a la política monetaria (tipo de cambio con relación a 111 países), que exige el abaratamiento del dólar para reducir el nivel de precios.
Al cierre de 2014 el banco central estimaba el atraso en 22 por ciento. En mayo la sobrevaluación baja a 19.7 por ciento. Una paridad real de equilibrio exigiría al menos los 20 pesos por dólar, que beneficiaría a la economía, dado que encarecería las importaciones.
Pero ese no es el objetivo de Videgaray y Carstens.
En 1973, Luis Echeverría dijo: “Las finanzas públicas se manejan desde Los Pinos”.
En 1976, sin embargo, decidió cederle su manejo al FMI, luego de la crisis devaluatoria, por medio de la carta de intención que firmó con ese organismo.
El ajuste fiscal actual es subsidiario de esa pérdida de independencia.
Ahora, la política monetaria y cambiaria también fue cedida al control de los especuladores y la Reserva Federal. Videgaray y Carstens se someten a éstos.
En conjunto, la soberanía de la política económica es decidida en otro lado.

Marcos Chávez M*, @marcos_contra

Si el dólar sigue arriba de $17 no hay forma de contener la inflación, alerta la IP


Devaluación del peso comienza a afectar precio de productos básicos, advierten

No hay modo de que el sector privado deje de repercutir el alza a los compradores: Anierm

Alarmas naranjas o amarillas por que la volatilidad encarezca la canasta, señala

Foto
México es deficitario en su balanza comercial en alimentos como los lácteos. 
La imagen, mercado en la ciudad de México

Foto Yazmín Ortega Cortés
Susana González G. 
Periódico La Jornada
Domingo 23 de agosto de 2015, p. 23

Al formar parte de la canasta básica, medicinas y productos de consumo generalizado (que van desde alimentos industrializados hasta productos de higiene o limpieza, ropa o cualquier cosa que se vende en supermercados y otros negocios) son afectados directamente por la devaluación del peso.
Si bien hasta el momento las empresas importadoras han contenido el aumento de precios, si el dólar se mantiene por arriba de los 17 pesos en lo que resta del año no hay modo de que el sector privado deje de repercutir el alza a los consumidores, advirtió Luis Enrique Zavala Gallegos, director de la Asociación Nacional de Importadores y Exportadores de la República Mexicana (Anierm).
La canasta básica, compuesta de varios productos y no sólo de alimentos frescos, no se ha encarecido aún por la devaluación pero consideró que hay alarmas naranjas o amarillas por dicha volatilidad.
Se encarecen medicinas y material médico
Las medicinas junto con el material y equipo médico ya están siendo afectados por la devaluación, porque lo que México fabrica al respecto no basta para satisfacer la demanda interna y deben importarse. Al momento, ese es uno de los sectores que está tratando de absorber el costo de la depreciación, pero si llegamos a los 17 pesos (al mayoreo) y se mantiene por más de un trimestre, afectará los costos de operación de los sectores médico y farmaquímico que no podrán detener mucho los efectos.
De ahí viene la preocupación del sector privado porque si las medidas del gobierno no son suficientes y la depreciación llega a mantenerse, entonces sí habría una afectación a los bienes de consumo y a los de la canasta básica, cuyos precios en este momento están conteniéndose.
El dólar, según las previsiones de la Anierm, seguirá bajando y subiendo en lo que resta del año, pero de venderse al mayoreo en 17 pesos de manera constante durante el tercer trimestre del año, las empresas tendrán que trasladar los aumentos a la gente, aunque no en la misma proporción que se dé la devaluación, dijo Zavala Gallegos, entrevistado por La Jornada.
Las grandes tiendas de autoservicio o supermercados, como Walmart o Costco, son básicamente importadores de bienes de consumo y van a tener un problema de distribución porque mientras el tipo de cambio (al mayoreo) no llegue a 17 pesos todavía pueden compensar sus márgenes de costos y prepararse para las fechas navideñas concretando las compras externas que pactan con meses de antelación y que tienen que pagar en dólares, advirtió el directivo.
Acotó que en productos agrícolas frescos no se tiene tanta dependencia de las importaciones e incluso el precios de varios alimentos ha bajado porque ha habido buenos niveles de producción a nivel nacional y en el mundo las materias primas registran una tendencia a la baja, lo que incluso coadyuva a que no se note tanto la reducción del ingreso per cápita del consumidor mexicano.
No obstante, hay alimentos en los que México es deficitario en la balanza comercial, como los productos lácteos de los que somos grandes importadores, además de instrumentos, maquinaria o material para labores agrícolas o de pesca que ahora son comprados más caros por las empresas y comercializadoras.
Las importadoras, dijo, son las perdedoras en esta coyuntura y los sectores exportadores, como la industria manufacturera en general y entre las que destacan las ramas automotriz y la electrónica, son los ganadores porque aunque muchos de los insumos que ocupan para su producción son importados, compensan las pérdidas a la hora de exportar.

Anuncia zonas económicas especiales para abatir el asistencialismo


Programas sociales no son promotores de desarrollo

Roberto Garduño 
Periódico La Jornada
Domingo 23 de agosto de 2015, p. 5

El presidente Enrique Peña Nieto enviará al Congreso una iniciativa que otorgue facultad al Ejecutivo de crear zonas económicas especiales. El secretario de Hacienda, Luis Videgaray, expuso que la intención de dicha medida obedece a los comportamientos diferenciados en distintas regiones de la República.

La atención de la administración federal, puntualizó Videgaray, se concentrará en estados como Oaxaca, Chiapas y Guerrero, donde no se observan efectos positivos de la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio, y de la inserción de México a la globalidad.

Al anunciar dicha medida a los diputados electos de PRI y PVEM, el funcionario argumentó: hay que ser autocríticos, a lo largo de los últimos años, con independencia de qué partido político ha estado en el poder, la estrategia de desarrollo en el sur del país ha tenido un carácter dominantemente asistencial.

Hay estados, dijo, donde se han creado programas muy positivos para abatir carencias básicas, que sin duda hacen una diferencia en la vida de las familias pobres, pero, hay que reconocerlo, no son promotores del empleo, de la inversión y, por tanto, del crecimiento económico.

Agregó: Lo que es un hecho es que si seguimos haciendo lo mismo, vamos a seguir teniendo los mismos resultados, y lo que no podemos hacer, quienes somos originarios del centro o del norte del país, es desentendernos del problema... Hoy una parte del país se está rezagando, así que tenemos que pensar con audacia, con creatividad en nuevas estrategias de desarrollo para el sur del país.
Las zonas económicas, precisó, son figuras que nunca se han utilizado en México, que podrán intentarse no con una lógica asistencial ni una lógica remedial, sino con una apuesta a crear desarrollo.

Para las zonas especiales, añadió, habrá ventajas fiscales. También un régimen aduanero especial, un marco regulatorio ágil, infraestructura de primer nivel, programas de apoyo y otros estímulos y condiciones preferenciales.

De tal forma se creará la figura jurídica de zona especial, fijando requisitos para su implementación; se aplicará una vigencia mínima a los incentivos fiscales, y se habrán de establecer facultades a las dependencias de los tres niveles de gobierno para aplicar programas y políticas especiales.