3/17/2023
Piden castigo a Putin por Ucrania. En 2003 exigimos que Bush sea colgado en el Capitolio, por invadir Irak
3/16/2023
Reparto de máscaras
Prensa México jueves 16 de marzo de 2023
Consejos del partido de la “guerra contra el narco”
Utopía
Eduardo Ibarra Aguirre
La demanda de la dirigencia del Partido Acción Nacional para que el gobierno de la Cuarta Transformación retome la colaboración con la Administración de Control de Drogas (DEA, en inglés) en los términos en que la desenvolvieron Vicente Fox y Felipe Calderón durante la docena trágica (2000-12), tiene la virtud de actualizar preguntas que esperan respuestas de autoridades estadunidenses.
Lo novedoso es que se plantearon en Palacio Nacional y lo hizo el presidente Andrés Manuel el lunes 13, así: ¿Cómo confiar en la DEA? ¿Lo han hecho muy bien? ¿Cómo no se dieron cuenta de lo de García Luna tanto tiempo? Ojalá y antes de que García Luna pueda convertirse en testigo protegido, digan qué sabían de él y de sus jefes. ¿Por qué se han quedado callados?
No faltó la referencia a la destitución Nicholas Palmeri, director de la DEA en México, por sus vínculos con abogados de narcotraficantes. “¿Qué pasó? ¿Por qué no nos informan?” Preguntó López Obrador, la remoción ocurrió hace un año y trascendió hasta enero pasado.
Por lo visto la dirigencia panista extraña el atrabiliario trato de las agencias gringas a Fox y Calderón, tiempos en que la Secretaría de Marina “era dirigida por la DEA”, de acuerdo con Obrador, cuando los agentes “se metían hasta la cocina” de la nación.
En el discurso predominante al sur del Bravo, no existen estructuras criminales, todo opera desde territorio mexicano donde perversos capos, lugartenientes y expendedores seducen a consumidores y abastecen el mercado más extenso, adicto y solvente del mundo. De allí la pertinencia de las expresiones de AMLO: “Es como si llegara la droga en submarinos, ¿no? Ahora que están de moda los globos, bajan, ¿no?, toneladas de droga a Estados Unidos con marcianos. Allá, como está todo tan avanzado, se pide por internet y se surte, y es una red invisible. ¿Allá no hay narcotraficantes? ¿Cómo le llega al joven la droga? ¿Quién le vende? ¿O es nada más acá? Y de eso no hablan, Allá es como El castillo de la pureza”.
Baste mencionar el contrabando realizado por la oficina de Control de Armas, Tabaco y Armas de Fuego, con el pretexto de rastrear las rutas de aprovisionamiento de fusiles de asalto por parte del Cártel de Sinaloa. Entre 2009 y 2011, la DEA ayudó a la misma organización delictiva y La Familia Michoacana a lavar millones de dólares e incluso les cobró una comisión por dichas operaciones ilícitas (The New York Times, XII-12). Esa misma oficina facilitó operaciones de compra de siete toneladas de cocaína en EU. El pretexto fue semejante que el del contrabando de armas, con tales actos obtendría información para desmantelar al grupo criminal. En 2020, Roberta Jacobson, exembajadora de EU en México, declaró que Calderón y Washington tenían información acerca de las actividades delictivas de Genaro García, pero los gobiernos mantuvieron una estrecha colaboración en una guerra contra las drogas que produjo cientos de miles de muertes, heridos, desapariciones y desplazados en nuestro país. Y no redujo el tráfico de estupefacientes a EU y se multiplicaron las bandas mexicanas.
Por lo anterior y más fue pertinente que el gobierno de la 4T diera por terminada en abril de 2022 la colaboración entre la DEA y una unidad de investigación de México. Todo lo contrario a la propuesta del PAN y Marko Cortés, a contrapelo de Calderón quien desde Madrid dictó una cátedra de doctorado en cinismo: “En lo personal, tengo muchas dudas del veredicto” contra García Luna.
Acuse de recibo
“Estimado Eduardo: Me apena lo que escribiste de (Marcos Leonel) Posadas y (Raúl) Jardón; son facetas de las personas muy negativas. Por lo visto, nunca te dieron respuesta ni explicación de esa conducta. El asunto es que ya no lo podrán hacer pues están muertos. Como dicen, ‘lo hecho, hecho está’ y ‘ya ni llorar es bueno’. Prefiero quedarme con los buenos recuerdos y dejar de lado lo feo, por salud mental. Saludos y abrazo. Elba Pérez Villalba”… La respuesta que recibí, no pedida, fue de Pablo Gómez, comisario de la dirigencia del PCM en Oposición: “Ibarra, no te vamos a apoyar”. Es decir, la censura sigue, como siguió hasta el último de mis envíos desde Moscú… La mañanera del 10 y Manú Dornbierer: “1. El presidente López Obrador publicó información de periodistas en su contra. En lo personal estuve por años atacando al PRI y luego al PRIAN y ganaba bien: 500 pesos por artículo. Llegué a tener más de 80 diarios que me publicaban los sábados. Me mantuve con mi trabajo, aunque tenía buena vida por la herencia de mis padres. Hoy de 80 diarios me queda uno: El Siglo de Torreón que me paga lo mismo, 500 pesos. Aunque Reforma nunca me ´peló’ así fuera amiga de Manuel Camacho Solís (1946-2015), regente de la (hoy) Ciudad de México, y creador del periódico. En este sexenio el Reforma estuvo enviándome su anzuelo hasta que contesté: ‘Si, estoy de acuerdo en colaborar con ustedes, pero a cambio de que no me quiten ni una coma’. No me volvieron a contactar”.
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3/15/2023
México: Sheinbaum, impuesta por AMLO, y Córdova, su enemigo, candidatos presidenciales extremos del 24
Prensa México miércoles 15 de marzo de 2023
3/14/2023
Igualdad de género hasta 2323
Utopía
Eduardo Ibarra Aguirre
Al ritmo del presente, se necesitarán 300 años para alcanzar la igualdad entre hombres y mujeres, alertó el secretario general de la Organización de las Naciones Unidas, António Guterres, en la víspera del Día Internacional de la Mujer.
Los avances logrados en décadas –de acuerdo con el portugués– se están evaporando ante nuestros ojos. Lo dijo en la apertura de una reunión de la Comisión sobre la Situación de la Mujer de la ONU, centrada en la brecha tecnológica.
El máximo funcionario de la ONU ineficaz y paquidérmica –por lenta, salvo en el caso de la guerra entre Rusia y Ucrania (Organización del Tratado del Atlántico Norte y Estados Unidos de América)– diagnosticó el 7 de marzo la situación en Afganistán, donde las mujeres y las niñas ha sido borradas de la vida pública, los derechos reproductivos y sexuales de la mujer en muchas partes están en retroceso sin contar los riesgos de ser secuestradas, asaltadas en algunos países, incluso por la policía.
La pandemia de covid-19, los conflictos desde Ucrania al Sahel han afectado y siguen afectando en primer lugar a las mujeres y las niñas. El patriarcado contra ataca, pero responderemos, sostuvo Guterres, quien aseguró que la ONU permanece del lado de las mujeres y las niñas de todo el mundo porque nunca renunciaremos a luchar por sus derechos fundamentales.
No le falta razón a don Toño, pero es muy propio de Occidente exigirle al nuevo gobierno de Afganistán –que los expulsó del país después de 20 años de invasión–, lo que fueron incapaces de construir EUA y la OTAN. Luego vino la estrepitosa y humillante huida de Kabul.
El hecho es que el panorama global es harto desesperanzador en la visión del ibérico y los feminismos locales no se dan por enterados, pues tras la marcha capitalina del miércoles 8 y el supuesto paro nacional del 9, las cuentas alegres y el triunfalismo de grupos feministas volvieron a imperar. La Universidad Nacional Autónoma de México, por ejemplo, consideró que la marcha no tenía precedente por el número de participantes en la Ciudad de México, lo cual es falso ya que Claudia Sheinbaum los calculó en 90 000. Pero incluso si se tratara del doble, estaría por debajo de las “cientos de miles” de manifestantes del 8 de marzo de 2020, según Televisa travestida de feminista por razones de rating, pues en todos sus canales como en los de Azteca e Imagen, la mujer es reducida a simple objeto sexual y la misoginia está a la orden del día en los contenidos y la programación.
Por supuesto que no es un simple problema de números, de participantes. Pero sí de la capacidad de convocatoria y organizativa, de movilización diversa e intergeneracional con reivindicaciones cada vez más claras y abarcadoras, como por fortuna lo fue, para que más allá de las cifras oficiales sobre la baja sensible de los feminicidios en México y la negativa automática de estos resultados por grupos antigobiernistas vinculados al PRIANRD, como si los avances no lo fueran de toda la sociedad.
Es preciso revalorarlas para hacer frente a las violaciones cometidas en meses recientes en jardines de niños privados por “educadores” mutados en bestias apocalípticas. Salvo su siempre mejor opinión, la defensa y protección infantil debería ser la prioridad de prioridades de todos los feminismos, la autodenominada sociedad civil, los tres poderes de la Unión, de la sociedad toda.
La razón es más que obvia, agreden, violentan, destrozan el presente y el futuro de la nación. Auténticamente ¡Los niños no se tocan!
Acuse de recibo
Falleció el primerísimo actor Ignacio López Tarso y dos recuerdos son inevitables. Sus bellas narraciones de corridos de la Revolución mexicana que animaban las concentraciones de la Central Campesina Independiente, después CIOAC, en 1966-68 en Río Bravo, Tamaulipas. Y la visita a Moscú, en el verano de 1978, en tránsito al festival de cine de la Unión Soviética más acreditado en el extranjero, conversamos largo y tendido en la Embajada de México en Moscú que dirigía Rogelio Martínez Aguilar y movía el querido decano Carlos Laguna. Don Ignacio llegó triste, indignado por la traición de la diva Silvia Pinal al Sindicato de Actores Independientes, escisión de la ANDA, en 1975. Como se dice coloquialmente, me agarró de su paño de lágrimas y procedí gustoso a escucharlo, tanto que no saludé a los demás integrantes de la delegación mexicana… De la conversación no produje ningún testimonio, pues el maestro de las artes escénicas le hablaba a su paisano no al periodista, aunque Carlos me presentó como corresponsal de Oposición… Además de que los directivos del periódico del Partido Comunista (Marcos Leonel Posadas, director, y Pablo Gómez, comisario de la Comisión Ejecutiva) eran de estrechos criterios periodísticos. Como lo tuve que hacer con el líder del Partido Revolucionario de los Trabajadores, Luis Mattini, y Roberto Guevara, hermano del comandante universal, entrevista que se publicó en Buenos Aires. O con el gran poeta Eugeni Evtushenko.
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El Plan B de la oposición
Quienes se oponen a este paquete de reformas resultan ser, con tediosa coincidencia, quienes se oponen de oficio a Andrés Manuel López Obrador y su proyecto de Gobierno. Eso explica que no se molesten en conocer ni en explicar, ni siquiera para los suyos, los contenidos de los cambios aprobados y que, en lugar de eso, hayan decidido montar una campaña publicitaria catastrofista, encabezada por los detractores más conspicuos del Presidente.
El discurso que presagia el fin de la democracia a manos de la más reciente reforma legal sirve a dos propósitos, que probablemente ni siquiera eran sus objetivos originales. El primero de ellos es el de proveer a la oposición de un eje alrededor del cual se configuren sus muy divergentes fuerzas políticas, en un momento en el que los partidos que la conforman están en una franca crisis de credibilidad. El segundo de ellos es el de proporcionar un marco de justificación para legitimar los afanes injerencistas del Partido Republicano de Estados Unidos que, en vísperas de su propia campaña presidencial, busca fortalecer la figura de un adversario externo frente al cual mostrar ardides de fuerza y determinación, y ese adversario, para sorpresa de pocos, resultan ser los cárteles de la droga que operan en México.
Para desglosar esta idea, vale la pena hacer primero un poco de memoria. Hace casi un año, en abril de 2022, apenas terminando el proceso de la Revocación de Mandato -ese proceso que el INE está obligado a organizar y con el que cumplió mal y de malas- el Presidente López Obrador propuso una ambiciosa reforma constitucional. En ella se contemplaban cambios profundos no sólo a la manera como se organizan las elecciones, sino que tocaba incluso la estructura misma de la representación popular. Por ejemplo, reducía las curules de diputados de 500 a 300, todos de representación proporcional, se reducía el presupuesto asignado a los partidos políticos y se sustituía el Instituto Nacional Electoral por el Instituto Nacional de Elecciones y Consultas, cuyos consejeros serían electos mediante voto popular.
Todas estas propuestas fueron bien recibidas por la ciudadanía. Recordemos aquella encuesta realizada por el propio INE en el que 93 por ciento manifestó estar de acuerdo con la reducción del financiamiento a partidos, el 53 por ciento declaró estar a favor de que desaparecieran los institutos y tribunales electorales locales, el 78 por ciento dijo estar a favor de que los consejeros y los magistrados electorales fueran elegidos por voto popular, y el 87 por ciento estaba de acuerdo con reducir el número de diputaciones y senadurías.
Pero la reforma avalada mayoritariamente por la ciudadanía necesitaba mayoría calificada (es decir, ⅔ partes del Congreso) para aprobarse y no pasó. Los partidos de oposición se negaron siquiera a debatirla. Ya desde su negativa a negociar la Reforma Energética se iba dibujando cuál sería su postura ante cualquier propuesta del Presidente y su partido, postura que quedó formalizada meses más tarde en esa declaratoria que llamaron “moratoria constitucional” y que, en pocas palabras, implicaba que ellos no iban a aprobar, leer ni discutir absolutamente ninguna reforma constitucional propuesta en lo sucesivo.
Sin embargo, al igual que sucedió con la Reforma Eléctrica, era ingenuo asumir que el Presidente no iba a tener un as bajo la manga, que en los dos casos consistió en una serie de reformas legales que para su aprobación requieren mayoría simple, una cantidad de votos que cómodamente alcanzan Morena y sus aliados en ambas cámaras. Así fue como finalmente se aprobó y publicó, en febrero pasado, el llamado “Plan B”, que consiste en la reforma de seis leyes secundarias que modifican en detalles, pero sin cambiar en lo sustancial, la manera de operar de los órganos electorales.
La serie de reformas ahora aprobada es larga, compleja y en sumo grado técnica. En gran parte debido a esto, ni sus detractores ni sus promotores se han dado a la tarea de difundirla en sus aspectos más generales, y a cambio ambos han permitido que en la opinión pública cundan la desinformación y el alarmismo.
Pondré sólo dos ejemplos. En algunos círculos -incluyendo círculos supuestamente informados- se dice que con la reforma habrá menos candidaturas para las mujeres y personas indígenas. Sin embargo, esto no es así. En el artículo 11 de la Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales (LGIPE) se añade el numeral 4, que antes no existía y que a la letra dice: “En observancia al principio de igualdad sustantiva, los partidos políticos nacionales deberán incluir en la postulación de sus candidaturas a diputaciones por ambos principios, al menos 25 postulaciones: a) Personas pertenecientes a una comunidad indígena; b) Personas Afromexicanas; c) Personas con discapacidad; d) Personas de la diversidad sexual; e) Personas residentes en el extranjero, y f) Personas jóvenes”. Si bien las cuotas de diversidad se acataban anteriormente por una sentencia del Tribunal Electoral, ahora están contempladas en la ley con un piso mínimo explícito. No hay manera de interpretar esta disposición como un candado que cierra la participación a los representantes de estos sectores, sino todo lo contrario.
Otro ejemplo es la retahíla de adjetivos con la que Denise Dresser califica los efectos de la Reforma Electoral como la llana “muerte de la democracia”. Según la analista, reducir las estructuras y la duplicidad de funciones que prevalecen en el Instituto es el augurio inevitable del regreso del “mapachismo” y el fraude electoral. En algo tiene razón la analista: las elecciones podrían perder su credibilidad, pero no por que se modifique la estructura operativa del INE, sino por repetir hasta el hartazgo que hacerlo implica inevitablemente que los resultados de las elecciones serán los que determine el partido en el Gobierno y no los votantes. Por cierto, en un programa conducido por Sabina Berman, dos ex consejeros electorales, Bernardo Barranco y Eduardo Huchim desmienten una a una las predicciones tremendistas de la politóloga. Una de ellas, que ejemplifico aquí sólo para diversión de la audiencia, es aquella donde ella presagia la nueva “caída del sistema”, mientras los analistas pacientemente explican que, por el contrario, la reforma contempla que los resultados oficiales de las elecciones se hagan públicos el mismo día y no, como se ha hecho hasta ahora, el miércoles siguiente.
Si no hay evidencias de que el Plan B “desmantela” la democracia electoral del país, entonces, ¿qué se obtiene con este tipo de discursos alarmistas? A mi parecer, dos cosas. Por un lado, se refuerza la figura del “enemigo de la democracia” que es como se ha tratado de presentar a López Obrador. Reforzar esta imagen ayuda a la oposición a tener un enemigo visible y amenazante que les llame a cerrar filas y, a la vez, les dota de un estandarte ideal: en lugar de salir a defender o a repudiar alguna causa convocados por banderas partidistas, hacen precisamente del árbitro el paladín de todas sus causas de modo que tomen el tinte de “ciudadanas”. Aquí vale la pena recordar que uno de los grandes reproches que se hacen al Plan B es que fue aprobado por la mayoría de Morena y sus aliados, sin discutir con los partidos de oposición (ya explicamos a qué se debió esto) mientras que las reformas electorales anteriores siempre habían contado con su venia. Que esa sea la fuente del enojo hace dudar que las expresiones políticas vertidas en las calles recientemente sean realmente ciudadanas y no, como son en realidad, expresiones partidistas.
A la marejada de augurios catastróficos desatados por la aprobación de la Reforma Electoral difundidos por los medios nacionales se han sumado en una campaña virulenta los medios internacionales. Hace unos días, Fareed Zakaria, en el Washington Post, espeta que Andrés Manuel López Obrador “es un populista demagogo salido de las peores páginas de la historia de América Latina”. Que “ha fracasado en combatir a los carteles de la droga y ha atacado las instituciones políticas mexicanas, muchas de las cuales adquirieron su legitimidad y competencia sólo recientemente”. Para Zakaria, el plan B de AMLO bien ser su ataque más peligroso: “De hecho, mucho de su Presidencia es un acto de narcisimo -sostiene conferencias de prensa diarias que duran horas, ataca al estado porque sus agencias limitan su poder y ahora quiere debilitar la supervisión de las elecciones”. Todo esto lo lleva a concluir tajantemente: “López Obrador resultó ser el Donald Trump mexicano”.
La sentencia es irónica considerando que sólo ayuda a los congresistas republicanos que, precisamente reviviendo una propuesta de Donald Trump, buscan declarar como terroristas a los cárteles de la droga con el propósito de legitimar una intervención militar -y ganar votos en el intento.
Simpatizar con una causa no quiere decir avalar cada una de sus propuestas. Incluso, puede ser que, por más que intentemos, no podamos conocer todas a fondo. Pero la sensibilidad política que caracteriza esta época requiere un cierto escepticismo para reconocer quiénes son los actores detrás de determinados discursos e identificar sus intenciones. En el caso de la oposición al Plan B, es claro que, más que oponerse a la modificación de seis leyes, se trata de darle oxígeno a una oposición que no acaba de despertar, incluso si ese mismo ímpetu lo pueden aprovechar otros para amenazar nuestra soberanía.

Violeta Vázquez-Rojas Maldonado
Doctora en lingüística por la Universidad de Nueva York y profesora-investigadora en El Colegio de México. Se especializa en el estudio del significado en lenguas naturales como el español y el purépecha. Además de su investigación académica, ha publicado en diversos medios textos de divulgación y de opinión sobre lenguaje, ideología y política.
3/13/2023
No confundir: el feminismo no lucha contra los hombres ni por cargos de gobierno; se unen contra el capitalismo
Prensa México lunes 13 de marzo de 2023
3/12/2023
El retorno de Silverio
3/11/2023
#8M. Imparable corriente morada
Escrito por Lucía Melgar Palacios
Este miércoles #8M, numerosos contingentes de la marcha feminista para conmemorar las luchas de las mujeres por sus derechos partieron de la Glorieta de las Mujeres que Luchan, espacio resignificado en la Ciudad de México como sitio de memoria y punto de reunión por y para madres, familiares y acompañantes de víctimas de feminicidio, desaparición y otras terribles violencias que agobian y limitan a las mexicanas.
Adoptar un sitio emblemático en Reforma para crear un espacio donde reivindicar causas justas es un derecho de la ciudadanía. Cuidar y defender esta Glorieta ha sido además un acto de valentía pues sobrevivientes y víctimas han enfrentado y enfrentan hostilidad y presiones de las autoridades capitalinas. Sin respeto por quienes crearon este lugar de memoria y reunión ni por quienes las hemos apoyado, la jefa de gobierno pretende imponer una estatua insulsa, la “Joven de Amajac”, so pretexto de homenajear a las mujeres indígenas cuando muchas de ellas ya han expresado que esta no las representa por ser la imagen de una princesa que “creció en paños de oro”.
En este sentido, tomar como punto de partida de la que ha sido, si no la más grande, una de las más grandes manifestaciones feministas es una forma de reivindicar la dedicación de las mujeres que crearon este espacio y de insistir con ellas en que “la Glorieta se queda”. Las mexicanas no queremos “homenajes” en piedra o metal (como el Paseo de las Heroínas) ni discursos hueros de funcionarias que, por un lado, se dicen “feministas” y, por otro, repiten las denostaciones de su jefe contra las voces críticas – acusando de “racistas” y “clasistas” a quienes queremos conservar la Glorieta, por ejemplo.
En este contexto, es aún más significativa la enorme participación de niñas, jóvenes y mujeres de todas las edades, condiciones y orígenes en la capital y en múltiples ciudades del país. Contra las desigualdades y violencias cotidianas, contra las denostaciones desde el púlpito supremo, los ataques a las defensoras, la negligencia ante los abusos policiacos y militares, la violencia política de género hacia la primera presidenta de la SCJN, decenas de miles de mujeres tomaron las calles de manera pacífica, festiva y combativa, con pancartas, mantas, batucada, baile.

En la capital, mucho antes de la hora de reunión, cientos de jóvenes llenaban el metrobús y el metro, caminaban animosas desde estaciones alejadas del centro, donde se suspendía el servicio, en riachuelos morados que empezaban a pintar la ciudad. A principios de la tarde una corriente morada ocupaba la avenida Juárez y empezaba a llegar al Zócalo; pocas horas después el río rebasaba ambos lados de las avenidas y se deslizaba lentamente hacia la gran plaza.
Muchas de las participantes eran chicas muy jóvenes, adolescentes que se lanzaron a su primera manifestación con sus compañeras de escuela, o con sus madres o maestras. Había también niñas y una mayoría de jóvenes y adultas. Todas unidas por las causas que cada #8M y #25N se reiteran en demandas urgentes.
Una de las consignas más sentidas y dolorosas sigue siendo el reclamo contra las violencias machistas: el acoso, la violación, la desaparición, el feminicidio. En carteles pegados a las vallas grises, a muros y anuncios publicitarios, se exhibían denuncias contra abusadores, violadores, responsables de violencia vicaria, como documentos de la infamia cotidiana de agresores y autoridades negligentes.
Ver a niñas y jóvenes con pancartas como “Quiero ser libre”, “Quiero salir segura” “Estoy harta de avisar que llegué viva”, “Que nuestra menstruación sea la única sangre que derramemos”, “Ellos nos violan, matan, ¿y nosotras somos ‘feminazis’”, es a la vez alentador y frustrante. Alentador porque esas y otras frases denotan una mayor conciencia de que la violencia misógina no es “normal” ni aceptable, de que todas tenemos derecho a una vida sin agresiones. Frustrante, porque llevamos décadas denunciando estas violencias y las consecuencias de la impunidad; porque muchas también han propuesto y exigido acciones de prevención, medidas para promover una educación para la igualdad, y políticas concretas para reformar (o rehacer) el sistema judicial tan agujereado de vicios. Y lo que ya se ha logrado ahora está en riesgo o en franca regresión.
No sólo la violencia y la inseguridad duelen y llevan a gritar; también el deseo de libertad, de igualdad, de respeto a cuerpos y territorios: “Ni mi cuerpo ni la naturaleza son territorio de conquista”; la necesidad de reivindicar la igualdad , la energía, la voz de las mujeres: “Lucho como niña”, “Abuelita, vine a gritar por lo que a ti te hicieron callar”, “Ya no tendrán la comodidad de nuestro silencio”. Estas y otras palabras, en carteles, consignas y canciones, entrelazadas de humo morado, retumbaron por horas en los alrededores del zócalo y en la amplia explanada.
#AlMomento Cientos de mujeres comienzan a reunirse en Av. Reforma para movilizarse en conmemoración del #8M, #DiaInternacionaldelaMujer📲 Sigue la cobertura completa en https://t.co/AwJchBqqnz#PeriodismoFeminista #8M #8marzo #feminismo #8marzo2023 #8M2023 pic.twitter.com/EkxVSosfJx— Cimacnoticias (@Cimacnoticias) March 8, 2023
En contraste, la animadversión de las autoridades hacia las feministas y los reclamos de las mujeres se concretó, gris, en las vallas que “protegían” Palacio Nacional de un inexistente riesgo de toma violenta, en las que rodeaban los monumentos o resguardaban las paredes tan queridas de los gobernantes. También se plasmó en otras que cerraban Madero y el Eje Central para crear un embudo, por 5 de Mayo, que frenó el paso de la marcha a tal punto a que, a las 8 de la noche, contingentes que habían salido del Monumento a la Revolución horas antes, apenas llegaban al zócalo. No contentos con poner en riesgo, a pleno rayo del sol, a miles de mujeres – incluyendo adultas mayores y personas con limitaciones de movilidad-, el Zócalo estuvo flanqueado de policías que ocupaban los pasillos de los edificios del Ayuntamiento y avenidas laterales, ausentes en la concentración del 26 de febrero, por ejemplo.
En varias zonas de la manifestación, incluso el Zócalo, al estilo de los Carabineros de Chile, la policía usó gases lacrimógenos, que no deben usarse contra la población, como tampoco deben usarse los “extintores” que dicen haber usado en vez de gases. Lo más grave es que antes de las 9 de la noche, cuando, gracias a su estrategia de control del flujo de la marcha (¿para evitar que el zócalo se viera lleno?), dejaron a obscuras a las manifestantes todavía reunidas ahí y, según testimonios, volvieron a usar gas. Apagar todas las luces en una plaza rodeada de policías “que no nos cuidan”, en una zona sin transporte público muy cercano, es una terrible irresponsabilidad y una falta de respeto a la ciudadanía. Amedrentar así a las pocas o muchas manifestantes que quedaban es una práctica autoritaria intolerable. Habría tal vez que recordar a las autoridades que el Zócalo no es el patio particular de nadie, y que ellas tienen la obligación de garantizar la tranquilidad y la seguridad de las manifestantes, cuyo derecho a la protesta deben respetar. Por último, aunque pueda parecer menor, es indignante que en un país donde en las escuelas se rinde honor a la bandera todos los lunes, esta se retire de manera inexplicable como sucedió este miércoles y el domingo 26 de febrero. ¿Acaso las manifestaciones críticas amenazan al símbolo nacional o acaso somos ciudadanas y ciudadanos de segunda?
Pese a estos gestos antidemocráticos y al discurso antifeminista del gobierno, seguiremos saliendo, unidas y diversas, en corrientes moradas y vibrantes, a reclamar nuestros derechos, por nosotras, por nuestras antecesoras, por las generaciones futuras, con las muy activas jóvenes feministas de hoy. En esta potencia conjunta pervive nuestra esperanza.

