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10/28/2023

Julieta Fierro, la astrónoma mexicana y el fascinante mundo de la ciencia

 

Sus planes por poco se ven truncados a los 13 años cuando su madre falleció, dejando a tres hijos adolescentes y dos bebés. Su padre le dijo a Julieta que ella, junto a sus hermanas, deberían dedicarse de ahora en adelante a las labores del hogar. Pero “yo me revelé”, contó a Cimacnoticias.

Años más tarde escapó de su hogar para seguir sus sueños y comenzaron sus estudios en física. El primer paso que la llevaría a su gran meta: convertirse en astrónoma.

Fotografía: Facebook Julieta Fierro-Astrónoma

Actualmente Julieta Fierro es investigadora titular del Instituto de Astronomía de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y profesora de la Facultad de Ciencias. Ocupa la Silla XXV de la Academia Mexicana de la Lengua y es miembro del Sistema Nacional de Investigadores en el máximo nivel.

“La astronomía es una de las ciencias más fascinantes que pueden existir, estudia nada más y nada menos que el universo, es decir, todo lo que existe. Se puede abordar desde muchos puntos de vista, desde cómo los Mayas le hacían para medir el tiempo y hasta las matemáticas para los cálculos fascinantes. La astronomía es una ciencia multidisciplinaria por excelencia. Uno puede no entender nada de astronomía, pero ves a Saturno, ves una galaxia y estás feliz”. 

Julieta Fierro Gossman

La fascinación por el universo 

La senda, aunque llena de retos, ha sido“apasionante”, expresa Julieta. En su camino como estudiante universitaria recuerda que hubo materias, como electrónica, en las que era la única mujer. 

Concluyó sus estudios en el año 1969. Siendo una alumna destacada fue invitada a dar clases, entonces descubrió otras de sus grandes pasiones: divulgar la ciencia y compartir la pasión por su profesión. 

Ahora ya no solo es profesora o investigadora, también realiza un sin fin de conferencias -más de mil hasta ahora- desde nivel preescolar hasta personas de edad adulta, en las que comparte las maravillas de la ciencia. 

“He dado conferencias desde preescolar hasta doctorado, apoyo a las niñas y a los niños. Me gusta ver sus caritas y su felicidad con los experimentos, descubren lo linda que es la ciencia”. 


Fotografía: Twitter @Congreso_CdMex

Julieta Fierro se ha convertido en acreedora de diversos reconocimiento, entre ellos: Premio a la Divulgación de la Academia de Ciencias de Tercer Mundo (1992), Premio Kalinga de la UNESCO (1995), el Kumple Roberts de la Sociedad Astronómica del Pacífico (1998) y la Medalla Primo Rovis del Centro de Astrofísica de Trieste (1996).

¿Por qué queremos y necesitamos que las niñas estudien ciencia? 

En nuestro país, únicamente 3 de cada 10 personas profesionistas dedicadas a la ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas -conocidas también como STEM por sus siglas en inglés- son mujeres.

Y es que desde la educación las cifras muestran una disparidad de género. El Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) señala que para alcanzar un nivel similar de hombres en carreras STEM, en todos los estados del país la matrícula de mujeres debe aumentar al menos 71 por ciento. Sin embargo, este tema continúa siendo un reto.

Y aunque en los últimos 10 años la cifra aumentó en cuatro puntos porcentuales, “el ritmo de crecimiento en la matrícula ha sido insuficiente (4.4 por ciento anual). De continuar esta tendencia, México tardaría 37 años para que el número de mujeres que estudian estas carreras sea similar al que mantienen los hombres hoy”.

En este panorama surge una duda que incluso podría ser inspiración: ¿por qué las niñas y mujeres deberían ser científicas?  Para Julieta Fierro, las mujeres en la ciencia cambiarían la vida de otras, “porque hay problemas que tenemos las mujeres que los señores no nos van a resolver”, asegura. 

“Los cólicos menstruales no se estudian, para ellos solo “estamos en nuestros días”, aún cuando la mitad de las mujeres jóvenes del mundo están sufriendo y si no hay mujeres en la ciencia eso no se va a resolver. O al hablar de cáncer de mama, si a un médico le apachurraran sus partes como nos la apachurran a nosotras ya habrían inventado otro sistemita para detectarlo”.

Entonces, ¿qué hace falta para que las niñas y mujeres se interesen en la ciencia? La investigadora afirma que la educación en México debe reconstruirse desde cero, pues actualmente se enseña desde la memorización, un recurso que poco apasiona a niñas, niños y adolescentes. 

“La ciencia es lógica, interesante, divertida, no hay que memorizar nada, hay que entenderla”. 

Julieta Fierro Gossman

Desde su experiencia, Fierro Gossman destaca que la ciencia debe incluir la construcción, la pasión y la diversión. Además, señala como necesario capacitar a las y los profesores para que encuentren la mejor forma de enseñar y acerca estos conocimientos a las niñas y adolescentes. “Se necesita financiar la ciencia, cursos masivos a distancia para todas las edades, becas prolongadas para que las estudiantes no desistan en el camino”. 

Pero sobre todo, Julieta Fierro Gossman sentencia que las niñas deben estudiar lo que les apasione. Aunque si optan por la ciencia, descubrirán felicidad y retos, porque “la ciencia crea cosas que a nadie se le han ocurrido” y abre las puertas del universo.

4/23/2022

La brecha del dolor

  

Los médicos nunca tomaron en serio el dolor de J. S. por ser mujer. Esto es aún más humillante cuando su relato se compara con el de los hombres, que se considera más creíble y moderado, descrito con sobriedad y solo cuando existe una causa grave. Este sesgo se denomina brecha del dolor de género y tiene su origen en los estereotipos relacionados con la salud arraigados en el discurso médico sobre los cuerpos femeninos y sus minusvaloradas enfermedades. Afortunadamente, la investigación sobre la brecha y los prejuicios que la ensanchan aporta evidencias que acaban con estos mitos.

Un número cada vez mayor de estudios demuestra que el sesgo hacia las expresiones de dolor de las mujeres afecta de manera negativa el diagnóstico y el tratamiento posterior. Cuando el dolor físico de las mujeres se toma en serio, sin esa sonrisa condescendiente del mal profesional que lo etiqueta de imaginario o exagerado, su salud y su bienestar mejoran de modo apreciable. Es llamativo que las mujeres en las unidades de urgencias de Estados Unidos tengan que esperar, en promedio, 16 minutos más que los hombres para recibir medicamentos después de explicar que tienen dolor abdominal, y que tengan un siete por ciento menos de probabilidades de recibir ese tratamiento como primera opción para calmar el dolor (antes va un vaso de agua, tomar el aire, un ansiolítico, un “cálmese”). Los estudios en Reino Unido muestran que las interpretaciones erróneas del dolor femenino, como por ejemplo confundirlo con ansiedad, contribuyen a que las mujeres tengan un 50 por ciento más de probabilidades de ser diagnosticadas erróneamente después de sufrir un infarto. Una encuesta realizada en 2020 a mujeres con endometriosis, que, por cierto, tarda un promedio de siete a nueve años en diagnosticarse, encontró que las asociaciones de dolor ginecológico con problemas de salud mental contribuyeron a retrasos y diagnósticos perdidos, en 50 por ciento de los casos.

Existe una realidad todavía más inaceptable y es el prejuicio ante el dolor relatado por ciertas minorías vulnerables; por ejemplo, los efectos del sesgo racial implícito en las percepciones del dolor de las mujeres negras contribuyen a que se pasen por alto y se retrasen los diagnósticos, sobre todo en salud materna y reproductiva.

En el mundo, las mujeres experimentan más dolor crónico que los hombres. Con el aumento de la carga de enfermedades que causan dolor en las mujeres de todo el planeta, es crucial que las causas y las consecuencias de las disparidades en las respuestas clínicas se entiendan, aborden y mitiguen adecuadamente. La toma de conciencia de falsas creencias, los procesos de diagnóstico sensibles al género y una mayor investigación sobre las bases biológicas y psicosociales de las diferencias del dolor podrían ayudar a que muchas mujeres tuvieran una mejor calidad de vida. Para lograr plenamente la igualdad de género en el cuidado de la salud, la medicina también debe examinar su pasado. Los casos históricos muestran cómo los mitos de género sobre el dolor resuenan todavía con fuerza, incluso después de tantos avances científicos y biomédicos.

Aunque la histeria como diagnóstico está completamente obsoleta, algunos profesionales de la salud aún la evocan cuando juzgan que las expresiones de dolor de una mujer no son creíbles y no hay que tenerlas demasiado en cuenta. Ante este rasgo de incompetencia profesional, hay que focalizar esfuerzos y educación en poner fin a la brecha de dolor de género. En este aspecto, son muchas las iniciativas que, desde esta nueva perspectiva de género, abordan el tema del dolor. Un ejemplo de estas investigaciones es el análisis de la actividad genética en las neuronas del dolor que podría ayudar a identificar los fármacos más prometedores y que muestra también cómo las vías del dolor difieren entre hombres y mujeres. Todos estos retos se los plantearon Diana Tavares-Ferreira y sus compañeros, quienes publicaron sus conclusiones en febrero de 2022. Además de detectar las neuronas que se activan con el dolor crónico, en el estudio también se descubrió un tipo de célula que se había pasado por alto en el sistema nervioso (célula de Schwann), lo que pone de manifiesto cuánto nos queda por aprender sobre la percepción del dolor.

El dolor crónico, definido como aquel que dura más de 12 semanas, afecta a casi la mitad de toda la población adulta en el Reino Unido. A escala mundial, alrededor del 70 por ciento de las personas que lo sufren son mujeres. Con el envejecimiento de la población mundial, cada vez es más urgente encontrar nuevos tratamientos y terapias porque el dolor crónico es más frecuente en los grupos de mayor edad.

“En la mayoría de los estudios realizados sobre el dolor con ratones se ha echado en falta cierta traducción cuando se trata de buscar objetivos farmacológicos para humanos”, dice Diana Tavares-Ferreira. Para aprender más sobre las diferencias entre especies, ella y su equipo mapearon las neuronas del dolor en ocho personas fallecidas que habían donado sus cuerpos a la ciencia y luego compararon estos hallazgos con datos de ratones y macacos.

Las señales de dolor se transmiten por neuronas especializadas con fibras que se extienden por todo el cuerpo, pero las partes principales de estas células se encuentran en grupos llamados ganglios espinales. “Muchos proyectos de desarrollo de medicamentos para el dolor se centran en estas neuronas periféricas”, diceTheodore Price, coautor del estudio. “Estas neuronas son la fuente del dolor para la mayoría de los pacientes con dolor crónico”. El equipo utilizó un método llamado transcriptómica espacial para determinar qué genes se mantienen activos en cada célula. Esto mostró que los receptores del dolor en los humanos están preparados para responder a todo tipo de dolor, como el calor o el dolor mecánico, mientras que los receptores del dolor de los roedores son más específicos. Si se investiga más sobre estas diferencias se podrá avanzar en la búsqueda de fármacos que tengan una mayor probabilidad de funcionar en humanos. Es de esperar que este sea el comienzo de muchos estudios que perfeccionen los atlas que ayuden a comprender mejor la arquitectura molecular del sistema del dolor en nuestra especie.

Se encontraron diferencias sexuales en las muestras humanas, por ejemplo, el gen que codifica la proteína CGRP fue más activo en grupos de neuronas de mujeres en comparación con los hombres. La CGRP parece ser un factor importante de migrañas y las migrañas afectan a las mujeres tres veces más que a los hombres. Todavía no está claro qué proteínas distinguen diferentes receptores del dolor. Descifrar las que están involucradas en la generación de diferentes tipos de dolor sería un avance considerable hacia el desarrollo de fármacos para suprimirlo; este estudio de 2022 es uno de los primeros en utilizar neuronas sensoriales humanas, lo que ha dado la posibilidad de elaborar un primer atlas de neuronas sensoriales. Aunque estos mapas no nos dirán todo lo que necesitamos saber sobre el dolor, son un buen comienzo.

Este impulso por diferenciar el proceso del dolor en hombres y en mujeres es parte de un movimiento más amplio que considera el sexo como una variable importante en la investigación biomédica. Esto garantizará que los estudios cubran el rango de posibilidades en lugar de obtener resultados observando solo a la mitad masculina. Hubo un cambio esencial en 2016, cuando el Instituto Nacional de Salud (NIH) de Estados Unidos estableció como requisito para los solicitantes de subvenciones que justificaran su elección del sexo de los animales utilizados en los experimentos.

En la actualidad, el mercado farmacéutico ofrece los mismos analgésicos para todo el mundo. Pero si las raíces del dolor son diferentes, algunos medicamentos podrían funcionar mejor en unas personas que en otras. Incluso podrían necesitar diferentes analgésicos cuando los niveles hormonales fluctúen. Además, el sexo de una persona no siempre encaja claramente en las categorías de masculino y femenino: está determinado por un espectro de características, que incluyen la genética, el desarrollo anatómico y los niveles de hormonas, cada uno de los cuales podría influir en las necesidades ante la terapia del dolor.

En un artículo editorial reciente, las investigadoras Parisa Gazerani, Anna Maria Aloisi e Hiroshi Ueda, recopilaron toda la evidencia sobre este tema recogida hasta el momento. Querían fomentar, además, el valor de una nueva perspectiva para analizar el dolor teniendo en cuenta el sexo y el género, sin olvidar implementar ese conocimiento en la práctica clínica. Entre las publicaciones revisadas por ellas señalamos algunas que aportan una visión del espectro de oportunidades y brechas en este campo y las posibilidades que tendrán en un futuro no muy lejano:

Zin y su equipo mostraron que la adherencia a la terapia con opioides depende de la edad y el género. Concluyeron que los pacientes varones que usaban opioides para el dolor se asociaban con una menor adherencia, es decir, la confianza en el tratamiento y la persistencia en su aplicación eran menores.

Resaltamos también los artículos sobre el tratamiento de la migraña, que como hemos dicho es un trastorno con una mayor prevalencia en las mujeres. Aunque las investigaciones revisadas no daban soluciones tajantes sobre respuestas sexualmente distintas, tanto de la farmacoterapia sintomática para la migraña como de la preventiva, los hallazgos de la investigación básica y los casos clínicos dispersos presentaban conclusiones basadas en sexo y género.

Otro ejemplo más tiene la autoría de Cecarelli et al. Pusieron de manifiesto que el sistema endocannabinoide está influenciado por los niveles circulantes de estradiol. Cuando los niveles de estradiol son más altos, el sistema cannabinoide es más efectivo en las mujeres. En definitiva, los hallazgos de este estudio resaltan la importancia de considerar el sexo para probar la eficacia analgésica de nuevos fármacos.

Investigaron la existencia de una diferencia de sexo en la alodinia mecánica (dolor al tacto, es decir, cuando incluso las caricias duelen) y la hipersensibilidad a la estimulación eléctrica en un modelo de dolor generalizado que imita algunos aspectos de la fibromialgia. Los investigadores aplicaron varios métodos para mostrar cómo funcionan los mecanismos de dimorfismo sexual que subyacen a la hipersensibilidad al dolor. Un hallazgo interesante fue la participación de la microglía. Los tratamientos cerebrales repetidos previnieron el dolor generalizado inducido en ratones macho, pero no en hembras. Este estudio no solo señala que los mecanismos que se ponen en marcha con el dolor y la hipersensibilidad son diferentes en mujeres y hombres, sino que la respuesta al tratamiento podría verse afectada significativamente por el sexo y que la contribución de las células no neuronales, como la microglía, es un factor importante.

Para terminar, Ferentzi y su equipo demostraron que los hombres jóvenes tenían un umbral de dolor y niveles de tolerancia significativamente más altos en comparación con las mujeres, mientras que la precisión interoceptiva cardíaca no se asoció con la sensibilidad al dolor.

Todos los autores y autoras destacan los mecanismos potenciales implicados en hombres y en mujeres y resaltan cómo los hallazgos actuales pueden ayudar a considerar el género, el sexo y la edad en la investigación y el tratamiento del dolor. Es fundamental crear conciencia sobre esta brecha, estimular la curiosidad de las investigadoras y los investigadores, reconocer el valor, el potencial y las limitaciones del nuevo enfoque y contribuir a una comprensión más profunda de los fundamentos para el estudio del dolor.

Iain Chessel, vicepresidente y jefe de neurociencia de AstraZeneca en Cambridge, predice que los futuros analgésicos se adaptarán a las personas y que el sexo será un factor clave en esas prescripciones personalizadas. Pero aún están en ello. Confiemos en la ciencia y esperemos que la ciencia confíe en lo que las mujeres narren sobre su dolor.

*Marta Bueno Saz es licenciada en Física y Graduada en Pedagogía por la Universidad de Salamanca. Actualmente investiga en el ámbito de las neurociencias.

*Este artículo fue retomado del portal pikaramagazine

6/17/2020

La ciencia en tiempos de coronavirus




El pasado 30 de marzo la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) celebró una reunión inédita de representantes de ciencias de 122 países, para debatir sobre la importancia de la cooperación internacional en ciencia y de una mayor inversión en el contexto de la pandemia de Covid-19, así como de la necesidad urgente de mejorar el intercambio de conocimientos a través de la ciencia abierta. Los participantes acordaron establecer una plataforma colaborativa donde las comunidades científicas del mundo puedan compartir conocimiento de frontera y experiencias de éxito encaminadas al fortalecimiento de los sistemas de prevención, detección y actuación ante futuras pandemias.
La crisis actual ha dado a la ciencia médica un protagonismo poco  usual en todos los ámbitos, desde el político hasta el de la sociedad en su conjunto. En respuesta a la emergencia se han puesto a disposición una cantidad importante de datos científicos. Las editoriales han abierto el acceso, de manera extraordinaria, a miles de artículos sobre el tema. En pocos días se han creado programas, laboratorios y consorcios nacionales e internacionales de investigación, plataformas con recursos educativos y conferencias en línea de expertos mundiales. Algunos grandes laboratorios de investigación han ofrecido sus instalaciones para proyectos internacionales dedicados al tema del virus. La gravedad de la crisis ha conducido a una apertura y voluntad de colaboración sin precedente en el medio científico, que no sólo debe contribuir a superar la crisis, sino perdurar más allá de la crisis misma.
Por razones obvias, el esfuerzo de la ciencia está concentrado actualmente en el virus y su impacto en la salud y en los sistemas sanitarios. Sin embargo, se dejan ver ya otros impactos de la pandemia que serán al menos tan profundos y de mayor alcance: impactos en la economía, en los sistemas productivos, en la situación laboral, en el comercio y los mercados, en los sistemas educativos, en el bienestar social y en el medio ambiente. Los estragos de la pandemia en estos ámbitos pronto requerirán de una atención al menos tan intensa como la que hoy recibe el ámbito sanitario. Las secuelas de la pandemia plantearán retos inéditos para las ciencias en prácticamente todas las áreas del conocimiento, que pondrán a prueba nuestras capacidades científicas y los métodos tradicionales de hacer investigación y de compartir datos y resultados.
Enfrentaremos situaciones críticas, cuya atención requerirá de abordajes innovadores, multidisciplinarios, y de vínculos orgánicos entre la ciencia y las esferas sociales y de decisión política.
La de Covid-19 es la sexta pandemia de este siglo, y seguramente no será la última. Por ello es imperativo, como se señaló en la reunión de la Unesco, que la comunidad internacional colabore en la búsqueda de soluciones a problemas relacionados con la proliferación de pandemias, tales como los derivados del cambio climático, el acceso y calidad del agua, la producción agrícola y los hábitos de alimentación, las condiciones de vida y de trabajo de la población, y el aumento en la incidencia de enfermedades crónico-degenerativas. A partir de la vinculación a coaliciones internacionales para la búsqueda de vacunas para el Covid-19, México ha reforzado la cooperación internacional de sus centros de investigación y sectores académicos, de manera que sean partícipes de la generación e intercambio de información científica para combatir a la pandemia.
Las tareas para la ciencia son inmensas y los esfuerzos de colaboración internacional que iniciamos deben intensificarse.

* Subsecretaria para Asuntos Multilaterales @marthadelgado y DDHH de la SRE

** Investigadora del Instituto de Física de la UNAM perteneciente al SNI III

10/01/2019

Nos gustaría que el presupuesto para la ciencia no baje de 0.5 por ciento del PIB


Articular las capacidades para resolver problemas, una de las tareas del Conacyt: Álvarez-Buylla

Foto
▲ La directora del Conacyt habló en entrevista de los cinco ejes rectores de su administración.
El compromiso del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) es el bienestar del pueblo de México y el mandato presidencial es articular las capacidades científicas para resolver problemas en temas como salud, alimentación y medio ambiente, afirmó María Elena Álvarez-Buylla, titular del organismo.
El presidente Andrés Manuel López Obrador mantuvo más o menos el presupuesto del consejo, pero el reto es que los desarrollos que se hagan no causen problemas ambientales y predecir riesgos, sostuvo la funcionaria en entrevista con La Jornada.
El proyecto en ciencia de la Cuarta Trasformación, agregó, tiene cinco ejes rectores: fortalecimiento de la comunidad científica, ciencia de frontera, programas nacionales estratégicos (Pronaces), desarrollo tecnológico e innovación abierta, así como difusión y acceso público de la ciencia.

Mayor inversión
Con estos objetivos, “conviene al país, para su soberanía, sustentabilidad ambiental y cuidado de la salud, tener mayor inversión en ciencia y tecnología. El Presidente pide hechos. Tenemos ese reto.
Nos gustaría dejar el presupuesto para ciencia, tecnología e investigación vinculante en la ley, discutiéndolo con el Presidente, y que no pudiera bajar de 0.5 por ciento del producto interno bruto (PIB). La ley consigna uno por ciento, que nunca se ha alcanzado. Ahora se destina alrededor de un tercio de esa cifra, según la científica.
Álvarez-Buylla señaló que durante el periodo neoliberal se generó una dinámica de cooptación del trabajo de científicos y académicos en favor de intereses de la iniciativa privada nacional, pero sobre todo de corporativos trasnacionales.
Esa alineación produjo un modelo tecnocientífico de agricultura intensiva altamente destructiva del ambiente, con emisiones muy importantes de efecto invernadero, en el que los transgénicos son la punta de lanza, destacó la doctora en botánica.
Añadió: tenemos que dar un golpe de timón para transitar de este desarrollo científico cooptado por intereses trasnacionales. El primer punto es fortalecer la comunidad científica, conformada por más de 90 mil mexicanos apoyados por el Conacyt.
Tenemos más de 9 mil becas nuevas. Destina 67 por ciento de sus recursos a apoyar becarios e investigadores. Encontramos irregularidades importantes en el área de becas, que recibe alrededor de 11 mil millones de pesos. Iremos sacando algunos de estos casos de preocupación, adelantó.
Ciencia básica o de frontera implica recuperar aquella capaz de aportar avances al conocimiento. Necesitamos una ciencia fortalecida, como un árbol bien enraizado. Cuál es el tipo y cómo va a crecer el árbol son los principios éticos, la pertinencia cultural y hacia dónde va.
Según datos proporcionados por el Conacyt, para este año se destinaron mil 659 millones de pesos para este eje. Además, a 130 proyectos de mantenimiento y renovación de la infraestructura se distribuirán 597 millones de pesos, elegidos entre más de 2 mil 100 propuestas. De ese tamaño es la demanda, por más de 15 mil millones de pesos. Imposible. No tenemos ese recurso, explicó Álvarez-Buylla.
En cambio, se da prioridad a proyectos de mantenimiento o mejora de la infraestructura en salud, pues es inaceptable que institutos nacionales y hospitales públicos que atienden niños no tengan equipamiento o actualización de su equipo. Las siguientes áreas importantes son ecología y educación.
Informó que también analizan con expertos para generar convergencias en la transición energética y eficiencia en el uso de hidrocarburos, junto con las secretarías federales de Medio Ambiente y Recursos Naturales y de Energía.

Proyectos de producción horizontal de conocimiento
Los Pronaces buscan “generar proyectos de producción horizontal de conocimiento y tecnología en los que las propuestas y los retos vengan de lo local, de las comunidades. El gobierno, a través del quehacer articulado del Conacyt, se compromete a resolverlos para magnificar los desarrollos que ya han generado.
Los retos son tales que la ciencia occidental es imprescindible, pero hay otros para los cuales es esencial tomar en cuenta el conocimiento tradicional, sobre todo en México, donde tenemos una raíz pluricultural muy profunda que ha demostrado un conocimiento amplio, integral y sistémico, para entender estructuras complejas con implicaciones en alimentación, salud y energía.
Álvarez-Buylla, egresada de las universidades Nacional Autónoma de México y de California en Berkeley, puso de ejemplo el maíz mixe, oaxaqueño, capaz de fijar nitrógeno atmosférico porque fue seleccionado en miles de años. Ahora la ciencia occidental lo descubre y se lo quiere apropiar.
Dio a conocer que exploran la forma de apoyar esas redes de construcción del conocimiento tradicional, pero una de las primeras propuestas es que cada estado genere jardines etnobiológicos, donde se mantengan acervos vivos de plantas, animales y conocimiento tradicional.
Expuso que uno de sus proyectos prioritarios es la investigación e incidencia para resolver la primera causa de muerte de niños en México, que rebasa la media mundial: la leucemia linfoblástica aguda. Con ese fin se reunió a decenas de expertos, dirigidos por Rosana Pelayo.
Además, la promoción de la innovación convocó las empresas, a través del Programa Estratégico de Tecnología e Innovación Abierta (Penta). Este eje tiene cinco proyectos bandera, urgentes y con una resolución cercana: vacuna contra la salmonela, laboratorio de manufactura en el Instituto Nacional de Cardiología para crear aditamentos necesarios con el propósito de abatir costos, biotecnología aplicada a la salud pecuaria, producción pública de antivenenos y biosensores, las llamadas biorredes para mejorar diagnósticos.

Tragedia humana
Álvarez-Buylla puntualizó que en el Conacyt se trabaja de manera prioritaria en la tragedia humana que vive el país: la desaparición forzada de muchísimas personas.
Cuando Karla Quintana, titular de la Comisión Nacional de Búsqueda de Personas, le preguntó: ¿cómo nos pueden ayudar? respondió: Con toda voluntad, primero, porque es inadmisible esa muerte sin derecho siquiera a ser nombrados, y con muchas herramientas.
El pasado 30 de agosto echamos a andar un ecosistema nacional informático, una idea que planteé desde que se escribió aquella propuesta del nuevo proyecto de ciencia y tecnología de la Cuarta Trasformación, dice la funcionaria a este diario.
El objetivo es poner a trabajar en conjunto a científicos que manejan tecnologías inteligentes de cómputo para tener una base de datos. Con esta finalidad colaboran los centros de investigación en Matemáticas, Innovación en Tecnologías de la Información y Comunicación, Ciencias de Información Geoespacial, Docencia Económica y de Estudios Superiores en Antropología Social.
La científica enumeró otras herramientas, como de biología molecular, análisis de paternidad, ciencias forenses; además de sicólogos y sociólogos. Nos preocupa mucho el impacto emocional. También hay ahí capacidad científica profesional.
Por otro lado, reveló que también colaboran en el rubro de seguridad ciudadana, como con un convenio con la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana. Para ello proveerán herramientas de ciencia de datos y mapas geoespaciales, con la participación de otros centros de investigación del Conacyt.

Foto Cristina Rodríguez
Periódico La Jornada

8/27/2019

Fracasos e irracionalidades de la ciencia en México



En un artículo anterior, dedicado a los científicos que se oponen al gobierno y su Cuarta Transformación (La Jornada, 8/13/19), concluimos que se trata de la reacción de un grupo que ve amenazado un estilo de hacer ciencia que ya no tiene sentido frente a la situación de emergencia que hoy vive no sólo el país sino el mundo entero. Hoy requerimos, con urgencia, de otra ciencia y tecnología capaz de remontar tanto la mayor desigualdad social de toda la historia como la mayor amenaza al equilibrio ecológico del planeta. Ello cuestiona falsas ideas como que más ciencia es sinónimo de progreso, y deja sin sustento un dogma mayor: que el trabajo de los investigadores es por definición moralmente bueno. Desde esa mitología los científicos quedan automáticamente bendecidos y convertidos en seres que realizan actividades inmaculadas.
¿Qué ha sucedido en México? Partamos de que la etapa contemporánea de la ciencia en el país lleva casi cinco décadas, considerando como evento clave la fundación del Conacyt en 1971. En este periodo la investigación científica y tecnológica se expandió notablemente en número de instituciones, investigadores, becarios, infraestructura y presupuesto. Sin embargo, el porcentaje de mexicanos viviendo en pobreza y pobreza extrema se incrementó, y el equilibrio ecológico y la calidad ambiental del país sufrió un dramático deterioro. La curva del crecimiento en ciencia y tecnología (95 por ciento de la cual se realiza en instituciones públicas) contrasta con la pérdida de bienestar de los mexicanos y el deterioro de su entono natural y ambiental. La explicación a este fenómeno es una tarea pendiente. Aquí sólo apuntamos algunos ejemplos destacados.
El caso de la agronomía es un ejemplo de incompatibilidad de la investigación con el entorno social, cultural y ambiental de las áreas rurales. Al abrazar el paradigma de la agricultura industrial, basada en agroquímicos, plaguicidas, semillas mejoradas, maquinaria y riego, los agrónomos orientaron sus esfuerzos a convertir el campo en pisos de fábrica con monocultivos agrícolas y ganaderos. Ello orientó la investigación hacia los medianos y grandes productores, a la par de los subsidios del Estado, dejando a la deriva al sector campesino, sus saberes ancestrales y sus prácticas exitosas de pequeña escala. En estrecha relación con lo anterior la ciencia hidráulica dominante privilegió la construcción de miles de presas medianas o gigantes, que provocaron severos cambios en los equilibrios regionales, afectaron poblaciones humanas, y las cuales hoy se encuentran subutilizadas o en franco deterioro.
La biología mexicana ha tenido un despliegue inusitado en estas décadas, completando inventarios, colecciones y bases de datos y facilitando la creación de un sistema de áreas naturales protegidas que alcanza 30 millones de hectáreas. El estudio y protección de la biodiversidad siguió, sin embargo, un enfoque que ignoró o soslayó el papel jugado por las culturas mesoamericanas que han interactuado con el universo natural por cerca de 7 mil años. El resultado es que las comunidades que habitan esas áreas, no sólo no participan mayormente (no son aliados) en la conservación de la biodiversidad, sino que 80 por ciento sufren altos grados de marginación social.
El caso de la química es especial, porque la investigación originalmente ligada a industrias nacionales en cemento, hierro, cerveza, jabón, papel, resinas, fibras, azúcar y, por supuesto, petróleo fue sucumbiendo a los corporativos trasnacionales. Hoy, según la Asociación Nacional de la Industria Química, 70 por ciento de las materias primas que utiliza el sector en México es importada. Incluso para algunos analistas la investigación química está limitada porque la industria se ha tornado en maquiladora de desarrollos tecnológicos del exterior.
De las varias irracionalidades, elegimos el caso del Gran Telescopio Milimétrico construido a 4 mil 600 metros de altitud en la Sierra Negra (Pico de Orizaba). El telescopio, el más grande de su tipo en el mundo, se construyó durante 19 años y tuvo un costo de ¡4 mil millones de pesos!, la mayor parte cubierta por el Conacyt, en una región rodeada de pobreza y recientemente de violencia, a tal punto que el acceso ha quedado reducido por la inseguridad. ¿Cómo justificar este costoso proyecto? ¿Por qué tardó tanto tiempo su construcción? ¿Cuántos investigadores terminaron utilizándolo? Finalmente, el caso estelar de una ciencia anómala lo alcanzan destacados biotecnólogos de la UNAM y el IPN en su intento por introducir cultivos transgénicos de maíz y soya al territorio, que hoy por hoy es la tecnología agrícola de mayor riesgo para la salud ambiental y humana, altamente contaminante (genética y química por el herbicida que le acompaña) y causante de la mayor destrucción de la biodiversidad en el mundo: 40 millones de hectáreas en Sudamérica. A pesar de todo y por fortuna, en cada campo del conocimiento existen ya incipientes o bien desarrollados núcleos de investigación alternativa, guiados por nuevos principios, como son la interdisciplina, el compromiso social y ambiental y sobre todo una ética a toda prueba.

8/13/2019

Asegura el Conacyt que se fortalecerá el Sistema Nacional de Investigadores

Demandan más apoyo de la IP

Tendrá aumento en su presupuesto el próximo año

La directora general del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), María Elena Álvarez-Buylla, aclaró que el Sistema Nacional de Investigadores (SNI) no sólo no desaparecerá, sino que se verá fortalecido a partir de un incremento presupuestal para 2020 y de la revisión de sus procesos y criterios de evaluación cualitativos y cuantitativos.
La funcionaria indicó que con estos nuevos mecanismos se hará un reconocimiento a la trayectoria y al trabajo de difusión de las ciencias y las humanidades, con el objetivo de incrementar el número de investigadores y romper con viejas prácticas de opacidad y discrecionalidad en los procesos de dictaminación.
Al asistir al quinto y último foro regional noreste Hacia una nueva Ley General de Ciencia, Tecnología e Innovación en México, en el campus de la Universidad Autónoma de Nuevo León, organizado por el Conacyt y la Comisión de Ciencia y Tecnología de la Cámara de Diputados, Álvarez-Buylla dialogó, tras el evento inaugural, con actores de la comunidad científica, a los que les aclaró diversas dudas, entre ellas las referentes al SNI.

Soberanía científica
En un comunicado del Conacyt, la directiva destacó que la descentralización de la ciencia pública y el desarrollo de ciencia de frontera o ciencia básica es crucial para generar innovación y contribuir a la soberanía científica e independencia tecnológica de México.
En este sentido, dijo que el gobierno federal, a través del Conacyt, ha destinado más de mil 650 millones de pesos a este rubro para el ejercicio 2019, el mayor de los últimos siete años.
El foro reunió a los principales representantes del sector científico y tecnológico del país, así como a legisladores federales, investigadores, académicos, estudiantes, instituciones de educación superior y autoridades educativas.
Hay que recordar que el Conacyt y el Foro Consultivo Científico y Tecnológico han tenido serias diferencias por las políticas públicas en esta materia, y donde incluso se ha expresado la posibilidad de que el foro no reciba ya recursos para su funcionamiento.
Durante el acto realizado en la ciudad de Monterrey, Álvarez-Buylla se refirió también a la necesidad de que la iniciativa privada participe en la inversión en ciencia y tecnología, pues hasta ahora la mayor parte del gasto ha sido financiado por el Estado
Únicamente 19 por ciento de los recursos en este rubro provienen del sector privado, el más bajo del mundo, mientras que en otros países dicho sector aporta, en promedio, 60 por ciento de estos recursos y, en casos como Japón y China, más de 76 por ciento.

Periódico La Jornada

8/01/2019

La libertad de investigación



La libertad individual y el desarrollo científico y tecnológico constituyen los logros más significativos de la humanidad en las recientes décadas. Ámbitos de decisión reservados a la Iglesia o al Estado ahora son confiados a la persona, reconociéndole su capacidad para tomar decisiones y hacerse responsable de sus consecuencias. Vida, muerte, salud, sexualidad, preferencias, creencias, son espacios cuya gestión ahora está confiada –principal, pero no exclusivamente– a cada persona. Ninguno de esos espacios se comprende si no es a partir de la libertad. Pero esta conquista cultural ha ido acompañada de otra relacionada con el dominio de la naturaleza. Hoy nadie pone en tela de juicio el exponencial desarrollo de la ciencia y la tecnología, pues nuestra propia vida está inmersa en aquello que nos ofrece; es más, nos conmociona –anhelando o repudiando– lo que anuncia está por venir. En años recientes la ciencia y la tecnología avanzaron más que en cualquier otra etapa de la historia: eventos que solían concluir con la muerte de una persona, actualmente pueden ser controlados sin dificultades; distancias que se medían en metros, hoy se miden en bites; las preguntas sobre la inteligencia animal, hoy se dirigen a la artificial. Así, nos ha tocado vivir un tiempo de libertad, pero también de un impetuoso e irrefrenable avance tecno científico, no siempre orientado hacia el desarrollo humano, sino hacia fines privados, incluso ajenos o francamente contrarios al interés público.
Son innumerables las interrogantes que se han planteado desde la ética, la filosofía de la ciencia, la bioética o la economía; pero conviene dejar apuntada una muy concreta hecha desde el derecho y la política en el contexto mexicano, donde se han anunciado cambios importantes en el sector: ¿cómo ha de intervenir el Estado en el quehacer científico y tecnológico?
Al regular cualquier actividad el legislador debe vencer dos tentaciones de fácil instrumentación práctica: (i) la prohibición absoluta para todos y en toda circunstancia y; (ii) la permisión sin límites ni distinción alguna. Ambas tentaciones –y en ocasiones injustificadas realidades– constituyen absurdos inaceptables. Son obvias las razones para excluir de ellas al quehacer científico y tecnológico; pues de lo contrario no habría desarrollo alguno o, a lo sumo, un avance políticamente adoctrinado; o bien una actividad autorreferencial que no encontraría razones fuera de sí misma. Entonces, ¿cuál es la mejor solución, la más justa?
La respuesta no es nueva, pero hoy parece no ser entendida por algunos pocos o, lo que es peor, es manipulada por algunos otros, también pocos, para convertirla en una especie de estandarte que purifica sus particulares convicciones políticas y motiva la defensa de la ya conocida manera de hacer ciencia en el México neoliberal. Me refiero a la libertad de investigación.
La libertad constituye la joya más preciada para quienes se han entregado al servicio de una causa. ¿Cuál? Vivir para el conocimiento y no sólo del conocimiento. Así, por ejemplo, el profesor y el investigador –actividades que casi siempre son ejercidas por la misma persona porque lejos de ser excluyentes, son complementarias– valoran ante todo la libertad de cátedra y de investigación, pues la libertad es el requisito sine qua non para entregarse con el alma al conocimiento por lo que es en sí mismo. Sin libertad no hay conocimiento, sino adoctrinamiento; sin libertad no hay difusión, sino manipulación.
La Ley de Ciencia y Tecnología (artículo 12, fracción X) protege la libertad de investigación, prevé su regulación y el establecimiento de límites para su ejercicio: por motivos de seguridad, de salud, de ética o de cualquier otra causa de interés público. Asimismo, las propuestas recientes de cambio legislativo señalan que “…en concordancia con diversos instrumentos de Derecho Internacional válidos en México, es necesario garantizar la libertad de investigación, la participación social en el desarrollo científico y tecnológico y el acceso universal a los beneficios derivados del progreso científico y sus aplicaciones...”.
En este sentido, el Estado mexicano debe intervenir en el quehacer científico y tecnológico promoviendo, respetando y garantizando la libertad de investigación sin ceder a presiones que desfiguren la auténtica identidad de tan noble actividad. Será fundamental que la renovación jurídica que se avizora asuma la libertad de investigación en congruencia con el derecho constitucional a acceder a los beneficios de la ciencia y la tecnología, y prevea mecanismos adecuados para hacer efectivo su ejercicio y lograr que las autoridades cumplan con las obligaciones respectivas, todo ello sin desvincular el desarrollo científico y tecnológico del bienestar social y el cuidado del medio ambiente.
* Profesor de la Facultad de Derecho de la UNAM y miembro del SNI

7/30/2019

Bajo la mirada del mundo



La Jornada 

Algunas de las publicaciones científicas más prestigiadas del planeta se han ocupado recientemente de lo que ocurre con la ciencia en México. El 8 de junio, la revista médica británica The Lancet publicó un texto en el que presenta un panorama lamentable en el sector salud y la ciencia mexicanos derivado de las políticas emprendidas durante los primeros meses del gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO). También la influyente revista Science se refiere en su número más reciente al mismo tema. Lo anterior muestra que el debate que se da en México en este sector ya rebasó las fronteras de nuestro país y es materia de atención en el mundo entero.
David Agren describe en The Lancet el panorama provocado por los ajustes en el sector salud –mal concebidos y ejecutados con prisa, de acuerdo con los especialistas consultados por la publicación– que produjo la reducción de 30 por ciento de los procedimientos quirúrgicos en algunos hospitales, lo que luego fue subsanado por la inconformidad pública de varios especialistas. Agren hace un recorrido que va del desabasto de medicamentos hasta la renuncia de Germán Martínez a la dirección del Instituto Mexicano del Seguro Social, pasando por la afectación de los programas de prevención del VIH por la cancelación de apoyos a organizaciones civiles, las críticas del Presidente al Seguro Popular y la promesa de AMLO de que México contará con servicios sanitarios equivalentes a los de los países nórdicos o Canadá.
El autor se refiere también a los efectos de la política de austeridad en la investigación científica, destacando el penoso episodio en el que los investigadores requerían del permiso presidencial para poder salir del país, así como a los recortes a la Academia Nacional de Medicina de México que ponen en riesgo el cumplimiento de sus funciones, a pesar de que por ley juega un papel consultivo del gobierno federal en materia de salud.
Por otra parte, Lizzie Wade, corresponsal en América Latina de Science, da cuenta también de las afectaciones a la ciencia mexicana provocadas por los recortes. En un breve reportaje recoge los testimonios de varias investigadoras e investigadores como Marcia Hiriart, quien señala que la situación actual para la ciencia puede ser fatal; Edna Suárez Díaz, quien impulsó la iniciativa que reunió 7 mil firmas y contribuyó a frenar el desatino de la autorización presidencial para los viajes de los científicos; José Luis Morán, presidente de la Academia Mexicana de Ciencias, quien describió el ambiente de pesimismo que han provocado las políticas actuales, y Fernando Rosales Ortega, del Instituto Nacional de Astrofísica Óptica y Electrónica, quien dijo que hay investigadores que buscan participar en la transformación del país pero necesitan recursos para realizar su trabajo.
Wade también registra comentarios de la controvertida –así la llama– directora del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), cuyo enfoque, dice, es cuestionado por muchos investigadores. María Elena Álvarez-Buylla defiende ahí las medidas de austeridad pues, según ella, no pretenden obstaculizar el trabajo de los científicos, sino enfrentar las ineficiencias en el sistema y los privilegios.
En ese mismo número el editorial de Science, uno de los espacios más codiciados y leídos en esa publicación, quedó a cargo de Antonio Lazcano Araujo, miembro de El Colegio Nacional, quien forma parte del grupo de científicos que lideró la carta dirigida al Presidente que recabó más de 11 mil firmas, la cual, de acuerdo con el autor, fue para protestar por el desmantelamiento de la ciencia por parte del gobierno mexicano.
Lazcano sostiene que el combate a la pobreza y la corrupción no tiene por qué estar reñido con la inversión en ciencia y tecnología. Destaca los recortes en el presupuesto al Conacyt y el reforzamiento de las medidas de austeridad del memorándum presiden-cial del 3 de mayo y sus efectos adversos sobre la educación y la investigación científica. Su texto también incluye severas críticas a la actual directora general del Conacyt, a quien entre otros temas acusa de atentar contra la libertad de investigación.
No sólo publicaciones especializadas como las citadas se han ocupado de este tema. La prensa internacional también lo ha hecho, como en la nota distribuida por la agencia Ap que aborda de forma parcial el mismo problema y fue difundida el 17 de julio por el Wha-shington Post. De este modo, el estado actual de la ciencia en México y el debate que se desarrollaba a escala local se han convertido en temas de interés mundial y ha quedado ahora bajo la mirada y escrutinio internacionales. Y esto es apenas el principio, pues parecería obligatoria una respuesta del gobierno de México en el mismo plano, aunque se corre el riesgo de subrayar lo que ya es evidente: el divorcio entre la comunidad científica y las autoridades, algo que no es aceptable en ningún lugar del mundo.

7/23/2019

Científicos agraviados



Se celebran los 50 años de la llegada de los primeros seres humanos a la Luna, auténtica proeza que, si bien se dio en el contexto político y propagandístico de la guerra fría, permite entender algunas características de la ciencia y sus relaciones con el poder. También es innegable que ha traído enormes beneficios al conocimiento científico y tecnológico de hoy. No me referiré a este suceso por ahora, aunque estoy seguro de que nadie lo lamentará, pues la cobertura que se le ha dado en La Jornada y en otros medios locales e internacionales ha sido tan amplia, que deja poco espacio para aportar novedades. En cambio, en las semanas recientes se han producido en nuestro país algunos hechos inéditos, como las expresiones de comunidades enteras de investigadores de los centros científicos más prestigiados de México y de científicos de diversas instituciones que se sienten agraviados por las políticas del gobierno que encabeza el presidente Andrés Manuel López Obrador en el arranque de la Cuarta Transformación.
En un hecho inusitado, los investigadores del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav) se manifestaron el pasado 2 de julio frente a las puertas del Palacio Nacional para insistir en la importancia que tiene la ciencia en el desarrollo de nuestro país. Desplegaron pancartas con ejemplos de las contribuciones que han realizado en beneficio de la sociedad y entregaron una carta en la que dan a conocer las aportaciones de ese centro, uno de los más importantes de México y América Latina, misiva que constituye un catálogo de los efectos nocivos que han tenido los recortes presupuestales y las políticas de austeridad para la ciencia de nuestro país.
La carta está dirigida al Presidente de la República, a los secretarios de Educación y Hacienda, así como a la Cámara de Diputados, y está firmada por casi la totalidad de los investigadores y técnicos de esa institución, más de 2 mil 500 firmas. Su texto se refiere a las medidas adoptadas por el gobierno que ponen en riesgo a esa institución, entre ellas los efectos de la Ley Federal de Remuneraciones de los Servidores Públicos sobre los salarios, pues 19 de los conceptos contenidos en esta normatividad tienen impacto negativo sobre las percepciones de trabajadores e investigadores de ese centro; la cancelación del seguro de gastos médicos, especialmente para quienes trabajan con materiales peligrosos, y la prohibición para transferir recursos a asociaciones civiles, las cuales son una fuente de financiamiento alterna al igualar fondos asignados por el Cinvestav. Desde luego no se quedan sólo en las quejas, sino que proponen un conjunto de medidas para solucionar los problemas señalados.
En el mismo sentido se expresó también un grupo de investigadores recientemente formado, ProCiencia, mediante un comunicado entregado también en Palacio Nacional el 18 de julio. Ese día, las doctoras Gabriela Dutrenit, Lorenza González Mariscal, Marcia Hiriart, Brenda Valderrama y los doctores Mauricio Flores, Antonio Lazcano y Francisco Pérez, entre otros destacados integrantes de la comunidad científica, entregaron una carta dirigida al Presidente y otras autoridades de los poderes Ejecutivo y Legislativo en representación de más de 11 mil investigadores y profesores de diversas instituciones. Su texto se refiere a los efectos deletéreos de las actuales políticas públicas sobre las instituciones científicas como el Cinvestav los institutos nacionales de salud y las instituciones de educación superior. Además, pone énfasis en otro tema, su inconformidad por las denostaciones que continuamente se lanzan desde las más altas esferas del actual gobierno a los investigadores, señalándolos como privilegiados e integrantes de élites o castas.
Si a estas acciones se suman las realizadas meses atrás por los científicos y técnicos de los centros públicos de investigación, también mediante una carta –fechada el 15 de mayo– con más de 3 mil firmas, y el comunicado del Foro Consultivo Científico y Tecnológico del 14 de ese mes, estamos ante un fenómeno que nunca se había expresado en el sistema de ciencia y tecnología en la historia de nuestro país, cuyos significados no pueden entenderse de manera simplista.
Si se examinan estos hechos con honestidad intelectual, no caben las explicaciones acerca de que los científicos no son capaces de ver lo bien que están las cosas, y que todo es consecuencia de malos entendidos o información distorsionada. Tampoco puede decirse que se trata de la acción de mafias o parte de una guerra sucia contra el del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología o su directora. Se trata de una realidad que expresa los daños tangibles que están produciendo las políticas del actual gobierno a las instituciones y la protesta legítima de los científicos mexicanos ante ellas.
Todavía se está a tiempo para corregir. La manera de hacerlo es entender y atender las propuestas que hacen los investigadores.

7/16/2019

Ciencia y tecnología: inevitable golpe de timón



Antes de que los aires de cambio llegaran al Conacyt, un reducido número de personas y grupos tenía el control del sector: una combinación de corporativos, con comisionistas y testaferros incluidos, eran los verdaderos amos de la ciencia y la tecnología, en contubernio con científicos más o menos prestigiosos y ex servidores públicos convertidos en políticos, consultores y gestores privados de proyectos de investigación y desarrollo tecnológico.
La aplicación discrecional del actual marco jurídico y las prácticas contra legem imperantes en el sector daban sostén a la casta divina. No es de sorprender que los cambios legislativos que apuntan a desarmar los privilegios y mecanismos de transferencia de recursos públicos a agentes privados causen alboroto y provoquen jaloneos entre los integrantes más conservadores de la comunidad CTI.
Por supuesto, la participación plural e incluyente en la formación de políticas públicas y normatividad es fundamental. Adentrarse en un proceso legislativo promoverá que, dentro o fuera del Congreso, los diversos actores tengan oportunidad de expresar sus demandas y aportaciones, pero también permitirá que la ciudadanía, así como científicos y tecnólogos de a pie, intervengan en la reconfiguración de un sector alejado de las bases sociales y los procedimientos democráticos.
Al respecto, salvo valientes excepciones, las opiniones de juristas y politólogos expertos han sido hasta ahora superficiales y sesgadas. No puede ser de otra manera cuando la ética profesional se rige por el oportunismo ni cuando la defensa de intereses mezquinos se reviste de falsa objetividad científica y supuesta imparcialidad política.
La forma de gobernanza excluyente que ha imperado en el sector y la profunda manipulación epistémico-conceptual que rige el discurso cientificista neoliberal dan cuenta de la concentración real de poder que operó a través de una compleja red de corrupción y simulación de contrapesos democráticos al interior del Sistema Nacional de CTI, así como de los límites prácticos de la libertad de investigación bajo condiciones que, en nombre de la innovación y la competitividad, supeditaron su ejercicio a las necesidades del mercado capitalista global.
El centralismo autoritario y el sesgo ideológico de la política de ciencia y tecnología que desde los medios y las redes sociales se han denunciado como un futuro inminente de aprobarse cambios profundos en la legislación actual, más bien caracterizan la realidad efectiva del sector en años previos, y es que las críticas dirigidas a la política y a las propuestas de la 4T en el sector le acomodan bien a las leyes vigentes y a los usos de la decadente élite científica y tecnológica del neoliberalismo mexicano.
No obstante, lo más importante es que los voceros del statu quo no distraigan la atención de la ciudadanía y de la comunidad científica del centro de la controversia: la legitimidad de los mecanismos legales vigentes de financiamiento de ciencia y tecnología que por años han favorecido intereses privados, pero que no contribuyeron sustancialmente al desarrollo nacional ni redundaron en el beneficio de la sociedad. Es indispensable que las autoridades competentes revisen escrupulosamente el uso que se le dio a los fideicomisos públicos en el sector.
Por supuesto, la investigación y el desarrollo tecnológico que apoya el Estado con recursos públicos no pueden dejarse a la discreción absoluta del sector privado ni someterse a las exigencias abstractas del mercado, menos aún pueden desentenderse del interés público o del bienestar social.
En los ejes rectores del nuevo Conacyt se proyecta un escenario de ciencia comprometida con la sociedad, el ambiente y la biodiversidad del país mediante el impulso efectivo a la investigación de frontera, el fortalecimiento de la comunidad científica, el apoyo a proyectos nacionales estratégicos de ciencia y tecnología, así como al desarrollo de fuerzas productivas nacionales, la transferencia tecnológica y la apropiación social de la ciencia.
El diálogo de saberes, la soberanía tecnológica y el direccionamiento del capital científico y tecnológico nacional hacia la gestión de asuntos públicos, constituyen una sólida base sobre la cual el gobierno federal podrá enfrentar los retos sociales, económicos y ambientales más acuciantes del país.
La comunidad CTI sabe que las cosas han cambiado y que su participación comprometida es esencial para consolidar la transformación del sector. Ojalá que también los abogados e ideólogos del cientificismo formalista entiendan que estamos en un nuevo régimen, pues su necedad no es más que un indicador contundente de la crisis de un modelo de sociedad que pretendió robarle el futuro a millones de mexicanos.

* Miembro del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM y del Sistema Nacional de Investigadores.

7/04/2019

Los trabajadores, la ciencia y la tecnología



Afinales del siglo anterior los problemas estructurales se incrementaron bajo el capitalismo neoliberal que se implantó en el mundo y que anidó en México vía la burocracia del Estado y la trasnacionalización de la economía, lo que desnacionalizó al Estado y lo convirtió en impulsor decisivo de la valorización del capital, acarreó la descomposición creciente de las instituciones con pérdida de su capacidad y legitimidad. Generó una sociedad civil en resistencia y transformación pero corporativizada, subalterna, con ausencia de autodeterminación y sumamente fragmentada. La profunda desigualdad y precarización de la población es concomitante a la existencia de una élite política y económica, muy rica y parasitaria, que usufructuó ampliamente de la corrupción y las dádivas del poder.
En las ciudades creció, a la par de una gran masa de trabajadores precarios, un pequeño sector de clase media trabajadora intelectual que asumió un pensamiento creativo e incluso crítico ante los problemas estructurales, pero con poca capacidad ante el poder de los empresarios trasnacionales, las corporaciones, el autoritarismo y la cerrazón de la clase política neoliberal. Producción especializada en exportar automóviles, servicios de maquila, extracción de la naturaleza y estados nacionales privatizados de competencia, se desplegaron al compás de un proyecto de integración regional desigual con Norteamérica y al vaivén de inversiones financieras y extractivistas de corporaciones transnacionales y nacionales de todo tipo. Esa situación la heredó el actual gobierno y su movimiento político de la IV Transformación.
La ciencia y la tecnología de punta se desarrollaron sobre todo en las universidades, centros de investigación públicos y en escasos espacios económicos de la sociedad civil y empresariales nacionales. En un panorama desigual como el mexicano, la actividad, el conocimiento y la contribución de ese conjunto de investigadores y científicos son un valioso repositorio nacional. Este sector comparte en su mayoría la indignación por la situación del país, misma que reposa sobre la sobrexplotación y exclusión de grandes masas trabajadoras que laboran con saberes de producción tradicional. Sólo una cantidad reducida de la población está y se siente involucrada y comprometida conscientemente con el impulso de la actividad científica y tecnológica para el desarrollo nacional soberano. No todos los trabajadores pueden y saben cómo aportar y contribuir a la riqueza nacional con su fuerza socio intelectual y científica.
La clase media trabajadora intelectual no es una élite que buscó constituirse como tal conscientemente. La mayoría de científicos, académicos, artistas e intelectuales de México se esfuerzan para que su trabajo rinda familiarmente y aporte al país y a su sociedad. Son un sector creativo que por las políticas anteriores tiene una mejor situación que la mayoría de los trabajadores. Su aporte intelectual es un tesoro acumulado en la lucha por transformar al país y en la formación de nuevas generaciones, particularmente en los niveles superiores y de posgrado. Es con ellos que se reproduce y recrea la ciencia y la tecnología de México que va luego a las actividades productivas, de servicios y de cultura que todavía existen.
Urge incorporar a la gran masa laboral a la ciencia y la tecnología. La opresión y rebajamiento actual del trabajo obedece a las contradicciones de una sociedad dominada por el capital y a la enajenación general de la vida contemporánea. Un nuevo proyecto de sociedad y de nación pasa por reivindicar el valor del trabajo como creador de conocimientom impulsor de ciencia, tecnología, cultura y conciencia social, poniendo sobre la mesa la pregunta: ¿cómo y qué hacer para que todos los trabajadores, los trabajadores del campo, las comunidades originarias, los sectores populares de las ciudades y la clase media trabajadora, contribuyamos al avance común de una necesaria transformación, participemos de una estrategia de fortalecimiento conjunto de la soberanía relativa y tengamos un lugar en una política que enfrente con otras ideas y prácticas los problemas estructurales del país?
La nueva dirección del Conacyt comparte esta perspectiva y está haciendo un esfuerzo por consolidar una estrategia congruente. Por ello es fundamental apoyarla con toda nuestra capacidad, compromiso y actividad. Su exigencia de que la investigación sirva para el desarrollo nacional es el grito de las mayorías por que se conforme un gran bloque histórico de todos los trabajadores de México en pos de un nuevo país capaz de abrir paso a una sociedad, una economía y una democracia en la que los trabajadores manuales e intelectuales, investigadores y forjadores prácticos y simbólicos de la riqueza nacional tengan condiciones para ser protagonistas en la disputa histórica por un proyecto político nacional y popular.
* Académico e investigador de la UNAM, SNI III

6/25/2019

Educación y ciencia, hay prisa en la 4T



La educación está en el centro de la Cuarta Transformación (4T), afirmó el doctor Luciano Concheiro al inaugurar, el pasado viernes 21 de junio, en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, la LV Asamblea General de la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (Anuies). Fue un acto muy rico en definiciones, pues en medio de los reclamos de respeto a la autodeterminación de las instituciones autónomas, el subsecretario de educación superior de la Secretaría de Educación Pública expresó que hay pleno respeto por parte de su persona (y entendemos con ello que del gobierno) a la autonomía de las universidades.
Para mí, Luciano Concheiro es el tipo ideal de funcionario del gobierno actual. Lo digo porque desde muy joven ha estado presente con valentía en las luchas por la transformación del país (en el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador hay una gama muy amplia de funcionarios, que va desde los antiguos comunistas, como Concheiro, hasta los nacionalistas revolucionarios, pasando por evangélicos y quienes no reconocen izquierda o derecha, sino una lucha por la vida o la muerte, una especie de provida ambientalista). El subsecretario de educación superior es, sin dudarlo, una persona de izquierda, con una sólida formación científica, con plenos conocimientos para abordar de frente, con autoridad, credibilidad (un atributo muy raro en los políticos) y frescura los temas que atañen a la educación superior de nuestro país; aunque no siempre pueda uno estar de acuerdo con él.
En Pachuca hizo una larga exposición ante rectores y dirigentes de las universidades afiliadas a la Anuies en la que planteó sus ideas y líneas de trabajo para la educación superior, y aprovechó para aclarar algunos temas controversiales en los que se ha visto envuelto en las semanas recientes. Por ejemplo, reiteró que sí hay en las instituciones de educación superior una hiperélite pero, atemperando su dicho, reconoció que ésta es muy pequeña y poco significativa económicamente; dijo además que la idea no es quitarle a los que tienen, sino avanzar en conjunto con mayor justicia. En el tema de las becas y los estímulos, aclaró que no serán cancelados, aunque quienes hayan seguido sus aclaraciones previas en Twitter saben que su idea es orientar estos mecanismos para favorecer el trabajo colectivo y su impacto en la sociedad; es decir, condicionarlos al cumplimiento de los estilos y programas gubernamentales.
Como sea, uno de los propósitos de su intervención fue dejar en claro su postura como universitario y su reconocimiento y respeto a la autonomía. Se entenderá entonces que los programas de gobierno en esta materia tendrán que pasar por el escrutinio de las instancias y mecanismos de autogobierno de las instituciones autónomas, aunque sugirió –y esto es algo en lo que hay que poner atención– que las iniciativas para la gran transformación educativa que se persigue pueden provenir de diferentes lugares, también de adentro, es decir, de las propias comunidades en concordancia con la 4T.
En la parte medular de su mensaje explicó que la política para la educación superior estará basada en el artículo tercero recientemente aprobado. Es importante notar que salvo algunos puntos como la gratuidad y el ingreso de aspirantes –dijo que habrá un crecimiento gradual de la matrícula con los jóvenes que cumplan con los requisitos académicos determinados por las instituciones–, los contenidos específicos de las políticas derivadas del mandato constitucional nunca estuvieron claras en su exposición.
Lo que sí fue muy clara es la prisa que tiene el gobierno de la República Mexicana por contar lo antes posible las leyes secundarias tanto en educación superior como en ciencia, tecnología e innovación (CTI). Aunque el plazo fijado en la reforma constitucional llega en teoría a diciembre de 2020, Concheiro afirmó que estarán listas este mismo año, para lo cual se organizarán, junto con la Anuies foros –no grandes, sino sólo con algunos académicos y especialistas– a alta velocidad: comienzan este jueves 27 y concluirán el 10 de julio –¡14 días!–, una especie de democracia fast track, aunque claro, se convocará también a la participación virtual.
Concheiro se convirtió también ese día en una especie de vocero de la política de CTI, pues dijo que el conocimiento científico tiene que llegar a todos los rincones del país incluidos los más pobres, lo cual es correcto, e informó que trabajan en conjunto con el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) para tener listas cuanto antes las leyes mencionadas.
Y este es el punto al que quería llegar, pues ojalá que la asociación entre la SEP y el Conacyt resulte beneficiosa, para evitar que la política de CTI sea sólo la expresión de las filias o las fobias de algunas personas en particular (como ya ha ocurrido con algunas iniciativas recientes) y no la expresión de una genuina consulta entre la comunidad.

6/04/2019

El origen de las distorsiones

La Jornada:

Javier Flores


La comparecencia de la doctora María Elena Álvarez-Buylla Roces, directora general del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), ante la Comisión de Ciencia y Tecnología del Senado de la República realizada el martes pasado, fue un acto formal organizado por la instancia legislativa para obtener información sobre el curso de las políticas en este sector, pero se convirtió por momentos en un espectáculo en el que la funcionaria lanzó acusaciones en contra de diversas organizaciones, entre ellas el Foro Consultivo Científico y Tecnológico (en lo sucesivo el Foro). Lo que aparentemente disparó estos señalamientos fueron las preguntas de los senadores sobre los efectos adversos de las políticas de austeridad en los Centros Públicos de Investigación (CPIs) difundidos recientemente en los medios de comunicación, ante lo cual acusó al Foro como fuente de emisión deinformación distorsionada.

No sólo eso, Álvarez-Buylla acusó además al Foro de no cumplir con la ley. Aunque es evidente que la directora del Conacyt tiene una interpretación errónea del contenido de las leyes en esta materia, pues, por ejemplo, se quejó de que no se le consultara sobre el nombramiento de la nueva coordinadora general de Foro (doctora Julia Tagüeña Parga), cuando legalmente dicho nombramiento es facultad de la mesa directiva de este organismo (artículo 36 fracción V de la Ley de Ciencia y Tecnología). Lo que establece esta ley es que el Foro es un organismo autónomo, lo cual se expresa entre otras cosas en el nombramiento de su coordinador(a).

También la doctora Álvarez Buylla se equivoca al afirmar que por Ley el Forotiene el mandato de asesorar al gobierno de México a través del Conacyt. Esto es falso, pues lo que la Ley establece es que se trata de un órgano permanente de consulta del Poder Ejecutivo (lo cual es un concepto muy amplio), del Consejo General de Ciencia, Tecnología e Innovación (órgano máximo de decisión del Sistema en esa Ley) y de la Junta de Gobierno del Conacyt. Adicionalmente, el Foro puede realizar consultas y emitir opiniones a petición del Poder Legislativo Federal… Cuando se habla de distorsiones en la información convendría preguntarse de dónde vienen.

La doctora Álvarez-Buylla también acusó al Foro de emitir comunicados convocando a la comunidad científica sin previo acuerdo (con el Conacyt) y sin previa actualización de los avances del programa de ciencia y tecnología a lo cual está obligado, según esta directora, por Ley. Esto tampoco es cierto, pues la legislación vigente no obliga al Foro a pedir permiso al Conacyt o a acordar con éste los contenidos de sus comunicados. La fracción primera del artículo 36 establece que el Foro tiene por objeto “promover la expresión de la comunidad científica, académica, tecnológica y del sector productivo para la formulación de propuestas…” El último comunicado el Foro, por ejemplo, recoge las preocupaciones de las comunidades académica y científica sobre los efectos adversos de las medidas de austeridad emprendidas por el gobierno, lo que es perfectamente compatible con lo expresado por la Ley que en ningún lado condiciona su actuación a una consulta previa.

Los comunicados del Foro los firma su mesa directiva, la cual está integrada por los titulares de la Universidad Nacional Autónoma de México, el Instituto Politécnico Nacional, el Cinvestav, las Academias de Ciencias, Medicina, Ingeniería, Historia y de la Lengua, la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior, los CPIs, la Asociación Mexicana de Directivos de la Investigación Aplicada y el Desarrollo Tecnológico, tres representantes electos del SNI, el Consejo Nacional Agropecuario, la Red Nacional de Consejos y Organismos Estatales de Ciencia y Tecnología, Consejo Mexicano de Ciencias Sociales y organismos empresariales como la Concamin, la Canacintra y la Coparmex (por cierto, la presencia de organizaciones empresariales ha sido utilizado para alimentar a los sectores más atrasados científica y políticamente con la idea de que el Foro tiene una orientación privada, lo cual es falso pues, por ejemplo, todos los coordinadores han sido destacados investigadores e investigadoras de instituciones públicas).

Para la directora del Conacyt el Foro ha contribuido a la distorsión y manejo confuso de la información, lo cual implica suponer que los problemas como los que señala en su último comunicado acerca de los efectos de la austeridad republicana sobre la ciencia no existen, o bien, en el remoto caso de que sean reales, son magnificados o alterados. Esto significa pensar, por ejemplo, que 3 mil investigadores y miembros de la comunidad de los CPIs son tontos y se dejan manipular, algo que nadie podría afirmar, puesto que están inmersos en la realidad que denuncian además de que tienen coeficientes intelectuales muy por encima del promedio. También la acusación toca a los medios de comunicación, cómo si no contaran con sus propios recursos para indagar acerca de la realidad sobre la que informan.

Más bien se trata de trasladar la responsabilidad sobre las fallas y omisiones en la política de ciencia a otros.