Foto: Cirenia Celestino Ortega.- Ciudad
de México.- Frente a la crisis climática, las mujeres indígenas
campesinas, agricultoras y todas que trabajan la tierra cumplen un rol
fundamental en el cuidado del medio ambiente, por ello, deben gozar de
los derechos de los que goza cualquier otra u otro trabajador.
En
el marco de la XVI Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina
y el Caribe, que se lleva a cabo esta semana en la ciudad de México, en
el llamado Pabellón de los Cuidados, ubicado en un rincón de
la ciudad, en el Centro de Estudios Interculturales Nezahualcóyotl
(CEIN) de la Secretaría de Pueblos y Barrios Originarios y Comunidades
Indígenas Residentes, se llevó a cabo el foro “Transiciones justas
centradas en los cuidados: propuestas feministas frente a la crisis
climática”.
Durante el conversatorio Alejandra Lozano,
representante de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales
(SEMARNAT) destacó que son las comunidades rurales quienes enfrentan con
mayores riesgos la crisis climática: “se enfrentan a huracanes
frecuentes, pérdida de territorio, desabasto de alimentación recursos
naturales, infraestructura básica”.
“Dentro
de las comunidades, las mujeres son quienes cuidan e implementan
estrategias de cuidado del medio ambiente, por ello, la justicia y la
igualdad para las mujeres son necesarias para la transición a otro
modelo económico y social que esté en armonía con la naturaleza, deben
poner en el centro la vida y con ello la justicia de género”, señaló
Alejandra Lozano.
“Cuidar al medio ambiente, cuidar a las
cuidadoras”, en este contexto, el Acuerdo de Escazú nombra la protección
para las defensoras del medio ambiente, pues son ellas quienes están en
la primera línea de defensa de la crisis medioambiental
Transiciones justas
Para
Mercedes Ramírez, coordinadora de incidencia laboral de Proyecto de
Derechos Ecónomicos, Sociales y Culturales (PRODESC), las transiciones
justas deben centrarse en los cuidados “garantizar derechos, resiliencia
y justicia”.
A decir de Mercedes, nos enfrentamos a una “crisis
múltiple”, caracterizada por una emergencia climática, degradación
ambiental, desigualdades de género, de clase, territorio y con poco
tiempo para actuar.
La transición “justa” para Verónica Rodríguez,
de Fundación AVINA, debe contemplar también otros elementos como la
migración, “hay mujeres en contextos migratorios por crisis agrícola
derivada de condiciones climáticas que les obligan a dejar de sembrar en
sus territorios y deben buscar trabajo fuera… a ellas también hay que
cuidarlas.
Carolina Oviendo, de Oxfam Perú, destacó que las
transiciones de modelos de sustentabilidad no deben reproducir
desigualdades sexistas, racistas o coloniales, por ello se debe
reconocer y fortalecer la resilencia y liderazgo de las mujeres.
“En
Perú, segundo productor de cobre en el mundo, 31 por ciento de la
población está expuesta a metales pesados que les provocan problemas de
salud, particularmente a las mujeres, que se enfrentan a limitaciones en
estructuras públicas sanitarias y de cuidados y con ello, la
precarización por el cuidado de las personas enfermas. Las mujeres
triplican el tiempo que los hombres dedican al cuidado cuando hay
integrantes dependientes 56.6 horas semanales superando la jornada
laboral de 8 horas”.
Las mujeres peruanas ocupan un lugar
estratégico en la atención a esta crisis. En Perú, las mujeres han
implementado estrategias de siembra, cosecha de agua y de recuperación
de semillas nativas.
“Aunque
ellas son quienes contribuyen a la adaptación y resilencia en los
territorios, no se debe cargar en ellas las soluciones, no se trata solo
de hacer políticas de cuidados sino de incluir los cuidados en las
políticas agrarias y laborales”.
Valentina Contreras, integrante
de la Iniciativa Global de Derechos Políticos, Sociales y Económicos
recordó que si el cuidado es un derecho, se deben crear los estándares
para su ejercicio.
“Las cuatro dimensiones de este derecho,
cuidar, ser cuidado, autocuidado y cuidado del medio ambiente debe ser
garantizado por el Estado con políticas, estructura y con los estándares
de progresividad, universalidad e interdependencia”.
Fuente: Cimac.-Ciudad
de México.- Viviana Krsticevic directora ejecutiva del Centro por la
Justicia y el Derecho Internacional (CEJIL), ha denunciado al Estado de
Ecuador por desacato a los principios internacionales de la Convención
Interamericana tras omitir fallo en favor del pueblo Kichwa de Sarayuku
para que detengan la concesión de una empresa petrolera que despojaría
de sus tierras a estas comunidades y han sido las warmis quienes han
tenido un papel fundamental en esta resistencia.
Además, dentro de
este fallo también se encuentra la exigencia al Estado ecuatoriano de
retirar material explosivo militar sembrado en el territorio, lo cual
fue solicitado desde el 2005, pero nada ha cambiado desde entonces.
Hace
28 años, el pueblo Kichwa de Sarayuku comenzó a denunciar violaciones a
los derechos humanos por parte del estado ecuatoriano a quien acusa de
violentarlos con despojar a este pueblo milenario amazónico de su
territorio con la finalidad de abrir el camino para una magna empresa
petrolera de origen argentino.
En aquellos años, el pueblo se unió
para proteger el espacio y desarticular la concesión petrolera que,
sabían, sólo llevaría al territorio explotación, contaminación y
violencia, sin embargo, el Estado ecuatoriano les violentó y los hizo
retroceder en sus ofensivas por lograr el diálogo con el poder federal y
así seis años después de que se les avisara de esta concesión, la
empresa argentina entró por la fuerza al territorio amazónico en el
2002.
Las Warmis, defensoras del Amazonas
Las
mujeres sarayuku han sido una pieza elemental en la lucha por la
defensa de su territorio, sin embargo, desde hace más de dos décadas se
han visto atravesadas por la interseccionalidad de la violencia; su
defensa es constante y su trabajo por la libertad también debe ser
nombrado.
En este contexto, se reconoce el trabajo de Maricela
Gualinga, lideresa sarayuku y una de las luchadoras más aguerridas del
movimiento por expulsar a los colonos argentinos del territorio. Gracias
a su resistencia, se logró desmilitarizar de manera paulatina e
impulsar que el caso llegara hasta la CIDH.
Fuente: Youth impact forum via X
Las
warmis (mujeres en lengua kichwa) se han mantenido al frente de esta
lucha de años contra el extractivismo, pero también, contra el
patriarcado ancestral que atraviesa su comunidad.
Según el
Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales (WRM, por sus siglas en
inglés), la presencia de las warmis permitió al movimiento de
resistencia florecer y sostenerse a través de sus trabajos. Recogiendo
el siguiente testimonio:
“Cuando entró la petrolera en 2002 nos
fuimos a luchar. Las mujeres nos reunimos para decidir quiénes íbamos a
ir y quiénes se iban a quedar. Nos tocó abandonar a nuestros hijos en
casa. Descuidamos las chakras y toda la cosecha se perdió en la lucha”,
cuenta Ena Santi, actual dirigente de la Mujer en el Consejo del
Gobierno Autónomo de Sarayaku. “Yo justo en ese tiempo estaba embarazada
de nueve meses de mi hija Misha, pero igual caminé”, comparte para WRM.
“Entre 20 mujeres agarramos una canoa y nos fuimos al lugar donde había
aterrizado un helicóptero con trabajadores de la empresa. Agarramos a
los trabajadores y los trajimos al centro de la comunidad. También
cogimos a unos militares y les quitamos las armas. Nosotras solamente
teníamos lanzas”
Ena Santi en conferencia, fuente: USICO Climate via X
Actualmente,
las mujeres y las infancias indígenas son las más vulneradas en
situaciones de conflicto. Esto lo explica el Mecanismo de Expertos sobre
los Derechos de los Pueblos Indígenas, el cual señala que este sector
es desplazado con mayor incidencia a causa de un conflicto armado, por
lo general relacionado con sus tierras, territorios o recursos
naturales, son más vulnerables a la violencia de género.
El
informe también enfatiza que esta violencia adopta diversas formas, como
la limpieza étnica o la deportación forzosa; la violencia sexual o la
trata; la extorsión, la delincuencia o la explotación laboral en
situaciones de vulnerabilidad como consecuencia de la pobreza.
Finalmente, debemos apuntar a que la lucha por la liberación de los
pueblos indígenas es un tema de carácter regional, donde la unión, la
conversación y la evidencia de los Estados, resulta en el despertar del
movimiento contra la violencia sistémica que se ha anidado en América
Latina
Mujeres, niños, jóvenes y los hombres de la comunidad se
levantaron en armas para no permitirles la entrada a Sarayuku, sin
embargo, fueron agredidos con violencia por parte de las fuerzas armadas
y 4 personas fueron detenidas arbitrariamente para, posteriormente, ser
torturadas y amenazadas, entre ellas, dirigentes del poblado: «Esos niños y mujeres se movilizaron en defensa del territorio y de la Pachamama que estaba siendo agredida«, refiere el portal oficial de Sarayuku.
La
empresa petrolera les cerró el paso al río Bobonaza, obstaculizando su
acceso a este recurso que ahora, le pertenecía a los colonos quienes
sembraron explosivos de alto poder para explorar el proceso
hidrocarburífero y también, comenzaron a realizar perforaciones por la
selva amazónica.
Ante una violación grave de derechos humanos, la
lucha Sarayuku y sus representantes lograron llevar su caso al panorama
internacional y vencieron; la Corte Interamericana de los Derechos
Humanos falló a su favor, demandando a Ecuador detener esta concesión y
desarticular la empresa petrolera, incluyendo los explosivos sembrados
en el territorio. Esta demanda se hizo desde el 2005 y aún, nada ha
cambiado.
«Ya no más»
El
Centro por la Justicia y el Derecho Internacional (CEJIL) ha acompañado
esta lucha desde hace 20 años y ante la inacción de las autoridades, se
realizó una conferencia con el abogado, representante y presidente de
Sarayuku, Hernán Malaver, así como con otras personas representantes de
otros pueblos originarios que denuncian la violencia del estado.
Según
resolvió la CIDH en 2010, Ecuador debió expulsar a la empresa CGC del
territorio y asegurar la garantía de los derechos de la comunidad
Sarayuku, pero las cosas parecen inamovibles y los pueblos originarios
han comenzado a llamar a un movimiento civil por la defensa de sus
derechos humanos, pues este sistema de amedrentamiento y explotación no
sólo sucede en Sarayuku, sino en muchos otros pueblos amazónicos
ecuatorianos.
Es necesario referir que este poblado también puso
una demanda ante la Corte Constitucional del Ecuador y que se resolvió a
su favor, es decir, Sarayuku es un territorio que está protegido por
los mandatos nacionales e internacionales, pero aun con todo, la
violencia, la falta de acceso al recurso y el extractivismo continúa
permeando en la vida de sus habitantes.
El
líder Sarayuku denunció en conferencia de prensa que la Corte
Constitucional le dio a Ecuador sólo seis meses para retirar toda la
pentolita que había sido puesta en su territorio; la pentolita es un
explosivo de grado militar.
«Se
debieron retirar en 6 meses la pentolita, pero nunca pasó por eso
estamos aquí, preocupados, hemos convocado a todas las comunidades aquí
en Ecuador que tienen problemas similares, como los compañeros de Santa
Clara (…) ¡Hay que hacer respetar los derechos de la naturaleza, de la
vida y derechos humanos de los pueblos originarios, sigamos vigilantes!,
convocó el presidente de Sarayuku.
En respuesta un
joven perteneciente a la comunidad de Santa Clara denunció que viven
hostigamiento diario, que las personas viven con preocupación de lo que
les pueda suceder y que Ecuador no le permite a los pueblos amazónicos
desarrollar su autonomía al vulnerarlos haciendo uso de las fuerzas
armadas.
Para Viviana Krsticevic directora ejecutiva del CEJIL,
Ecuador está ejerciendo un desacato a los principios internacionales,
como el artículo 67 de la Convención Interamericana que obliga a los
Estados a cumplir con las decisiones de la CIDH, zanjando el tema de la
siguiente manera:
«El Estado está en mora con el pueblo y con la
democracia; el Estado está en mora con la humanidad, proteger Sarayuku,
es proteger la vida, la cultura y la razón de ser de un pueblo
milenario. (De no hacerlo), tendrá consecuencias para la humanidad»
Viviana Krsticevic.
En este sentido, resulta importante denunciar
que no se puede continuar ejerciendo el extractivismo colonial sobre los
territorios indígenas de América Latina. Una realidad que también está
atravesando a Nicaragua, donde se está cometiendo un etnocidio.
Son las 5:00 de la mañana y Marisela se levanta para juntar y
calentar el agua con la que Francisco, su hijo, se bañará antes de irse a
trabajar. Ellos viven en el municipio de Nezahualcóyotl, Estado de
México, en donde la falta de agua en algunas colonias es una constante y
su acceso al recurso es a través de pipas, que “hay que corretear”.
Al igual que muchas otras mujeres, Marisela es la responsable
de cuidar que una de las pipas les dejen agua. Y como no se sabe a qué
hora van a pasar, los martes y los jueves ella no sale de su casa y se
asegura de quedarse frente a su portón el tiempo que sea necesario, para
lograr que la pipa abra su manguera solo por un minuto. De no ser por
Marisela, Francisco no se podría ni bañar.
“La escasez de agua, la contaminación y su mala gestión afecta a
muchas comunidades en el mundo; pero históricamente son las mujeres las
encargadas de los cuidados y servicios del hogar, así que la falta de agua afecta más a las mujeres”,
explicó a Animal Político la doctora Helena López, académica del Centro
de Investigaciones y Estudios de Género de la UNAM, quien recalcó que
la principal causa de esto es la división del trabajo por razón de
género.
Es decir, socialmente se asignan tareas y responsabilidades
diferentes para hombres y mujeres. Por ejemplo, a las mujeres se les
asigna el rol de cuidadoras y encargadas de las labores del hogar, sin
que por ello perciban un sueldo, y a los hombres el del trabajo
remunerado fuera de casa.
Basta con ver las cifras de INMUJERES para
saber que esto va más allá de un concepto, pues durante el primer
trimestre de 2021, la tasa de participación en trabajo no remunerado, es
decir, que realizan alguna labor sin recibir un sueldo, fue de 72.7
para hombres, pero de 95.38 para mujeres.
De acuerdo con el INEGI,
en 2020 el valor económico de las labores domésticas y de cuidados
reportó un monto de 6.4 billones de pesos, equivalente a 27.6% del PIB
del país. Y fueron las mujeres quienes aportaron 2.7 veces más valor
económico que los hombres por sus actividades de labores domésticas y de
cuidados en el hogar.
Hablando específicamente de agua, un estudio realizado en Hidalgo que se encuentra disponible en la plataforma Scielo
concluyó que “los problemas de escasez, falta de calidad y deficiente
gestión ponen en riesgo el ejercicio del derecho humano al agua de las
mujeres”.
Y esto implica sobrecargas de trabajo para abastecerse de otras
fuentes y gastos adicionales para comprar agua. “Como responsables de
todas las tareas domésticas, las mujeres son las primeras afectadas por
esta situación”, destaca.
“Las desigualdades de género en el ámbito del agua son
profundas y persisten en todos los niveles, con graves repercusiones en
los esfuerzos internacionales para el logro del desarrollo sostenible”,
recalca la Unesco.
Dicha institución describe que el género define los roles, las
responsabilidades y las oportunidades de las personas en la sociedad y,
muy a menudo, determina potencial, conocimientos, talentos y
oportunidades que pueden alcanzar.
“El género también determina la relación que
establecen las personas con el agua al moldear las necesidades, acceso,
uso y beneficios de este recurso vital”, señala.
Mujeres que luchan por el agua
Nezahualcóyotl es una de las demarcaciones de la zona
metropolitana del centro del país a la que el Sistema Cutzamala provee
del 30% del agua que utiliza. Pero esa agua proviene de las presas
Tuxpan y El Bosque, en el estado de Michoacán, y Colorines, Ixtapan del
Oro, Villa Victoria, Valle de Bravo y Chilesdo en el Estado de México.
Es decir, el agua que usamos en la Ciudad de México y parte del
área metropolitana se extrae de otros sitios. Esto sucede desde hace 40
años, debido a la sobreexplotación de las cuencas de los valles de
México y Toluca-Ixtlahuaca.
Este es un ejemplo de extractivismo, que se entiende como esta
situación en la que se explota la riqueza natural de un lugar, en este
caso el agua, para exportarla a otro sitio sin ningún tipo de
compensación para los habitantes de donde se saca el recurso, aunque eso
implique reordenar los territorios.
Por ello, la investigadora señala que para resolver el problema
del acceso al agua en particular, y del extractivismo en general, “lo
más importante es cambiar la cultura patriarcal, colonial y racista”.
En septiembre de 2004 surgió en Villa de Allende, Estado de México, el Ejército de Mujeres Zapatistas en Defensa del Agua.
En entrevista para Cimac,
la comandanta Griselda Estrada dijo que se sumó a esta iniciativa
debido a la carencia de agua, porque la extracción para alimentar el
Cutzamala les afecta a ellas y a sus hijos.
“Para nosotros el agua es la vida y se la llevan, de qué sirve
que tengamos la planta a unos metros si no tenemos el vital líquido en
nuestra casa”, señaló.
Pero este es solo un ejemplo del papel que las mujeres han
tomado en los últimos años en cuanto a justicia en el acceso al agua se
refiere.
De forma más actual, la investigadora de la UNAM también
reconoce que las mujeres jugaron un papel central en la toma de las
instalaciones de Bonafont en Puebla, que fueron ocupadas por
manifestantes por casi siete meses, hasta que fueron desalojadas por
fuerzas federales el pasado 15 de febrero, según narró el medio poblano Manatí.
Todo comenzó cuando comunidades nahuas notaron que el flujo del
río Metlapanapa disminuía en el municipio de Juan C. Bonilla, lugar en
donde se asentó la embotelladora de la empresa Bonafont.
Los pobladores atribuyeron la falta de agua a la extracción
industrial de la compañía y durante 13 años establecieron un cierre
simbólico de las instalaciones, pero ante la falta de atención de las
autoridades, en marzo de 2021 impidieron el funcionamiento de la planta y
ocuparon la embotelladora de agosto de 2021 a febrero de 2022, cuando
fueron desalojados.
“La lucha no es por estos lugares, la lucha no es un espacio.
Estamos de pie y vamos a seguir organizándonos para seguir, no vamos a
declinar. Realmente no se perdió mucho: al contrario, se ganó coraje”,
declaró a corriente Alterna una de las manifestantes, quienes se siguen organizando para promover un boicot contra Bonafont y Danone.
“Lo que hay que hacer es enfrentar de verdad el tema del
extractivismo. No puede ser que las grandes compañías sobreexploten el
agua, dejen a las comunidades sin agua”, dice Helena López, quien
recalca la importancia de promover políticas públicas que garanticen el
acceso y la distribución del agua; así como proteger los ecosistemas y
buscar tecnologías adecuadas.
Otro ejemplo de lucha es la activista indigena Berta Cáceres,
quien lideró por años una lucha contra un proyecto para construir la
represa Agua Zarca a lo largo del río Gualcarque, Honduras.
En México, 15 de los 32 estados de la República padecen un nivel de estrés hídrico “extremadamente alto”, según un reporte de WRI. Lo que significa que la demanda de agua es más alta que la cantidad disponible.
La emergencia solo puede atenderse con políticas públicas para
tratar de regular la escasez y desigualdad en el acceso al agua,
coincidieron especialistas entrevistados en esta otra nota.
Pero la doctora Helena López señala que para hacer política
pública en temas de agua es necesario tomar en cuenta a las mujeres, en
primer lugar.
No solo se trata de un tema de equidad, el incluir la
perspectiva de género en la toma de decisiones es necesaria para la
efectividad de las mismas.
Así lo remarca la Alianza de Género y Agua (GWA),
pues señala que al ser las mujeres las mayores usuarias del agua a
nivel mundial, y las responsables de proveer el agua y los servicios de
saneamiento adecuados para sus familias, “las
responsabilidades específicas que tienen las mujeres en los asuntos que
conciernen al agua, les conceden una experiencia valiosa, lo cual es fundamental en la búsqueda por lograr una gestión efectiva del agua”.
Al respecto, Michelle Morelos, quien desarrolla una
investigación en el posgrado de Ciencias de la Sostenibilidad de la
UNAM, señala que ante el problema del acceso al agua no hay una sola
solución, pues debe considerarse todo el contexto social, cultural,
demográfico y geográfico al que cada zona se enfrenta.
“No podemos estandarizar procesos, al final todas las
innovaciones inclusivas van a tener una parte de contexto muy
importante, y una parte local muy importante. No puedes esperar que las
mismas propuestas de solución del norte del país funcionen para el
centro y viceversa, pues la forma en cómo se apropian de estas
tecnologías va a ser distinta en cada comunidad”, enfatiza.
Solo por poner un ejemplo, Morelos describe que, en una
investigación que está llevando a cabo sobre los sistemas de captación
de agua de lluvia, son los ingenieros quienes explican a los hombres del
hogar cómo va a funcionar la ecotecnología. Pero en la práctica las que
realmente se encargan de darle uso y mantenimiento al sistema son las
mujeres.
“Ellas se hacen responsables de los sistemas a pesar de que a
ellas los instaladores no se dirigen, y no platican directamente con
ellas”, señala.
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Josefina Tunki en 2019 se convirtió en la primera
presidenta mujer del pueblo nación Shuar Arutam, una de las siete
nacionalidades indígenas de la Amazonía del Ecuador; país con menor
superficie de la región (256.370 km2), pero que alberga parte de la
mayor diversidad del mundo entero. Tunki desde muy joven luchó contra
las injusticias y pronto se encontró defendiendo la selva amazónica de
las mineras.
“Como todo pueblo, hay que ser bastante estratégicos en estas épocas;
porque nosotros nos cuidamos bastante”, me suelta Josefina Tunki y me
pide una identificación durante nuestra primera conversación. Luego me
reza unas palabras de protección: “Que tenga fuerza y que su sabiduría
la proteja para caminar en diferentes lados”, percibí el mensaje como un
decreto que me quitó el aire; nunca nos hemos visto de frente.
Josefina Tunki es una mujer de 58 años que defiende la selva
amazónica del sur del Ecuador de las mineras que se asientan en esas
tierras para extraer minerales como el cobre.
Me comparte fotos del territorio del pueblo Shuar Arutam,
en la milenaria Cordillera del Cóndor, donde sus ancestros vivieron y
crecieron, y donde yacen sus restos. Son lugares cósmicos: las lagunas,
las cuevas, los bosques y su biodiversidad. “Todo el territorio nuestro
es sagrado, ese patrimonio es nuestra vida”, dice al otro lado del
teléfono, desde la oficina donde tiene conexión para conversar conmigo,
porque en lo alto de la montaña donde vive no llega la señal.
Josefina Antonieta Tunki Tiris es la primera presidenta mujer del
pueblo nación Shuar Arutam, una de las siete nacionalidades indígenas de
la Amazonía del Ecuador. Es la mujer que representa a 12 mil habitantes
que pertenecen al pueblo independiente.
En una de nuestras conversaciones me narra que cuando tenía 13 años
se propuso estudiar, algo que en el pueblo Shuar Arutam no era algo que
hicieran las mujeres, porque no tenían la libertad de hacerlo. Josefina
conversó con su madre, María Tiris Wajarai Chapaik, pero por las
costumbres, nunca lo aprobó ni la apoyó. “Nunca celebró conmigo cuando
pasaba al siguiente año escolar, nunca le importó. Pero yo me sentía
feliz”, dice.
Su asistencia a la escuela, lo recuerda como el reconocimiento de su
primera lucha, esa epifanía que auguro su determinación en contra de
todo. Porque en el pueblo Shuar Arutam no había espacios para los
derechos de las mujeres.
Josefina nació el 15 de febrero de 1962 en la comunidad de «Chichis»,
que significa serpientes y pertenece a la asociación Santiago. Estudió
hasta el nivel secundario. Habla lengua Shuar y castellano. Josefina
carga una marca en el ceño, es una grieta en la piel, parece un tercer
ojo. Tiene el semblante y la mirada aguda; parece un cóndor que está en
lo alto vigilante.
Para garantizar su espacio de vida
“Un ser humano divino, un ser muy antiguo antes de la creación del
territorio, del planeta tierra”, me explica el misticismo del pueblo
sobre lo que significa Shuar Arutam: un pueblo invencible.
El pueblo Shuar Arutam es una de las siete nacionalidades indígenas
de la tierra amazónica (Kichwa, Waorani, Shiwiar, Andoas y Sépara),
naciones que dieron generaciones de lideresas como Josefina Tunki,
mujeres que han tenido que luchar por las representaciones de sus
Centros (comunidades) en las 200 mil hectáreas de extensión territorial
en el área del sureste de la Cordillera del Cóndor, sitio reconocido y
constituido en 2006 —tras seis años de asambleas— como el Consejo de
Gobierno del Pueblo Shuar Arutam.
Shuar Arutam está conformado por seis asociaciones (Santiago, Mayaik,
Nunkui, Sinip, Chuwia y Arutam) y 47 comunidades desde el 7 de
septiembre 2006, con el objetivo de fortalecer su sistema organizativo,
asegurar el recurso de la conservación y alcanzar un mejor equilibrio en
el desarrollo sustentable de la vida, me detalla Josefina en un
documento.
“En el último decenio, los Shuar analizaron figuras de Protección
para su bosque. Como alternativa a las Áreas Protegidas por el Estado,
los shuar crearon la figura de Territorio Shuar Protegido para la
Conservación. Allí, tienen su propio Gobierno Shuar Territorial
Autónomo, y realizan el manejo del 25% de su bosque, conservando el
resto para garantizar su espacio de vida”.
Josefina define la defensa del territorio y del medio ambiente como
parte de los derechos constituidos en la Constitución Política de
Ecuador. “Es nuestra tierra que le pertenece a cada familia que
enriquece los cursos de la vida de este territorio”, dice.
Nos buscamos, se nos cruzan las llamadas para conocernos más, porque
dice que hacerlo es importante. Entonces, me platica que inició su lucha
desde las bases con un curso de capacitación en defensa del territorio y
medio ambiente. En 1978, cuando Josefina tenía 16 años, ya estaba
dentro de la Federación Interprovincial de Centros Shuar (FICSH).
Después, para 1996, se convirtió en secretaria, también fue vicesíndica y
sindica. Relata que nunca se sintió sola porque estar ahí representaba
vivir en lo colectivo, en sociedad.
Sin embargo, los líderes de la FICSH estaban recibiendo dinero del
gobierno para permitir que empresas mineras transnacionales (Exa,
Solaris Resources, Lowell, EcuaSolidos y SolGold) tomarán su tierra.
Estas empresas, sostiene Josefina, han obligado al desplazamiento
forzado y han saqueado los minerales; territorio que hoy está todo
concesionado, dice.
Ese fue el momento en el que Josefina decidió dejar la federación,
salió para formar parte del Consejo del Pueblo Shuar Arutam; ahí, en
2010, llegó a ser presidenta de la Unidad Ejecutiva Assokanus que
vigilaba el uso correcto de los recursos materiales y legales de las
maderas y su procesamiento para evitar crímenes contra los árboles de la
Cordillera del Cóndor.
La primera presidenta del pueblo Shuar Arutam
En 2019, la nación del pueblo Shuar Arutam estaba en asambleas para
renovar su formación organizacional, momento en que no tenían registro
de perfiles de mujeres indígenas para los cargos. Las compañeras mujeres
propusieron a Josefina, porque todas las veces gobernaban hombres. Esa
mañana del 1 de junio, por votación directa y unánime Tunki asumió la
presidencia. Por cuatro años deberá dirigir a un Consejo de Gobierno
conformado por 12 varones. Ha sido la primera vez que sucede en una
organización Shuar
Josefina tiene un gran compromiso, porque, dice, “estar al frente de
ciudadanas, niñas y niños, se tiene que hacer un esfuerzo más grande
para gestionar y hacerlo desde cero para hacer frente al gobierno”.
Este primer año que lleva como presidenta, Josefina ha vivido en
amenaza constante por parte de las mineras EcuaSolidos y Solaris
Resources, y del gobierno de Lenin Moreno. Incluso estas mineras y el
gobierno la han llamado “punto rojo” para señalarla; es una amenaza,
dice.
La organización Amnistía Internacional publicó en 2019 el informe “No
nos van a detener. Ecuador: Justicia y Protección para las Mujeres
Amazónicas Defensoras de la Tierra, el Territorio y Medio Ambiente”, que
contiene los resultados de las investigaciones que realizó en 2018 por
las agresiones contra las mujeres amazónicas ecuatorianas. En el informe
se hace mención a las amenazas de muerte, ataques y hostigamiento en
sus domicilios perpetrados contra mujeres indígenas, lideresas,
defensoras integrantes del colectivo “Mujeres Amazónicas Defensoras de
la Selva de las Bases Frente al Extractivismo (Mujeres Amazónicas)”.
Precisamente, en el informe se menciona que en el Día Internacional
de los Pueblos Indígenas (el 9 de agosto de 2018), Amnistía
Internacional, junto a otras organizaciones ecuatorianas como Amazon
Watch, lanzó la campaña “Guardianas de la Naturaleza” y una carta
dirigida al presidente ecuatoriano, Lenín Moreno. La misiva de cuatro
puntos solicitaba medidas de protección para las mujeres defensoras de
la tierra que no han sido implementadas: Que se investiguen
efectivamente las amenazas y ataques contra personas defensoras de los
derechos humanos y se tenga transparencia de los resultados para ejercer
justicia; que se diseñe una política de protección para personas
defensoras de derechos humanos de acuerdo con la Corte Interamericana de
Derechos Humanos (CIDH); que incluya las voces de las personas
indígenas y de organizaciones.
Se pide también a la Fiscalía General del Estado ecuatoriano un
protocolo de investigación para los delitos contra personas defensoras
de derechos humanos con un enfoque de género e identidad indígena y
campesina, que incluya a las persona que defienden derechos vinculados a
la tierra, el territorio y medio ambiente, esto por la histórica
criminalización de la protesta de las mujeres amazónicas.
También denuncia que lejos de existir un compromiso de respeto por la
organización social de las nacionalidades indígenas, el gobierno inició
un agresivo proceso de desconocimiento de las verdaderas
organizaciones, líderes, y empezó a legalizar a organizaciones y
personas afines al propósito extractivista en la Amazonía, estimulando
así las acciones de violencia sobre todo en contra de las mujeres
lideresas. En la implementación de los proyectos extractivos, petroleros
y con el inicio de las operaciones mineras y concesiones a las empresas
EcuaCorriente S.A (ECSA), Lowell, EcuaSolidos, Belarusian Oil Company,
Andes Petroleum y CELEC EP, no se respetaron estos derechos, detalla el
documento.
En entrevista para Distintas Latitudes el
coordinador de Amazon Watch en Ecuador, Carlos Mazabanda, explicó que
uno de los puntos que han hecho que la lucha de las mujeres no sea tan
visible en el Ecuador es la misma estructura organizativa que ha surgido
en los movimientos en las organizaciones indígenas y campesinas.
“Vivimos en una sociedad patriarcal y el rompimiento con estas
estructuras ha sido un proceso por el reconocimiento de los derechos
colectivos, indígenas, ambientales”, explica vía telefónica.
Sin embargo, en los territorios el rol de las mujeres es protagónico.
A principios de los años dosmiles, un ejemplo es el caso de las mujeres
de la comunidad Kichwa de Sarayaku, quienes lideraron la defensa del
territorio contra la empresa petrolera Estatal de Petróleos del Ecuador
y el consorcio conformado por la Compañía General de Combustibles S. A.
y la Petrolera Argentina San Jorge S.A., a quienes se les otorgó por
contrato el espacio territorial de una superficie de 200 mil hectáreas
en el que vive el pueblo Kichwa.
En este proceso en que las mujeres indígenas asumen la defensa de sus
pueblos ya se han elegido mujeres en cargos determinantes en
representación de la organización de la nacionalidad como en el caso de
Josefina Tunki.
Mazabanda reconoce que si bien las amenazas relacionadas a proyectos
extractivos en territorios indígenas es fuerte, en Ecuador —es el primer
exportador de petróleo y minería— no se tiene la situación de Colombia o
Brasil, donde los defensores y defensoras han sido sacrificadas por sus
causas.
Y aunque Josefina es la presidenta, aún existe la discriminación
contra las mujeres en el tertitorio Shuar Arutam por parte de los
compañeros del consejo para que las mujeres puedan tener un cargo
organizacional, reafirma Josefina.
Las naturaleza como resistencia contra la covid-19
Josefina Tunki se disculpa porque no ha respondido las llamadas, me
dice en un mensaje que le ha tocado respaldar a compañeros que en la
organización presentaron familiares que fueron afectados por el
SARS-CoV2. Está preocupada.
“Es una pesadilla, hemos luchado frente al covid con la entrega de
medicamentos y raciones alimenticias a las compañeras de la
organización, estamos haciendo esfuerzos”.
Me comparte fotos, vídeos, donde se mira como la organización provee
tratamientos naturales que da la tierra amazónica, porque no han
recibido atenciones del Ministerio de Salud Pública. “Nosotros
dispusimos el regreso de compañeros a sus Centros (comunidades) e
incluso utilizamos la radio ‘La voz de la cascada’ para informar sobre
el covid y difundir cómo prevenir los contagios y formas naturales de
salir de él”, relata.
“Combatimos la pandemia con medicinas tradicionales, pidiendo a Dios Arutam por las personas enfermas», me cuenta Josefina.
Sube la voz y denuncia que en marzo la empresa Solaris Resources, que
se estableció en la comunidad de Warints, no llevó a cabo el decreto
del gobierno ecuatoriano de toque de queda o “quédate en casa” y sólo
suspendió sus actividades 15 días. “Los habitantes ya están
acostumbrados porque para ellos es su modo de subsistencia, es muy
difícil para ellos”.
***
“Lo que me tranquiliza es cuando logro un objetivo, también cuando me
contacto con los aliados estratégicos de nuestra organización y mi
mejor distracción es estar en contacto con mis amigos y amigas,
familiares cuando me apoyan moralmente”, dice la defensora.
En la nacionalidad Shuar el liderazgo de una mujer es muy difícil.
“Porque es quien se encarga de todo, de la casa, de los hijos e hijas,
incluso si es profesional o en donde conduzca su labor, no pueden
ausentarse”, reconoce.
Y aunque Josefina no tiene hijos, aún se vuelve una tarea difícil defender su rol.
“Yo vine a caer en el mundo y sola regresaré de donde vine”, dice. Yo la veo como el cóndor que todo lo vigila.
***
Mujeres de palma y maíz. Una serie de historias
de mujeres indígenas que defienden el agua, la tierra, los bosques, los
ríos y los derechos de las mujeres campesinas. Historias de las voces
silenciadas de quienes están en la primera línea en la lucha por la
preservación de los ecosistemas y la protección de los derechos humanos
en América Latina.
La posición de la vivienda de la
defensora del medio ambiente Claudia Zenteno Saldívar, enfrente de la
zona protegida de Xochimilco, se ha convertido en una bendición y una
maldición a la vez.
Ciudad de México. Llegó a asentarse en el borde del
área verde con su esposo, en 1995. Al inicio, contó en entrevista con
Cimacnoticias, se preguntaba qué había enfrente de su casa y muy pronto
realizó su primera exploración de la zona. “Me fui entre las hierbas y demás, ¡y me enamoré de eso!”, contó con voz emocionada.
“¡Es una belleza! Le decía a mi esposo, es que hay
unos animales blancos con un pico. Y me decía ¡son pelícanos! No, decía yo,
porque los pelícanos tienen una bolsa. Y bueno, estábamos en la discusión, que
sí, que no. Y ya después resultó que sí son pelícanos. Veía a las garzas y el
agua, ¡era azul! Me quedé enamorada, de ver las golondrinas, la neblina, el
amanecer. De aquí veo el Popo y el Ixtla. Veo el Ajusco, todos los volcanes.”
Sin embargo, observando la naturaleza, también
notaba los cambios, sobre todo del uso del suelo. Vinieron los asentamientos
ilegales dentro del área protegida, la filmación de las series “Mexica” y
“Hernán”, de Grupo Salinas, Grupo Azteca y Amazon. Y están los planes del
gobierno de la ciudad, de prolongar el Metrobús línea 5.
Poco después de su llegada, en 1997, Claudia inició
su lucha contra los proyectos que amenazaban la biodiversidad del área verde.
La zona de humedales, explicó, es de alto valor ambiental para la Ciudad de
México. “Si se pierde esta zona, toda la ciudad se convertiría en desierto”, dijo.
Además, las chinampas son vestigios arqueológicos, una herencia cultural que se
está “descuidando terriblemente”.
El día de hoy, el área protegida que la defensora
ama tanto, es afectada por varios proyectos. Por un lado, están las compañías
que filman la serie “Hernán” en las áreas verdes. “Este grupo, dice tener los
permisos”. Hasta ahorita, dijo, no han podido comprobarlo. “Y la
Secretaría del medio ambiente, cuando se le pide a través de información
pública, está ocultando, dan vueltas y vueltas”, narró Zenteno Saldívar.
La defensora criticó muy fuerte los proyectos de
desarrollo urbano en la región. Opinó que a la jefa de gobierno, Claudia
Sheinbaum Pardo, le importa más el voto de las personas que viven en las zonas
marginadas, y también en los asentamientos irregulares dentro de las áreas
protegidas, que la protección del medio ambiente. Recientemente, observó que
funcionarios de la alcaldía llevaron energía eléctrica a un asentamiento
irregular, lo que en su opinión está mal.
Defender el medio ambiente, la
puso en posición vulnerable
Otro proyecto popular que afectará al medio
ambiente es la prolongación de la línea 5 del Metrobús. “Van a rellenar el
canal”, advirtió, “porque dicen que es una obra que beneficiará a toda la
comunidad.” En los planes originales, narró con tono enojado, “nunca se dijo
que se iba a tocar esa área. Yo verifiqué el expediente. Hoy, en su proyecto,
dicen voy a rellenar el canal, voy a dejar la ampliación junto a los
asentamientos irregulares que están dentro del suelo de conservación, y yo como
autoridad no he hecho absolutamente nada para detener la mancha urbana.”
Sin embargo, esta posición en defensa del medio
ambiente, le ha llevado a hacer enemigos. Las amenazas que ha vivido son
múltiples. Desde intimidaciones que le decían “pinche vieja, vaya usted a su
casa a lavar los trastes!”, infiltraciones a sus cuentas en redes sociales, a
un recurso administrativo de clausura para su casa, hasta ataques físicos como
golpes a su familia, el secuestro de su hijo, y un intento de homicidio. Fue
tanto que ella ahora se encuentra en el Mecanismo de Protección a Personas
Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas.
Ahora resulta que la posición de su casa también es
maldición. “Hay pintas en mi casa. Tiros de arma de fuego fuera de mi casa.
Grupos delictivos enfrente de mi casa. Los tengo aquí”, contó Zenteno Saldívar.
Su fuerte, habría sido la familia. “He visto el desmoronamiento de las familias
de compañeras”, dijo, pero a pesar de la represión que sufrió no solamente
ella, sino también su esposo, hijo, y otros familiares, se mantuvieron unidos.
“Quizá por eso, no han podido”, opinó.
Junto con una terapeuta, su familia aprendió a
cambiar rutinas, como medida de seguridad, y ser más vigilantes. “Vamos a abrir
más los ojos. Ese, tiene la piel de oveja pero véle las patas, será un lobo”,
concluyó la defensora.
Defensoras de la tierra y el territorio, hablan de sus experiencias con los medios. Foto: Sonia Gerth/Cimac
Ciudad de México. El asesinato como noticia y las
voces masculinas predominan la cobertura en los medios de defensoras y
defensores de la tierra y el territorio. Esto es el resultado del
observatorio de la agenda mediática que realizaron CIMAC y la
Asociación Mundial para la Comunicación Cristiana (WACC por sus siglas
en inglés), del 4 de junio al 6 de julio 2019.
La Coordinadora del Observatorio de CIMAC, Cirenia Celestino Ortega,
explicó que bajo la metodología internacional del Proyecto Mundial de
Monitoreo de Medios (GMMP, por sus siglas en inglés), se analizaron un
total de 3 mil 283 textos periodísticos, de los principales espacios
noticiosos en radio, televisión, portales, periódicos impresos y cuentas
de twitter noticiosas. El análisis demostró que, a pesar de las
violencias que viven las personas defensoras en el país, sus luchas sólo
aparecen en una parte mínima de las noticias, y las mujeres defensoras,
nunca como protagonistas.
De acuerdo con Amnistía Internacional, de enero a septiembre de 2019,
12 personas defensoras del medio ambiente fueron asesinadas en México.
Desde 2016, el Relator Especial de las Naciones Unidas sobre la
Situación de los Defensores y las Defensoras de los Derechos Humanos,
Michel Forst, había alertado sobre la defensa de las selvas, montañas,
bosques y ríos de América Latina se había convertido en un asunto de
alto riesgo.
Sin embargo, sólo 28 de los productos noticiosos analizados,
abordaron la defensa de tierra y territorio, es decir, 0.85 por ciento.
Únicamente en dos notas aparecen mujeres como voceras en este tema,
ninguna de ellas defensora. En un caso, fue la académica Miriam
Grunstein Dickter, y en el otro, la funcionaria Mariana Boy Tamborrell,
dijo Celestino Ortega.
El asesinato como
noticia y las voces masculinas predominaron las noticias, por
ejemplo, el asesinato del ambientalista José Luis Álvarez Flores,
ocurrido el 10 de junio en los límites de los estados de Chiapas y
Tabasco, y las reacciones de otros defensores y funcionarios al
respecto.
Otro resultado del análisis fue que se observaron diferencias
respecto a los textos sobre defensa del medio ambiente entre los textos
que fueron escritos por mujeres y hombres. Se notó que las reporteras
cubrieron la defensa en lo local, por ejemplo, la tala de montes en
Ocuilan, la defensa del santuario del monosaraguato, o la deforestación
en la península de Yucatán. Mientras tanto, los reporteros cubrían lo
nacional, por ejemplo, desplazamiento y afectaciones del aeropuerto de
Santa Lucía.
Defensoras de la tierra y el territorio en la agenda mediática mexicana. Gráfica de Cimac
En la presentación del informe, el 10 de marzo en el Museo de Memoria
y Tolerancia, cinco defensoras de la tierra y del territorio
reflexionaron sobre el papel de las mujeres y de los medios de
comunicación en la lucha. Liliana Velásquez Fuentes, indígena náhuatl y
activista contra la termoeléctrica de Morelos, Claudia Zenteno Saldívar,
defensora del medio ambiente de Xochimilco, Gloria Flores, de la Red
Nacional de Defensoras, Itzel Silvia Monroy, abogada litigante de
Fundar, y América del Valle Ramírez, integrante del Frente de Pueblos en
de Fensa de la México Tierra, Atenco, coincidieron en que las mujeres
tienen un papel importante.
Ellas, en muchos
casos serían las cuidadoras de la tierra, de la cultura, de la
lengua, de la historia, de la vida silvestre y de las plantas, todos
los aspectos que constituyen un territorio. Y en muchos casos, la
amenaza de afuera también resultó en un proceso de empoderamiento
de las mujeres en sus propias comunidades. Así, del Valle Ramírez
refirió un momento de represión en San Salvador Atenco, en que uno
de los “líderes” de la comunidad ordenó “a todas las mujeres
y niños” refugiarse en las casas.
Ante este anuncio,
narró, una de las mujeres alzó la palabra y retó al hombre:
“Nuestro lugar es aquí, al igual que ustedes”, habría dicho.
“¿Y quienes creen que cocinaron?” para las personas en las
calles, preguntó la defensora. El rol de las mujeres para el
movimiento, habría sido fundamental, concluyó.
Sin embargo, este
papel no se refleja en la cobertura mediática de los movimientos
sociales de la defensa de la tierra. Los medios comerciales,
indicaron las defensoras, buscarían protagonistas hombres o
“líderes”, y en muchos casos, la nota sangrienta. Los medios
alternativos, opinaron, serían en muchos casos aliados de las
personas en lucha, y las defensoras confiaron en que reflejan su voz
de manera verídica.
Sin embargo,
advirtió del Valle Ramírez, los pueblos en defensa no pueden
renunciar a la cobertura de los medios comerciales, porque serían un
“amplificador” de sus reclamos. Como resultado de su observatorio
de medios, Cimac elaboró siete recomendaciones para periodistas que
cubren la defensa de la tierra y el territorio:
1. Defiende la
autonomía mediática
2. Pregúntate
¿dónde están las mujeres en la comunidad específica a la que te
refieres?, ¿por qué están ahí? ¿el proyecto del que se defienden
de qué manera les impacta a las mujeres? Por ejemplo, incrementara
las horas de trabajo doméstico como el acarreo de agua y lavado de
ropa, preparación de alimentos, las alejas de sus actividades como
bordados y elaboración de artesanías, profundiza la desigualdad.
3. Acompaña el
movimiento, es decir, mantenerte cerca del movimiento e informa sobre
los avances, retrocesos y riesgos en la defensa de la tierra.
4. Pregúntate
¿quiénes se benefician con ese megaproyecto?
5. Teje otras
relaciones entre medios libres y alternativos.
6. Evita ser
portavoz de los grupos con intereses económicos y políticos contra
determinado territorio.
7. Alerta a la
ciudadanía de los riesgos que significan para la salud y la vida de
la población.
Un video que resume el informe e incorpora las voces de tres defensoras, está disponible en Cimac TV.
La Iniciativa
Mesoamericana de Mujeres Defensoras de Derechos Humanos
(IM-Mujeres) informó que datos preliminares de su registro, en 2018,
contabilizó un mil 747 agresiones contra defensoras de El Salvador, Guatemala, Honduras, México y Nicaragua, un incremento respecto a los años anteriores: en 2017 contabilizó un mil 558 agresiones, para 2016 fueron un mil 462.
La IM-Mujeres detectó que para el periodo 2017-2018, las defensoras de la tierra, el
territorio y el medio ambiente siguen siendo las más agredidas (mil 14),
seguidas de quienes defienden el derecho a la verdad, justicia y reparación
(666).
Las defensoras mencionaron que se viven tiempos de
represión brutal de gobiernos de Chile, Colombia y Bolivia, en la que se
enfrentan a políticas neoliberales, extractivismo y fundamentlaismo religioso.
La Iniciativa hizo una breve síntesis de las situaciones de
los 5 países, en la cual coincidieron que frente a estos contextos de violencia
las mujeres siguen a la vanguardia de todas las luchas, en todos los países y
comunidades.
En Nicaragua, la crisis
socio-política y de Derechos Humanos que vive el país desde abril de 2018,
lejos de cerrarse, se prolonga y profundiza junto con la represión de la
protesta pacífica y la violencia paramilitar contra las defensoras. Doloroso
testimonio de ello son las 7 compañeras que este 29 de noviembre amanecen bajo
la condición de presas políticas o las decenas de defensoras que siguen
exiliadas.
En Honduras, a 10 años
del Golpe de Estado, la corrupción y el crimen organizado campan a sus anchas
en un gobierno que reprime a la población que ejerce su legítimo derecho a la
protesta. Garantiza impunidad para corporaciones que usurpan territorios para
los asesinos de Berta Cáceres y para quienes ejercen violencia criminal contra
las comunidades y las mujeres -como es el caso de las garífunas- mientras
criminaliza a quienes defienden derechos.
En El Salvador, las
mujeres seguimos siendo víctimas de femicidio y criminalización por abortar o
por denunciar abusos y violencia sexual. Nuestras compañeras de las comunidades
LGBTI son asesinadas con crueldad y con la más absoluta impunidad mientras el
discurso de odio se expande por las redes sociales y medios de comunicación, en
ocasiones con la connivencia de destacados funcionarios del gobierno.
En Guatemala, mientras
el Estado blinda sus dinámicas corruptas expulsando a la CICIG del país y
tramita leyes que suponen una amenaza para las organizaciones de Derechos Humanos
y para los derechos fundamentales de la población, las mujeres seguimos siendo
asesinadas -571 en lo que va de año- y las defensoras, especialmente las
integrantes de los pueblos originarios, agredidas y criminalizadas por defender
la tierra y nuestras comunidades.
En México, las periodistas son asesinadas y atacadas
por ejercer su libertad de expresión y derecho a informar, las
defensoras feministas enfrentan un discurso de odio y criminalización
por denunciar las violencias contra las mujeres o por defender el
derecho a decidir sobre nuestros cuerpos. Quienes defienden los derechos
de las personas migrantes son objeto sistemático de agresiones en el
marco del pacto sobre política migratoria firmado por los gobiernos de
México y Estados Unidos.
Perseida Tenorio (izq.) y Alejandra Rosado quieren revivir tradiciones zapotecas en Ixtaltepec. Foto: Sonja Gerth/Cimac
“Una
mano para Oaxaca” es una asociación que intenta revivivir tradiciones y
rescatar el patrimonio cultural zapoteco en Asunción Ixtaltepec,
Oaxaca. El grupo fue fundado luego del terremoto en la región, el 7 de
octubre 2017, primero para apoyar a la población con víveres y otras
donaciones. Después, se desarrolló un proyecto para reconstruir hornos
tradicionales, y de ahí, un abanico de actividades culturales y de apoyo
económico en la región. El objetivo es rescatar el patrimonio
intangible, es decir, la cultura, las tradiciones y el idioma zapoteco
en este pueblo. En el marco de la Misión Internacional de Observadoras y Observadores de Derechos Humanos al Istmo de Tehuantepec,
dos de las fundadoras, Perseida Tenorio y Alejandra Rosado Martínez,
hablaron con Sonia Gerth de Cimacnoticias sobre su visión.
–Sonia Gerth (SG): Alejandra y Perseida, ¿Por qué es necesario el rescate de la cultura?
–Perseida Tenorio (PT): Lo que pasó en el 2017 con
el terremoto, es que el sismo visibilizó e incrementó las problemáticas
que ya existían en el Istmo y en nuestra comunidad. Ya existían desde
antes condiciones no buenas, culturales, económicas, políticas y
sociales. Es decir, ya estábamos en desastre pues… y cuando ocurre el
terremoto se dice: ‘es un desastre natural’, pero realmente este
fenómeno vino a incrementar la ruptura del tejido social que ya
teníamos. Entonces, lo que esto ocasionó es que la gente valorara más
aquello que no se podía tocar. Porque ya que nos quedamos sin viviendas y
sin todo el patrimonio arquitectónico, nos hizo darnos cuenta que si no
rescatábamos aquello intangible, no nos iba a quedar nada.
Ya íbamos a perder además de nuestras casas tradicionales, nuestra
lengua, nuestro modo de vida, nuestras formas de organizarnos, nuestros
trabajos típicos, los oficios tradicionales, nuestra música tradicional.
Entonces, lo que hace “Una mano para Oaxaca”, es una iniciativa de
jóvenes que nace de la comunidad, que dice, si ya existe esa necesidad
de rescatar aquello que no se puede tocar, vamos a darle forma de
talleres prácticos para que las mujeres puedan a partir de aprender sus
oficios tradicionales, tener una autonomía financiera. Fue como una
brecha para darnos cuenta que era el momento de revitalizar nuestra
cultura, porque si ya existían todas esas condiciones no favorables…
–SG: Pero ¿De qué manera se había roto el tejido social?
“Nos decían que necesitabamos evitar de hablar zapoteco porque ‘impedía el desarrollo'”
Perseida
PT: Bueno por ejemplo, cuando decimos que existe una
ruptura social es que una de nuestras prácticas comunitarias de
organización como es el tequio, que representa la ayuda mutua, ya no se
practicaba, o se practicaba en menor medida en nuestra comunidad. Se
practicaba tal vez sólo en las fiestas tradicionales y ya no en los
medios de construcción de viviendas por ejemplo, que así se fundaron y
se construyeron muchos de nuestros pueblos. Y por ejemplo el tequio es
una práctica que ayudaba a la preservación y la defensa del río,
entonces, cuando se deja de promover esta práctica comunitaria, pues
imagínate, se deja de trabajar comúnmente por un bien.
Cuando tu dejas de proteger el río a través de esta práctica
comunitaria, pues existe una desvinculación con el territorio. Entonces
la gente dejó de visitarlo, de amarlo, y dejó de defenderlo. Entonces es
como los medios de desarrollo no contemplan el buen vivir de las
comunidades, incrementan las problemáticas que ya vivían los pueblos, y
lo mismo pasa con la lengua. Por ejemplo, hace 30 años, nos decían que
necesitábamos evitar las lenguas originales porque eso ‘impedía el
desarrollo económico’.
Entonces en las escuelas, en lugar de que fueran bilingües, promover
que se hablara el zapoteco, era: ‘no hables zapoteco, porque eso está
mal y porque eso no es un pueblo desarrollado’ y demás, y lo mismo con
los oficios tradicionales, la elaboración de prendas de textiles
tradicionales, o la decoración de alfarería, o de ladrilleros, o de
totopo, de panadería tradicional.
En Ixtaltepec decían: “Estudia, si no te vas a dedicar a un oficio”, o
sea se desvalorizaba, social y culturalmente, cuando en realidad es lo
que mantiene viva a una cultura ¿no? Lo mismo pasa en las empresas
extranjeras que han llegado a nuestro pueblo, no se permite, por ejemplo
en un supermercado, hacer la compra de estos bienes en zapoteco. Eso
también va generando una discriminación, y una autodiscriminación que
uno dice ‘pues ya no voy a usar mi ropa’, también en los trabajos se
promovía ‘no tienes que usar ropa tradicional de nuestro pueblo, sino
pantalón, camisa y demás’. Entonces, estos sistemas económicos globales,
van haciendo a un lado nuestros modos de vida, a eso me refiero que
cuando pasó el terremoto ya éramos comunidades vulneradas por el sistema
en general. Ya no es fácil organizarnos. Nosotras incluso a través del
centro comunitario de “Una Mano para Oaxaca”, hemos promovido reuniones
de tequio ¡y a veces llegan seis personas! Antes era una práctica
comunitaria obligatoria, del pueblo. Entonces, por eso es importante el
rescate de la cultura, si no conoces todo eso, no amas la tierra ni el
territorio en el que habitas. Y si no amas la tierra y el territorio, no
lo defiendes.
–Alejandra Rosado Martínez (ARM): Para complementar
Perseida, justo que ahorita hablamos sobre las consultas. Vienen las
empresas y a la comunidad les dicen ‘va a haber trabajo’, y las personas
del pueblo nos dicen ‘¿por qué no quieres que haya trabajo?’ Entonces, a
los defensores les acusan mucho de esta manera, las criminalizan porque
dicen, ‘lo estás viendo para tí y yo necesito trabajo’. Y ahí
justamente el problema es que no hay manera de comunicar esta
importancia de que ellos conocen de principio al fin sobre el proyecto,
el medio ambiente, sobre la tierra, sobre el dinero, sobre la
corrupción. Pero existe ya una ruptura que es muy grande y que las
nuevas generaciones ya ni siquiera comprenden por qué defender su
tierra, por qué defender sus raíces.
Los megaproyectos incrementan la ruptura de los pueblos
SG: ‘¿En qué situación se funda la Asociación?
–ARM: Comenzamos en el 2017 a trabajar aquí, después
del sismo. Estábamos viviendo en Querétaro cuando sucecdió eso.
Perseida es originaria de Asunción Ixtaltepec, yo soy de Querétaro.
Cuando sucedió eso vimos en el momento de emergencia hacer algunas
actividades de víveres, todo lo que podía darse en este momento. Y de
ahí nació el primer proyecto, que fue la reconstrucción de hornos de
pan, que son los hornos tradicionales como de bóveda. Ixtaltepec se
reconoce por ser un pueblo panadero muy importante, que todo el mundo
aquí le encanta el pan de allá. Hay muchas cocineras también. Entonces,
comenzamos con ese proyecto y de ahí empezaron a salir algunos otros
proyectos, otros apoyos para poder enfocarnos más ampliamente en las
tradiciones.
Ahorita por ejemplo ya acabamos el proyecto de reconstrucción de
hornos desde hace unos meses, pero continuamos con el centro comunitario
que cuenta con talleres de oficios tradicionales, desde hamacas,
tejido, herbolaria, algunos otros. Y también tenemos una ruta de
murales, allá en nuestro pueblo, donde estamos dándole peso a estos
oficios para volver a vincular a la gente.
Se trata de artesanos que son representantes de la comunidad, que la
comunidad abraza y respeta, y con ellos mismos queremos demostrar que
aunque se perdió el patrimonio arquitectónico, el patrimonio tangible,
pues queda esto, que son los saberes y ese patrimonio que no podemos
tocar. Que creemos es sumamente importante defender ahorita, que va a
haber todos estas grandes intervenciones multimillonarias (se refiere a
los parques eólicos y los planes para el Corredor Transístmico en la
región) que corrompen un chorro de cosas.
–SG: Y estabas mencionando que cuesta, ¿no? Las
tradiciones no se pierden de la noche a la mañana, tampoco se pueden
reconstruir tan rápido. Mencionan que al taller de tequio vinieron seis
personas. ¿Cómo van estos talleres entonces?
–ARM: Nuestros procesos de convocatoria son bastante
diversos (ríe), depende mucho de la actividad que estamos haciendo,
sobre todo las actividades que Perse se refiere, aquellos que decimos
‘tequio’, así de ‘ven, vamos a hacer limpieza a este espacio’. A veces
se confunde un poco con un voluntariado, entonces la gente como no ve
que es por su comunidad ¿no? No se da cuenta que sí debería de
realizarlos porque es un deber comunitario, que eso pasa todavía en
otras comunidades, por ejemplo en la Sierra, donde ni siquiera se
preguntan si deberían o si les da flojera, es un deber como ciudadano, y
eso es algo que hemos ido perdiendo.
En esos casos, lo que hemos logrado es que la comunidad que viene a
nuestro centro comunitario a participar en otras actividades, es como la
nueva comunidad de nosotros. Y esa es la gente que participa y nos
apoya. Y poco a poco, a lo largo de estos dos años, más gente del
pueblo va reconociendo nuestras actividades, y también se va sumando. Y
no sólo a esos tequios, sino también a nuestros propios eventos, van y
siempre nos aportan, nos apoyan. Saben que es para la gente, para
vivirlo, y dicen, ‘¡Yo quiero poner estas aguas!’ La gente es muy linda
en ese aspecto y el tequio para nosotras va desde ahí. El querer dar y
compartir por un bien común. Como dices, no es de la noche a la mañana,
porque si nosotras nos descuidamos, otra otra vez puede romper ese
tejido.
“A lo largo de estos dos años, más gente del pueblo va reconociendo nuestras actividades”
Alejandra
PT: Hablando por ejemplo respecto a las actividades con niñas y niños, realizamos la ruta de murales,
que se llama “Regresemos los colores a Ixtaltepec”, es un proyecto de
resiliencia comunitaria donde a través de murales grandes, rendimos
homenaje a los guardianes y guardianas de oficios porque justo por
ejemplo como te comentaba al inicio, la cultura global te dice ‘no a los
oficios, no a la lengua, no a la vestimenta porque eres indígena,
porque eres pobre’, lo que buscamos es decir, ‘al contrario, ¡Siéntete
orgulloso y orgullosa de tener estos guardianes en tu pueblo!’ Que
dejemos de admirar a gente fuera, como marcas internacionales y demás, y
empezamos a visibilizar estos guardianes. Me gusta mucho ese de admirar
a superman, es como admirar a Don Germán, el último huarachero de
nuestro pueblo. Entonces esa visibilización, ha servido mucho para que
cada vez más niñas y niños quieran participar en las actividades.
Esta ruta de murales comunitarios que ahorita son 14 guardianas y
guardianes de oficios, trajo como resultado que la escuela de Ixtaltepec
decidió en su clase de historia, que los alumnos empezaran investigar
la ruta de murales. Así se van fortaleciendo los vínculos entre las
generaciones más jóvenes y los ancianos o ancianas que se dedican a
estos oficios tradicionales. Lo que estamos promoviendo en estos
momentos, es que niños y niñas del pueblo van a realizar la ruta, van a
conocer los murales y conocer a los artesanos, como si fueran museos
vivos, conocer por ejemplo a Don Germán, cómo hace el huarache, hacer
alguna práctica con él o ver las herramientas, que se vayan enamorando
pues de la tierra y de nuestra cultura, y según la medición de impacto y
nos gustaría promover o generar es la creación de políticas públicas
para una política cultural local donde las niñas y los niños tengan que
conocer a los artesanos de nuestro pueblo como una parte de la educación
primordial. Porque es cierto que te puedes ir a otros lugares y conocer
y trabajar en otros pueblos, pero si amas realmente tu tierra, vas a
querer regresar.
–SG: Pero para ser polémica, está muy bien crear el
vínculo con la cultura y crear comunidad, pero a la hora de que venga
una empresa y ofrezca dinero, frente a muchas personas que viven en
desigualdad, ¿realmente puede servir?
–PT: Sí creemos que puede servir, porque existen
otros proyectos u otras comunidades que nos han demostrado que a través
de la organización, es posible hacer frente a esas empresas. Si se
desvincula comunitariamente, es posible que este tipo de empresas tengan
éxito, y por eso nos da tanto miedo el Corredor Interoceánico, porque
nuestras comunidades han sido vulnerables económica, social, cultural y
políticamente por años, ¡Por décadas! Pero si dudáramos que fuera
posible, hubiéramos dejado de hacerlo hace muchos meses atrás.
–ARM: Trabajamos con la concientización y
sensibilización, y creo que es una clave. Si no se trabajara desde los
sentimientos y las emociones justo no existiría este arraigo cultural
que al final es nuestro fin máximo. Ixtaltepec es una de las comunidades
que quizá están más desvinculadas con el territorio, a diferencia de
otras comunidades donde aún tienen este amor y esta defensa y esta lucha
y estos líderes que se dedican directamente a la defensa del
territorio, 100 por 100. Y creo que en Ixtaltepec tuvo que ver con la
migración. Existen estos viejitos, abuelitos, que llamamos, que son más
enamorados de su tierra y todo. Pero muchos de las generaciones jóvenes
se fueron. Y algunos que permanecen, siguen dependiendo de estas
personas mayores. Nuestras panaderas o de algunos otros artesanos son
mayores de 70 años, y siguen manteniendo a su familia económicamente,
cuando ya tienen un montón de hijos y yernos y familia. Entonces seguir
trabajando con la cultura es clave para que la gente realmente esté
unida. Nos pasó justo con las jornadas de tequio que realizamos como
parte de la fundación. Después de llevar bien el proyecto que
realizamos, se volvió a juntar la Asamblea Comunitaria como un efecto de
eso, y eso para nosotros fue muy importante, porque no fue algo que
nosotras dijéramos: ‘La Asamblea se tiene que crear otra vez’,
simplemente que la gente del pueblo se dio cuenta que sí era necesaria,
que sí se podían llevar a cabo ciertas acciones sólo con unirnos, y lo
retomaron.
Mujeres jóvenes en todo el mundo actúan para frenar la crisis climática. Algunas no tienen más de 18 años y ya dirigen organizaciones o movimientos que buscan salvar el planeta
La activista sueca Greta Thunberg se convirtió en una referente internacional de la lucha contra el cambio climático, pero no es la única mujer joven que dedica parte de su vida a frenar la destrucción del planeta.
Otras niñas y jóvenes de diferentes orígenes también protestan y actúan para preservar los territorios que habitan.
Sus infancias también fueron robadas y desde niñas son guerreras que protegen el agua, realizan campañas para evitar el consumo de plástico o toman las calles para exigir que los gobiernos hagan algo para frenar el cambio climático.
Al igual que Greta, estas mujeres dicen en foros internacionales que los gobiernos fallan en atender los problemas relacionados con el medio ambiente y que nunca los perdonarán si siguen así.
“Justo aquí, ahora es donde trazamos la línea. El mundo se está despertando. Y el cambio está llegando, te guste o no”, sentenció la adolescente sueca en la Cumbre de Acción Climática.
Sus palabras son el grito cotidiano de cientos de mujeres activistas preocupadas por su futuro.
Autumn Peltier, lucha por el agua
Edad: 15
Canadá
Es un activista que protege el derecho al agua limpia y vive en el territorio anishinaabe de la isla Manitoulin.
La joven comenzó su lucha cuando tenía ocho años y se inspiró en su tía abuela Josephine Mandamin, quien defendió los Grandes Lagos de América del Norte hasta su muerte.
Autumn asumió el papel de su tía como comisionada de agua y ahora representa a 40 pueblos originarios.
“Mi gente cree (…) que el agua es sagrada porque nacemos de ella. Mi corazón no está a la venta y tampoco nuestra agua ni nuestras tierras “, dijo la adolescente en un discurso de 2018.
Berta Zúñiga Cáceres, contra los megaproyectos
Edad 29
Honduras
Berta es una activista que desde hace dos años se desempeña como coordinadora general del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras.
Su madre fue la líder indígena y defensora del medio ambiente Berta Cáceres, quien fue asesinada en 2016.
Desde el Consejo, la joven de 29 años lucha contra la instalación de megaproyectos que amenazan los derechos del pueblo lenca. También es una de las principales impulsoras de la investigación sobre el asesinato de su madre.
“Retamos a esta cumbre y a los pueblos a crear políticas distintas fuera del control de las empresas”, dijo la joven en la Cumbre de los Pueblos sobre el Clima, los Derechos y la Supervivencia Humana que se realizó la semana pasada.
Helena Gualinga, la voz contra el cambio climático en la Amazonia
17
Ecuador
Helena creció en Sarayaku, una comunidad indígena ubicada en la Amazonía ecuatoriana. Desde que era niña, la joven participaba en las protestas contra la extracción de petróleo en su territorio.
También es una de las activistas que impulsó la Declaración del Bosque Vivo en 2018, una iniciativa que propone el reconocimiento legal de derechos territoriales para la preservación de la vida.
“Las mujeres siempre han estado en primera línea luchando por sus territorios porque tenemos una conexión profunda con la Pachamama y el bosque”, dijo Helena en entrevista para el sitio Common Dreams.
Melati e Isabel Wijsen, contra el monstruo del plástico
Edades 18 y 16
Indonesia
A diferencia de muchas empresas que no quieren renunciar al plástico, las hermanas Wijsen comenzaron a luchar contra este monstruo contaminante cuando tenían 10 y 12 años.
En 2013, las dos adolescentes crearon su propia organización Bye Bye Plastic Bags, inspirada en la prohibición de las bolsas de plástico en Ruanda.
La organización realiza campañas para prohibir las bolsas de plástico, popotes y espuma de poliestireno en Bali.
“Somos imparables. Nos vieron en las calles el viernes, somos millones. Es un movimiento imparable que demanda un cambio”, dijo Melati en la cumbre de Impacto sobre el Desarrollo Sostenible del Foro Económico Mundial en referencia a las protestas del viernes.
Ralyn ‘Lilly’ Sutidtanasar
12
Tailandia
Las hermanas Wijsen no son las únicas preocupadas por el consumo de plástico. Ralyn es una adolescente de 12 años que busca combatir el uso de productos fabricados con este material en su país natal, Tailandia.
A los 8 años comenzó a reunirse con ejecutivos de grandes tiendas para pedirles que redujeran el uso de plástico en sus comercios. Consiguió su primera victoria cuando logró que Central Group detuviera la entrega de bolsas de plástico en sus tiendas una vez por semana.
Desde hace varios meses, Lilly se reúne con funcionarios del Ministerio de Educación de su país para pedirles que incluyan clases sobre el medio ambiente en las escuelas.
Xiye Bastida, México contra el Cambio climático
Edad 17
México
La adolescente de 17 años creció en el pueblo mexicano San Pedro Tultepec y después se mudó a Nueva York.
Es integrante del Fridays For Future, un movimiento de jóvenes que insta a los gobiernos del mundo a tomar medidas contra el cambio climático.
En marzo, la adolescente organizó una huelga en su propia escuela de Manhattan y 600 estudiantes la acompañaron. También participó en The Global Climate Strike para pedir a los líderes mundiales que frenen la crisis climática.
“No queremos que las personas tengan que experimentar la crisis climática para darse cuenta de que es una crisis. Y para eso estamos luchando. Para que menos personas se vean afectadas y más personas sean conscientes”, dijo la joven mexicana en entrevista con Teen Vogue.
Aurora Aksnes, la lucha contra el cambio climático en la música
Edad 23
Noruega
Aurora no es activista, pero desde su música genera conciencia sobre la crisis climática. Esta joven noruega de 23 años integró mensajes relacionados con el cuidado del medio ambiente en sus últimos discos.
La compositora compartió el video de Apple Tree este miércoles y la letra de la canción es un mensaje de apoyo a los jóvenes que luchan para proteger el planeta.
“No escucharán pruebas científicas sobre la muerte del mundo, pero escucharán a los soñadores, los niños… Cree en nosotros y tal vez seremos la generación que salve el mundo y no la que lo mató”, dice la joven en la descripción del video como un grito que se une con las voces de las otras mujeres.