5/06/2020

Covid-19: éxitos y desafíos

Editorial La Jornada

El subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, Hugo López-Gatell, dio a conocer ayer que el ritmo de propagación del coronavirus SARS-CoV-2 en México es entre 60 y 75 por ciento menor a la estimación original para esta fase de la pandemia. De acuerdo con el encargado de informar a la ciudadanía sobre la situación de la emergencia sanitaria, así como de coordinar los esfuerzos oficiales para controlar su propagación y atender a la población enferma, esta drástica disminución se logró gracias al compromiso de la sociedad con el cumplimiento de la Jornada Nacional de Sana Distancia, y se mantendrá únicamente en la medida en que se sigan cumpliendo las disposiciones de distanciamiento social y reclusión voluntaria.
Con todo, es necesario recordar que, a semejanza de la expansión internacional de la pandemia, originada en China para posteriormente golpear a Europa y, por último (hasta ahora), a Estados Unidos y América Latina, dentro de cada país el patógeno se difunde desde algunas ciudades o focos hacia el resto del territorio. Por ello, mientras una región puede encontrarse en su punto máximo de contagio (o acmé), como las autoridades estiman que ocurrirá esta semana en la Ciudad de México y su zona metropolitana, muchas otras entidades apenas comienzan a experimentar la difusión generalizada del virus.
Además de la capital del país, hasta ahora las ciudades más afectadas han sido Culiacán, Sinaloa; Tijuana, Baja California; Villahermosa, Tabasco, y Cancún, Quintana Roo, pero en otras, los días recientes comienzan a marcar un aumento preocupante de contagios y fallecimientos. Es el caso de Guerrero, con 380 contagiados y 54 muertos; Tamaulipas, con 635 pacientes y 29 fallecidos, y San Luis Potosí, con 182 enfermos y 12 defunciones.
Conforme la enfermedad alcance regiones donde hasta ahora no se habían presentado casos o no se había llegado a una fase de propagación comunitaria, habrá que extremar la atención que se presta a las localidades más apartadas del país, y en particular a las ubicadas en el ámbito rural. En efecto, las zonas con altos índices de marginación (entre las cuales se encuentra la mayoría de las comunidades rurales) no sólo reciben significativamente menos atención en cuanto al seguimiento de las medidas de distanciamiento social que ahí se estén tomando, sino que además carecen de la infraestructura que les permita ofrecer los cuidados necesarios a quienes los requieran.
Cabe esperar que las zonas en que aún existe un nivel bajo de propagación aprovechen la experiencia de la capital del país a fin de mantenerse a salvo de grandes brotes. Si no se lograra este control y, por el contrario, la enfermedad se extendiera a las comunidades más apartadas, habría que temer la insuficiencia de insumos y personal para atender a la población. En particular, podría verse rebasado el esquema implementado por las autoridades de salud para garantizar la provisión de ventiladores mecánicos donde se requieren, un escenario a todas luces indeseable, pues estos instrumentos resultan fundamentales para mantener con vida a los pacientes en estado grave que presentan fallas respiratorias.
No queda sino exhortar a las autoridades a que pongan especial atención en la cobertura de las necesidades médicas y hospitalarias de tales regiones y a sus ciudadanos, a mantener y redoblar la disciplina mostrada hasta ahora, pues sólo así podrá impedirse que lo que hasta ahora es un éxito se vea revertido.

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