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9/21/2020

Esto tiene que continuar



“La libertad de expresión está bajo asedio en México”, afirman personajes como Enrique Krauze, León Krauze, Denise Dresser, Jorge Castañeda y Héctor Aguilar Camín, quienes tienen acceso permanente a las pantallas de televisión, frecuencias de radio y páginas de periódicos y revistas. El chiste se cuenta solo, ya que los organizadores del desplegado Esto tiene que parar, publicado el pasado jueves, 17 de septiembre, no han sufrido persecución alguna, sino que hoy siguen difundiendo sus invectivas antiobradoristas con la misma libertad de siempre.

El gobierno de Andrés Manuel López Obrador no ha censurado a absolutamente nadie ni tocado con el pétalo de una rosa a las concesiones de los medios de comunicación. Nos encontramos en una situación radicalmente distinta a aquella de sexenios pasados en que los comunicadores, activistas y escritores de la oposición sí fuimos censurados, amenazados y reprimidos.

El desplegado también afirma que López Obrador siembra odio y división en la sociedad mexicana. Esto es falso. La elevada tasa de aprobación para la labor del Presidente, de 60 o 70 por ciento, dependiendo del ejercicio demoscópico, demuestra que López Obrador ha unido a los mexicanos como nunca en la historia reciente.

El texto de la nueva declaración de guerra contra el gobierno también condena el actual sexenio al fracaso por su supuesto desprecio a las mujeres, las víctimas, el medio ambiente, los órganos autónomos, el Poder Judicial, la cultura y la ciencia. Estas afirmaciones lapidarias no tienen sustento alguno.

El compromiso absoluto con la paridad de género, el acompañamiento cercano a los familiares de Ayotzinapa y Pasta de Conchos, la prohibición de la fracturación hidráulica, el pleno respeto a la autonomía del Poder Judicial y los organismos autónomos, el giro hacia el compromiso social en el financiamiento para la ciencia y la cultura, así como el combate a la corrupción en todos los ámbitos, demuestran que los profundos cambios implementados por el gobierno actual no implican desdén alguno, sino un compromiso irrestricto con todos estos temas fundamentales.

La crítica y la autocrítica son hoy más necesarias que nunca. Pero un llamado general y abstracto a parar al gobierno de López Obrador es irresponsable y solamente atiza la polarización que supuestamente se busca aminorar.

Más allá de la diversidad de opiniones totalmente válidas sobre las acciones y las expresiones específicas del gobierno en turno, los ahora opositores deberían celebrar la nueva pluralidad de voces que ocupan el espacio público y también tener la generosidad de reconocer que la democracia avanza con paso firme en muchos ámbitos del escenario nacional.

Ahora bien, sorprende que respetados colegas universitarios, periodistas y artistas hayan aceptado sumarse a un documento tan simplista y reduccionista, un libelo lleno de mentiras y rencor escrito por un grupo de intelectuales públicos que no buscan tender puentes con un gobierno democrático electo por 30 millones de mexicanos, sino dinamitar la Cuarta Transformación. Da la impresión de que a muchos de los abajo firmantes les hace falta diversificar sus grupos de Whatsapp, ampliar su espectro de lectura en las redes sociales y abrirse a puntos de vista diferentes en los medios de comunicación.

El encierro por la pandemia ha limitado los encuentros personales en los seminarios y los pasillos, en los espectáculos y las aulas, en los restaurantes y las calles. Antes estos espacios públicos y comunes facilitaban un intercambio constante entre colegas con perspectivas diferentes sobre el acontecer nacional. Los intercambios informales, los saludos casuales y las sobremesas constantes permitían abrir, modular y cuestionar constantemente el punto de vista propio.

Pero la cuarentena nos ha aislado a unos de otros, sobre todo en el ámbito universitario. Hoy todos los encuentros son programados, virtuales y puntuales. Y la información llega casi exclusivamente por medio de las redes sociales. El resultado es que cada día se afianza más el efecto de la cámara de eco donde uno sólo escucha las opiniones que coinciden con la propia y se limita a recibir información que confirma lo que uno ya sabe.

Urge romper el encierro ideológico. Los cubrebocas y las caretas no deben nublarnos la vista. Ha llegado la hora de salir de nuestras zonas de confort y remover las anteojeras que, a la manera de caballos de carrera, no nos permiten ver más allá de nuestras propias ­narices.

El actual proceso de transformación nacional debe continuar, no parar. Y para que ello pueda ocurrir hace falta la participación, activa, crítica y colaborativa, de absolutamente todos y todas.

www.johnackerman.mx

9/07/2020

Magistrados electorales frente a la historia



En los próximos días los magistrados del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) tomarán una de las decisiones más importantes en la historia de este órgano al resolver con respecto al partido político México Libre, del ex presidente Felipe Calderón. Los integrantes del tribunal serán recordados durante décadas por su decisión en este caso clave que implica un punto de quiebre para la democracia mexicana.
Calderón representa todo lo peor del viejo régimen. Llegó a la Presidencia por medio de un escandaloso fraude electoral en 2006 y su gobierno se dedicó a incendiar al país y robar a manos llenas. Al final de su sexenio, Calderón pactó con Enrique Peña Nieto su llegada a Los Pinos en 2012, a cambio de impunidad para el panista y apoyo para la candidatura de Margarita Zavala en 2018.
Pero la revolución ciudadana del 1º de julio de 2018 echó a perder la continuidad de este pacto mafioso. Si bien las trampas de Zavala permitieron que apareciera en la boleta electoral, el estrepitoso fracaso de su campaña le obligó a renunciar a su candidatura unas semanas antes de los comicios. Y la estruendosa victoria de Andrés Manuel López Obrador marcó un antes y un después en la historia electoral del país, ya que por primera vez en décadas fue reconocida la victoria del candidato elegido por la ciudadanía en lugar de por los poderes fácticos y los funcionarios electorales.
Hoy la dupla Calderón-Zavala pretende seguir agrediendo la institucionalidad democrática a partir de la creación de un partido que les dotaría de recursos cuantiosos, acceso garantizado a los medios de comunicación y un posible fuero parlamentario.
La mayoría de los consejeros del INE votaron en contra de otorgar registro a México Libre. Sin embargo, los argumentos ofrecidos al vapor y de último momento fueron sumamente débiles desde un punto de vista jurídico. Todo parece indicar que los consejeros Lorenzo Córdova, Ciro Murayama, Adriana Favela y Jaime Rivera quisieron lucirse frente a la opinión pública, pero en realidad buscan que esta decisión sea revertida por el tribunal electoral.
Ahora bien, la integración del TEPJF sigue igual que en 2018. Son exactamente los mismos magistrados que aceptaron la candidatura de Zavala y también votaron en favor de regalarle su registro como candidato presidencial a Jaime Rodríguez Calderón, El Bronco, a pesar de que a todas luces no cumplía con los requisitos legales (véase: https://bit.ly/33iqpzZ). El entonces ponente del caso, el magistrado Felipe Fuentes, hoy incluso funge como el presidente de la sala superior del TEPJF.
Dos de los magistrados que avalaron la candidatura de El Bronco, José Luis Vargas e Indalfer Infante, ya tendrían que estar fuera del tribunal. En octubre de 2016 fueron electos por un periodo de únicamente tres años, hasta octubre de 2019. Ello de acuerdo con el artículo transitorio de las reformas a la Ley Orgánica del Poder Judicial de la Federación con el fin de asegurar el escalonamiento en la renovación del TEPJF.
Sin embargo, de manera totalmente ilegal, la mayoría prianista del Senado realizó una modificación extemporánea del artículo transitorio después de que ya había sido aplicada y extendió cuatro años más los periodos de nombramiento de estos dos magistrados, hasta octubre de 2023. Esta modificación ilegítima también amplió dos años los mandatos de los magistrados Felipe Fuentes y Reyes Rodríguez. Fue una acción similar al fraude a la ley cometido por el Congreso de Baja California para extender el mandato del gobernador Jaime Bonilla.
Ahora bien, a pesar de la debilidad de la resolución del INE, hay más que suficiente materia para sostener el rechazo al registro del partido de Calderón. Quizás la evidencia más patente es la falta de movilización ciudadana de parte de los supuestos afiliados a raíz de la decisión del INE. Los únicos que hoy protestan son Calderón, Zavala y un par de sus empleados y amigos.
¿Dónde están los más de 300 mil supuestos afiliados exigiendo al TEPJF el reconocimiento de sus derechos ­políticos?
Hay un extraño silencio que indica que en realidad este partido no existe materialmente, sino simplemente en la imaginación del ex presidente. Además, existen acusaciones graves con respecto a la utilización de recursos de procedencia ilícita, la concentración masiva de afiliaciones, el uso de recursos públicos y la participación de organizaciones ajenas en la formación del partido.
Los magistrados no deben limitarse a sólo revisar la estricta legalidad de la resolución del INE, sino recurrir a su plenitud de jurisdicción para realizar directamente las diligencias necesarias para verificar si este partido en verdad cuenta con el respaldo popular que dice tener. Es evidente que si los magistrados hacen este trabajo con responsabilidad, una labor que el INE de manera extraña se negó a hacer, quedará bien claro que México Libre simplemente no cumple con los requisitos legales.

8/24/2020

Salvemos Morena

John Ackerman
La Jornada
Los magistrados del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) le han ordenado al Instituto Nacional Electoral (INE) imponer al nuevo dirigente de Morena por medio de una encuesta de opinión pública diseñada por Lorenzo Córdova y sus secuaces. Ello implica una abierta declaración de guerra de parte de las instituciones del viejo régimen en contra del partido de Andrés Manuel López Obrador con el fin de interrumpir el proceso de transformación de la República.
La resolución del TEPJF del 20 de agosto, dentro del expediente SUP-JDC-1573/2019, será recordada como una de las sentencias más problemáticas jamás emitidas, comparable con ladeclaración de validezde la elección de 2006 y el aval a la candidatura de Jaime Rodríguez Calderón, en 2018. Afortunadamente, existen vías de resistencia civil pacífica para contrarrestar los efectos de esta barbaridad jurídica, tal y como se logró revertir el desafuero de López Obrador en 2005, colocar a Clara Brugada en la alcaldía de Iztapalapa en 2009 y vencer el intento de fraude en 2018.
La resolución de los magistrados viola la ley. El artículo 45 de la Ley General de Partidos Políticos señala que el INE solamente podrá organizar una elección interna de un partido cuando exista una solicitud explícita del mismo instituto político realizada cuatro meses antes del vencimiento de la dirección vigente y sin que interfiera en periodos electorales. Pero el partido no ha realizado solicitud alguna, el plazo de la dirección actual ya se venció y el proceso electoral 2020-2021 se inicia el próximo 6 de septiembre.
La resolución del TEPJF también viola los estatutos del partido y los derechos de sus militantes. El artículo 2 del estatuto de Morena garantizala integración plenamente democrática de los órganos de direccióny los ­artículos 37 y 46 indican que el presidente del partido debe ser votado por los integrantes del Consejo Nacional en un proceso conducido por la Comisión Nacional de Elecciones. Una encuesta y una votación son dos formas de toma de decisiones radicalmente distintas y la primera de ninguna manera puede ser considerada un mecanismoplenamente ­democrático.
Pero a los magistrados no les interesa tutelar la ley sino destruir la Cuarta Transformación. En su sentencia dicen que han decididomodular la norma(¡vaya eufemismo!), con el fin delograr una mayor cohesiónysuperar el grado de conflictividad al interior del partido. El paternalismo autoritario es evidente. En lugar de facilitar el desarrollo de procesos democráticos internos, el TEPJF da un golpe sobre la mesa y encarga al principal adversario de Morena, el INE de Córdova, la selección del nuevo ­dirigente.
Además, en el colmo del cinismo, los magistrados señalan queel INE queda en completa libertad de determinar el método a través del cual se pueda realizar la encuesta referida. Y agregan que para formularel mecanismo, requisitos y preguntas de la encuesta, el INE debeconformar un grupo de expertosintegrado sin duda por personalidades afines a Ciro Murayama.
El TEPJF insiste en que la encuesta debe serabiertaa la población en general, incluyendo cualquier persona que seasimpatizantede Morena. Ello porque para los magistrados el actual padrón de militantes no es confiable. Así que, en un salto argumentativo digno de un campeón olímpico, afirman que parasalvaguardar los derechos de la militanciahabría que incluir a quienes precisamente no son militantes del partido.
Los magistrados también abren la puerta para que casi cualquier persona sea candidata a dirigir el partido. Los únicos requisitos serían los señalados por los artículos 7 al 11 del estatuto de Morena con respecto a las prohibiciones de relección para el mismo cargo y de ocupar simultáneamente cargos públicos y partidistas. Si bien la sentencia indica que los candidatos a dirigir el partido deberían sermilitantes de Morena, este candado carece de cualquier sentido efectivo en un contexto en que el mismo tribunal ha desconocido el padrón existente.
Literalmente cualquier persona puede ser candidata a la dirección de Morena con la simple afirmación de que se considere a sí mismamilitantede este instituto político.
La buena noticia es que esta exageración de los magistrados nos da a los ciudadanos precisamente la llave para salvar al partido.
Si cualquier persona puede inscribirse como candidato, inscribámonos todas y cada una de los 30 millones de personas que votamos por López Obrador en 2018.
Inundemos el INE con nuestras solicitudes de registro, tapemos las tuberías de esta burocracia inútil y hagamos simplemente imposible la realización práctica de la espuriaencuesta abierta.
Esta acción de resistencia civil pacífica sería absolutamente legal y no pondría a nadie en riesgo. Sería mucho más efectiva que una protesta callejera y recordaría a las autoridades corruptas que el pueblo es quien manda en una democracia.
Terminando la pandemia habrá suficiente tiempo para organizar un nuevo proceso auténticamente participativo, pero por el momento urge parar el atraco.

8/10/2020

El viejo régimen chatarra



La Jornada
John Ackerman

“Soy un consumidor de sus productos, un consumidor cotidiano. Les puedo decir que el Presidente de la República toma Coca-Cola todos los días”, declaró orgullosamente Enrique Peña Nieto en el marco de la inauguración del Centro de Innovación y Desarrollo de la empresa refresquera en 2016. La denominadaCruzada contra el Hambre, lanzada por Rosario Robles como secretaria de Desarrollo Social durante el mismo sexenio, contó con la activa participación de las empresas trasnacionales Nestlé y Pepsico.

El ex presidente Vicente Fox fue gerente de Coca-Cola para México entre 1975 y 1979 y ha confesado que los primeros donativos para su carrera política provinieron de colegas y empresas relacionados con la firma refresquera (véase: https://bit.ly/2DQScOx). Fox declara que de joven ingería diariamente hasta 12 porciones de esteveneno embotellado(López-Gatell dixit) y presume que como gerente fue el responsable de conquistar al mercado mexicano para Coke.

El viejo régimen neoliberal no sólo robó y saqueó a la nación, sino que también enfermó a los mexicanos. Como resultado de la vergonzosa alianza entre el gobierno mexicano y empresas de alimentos chatarra, la población hoy se encuentra en una situación sumamente vulnerable.

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (https://ensanut.insp.mx/), para 2018 teníamos 8.6 millones de personas con diabetes en México, 10.3 por ciento de la población mayor a 20 años de edad. Según la Academia Mexicana de Medicina, entre 1980 y 2010 aumentó 47 por ciento la mortalidad por diabetes mellitus tipo 2, pasando de ser la novena causa de mortalidad en 1980 a la segunda causa en 2010 (https://bit.ly/3ip3YPs).

En 2018 ya contábamos con 15.2 millones de personas con hipertensión, lo cual significa 18.4 por ciento de la población adulta mexicana, de acuerdo con la Encuesta Nacional. Ello implica un aumento de 5.9 millones de casos en sólo seis años. La situación respecto de la obesidad y el sobrepeso es aún peor: más de 75 por ciento de los mexicanos hoy sufren de estos males (39.1 por ciento con sobrepeso y 36.1 por ciento con obesidad). Según la OCDE, estas últimas cifras implican un impacto negativo de 5.3 por ciento sobre el PIB anual.

Esta crisis de salud pública tiene una repercusión directa en la tasa de mortalidad para quienes se enferman de Covid-19. Las comorbilidades principales en México son precisamente hipertensión, donde 43.82 por ciento cuenta con esta precondición, diabetes (37.93 por ciento) y obesidad (24.58 por ciento), con datos actualizados al día 8 de este mes. Si no estuvieran tan prevalentes estas condiciones entre la población mexicana nuestra tasa de mortalidad sería mucho menor.

Otro problema estructural es la falta de inversión en salud pública durante la larga noche neoliberal. Durante las últimas tres décadas, el gasto público sólo ocasionalmente rebasó 3 por ciento del PIB e incluso en algunos años, como en 1990 y 1996, fue menor a 2 por ciento (https://bit.ly/3kmuf2F). Peña Nieto dejó más de 300 nuevos hospitales y unidades médicas inconclusos. De ellos, la mitad jamás podrán ser terminadas por ser considerados inviables por fallas estructurales en su diseño.

Ahora bien, el gobierno de López Obrador ha hecho un esfuerzo heroico por aplanar la curva de los contagios por Covid-19, así como por evitar la sobresaturación de pacientes al reconvertir docenas de hospitales a lo largo y ancho del país. El gobierno también proporciona cotidianamente información fidedigna y transparente sobre la pandemia. El subsecretario Hugo López-Gatell ha encabezado 160 conferencias de prensa y actualiza todos los días la página web especializada en la materia (https://coronavirus.gob.mx/datos/).

Adicionalmente, el gobierno se ha negado a caer en la tentación de cerrar fronteras, imponer toques de queda o contraer nueva deuda pública. Los supuestos beneficios a corto plazo de este tipo de medidas de emergencia serían más que revertidos por los efectos negativos a mediano y largo plazo una vez que pasen la borrachera del poder y el dinero fáciles.

En lugar de atender los síntomas de la crisis es mejor atacar las raíces.

Por ejemplo, constituyen avances clave la nueva ley federal sobre el etiquetado frontal de los productos alimentarios y la prohibición en Oaxaca de la venta de refrescos y de comida chatarra a los menores de edad. Los esfuerzos de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales para regular la importación de glifosato, peligroso herbicida utilizado por la agroindustria para inflar su productividad, también constituye una importante contribución. Y las contundentes acciones de la Secretaría de la Función Pública y otras entidades federales contra la corrupción en el mercado farmacéutico y en favor de la diversificación de proveedores han facilitado el acceso de la población a medicinas y tratamientos a bajo costo.

Quien miente no es López-Gatell, desde luego, sino quienes insisten en cargarle los muertos del viejo sistema neoliberal chatarra a la Cuarta Transformación.

7/27/2020

El INE, bajo la lupa


Gracias a la atención y la confianza tanto de la ciudadanía como de los diputados federales logramos salvar al Instituto Nacional Electoral (INE) de un desastre mayor. Tres de los cuatro nuevos consejeros electorales, Uuc-Kib Espadas, Norma de la Cruz y Martín Faz, cuentan con trayectorias plenamente independientes tanto de los partidos políticos como de la mafiocracia electoral imperante.
El futuro de la democracia mexicana depende de la valentía y el arrojo de estos nuevos consejeros para, junto con el único otro consejero independiente, Roberto Ruiz, dar un giro de 180 grados a una institución hoy hundida en el ­desprestigio.
El INE requiere de una fuerte sacudida. Habría que renovar su Secretaría Ejecutiva, transformar al servicio profesional electoral, revisar con lupa las supuestas firmas de México Libre, escoger perfiles totalmente diferentes para los titulares de los organismos electorales en las entidades federativas, esclarecer el financiamiento ilegal de la campaña presidencial de Enrique Peña Nieto y castigar los abusos a la ley cometidos durante la contienda electoral de 2018.
Y para los comicios de 2021 es urgente emprender acciones contundentes con el fin de acabar con el financiamiento ilícito a las campañas políticas, evitar la ley de la selva en las redes sociales, eliminar la propaganda disfrazada en los medios de comunicación y poner un fin definitivo a la compra y coacción del voto, entre otros pendientes.
El bloque conservador del Comité Técnico de Evaluación para el INE quiso cargarle la mano a la Cámara de Diputados. Tal como denunciamos públicamente, la vasta mayoría de los candidatos incluidos en la lista de 20 finalistas garantizaban la continuidad de la impunidad y la corrupción en materia electoral (véase: https://bit.ly/2P3tflj). Si estos perfiles hubieran entrado al INE estaríamos hoy sin esperanza alguna, con un Consejo General repleto de los cuates y los cómplices del viejo régimen prianista.
Mi voto disidente publicado en la Gaceta Parlamentaria (https://bit.ly/2ZZ7DwM) documenta con lujo de detalle las violaciones graves al proceso, incluyendo la ausencia de un dictamen que motivara la selección de los finalistas, el incumplimiento con el mandato de la Junta de Coordinación Política con respecto a la integración aleatoria y ordenamiento alfabético de las listas de finalistas, la inaceptable filtración de las listas a la prensa antes de su entrega a la Cámara de Diputados y los evidentes sesgos presentes a la hora de entrevistar a los candidatos.
El Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación lamentablemente desechó las impugnaciones, pero sí reconoció la existencia de claros indicios de violencia política de género contra la aspirante Diana Talavera, quien fue descalificada injustamente por sus supuestos vínculos con hombres a lo largo de su carrera profesional y durante el proceso de selección.
Porfirio Muñoz Ledo evidenció su enclenque cultura política al denunciar como golpistas a los valientes diputados federales que exigían la devolución de las quintetas de candidatos. Al defender la impunidad de un proceso amañado, el antiguo embajador de Vicente Fox en la Unión Europea demostró que es un fiel defensor de la vieja cultura del silencio y la simulación.
Ahora bien, la mancha más importante al proceso fue la elección de Carla Humphrey, quien es egresada del ITAM y ha trabajado cercanamente con los consejeros electorales Alonso Lujambio y Arturo Sánchez, ambos soldados del Partido Acción Nacional en el instituto electoral, y también con María del Carmen Alanís, funcionaria del antiguo Instituto Federal Electoral y magistrada del Tribunal Electoral muy cercana al Partido Revolucionario Institucional y quien recibió el premio Mujer del Año de las manos de Enrique Peña Nieto el 4 de diciembre de 2012.
En 2005, Humphrey entró como cuota del PAN al Consejo Electoral del entonces Distrito Federal y, al finalizar su gestión, se autoasignó un deshonroso bono multimillonario de despedida con el argumento de que jamás volvería a trabajar en las instituciones electorales. No es necesario recurrir a argumentos efectivamente machistas con respecto a su extendida relación sentimental con Roberto Gil (fueron esposos durante cinco años, incluyendo el periodo en que Gil fungió de coordinador de campaña de Josefina Vázquez Mota) para tener perfectamente claro que la aportación de Humphrey al INE será en favor de la continuidad del viejo ­régimen.
Felipe Calderón Hinojosa y Lorenzo Córdova Vianello están de plácemes con la incorporación de su cuata Carla, pero esperamos que sus sonrisas duren muy poco.
Así como el intenso escrutinio público garantizó que casi todos los finalistas impresentables quedaran fuera del Consejo General del INE, hoy habría que redoblar la vigilancia ciudadana para asegurar que los nuevos consejeros cumplan plenamente con el mandato popular de recuperar el espíritu originario del INE como órgano al servicio del pueblo de México, en lugar de los poderes fácticos.

7/13/2020

Fallaron los pronósticos


La Jornada
John Ackerman


Las acciones institucionales del Estado mexicano durante la última semana generan un contexto para la transformación democrática de la nación. Las próximas extradiciones a México de Emilio Lozoya, César Duarte y Tomás Zerón comprueban otra vez que no existe pacto de impunidad con el viejo régimen. Y los avances en las investigaciones tanto sobre la desaparición forzada de los 43 estudiantes de la normal rural de Ayotzinapa como en el operativo de tráfico internacional de armas Rápido y furioso demuestran el compromiso de la Cuarta Transformación con la justicia y la verdad.
Las buenas relaciones del gobierno de Andrés Manuel López Obrador con España, Canadá y Estados Unidos (EU) han facilitado el flujo de información y la colaboración interinstitucional necesarios para avanzar en todos estos casos claves.
Y el Estado mexicano también ha hecho su contribución a las investigaciones de otros países. El juicio en contra de Genaro García Luna en Nueva York no avanzaría sin la activa colaboración de la Fiscalía General de la República. Y las recientes acciones de congelamiento de cuentas y extradiciones contra el cártel Jalisco Nueva Generación fueron alimentadas por investigaciones en curso en EU.
Antes, las relaciones internacionales le sirvieron al viejo régimen para tejer redes de impunidad y negocios turbios para los amigos y los socios del Presidente de la República. Pero hoy, con el nuevo gobierno, México ha ganado respeto en el concierto de las naciones por su participación como actor clave en la lucha internacional a favor tanto del estado de derecho como del comercio justo y el desarrollo económico.
En este contexto, la reunión en Wa­shington de la semana pasada entre López Obrador y Donald Trump marcó un hito histórico. Este emotivo y exitoso encuentro tuvo un profundo contenido simbólico al demostrar que México hoy juega en las grandes ligas en la diplomacia global y que su nuevo gobierno es capaz de dialogar de manera horizontal, respetuoso e igualitario con su poderoso vecino sin sacrificar su soberanía o comprometer su dignidad.
El Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), que entró en vigor en 1994, ha abierto la puerta a la inversión extranjera, pero también ha tenido efectos sumamente nocivos en la economía nacional. Desarticuló totalmente nuestrapolítica industrial, arrasó con cientos de miles de micro y pequeños empresarios mexicanos y fue una sentencia de muerte para millones de campesinos que fueron obligados a emigrar a EU en masa durante los últimos 26 años.
Sin embargo, desaparecer el TLCAN de un día para otro sin remplazo paradójicamente hubiera generado aún más estragos que el mismo acuerdo. Desde hace mucho tiempo EU ha sido el primer socio comercial de México, y México ya es el tercer socio comercial más importante para EU; 670 mil millones de dólares en bienes y servicios atraviesan cada año la frontera común.
Un fin abrupto al libre comercio entre ambas naciones habría generado una enorme crisis económica, estropeando los ambiciosos planes del gobierno de López Obrador con respecto a la ampliación de programas sociales y la inversión en grandes proyectos de infraestructura.
Desde su mirada siempre pragmática, López Obrador se dio cuenta hace tiempo de que la mejor estrategia para mantener a flote la economía nacional era luchar por mantener las relaciones comerciales con nuestro poderoso vecino en un contexto en que Trump había hecho la promesa explícita a sus bases de acabar con el ­TLCAN a toda costa. Y hoy con los profundos estragos económicos de la pandemia del Covid-19 se vuelve aún más importante mantener activas las cadenas productivas de Norteamérica.
Tanto los neoliberales mexicanos como losliberalesestadunidenses apostaban todo a que sus adversarios respectivos, López Obrador y Trump, se pelearían a muerte. Invirtieron mucho dinero con el fin de fomentar un choque de trenes que provocaría simultáneamente crisis políticas y económicas de ambos lados de la frontera. Fantaseaban que esta desestabilización despejaría el camino para el retorno tanto del Partido Demócrata como del PRIANal poder en Washington y la Ciudad de México.
Una pelea binacional también habría tenido el efecto colateral de romper con los vasos comunicantes entre los aparatos de justicia de ambos países, echando a perder los esfuerzos del nuevo gobierno de llevar a la justicia a los más importantes desfalcadores, saqueadores y asesinos del viejo régimen. Aquí incluso podría descansar el verdadero motivo por la supuestaindignaciónde algunos comunicadores y políticos frente al éxito de la reunión entre Trump y López Obrador. Temen que sus complicidades con el viejo régimen sean exhibidas.
Pero fallaron los pronósticos. Imperó tanto la razón entre los jefes de Estado como el interés común entre los pueblos de México y EU en favor del estado de derecho, la prosperidad y la democracia en América del Norte.

6/29/2020

AMLO y Trump


La Jornada
John Ackerman

La forzada comparación entre la próxima cumbre entre dos jefes de Estado, Andrés Manuel López Obrador y Donald Trump, y la visita hace cuatro años de un candidato presidencial de Estados Unidos a Los Pinos no tiene pies ni cabeza.
En agosto de 2016, Enrique Peña Nieto utilizó los recursos, el poder y el prestigio del Estado mexicano para intervenir en las elecciones de Wa­shington. El Presidente de México dio un espaldarazo a un candidato presidencial que se encontraba en desventaja en las encuestas y necesitaba desesperadamente de reconocimiento internacional.
En cambio, hoy aún no inicia la campaña presidencial en el país vecino del norte. Si bien ya es un hecho que tanto Trump como Joseph Biden serán candidatos, todavía no se han celebrado lasconvencionescorrespondientes para oficializar sus nombramientos ni arrancado formalmente la disputa electoral para la Casa Blanca.
Trump será muchas cosas, pero no deja de ser el presidente constitucional de nuestro principal socio comercial. Mantener una buena relación diplomática con Washington, de respeto mutuo y sin subordinación alguna, es esencial para la fortaleza de la economía nacional y las relaciones internacionales de nuestra nación.
Los críticos señalan que con su visita a Washington, López Obrador estaría haciéndole el caldo gordo a Trump y avalando su discurso racista y antimexicano. Nada más lejano a la verdad. López Obrador no acudirá a la Casa Blanca paraponerle a las órdenesdel señor presidente de Estados Unidos, tal y como lo hicieron Vicente Fox, Felipe Calderón y Peña Nieto en múltiples ocasiones con George W. Bush y Barack Obama.
Los presidentes mexicanos anteriores se comportaban como viles sirvientes del imperio y a cada petición de Wa­shington respondían con un breve y displicente¡yes, sir!. En particular, Calderón y Peña Nieto buscaban compensar por su enorme falta de legitimidad dentro de su propio país con favores, apoyos, negocios e impunidades desde Estados Unidos.
Pero con López Obrador la situación se encuentra totalmente invertida. La enorme legitimidad del actual ocupante de Palacio Nacional le dota de la fuerza necesaria para dialogar de frente con el mandatario estadunidense. No habrá subordinación alguna, sino un respetuoso intercambio de puntos de vista y planes para fortalecer la economía de la región norteamericana.
El 21 de febrero de 1972 el presidente de Estados Unidos, Richard Nixon, sorprendió a todos con su visita de Estado a Pekín con Mao Tse-Tung. Fue un encuentro histórico que implicó el fin de más de 20 años de relaciones distanciadas entre los dos países después de la victoria de la Revolución China en 1949.
Nixon era un presidente famoso por sus posiciones nacionalistas y anti-comunistas y estaba plenamente a favor de la guerra fría. Sin embargo, el mandatario estadunidense reconoció la necesidad de normalizar relaciones con China con el fin de fortalecer la posición de Washington en la diplomacia internacional.
En aquel momento, muchos primero acusaban a Nixon de ser un traidor por supuestamente hacerle el caldo gordo alenemigo comunista. Pero después de la exitosa visita, en que el presidente estadunidense incluso recorrió con su esposa la Gran Muralla China y otros sitios de relevancia histórica, el consenso fue que había sido una gran hazaña diplomática. Nixon jamás perdió la compostura, defendió con dignidad los intereses de su país y el enfriamiento de las relaciones diplomáticas generó beneficios para ambas naciones y el mundo entero.
Algo similar ocurre en el caso actual. Solamente alguien que no conoce en absoluto al Presidente mexicano podría imaginar que una persona como López Obrador, de incuestionable amor a la patria y que siempre ha defendido la soberanía nacional, permitiría la utilización de su visita de Estado para agredirle personalmente o para insultar a México o a los mexicanos.
Algunos sectores de la opinocracia guardan la falsa ilusión de que una presidencia de Biden podría ser favorable para México. Estas voces se preocupan de que la visita de López Obrador podría hacer enojar al equipo de campaña de Biden y arruinar las relaciones entre México y Estados Unidos en caso de que el candidato demócrata triunfara en las elecciones de noviembre.
Este miedo está totalmente infundado, ya que cualquier presidente de Estados Unidos tendrá que respetar una presidencia tan legítima y respaldada como la de López Obrador.
Aunque dicen justo lo contrario, estos críticos quieren que López Obrador incurra en exactamente el mismo error que cometió Peña Nieto en 2016. Insisten que el Presidente de México se entrometa en el proceso electoral estadunidense con una reunión pública con el candidato Biden.
López Obrador hace bien en resistir esta tentación y en su lugar ratificar su liderazgo como Jefe de Estado que en sus acciones busca siempre el bienestar de la población y el interés general de la nación.

6/15/2020

Tiempo de definiciones


John Ackerman

La mayor debilidad de la oposición a la Cuarta Transformación es que sus integrantes se niegan a identificarse como tal. Cuando el 25 de mayo la cuenta de Twitter Frente de Oposición Nacional subió un collage de fotografías de políticos, intelectuales y periodistas que se oponen cotidianamente a las acciones del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, casi todos los mencionados se deslindaron de inmediato. Y cuando el martes 9 de junio el Presidente dio a conocer en su mañanera un documento sobre los planes del Bloque Opositor Amplio (BOA), los ahí referidos también se desmarcaron e incluso acusaron al Presidente de difundir noticias falsas.

Los deslindes llegaron a extremos ridículos. Carlos Loret de Mola insistió, por ejemplo, en que no es más queun reportero, y ya. León Krauze y Pascal Beltrán del Río subieron mensajes similares señalando que son simplesperiodistasque no participan en acciones políticas. Sergio Sarmiento negó su participación enningún frente, ni grupo, ni partidoy la presidenta ejecutiva de Mexicanos contra la Corrupción, María Amparo Casar, rechazó su pertenencia aningún grupo opositor, ni partidista ni no partidista. Según ellos, son individuospurosque andan totalmente solos por el mundo sin afiliarse con absolutamente nadie. Mientras, Ciro Gómez Leyva y Leo Zuckermann exigieron a coro, utilizando casi las mismas palabras, queno me metanen susconspiracionesycomplot. Enrique Krauze y Aguilar Camín también cumplieron, por supuesto, con el mismo ritual de lavamanos.

Cualquier persona que tenga el estómago para revisar algunos de los reportajes o artículos de los personajes arriba señalados, y de otros similares como Denise Dresser, Pedro Ferriz o Luis Carlos Ugalde, se dará cuenta inmediatamente de que no son de ninguna manera neutrales u objetivos. Su golpeteo constante y visceral contra todas y cada una de las acciones del nuevo gobierno revela su decisión de oponerse a la Cuarta Transformación. Están enojados por la pérdida de sus viejos privilegios y asustados por el hecho de que tienen cada vez menos influencia entre la ciudadanía. Añoran regresar al viejo régimen en que su palabra era la ley y su opinión el evangelio.

Extraña, entonces, que estas figuras no se unan abiertamente para trabajar juntas para derrotar al hombre que consideran undéspota, unpopulistay unignorante. Cuando los obradoristas estábamos en la oposición generábamos constantemente nuevos frentes, redes, asociaciones, grupos, consignas, marchas y hashtags para articular nuestra indignación y resistencia. Es en gran parte gracias a este esfuerzo continuo, ese compromiso constante con la lucha, el diálogo y la organización, que pudimos acumular suficiente fuerza para poder romper el cerco mediático, derrotar a los corruptos y superar el intento de fraude en 2018.

Ahora que los voceros del viejo régimen están en la oposición lo lógico sería que también articularan sus acciones y opiniones. Tanto el Frente de Oposición Nacional como el BOA son importantes esfuerzos iniciales en este sentido. ¿Por qué, entonces, no generan emoción alguna entre quienes tendrían que ser sus principales protagonistas?

Al parecer hay tanta mala leche entre ellos mismos, una historia tan larga de traiciones personales y de negocios arrebatados, que no existe la confianza necesaria para generar una efectiva acción colectiva. Algunos tienen más afinidad al PRI y otros al PAN o al PRD. Algunos trabajan para Televisa, otros para Tv Azteca o Imagen, y otros manejan sus propias empresas político-culturales. Sus abultados egos y sus fuertes intereses personales los alejan de la humildad y la perspectiva de largo plazo necesarias para construir una nueva red política suficientemente fuerte para vencer a su adversario común. Así que prefieren esconderse atrás de la cortina de humo de su supuestaindependenciacon la esperanza de mantener a flote sus negocios personales.

Algo similar ocurre entre los grupos de la oposición partidista. PAN, PRI, PRD, MC y México Libre, todos jalan por su propio lado en una lucha descarnada por la sobrevivencia en las elecciones de 2021. Esta división beneficiará enormemente al partido Morena, ya que permitirá que este nuevo partido salga victorioso no solamente en los distritos donde recibe la mayoría de los sufragios, sino también en aquellos donde apenas cuenta con el respaldo de la pluralidad, unos 30 o 40 por ciento, de los votos.

Aunque les duela aceptarlo, le haría muy bien a la oposición intelectual, periodística y partidista hacer caso a López Obrador: “Nada de medias tintas, que cada quien se ubique en el lugar que corresponde, no es tiempo de simulaciones, o somos conservadores o somos liberales… es tiempo de definiciones”. Si no se definen ahora frente a la historia, será la historia la que los defina a ellos y quedarán como un no grupo desorganizado y desarticulado totalmente rebasado por el nuevo contexto nacional.

6/01/2020

Trump y AMLO: caminos opuestos



En Estados Unidos hoy se levanta el pueblo indignado no solamente a causa del cobarde e indignante asesinato de un ciudadano afroestadunidense por un policía blanco en Minneapolis, sino también por el fracaso de un sistema neoliberal cada vez más injusto, excluyente, racista e imperial.
Tal como ocurrió durante el sexenio de Enrique Peña Nieto en México, la gestión de Donald Trump ha agravado las contradicciones del neoliberalismo y provocado la ira de su pueblo. El actual ocupante de la Casa Blanca ha llevado al extremo un sistema que genera cada vez mayor desigualdad social y pisotea los derechos de las minorías, los migrantes y las mujeres. El magnate neoyorquino también ha provocado cada vez mayor inestabilidad política internacional con sus constantes aventuras neoimperiales.
Trump cuenta con una amplia base de apoyo. Recibió 62 millones de votos en las elecciones de 2016 y, aunque parezca increíble, su tasa de aprobación se mantiene hoy en aproximadamente 45 por ciento de la población. Sin embargo, su mal manejo de la pandemia del Covi-19 le ha costado apoyos importantes y, en general, las encuestas hacia las elecciones presidenciales de este noviembre colocan al republicano con hasta 10 puntos porcentuales de desventaja frente a Joseph Biden.
La desesperada reacción de Trump a las nuevas protestas exhibe su enorme debilidad. El millonario ha criminalizado la oposición, catalogando como terrorista a cualquier activista que se defina como antifascista, ha movilizado el poder sin límites de nuestros militares en contra de su propio pueblo, y ha amenazado con disparar contra los manifestantes en la Casa Blanca con las armas más ominosas que jamás he visto. Todas estas expresiones fueron emitidas en los últimos días por medio de la red social Twitter, plataforma a la cual también ha amenazado censurar por medio de acciones legales que la equipararían con un medio de comunicación tradicional.
Mientras, los policías estadunidenses también empiezan a salirse de control. Circulan múltiples videos de nuevos abusos cometidos por las fuerzas de seguridad contra la población. Un video particularmente viral en las redes sociales muestra cómo una patrulla arremete contra un grupo de manifestantes en Nueva York (véase: https://bit.ly/2XlbrHi). Las escenas se parecen a las que vivimos cotidianamente en México durante el sexenio de Peña Nieto cuando los policías y militares recibían órdenes para reventar las protestas de la ­oposición.
En contraste con lo que hoy ocurre en Estados Unidos, en México quienes protestan son los ricos y los privilegiados. Aquí además son manifestaciones mucho más pequeñas y aisladas en comparación con las del otro lado de la frontera norte. Por ejemplo, este sábado desfilaron cientos de vehículos de lujo en una veintena de capitales de la República para demandar la renuncia de Andrés Manuel López Obrador.
A los manifestantes les enoja que el nuevo gobierno se haya negado a rescatar a los grandes empresarios y preferido canalizar todo el recurso público disponible hacia los más pobres. Les indigna que en lugar de recurrir a más deuda, el gobierno haya logrado aumentar el gasto público a partir de la recuperación de más de 17 mil millones de pesos en deudas fiscales de empresas como Femsa-Coca Cola, Walmart e IBM. Les saca de quicio que el gobierno insista en generar empleos a partir de la inversión pública en grandes proyectos de infraestructura, como el Tren Maya o el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles, en lugar de dejar todo en manos de los oligarcas y el sector privado.
Pero quizás lo que más marca la diferencia entre Trump y López Obrador son sus respuestas a las protestas de sus oposiciones correspondientes. Si bien el mandatario mexicano constantemente ejerce su derecho de réplica frente a las mentiras de la oposición, en ningún momento ha caído en la tentación de criminalizar, reprimir o censurar a los opositores. Al contrario, en su mensaje en redes sociales de este domingo 31 de mayo (véase: https://bit.ly/36NRpsr )López Obrador reafirmó con toda claridad que un gobernante sin el apoyo de la gente es como una hoja seca. Hizo un llamado a la oposición a participar activamente en las elecciones de 2021 y 2022 para demostrar su fuerza y consideró un timbre de orgullo y una señal de su gestión democrática del poder las constantes críticas lanzadas desde los medios de comunicación privados.
Se vale y son bienvenidas todas las críticas y cuestionamientos hacia la gestión de López Obrador. El contexto mundial es difícil y nadie es perfecto. Sin embargo, también hay que valorar que si México hoy estuviera en manos de los conservadores, todo sería un caos. La plena libertad cívica, la honestidad y el decidido apoyo social del gobierno aseguran la paz social y la estabilidad política necesarias para salir bien parados del actual trance histórico de la humanidad.

5/18/2020

El nuevo camino de López Obrador


La Jornada
John M. Ackerman
La crisis actual nos permite visualizar nuevos horizontes. Hay que aprovechar de este crítico interludio para avanzar con un renovado planteamiento de justicia social.
Iniciemos con cuatro premisas: 1) el problema de fondo no es el Covid-19, sino el sistema de organización social hegemónico basado en la explotación y la dominación de unos seres humanos sobre otros, y de todos los humanos sobre la naturaleza; 2) el neoliberalismo no es solamente una teoría económica, sino un esquema completo de valores y una constelación específica de poder político y social; 3) el mundo posneoliberal no debe implicar un simple retorno nostálgico a las viejas teorías del estado de bienestar y las políticas keynesianascontracíclicas, sino el lanzamiento de nuevas ideas y prácticas, y 4) el nuevo planteamiento posneoliberal se debe construir a partir de las especificidades y las idiosincrasias de cada país.
El nuevo ensayo del presidente Andrés Manuel López Obrador, La nueva política económica en los tiempos del coronavirus, cumple cabalmente con estas cuatro premisas. Aborda la problemática actual de manera estructural e integral y nos invita adejar el camino trillado de las últimas cuatro décadas y buscar uno del todo nuevoa partir de una reinterpretación de nuestra historia y tradiciones.
Ahora nosotros destinamos los apoyos para el bienestar empezando por la base de la pirámide social y de allí hacia su cúspide, escribe López Obrador;queremos construir la modernidad desde abajo, entre todos y sin excluir a nadie.
El Presidente busca remplazar lateoría del goteo, según el cualsi llueve fuerte arriba gotea abajo, como si la riqueza fuera permeable y contagiosa, con una visión profundamente democrática en que todos los ciudadanos contribuyen con su pieza correspondiente en el gran rompecabezas de la economía nacional.
No es coincidencia que el primer punto del planeamiento económico de López Obrador es más bien un concepto político: la democracia.En la actualidad, economía y democracia van de la mano; la separación entre el poder económico y el poder político se está convirtiendo en una realidad.
Este planteamiento suena sencillo, pero es en realidad profundamente transformador. De acuerdo con el viejo esquema, la economía debe serpuraytecnocráticay no dejarse contaminar por criterios políticos o ideológicos. En contraste, López Obrador plantea una economíamoralydemocráticaque privilegia el bienestar y la felicidad en lugar del crecimiento y la mera eficiencia.
Simultáneamente, el Presidente busca separar el poder económico y el poder político. Es decir, si bien hay que pensar la economía desde la política, esta política debe desarrollarse a partir del interés público en lugar de los intereses privados. Siguiendo el ejemplo de Benito Juárez, habría que defender la autonomía del Estado frente a los poderesfácticosque buscan utilizar su dinero e influencias para doblar a las instituciones públicas.
Pero el nuevo Estado de la Cuarta Transformación no sólo defiende su autonomía, como durante la época de Juárez, sino que también se lanza a las calles para garantizar directamente el bienestar de toda la población. En uno de los párrafos más sugerentes de su texto, López Obrador cuestiona la lógica neoliberal de que el Estado debe limitarse a ser un simplegestor de oportunidadesen materia económica y social, para en su lugar proponer un Estadogarante de derechosen todos los ámbitos:
La diferencia entre unas y otros es clara. Las oportunidades son circunstancias azarosas y temporales o concesiones discrecionales sujetas a término que se le presentan a un afortunado entre muchos y pueden ser aprovechadas o no; los derechos, en cambio, son inmanentes a la persona y al colectivo, irrenunciables, universales y de cumplimiento obligatorio.
Este planteamiento implica un rompimiento profundo con el viejo régimen, ya que coloca los derechos económicos y sociales al mismo nivel que los derechos civiles y políticos.
Para los neoliberales existen dos tipos derechos. Por un lado, están los derechos a la libertad de expresión, el voto, la propiedad, el debido proceso y la religión, que deben ser de cumplimiento universal y obligatorio. Pero, por otro lado, están los derechos al trabajo, la salud, la alimentación y la educación, donde el Estado sólo debe garantizaroportunidadesylibre competencia.
Esta vieja postura neoliberal viola la letra y el espíritu de nuestra Constitución revolucionaria, redactada al calor de la gran lucha social de 1910-17. Nuestra Carta Magna no dice que algunos derechos son más importantes que otros. Al contrario, señala que el Estado debe garantizar el bienestar de absolutamente todos los mexicanos.
El nuevo camino de López Obrador no es entonces sólo una buena idea, sino que también implica una recuperación del estado de derecho después de décadas de rompimiento del orden constitucional durante la larga noche neoliberal.

4/20/2020

No les hagan caso



Antes Televisa y Tv Azteca tenían un control casi absoluto sobre la información que recibía la población. Los locutores estelares de sus noticiarios nocturnos, Joaquín López Dóriga y Javier Alatorre, recibían enormes cantidades de dinero a cambio de fungir como voceros del viejo régimen corrupto.
Hoy estos dos medios están furiosos porque cada día menos personas les hacen caso. Sus audiencias se han desplomado por la explosión de nuevas plataformas en Internet. Sus recursos se han evaporado por el drástico recorte a la publicidad gubernamental. Y su posición privilegiada en el mundo de la información se ha esfumado porque el presidente Andrés Manuel López Obrador no necesita intermediarios, sino que se comunica de manera directa con la población.
Ahora las conferencias de prensa mañaneras se complementan con la información que proporciona el equipo de la Secretaría de Salud todas las tardes. En estas vespertinas el subsecretario Hugo López-Gatell se ha convertido en la estrella del momento al asumir con gran talento su papel como vocero del gobierno federal para la estrategia nacional de atención a la crisis sanitaria del Covid-19.
Javier Alatorre le tiene envidia a Hugo López-Gatell. En muy poco tiempo, el científico egresado de la Universidad de Johns Hopkins ha acumulado mucho más legitimidad y presencia mediática que el lector de noticias del viejo régimen. Alatorre extraña los tiempos en que la población estaba siempre al pendiente de su noticiario. Ahora que pocos le hacen caso responde con desesperación con el grito infantil: ¡Ya no le hagan caso a Hugo López-Gatell!
Algo similar le pasa a Joaquín López Dóriga. Este sábado 17 perdió la compostura y se lanzó con todo en contra de quien teclea estas palabras, llamándome primero un vocero servil y ruin al servicio del gobierno y rematando después con un elocuente y sofisticado vales madre. El tiempo te alcanzará.
No deja de llamar la atención que quien precisamente fue el vocero de los gobiernos corruptos del pasado me acuse a mí de ser lo que él fue. Los sicólogos llaman este comportamiento proyección, un mecanismo de defensa que consiste en atribuir a otra persona las carencias propias.
La comparación no tiene pies ni cabeza e insulta a la inteligencia. Ejercer la libertad de expresión desde la austeridad de los medios públicos en respaldo a un gobierno de oposición que lucha todos los días contra la voracidad de los poderes financieros y mediáticos globales no tiene nada que ver con recibir millones de dólares para defender a capa y espada los gobiernos corruptos y despóticos del pasado.
A propósito de los poderes financieros, el periódico británico Financial Times también se ha sumado a la feria de descalificaciones. En su editorial del martes, 14 de abril, el rotativo hizo un abierto llamado a derrocar a López Obrador. Pide a políticos, gobernadores y líderes empresariales unirse contra el Presidente mexicano para obligarlo a endeudarse y rescatar a los superricos del país. Según el periódico, permitir a López Obrador terminar su mandato llevaría el país a una crisis humanitaria equivalente a la que hoy afecta a Venezuela, supuestamente resultado de las políticas populistas de Nicolás Maduro.
El escritor de libros de ciencia ficción Francisco Martín Moreno también ha hecho un temerario llamado a la intervención estadunidense con el fin de parar la instalación de una dictatura comunista en México. En su columna “La ‘otra’ oposición” ( Reforma, 7 de abril), el autor invita a Donald Trump a salvar a México a partir de un golpe de Estado similar a lo que ocurrió con Evo Morales en Bolivia.
Adicionalmente, Eugenio Derbez y personajes similares están usando las redes sociales para esparcir información falsa con el fin de deslegitimar al gobierno. Esta actitud es criminal y ruin, ya que obstaculiza las importantes labores de las instituciones públicas en su atención a la crisis sanitaria.
Hace bien López Obrador en no caer en las provocaciones de estos agoreros del desastre y voceros de la corrupción. El actual gobierno ha demostrado un total y absoluto respeto a la libertad de expresión y el jefe de Estado debe siempre mantener la calma y un pulso firme al llevar el timón de la nación.
Pero los ciudadanos tenemos el derecho a la indignación, la protesta y la libertad de expresión. Démosle la espalda a Tv Azteca, a Televisa y a todas las otras fuentes de desinformación. Un boicot a estas televisoras, y a los grupos empresariales relacionados, no solamente nos hará bien al espíritu sino que también les enviará un claro mensaje a los desinformadores de que el pueblo mexicano jamás permitirá que avancen el golpismo y la ­intolerancia.
A quienes hay que dejar de hacerles caso no es a las autoridades sanitarias, sino a los voceros del viejo régimen.

4/06/2020

El espejo del coronavirus



Las crisis suelen evidenciar a las personas, las sociedades y los gobiernos. Tal y como un espejo de maquillaje saca a relucir aspectos normalmente invisibles de nuestras caras, las crisis también hacen explícitas maneras de ser y de actuar que no son tan evidentes durante tiempos normales.
Así ha ocurrido con la respuesta a la pandemia del coronavirus en México y el mundo. Los autoritarios se han vuelto más dictatoriales, los racistas más intolerantes, los golpistas más cínicos, los consumistas más egoístas y los demócratas más solidarios.
En Bolivia, el Covid-19 fue el perfecto pretexto para cancelar las elecciones presidenciales. La autoproclamada presidenta, Jeanine Áñez, se salvó de una segura derrota a manos del candidato de Evo Morales, Luis Arce, y ahora tendrá tiempo para consolidar su control dictatorial sobre aquella nación.
En Chile, el presidente Sebastián Piñera también respira hondo por la gran oportunidad que le ha ofrecido el coronavirus para prohibir las manifestaciones públicas, sacar los militares a las calles y aplazar hasta octubre el plebiscito hacia la Asamblea Constituyente tan demandada por su pueblo.
En Brasil, frente a la respuesta irresponsable y caótica del gobierno de Jair Bolsonaro a la pandemia, los militares ya han empezado a desplazar al presidente constitucional, recuperando y canalizando una larga tradición de activismo político castrense.
En Estados Unidos, los consumistas se han vuelto aún más egoístas, dejando vacíos los anaqueles con sus compras de pánico. También se ha evidenciado en el corazón del imperio el terrible estado de los servicios de salud públicos, la falta de solidaridad de parte de las grandes empresas con sus trabajadores, y el total desorden del gobierno de Donald Trump.
En China, Corea del Sur, Japón y Singapur los gobiernos han fortalecido la vigilancia y el control social. La pandemia del coronavirus ha sido el perfecto pretexto para consolidar una agresiva intromisión gubernamental en la esfera privada de los ciudadanos. Medidas similares se han tomado en Israel y otros países occidentales.
Hasta en España y Argentina, hoy gobernados por coaliciones progresistas, han resurgido viejas tradiciones autoritarias. Ambos países han declarado radicales toques de queda que recuerdan las épocas de Francisco Franco en Madrid y de las juntas militares en Buenos Aires.
En México, la pandemia también ha acentuado elementos centrales de nuestro sistema político.
En primer lugar, los golpistas han escalado su guerra criminal en contra del gobierno de Andrés Manuel López Obrador. Con su necrofilia de siempre, se emocionan con cada muerto y se regocijan con la emergencia sanitaria. Todos los días fabrican nuevas noticias falsas y buscan minar la legitimidad del gobierno. Ven la crisis actual como su tabla de salvación, su gran oportunidad para finalmente deshacerse de un Presidente que desde el primer día ha privilegiado a los pobres.
Segundo, el pueblo mexicano ha respondido con su típica solidaridad frente a la adversidad. Las familias y las comunidades se han organizado para cuidar y aislar a sus enfermos, miles de doctores y enfermeras se han anotado para capacitarse y atender las salas de emergencia, y una gran cantidad de empresarios contribuye solidariamente manteniendo los salarios de sus trabajadores y produciendo el equipamiento médico necesario.
Tercero, el presidente López Obrador se ha mantenido firme en su convicción de ejercer su liderazgo de manera democrática y cercana al pueblo.
En lugar de declarar toques de queda y esconderse atrás de cuatro paredes, sigue viajando por el país, supervisando obras, animando a la población y dialogando con la prensa en su mañanera.En lugar de caer en la trampa de las empresas farmacéuticas internacionales con sus pruebas rápidas y supuestas curas milagrosas, prefiere seguir las indicaciones tanto de su equipo científico como de la Organización Mundial de la Salud. Y en lugar de rescatar a los grandes empresarios o condonar impuestos, el Presidente ha anunciado un ambicioso plan de inversión en programas sociales e infraestructura pública con el fin de cuidar a los más vulnerables y reactivar la economía.
La terca insistencia de López Obrador en meter el acelerador, en lugar del freno, a la Cuarta Transformación en respuesta a la crisis actual tiene enloquecidos a los calificadores internacionales y la prensa financiera global. Esperaban que a raíz de la crisis el Presidente mexicano finalmente se portaría bien y abandonaría su compromiso con el combate a la corrupción estructural y el bienestar de la población para finalmente entregar el mando a los financieros, los tecnócratas y los neoliberales.
Pero felizmente ha ocurrido justo lo contrario. Estas calificaciones reprobatorias deben ser consideradas un timbre de orgullo para quienes valoramos la vocación social del gobierno actual y rechazamos cualquier intento de retornar al viejo sistema de saqueo, represión, robo y muerte.

3/23/2020

Pandemia y paranoia



La respuesta del gobierno de Andrés Manuel López Obrador a la propagación del coronavirus en el país ha sido certera, segura y responsable. En Italia esperaron hasta que hubiera 2 mil casos confirmados antes de cerrar las escuelas y en España hasta que hubiera mil infectados comprobados, mientras en México anunciamos el cierre del sistema educativo nacional cuando apenas había 100 casos.
Esta medida no era estrictamente necesaria, ya que tanto los niños como los padres y las madres de familia no son poblaciones particularmente vulnerables al virus. De hecho, no existe un solo caso en el mundo de un niño o un joven que hubiera fallecido a causa del Covid-19. Casi la totalidad de los muertos son de personas mayores de 60 años, con una muy alta concentración entre los mayores a 80 años, de acuerdo con estudios científicos recientes.
Un factor que ha facilitado la letalidad del virus en otros países es precisamente el alto número de personas de la tercera edad. Por ejemplo, la mitad de los italianos son mayores a 46.5 años. Esta edad mediana es una de las más altas en el planeta. En los países europeos y Estados Unidos también es común la práctica de enviar las personas de la tercera edad a asilos para ancianos, lo cual aumenta el factor de contagio entre esta población al estar concentrados en un solo lugar.
Otro elemento que ha aumentado el contagio en China, Europa y Estados Unidos es el frío. Un estudio reciente realizado por investigadores de la Universidad de Maryland sugiere que el Covid-19 tendría un comportamiento muy similar a la influenza estacional, donde el calor de verano reduce de manera significativa la propagación del virus. Otro estudio de científicos chinos ha llegado a la misma conclusión (véase: https://bit.ly/2WAwyWo).
La mecánica es sencilla. Por el mismo motivo que utilizamos la refrigeración para preservar productos como la carne o la leche, los virus también sobreviven mucho menos tiempo en la intemperie cuando están sometidos a altas ­temperaturas.
Hoy en Roma la temperatura llega a un máximo de 15 grados. En Nueva York difícilmente rebasa 14 grados. En Wuhan, China, la temperatura se mantuvo debajo de 10 grados a lo largo de todo enero, el periodo de mayor propagación del virus.
Ahora bien, en México nuestra edad mediana es de 29.3 años y los ancianos normalmente viven con sus familias. Tanto la juventud como la unión familiar que caracterizan la sociedad mexicana son importantes antídotos frente a la pandemia. La eterna primavera mexicana también nos fortalece, ya que sobre todo en el centro y el sur del país la temperatura en esta época del año típicamente rebasa 30 grados durante el día.
Si bien estos factores demográficos y climatológicos nos favorecen, de ninguna manera nos hacen inmunes a la pandemia y es importante tomar precauciones. El Covid-19 es altamente contagioso en toda circunstancia y cualquier contacto con la saliva, las manos o la tos de alguien afectado puede fácilmente transmitir la enfermedad.
Es por ello que son muy importantes las medidas tomadas por instituciones públicas y privadas para eliminar las grandes aglomeraciones de personas y facilitar la realización del trabajo desde la casa. Tal como señala la Jornada Nacional de Susana distancia, la mejor forma de protegerse es el constante lavado de manos, evitar el contacto con extraños, así como mantenerse resguardado en casa.
Pero, ¿por qué no tomar medidas más extremas? En España y Argentina, por ejemplo,sus gobiernos ya han implementado toques de queda para la sociedad en general.
Existen dos razones fundamentales para no seguir estos ejemplos extranjeros, por lo menos en este momento de propagación relativamente controlada del virus en el país.
Por un lado, estas medidas violan los derechos humanos básicos de la población. Tanto España como Argentina tienen experiencias recientes con las dictaduras y su cultura política es más abierta a este tipo de acciones. Sin embargo, nuestra cultura política es más libertaria y democrática, algo que complicaría la aplicación de este tipo de medidas.
Por otro lado, en México la mitad de la población se encuentra en situación de pobreza. Y entre los que tienen la fortuna de tener un trabajo la mitad labora en el mercado informal sin ninguna prestación o posibilidad de recibir remuneración por hacer home office. Cerrar las calles, clausurar el gobierno y apagar totalmente la economía generaría una grave afectación a los ciudadanos más humildes, algo que podría crear mucho más sufrimiento y muerte que el mismo Covid-19.
Así, para evitar que la cura sea peor que la enfermedad es importante avanzar con mucha cautela y responsabilidad, sin paranoia, con base en la información científica y evitando cualquier tentación de usar esta crisis de salud pública con fines políticos.

3/10/2020

El INE y la Cuarta Transformación

John M. Ackerman


En 2003 se abrió una enorme herida en el corazón del sistema político mexicano y se interrumpió la llamada transición democrática.El Partido Acción Nacional (PAN) y el Partido Revolucionario Institucional (PRI), con Elba Esther Gordillo como coordinadora de su fracción parlamentaria, se unieron para excluir al entonces partido de izquierda, el Partido de la Revolución Democrática (PRD), del acuerdo con respecto al nombramiento de los nuevos integrantes del Consejo General del entonces Instituto Federal Electoral (IFE).
En aquel momento, Andrés Manuel López Obrador ya se encontraba en caballo de hacienda hacia la Presidencia de la República y era importante para el PRIAN llenar al Consejo General con leales para poder detener su victoria en las elecciones presidenciales de 2006.
Lograron su objetivo. Aquel IFE, encabezado por Luis Carlos Ugalde, avaló el fraude electoral de 2006 y sentó las bases para la institucionalización de una cultura de simulación burocrática y parcialidad institucional que se ha mantenido hasta la fecha, aun con la transformación del IFE en el Instituto Nacional Electoral (INE) en 2014.
Pero hoy nos encontramos en un escenario político radicalmente distinto. La actual presencia mayoritaria de Morena en la Cámara de Diputados evitará cualquier intento de mayoriteo de parte de los partidos del viejo régimen.
Por primera vez en décadas, la izquierda podrá participar plenamente en el proceso de nombramiento de los nuevos consejeros electorales. La última vez fue en 1996, hace 24 años, cuando los consejeros electorales fueron decididos por el consenso de las fuerzas políticas.
Esta nueva coyuntura de ninguna manera implica la imposición de consejeros afines al partido político en el poder, sino simplemente la recuperación del principio del consenso, así como la incorporación de la plena pluralidad de enfoques y orientaciones en el Consejo General del INE.
En general, el presidente López Obrador ha dejado muy claro que la Cuarta Transformación no busca vengarse por las viejas heridas con la comisión de nuevos agravios, sino más bien generar un escenario para el saneamiento y la unidad nacional. La reintegración de la izquierda en la toma de decisiones públicas no implica la exclusión de otras expresiones ideológicas, sino todo lo contrario. Significa el rencauzamiento de la interrumpida transición democrática y la recuperación de un sano equilibrio entre las diferentes fuerzas sociales.
Tristemente, algunos actores políticos se niegan a aceptar los nuevos tiempos y se aferran al viejo sistema en que ellos detentaban todo el poder.
El rosario de impugnaciones, de parte de PAN, PRD y Movimiento Ciudadano, a mi nombramiento como integrante del Comité Técnico de Evaluación para los Aspirantes al Consejo General del Instituto Nacional Electoral constituye un excelente botón de muestra de esta nostalgia autoritaria.
Un servidor cumple cabalmente con los requisitos legales para ocupar esta responsabilidad estrictamente honoraria, ya que la ley señala que los integrantes de este comité deben ser de reconocido prestigio y que no hayan sido candidatos a cargos de elección popular u ocupado cargos de dirección durante los últimos cuatro años. Un servidor jamás ha sido candidato ni ocupado cargo directivo en partido político alguno.
Mi firme convicción de izquierda antineoliberal no debe ser considerada un punto en mi contra, sino precisamente lo contrario. La presencia de una persona con estos principios en un cuerpo colegiado de siete personas, donde los otros seis integrantes cuentan con una amplia variedad de enfoques y trayectorias profesionales muy respetables, no implica parcialidad, sino pluralidad. Después de 24 años, por fin se tomará en cuenta el espectro completo del panorama ideológico y no solamente una parte a la hora de revisar los perfiles de los candidatos al Consejo General del INE.
Es también importante señalar que los integrantes del comité técnico hemos tomado dos decisiones muy importantes para garantizar la plena independencia y autonomía de nuestro trabajo.
En primer lugar, nos hemos comprometido públicamente a cumplir con estrictas reglas de contacto y abstenernos de reunirnos de manera individual con aspirantes, dirigentes y/o militantes de partidos políticos e intermediarios para tratar cualquier asunto relacionado con el proceso (véase: https://bit.ly/2wAl8qB).
En segundo lugar, la integración final de las cuatro quintetas de candidatos y candidatas al INE se hará de manera aleatoria para evitar cualquier suspicacia con respecto a criterios políticos a la hora de distribuir los 20 finalistas entre las cuatro listas que se entregarán a la Junta de Coordinación Política.
Estas determinaciones, junto con la innovadora metodología de trabajo acordada por consenso entre todos los miembros del comité técnico (disponible aquí: https://bit.ly/2TAxrw9), garantizará un proceso objetivo, profesional e independiente.

2/19/2020

Un nuevo INE


John M. Ackerman
CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- La próxima llegada de cuatro nuevos consejeros electorales al Instituto Nacional Electoral (INE) constituye una oportunidad de oro para equilibrar la integración del máximo órgano de decisión de esta importante institución del Estado mexicano. Desde la creación en 1990 de su predecesor, el Instituto Federal Electoral, este instituto ha contado con muy pocos consejeros con un compromiso irrestricto con la defensa de la justicia social y una verdadera democratización de la vida política del país.
Entre 1994 y 1996 Miguel Ángel Granados Chapa, José Agustín Ortiz Pinchetti y Ricardo Pozas Horcasitas fueron quienes pusieron de pie al nuevo instituto electoral al defender con fuerza su autonomía, aun en condiciones muy adversas. Entre 1996 y 2003 los consejeros Jaime Cárdenas y Jesús Cantú libraron una batalla heroica contra el sistema autoritario de aquella época, tal y como exponemos a detalle en el libro Organismos autónomos y democracia: el caso de México (IIJ-UNAM/Siglo XXI, 2007). Y más recientemente el consejero Roberto Ruiz Saldaña ha demostrado gran valentía al defender la institucionalidad democrática contra las triquiñuelas de Lorenzo Córdova y Ciro Murayama. 
Todos los otros consejeros nombrados a lo largo de las últimas tres décadas han jugado un papel de cómplices, en mayor o menor medida, del viejo sistema de corrupción estructural. Existen casos particularmente escandalosos, como el de Luis Carlos Ugalde, quien fue directamente responsable por el fraude electoral de 2006, o Marco Antonio Baños, quien siempre se ha considerado a sí mismo un fiel soldado del PRI. 
También ha habido muchos consejeros cuya obsesión con la supuesta “neutralidad”, malentendida como “llevarse bien” con absolutamente todos, incluyendo los fraudulentos, los sujetó a los chantajes del viejo régimen. Es el caso, por ejemplo, de José Woldenberg, Leonardo Valdés, Alfredo Figueroa y Pamela San Martín, entre otros. 
Hay también casos de consejeros que se presentan en sociedad como paladines de la transformación democrática, pero en realidad operan sistemáticamente a favor de sus intereses personales y políticos dentro de la institución electoral. Córdova y Murayama son los ejemplos más claros de este fenómeno. Estos dos militantes del dispendio y el derroche son los equivalentes de Aurelio Nuño y Emilio Lozoya dentro del gobierno de Enrique Peña Nieto. De hecho, fue precisamente Nuño quien operó desde la Oficina de la Presidencia de la República el nombramiento de Córdova como consejero presidente del INE en 2014.
Es importante recordar y repetir, una y otra vez, que la victoria ciudadana de 2018 no la debemos a los consejeros electorales actuales sino a la enorme dignidad del pueblo mexicano, que logró derrotar al viejo régimen a pesar de la implementación de las muy conocidas estrategias de fraude electoral. En lugar de defender la democracia, los consejeros evidenciaron la misma indolencia y complicidad de siempre con las viejas prácticas del PRIANRD. 
Y la persecución de parte del INE a Morena por el fideicomiso Por los demás, junto con la más absoluta impunidad para la Operación Berlín, constituye solamente un botón de muestra de la falta de autonomía e imparcialidad de la mayoría de los actuales consejeros electorales. Para una revisión integral de las irregularidades cometidas en la más reciente elección presidencial se puede consultar el informe universitario sobre Los Claroscuros de las elecciones de 2018 (véase: https://bit.ly/39zW8y6).
Ahora bien, si queremos cambiar el modus operandi del INE habría que asegurar que los cuatro nuevos consejeros electorales electos en las próximas semanas por la Cámara de Diputados tengan un perfil totalmente diferente a los ­anteriores.
En primer lugar los nuevos consejeros deben tener experiencia directa en las luchas ciudadanas contra el viejo régimen. Los candidatos deben poder demostrar con hechos concretos su compromiso irrestricto con los principios democráticos y su valentía frente al sistema autoritario y los poderes fácticos, preferentemente desde las organizaciones populares o comunidades en lucha.
Segundo, se debe seleccionar a personas que no tienen relación alguna con los consejeros actuales. Sólo evitando este tipo de conflictos de interés tendrá el nuevo grupo de consejeros la independencia y la autonomía necesarias para poder transformar al INE desde dentro. De lo contrario, se repetirá el viejo modelo de negociaciones en los oscurito para acomodos y prebendas institucionales. 
Tercero, es importante, desde luego, que los integrantes del máximo órgano de dirección del INE tengan una formación técnica y profesional básica. La fracción 1. d) de la Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales (LGIPE) establece que los consejeros deben tener título de licenciatura y “contar con los conocimientos y experiencia que les permitan el desempeño de sus funciones”. 
Sin embargo, más allá de este requisito básico e importante, los diputados no deberían dejarse deslumbrar por aquellos candidatos que tengan muchos posgrados o hayan memorizado cada letra de la LGIPE.
La abultada estructura del INE está llena de expertos y expertas en la ­legislación electoral y al llegar a sus cargos, los nuevos consejeros contarán con un amplio presupuesto para contratar a todos los asesores necesarios para resolver asuntos técnicos. 
Lo más importante no es la formación académica de los nuevos consejeros, sino su compromiso irrestricto con luchar sin tregua desde sus nuevas posiciones para arrancar de raíz el sistema de corrupción estructural y establecer por fin una verdadera democracia en nuestro país.
En este sentido, es recomendable que los diputados dejen a un lado las instrucciones que un grupo de académicos y empresarios cercanos a los consejeros actuales pretenden girar a la Junta de Coordinación Política. El documento Diez buenas prácticas para asegurar un proceso de designación de Consejeros Electorales transparente y equitativo, firmado por Ricardo Becerra, María Amparo Casar y Gustavo de Hoyos, entre otros, no tiene otro propósito que intentar presionar a los diputados para que nombren nuevos consejeros que sigan en la misma línea que los anteriores. 
Es hora de que el INE recupere su vocación original de servicio a la sociedad civil y a la plena participación ­democrática.
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Este análisis se publicó el 16 de febrero de 2020 en la edición 2259 de la revista Proceso