Mostrando las entradas con la etiqueta parto humanizado. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta parto humanizado. Mostrar todas las entradas

8/08/2026

Parteras salvan vidas de mujeres embarazadas en campamentos de guerra en Sudán

 

La guerra que vive Sudán ha obligado a millones de personas a abandonar sus hogares, mientras el deterioro del sistema de salud pone en riesgo la vida de miles de mujeres embarazadas. En los campamentos de personas desplazadas, donde las inundaciones, la violencia y las carreteras destruidas dificultan el acceso a hospitales, las parteras se han convertido en un recurso indispensable para garantizar partos seguros y reducir la mortalidad materna.

Entre enero y mayo de este año, los enfrentamientos en el estado de Nilo Azul provocaron el desplazamiento de decenas de miles de personas, principalmente mujeres y niñas. Muchas de ellas viven ahora en asentamientos temporales donde los servicios médicos son escasos o inexistentes.

Ante este escenario, el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) desplegó y equipó a 15 parteras para atender a las mujeres embarazadas en las comunidades más afectadas. Una de ellas es Sa’aida, quien también fue desplazada por la guerra en 2024 y actualmente trabaja en una clínica móvil instalada en el campamento Al Karama 3, en Ad-Damazin.

La partera relató que algunas mujeres llegaron a dar a luz durante el trayecto hacia los campamentos, por lo que fue necesario brindar atención de emergencia con los pocos recursos disponibles.

«Algunas mujeres dieron a luz en el camino», explicó Sa’aida al UNFPA. Sin atención especializada, una hemorragia obstétrica o un parto complicado pueden provocar la muerte tanto de la madre como del recién nacido.

Atención cercana que salva vidas

Para muchas mujeres desplazadas, la presencia de una partera dentro del campamento representa la única posibilidad de recibir atención médica durante el embarazo.

Somaya, una de las pacientes atendidas por Sa’aida, explicó que al llegar al campamento no tenía dinero ni sabía dónde acudir para recibir atención.

«Sin ella habría sufrido muchísimo. No tenemos dinero y no sabemos adónde ir ni cómo acceder a los servicios de salud aquí», relató. La mujer aseguró que contar con una partera en el campamento les ha brindado una sensación de seguridad.

Otra de las profesionales desplegadas por el UNFPA es Safya, quien mantiene un registro de las mujeres embarazadas y realiza visitas domiciliarias cuando alguna deja de acudir a sus controles prenatales.

Su trabajo permitió identificar oportunamente que Al Radyyia, madre de once hijos, enfrentaba un parto de alto riesgo. Gracias a esa valoración fue trasladada al hospital materno de Ad-Damazin, donde dio a luz sin complicaciones.

Después del nacimiento, Safya continuó visitándola cada dos días para supervisar la recuperación de la madre y el estado de salud del bebé.

«Ella realmente me salvó la vida y estoy profundamente agradecida por la atención y el apoyo que me brindó«, expresó Al Radyyia.

Más allá del parto

Las parteras no solo acompañan los nacimientos. También brindan consultas prenatales, orientación sobre planificación familiar, atención posnatal, distribuyen medicamentos esenciales, detectan complicaciones obstétricas y ofrecen apoyo a mujeres sobrevivientes de violencia de género.

Sin embargo, desarrollar esta labor en medio del conflicto implica enormes desafíos. Durante la temporada de lluvias, muchas comunidades quedan aisladas y trasladar a una paciente al hospital puede tomar horas, mientras numerosos centros de salud permanecen cerrados debido a la violencia.

Para responder a estas necesidades, el UNFPA mantiene clínicas móviles y espacios seguros en distintas regiones del país, aunque algunos servicios han tenido que suspenderse por falta de financiamiento.

140 partos seguros en tres semanas

Los resultados muestran el impacto de esta estrategia comunitaria.

Durante las primeras tres semanas del despliegue, las 15 parteras asistieron 140 partos seguros y dieron seguimiento a más de 700 mujeres embarazadas.

Además, con apoyo del Gobierno de Noruega, el organismo internacional capacita a otras 60 parteras que serán enviadas a los estados de Nilo Blanco y Kordofán del Norte para ampliar la cobertura de salud materna en zonas afectadas por el conflicto.

El programa también financia traslados para cesáreas, entrega apoyos económicos para partos complicados y cuenta con una sala de aislamiento destinada a mujeres embarazadas con hepatitis E, enfermedad que representa un riesgo adicional debido al deterioro de las condiciones sanitarias.

La falta de recursos amenaza la atención

Pese a los avances, el UNFPA advirtió que la continuidad de estos servicios depende del financiamiento internacional.

Para 2026, el organismo solicitó 129.2 millones de dólares destinados a garantizar servicios de salud sexual y reproductiva y atender la violencia de género en Sudán. Hasta agosto únicamente había recibido alrededor de un tercio de los recursos requeridos.

En un país donde la guerra ha provocado el colapso de buena parte del sistema sanitario, la capacitación y despliegue de parteras representa una de las intervenciones más eficaces para proteger el derecho de las mujeres a una maternidad segura y prevenir muertes evitables durante el embarazo, el parto y el posparto.

5/23/2026

IMSS integró a 2 mil 900 parteras como colaboradoras a nivel nacional

 Escrito por Lizbeth Ortiz Acevedo 

Ciudad de México.- El coordinador de Programas Médicos de la División Transversal de Salud Pediátrica y de la Mujer, Miguel Ángel Cardona Espinosa, informó que el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) cuenta con la colaboración de 2 mil 930 parteras a nivel nacional y con mayor presencia en Veracruz, Puebla e Hidalgo.

Así es como e IMSS, con esta acción reconoció la participación y el impacto de las parteras en la atención materna, al destacar su contribución a un modelo de cuidado más humanizado, integral y respetuoso de los derechos de las mujeres.

El informe Situación actual de la partería indígena en seis estados de México calcula que en México existen 15 mil 835 parteras tradicionales en el país, de las cuales 91% se encuentran activas. Estos datos no difieren de los proporcionados por el Fondo de Población de las Naciones Unidas quien señala la existencia de 20 mil parteras tradicionales, 100 parteras profesionales egresadas y 16 mil 684 licenciadas en enfermería y obstetricia en el país.

Las parteras colocan a las mujeres en el centro del proceso de atención durante el embarazo, el parto y el puerperio, al respetar sus decisiones, cultura y creencias, además de brindar acompañamiento continuo, físico y emocional: IMSS

Datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) señalan que solo tres de cada cuatro países de América reconocen formalmente la partería como una profesión distinta a la enfermería, por ello el organismo hizo un llamado a los países para invertir en ella como un pilar del sistema de salud.

Las parteras o matronas prestan servicios de atención integral y esencial a mujeres, recién nacidos, familias y comunidades. Gracias a su formación pueden proporcionar hasta el 90% de las intervenciones en salud sexual, reproductiva, materna, neonatal y del adolescente: OPS.

Cardona Espinosa subrayó que, si bien la participación directa de las parteras en la atención de partos representa una proporción reducida del total institucional, su impacto en la salud materna y neonatal es significativo, ya que su labor también incluye el acompañamiento durante el embarazo, la detección temprana de factores de riesgo, referencia oportuna a unidades hospitalarias y el apoyo durante el puerperio.

Señaló que la incorporación del trabajo de las parteras en los servicios del IMSS se asocia con beneficios clínicos y emocionales, como la disminución de intervenciones médicas innecesarias, menor uso de medicamentos, reducción del estrés y la ansiedad en las mujeres, así como una mayor satisfacción con la experiencia de parto y el fortalecimiento del respeto a los derechos humanos en la atención obstétrica.

El IMSS reiteró el reconocimiento, valoración y respeto al compromiso, la vocación y el conocimiento de las parteras, cuya labor contribuye de manera directa a una atención digna, segura y centrada en las mujeres, sus familias y sus comunidades, afirmaron.

NOM 020

A pesar de esta incorporación de mujeres parteras en unidades del IMSS, debemos recordar que este gremio ha acusado que tras la implementación de la Norma Oficial NOM 021-SSA-2025, su participación es limitada, ya que enfrentan obstáculos para usar medicamentos o acceder a certificados.

El 4 de marzo de 2025, se publicó la NOM 020 que estableció lineamientos para la atención integral materna y neonatal. El documento determina que se busca reducir la mortalidad materna garantizando el derecho de las mujeres a elegir a su acompañante y promoviendo el parto respetado y humanizado.

Ha pasado un año desde que en México implementó la Norma Oficial NOM 020-SSA-2025 con la cual se regularon los establecimientos de salud, la atención integral y neonatal en los procesos de partería.

5/02/2026

Parir y nacer en la frontera

Alícia Fàbregas

Este reportaje pertenece al número 11 de Pikara en papel, publicado en septiembre de 2023, antes de la llegada de Donald Trump al Gobierno de Estados Unidos; lo puedes conseguir en nuestra tienda online.

Ximena Rojas no recuerda la fecha con exactitud, pero sabe que era junio o julio de 2016. La imagen sí la tiene bien grabada: una crisis humanitaria en la frontera entre México y Estados Unidos: “Principalmente mujeres negras con sus bebés. Estaban ahí por horas, esperando. A veces sin suéter, sin agua, sin comida…”. Ese fue el inicio.

Con otras compañeras parteras y amigas de la comunidad en Tijuana, empezó con lo básico: llevando comida, agua y ropa. Pero la situación se iba desbordando. Algunas calles de la ciudad se habían transformado en camas de asfalto al aire libre. Repartir bienes de primera necesidad se quedó corto, Rojas decidió que tenía que ir un poco más allá y empezó voluntariamente a atender a las embarazadas. Les hacía consultas improvisadas en la calle. A veces llegaba a atender hasta 40 y 50 mujeres en un día. “Enfrentándome a casos muy diversos y con diferentes complejidades, sobre todo con mucho trauma del viaje. Algunas habían enviudado en el camino, otras habían caído del tren… Cosas básicas como pedirles una prueba de orina, a veces no podían darme ni unas gotitas de pipí, por su deshidratación”, cuenta.

Durante septiembre de 2016, 7.500 personas migrantes extranjeras cruzaron a Estados Unidos para solicitar protección y 3.400 permanecían en el estado de Baja California: el 75 por ciento en Tijuana y 25 por ciento en Mexicali, según un informe que hicieron conjuntamente la Comisión Nacional de Derechos Humanos de México (CNDH) y el Colegio de la Frontera Norte (COLEF). Ese mismo estudio dice que en diciembre de ese año el 80 por ciento eran originarias de Haití.

“Soy partera de parto en casa, ellas no tenían casa y puse la mía”

La situación removió a Ximena Rojas a muchos niveles. Su voluntariado, que comenzó siendo los fines de semana, se fue extendiendo hasta casi ni descansar. Así se convirtió en “la partera de mamás haitianas principalmente y de mamás migrantes. Yo soy partera de parto en casa, ellas no tenían casa y, entonces, puse la mía”.

Esos recuerdos los revive sentada en el sofá de esa misma casa. Es amplia, de dos pisos, con garaje y patio, y está en Playas de Tijuana, una de las zonas de clase media y media-alta más tranquilas de la ciudad, a unas cuantas calles de donde las olas del océano Pacífico se convierten en espuma sobre la arena que ahí es de México y a unos cuantos pasos ya es de Estados Unidos.

En esa casa ahora mismo hay, además de ella, cuatro parteras trabajando. Pasarán ahí unos meses y luego se irán y vendrán otras mujeres a reemplazarlas. El colectivo Justicia en Salud es dinámico y cíclico. Una de las que está en esa casa es Lupita Galarza, que viene de Jalisco. Tiene el pelo corto, negro y ondulado, lleva gafas y, a pesar del ritmo amable, al hablar desprende autoridad. Quizás por ahí reverbera algo de los años que pasó ejerciendo de enfermera militar. Es la mayor de las cuatro. Está también Karen Olvera, que ha venido con su hijo desde Michoacán. Y Maritere Salazar, abierta y habladora, muy enfocada en reivindicar que se inserte la partería tradicional en el sistema de salud público. Y está también Yoalty Aylin Alcantar, la más callada de todas. La partería la lleva en su linaje y hasta en su nombre. Ella no sabía qué significa Yoalty hasta hace un año, cuando una partera que estaba pasando también una temporada en Tijuana se lo dijo. “Yo jamás me imaginaba que me iba a decir que mi nombre proviene del náhuatl, es Yoalticitl y lo más interesante es que significa guardiana de los nacimientos. Muy fuerte”. Aunque ella no la conoció, su bisabuela también fue partera en su comunidad, en Michoacán.

En la época prehispánica, las parteras eran una figura de prestigio

La partería tradicional en México es un oficio milenario. Según datos oficiales, los primeros registros son de la época prehispánica, y era practicada principalmente por mujeres. En aquellos tiempos, las parteras eran una figura de prestigio, pero con la colonización y el imperio de la religión católica, la situación cambió drásticamente. Se prohibieron algunas prácticas y las parteras fueron estigmatizadas.

En el salón de la casa para partos en Playas de Tijuana hay una estantería blanca sobre un fondo pintado de amarillo claro. Está llena de tinturas de medicina tradicional. Debajo, sobre una mesa, se amontonan bolsas con medicamentos chinos. Ximena Rojas cuenta que son donados. “Nuestro modelo está enfocado en la medicina integrativa, donde trabajamos con la medicina natural, acupuntura, todas las técnicas que se puedan naturales, y después vamos escalando a otras situaciones”, dice. “Desafortunadamente, muchas de las usuarias que vienen a nuestros servicios han sido asaltadas sexualmente en la migración. Eso también ha sido un reto porque hemos tenido que estar navegando con diferentes organizaciones para encontrar grupos de defensa de la mujer. Incluso, casos de trata”, explica.

Desde el sofá en el que habla Rojas, en la planta baja de la casa, se ve la puerta entreabierta de una de las habitaciones donde se realizan los partos. A la piscina hinchable que hay entre la cama y la ventana la está dando la luz suave de la tarde, entre ocre y anaranjada. Ahí las mujeres tienen a sus bebés de manera natural, en el agua. De encima de la cama, Lupita Galarza ha recogido una pelvis de plástico y ha explicado cómo se mueven esos huesos, la flexibilidad en el parto y por qué algunas posiciones son mejores que otras para facilitar que nazca el bebé. Ha contado que la postura que se suele utilizar en las clínicas a la hora de dar a luz tiene un origen cercano al fetiche de un rey caprichoso. Según esa teoría, fue Luis XIV de Francia el que puso de moda esta postura, para que él pudiera ver bien a las mujeres mientras daban a luz a hijos suyos, aunque para ellas resultara mucho más incómodo.

Varias parteras en la consulta.

Varias parteras en la consulta.

Alejandra Martínez y Samuel Karchmer publicaron un estudio en 2022 que recoge que, en México, más del 90 por ciento de las mujeres que viven en las grandes ciudades tienen su parto en hospitales. La investigación afirma que se dan índices elevados de episiotomías y cesáreas, que están directamente relacionadas con un “elevado nivel de medicalización de la atención materna en estos lugares”. Según Martínez y Karchmer, estos procesos implican intervenciones innecesarias y “descuida las necesidades emocionales de las embarazadas”.

Un estudio sobre la atención prenatal en el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), uno de los hospitales públicos de Tijuana, va más allá y reporta que entre 2005 y 2011 hubo 19 muertes directamente relacionadas con causas obstétricas. En un informe de la CNDH se reivindica el reconocimiento de las parteras tradicionales “como agentes que pueden colaborar en la reducción de la mortalidad materna”. Los objetivos del grupo que lidera Rojas están alineados con esa idea: ofrecer una alternativa de cuidados a las embarazadas que evite cualquier tipo de violencia. “Es otro concepto de atención, estamos más unidas con la mujer embarazada, las consultas son mucho más a fondo en comparación con el médico, que no te pregunta cómo estás de tus emociones, cómo estás con tu familia. Esta unión que hacemos con mamá, papá y pues tal vez hasta la suegra también, hace ya una red de apoyo para la mujer”, cuenta Yoalty Aylin Alcantar.

De las calles a la clínica

“Hola, bebé”, dice Maritere Salazar a la tripa de una embarazada. La mujer está estirada sobre una camilla y la partera le va masajeando la tripa con una pomada. Luego le pasa por encima un aparato que se llama Doppler y que sirve para escuchar el corazón del bebé. El bebé se mueve y la partera le vuelve a hablar: “Gracias por responder”. Le acerca el aparato a la madre para que escuche el corazón de su hijo y ella sonríe con felicidad. Se escucha fuerte. El bebé patea de vez en cuando dentro de la tripa. Maritere Salazar le dice a la madre que todo está bien.

En las horas en que el tráfico no es excesivamente pesado en Tijuana, se puede tardar alrededor de media hora desde la casa de las parteras hasta la clínica, la otra pata del colectivo Justicia en Salud, donde se realiza la atención primaria. Esa clínica es un conglomerado, una unión con otros colectivos, el resultado de una evolución.

Desde la atención a mujeres en las calles, Ximena Rojas pasó a atender también en los albergues para migrantes. Ella dice que, según la ley, deberían recibir a las mujeres migrantes en los hospitales, pero que en la práctica a veces no ocurre: “Sobre todo para las familias en tránsito, que tú les digas vete a otro hospital es bien complejo. A veces no hay dinero ni para pagar un taxi…”.

Una mujer migrante, embarazada.

Una mujer migrante, embarazada.

En uno de esos albergues está Marta Loza, nombre ficticio para proteger su identidad. “Ayer amanecí con dolores. No se está en paz la bebé. Es niña”, dice. Está de nueve meses y lleva tres en Tijuana, esperando para poder cruzar “cuanto antes” a Estados Unidos. Se vino embarazada porque su marido la maltrataba: “Es traficante. Me vine para acá, no me quedó otra opción. Tengo miedo porque él me marca [llama] a veces y me dice que me va a quitar mi bebé”. En el tiempo que lleva en Tijuana ha estado visitando con el colectivo de parteras.

Edeleine es de Haití y lleva cuatro meses en el mismo albergue que Marta. En su país era profesora y dice que le gustan mucho los niños pequeños. Está embarazada de seis meses y quiere que el bebé nazca en Estados Unidos. En este hogar temporal duerme con su marido en una litera en un segundo piso, así que cada día tiene que subir y bajar escaleras. Cuenta que es difícil, porque tiene dolores. La pareja conoció la clínica de las parteras a través de unos amigos que se la recomendaron, y Edeleine también se está tratando allí mientras espera a poder entrar a Estados Unidos.

Esa espera puede alargarse incluso años. El tiempo que se tarda en conseguir el asilo para cruzar de forma legal. Por eso, las parteras pueden llevar un seguimiento médico de las mujeres embarazadas.

En los albergues, unos años atrás, Ximena Rojas empezó a conocer a otras personas voluntarias y se fueron organizando. En 2018 acabaron cofundando Refugee Health Alliance, organización detrás de la clínica donde atienden a mujeres como Edeleine o Marta. El local es un espacio cuadrado, de paredes blancas, con una fila de sillas gris claro al lado de la entrada, pegadas contra la pared. Colgadas hay fotos de bebés, un gráfico de las etapas de embarazo, imágenes de mujeres dando de mamar, dibujos hechos por niños y niñas…

Al fondo están las camillas donde auscultan a las embarazadas, separadas de las sillas de la entrada por estanterías llenas de diferentes medicinas, la mayoría chinas, como las que hay en la casa para partos de Playas de Tijuana.

Diferentes objetos que usan las parteras.

Diferentes objetos que usan las parteras.

Esa es la parte de la clínica que pertenece al área de Justicia en Salud. Ahí está todo lo relacionado con salud reproductiva y embarazo. Hay dos áreas más, separadas por paredes. Está la parte médica, que es Resistencia en salud; y otra parte, muy importante, que es Dignidad en salud, donde hay regaderas [duchas] para que las personas que lo necesiten se metan a bañar y si no traen una muda de ropa, les disponen una. “Son tres cosas bien unidas. Cuando aquí hay algo que no sabemos, las mandamos para allá, y ellos cualquier embarazada con cualquier cosa, nos la mandan”. Lo cuenta Maritere Salazar sentada en el mostrador de cristal a la entrada de la clínica, y ese ejemplo práctico lo utiliza como muestra de lo que para ella es importante: que la partería tradicional esté integrada en los servicios de salud médicos, en los hospitales. No lo pide solo ella, es una reclamación bastante extendida en este sector de la partería. El 5 de mayo de 2021, Día Internacional de la Partera, en Ciudad de México se reunieron varios colectivos para compartir conocimientos y debatir los retos de esa profesión. Algo de lo que se habló allí tenía que ver con las dificultades que enfrenta la partería tradicional en centros de salud y clínicas, aunque también destacaron la necesidad de acceder a capacitación para que no se pierdan sus técnicas y pidieron que se cree una certificación oficial. Desde la Secretaría de Salud de México se anunció en septiembre de 2022 que estaban trabajando en una norma que refuerce la partería tradicional, pero todavía no ha habido nada más allá.

Sentada en la recepción de la clínica, Maritere Salazar también dice que hay días tranquilos, en los que atienden alrededor de 15 pacientes, y otros más frenéticos en los que ven a más de 45 mamás. Mujeres en tránsito, recién llegadas a la ciudad o que están esperando a que les acepten el asilo en Estados Unidos. Aunque la frontera por donde se cruza está a menos de diez minutos a pie de la clínica, para ellas a veces se aleja indefinidamente.

8/09/2025

Partería indígena mediante WhatsApp, no contempla brecha digital de género

Fuente: IMSS.-Ciudad de México.- En el Senado se presentó la iniciativa “Tejiendo Canales de Saberes” la cual está siendo impulsada por la presidenta de la Comisión de Pueblos Indígenas y Afromexicanos, Edith López Hernández, para fortalecer el acompañamiento de la partería indígena en México mediante canales de WhatsApp, pero para que esta propuesta sea efectiva es necesario cerrar la brecha digital de género que limita el acceso fácil y gratuito a Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) para las mujeres, especialmente en comunidades indígenas.

Es importante señalar que de acuerdo con UNESCO, en América Latina, 40% de las mujeres no están conectadas o no pueden pagar el acceso a Internet.  Estos retos son particularmente agudos si además se consideran otras circunstancias y condiciones de vulneración como la pobreza, discriminación, racismo y situación migratoria, entre otras.

Durante la presentación de «Tejiendo Canales de Saberes”, se adelantó que operará mediante una red digital para comunidades indígenas, la cual habilitará un Canal de Saberes en WhatsApp según la lengua y la región de las parteras. Luego, se seleccionará un material informativo avalado por el Consejo de Salubridad General, que será traducido a náhuatl, maya, tzotzil, tzeltal y amuzgo.

Una vez adaptado, el contenido se convertirá en notas de voz grabadas por traductores especializados o en videos, que se enviarán a cada canal. Desde ahí, las parteras replicarán la información en sus comunidades, acercando conocimientos de salud materna a zonas con limitado acceso al sistema formal.

Para que la iniciativa sea efectiva, se necesitaría que las más de 20 mil parteras que existen en el país, según datos de la la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México (CDHCM), quienes se encuentran principalmente en Chiapas, Veracruz, Puebla, Oaxaca e Hidalgo, tengan acceso gratuito a dispositivos móviles e internet.

Pese a esta problemática, el artículo «Acceso a las tecnologías digitales para mujeres indígenas rurales» denuncia que las estrategias para eliminar la brecha digital carecen de un enfoque interseccional, ya que se hace poco para garantizar un acceso seguro y empoderado a las mujeres campesinas e indígenas que habitan zonas rurales. Además, advierte que este tema no forma parte de la agenda de los movimientos de mujeres rurales, lo que deja en desventaja a quienes, en muchos casos, desconocen las oportunidades que ofrecen las tecnologías digitales y las barreras específicas que enfrentan para acceder a ellas.

Esto evidencia que, al implementar la iniciativa, se han ignorado las barreras y catalizadores necesarios para el pleno uso de las tecnologías digitales, dejando fuera a las mujeres sin acceso a estos servicios. Ante este tipo de escenarios, el artículo advierte que asumir que la tecnología impulsa el desarrollo de manera igualitaria es un error, pues mantener esa premisa solo perpetúa las condiciones de desigualdad que enfrentan las mujeres.

Además enfatiza que, aunque la tecnología puede proporcionar grandes avances a ciertos sectores, también puede acentuar las desigualdades existentes, sobre todo para mujeres históricamente excluidas.

NOM-020: regulación que frena la autonomía de las parteras

Por otra parte, la senadora morenista Edith López Hernández señaló que es momento de erradicar “las barreras de estigmatización y discriminación cultural” sobre la partería tradicional, pues los y las parteras deben ser reconocidas, dignificadas y valoradas, ya que hacen una labor indispensable para las mujeres que son madres y evitan el maltrato obstétrico, cultural y social, del que son objeto mujeres indígenas y afromexicanas.

Sin embargo, estas declaraciones contrastan con los reglamentos impuestos por las autoridades. En el primer semestre de 2025 se publicó la Norma Oficial Mexicana NOM-020-SSA-2025, la cual ha sido ampliamente cuestionada porque las parteras no fueron contempladas en su diseño.

Esta norma establece, entre otros requisitos, que para ser reconocidas como “profesionales”, las parteras o enfermeras deben contar con un título académico. Sin embargo, son pocas las instituciones que ofrecen esta formación, lo que deja fuera a la mayoría de las parteras tradicionales y restringe significativamente su labor.

Por ejemplo, a las parteras tradicionales se les prohíbe usar medicamentos que permiten brindar partos seguros; según la nueva norma, solo las parteras profesionales pueden administrarlos. Esta limitación pone en riesgo a mujeres embarazadas en comunidades marginadas, para quienes las parteras suelen ser la única opción ante emergencias obstétricas.

Además, la NOM-020 estipula que el personal médico debe ser responsable de las Casas de Partería, relegando a las parteras profesionales como colaboradoras y excluyendo por completo a las parteras tradicionales y autónomas. Esta estructura no refleja la realidad de la mayoría de estas casas en México y desconoce las capacidades y conocimientos de las parteras que ya están al frente de ellas.

La exclusión de las parteras tradicionales no es un fenómeno nuevo. De acuerdo con el artículo Parteras tradicionales y parto medicalizado, ¿un conflicto del pasado?, desde la época colonial estas mujeres fueron culpadas de la mortalidad materno-infantil, al tiempo que se promovía su entrenamiento, regulación o incluso su reemplazo total por personal médico.

En ese contexto, la imposición de la NOM-020-SSA-2025 no representa una ruptura con el pasado, sino una continuidad histórica en la marginación de las parteras tradicionales, pues al igual que la iniciativa presentada dentro del Senado fueron construidas sin perspectiva interseccional ni inclusión, que desconoce las realidades de miles de mujeres y reproduce patrones de exclusión institucional.

6/07/2025

No en nuestro nombre: partería tradicional y resistencias a la NOM 020-SSA-2025

 

Para establecimientos de salud y el reconocimiento de la partería, en la atención integral materna y neonatal. En ese documento, hicieron énfasis en la defensa de su derecho a ejercer sin imposiciones externas, denunciaron la ausencia de consulta previa y alertaron sobre los riesgos de subordinación al sistema institucional de salud.

Esto a pesar de que la sección 7 de la Norma publicada intentó responder a algunas de estas preocupaciones, incorporando un lenguaje de respeto e interculturalidad. Sin embargo, al analizar ambos documentos en conjunto, es evidente que persisten tensiones de fondo que no pueden reducirse a diferencias formales.

Uno de los ejes centrales del pronunciamiento es la defensa de la autonomía de la partería tradicional como parte de los sistemas de salud propios de los pueblos indígenas. Las parteras señalan que sus prácticas, conocimientos y formas de transmisión no deben ser reguladas por el sistema de salud institucional, pues ello representa una forma de colonialismo sanitario.

La sección 7.1.2 de la norma reconoce, al menos en lo formal, que la partería tradicional forma parte de la medicina tradicional mexicana y debe ser valorada como un elemento de identidad cultural. Incluso se establece que la relación entre el personal de salud y las parteras debe ser horizontal, sin subordinación. No obstante, la estructura general de la norma continúa centrando al sistema institucional como eje articulador, lo que puede traducirse, en la práctica, en una subordinación indirecta. Así, aunque en el lenguaje hay coincidencia, la crítica de fondo sobre la falta de equidad epistémica y de reconocimiento pleno a los sistemas de salud indígena no queda resuelta.

Otro punto especialmente sensible es el relacionado con el registro de parteras. Las firmantes del pronunciamiento denuncian que el registro obligatorio implica una forma de control estatal y puede usarse para excluir, vigilar o condicionar el ejercicio de las parteras. En respuesta, la norma publicada define en el artículo 7.1.5.2 al Registro Nacional de Partería (ReNaPa) como voluntario, solo para quienes sean reconocidas por sus comunidades y acepten inscribirse.

Además, se aclara que su función es facilitar la atención en emergencias y la dotación de certificados de nacimiento. Sin embargo, en contextos donde el acceso a apoyos, coordinación o reconocimiento estatal puede estar condicionado a ese registro, el temor de las parteras puede ser legítimo. Aunque la norma no impone el registro, no garantiza que no existan presiones institucionales para inscribirse, por lo que la preocupación expresada en el pronunciamiento sigue siendo válida.

La falta de consulta previa, libre e informada es otro eje del pronunciamiento. Las parteras denuncian que el anteproyecto de norma se elaboró sin mecanismos legítimos de diálogo con las comunidades afectadas, violando derechos reconocidos en el Convenio 169 de la OIT. La sección 7 de la norma no incluye ningún mecanismo de consulta ni da cuenta de procesos de deliberación comunitaria. Por tanto, aquí hay una contradicción directa entre la norma y el reclamo de las parteras, lo que deja sin atender un derecho colectivo fundamental.

En cuanto a la discriminación, hostigamiento y violencia estructural, el pronunciamiento recoge testimonios y experiencias que denuncian prácticas sistemáticas de exclusión y vigilancia por parte de las instituciones de salud. La norma publicada incorpora una serie de acciones para erradicar estas prácticas, incluyendo la capacitación del personal institucional en interculturalidad, derechos humanos y diálogo respetuoso (7.1.5.1).

También se establece el compromiso de recibir sin demora a mujeres referidas por parteras tradicionales y garantizar condiciones de respeto (7.1.5.3). Aquí hay un esfuerzo por responder formalmente a las denuncias, pero la desconfianza de las parteras tiene fundamento en una historia larga de maltrato institucional. En este sentido, el cumplimiento efectivo de esas medidas es clave para que no queden en el papel.

Un tema delicado que también aparece en el pronunciamiento es el derecho de las mujeres a decidir sobre su parto y sobre quién las atiende, así como el derecho de los recién nacidos a obtener identidad sin barreras administrativas. Las parteras afirman que las regulaciones propuestas ponen en riesgo ambos derechos. La norma, por su parte, establece que las constancias elaboradas por parteras podrán ser utilizadas para obtener certificados de nacimiento oficiales, si así lo solicitan las familias (7.1.7). Este es un punto en el que hay una respuesta directa a la demanda, pero su implementación efectiva dependerá de que no existan obstáculos burocráticos ni decisiones arbitrarias en los registros civiles.

Las parteras exigen un reconocimiento de sus saberes ancestrales, no como un complemento del sistema institucional, sino como parte de un entramado propio, legítimo y vigente. La Norma, aunque habla del respeto a los saberes bioculturales y de un intercambio intercultural, sigue colocando al Sistema Nacional de Salud como el rector del vínculo.

Por ello, las parteras tienen razón al señalar que hay una apropiación institucional del discurso sin una transformación estructural de fondo.

5/10/2025

Día Internacional de la Partera: sin reconocimiento real, pese a su rol esencial

 

Las parteras, también conocidas como matronas, son mujeres dedicadas a prácticas obstétricas. Brindan asistencia y orientación tanto en cuidados preventivos como en emergencias durante el embarazo, además de acompañar y atender los partos. Algunas también ofrecen servicios de planificación familiar, salud reproductiva y pueden ayudar en la detección de cáncer cervical y de mama.

De acuerdo con el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), a través del Programa IMSS-Bienestar, se ha registrado la participación de 6 mil 527 parteras tradicionales voluntarias en comunidades vulnerables de 18 estados del país. Sin embargo, según un informe emitido por la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México (CDHCM), tan solo en 2021, existían en México más de 20 mil mujeres ejerciendo esta labor, lo que deja entrever una gran disparidad en el reconocimiento oficial de su presencia.

El estado con mayor número de parteras tradicionales registradas por el programa IMSS-Bienestar es Chiapas, con 2 mil 737, seguido por Veracruz con mil 144; Puebla, 692; Oaxaca, 666; e Hidalgo, con 284. Les siguen San Luis Potosí, con 181; Yucatán, 177; Michoacán, 162; Guerrero, 98; Campeche, 81; Durango, 74; Nayarit, 58; Chihuahua, 55; Sinaloa, 41; Estado de México Poniente, 28; Tamaulipas, 23; Baja California, 18 y Zacatecas, con 8.

El Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) ha reconocido que las parteras han sido clave en visibilizar muertes maternas evitables y la falta de acceso a la planificación familiar. También han alzado la voz frente a la violencia de género y otras prácticas nocivas como la mutilación genital femenina y el matrimonio infantil.

Pese a su importancia, las parteras continúan enfrentando una falta de reconocimiento y fortalecimiento institucional. De acuerdo con el informe El Estado de las Parteras en el Mundo 2021, si las ellas trabajaran en equipos multidisciplinarios y en entornos propicios, podrían cubrir cerca del 90% de las necesidades mundiales en salud sexual, reproductiva, materna y neonatal.

En ese sentido, el UNFPA advierte que, de recibir apoyo e inversión por parte de los gobiernos, para el año 2035 podrían salvarse hasta 4.3 millones de vidas, incluidas 1.9 millones de muertes fetales a partir de la semana 28 de gestación, 2 millones de muertes neonatales y 280 mil muertes maternas.

NOM-020: regulación que frena la autonomía de las parteras

A dos meses de la publicación de la Norma Oficial Mexicana NOM-020-SSA-2025, el Estado mexicano ha afirmado que este nuevo instrumento busca reconocer el trabajo de las parteras bajo un enfoque de derechos humanos, perspectiva de género e interculturalidad. Sin embargo, esta postura ha sido ampliamente cuestionada, ya que las propias parteras no fueron contempladas en el diseño del marco normativo.

La discusión sobre esta norma comenzó en julio de 2024, cuando la Secretaría de Salud presentó un proyecto que establece, entre otros requisitos, que las parteras deben contar con cédula profesional. No obstante, son pocas las instituciones que actualmente ofrecen esta formación, lo que excluye a la mayoría de las parteras tradicionales del país. Esta medida podría provocar una reducción drástica de quienes ejercen esta labor, que durante décadas ha sido indispensable en muchas comunidades.

A un mes de aprobada Norma regulatoria de partería: ¿Qué consecuencias traerá? – cimacnoticias.com.mx

Otro punto preocupante es la prohibición del uso de medicamentos que permiten brindar partos seguros. Según la nueva norma, solo quienes ejerzan profesionalmente como enfermeras podrán administrarlos. Esta limitación pone en riesgo a mujeres embarazadas en comunidades marginadas, quienes acuden a las parteras como única opción ante emergencias obstétricas.

Además, la NOM indica que las Casas de Partería deberán estar bajo la dirección de personal médico, dejando fuera a las parteras tradicionales y autónomas. Más allá de garantizar una mejora en la salud, estas disposiciones limitan el acceso a atención médica para miles de mujeres al desvalorizar el conocimiento y la experiencia de las parteras. La norma, lejos de responder a las realidades del país, impone un modelo excluyente.

Entre la autonomía y la norma: partería tradicional frente a la NOM-020 – cimacnoticias.com.mx

Un Estado que culpabiliza y deslinda su responsabilidad

La exclusión de las parteras tradicionales no es un fenómeno nuevo. De acuerdo con el artículo Parteras tradicionales y parto medicalizado, ¿un conflicto del pasado?, desde la época colonial estas mujeres fueron culpadas de la mortalidad materno-infantil, al tiempo que se promovía su entrenamiento, regulación o incluso su reemplazo total por personal médico.

Durante el siglo XIX, se impulsó la sustitución de parteras tradicionales por «mujeres alfabetizadas» formadas en escuelas de medicina, subordinadas al personal médico y limitadas en sus funciones: no podían aplicar anestésicos, realizar inyecciones ni practicar intervenciones obstétricas. A inicios del siglo XX, se incentivó la profesionalización de las parteras, aunque esta se dio bajo una lógica que reducía su papel a lo estrictamente clínico, despojándolas de su función social y comunitaria.

En ese contexto, la imposición de la NOM-020-SSA-2025 no representa una ruptura con el pasado, sino una continuidad histórica en la marginación de las parteras tradicionales, pues se trata de una normativa construida sin perspectiva interseccional ni inclusión, que desconoce las realidades de miles de mujeres y reproduce patrones de exclusión institucional.

Esta falta de apoyo ha generado una escasez mundial de cerca de un millón de parteras, según advierte el UNFPA, cifra que podría aumentar con los recortes a la financiación humanitaria y a la asistencia para el desarrollo. Las barreras que enfrentan son múltiples: infraestructura deficiente, salarios bajos, falta de suministros y amenazas a su seguridad personal. A pesar de ello, siguen siendo las primeras, y muchas veces las únicas, en prestar atención vital a mujeres embarazadas y recién nacidos, especialmente en zonas remotas o en contextos de crisis.

En respuesta, el UNFPA, junto con la Confederación Internacional de Parteras, UNICEF, Jhpiego, la Organización Mundial de la Salud y otras organizaciones globales, ha puesto en marcha el Acelerador de Parteras. Este programa busca fortalecer su formación, liderazgo y despliegue en más de 125 países. Sin embargo, por más que existan iniciativas internacionales, es indispensable que cada país, incluido México, reconozca a sus parteras y deje de imponerles obstáculos mediante instrumentos que invisibilizan su labor y les niegan el ejercicio de sus conocimientos 

4/26/2025

Entre la autonomía y la norma: partería tradicional frente a la NOM-020

 

.-La revisión del anteproyecto de la NOM-020 y la versión publicada, no puede desligarse del complejo historial de políticas hacia la partería tradicional en México, caracterizado por una tensión constante entre su instrumentalización y su exclusión.

Desde los programas de adiestramiento de los años treinta, que responsabilizaban a las parteras por la alta mortalidad materna, hasta su subordinación a la planificación familiar en los años setenta y su inclusión condicionada en los programas de salud materna en los noventa, el Estado ha oscilado entre utilizarlas como paliativo ante las deficiencias del sistema y marginarlas normativamente. La política de institucionalización hospitalaria del parto, impulsada por el Seguro Popular y las transferencias condicionadas en los años dos mil, acentuó estas barreras, reduciendo aún más su margen de acción y autonomía.

En este contexto, el anteproyecto de la NOM-020 no representa una ruptura, sino una continuidad en la lógica de control estatal sobre la partería. Aunque reconoce formalmente el papel de las parteras tradicionales en la atención del parto domiciliario y propone su vinculación con el sector salud, lo hace bajo una lógica de estandarización que históricamente ha deslegitimado sus saberes.

Más allá del contenido técnico de la norma, lo que se debate es una forma de concebir los cuerpos, los nacimientos y los vínculos comunitarios. Analizar esta propuesta normativa exige, por tanto, mirar más allá de sus artículos: implica entenderla como parte de una historia prolongada de subordinación, resistencia y disputa por el reconocimiento de saberes y prácticas ancestrales en el campo de la salud materna.

La propuesta de regular la partería tradicional mediante una norma oficial suscitó desde sus inicios una fuerte oposición por parte de organizaciones indígenas de parteras tradicionales. Ya en noviembre de 2022, antes de que se publicara formalmente la convocatoria, se hizo público un primer pronunciamiento de la Agenda Nacional para la Defensa y Promoción de la Partería Tradicional.

En él se denunció que la intención del Estado de normar estas prácticas constituye una violación a los derechos de los pueblos indígenas y una imposición ajena a sus formas de organización. Las parteras exigieron que cualquier iniciativa normativa parta de procesos participativos reales, con respeto a su autonomía, saberes ancestrales y al derecho de las mujeres a decidir sobre su parto, su cuerpo y la identidad de sus hijos. Este posicionamiento político también visibilizó las múltiples formas de violencia estructural que han enfrentado: obstétrica, institucional y epistémica.

En enero de 2023 se formalizó la convocatoria para la elaboración del anteproyecto de la NOM, coordinada por el Centro Nacional de Equidad de Género y Salud Reproductiva. Sin embargo, lejos de desactivar la crítica, esta acción provocó un segundo pronunciamiento en febrero, que profundizó los cuestionamientos al proceso y a su legitimidad.

Las parteras, agrupadas en el Frente de Acción por la Defensa y Dignificación de la Partería Tradicional —integrado por representantes de diversos pueblos indígenas—, reiteraron que la partería tradicional forma parte de los sistemas propios de salud y no del Sistema Nacional de Salud.

En este sentido, la pretendida regulación desde el sector salud fue denunciada como una forma de apropiación institucional, sin consulta previa, que pone en riesgo no sólo la continuidad de sus prácticas, sino también los derechos culturales, reproductivos y territoriales de las comunidades.

A pesar de que el Artículo 2º de la Constitución mexicana reconoce el derecho de los pueblos indígenas a la libre determinación, a preservar sus sistemas normativos internos y a ejercer sus propias formas de organización, incluida la atención a la salud, la NOM-020-SSA-2024 omite por completo este marco jurídico.

La norma no establece distinciones entre parteras indígenas y mestizas, ni entre aquellas que ejercen en contextos rurales, urbanos o comunitarios, diluyendo así la especificidad del derecho colectivo a la autodeterminación. Al ignorar este sustento constitucional, la NOM uniforma el tratamiento normativo de la partería tradicional y desvincula su ejercicio de los sistemas de salud propios de los pueblos indígenas.

Esta omisión se traduce en una desprotección efectiva para muchas parteras que, aunque indígenas, no habitan territorios formalmente reconocidos ni están integradas en estructuras comunitarias con reconocimiento legal, lo que les impide acceder plenamente a los derechos colectivos que les corresponden.

La invisibilización del derecho indígena en la NOM-020 resulta preocupante cuando se examina el apartado 7, dedicado a la vinculación del sistema de salud con la partería tradicional. Lejos de integrar una visión diferenciada y territorialmente situada, este apartado propone una relación homogénea y tecnificada que desconoce las diversas condiciones socioculturales en las que se ejerce la partería.

La norma no contempla las tensiones jurídicas y políticas que enfrentan las parteras indígenas urbanas ni las barreras que enfrentan aquellas que no han sido reconocidas formalmente como parte de una comunidad indígena organizada. Esta ausencia de enfoque intercultural y jurídico refuerza una lógica de regulación centralista, que si bien alude al respeto y articulación con saberes tradicionales, no garantiza mecanismos efectivos para su reconocimiento ni para la protección de los derechos que las sustentan.

El análisis de la NOM-020 deja en evidencia que, más allá de su intención de “regular” la práctica de la partería, el Estado continúa reproduciendo una lógica centralista que homogeneiza saberes, impone criterios técnicos ajenos a las realidades comunitarias y margina los marcos normativos propios de los pueblos indígenas.

La ausencia de un reconocimiento jurídico explícito de la autodeterminación y la diversidad territorial, cultural y organizativa de las parteras tradicionales debilita cualquier intento de articulación respetuosa entre sistemas de salud. Esta omisión no es menor: implica negar las condiciones materiales y simbólicas para el ejercicio pleno de derechos colectivos.

Frente a este panorama, resulta imprescindible repensar las políticas públicas en torno a la partería desde una perspectiva intercultural y de derechos, que no sólo reconozca formalmente a las parteras tradicionales, sino que garantice su participación efectiva en los procesos normativos y asegure condiciones para el ejercicio autónomo de su labor.

Cualquier regulación que pretenda ser legítima y justa debe partir del respeto a los sistemas propios de salud, a la pluralidad de contextos en los que se ejerce la partería, y a los derechos de las mujeres y de los pueblos a decidir sobre sus cuerpos, territorios y formas de nacer.

11/16/2024

Parteras de América Latina, pieza faltante en sistemas de salud para erradicar muerte materna

 .-Fuente: UFPACiudad de México.- Durante el Simposio Regional Intercultural de las Américas sobre Salud Materna de Mujeres Indígenas, parteras tradicionales y profesionales del continente se dieron cita para analizar los principales retos que aquejan a la región y que obstaculizan el acceso oportuno a servicios de calidad desde la etapa prenatal hasta el posparto; cuyo eje fundamental giró en ungir a gobiernos para mejorar sistemas de salud y abandonar todo discurso de exclusión y punibilidad en contra de los saberes de la partería.

En 2020, la razón de mortalidad materna en América Latina era de 88 muertes por cada 100.000 nacidos vivos. Cada hora muere una mujer debido a complicaciones en el embarazo, parto o puerperio. Y tratándose de mujeres indígenas y afrodescendientes, la cifra es tres veces mayor.

“La muerte de una mujer, en un momento que se supone es un acontecimiento de vida, representa la cara más cruel de la desigualdad y pobreza en nuestra región”, apuntó Susana Sottoli, directora regional del Fondo de Población de Naciones Unidas (UNFPA) para América Latina y el Caribe.

De acuerdo con la UNFPA, el 90% de las muertes maternas en nuestra región son evitables, sin embargo, para consagrar esta realidad es necesario derribar barreras sociales y, sobre todo, lograr acuerdos entre la academia, los sistemas de salud y las mujeres que ejercen el trabajo de partería.
Al momento de la intervención de México, el representante y nuevo titular de la Secretaría de Salud, el doctor David Kershenobich aseguró que, si bien había determinantes sociales a derribar, la prioridad del Estado mexicano es erradicar la mortalidad materna por ello, reconoció que esto no sería posible sin «tomar en cuenta la sabiduría comunitaria que viene de milenios atrás».

Acceso a mujeres parteras, clave para disminuir muerte materna


La participación de parteras profesionales y tradicionales para la atención materna representa un puente necesario para reducir la mortalidad, de acuerdo con Sandra Georgins Yarzo, en esta intersección se encuentran enfoques interculturales que enriquecen la atención y permiten soluciones efectivas y respetuosas. Escuchar las voces de las mujeres indígenas y recuperar sus saberes no es solo un acto de justicia sino una estrategia esencial para cerrar las brechas de desigualdad en la salud materna.

“No somos el problema. Queremos ser parte de la solución. Las sanadoras, las parteras y las obstetras indígenas tienen esa sabiduría que proviene de la relación con su comunidad, su pueblo, su vida y el entorno, con el uso de plantas y elementos naturales que han generado vida. Si estas prácticas no hubieran sido pertinentes, no habríamos nacido más, pervivido y llegado a este punto, refirió Tarcila Rivera Zea, fundadora del Enlace Continental de Mujeres Indígenas de las Américas (ECMIA).


En la región, de 2016 a 2022, el número de partos atendidos por personal de salud aumentó un 1%, es decir, el 95.8% de los partos se vivieron bajo el sistema de salud, de acuerdo con el Segundo Informe Regional sobre la Implementación del Consenso de Montevideo sobre Población y Desarrollo, a pesar de este incremento, la muerte materna se mantiene como una constante, aun cuando es prevenible.


En esta línea, Tarcila Rivera del ECMIA refirió que, por ello, es imprescindible lograr sistemas de salud interculturales y denunció que, a nivel estructural, existen cuestiones relacionadas al racismo y sus expresiones de discriminación: «No hemos tenido políticas de salud que nos incluyan a todas».


De manera conjunta, se exigieron 5 puntos fundamentales para atender esta incidencia de muerte materna, violencia obstétrica, negligencia y exclusión de los saberes en la partería:


  • Recopilar datos desagregados para diseñar estrategias eficaces y específicas para las mujeres indígenas.
  • Mejorar el acceso de las embarazadas indígenas a los servicios de salud materna.
  • Garantizar un parto digno, respetado y humanizado.
  • Brindar mayor información a las mujeres indígenas sobre anticoncepción y cuidados maternos.
  • Fortalecer los planes de capacitación sobre interculturalidad y no discriminación para el personal de salud.

El Estado de las Parteras en el Mundo mostró que, cuando las parteras se desempeñan junto a un equipo multidisciplinario y un entorno propicio, podrían satisfacer alrededor del 90% de la necesidad mundial de intervenciones esenciales en el continuo de la atención de la salud sexual, reproductiva, materna y neonatal (SSRMN).

En México, las parteras resisten desde el siglo XX

A mediados de los 1800, las profesiones de la salud intentaban hacer replegar a las parteras, pues las mujeres «invadían» los campos que eran considerados exclusivos de ellos; querían ganarse el reconocimiento social y del gremio académico, pero eso implicaba el intento por controlar a otras agrupaciones, entre ellas, a las parteras.

Y para 1887, se instauró la ginecología como especialidad, lo que terminó por recrudecer la presión estatal; los médicos –mayoritariamente hombres– exigían que las parteras tradicionales se hicieran a un lado en el camino obstétrico y de acompañamiento.

Esto último, lo documenta Ana María Carrillo en «Nacimiento y muerte de una profesión«, donde refiere que el Ministerio de Gobernación terminó cediendo y publicó un reglamento para las parteras. Se les limitaron sus funciones, donde se les demandaba sólo a atender aquellos asuntos de «menor importancia o riesgo»

«Están destinadas, aunque sin pretensiones de una igualdad imposible y absurda, a ser las auxiliares de los médicos en casos difíciles, y sus sustitutos en otros muy contados. Natural, era hacerles conocer el oficio en todos sus pormenores, de otra manera, servirían ustedes tanto como cualquier otra anciana de vecindad» (Doctor Quijano. en «La medicina científica, 1892).

Cimacnoticias conversó con Hanna Borboleta directora de Morada Violeta, sobre la situación actual del trabajo de partería, pues a pesar de que el actual titular de la Secretaría de Salud haya referido que está en la mejor disposición de trabajar de manera conjunta con las mujeres parteras tradicionales y profesionales, existe el Proyecto de Norma Oficial Mexicana NOM-020-SSA-2024 que, desde septiembre busca regular el trabajo de las parteras.

El objetivo de la norma es crear la profesionalización de la partería un hecho que, no sólo se aleja del reconocimiento de la ancestralidad de la práctica, sino que, además, desconoce el trabajo de parteras tradicionales y ejerce la violencia institucional al colocar como prioritaria la atención médica hegemónica, renegando y discriminando a las parteras de nuestro país.

Para Hannah Borboleta el Estado sí debe trabajar en conjunto con las parteras, pero no desde la criminalización, el castigo y la observancia, sino más bien, desde un piso parejo donde debe vincularse con ellas, trabajar en conjunto y construir un México donde se combata la violencia obstétrica, se garantice la atención digna y se prioricen las garantías de las y los bebés: «Eso sí tienen que estarlo viendo».

Hay que apuntar a que esta no es la primera vez que se intenta dar una ofensiva normativa en contra de las parteras de nuestro país, y es que, desde el año pasado el subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, Hugo López- Gatell, anunció que se buscaría regular el oficio con el objetivo de garantizar las «condiciones necesarias» para que la práctica fuera segura.

Esto último, a pesar de que la Organización de las Naciones Unidas ha apuntado a que, si las parteras recibieran apoyo e inversiones de todos los gobiernos del mundo, sólo en 2023, 4.3 millones de vidas que se habrían salvado, entre ellos, 1.9 millones de bebés que mueren después de 28 semanas de embarazo, pero antes del parto o durante este, al igual que 2 millones de muertes neonatales y 280 mil muertes maternas.

Esto último no quiere decir que no se busque una regulación en el trabajo de partería, por el contrario, se busca el diálogo bilateral con los sistemas de salud con el objetivo de construir espacios seguros para las mujeres en etapa de gestación y durante el parto; las muertes maternas y la negligencia no serán erradicadas mientras las parteras sean excluidas, discriminadas y criminalizadas.

9/07/2024

Parteras autónomas alertan sobre proyecto de NOM

 

La Red Mexicana de Parteras Autónomas hace un llamado a poner atención en esta regulación a parteras tradicionales, profesionales o cualquiera que sea la manera en la que se identifiquen, así como a mujeres, familias o personas preocupadas por mantener derechos y libertades para otros modos de parir y de nacer

Por Celia Guerrero / X: @celiawarrior

Durante mucho tiempo el estado mexicano ha intentado regular la práctica de la partería bajo restricciones y obligaciones discriminatorias e injustas para las mujeres que realizan esta labor desde concepciones de libertad y autonomía, fundamentadas en la experiencia que da el conocimiento transmitido entre pares (llámese partería tradicional, autónoma, certificada), y que se alejan de la medicalización y otros estándares patriarcales. El Proyecto de Norma Oficial Mexicana (NOM) 020-SSA-2024 “Para establecimientos de salud y para la práctica de la partería, en la atención integral materna y neonatal”, publicado el pasado 18 de julio, no es la excepción.

Basta revisar su contenido con ojos críticos —ya no digamos feministas— para fácilmente detectar estos dejos discriminatorios y, ahora, hasta tramposos, considera la abogada penalista María Nela Cuatle Hernández, aliada de la Red Mexicana de Parteras Autónomas.

Si bien su estatus aún es de proyecto de norma o NOM, es decir, todavía no está aceptada, la Red Mexicana de Parteras Autónomas ha difundido algunos de los aspectos de su redacción muy preocupantes que, consideran, tienen como objetivo someterlas “a la clandestinidad y la extinción como ha sucedido en otros países”, concluye la abogada María Nela Cuatle. 

Pero, ¿qué es lo que están señalando que podría encaminar a un futuro tan grave? Vámonos por partes: 

1. Lo primero es que el proyecto de NOM pretende regular la partería, pero solo reconoce y define dos tipos de parteras: profesionales y tradicionales. Esto no solo las categoriza sino que elimina a las que no caen esas definiciones. Además, la definición en sí misma limita a quienes sí se consideran dentro de ellas. Por ejemplo, hay parteras que tienen años en procesos de formación, profesionalización y certificación entre pares, pero no tienen un título o una cédula; eso ya las excluye de ser consideradas profesionales.

2. Si bien solo nombra dos tipos y podríamos pensar que entonces esta regulación no aplicará ni afectará a las parteras autónomas, sí habla de “personas no profesionales autorizadas para la prestación de servicios de partería”. Estas personas (o sea, todas las que practiquen la partería y no entren en las definiciones dadas) tendrá que mantener una “estrecha vinculación” con la Secretaría de Salud, que las autorizará cada dos años. Agrega que “podrán atender embarazos, partos y puerperios normales que ocurran en su comunidad de afluencia”, pero dando aviso a la institución. Literal dice que deberán “limitar la información que publicitan en materia de salud en medios de comunicación o publicitarios”. Si esto no es regulación, ¿qué sí lo es?

Y están también las sanciones, que no vienen en el proyecto de norma pero sí en las leyes que la regulan, entre ellas la Ley de Infraestructura de la Calidad. En esta, explica Cuatle, las multas van de los 5 a los 10 millones de pesos. “Si se queda tal como está [la  redacción], las autónomas están destinadas a la clandestinidad desde un lugar bastante riesgoso porque cualquier persona puede denunciarlas”.

3. No hace una sola mención del parto en casa. Habla de “Casas de partería” como “establecimientos de salud que otorgan servicios de partería profesional con pertinencia cultural, donde pueden participar parteras tradicionales”. Nótese que pueden; igual y no participan parteras y X, siguen considerándolas casas de partería. Esta definición, “no se apega a lo que son [las casas de partería] en realidad”, dice Cuatle, quien agrega que se está secuestrando la definición. 

“Están tratando de meternos al sistema o sacarnos del camino”, considera Saskia Vargas, quien es parte de la Red Mexicana de Parteras Autónomas. Sin embargo, el gobierno no entiende que “nos consideramos autónomas porque trabajamos fuera de establecimientos, en casa”.

4. El uso de medicamentos quedará restringido a personal con título o cédula. Lo que significaría, por ejemplo, que en una emergencia, aunque estén capacitadas y tengan los conocimientos para intervenir, si no son profesionistas no deberán hacerlo. Si la NOM queda así, caería en el absurdo de excluir a las parteras fuera de sus definiciones como acompañantes de abortos, lo cual incluso va en contra de las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

5. Los certificados de nacimiento solo serán entregados a parteras profesionales y tradicionales “vinculadas con el sistema de salud”. Ya sabemos que este es uno de los mayores problemas para quienes prestan servicios de partería fuera de establecimientos. Pero sobretodo es una violación de derechos a los recién nacidos y una limitación para las mujeres y familias que buscan tener sus partos en casa o fuera de establecimientos.

Es por esto que la Red Mexicana de Parteras Autónomas hace un llamado a poner atención en esta regulación a parteras tradicionales, profesionales o cualquiera que sea la manera en la que se identifiquen, así como a mujeres, familias o personas preocupadas por mantener derechos y libertades para otros modos de parir y de nacer.

En sus redes sociales explican cómo se pueden enviar comentarios al proyecto de NOM para dejar constancia de todas sus deficiencias. El plazo es hasta el 13 se septiembre de 2024. La apuesta es que las opiniones sean consideradas y, si crean una regulación, no sea así de injusta.

11/05/2022

Postura para parir, una decisión exclusiva de mujeres: reto para el sector salud


Fotografía: Flickr.- 

Ciudad de México.- Al parir, las mujeres deben ser el centro de la toma de decisiones, pero esto casi nunca ocurre así. Muchas de ellas son obligadas a llevar a cabo la labor de parto de manera horizontal, es decir, acostadas, aún cuando esta técnica representa dificultad y un dolor mayor del que supondría parir en cuclillas o sentada.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) destaca que cada año, 140 millones de mujeres tienen un parto. Y aunque la mayoría de estos se llevan a cabo sin complicaciones, en los últimos 20 años este proceso se ha tratado más como un “problema médico, que como un proceso natural”, destaca el organismo.
Las madres deben decidir cómo parir

Se dice que el rey Luis XIV de Francia fue el responsable de que las mujeres comenzaran a parir acostadas, ya que él tenía una “fascinación” -importante que la reconozcamos como violencia– por observar a mujeres mientras se encontraban en labor de parto.


“Él se frustró por la visión oscura del nacimiento cuando se realizaba en un taburete de parto, por lo que promovió una nueva posición. También insistió en que médicos hombres asistieran los nacimientos. Aunque se desconoce la influencia de la política del rey, el comportamiento de la realeza debe haber afectado a la población hasta cierto punto”, destaca la investigación The Evolution of Maternal Birthing Position, publicado en American Public Health Association (APHA).

Esta posición se ha convertido en la favorita de los médicos, para quienes resulta más cómodo atender partos mientras las mujeres se encuentran acostadas, señala la colectiva Medicina sin violencia.
Fotografía: Flickr

Pero ¿y las madres? En 2018 la OMS publicó una serie de recomendaciones para atención de embarazos y partos, entre las que destaca la siguiente:


“Que la mujer decida las posiciones para dar a luz y cuándo empujar durante el parto”.

Aquí se hace especial énfasis en que cada parto es único, pero la constante debe ser el poder de decisión de las madres, ya que en los últimos años se ha podido observar que son los médicos quienes toman el control del parto sin consultar a las mujeres.

En ese sentido entra en juego las dudas respecto a qué posición es la adecuada tanto para la madre como para el bebé. Pero organismos como la OMS destacan que posiciones diferentes a la de permanecer acostada no representan ningún riesgo para la salud y bienestar.


“Durante años las mujeres han tenido que tumbarse de espaldas, pero la OMS dice que hacerlo en otra postura no tiene ningún impacto negativo y por eso recomienda que se deje elegir a las mujeres si quieren parir en cuclillas, sentadas o en otra postura que les resulte confortable”, señala la Organización de las Naciones Unidas (ONU) Mujeres.
La partería como resistencia

En México, de las mujeres de 15 a 49 años que tuvieron un parto o cesárea entre 2016 y 2021, 33.4 por ciento experimentaron maltrato en la atención obstétrica durante la cesárea y 29.6 por ciento en el parto, reveló la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (Endireh) 2021.

La violencia obstétrica se manifiesta por medio de gritos o regaños, cesárea sin autorización, negación de anestesia, amenazas, jaloneos o falta de información. Ante este tipo de agresiones, las mujeres llamaron a defender sus cuerpos y los de las otras desde la partería, de la mano de un acompañamiento humanizado.

Aquí la figura de las parteras ha cobrado mayor relevancia, mujeres que contribuyen a evitar aproximadamente dos tercios de las muertes maternas y neonatales, señala ONU Mujeres.

“Hay evidencia que demuestra que en los lugares donde tenemos la presencia de una partera competente desciende la mortalidad materna, ya que la partera hace un acompañamiento, provee atención de calidad de todo el proceso reproductivo normal y detecta complicaciones”, asegura Alma Virginia Camacho, asesora regional del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) para América Latina y el Caribe.
Fotografía: Flickr

En México hay más de 20 mil parteras tradicionales, 100 parteras profesionales egresadas y 16 mil 684 licenciadas en enfermería y obstetricia, de acuerdo con información de la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México (CDHCM).

Una de ellas es María del Carmen Quevedo Acevedo, una mujer originaria de Morelos que -a sus 75 años- ha traído al mundo a más de mil 300 bebés. Durante 53 años como partera, destaca que en sus manos nunca ha vivido un deceso de madre o sus hijas e hijos.


“Apenas se iba formando la colonia, había cuando mucho 50 personas, no había médicos, no había transporte, no había nada. Con mis escasos conocimientos en primeros auxilios que tenía, empecé a atender niños por picadura de alacrán, diarreas, temperaturas, anginas, empachos, con cosas sencillas, así inicié en la casita de salud, ahí atendí a los primeros partos, estuve así durante tres años hasta que Salubridad me ofreció un curso intensivo para especializarme”, expresó.

Ahora, María del Carmen recibirá el reconocimiento de Tesoro Humano Vivo 2022 por parte de la Secretaría de Turismo y Cultura de la entidad. Luego de que durante poco más de medio siglo ha brindado sus conocimientos y apoyo emocional a las mujeres durante el embarazo, parto y periodo de lactancia. Su labor y la de miles de parteras más en México permite que las madres vivan este proceso con naturalidad y acompañamiento. Así, desde el amor, las mujeres que maternan nunca más estarán solas.