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9/22/2019

Mi última batalla

La Jornada:
Guillermo Almeyra

El miércoles pasado me caí y me rompí la cabeza del fémur de la pierna derecha. Los médicos encararon enseguida la posibilidad de operarme y colocarme una prótesis artificial. Desgraciadamente sufrí una crisis respiratoria que les hizo desistir porque podría morir en la operación.


Los galenos de reanimación del hospital de Marsella, la Timone, reconsideraron mi situación global y estimaron que probablemente no llegaría al fin de esta semana y que, si lograba ese milagro, sólo después se podría considerar la posibilidad de una operación. En una reunión de familia con mi compañera de hace 60 años, que ha estado conmigo en todas las situaciones riesgosas y mi hijo, un joven ecologista, anticapitalista muy claro en sus conceptos y decisiones, resolvimos basarnos en la estimación de los facultativos. Superar el fin de semana y esperar una mejoría de mis pulmones: esta podría ser, por consiguiente, mi última batalla.

En 1943 llegué a la militancia socialista, aunque estaba en un liceo militar. Volvería a hacer todo lo que hice y repetiría todo lo que dije desde entonces –salvo algunas de las tonterías que cometí entre 1962 y 1974, años de mi expulsión del trotskismoposadistapor divergencias políticas que compartía con mi compañera.

Luché en cuatro continentes; milité en partidos políticos y creé revistas y periódicos políticos en seis naciones; fui expulsado de varios países por mi actividad revolucionaria. Cuando volví legalmente a México, de donde fui expulsado durante la presidencia de Gustavo Díaz Ordaz, trabajé en la división de estudios de posgrado de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, desempeñándome como coordinador de estudios latinoamericanos y colaboré en el periódico Uno Más Uno, entonces dirigido por Manuel Becerra Acosta. Cuando Carlos Payán Velver y Carmen Lira Saade, entre otros, crearon La Jornada, trabajé en ese medio y en el posgrado en desarrollo rural integrado de la UAM Xochimilco.

En el mismo periodo fundé, junto con otros, maestrías de ciencias sociales en la Universidad Nacional Autónoma de Guerrero y –siempre con otros– elaboré la carrera de historia y de sociología para la UACM. Escribí o colaboré en la redacción de unos 50 libros. Tuve un hijo y planté árboles en México y en Nicaragua. Tengo el honor de haber dejado una ínfima huella en los movimientos obreros de Argentina, Brasil, Perú, Italia, México y en la República Socialista Árabe de Yemen del Sur.

Mis artículos de La Jornada son reproducidos por varios medios europeos y latinoamericanos. Desde mi adolescencia defiendo a los trabajadores y al pueblo, los recursos naturales, la relación civilizada y pacífica entre las naciones y la lucha por la democracia que implica enfrentar al Estado burocrático del capitalismo de Estado o del gran capital financiero e industrial. Revolucionarios hay muchos, pero pocos se proponen la eliminación del sistema de explotación; aunque en los partidos comunistas, sobre todo en las décadas de los años 30 y 40, militaron personas abnegadas y de enorme valor, las líneas y el funcionamiento de sus direcciones perpetuaban el sistema capitalista tanto a escala nacional como mundial. Critiqué esas direcciones yesas políticas estalinistas que sobrevivieron en gobiernos y partidos que no eran estalinistas.

Discuto francamente y no temo quedar en minoría, pero al mismo tiempo busco reunir a los revolucionarios anticapitalistas de todas las tendencias con los de mi propia corriente y los marxistas ecosocialistas revolucionarios.

Como he dicho en alguno de mis libros, soy copernicano, newtoniano, darwinista, marxista, leninista, trotskista, pero de forma laica y sin abandonar la crítica de los errores de los maestros.

Pese a tanto y al terrible peligro que vivimos a escala mundial de destrucción ecológica de las bases de la civilización y de guerra nuclear que haría volver al mundo a la edad de piedra, estoy convencido de que la humanidad tendrá un futuro mejor y de la posibilidad de asegurar a todos trabajo, educación, sanidad, un ambiente sano, alimentos y agua de calidad, derechos democráticos, seguridad y respeto para las mujeres y el cese de toda discriminación.

Si no pudiese vencer esta batalla difícil que estoy librando, que estas banderas pasen a quienes me siguen en la carrera. ¡Vivan los trabajadores mexicanos! ¡Viva el internacionalismo proletario! ¡Unámonos todos y construyamos una alternativa al capitalismo!

9/15/2019

Defender la democracia, construir poder popular



México oscila hoy entre el siglo XIX y el XXI, sin haber salido en su vida social del siglo XX. Por ejemplo, la lucha contra el racismo, la xenofobia, el regionalismo estrecho y ciego y contra una poderosa oligarquía que se cree aristocracia de origen divino es propia de hace dos siglos; el combate democrático por la unificación de los trabajadores y por su organización frente a sus explotadores y opresores comenzado durante la Revolución de 1910 busca, en cambio, completar la tarea que ésta dejó inconclusa y la del cardenismo en la década de los 30.
Por último, la defensa contra el capitalismo dirigido por el capital financiero internacional y la lucha por las reformas democráticas más radicales es anticapitalista, aunque no sea vista como tal por sus protagonistas.
En efecto, la inmensa mayoría de los mexicanos trabajadores se autodefine sólo como pobre y no como explotado, pues teme una revolución social o un cambio radical que podrían ser costosos y por eso quieren sólo reformar y humanizar el sistema. Pero eso es imposible y la violencia del capitalismo, con su represión masiva, la militarización del territorio, la reducción constante del nivel de vida de los oprimidos y la oposición férrea a toda reforma profunda termina por hacer evidente que, incluso para poder trabajar, tener una jubilación digna o una educación real, es necesario un cambio revolucionario que será menos costoso en vidas que el capitalismo actual, con sus guerras y desastres.
La barbarie de los capitalistas –que persiguen la ganancia a costa de todo y de todos– hace que quienes no leen ni conocen a los socialistas y buscan sólo reformas cambien sus ideas y se alcen contra la dominación y la explotación capitalistas.
Por eso, mientras luchamos por defender la democracia cada día más amenazada, hay que organizarse y unir las miles de protestas sociales para que todos los arroyos de las protestas confluyan y formen un río caudaloso y, en esa lucha, es necesario sembrar ideas anticapitalistas para preparar así una maduración consciente de las mayorías y reducir los costos de los estallidos locales incontrolados.
Es indispensable reforzar los combates por la autonomía, la solidaridad a escala regional y la autodefensa frente al crimen mientras potenciamos la educación política y social de los combatientes mediante bibliotecas populares que organicen charlas, discusiones, conferencias o centros de estudios sociales y de asistencia de todo tipo –con material médico, jurídico y técnico– para las mujeres, los indígenas, los más pobres y los traba-jadores. En la lucha por la decisión popular y por las reformas más ur-gentes y necesarias, como la obtención de un salario digno, trabajo para todos, vivienda decente y sólida, agua para la agricultura y la población antes que para la minería, la eliminación de la discriminación por sexo, etnia u origen, la defensa de los recursos naturales, la independencia nacional, se va construyendo la independencia política de los oprimidos frente al Estado ya los partidos capitalistas.
El triunfo de la opción anticapitalista es la culminación de la victoria de la democracia radical. En un mundo donde aún no hay libertad, ni igualdad, ni mucho me-nos fraternidad, y en el que el capi-talismo está anulando las conquis-tas sociales históricas de un siglo y medio como las ocho horas de jor-nada laboral o la libertad sindical, las reformas importantes se tornan anticapitalistas porque son in-compatibles con la política del gran capital que concentra la ri-queza y el poder en una ínfima mi-noría destructora de la civilización y del planeta; según Oxfam –confederación internacional formada por 17 organizaciones no gubernamentales nacionales que realizan labores humanitarias en 90 países–, 42 personas abarcan la mitad de la riqueza mundial y uno por ciento de la población posee 82por ciento del total de esa riqueza.
El imperialismo es insaciable y no respeta la ley de gentes: Trump, que impuso que las fuerzas armadas mexicanas reprimiesen a los migrantes centroamericanos, exige ahora más y más y el gobierno cede y cede.
El capitalismo –no hay que olvidarlo– se guía por la obtención de ganancias, no por la protección del ambiente ni de la sanidad, a los que considera costos y no inversiones; busca proyectos turísticos, nuevos “Cancunes“ a costa de los recursos naturales y de las poblaciones y sus culturas.
Quienes, enceguecidos por la miseria cultural y el atraso, se alegran hoy porque podrán trabajar como meseros o en la construcción de esos proyectos o quienes trabajan para el narcotráfico o para los talamontes, así como los lumpens y delincuentes, son víctimas y sostenedores inconscientes del imperialismo agresor y del capitalismo más feroz.
Sin eliminar el capitalismo es prácticamente imposible suprimir la corrupción, la violencia, las guerras y la ignorancia. La minoría que lo comprende tiene la gran responsabilidad en la educación y la organización de las mayorías. Por consiguiente, es necesario, urgente e indispensable, unir las fuerzas de los anticapitalistas y juntos, trabajar en la defensa y la extensión de la democracia y por su transformación en la construcción de una alternativa anticapitalista.

9/08/2019

México: las prioridades

La Jornada
Guillermo Almeyra 

Primero los pobres, dijo alguna vez AMLO. En efecto, esa es la prioridad no sólo porque México bate récords de desigualdad social –tiene un índice de Gini superior a 50 contra menos de 40 para países en profunda crisis como Venezuela o Argentina, según datos del Banco Mundial. La lucha contra la pobreza y la ignorancia es prioritaria sobre todo porque el México profundo sigue siendo bárbaro y tiene un cruel atraso que se expresa en la disgregación acelerada de la solidaridad social –que sólo aflora en los grandes desastres– en el desarrollo del individualismo hedonista, en la brutal realidad de los feminicidios –en México es asesinada una mujer cada dos horas y media, contra una cada 48 horas en Francia y casi una por día en Argentina– en los linchamientos, la guerra del crimen organizado contra la sociedad, las mutilaciones, los degüellos, los ahorcamientos, las fosas comunes, los camiones abandonados llenos de cadáveres y la naturalización de la violencia salvaje, de la violación de las reglas de convivencia. En nuestro país sin ley ni justicia son normales el semianalfabetismo, la incapacidad para escribir sin errores graves, la falta de respeto por los ancianos, los niños y por las mujeres convertidas en viejas o pinches viejas y consideradas a disposición del varón que decida manosearlas o violarlas.

Sin cultura no hay democracia, pues ésta requiere que todos estén informados, posean la capacidad de pensar y de juzgar para decidir, para lo cual deben tener un nivel mínimo de satisfacción de sus necesidades más elementales: vivienda, trabajo, acceso a la educación Sin cultura no tendremos ciudadanos independientes y críticos, sino seguidores ciegos de algún iluminado o meros clientes del capitalista que les dé alguna limosna.

La cultura exige elevar de inmediato el poder adquisitivo y desarrollar el mercado interno y la producción y, entre otras medidas, profesores preparados y bien pagados para poder exigirles que lean libros y revistas especializadas y tengan dedicación plena a sus alumnos. Se construye también arrancando de la miseria y la ignorancia a los integrantes de la familia y de la comunidad, dándoles medios para elevarse y espacios de decisión y sancionando severamente a los medios de información orales, televisivos o impresos que mientan o desinformen para dominar a sus oyentes, televidentes o lectores o que especulen con la morbosidad de los atrasados.
Si algo hay que transformar urgentemente es la vida cotidiana de los mexicanos mediante campañas de educación científica, de lucha contra el alcoholismo, de eliminación de la superstición medieval que aún impera y da base a sectas religiosas. En lo cotidiano se construye una cultura más elevada si se respetan los recursos naturales, se salvan los bosques y se impone un uso responsable del agua, tras asegurar que todos puedan disponer de ella.
Sobre todo porque el calentamiento mundial es sinónimo del aumento de la desertificación y de las sequías que siempre azotaron a México y porque la recesión mundial que viene trae en su seno el peligro de guerra, o sea, el peligro de la escasez de los alimentos, incluso en los países neutrales, o de la invasión y la incorporación de éstos a la fuerza en el conflicto, y el riesgo de graves problemas económicos y de interrupción prolongada de los proyectos a largo plazo.
En las nuevas casas que se den a las víctimas de los terremotos, hay que instalar paneles solares para aliviar la red eléctrica y para ahorrar combustible para cocinar y sustituir las descargas de los inodoros mediante letrinas secas, con la destrucción bacteriana de los desechos. Desde ya habría que estudiar y promover también un aumento del abastecimiento hídrico y la desalinización del agua marina en todas las costas, así como el desarrollo de la pesca artesanal a vela o eléctrica proveniente de pequeñas centrales eólicas.
Además, siguiendo el ejemplo de la Unión Europea, que lo hará en 2020, se debe prohibir cuanto antes la fabricación de envases plásticos que requieren un alto consumo de energía y contaminan los océanos. Es necesario promover la restructuración y el desarrollo inmediato de un sistema de transporte público ferroviario o sobre goma en las ciudades y en el campo, y reducir el uso de los aviones comerciales, altamente contaminantes, y el empleo desmedido del automóvil privado, que consume gran cantidad de energía y de recursos y causa embotellamientos y empeora la terrible contaminación en los grandes centros urbanos. Éstos, por último, deben ser reducidos, descentralizando todos los servicios y las fábricas donde eso sea posible.
Las verdaderas prioridades son los pobres, acabar con la barbarie cultural en 50 años adoptando decisiones drásticas: elevación del nivel de ingresos y reducción de las desigualdades, modificación radical de la vivienda y de la vida cotidiana y construcción de ciudadanía y democracia.

9/01/2019

Sin autorganización masiva no hay transformación



El Presidente regañó a un alto funcionario de la Secretaría de Gobernación porque éste conversó con dirigentes de autodefensas y sostuvo, además, que las conversaciones sólo eran posibles con quienes están dentro del marco de la Constitución; Luis Hernández Navarro nos explicó( La Jornada, 26/8/19, Actualidad de las autodefensas) que no se puede meter todo en el mismo saco pues, si bien existen autodefensas michoacanas infiltradas por los narcotraficantes, hay muchas otras que son una expresión genuina y sana de la sociedad y que, por último, la posibilidad de organizar policías comunitarias figura en la Constitución de varias entidades y forma parte de los usos y costumbres y de los derechos indígenas reconocidos por nuestra nación.
La movilización y autorganización de los indígenas y los trabajadores, la autonomía de los municipios libres y la autogestión por sus pobladores son, por otra parte, una condición indispensable para lograr la plena vigencia de los derechos democráticos individuales y colectivos y para formar cuadros informados y versados en los asuntos públicos que puedan ser verdaderamente ciudadanos con capacidad de juzgar y decidir.
Sin la autorganización popular no es posible aumentar la autoestima, la audacia y capacidad individual y colectiva, elevar el nivel general de conciencia, lograr experiencia colectiva y solidaria de gestión de los asuntos comunes, eliminar cualquier germen de corrupción. Sin plena democracia y experiencia de poder popular, ninguna transformación social de fondo es posible. Si no se imponen todos los derechos democráticos, es imposible la superación del capitalismo y la misma palabra democracia (gobierno de demos, el pueblo)se convierte en una voz vacía, en una burla.
Ahora bien, la Constitución no puede prever las formas que adoptarán en un proceso incesante los esfuerzos de los trabajadores para obtener su independencia política, ni los organismos que ellos crearán en esa lucha. Por eso no puede ser aplicada rígidamente ni servirle a nadie como cachiporra para reprimir una expresión legítima de la sociedad.
La llamada República Mexicana es, en realidad, monárquica, con su tlatoani o soberano y sus grandes duques y príncipes y funciona mediante órdenes de ese vértice de la pirámide que bajan hasta llegar al último campesino indígena y que se aplican por igual en todos los rincones del reino. Esa realidad debe ser radicalmente eliminada si queremos la democracia y una transformación social.
El pueblo no está para aplaudir, votar lo que le presentan ni acatar el orden porque los trabajadores y oprimidos de todo tipo, partiendo de sus necesidades, deben crear su propio orden nuevo, presentar múltiples opciones de desarrollo discutidas libremente en asambleas populares, hacer sus propias experiencias de gobierno.
México es una nación capitalista dependiente que vive en un mundo capitalista unificado y está junto a un imperio decadente y agresivo que tiene ganas de anexarlo. En el gobierno mexicano hay gente honesta y valiosa mezclada con mucha lacra emigrada del PAN, PRI, PRD, de las sectas evangelistas y otras yerbas malas. Ese gobierno pretende dirigir el Estado, que se rige por las leyes económicas del capitalismo y, en realidad, es manejado por las grandes fuerzas económicas y por las fuerzas armadas que toleraron de mala gana a Andrés Manuel López Obrador (AMLO) y su gobierno y esperan que éste haga el trabajo sucio y desmoralice y desorganice a las de-cenas de millones de personas que habían comenzado a levantar a cabeza y rebelarse. La otra parte del Estado –los oprimidos, que podrían hacer de contrapeso a esas fuerzas vivas de la conservación y la opresión– no cumple ese papel porque o es adormecida por el gobierno o es cachiporreada por los militares bautizados como Guardia Nacional o es reprimida por AMLO con sus tomas de posición, como en el caso de Huexca y Samir Reyes o en el de las conversaciones con las autodefensas. Recordemos que en nombre de la Constitución Madero reprimió a Zapata, apoyándose en el Estado porfirista y el resultado fue la dictadura de Huerta preparada en la embajada de Estados Unidos
Tampoco puede haber un rincón anticapitalista en una región de México o para una parte de su población si no se lucha por un cambio de sistema en todo su territorio en el combate por la eliminación del capitalismo en todo el planeta. O sea, si no se unen las fuerzas anticapitalistas, si éstas no crean un sistema de comunicaciones radiales, televisivas e impresas que sea independiente del Estado y abierto a todas las fuerzas revolucionarias, y si no se hace política educando, analizando cada medida del gobierno, cada noticia económica, cada acontecimiento importante a escala mundial.
El autismo político o indigenista es el camino seguro al aislamiento y la derrota. Por eso es urgente que los anticapitalistas se reúnan en una convención y se organicen si quieren influir sobre los votantes anticapitalistas de Morena que están mordiendo el freno.

8/18/2019

A 78 años del asesinato de Trotsky



En los tres cuartos de siglo transcurridos desde el asesinato de León Trotsky el capitalismo, la burguesía, la clase obrera y las relaciones de fuerza entre las grandes potencias sufrieron grandes cambios
En efecto, dos trágicas predicciones de Trostky se cumplieron: la Unión Soviética retornó al capitalismo porque Stalin asesinó a la generación que había dirigido la revolución bolchevique y liquidó al partido comunista ruso y a la llamada IIIª Internacional y en la posguerra el capital derrotó a los trabajadores mediante la desocupación resultante del traslado de las fábricas a los países con bajo costo de la mano de obra. Eso obliga a volver a pensar en torno a cuáles problemas fundamentales pueden reorganizarse en el campo de los explotados y cuáles son sus características y objetivos.
Por su parte, el mercado capitalista mundial se unificó como nunca antes con la transformación en capitalistas de la Unión Soviética y de las naciones de Europa Oriental, China y Vietnam. Al mismo tiempo, desaparecieron las grandes potencias colonialistas, que se transformaron en competidores comerciales de Estados Unidos(y en sus vasallos político-militares) y, simultáneamente, surgió la oposición frontal entre Pekín y Washington que agrava la catástrofe ecológica y amenaza con hundir al planeta en una nueva guerra mundial aún más destructiva y mortífera que las anteriores.
Los trabajadores están hoy muy fragmentados por los respectivos nacionalismos excluyentes y también muy debilitados por la cuasi desaparición de sus sindicatos burocratizados y reformistas y, sobre todo, por la precariedad de sus empleos y las transformaciones tecnológicas que buscan ahorrar mano de obra, destruir los saberes obreros y aumentar la intensidad del trabajo y de la explotación capitalista. En estas condiciones ¿qué sigue siendo válido en las ideas principales del heredero político y teórico de Lenin, asesinado junto con su partido?
En primer lugar, su confianza en la inteligencia, creatividad y capacidad de aprendizaje a saltos de la humanidad y, en particular, de los oprimidos y su lucha intransigente contra el burocratismo, así como el rechazo del determinismo y la lucha permanente por elevar el nivel político de los oprimidos y organizarlos. Además, su conciencia de que el mundo es una unidad internacional de diversidades locales en constante interacción y no un rompecabezas formado por piezas fijas e inertes, pues esta visión dinámica del mundo como totalidad y proceso abre horizontes y permite comprender que lo que sucede en otro frente de combate nos atañe directamente y que o nos salvamos todos o todos pereceremos. El internacionalismo, para Trotsky, es así patriotismo de clase y no tiene nada que ver con el nacionalismo disfrazado de ayuda fraterna, como la que se concede sólo mientras resulta necesaria y conveniente para quien la otorga.
Además, Trotsky no veía al ser humano como simple productor, sino como un sujeto contradictorio en el cual las secuelas de su formación chocan con ideas precapitalistas o comunitarias y con las nuevas condiciones sociales, luchas y problemas que van creando la clase obrera consciente.
Se preocupaba, por eso, por la pobreza y la degradación del lenguaje de los oprimidos, por las relaciones bárbaras en la vida cotidiana, por la libre creación artística y por los desarrollos científicos y productivos que puedan ayudar a reducir la jornada laboral, facilitar los trabajos y mejorar la calidad de la vida y de la cultura entendida como relación entre los seres humanos y con la naturaleza.
En 1936, en su libro ¿Qué es y adónde va la URSS?, editado bajo el título de La revolución traicionada depositaba todas sus esperanzas en las mujeres, los jóvenes, las nacionalidades oprimidas e inscribía las reivindicaciones democráticas específicas de esos sectores en la lucha por transformar mundialmente los combates democráticos en una revolución anticapitalista.
Igualmente, contra los purismos y los dogmatismos sectarios, invitaba a apoyar a quienes en el campo del nacionalismo socialista o del democraticismo radical enfrentaban, como Lázaro Cárdenas, al imperialismo, pero sin confundir las banderas y manteniendo una vigilancia crítica y la independencia organizativa de los revolucionarios, porque su criterio fundamental era qué puede ayudar más a la educación de los trabajadores por su propia experiencia y a superar momentos transitorios en la creación de su independencia de clase frente a los líderes y las instituciones.
La necesidad de respetar siempre la ética y luchar por la verdad son dos de sus enseñanzas fundamentales a las que agregaba la conciencia de que la solidaridad tiene, en efecto, una base material en la vieja convivencia en el barrio y en la fábrica y en las experiencias comunes –que tiende hoy a desaparecer en los países industrializados– pero también posee profundas raíces precapitalistas anteriores en el viejo mundo campesino y ex colonial que constituye aún la gran mayoría de la humanidad y esa solidaridad puede ser reanimada y ampliada desde los medios revolucionarios urbanos. Por eso Trotsky aún lucha y vive.

7/28/2019

¿Hacia dónde se abre la puerta?

La Jornada

Guillermo Almeyra


López Obrador logró el gobierno reconociendo y pactando el hecho de que el poder real quedaba en manos de las fuerzas armadas y de los grandes capitalistas. La tríada AMLO-capitalistas-FF.AA. tiene como funcióncontrolar al tigreo sea el deseo de cambio social de millones de trabajadores que votaron por Morena.

La inestabilidad y el carácter efímero del acuerdo se basa en que millones de personas potencialmente anticapitalistas y deseosas de transformaciones radicales son orientadas y manejadas por un injerto conservador y reaccionario antinatural. El resultado fue un acuerdo entre quienes ya no podían gobernar y millones que todavía creen no saber ni poder hacerlo y, por eso, buscan un líder.

A esta altura el gobierno de López Obrador aún permite a muchos millones de mexicanos honestos esperar que la Cuarta Transformación abra las puertas al paraíso, pero también permite a unos pocos cientos de miles entrever que, tras un derrumbe de las ilusiones, puedan abrirse las del infierno. De ahí la reaparición de la consignaO AMLO o la barbariede los descontentos, pero temerosos de caer en Guatepeor que era falsa ya en la década de los años 70 con el entonces presidente Luis Echeverría Álvarez.

El gobierno actual es una versión muy débil y tardía del desarrollismo de los gobiernosprogresistasde tiempos de vacas gordas en Su-damérica que produjo los Chávez, los Kirchner, los Lula y los Correas. No puede ni siquiera cumplir una parte importante de sus promesas electorales democráticas porque está dominado por el gran capital y no tiene ni una base social firme ni voluntad o capacidad para hacer frente al capitalismo mundial actual que, además, se acerca a una nueva profundización de la crisis de 2008. Ese gobierno virtual tampoco puede producir cuadros para reproducirse o renovarse porque la alianza con la gran burguesía excluye la existencia de un partido de masas que podría llegar a controlar al gobierno de los empresarios encabezado por AMLO.

Hoy las políticas gubernamentales son resistidas por los restos de la vieja oligarquía que no entraron a tiempo en Morena y las vociferaciones de ese sector ocultan parcialmente las dudas y las críticas de vastos sectores populares que votaron el primero de julio de 2018 por López Obrador con esperanza, pero que empiezan a preocuparse y desilusionarse.

Por eso, si no lográsemos crear un eje social alternativo en torno a la autorganización, la autonomía y la autogestión, México podría correr el riesgo de una desmovilización y desmoralización popular masiva que abra una brecha para un sangriento gobierno dictatorial. Aunque la historia no se repite, el nuevo Madero, tan ciego e impotente como el anterior, podría encontrar un nuevo Huerta apoyado en la embajada gringa y México, dominado por una dictadura salvaje, perdería hasta su independencia formal.

Como no hay peor ciego que el que no quiere ver, no es posible convencer al gobierno desarrollista extractivista tardío de AMLO ni a Morena que para el Presidente es la quinta rueda del carro. Tampoco sirve de mucho protestar sin movilizaciones y sin formular propuestas y planes alternativos a los del capital. Sin dejar de discutir, hay que actuar directamente como hicieron los obreros de Matamoros o los ferroviarios del Istmo. La democracia se ejerce en el territorio donde se vive y trabaja. Son necesarias asambleas para determinar cuáles son las necesidades y los recursos locales, qué planes de trasformaciones son necesarios, cómo organizar su ejecución directa, en cuál estrategia de lucha deben inscribirse.

Es necesario imponer, con la organización de los trabajadores, tanto aumentos generales de salarios para asegurar un nivel de vida y de consumo dignos como la democratización sindical, barriendo de las organizaciones obreras a los corruptos y charros. Los fertilizantes e insumos deben ser concedidos a grupos organizados de campesinos y controlados por éstos, como en el estado de Guerrero.

Se necesitan, en efecto, trenes de carga y de pasajeros, pero junto con los ferroviarios y las poblaciones hay que discutir y planificar su trazado y sus efectos posibles sobre la ecología y el tejido social de la zona. Se necesita también desarrollar el turismo, pero sobre bases ecológicas sanas, respetuoso de las condiciones sociales locales y, claro, sustentable.

Se necesitan bosques, pero con especies locales y con una explotación razonable que no agote las maderas ni afecte la biodiversidad de las regiones. Hay que crear las condiciones para remplazar los combustibles fósiles y desarrollar las fuentes de energía naturales (paneles solares, eólicas, mareas, geotérmicas), pero de acuerdo con la población local que debe ser la primera en sacar ventajas de ellas) y, al mismo tiempo, hay que acabar con los asesinatos y secuestros de mujeres y con el crimen organizado mediante la acción colectiva y directa de los pobladores de las comunidades y localidades.

Todo eso es posible si losmorenoscombativos se unen con los simpatizantes de los diversos movimientos anticapitalistas. Nadie nos regalará el paraíso: hay que construirlo.

7/21/2019

Algunos puntos sobre algunas íes

La Jornada

Guillermo Almeyra


¿Andrés Manuel López Obrador (AMLO)radical, como dicen algunos? ¡Si su programa de Desarrollo Nacional es una versión muy aguada del desarrollismo de Luis Echeverría Álvarez-José López Portillo que fracasó en las décadas de los años 60 y 70, aunque la nación todavía tenía una Pemex funcionando y el capitalismo vivía una fase de prosperidad que se reflejaba en México en el crecimiento anual del producto interno bruto (PIB) –oscilante entre 10 por ciento en 1964 y 8 por ciento hasta finales de los años 70!

¿AMLO ignaro de lo que hace y preparan la derecha y la oligarquía desde del seno mismo de Morena y del gobierno? ¿Quién escogió los ministros funcionarios y candidatos de Morena y sus dirigentes? ¿Quién consideró normal que el periódico Regeneracióndesapareciera en el momento en que era más necesario?

¿AMLO democrático? ¿Dónde están las consultas que la ley garantiza a los pueblos indígenas afectados por los proyectos del Tren Maya y del Istmo de Tehuantepec? ¿Y con la central térmica de Huaxca y el asesinato de Samir Flores en el estado de Morelos? ¿Qué pasó con las propuestas de la comunidad científica y de los ciudadanos para legislar sobre el sector de la ciencia? ¿Quién hizo y mantiene un acuerdo con las fuerzas armadas y el gran capital paracontrolar al tigresi le dejaban llegar al gobierno de la República? ¿Quién sostiene a Marcelo Ebrard como titular de la Secretaría de Relaciones Exteriores y como su posible sucesor en la Presidencia y admite que México sirva de policía fronteriza a Trump mientras éste expulsa trabajadores latinos?

¿AMLO de izquierda moderada? ¡Si las sucesivas transformaciones del Estado y de la sociedad fueron meras adecuaciones capitalistas al desarrollo del capitalismo mundial, si la Cuarta Transformación se da como objetivo de un capitalismo moderno dependiente y si AMLO no se cansa de decir que combatirá la corrupción, pero no al capitalismo y quiere instaurar unaRepública Amorosa, donde el explotador ame a quien explota, el gran capitalista piense en el pueblo –al que desprecia– y no en sus ganancias a cualquier costo y otras tantas utopías de sacristán de pueblo chico..!

Es indispensable apoyar a quienes en Morena desean imponer políticas antimperialistas y convenientes para los trabajadores porque eso favorece la organización y politización de los oprimidos y debilita a la oligarquía, pero también es esencial dejar bien claro que Morena es un movimiento-partido procapitalista y un obstáculo en la lucha por la liberación de los trabajadores y no puede ser reformado porque lo que determina el carácter de un partido es su programa y su objetivo estratégico.

En cuanto a los militantes llamados anticapitalistas, muy pocos lo son. La defensa de los intereses de los pueblos originarios, la elevación de su nivel de vida, la preservación de sus territorios, la seguridad, el fin de la impunidad en sus comunidades y de los asesinatos de mujeres y la plena vigencia de los derechos humanos son objetivos democráticos sacrosantos, pero no anticapitalistas. No basta con la crítica, por correcta que ésta sea. Si la izquierda social quiere ser creíble debe ofrecer objetivos alternativos, no sólo críticas. Hay que convocar a una convención nacional que los defina.

7/14/2019

Lo visible y lo peligroso que anda por ahí



Como sabemos, los términos que expresan una relación no son nada precisos, porque, por ejemplo, los nazis tenían su izquierda en Las Sturmabteilung, las SA –a quienes asesinaron en la Noche de los Cuchillos Lagos– y Benito Mussolini la suya en gente como Ítalo Balbo. La vida política es como un ballet donde todos en algún momento están a la izquierda o a la derecha de alguien.
Por eso al hablar de izquierda en Morena hay que precisar que se trata de un grupo democrático y reformista que comparte sentimientos e ideas descolonizadoras influenciadas por confusas visiones socialistas y antiburocráticas, pero también por la concepción de la revolución por etapas y por la adoración del aparato estatal capitalista y el decisionismo verticalista de una supuesta vanguardia que absorbieron en su juventud en los ambientes cercanos a las ideas de Stalin. No es una tendencia formal organizada. Más bien comparte las afinidades y culturas que los italianos llaman un alma y que le basta para diferenciarse de los procapitalistas de la derecha de Morena partido-movimiento que, por la ideología de su base popular y la de estos intelectuales, sería de centro-izquierda y que quiere defender y a la vez reformar el actual sistema capitalista.
Ahora empieza a ser visible que la izquierda de Morena sale de su pasmo inicial y trata de construir una trinchera en el partido. También es visible que la derecha empresarial resiste y teme la organización de éste, que no le sirve para nada salvo en periodos electorales, y que se evidencia que la desaparición durante siete meses de Regeneración, el órgano y organizador partidario, la resistencia a aplicar los estatutos, dar vida al instituto de formación política y renovar las autoridades partidarias, buscan anular todo intento de creación de un control político sobre sus acciones por las bases populares organizados por los militantes de la izquierda (Rafael Barajas, Pedro Miguel, Paco Ignacio Taibo II y John Ackerman, entre otros).
El espectro de un partido con vida propia, que discuta y se forme en la pluralidad de ideas y en la confrontación de acciones e iniciativas asusta a la derecha. En efecto,aunque es más sólida que la izquierda, pues cuenta con el peso de los capitales y el control de los aparatos, no tiene base popular y por eso se adapta al decisionismo verticalista de AMLO, cuyas ideas centrales están determinadas por el atraso que hace posible tanto el caudillismo como la visión mesiánica del líder.
Lo más grave y que se siente flotar en el aire es la reacción impaciente e inmadura de sectores de la ultraizquierda, heridos justamente por los ataques irresponsables del gobierno en el caso del asesinato de Samir Flores en la protesta contra la termoeléctrica de Huexca, así como por el no reconocimiento de los Acuerdos de San Andrés y de los derechos indígenas, la falta de autocrítica del Estado por la represión contra el zapatismo y las matanzas posteriores, la impunidad de mandantes y ejecutores, las promesas –ilegales– de perdón a los criminales de los sexenios pasados y un abundante etcétera. Un eco de esa irritación nos llega mediante el documentado artículo de Pedro Salmerón sobre el ambiente que creó el guerrillerismo de los años 70, pero circulan también volantes y llamados de ese tenor y no faltan los que forman grupúsculos que no aprendieron nada del pasado.
Como una parte importante, quizá mayoritaria, de los anticapitalistas –el CNI y el EZLN– mantienen su silencio sobre el qué hacer y sus objetivos estratégicos y no se pronuncian sobre los problemas nacionales e internacionales limitándose a algunas denuncias puntuales, hay margen para todo tipo de aventureros y para cualquier provocación de la derecha que, a pesar de haber perdido algunas piezas menores, está fuertemente enraizada en el gobierno en torno aRomo.
La ultraizquierda sólo conoce el ¡A la carga!. Para ella, las condiciones insurreccionales están dadas desde el momento mismo en que así lo determina la vanguardia esclarecida sin importar mucho lo que piensen los oprimidos. Por eso mismo puede conducir a abortos políticosy desastres. Un ejemplo claro fue en Argentina la opción del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) por el ataque al cuartel de la ciudad de Azul en los años 70 durante el breve veranito democrático del único gobierno digno de ese título, el de Héctor José Cámpora.
Las aventuras se pagan siempre carísimas. Hoy hay que aclarar cuáles frentes y programas se enfrentan y qué se puede hacer para evitar que el gobierno de Morena caiga por la derecha y no por la izquierda, debilitado por las desilusiones y la decepción y jaqueado por aventuras y por maniobras desestabilizadoras. Es el momento de ayudar a la izquierda vacilante e inconsecuente de Morena a reforzarse, precisar sus ideas, barrer a la derecha y conseguir puntos organizativos de apoyo y medios de comunicación con los trabajadores.

6/30/2019

México: un balance parcial

La Jornada
Guillermo Almeyda/I


Hace un año un aluvión de votos de repudio, de protesta o de esperanza expulsó del gobierno a una oligarquía feroz y corrupta que con sus crímenes y delitos ensangrentaba y arruinaba a México. Desde el primero de diciembre de 2018 (hace siete meses), Andrés Manuel López Obrador (AMLO) gobierna apoyándose en el crédito que le conceden decenas de millones de personas, que esperan que encabece un profundo cambio político y social, pero también en el sostén que le brindan las fuerzas armadas y una parte –minoritaria pero de peso político y económico– del gran capital y la derecha clásica. AMLO está en el gobierno, pero el poder está en las manos de sus viejos propietarios que intentan utilizar al Presidente paradomar al tigrede los movimientos sociales que lo llevaron al gobierno para después desecharlo una vez utilizado.

En los términos de la Revolución Mexicana tan habituales en el discurso presidencial, el aparato estatal y la economía siguen en manos de los porfiristas mientras un iluso y palabrero nuevo Madero destruye su base política y social combatiendo a los orozquistas y zapatistas de hoy…

No es la primera vez en la historia que una fracción más hábil de la clase burguesa y sus militares recurren a un caudillo popular para hacer un contrafuego social, ya que la dictadura militar argentina que había depuesto a Perón lo llamó en los años 70 de su largo exilio y le dio el gobierno para que hiciera el trabajo sucio que los militares no habían podido realizar en 18 años y que, en efecto, hizo Perón con sus asesinos paramilitares de la Alianza Anticomunista Argentina más la burocracia sindical fascista y prohibiendo las huelgas.
AMLO gobierna, en efecto, con un personal político-económico que es una mezcla, por un lado, de viejos y encallecidos servidores de la oligarquía conservadora (como Romo, que en un comienzo lo calificaba de peligroso hasta que comprendió que podía utilizarlo) dispuestos a aceptar cambios superficiales para mantener intactos el sistema y sus intereses y, por otro, algunos académicos formados en la ideología estatalista de la unidad nacional entre explotadores y explotados y en el reformismo gradualista y por etapas del comunismo estalinista. AMLO cree poder decidir todo y actúa como Júpiter olímpico pero, en realidad, es un dron teledirigido guiado por elrealismode los capitalistas y ni respeta ni escucha a los explotados. En cuanto a su partido, Morena, es sólo una maquinaria electoral y, en el Congreso, un aparato acrítico y sin ideas ni iniciativa apto sólo para votar a mano alzada y aceptar acuerdos negociados a sus espaldas.
Esto es lo que demuestran estos primeros siete meses de gobierno que, si bien son pocos para un balance más completo, permiten sin embargo confirmar las reiteradas previsiones sobre lo que sería el gobierno de AMLO.
No faltaron hasta hoy algunas medidas positivas: la represión a la mafia que ordeñaba los oleoductos, el esfuerzo para salvar a Pemex, que fue desmantelada, los aumentos salariales masivos en el norte, los puentes tendidos para negociar con los maestros de la CNTE, la liberación de presos políticos y sociales.
Pero las medidas negativas dictadas por la derecha son mucho más importantes y numerosas y van desde la decisión de hacer el Tren Maya sin una seria consulta previa a los pobladores afectados para realizar una gran maniobra turístico-inmobiliaria que modificará profundamente los recursos naturales, el tejido social y el territorio, hasta la resolución de terminar la central térmica de Huexca alimentada por un gasoducto tendido sobre el Popocatépetl enterrando de paso la investigación sobre el asesinato de Samir Flores.
Gravísima es la capitulación ante el chantaje de Trump que amenazaba con impuestos (que lesionarían sobre todo a la economía estadunidense y eran muy resistidos por muchas grandes empresas de Estados Unidos) y la consiguiente movilización de decenas de miles de soldados disfrazados de Guardias Nacionales para tratar de impedir el ingreso a México de emigrantes centroamericanos expulsados de sus países por la dictadura y la falta de trabajo.
Gravísimo es anular la libertad de circulación por el territorio mexicano y el proyecto de crear en Chiapas y en el Istmo de Tehuantepec sendos centros de fijación de las emigraciones actuando así como policía fronteriza estadunidense.
Igualmente grave es crear Zonas Económicas Especiales (ZEE) sin consultar con las poblaciones, como se había comprometido a hacer, y desdeñar la oposición de la Ucizoni y otras organizaciones indígenas del Istmo y de los estados del sur. Grave también es legitimar a Elba Esther Gordillo y sabotear la lucha universitaria por aumentos de sueldos y contra los recortes a los centros de estudio, así como la reducción indiscriminada y masiva de personal. Retrógrada es la visión sobre la cultura, reducida a la difusión de conocimientos básicos a pesar de la magnitud del analfabetismo de retorno, de la ignorancia generalizada y de la enormidad de las diferencias sociales que hace indispensable un esfuerzo cultural y un sistema de becas de calidad. (sigue)

6/23/2019

Los incendiarios del Estrecho de Ormuz



El ataque a dos petroleras –una noruega, la otra japonesa– en el Estrecho de Ormuz hizo resurgir el peligro de una guerra en Medio Oriente. Estados Unidos presentó de inmediato un video que no permite ninguna conclusión y acusó a Irán de colocar minas magnéticas en las naves agredidas, pero el comandante de la nave japonesa atacada, Yukata Katada, declaró que: nuestra tripulación dijo que vio un objeto volador (https://nyti.ms/2MNzZ8F).
Además, la nave nipona fue incendiada el mismo día de la visita del primer ministro japonés Shenzo Abe, tras 41 años de congelamiento de las relaciones entre Irán y Japón, y éste es gran comprador de petróleo iraní, que necesita para seguir siendo potencia frente a China. Esa coincidencia excluiría por sí sola a Irán que no cometería una provocación tan grosera y tan lesiva para sus intereses.
El principal sospechoso es Estados Unidos, pues en 2015 Trump desconoció el Plan Integral de Acción Conjunta (PIAC) que permitía a Irán desarrollar su industria nuclear con fines pacíficos bajo control internacional, cosa que hasta hoy ha continuado haciendo, a pesar del bloqueo unilateral de Estados Unidos que muchas compañías europeas, como la francesa Total, acatan.
El demente que ocupa la Casa Blanca –y sus asesores que lo impulsan a la guerra– también acaricia hace rato la idea de que la guerra contra Irán podría darle una segunda presidencia porque en Estados Unidos Irán no es nada popular, ya que muchos recuerdan las humillaciones de la toma de la embajada en Teherán o el sangriento atentado de 1983 contra los marines en Beirut. Trump piensa así golpear también a la Unión Europea, que quiere destruir, y a China y Rusia, que no quieren la guerra en Medio Oriente, pero no pueden abandonar a Teherán.
Sin embargo, la mayoría de los estadunidenses quiere paz y el Pentágono está exigiendo prudencia porque Irán tiene el doble de la población que Irak –de donde Estados Unidos tuvo que retirarse con la cola entre las patas– y no es posible ocuparlo sin una larga guerra muy costosa en pérdidas humanas que resultarían políticamente intolerables en el país de Trump.
¿Quién otro tendría interés en desatar una guerra en Medio Oriente? ¿Un ala loca de los Guardianes de la Revolución iraníes, que nunca ocultó su deseo de una guerra con Arabia Saudita e Israel? Pero no tiene apoyo ni en la sociedad iraní que desea paz ni entre los capitalistas iraníes, deseosos de reanudar las importaciones, ni el de los ayatollahs y los altos mandos.
Israel, en cambio, teme los efectos del triunfo militar y político del gobierno sirio sobre el llamado Estado Islámico armado y financiado por Arabia Saudita, las monarquías árabes y Tel Aviv. La victoria del gobierno de Bashir al Assad fue obtenida gracias al apoyo ruso, de Irán y sobre todo de Hezbollah, que es sostenido y financiado por Teherán y reforzará política y moralmente a los vencedores. Netanyahu, para enterrar los múltiples procesos por corrupción que está enfrentando en Israel mismo, podría haber decidido provocar la guerra para ajustar cuentas con Hezbollah y Siria con el apoyo de Donald Trump, su asesor de Seguridad, el belicista John Bolton y Mike Pompeo.
Por su parte, Vladimir Putin continúa hoy en Medio Oriente la geopolítica de Stalin, quien a su vez aplicaba la de los zares y Rusia es una potencia regional pues tiene hoy tropas y bases navales y militares en Siria y busca en la región un statu quo favorable a sus intereses mediante acuerdos con la dictadura de Erdogan y frenando a Hezbollah para que no ataque a Israel. Precisamente por su papel y sus intenciones en la región, no podría dejar de intervenir en una guerra contra Irán, a diferencia de China que tiene aspiraciones comerciales planetarias y necesita paz en su ruta de la seda y por eso no manda soldados ni armas a Irán.
Hoy, China, Rusia, la Unión Europea, la ONU y el mismo Japón piden moderación y prudencia a Estados Unidos, pero Arabia Saudita y las monarquías del golfo Arábigo arrojan gasolina al fuego asociándose a las acusaciones estadunidenses porque Irán declaró no hace mucho que si le impiden exportar petróleo nadie pasará por el Estrecho de Ormuz, lo cual paralizaría sus exportaciones, provocando así una gravísima crisis económica y una guerra que afectarían a todo el planeta.
Los chantajes permanentes y las provocaciones de Washington, como el dron derribado por los iraníes, deben ser rechazados y condenados por todos los países. Recordemos que un presidente estadunidense hizo volar una nave de guerra de su país –el Maine– para iniciar la guerra contra España que le permitió ocupar Cuba, Puerto Rico y Filipinas; otro dejó que los japoneses destruyesen su flota en Pearl Harbor para lanzar su nación a la guerra mundial y un tercero hundió una lancha patrullera estadunidense en el golfo de Tonkín acusando al Viet Mihn para mandar 500 mil soldados a Indochina. De Washington sólo se puede esperar lo peor.

6/16/2019

Reitero una vez más



En mi larga vida he dicho y hecho muchas estupideces, pero jamás por interés propio sino, simplemente, porque entonces era más pendejo que hoy. Llegué a México en 1979 invitado a trabajar en el periódico Uno más Uno, dirigido por Manuel Becerra Acosta, y en la UNAM para estar en nuestro continente previendo importantes cambios y dejé para eso mi trabajo en la FAO, en Roma, donde tenía un sueldo superior.
En varias oportunidades rechacé chayotes, intentos de soborno, privilegios. Hoy, sumando mis ingresos totales con los de mi compañera desde hace 60 años, vivimos como espartanos, con el equivalente a medio salario mínimo francés, optando entre comer y comprar un libro. Por consiguiente, cuando elogio un nombramiento no me vendo.
Podré quizás equivocarme, pero sé corregirme y, además, no ignoro que los intelectuales confían demasiado en sus ideas y políticamente pueden ser muy ingenuos y hasta infantiles, como Einstein y los otros padres de la bomba atómica que creían que ésta acabaría con las guerras y pasaron por alto que Estados Unidos era capitalista, tenía un negro pasado imperialista y que los militares no eran damas caritativas. Por eso ni me hago cargo de cada una de las posiciones adoptadas en el pasado por gente que hoy respeto ni tampoco por lo que podrían hacer en el futuro.
Con respecto a Víctor Toledo o a Luciano Concheiro y otros funcionarios honestos y capaces, creo que sobrestiman su capacidad de convencer y subestiman la densidad y consistencia de las posiciones y relaciones existentes en el semiestado capitalista mexicano. En el mejor de los casos, me atrevo a predecir, en algún momento tendrán que renunciar azotando la puerta de salida, como hizo el ecologista Nicolas Hulot cuando se dio cuenta de que Emmanuel Macron lo utilizaba para engañar a los ecologistas, mientras ejecutaba la política depredadora del gran capital y desmentía una a una sus promesas electorales respecto a la eliminación de sus usinas atómicas, la política energética o el fin de la caza de fauna silvestre.
Los incendios provocados, la dependencia de Petróleos Mexicanos y del hidrocarburo, los desastres ecológicos y sociales colaterales que provocarán la usina térmica en Huexca, Morelos, el Tren Maya y el Corredor Transístmico, son una especie de bombas de tiempo que hay que desarmar lo antes posible y que pondrán a prueba a Toledo como ecologista y como funcionario estatal. Muchas veces tendrá que enfrentar la disyuntiva entre protestar en nombre de sus principios o callar y tragar sapos e incluso mentir en nombre de la cohesión del gabinete ministerial y, como por principio siempre pienso lo mejor de la gente de valor, espero que optará por los intereses del pueblo mexicano y de la entera humanidad sin traicionar sus ideas.
Dicho esto, paso a lo que para mí podría favorecer la construcción de una alternativa al capitalismo: la autorganización y el protagonismo de los deseosos de una sociedad mejor y más justa mediante el registro de las necesidades materiales y sociales comunidad por comunidad cuantificando los recursos disponibles y las carencias desde el punto de vista del empleo, la seguridad, la sanidad, la educación, la vivienda, los servicios indispensables –electricidad y agua potable– para elaborar planes locales de desarrollo aprobados por asamblea y seguido por asambleas en su aplicación diaria.
Así se constituirían en un proceso colectivo verdaderas comunas autónomas que darían la base para la autogestión social generalizada y reducirían drásticamente la violencia contra la mujeres. La formación por doquier de grupos vecinales de vigilancia, de policías comunitarias y de grupos de autodefensa pondría a raya a la delincuencia y controlaría la formación social de la juventud. Si las asambleas funcionan y controlan y la población participa masivamente, el peligro de utilización de la fuerza por grupos de delincuentes sería mucho menor, pues no podrían contar –como hoy– con el apoyo de las fuerzas armadas, las policías estatales o las autoridades corruptas.
Todo lo anterior debería ser completado con un esfuerzo especial y prioritario en la educación popular, con maestros bilingües bien remunerados, centros de enseñanza y universidades con recursos y salarios razonables y grupos de estudiantes de posgrado becados en el exterior, tal como hizo la paupérrima China en la década de los años 50, para sacar de su atraso a un país que no lee y, por tanto, no puede pensar, investigar o escribir.
Los obreros que se presentaron en Tamaulipas como candidatos independientes lograron más votos que el PRI. No hay que depender de los partidos del sistema: los trabajadores pueden organizarse democrática e independientemente si los grupos anticapitalistas les ayudan creando bibliotecas populares, Casas del Pueblo, cooperativas, círculos de instrucción y discusión gratuitos.
No hay tiempo para esperar y recibir desde arriba lo que se puede empezar a construir colectivamente desde abajo. La seguridad y la autoestima vienen trabajando y cosechando resultados. Lo que está en juego requiere, sobre todo, iniciativa y audacia.

6/09/2019

Reitero una vez más



Obligado por el primitivismo político de algunos comentarios a mi artículo del domingo anterior en el que saludé el nombramiento de Víctor Manuel Toledo y el de otros funcionarios (hubo quien me llegó a acusar de vendido, lambiscón y renegado), reitero lo que vengo escribiendo desde hace años.
Ni Andrés Manuel López Obrador (AMLO) ni Morena son de izquierda porque ignoran la existencia de la lucha de clases, defienden al capitalismo como sistema esperando humanizarlo y modernizarlo, buscan la unidad nacional entre explotados y explotadores, aplican políticas extractivas y neodesarrollistas –con algunos toques distribucionistas y democráticos– y mantienen las políticas neoliberales.
El gobierno de AMLO es una deslavada versión local del progresismo de los Lula en Brasil y los Kirchner en Argentina con su temor a las movilizaciones sociales que podrían desbordarlo, su teorización sobre el fin de las clases, la unidad nacional y la denominada República Amorosa, su decisionismo verticalista, su tendencia al bonapartismo y al antintelectualismo de los progresistas (recuérdese al primer peronismo de alpargatas sí, libros no o la represión de Dilma Rousseff contra los estudiantes).
Sus inadmisibles concesiones a las iglesias (sobre todo a la evangelista) y sus programas sirven además para seguir enriqueciendo a la fracción de grandes capitalistas nacionales que lo apoyan y demuestran en particular que el gobierno de Morena está muy a la derecha del chavismo del último Hugo Chávez.
Sus límites, sin embargo, no residen únicamente en su programa echeverrista y en su carencia de una estrategia audaz para obtener la independencia real de México y acabar con el proceso de putrefacción del semi-Estado mexicano sino, sobre todo, en que pretende ejecutar la política neodesarrollista de una fracción minoritaria del gran capital nacional que porque está estrechamente entrelazada con las grandes trasnacionales y el capital financiero internacional es totalmente impotente ante el imperialismo.
Su partido, por último, no es más que una maquinaria electoral mechada de corruptos y oportunistas y no está en condiciones de frenar y someter a una masa en agitación de más de 30 millones de personas que piensan y actúan y esperan cambios reales y que no se desilusionarán pasivamente.
Quienes ven en Morena únicamente continuidad con los gobiernos anteriores y dicen que todos los gobiernos capitalistas son iguales y hasta temen una dictadura dan por sentado, implícitamente, que esos millones de pobres, jubilados, indígenas, campesinos, obreros y estudiantes ni luchan ni combatirán, pues son sólo una especie de borregos, seguidores de un líder. Borran así la contradicción entre López Obrador y quienes los votaron, pero no votaron ni por Alfonso Romo ni por Carlos Slim y tenderán a diferenciarse del gobierno.
Los gobiernos capitalistas no son todos iguales. Entre los actuales, todos capitalistas, de libre mercado de Estado, como el chino o el cubano, hay grandes diferencias que dependen de las relaciones de fuerza entre las clases o las fracciones de clase, de la historia y cultura de cada país y del grado de organización y conciencia de sus trabajadores.
Eso lo saben en Washington que, ante la posible movilización popular, intenta ahora repetir el Pacto de la embajada Lane-Huerta contra el nuevo Madero, que no es su sirviente incondicional y que por eso debe ser defendido de la agresión imperialista y alentado a resistir apoyando las medidas justas que adopte, pero sin cesar de criticarlo.

6/02/2019

Fuerte y en el clavo



Honor a quien honor merece… después de la desastrosa experiencia en Semarnat con una oligarca, hija de oligarcas, acostumbrada a considerar lo público como si fuera de su propiedad, Andrés Manuel López Obrador recomienza por donde debería haber comenzado y nombra en ese puesto clave a un destacado científico y valioso intelectual quien, además de haber criticado desde La Jornada sus planes para el Tren Maya y el Corredor Transítsmico, puede aportarle la inestimable colaboración de muchos otros ecologistas serios.
Este no es el primer acierto, pues en educación –otra cartera clave– nombró subsecretario de Educación Superior a Luciano Concheiro, distinguido profesor de la Universidad Autónoma Metropolitana, sindicalista, hombre de ideas y principios y buscó acuerdos con los maestros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, nombró a Paco Ignacio Taibo II en el Fondo de Cultura Económica y otorgó un importante incremento salarial en la franja fronteriza norte, además de liberar algunos presos políticos y sociales. Pero el nombramiento del maestro Toledo es una medida que debe ser doblemente elogiada porque da un fuerte golpe en el clavo, al otorgar a los problemas ambientales la jerarquía que hasta ahora se le desconocía y porque demuestra que AMLO podría verse obligado a empezar a restablecer contacto con quienes votaron por él para tratar de liberarse de la influencia nefasta de los grandes capitalistas y oligarcas que creyó oportuno incrustar en su entorno y a los que hasta ahora ha ido cediendo, como lo demuestra el caso de la central térmica de Huexca, rechazada por los pueblos a quienes la justicia ha dado razón, pero que López Obrador insiste en hacer.
El mundo y México, que sobrevive en este planeta al lado de primer contaminador mundial, están en un emergencia ecológica que pone en cuestión la existencia misma de la especie humana.
En esta guerra desatada contra la naturaleza y la sociedad por el capitalismo depredador y sin futuro es indispensable otorgar preponderancia a la protección ambiental, una prioridad aun mayor que ladada a la guerra contra el narcotráfico y la violencia. En ambos casos deben ser los protagonistas los directamente afectados y los científicos sociales, ecológicos y étnicos, no los burócratas.
En la lucha contra la desertificación, la escasez y la contaminación de las aguas, la brutal contaminación ambiental en las aglomeraciones urbanas, la deforestación acelerada y el deterioro de los recursos marinos y turísticos por el calentamiento global que acaba con especies marinas enteras y estimula los sargazos, habría que convocar los Estados Generales del Medio Ambiente para que campesinos, indígenas, estudiosos y científicos formulen diversas propuestas y medidas de corto y mediano plazos y congelar los proyectos ecocidas hasta que se establezca una línea de defensa de los recursos y de las comunidades que de ellos viven.
En el campo de la lucha contra la violencia, la solución tampoco es la militarización del país bajo la cobertura de una Guardia Nacional y en vez de desarmar a las autodefensas habría que reforzarlas y legalizarlas, así como a las policías comunitarias darles instrucción militar y armas adecuadas, legalizar las drogas ligeras, subsidiar productos alimenticios sustitutivos de la mariguana y las amapolas y controlar a los narcos mediante la vigilancia popular como lo demostró en los años 40-50 el ejemplo chino.
Víctor Manuel Toledo Manzur, un crítico lúcido de los errores ambientales y un científico dispuesto a arremangarse para cambiar las cosas con la acción, no es un ministro más ni está dispuesto a doblegarse ante las presiones ni podría hacerlo sin negar sus principios. Es por lo tanto una garantía para los pueblos indígenas, las poblaciones mayas y quienes defienden la prioridad del agua para el desarrollo rural y las poblaciones.
La lucha de clases, la influencia de los combates de los trabajadores y los defensores del ambiente, atraviesan también las filas de Morena y hasta el entorno de AMLO. En este combate de influencias a veces predomina el gran capital y otras, menos, el ansia de transformación que llevó a muchos a votar por López Obrador. Esto no quiere decir que el gobierno haya cambiado de carácter o que Morena sea anticapitalista. Simplemente nos indica que no es sensato ignorar las diferencias y las grietas en un entorno heterogéneo como el que rodea al Presidente.
A la gente honesta y capaz en el gobierno hay que apoyarla, tomarle la palabra y respaldarla sin abandonar la crítica a una orientación política reformista utópica que somete a México a los intereses del capital financiero internacional.
Si Toledo aplica en Semarnat lo que escribió reiteradamente en nuestro diario –como no dudo intentará hacer– habrían consultas reales y estudios serios de impacto ambiental de cada medida, desde las forestales, hidráulicas o energéticas hasta el turismo y la minería. Los anticapitalistas deben por eso apoyar lo que en el campo de la ecología podría ser el comienzo de algunos cambios.

5/12/2019

La pesadilla



De la Segunda Guerra Mundial salieron muchas revoluciones pero de liberación nacional y el capitalismo hundió al mundo en la barbarie. El internacionalismo agonizó entonces y se transformó en nacionalismo socialista con la poderosa ayuda del estalinismo en la ex Unión Soviética (URSS), China, Europa oriental y en los partidos comunistas.
Al mismo tiempo, las clases trabajadoras se transformaron y el capitalismo pasó a ser dominado por el capital financiero. Los obreros de vanguardia, con conciencia de clase, así como los socialistas revolucionarios se redujeron a una ínfima minoría. El mundo se transformó pero no hubo un cambio en la visión del mismo. El lazo de los orígenes étnicos, del color y de la lengua predominó sobre el enlace que establece un derrotero y un objetivo comunes. El odio al otro, considerado inferior o incluso subhumano es mayor que la ira contra un sistema social que no se pretende suprimir sino modificar.
En la hora del planeta y de la civilización estamos por eso a las 12 menos cinco antes del colapso y los capitalistas ni siquiera creen ya en el futuro de su clase y sueñan huir a la Luna o a Marte.
Las migraciones masivas serán cada día mayores al igual que los cambios climáticos, que sumergirán las tierrascreando nuevas Atlántidas, desertificarán continentes, provocarán tornados y tifones sin precedentes, terribles inundaciones devastadoras, destrucción de glaciares y cuencas hídricas y una espantosa pérdida de bosques y fuentes de producción de alimentos terrestres y acuáticos. El retroceso cultural podría ser proporcional al desastre social como entre el siglo III y el VI dC cuando en el imperio romano despoblado y en ruinas desaparecieron, la alfabetización de masas, el comercio internacional, las monedas, las carreteras, los cultivos.
La mortandad por pestes, conflictos sociales, daños ecológicos, podría reducir a un tercio la población mundial como durante las pestes negras. Siglos después, la naturaleza podría cerrar algunas de sus heridas y de este ecocidio semejante por sus efectos a una guerra nuclear mundial surgirían quizás nuevas ideas y un aumento de la productividad del trabajo. Con eso contaba Mao cuando declaró que, en el caso de guerra atómica, siempre sobrarían 300 de los mil 400 millones de chinos. ¿Pero en cuáles condiciones y qué serían capaces de construir?
Las cualidades que se requieren para dirigir una lucha o un proceso de liberación nacional no son las mismas que se necesitan para edificar un mundo sobre la base de la autogestión social generalizada, la destrucción del Estado y de su remplazo por una federación de libres comunas democráticas, una sociedad de iguales.
En la miseria material y moral no se construye sino un capitalismo de Estado regido por la escasez permanente y la carencia de cultura de gobernantes y gobernados. Una relación entre iguales que desarrolle a la vez la comunidad y los individuos requiere ciudadanos libres, dignos e informados a todos los niveles…
¿Cuál es, en cambio, la situación actual? China en 70 años pasó de colonia a primera potencia comercial mundial y encabeza la carrera por la inteligencia artificial y por la quinta generación electrónica para la cual posee la gran mayoría de las indispensables materias primas (como el litio y las tierras raras). Pero el suyo es un capitalismo de Estado confuciano, ultraconservador, dirigido como nuevo déspota asiático por un partido de mandarines militar-burocrático que ha remplazado al antiguo emperador y sus funcionarios preservadores, conservadores y distribuidores de los recursos y por eso acatados sin discusión. Es un sistema de súbditos austeros llamados a obedecer al poder central y familiar y disciplinado durante milenios, que aprovecha su homogeneidad étnico-cultural –la inmensa mayoría de los chinos son Han– para afirmar un nacionalismo agresivo.
Está también India, con un proceso agudo de nacionalismo y racismo hinduista que amenaza el laicismo estatal y la convivencia con otras minorías religiosas. En otros países asiáticos hay regímenes totalitarios y oscurantistas similares y en América gobierna Trump, votado y apoyado por una mayoría de ignorantes racistas que creen a pie juntillas en el Creacionismo, rechazan a Darwin y la selección de las especies y apoyan todas las aventuras imperialistas. En Brasil una gran mayoría eligió un presidente racista y xenófobo y en Argentina la opción electoral consiste en relegir al neoliberal Macri y su sumisión al FMI o la neoliberal Cristina.
El capitalismo –si el planeta sobrevive– aparentemente tiende a ser remplazado por un periodo secular de sistemas militares burocráticos-totalitarios como los que intuían Jack London en su Talón de Hierro o Michel Raptis en La guerra que viene... hasta que los pueblos se reorganicen y se unan frente a sus nuevos dominadores. Nada de lo que fue desaparece por completo y el hilo rojo de las luchas y de la memoria colectiva pasará nuevamente a un primer plano si la resistencia mantiene la crítica y la esperanza y lo que es hoy germen de alternativa logra desarrollarse.

4/28/2019

Ante los hechos tozudos, un poco de realismo



Andrés Manuel López Obrador llegó al gobierno por una votación tan masiva que hizo imposible el fraude y no por una concesión de las clases gobernantes que, con elevada conciencia de clase, cedieron parte del gobierno para conservar el poder y aceptaron a AMLO sólo para domar al tigre de la protesta popular. El Presidente tiene por eso una deuda pendiente con los millones de ciudadanos que lo apoyaron, no con los grandes capitalistas que quieren utilizarlo. Este es el primer hecho irrefutable.
Del mismo se desprende que este gobierno no es lo mismo que los anteriores ni una redición o continuación de ellos, sino una excepción resultante de una relación de fuerzas irrepetible. Es un gobierno capitalista, como también fue el de Lázaro Cárdenas del Río, pero con enorme apoyo popular y surgió en una crisis político-social grave en la nación y en medio de la crisis económica del capitalismo mundial que viene desde 2008 y que cambió la relación de fuerzas entre los diferentes imperialismos, la de éstos con los países dependientes –a los que algunos ilusos calificaban de emergentes– y también la relación de fuerzas entre las clases dominantes y las subalternas en todas las naciones del mundo.
El gobierno de López Obrador es fruto de las esperanzas y las ilusiones de millones de explotados y, además, de la crisis económica, política y de dominación del capitalismo a escala mundial. Los grandes capitalistas que lo aceptaron como mal menor por temor al tigre popular desean que pierda su base de apoyo y decepcione a los ilusionados que todavía esperan un cambio social de un hombre que quiere, por el contrario, humanizar al capital y la República unida y amorosa, no el fin de la explotación y de la opresión. Esto también es un hecho insoslayable, tozudo.
Por esa razón la mera oposición a las políticas de AMLO sin proponer opciones a las mismas y los ataques sectarios al Presidente y a sus seguidores sólo sirven al gran capital y les granjean a los sectarios el odio popular. Es aberrante suponer que el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) fue una creación de Carlos Salinas de Gortari, pero el sólo hecho de decenas de millones puedan creerlo indica la profundidad de la fosa que las frivolidades y el sectarismo crearon entre el EZLN y millones de trabajadores que simpatizaban con el zapatismo.
Los ataques sectarios favorecen además la solución Huerta, o sea la caída por la derecha de un Presidente con veleidades de equilibrista y, como su modelo Madero, prisionero de un aparato estatal conservador y reaccionario y temeroso ante los descendientes actuales de Zapata y de Villa.
El anticapitalismo no debe sólo rechazar las políticas del gran capital: debe, sobre todo, hacer propuestas concretas y viables, superadoras de aquéllas y que armen a los pueblos para su autogobierno en un sistema de autogestión comunitaria generalizada. Hay que remplazar al gran proyecto turístico-inmobiliario que acompaña al Tren Maya por proyectos de desarrollo rural elaborados por las comunidades locales con el apoyo de expertos universitarios voluntarios, apoyados en la lucha por un conjunto de leyes de protección ambiental y a la economía campesina diversificada y por un estudio de los territorios para el desarrollo de energía eólica o solar y de los suelos para planear una agricultura que no dañe el ambiente.
También se debe plasmar en proyectos concretos la oposición reiterada de las comunidades indígenas y organizaciones sociales del Istmo de Tehuantepec a la destrucción de su tejido social y de sus territorios para realizar el viejo proyecto de Echeverría-Fox destinado a servir a los intereses de Estados Unidos, conteniendo allí las migraciones y reduciendo en tiempos y costos los fletes del comercio entre los dos océanos.
La elaboración de proyectos alternativos en asambleas democráticas con expertos invitados y su discusión en reuniones intercomunitarias son indispensables porque harán escuchar en todo México la voz de los trabajadores, quitándole así al capital y al gobierno el argumento falaz de que no hay otras opciones que las que ellos proponen.
Si el candidato López Obrador se comprometió, pese a la inversión ya realizada, a echar por tierra el proyecto de termoeléctrica en Huexca que el presidente López Obrador ahora quiere terminar, apoyándose en argumentos técnicos y financieros ¿quién de los dos era o es sincero? No hay duda alguna: si la central amenaza la calidad del agua y el gasoducto es inseguro, no deben funcionar. La inversión ya realizada no justifica insistir en montar una bomba de tiempo. Por el contrario, los malos cálculos, la irresponsabilidad, la corrupción de quienes negociaron con la empresa española deben ser enjuiciados. Incluso si la oposición de los campesinos y las comunidades fuese errónea, hacer algo contra su voluntad y llamarles conservadores porque, en efecto, quieren conservar su agua y su seguridad expresa soberbia, ignorancia histórica y constituye un grave y peligroso error político.

4/21/2019

Algo, pero muy poco y con gusto raro


Guillermo Almeyra
La Jornada

La Ley de Educación fue impuesta al país por el capital financiero internacional y reapareció refrita por el Prian y toda la derecha con la complicidad de prácticamente toda la mayoría parlamentaria de Morena. Andrés Manuel López Obrador (AMLO) se vio, así, obligado a aparecer como oposición frente a la alianza entre la oposición ultraconservadora y su propio partido, que no es tal sino una heterogénea máquina electoral y su memorando, aunque de modo muy desprolijo, crea ahora las condiciones para que esa ley sea eliminada.
AMLO tiende un puente a los maestros, cuya heroica y persistente lucha hizo imposible mantener un texto legal nocivo para la educación y el nivel de cultura en nuestra nación. Ese puente es importante para el gobierno, pues al ceder a la presión de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), López Obrador salva in extremis a Morena de un clamoroso autogol político-social.
A este avance se agregan unos cuantos más, como la liberación de presos políticos y sociales, el incremento de salarios en el norte del país, algunos nombramientos acertados de altos funcionarios o la lucha por la recuperación de Petróleos Mexicanos y contra el ro-bo de combustibles en los oleoductos y el desvío de camiones-tanque de la empresa paraestatal.
Pero estas medidas apenas reparan una parte menor del daño causado por la ofensiva capitalista en el terreno delas leyes laborales, de los salarios o de la defensa de los bienes estatales y, además, la afirmación del Presidente de que ahora sí cumpliría con su promesa electoral a la nación y a los maestros tuvo que ser impuesta por la lucha de éstos.
Por otra parte, los problemas graves subsisten, se ofrecen espacios a la propaganda religiosa, reaparece con apoyo oficial Elba Esther Gordillo como provocación abierta a la CNTE, cientos de presos sociales siguen injustamente encarcelados y no hay un solo preso por el asesinato de periodistas, algunos de los cuales –como los de nuestros compañeros Miroslava Breach Velducea y Javier Valdés Cárdenas– llevan ya más de dos años de impunidad.
Los salarios mexicanos también continúan siendo una fuente de ganancias extraordinarias para los dueños del capital y, junto con las pésimas condiciones de trabajo y la subsistencia del charrismo, se mantiene la superexplotación del trabajo.
Los mexicanos más pobres no puedendarse el lujode leer, aprender y cultivarse; se mantiene el atraso tecnológico del país, se anulan o despilfarran capacidades e inteligencias y se reduce la posibilidad de mejorar el consumo, la vivienda y la sanidad.
Por último, es trágico y vergonzoso que el gobierno acepte el desastre actual en las universidades y en los altos centros de estudio y la fuga de cerebros con tal de mantener un tope de aumento salarial bajísimo en vez de darles a las autoridades universitarias, heredadas del Prian, los recursos extraordinarios para que puedan conceder incrementos salariales decentes.
La senda abierta cediendo a los maestros es la correcta, pero debe ser ampliada mediante un aumento general de sus ingresos y una inmediata solución a las huelgas universitarias, tal como exigen los sindicatos de trabajadores de las mismas.
Por otra parte, el gobierno avanza poco y arrastrando los pies en el terreno social, pero en lo económico los tiene alados como Mercurio. En efecto, no abandona la construcción de la termoeléctrica de Huexca, Morelos, y no pierde un minuto para intentar llevar a cabo su Tren Maya en el sureste, tan favorable al gran capital financiero y a Estados Unidos que el mismo Donald Trump ofrece invertir en él, y el gobierno y AMLO siguen oponiéndose tenazmente a los indígenas, los ecologistas, las comunidades locales y todos los que desean preservar el ambiente y los recursos humanos y evitar nuevos desastres ecosociales como el de Cancún, Ciudad del Carmen o Tulum.
Trump felicitó igualmente al gobierno mexicano por su lucha contra la migración masiva porque ella incluye esencialmente la creación de un cinturón turístico-empresarial en el Istmo de Tehuantepec para absorber y contener a los trabajadores emigrantes centroamericanos y porque el Transístmico facilitaría y abarataría el comercio de y hacia Estados Unidos.
La resistencia de las poblaciones y comunidades mayas, totonacas, zoques, mixes, zapotecas y de tantas otras etnias y de ecologistas e intelectuales no mella las decisiones del entorno capitalista y neoliberal de AMLO, quien ha declarado que el Tren Maya se hará y, por su parte, el gobierno oaxaqueño está negociando con el de Singapur la realización de los proyectos transístmicos antes de realizar alguna consulta real con las poblaciones afectadas.
Pero si el rotundo no de la CNTE con el apoyo popular a los maestros obligó a AMLO a cumplir esta promesa, el fuerte no de los indígenas pobladores y ecologistas puede obligarlo también a realizar consultas reales y serias y a suspender sus planes impopulares y nocivos. López Obrador está a tiempo para rectificar antes de tener que enfrentar la gran decepción y la movilización de quienes le dieron el gobierno.