Mostrando las entradas con la etiqueta muerte materna MM. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta muerte materna MM. Mostrar todas las entradas

9/27/2025

Invertir en avances de obstetricia, disminuiría muerte materna en México: Jefa de Unidad en Hospital de la Mujer

Sin embargo, pese a que los avances obstétricos han fungido como herramientas esenciales para combatir la muerte materna (MM), puntualizó que no están disponibles en todos los hospitales, ya que no se consideran insumos básicos. Por ello, las instituciones que logran adquirirlos lo hacen mediante compras adicionales.

González, jefa de la Unidad Tocoquirúrgica del Hospital de la Mujer, resaltó que un buen control preconcepcional y prenatal es esencial para identificar factores de riesgo y reducir la morbilidad y mortalidad materna.

“Si la mortalidad materna es 100% prevenible, lo ideal es contar con todas las herramientas necesarias para disminuirla al máximo, casi al 100%”, enfatizó.

La Secretaría de Salud Pública, a través de sus Informes Semanales para la Vigilancia Epidemiológica de Muertes Maternas, indicó que hasta la semana epidemiológica 38 correspondiente a septiembre del 2025, la razón de mortalidad materna preliminar calculada es de 25.3 defunciones por cada 100 mil nacimientos estimados.

En un comparativo hasta la primera semana de septiembre de 2025 se registraron 347 defunciones, en tanto que para el mismo corte de 2024 se registraron 362 defunciones. Lo descrito representa una disminución de 15 defunciones en el 2025
con respecto al 2024, con un porcentaje de 4.1%.

Las entidades que presentan mayor número de defunciones maternas son: estado de México (55), Chiapas (30), Jalisco (24), Veracruz (22) y CDMX con (19) defunciones. En total presentan el 40.9% de las defunciones.

El grupo de edad de las muertes maternas notificadas, en donde se puede observar que el grupo de edad de 45 a 49 años es el
grupo etario con mayor razón de mortalidad materna con una razón de muerte materna (RMM) de 69.3 por cada 100 mil recién nacidos vivos.

Las principales causas de defunción son: enfermedad hipertensiva, edema y proteinuria en el embarazo, el parto y el puerperio (15.5%); hemorragia obstétrica (13.4%); aborto (11.4%) y embolia obstétrica con el (5.2%).

González Martínez, añadió que en hospitales de primer y segundo nivel, aun cuando no exista infraestructura avanzada, es fundamental contar con herramientas básicas para contener de manera inmediata una hemorragia obstétrica. “Si logramos contener la hemorragia, ganamos tiempo para trasladar a la paciente a una unidad con todo lo necesario de acuerdo con sus necesidades”, explicó

Cabe señalar que hasta la primera semana de septiembre, en México se han registrado 346 muertes maternas. Si bien el país ha presentado avances en tecnología obstétrica, resulta indispensable que estos se apliquen en toda la región y que exista una mayor inversión para garantizar su cobertura.

La especialista subrayó que la mortalidad materna (MM) es también un indicador de desarrollo de un país, ya que refleja no solo deficiencias en la atención médica, sino también las limitaciones de acceso a los servicios de salud que enfrentan las pacientes, así como las condiciones de pobreza.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que en zonas remotas la probabilidad de recibir atención médica adecuada disminuye drásticamente. Por ejemplo, aproximadamente el 92% de todas las muertes maternas en 2023 se produjeron en países de ingreso bajo y mediano bajo, y la mayoría podrían haberse evitado.

Avances en México

En México, se han implementado diferentes innovaciones tecnológicas que ayudan a prevenir la mortalidad materna. Entre ellas se encuentra un algoritmo de inteligencia artificial que permite detectar de manera temprana la preeclampsia. Este sistema puede identificar el riesgo en pacientes con menos de 34 semanas de embarazo y reducir hasta en un 82% la incidencia, mientras que en mujeres con 37 semanas puede disminuirla hasta en un 62%.

Otra herramienta es el estudio de los niveles angiogénicos y antiangiogénicos, que pueden medirse desde el primer trimestre del embarazo. Dichos factores están relacionados con la formación de vasos sanguíneos; en la preeclampsia ocurre un desbalance entre los que favorecen la formación de vasos y los que la inhiben, lo que genera complicaciones en la salud materna y fetal.

Para los casos de hemorragia obstétrica masiva, resulta fundamental el uso del ROTEM o tromboelastógrafo, un instrumento que mide la capacidad global de la coagulación sanguínea. No todos los hospitales públicos cuentan con esta tecnología, pero en las instituciones que la tienen como el Hospital de la Mujer, es posible evaluar la calidad del coágulo que forman las mujeres.

Esto permite identificar la pérdida de factores de coagulación, tiempos de coagulación, plaquetas y fibrinógeno, elementos indispensables para salvar vidas en emergencias obstétricas.

Otra innovación es el estudio del ADN fetal en sangre materna, que contribuye a disminuir la mortalidad y la morbilidad neonatal. Este procedimiento permite detectar alteraciones cromosómicas de manera temprana mediante una muestra de sangre de la madre. Con esta información, las pacientes pueden tomar decisiones informadas, incluida la posibilidad de interrumpir el embarazo si así lo deciden.

También se han incorporado biomarcadores moleculares como predictores de trisomías y otros diagnósticos genéticos, así como la telemedicina, una herramienta clave para pacientes que viven en comunidades alejadas de grandes centros hospitalarios, lo cual facilita el control prenatal y la detección temprana de riesgos, aun en zonas con limitaciones de infraestructura médica.

La doctora González enfatizó que, además de la atención médica, la salud mental es un aspecto clave que no debe dejarse de lado. En países desarrollados, se promueven grupos de apoyo, acompañamiento psicológico y medidas para prevenir la depresión posparto, que en casos extremos puede llevar a autolesiones y, en consecuencia, a muertes maternas indirectas.

Finalmente, destacó que aún existen otros indicadores visuales, como los de morfometría en el parto, que no están disponibles en la mayoría de hospitales y que podrían contribuir a mejorar la atención obstétrica.

Avances en otros países

En otros lugares del mundo se han desarrollado proyectos innovadores que también podrían implementarse en México. En Estados Unidos, por ejemplo, la Fundación Bill y Melinda Gates ha impulsado el uso de monitores portátiles para dar seguimiento a pacientes de alto riesgo desde su hogar, incluso durante el puerperio.

Estos dispositivos mejoran la calidad de la atención sin interrumpir el contacto piel con piel entre madre y recién nacido, lo cual es crucial para el desarrollo del bebé. Se estima que en Estados Unidos el uso de estos dispositivos podría reducir hasta 26 mil muertes neonatales al año.

Asimismo, se desarrollan modelos que combinan electrocardiogramas de 12 derivaciones con inteligencia artificial, capaces de predecir el riesgo de preclampsia en pacientes obstétricas, lo que sería de gran utilidad si se implementara en México.

Otro avance es el “nanovelcro chip”, una tecnología que mediante una muestra de sangre materna permite determinar la cantidad de trofoblastos presentes. Estas células de la placenta aumentan cuando existen alteraciones en la inserción placentaria, lo que ayuda a diagnosticar complicaciones de manera más temprana. 

7/26/2025

México registra 279 muertes maternas en 2025. Caso Marisol, señala al IMSS por negligencia

 

.-Ciudad de México.– Tuvieron que pasar diez años para que el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) ofreciera una disculpa tras reconocer que Marisol Gutiérrez, una mujer migrante salvadoreña que residía en Chiapas, falleció por muerte materna (MaMu) provocada por una negligencia médica y este caso recuerda que el país tiene una deuda importante con las mujeres, porque este tipo de muertes prevenibles siguen ocurriendo, tan solo en lo que va del año se han registrado 279 muertes maternas, de acuerdo con la Secretaría de Salud.

Las disculpas ofrecidas por el IMSS, como símbolo de reparación, fueron emitidas a puerta cerrada y no fueron aceptadas por el esposo de Marisol Gutiérrez. Él manifestó que no las recibiría, ya que el director del IMSS, Zoé Robledo Aburto, no estuvo presente en el acto, este no se realizó en un espacio público y tampoco se han asumido medidas efectivas para garantizar la no repetición de los hechos.

Asimismo, durante el evento, el esposo de Marisol denunció que sus peticiones fueron ignoradas. Había solicitado que el acto se realizara en un lugar simbólico o representativo para la familia. Ante ello, Fundar apuntó: “Las víctimas han puesto en duda la sinceridad de la disculpa y el compromiso del Estado para cumplir genuinamente con las medidas”.

“En este acto de reconocimiento, es importante señalar que las disculpas públicas en procesos de reparación tienen el objetivo de dignificar a las víctimas y promover la reconciliación social. Por ello, es fundamental que se tomen en cuenta sus necesidades y condiciones para que estas disculpas sean realmente reparatorias. De lo contrario, pueden dar la impresión de que las violaciones y el sufrimiento de la familia no son tomados en serio”. añadió Matilde Pérez, investigadora del programa de Rendición de Cuentas y Combate a la Corrupción de Fundar

Marisol Gutiérrez era una mujer salvadoreña quien logró establecerse en Bochil, Chiapas, junto con su esposo, Miceli Gómez Hernández, y sus tres hijos: Catherine, Cristian y Yair, pero el 19 de julio del 2015, la mujer llegó con 39 semanas de embarazo, llegó por su propio pie al Hospital Rural del IMSS Prospera en Bochil, donde fue atendida únicamente por pasantes de gineco-obstetricia, ya que el único especialista solo atendía por la mañana.

Horas más tarde, el personal médico informó a su esposo que la bebé había fallecido y que se realizaría una cesárea de emergencia. Posteriormente, señalaron que durante la intervención Marisol presentó una hemorragia grave, por lo que sería trasladada a otro hospital con mayor capacidad, ya que en ese momento no contaban con insumos, equipo ni personal adecuados. Además, requería atención en una Unidad de Cuidados Intensivos.

A partir de la medianoche se intentó transferirla al Hospital General de Zona No. 2 del IMSS en Tuxtla Gutiérrez, ubicado a una hora y media de Bochil. Sin embargo, dicho hospital no la recibió de inmediato porque no contaba con personal médico intensivista disponible. Fue hasta las 6 de la mañana que inició el traslado, ya que solo podían recibirla hasta las 8. En el trayecto, Marisol perdió la vida..

Es importante recordar que, desde hace siete años, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) emitió un Convenio de Conciliación con el IMSS, en el cual reconoció la violación al derecho a la salud y a la vida de Marisol. También determinó las omisiones del personal médico y señaló la necesidad de implementar garantías de no repetición, como la disponibilidad de personal capacitado, insumos médicos, una ambulancia equipada, y la optimización del servicio en materia obstétrica.

No obstante, a una década del fallecimiento de Marisol Gutiérrez, Fundar denunció que el Hospital Rural de Bochil aún no cuenta con un banco de sangre en operación; persiste la carencia de personal gineco-obstetra en todos los turnos y fines de semana; no se ha garantizado la disponibilidad de insumos, equipo ni personal capacitado para realizar estudios y ultrasonidos; y todavía no se han investigado ni sancionado a las personas servidoras públicas responsables por estos hechos.

Fundar, organización que ha acompañado a la familia durante este proceso, señaló que el acto no cumplió con los estándares ni con las buenas prácticas que deben regir este tipo de disculpas simbólicas. Advirtió que no se llevó a cabo con la divulgación pública necesaria, ni contó con la presencia de funcionarios del Estado, como lo establecen los estándares de la Corte Interamericana de Derechos Humanos y la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Chiapas

Es importante destacar que, durante la semana 28 de este año, Chiapas fue la entidad que reportó el mayor número de defunciones maternas después del Estado de México, con un total de 24 muertes, lo que representa el 15% del total nacional, esto de acuerdo con la Secretaría de Salud.

Esta entidad ha liderado las estadísticas de muertes maternas desde hace años. Por ejemplo, en 2015, durante el mismo periodo, fue el estado con el mayor número de muertes maternas, registrando 24 defunciones. Aunque la cifra de 2025 es ligeramente menor, es evidente que no ha habido avances sustanciales para atender de raíz esta problemática en la entidad.

Problemática evitable

La Organización Mundial de la Salud (OMS), considera la muerte materna cuando las mujeres pierden la vida por complicaciones durante o tras el embarazo o el parto y éstas son, en su mayoría, prevenibles o tratables. No obstante, otras complicaciones podían existir antes del embarazo, pero se agravan con la gestación, especialmente si no se tratan.

Hoy sabemos que las principales complicaciones, causantes de aproximadamente el 75% de todas las muertes maternas, son hemorragias graves (mayoritariamente, tras el parto), las infecciones (generalmente, tras el parto, hipertensión arterial durante el embarazo (preeclampsia y eclampsia), abortos peligrosos y complicaciones en el parto.

No olvidemos que en los Objetivos de Desarrollo Sostenible en su punto 3, exigen a los Estados, «garantizar una vida sana y promover el bienestar para todas y todos en todas las edades y como meta se estableció que para el 2030, se deberá reducir la tasa mundial de mortalidad materna a menos de 70 por cada 100 mil nacidos vivos.

Además, la OMS ha señalado que “la mayoría de las muertes maternas son evitables, ya que las soluciones para prevenir o tratar las complicaciones son bien conocidas”. Esto implica atender embarazos no deseados mediante el acceso a anticonceptivos, así como con servicios de aborto seguro y gratuito.

Y sostiene que todas las mujeres deben tener acceso a cuidados de calidad durante el embarazo, el parto y el puerperio, ya que la salud materna y neonatal están estrechamente vinculadas. Es indispensable que sean atendidas por profesionales de la salud calificados para garantizar el bienestar tanto de la madre como del recién nacido.

Esta misma organización internacional señala que, en zonas remotas, la probabilidad de recibir atención médica adecuada disminuye. Por ejemplo, el 99% de los nacimientos en países de ingresos altos son atendidos por personal médico, mientras que en países de ingresos bajos esta cifra desciende al 73%, y en países de ingresos medianos se sitúa en el 84%.

Entre los factores que agravan esta situación, la OMS identifica: fallas en los sistemas de salud (como la mala calidad de la atención, escasez de personal médico, falta de suministros y escasa rendición de cuentas); condiciones socioeconómicas como el ingreso y el acceso a la educación; factores sociodemográficos (como la raza y la etnia); normas y desigualdades de género que relegan los derechos sexuales y reproductivos; y factores externos como las crisis climáticas y humanitarias.

5/24/2025

Muerte Materna aumenta 2.3% en México, con 10 muertes por semana

 

La entidad que se reportó con mayor número de defunciones maternas fue el estado de México con un total de 21, lo que significa el 15% del total de las defunciones. Esta entidad ha liderado las listas por muertes maternas desde hace años; por ejemplo, en 2015, durante el mismo periodo, se colocó como el estado con mayor número de muertes maternas, en donde se reportó un total de 32 muertes. Pese a que la cifra para 2025 es menor, podemos observar que ha existido un nulo avance que permita discernir la problemática de fondo en la entidad.

Las principales causas de fallecimiento que se indicaron son: el aborto con un 13.9%, enfermedad hipertensiva, edema y proteinuria en el embarazo, el parto y el puerperio con el 10.7%, y la hemorragia obstétrica con un 7.4%.

Las mujeres habitantes de zonas remotas son las que menos probabilidades tienen de recibir una atención de salud adecuada, lo cual se agrava ante el panorama actual en México, pues este año, el presupuesto asignado para salud sexual y reproductiva ha experimentado recortes significativos, con una disminución del 14% en comparación con 2019. En 2025, el programa de salud materna, sexual y reproductiva tiene una asignación de 2 mil 848 millones de pesos, mientras que en 2019 fue de 3 mil 317 mdp.

Después del Estado de México, prosiguen Chiapas con 18 defunciones, Jalisco con 11, Ciudad de México con 10 y Veracruz con 9, los cuales representan casi la mitad del total de defunciones en el país. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, el elevado número de muertes maternas en algunas zonas del mundo refleja las desigualdades en el acceso a servicios de salud de calidad y pone de relieve la brecha entre ricos y pobres.
El riesgo de muerte materna a lo largo de la vida es mayor en el caso de las mujeres que viven en países de ingreso bajo. Se entiende por riesgo de muerte materna a lo largo de la vida la probabilidad de que una mujer de 15 años acabe muriendo por una causa relacionada con la salud materna. En los países de ingreso alto, este valor es de 1 en 7,933, frente a 1 en 66 en los países de ingreso bajo.

Los datos más recientes de que se dispone parecen indicar que, en la mayoría de los países de ingreso alto y mediano alto, en aproximadamente el 99% de todos los nacimientos interviene personal médico, de partería o de enfermería capacitado. Sin embargo, solo en el 73% de todos los nacimientos en los países de ingreso bajo, y en el 84% en el caso de los países de ingreso mediano bajo, participa personal de salud calificado.

Los factores que impiden que las mujeres reciban o busquen atención durante el embarazo o el parto son múltiples. Entre ellos se encuentran fallos del sistema de salud que se traducen en atención de mala calidad, incluidas faltas de respeto, malos tratos y abuso; número insuficiente de proveedores de atención de salud que, además, carecen de la debida capacitación; escasez de suministros médicos esenciales, y poca rendición de cuentas de los sistemas de salud.

También influyen determinantes sociales como los ingresos, el acceso a la educación y el origen étnico, que colocan a algunas subpoblaciones en situación de mayor riesgo. A esto se suman normas de género perjudiciales y desigualdades que provocan que no se prioricen como es debido los derechos de las mujeres y las niñas, incluido su derecho a servicios de salud sexual y reproductiva seguros, de calidad y asequibles.

Panorama en Latinoamérica

En América Latina, el informe titulado “Mortalidad materna en América Latina y el Caribe: lecciones para México” señala que la mortalidad materna es un reflejo de la incapacidad de los sistemas de salud y de las sociedades en su conjunto para garantizar el derecho a la salud de las mujeres de forma digna. A pesar de que se han alcanzado ciertas disminuciones en décadas recientes, la mortalidad materna sigue siendo un problema grave en América Latina y el Caribe. Para México, aún hay desafíos persistentes, agravados por la pandemia de COVID-19.

Pese a que países como Chile y Costa Rica han logrado, desde hace más de tres décadas, reducciones significativas gracias al aumento del gasto público en salud y a mejoras en la calidad de los servicios de salud, el progreso en otras zonas se ha presentado de forma desigual. En países como Haití, las tasas de mortalidad materna siguen siendo alarmantemente altas. A pesar de ciertos avances, Haití enfrenta una crisis política crónica y una grave falta de recursos para la salud, lo que obstaculiza las mejoras en la atención materna y destaca las profundas desigualdades en la región.

Ante este contexto, dentro del informe se subraya que, si bien es indispensable invertir en salud, esta debe ir acompañada de una asignación adecuada y de la implementación eficaz de políticas adaptadas a las necesidades específicas de cada comunidad. Cabe destacar que, de acuerdo con la Organización Panamericana de la Salud (OPS), la mayoría de las muertes maternas, nueve de cada diez, son evitables.

Es por ello que se vuelve primordial aplicar políticas innovadoras que busquen mejorar la infraestructura de salud, fomentar la educación y el empoderamiento de las mujeres, además de implementar subsidios y programas de transporte que puedan facilitar el acceso a los servicios necesarios sin que las mujeres enfrenten barreras económicas.

Problemática evitable

Además, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha señalado que «la mayoría de las muertes maternas son evitables, ya que las soluciones de atención de salud para prevenir o tratar las complicaciones son bien conocidas», es decir, atendiendo embarazos no deseados a través del acceso a anticonceptivos y con servicios de aborto gratuito y seguros.

Asimismo, señala que todas las mujeres necesitan tener acceso a los cuidados de alta calidad durante su embarazo, el parto y el puerperio, ya que la salud materna y la neonatal están relacionadas. De esta manera, deben ser atendidas por profesionales de la salud calificados en la atención y tratamientos para el bienestar de la madre y del recién nacido.

Y con esto, ¿por qué las mujeres siguen sin recibir la atención necesaria para evitar la muerte materna? La OMS apunta que, en las zonas remotas, como África Subsahariana y Asia meridional, hay menos probabilidad de recibir atención de salud adecuada. Por ejemplo, el 99% de los nacimientos en países de ingresos altos son atendidos por personal médico, situación que se repite con el 73% de nacimientos en países de bajo ingreso y el 84% en países de mediano ingreso.

Otros factores a tomar en cuenta, según la OMS son: fallas en el sistema se salud (mala calidad de atención, insuficiente personal médico, escases de suministros, poca rendición de cuentas del sistema de salud); el ingreso y acceso a la educación; factores sociodemográficos (raza y etnia); normas y desigualdades de género que no priorizan los derechos sexuales y reproductivos; y factores externos como la crisis climática y humanitaria.

Mientras que la salud de las mujeres siga siendo relegada a un segundo plano, el retroceso de la muerte materna en el mundo será un avance lento quedando así una deuda pendiente con las mujeres.

4/12/2025

El progreso para acabar con las muertes maternas está bajo amenaza

Jahan, de 18 años, dio a luz a su primer bebé en un centro de atención primaria para refugiados de la etnia rohinyá que huyen de la persecución en Myanmar. Las agencias de la ONU destacan que las tasas de mortalidad materna se mantienen elevadas en contextos frágiles y de conflictos, y solicitan que no se recorte la ayuda internacional que sostiene en esos entornos los servicios de salud para madres y recién nacidos. Imagen: Jahan Satu / Unicef

NACIONES UNIDAS – Las mujeres de hoy tienen más probabilidades que nunca de sobrevivir al embarazo y al parto, pero esa tendencia está amenazada por recortes a la ayuda internacional cuando todavía se produce una muerte materna cada dos minutos, señaló este lunes 7 un informe de agencias de las Naciones Unidas.

Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), dijo que “si bien este informe ofrece indicios de esperanza, los datos también resaltan lo peligroso que sigue siendo el embarazo en gran parte del mundo hoy en día”.

Publicado con motivo del Día Mundial de la Salud, el informe “Tendencias de la mortalidad materna” muestra una disminución mundial de 40 % en las muertes maternas entre 2000 y 2023, debido principalmente a un mejor acceso a los servicios de salud esenciales.

Sin embargo, revela que el ritmo de mejora se ha ralentizado significativamente desde 2016, y que se estima que 260 000 mujeres fallecieron en 2023 como consecuencia de complicaciones del embarazo o el parto, lo que equivale aproximadamente a una muerte materna cada dos minutos.

El informe se publica en un momento en que los recortes en la financiación humanitaria están teniendo graves repercusiones en la atención sanitaria esencial en muchas partes del mundo, obligando a los países a reducir servicios vitales de salud materna, neonatal e infantil.

Los recortes han provocado el cierre de centros sanitarios y la pérdida de personal, además de interrumpir las cadenas de suministro de insumos y medicamentos esenciales, como tratamientos para hemorragias, preeclampsia y malaria, todas ellas causas principales de muerte materna.

El informe fue elaborado en conjunto por la OMS, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) y el Fondo de Población de las Naciones Unidas (Unfpa), con respaldo del Banco Mundial.

Las agencias advierten de que, si no se toman medidas urgentes, las mujeres embarazadas en muchos países enfrentarán graves repercusiones, particularmente aquellas en entornos humanitarios donde las muertes maternas ya son alarmantemente altas.

“Además de garantizar el acceso a una atención materna de calidad, será fundamental fortalecer la salud y los derechos reproductivos de las mujeres y las niñas, factores que sustentan sus perspectivas de un desarrollo saludable durante el embarazo y después del mismo”, observó Tedros.

El informe también ofrece el primer recuento mundial del impacto de la pandemia covid-19 en la supervivencia materna. En 2021, se estima que 40 000 mujeres más fallecieron a causa del embarazo o el parto, cifra que aumentó a 322 000 desde las 282 000 del año anterior.

Ese aumento repentino se relacionó no solo con complicaciones directas causadas por covid, sino también con interrupciones generalizadas en los servicios de maternidad, lo que pone de relieve la importancia de garantizar esa atención durante pandemias y otras emergencias.

Las mujeres embarazadas necesitan acceso fiable a servicios y controles rutinarios, así como a atención urgente las 24 horas, recuerda el informe.

“Cuando una madre muere durante el embarazo o el parto, la vida de su bebé también corre peligro. Con demasiada frecuencia, ambos fallecen por causas que sabemos prevenir”, observó Catherine Russell, directora ejecutiva de Unicef.

De inmediato expuso que “los recortes globales a la financiación de los servicios de salud ponen en riesgo a más mujeres embarazadas, especialmente en los entornos más frágiles, al limitar su acceso a la atención esencial durante el embarazo y al apoyo que necesitan durante el parto”.

Por ello “el mundo debe invertir urgentemente en parteras, enfermeras y trabajadores sanitarios comunitarios, para garantizar que cada madre y cada bebé tengan la oportunidad de sobrevivir y prosperar”, agregó Russell.

El informe destaca las persistentes desigualdades entre regiones y países, así como el progreso desigual.

Con una disminución de la mortalidad materna de alrededor de 40 % entre 2000 y 2023, África subsahariana logró avances significativos y fue una de las tres regiones de la ONU, junto con Australia y Nueva Zelanda, y Asia Central y Meridional, que registraron descensos significativos después de 2015.

Sin embargo, con sus altas tasas de pobreza y los múltiples conflictos, la región de África subsahariana aún representaba aproximadamente 70 % de la carga mundial de muertes maternas en 2023.

Como indicio de una desaceleración del progreso, la mortalidad materna se estancó en cinco regiones después de 2015: África del Norte y Asia Occidental, Asia Oriental y Sudoriental, Oceanía (excluidas Australia y Nueva Zelanda), Europa y América del Norte, y América Latina y el Caribe.

Según el informe, las mujeres embarazadas que viven en emergencias humanitarias enfrentan algunos de los mayores riesgos a nivel mundial. Casi dos tercios de las muertes maternas a nivel mundial ocurren actualmente en países afectados por fragilidad o conflicto.

Para las mujeres en estos entornos, los riesgos son alarmantes: una niña de 15 años enfrenta un riesgo de uno en 51 de morir por una causa materna en algún momento de su vida, en comparación con uno en 593 en países más estables.

Los mayores riesgos se presentan en Chad y la República Centroafricana (uno en 24), seguidos de Nigeria (uno en 25), Somalia (uno en 30) y Afganistán (uno en 40).

Frente a ese panorama, el informe de la ONU destaca que además de garantizar servicios esenciales durante el embarazo, el parto y el puerperio, son muy importantes los esfuerzos para mejorar la salud general de las mujeres, mejorando el acceso a servicios de planificación familiar y previniendo afecciones subyacentes.

También será crucial garantizar que las niñas permanezcan en la escuela y que las mujeres y las niñas cuenten con los conocimientos y recursos necesarios para proteger su salud, agrega el documento.

El informe destaca que -contrariamente a los recortes de recursos entre los que destaca el cese de muchos aportes de Estados Unidos- se requiere incrementar, y de manera urgente, la inversión necesaria para prevenir las muertes maternas.

“El acceso a servicios de salud materna de calidad es un derecho, no un privilegio, y todos compartimos la urgente responsabilidad de construir sistemas de salud con recursos suficientes que protejan la vida de cada mujer embarazada y cada recién nacido”, concluyó la directora ejecutiva del Unfpa, Natalia Kanem.

A-E/HM

11/16/2024

Parteras de América Latina, pieza faltante en sistemas de salud para erradicar muerte materna

 .-Fuente: UFPACiudad de México.- Durante el Simposio Regional Intercultural de las Américas sobre Salud Materna de Mujeres Indígenas, parteras tradicionales y profesionales del continente se dieron cita para analizar los principales retos que aquejan a la región y que obstaculizan el acceso oportuno a servicios de calidad desde la etapa prenatal hasta el posparto; cuyo eje fundamental giró en ungir a gobiernos para mejorar sistemas de salud y abandonar todo discurso de exclusión y punibilidad en contra de los saberes de la partería.

En 2020, la razón de mortalidad materna en América Latina era de 88 muertes por cada 100.000 nacidos vivos. Cada hora muere una mujer debido a complicaciones en el embarazo, parto o puerperio. Y tratándose de mujeres indígenas y afrodescendientes, la cifra es tres veces mayor.

“La muerte de una mujer, en un momento que se supone es un acontecimiento de vida, representa la cara más cruel de la desigualdad y pobreza en nuestra región”, apuntó Susana Sottoli, directora regional del Fondo de Población de Naciones Unidas (UNFPA) para América Latina y el Caribe.

De acuerdo con la UNFPA, el 90% de las muertes maternas en nuestra región son evitables, sin embargo, para consagrar esta realidad es necesario derribar barreras sociales y, sobre todo, lograr acuerdos entre la academia, los sistemas de salud y las mujeres que ejercen el trabajo de partería.
Al momento de la intervención de México, el representante y nuevo titular de la Secretaría de Salud, el doctor David Kershenobich aseguró que, si bien había determinantes sociales a derribar, la prioridad del Estado mexicano es erradicar la mortalidad materna por ello, reconoció que esto no sería posible sin «tomar en cuenta la sabiduría comunitaria que viene de milenios atrás».

Acceso a mujeres parteras, clave para disminuir muerte materna


La participación de parteras profesionales y tradicionales para la atención materna representa un puente necesario para reducir la mortalidad, de acuerdo con Sandra Georgins Yarzo, en esta intersección se encuentran enfoques interculturales que enriquecen la atención y permiten soluciones efectivas y respetuosas. Escuchar las voces de las mujeres indígenas y recuperar sus saberes no es solo un acto de justicia sino una estrategia esencial para cerrar las brechas de desigualdad en la salud materna.

“No somos el problema. Queremos ser parte de la solución. Las sanadoras, las parteras y las obstetras indígenas tienen esa sabiduría que proviene de la relación con su comunidad, su pueblo, su vida y el entorno, con el uso de plantas y elementos naturales que han generado vida. Si estas prácticas no hubieran sido pertinentes, no habríamos nacido más, pervivido y llegado a este punto, refirió Tarcila Rivera Zea, fundadora del Enlace Continental de Mujeres Indígenas de las Américas (ECMIA).


En la región, de 2016 a 2022, el número de partos atendidos por personal de salud aumentó un 1%, es decir, el 95.8% de los partos se vivieron bajo el sistema de salud, de acuerdo con el Segundo Informe Regional sobre la Implementación del Consenso de Montevideo sobre Población y Desarrollo, a pesar de este incremento, la muerte materna se mantiene como una constante, aun cuando es prevenible.


En esta línea, Tarcila Rivera del ECMIA refirió que, por ello, es imprescindible lograr sistemas de salud interculturales y denunció que, a nivel estructural, existen cuestiones relacionadas al racismo y sus expresiones de discriminación: «No hemos tenido políticas de salud que nos incluyan a todas».


De manera conjunta, se exigieron 5 puntos fundamentales para atender esta incidencia de muerte materna, violencia obstétrica, negligencia y exclusión de los saberes en la partería:


  • Recopilar datos desagregados para diseñar estrategias eficaces y específicas para las mujeres indígenas.
  • Mejorar el acceso de las embarazadas indígenas a los servicios de salud materna.
  • Garantizar un parto digno, respetado y humanizado.
  • Brindar mayor información a las mujeres indígenas sobre anticoncepción y cuidados maternos.
  • Fortalecer los planes de capacitación sobre interculturalidad y no discriminación para el personal de salud.

El Estado de las Parteras en el Mundo mostró que, cuando las parteras se desempeñan junto a un equipo multidisciplinario y un entorno propicio, podrían satisfacer alrededor del 90% de la necesidad mundial de intervenciones esenciales en el continuo de la atención de la salud sexual, reproductiva, materna y neonatal (SSRMN).

En México, las parteras resisten desde el siglo XX

A mediados de los 1800, las profesiones de la salud intentaban hacer replegar a las parteras, pues las mujeres «invadían» los campos que eran considerados exclusivos de ellos; querían ganarse el reconocimiento social y del gremio académico, pero eso implicaba el intento por controlar a otras agrupaciones, entre ellas, a las parteras.

Y para 1887, se instauró la ginecología como especialidad, lo que terminó por recrudecer la presión estatal; los médicos –mayoritariamente hombres– exigían que las parteras tradicionales se hicieran a un lado en el camino obstétrico y de acompañamiento.

Esto último, lo documenta Ana María Carrillo en «Nacimiento y muerte de una profesión«, donde refiere que el Ministerio de Gobernación terminó cediendo y publicó un reglamento para las parteras. Se les limitaron sus funciones, donde se les demandaba sólo a atender aquellos asuntos de «menor importancia o riesgo»

«Están destinadas, aunque sin pretensiones de una igualdad imposible y absurda, a ser las auxiliares de los médicos en casos difíciles, y sus sustitutos en otros muy contados. Natural, era hacerles conocer el oficio en todos sus pormenores, de otra manera, servirían ustedes tanto como cualquier otra anciana de vecindad» (Doctor Quijano. en «La medicina científica, 1892).

Cimacnoticias conversó con Hanna Borboleta directora de Morada Violeta, sobre la situación actual del trabajo de partería, pues a pesar de que el actual titular de la Secretaría de Salud haya referido que está en la mejor disposición de trabajar de manera conjunta con las mujeres parteras tradicionales y profesionales, existe el Proyecto de Norma Oficial Mexicana NOM-020-SSA-2024 que, desde septiembre busca regular el trabajo de las parteras.

El objetivo de la norma es crear la profesionalización de la partería un hecho que, no sólo se aleja del reconocimiento de la ancestralidad de la práctica, sino que, además, desconoce el trabajo de parteras tradicionales y ejerce la violencia institucional al colocar como prioritaria la atención médica hegemónica, renegando y discriminando a las parteras de nuestro país.

Para Hannah Borboleta el Estado sí debe trabajar en conjunto con las parteras, pero no desde la criminalización, el castigo y la observancia, sino más bien, desde un piso parejo donde debe vincularse con ellas, trabajar en conjunto y construir un México donde se combata la violencia obstétrica, se garantice la atención digna y se prioricen las garantías de las y los bebés: «Eso sí tienen que estarlo viendo».

Hay que apuntar a que esta no es la primera vez que se intenta dar una ofensiva normativa en contra de las parteras de nuestro país, y es que, desde el año pasado el subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, Hugo López- Gatell, anunció que se buscaría regular el oficio con el objetivo de garantizar las «condiciones necesarias» para que la práctica fuera segura.

Esto último, a pesar de que la Organización de las Naciones Unidas ha apuntado a que, si las parteras recibieran apoyo e inversiones de todos los gobiernos del mundo, sólo en 2023, 4.3 millones de vidas que se habrían salvado, entre ellos, 1.9 millones de bebés que mueren después de 28 semanas de embarazo, pero antes del parto o durante este, al igual que 2 millones de muertes neonatales y 280 mil muertes maternas.

Esto último no quiere decir que no se busque una regulación en el trabajo de partería, por el contrario, se busca el diálogo bilateral con los sistemas de salud con el objetivo de construir espacios seguros para las mujeres en etapa de gestación y durante el parto; las muertes maternas y la negligencia no serán erradicadas mientras las parteras sean excluidas, discriminadas y criminalizadas.

5/14/2022

Muerte materna, desigualdad, pobreza, sobrecarga de trabajo, así viven este día las madres mexicanas

CIMACFoto: César Martínez López.- 

Ciudad de México.- El Día de las Madres en México fue instaurado en mayo de 1922, cuando la Iglesia, personajes y políticos conservadores, intentaron silenciar las voces de decenas de feministas que proclamaban diversas demandas sobre la maternidad impuesta, que era consagrada por la sociedad como el fin único de una mujer.

En 1916 se realizó el Primer congreso feminista en Mérida, Yucatán, con el fin de discutir el papel de las mujeres en el Estado, la educación, las artes, sufragio femenino y educación sexual.

Fue entonces cuando las mujeres emprendieron campañas en las que se entregaban folletos informativos, los cuales hablaban sobre métodos de protección para evitar el embarazo. Sin embargo, la difusión de esta información comenzó a tambalear a ciertos sectores de la población, quienes consideraron estas acciones como una “campaña criminal contra la maternidad”.

Los encargados de promover este discurso fueron los integrantes del periódico Excélsior, en especial Rafael Alducin, fundador y primer director del medio. En una convocatoria pública lanzada en el diario, se hizo un llamado para instituir un día que permitiera celebrar a las madres mexicanas.

Con este mensaje en realidad se buscaba frenar las demandas de las mujeres que comenzaban a retumbar en varios rincones del país.
“Hoy, que en el extremo meridional del país se ha venido emprendiendo una campaña suicida y criminal en contra de la maternidad, cuando en Yucatán elementos oficiales no han vacilado en lanzarse a una propaganda grotesca, denigrando la más alta función de la mujer, que no sólo consiste en dar a luz sino en educar a los hijos que forma su carne, es preciso que la sociedad entera manifieste, con una fórmula banal si se quiere, pero profundamente significativa, que no hemos llegado de ninguna manera a esa aberración que predican los racionalistas exaltados, sino que, lejos de ello, sabemos honrar a la mujer que nos dio la vida”, se leía en publicaciones de la época.

Esta postura fue apoyada por el entonces secretario de Educación Pública, José Vasconcelos, quien ofreció a “la niñez escolar” de México para que rindiera homenaje a las “abnegadas madres”. La Iglesia católica hizo lo propio y legitimaron la campaña iniciada por Excélsior para “hacer un culto” a la mujer.

La necesidad del sector conservador del país de perpetuar roles y estereotipos de género motivó la creación del Monumento a la madre, en 1932, a cargo del arquitecto José Villagrán García.

“A la que nos amó antes de conocernos”, se puede leer en la placa colocada debajo de la escultura. En 1991, el movimiento feminista, encabezado en esta ocasión por el “Movimiento Nacional de Mujeres” colocó una placa complentaria al pie del monumento a La Madre que dice: “Porque su maternidad fue voluntaria”.

22/BCHT/LGL

8/22/2020

Covid-19 y la crisis de la salud materna


Nadine Goodman*
La Jornada: 

Desde el inicio de la pandemia de Covid-19 ha habido preocupación por contar con suficientes camas de hospital, personal y equipamiento para los más enfermos. Ahora el coronavirus es la primera causa de mortalidad materna en México.

La línea entre el bienestar y la enfermedad puede ser aún más delgada en la persona embarazada que en la no embarazada, pero la gran mayoría de las embarazadas se mantienen en el lado saludable. La realidad es que el nacimiento en un hospital desde antes del Covid-19 exponía a las personas a todo tipo de gérmenes. Un hospital es una necesidad para las personas enfermas, pero no es, necesariamente, el espacio óptimo para el nacimiento.

El objetivo del Plan Nacional de Salud de México es lograr un sistema universal con atención primaria de salud integral e integrada, como el de Canadá y países nórdicos. Habitantes de estos países y de otros más eligen recibir su cuidado prenatal y dar a luz en sus casas, un centro de parto o en el hospital con los seres queridos que escogen para acompañarlos. El Estado cubre el costo de esta atención, que con frecuencia es proporcionada por una partera.

En una conferencia de prensa de las que se dan diariamente sobre Covid-19 (22 de julio), se mencionó a la partera profesional y lineamientos nuevos para la prevención y mitigación del coronavirus en la atención del embarazo, parto y puerperio, y esto es muy bueno. Sin embargo, nuestra realidad es que muy pocos nacimientos son atendidos por parteras y 72 por ciento ocurren en nosocomios públicos bajo un modelo riesgoso de atención fragmentada.

Irónicamente, parteras tradicionales, nuestras proveedoras de atención médica más antiguas, que han brindado continuidad en la atención antes, durante y después del parto en primer nivel, a lo largo de miles de años, están principalmente bloqueadas para participar en el sistema nacional de salud. México aún no tiene plan nacional para formar parteras profesionales; tampoco procesos de certificación para quienes asisten partos, ni universidades públicas que ofrezcan la licenciatura en partería con campos clínicos apropiados.

Muchas personas no pueden elegir dónde, cuándo, con quién o cómo llevar a cabo sus embarazos o dar a luz, porque no tienen dinero. Millones de seres queridos de las embarazadas no pueden apoyar durante el trabajo de parto y el parto porque está prohibido en el sector público o porque, otra vez, no se aplican lineamientos, normatividades y leyes. Encima, seguimos con el problema crónico de muchísimos embarazos en jóvenes y de todas las edades que no son intencionados.

A pesar de que la pandemia parezca el momento menos apropiado para cambios estructurales y de política pública, puede ser lo contrario; que el desequilibrio del momento funcione para hacer lo que deberíamos haber hecho antes.

Hay ejemplos inspiradores sucediendo en plena pandemia; cooperaciones previamente pensadas como imposibles. Por ejemplo, en Guanajuato, las autoridades estatales de salud están trabajando en conjunto, de manera respetuosa, con parteras profesionales y tradicionales del estado y con promotores de salud comunitaria, para expandir el acceso en primer nivel a métodos anticonceptivos temporales de larga duración, como el implante y el DIU.

Los egresos hospitalarios relacionados con atención del embarazo, parto y puerperio en el sector público representan más de 40 por ciento del total. Vale la pena imaginarse cómo podrían mejorar si pudieran ocurrir en las 32 entidades federativas partos seguros y amorosos en centros de parto. Solamente en la Ciudad de México se suscitan más de 100 mil nacimientos al año, siendo casi la mitad partos fisiológicos y la otra mitad, cesáreas; son muchas camas ocupadas por la maternidad y muchísima sobremedicalización del parto, tomando en cuenta que de acuerdo con estándares internacionales el porcentaje de cesáreas debería encontrarse alrededor de 15 por ciento, no ser de 50 por ciento.

La pandemia nos ha mostrado la urgencia de cambiar estilos de vida y sistemas de prestación de servicios de salud. Puede parecer imposible en este momento contemplar cambios profundos, pero es factible que, empezando ahora, en unos pocos años estemos llevando a cabo conferencias de prensa que no se refieran a cuántas mujeres o recién nacidos han muerto o sufrido, sino que nos informen sobre la efectividad de un sistema universal de salud rentable basado en la atención primaria, que celebra y cuida la vida, que es mucho más que la ausencia de la muerte.

* Maestría en trabajo social y salud pública de la Universidad de Columbia de Nueva York.

8/08/2020

Incrementan defunciones maternas por COVID, en Ciudad de México

embarazo

Ciudad de México. La Ciudad de México está entre las entidades con más defunciones maternas, y en casos totales, registra el mayor número por COVID-19, de acuerdo con la secretaria de Salud de la Ciudad de México, la doctora Oliva López Arrellano, quien dijo que hasta el 2 de agosto de 2020, se registraban 446 mujeres embarazadas positivas a COVID-19 y en total 53 muertes maternas, 13 de ellas fueron casos positivos a COVID-19. 
Esto quiere decir que a mitad de año, la Ciudad de México alcanzó casi las mismas defunciones maternas que el año anterior, cuando ocurrieron 57. La doctora López Arrellano reconoció que existirá un exceso de mortalidad materna por la pandemia, sobre todo relacionada a comorbilidades. Así lo expresó al participar en el tercer conversatorio de la serie “Salud y mortalidad materna en México en el marco de la COVID-19: Una aproximación desde los Derechos Humanos” que organizó el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) México, el Comité Promotor por una Maternidad Segura, el Observatorio de Mortalidad Materna en México, entre otras organizaciones de la sociedad civil.
En suma, esta sería información preliminar, de acuerdo con la secretaria de Salud capitalina, falta que las defunciones maternas sean analizadas por los Comités Jurisdiccionales de Defunciones, que actualmente siguen trabajando en el registro de las mujeres embarazadas que fallecieron por COVID-19. 
“Todavía estamos clasificándolas como causas obstétricas indirectas, entonces ahí seguramente va a haber un trabajo de los Comités Jurisdiccionales de Defunciones y de este proceso que se hace que es lento y todavía no podemos tener los datos como tal de vigilancia, monitoreo, autopsias verbales de estas muertes maternas, para identificar si fueron asociadas, producidas o desencadenadas por COVID-19 o sólo eran personas con prueba confirmatoria pero fueron otras situaciones -las causa de defunción-“, explicó la doctora.
Hasta ahora la información que se tiene de la semana epidemiológica 31, es que de las 13 muertes maternas ocurridas en la capital, nueve de las mujeres tenían como residencia la Ciudad de México y cuatro del Estado de México. Se sabe que ocho de los casos tenían comorbilidades relacionadas a diabetes, hipertensión y obesidad, que son factores que agravan la enfermedad de COVID-19. 
Del periodo de ocurrencia, tres casos sucedieron durante el embarazo y 10 en el puerperio, que es el período que inmediatamente sigue al parto.
La doctora López Arrellano también dimensionó lo complejo que es la atención a la salud materna en un territorio como la Ciudad de México, donde ocurren, en promedio cada día, 91 nacimientos, por lo que no han cerrado ni transformado hospitales materno-infantil y durante la pandemia siguen operando seis hospitales que antes tenían una ocupación al 40 por ciento pero hoy se ha incrementado hasta 70 por ciento.  
En estos seis hospitales materno-infantil, hasta junio de 2020 se dieron mil 279 consultas especializadas, 4 mil 206 urgencias, 2 mil 106 egresos, mil 734 nacimiento y 452 cesáreas. Además se atienden a mujeres de otras entidades, especialmente del Estado de México.
La saturación de hospitales también se ha amortiguado por medio del convenio que realizó el gobierno de México con hospitales privados. En el caso de la Ciudad de México se han canalizado a 310 mujeres embarazadas con parto programado para estas unidades médicas. La política pública en atención materna de la ciudad, explicó la doctora, se ha concentrado en atender dos afectaciones; la primera a las embarazadas que se infectan de COVID-19 y las afectaciones indirectas, el desplazamiento de la atención porque el sistema de salud está volcado en atender la pandemia.
Cabe recordar que las investigaciones hechas por organismos como la Organización Mundial de la Salud (OMS) demuestran que el coronavirus no incrementa el riesgo de gravedad de la enfermedad de las mujeres durante el embarazo, el parto y el posparto. No obstante, las autoridades de salud mexicanas han reconocido que el incremento de la mortalidad materna en medio de la COVID-19 se puede relacionar a nuevas barreras para acceder a la atención a la salud materna y perinatal, como: la reconversión hospitalaria para la atención de la pandemia, la suspensión o negativa de atención durante la etapa prenatal; recursos limitados para atención de emergencias obstétricas; disminución de la demanda de servicios por temor al contagio; y la pérdida de ingresos económicos que afecta directamente a las mujeres para realizar un plan de parto o traslado a hospitales. 

Hasta el 2 de agosto se tienen registradas 97 defunciones maternas relacionadas a la enfermedad que produce el coronavirus. Con ello la razón de mortalidad materna (RMM) se calculada de 41.1 defunciones por cada 100 mil nacimientos estimados, lo que representa un
incremento del 25.6 por ciento en la razón respecto a la misma semana epidemiológica del año anterior.

7/25/2020

COVID-19 se convierte en primera causa de muerte materna en México


Ciudad de México. El COVID-19 se ha convertido en la primera causa de mortalidad materna en México 2020, representa una razón de muerte materna (RMM) de 6.8 por cada 100 mil recién nacidos vivos, por debajo de enfermedades hipertensivas, hemorragia obstétrica, posible COVID-19, aborto y enfermedades del sistema respiratorio.
De acuerdo con el “Informe epidemiológico semanal de mujeres y puérperas estudiadas por COVID-19” de la Dirección General de Epidemiología de la Secretaría de Salud, al corte del 20 de julio de 2020, se da seguimiento a siete mil 182 mujeres en el embarazo o puerperio. De ellas, dos mil 682 son positivas a la COVID-19 (37.3 por ciento), tres mil 486 son negativas (48.5 por ciento) y 739 se mantienen como casos sospechosos (10.3 por ciento).
Así lo informó la directora general del Centro Nacional de Equidad de Género y Salud Reproductiva (CNEGySR), Karla Berdichevsky Feldamn, durante el conversatorio “La salud y mortalidad materna en el marco del COVID-19: una aproximación desde el enfoque de Derechos Humanos” que organizó este 22 de julio el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) México, el Comité Promotor por una Maternidad Segura, el Observatorio de Mortalidad Materna en México, entre otras organizaciones de la sociedad civil.
Sin contar las muertes maternas por COVID-19, la RMM en México sería menor que los años anteriores señaló Karla Berdichevsky, no obstante, la pandemia causó un incremento del 19 por ciento de la razón en comparación al año pasado, actualmente se ubica en 38.7 defunciones por cada 100 mil recién nacidos vivos.
La doctora Berdichevsky Feldamn explicó el estado actual de la pandemia del COVID-19 en relación a la salud materna en México, así como el incremento de la mortalidad materna cuya primera causa se ha convertido el coronavirus. Recordó que el primer caso de muerte materna relacionado a la pandemia en el país ocurrió el 9 de abril de 2020, para el día 21 del mismo mes que inició la tercera fase, la Secretaría de Salud ya contaba 63 casos confirmados de COVID-19 en mujeres embarazadas, a la par de 103 casos por influenza. 
Según la información de la Dirección General de Epidemiología que presentó Berdichevsky, al 20 de julio de 2020 hay 81 defunciones maternas por COVID-19 confirmadas: 40.7 por ciento falleció en el tercer trimestre de gestación y 34.6 por ciento ocurrieron en el puerperio (período inmediato al parto que se extiende hasta 40 días). 
En tanto, 49.8 por ciento de los casos confirmados de coronavirus en mujeres embarazadas se reportaron en el tercer trimestre de gestación (mil 175 en total), 31.6 por ciento en el segundo trimestre y 18.7 por ciento en el primer trimestre. Un 27 por ciento de las gestantes positivas a COVID-19 se encuentran o estuvieron hospitalizadas.

¿Qué sabemos de las muertes maternas asociadas a COVID-19?

Si bien el coronavirus no representa un riesgo mayor para las mujeres embarazadas de desarrollar enfermedad grave que el resto de la población, México ha tenido un incremento de mortalidad materna a partir de la pandemia, ya sumaban 81 muertes maternas con resultado positivo a la COVID-19 y 606 personas recién nacidas positivas al virus.
La titular del CNEGySR indicó que existe una asociación de las defunciones maternas reportadas por COVID-19 con comorbilidades, las más frecuentes son obesidad (19.8 por ciento), diabetes (11.1 por ciento), hipertensión (6.2 por ciento) y asma (3.7 por ciento). 
A pesar de las directrices que determinó la Secretaría de Salud para la atención de mujeres gestantes, la directora del Centro reconoció que han sumado nuevas barreras para ofrecer atención a la salud materna y perinatal, como: la reconversión hospitalaria para la atención de la COVID-19, la suspensión o negativa de atención durante la etapa prenatal; recursos limitados para atención de emergencias obstétricas; disminución de la demanda de servicios por temor al contagio; y la pérdida de ingresos económicos que afecta directamente a las mujeres para realizar un plan de parto o traslado a hospitales. 
Asimismo, encontraron un cambio en los patrones de lugar de ocurrencia de los nacimientos. Información preliminar, muestra que respecto al año pasado en las siete entidades que presentan mayores cifras de muerte materna en 2020 hay una tendencia de aumento de nacimientos en unidades médicas privadas y una disminución en las unidades de la Secretaría de Salud a partir del mes de abril. 
No obstante, la doctora recordó que no se recomienda la prueba de la COVID-19 de manera universal para las mujeres embarazadas, únicamente en los casos sospechosos.
Por su parte, Cristian Morales Fuhrimann representante de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) recordó que la muerte materna constituía antes de la pandemia un desafío importante para México, hoy estas defunciones representan un 17.5 por ciento del total de muertes relacionadas a la pandemia en el país.
Entre los desafíos, Morales Fuhrimann destacó que está asegurar que el personal médico conozca los lineamientos para manejar los embarazos de la manera adecuada durante la pandemia; que todos los países registren debidamente cada caso, tratando que contenga la mayor cantidad de detalles posibles de las causas de la muerte, información si la mujer tenía virus confirmado o era sospechoso y la secuencia causal, es decir, si hubo dificultades respiratorias o neumonía, o bien, si hubo situaciones de comorbilidad. 
El representante de la OPS señaló que en la región hay obstáculos para monitorear las otras causas de muertes maternas debido al registro inadecuado, además alertó que han observado durante la pandemia la perdida de consultas prenatales y un exceso en las indicaciones de cesárea. 

7/24/2020

Sonora, entre los estados con más fallecimientos de embarazadas por COVID-19


Hermosillo, Son. Al 22 de julio en Sonora había 150 registros de mujeres embarazadas positivas a COVID-19, de acuerdo con el reporte de la Secretaría de Salud del estado de Sonora el cual reconoce el fallecimiento de 3 embarazadas por esta causa, aunque el reporte de la semana epidemiológica 30, el Gobierno federal reporta cinco fallecimientos por esa causa.
El Fondo de población para las Naciones Unidas (UNFPA) organizó el Seminario “Salud y Mortalidad materna en México en el marco de la COVID-19, una aproximación desde los Derechos Humanos”, con la participación de la Secretaría de Salud, agencias de la ONU para los Derechos Humanos, la Organización mundial de la Salud, la Organización Panamericana de la Salud, y el Observatorio de la Mortalidad materna en México.
El representante de la Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos en México, Jesús Peña, expuso que en la semana epidemiológica 29, en México se reportaron 81 muertes de embarazadas positivas a SARS-Cov-2, y 27 están pendientes de ser verificadas. Eso convierte a la COVID-19 en la primera Razón de muerte materna (RMM) en México.
Por su parte, el representante de a OPS/OMS en México, Cristian Morales, especificó un total de 2 mil 622 embarazadas contagiadas y 81 MM en México, lo que coloca a nuestro país en el primer lugar de la región, con 27.5 por ciento de muertes maternas y agregó que es clave que los certificados de defunción durante el embarazo, parto o puerperio, contengan la mayor cantidad de detalles posibles de la muerte como si la embarazada tenía virus confirmado, o era caso sospechoso, y la secuencia causal, es decir si hubo dificultad respiratoria o neumonía, e informar las condiciones de comorbilidad.
Aseguró que existe evidencia de que todas las muertes maternas han aumentado en la región, pero hay obstáculos para registrarlas como tal por error en los certificados de defunción en los países. La reconversión de hospitales para atender la COVID-19 también ha mermado los servicios esenciales, incluyendo la atención al embarazo, no sólo en México sino en el mundo.
El experto también indicó que urge vigilar y registrar las consultas prenatales, pues durante la pandemia ha habido una pérdida de continuidad en la atención prenatal y hay mujeres con embarazo de alto riesgo que han perdido la cobertura de salud y han fallecido.
Respecto a las cesáreas expresó que se ha registrado un exceso de éstas en la región de las Américas y ello conlleva complicación en los sistemas de salud. La recomendación, dijo, es que aún en embarazadas con COVID-19, el nacimiento sea por parto natural a menos que sea indicación absolutamente necesaria de cesárea.
Recordó que esta práctica es parte de lo que conocemos como violencia obstétrica y que se debe evitar a toda costa, no sólo porque daña la salud de las mujeres, sino porque puede poner en riesgo la salud del recién nacido cuando esta cesárea no es médicamente indicada.
En este sentido precisó que es necesaria la capacitación del personal de salud que atiende la salud materna con los lineamientos federales para la atención a embarazo, parto y puerperio, y COVID-19, que todos tengan las competencias necesarias para aplicarlo.
En su oportunidad, Arie Hoekman, de UNFPA, especificó que en México las muertes maternas por COVID-19 y las sospechosas de esa causa sumaban la semana pasada 108, que representa un 25 por ciento del total, colocándose como la primera causa de muerte materna.
La Secretaria Técnica del Observatorio de Mortalidad Materna en México, Hilda Argüelles, habló sobre la incidencia de RMM en relación con los Objetivos del Desarrollo Sustentable. Indicó que en varios estados la RMM se ha incrementado y que el COVID-19 ya destaca entre las causas principales. Entre estos estados se encuentran Sonora, Tabasco, Nuevo León y Colima. En el caso de Sonora, partiendo de una línea base de 23 en el año 2010, en el estado aumentó la RMM en 2017 a 31. El porcentaje de reducción para Sonora es nulo, pues aumentó a 34 por ciento. El ritmo de disminución anual es de 5 para la entidad.
En relación a las defunciones por estado notificante positivas a COVID-19, a la semana epidemiológica 30, Sonora presentaba 5 casos, pero localmente el gobierno del estado reconoce 3.
Los panelistas del Seminario coincidieron en que México está en situación de emergencia no sólo por COVID-19, sino por el incremento de muertes maternas relacionadas a COVID-19 como un amplificador que hace todavía más evidentes las diferencias sociales.
“Cada embarazada que muere por COVID-19 nos habla de que hemos fallado en garantizarle sus Derechos Humanos, a la educación, a la información, a los servicios de salud, al acceso al desarrollo, entre otros derechos”, concluyó.
20/SNE/LGL

7/21/2020

México, único país de AL donde la Muerte materna se incrementó por COVID

embarazo06asociacionmexicanadeparteria
Ciudad de México. México es el único país de América Latina donde se han incrementado las defunciones de mujeres durante el embarazo y el parto debido al COVID-19 y a las medidas para evitar la propagación del virus como el cierre de unidades médicas de primer contacto y hospitales comunitarios, lo que ha impedido la atención oportuna de complicaciones de la gestación. 
El Observatorio de Mortalidad Materna en México, y el Comité Promotor por una Maternidad Segura, alertaron que hasta julio de este año han ocurrido 417 muertes maternas en el país, de las cuales 73 fueron por COVID-19, y 23 por probable presencia del virus. Significa que 23 por ciento del total de estas defunciones están relacionados con la pandemia, según datos de la Dirección General de Epidemiología, de la Secretaría de Salud.
La doctora y secretaria técnica del Observatorio de Mortalidad Materna en México, Hilda Argüello Avendaño, expuso en entrevista que aunque la evidencia científica demuestra que el virus no necesariamente incrementa la muerte de las mujeres durante el embarazo, el parto y el posparto, en el país se registra un aumento de la muerte materna asociada al COVID-19. 
De acuerdo con el Observatorio, las muertes de mujeres embarazadas ya eran un problema de salud pública antes de la pandemia, por diversas causas, por ejemplo: no había medicamentos o las pacientes debían recorrer dos o más centros de salud hasta encontrar una institución que atendiera su parto o una emergencia obstétrica, como tener presión arterial alta.
Esto ya sucedía debido a que los hospitales tampoco cumplen con el Convenio General de Colaboración para la Atención de Emergencias Obstétricas, vigente desde 2009, para que todas las mujeres embarazadas reciban el servicio de salud. Ahora se sumó la reconversión hospitalaria que hizo que los hospitales se adaptaran para atender únicamente casos de COVID-19.
Las principales causas de muerte materna hasta julio de 2020 son:
• COVID-19, con 73 defunciones confirmadas (17.5 por ciento)
• Hemorragia obstétrica con 72 defunciones (17.3 por ciento)
• Enfermedad hipertensiva, edema y proteinuria en el embarazo, el parto y el puerperio, con 71 defunciones (17.0 por ciento)
• Aborto, con 24 defunciones (5.8 por ciento)
Además, la muerta materna se incrementó durante la pandemia a pesar de que en abril la Secretaría de Salud publicó los “Lineamientos para la prevención y mitigación de COVID-19 en la atención del embarazo, parto, puerperio y de la persona recién nacida”, lo que en opinión de la especialista fue una gran iniciativa, pero en términos reales se trata de recomendaciones que no se han acatado.
La doctora Argüello Avendaño señaló que con los datos oficiales de la Dirección General de Epidemiología se puede observar que las muertes maternas asociadas al COVID-19 superan en número a las causadas por factores como hemorragias y trastornos hipertensivos, y se coloca como la primera causa de mortalidad materna en el país.
A la par, en conferencia de prensa virtual, el pasado 16 de julio la doctora Hilda Argüello expuso que hasta la semana epidemiológica 28, las muertes maternas a nivel nacional superan en 19.1 por ciento a las ocurridas en el mismo periodo de 2019, cuando se registraron 359, según el análisis del Informe Semanal de Notificación Inmediata de Muerte Materna, elaborado por la Dirección General de Epidemiología.

Muerte materna en Chiapas por COVID-19

Los datos indican que los estados de Chiapas, Estado de México, Jalisco, Chihuahua, Ciudad de México, Puebla, Veracruz y Michoacán, encabezan la lista de muerte materna en el país, acumulando 207 de las 417 muertes maternas registradas de la semana epidemiológica 1 a la 28 de 2020, es decir, hasta julio de este año.
En Chiapas, uno de los estados que por años ha permanecido en los primeros lugares de Muerte Materna, durante este periodo se han registrado 35 muertes maternas. El estado ocupa el segundo lugar en casos, sólo superado por el Estado de México, donde se cuentan 55 defunciones. Si bien en este momento no se tiene información sobre cuántas fueron por COVID-19 en el estado, se sabe que 9 de estos casos, es decir, 25 por ciento, fueron de mujeres que no accedieron a la atención médica.
Las entidades con más defunciones maternas hasta julio de 2020 son:
–       Estado de México, con 55
–       Chiapas, con 35
–       Jalisco, con 26
–       Ciudad de México y Puebla, con 24 cada una
–       Chihuahua, con 22
La doctora Argüelles también advirtió que es probable que a estos casos se sume una cantidad no determinada de muertes maternas y neonatales que no van a constar en datos oficiales, debido a que hay mujeres que no tienen atención en un hospital o en un centro de salud y, por tanto, que viven complicaciones fuera de las instituciones.
En Chiapas, explicó, las comunidades han rechazado las acciones de los servicios de salud como la sanitización, incluso la población ha culpado a la Secretaría de Salud estatal de propagar el virus que provoca la enfermedad de COVID-19.
Ante las agresiones al personal médico, en el estado se han cerrado hospitales para evitar confrontaciones en medio de la tensión y desconfianza que, según la experta, se traduce en atención inadecuada a poblaciones como las mujeres embarazadas.
De acuerdo con el Observatorio, durante los últimos 20 años el sistema de salud ha promovido la atención hospitalaria del parto, por tanto se ha desmantelado la atención en el primer nivel, lo que ha provocado la sobresaturación de los hospitales donde se atienden emergencias obstétricas. La pandemia ha evidenciado los efectos negativos de esta política.
El secretario técnico del Comité Promotor por una Maternidad Segura en Chiapas, doctor Marcos Arana, señaló que en el estado las mujeres enfrentan serias dificultades para atender su salud. Esto debido a que los recursos se han transferido a la atención del COVID-19, al cierre y reconversión de hospitales y a la reducción de médicas, médicos y personal de enfermería que dejaron de laborar por correr riesgo de contagio.
Para el Comité y el Observatorio, en estados como Chiapas se puede observar que las parteras han sido una opción para atender el embarazo, el parto y al recién nacido, sin embargo trabajan sin reconocimiento, sin apoyo institucional ni protección ante la posibilidad de contraer el virus, pues muchas son adultas mayores o viven con comorbilidades.
Para los expertos en salud, la atención médica debe tomar en cuenta la necesidad de restablecer el diálogo entre comunidades y autoridades sanitarias para desarrollar estrategias que restablezcan la confianza; mantener el funcionamiento de unidades de primer nivel de atención y de hospitales comunitarios y publicar un listados de centros donde se atiende el embarazo y el parto; así como proporcionar servicios de traslado al segundo nivel en casos de emergencia obstétrica.