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11/14/2015
10/24/2015
Lorena Cabnal: defensora del cuerpo-tierra de las mujeres
ENTREVISTA
“Complejo” ser feminista indígena en comunidades patriarcales
Originaria
del pueblo Xinca-maya de Guatemala, Lorena Cabnal reivindica los
Derechos Humanos (DH) de las guatemaltecas, y se define a sí misma como
feminista y defensora comunitaria, aunque serlo en este país
centroamericano “es complejo”, dice en entrevista con Cimacnoticias
durante su participación en el “Encuentro de Corresponsales Voces
Nuestras”.
Para la socióloga de profesión, ser defensora del territorio significa defender las tierras ancestrales, los bienes naturales, el agua, los monocultivos… la vida misma.
“Es una lucha ancestral de los pueblos que no nació hace 524 años con la colonización, pues las feministas guatemaltecas planteamos que es una lucha histórica desde antes de la colonización. Esta etapa es la cuna perfecta para esta disputa por la vida y por el territorio y los cuerpos, cuerpos esclavizados, si no, basta recordar toda la violencia sexual sobre los cuerpos de las indígenas”, señala.
Y agrega: “Ha habido toda una continuación histórica de violencia, de racismo, de discriminación, de capitalismo y de liberalismo arremetiendo sobre la vida de las comunidades y de los cuerpos, por eso es que decimos que somos defensoras ancestrales no sólo de DH sino de la naturaleza, y a eso hay que remitirse cuando se construye el Estado Nación colonial, y debajo de éste, perviviendo de una manera oprimente, la vida de los pueblos”.
Para la guatemalteca e integrante de la Red de Sanadoras Feministas Comunitarias, su lucha no es sólo contra el racismo o el neoliberalismo, es plural, y darla ahora en este contexto es complicado.
Quien también forma parte de la Alianza Frente a la Criminalización contra Defensoras y Defensores de DH y Bienes Naturales, recuerda que una estrategia política que se utilizó en la guerra contra las defensoras fue la violencia sexual, y hoy de nuevo se está imponiendo y utilizando en el caso de las mujeres que defienden la tierra.
“Yo creo que ahí colocar el cuerpo, en la línea frontal del ataque, es sumamente complejo, ser mujer y ser defensora es sumamente complejo”, advierte Lorena Cabnal.
DESARMONIZACIONES EN LA VIDA
–Lourdes Godínez Leal (LGL): ¿Cómo te asumes feminista?
–Lorena Cabnal (LC): Yo creo que asumirse feminista pasa por una decisión personal y consciente, y en mi caso, en mi historia, me llevó a buscar elementos para acercarme a conocer qué era eso que se llamaba feminismo.
“Creo que se me abrieron los ojos cuando me di cuenta que había ¡más de 50 feminismos en el mundo! Pasé por muchas interpelaciones personales sobre qué tipo de feminista era, pero luego me di cuenta que entre estos feminismos sentía vacíos.
“Y es que en ese momento, de los feminismos que leía, no me dieron el sustento político y categórico que necesitaba para hacer reinterpretaciones de la vida como mujer indígena en una comunidad indígena”.
–LGL: ¿Qué necesitabas?
–LC: Por ejemplo, yo sentía que la interpretación del machismo no pasa en la comunidad, el género como tal, como construcción categóricamente como tal. ¿Cómo lo traduces a la vida comunitaria para que haya una comprensión de lo que se está planteando como una subordinación histórica y una relación de poder desigual de cuerpos sobre otros, de cuerpos masculinos sobre cuerpos femeninos?
“¿Entonces cómo la traduces? y luego parece que hace clic en ti y empiezas a interpretar y reinterpretar, y entonces creo que ahí es donde empiezo a plantearme cuál es esta otra codificación comunitaria.
“Ahí es donde empiezo a sentir que las cosmogonías –que son diferentes interpretaciones de la vida– tienen elementos hermosos que interpelan las desarmonizaciones en la vida, y las maneras como se van a interpretar en los pueblos es diferente.
“Y entonces los elementos que me proveyeron diferentes feminismos occidentales entonces sí que se van a convertir en unos elementos que me permiten acercarme a hacer otras interpretaciones de la vida comunitaria ¡y no le voy a nombrar como tal dentro de la comunidad!
“Decir por ejemplo recuperación del territorio cuerpo-tierra te está situando en una relación de armonización o desarmonización; te está hablando de relaciones desiguales de poder. ¡Eso sí que lo entiende la comunidad! Ahí no estoy hablando de género, no estoy hablando del machismo construido como tal, pero sí que estoy planteando la desarmonización en la red de la vida.
“Entonces no me quedo sólo nombrándome feminista; nos nombramos feministas comunitarias porque es el sentir que nos nació no sólo porque reconocemos que la comunidad, los cuerpos son comunidad, la comunidad es plural; es un cuerpo vivo en su pluridimensionalidad y porque también la comunidad, si quisiéramos mencionarla, hoy por hoy es patriarcal; y emancipar y liberar muchas de las relaciones de poder que se dan en las comunidades indígenas pasa por la cosmogonía, pero también por una relación político-feminista.
“Cuando nos acercamos a las comunidades, escucho a los compañeros con muchas de sus expresiones machistas, esencialistas, les escucho, pero antes de interpretarlo para no ser radical, hay que sentir y sentir justamente su corporalidad de poder ejerciendo poder y control con las hermanas; es regresar la relación para que él empiece a sentir la responsabilidad de desarmonización que está generando en este espacio. ¡Y sí que empieza a sentir!
“En ese momento no racionaliza el ejercicio de su poder, pero sí empieza a sentir porque entonces hablamos con otros códigos, de códigos cosmogónicos que te interpelan, y esta es otra manera para nosotras de hacer feminismo”.
SOY UN “MAL EJEMPLO”
–LGL: ¿Has tenido que pagar los costos de asumirte feminista en la comunidad?
–LC: Yo creo que tiene sus complicaciones, tiene sus duelos y sus pérdidas. Creo que sí, en este camino hay desavenencias; a veces las pérdidas son afectivas, a veces son políticas.
“No ha sido fácil; me ha tocado en una buena parte del tiempo, 16 años de caminar en la montaña tejiendo posibilidades que nos ha llevado hoy a plantear estas reflexiones, me ha conllevado a sentirme en un momento ajena a la comunidad.
“En 2011 se pronuncia el destierro de mi persona de la comunidad; eso va a ser una de las pérdidas muy fuertes; el hecho de verme caminar con mi hija de territorio en territorio, porque a partir de entonces yo ya no puedo regresar a mi vida porque tuve un mandato patriarcal y no lo cumplí.
“Soy mal ejemplo para las mujeres porque sólo tuve una hija y entonces, si quería seguir trabajando con las mujeres, tenía que tener más hijos. ¡Es inconcebible que una mujer tenga una hija!
“Luego llega un momento en el que también las relaciones afectivas van a pasar por otras demandas; llega un momento en el que el feminismo te apasiona, se vuelve tu sentido de vida político porque te ha hecho mucha interpelación.
“Pero también cuando empiezas a sentir el disfrute de la emancipación ¡es hermoso! Y luego te das cuenta de que hay decisiones en tu vida muy fuertes.
“Yo creo que tomar a veces esas decisiones ha sido fuerte, sin embargo creo que también ha sido hermoso, esperanzador, creo que hoy otras mujeres que hablan del territorio cuerpo-tierra; son regalos que han caminado con las niñas, con mujeres jóvenes”.
FEMINISMO COMUNITARIO, PROPUESTA DE LIBERTAD
“Creo que hoy por hoy la propuesta del feminismo comunitario desde Guatemala aporta un elemento que es la sanación cósmica- política de los cuerpos en relación con la tierra para armonizar.
“Entonces a pesar de que ha habido muchos costos, pues sí que ha habido manera de sanarnos, y colectivas también; entonces creo que eso es lo que nos da fuerza y es lo que me permite continuar y caminar este camino”.
–LGL: ¿Cómo llegas a ser defensora?
–LC: Creo que aunque es complejo nombrarte como defensora, creo que he sido defensora ancestral y no sólo porque defiendo los DH de las mujeres y de los pueblos indígenas, sino también de la naturaleza, y porque históricamente no teniendo yo toda la conciencia plena hoy como feminista, desde muy pequeña hacía una defensa de mi cuerpo ante las formas de violencia sexual que viví desde niña.
“Estaba inconforme, estaba indignada; quería trabajar y quería luchar para que a muchas niñas y niños no les sucediera lo que yo había vivido de violencia sexual, tampoco me imaginé aportar para la fundación de una organización en la montaña.
“Yo creo que es cómo las opresiones me atravesaron la vida, cómo me indignaron, cómo en el camino la vida hermosa, el cosmos, las abuelas, las energías positivas, digamos, fueron juntando a mujeres hermosas que me acompañaron en la vida y fueron despertando mi conciencia, y ese despertar de la conciencia no ha sido personal, ha sido colectivo, y entonces en ese sentido yo me asumo defensora ancestral del territorio-cuerpo y del territorio-tierra.
“Yo siento que muy dentro de nuestro ser las mujeres tenemos tejido un hilo ancestral para la vida y un hilo de rebeldía, entonces yo no me concibo como que todas las mujeres seamos felices cuando el marido nos golpea, felices cuando somos discriminadas, felices por tener un montón de hijos porque para eso nacimos.
“Para mí no es concebible la forma de cómo se ha estructurado la violencia sobre los cuerpos de las mujeres y por lo tanto que las mujeres digamos ‘bueno es que para eso nací, o porque esa es la vida triste de las mujeres, o porque eso es lo que Dios quiere, porque eso es mi cruz’.
“¡Yo me opongo y me niego porque este cuerpo nació –aun en medio de esta vida jodida– como un cuerpo que también tiene la enorme potencia política para liberarse, para sospechar, para estar inquieta, para cuestionar, para volver a pensar dos veces las cosas, para atreverme a la posibilidad de recuperarme el cuerpo ante la vida!
“Yo creo en la posibilidad de reivindicarme en la alegría por mucho que la vida también ha sido jodida, más que la vida, las formas opresivas machistas en la vida que he tenido.
“Puedo elegir quedarme llorando toda la vida victimizada en estas opresiones, o puedo tener la posibilidad de buscar acuerparme con otras mujeres, escuchar sus historias, la organización, la comunidad y los espacios para poder escuchar esas experiencias de liberación y emancipación, y que eso me acompañe y me acuerpe en mis momentos complejos”.
Lorena Cabnal | Foto: Sarita Bonilla Barahona/Voces Nuestras
Por: Lourdes Godínez Leal, enviada
Cimacnoticias | Guatemala, Guate.-
3/21/2015
Por qué muchas indígenas se resisten a algunas corrientes feministas?
Esta es una reacción compartida por
muchas mujeres indígenas cuyos procesos de profesionalización no
lograron configurarlas completamente como individuos autónomas
(occidentalizadas).
Las diferentes corrientes feministas,
planteadas únicamente como teorías autonomistas, o políticas
antipatriarcales, y no tanto como concepciones metodológicas para la
construcción comunitaria de nuevos conocimientos eco interculturales
(epistemologías), continúan siendo occidentales. Por ello, sus
categorías de compresión y de análisis de la realidad, específicamente
de las relaciones de poder, son esencialmente euronorteamericanas.
Centradas exclusivamente en el sujeto (actor) individual desligado,
armado de su libertad y autonomía. Con dichas categorías se puede
analizar y comprender sociedades (donde prima el individuo sobre el
interés comunitario), más no comunidades (donde el interés comunal
prima sobre lo individual).
Esta promoción de la supremacía
del interés individual sobre lo comunal colisiona con la lógica
indígena de la interdependencia (interrelación) que rige no solo la
vida de la comunidad humana sino también de la comunidad cósmica. En la
filosofía occidental el sujeto pleno es el individuo autónomo. En las
filosofías indígenas la felicidad consiste en la interrelación
equilibrada en la comunidad humana y cósmica. Por ello, para diferentes
corrientes feministas la complementariedad entre varón y mujer es vista
como un vicio, pero para las mujeres indígenas es una virtud porque la
plenitud es “con el otro” (equilibrio). Esto no es heteronomía
(dominación), ni autonomía, sino ontonomía (interrelación
complementaria sentipensante). Yanantin, diríamos los quechuas.
Otra
dificultad que encuentran algunas corrientes feministas en los
diferentes mundos de mujeres indígenas es la desacralización del cuerpo
y de su función reproductiva. Por el predominio del eros sobre ágape,
en la gestión corporal que hacen o explican dichas corrientes, anulan
la dimensión espiritual-mística del cuerpo humano y lo reducen a un
simple campo de disputa de poder, desligado de la comunidad cósmica. De
este modo, el hedonismo termina por vaciar, no sólo estructuras
axiológicas comunales, sino el sentido ecoespiritual del ser humano
como la materialización más próxima de la identidad y conciencia de la Pachamama.
No
es sólo el individualismo metodológico y el antropocentrismo
euronorteamericano de las corrientes feministas lo que alienta la
apatía de muchas mujeres indígenas, sino también, en la medida que
algunas indígenas se adentran en los círculos feministas, aquellas se
dan cuenta que “algunas” mujeres son más iguales que el resto de las
mujeres. Especialmente cuando aquellas son feministas tituladas,
blancas y ricas.
Los privilegios de clase y la rentabilidad del
capital de la blanquitud son realidades cotidianas reproducidas por
muchas teóricas o “intelectuales” feministas frente a las otras. Así
como el marxismo (por ser hijo del occidente) anuló la diversidad
identitaria de los sujetos revolucionarios, y aún no asume a los
pueblos indígenas como actores sociopolíticos plenos, así también los
feminismos, centrados en la meritocracia y la filosofía occidental,
explícita o implícitamente se niegan a reconocer a mujeres o colectivos
indígenas como actoras auténticas de sus procesos de emancipación
integral.
El marxismo y el liberalismo se autoproclamaron
tutores de los pueblos indígenas (no ciudadanos), así también algunas
compañeras, en su intento de liberar a las mujeres subalternizadas,
terminan definiendo lo que es bueno y malo para todas las mujeres, como
si todas fuesen occidentales, sin contemplar no sólo la diversidad de
racionalidades que rigen la vida de los pueblos, sino anulando también
las epistemologías diferenciadas.
El feminismo, en su sentido
amplio, es una propuesta epistemológica de liberación del dominio del
colonialismos, occidentalismo, patriarcalismo, clasismo, racismo y
especismo. Por ello, el ecofeminismo se constituyó (en un determinado
momento) en un método de liberación para la Madre Tierra presa de la
devastación del sistema-mundo-occidental. Pero, infelizmente muchas
corrientes feministas, presas del paradigma de la simplicidad
antropocéntrica, que sacrifica el todo por concentrarse en las partes,
se han abocado únicamente en la autonomía, derechos sexuales, cuotas
biológicas de poder para la mujer, etc.
Varones y mujeres
estamos permeados por el machismo, y lo reproducimos en diferentes
grados, pero no todos/as estamos dispuestos a asumirnos, ni nos
asumiremos, como individuos, autónomos, desligados de la comunidad
humana/cósmica. Urge desoccidentalizar los feminismos y repensarlos
dentro del paradigma de la ecointerculturalidad si acaso deseamos hacer
del feminismo un aporte para la liberación de la Madre Tierra y de la
humanidad.
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Publicado en Comunicar Igualdad
Por Belén Spinetta
COMUNICAR IGUALDAD- Relmu, “no culpable”. Se escuchó el veredicto y la sala de enjuiciamiento estalló en la alegría de un pueblo que, una vez más, demostraba su fortaleza. Porque la libertad de Relmu fue también eso, la legitimación de la lucha en defensa del territorio que desde hace años llevan adelante los pueblos originarios en general, y el pueblo mapuche en particular en la provincia de Neuquén.
Ya mucho se dijo de la historia de quien, como ella misma lo aseveró durante el juicio, fue llevada al banquillo de los acusados por ser “pobre, originaria y mujer”. La causa se inició cuando en diciembre del 2012 la justicia intentó desalojar al pueblo mapuche de Portezuelo Chico -un pueblo en el centro de la provincia de Neuquén- y, durante el transcurso del desalojo, la oficial de justicia Verónica Pelayes resultó herida.
Pero con Relmu, sobre todo se puso sobre la escena el aporte que las mujeres originarias tienen para hacerle al movimiento feminista y las deudas del feminismo con ellas. “Como mapuches partimos de una cosmovisión de defensa de la tierra, de defensa de la naturaleza, y eso no puede ir separado de nuestra lucha como mujeres”, nos dice Relmu al otro lado del teléfono. Su voz transmite entusiasmo, alegría y la firmeza de que esta vez se ganó, pero aún queda mucho por caminar. “Creo que sin dudas hay una deuda feminista con nosotras, en el sentido de que aún no se nos contempla plenamente, el aporte que podemos hacer y las particularidades de nuestros sufrimientos”, reflexiona. “Entonces, el trabajo que nosotras como mujeres originarias tenemos que hacer –hacia adentro y hacia afuera- tiene que rondar por ese camino para poder develar que no solamente somos aquellas que nos encargamos de la transmisión cultural, del conocimiento tradicional o de la medicina y de muchas veces ser las ordenadoras de nuestros hogares, sino que somos mujeres que queremos ser protagonistas, que también podemos construir política y ese es un gran aporte que queremos hacer al movimiento feminista”.
“En este juicio quedó clara la cuestión de género porque la imputación más grave era contra mí por ‘tentativa de homicida”, relata. Relmu reflexiona sobre las deudas y las discusiones con el feminismo, pero también sobre los propios debates planteados hacia el interior de los pueblos originarios: “`La reflexión que hacemos es que somos las que siempre estamos al frente, que sabemos que si tocan a algunos de nuestros hijos somos capaces de hacer cualquier cosa para defenderlos y creo que tuvo que ver con eso de que apuntaron especialmente hacia una mujer… Entonces nos queda como desafío aportar a la reconstrucción del movimiento de los pueblos originarios como mujeres porque podemos darle una nueva dinámica y una nueva perspectiva”.
Hoy Relmu tiene la tranquilidad de la libertad y de una batalla ganada. Pero esa tranquilidad no es plena, ella se hace carne del sufrimiento de sus hermanas, de las que hoy no pueden celebrar, de las que todavía esperan detrás de los barrotes una salida. “Yo siento como una deuda muy grande el caso de Reina Maraz, a diferencia nuestra ella si tiene una condena y no pudo tener un juicio justo y como mujeres nos duele pensar que ella está presa con prisión domiciliaria…. Es una deuda del movimiento en sí y tenemos que trabajar para que Reina sea libre”.
Cuerpo, comunidad y territorio
La lucha por la libertad de Relmu Ñamku cosechó amplias solidaridades e interpeló a muchos sectores de la sociedad neuquina. Su causa además, superó las fronteras del territorio nacional y trajo la solidaridad internacional. Para Graciela Alonso, docente e investigadora de la Universidad del Comahue y referente de la colectiva feminista La Revuelta de Neuquén, “en el juicio quedó sentada la fortaleza de Relmu y en su persona la fortaleza del conjunto de las mujeres mapuches que están protagonizando historias de resistencia en la provincia”.
Quizás menos mediatizados, y aun sin poder saltar el cerco informativo que imponen los medios de comunicación locales y nacionales, son muchos los conflictos por el territorio en Neuquén en los que las mujeres están teniendo un rol de vanguardia. “Creo que en nuestra sociedad occidental e incluso desde alguna perspectiva feminista siempre se considera que las mujeres indígenas en general y las mapuches en particular tienen un rol muy conservador en relación a su cultura”, comenta Alonso quien seguidamente refuta esta tesis: “Tenemos un antecedente en la zona que es en la comunidad de Pulmarí donde cuando se pensaba que no se podía ganar esa lucha y los propios varones mapuches decían que ya estaba, ellas dijeron de acá no nos vamos y la lucha de Pulmarí por el territorio se ganó”. “Hoy por hoy las mujeres de Campo Maripe están defendiendo sus territorios en la zona de Vaca Muerta y peleando con el gobierno provincial por el reconocimiento de su comunidad. En un lof de siete hermanos, seis son mujeres. El año pasado ellas se encadenaron a una torre de petróleo no convencional y obligaron a la provincia a negociar”, relata. “Con esto quiero decir que el papel de las mujeres mapuche en defensa de su territorio es muy importante y si bien al interior de pueblo mapuche se habla de las luchas ‘del pueblo’ y las mujeres hablan de la lucha de su ‘pueblo’, es importante resaltar el lugar que ellas tienen”.
La relación cuerpo-territorio es fundamental para enmarcar estos debates. Para la investigadora, “en las luchas por el territorio se articula muy sentidamente el tema de lo filosófico con lo político y eso en las mujeres son dos aspectos que no se escinden; esto nos lleva a hablar del ‘cuerpo-territorio’ como un lugar de lucha”. Para Graciela Alonso, la sociedad en su conjunto y el feminismo en particular tienen mucho que aprender de las batallas que están librando las mujeres originarias en toda Latinoamerica: “El juicio de Relmu marca cómo los poderes patriarcales, capitalistas y racistas se entrelazan, pero también cómo se les puede hacer frente con articulaciones, con visibilidad, con medios de prensa alternativos”. La referente del movimiento feminista neuquino concluye: “Tenemos mucho que aprender de Relmu, ella nunca asumió una posición de víctima sino de mujer que lucha y que resiste con su pueblo, por su pueblo, desde su pueblo y en articulación con otras organizaciones y movimientos”.
Foto: Gentileza Diario Río Negro