Mostrando las entradas con la etiqueta brecha de género. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta brecha de género. Mostrar todas las entradas

8/02/2025

Mujeres representan 70% en el sector salud, pero solo una cuarta parte ocupa puestos de liderazgo

 

.-Ciudad de México.– Las mujeres constituyen la mayoría de la fuerza laboral en el ámbito sanitario, sin embargo los espacios de toma de decisiones siguen estando dominados por hombres; a nivel global, las profesionales de la salud representan el 70 por ciento del personal sanitario y social, pero solo ocupan el 25 por ciento de los puestos de liderazgo, tanto en funciones asistenciales como de gestión.

Esto fue revelado en el informe El liderazgo de las mujeres en la salud de las Américas: por una gobernanza sanitaria paritaria e inclusiva, elaborado por la Task Force Interamericana sobre Liderazgo de las Mujeres.

Hay que recordar que históricamente las mujeres han sido relegadas de los espacios de toma de decisiones, entre ellos, el sector de salud. De acuerdo con el reporte, Entre 2018 y 2022 el número de ministras de sanidad, encargadas de dirigir y coordinar las políticas y acciones relacionadas con la salud pública disminuyó del 31% al 25% a nivel mundial y la proporción de delegaciones de la Asamblea Mundial de la Salud (AMS) dirigidas por mujeres bajó del 27% al 23%.

Las áreas donde predomina el personal femenino suelen estar vinculadas al cuidado, con funciones que históricamente han sido feminizadas. A nivel mundial, las mujeres representan el 90% de la fuerza laboral en enfermería y obstetricia, pero son minoría en especialidades como la cirugía. Estas ocupaciones, generalmente de menor jerarquía y peor remuneradas, están marcadas por estereotipos de género que limitan el acceso de las mujeres a puestos mejor valorados.

Esta desigualdad también se refleja en la distribución del personal entre instituciones públicas y privadas. Mientras los hombres acceden con mayor frecuencia a empleos mejor remunerados en el sector privado, como los de médicos (49.2 %), las mujeres predominan en ocupaciones peor pagadas, como el cuidado personal, también dentro del sector privado (81.8 %).

Los espacios asignados socialmente a las mujeres suelen ofrecer salarios más bajos en comparación con aquellos dominados por hombres, o incluso carecen de retribución. Además, presentan peores condiciones laborales y menor acceso a protección social, como pensiones o servicios de salud, lo que impide a muchas mujeres alcanzar una vida plena y digna.

Por otro lado, el 83% de las delegaciones ante la samblea Mundial de la Salud, en las últimas siete décadas estuvieron compuestas por una mayoría de hombres, y ninguna tuvo más de un 30% de mujeres como Delegadas Jefe. Según sitios oficiales de gobiernos de 32 países de América Latina y el Caribe, a mayo del 2024 solo el 31% tenía mujeres como máxima autoridad en los ministerios de salud. 

En América Latina y el Caribe, la brecha salarial es persistente: en 2019, por cada dólar que percibieron los hombres, las mujeres ganaron apenas 58 centavos. En el sector salud y asistencial, la diferencia salarial bruta entre hombres y mujeres ronda los 20 puntos porcentuales, cifra que aumenta a 24 puntos al considerar factores como la edad, el nivel educativo y el tiempo de trabajo.

Esta brecha salarial no responde a supuestas diferencias en las características o capacidades entre hombres y mujeres, indica el informe, sino que obedece a factores como la segregación ocupacional por género, la baja representación de mujeres en los puestos mejor remunerados, la alta proporción de mujeres en trabajos de medio tiempo y la persistente “penalización por maternidad”.

Asimismo, es importante señalar que muchas mujeres se ven obligadas a aceptar empleos de tiempo parcial debido a la división sexual del trabajo, que históricamente les ha asignado las tareas de cuidado. Estas tareas incluyen actividades cotidianas de gestión y sostenimiento de la vida: cuidado en salud, del hogar, de personas dependientes y del propio autocuidado.

Datos de 16 países de América Latina y el Caribe muestran que entre el 12% y el 25% del tiempo de las mujeres se destina al trabajo doméstico y de cuidado no remunerado, mientras que en el caso de los hombres ese rango se sitúa entre el 3 % y el 13 %. En promedio, las mujeres dedican entre 22.1 y 42.8 horas semanales a estas labores, frente a las 6.7 y 19.8 horas que destinan los hombres

Acoso sexual y laboral 

Las mujeres que trabajan en el ámbito sanitario no están exentas de enfrentar acoso sexual, lo que genera consecuencias negativas para su salud física y mental. Esta situación se agrava cuando el género se cruza con otras condiciones de desigualdad, como en el caso de jóvenes becarias, mujeres migrantes y mujeres de poblaciones históricamente discriminadas. La segregación laboral que relega a las mujeres a puestos de menor jerarquía e ingresos también incrementa el riesgo de sufrir violencia.

En México, el 26% del personal de enfermería reportó haber sufrido acoso sexual, y una de cada tres víctimas señaló repercusiones en su salud mental y emocional. En estos casos, los factores asociados fueron: tener una edad mayor al promedio, no tener pareja y contar con menor escolaridad. Cabe destacar que, aunque la investigación incluyó a hombres, solo las mujeres reportaron haber sido víctimas de acoso.

Además, en muchos entornos laborales, las trabajadoras sanitarias no cuentan con mecanismos eficaces para denunciar abusos cometidos por colegas varones de alto rango sin temor a represalias. A esto se suma el miedo a la estigmatización, la exposición pública, la vergüenza e incluso el enjuiciamiento, lo que desalienta a muchas víctimas de violencia sexual a levantar la voz.

“Era un tema complicado porque, a pesar de que había denuncias, no sabían cómo darles seguimiento. En las personas encargadas de resolver los casos ni siquiera había perspectiva de género, y no estoy hablando sólo de acoso sexual, también había hostigamiento laboral, que a veces se empalman”.

Quienes ocupan cargos de liderazgo también se enfrentan a diversas formas de violencia y acoso, como insultos, amenazas, difusión de noticias falsas y campañas de desprestigio. Estas agresiones buscan provocar que las víctimas abandonen sus empleos, vean truncadas sus oportunidades de ascenso o incluso deserten de sus trayectorias profesionales.

¿La falta de liderazgo de mujeres en el sector salud cómo nos impacta?

Los estigmas que cuestionan la capacidad de las mujeres para liderar, sumados a las brechas salariales y el acoso que enfrentan en sus espacios laborales, provocan que muchas se vean forzadas a desertar de sus carreras profesionales. Esta exclusión repercute en la ausencia de mujeres en puestos de toma de decisiones, lo que a su vez genera una falta de inclusión de sus perspectivas y necesidades en la formulación de políticas públicas, en las investigaciones científicas, en los tratamientos médicos y en el desarrollo de medicamentos.

El informe destaca que, históricamente, numerosos estudios clínicos han excluido a las mujeres como sujetos de prueba. Un ejemplo alarmante ocurrió entre 1997 y 2000, cuando el 80% de los medicamentos retirados del mercado en Estados Unidos lo fueron debido a efectos adversos en mujeres, quienes no habían sido incluidas en los ensayos clínicos que evaluaban su seguridad y eficacia.

Contrario a lo que se podría esperar, la inversión en investigaciones centradas en la salud femenina no ha aumentado significativamente en las últimas décadas. Veinte años después de aquel episodio, apenas el 1% de los recursos destinados a investigación e innovación sanitaria se invirtió en afecciones específicas de las mujeres fuera del campo de la oncología. Esta desatención ha contribuido a una peor calidad en la atención médica para las mujeres, lo que se traduce en un mayor riesgo de enfermedad y muerte.

Recomendaciones 

Como primera instancia para asegurar participación igualitaria en la toma de decisiones se propone garantizar la paridad en todos los niveles del sistema de salud, desde hospitales hasta ministerios, con normativas que aseguren igualdad laboral, protección ante el embarazo y licencias equitativas. También se sugiere incorporar procesos de selección sin sesgos y mecanismos de denuncia seguros ante violencia y discriminación.

En cuanto a la educación, se plantea integrar la perspectiva de género en la formación profesional, fortalecer el liderazgo femenino, promover programas de mentoría, y eliminar barreras como los topes de edad y la falta de accesibilidad lingüística en la capacitación.

Para visibilizar y erradicar las desigualdades e incidir en la agenda pública se solicita impulsar la producción de datos desagregados por género e interseccionalidad, así como la difusión de investigaciones sobre brechas salariales, violencia laboral y salud mental de las lideresas. 

Por otro lado, en el informe se propone la creación de sistemas integrales de cuidados que alivien la carga sobre las mujeres, profesionalizar ese trabajo y fomentar políticas laborales flexibles que permitan conciliar la vida personal y profesional.

Finalmente, pidieron presupuestos con enfoque de género, inclusión de comadronas y saberes tradicionales, inversión en infraestructura y participación activa de las mujeres en puestos de liderazgo.

6/28/2025

Índice de Desarrollo Humano en las Juventudes expone brechas que afectan más a mujeres

 

El Índice de Desarrollo Humano (IDH) tiene como objetivo evaluar y comparar el desarrollo de diferentes naciones, enfocándose en aspectos claves que van más allá del crecimiento económico. Además de proporcionar un marco para que los gobiernos tomen decisiones informadas sobre cómo invertir los recursos y diseñar políticas efectivas, identifican las desigualdades dentro de un país, permitiendo un análisis más profundo en las condiciones de vida.

Brecha en salud

De esta manera el informe, elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en México, pone en relieve diferentes brechas a las que se enfrentan las jóvenes en el país comenzando con la dimensión de la salud donde persisten profundas desigualdades que impiden a las jóvenes ejercer plenamente este derecho, ya que, como señala el documento, las mujeres se encuentran entre las más afectadas debido a las brechas estructurales en acceso a servicios de salud adecuados.

Según indica el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL), los programas prioritarios de salud en México tienden a ser universales y no contemplan estrategias específicas para jóvenes. Asimismo, esta dimensión del IDH-J no solo presenta el promedio más alto entre las tres dimensiones del índice, sino también la mayor dispersión entre entidades federativas.

Esto se debe en parte a diferentes indicadores, por ejemplo, las entidades con la tasa más alta en muertes violentas son Colima (194.6%), Zacatecas (185.2%) y Guanajuato (129.7%). El informe apunta que, si bien la tasa es sistemáticamente más elevada para los hombres, las mujeres jovenes enfrentan riesgos específicos asociados a la violencia de género, lo que se traduce en altas tasas de feminicidio.

A esto se suma que, actualmente México enfrenta una crisis, más de 115 mil personas desaparecidas han sido registradas históricamente, y casi la mitad de estos casos han ocurrido desde 2019. De este total, el 50% corresponde a personas entre los 12 y 29 años, lo que evidencia que las juventudes están desproporcionadamente expuestas a esta forma extrema de violencia.

Los patrones de desaparición difieren según el sexo. En el caso de los hombres jóvenes, la mayoría de las desapariciones ocurre entre los 20 y 34 años, y suelen estar relacionadas con violencia organizada, reclutamiento forzado y conflictos territoriales. Por otro lado, las mujeres desaparecen más frecuentemente a edades más tempranas, particularmente entre los 15 y 19 años, un rango que concentra cerca del 22% de los casos femeninos. Estas desapariciones están mayoritariamente vinculadas con violencia de género, explotación sexual y trata de personas, y se consideran una de las formas más extremas de violencia feminicida.

El indicador de tasa de fecundidad adolescente indica que Chiapas (83.3%), Zacatecas (70.1%) y Puebla (69.0%) lideran la lista de las entidades con mayor tasa; sin embargo, varia de forma significativa entre entidades federales, reflejando condiciones estructurales que afectan especialmente a las adolescentes. Este fenómeno tiene implicaciones profundas para su desarrollo humano, ya que un embarazo en la adolescencia suele interrumpir su trayectoria educativa, limitar sus oportunidades laborales y profundizar su situación de desigualdad y dependencia económica.

En un análisis más profundo, el informe indagó sobre otros ejes que se cruzan con la salud de las mujeres como el acceso a la salud sexual y reproductiva. Esto incluye desde la educación integral en sexualidad, anticonceptivos, atención prenatal, prevención de enfermedades sexuales y el reconocimiento a la autonomía corporal; sin embargo, persisten barreras graves para acceder a estos servicios, especialmente en contextos rurales, lo que incrementa la vulnerabilidad de las adolescentes a embarazos tempranos y riesgos de salud.

Datos de la CONAPO señalan que, la tasa de fecundidad adolescente (TFA) para el 2022 fue de 61.1 nacimientos por cada mil adolescentes de 15 a 19 años de edad, lo cual coloca a México, junto con Colombia, en los primeros lugares de ocurrencia de entre los países de la OCDE. Asimismo, la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT) 2022 reveló que solo el 79.1% de la población de 10 a 19 años que ha iniciado su vida sexual usó algún método anticonceptivo en su primera relación.

Por otro lado, los indicadores tradicionales de salud muestran que las mujeres tienen mayor esperanza de vida con 78.47 años comparado a los 72.13 de sus homólogos, según datos de CONAPO. Esto se debe a que, las normas de masculinidad tradicional, que promueven la toma de riesgos, la resistencia al autocuidado y la menor disposición a buscar atención médica, tienen un impacto negativo en la salud de los hombres, según advirtió el informe.

Sin embargo, este señalamiento oculta las realidades específicas de la violencia como el feminicidio, el cual no se refleja en las estadísticas del IDH.J, ya que no se toman en cuenta causas específicas de muerte desde una perspectiva de género, invisibilizando dinámicas particulares de la violencia contra las mujeres.

Por ejemplo, en 2022 el INEGI reportó 22 mil 165 muertes de hombres jóvenes por causas violentas, en contraste con 4 mil 302 muertes de mujeres jóvenes. No obstante, esta cifra no incluye las muertes de mujeres por violencia de género, como el feminicidio, a pesar de que también constituyen muertes violentas. Otros datos que permiten dimensionar la problemática son los de la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) 2021 donde a nivel nacional, del total de mujeres de 15 años y más, 70.1% han experimentado al menos un incidente de violencia.

Brecha educativa

La educación en México está marcado por desigualdades territoriales y de género que afecta de manera diferenciada a las juventudes. Entre algunas condiciones desiguales se encuentra el abandono escolar, acceso a la tecnología y la limitación de oportunidades educativas, laborales y de inclusión digital.

Según los datos del informe, Chiapas es el único estado que se encuentra en un nivel de desarrollo bajo (0.52), ya que presenta los menores niveles para cada uno de los indicadores (años promedio de escolaridad y tasa de acceso a internet en los hogares). Al mismo tiempo, 11 estados presentan un nivel de desarrollo medio y 19 estados un nivel de desarrollo alto.

Solo la Ciudad de México alcanza un nivel muy alto, debido a sus mejores condiciones de escolaridad y conectividad digital. El acceso a internet es el componente que muestra mayor desigualdad: en estados como Baja California o Ciudad de México, más del 90% de jóvenes tienen internet en casa, mientras que en Chiapas solo el 46%.

Entre las barreras educativas que se interpone en la formación de las mujeres se encuentran la carga desproporcionada del trabajo doméstico y de cuidados que asumen las mujeres, la división sexual del trabajo, la violencia de género y la subrepresentación femenina en áreas estratégicas del conocimiento como la ciencia, tecnología, ingeniería, artes y matemáticas. Todos estos factores conllevan al abandono escolar en mujeres.

Durante la pandemia COVID-19, estas brechas se agudizaron, casi el 30% de quienes dejaron de estudiar fueron mujeres y las principales causas estuvieron ligadas a responsabilidades del hogar, embarazos, maternidad y uniones tempranas. En 2022, casi 60 mil niñas y adolescentes de 5 y 17 años no asistieron a la escuela por encargarse de quehaceres domésticos y alrededor de 250 mil realizaban trabajo doméstico en condiciones no adecuadas.

Además, persiste una segregación educativa por género. Las mujeres siguen concentradas en carreras relacionadas con los cuidados (enfermería, trabajo social o educación), mientras que los hombres predominan en en carreras técnicas y científicas. Solo el 28% de quienes trabajan en áreas CTIM son mujeres, lo que profundiza la brecha salarial y limita su acceso a empleos mejor remunerados.

Brecha económica

El IDH-J muestra que, aunque la dimensión de ingreso tiene menor variabilidad entre estados, persisten desigualdades significativas. Por ejemplo, Chiapas representa un nivel de 0.59 mientras Nuevo León alcanza los 0.80, lo que refleja disparidades estructurales y socioeconómicos que impactan directamente en las condiciones de vida de las juventudes.

Uno de los indicadores claves es el ingreso disponible despuesta de pagar una renta o hipoteca, el cual es mayor a los estados con menor desarrollo económico como Oaxaca (97.6%), debido a los menores costos de vivienda. Esta situación evidencia que el territorio sigue siendo un factor determinante para el acceso a recursos y calidad de vida.

En el caso de las mujeres, se enfrentan a obtener menos ingresos incluso con niveles educativos similares o superiores. En estados como Nuevo León y Guanajuato, los hogares encabezados por mujeres tienen ingresos hasta 10% menores que los liderados por hombres.

Asimismo, la informalidad laboral afecta desproporcionadamente a las mujeres madres, quienes enfrentan obstáculos para acceder a empleos con seguridad social. Aunque en general los hombres jóvenes presentan mayor informalidad, las madres jóvenes son quienes más sufren las consecuencias de esta precariedad laboral.

La alta informalidad implica falta de acceso a seguridad social, menores ingresos, trabajos inestables y limitaciones para obtener financiamiento. Estas barreras se agravan para mujeres indígenas, afrodescendientes, con discapacidad o identidades diversas, reforzando la exclusión y la desigualdad.

Un elemento crítico no reflejado en los indicadores del IDH-J es el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado, que recae en gran medida sobre las mujeres jóvenes. Este trabajo, esencial pero no reconocido, limita sus oportunidades económicas y perpetúa la pobreza. Es urgente reconocer y redistribuir estas tareas mediante políticas públicas que garanticen condiciones dignas para todas las mujeres jóvenes.

10/26/2024

FMI alerta brecha de género en empleos verdes. Urge cambio de paradigma para incorporar mujeres en ciencias

 

El Fondo Monetario Internacional (FMI) asegura que la principal razón de la brecha de género en los empleos verdes es gracias a la falta de mujeres con especialización en alguna carrera en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM).

Datos de la UNESCO muestran que en el mundo, el 35% de las mujeres cursan alguna de estas carreras y menos del 30% son investigadoras científicas.

Los empleos verdes son aquellos que mejoran la sostenibilidad ambiental y reducen los gases de efecto invernadero causados por las actividades humanas. El artículo Ciudades sostenibles y empleos verdes: soluciones disruptivas para el cambio climático, de Israel Rosas señala que este tipo de ocupaciones son necesarias para mitigar el cambio climático. Además agrega que cualquier trabajo o rubro económico puede volverse verde.

De acuerdo con el FMI, actualmente los empleos verdes solo representan entre el 10% y 15% del total. Desde 2018, los trabajos que mejoran el impacto ambiental aumentaron al 13,8%; mientras que aquellos enfocados en políticas económicas para el desarrollo sustentable incrementaron al 10,8%.

En el primero, las mujeres representan el 6% en países desarrollados y el 4,6% en mercados emergentes; mientras que los hombres forman parte del 20,3% y 16% respectivamente. En cuanto al segundo, alrededor del 70% de empleos contaminantes son ocupados por hombres sobre todo en ocupaciones manuales como artesanía, oficios, operadores de plantas y máquinas.

Ambos tipos de ocupaciones están asociados con una mayor prima salarial y la oferta económica para las mujeres es superior al de los hombres. El FMI señala que esto podría ayudar a cerrar la brecha de género y mejorar los salarios en empleos verdes, pero también deja entrever el desequilibrio entre la poca demanda por parte de las trabajadoras.

La falta de mujeres en carreras STEM

En 2022, el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) comparó a las 494 mil 753 mujeres que estudian alguna carrera STEM frente a los 996 mil 519 hombres a partir de datos del INEGI y de la SEP. De esta manera encontró que:

  • Tres de cada diez profesionistas en STEM son mujeres
  • Se necesita un aumento del 71% en mujeres inscritas en carreras STEM para alcanzar la matrícula de los hombres. Se prevé que México tardaría 37 años en lograrlo.
  • En los estados de la república donde se ha cerrado más la brecha de género, hay mayor productividad y mejores condiciones laborales para ellas
  • En cuanto a la paridad, Zacatecas es el más cercano de lograrlo y Quintana Roo el más lejano.
  • La Ciudad de México, estado de México, Puebla, Veracruz, Nuevo León y Guanajuato concentran el 50% de las estudiantes de STEM

Asimismo, el FMI identificó que aunque las niñas sean quienes alcanzan un nivel educativo más alto en comparación con los niños, la brecha de género en la ciencia y tecnología persiste y se ha ampliado.

La organización sugiere que un primer paso es fomentar la participación de las mujeres en estas áreas de estudio para transitar a una economía verde. 

También destacó que incluir a las trabajadoras en este tipo de empleos sin aumentar el número de estudiantes graduadas sería insuficiente, ya que la falta de representación se expandirá a otros trabajos relacionados al campo STEM.

La raíces del problema

El IMCO apunta que cerrar la brecha de género no se logra sólo con incrementar el número de mujeres en carreras STEM, ya que el problema comienza desde la infancia, cuando dejan de confiar en su capacidades y pierden el interés para desarrollarse en estas áreas de estudio. 

El artículo Ciencia, estereotipos de género: una revisión a los marcos explicativos, de Susana Vázquez explica que los primeros estudios que buscaban responder la falta de estudiantes se enfocaron en contestar desde lo biológico donde sus “capacidades innatas” eran lo que les impedía tener un buen rendimiento en las matemáticas y alcanzar a sus compañeros hombres. 

Esta explicación se multiplicó en diversos estudios hasta 1980 cuando se incluyó el enfoque psicosocial y sociocultural y se destacó tres principales razones: el capital humano, donde los hombres priorizan el desarrollo profesional y las mujeres la vida personal y el bienestar familiar lo que influye en su decisión de escoger una carrera; los modelos de conducta, que sugiere que los antecedentes familiares y modelos femeninos influyen en ambos sexos; y los estereotipos de género, los cuales definen los comportamientos de la sociedad y refuerzan la segregación ocupacional.

Este último, ha difundido la creencia de que los chicos son analíticos, racionales y objetivos; mientras que las chicas son afectivas, empáticas, intuitivas y pasivas. El estereotipo predominante ha sido que las matemáticas y la ciencia se desarrollan mejor en el género masculino. 

Vázquez, indicó que las mujeres se ven afectadas por los mensajes negativos sobre su potencial intelectual y habilidades que son reforzados por agentes socializadores como las madres y padres quienes ya tienen expectativa en sus hijas marcadas por su género.

A partir de la mitad de 1990 se acepta que la ciencia es neutra y que la falta de acceso de las mujeres al ámbito científico-académico radica en las instituciones. Por ejemplo, las prácticas organizativas, los mecanismos de discriminación y los procesos de selección y promosión que han dado lugar al sexismo, nepotismo y brecha salarial. 

La importancia de las mujeres en empleos verdes

El estudio del Fondo Monetario Internacional (FMI) resaltó que las trabajadoras son las que han contribuido mayormente al cuidado del planeta.

Entre los principales cambios detectados se encuentra que con las mujeres en empleos verdes hay mayor conciencia del clima y mejores decisiones respecto al medio ambiente; las directivas a cargo de una empresa han dado como resultado menores emisiones de dióxido de carbono; y los bancos con juntas directivas de género tienen más probabilidad de otorgar préstamos a empresas ecológicas que aquellas que contaminan.

Igualmente, la mirada femenina podría reducir el sesgo de los hombres en los empleos verdes. Por lo tanto, se debe promover su igualdad para fomentar una economía verde sostenible. El FMI propone la implementación de acciones políticas que eliminen las barreras que enfrentan las mujeres, las cuales deben incluir:

  • Acceso a servicios de cuidado infantil, licencia parental y trabajo remoto;
  • Leyes antidiscriminación;
  • Revisar los sesgos directos e indirectos en las políticas fiscales que afectan a las mujeres;
  • Elaboración de presupuestos con perspectiva de género para abordar los efectos sobre mujeres y hombres;
  • y ampliar las oportunidades para que las mujeres obtengan un empleo formal, incluyendo la financiación.

9/21/2024

Mujeres en medios de comunicación; brecha de género se cerraría en 67 años

 

Al respecto, el Proyecto de Monitoreo Global de Medios, una de las iniciativas de análisis de noticias más grande y única en el mundo con una perspectiva de género, desde hace 25 años cada quinquenio monitorea el estado actual de los medios de comunicación y la participación de las mujeres comunicadoras en ellos. 

Además, en el marco del Día de la Imagen de la Mujer en los Medios de Comunicación, que se celebra cada 14 de septiembre en honor a la emisión del primer programa de radio Viva María, en la Radio Nacional de Brasilia, es importante visibilizar las violencias que sufren las mujeres en los medios de comunicación, cómo es su participación actualmente en espacios de información y desde dónde les es permitido participar. 

El tema sobre las mujeres y los medios de comunicación se ha abordado desde los años setenta con la intención de promover la reformulación de los contenidos y mensajes de los medios para reflejar una realidad que coincida con la cotidianeidad, la trayectoria y los roles profesionales y personales no sólo de los hombres, sino también de la gran otra mitad de la población: las mujeres. 

“Contratan a las mujeres para leer noticias y no para construirlas”, señala una cita en el documento nombrado como Las mujeres y los medios de comunicación de Inmujeres, publicado en 2005.

Esta cita aunque cruda, refleja una de las situaciones que hoy por hoy seguimos viviendo: Las mujeres no son partícipes en la discusión de la información, aún se instrumentalizan para su fin. 

Cirenia Celestino Ortega, integrante del Observatorio de Medios de Comunicación de CIMAC, hace hincapié en que los medios de comunicación son responsables de sus contenidos y audiencias, de la agenda que manejan y desde dónde lo hace, pero también es responsabilidad del Estado preservar la dignidad y los derechos de las mujeres como garante, tanto aquellas que son actores como fuentes.

Al respecto, el GMMP indica, como apuntes finales que la presencia global de las mujeres en las noticias, con un 26 por ciento de representación, evidencia no solamente un estancamiento sino una baja importante. Este elemento debe considerarse para reestructurar y reforzar estrategias para subir la representación y la visibilización de las mujeres en las noticias. 

En este mismo ámbito, al observar la visibilización de personas de sexo no binario, el porcentaje es ínfimo, menos del 1%, hecho que expresa también una nueva cara de la discriminación en los medios de comunicación. 

En América Latina los temas que más ocupa el interés de los medios son política y gobierno. En ese sentido es un hecho relevante el porcentaje de mujeres como expertas o comentadoras que aparecen en un rol preponderante relacionado con la política o el parlamento.

Actualmente, los medios de comunicación son transmisores de modelos culturales. Estos forman parte de la construcción de las formas de pensar establecidas socialmente para mujeres y hombres. Por esto mismo, es importante no solo reflexionar sobre la participación de las mujeres en los medios, también el lenguaje que se usa en ellos, promoviendo el trato inclusivo y no sexista.

El último análisis, realizado en 2020, una época coyuntural para la información día a día en un contexto de riesgo, señaló varios puntos relevantes, entre ellos, que las voces de las mujeres sí han estado presentes, pero no en gran parte de las conversaciones en los medios. Aún siguen muy ausentes en los medios tradicionales. 

A nivel mundial en promedio, los principales medios de comunicación han logrado un punto medio de la paridad de género tanto en temas como en fuentes. Entre el 2015 y el 2020, la aguja avanzó un punto hasta el 25 por ciento en la proporción de sujetos y fuentes que son mujeres. La mejora de un solo punto es la primera desde el 2010 y es más visible en los medios de difusión.

Fuente: Vía Canva

La proporción de mujeres como sujetas y fuentes en las noticias digitales, también aumentó un punto en general entre 2015 y 2020, con una mejora de tres puntos en los sitios web de noticias y una disminución de tres puntos en los tuits de los medios de comunicación.

No obstante, la pandemia representó un punto de quiebre para las mujeres como sujetas y fuentes, pues 2020, un año cargado de información orientada a la salud y la ciencia, la presencia de mujeres en este tema se redujo en cinco puntos después de un aumento constante entre el 2000 y el 2015. 

En este periodo, la única región y contenido en el que se logró la paridad de género fue en las noticias sociales y legales digitales en Norteamérica.

A partir de esto, el estudio señala varios puntos importantes:

  • Los medios transnacionales aún tienen un desempeño deficiente en cuanto a la inclusión de las mujeres como sujetos y fuentes.
  • Las coberturas sobre salud y ciencia (en especial sobre la pandemia) no contaron con un enfoque de género adecuado.
  • Hay discriminación de edad según el género en las noticias.
  • La igualdad de género en el mundo que se describe en las noticias todavía está retrasada de la igualdad de género en el mundo real.
Fuente: CIMACFoto

Brecha de género en medios

Los hombres en la misma situación son presentados en ocupación de expertos académicos o docentes; luego la de políticos o parlamentarios y luego la de empleados de gobierno; en el caso de las mujeres, la segunda ocupación es la de roles de administración de justicia. 

Este resultado evidencia que en la región, las políticas para lograr incrementar la participación política de las mujeres en el marco del principio de la democracia paritaria podrían estar reflejando leves pero ineficientes avances en la representación de las mujeres en los medios de comunicación. 

3/09/2024

La brecha de género en el trabajo es mayor de lo que se pensaba

 

Trabajadoras en un establecimiento de artículos electrónicos en Argentina. Un estudio del Banco Mundial muestra que la brecha de género en el trabajo es mayor de lo que se pensaba, con indicadores como el salario, pues como promedio por cada 10 dólares que ganan los hombres las mujeres solo obtienen 7,70 dólares. Imagen: Mundo Gremial

WASHINGTON – La brecha de género en el lugar de trabajo global es enorme, “de hecho, mayor de lo que se pensaba”, y la paridad económica entre hombres y mujeres aún es un objetivo muy lejano, señaló un informe del Banco Mundial divulgado este lunes 4.

El economista jefe del banco, Indermit Gill, dijo que “las leyes y las prácticas discriminatorias impiden a las mujeres trabajar o crear empresas en igualdad de condiciones de los hombres”.

“Eliminar estas diferencias permitiría aumentar el producto interno bruto (PIB) global en más de 20 %, duplicando el índice mundial de crecimiento en la próxima década”, añadió Gill al presentar el informe “Women, Business and the Law (La mujer, la empresa y el derecho) 2024”.

El estudio consideró, en comparación con 2022, no solo la evolución de las leyes en los distintos países, sino su aplicación y la opinión de expertos -en total unos 2400 individuos en 190 países y territorios- sobre la realidad de la vida cotidiana.

El resultado es que hace dos años, antes de considerar los nuevos parámetros, las mujeres disponían de 77 % de los derechos de los que disfrutaban los hombres, pero ahora se estima que esa protección legal es de apenas 64 %.

Un primer aspecto es el de la remuneración: en 98 países las leyes garantizan la igualdad salarial entre hombres y mujeres si realizan el mismo trabajo, pero apenas en 35 se han tomado medidas para que se cumpla.

El banco estima que, en promedio, por cada 10 dólares que ganan los hombres las mujeres reciben solo 7,70.

“Hoy en día, apenas la mitad de las mujeres participa en la fuerza laboral mundial, mientras que, en los hombres, la proporción llega casi a tres de cada cuatro. Esto no solo es injusto, sino que constituye un despilfarro”: Tea Trumbic.

En América Latina el índice de marcos legales de la mujer, la empresa y el derecho tiene una puntuación promedio de 69,1, más alta que la media mundial (64,2), pero ninguna de las 32 economías analizadas rozó los 100 puntos, lo que significa que ninguna ha alcanzado la paridad de género ante la ley en las áreas evaluadas.

Dos puntos en los cuales casi todos los países presentan retrasos son los servicios de guardería para niños y la seguridad de las mujeres.

Las normas legales que aseguran el establecimiento de guarderías existen solamente en 62 países. Un resultado es que las mujeres dedican diariamente 2,4 horas más que los hombres a las tareas domésticas, sobre todo en el cuidado de los hijos.

El peor desempeño de los Estados tiene que ver con la seguridad de las mujeres, por las fallas graves faltas en la legislación con respecto a la lucha contra el acoso sexual, la violencia doméstica o el feminicidio.

La puntuación media es de 36 sobre 100: las mujeres gozan de solo 36 % de las garantías jurídicas necesarias ante la violencia, el acoso sexual, el matrimonio infantil y los feminicidios.

Gill dijo además que de las 190 economías estudiadas, en 151 existen leyes que prohíben el acoso sexual en el lugar de trabajo, pero solo 39 lo prohíben en espacios públicos como el transporte público.

“¿Cómo podemos esperar que las mujeres prosperen en el trabajo cuando es peligroso para ellas que simplemente viajen al trabajo?”, se preguntó el experto.

Otras áreas con rezagos son el emprendimiento, con menos garantías legales para las mujeres; la carencia de criterios de género en los procesos de adquisiciones públicas, y la exclusión de las mujeres de los trabajos nocturnos y de las ocupaciones calificadas como peligrosas.

Tea Trumbic, autora principal del informe, dijo que “hoy en día, apenas la mitad de las mujeres participa en la fuerza laboral mundial, mientras que, en los hombres, la proporción llega casi a tres de cada cuatro. Esto no solo es injusto, sino que constituye un despilfarro”.

Según el informe “a nivel mundial, solo 44 % de las disposiciones legales que apoyan el espíritu empresarial de las mujeres están en su lugar”, y además “las mujeres ocupan sólo uno de cada cinco puestos en juntas directivas corporativas”.

Gill dijo finalmente que el informe “deja claro que el campo de juego no está nivelado. Es mi esperanza, y la esperanza de quienes trabajan tan duro para producir esta investigación, que la generación de mi hija será la última en enfrentar barreras injustas a sus logros profesionales”.

A-E/HM

3/11/2023

La brecha laboral de género podría tardar 132 años en disiparse

El problema es especialmente grave en países en desarrollo

En el mundo, por cada dólar de ingresos profesionales de hombres, las mujeres ganan 51 centavos

La Organización Internacional del Trabajo (OIT), organismo de la ONU, reveló que desarrolló un nuevo indicador que mide mejor la tasa de desempleo y que detecta a todas las personas sin trabajo que buscan una actividad.

Los nuevos datos muestran un panorama mucho más sombrío, destacando que las mujeres siguen teniendo muchas más dificultades para encontrar trabajo que los hombres.

Información de la OIT demuestra que 15 por ciento de las mujeres en edad de trabajar en todo el mundo quisieran tener un empleo, pero no lo tienen, frente a 10.5 por ciento de los hombres.

La brecha laboral es especialmente grave en los países en desarrollo, donde la proporción de mujeres que no pueden encontrar un empleo alcanza 24.9 por ciento, declaró el organismo.

Según el informe, las responsabilidades personales y familiares, incluyendo el trabajo no remunerado de cuidados, afectan de forma desproporcionada a las mujeres, pues este tipo de actividades, impiden que trabajen, que busquen empleo de forma activa o que estén disponibles con poca antelación.

Asimismo, destaca que a nivel mundial, por cada dólar de ingresos laborales que ganan los hombres, ellas ganan únicamente 51 centavos.

Impulso a la economía

De acuerdo con un informe de Moody’s Analytics, reducir la diferencia de salarios entre hombres y mujeres en los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) podría impulsar la economía mundial en aproximadamente 7 por ciento, o lo que equivale a 7 billones de dólares.

Destaca que en promedio las mujeres hacen una mayor inversión inicial en educación, pero tienden a ocupar puestos de menor nivel y peor remunerados. Tanto en los países de la OCDE y en los principales mercados emergentes, el número de mujeres de 25 a 64 años con un título de maestría supera al de los hombres.

Asimismo, apunta que al paso al que se avanza a nivel global, cerrar las brechas económicas de género podría tardar 132 años.

Por su parte, la Oxfam destacó que México es el segundo peor país de Latinoamérica en cuanto a inserción laboral de las mujeres. La razón principal de ello, es el reducido acceso a trabajos formales porque las mujeres se ven orilladas a perseguir un horario flexible que les permita además cumplir con la jornada de cuidados dentro del hogar.

Indicó que las mujeres tienen muchas cargas sistémicas y una mayor dificultad para acceder a trabajos mejor remunerados y formales, lo cual supone una desventaja frente a los hombres.

En un reporte señaló que en materia de desigualdad laboral, no sólo la brecha salarial entre hombres y mujeres es amplia, sino que también las mujeres están expuestas a situaciones de acoso, hostigamiento o violencia dentro de los entornos de trabajo.

Alexandra Haas, directora ejecutiva de Oxfam México, enfatizó en que si el trabajo de cuidados se dividiera entre los hombres, las mujeres, el gobierno y las empresas, se podrían repartir de una manera mucho más equitativa esas tareas y no recaería sobre las mujeres; de esta manera, ellas podrían tener trabajo remunerado de mejor calidad.

De La Redacción 

Periódico La Jornada
Martes 7 de marzo de 2023, p. 23

8/06/2022

Necesitamos 132 años para alcanzar la igualdad entre hombres y mujeres; ¿qué nos ha hecho retroceder?

  

CIMACFoto: Hazel Zamora Mendieta

De acuerdo con el Índice Global de la Brecha de Género 2022 del Foro Económico Mundial, entre 2021 y 2022, la brecha de género se cerró del 67.9 al 68.1 por ciento. En el ámbito de oportunidad y participación económica, la distancia entre hombres y mujeres disminuyó en un 60.3 por ciento.  Además, en salud y supervivencia, la brecha está cerrada en un 95.8 por ciento.

Por el contrario, en el ámbito de la educación, la brecha se abrió del 95.2 al 94.4 por ciento. Y, en el tema del empoderamiento político, el mundo se encuentra estancado en un 22 por ciento. En el ámbito del acceso a la salud también hay un estancamiento que hace difícil medir el avance en la igualdad de género.

El ámbito laboral es una de las esferas donde las mujeres experimentan la desigualdad. CIMACFoto: César Martínez López.

El capitalismo bárbaro y la brecha de género

Para Saadia Zahidi, directora general del Foro Económico Mundial, entre los factores que no permiten un avance significativo para cerrar la brecha de género se encuentran el encarecimiento de la vida, los conflictos locales e internacionales en diferentes regiones del mundo y el cambio climático. Pero vamos por pasos.

Para explicar cómo nos afecta el encarecimiento de la vida, los conflictos armados y el cambio climático es importante mencionar que, según el Índice Global, las mujeres acumulamos un 65 por ciento menos de riqueza que los hombres a lo largo de nuestras vidas. 

Por si fuera poco, de acuerdo con un informe del Comité de Oxford de Ayuda contra el Hambre, durante la pandemia de Covid-19, las mujeres dejaron de percibir ingresos equivalentes a 800 mil millones de dólares. ¿La razón? Con las escuelas cerradas, los despidos y los familiares enfermos, las mujeres emplearon cerca del 55 por ciento de su tiempo libre en trabajos de cuidado no remunerado.

Así, con menos dinero y más trabajo en casa, el acceso a servicios de salud, alimentación y educación se recortaron. Además, la participación de las mujeres en el ámbito de la participación y el desarrollo económico de las mujeres disminuyó

Detrás de esto hay un sistema económico pensado principalmente para varones: el capitalismo. Históricamente, este sistema de raíces patriarcales se ha basado en la reclusión de las mujeres al espacio doméstico para seguir cuidando a la familia. Pero más que cuidar, su labor también es reproducirse y procurar un linaje que siga administrando la riqueza.

A pesar de los siglos de lucha contra este sistema —y de las batallas que se han ganado en todo este tiempo—, el hecho de que las mujeres tengamos menor acumulación de riqueza deja ver que la resistencia del capitalismo voraz no cede por completo. Incluso se podría afirmar que, por el contrario, encuentra formas cada vez más crudas de hacer de las mujeres una de las bases para sostener su economía.

Los cuidados de la familia son una de las causas que frenan el desarrollo y la participación económica de las mujeres. Fotografía: Pexels.

Tal como explica la teórica feminista Rosa Cobo Bedía, en el sistema capitalista, las mujeres y nuestros cuerpos son vistos como mercancía o como fuentes de servicios que ayudan a sostener a las economías en subdesarrollo. La prostitución, los vientres de alquiler y la explotación en las labores domésticas son algunos de los rostros de esta mercantilización.

Incluso cuando las mujeres se resisten a ello, hay situaciones a nivel global que permiten —y hasta propician— estos tipos de explotación. Dos de ellas son, justamente, los conflictos armados y el cambio climático. 

Año con año, ambas problemáticas provocan el desplazamiento forzado de miles de mujeres que se quedan sin recursos para subsistir en sus lugares de origen. Sin embargo, el salir de estos lugares las expone a la trata de personas y, con ello, a la explotación sexual y laboral (entre muchas otras formas de mercantilización).

Otros factores que perpetúan la desigualdad

La brecha de género no sólo tiene que ver con el capitalismo: también se relaciona con las estructuras sociales que no permiten que la lucha feminista tenga los alcances reales que ha conquistado con el paso del tiempo.

En tales estructuras reposan exigencias sociales hacia las mujeres que todavía reinan en diferentes comunidades. Además, la desigualdad laboral impide que haya salarios equitativos entre hombres y mujeres. Y, en el ámbito legal, la corrupción y la negligencia de los sistemas de justicia hace que los derechos de las mujeres no sean respetados ni siquiera por las mismas autoridades. 

Por otro lado, en campos como la salud, la infraestructura deficiente y la falta de presupuesto impiden que las mujeres reciban atención especializada en aspectos como el cáncer de mama o la salud reproductiva. En México, un reciente recorte presupuestal en esta esfera muestra que la brecha de género en atención a la salud está lejos de cerrarse.

Faltan 132 años para alcanzar la igualdad entre hombres y mujeres. Para lograrlo, dice el Índice Global de la Brecha de Género 2022, es necesario crear políticas locales e internacionales pero también mejorar todos los problemas estructurales que siguen ampliando la desigualdad. Esto significa combatir también el cambio climático y pensar en sistemas económicos que dejen de sostenerse en la explotación de las mujeres.

10/12/2020

Continúa brecha de género en labores del hogar y de cuidados, mujeres destinan más del doble de horas que varones

 

trabajo_domestico01maricruzmontesinos

Ciudad de México. El trabajo de cuidados y del hogar continúa recayendo en las mujeres y niñas de 12 años y más, quienes desde hace 5 años dedican el doble de tiempo que los varones a estos rubros, pues mientras ellas ocupan 67.5 por ciento, los hombres invierten 27.9 por ciento, de acuerdo con los datos de la Encuesta Nacional sobre el Uso del Tiempo (ENUT) 2019.

La encuesta evidencia que a 5 años de la última que se aplicó (2014) hay poco avance pues apenas se incrementó en dos puntos porcentuales la participación de los hombres en estas actividades. Así, mientras en 2014 invirtieron 25 por ciento de su tiempo al cuidado y labores del hogar, para 2019 este tiempo aumentó a 27.9 por ciento.

Respecto a la participación en el mercado laboral y la producción de bienes, los hombres presentaron mayor participación con 68.9 por ciento en 2019, casi la misma cantidad que las mujeres al trabajo del hogar.

En 2019, los hombres consignaron 6.8 por ciento al trabajo en el marcado laboral y 3.1 en la producción de bienes, en cambio en 2014 destinaron 71.4 por ciento al primero y 3.6 al segundo. Esto demuestra, dice el documento, una reducción de algunos puntos porcentuales.

En contraste, las mujeres sólo pudieron invertir 30.9 por ciento en el mercado laboral y 2.5 en los bienes, lo que en 2014 era de 28.9 por ciento para el primero y 2.7 para el segundo. Datos que visibilizan que a ellas se les adjudican los trabajos del hogar por su género y con ello se imposibilita que puedan ganar un sueldo y disfrutar de su derecho al tiempo libre.

El documento señala que pese a que las mujeres dedican gran parte de su tiempo al trabajo de hogar y de cuidados, además invierten 40 horas o más a la semana en el mercado laboral, y se ven obligadas a sumar 32.7 horas más a la limpieza de la ropa, mantenimiento de la casa y calzado, pagos de trámites, entre otras actividades a las que los hombres sólo dedican 11 horas a la semana.

Estos datos, añade, demuestran que aunque los hombres han elevado sus números en las tareas del hogar es en las mujeres y niñas en quienes recae aún más la llamada doble jornada.

La ENUT es realizada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) en conjunto con el Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres). Los datos fueron recopilados de enero a septiembre de 2019, tiempo en que se entrevistó a 71 mil 401 personas de 12 años y más con la finalidad de consolidar políticas públicas y evidenciar la desigualdad de género en la distribución del tiempo.

Trabajo no remunerado

Esta encuesta contempla tres tipos de trabajo no remunerado: el trabajo para el propio hogar, el trabajo de cuidado a integrantes de la familia y el trabajo en apoyo a otros hogares, voluntario o comunitario. De estos, el total de la población destinó 22 horas semanales al primero, 9.3 al segundo y 8.3 al tercero.

En este apartado, las mujeres reportaron dedicar 30.8 horas a la semana al trabajo no remunerado para el propio hogar y los hombres 11.6 horas, cifras que aumentaron desde el 2014, donde las mujeres pasaron de 19.8 horas a 30.8 en 2019 y los hombres de 9.7 horas a 11.6 en el mismo periodo.

Cabe resaltar que la participación de las mujeres es más del doble en los otros dos tipos de trabajos no remunerados que el de los hombres, en específico en el cuidado de los integrantes del hogarque tienen entre 0 y 4 años de edad o que padecen una enfermedad crónica o discapacidad. 

Es así, resalta la ENUT, que existe una brecha desfavorable para las mujeres, ya que su participación es menor en el mercado laboral y en la producción de bienes, pero mayor en las labores del hogar. Estas brechas, enfatizó, afectan a 5 estados principalmente: Guerrero, Zacatecas, Veracruz, Chiapas y Oaxaca.

La situación para las mujeres hablantes o no hablantes de una lengua indígena es aún peor, pues ellas realizan casi 100 por ciento de las actividades del hogar. En promedio las mujeres hablantes trabajan 10.5 horas a la semana y las no hablantes 35.9 horas. En contraste, los hombres hablantes laboran 11. 7 horas y los otros 9.6 horas.

En conferencia de prensa en vivo, la presidenta del Inmujeres, Nadine Gasman dijo que los quehaceres de la casa recaen sobre las mujeres sin remuneración alguna, lo que conlleva a múltiples costos para ellas, ya que pierden la posibilidad de dirigir ese tiempo a un empleo con un sueldo o a cualquier otra cosa que deseen.

Gasman expresó que la Organización Internacional del Trabajo (OIT) plantea que la inequidad en la distribución del tiempo entre hombres y mujeres tiene como resultado desigualdades en el campo laboral y limita  que ellas gocen de una autonomía económica. Panorama, agregó, que no cambia si ellas poseen un trabajo.

La ENUT reconoce que “el trabajo no remunerado es trabajo” y demuestra con datos representativos el tamaño de las brechas de género y los costos que éstas cobran sobre la vida de las mujeres, por lo que recalcó la importancia de que esta encuesta se realice de manera periódica.

10/10/2020

Brecha de género en STEM rezaga a la mujer en los trabajos del futuro

Las mujeres son apenas un tercio de quienes estudian carreras de ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM) en la región. Países como Chile y El Salvador registran la mayor disparidad, donde solo representan 17 por ciento del total de graduados. Foto: Universidad Federal de Ceará

BUENOS AIRES, 24 sep 2020 (IPS) - En América Latina y el Caribe las mujeres representan 35 por ciento de quienes estudian carreras de ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM), destacadas como “empleos del futuro” y motor del desarrollo sostenible.
Por ejemplo, en disciplinas de vanguardia como inteligencia artificial y aprendizaje automatizado las mujeres representan solo 22 y 12 por ciento, respectivamente, de la fuerza de trabajo.

“Si esta situación no se soluciona con rapidez la brecha de género en STEM se ampliará durante la Cuarta Revolución Industrial”, advirtió el informe Las mujeres en Ciencias, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas (STEM) en América Latina y el Caribe” presentado por ONU Mujeres durante un seminario virtual.

En la región, Chile y El Salvador registran la mayor disparidad, donde solo representan 17 por ciento del total de graduados de esos campos.

“Tanto en el plano educativo como en el laboral es preciso dar respuesta a necesidades que atraviesan las mujeres en áreas como ‘Ciencias biológicas y afines’, ‘Tecnologías de la información y la comunicación’ (TIC) o ‘Ingeniería, industria y construcción’”: Alessandro Bello.

Según el documento —que recopila datos de diferentes fuentes—, si bien a nivel mundial varios países han alcanzado la paridad en cantidad de investigadoras en STEM luego las mujeres están subrepresentadas en los niveles más altos de estas carreras.

A nivel educativo, mientras que en el mundo las mujeres lograron la paridad entre graduados de grado (53 por ciento) y maestría (55 por ciento), la brecha se verifica en el trabajo como investigadoras en STEM, donde representan solo 35 por ciento.

Esta disparidad en el ámbito laboral evidencia la necesidad de un abordaje más sistémico para lograr cambios estructurales y alcanzar la igualdad de género en STEM, indica el documento.

En esa dirección, las universidades desempeñan un papel clave. Países de la región desarrollaron instrumentos para institucionalizar ese enfoque mediante iniciativas como el Programa de Género, en la Universidad Autónoma de Yucatán, México, o la Oficina de Equidad de Género del Instituto Tecnológico, Costa Rica.

Para Alessandro Bello, autor del estudio de ONU Mujeres y especialista en políticas de Ciencia, Tecnología e Innovación, “tanto en el plano educativo como en el laboral es preciso dar respuesta a necesidades que atraviesan las mujeres en áreas como ‘Ciencias biológicas y afines’, ‘Tecnologías de la información y la comunicación’ (TIC) o ‘Ingeniería, industria y construcción’”.

El informe evidencia también que “las mujeres indígenas que siguen carreras en STEM suelen ser doblemente discriminadas”. “Debemos comprender mejor las barreras sociales y estructurales a las que se enfrentan. Algunos países crearon instrumentos como el Primer Foro Anual de Posdoctorantes Indígenas STEM, o Convocatorias Programas de Fortalecimiento Académico para Indígenas de CONACYT”, en México, afirmó Bello.

Para Andrea Vera Gajardo, del Colectivo de Mujeres Matemáticas en Chile, “el documento ofrece una acabada sistematización de las iniciativas llevadas a cabo respecto de la baja representación de mujeres en STEM”. Pero “en la región todavía estamos en deuda con un estudio que incorpore preguntas sobre su dimensión cultural”, opinó.

Líder del proyecto “Anillo Matemáticas y Género”, Vera Gajardo sostiene que eso “ayudaría a entender los mecanismos culturales que operan detrás de este fenómeno, para erradicarlos y subir los indicadores de mujeres en STEM, haciendo de las comunidades científicas lugares seguros, libres de conductas sexistas y racistas”.

Para Cristina Bloj, de la Universidad Nacional de Rosario (Argentina) y autora de un trabajo de CEPAL sobre la educación técnico-profesional en Argentina, el estudio es valioso porque entre otros aportes, visibiliza la matriz y los estereotipos sobre los cuales se edifican las barreras (económicas, sociales, culturales, religiosas) que limitan a las mujeres el acceso, la permanencia y el egreso del sistema educativo, y los nexos con el mercado laboral.

Si bien el problema es grave “sin duda se está gestando un cambio en la región”, opinó Cristina Marino Buslje, jefa del Laboratorio de Bioinformática de la Fundación Instituto Leloir, en Buenos Aires.

Según el informe de ONU Mujeres es necesario un enfoque sistémico para lograr cambios estructurales, y promover y alcanzar la igualdad de género en STEM. Imagen: Scidev

Marino Buslje, también coorganizadora del Primer Congreso Latinoamericano de Mujeres en Bioinformática y Ciencia de Datos —evento virtual y libre realizado entre el 21 y este 24 de septiembre—, se sorprendió por las más de 800 inscriptas, “lo que denota la necesidad de espacios de intercambio de esta naturaleza”, afirmó.

Según la especialista, la voluntad de las mujeres en estas disciplinas por aglutinarse y ser protagonistas de un cambio originó agrupaciones como “[Las] de sistemas”; “Women in games AR”, “Women who Code Buenos Aires”; “Media Chicas”; “Chicas Poderosas”; “Chicas Programadoras”; “R-Ladies”; “Las Curie”; “Wie” (Women in Engineering) o “Mumuki”, entre otras.

“Aun así, queda camino por recorrer. Hoy son hombres los investigadores líderes en equipos de trabajo y cargos decisorios. También son los oradores principales de las conferencias y autores de las investigaciones”, señaló.

La brecha salarial es otra deuda. Bello opina que, igual que otros aspectos, no es un problema exclusivo de STEM. “Es necesario reclamar transparencia en salarios y cambiar estereotipos (conscientes o no) pero también realizar tutorías y generar estructuras de apoyo y monitoreo”, destacó.

Este artículo fue publicado originalmente por SciDevNet.RV: EG

7/25/2020

La brecha de género de la covid-19

Este es un artículo de opinión de Kristalina Georgieva, directora gerente del Fondo Monetario Internacional junto con Stefania Fabrizio, Cheng Hoon Lim y Marina M. Tavares, las tres funcionarias del FMI.
La covid-19 puede revertir logros para las mujeres en la economía y ampliar las brechas de género si la recuperación no se afronta con un reforzamiento de la igualdad. Foto: ONU Mujeres
WASHINGTON, 21 jul 2020 (IPS) - La pandemia de covid-19 amenaza con revertir las mejoras registradas en las oportunidades económicas de las mujeres y en ampliar las brechas de género que aún persisten, pese a 30 años de progresos.
Un diseño adecuado de las políticas para impulsar la recuperación puede mitigar los efectos negativos de la crisis sobre las mujeres y evitar nuevos retrocesos en la igualdad de género. Lo que es bueno para las mujeres es, a la larga, bueno para abordar la desigualdad de ingresos, el crecimiento económico y la resiliencia.
¿Por qué ha tenido la covid-19 efectos desproporcionados sobre las mujeres y su situación económica? Son varias las razones.
En primer lugar, las mujeres tienden a trabajar más que los hombres en los sectores sociales, como son las industrias de servicios, comercio minorista, turismo y hospitalidad, que requieren interacciones personales.
Estos sectores son los más afectados por las medidas de mitigación y distanciamiento social.
En Estados Unidos, el desempleo entre las mujeres fue dos puntos porcentuales superior al de los hombres entre abril y junio de 2020. Debido a la naturaleza de sus empleos, el teletrabajo no es una opción para muchas mujeres.
En ese país, aproximadamente 54% de las mujeres que trabajan en sectores sociales no pueden hacerlo a distancia. En Brasil, es  67%. En países de bajo ingreso, como mucho solo aproximadamente 12% de la población puede trabajar a distancia.
En segundo lugar, las mujeres tienden a trabajar en el sector informal más que los hombres en los países de bajo ingreso.
El empleo informal —que suele remunerarse en efectivo sin ninguna supervisión oficial— deja a las mujeres con un salario menor, sin protección de la legislación laboral y sin prestaciones como pensiones o un seguro médico.
Los medios de vida de los trabajadores informales se han visto muy afectados por la crisis de la covid-19. En Colombia, la pobreza entre las mujeres ha aumentado  3,3% debido a la paralización de las actividades económicas.
La Organización de las Naciones Unidas estima que la pandemia aumentará en 15,9 millones el número de personas que vive en condiciones de pobreza en América Latina y el Caribe, hasta situarlo en 214 millones de personas, muchas de ellas mujeres y niñas.
En tercer lugar, las mujeres tienden a realizar más labores domésticas no remuneradas que los hombres, unas 2,7 horas al día más para ser exactos. Ellas soportan la carga de las responsabilidades del cuidado familiar derivadas de las medidas de paralización, como los cierres de escuelas y las precauciones para los padres mayores y vulnerables.
Tras el levantamiento de las medidas de paralización, la vuelta al trabajo de las mujeres está siendo más lenta.
En Canadá, el informe sobre empleo de mayo muestra que el empleo de las mujeres aumentó en 1,1%, en comparación con  2,4% de los hombres, debido a que persisten cuestiones relacionadas con el cuidado de los hijos.
Además, en las familias con al menos un hijo menor de 6 años, es aproximadamente tres veces más probable que el padre vuelva al trabajo a que lo haga la madre.
La autora, Kristalina Georgieva
Kristalina Georgieva
En cuarto lugar, las pandemias suponen para las mujeres un mayor riesgo de pérdida de capital humano.
En muchos países del Sur en desarrollo, las chicas jóvenes se ven forzadas a abandonar la escuela y trabajar para complementar el ingreso del hogar.
De acuerdo con el informe del Fondo Malala, el porcentaje de niñas que no asisten a la escuela prácticamente se ha triplicado en Liberia tras la crisis de ébola y, en Guinea, las niñas tienen una probabilidad 25% menor que los niños de volver a matricularse.
En India, desde que entró en vigor el confinamiento de la covid-19, en los principales sitios web de matrimonios las nuevas inscripciones han registrado aumentos del 30%, debido a que las familias quieren concertar matrimonios que aseguren el futuro de sus hijas.
Sin educación, estas niñas sufren una pérdida permanente de capital humano, lo que interrumpe el crecimiento de la productividad y perpetúa el ciclo de pobreza entre las mujeres.
Es fundamental que las autoridades económicas adopten medidas que limiten los efectos prolongados de la pandemia en las mujeres.
Algunas de esas medidas podrían consistir en ampliar el apoyo a los ingresos de la población vulnerable, preservar los vínculos laborales, ofrecer incentivos para compaginar el trabajo con las responsabilidades del cuidado familiar, mejorar el acceso a la atención sanitaria y la planificación familiar y ampliar el apoyo a las pequeñas empresas y trabajadores independientes.
También es una prioridad eliminar los obstáculos legales que impiden el empoderamiento económico de las mujeres. Algunos países no han tardado en adoptar algunas de estas políticas.
  • Austria, Italia, Portugal y Eslovenia han introducido el derecho legal a la licencia (parcialmente) remunerada para padres con niños menores de cierta edad, y Francia ha ampliado las licencias por enfermedad para padres afectados por los cierres de escuelas que no dispongan de formas alternativas de trabajo o de cuidado de los niños.
  • Las mujeres líderes latinoamericanas han creado la «Coalición para el empoderamiento económico de las mujeres», como parte de un esfuerzo más amplio a nivel de todo el gobierno para aumentar la participación de la mujer en la recuperación económica tras la pandemia.
  • En Togo, 65% de los participantes en un nuevo programa de transferencias monetarias móviles son mujeres. El programa permite que los trabajadores informales reciban donaciones equivalentes 30% del salario mínimo.
A más largo plazo, pueden formularse políticas que aborden la desigualdad de género mediante el establecimiento de condiciones e incentivos para que las mujeres trabajen.
Son especialmente eficaces las políticas fiscales con perspectiva de género, como la inversión en educación e infraestructura, los subsidios para el cuidado de los hijos y los permisos de parentales.
Estas políticas no solo son cruciales para eliminar factores que impiden el empoderamiento económico de las mujeres, sino que también son necesarias para fomentar una recuperación inclusiva tras la covid-19.

RV: EG

2/15/2020

El cierre de la brecha de género en México añadiría 800 mil mdd al PIB, dice estudio de McKinsey & Co.


En México, solo 37 por ciento de los puestos de entrada en las compañías mexicanas lo ocupan mujeres, una cifra que baja al 8 por ciento en las plazas de dirección general. México añadiría 800 mil millones de dólares al producto interno bruto (PIB) de incluir a las mujeres en puestos directivos.

México, 12 de febrero (EFE).- La inclusión de mujeres en puestos directivos y consejos de administración “tiene un valor económico tangible”, por lo que las empresas mexicanas deben aprovechar esta oportunidad, expresó este miércoles Katya Somohano, directora de Energía de Deacero.
Durante su participación en el foro “Mujeres con Energía”, organizado por Iberdrola México, Somohano citó que las mujeres representan apenas el 22 por ciento de la fuerza laboral en el sector energético como un ejemplo de la oportunidad de crecimiento, según un estudio mundial de Ernst & Young.
“¿Por qué es importante para una empresa abrirle el paso a las mujeres? Lo decía ya, por un tema de principios, por un tema de justicia por un tema de que todos venimos de una mamá, por lo que quieran, pero también hay un beneficio económico muy importante que las empresas ganan”, argumentó.
Cerrar la brecha de género en la fuerza laboral de México añadiría 800 mil millones de dólares al producto interno bruto (PIB), el equivalente a un 70 por ciento adicional, según el reporte “Women Matter México” (Las Mujeres Importan), elaborado por McKinsey & Company.
Las mujeres, de acuerdo con el estudio, solo ocupan 37 por ciento de los puestos de entrada en las compañías mexicanas, una cifra que baja al 8 por ciento en las plazas de dirección general.
Aunque no hay cifras para el sector mexicano, Somohano apuntó que el 6 por ciento de las plazas directivas, 15 por ciento de las posiciones sénior y 17 por ciento de los consejos de administración de las compañías del sector eléctrico a nivel mundial lo ocupan las mujeres, una brecha que debe cerrarse.
“Hay una responsabilidad que es darle mayor rentabilidad a nuestra empresa, ahí es donde el espacio para las mujeres se intersecta de una manera natural en el beneficio de tener mujeres incorporadas en los puestos, no solamente de la fuerza laboral, pero también en los puestos directivos y de liderazgo”, detalló.
La directiva de Deacero, compañía acerera del norteño estado de Nuevo León, mencionó como beneficios la diversidad de opiniones, la inclusión de nuevas perspectivas para un mercado cambiante y el creciente interés de los inversionistas por apostarle a empresas públicas con mujeres en sus consejos.
Sin embargo, existen retos particulares para el sector energético, como el hecho que solo 28 por ciento de los puestos relacionados con ciencia y tecnología en esta industria son para mujeres, informó Somohano.
De hecho, en México solo ocho de cada 100 mujeres estudian una carrera relacionada con estas áreas, conocidas en inglés como STEM, según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).
Aun así, la directiva destacó avances y una coyuntura favorable en la que las compañías buscan más mujeres, como reflejan recientes propuestas de ley para impulsar cuotas de género.
“Ha habido una batalla en muchas de las empresas públicas en México. Hay una iniciativa que está en el Congreso para incluir a mujeres en los consejos de administración. Todavía no ha sido votada, pero sí responde a un movimiento específico que ha tratado de incorporar mujeres”, reflexionó.
Somohano fue una de las primeras mujeres en ocupar un puesto directivo en la Comisión Federal de Electricidad (CFE), donde logró la firma de un contrato de suministro eléctrico de más de mil millones de dólares con la compañía siderúrgica ArcelorMittal.
Es considerada como una de las 100 mujeres más poderosas de México, según la revista Forbes.