10/01/2010

Las violencias se hacen

Víctor M. Quintana S.

Parece la ciudad con todos los cidios: feminicidios, juvenicidios, homicidios. Pero la violencia que sacude a Ciudad Juárez es la resultante de muy diversas violencias. Las comenzamos a exponer en estas páginas desde 2001 y ahora son explicadas en sus causalidades sociales por el excelente trabajo La construcción social de las violencias en Ciudad Juárez, coordinado por Hugo Almada y Laurencio Barraza, con la participación de activistas sociales y académicos de la UACJ. Forma parte de una investigación más amplia sobre las violencias en entornos urbanos, coordinada por Clara Jusidman. En pocos párrafos trataremos de exponer sus muchos hallazgos:

El agotamiento del modelo de industrialización maquilera ha hecho que tan sólo entre 2008 y 2009 se pierdan 75 mil empleos en esta frontera. Los salarios reales en esta industria, que en 1992 alcanzaban 3.1 mínimos, ahora trabajosamente llegan a dos, prácticamente sin prestaciones adicionales. A esta situación, crítica y violenta, se agrega el cierre de numerosísimos negocios debido a la inseguridad, con sus secuelas de deterioro severo de las condiciones de vida, y hambruna en varios puntos de la ciudad.

La gente huye de los entornos violentos. Así, la tasa de crecimiento poblacional en Juárez, que en la década de los 90 rondó 4.3 por ciento anual, cayó a sólo 1.5 en 2001-2005 y se ha tornado negativa en el quinquenio pasado. En los últimos años han dejado esta ciudad 230 mil personas, 53 por ciento de ellas con rumbo a Estados Unidos, de las cuales 57 mil 800 residen ahora en El Paso, Texas.

Las familias juarenses han sido fuertemente impactadas por múltiples factores generadores de estrés y violencia. Juárez es un lugar de trabajo exhaustivo y mayoritario de las mujeres. La mujer trabajadora juarense duerme en promedio un máximo de cinco horas y descansa un promedio de media. Cicuenta por ciento de los niños juarenses se quedan solos alguna vez por el trabajo de sus progenitores y 9 por ciento, siempre, pues ni las empresas ni el Estado proporcionan suficientes y adecuados servicios de guarderías. El sobretrabajo y el estrés, principalmente de las madres, tornan tensas las relaciones con los hijos. Se colapsa la economía del cuidado: la expresión de afectos, la transmisión de valores, la educación de los hijos.

El estrés y la violencia familiares se agudizan por la manera de construir las ciudades, basada en la especulación y el lucro. Los nuevos fraccionamientos, muy lejanos, en la lógica de la expansión horizontal urbana, rompen las redes sociales, alejan a los matrimonios jóvenes de sus núcleos familiares, dificultan la ayuda mutua. Las viviendas con espacios mínimos, así como la falta de lugares de convivencia y recreación, generan tensiones intra e interfamiliares. Además, las casas que construyen los promotores y el gobierno son malas y difíciles de pagar, sobre todo con este desempleo y estos salarios. Se calcula que en Juárez hay 116 mil 208 viviendas abandonadas, de un total de 416 mil 574.

El IMSS, gran receptor de cuotas obrero-patronales de los juarenses, los ha abandonado empero. Entre 1985 y 2007 no abrió una sola plaza nueva para médicos o enfermeras ni camas de hospital, mientras la población derechohabiente se triplicaba. Más de 20 por ciento de la población no tenía acceso a algún servicio de salud pública en 2008, proporción que se ha incrementado por la baja de unos 100 mil asegurados. Y a pesar de que Juárez es la ciudad con más alto índice de consumidores de drogas, fuera del CIJ no existe en la ciudad infraestructura para atender las adicciones. Tampoco para tratar los impactos sicoemocionales de la violencia. Aquí hay una grave crisis humanitaria.

También la manera como se descuida la educación pública es factor de violencia. El sistema educativo de la ciudad está en crisis, víctima del abandono del gobierno federal y de la discriminación del estatal. Hay graves rezagos en guarderías, educación prescolar secundaria y preparatoria, además de que la crisis económica y la violencia han disparado la deserción en todos los niveles.

Los medios de comunicación, por su parte, aunque no están amordazados como en otras partes, generan una sobrexposición a la violencia de los públicos, que no abona a la paz y aumenta las percepciones de inseguridad y los sentimientos de ansiedad entre la población.

Todo lo anterior se refuerza con una cultura de la ilegalidad y de la violencia, surgidas desde hace cuando menos un siglo en Ciudad Juárez. La lejanía y el abandono del gobierno central, así como la falta de alternativas de vida propiciaron el florecimiento de actividades como el contrabando, la trata de personas, la prostitución, los divorcios al vapor. Así se fue gestando el ambiente de ilegalidad y de violencia que facilitó la implantación de los cárteles de la droga y la delincuencia organizada.

¿Cómo va a poder ahora hacerse presente y eficaz por medio de las armas y el muy dudoso monopolio de la violencia legítima un Estado que ha mantenido a Juárez en el abandono, forzándolo a la ilegalidad? ¿Cómo va a construir políticas públicas sólidas contra la violencia si por su acción o por su omisión es el Estado uno de los factores de las muchas violencias que sacuden a esta frontera?

Estado ausente, Estado cómplice, Estado derrotado, para no caer en el ya lugar común de Estado fallido, es lo que nos revela esta espléndida investigación sobre las violencias en Juárez.

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