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3/22/2018

El discurso desnacionalizador


Jorge Eduardo Navarrete

El octogésimo aniversario de la Expropiación Petrolera fue conmemorado por el gobierno en una apresurada ceremonia que ocupó 65 minutos en la agenda del presidente Enrique Peña Nieto el viernes 16 de marzo –menos de un minuto por año transcurrido. Una escenografía ad hoc, erigida tras el presídium y frente al busto del presidente expropiador, casi ocultándolo de la vista de los invitados, bien seleccionados para aclamar la perorata del presidente desnacionalizador, que se extendió por 14’ 24’’. (Su texto íntegro no se recoge, por cierto, en la página web de la Presidencia, pero puede verse en youtube.com.)
La exposición partió de una cita de Lázaro Cárdenas, quien definió como fin último del acto expropiatorio (palabra ésta que el orador pronunció con dificultad) el proveer a la defensa, conservación, desarrollo y aprovechamiento de la riqueza que contienen los yacimientos petrolíferos. En seguida admitió que este mandato no se había cumplido a cabalidad, pues el desempeño de Pemex no correspondía a la magnitud de sus operaciones, mucho menos a su potencial y había propiciado un gradual declive de su producción. En tales condiciones, afirmó más adelante, resultaba imperativo crear un nuevo régimen legal, que le permitiera a la empresa fortalecer sus operaciones, revertir el declive en la producción y generar mayor riqueza para los mexicanos. Subrayó que, con la reforma energética, inter alia: hoy se permite la participación privada en todos los mercados de hidrocarburos; la empresa asume, como fin último, generar valor para la sociedad; ya se ha conseguido un desarrollo más dinámico de esta rama vital de nuestra economía, y, al concluir este sexenio se habrán formalizado compromisos de inversión por 200 mil millones de dólares, que serán la base de su desarrollo futuro.
Habría que señalar que el declive de la producción no se ha revertido. La extracción total de crudo (en miles de barriles diarios) descendió año con año de 2013 (2 mil 522) a 2017 (mil 948) y en enero de 2018, última cifra mensual disponible, se situó en mil 929. Si se toma a las reservas remanentes de hidrocarburos como el indicador más amplio de la base física para generar riqueza para la sociedad, se tiene que éstas (en millones de barriles de petróleo crudo equivalente) se han desplomado de 42 mil 158 en 2014 a 22 mil 149 en 2017 (última cifra disponible). A cuatro años de promulgada la reforma, la participación de agentes privados en las actividades centrales del sector sigue siendo menos que marginal. El dinamismo en los años recientes ha correspondido a las pérdidas de la empresa: la pérdida neta (en miles de millones de pesos) escaló de 26 mil 900 al 31 de diciembre de 2012 a 352 mil 262 en igual fecha de 2017. Las inversiones (com)prometidas en los contratos adjudicados pueden realizarse en las fechas previstas, en diversos momentos de los próximos años, o posponerse y recortarse o no materializarse nunca, pues en muchos casos se refieren a recursos aún no localizados. A la fecha, un experto universitario estima que la inversión que realmente cabe esperar se sitúa entre alrededor de 3 mil y 4 mil 500 millones de dólares en los próximos cinco años. Por su parte, la CNH informa que los ingresos del Estado acumulados hasta diciembre de 2017 en función de los contratos de exploración y extracción de hidrocarburos no alcanzan 250 millones de dólares. Magros resultados, desde cualquier punto de vista.
Califico de desnacionalizador el discurso porque en su decurso se priorizan, entre otros, el concepto de que Pemex comparta riesgos con empresas privadas, sin mencionar que las más significativas entre éstas serán extranjeras y, al aliviar el riesgo financiero de Pemex, introducirán otros peligros, de orden operativo y político, por ejemplo, al liderar la explotación de yacimientos transfronterizos o al vulnerar la seguridad energética de la nación. Se da la bienvenida a la noción de que regresen al país algunas de las corporaciones petroleras expulsadas en 1938 o sus herederas, así como algunas empresas de servicios. Desnacionalizar es incorporar de nuevo al país al coto de caza global de esas empresas, cuyas prácticas expoliadoras han cambiado en la forma pero no en su esencia. El rostro más visible de la desnacionalización será la instalación de estaciones de servicio de, entre otras, BP o Repsol. Se afirma que significará una aportación técnica mayor y se exalta que fortalecerá la soberanía del consumidor. Quizá haya en todo esto un salto, pero un salto al pasado, un salto a antes de 1938.
Peña Nieto considera que el futuro de la reforma energética será tema de decisión en el actual proceso electoral: “en democracia –dijo– los mexicanos tendremos oportunidad de comparar la consistencia y la congruencia de distintas propuestas políticas para el desarrollo del sector energético”. Y ofreció una visión claramente distorsionada de las disyuntivas: a) cancelar o preservar la libertad de los consumidores de elegir entre distintas opciones; b) regresar a un modelo cerrado o privilegiar la apertura y la competencia, y c) obligar a Pemex a asumir riesgos excesivos o permitirle asociarse con otras empresas.
¿Son estas tres las alternativas verdaderas?
Ignoró que existen otras disyuntivas, entre ellas: a) maximizar la extracción de crudo y mantener el sesgo exportador o ajustar la producción a un consumo nacional cada vez más eficiente, orientado a la transformación industrial más que a la oferta de combustibles fósiles; b) mantener la política de exportar lo más posible y cuanto antes o establecer un margen de exportación definido a la luz de la necesaria recuperación de reservas suficientes en el muy largo plazo; c) continuar adquiriendo importaciones cada vez mayores de gasolinas y otros combustibles o reducirlas en forma acelerada mediante la modernización y ampliación del sistema nacional de refinación; d) dedicar proporciones crecientes del crudo y el gas extraídos a alimentar un poderoso sector petroquímico nacional, que dé origen a nuevas cadenas productivas, o continuar privilegiando el uso de los hidrocarburos como combustibles industriales, domésticos y de transporte, y e) continuar la monetización forzada y ruinosa de activos de infraestructura y productivos de la empresa o asegurar una pronta y adecuada compensación por aquéllos de que se le privó al no asignárselos en la ronda cero. La campaña político-electoral permitiría, en efecto, discutir estas y otras alternativas y de su resultado podría desprenderse un claro mandato popular para el rumbo energético de la nación.

3/05/2017

Chihuahua: maquiladora de EU cesa a 600 obreros


Los afectados, de plantas de Wangler en Aldama y Delicias

Es el efecto Trump: obreros; se podría reubicar a 300 en Meoqui: funcionaria

Foto
En imagen de archivo, empleados de una maquiladora instalada en Ciudad Juárez, Chihuahua, se manifiestan frente a la empresa para exigir mejores sueldos y prestaciones, así como la reinstalación de trabajadores despedidos y para denunciar acosos laboral y sexual

Alrededor de 600 obreros de la empresa maquiladora estadunidense Wrangler fueron despedidos este fin de semana de instalaciones ubicadas en los municipios de Aldama y Delicias.
Entre los trabajadores circuló la versión de que los ceses fueron resultado del efecto Trump, pues por las políticas comerciales del nuevo presidente de Estados Unidos, los directivos de la empresa temen tener dificultades para exportar sus productos textiles al país vecino. Por lo pronto, se intentó solicitar información a la firma vía telefónica, pero sus directores se negaron a contestar.
Ante el cierre de la planta Wrangler Chihuahua en la cabecera municipal de Aldama, el gobierno estatal busca reacomodar a los empleados que quedaron sin trabajo en factorías ubicadas en Delicias y Meoqui.
La secretaria de Trabajo y Previsión Social de gobierno de Chihuahua, Ana Luisa Herrera Laso, afirmó que personal a su cargo atestiguó que el proceso de liquidación de 300 empleados de la planta Aldama de Wrangler, y otra cantidad igual en el tercer turno de la Planta Delicias, se hiciera conforme a lo establecido en la ley sobre derechos laborales.
Los despidos comenzaron el viernes a las 6 de la madrugada, cuando representantes legales de Wrangler entregaron a los despedidos cheques de finiquito bajo vigilancia de autoridades estatales.
El 13 de febrero pasado, el diario The Wall Street Journal advirtió que la industria del algodón de Estados Unidos estaba en la cuerda floja por los planes de Trump, pues la tela de ese vegetal cultivado de Texas a las Carolinas se despacha a México, donde es cortado, cosido y ensamblado.
El rotativo sostuvo que alrededor de 40 por ciento de los pantalones de mezclilla para hombres y niños vendidos en Estados Unidos son importados de México, elaborados en plantas como Levi Strauss y VF Corporation, dueña de las marcas Lee y Wrangler.
Aproximadamente 400 trabajadores permanecen en la planta de Delicias y ellos mismos desconocen las causas del cierre en el tercer turno.
Los 300 despedidos de Wrangler en Delicias podrán ser contratados en la maquiladora IGP de Meoqui, resultado de una mesa de trabajo entre Ana Herrera y directivos de la empresa.
Los argumentos
La funcionaria estatal dijo que lo que motivó el cierre de operaciones en Aldama fue que no se pudo conseguir el número suficiente de empleados que garantizaran la operación adecuada, pues la planta estaba proyectada para 500 empleos y llegar a 300 fue muy complicado, dichos que los obreros desmienten.
Independientemente de la pérdida temporal de estos empleos, el gobierno del estado trabaja en atraer un nuevo proyecto laboral a Aldama. También, a través del Servicio Nacional de Empleo, se busca el reacomodo del personal desocupado y se le ofrece capacitación para iniciar un negocio, de ser ese su deseo, indicó la funcionaria.
Personal del Servicio Nacional de Empleo está en Delicias y en Meoqui, buscando las vacantes posibles para reubicar a estas personas (cesadas) para que sufran el menor perjuicio posible, agregó. La secretaria de Trabajo resaltó que conforme a lo dialogado con la propia Wrangler, se descarta el cierre de más pla
ntas en el estado y se buscará el reacomodo de los trabajadores despedidos.
Dijo que en el caso de Delicias, sólo tres de los 300 empleados afectados hicieron reclamaciones por el monto de sus liquidaciones, por lo que la Junta de Conciliación y Arbitraje de esa ciudad está al pendiente de atender a los inconformes, en caso de que soliciten asesoría.


Foto cortesía del Norte de Juárez ,Rubén Villalpando, Corresponsal
Periódico La Jornada

2/17/2017

Los pasos de la renacionalización



José Antonio Almazán González
En tiempos de nacionalismos imperiales y proteccionistas, como el de Donald Trump, y todavía fresco el centenario de la vapuleada Constitución de 1917, resulta oportuna una lectura de lo que los neoliberales promotores del TLCAN, manzana de la discordia entre México-EU, dejaron y borraron de un plumazo del artículo 27 constitucional.
Dichos principios, fundados en la propiedad originaria de la nación y el dominio directo de la misma, inalienable e imprescriptible, sobre sus tierras, recursos naturales, mares y aguas, establecieron el nuevo andamiaje del proyecto de nación surgido de la Revolución Mexicana, mismos que fueron enriquecidos con las sucesivas reformas constitucionales, en 1939 bajo el mandato del presidente Lázaro Cárdenas y las dos promovidas por el presidente Adolfo López Mateos en 1960 en materia petrolera y de exclusividad de la nación en la prestación del servicio público de energía eléctrica.
Estos fundamentos constitucionales comenzaron a ser sistemáticamente derruidos con el arribo de los neoliberales a la Presidencia de la República y en el marco de la negociación del TLCAN. Primero con Salinas de Gortari, que inició la venta de garaje de mil 100 empresas estatales y mediante una reforma a la Ley del Servicio Público de Energía Eléctrica, en 1992, abrió las puertas a la inversión privada en la generación eléctrica. Por si fuera poco, entregó la petroquímica secundaria a la inversión del capital privado.
El proceso privatizador energético (petróleo y electricidad) continuó con los gobiernos de Zedillo, Fox y Calderón, y le correspondió a Peña Nieto completar la demolición de la soberanía energética, mediante sendas reformas a los artículos 25, 27 y 28 de la Constitución, eliminando el concepto clave de “exclusividad nacional“ en materia energética. Por lo mismo, pecan de ingenuos los que promueven la “unidad nacional“ en torno a Peña Nieto en la renegociación del TLCAN y frente al racismo migratorio de Trump, particularmente contra mexicanos.
Resulta innegable, más allá de los dogmas neoliberales, el papel que el petróleo y la electricidad pueden jugar en el desarrollo económico y social, sobre todo en países subdesarrollados y atrasados como México. Los ejemplos abundan a escala internacional, pero la experiencia mexicana tiene mucho que aportar al respecto, particularmente en el periodo que va de 1940 a 1970, calificado como el “milagro mexicano“ o del desarrollo estabilizador, durante el cual el petróleo y la electricidad constituyeron herramientas esenciales en la promoción del crecimiento económico y el desarrollo social y nacional.
Desde esta perspectiva, para construir el México con libertad, justicia y democracia con el que todos soñamos, resulta indispensable recuperar la propiedad y exclusividad de la nación sobre el petróleo, sus hidrocarburos y el servicio público de energía eléctrica. El 2018 está más próximo de lo que algunos creen, pero se necesitan acciones previas tanto en el terreno legislativo como en el de formulación de políticas públicas, al igual que de organización de la fuerza social y política propulsora de tales acciones.
En el caso del sector eléctrico las medidas favorecedoras de la privatización consistieron en mantener un margen de reserva de generación entre un 30 y 40 por ciento por encima de la demanda real de electricidad, disminuyendo las necesidades presupuestales reales de CFE y LFC (antes de su extinción-liquidación), retirando anticipadamente las plantas de generación de CFE (140 centrales eléctricas entre 2016 y 2029), bajo el falso argumento de que han agotado su vida útil. Todo ello con el propósito de justificar y promover la entrada masiva del capital privado en toda la cadena productiva de CFE, comenzando por la generación eléctrica. En el caso de Pemex, particularmente durante el periodo neoliberal, fue su creciente descapitalización, mediante una política impositiva única en el mundo, la prohibición de construir plantas de refinación y de inversiones en su cadena productiva, donde se genera el mayor valor agregado.
Para frenar y comenzar a revertir el proceso privatizador desnacionalizador de los energéticos pactado en la Alianza para la Seguridad y Prosperidad de América del Norte (ASPAN), urge dejar fuera el petróleo y la electricidad del marco expoliador del TLCAN para evitar cualquier tentación de una mayor privatización; parar de tajo el desmantelamiento de CFE y Pemex. Construir las refinerías que sean necesarias para dejar de importar las gasolinas que México consume. Formular una política tarifaria eléctrica que aliente el crecimiento industrial, de servicios y reactive el campo mexicano, hoy abandonado su suerte. Atender la demanda de millones de usuarios de electricidad que reclaman una tarifa social eléctrica frente a los exiguos salarios, y el borrón y cuenta nueva frente a los abusos CFE.
Sin duda alguna, frente al embate declarativo y de facto de Donald Trump, que insulta y denigra al pueblo de México, sobre todo a sus migrantes, se requiere fortalecer los principios básicos de la política exterior mexicana contenidos en el artículo 89 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, pero igualmente urge tomar las medidas necesarias, entre las que destacan frenar el proceso privatizador y dar los pasos necesarios para avanzar en la renacionalización del sector energético. Sin recuperar el petróleo y la electricidad en manos de la nación, México no tiene futuro. Sin una industria energética integrada y renacionalizada con todo y sus cadenas productivas, que ponga el acento en la investigación y formación, no hay salida. Tomará algunos años, pero la unidad que reclama México es la de abajo y a la izquierda, nacionalista, democrática y mirando al sur, no con quienes nos condujeron al despeñadero.

2/02/2017

De Trump al nacionalismo mexicano



En los últimos días una ola nacionalista permea nuestro México, banderas tricolor en perfiles de redes sociales, llamados en la radio a no consumir productos estadounidenses, campañas por privilegiar lo local frente a lo externo, mensajes en los celulares que buscan la unidad de los mexicanos; todo esto como resultado de la toma de posesión de Donald Trump como presidente de nuestro vecino del norte.
Rápidos fueron los avances en el cumplimiento de las propuestas de campaña del magnate Trump, a pocos días firmó el decreto con el cual se formalizaba la construcción del muro, una ampliación de los miles de kilómetros de vallas que actualmente existen y que desde hace décadas separan a los dos países, el de norte con una visión despectiva hacia el sur, el del sur con una visión de esperanza peligrosa hacia el norte.
El muro es un tema que ha causado indignación a nivel global, más aún que el actual muro que Israel impone a los palestinos como gueto moderno. El decreto que retira la participación de los Estados Unidos del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TTP por sus siglas en inglés) fue un tema que también alarmó a los países firmantes de dicho tratado. En México se levantaron las alarmas cuando Trump firma el decreto para renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), un acuerdo casi sagrado en administraciones pasadas.
El TLCAN fue resultado, y podríamos decir, la cereza en el pastel de toda una serie de políticas neoliberales llevadas a cabo en México por el entonces presidente de la republica Carlos Salinas de Gortari, un tratado que ponía en igualdad de relaciones comerciales, condiciones materiales y productivas muy diferentes entre los tres países firmantes, Canadá, EE.UU y México.
Las relaciones de desigualdad en lo productivo y el libre ir y venir de productos agrícolas, forzaron la bancarrota de pequeños productores mexicanos, campesinos de yunta y buey que no pudieron competir contra los tractores y los subsidios estatales a la agricultura estadounidense. Un apocalipsis al campo mexicano, que no tuvo respuesta más que expulsar trabajadores agrícolas a nuestro vecino del norte, migrantes a quienes hoy Trump ve como un lastre aparecidos de la nada.
La tragedia del campo mexicano la podemos constatar día a día, las zonas rurales son espacios de marginación y olvido donde muchas familias se ven en la necesidad de separarse para buscar una mejor calidad de vida; con el abandono oficialmente programado del campo ya no es redituable la producción, tanto así que importamos el 50% del maíz que consumimos, el 50% del trigo, el 80% del arroz, entre el 30% y 50% del frijol, así como el 30% de la leche en polvo(1).
La seguridad alimentaria no la tenemos garantizada y eso debe preocupar a cada familia mexicana, las políticas anunciadas por Trump no hacen más que mostrar la debilidad en la que se encuentra nuestro país, o mejor dicho, al estado de inanición en que las políticas neoliberales lo han subsumido.
La coyuntura actual debe servir para reflexionar nuestra realidad y nuestro futuro en el campo. Se hace necesario y vital estipular en la agenda política-económica la importancia de la Soberanía Alimentaria, una política de hondo calado que vaya a rescatar al campo y por ende a las familias productoras agrícolas.
Pero en la búsqueda de ésta agenda de liberación nacional se hace imprescindible el conocer la situación actual; tras poner fin al reparto agrario, Carlos Salinas de Gortari, y demás presidentes neoliberales hasta nuestros días, generaron las condiciones para que en México el 1% de la población maneje el 56,02% del total de tierras cultivables en el país (2), una concentración de riqueza que día a día aumenta y que nos trae a la memoria los tiempos del porfiriato.
El nacionalismo mexicano más allá de reprochar las políticas de Trump, e indignarse por cada twit o declaración del presidente estadounidense, debe ser un nacionalismo revolucionario que busque desarrollar de manera independiente todas las capacidades productivas y sociales de nuestro México, un nacionalismo revolucionario que tenga por objetivo recuperar las ramas estratégicas de la economía, como los energéticos y recursos naturales, para ponerlo a disposición de nuestro propio progreso y desarrollo como sociedad.
Una ola nacionalista permea nuestro México, hagámosla revolucionaria.
“Patria es nacionalizar”.
Notas:
1. Periódico Excelsior 05/05/2013. “Es hora de ir al grano; México importa 43% de los alimentos”
2. Estudio de Oxfam Internacional. Noviembre de 2016. “Desterrados: Tierra, poder y desigualdad en América Latina” https://www.oxfam.org/es/informes/desterrados-tierra-poder-y-desigualdad-en-america-latina

1/23/2017

“Trump y el nacionalismo tardío del empresariado mexicano”, artículo de Araceli Damián


por Araceli Damián
La llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos ha despertado un tardío nacionalismo entre el empresariado mexicano. Ahora sí plantean establecer una especie de programa de sustitución de importaciones. No obstante, aun cuando el gobierno emprendiera esta tarea, no habría resultados a corto plazo, debido a los rezagos provocados por la fallida estrategia de crecimiento hacia afuera. Cabe señalar que el llamado de la élite empresarial no resulta de un interés por salvaguardar el bienestar de la población, sino del riesgo que corren sus inversiones ante las acciones que emprenderá el ultranacionalista y xenófobo Trump.
La subordinación y la dependencia de México respecto a los Estados Unidos no constituyen condiciones inevitables de la globalización, como nos han querido hacer creer por años, sino el resultado de una estrategia neoliberal deliberada y promovida desde las más altas esferas del poder. Los beneficios obtenidos de este proceso se han concentrado en empresas trasnacionales, así como en unas cuantas manos de empresarios como Carlos Slim, o de políticos sin escrúpulos, como los Hank Rhon y Salinas de Gortari.
En los últimos 30 años, la élite empresarial nunca se mostró verdaderamente preocupada del rezago en la inversión pública necesaria para promover el dinamismo económico (carreteras, puertos, ferrocarriles, presas, petroquímicas, siderúrgicas, aeropuertos, etcétera). Han sido cómplices, por acción u omisión, de la forma irresponsable con la que las diferentes administraciones del gobierno mexicano, tanto del PRI, como del PAN, sujetaron el manejo de la economía a las necesidades del vecino país del norte. Se creyeron el infundado cuento de Carlos Salinas de Gortari y de los organismos internacionales de que el crecimiento de México sólo podía ser un reflejo condicionado del experimentado por Estados Unidos.
Durante el tiempo que ha durado la era neoliberal, el silencio de la élite empresarial ha sido comprado mediante la venta, a precios de remate, de empresas estatales; desde las pequeñas como las textileras, hasta las grandes que eran nodales para el desarrollo nacional, como las siderúrgicas, la telefonía, las mineras, la televisora pública de cobertura nacional, los fertilizantes, complejos industriales, como el de Ciudad Sahagún, entre muchas más. Posteriormente su silencio se compró mediante la privatizaron de los bancos, las carreteras, los ferrocarriles y la posibilidad de participar en la generación de energía eléctrica y ahora el petróleo. Su silencio fue comprado mediante una política fiscal que les permite pagar impuestos muy bajos.
La estrategia neoliberal ha permitido que empresarios como Carlos Slim, Germán Larrea, Alberto Baillères y Ricardo Salinas Pliego amasen enormes fortunas con las privatizaciones o las concesiones. De acuerdo a un estudio de Oxfam, la riqueza de estos cuatro empresarios creció, de 2% del PIB en 1998 a 9% en 2014 (1), mientras que la pobreza desde entonces se mantiene en alrededor del 80% de la población.
El silencio de los empresarios también fue comprado con programas de rescate que han tenido un alto costo para el erario público y que han afectado el bienestar de la mayoría de los mexicanos. Así sucedió con el rescate bancario, FOBAPROA (Fondo Bancario de Protección al Ahorro), cuyo costo original se estimó en 688 mil millones de pesos, 20% del PIB, y para 2014 ascendía a 838 mil millones de pesos (2). Después vinieron las concesiones y los rescates de carreteras, con un costo en 1997 de 58 mil millones de pesos y que “al cierre de 2006 llegó a 178 mil millones de pesos, lo que significó un crecimiento de 206.7 por ciento en dicho periodo, generándose intereses acumulados por 98.7mil millones de pesos en igual periodo” (3). Una buena parte de los beneficiarios por estos programas forman parte de la élite empresarial, que al día de hoy reciben recursos de la hacienda pública, como premio por haber fracasado en los negocios.
Mientras el silencio de los empresarios continuaba, la dependencia económica de los Estados Unidos siguió creciendo con el Tratado de Libre Comercio (TLC). Si bien México es uno de los países más exitosos en materia de exportaciones, el efecto positivo sobre la economía, salarios y empleo es muy bajo. Lo anterior se explica por el bajo componente nacional de las exportaciones; para 2014 los insumos nacionales sólo representaban 26% del valor de éstas (4). Pero, además, a partir de la firma del TLC, y a pesar del saldo comercial favorable, según el Banco de México, el déficit de la cuenta corriente se multiplicó 20 veces al pasar de mil 576 millones de dólares en 1995 a 32 mil 707 millones en 2015, lo que muestra que México es cada vez más dependiente.
Frente a la guerra comercial que ha iniciado Trump, cuyo resultado más palpable fue el retiro de la inversión de Ford en San Luis Potosí, el gobierno de Peña se ha mostrado desorientado y sin instrumentos para responder ante el embate que enfrenta el país. No sólo estamos hablando de posibles disputas comerciales, sino de la deportación masiva de connacionales.
La impericia del gobierno no se limita a la relación con el vecino país. En este sexenio hemos tenido un lamentable crecimiento promedio del PIB per cápita de menos de 1%, la deuda pública creció del 33% del PIB al 52%, sin que haya impulsado un dinamismo económico y el año pasado el gobierno gastó más de 200 mil millones de pesos de lo aprobado en el presupuesto.
México requiere de una nueva estrategia que el actual gobierno es incapaz de llevar a cabo. Necesitamos un gobierno que tenga la capacidad de enfrentar no sólo la amenaza Trump, sino que frene la rampante desigualdad que sólo favorece a las élites empresariales.
  1. Esquivel Gerardo, Desigualdad extrema en México. Concentración de poder económico y político, Oxfam, México, 2015,  http://www.cambialasreglas.org/pdf/desigualdadextrema_informe.pdf
2.     ¿Cuánto ha costado el Fobaproa a México?, http://www.redpolitica.mx/deuda-de-la-federacion/cuanto-costo-mexico-el-fobaproa, 25 julio, 2014, y Deuda IPAB asciende a 838 mil millones de pesos, 18% más. http://www.milenio.com/politica/Deuda_IPAB_asciende_a_838_mil_millones_de_pesos-fobaproa-Lankenau_0_436756352.html
4. Disminuye el contenido nacional de las exportaciones mexicanas: #SemáforoEconómico, Animal Político, 18 de marzo, 2015. 
Araceli Damián

Araceli Damián

Es Diputada Federal por Morena y preside la Comisión de Seguridad en la Cámara de Diputados. Es Profesora-Investigadora con licencia del Centro de Estudios Demográficos, Urbanos y Ambientales de El Colegio de México. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores. Es Doctora en economía urbana por la Universidad de Londres, Inglaterra.


8/10/2014

México da marcha atrás a su nacionalismo: Meyer

CNN 1

 en CNN

“México está dando marcha atrás en lo poco que le quedaba de nacionalismo pero ¿quién es el que hace que se dé marcha atrás?, ¿es una presión extranjera?, yo temo que no...", señaló el historiador.


Con la reciente aprobación de la reforma energética “lo que se cierra es un capítulo de la historia mexicana y no tengo idea de qué es lo que venga después, el petróleo era un proyecto, detrás del petróleo había un proyecto nacional, yo ahora no sé cuál es el proyecto de México como nación”, dijo el historiador Lorenzo Meyer.
En entrevista para Aristegui CNN, Meyer explicó cómo se ha manejado el tema del petróleo a lo largo de la historia de nuestro país. Consideró México necesita de su nacionalismo, no es el nacionalismo mexicano agresivo, y el petróleo era una parte central en eso.
Antes de la reforma energética, “¿por qué no se intentó cambiar a Pemex primero?”, preguntó, pues ahora se tiene que abrir a la participación externa en un ambiente y un medio en donde la estructura institucional del Estado es muy débil y es facilísimo de penetrarla con la corrupción.
“En un Estado tan corrupto tu abres eso, pones esa riqueza en el mercado internacional de la manera que se va hacer, ¡bueno!, está pidiendo a gritos que se expanda el área de la corrupción. Se hace (la apertura) porque la sociedad lo pide o porque como en el pasado, las decisiones del petróleo las toman unos cuantos”, abundó.
Explicó que “la parte importante del porfiriato son los ferrocarriles, México tiene una de las estructuras ferrocarrileras en ese momento más importantes de América Latina, entonces quién va a explotar ese petróleo, que se sabe que está ahí bien, más o menos, es el capital externo son los que tienen las posibilidades pero no lo van a explotar si se mantiene en el estatus jurídico original que era propiedad de la nación. Entonces el Congreso porfirista que era casi como el de ahora, obedece a las órdenes del presidente y lo cambia”.
Sobre la etapa de Lázaro Cárdenas dijo que con él “logra, en este país tan débil, imponer sus intereses sobre los de las grandes potencias, ese es el corazón del nacionalismo petrolero, que después se dice ‘pero es que el sindicato’, fue una fuerza finalmente negativa, al principio  no, si no es por el sindicato no pudiera haberse echado a andar Pemex”.
Sin embargo “desde el principio se mostraron muy dispuestos a servirse con la cuchara grande”.
Meyer comentó que con Miguel Alemán “fue un ensayo”, y Carlos Salinas “no se atrevió, a pesar de que introduce de lleno el neoliberalismo, la privatización en todo menos ahí, se contuvo, esto que estamos viendo ahora es el final de ese ciclo, ahora sí se atrevieron, ahora tienen el apoyo del mundo externo, no hay guerra mundial que se nos venga encima y han decidido, han logrado cerrar un capítulo, el capítulo del petróleo también cierra el capítulo del nacionalismo mexicano, uno que ha sido atacado un montón, por cierto.  Se habla del nacionalismo como algo que huele a rancio, a viejo”.
Destacó que “en este momento cuando se abre el petróleo va a servir para traer grandes actores económicos aquí, que van a ser grandes actores políticos, fueron grandes actores políticos en el pasado, cuando sospecharon que Cárdenas empezaban a tomar actitudes muy nacionalistas en relación al petróleo intentaron que un ex embajador se pusiera en contacto con (Plutarco Elías) Calles para detener a Cárdenas, son actores que penetran el sistema político mexicano”.
Pero “Cárdenas se deshizo de Calles y entonces ya no pudieron hacer mayor cosa pero el intento estaba ahí y va a volver. El quitar el nacionalismo cuando los norteamericanos lo siguen teniendo… ellos exigen a todos, pero que nadie les exija”.
El historiador comentó que “México está dando marcha atrás en lo poco que le quedaba de nacionalismo pero ¿quién es el que hace que se dé marcha atrás?, ¿es una presión extranjera?, yo temo que no, supongo que quien desarmó esto fueron los propios mexicanos, yo lo vería como una especie de quinta columna, fue desde aquí adentro que se desarmó el último bastión del nacionalismo mexicano porque quienes tienen el poder necesitan de aliados poderosos dentro y fuera de México, y el petróleo es un recurso que se puede volver un recurso político”.
Ver video de CNN México: