3/07/2012

El "casting" de Biden


Detrás de la Noticia

Ricardo Rocha

A algunos les parecerá demasiado fuerte para describir lo que pasó antier.

Yo creo que es el término exacto. Y si alguien matizara que fue una pasarela —al estilo de los tiempos en que el PRI se inventaba su democracia interna— tendría
que responder que no. Que esos eran más bien ejercicios colectivos de contemplación inútil.

No. La visita del vicepresidente de Estados Unidos se pareció mucho más a cuando un productor de cine habla consecutivamente con los aspirantes a un papel.

O cuando un petulante ejecutivo va aprobando o rechazando a quienes pretenden algún puesto.

En este caso tres personajes, supuestamente muy importantes, comparecen frente a un big brother y seis de sus expertos que los estudian con una mezcla de curiosidad y exigencia. Y a todos se les mandó llamar para que acudieran sumisos e intentaran agradar al patrón en una auscultación inédita y hasta humillante.

Porque lo que hay que dejar claro es que lo que vimos no ocurre en ningún otro lugar del mundo: tres candidatos a la presidencia examinados por un enviado del supremo poder. Un casting, pues.

Por cierto, habrá que decir que la falta de pudores fue pareja. Entrevistados los tres jefes de campaña, Ricardo Monreal del PRD, Luis Videgaray del PRI y Roberto Gil Zuarth del PAN, coincidieron en declarar que sí, que la cosa no fue tan complicada: hace unas semanas el embajador Anthony Wayne los invitó a platicar con el señor Biden y ellos aceptaron de muy buen modo.

En lo que no abundaron es en la inmediatez de la respuesta sin condición alguna.

Tampoco en la secrecía que todos mantuvieron durante estos días y que seguramente les fue sugerida con toda delicadeza. Y menos aún en una explicación individual y
conjunta que suponemos merecíamos, ya no los mexicanos en general sino al menos sus seguidores, de por qué aceptaban este encuentro.

Lo que llama la atención es la naturalidad con que los principales aspirantes a gobernar este país ven como absolutamente normal pasar lista de presentes e ir a dar explicaciones a un gobierno extranjero cuando todavía ni empiezan las campañas políticas y no nos las han dado a sus votantes.

Porque está claro que a eso fueron. A decir cómo piensan gobernar, a ofrecer llevar la fiesta en paz y sobre todo a comprometerse a continuar —si acaso con algunas variables— en los dos temas pactados con el calderonismo y que son los que más interesan al presidente Obama y a los habitantes del congreso estadounidense: continuar la guerra contra el narco en la línea de la Iniciativa Mérida y darles todas las garantías que requieran en operaciones antiterroristas.

Las mismas frases expresadas a la salida por cada uno de ellos son ilustrativas: Andrés Manuel López Obrador, señalando que “Fue importante que él expresara el compromiso de no intervenir en el proceso, que va a respetar la voluntad de México y que se entenderá con quien resulte presidente”.

Enrique Peña Nieto explica que: “Dejé en claro la posición muy personal y de mi partido que mi compromiso es combatir al crimen organizado con eficacia”, y Josefina Vázquez Mota diciendo que: “Lo vi con una visión de normalidad respecto a que México pueda tener una mujer presidente”.

En pocas palabras: estamos muy contentos porque nos dejarán hacer nuestra elección; todos dispuestos a cumplir puntualmente con nuestras tareas y siempre agradecidos porque a alguno de nosotros nos permitirán ser presidente.

A propósito, tengo la impresión de que el más favorecido de este extraño capítulo es paradójicamente el que, en teoría, estaría más alejado de los intereses de la Casa Blanca: Andrés Manuel López Obrador.

Porque el mensaje está muy claro: allá creen que puede ganar y por eso lo invitaron.

Todo lo contrario a no pocas voces de acá que ya lo andan dando por muerto.

El caso es que el casting de mister Biden los metió a todos en el mismo costal y eso sí calienta.

Y no sé a ustedes, pero a mí el señor Biden me dio la impresión de peluquero de pueblo en sábado: rapidito y uno tras otro, que sólo puedo venir de vez en cuando.

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