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2/10/2020

Ni es proclive a la violencia ni tiene necesidad de ella


La expresión popular “tener muchos fierros en la lumbre” significa tener muchos asuntos urgentes que atender al mismo tiempo. La frase es perfectamente aplicable al presidente López Obrador. Son muchos y muy urgentes los problemas que reclaman su atención. Y para resolverlos se requiere habilidad y serenidad.

Con estas cualidades se han resuelto muchos y difíciles problemas. Fue, por ejemplo, el caso del huachicoleo. Se trataba de un problema mayúsculo que se resolvió perentoriamente. Y lo mismo pasó con el muy breve asunto del desabasto de gasolina.

Luego vino el problema de las caravanas de migrantes y la negativa de Estados Unidos de abrirles el paso a territorio yanqui. Parecía una cuestión insoluble. Pero es obvio que la modalidad de las caravanas va perdiendo gas, aunque la derecha y sus medios de comunicación afines se empeñen en inflarlo artificialmente.

Y también es obvio que habilidad y serenidad han hecho innecesario acudir al empleo de la fuerza y la violencia, la que en lugar de resolver los problemas sólo los extiende y agudiza. Estos rasgos del gobierno de López Obrador explican el permanente apoyo de la población, respaldo que se mantiene en 70 de cada cien.

Habilidad, serenidad y la permanente negativa a hacer uso de la fuerza son los recursos que López Obrador esta utilizando para, ahora mismo, enfrentar el problema de los paros de actividades en la Universidad Nacional.

Será la propia comunidad universitaria la que habrá de resolver el problema. Y al gobierno sólo quedará la difícil tarea de no caer en las provocaciones de los interesados en que prenda la violencia, entre los que se cuentan una buena parte de la mismísima alta burocracia universitaria y personajes del antiguo régimen desplazados por la Cuarta Transformación.

Vándalos, provocadores y medios de comunicación de derecha hacen su mejor esfuerzo por generar una respuesta violenta de López Obrador. Pero ante la falta de ésta el problema de los paros empezará a perder fuerza. La clave de la solución se encuentra en no echarle gasolina al fuego.

Es obvio que quienes claman por el uso de la violencia gubernamental no conocen a López Obrador. No entienden que ni le gusta ni tiene necesidad de ella. Y que para gobernar le basta con el mayoritario apoyo del pueblo.

¿Qué ganaría López Obrador con el uso de la fuerza? Sólo desprestigiarse, agravar los problemas y asemejarse a sus adversarios pripanistas de tan ingrata memoria.

2/03/2020

La agenda de Sicilia y sus mil acompañantes


Indudablemente Javier Sicilia es una figura mediática y un personaje polémico. Su extendida presencia en los medios de comunicación da fe de su talante polémico. Para unos es un adalid de la paz, la democracia y la justicia. Para otros es una persona falsa, protagónica y engreída. En los medios algunos lo apoyan y ensalzan y otros lo censuran y descalifican. Hay opiniones para todos los gustos y preferencias partidarias.

Pero más allá de las opiniones de cada cual, es evidente la falta de sintonía política e ideológica entre Sicilia y la sociedad que dice o busca representar. Y las pruebas son públicas y están a la vista. Su último llamado a la sociedad para demandar paz, justicia y democracia apenas rebasó las mil personas.

Y eso que tal llamado contó con un descomunal respaldo de los medios de comunicación hegemónicos de indiscutible filiación de derecha. Era casi imposible contar con una mejor caja de resonancia. Se trató de una convocatoria destinada a ser vista y oída por millones y millones de personas. Y en contrapartida el resultado no pudo ser más magro, más escuálido, más raquítico.

¿Cómo explicar este hecho objetivo, material, palmario? ¿Será que la gente, la sociedad, el pueblo no quiere paz, democracia y justicia? ¿O será que los destinatarios del llamado de Sicilia comprendieron que bajo el disfraz de esas bellas palabras se escondía un llamado a la movilización de protesta, censura y descalificación del gobierno de López Obrador y de este mismo?

¿Será igualmente que la gente sabe o intuyó o sospechó que ese llamado a marchar estaba siendo tripulado por panistas, priistas y otros representantes del viejo régimen hoy desplazado del poder? ¿O será, asimismo, que la raza no ve con buenos ojos a ciertos aliados, amigos, correligionarios o simples compañeros de viaje de Javier Sicilia, entre los que destacan los patriarcas del impresentable clan LeBarón?

¿O será, también, que la gente, el pueblo, la raza no gusta de participar en actos políticos cuyos líderes llaman a la intervención policiaca, política y hasta militar de Estados Unidos en los asuntos de México, cual es el caso precisamente del clan LeBarón?
Las explicaciones para el rotundo fracaso de la marcha convocada por Sicilia pueden ser las anteriores o muchas otras. Pero lo palpable es que la agenda política de Sicilia y los LeBarón no se compagina con la agenda de la sociedad mexicana, mayoritariamente obradorista. ¿Lo entenderá Sicilia? Quién sabe.

1/28/2020

Migración, estrechamiento del polo receptor


Los más recientes datos sobre el asunto revelan que ya es mayor el número de mexicanos que regresan a México desde Estados Unidos que el de aquellos que salen hacia la Unión Americana. Esta tendencia es evidentemente contraria a la que predominó durante muchos decenios en la relación migratoria México-Estados Unidos. 

La causa esencial de este cambio no se encuentra en una mutación en las condiciones económicas en ambos países. Sigue existiendo en EU la necesidad de mano de obra extrajera, y siguen existiendo en amplias capas de la sociedad mexicana el deseo, la necesidad o la voluntad de incorporarse al mercado laboral estadounidense. 

En EU siguen siendo más altos los salarios y, en general, mejores las condiciones de trabajo. ¿Qué es, entonces, lo que ha cambiado? Indudablemente han variado las condiciones políticas y legales. Se ha vuelto más difícil el ingreso a EU y bastante más difícil la permanencia: es constante el riesgo de deportación. Y también es permanente el peligro que corren los patrones por contratar trabajadores indocumentados. Y debe agregarse, por estas razones, una caída sustantiva en la oferta de empleos. 

Más dificultades para el ingreso y la permanencia, y menor oferta de empleo son hechos que explican una menor migración. Se trata de fenómenos disuasivos de indudable peso económico y sicológico. 

Aún así, en México, en Centroamérica y en muchas otras partes prevalecen en millones de personas la necesidad, el deseo o la voluntad de emigrar y sumarse al mercado laboral estadounidense, lo que demuestra que las mayores y crecientes dificultades en el polo receptor no bastan para eliminar la migración mientras no haya condiciones mitigantes en el polo expulsor: mayor oferta de empleos y mejores salarios. Y también, desde luego, mejores condiciones de trabajo y menores índices de violencia. 

Sea como sea la enseñanza es clara: la migración laboral a EU tenderá a reducirse por las crecientes dificultades que ella enfrenta. Y la evidencia está a la vista en el caso de las caravanas de migrantes hondureños. 

Reducido el polo receptor, la única solución es atender y mejorar las condiciones económicas y sociales en el polo expulsor. Esto lo ha dicho hasta la saciedad el presidente mexicano. Y mientras esta faceta del asunto no sea atendida, las caravanas y otras modalidades de la migración chocarán una y otra vez contra la dura realidad del cada día mayor estrechamiento del polo receptor.

1/19/2020

Las caravanas y los tres pies del gato


Hay quienes dicen que sería absurdo atribuir el fenómeno de las novedosas caravanas de migrantes hondureños a un plan concertado por el imperialismo, las oligarquías regionales y las mafias de tratantes de personas. Pero como en política la mala fe es de oficio, no se puede descartar así como así esa posibilidad. 

Sin embargo, tampoco se puede negar que la violencia, la criminalidad, la miseria, el abandono y la carencia de oportunidades para lograr una vida digna son factores objetivos que empujan a la gente a emprender la muy incierta y peligrosa aventura de la migración indocumentada, por tierra y atravesando México, hacia Estados Unidos. Quizá, y con alta probabilidad de que este sea el caso, se trate de una combinación de ambos factores. 

Pero más allá del origen espontáneo, inducido o mixto de esas caravanas, lo central es que el destino de ellas es precisamente Estados Unidos. Y esto llama la atención porque una vez alcanzado el territorio mexicano se terminan los factores objetivos que se aducen para explicar las caravanas: en México se ofrece a los migrantes refugio, asilo, seguridad, educación, salud, empleo y oportunidades de una vida digna y estable. 

¿Por qué, entonces, la insistencia en internarse y establecerse en Estados Unidos, donde no habrán de encontrar las posibilidades y oportunidades que México les ofrece y les ha ofrecido reiteradamente? Es más: en EU están garantizados el mal trato, la discriminación racial, la persecución policiaca, la amenaza constante de deportación, con la consecuente y dolorosa separación de las familias, y la condena a vivir permanentemente en un gueto. 

Es en este punto donde toma mayor fuerza la hipótesis de una acción concertada. Los líderes e integrantes de las caravanas actúan como si debieran cumplir una obligación, un contrato, un compromiso ineludible. ¿Por qué proceder contra la lógica, la razón y las palmarias evidencias que aconsejan aceptar el ofrecimiento mexicano? ¿Pura necedad? ¿Puro apego a la idea preconcebida, irracional y obviamente sembrada en la mente de esos migrantes de alcanzar el sueño americano? 

En el lenguaje mexicano frente a una situación inexplicable, como esta de las caravanas, suelen utilizarse las expresiones coloquiales “mar de fondo”, “aquí hay gato encerrado” y “buscarle tres pies al gato sabiendo que tiene cuatro”.

1/05/2020

¡Cómo criticar desde el fondo del pantano!



Son muchos y muy poderosos los enemigos de la Cuarta Transformación (4T). Entre éstos los hay embozados y los hay abiertos. Los hay en tanto en el campo de la economía, como en el de la política. Pero hasta ahora esos adversarios no han conseguido éxitos ni en la economía ni en la política.

En el ámbito los enemigos abiertos más belicosos, constantes y estridentes se puede contar a los panistas Vicente Fox y Felipe Calderón. Pero es obvio que desde el encarcelamiento en Estados Unidos de Genaro García Luna, estrecho colaborador de ambos ex presidentes, la actividad beligerante de éstos ha sufrido una notoria caída.

El caso del ex policía acusado de narcotráfico ha puesto en evidencia pública la luenga historia y el carácter criminal de Fox y de Calderón, lo que necesariamente los invalida como críticos honrados, sinceros y de buena fe.

Y más o menos puede decirse lo mismo del Partido Acción Nacional (PAN). Su antigua fama de institución noble y honesta ha sido sepultada por las evidencias de la desaforada corrupción de sus cuadros más destacados, como por ejemplo Guillermo Padrés, ex gobernador de Sonora, y Miguel Ángel Yunes Linares, ex director general del ISSSTE.

También más o menos lo mismo puede decirse del Partido de la Revolución Democrática (PRD), formación política de derecha que durante largos años navegó con bandera de izquierda, y en la cual igualmente la corrupción de sus dirigentes alcanzó cotas monumentales, como en los casos de Jesús Ortega, Miguel Ángel Mancera y Alejandra Barrales. ¡Cómo criticar desde el fondo del pantano! Y cómo presentarse como opción electoral viable en futuros comicios, sobre todo los presidenciales.

Por lo que toca al Partido Revolucionario Institucional (PRI) es evidente que se trata de un enemigo embozado, agazapado y a la espera de mejores tiempos políticos y electorales. Pero es tal su mala fama y desprestigio que se antoja imposible que pudiera disputar con alguna posibilidad de triunfo cualquier posición política relevante.

En consecuencia no se observa en el horizonte ningún adversario electoral de la Cuarta Transformación. Y el asunto se mira más desbalanceado si se considera la extremadamente exitosa gestión del líder de la 4T, el Presidente López Obrador.

Y más desbalanceada se ve la correlación de fuerzas si a las insuficiencias y casi inexistencia de la oposición partidaria se suman los éxitos conseguidos por la 4T y sus previsibles nuevos logros políticos y económicos.

12/15/2019

Negacionismo conservador


El arresto y la sujeción a juicio en Estados Unidos de Genaro García Luna, el principal operador criminal de Felipe Calderón, ha sido un golpe verdaderamente demoledor para la derecha mexicana. De un plumazo han quedado fuera de combate las figuras políticas más visibles y activas del arco iris conservador: el propio Calderón, Fox y Margarita Zavala. 

También está siendo víctima fatal del caso García Luna el Partido Acción Nacional (PAN), ya de por sí bastante disminuido. ¿Cómo presentarse ante la ciudadanía cual una organización honorable y digna de confianza? 

Y lo mismo puede decirse del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y del Partido de la Revolución Democrática (PRD). La alianza y subordinación de ambos al panismo los ha destruido electoral, moral y políticamente. 

Partidaria y electoralmente la derecha se ha quedado sin fichas, mientras el obradorismo cosecha éxitos día tras día, aunque la derecha mediática pretenda pintarlos con tonos de fracaso y hasta de catástrofe. 

Pero por más que la derecha quiera y trabaje para ello no es posible tapar el sol de los éxitos de López Obrador con el dedo mediático. El conservadurismo no mira lo que ven millones y millones de personas y familias. Lo ciegan su ideología racista, su pensamiento clasista, sus prejuicios, sus miedos al cambio. 

El conservadurismo califica como errores o tonterías aquellos logros de López Obrador que simplemente no le gustan, aunque sean notoriamente beneficiosos para la inmensa mayoría de la población, incluidos los propios conservadores. 

Podría decirse que éstos se encuentran viviendo un explicable estado de negación. Niegan la realidad que no les place, aunque carezcan de elementos materiales que sustenten su torcida concepción de la realidad. 

La negación es un estado mental patológico. La imprescindible Wikipedia afirma que el negacionismo es exhibido por individuos que eligen negar la realidad para evadir una verdad incómoda; que "es el rechazo a aceptar una realidad empíricamente verificable; que es, en esencia, un acto irracional que se sustrae a la validación de una experiencia o evidencia históricas”. 

Y afirma igualmente que​ el negacionismo grupal se presenta cuando "todo un segmento de la sociedad, a menudo luchando con el trauma del cambio, da la espalda a la realidad en favor de una mentira más confortable". He aquí, sin duda, un nítido retrato del conservadurismo mexicano luego de la fractura craneana sufrida el 1 de julio de 2018.

12/09/2019

Suavidad en las palabras y firmeza en los hechos


Hasta ahora han fracasado todos los intentos del conservadurismo mexicano por desestabilizar al gobierno de López Obrador. Ni la campaña mediática ni los esfuerzos por crear las condiciones para dar un golpe de Estado han tenido éxito. Por eso los conservadores están apelando a su carta maestra: la intervención militar de Estados Unidos. 

Pero tampoco se observa que se trate de un recurso eficaz. Porque a pesar de la retórica siempre amenazante de Donald Trump hasta ahora las palabras no han pasado a convertirse en hechos. 

El famoso muro para contener la migración indocumentada no ha pasado de ser un proyecto odioso y verborreico. La amenaza de imponer aranceles punitivos a las exportaciones mexicanas a EU se quedó en pura palabrería. Y tampoco se le ve al magnate yanqui disposición para embarcarse en una aventura militar fuera de sus fronteras. 

Uno tras otro han fracasado los esfuerzos de la derecha mexicana por crear las condiciones para una confrontación entre EU y el gobierno mexicano. A todos éstos López Obrador ha respondido con serenidad y sin ex abruptos. Esta conducta del presidente mexicano ha evitado el encono en una relación bilateral siempre tensa y compleja. 

Y como objetivamente no hay visos de enfrentamiento con el poderoso vecino, la derecha mexicana quiere construirle a López Obrador la imagen de un gobernante colaboracionista, si no es que entreguista. Pero esa estrategia perversa tampoco va por buen camino. 

La gente entiende que un conflicto mayor con EU no es bueno para nadie. Y tiene a la vista los esfuerzos del gobierno mexicano por evitar una escalada indeseable. 

La diplomacia está haciendo su trabajo siempre apegada a los principios constitucionales mexicanos y sin concesión alguna en esa materia, como se ha visto recientemente con el generoso asilo político concedido al derrocado presidente boliviano Evo Morales. Y como también se vio en la visita de Estado del presidente cubano, Miguel Díaz Canel. 

Suavidad en la palabras y firmeza en los hechos está siendo la divisa de López Obrador en la relación con Washington. Una política que recibe la aprobación de la inmensa mayoría de la población mexicana. 

Contra la estridencia de Trump, la serenidad de López Obrador. Este, sin duda, es el camino correcto. Aunque los conservadores pretendan convencernos de lo contrario. Parafraseando a Teddy Roosevelt, López Obrador habla suavemente pero empuña un haz de principios tan patrióticos como irrenunciables. 

12/03/2019

Los LeBaron y una nueva expedición punitiva


La derecha mexicana está intentando por todos los medios a su alcance socavar al gobierno de López Obrador. En ese afán, el conservadurismo ha recurrido en primer término al ataque mediático que pretende la satanización del Presidente y de las acciones de la administración obradorista.
Pero a pesar del gran esfuerzo realizado en ese ámbito, es claro que el Presidente sigue gozando del más amplio y enfático apoyo popular. Éste no ha bajado, desde el primer día de diciembre de 2018, del 70 por ciento.
En sus propósitos subversivos y desestabilizadores, la derecha también ha desarrollado ingentes esfuerzos por crear un movimiento castrense dispuesto a la aventura del golpe de Estado. Sólo que a las primeras muestras públicas de ese esfuerzo organizativo, los altos mandos del Ejército, la Marina y la Guardia Nacional salieron al paso de los sediciosos, y éstos no tuvieron más remedio que recular en espera de mejores tiempos para la aventura golpista.
Del fracaso de la satanización mediática y del golpismo en ciernes, el conservadurismo decidió jugar su carta maestra: la demanda de una intervención militar de Estados Unidos en México como la única medida capaz de lograr el derrocamiento de López Obrador.
La fase inicial de este macabro plan corrió a cargo de la tristemente célebre familia LeBarón, la que sin tapujos ni rubores y con todas sus letras solicitó a Donald Trump el envío a territorio mexicano de policías y soldados yanquis so pretexto, en una nueva expedición punitiva, de aprehender a los autores materiales e intelectuales del asesinato de nueve miembros de esa familia.
Ni tardo ni perezoso, el jefe del imperio dio comienzo a la tarea solicitada. Y empezó por calificar como organizaciones terroristas a los cárteles mexicanos del narcotráfico. Recuérdese que el combate al narco y al terrorismo es el pretexto perfecto para las aventuras militares de Washington.
La demanda lebaronesca de una invasión militar de México por las fuerzas armadas yanquis generó una enorme repulsa en el pueblo mexicano. Tan amplia y categórica que hasta los más conspicuos miembros y voceros del conservadorismo empezaron a deslindarse de tan criminal y antimexicana demanda.
Digamos que a los impulsores de la solicitud de una intervención militar yanqui para derrocar a López Obrador se les pasó la mano y decidieron rectificar más rápido que aprisa. Porque una cosa es ser calificado de antiobradorista y otra ser señalado como traidor a la patria.

11/29/2019

Medios y golpismo


En México, durante largos decenios, las expresiones golpe de Estado, golpismo y dictaduras militares eran de uso corriente, pero nunca o casi nunca se empleaban en referencia a la sociedad mexicana. Se utilizaban para referirse a procesos políticos vigentes, también por décadas, en otras naciones de América Latina y el Caribe. 

Quizá los más célebres matrimonios entre golpe de Estado y dictadura militar se dieron en Chile, Argentina, Venezuela, Uruguay, Brasil, Cuba, Guatemala, Honduras y Paraguay. Más recientemente los golpes de Estado de carácter militar se transformaron en golpes parlamentarios o golpes judiciales, también llamados golpes blandos, como en Brasil, contra Dilma, y Paraguay contra Fernando Lugo. 

Pero, blando o clásico, el golpe siempre se inició con un coordinado ataque mediático, nacional e internacional, contra el gobierno que se pretendía derrocar, a fin de crear las condiciones de desestabilización que justificaran el golpe. 

De esa vieja y conocida historia negra se están presentando ahora mismo signos en México. Desde la asunción del régimen popular de López Obrador las expresiones golpe y golpismo empiezan a usarse y repetirse con preocupante frecuencia. Y los iniciales signos del fenómeno se encuentran, como siempre, en el coordinado, feroz y falaz ataque mediático con fines desestabilizadores. Y últimamente han aparecido nuevas señales de golpismo: importantes cuadros militares del viejo régimen ya han expresado pública y solemnemente sus inconformidades con el rumbo económico y social que lleva el nuevo gobierno. ¿Señales aisladas o sólo la punta del iceberg? 

Tan claro fue el mensaje golpista, que éste obligó al Presidente de la república y al secretario de la Defensa a ocuparse del asunto, a condenarlo categóricamente y a cerrar filas en defensa de la institucionalidad democrática. 

Como lo demuestra sobradamente el muy actual caso boliviano, ante la imposibilidad de llegar o retornar al poder por vía electoral, la derecha siempre tiene en mente el recurso golpista. 

Y si bien, como dice López Obrador, por ahora no hay condiciones para el golpismo, éstas se pueden ir fabricando mediante el expediente de la campaña mediática desestabilizadora, como la que desde hace un año y cada día más se hace presente en México. 

Contra la calumnia y la desinformación mediáticas el arma más efectiva es la información veraz. Pero no debe descuidarse el flanco del golpismo duro. El caso boliviano nos lo está recordando a gritos.

11/14/2019

Realidad mata propaganda



En la dura batalla política que libra el Presidente López Obrador contra instituciones, personeros y ex beneficiarios del régimen neoliberal vencido en las elecciones del 1 de julio de 2018, la Cuarta Transformación acaba de anotarse una nueva victoria al arrebatarle al pripanismo el largo dominio de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH). 

Esta institución, creada por Carlos Salinas, era hasta ayer uno más de los sólidos miembros de la lista de enemigos del obradorismo. Un baluarte del pripanismo en la encomienda, expresada nítidamente por Vicente Fox, de “darle en la madre a la Cuarta Transformación”. 

Es cierto que la CNDH no servía para nada. Que era un ente simulador, oneroso y desprestigiado al máximo. Pero desde la llegada de López Obrador a Palacio Nacional, la tal Comisión asumió ahora sí activa y belicosamente un nuevo papel: censurar, descalificar y sabotear todas y cada una de las medidas y políticas del obradorismo enderezadas a desmontar las bases del régimen neoliberal tripulado por los neoliberales. 

De ser una institución inocua, perezosa, corrupta, muy costosa y obediente a los dictados del viejo poder, pasó a convertirse en una crítica acérrima del nuevo. Y aunque igualmente es cierto que sus ataques eran insustanciales, también es verdad que en la guerra mediática contra el obradorismo era muy útil y funcional. 

Por eso es muy positiva la salida de la CNDH de la lista de enemigos de la Cuarta Transformación. Se trata de un hecho político real, no puramente mediático o propagandístico. Ello contrasta con los saldos de la campaña antiobradorista, que sólo tiene, y siempre por muy poco tiempo, logros de impacto mediático. 

En el lenguaje popular a esta actitud de la derecha mexicana se le llama quemar la pólvora en infiernitos. O también mucho ruido y pocas nueces. En el campo de la realidad, la Cuarta Transformación avanza todos los días, aunque la guerra mediática pretenda infructuosamente oscurecer o velar esa realidad. 

Parece que los neoliberales se están conformando con desempeñar el papel de cuchillito de palo, que molesta pero no hiere y menos mata. O de simple piedrita en el zapato que incomoda pero no evita la marcha y el avance. 

Esta conducta de los neoliberales desplazados del poder por el muy mayoritario voto ciudadano podría explicarse si obtuvieran algún resultado en disminuirle apoyo popular y social a López Obrador. Pero ese resultado no se ve por ninguna parte. 

10/15/2019

AMLO y la edad de jubilación


La privatización de los bienes públicos fue (y sigue siendo en otras latitudes) el rasgo esencial y definitorio de la política económica neoliberal. Pero hubo otros también muy lesivos para la economía nacional y popular. Como los tristemente célebres programas de ajuste ordenados por el FMI (Fondo Monetario Internacional). 

Éstos incluían entre otras medidas el incremento de impuestos altamente regresivos, la desmesurada alza de los precios de los energéticos (los llamados tarifazos), el fin de la garantía estatal del pago de las pensiones y la confiscación de éstas por medio de las afores, así como el aumento de la edad de jubilación. 

Con la llegada de López Obrador y la Cuarta Transformación se acabaron las privatizaciones, los aumentos de impuestos y los tarifazos. Y hace unas horas el jefe del Ejecutivo acaba de anunciar la derrota de las pretensiones neoliberales y tecnocráticas, encabezadas por el secretario de Hacienda, Arturo Herrera, de aumentar la edad de jubilación de 65 a 70 años. “Mientras yo sea Presidente, dijo categórico López Obrador, no habrá aumento en la edad de jubilación”. ¿Hace falta buscar otras explicaciones para el permanente y creciente respaldo popular al gobierno de López Obrador? 

No, no hace falta buscarlas porque están a la vista. En primer término el fin del permiso presidencial para robar, lo que conlleva la destitución, la persecución penal y el encarcelamiento de notorios personajes de la corrupción institucionalizada. ¿Cómo no va a ser bienvenida entre la población la salida de la Suprema Corte de ese modelo de corrupción que es Eduardo Medina Mora? 

Para atacar a López Obrador la derecha no posee municiones. ¿Va a defender a Medina Mora? Al contrario. Ya están apareciendo los deslindes públicos de la oligarquía respecto del siniestro personaje. 

La decisión presidencial de cortar de cuajo la propuesta de Arturo Herrera de aumentar la edad de jubilación ha sido una clara evidencia de la inutilidad de colocar en el equipo de López Obrador caballos de Troya. Herrera está siguiendo los perversos pasos de su antecesor en Hacienda Carlos Manuel Urzúa, otro lobo neoliberal con piel de oveja obradorista. Otro Lenín Moreno agazapado a la caza de una oportunidad para volver al pasado neoliberal. 

A un político tan sagaz como López Obrador no pueden escapársele estas iniciales muestras de traición. Es claro que Herrera trae escondido entre las ropas el puñal asesino. ¿Tú también, Bruto? 

8/05/2019

Lozoya y Robles, sin prisa pero sin pausa



Entre las múltiples razones del arrollador triunfo de López Obrador, quizá la de mayor peso fue el hartazgo en vastos sectores sociales con la desmedida corrupción de los gobiernos neoliberales. Una desaforada corrupción que tomó la forma de apropiación privada de los bienes públicos. Con el agravante de que los vendedores eran al mismo tiempo los compradores y, consecuentemente, los nuevos dueños. 

Es cierto que la gigantesca corrupción neoliberal pripanista implicó también ligas y complicidades con las formas más aterradoras de la delincuencia organizada: narcotráfico, contrabando, trata de personas, prostitución infantil, despojo, secuestro, extorsiones, desaparición forzada, asesinatos masivos, fraudes bancarios, apropiación de los fondos de pensiones, tráfico de influencias y muchas modalidades más del crimen institucionalizado.

La ligadura, el pegamento de todas estas formas de ese inmenso e ilegal enriquecimiento fue, durante 40 años, el permiso presidencial para delinquir. Con la bendición presidencial el delito era rentable y de mínimo riesgo. Fue el caso, entre muchas otras formas de latrocinio, del huachicoleo, la condonación de impuestos y la estafa maestra.

Pero con la llegada de López Obrador a Palacio Nacional ese permiso para delinquir llegó a su fin. Y el nuevo gobierno empezó la persecución legal de estas formas de enriquecimiento criminal. Y aunque pueda parecer poco, ya están en la cárcel dos practicantes y beneficiarios de este tipo de delitos: Juan Collado y Gilda Austin. Y no tardarán en ser llevados ante la justicia el prófugo Emilio Lozoya Austin y la ex luchadora social Rosario Robles Berlanga. Y esto es apenas el principio. Y aunque pueda parecer poco, es bueno recordar que, como reza el aforismo italiano, “Chi va piano va lontano”: el que va despacio llega lejos.

La relativa lentitud en llevar ante la ley a estos y a otros connotados delincuentes se explica por la actuación perversa de los órganos de justicia, recinto, baluarte y trinchera de la ideología, la práctica y la corrupción neoliberales. En estas corrompidas instituciones se aloja buena parte de la resistencia al avance de la Cuarta Transformación.

Argucias legales, burocratismo, odio clasista contra López Obrador y obvia complicidad con los criminales entorpecen y retrasan la aplicación de la ley. Pero por ahora la obturación de la justicia no será tan fácil en los casos de Lozoya Austin y Robles Berlanga. Estos dos depredadores sociales dejaron muchas huellas. Es cosa de seguirlas. Sin prisa pero sin pausa.


7/23/2019

Señales económicas positivas


Durante décadas las crisis económicas en México se han materializado en una abrupta devaluación del peso, es decir, en un súbito y significativo encarecimiento del dólar estadounidense. Este proceso, desde luego, fue precedido por un periodo más o menos prolongado de inflación interna. De modo que la conclusión es clara: una inflación sostenida conduce indefectiblemente a una devaluación. 

Que la devaluación monetaria sea abrupta o súbita no significa que sea inesperada. Los agentes económicos (consumidores, comerciantes, industriales, banqueros) la ven venir mucho antes de que se haga presente. Por eso muchos bienes empiezan a tasarse en dólares: casas, automóviles, maquinaria, terrenos). Y lo mismo pasa con la contratación de deudas: se pactan en dólares o euros. En previsión de una devaluación el prestamista se cubre de posibles pérdidas: presta en dólares y cobrará en dólares. 

Hasta ahora y luego de más de un año del triunfo electoral de López Obrador, y pasados siete meses del inicio del nuevo gobierno, la economía mexicana no muestra señales de una posible crisis porque no existe la doble condición de su estallido: el binomio inflación-devaluación. 

Y tampoco existen otros rasgos anunciadores de una crisis económica: ni en la producción ni en el consumo hay señales de caída. Tampoco las hay en rubros como la inversión extranjera, el ingreso de remesas y la contratación de créditos. 

Pero hay otros signos que revelan estabilidad y firmeza de la economía mexicana. No se observa un mayor deterioro de los salarios. Y, adicionalmente, ya hay señales de una notoria mejoría en la distribución del ingreso. 

A este evidente fenómeno económico y social han contribuido tanto el aumento del salario mínimo como la ampliación de las asignaciones monetarias directas a jóvenes, ancianos, madres solteras y otros grupos vulnerables. 

Por lo que toca a la salud de la hacienda pública es bien conocido el incremento sostenido de la recaudación fiscal, lo que provee al Estado de recursos propios crecientes y seguros. 

Esta bonanza fiscal y la evidente caída en la sustracción ilegal de recursos públicos han dotado al gobierno federal de una mayor fortaleza financiera que inhibe el endeudamiento público, lo que hace innecesario acudir a la emisión primaria, es decir, a la fábrica de billetes que es la causa eficiente de la inflación monetaria, fuente y origen de las crisis económicas, hoy por hoy ausentes en el horizonte económico mexicano.

5/13/2019

Contra AMLO, guerra psicológica fallida


Hasta ahora no han rendido frutos los enormes esfuerzos de la derecha mexicana en pos de mermar el respaldo popular a las ideas y a las políticas del presidente López Obrador. Los conservadores han utilizado todos los recursos a su disposición para descalificar y hasta satanizar el incansable trabajo y los indiscutibles logros del primer mandatario. 

En ese catálogo de recursos están incluidas mentiras, exageraciones, intrigas, insultos, ocultamientos, tergiversaciones, encuestas amañadas. Y todo esto de manera masiva, con el concurso de buena parte de los medios de comunicación tradicionales y de las redes sociales reaccionarias. 

Se trata de una estrategia que quiere ser integral y omnipresente para convencer a la ciudadanía de que son equivocadas las decisiones políticas y económicas de López Obrador. Lo mismo si el tema es la cancelación del aeropuerto de Tezcoco que la construcción de la refinería de Dos Bocas. E igualmente si se trata de la creación de la Guardia Nacional o de la abrogación de la mal llamada reforma educativa de Peña Nieto. 

Podría decirse que estamos en presencia de una especie de guerra psicológica que busca dominar la mente de los ciudadanos y, al mismo tiempo, paralizar las obras del gobierno. 

Pero esa guerra psicológica ha fallado en ambos frentes de batalla. No ha conseguido apoderarse de la mente de los mexicanos ni ha logrado atemorizar al Presidente. Y es indudable que una gran parte del mérito en la derrota de esa guerra psicológica se encuentra en la estrategia de comunicación social de López Obrador condensada en las diarias conferencias de prensa conocidas popularmente como las mañaneras que son vistas y oídas por millones de personas, tanto en vivo como en las innumerables repeticiones por días y días a través de las redes sociales más populares y apreciadas. 

Frente al faccioso pesimismo descalificador y satanizador de locutores, comentaristas, analistas, lectores de noticias, encuestadores y yutuberos de derecha, la gente, el público, el pueblo tienen ante sí el optimismo razonado y razonable del capitán del navío que con sencillez, calidez y serenidad convoca a todos, todos los días, a sumarse al esfuerzo transformador, al esfuerzo productivo, al esfuerzo anticorrupción. 

Por ello puede afirmarse que las mañaneras constituyen una auténtica revolución en la comunicación social. La segunda gran conquista del obradorismo luego de la derrota electoral del neoliberalismo el 1 de julio de 2018.

3/19/2019

El mayor logro de López Obrador


Casi nada hay de sorprendente en las más recientes revelaciones oficiales y periodísticas sobre las campañas de guerra sucia y propaganda negra contra Andrés Manuel López Obrador durante las campañas electorales de 2006, 2012 y 2018 destinadas a impedir que éste se convirtiera en presidente de la república. 

Todo esto ya se sabía y fue del dominio público durante muchos años. Digamos que lo único sorprendente fue y es el rotundo fracaso de la campaña negra de 2018 que no consiguió su propósito de impedir el triunfo del tabasqueño, victoria que, además, resultó abrumadora. 

Ya con López Obrador en Palacio Nacional resultaría lógica la aparición de afanes de venganza por tan execrables conductas políticas, verdaderamente criminales. Pero entendible y hasta justificable el deseo de venganza, proceder a ésta sería, como se dice popularmente, quemar la pólvora en infiernitos. Serían fuegos fatuos, fuegos de artificio. 

Lo verdaderamente importante radica en impedir que estas conductas criminales promovidas y ejecutadas al amparo del poder del dinero público y privado se repitan en el futuro. Lo verdaderamente importante es impedir que se vuelva a influir perversamente, retorcidamente, mentirosamente, calumniosamente en la opinión pública y, de este modo, en la voluntad electoral de la ciudadanía. 

Impedir la reedición de campañas negras y propaganda sucia tendría el efecto de dificultar y hasta evitar el fraude electoral. El fraude electoral que se basa en la manipulación de la conciencia política de los electores. 

Muy distinta a la venganza y también contribuyente a impedir fraudes electorales en lo futuro es la justicia, la recta aplicación de las leyes. Y justicia sería sancionar a los autores materiales e intelectuales de las campañas negras de 2006, 2012 y 2018. 

Y si bien es cierto que ninguna ley puede tener efectos retroactivos en perjuicio de persona alguna, también es verdad que la citada manipulación de la conciencia ciudadana fue posible mediante la comisión de delitos fiscales y financieros cuyo castigo estaba previsto en las leyes desde antes y al momento de los procesos electorales mencionados, lo que implica que no cabe invocar para estos criminales el principio de la no retroactividad. 

Pero con todo y su importancia, la sanción de estos delincuentes es cosa secundaria frente a la imperiosa necesidad de impedir los fraudes electorales en el futuro. Esto sería, sin duda alguna, el mayor y más trascendente logro de la cuarta transformación de la vida pública de México.

3/04/2019

AMLO: aprobación popular creciente


Según todas las encuestas del dominio público es muy alto el porcentaje de aprobación de los actos de gobierno del presidente López Obrador y del propio jefe del Poder Ejecutivo. Una aprobación que en general se acerca al 90 por ciento. Algunos sondeos, ciertamente, no alcanzan esa cifra máxima, pero están muy próximos a ella. Y en ningún caso bajan del 70 por ciento. 

De modo que de cada 10 mexicanos, entre 7 y 9 aprueban los actos del nuevo gobierno. Se trata indudablemente de un fenómeno social inédito en la historia de México. Y máxime si se toma en cuenta que se trata de un porcentaje de aprobación logrado en medio y a contrapelo de una enorme campaña de descalificaciones y ataques contra el presidente y su gobierno por cuenta del conservadurismo mexicano. 

Una campaña que bien podría calificarse de guerra sucia, de propaganda negra, de terrorismo informativo y hasta de sabotaje económico. Una campaña que reedita los modos y los propósitos de la tristemente célebre cruzada antiobradorista que se expresó en la frase “López Obrador es un peligro para México”. 

En el ámbito de la economía ahora se habla, por ejemplo y sin ninguna base objetiva, de un inminente colapso de Petróleos Mexicanos. De la imposibilidad de recuperación financiera de la paraestatal. De una política oficial de nuevos gasolinazos. De peligros de nuevas etapas de desabasto de combustibles. De un presente y un futuro de caída en la producción de estos estratégicos bienes. 

A este terrorismo informativo lo proveen de abundantes municiones las empresas financieras, la calificadoras, los bancos privados nacionales y extranjeros y la industria de la especulación financiera y monetaria. 

Y por lo que toca a la esfera política se habla calumniosamente de un regreso al viejo autoritarismo pripanista. De un nuevo tlatoani, de una renovada dictadura unipersonal, de un presidente iluso, demagogo y mesiánico. 

Nada de esto ha servido para disminuir o detener la aprobación popular a López Obrador. Más bien ha ocurrido lo contrario. Cada ataque infundado, cada calumnia, cada pronóstico catastrofista redunda en el incremento de la aprobación popular del nuevo gobierno. 

Y es que la testaruda realidad es más poderosa que los infundios. Existe una atmósfera social de satisfacción con lo hecho y de esperanza en nuevos y más importantes logros. 

Es claro que mientras López Obrador continúe por la ruta de gobernar para el pueblo, de gobernar para todos y no sólo para la plutocracia, la enorme aprobación popular al nuevo gobierno tenderá a mantenerse y consolidarse.

1/14/2019

Aliados del huachicoleo


Como era de esperarse el combate del nuevo gobierno contra el huachicoleo o robo de combustibles ha producido tremendas reacciones. No sólo de los huachicoleros, lo cual es perfectamente entendible, sino también en otros sectores sociales y hasta en diversas instituciones del Estado. 

En la lista de los opositores al combate contra el huachicoleo destacan ciertos organismos autónomos como el Banco de México y la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH). 

El Banco de México se opone al combate contra el huachicoleo afirmando que “el desabasto de gasolina afectará la inflación y a la economía nacional”. ¿De modo que en aras de mantener la inflación bajo control y no deteriorar la economía del país es mejor y preferible tolerar el cuantioso y trisexenal robo de combustibles? El organismo sugiere dejar las cosas como están antes que padecer las discutibles e improbables hipótesis de un alza en la tasa inflacionaria y una bárbara afectación de la economía. 

Por su parte la CNDH muestra también su filia huachicolera con la peregrina y ociosa tesis de que el combate al robo de combustibles debe darse con el pleno respeto a los derechos humanos. ¿Tiene el organismo alguna evidencia o siquiera un leve indicio de que no se está realizando de esta manera? ¿O lo hace sólo para mostrar su antipatía y oposición al nuevo gobierno, el que está amenazando con reducirles a sus funcionarios los faraónicos ingresos económicos de que injustificadamente disfrutan? 

Las criticas y oposición a la lucha contra el robo de combustibles se extienden a otras justicieras medidas del obradorismo, como son la cancelación definitiva del aeropuerto en Tezcoco y la construcción del Tren Maya. En esta última, irracional y caciquil tarea opositora, destaca el movimiento neozapatista. 

En todas estas facetas del antiobradorismo brilla con luz propia la derecha mediática. Periodistas bien conocidos por su filiación conservadora acuden a los peores excesos lingüísticos para oponerse a la lucha contra el huachicoleo. 

Ante el desabasto de gasolina, problema necesariamente de corta duración, pues no han cesado ni la producción ni la importación de combustibles, estos voceros de la derecha hablan de caos social y califican de apocalíptica la situación. Y frente al apocalipsis que dicen ver ya sólo les falta llamar al golpe de Estado. 

Pero los hechos hablan más que las palabras calumniosas. Como es evidente la población apoya las medidas del obradorismo. Y particularmente, y a pesar de las molestias temporales, el necesario combate al huachicoleo. 

1/06/2019

Zapatismo y obradorismo



Menuda sorpresa se han llevado millones de mexicanos con los desaforados ataques que los dirigentes del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) han lanzado contra López Obrador. Esos ataques verbales han incluido expresiones tan ofensivas, irrespetuosas y vulgares como la mentada de madre. 

Esta última, sin embargo, no es sólo una injuria. En el lenguaje mexicano es, además, una provocación. Un recurso utilizado por los picapleitos, por los buscabullas. Dicha con animus injuriandi, cual la han utilizado los líderes zapatistas, esa expresión busca encender los ánimos del ofendido para generar, con afán perverso, una reacción violenta. 

Afortunadamente, y como era de esperarse, López Obrador no cayó en la obvia provocación. Y ha declarado públicamente no tener conflicto con los neozapatistas y estar abierto al diálogo con esa corriente política. 

Lo sorprendente de los ataques no se circunscriben a la violencia verbal, a las injurias y a la provocación. También sorprende su clara coincidencia con los planteamientos políticos y los ataques de la derecha pripanista contra López Obrador. 

Está claro que el tabasqueño sea el enemigo público número uno del conservadurismo pripanista, de la derecha en general y de la corrupción institucionalizada. Pero salvo los dirigentes del zapatismo, ninguna otra organización o pueblo indígena mira al presidente como enemigo y ni siquiera como adversario. Y menos anda afirmando, como hacen los mandones del zapatismo, que López Obrador se dispone a aniquilarlos con el concurso del ejército. 

De modo que a la injuria y la provocación se suman la intriga, el chisme y la calumnia. Y la experiencia enseña que intriga, chisme y provocación sólo prenden y son efectivas si la víctima de esas infamias les da entrada. 

Y si bien es cierto que provocadores, chismosos e intrigantes son capaces de hacer daño, no es fácil que millones de mexicanos puedan creerse tales falacias. En López Obrador hay una larga, muy larga historia de congruencia y honradez políticas. Una historia de lucha pacífica, de rutas y modos no violentos. 

Zapatismo y obradorismo son dos corrientes políticas e ideológicas distintas pero ambas con aprecio popular. Y si una de esas corrientes ataca a la otra es seguro que en el pecado llevará la penitencia. 

Los mandones del zapatismo han dado ese paso. Y aunque se crean los dueños absolutos de la verdad absoluta pronto verán que la inmensa mayoría de los mexicanos, incluidos los pueblos indígenas, no quieren violencia ni confrontación ni derramamiento de sangre. 

12/03/2018

Contra AMLO, ataques sin sustancia


La derecha pripanista y el poder económico-financiero cuentan con abundante y poderosa artillería para atacar al nuevo gobierno: el aparato mediático privado, la alta burocracia desplazada, las redes sociales reaccionarias y los nostálgicos del antiguo y oprobioso régimen hoy en vías de extinción. Y no han dejado de emplearla desde el 1 de julio. Pero la han usado con municiones sin pólvora o con la pólvora mojada: invenciones, calumnias, chismes, exageraciones, tergiversaciones y cuentos de terror. 

Porque hasta ahora López Obrador no ha proveído a sus adversarios de municiones que les resulten verdaderamente útiles. Nada de medidas antipopulares y antinacionales. Nada contra el pueblo trabajador. 

Esto explica que se mantenga intocado y hasta creciente el apoyo ciudadano y popular al nuevo gobierno y a López Obrador. Pasados cinco meses de la elección presidencial se mantiene el porcentaje que le dio la victoria: 70 contra 30. 

También hasta ahora los ataques y las agresiones se han basado en tiquismiquis, ñoñerías, remilgos, tempestades en un vaso de agua. Como el escándalo armado por una expresión verbal poco fina y ciertamente fuera de lugar de Paco Ignacio Taibo. Nada sustancial. Nada que no se arregle con una disculpa pública. Pero tampoco nada que dañe o perjudique al pueblo trabajador, enorme y activa base social del obradorismo. 

A esta actitud de la derecha se le llama “buscarle tres pies al gato”. Y lo esperable es que continúen y se acrecienten esas búsquedas inútiles, irracionales, ñoñas. Ataques como pompas de jabón, como la espuma de un café chapuchino. Nada sustancial. 

Y muy pronto, a partir del 1 de diciembre, día de la toma de posesión, empezarán a darse y concretarse medidas y políticas del más amplio beneficio popular, medidas que permitirán sostener ese apoyo mayoritario a Morena, a López Obrador y al nuevo gobierno. 

Nadie aspira y nadie debe aspirar a la unanimidad. México está viviendo, sin violencia, una nueva etapa de la milenaria y universal lucha de clases. La oligarquía está haciendo y hará todo lo posible por descarrilar al nuevo gobierno que es de carácter popular. Hará hasta lo imposible por recuperar las riendas del Estado que hoy no tiene totalmente en las manos. 

Incluso sin bases y sin sustancia, el pripanismo y los poderes fácticos continuarán con la guerra sucia y la propaganda negra. Pero no podrán hacer mucho daño si el nuevo gobierno se mantiene fiel al mandato recibido en las urnas.

10/14/2018

Nuevo aeropuerto y maestría política


Son muy grandes, influyentes y poderosos los intereses que empujan la construcción del llamado nuevo aeropuerto de la Ciudad de México (NAIM) en el municipio de Tezcoco: banqueros, financieros, industriales, comerciantes. Pero también son muy grandes, influyentes y poderosos los intereses que se oponen a esa obra y que se inclinan por realizarla en Tizayuca: campesinos, académicos, ecologistas, científicos honrados, luchadores sociales.

Para tomar una decisión, el presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, ha propuesto una consulta a la ciudadanía. De modo que la moneda está en el aire y puede caer en cualquiera de ambos lados.

Pero caiga donde caiga la moneda, no hay razón para hacer del tema un casus belli. Ya López Obrador apuntó la solución. Si la moneda cae del lado de Tizayuca, ésta será la sede del nuevo aeródromo. Y si cae del lado de Tezcoco, los interesados en su realización podrán llevarla a cabo. Una cosa no quita la otra.

Aunque no se ha dicho con claridad, se puede colegir que en Tizayuca el aeropuerto sería una obra del Estado, una obra pública, mientras que en el caso de Tezcoco, el propio López Obrador ha dicho con toda claridad que la obra sería con cargo a los recursos de sus promotores, es decir, que sería una obra privada.

El nuevo gobierno, desde luego, no se opondría ni se opondrá a la construcción del aeródromo en el antiguo lago de Tezcoco, pero no financiará el rapaz negocio de unos cuantos multimillonarios. Si estos ven el NAIM como un gran negocio que les dejará incuantificables ganancias, tendrán la oportunidad de realizarlo. Se combinarían equilibradamente la democracia (la consulta) y la libertad de hacer negocios.

Es claro, sin embargo, que a la oligarquía no le gusta la solución planteada por López Obrador. A los grandes capitalistas les agradan los negocios y las ganancias hechos con el dinero ajeno, no con el propio. Les gustan los riesgos pero no muchos. De modo que no se le ven muchas posibilidades a la construcción del nuevo aeropuerto en Tezcoco.

Para compensarlos un poco por la decepción, el nuevo gobierno hasta podría invitar a estos grandes capitalistas a sumarse al proyecto de Tizayuca. De cualquier forma ellos ganarían. Y todo el mundo ganaría.
De nueva cuenta López Obrador da muestras de su innegable sabiduría política. Ha logrado zafarse de la trampa del nuevo aeropuerto sin conflictos mayores, sin sangre, sin muertos y sin represión. Y, sobre todo, sin perder un ápice de gobernabilidad y sin mengua de su inmensa autoridad moral frente a sus más de 30 millones de electores.