8/02/2015

Crece la deuda a un ritmo de 2,286 millones de pesos diarios


El dato, referente al actual gobierno, se desprende del informe de finanzas

Los pasivos totales del sector público equivalen a 44.9% del tamaño de la economía

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Gráfica del saldo histórico de requerimientos financieros del sector público

Israel Rodríguez
Periódico La Jornada

En lo que va de la presente administración el endeudamiento en todos sus componentes ha avanzado a un ritmo de 2 mil 286 millones de pesos diarios, según se desprende del reciente Informe sobre Finanzas Públicas y Deuda Pública correspondiente al segundo trimestre de este año, difundido por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP).
Los informes oficiales revelan que el Saldo de los Requerimientos Financieros del Sector Público entre el cierre de 2012, cuando se inició la actual administración y junio de 2015 se elevó en 35 por ciento, equivalente a 2 billones 87 mil 843 millones de pesos.
A junio pasado, alcanzaron 7 billones 978 mil millones de pesos, que equivale a 44.9 por ciento del producto interno bruto (PIB).
La definición técnica de los requerimientos financieros se refiere a la deuda ampliada y total del sector público presupuestario, el cual agrupa el endeudamiento público neto presupuestario y no presupuestario.
Esta última, a su vez, se integra por los pasivos netos del Instituto para la Protección al Ahorro Bancario, del Fondo Nacional de Infraestructura, del rescate carretero, los asociados a proyectos de inversión pública (particularmente Pidiregas), así como por los saldos de los programas de apoyo a deudores de la banca y por la pérdida esperada de la banca de desarrollo y de los fondos de fomento.
Los informes de la SHCP precisan que los Requerimientos Financieros del Sector Público pasaron de 5 billones 890 mil 846 millones de pesos registrados al cierre de 2012 a 7 billones 978 mil 689 millones de pesos al primer semestre de 2015.
Es importante señalar que las autoridades hacendarias utilizan ese indicador para medir las necesidades de financiamiento de la actividad pública, ya sea por gasto directo, pago de intereses y amortizaciones, entre otros, y es el índice más amplio de que se dispone para evaluar las obligaciones financieras del sector público derivadas de las transacciones que realiza.
En 10 años el aumento en el saldo histórico de los requerimientos financieros del sector público fue en ascenso paulatino, pero consistentemente para acumular un incremento de 14.9 puntos porcentuales del PIB.
En 2005 su saldo representaba 30 por ciento del PIB; en 2006, 28.8; en 2007 descendió a 27.6; en 2008, 32.9; en 2009, 34.3; en 2010, 34.4; en 2011, 34.9; en 2012 subió a 36.4; en 2013 a 38.8; en 2014 a 41.6 y a junio de 2015 aumentó a 44.9 por ciento del PIB.
En 15 años los requerimientos financieros totales del sector público han aumentado 289 por ciento, al pasar de 2 billones 51 mil millones de pesos en el año 2000 a 7 billones 978 mil millones de pesos a junio de 2015, detallan los informes de la SHCP.
Al cierre del segundo trimestre de 2015, el saldo de requerimientos financieros aumentó 3.3 puntos porcentuales al observado al cierre de 2014.
Hacienda, en su informe, explicó que la evolución de dicho saldo en el segundo trimestre del año estuvo determinado, entre otros factores, por la dinámica de ingreso-gasto y por una revaluación del saldo de la deuda externa asociado a la depreciación del peso frente al dólar.

Justifica GDF homologación de padrones de la pobreza


Lamentable, llegada de cruzada contra el hambre cuando no ha abatido la pobreza: Alavez

GDF da padrones a la Federación para recortar gasto social, acusan

La perredista pedirá que se supervise homologación de listados para evitar que se desvirtúen las políticas de gobiernos de izquierda

Se desconoce el enfoque de derechos, advierte Morena

Ángel Bolaños Sánchez y Gabriela Romero Sánchez
Periódico La Jornada

Morena y PRD alertaron al gobierno capitalino sobre los riesgos de homologar sus padrones con los de la administración federal ante las diferencias en sus objetivos y estrategias, como la universalización de los apoyos locales contra la focalización de los federales, aunado a que los resultados de la Cruzada Nacional contra el Hambre demuestran que no ha sido efectiva para abatir los índices de pobreza en el país.
En esto coincidieron en entrevistas por separado el presidente del CEN de Morena, Martí Batres Guadarrama, y la legisladora federal del PRD Aleida Alavez Ruiz (integrante de Izquierda Democrática Nacional).
Alavez Ruiz adelantó que como diputada local electa promoverá que desde la Asamblea Legislativa se supervise el proceso de homologación de programas entre los gobiernos local y federal para evitar que se desvirtúen las políticas sociales establecidas por los gobiernos de izquierda en esta ciudad.
Batres observó en esta medida un retroceso en la política social de la ciudad, al sumar además otros recientes anuncios del gobierno capitalino, como la intención de incorporar a los derechohabientes a actividades productivas, eliminar apoyos para evitar duplicidades y subsidiar a escuelas privadas con becas a estudiantes en lugar de incrementar la matrícula en las preparatorias y la universidad pública de la ciudad.
El titular de la Secretaría de Desarrollo Social del DF en la pasada administración (2006-2011) advirtió la intención de disminuir los beneficios sociales que tiene la gente con el argumento de evitar duplicidades, cuando la misma legislación local en la materia aboga por la progresividad de los derechos.
Ese discurso de duplicidad es en realidad un discurso tecnocrático para recortar el gasto social, apuntó.
Alavez Ruiz sugirió por su parte al gobierno capitalino tener mucho cuidado en el cruce de los padrones, ya que muchos programas federales no corresponden a los objetivos ni a las estrategias que se han seguido en el DF para erradicar la pobreza.
Lamentó que se pretenda dar entrada a la Cruzada Nacional contra el Hambre cuando se demostró que no combatió la pobreza y menos aún la pobreza alimentaria, y dijo que como asambleísta pedirá que se cite las veces que sean necesarias a los funcionarios para que nos rindan cuentas de cómo fue ese cruce o fusión de padrones.
Por lo que la perredista pidió a los funcionarios capitalinos tener mucho cuidado de que este programa electorero no tenga por qué tomar directrices de esta magnitud. El Senado hizo un estudio muy puntual del programa y están los resultados del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), que comprueban que Rosario Robles no bajó la pobreza, hizo ganar al PRI.
Batres recordó que el tema de la universalización de los programas sociales, así como el de pretender condicionar la entrega de los apoyos a realizar actividades productivas. es un debate que ya dimos con el gobierno de Vicente Fox. Se les olvida.
Con estas acciones, añadió, se desconoce por completo el enfoque de derechos que tiene la política social en la ciudad de México, no porque esa sea mi opinión, está en la Ley de Desarrollo Social.
La delegada electa de Morena en Tlalpan, Claudia Sheinbaum Pardo, advirtió que ya el Coneval demostró que los programas sociales del gobierno federal han sido un fracaso.
Agregó que en el caso de la demarcación, que gobernará a partir del próximo primero de octubre, no es novedad la entrada de programas sociales federales, los cuales se utilizaron electoralmente.

Cloete, pueblo rodeado de destrucción

Habitantes de esta villa de Sabinas se ven en peligro a causa de la explotación irracional del carbón

Por:   Jesús Peña

vanguardia.com.mx

Saltillo, Coahuila. Hace poco leía en una nota de periódico que llegar a Cloete es como entrar en otro planeta y sí, es cierto.

Un planeta de lomas y lomas de piedra y polvo negros, que bordean un camino donde el calor es una flama a más de 40 grados, que achicharra la piel.
Son los desperdicios que las empresas, los empresarios, han dejado a la intemperie de tanto sacar y sacar carbón de las entrañas de Cloete, escarbando tajos y tajos, unos hoyos grandísimos a flor de suelo, por todo el pueblo.

Pero, según he visto, a nadie le importa que un día de estos, a esta aldea olvidada de la Región Carbonífera se la trague la tierra con todo y sus casas y sus gentes, unas cuatro mil.

Ya se lo está tragando, me dice María Monserrat González Solís, 57 años, nacida en esta villa perteneciente al municipio de Sabinas, Coahuila, una tarde que recorremos el pueblo sin sombrilla ni botellas de agua, bajo un calor sofocante y abrasador.
Monserrat, Monse, Maruca, como la llaman sus coterráneos, me va contando cómo los mayores concesionarios, entre los que suena el nombre de Álvaro Jaime, también regidor por el  PT del Ayuntamiento de Sabinas, aliados con el gobierno, han destruido Cloete por su hambre insaciable de carbón y de dinero.
“El concesionario viene a explotar, viene a llevarse, porque el carbón no lo hizo él, no lo hizo nadie, nomás viene a llevárselo, viene a robarnos, es la palabra correcta, porque es de nosotros”.
Conforme nos adentramos en el poblado, pienso en Cloete, como un objeto, una cosa, no sé decir qué, carcomido por la polilla.       
Monse es bajita, llenita, el rostro tostado por el sol de Cloete, pero es correosa y buena para andar kilómetros durante horas con el calor cargado a las espaldas.
“A nosotros nos dicen: ‘primero fue el carbón, que ustedes y las concesiones, primero’. Les digo: ‘no, aquí nosotros somos primero, porque primero éramos nosotros, venimos de descendencia…’. Nos culpan por vivir aquí”, me cuenta Monse.
Luego me platica que de unos papeles, que de unos planos, unos documentos. Su hablar es atropellado y pareciera que cada que Monse abre la boca… disparara.
Por fin logro pescar al vuelo lo del asunto de unas escrituras falsas que los presuntos dueños de Cloete, un tal Miguel Ángel Guerra Muñoz y un señor Servando Guerra, mandaron fabricar, en combinación con el Registro Público y los notarios de la región.
“Nos dicen ‘la escrituración de ustedes no aparece’, pero sí la de los actuales dueños… ¿Dónde me prueban ellos a mí que tienen familiares aquí?, ¿cuándo jugaron con nosotros como para que digan, ‘esto es mío’?, y cómo nos vamos a ir nosotros, yo soy de aquí. Se dice que se va a regular la tierra, es una vil mentira, yo la tengo regulada, pero aquí no vale la escritura, aquí vale el poder”, dice Monse.  

DESTRUCCIÓN A LA VISTA

Ascendemos por una loma rumbo a un tanque de concreto que abastece de agua a la comunidad.
A veces el sol se nos esconde detrás las nubes gordas de Cloete y el viento, que es como una bocana de lumbre, nos abofetea.
Desde arriba del tanque, que simula un mirador, diviso todo Cloete.
Monserrat me señala con el dedo la destrucción que ha provocado la actividad de los tajos de carbón en casi toda esta localidad.
Y yo me imagino que así debe verse un campo de guerra, nunca he estado uno, pero me imagino que así debe verse.
Y sí, pensándolo bien, Cloete es como un campo de guerra.
Monse dice, incluso, que los empresarios han violado las áreas decretadas como reserva de carbón y escarbado también en una gran extensión de Cloete destinada, desde 1996, porque así consta en un plano oficial, a la construcción de un parque, el Parque Sabinas.    
No es necesario tener una vista telescópica para descubrir, desde aquí, cómo en Cloete se han abierto tajos de carbón muy cerca de las vivienda y en plena villa.    
Ahora Monse me lleva por un descampado donde los habitantes de esta comunidad suelen venir, de cuando en cuando, a jugar pelota.
Al fondo del descampado hay unas tierras que antes eran de cultivo y que hoy están pelonas desde que los carboneros destruyeron el arroyo que las regaba, para cavar un tajo.
Nos detenemos un momento para mirar el tajo desde arriba.
En mi vida había oído hablar alguna vez de los mentados tajos de carbón a cielo abierto, pero jamás vi algo parecido: hoyos gigantescos en el suelo, como los cráteres que dejan las bombas en las guerras. Nunca he estado en una, pero me figuro que así deben ser.
Monse me cuenta que en esas labores del fondo su suegro sembraba escobilla y su cuñado nopal, hasta que llegaron los carboneros, tumbaron árboles, destrozaron el arroyo, lo secaron y ya no hubo más humedad para las siembras.  
“Los departamentos de Ecología no le sirven a Cloete para nada. ¿Con qué  dinero se les paga?, con dinero del pueblo, ¿para esto?”, se pregunta Monse.   
Los empresarios quisieron remediar lo del arroyo, “taparle el ojo al macho”, dice Monse, cavando una pequeña zanja por donde pretenden escurra el agua que pasa por Cloete cada vez que llueve.

SE VEN EN RIESGO

La gente no quiere ni pensar lo que pasará el día que en pueblo se venga un tormentón como los que suelen caer aquí en el verano.    


Después los carboneros entraron a la brava en los predios de los ejidatarios de Cloete e hicieron tumbadero, pero los aldeanos de la villa impidieron que escarbaran.  
Monse dice que este pedazo de terreno, situado en la salida de Cloete, a orillas de la calle Francisco Sarabia, la principal y única vialidad que tiene este poblado, es lo último que les queda, lo poco que han logrado salvar de la mano voraz de los carboneros.
En Cloete ya no hay más tierra de donde sacar carbón.
“Ya se escarbó todo, ya está escarbado todo, ya no hay dónde escarben, ¿qué quieren escarbar ahora?, ahí, donde están las casas”, dice Monse.
Le pregunto a Monse si esto es lo que le ha dejado a Cloete el auge del carbón,  los empresarios y la Promotora para el Desarrollo Minero (Prodemi), creada en 2003, en tiempos del exgobernador Enrique Martínez, con el objetivo, entre muchos otros, de procurar el bienestar social para los pueblos de la Región Carbonífera.  
“El carbón ha dejado, sí, a ellos les ha dejado mucho, ellos vienen a sacar para hacerse ricos. El carbón ha dejado pobreza, porque aquí no hay crecimiento, desarrollo. ¿Ve una postería?, yo aquí no tengo luz, ¿qué me ha dejado a mí?, ¿dónde están los beneficios que dejan pa’ la población? No hay beneficios aquí. No nos dicen ‘eh tú necesitas la luz, necesitas agua’”, dice Monse.

¿Y PRODEMI?
Lo mismo me dijo Mario Alberto Dávila Delgado, diputado federal, una mañana que lo entrevisté en su oficina-consultorio de Monclova:
“Algunos de los objetivos iniciales de la Prodemi eran recompensar, de alguna manera, a la región por los daños ambientales, a la ecología, con algún centro de investigación, pero también apoyar a la Región Carbonífera con infraestructura, en obras que mejoraran la calidad de vida de los habitantes, se hablaba de un hospital. Con el paso del tiempo hemos visto que no ha dado los resultados esperados, no ha cubierto los objetivos iniciales y también se dice que ha sido una caja chica del Gobierno del Estado”.  
Monse dice que desde hace ya tiempo las mujeres de Cloete han solicitado al gobierno que les ponga una fábrica de algo, lo que sea, que les permita aumenta su calidad de vida, pero parece que a las autoridades no les interesa Cloete.
“Lo primero que dicen: ‘no hay drenaje’, ¡mételo!, muy sencillo, ¿no hay drenaje?, no es por nuestra culpa”.   
Avanzamos sobre la llanura.
Tengo la boca seca y siento cómo, poco a poco, me voy vaciando por los poros.
Mi ropa está empapada y mi cuerpo pegajoso de sudor.  
Monse me platica que es tal el afán de los empresarios por rascar en la tierra para sacar carbón, que ya han removido postes de luz, destruido el drenaje y la única banqueta que hay en Cloete, la de la calle, principal y única, Francisco Sarabia, construida a finales de los 70 por el entonces alcalde Conrado Marines y que ya está en malas condiciones por el paso continuo de los camiones cargados con carbón.
“Mire ese poste, se le puede caer a la gente de un momento a otro, Comisión se hace de la vista gorda jamás ha reclamado lo que le corresponde”, dice Monse.
Dejamos la llanura y seguimos por la banqueta del pueblo, esa de la que hace un momento me hablaba Monse.  
Es una banqueta larga y angosta, en algunos trechos cuarteada, en otros, de plano desbarrancada, efecto, dice Monse, de los tajos.
Por esta banqueta, alfombrada siempre de polvo negro, en época de clases suelen transitar los chicos que van de su casa a la escuela y viceversa.
Por eso es que a Monse no le extraña que sus nietas lleguen a casa con las medias manchadas de negro.  
Vamos cruzando la calle Francisco Sarabia, con rumbo al área A, del polígono A, en la colonia Altamira, de Cloete, que de colonia tiene nada, más tarde sabremos por qué.   
Nos internamos en otro páramo sobre el que se aprecian varios camiones de volteo, descargando tierra encima de lo que hasta hace muy poco eran tajos de carbón.
A la entrada de este campo hay clavado entre la maleza un letrero que alerta sobre las maniobras: “No pasar, camiones trabajando”.
Monse dice que aquí los empresarios se han adueñado hasta de los caminos de terracería, porque en Cloete tampoco hay calles pavimentadas y ni siquiera un área verde.
“No hay por dónde camines, cerraron todos los caminos, que es propiedad privada, dicen”.
Y me habla del caso de Álvaro Jaime, regidor por el  PT del Ayuntamiento de Sabinas, al que las autoridades concedieron una extensa zona de Cloete para el aprovechamiento de carbón.
Hortensia Carrizales González, la presidenta de Unidad, Trabajo y Perseverancia por Cloete A.C., me dijo un mediodía que me reuní con ella en su casa para hablar de los tajos de carbón, que no entiende por qué es que en el pueblo pasan estas cosas.
“La pregunta es: ¿cómo logró tener tanta extensión de terreno sin que haya habido antes una inspección? Hay gente, hay población, hay mancha urbana, terreno rústico con personas y ejidatarios. Cloete data de 1906 con población, cómo es posible que venga una persona muchos años después con una concesión a destruir todo”.

CASAS ABANDONADAS
En las profundidades del área A, polígono A, de la colonia Altamira, en Cloete, nos encontramos con algunas casas abandonadas.
Monse dice que no hace mucho los propietarios de estas viviendas prefirieron irse, después que fueron amenazados y hasta golpeados por los carboneros que se han adueñado de estas tierras.
“Aquí tuvimos un plantón. Vinieron y nos dijeron ‘¿se quitan o los quitamos?’, y no pues ‘¡ni nos quitan ni nos quitamos!’. Había niños. A aquella señora le dijeron ‘te me vas, te me sales’, yo estaba presente. Al hombre de aquella casa, ahí había una casa, lo golpearon, un pariente de él, le pusieron una pistola aquí a su criatura, ¿cómo dejaste tu casa?, te corrieron…”, relata Monse.
Otros se han ido alentados por el peligro de que un día sus viviendas se vengan abajo con ellos dentro.
En esta zona, la colonia Altamira de calles sin asfaltar ni drenaje, he visto cómo los empresarios han ido rascando en la tierra para abrir tajos de carbón muy cerca de los asentamientos humanos.
Le pregunto a Monse que si, en serio, esta es una colonia, dice que sí.
“Es una colonia, esta es una colonia. ¿Usted qué ve diferente con otra  colonia? No hay nada que la identifique…”.  

CAVAN CUEVAS
Los vecinos de la villa aseguran que es tanta la ambición de los carboneros, que se han atrevido, incluso, a cavar cuevas subterráneas por todo Cloete, cuevas que han topado con el frente o el patio de los domicilios.
Lo confirmo un mediodía que Hortensia Carrizales González, la presidenta de Unidad, Trabajo y Perseverancia por Cloete A.C., me muestra en su casa unas vistas satelitales de Cloete, donde se aprecia el pueblo rodeado de tajos.
“Si se fijan son puros tajos, ¡pura destrucción, pura destrucción! Escarban, cuando llegan a donde están las casas siguen con cuevas. Es terrorífico esto de los tajos. Vivimos en una región minera donde la gente se sostiene del carbón, lo único en que no estamos de acuerdo es que se perjudique a terceras personas. Tenemos desde 91, 92, muchísimos años solicitando que las cosas se reglamenten, que se trabaje como debe ser. Ahorita andan buscando lo que queda, desesperados, lo que sea y se llevan de encuentro lo que sea”.
Dicen que por eso la mayoría de las casas de Cloete están cuarteadas y en riesgo de quedar volando o, de pleno, hundirse, ser tragadas por la tierra.
Monse, que no es geóloga, así lo explica:
“Hay abajo cañones y los cañones van pidiendo la tierra que está arriba, entonces se va deslavando, se va yendo todo para abajo”.
A lo largo de este recorrido he visto algunas casas con las paredes rajadas y los pisos cuarteados.
Casas que fueron construidas recientemente y que ya han tenido que ser apuntaladas con muros.  
“No tiene ni un año que la resané”, me gritó un vecino cuando pasaba frente a su vivienda.
Enfilamos por las calles de la Altamira, ya dije que estas calles, como las de todo Cloete, no tienen pavimento y están llenas de ese polvo negruzco que van dejando a su paso los camiones procedentes de los tajos.
Justo cuando voy pensando en lo realmente despiadado que es el calor de Cloete, miro venir por el camino una pipa que va echando agua para apaciguar el polvo del carbón que flota por el pueblo.     
“Son regadas las que ellos nos dan,  son regadas las que están haciendo, están regándola. Así como están regando esa agua, están regándola con el pueblo”, dice Monse.
Monse me cuenta que aparte de los estragos que ha hecho en Cloete la actividad de los tajos, los lugareños tienen que soportar la contaminación al ambiente y los daños a la salud que ha provocado, por años, la extracción de carbón a cielo abierto.  
Mientras Monse me va platicando yo me imagino a su esposo, como al resto los hombres de Cloete y de la Región Carbonífera, que trabajan o han trabajado en los tajos, llegando a casa con las axilas enrojecidas, los ijares y los dedos de los pies llenos de granos y los ojos colorados.  
“Trabajan peor que esclavos porque van a morir, ‘te doy mil esos porque vayas y mueras ahí’. Se afectan de los pulmones, de la columna. Mi esposo tiene la columna desviada y ya no oye bien…”.
Entramos luego en una especie de planicie cubierta de polvo negro.
Al fondo serpentea un camino bordeado por cerros y cerros de escoria que los camiones de volteo de los carboneros vienen a tirar aquí.
“Es un desastre, pero no natural, es un desastre que nos han provocado las mismas autoridades, que deben de proteger no tan solo el medio ambiente, sino principalmente a la ciudadanía”.  
Monse me anuncia que estamos en los terrenos de lo que oficialmente debería ser, porque así consta en los planos, el Parque Sabinas, cuya construcción se proyectó desde 1996, pero nada.
“¿Usted ve algo de parque? ¿No hay nada? Todo eso ya fue escarbado”, dice Monse.
Viendo las fotografías que ha tomado Marco Medina, reportero gráfico de VANGUARDIA, me figuro una postal captada por algún satélite de la NASA, sobre un planeta desconocido y tenebroso.   
“El Parque supuesto, Parque Sabinas, que así se llama, no existe, jamás existió, nunca disfrutamos ese parque. Nos engañaron con ese parque, es una vil mentira. Nunca en mi vida he traído a mis hijos al parque ¿dónde está el beneficio para Cloete dígame usted?”, dice Monse.
Y me cuenta que hace unos días Ignacio Lenin Flores Lucio, el alcalde panista de Sabinas, que además funge como delegado de Cloete, declaró que próximamente construirá para la comunidad “un parquecito” a las afueras del pueblo, justo donde están los montones de escoria negra.
“Y yo pienso, no mi vida, el parque que tenemos es grande, entréganos ese parque”.   
Han transcurrido casi cuatro horas de caminata bajo el sol.
Cuando siento que estoy a punto de desfallecer por el calor, pasamos frente a una suerte plaza donde hay algunos juegos infantiles, varias bancas y una cancha de basquetbol. Es la colonia Agapito Zavala, de Cloete.  
Monse se pregunta si esto es todo lo que merece Cloete, a cambio de las toneladas y toneladas de carbón que han sacado de aquí los empresarios durante años.
“¿Esto es lo que merece Cloete de tanto carbón que han sacado durante muchos años? Cloete no tiene merecido nada”.
Agotado por el recorrido me quedo a la zaga de Monse y ella me grita que siga, que todavía falta, que quiere enseñarme algo más.

UN TAJO EN EL DIAMANTE
Penetramos ahora en un parque de beisbol, donde los empresarios abrieron un tajo de carbón en pleno diamante.
La Policía dijo nada.
“Si van al parque de beisbol de Sabinas y le sacan el carbón, las autoridades se van a ir como perros y aquí no hubo policías, no hubo nada,  nada, nada, nada, todo quedó en silencio”, dice Monse.
Cayendo la tarde me veo caminando con Monse por la orilla de la calle principal, rumbo a la salida del pueblo.
A lo largo de la vialidad se miran los cerros y cerros de escoria negra apilados, uno tras otro, sobre llanura.
Más adelante hay camiones de volteo y trascabos haciendo maniobras.
En este camino, principal y único de Cloete, todo es polvo y calor que pican en la nariz y calan en la garganta.
Monse dice que últimamente los vecinos de Cloete han conseguido, a base de presión, parar algunos tajos, pero que eso les ha acarreado varias demandas legales de los dueños y los concesionarios del carbón.
Me vuelvo a quedar a la zaga de Monse. Ella me dice que ya falta poco para llegar, que todavía hay algo que quiere que vea, una última cosa.
Al  final del recorrido estamos contemplando desde arriba un tajo gigantesco, que los carboneros abrieron a unos cinco metros de la calle principal de Cloete y a unos 15 de la carretera federal 57.  
Ni las autoridades, ni nadie dijo nada…

El crecimiento de la minería, en detrimento de los indígenas


        Las compañías mineras que trabajan en México, han logrado ganancias enormes, más enormes todavía que los beneficios de los pueblos que habitaban las zonas de explotación

Foto: Vanguardia/Archivo

México, DF. Del año 2000 al 2010 se produjeron 420 toneladas de oro, cuando en tres siglos de Colonia sólo se produjeron 190 toneladas. Es decir en 10 años se produjo más del doble del oro que se produjo en más de tres siglos de la Colonia.
La Auditoría Superior de la Federación (ASF) revela que en el periodo 2007-2012 el valor de la producción minera ascendió a 693 mil 66 millones 900 mil pesos; de los cuales 15 mil 231 millones 435 mil 200 pesos ingresaron a las arcas nacionales por concepto de pago de derechos sobre minería, monto que representa sólo el 2.2% del valor total de la producción minera.
La industria minera multiplicó sus ganancias, y en paralelo causó un enorme daño al medio ambiente y deterioro del tejido social de las comunidades, sin que sus resultados se vieran expresados en mejores niveles de desarrollo de los pueblos indígenas, como tampoco de las arcas nacionales.
México rico en recursos y cultura, con un patrimonio único y un potencial enorme, ha sido despojado de la propia tierra que por años peleó por recuperar y que ahora cede por debajo de la mesa, en las manos de los que más tienen sin considerar a los que más necesitan y que significan la riqueza más grande del país: Los pueblos indígenas.
¿Cuánto de esta riqueza se produjo en la elevación de los niveles de bienestar de la población y en especial el de los pueblos indígenas?
¿Cuáles han sido los daños al medio ambiente ocasionados por esta política y cuáles son las garantías o los compromisos de reparación que han contraído en este rubro por las compañías mineras?
¿Cuáles han sido las contribuciones de esta política para mantener la cohesión social a la que aspiramos los mexicanos?
¿Cuáles son los instrumentos de verificación que tenemos como país para garantizar que la exportación de materiales hacia otros países del mundo, no llevan incorporados materiales de carácter nuclear?
¿Cuáles han sido los mecanismos que se han utilizado para evitar que las comunidades indígenas o rurales, sean presa del crimen organizado, que ha encontrado en la explotación mineral otra fuente de ingresos ilegal?
En la actualidad, la participación extranjera en la minería en exploración minera es del 70%. De esta cifra, Canadá participa con el 74%, Estados Unidos con el 15% y China con el 8.3%. Las tres grandes empresas mexicanas son Grupo Peñoles, Grupo México y Grupo Frisco.
El auge de los consorcios mineros en estos últimos veinte años, estuvo favorecido por el alza de los precios de los metales, pero también por la complacencia estatal ante la exploración y explotación de las áreas concesionadas, sin atender reclamos laborales y sociales de las comunidades mineras.
Incluso, las concesiones se otorgaron mediante exiguos pagos fiscales y con ínfimas regalías a los originales dueños de las tierras y aguas.
Ante esta bonanza, la inversión minera creció, de 250 millones de dólares en el 2002 a 8 mil millones once años después.
Por supuesto, las utilidades crecieron en forma espectacular.
¿Y los pueblos mineros?
¿Y los trabajadores y sus familias?
¿Y los dueños originales de las tierras concesionadas?
Para ellos, lo único que ha crecido, ha sido el grado de pobreza y la conflictividad en las zonas indígenas y campesinas.Impacto.  Con las actividades mineras en el País, se afecta el entorno y el medio ambiente, ese es el lado negativo de la moneda.

Cambios anuales de Pemex, hacia atrás



Antonio Gershenson
En estos días pude ver cifras del primer semestre de Pemex. En ellas hay un elemento general: reducción y retroceso. Empecemos por algunos aspectos generales, y en general nos referimos al primer semestre de 2015.
Las ventas totales –todo en relación con el año anterior– bajaron 27 por ciento.
Las exportaciones de crudo y condensados se redujeron 34.8 por ciento.
Las ventas totales disminuyeron 27.9 por ciento.
La producción total de hidrocarburos bajó 9.8 por ciento, y no se puede echar la culpa a la baja del precio del petróleo.
Veamos algunos datos de la producción de crudo, la cual se redujo 8.8 por ciento.
En general, la perforación de pozos de desarrollo pasó de 239 en 2014 a 167 en 2015; se redujo 72 pozos, o sea 30 por ciento.
La perforación de los pozos de exploración pasó de 13 en 2014 a 9 en 2015, bajó cuatro pozos. También en este caso disminuyó 30 por ciento.
El instrumento que más se usa en la exploración inicial es la información sísmica. La más económica es la de dos dimensiones, y bajó 70.4 por ciento del año pasado al actual; es decir, a menos de una tercera parte de la del año anterior, y la que es más eficiente, la de tres dimensiones, se redujo 85 por ciento. Casi se anularon, condenando al futuro a una situación aún peor que la que imponen ahora.
Que no vengan con cuentos de que las empresas extranjeras van a recuperar la producción, pues las experiencias muestran lo contrario. En Chicontepec –a la que le echaron porras– la producción cayó de 69 mil barriles diarios (siendo 2 por ciento de la producción nacional) en 2012 a 43 mil en 2015; es decir, se redujo 38 por ciento en tres años. Sin embargo, ahí se ha gastado un dineral.
En Burgos, la extracción de gas, con siete empresas extranjeras, se redujo 20 por ciento entre 2009 y 2015. También en Veracruz, cayó 43 por ciento entre 2008 y 2015.
Ahora abordamos los problemas del gas ¿natural? El primer problema es su nombre.
Los funcionarios de Pemex decidieron que la denominación gas natural incluye no sólo al hidrocarburo usado para múltiples usos desde la generación de electricidad hasta su aplicación como materia prima en diversas industrias, empezando por la petroquímica. Incluye también sus impurezas y en especial otro gas, el nitrógeno.
Es absurdo, pero les resulta cómodo, porque a diferencia del gas hidrocarburo –o sea, sin impurezas–, el nitrógeno, la impureza, sí aumenta un poco la producción. En ningún otro lado considerarían positivo que aumente el porcentaje, por ejemplo, de la basura. Pero aquí sí.
El nitrógeno que sale junto con el gas hidrocarburo –ahora tenemos que llamarle así a lo que era gas natural– aumentó su producción de 2011 a 2015 en 27 por ciento.
Entonces, oficialmente se publica que en el año, el primer semestre, la producción del gas natural bajó sólo 1.2 por ciento. Eso se ha publicado en periódicos y está en documentos, sin todas estas aclaraciones. Para decir la verdad, debemos mencionar que el gas hidrocarburo disminuyó su producción en 3.6 por ciento, y a ver quién nos entiende si se publicara así nada más.
También hay que decir que este semestre aumentó el envío de gas hidrocarburo a la atmósfera frente al primer semestre del año pasado en 96.8 por ciento, casi al doble. De eso tampoco le pueden echar la culpa a la baja del precio del petróleo ni a la devaluación del peso, sólo a su propia negligencia.
En cuanto a la quema y el venteo de gas, de enero de 2013, cuando se hizo a 96.3 millones de pies cúbicos por día, en enero de 2015 fueron 226.9, más del doble.
Entre este último enero y mayo de 2015 –cinco meses– subió a 464.3 millones de pies cúbicos por día, otra vez más del doble que en enero de este año.
Por último, nos referiremos a las reservas probadas de petróleo en general.
Éstas, en términos de años de producción de petróleo en general, se redujeron de 10.1 años en 2014, a 9.6 años en 2045, en ambos casos, el primero de enero, y eso que la producción de petróleo en general disminuyó, con ese mismo lapso 9.8 por ciento.
México tenía el primero de enero de 2013 una tasa de restitución de las reservas probadas de 104.3 por ciento. Es decir, restituía un poco más de lo que se usaba y por lo mismo anulaba. Sin embargo, el primero de enero de 2015 ya era de sólo 67.4 por ciento, o sea que se había perdido aproximadamente un tercio de las reservas probadas existentes.
No nos ocupamos de las reservas probables, ni posibles, ni prospectivas, ni de las que se les ocurra inventar, que no son reales, como se ha demostrado en mis artículos del 15 de agosto de 2010 y del 12 de junio de 2011 en La Jornada.
Insistimos en que se está castigando más al futuro que al presente.
Un párrafo final, sobre el saqueo de la Comisión Federal de Electricidad, ligado con esto. Además de lo que se informó el miércoles en este periódico, de que su quebranto creció 156 por ciento, recordamos que mi artículo del 28 de junio denuncia que esta entidad cuenta con 24 proyectos –dos de importación de gas de Estados Unidos con gasoductos carísimos que costarán casi la mitad de ellos, 4 mil 600 millones de dólares–, en vez de producir aquí más gas y reducir drásticamente la creciente quema de gas, así como dejar de enviar a la atmósfera el doble de gas que el año pasado.
Claro, estas medidas saludables para nuestra industria, a ellos no les dan las mordidas en dólares que implican las importaciones.

Modos del mercado eléctrico mexicano: la novena



José Antonio Rojas Nieto

Un reto básico de la nueva industria eléctrica es tener los recursos adecuados para suministrar la electricidad demandada y hacerlo de manera confiable.

La Ley de la Industria Eléctrica indica que el Sistema Eléctrico Nacional (SEN) se integra de cinco elementos: Red Nacional de Transmisión y Redes Generales de Distribución de propiedad nacional. La primera entrega electricidad a las Redes Generales de Distribución y al público en general y la segunda, sólo al público. Hay además, centrales que entregan su producción a la Red Nacional de Transmisión o a las Redes Generales de Distribución. Y equipos e instalaciones del Centro Nacional de Control de Energía (Cenace) para el control operativo del SEN. Finalmente, otros elementos que determine la Secretaría de Energía (Sener).

Oficialmente la confiabilidad es la habilidad del SEN para satisfacer la demanda eléctrica de los usuarios finales bajo condiciones de suficiencia y seguridad de despacho. Es decir, con calidad y continuidad, a pesar de que haya fallas, y siempre conforme a criterios emitidos por la Comisión Reguladora de Energía (CRE). La ley indica que habrá tres tipos de usuarios finales. Son personas físicas o morales que adquieren, para su propio consumo o para sus instalaciones, electricidad en sus centros de carga o instalaciones y equipos. Y se definen en el punto de medición del fluido eléctrico suministrado. Sí, tres tipos de usuarios: 

1) De suministro básico; 
2) Calificados; 
3) De último recurso.

 Para ellos habrá –ley dixit– tres tipos de suministradores:
 1) De servicios básicos;
 2) De servicios calificados; 
3) De último recurso. Tampoco olvidemos que desde el primero de enero próximo el suministro, al igual que la generación, será una actividad competitiva. 

Ese día inicia el Mercado Eléctrico Mayorista (Mercado). Así, y si no entiendo mal, podría haber dos o más suministradores de diferentes tipos. Incluso del básico. ¡No se extrañe que algún día lleguen dos o más empresas a ofrecerle el suministro básico! Incluso –como explicarán– ambas con tarifa regulada.

Una de las siete que determinará la CRE, conforme a metodologías de cálculo y el ajuste. Sí, siete: 
1) Transmisión; 
2) Distribución; 
3) Operación de suministradores de servicios básicos; 
4) Operación del Cenace; 
5) Servicios conexos no incluidos en el mercado; 
6) Máximas de los suministradores de último recurso; y, desde luego,
 7) Finales del suministro básico.

Así, por curioso que parezca, podría haber al menos dos suministradores de servicios básicos, finalmente comercializadores que operan en un régimen de competencia, cuya tarifa final será la misma. Y que, por lo demás, deberán suministrar el fluido eléctrico con suficiencia y seguridad. Y conforme a los criterios de la CRE. Por ello, de un momento a otro la CRE deberá dar a conocer esos criterios. A más de las siete tarifas señaladas. Entre otros múltiples elementos que la ley encarga a este organismo regulador. Ya el Programa de Desarrollo del Sistema Eléctrico Nacional 2015-2029 del 30 de junio pasado (Prodesen) indica que el SEN debe operar con eficiencia, calidad, confiabilidad, continuidad, seguridad y sustentabilidad.

Hoy sólo veamos un poco qué significa suministrar con suficiencia. ¿Sin interrupciones? ¿O que los apagones no sean ni frecuentes ni duraderos? Hay sistemas que sólo consideran falla la interrupción involuntaria. Otros, en cambio, incluyen una variación del voltaje o una baja en las condiciones de operación de un generador, aunque no impliquen una interrupción del suministro. Múltiples regulaciones se orientan a exigir, como norma, que sólo se tenga un evento de falla o corte cada 10 años. O que sólo se suspenda el suministro un día cada década. O sus equivalentes: 24 horas en esos 10 años o 2.4 horas al año. Con ello norman los cortes a una probabilidad de pérdida de suministro de 0.0274 por ciento.

Una evaluación más objetiva de las normas con las que se regula el suministro exige profundizar en lo que se denomina economía de la confiabilidad. Y esto obliga a reconocer que la falla, corte o afectación pueden tener diversos orígenes: 
1) la generación; 
2) la transmisión; 
3) la distribución; 
4) el suministro; 
5) finalmente, la operación y el control del sistema. 

Dice Perogrullo que se atienden garantizando la existencia de equipos –plantas generadoras, redes de transmisión y de distribución, equipos de suministro y de control– suficientes y en buen estado. Pero económicamente no puede haber equipos de más ni de menos y con mantenimientos, primordialmente preventivos. Así, se originan conceptos relevantes como el de Margen de reserva, con el que hoy cerraremos. Este indica el excedente de capacidad de generación disponible sobre la demanda máxima de un sistema eléctrico. Sin contar equipos en mantenimiento y eventuales fallas. En los momentos de demanda máxima ocurren las mayores transferencias de potencia en líneas y transformación, requerimientos de compensación de potencia reactiva, menores márgenes de reserva operativa y riesgos en confiabilidad y seguridad operativa.

Es necesario analizar constantemente el comportamiento del sistema eléctrico para evaluar cinco aspectos claves del buen suministro: 
1) congestionamientos en la red de transmisión (algo veremos de derechos financieros de transmisión) ; 
2) sobrecargas en la transformación; 
3) bajos voltajes en la red de transmisión; 
4) pérdidas técnicas y no técnicas en esa red y en las de distribución; 
5) factores de uso de la red y, en consecuencia, requerimientos de refuerzos en ella, en transformadores de potencia y en compensación de potencia reactiva capacitiva.

Más allá de estos tecnicismos, el hecho es que el asunto de la confiabilidad del suministro exige atención a múltiples aspectos. Y ahora más que nunca, con la nueva industria eléctrica y múltiples actores, los esfuerzos deben redoblarse. De reguladores. Pero también de consumidores. Es preciso evitar la falla. E imprescindible tener un margen de reserva óptimo. Ni de más. Ni de menos. El necesario para atender la demanda cada instante. Con todo y su volatilidad. Pero también redes y equipos requeridos para suministrar donde se requiera. Con competencia en generación y suministro, los esfuerzos deben ser mucho más definidos y coordinados. Sin duda.

Mecanismo “protege” a periodistas y activistas con botones de pánico inservibles y teléfonos donde nadie contesta


Cinco estados, liderados por DF y Veracruz, agrupan la mitad de los casos de activistas y periodistas que piden protección. En dos años 32 activistas ejecutados, según diagnóstico.

De traidores a la patria



Pedro Salmerón Sanginés I y II

¿Qué es un traidor a la patria? Aunque no deberíamos juzgar a personajes del pasado con criterios del presente, el artículo 123 del Código Penal Federal puede servirnos de parámetro, porque es resultado de la tradición jurídica mexicana sobre el tema (y fundamento de la demanda interpuesta por Morena contra Enrique Peña Nieto el 5 de febrero de 2014).

Sintetizando el texto del artículo, se es traidor a la patria por: a) realizar actos contra la independencia, soberanía o integridad de la nación; b) servir a un gobierno o ejército extranjero en caso de guerra; c) espiar o dar información que pueda ser usada por extranjeros contra la nación; d) solicitar la intervención extranjera o invitar a ciudadanos de otro Estado a tomar las armas contra México; e) aceptar de un invasor un empleo, cargo o comisión, y f) cometer, declarada la guerra o rotas las hostilidades, sedición, motín, rebelión, terrorismo, sabotaje o conspiración.

En estos meses y años se ha vuelto a hablar de traición a la patria, trayendo a la discusión personajes del pasado. Ejemplarmente, Antonio López de Santa Anna. Empecemos por él. Del Santa Anna no fue un traidor, de Juan Gualberto Amaya, a la reciente historiografía académica, hay razones sólidas para dudar de su traición. La gran historiadora Josefina Zoraida Vázquez ha explicado que en la historiografía tradicional, tirios y troyanos usaron a Santa Anna como comodín. Suele recordarse el mal que hizo, magnificarse sus errores y endosarle los de otros, de manera que, si no hubiese existido, lo habríamos inventado; para esas explicaciones se hizo tan indispensable su figura como para sus contemporáneos en apuros, que una y otra vez lo buscaron.

Se olvidaron o minimizaron sus afanes para improvisar ejércitos y recursos. Se le presenta como el prototipo del chaquetero que pasó de realista a iturbidista, republicano, federalista, centralista, dictador y monárquico, olvidando que los mayores ideólogos de su época también cambiaron de bandera, antes de que su ideología se volviera consistente. Es natural: era una época de transformaciones donde los hombres intentaban responder a una realidad cambiante que no entendían. Sobre todo, se olvida que no existía o no era general el sentimiento de nación; se abstraen del análisis político temas claves, como la pobreza endémica, el atraso, el analfabetismo, las epidemias, la desnutrición y la escasísima densidad de población; no recordamos que México inició su vida independiente en la bancarrota y bajo agresión de las potencias. Lo milagroso no es que México haya perdido los inmensos territorios del norte, sino que haya mantenido la unidad nacional y, pese a todo (apenas una generación después), consolidado su soberanía.

Su biógrafo Will Fowler se pregunta: si Santa Anna reconoció la independencia de Texas, perdió a propósito la guerra de 1846-1847, vendió La Mesilla; mandó con inaudita crueldad el asalto de El Álamo, fue el oportunista que cambió de bando siempre que le convino, si gobernó como tirano, “¿cómo explicar sus repetidos retornos o que tantas corrientes políticas lo invitasen… a rescatar el país?”
Concluye: “No fue traidor. No fue chaquetero. No siempre fue tirano. Santa Anna fue un hacendado y caudillo decimonónico que trató de prosperar en lo personal y contribuir al desarrollo del país en una época de crisis graves y recurrentes, cuando la colonia que fue Nueva España dio paso a la joven, agitada, asediada y abrumada nación mexicana. Tal vez no merezca una plaza… en su natal Xalapa con su nombre, pero tampoco merece cargar con toda la culpa de todo lo que salió mal en México luego de la Independencia. Su historia, con todas las contradicciones, confusión y sufrimiento que implicó, es el reflejo de los traumas que México tuvo que padecer en sus primeros años” ( Santa Anna, Universidad Veracruzana, 2010, p. 452).

Según casi todos los historiadores académicos, Santa Anna fue corrupto (pero a veces entregó sus riquezas para armar ejércitos en defensa de la patria); irresponsable (por momentos); astuto y manipulador (cuando los ardides parecían la única solución, el mal menor); oportunista y desleal (en época de fluidez ideológica en que casi todos así parecen). Pero no traidor a la patria.

Sin embargo, tenía mucho sentido acusarlo de tal: cuando Benito Juárez lo llevó a juicio por traición, en 1867, quiso dejar en claro que existía un antes y después definitivo sobre las condiciones en que México se relacionaba con el mundo y los gobernantes con su pueblo. Ahora, que parece que se olvida ese tajante antes y después, vuelve a tener sentido señalarlo como traidor. ¿Lo fue o no?, ¿por qué puede ser significativo señalarlo como tal? Si me lo permiten, lo cuento en mi siguiente artículo.

II

¿Santa Anna traicionó a la patria? Las acusaciones concretas, que se acumularon por docenas desde 1847, se pueden reunir en seis grupos, que enunciaré en orden cronológico.

1) Se le acusa de pactar la independencia de Texas en 1836. Tras caer preso, firmó dos convenios en los que, más allá de sus acostumbrados ardides, no se comprometió a nada más que a gestionar que el gobierno mexicano recibiera una comisión texana para negociar la independencia de ese territorio. En ningún lado reconoció la independencia de Texas; incluso hizo que los texanos suprimieran un artículo del documento que le presentaron, en el que se decía que él, Santa Anna, reconocía a aquella república (más de un historiador tomó aquel borrador en lugar del documento qué sí firmó el controvertido xalapeño).

Pero (siempre hay un pero con Santa Anna) hay un tercer documento: la orden a los generales Filisola y Urrea de que se retiraran con el ejército allende el río Bravo, abandonando una campaña que tenía posibilidades de victoria. En su defensa, Santa Anna declaró que Filisola debió saber que no debía obedecer a un superior cautivo. Es cierto. También es cierto que en la segunda parte de la carta instruye a Filisola a tomar el mando y reorganizar el ejército. La responsabilidad es de Filisola. Y hay que considerar también que Santa Anna firmó bajo coacción… pero firmó.

2) Se dice que pactó en La Habana, con representantes del gobierno estadunidense, la entrega de los territorios que aquéllos ambicionaban. En efecto, ya iniciada la guerra entre México y Estados Unidos, Santa Anna recibió emisarios secretos del presidente Polk, y les ofreció que, en el caso de volver a México como jefe de Estado, estaría de acuerdo en ajustar las fronteras. Por esas vagas promesas, los estadunidenses le permitieron llegar a Veracruz a través del cerco naval que tenían en torno al puerto. Eran ardides de Santa Anna, que ofreció sin comprometerse y sin pensar cumplir, sino al contrario: quien mejor lo exculpa es el general Winfield Scott, quien señaló en mayo de 1847 que su gobierno se equivocó al confiar en Santa Anna y que de haber sabido lo que iba a hacer, nunca le hubieran permitido regresar… pero se instaló la sospecha sobre la honestidad del comandante en jefe.

3) En consecuencia del pacto anterior, se le acusa de perder a propósito todas las batallas. Ese cargo surgió de la política inmediata (1847) y se alimentó de una crítica fácil y recurrente, que puede hacerse cuando se conoce el resultado de una acción de armas: a toro pasado, todos somos Napoleón. No se sostiene a la luz del estudio de las batallas, el terreno y las condiciones, que muestran que Santa Anna hizo lo que buenamente pudo (no hablaré de las versiones conspiranoicas)… pero se perdió la guerra.

4) Hay quien cree que vendió California y Nuevo México. Es absurdo, pues no estaba en el país cuando se firmaron los Tratados de Guadalupe. Y ese inmenso territorio no se vendió, se perdió tras una guerra de agresión imperialista.

5) El cargo más sólido es el de la venta de La Mesilla, en 1853. Cuando eso ocurrió hacía meses que fuerzas estadunidenses ocupaban aquel estratégico valle por la fuerza. Y firmó bajo amenaza directa de invasión para arrebatar otros territorios del noroeste. También autorizó la construcción de una vía ferroviaria a través del Istmo de Tehuantepec. Santa Anna diría que ante la amenaza: Sin ejército, sin materiales, sin erario, y en medio de los horrores de la anarquía, ¿podía emprenderse la guerra? La prudencia y el patriotismo aconsejaban evitarla. En ocasiones “hay que ceder a la necesidad… hacer el sacrificio”. Es probable, casi seguro que así fue, que se prefirió el mal menor. Pero se enajenó territorio nacional.

6) Y en 1867 fue juzgado por incitar la intervención francesa. Y aunque el presidente Juárez estaba empeñado en que se le ejecutara, los jueces lo absolvieron por falta de pruebas.

Así pues, los historiadores académicos tienen razón: en estricto sentido, Santa Anna no fue un traidor. Recordemos que la misión de los historiadores es comprender el pasado, no juzgarlo. Pero hay demasiadas fisuras, acuerdos en lo oscurito y ardides, que dan sustento a la acusación en contrario (además de un hecho incontrovertible: vendió La Mesilla). Creo que la clave estriba en cómo la generación de Santa Anna entendía el mal menor y cómo lo entendió la generación siguiente. La clave está en cómo se definió la soberanía y la integridad nacional entre nuevas y recurrentes acusaciones de traición a la patria. Si me acompañan, en un tercer artículo terminamos este viaje al pasado para regresar al presente.


Twitter @PASalmeron

Mar de Historias: Tiempo muerto



Cristina Pacheco
Todas las mañanas, rumbo a su trabajo, Arcelia se detiene en un puesto de periódicos. Mientras espera el microbús, se distrae mirando las portadas o leyendo encabezados que a los pocos minutos se le confunden o se borran en su mente; sin embargo, por excepción, recuerda una nota que leyó el viernes: Los trabajadores que viven en el estado de México y trabajan en el DF, o viceversa, gastan un promedio de 88 horas mensuales en los viajes de ida y vuelta.
Más tarde, al ver a las personas que viajaban a su lado, primero en el microbús y luego en el Metro, Arcelia pensó en cuántas horas de su vida habrían invertido en recorrer distancias interminables. Por su experiencia llegó a una conclusión: de seguro muchas más que las consignadas en el periódico.
Durante el resto de su viaje rumbo a La Purísima sintió curiosidad por saber cuántos minutos de su vida gastaba a diario en ir y venir de su casa en Ecatepec a la calle de Roldán. Apenas llegó a la cerería tomó una hoja de papel y multiplicó 88 por 60. El resultado fue de 5 mil 280 minutos equivalentes a 316 mil 800 segundos. Como nunca antes lo había hecho, se dio cuenta de que ninguna fracción de ese tiempo perdido volvería. Pasó el resto del viernes agobiada por una extraña sensación de quebranto.

II
Por la noche, mientras servía la cena, Arcelia le preguntó a Víctor, su marido, si alguna vez se había puesto a pensar en cuántas horas le tomaba ir y venir, de lunes a viernes, al depósito de cartón en donde trabajaba haciendo de todo: desde seleccionar el material hasta llevarlo a la planta de reciclaje.
Víctor desconfió de la pregunta y se puso a la defensiva: No entiendo a qué viene eso; pero si quieres reclamarme algo dímelo claro en vez de salirme con preguntitas babosas. Pudo haber sido el principio de un disgusto que, como en otras ocasiones, terminaría con un portazo y la desaparición de su marido al menos por esa noche.
Para evitarlo, Arcelia le explicó a Víctor lo que había leído en el periódico. Enterarse de que millones de hombres y mujeres gastaban a la semana 88 horas de su vida en ir y regresar de su trabajo, le había provocado mucha lástima por esas personas. Víctor retiró su plato: ¿Por qué? Ni las conoces. Arcelia se impacientó: Porque soy una de ellas y me parece terrible desperdiciar tiempo que podría invertir en otra cosa. Él se apoyó en el respaldo de la silla y la miró condescendiente: ¿Como en qué, por ejemplo?. Arcelia respondió ilusionada: En la casa, en pasearnos un poco, en estar juntos.
Víctor se inclinó hacia ella y bajó la voz: Te lo pido todas las noches pero nunca quieres. Siempre llegas de mal humor, o te duele la espalda o me dices que estás cansadísima. Francamente no veo de qué: envolver cirios no ha de ser cosa del otro mundo, ¿o sí? Arcelia se vio menospreciada y no quiso tolerarlo: No dirías lo mismo si tuvieras que pasarte ocho horas de pie, atendiendo a toda clase de personas y soportando el carácter de doña Carmen. Te juro que ya no la aguanto.
Víctor entrecerró los ojos: Lo que quieres es salirte de trabajar y pones de pretexto las horas perdidas en ir y venir, el mal humor de tu patrona, la friega que es batallar con la clientela y encima de todo el cansancio: tu palabra predilecta. Arcelia contratacó: Eres tú quien me sale a diario con que: Mejor mañana. Hoy vengo muy cansado. Voy a decirte lo que me dijiste a ver qué sientes: No creo que sea cosa del otro mundo levantar cartones. Víctor adoptó un gesto de superioridad: No son tres kilos, pendeja, son toneladas las que cargo.
Los esfuerzos de Arcelia por evitar la violencia desaparecieron y se volvió amenazante: Te lo advierto, imbécil: no vuelvas a llamarme pendeja... Víctor respondió contundente: ¿Qué, pendeja, qué? Y si no quieres que te diga así, no digas pendejadas. Al oír ese argumento Arcelia llegó a una conclusión: Ah, ya entendí: te enojaste porque te pregunté si habías pensando en las horas que... Víctor dio un manotazo: No me hagas otra vez tu preguntita: ni quiero ni me interesa contestarla. Lo único que sé es que mañana, pasado mañana y todos los días de mi vida seguiré yendo y viniendo a mi trabajo, como lo he hecho siempre. Así son las cosas y punto. Si no te gustan ¡peor para ti!

III
Va para una semana que discutieron y siguen distanciados. Mantienen una línea divisoria en la cama, se hablan lo indispensable y evitan mirarse: todo porque a Arcelia se le ocurrió comentarle a Víctor la nota del periódico y el efecto que había tenido sobre ella. Después le hizo una pregunta y allí comenzó el desastre.
Arcelia se propone reconciliarse con Víctor y olvidarse de andar pensando en el tiempo que invierte cada día en venir a La Purísima para quedarse allí, hora tras hora, esperando que alguien llegue. La perspectiva ahonda el cansancio que le dejó el insomnio. Retrocede y se apoya contra el exhibidor de madera. Es muy antiguo, tanto como la vitrina, el reloj de pared con números romanos y la silla giratoria con respaldo de mimbre que se encuentra en el despacho de su jefa.
Arcelia sabe que esos muebles ya cumplieron cien años. De muy buena madera, permanecerán en el sitio donde siempre han estado hasta mucho después de que ella pierda el trabajo: doña Carmen la tiene amenazada con despedirla si vuelve a llegar tarde.
La última vez que cometió la falta, su patrona le anunció el inevitable descuento de su sueldo. Arcelia no pudo evitar el castigo ni siquiera porque aclaró el motivo de su tardanza: una muchacha se había arrojado a las vías del Metro y fue necesario suspender el servicio mientras retiraban sus restos: ella sólo había visto la cabellera ensangrentada, desprendida de la cabeza.
El recuerdo de la escena la estremece y le despierta interés por la suicida: ¿Cómo se llamaba? ¿A dónde iba? ¿En quién pensó al final? ¿Dijo algo? ¿Cuántas horas de su juventud habría perdido en ir y venir de algún trabajo?

7 cajas



Carlos Bonfil
Foto
Fotograma del trepidante filme dirigido por Juan Carlos Maneglia y Tana Schembori
Acción mutante. La intriga cómico-rocambolesca de 7 cajas podría suceder en cualquier lugar del mundo: un mercado de Estambul, una favela carioca, o entre vendedores ambulantes del Centro Histórico de la ciudad de México. Se produce, sin embargo, en el lugar más insospechado: un mercado populoso en Asunción, Paraguay, país con una exigua producción fílmica prácticamente desconocida en el nuestro.
Hace ya varios años se proyectó fugazmente aquí, en un festival capitalino, Hamaca paraguaya (2006), de Paz Encina, melancólica cinta de autor sobre dos ancianos en espera inútil del regreso de su hijo de una guerra lejana. Con largos planos fijos, ausencia casi total de diálogos y ritmo muy lento, la cinta permitió vislumbrar una propuesta narrativa emparentada con el cine minimalista de Argentina o de Uruguay, los países vecinos. Lo que ahora sucede con 7 cajas, trepidante largometraje de la dupla de realizadores de cortos y series televisivas Juan Carlos Maneglia y Tana Schembori, es algo radicalmente opuesto al relato contemplativo, y muy cercano, en ritmo y factura, a un thriller negro como Ciudad de Dios (2002), filmado por Fernando Meirelles, en Brasil, otro país vecino.
En el enorme mercado que cubre ocho cuadras de la capital paraguaya, capturado en toma cenital sobre sus techados y en recorridos muy veloces por sus pasillos sombríos, el joven cargador Víctor (un Celso Franco formidable) sueña con tener algún día una gran proyección mediática, ser estrella de televisión o algo parecido. Por lo pronto, se conformaría con un teléfono celular provisto de filmadora, y para comprarlo acepta el encargo de transportar, a cambio de un billete de 100 dólares (cortado a la mitad como anticipo, recuperable el resto al momento de la entrega), siete cajas de madera, de contenido misterioso, posiblemente turbio. La tarea, en principio sencilla, pronto se complicará aparatosamente.
Esta pequeña premisa narrativa es el punto de partida para una avalancha de peripecias y contratiempos donde delincuentes menesterosos asedian al transportista adolescente, quien debe lidiar también con la irascible rivalidad de otro joven que le disputa la encomienda, todo bajo la persecución cómicamente lánguida de un cuerpo policiaco corrupto.
La cinta parece precipitarse primero en el universo de farsa y gran guiñol del español Alex de la Iglesia (La comunidad, 800 balas), pero luego recupera una ligereza de tira cómica juvenil, dosificando astutamente los detalles grotescos, acentuando el carácter irremediablemente fallido de los mafiosos y exponiendo con humor la corrupción generalizada. Todo ello en los dos idiomas oficiales de Paraguay, el español y el guaraní (subtitulado), y los agrios gritos en coreano de comerciantes inmigrantes que, sin subtítulos, son todavía más divertidos. A este turbio paisaje urbano, Babel cacofónica, lo completa una mínima trama romántica entre Víctor y su simpática acompañante Liz (Lali González, también notable), quien en silencio suspira por él, llevándole a menudo la contraria, pero secundándolo aguerridamente en todas sus acciones.
A los ingredientes convencionales y previsibles de este thriller romántico paraguayo se añade, como aspecto novedoso, la intervención constante en la trama de los dispositivos celulares. Una llamada oportuna o un fallo en la energía agilizan o entorpecen las acciones. Delincuentes y policías viven atentos, por igual, al poderío de esa comunicación instantánea. La necesidad de un personaje (obtener el dinero del encargo para pagar la medicina de un hijo) se ve rápidamente eclipsada por la ambición de Víctor, su rival, quien sólo desea el dinero para comprar un celular con cámara, extasiarse con sus selfies y filmar todo lo que le rodea. Pasmado frente a las pantallas que en circuito cerrado multiplican su imagen, o frente a la televisión que luego refiere sus desventuras, el joven cumple, por un momento, su anhelo más preciado, el instante de celebridad que lo arrancará de tajo del anonimato, a la manera de un Rupert Pupkin latino (El rey de la comedia, Scorsese, 1982), de forma sin duda menos trágica y patética, pero con una ilusión semejante, vastamente compartida.
Se exhibe en Cinépolis Diana, Buenavista, Plaza Universidad y varios más.