9/12/2026

De la libertad reproductiva a la igualdad: el legado feminista que Gloria Steinem dejó abierto

 

Gloria Steinem dedicó más de seis décadas a una pregunta que todavía incomoda: ¿qué significa realmente que las mujeres sean libres?

La periodista, escritora y activista feminista estadounidense murió el 2 de septiembre de 2026, a los 92 años, pero algunas de las discusiones que atravesaron su vida están lejos de haber terminado. Al contrario, los derechos reproductivos, la autonomía corporal, la independencia económica y la participación de las mujeres en la vida política continúan siendo territorios de disputa.

Steinem fue una de las figuras más visibles del feminismo estadounidense desde finales de la década de 1960. Sin embargo, reducir su trayectoria a la de una “leyenda del feminismo” deja fuera una de sus principales aportaciones: ayudó a convertir experiencias que durante décadas permanecieron confinadas al ámbito privado en asuntos políticos y de interés público.

Uno de los temas que marcó su activismo fue el derecho de las mujeres a decidir sobre la maternidad.

Antes de convertirse en una de las principales voces del movimiento feminista, Steinem tuvo un aborto ilegal en Londres cuando tenía 22 años. Años después habló públicamente de aquella experiencia durante un acto a favor de la legalización del aborto en Nueva York, en 1969. Ese momento fue decisivo para su incorporación al movimiento de liberación de las mujeres.

Para Steinem, la posibilidad de decidir si tener hijas o hijos no podía separarse de la igualdad. La libertad reproductiva significaba que las mujeres pudieran definir sus propios proyectos de vida sin que la maternidad fuera una obligación impuesta por la sociedad.

Esa discusión vuelve a adquirir especial relevancia en Estados Unidos después de que la Suprema Corte revocara en 2022 el precedente constitucional establecido por Roe v. Wade, decisión que permitió que distintos estados aprobaran o mantuvieran restricciones severas al aborto. Associated Press destacó que Steinem llegó a sus últimos años viendo cómo algunos de los avances que había ayudado a impulsar enfrentaban un nuevo retroceso.

Del periodismo a la organización feminista

Steinem también entendió que cambiar las leyes requería cambiar las historias que llegaban al público.

Como periodista freelance escribió sobre las condiciones de vida y trabajo de las mujeres y, en 1963, realizó una investigación encubierta en el Playboy Club de Nueva York para documentar las condiciones laborales de las llamadas “conejitas”. El reportaje se convirtió en uno de los trabajos periodísticos que contribuyeron a colocar la discriminación contra las mujeres en la conversación pública.

En 1968 participó en la fundación de New York magazine. Poco después, junto con Patricia Carbine y Letty Cottin Pogrebin, impulsó Ms., publicación feminista que comenzó como un suplemento y posteriormente se convirtió en una revista independiente. Desde sus páginas se abordaron asuntos como el aborto, la desigualdad salarial, el acoso sexual, la violencia doméstica y la Enmienda de Igualdad de Derechos.

La importancia de Ms. no estuvo únicamente en los temas que publicó, sino en la idea de que las mujeres necesitaban medios capaces de contar sus experiencias desde una perspectiva propia.

Steinem también participó en la creación del National Women’s Political Caucus y de otras organizaciones dedicadas a incrementar la participación de las mujeres en la política y los espacios de decisión.

La libertad de elegir una vida propia

Una de las discusiones que atraviesan sus últimos escritos es precisamente la posibilidad de construir una vida que no responda a los mandatos tradicionales sobre las mujeres.

En su última memoria, An Unexpected Life, que será publicada de manera póstuma el 22 de septiembre, Steinem revisó su infancia, su incorporación al activismo y las decisiones personales que tomó a lo largo de nueve décadas.

Entre ellas está su decisión de no tener hijas o hijos. También reflexionó sobre cuánto tiempo de su vida pasó haciendo aquello que se esperaba de ella y cuánto dedicó a lo que realmente quería hacer.

El libro adquiere así una dimensión particular después de su muerte: no sólo funciona como memoria personal, sino como una última reflexión sobre las posibilidades de vivir fuera de los moldes impuestos a las mujeres.

Un legado que no cabe en una sola mujer

En sus últimos años, Steinem también insistió en una idea que resulta fundamental para entender su legado: los movimientos feministas nunca fueron obra de una sola persona.

Aunque se convirtió en uno de los rostros más reconocibles del feminismo estadounidense, reconoció constantemente las aportaciones de mujeres negras, indígenas, lesbianas, sindicalistas, activistas comunitarias y defensoras de los derechos civiles. Desde esa perspectiva, el feminismo no podía construirse alrededor de una figura individual, sino mediante organización y acción colectiva.

Poco antes de morir, Steinem continuaba escribiendo y participando en conversaciones sobre igualdad. En un texto publicado por Ms. recordó que no veía el activismo como una tarea que pudiera delegarse a las nuevas generaciones: hablaba de mantener encendida su propia “antorcha” y utilizarla para encender las de otras personas.

Su muerte cierra una etapa de la historia del feminismo estadounidense, pero no las discusiones que ayudó a colocar en el centro de la vida pública.

La pregunta que acompañó buena parte de su trayectoria permanece: si las mujeres no pueden decidir sobre sus cuerpos, su maternidad, su trabajo, sus recursos y sus proyectos de vida, ¿qué tan plena puede ser su libertad?

Más de medio siglo después de que Steinem comenzara a plantearla, la respuesta continúa escribiéndose.

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