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4/04/2020

Positiva y neutra, cobertura mediática de la marcha y paro de mujeres en marzo



Puebla, Pue. De acuerdo con el Observatorio de Violencia de Género en Medios de
Comunicación (Ovigem), de Puebla, seis de cada diez notas sobre la marcha del 8 de marzo fueron positivas, es decir, que destacaron la conmemoración del Día Internacional de la Mujer, la exigencia de justicia ante la violencia feminicida y las demandas de las mujeres hacia las autoridades.

En tanto que la cobertura del paro de mujeres, realizada el 9 de marzo de 2020, fue primordialmente neutro, ya que 60 por ciento de los titulares y 50 por ciento del contenido de las notas tuvo esta tendencia. La neutralidad se refiere a qué sólo se dio cuenta de la falta de mujeres en diferentes sectores de la sociedad, pero no se profundizó en la causa y origen de esta movilización.
Asimismo, en el informe “Cobertura mediática de las movilizaciones en el marco del Día Internacional de la Mujer y del Paro Nacional de Mujeres en 2020 en el estado de Puebla”, el Ovigem da cuenta que aún hay una cobertura negativa a las movilizaciones de mujeres, pues 12 por ciento de los titulares tuvieron esta tendencia, al centrarse en las pintas de las manifestantes o utilizar términos que las estigmatizan.
De igual forma 19 por ciento de los titulares del paro tuvieron una valoración negativa, ya que se dio peso a comentarios desfavorables de grupos conservadores y a que se difundió el hecho de que trabajadoras de limpieza no pudieron hacer paro, porque fueron enviadas a limpiar la Fiscalía General de Justicia después de la marcha.
La tendencia positiva de la cobertura de la marcha y el paro de marzo contrasta con el tratamiento que se dio a la movilización del 28 de septiembre de 2019, que estuvo centrado en exigir la despenalización del aborto, ya que en esa ocasión 74 por ciento de las notas fueron negativas.
Respecto a quiénes escribieron las notas, el informe destaca que 45 por ciento de las notas de la marcha fue escrito por mujeres, 33 por ciento por la redacción, 20 por ciento por hombres y 2 por ciento no tenían crédito. Esto podría deberse al llamado que hicieron las organizaciones y colectivas que organizaron la marcha, para que reporteras y fotógrafas cubrieran la movilización.
Por otro lado, en el paro del 9 de marzo 45 por ciento de las notas las escribieron hombres, 26 por ciento mujeres, 17 por ciento redacción, 2 por ciento agencias y 10 por ciento no tenían crédito. La situación podría ser consecuencia de que las periodistas también se sumaron al paro, aunque hubo un grupo de colegas que quizá no pudo hacerlo.
Al respecto, la académica de la Facultad de Antropología de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, Quetzali Bautista Moreno, quien participó en la presentación del informe, dijo que habría que sumar a la reflexión la condición de clase, puesto que como en otros rubros no todas las mujeres pueden parar y eso se ve reflejado también en los medios de comunicación.
Finalmente, el Ovigem hizo un llamado a “comunicar de manera proporcional a la gravedad de los problemas, con perspectiva de género y de Derechos Humanos, las acciones que se realizan en todos los ámbitos para visibilizar, prevenir y atender la violencia feminicida”.

3/21/2020

Si no somos violentas, nadie nos hace caso



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Foto
 Momento captado el 8 de marzo pasado en la marcha
del Día Internacional de la Mujer.
Foto cortesía de Valentina Gatti
A raíz de la extraordinaria marcha del domingo 8 de marzo, pensé que sería bueno entrevistar a dos de sus participantes, María Luna Flores, de 21 años, y otra, de más edad, cineasta, feminista reconocida, entusiasta y sensible documentalista, Laura Ponte.
María Luna, entusiasmada con la marcha del domingo 8, heredó su feminismo de su madre y tres tías muy poderosas y trabajadoras. La joven se viste de negro y se presenta en las marchas encapuchada, aunque estipula que no es de las que patean, rompen aparadores y llevan martillos en la mano. Somos del colectivo Sororrosas y decidimos ir encapuchadas para que no nos identifiquen.
–María Luna, ¿no es cobarde esconderse tras una máscara? Personalmente vandalizar me hiere. En un país en el que faltan tantas cosas; destruir es restar en vez de sumar.
–Así nos escuchan.
–¿Sólo si destruimos nos escuchan?
–Sí. Vestirnos de negro es uniformarnos. Encapucharnos es protegernos contra las granaderas que van cuidando las marchas feministas y nos pueden identificar. Si estás encapuchada, imposible que sepan quién eres.
–Pero hacer las cosas sin dar la cara es un acto parecido al del Ku Klux Klan.
–Yo no creo que nada de lo que están haciendo las feministas sea cobarde, es completamente valiente meter el cuerpo por tus hermanas muertas. Estar encapuchadas es por tu propia seguridad, porque si no, termina la marcha, agarras el Metro, te identifican y te hacen lo que quieran, porque a final de cuentas, vivimos en México y así es México.
–Pero tú te disponías a destruir.
–Personalmente no destruí, pero las de mi colectivo nos encapuchamos para que no distingan a quienes destruyen de las que solo marchan. ¿Quién tiene el poder?
Laura Ponte, mi segunda entrevistada, le lleva más de 20 años a María Luna y es cineasta. Trabajó en Inmujeres y peleó por institucionalizar el feminismo. Para ella, ha sido importante tener voz en organizaciones no gubernamentales, aunque reconoce que ha sido insuficiente. Laura Ponte formó parte del gobierno al lado de Patricia Olamendi, Laura Carrera, Laura Salinas, Marcela Lagarde, feministas dentro del gobierno. Desde ahí, las cinco militantes crearon la Ley de acceso a la vida libre de violencia.
–¿Las manifestaciones tienen que ser agresivas, Laura?
–Ya van 265 feminicidios en 49 días de 2020. ¿No te parece suficiente, Elena? Hace seis años –y algunos antes–, en febrero de 2010, hicimos varias marchas pacíficas, llenamos de flores y de veladoras el Paseo de la Reforma y el Zócalo, levantamos una ofrenda, nadie se enteró. Todas nuestras marchas, nuestros mítines, nuestros reclamos, quedaron sin respuesta y siguieron los asesinatos de las mujeres. Si no somos violentas, nadie nos hace caso. Con mucha razón, nuestra rabia se ha ido acumulando y estalla cada vez que nos enteramos que una mujer más es asesinada.
“La violencia contra las mujeres se inicia muy temprano. Tuve amigas y conocidas que sufrieron el maltrato de novios que las agredían sicológicamente. Muchas siguieron con su pareja, como yo, porque así me enseñaron desde niña. Cuando me separé, mis padres no me apoyaron. Nunca me ayudaron. Me descubrieron cáncer en el pecho derecho, pero como fue tan agresivo, me quedé sin los dos. Las quimios las pasé todavía con mi marido para no darle el golpe tan fuerte a mis dos hijos. Permanecí casada todavía un año, pero en cuanto terminé la quimio 16, salí de mi casa y mis padres me dijeron: ‘Estas deshaciendo a tu familia’, porque la tradición dicta que el valor principal es la familia y el sustento es el marido, aunque yo he trabajado toda mi vida.
Mis padres no me apoyaron por tradicionalistas, pero mis amigas sí, en un colectivo en el que empezamos siendo tres y ahora somos 100 mujeres.
Habla la joven María Luna Flores: “Pertenezco a la Ibero, donde el nivel socioeconómico es alto. Mi familia paga 15 mil pesos mensuales de colegiatura. Ahora gritamos lo que antes callábamos y lo hacemos a raíz de esta sororidad entre mujeres y esta confianza que nos tenemos quienes nos reconfortamos y nos atrevemos a denunciar: por eso sólo hasta ahora las cifras empiezan a salir.
“Tuve la suerte de nacer en una familia feminista, pero muchísimas otras mujeres se hicieron feministas por sus circunstancias y aprendieron a defenderse. En la Ibero, contando posgrado, somos alrededor de 11 mil alumnos; la mitad son mujeres, 6 mil, más o menos. Vivo en Polanco y todos los días voy a Santa Fe. Salí del Liceo Franco Mexicano hace tres años, en 2017, y ahí pululaba el micromachismo y los chistes a costa de la mujer que a los 14 años no entiendes y escuchas de tu amigo a quien quieres. Y te ríes. En México las groserías son todas machistas y las mujeres las repetimos hasta que nos damos cuenta de lo que decimos.
“La Ibero siempre ha destacado en sus protestas –continúa María Luna Flores. Los estudiantes obligaron a Peña Nieto a encerrarse en el baño, protestaron por los 43 desaparecidos de Ayotzinapa, y ahora la UMA, Unión de Mujeres Activistas, organizó varios contingentes que marcharon el 8 de marzo.
“En la época de mi feminismo –dice Laura Ponte– se hizo mucho por la mujer: leyes, institutos, centros de justicia, pero nuestro gran error fue no trabajar con el hombre, porque el marido, el novio, el padre, el abuelo, el amigo siguen sin darse cuenta de que violentan a la mujer en actos y palabras. Según él, burlarse de la mujer y de su sexualidad es normal. Televisa y TvAzteca propagan el machismo, como también lo hace el teatro. A mis estudiantes les advierto: ‘Lo que tú me dices es violento’, y se sorprenden, porque esa no fue su intención. Ricardo Ruiz Carbonell, quien trabaja con hombres, sabe que muchos se creen obligados a demostrar su machismo. Algunos de mis amigos ya mayores me aclararon: ‘No sabes el descanso que sentí cuando supe que no tenía que golpear a mi mujer; lo hice porque mi papá le pegaba a mi mamá. Ahora no golpeo a nadie para demostrar que soy hombre’. Por eso digo que nos falta trabajar con el hombre…”
–¿Qué diferencia hay entre tú, María Luna, y las feministas del pasado?
–Tiene razón Laura, el machismo afecta tanto a mujeres como a hombres. A los hombres, porque los violenta y a nosotras porque nos sometemos. Al decirle a un hombre: No llores, tienes que ser macho, ejerces presión y lo haces sufrir.
Laura Ponte insiste: “Creo que es muy importante tener una voz en las instituciones gubernamentales y lograr que nos escuchen. En la marcha del domingo escogimos la violencia para hacernos visibles. Logramos salir en toda la prensa y estar en boca de todos. La crítica: ‘¡Ay, qué mal, las feministas pintaron el Ángel, vandalizaron el Hemiciclo a Juárez, tiraron vallas!’ es consecuencia del ninguneo. Al menos ahora, pueblo y gobierno reconocen feminicidios y maltratos. Antes, el silencio era impermeable. Atacar fue la única manera de reflejar nuestro enojo y gritar: ‘¡Están matando a todas las mujeres!’”

3/14/2020

Fondo y crisis



La multitudinaria marcha del domingo pasado y la notoria ausencia de mujeres en sus trabajos cotidianos y las calles de varias ciudades fue un audible golpe civilizatorio. La andanada de protestas ha sido ruda muestra de la intransigencia que bulle en cada una de las manifestantes y huelguistas. ¡No más atropellos, basta de discriminación, vejaciones y miedo, no más muertas! La energía que derrama la protesta bien puede situarse a la altura de la épica de otros tiempos y por otras causas de opresión: derecho a votar y ser votada que, durante décadas, movilizó a millones de ellas. Tal y como fueron, también y en siglos idos, la lucha por su acceso a la educación, bien puede decirse con justa apreciación que estas rebeldías surgen desde lo más profundo de la historia humana. Basta revisar la actual situación de las mujeres desde la perspectiva de las distintas religiones para aquilatar el fondo del problema existente. En cada una de ellas, las condiciones reservadas al género femenino dista mucho de ser equitativo y justo.
La enseñanza que se recibe en todo el mundo deja que desear y ellas lo están aireando con toda la fuerza de un cambio de fondo indetenible. La numeralia que se ha desatado no deja dudas de la injusta distribución por géneros. Son ellas las que más trabajan, las menos pagadas por igual desempeño, las menos aceptadas en los círculos decisorios, las que tienen que superar más barreras para allegarse lo necesario para una vida digna. Esta problemática ha sido suficientemente explorada. Las armas argumentativas para sostener posiciones y llegar a la base de una cuestión que es la de este tiempo. Por lo visto (8M) y oído (9M), ya se tiene la capacidad de orientar acciones para dar salidas asequibles a los muchos reclamos. Las discusiones no pueden ni deben alargarse y, menos, caer bajo tutelas partidarias. Las diversas sociedades tienen el deber y la urgencia de responder al llamado y canalizar tan beligerantes actitudes. El feminismo actual exige, por derecho propio, ser escuchado y respetado. Basta de etiquetas de conservadores y anarquistas, basta de chistes degradantes y conductas perversas para espiarlas, para humillarlas, para insultarlas. Y, mucho menos, para matarlas.
Las mujeres no son propiedad de nadie sino de ellas mismas. La esclavitud, muy a pesar de haber sido abolida hace siglos, mantiene remanentes que todavía les causan daños irreparables. Habrá que luchar, junto a ellas, para aligerar esa carga tan inhumana que llevan. Quien persista en prácticas de señorío medieval y actúe como capataz por derecho heredado o divino, tiene que ser detenido, estigmatizado, llevado ante la justicia y castigado. La autoridad constituida no puede quedar al margen de la insoportable injusticia que muchas, casi todas las mujeres, aún padecen dentro de las sociedades. Llegó el momento del quiebre de la normalidad. Llegó el punto de inflexión con su carga transformadora.
En México se han acumulado grandes pasivos al respecto. Es un país, a escala mundial, con las mayores deudas al respecto. Son miles las que mueren a manos de los que se sienten sus dueños. Pequeños hombres insensatos, incapaces de respetar a sus parejas. Cobardes que no puede despojarse de su inferioridad frente a la que disiente y rechaza cualquier afán posesivo. Penetrar, sin sujeciones prácticas, económicas, partidistas o políticas en lo que han puesto en evidencia pública las mujeres, es indispensable. Máxime para aquellos que han hecho de la lucha transformadora su motivación básica. No sólo se está a salvo de tal cuestión por el hecho, reconocible, de buscar la paridad en sus diferentes modalidades: de cargos públicos, candidaturas, oportunidades de desarrollo, titularidad de programas sociales y conducción de los mismos, tal y como sucede hoy en día en este gobierno mayoritario y legítimo. Hace falta ir a las entrañas del reclamo y enfrentarlo sin titubeos y con imaginación. Lo que se tiene delante viene cimentado, arraigado en las honduras de la historia, en lo que se llama cultura secular: el feroz patriarcado. Un fenómeno con miles de formas subyugantes y sutilezas despreciativas para las mujeres. Hay que diseñar una forma institucional que lo tenga en la mira, lo estudie, analice, persiga y descubra en cada uno de los hombres que lo han usado en su beneficio o en sus muchos vicios e incapacidades hasta llevarlo a lo imposible.

Estruendo y silencio

Un día sin nosotras
Nadine Gasman*

Entre dilemas y paradojas nos encontramos muchas mujeres en este país. El dilema de qué hacer, la paradoja de haber salido a hacernos visibles y ruidosas el domingo, y querer desaparecer del espacio público y hacernos pequeñas en el doméstico, al día siguiente. El 8M salieron miles de mujeres de muy diverso origen y condición, en todo el país, a mostrarse y a mostrar su fuerza. Hacerse ver y hacer ver que son la mitad del país y que exigen, ya y sin más dilación, la totalidad de los derechos, entre ellos, el derecho humano e inalienable, de vivir en paz y con seguridad. El 9M nos permitió, al contrario, la posibilidad de mostrar la fuerza y el poder en la ausencia. Las calles vacías, las aulas, el transporte, las empresas, las oficinas. Estruendo y silencio, dos caras de la misma lucha.
El desafío hoy, 10M, es trabajar para construir un sujeto político, feminista y colectivo, diverso y plural, que siente las bases de esa transformación que de alguna manera se resume en el fin del patriarcado, con las implicaciones que tendría en el modelo económico precario de esta fase tardía del capitalismo que estamos viviendo. Sin embargo, por mucha fuerza que hayamos visto en las calles (por presencia o ausencia), este sujeto político no puede construirse ni sostenerse y mucho menos consolidarse como tal, si no encuentra anclajes en el pasado, en la historia del movimiento feminista en México, en los nombres de las mujeres que hicieron historia para el avance de los derechos, en reivindicaciones reditadas, actualizadas, porque los tiempos han cambiado y las jóvenes de hoy no son las mismas de ayer, aunque vivan casi los mismos problemas, todo ello al mismo tiempo, pero con raíces más profundas que la suma de cientos de miles de reclamos individuales. Nunca podremos llegar a ser, si no entendemos quiénes hemos sido. Porque en los movimientos sociales, y el feminismo no es excepción, la suma de las exigencias individuales no da, por sí sola, un sujeto colectivo. Un gran movimiento social es el resultado de un trabajo político colectivo sobre una agenda común. Aunque nos haya quedado claro, como decía Victor Hugo, que nadie puede detener una idea a la que le ha llegado su tiempo. Y esa es la idea de la igualdad y los derechos.
La principal característica de estas dos enormes movilizaciones no es sólo la ampliación del movimiento (tocan a una, nos tocan a todas), sino el cuestionamiento de la estructura patriarcal: ahora que somos muchas, ahora que sí nos ven, ahora que nos escuchan, se va a caer, se va a caer. Las mujeres en las calles cuestionan el orden patriarcal: la lógica de la subordinación, abuso del poder e interiorización masculina del ejercicio cotidiano de la domina­ción de los cuerpos, de las palabras, de los ­espacios y de los símbolos de la cultura.
Sin embargo, la suma de protestas individuales no hará un movimiento social y difícilmente podrá cambiar o transformar la cultura. Estamos tratando de entender el fenómeno, pero lo que necesitamos urgentemente es crear entre todas una agenda común que ponga a todas las fuerzas a trabajar juntas y a escucharnos, a dialogar para acabar con el modelo patriarcal, para transformar el sistema de explotación en el uso del tiempo, la división sexual del trabajo, los mandatos de la feminidad y de la masculinidad, los privilegios materiales y subjetivos, y principalmente, para construir esa sociedad bienestar, de paz y seguridad, que millones de mujeres y niñas están esperando.
¿Seremos capaces de superar los reclamos o reivindicaciones particulares para trascender a lo colectivo, a lo social? Para ello tenemos que dialogar, abrir espacios de debate que den cauce a la diversidad, a los dolores, a las frustraciones, a las heridas que ha causado tanta impunidad de los violentos. Si no logramos ese diálogo, si no abrimos estos debates públicos, si no logramos mantener ardiendo una fogata cuyos leños son el sistema patriarcal y el modelo capitalista, si no se incluye a las mujeres pobres de este país, a las indígenas, a las afro, a las que sufren la suma de varias condiciones que multiplican su vulnerabilidad, si no se habilita esta comunicación intergeneracional con aquellas feministas que estuvieron antes moviendo casi las mismas agendas aunque con otras estrategias, si no se logra unir otras luchas, grandes luchas, el movimiento no pasará de haber sido una catarsis colectiva gigantesca, pero catarsis al fin, y su potencial aglutinador, persistente en el tiempo, y derribador de las estructuras patriarcales, se irán desdibujando.
Mientras construimos este diálogo, mientras encontramos la palabra clave para encontrarnos todas, nosotras, desde este gobierno, seguiremos trabajando cada día para acabar con las desigualdades, para proteger y mejorar la vida de las mujeres y niñas del país, desde todos los frentes para restituir derechos, mejorar el acceso a la justicia, compensar el abandono de los cuidados, capacitar y sensibilizar a funcionarios y funcionarias públicas para que puedan ver las desigualdades y la importancia de trabajar y comprometerse en esa transformación; seguiremos luchando para que los presupuestos del Estado consideren siempre a las mujeres y niñas; para cambiar mentalidades y derribar estereotipos.
Estamos en movimiento, las es­cuchamos ayer y lo seguiremos haciendo. Porque nuestro trabajo es cambiar esta realidad de discriminación y brechas para crear una sociedad de bienestar para todos y todas, en la que no dejemos a ninguna mujer fuera ni atrás. Porque por mucho que parezca que avanzamos, no habrá paz ni desarrollo para México si no ponemos, de una vez y para siempre, a las mujeres y niñas en el centro de la transformación.
*Presidenta del Instituto Nacional de las Mujeres

Mujeres zapatistas se unen al 9 de marzo


Tula kau, Chis. Con el grito ¡“ya basta”!, decenas de mujeres del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) se unieron al hartazgo de la ola feminicida que ha motivado a miles de mexicanas a salir a las calles. Este 9 de marzo indígenas campesinas del EZLN se concentraron en sus 11 caracoles para sumarse al paro “Un Día sin Nosotras”.
La madrugada de este lunes, mujeres zapatistas salieron en fila de sus Caracoles (donde practican su autogobierno de acuerdo a sus usos y costumbres) con veladoras a mostrar su indignación por los atroces crímenes de mujeres que se han extendido a lo largo de todo el país. 
Se colocaron en filas a las orillas de las carreteras para manifestar su repudio contra el gobierno que aseguran “no hace nada por las mujeres”. 
“No queremos gobiernos machistas”, “ni una más, ni una asesinada más”, “que muera el gobierno que permite que asesinen a las mujeres”, “aquí, allá, las mujeres lucharán”, “no queremos más feminicidios”, “no tengo miedo, sigo adelante, soy mujer, soy mujer”, “vamos mujeres, vamos a vencer, a este sistema maldito que nos quiere desaparecer”, “las mujeres zapatistas ya no queremos más violencia, ya no más asesinatos”. 
Durante la manifestación, reiteraron su rechazo a los megaproyectos que impulsa el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, como el Tren Maya, la autopista Pijijiapan, San Cristóbal – Palenque, así como parques eólicos, entre otros. “Las mujeres defenderemos con nuestra vida, nuestro territorio y la madre tierra”, expresaron. 
Este 9 de marzo, las mujeres del EZLN se unieron al paro “Un día sin Nosotras”; a lo largo del día permanecieron en sus caracoles.
El Día Internacional de la Mujer, cientos de miles de mujeres vestidas de morado, verde, negro y blanco, salieron a las calles en las principales ciudades de Chiapas, Tuxtla Gutiérrez, Tapachula y San Cristóbal de las Casas, en una manifestación inédita para exigir un alto a la violencia de género y feminicidio que azotan el país.
Las manifestantes portaban camisetas y pañuelos verdes, símbolo de los reclamos por el aborto libre; o de color violeta, que simboliza la batalla contra el feminicidio en una entidad donde el principal delito que se comete, de acuerdo a la Fiscalía del estado, es la violencia intrafamiliar.  
La gran marcha del 8 de marzo fue el preludio a la jornada de hoy lunes de #UndíaSinNosotras, donde universidades, cámaras de comercio, instituciones de gobierno, como el Tribunal Superior de Justicia, las mujeres se unieron al paro para mostrar el alcance del trabajo de las mujeres y para que sea justamente compensando.
20/GC/LGL

Mujeres: un paro histórico


Editorial La Jornada

El conjunto de actividades en la capital de la República disminuyó ayer de manera notoria a consecuen-cia del paro que mujeres realizaron para visibilizar la importancia de esa mitad de la población en todos los ámbitos y en demanda de acciones efectivas para poner fin a los feminicidios y la impunidad que suelen traer aparejada, así como para pugnar por una igualdad sustantiva respecto de los hombres.
El transporte público estuvo semivacío, el tráfico vehicular bajó de manera sensible y muchas escuelas, sucursales bancarias y oficinas públicas no laboraron ante la falta de personal femenino; también se redujo la concurrencia a comercios, aunque en el sector informal el impacto de la convocatoria fue menor, debido quizá a que la precariedad económica en la que viven muchas mujeres les impidió sumarse a la protesta.
Lo cierto es que el de ayer fue el paro general más exitoso de la historia moderna de México, en la que acciones de esta clase han sido por demás escasas y poco efectivas. Salvo por lo que se refiere a paros y huelgas gremiales y sectoriales –sobre todo en tiempos de la Revolución, en el sexenio de Lázaro Cárdenas y en los movimientos ferrocarrilero, médico y magisterial de décadas posteriores–, no existe registro en el país de un movimiento que haya tenido tanto impacto en las actividades diarias. En comparación con naciones como Francia o Argentina, donde las centrales obreras han paralizado a sus respectivos países en forma casi total, aquí no habían tenido lugar acciones de esa clase, tal vez por el oficialismo en el que derivaron las confederaciones sindicales desde la consolidación del régimen posrevolucionario.
Esta vez la convocatoria no surgió de las organizaciones de los trabajadores sino de grupos de mujeres que reclaman, en primer lugar, un alto a los feminicidios y a todas las violencias de género en el país, la erradicación de la impunidad, así como condiciones de igualdad plena en el trabajo, la escuela y el hogar. Se trata, pues, de un movimiento tan novedoso como radical, heterogéneo, descentralizado y transversal que pugna por cambios de fondo en la vida diaria y en las relaciones sociales y parte de una realidad terrible, exasperante, dolorosa e indignante.
En el contexto de las transformaciones que vive México, ha tenido lugar un inocultable desencuentro entre la insurgencia cívica de las mujeres y el gobierno que propugna la renovación de la vida pública del país, y el sentir de buena parte de los grupos feministas es que el discurso presidencial no logra articularse con sus demandas.
Pero debe señalarse también que la actitud gubernamental hacia el movimiento ha pasado en semanas recientes por una rectificación importante y por un reconocimiento de retrasos e insuficiencias en la atención de las demandas de las mujeres.
Cierto es que en la presente circunstancia las oposiciones políticas, empresariales y mediáticas han buscado instrumentar las causas feministas para gastar y desacreditar a la Cuarta Transformación, pero el margen de éxito que han logrado se explica más por las omisiones del propio gobierno que por méritos propios; a final de cuentas, el partido opositor más beligerante, Acción Nacional, ha sido un adversario histórico de los derechos de género en general y los grupos patronales que anunciaron su respaldo a la manifestación del domingo y al paro de ayer han hecho de la explotación del trabajo femenino uno de sus generadores de dividendos.
Asimismo la eclosión de las movilizaciones de mujeres ha descolocado a muchos en sus convicciones y certezas y ha obligado a poner sobre la mesa del debate nacional la tragedia de los feminicidios y la insoportable cadena de agresiones en que se traducen el machismo, la misoginia y la desigualdad.
En tal circunstancia cabe esperar que la erradicación de estas añejas miserias sea asumida como una tarea conjunta por las autoridades y por la sociedad. Debe emprenderse ya un plan concreto, multidimensional y de alcance nacional para
construir una vida sin violencia para todas y todos.


Y retembló en sus centros la tierra



Los sonidos de la furia y el silencio retumbaron por todo el país. Las movilizaciones de las mujeres demuestran tanto el hartazgo contra la violencia que las oprime como su decisión de transformar drásticamente la estructura social y cultural que sistemáticamente las pone en peligro.
Las multitudinarias marchas dominicales que tuvieron lugar por todo el país conjuntaron mujeres de muy distintas edades, condiciones económicas, sociales, religiosas y escolares. Porque todas ellas enfrentan cotidianamente agresiones simbólicas y físicas que las unen en el clamor contra el entorno que las hostiliza. Un entorno meticulosamente construido para favorecer el predominio masculino y sobajar a la población femenina. El domingo salieron a las calles y plazas para gritar su deseperación, para con estridencia hacerse oír y rubricar un hito en las movilizaciones que marcan fin de época e inician otra. El machismo, fuertemente arraigado estructural y culturalmente, inició una cuenta regresiva por la demostración de las mujeres que atiborraron arterias de las ciudades mexicanas.
Los interminables contingentes femeninos dieron portazo a las explicaciones conspiracionistas de todo tipo. Hubo quienes, sin sonrojarse, afirmaron que detrás de las protestas había financiamiento extranjero y/o nacional. También, que todo estaba armado por interesados en debilitar políticamente al gobierno. Ni el supuesto financiamiento, ni los interesados en acarrear beneficios políticos para su causa, tienen el poder de convocatoria para concitar movilizaciones masivas como las que abarrotaron las calles. El conspiracionismo de distinto perfil es ofensivo porque sigue perpetrando un discurso que tiene a las mujeres en capitis deminutio, en incapacidad permanente para por ellas mismas tomar el rumbo que deseen dar a sus vidas. Desde la óptica conspiracionista, las mujeres movilizadas son mentalmente menores de edad y requieren ser auxiliadas por los que sí tiene luces para ver los hilos que las controlan y manipulan.
Las reivindicaciones por las que claman las mujeres son de distinto tipo. Un sector es feminista de larga data, o herederas de luchas por derechos que les han sido negados y buscan hacerlos vigentes en las leyes e instancias judiciales. Otra parte es la conformada por las más jóvenes que todos los días experimentan las desventajas sistémicas que les dificultan el desarrollo personal. Unas más, miles, perdieron terriblemente a una hija o pariente y se han topado con el páramo que acalla sus desesperados gritos. Pero todas ellas tienen un denominador común: la violencia que las acecha y se cierne sobre ellas en cualquier lugar, a toda hora y la impunidad de los agresores. Impunidad que multiplica la repetición de los ataques.
Si los clamores del domingo fueron estruendosos, no lo fue menos la ausencia de millones de mujeres de los lugares de trabajo, escuelas, centros de diversiones, calles, parques y otros espacios por los que se mueven todos los días. Su ausencia logró evidenciar dramáticamente lo esencial de su presencia. Sin estar, estuvieron más presentes que nunca. Se hicieron más visibles, a pesar de que no fueron vistas en los lugares donde están cotidianamente.
¿Y ahora, como socidad, qué sigue? Es impostergable el cambio para construir un entorno social, cultural, judicial, económico e incluso religioso que no sea amenazante para las legítimas aspiraciones de las mujeres a vivir en un entorno libre de violencia sistémica. En esta tarea es necesario el cambio de paradigmas mentales que edifiquen un entramado distinto al que han padecido las mujeres mexicanas. Las ideas visualizan nuevos horizontes, pero por sí mismas no transforman el entorno; hace falta institucionalizar el nuevo orden mental en las instancias del Estado y la sociedad civil. Al mismo tiempo, si bien las ideas emancipatorias pueden ir sedimentando el terreno social y cultural, hay reformas normativas y la consecuente práctica eficaz de ellas que contribuyen a cambiar conductas lesivas y a crear nuevo piso cívico, ya sea por convicción o mediante la constatación a que llegan los agresores de que sus acciones difícilmente quedarán impunes.
La estrujante y conmovedora movilización del domingo en la Ciudad de México es, estoy convencido, esperanzadora. Anunció que el atroz invierno machista debe quedar definitivamente atrás. Fue el vislumbre de la primavera. Un color de camiseta que vistieron miles de mujeres, el morado, se confundió con las jacarandas que comienzan a renacer en las calles de la urbe. Una imagen, a la vez, de protesta vivificante y poética. Las coloridas jacarandas fueron el marco por el que transitaron niñas, adolescentes, madres, abuelas contra el entorno opresivo que busca imponer el machismo monocromático. Las jacarandas han florecido, y con ellas la primavera que anuncia nueva vida. A las flores les abrió paso el caminar de las mujeres que hizo retemblar en sus centros la tierra.

3/11/2020

Reivindica AMLO la protesta feminista y condena injerencia de conservadores

Censura la cobertura mediática
Se reforzará la estrategia para erradicar la violencia de género, sostiene el Presidente

El presidente Andrés Manuel López Obrador consideró las jornadas de protesta y el paro realizado por las mujeres como parte de un movimiento importantísimo de reivindicaciones sociales. ¡Cómo vamos a estar en contra de eso! De ninguna manera, y menos la violencia, o sea, en contra de las mujeres, de niñas, de mujeres. Aunque reivindicó la legitimidad del movimiento, volvió a criticar el conservadurismo hipócrita que se puso la máscara de feminista.
Al hacer un balance del paro de mujeres en protesta por la violencia de género, el mandatario subrayó que en las movilizaciones feministas de estos días prevaleció el carácter pacífico y no se gana nada con la violencia.
Incluso, destacó que la violencia en general que enfrenta el país se redujo el lunes, cuando sólo se registraron 72 homicidios, de los cuales 10 fueron contra mujeres.
Si bien expresó que no tiene información objetiva sobre el número de mujeres que participaron en el movimiento Un Día sin Nosotras, adelantó que se presentará un informe detallado. Sin embargo, de nuevo diferenció entre las aristas de la jornada, porque el gobierno tendrá que resistir los ataques, las lanzadas del conservadurismo, que son muy oportunistas, se encaraman, se montan en cualquier movimiento, como pasó ahora, que de repente se volvieron feministas.
–¿Cómo tomó el paro?
–Muy bien, que se proteste, que participemos todos, que se ejerza el derecho de manifestación y de protesta, y que nosotros garanticemos el derecho a disentir. Es nuestra obligación.
Por segundo día consecutivo, en la conferencia matutina fue interrogado acerca de los efectos de las movilizaciones en sus políticas.
–¿Habrá un cambio de enfoque después de lo que vivimos estos días?
–No, al contrario. Vamos a reforzar la misma estrategia de atender las causas que originan la violencia, buscar vivir en una sociedad mejor, atender a los jóvenes, al campo, que no haya desempleo, que haya buenos salarios, que se evite la desintegración en las familias y se fortalezcan los valores.
Refirió que en su momento la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, definió las acciones concretas que se instrumentarán con el propósito de atender la violencia contra la mujer. Pero si no está completo o no es suficiente o no está difundido, no se conoce, que de nuevo se presente y se actualice; que la doctora, que es la que coordina todas estas acciones en defensa de los derechos de las mujeres, haga una presentación la semana que vienez.
Tras censurar la cobertura mediática que se dio a las protestas feministas, el Presidente desestimó los recientes sondeos de acuerdo con los cuales su popularidad ha ido a la baja. “Están cuchareados”, definió.
López Obrador fue más allá y señaló: “Como dicen los abogados: aceptando sin conceder que las encuetas estas que yo llamo cuchareadas sean reales, mínimo en promedio es 60 por ciento de aceptación. ¿No es así? ¿Cuánto es 60 por ciento de los ciudadanos? Cincuenta y cuatro millones. ¿Cuántos millones votaron, cuántas personas votaron? Treinta, o sea, vamos de gane, o sea, todavía aguantamos”.

 Periódico La Jornada

3/10/2020

Participan decenas de miles de mexicanas en Un día sin nosotras

Mantienen protestas y denuncias
Necesidad económica y coacción de patrones limitan alcance del movimiento

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▲ En la estación Ecatepec de la Línea B del Metro, en el estado de México, las encargadas de la taquilla no laboraron en apoyo al movimiento Un día sin nosotras, por lo que no hubo venta de boletos y sólo fue posible recargar saldo en las máquinas automáticas.

Decenas de miles de mexicanas de todos los estados del país se sumaron ayer al movimiento nacional Un día sin nosotras para sensibilizar a la sociedad acerca de la violencia de género que a diario sufren las mujeres, y se ausentaron de sus centros laborales, edificios gubernamentales y escuelas, lo que propició una disminución del tráfico vehicular, peatonal y de pasajeros en el transporte público.
Sin embargo, también miles de trabajadoras de restaurantes, comercio informal, bancos, hoteles y centros comerciales, sobre todo las que son el sostén de sus familias, cumplieron su jornada.
En algunos casos fueron amenazadas por sus patrones con descontarles el día si faltaban. Otras optaron por efectuar manifestaciones en repudio a los feminicidios y al acoso sexual y laboral.
Reporteras e integrantes del Frente Guerrero por Nuestros Desaparecidos protestaron en Chilpancingo. La comunicadora Scarlet García Arias denunció que en el estado las periodistas enfrentamos campañas de desprestigio, autocensura como método de protección en zonas silenciadas por la violencia, privación de la libertad, agresiones, obstrucción del trabajo, intento de feminicidio y asesinato.
En tanto, Guadalupe Rodríguez, de dicho frente, acusó al gobernador Héctor Astudillo de dividir a los colectivos; afirmó que las comisiones ejecutivas de Atención a Víctimas nacional y estatal no atienden debidamente a las familias de desaparecidos.
Este 9M estudiantes de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo crearon una cuenta de Facebook en la que publicaron fotos de un tendedero con denuncias contra docentes y compañeros que las acosan sexualmente.
“Una vez el doctor Carlos Barra dijo frente a mis compañeros: esa flaquita, poquitas nalgas, poquitas bubis, pero sí me la ando chingando”. Cuauhtémoc Granados Díaz, del área académica de derecho, fue exhibido porque comentó: ¿De qué se preocupa, si tiene buenas nalgas?
FotoEn Chihuahua, alumnas de la Universidad Autónoma de esa entidad y de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez colocaron un tendedero del acoso en sus respectivas instalaciones, en el que publicaron el nombre de presuntos hostigadores.
Mientras, unas 20 estudiantes encapuchadas clausuraron de manera simbólica la entrada de la rectoría de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos; acusaron al rector Gustavo Urquiza de ser omiso en los casos de acoso y de no frenar la violencia de género en el plantel.
En municipios de la zona oriente del estado de México, donde se registra el mayor número de feminicidios en el estado, no tuvo mucho eco la convocatoria al paro nacional, pues féminas de Ixtapaluca, Chalco, Chimalhuacán, Valle de Chalco y Nezahualcóyotl realizaron sus actividades con normalidad, algunas con el argumento de si no trabajamos, no comemos.
En la ciudad de Oaxaca, algunas mujeres que apoyan la iniciativa Un día sin nosotras sí laboraron, porque de otra forma, dijeron, el trabajo se les acumulará el resto de la semana.
▲ Marcela, vendedora ambulante de comida en el municipio de Chimalhuacán, expresa su apoyo a las mujeres que participaron en el paro del 9 de marzo, al que no pudo sumarse por su situación económica.Foto La Jornada
Comerciantes de mercados y puestos ambulantes efectuaron sus actividades cotidianas, pues si no venden no ganan dinero.

Amenazan con descuentos
En Bahía de Banderas, Nayarit, empleadas de hoteles revelaron que este 9M acudieron a trabajar porque el fin de semana los jefes les comunicaron que si faltaban se les descontaría el día.
En León, Guanajuato, una de las ciudades más afectadas por la violencia generada por el crimen organizado, las policías, dependientes de plazas comerciales y ambulantes se presentaron a laborar.
No puedo faltar, vivo de lo que gano. Apoyo el paro y estoy contra la violencia que nos daña a las mujeres, comentó María Elena Márquez, vendedora de quesadillas.
En el área metropolitana de Guadalajara, Jalisco, la mayoría de pequeños negocios y comercios en los municipios conurbados abrieron y trabajaron de forma normal, mientras el sector público estatal y municipal paró en gran medida.
En Tabasco, algunas mujeres que prestan servicio en hospitales y dependencias de salud no se unieron al paro, ya que dirigentes sindicales les dijeron que serían mal vistas por los jefes si faltaban.

Paros escalonados y hombres con moños
En Cancún, Quintana Roo, el presidente de la Asociación de Hoteles de la Riviera Maya, Conrad Bergwerf, informó que coordinaron paros escalonados en apoyo al movimiento y en tiendas departamentales los varones portaron moños morados en el pecho en solidaridad con sus compañeras ausentes.
En Baja California, no sólo las mujeres se ausentaron de las oficinas de gobierno, sino que el gobernador Jaime Bonilla, del partido Morena, se contagió del 9M y canceló su agenda pública.
Con una escenificación en público, el grupo Tramoya Teatro se manifestó contra la violencia hacia la mujer en el monumento a Vicente Guerrero de Mexicali.
En las oficinas de Recaudación de Rentas, Licencias y Registro Civil de la ciudad de Chihuahua hubo largas filas y los trámites se retrasaron; el gobierno estatal aseguró que fue porque 52 por ciento del personal son mujeres. También en Nuevo Laredo, Tamaulipas, empleados varones del gobierno municipal atendieron a los ciudadanos.
En Morelia, Michoacán, la Cámara de Comercio informó que al menos 50 por ciento de negocios de la zona centro del estado cerraron el lunes, en demanda de que se frene la violencia contra las mujeres.
En las capitales de Sinaloa, Aguascalientes, Tlaxcala, Zacatecas, Guerrero, Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, San Luis Potosí, Nayarit, Durango, Sonora, Baja California Sur y Campeche, obreras, secretarias, maestras, oficinistas, reporteras, estudiantes, comerciantes, vendedoras, conductoras y policías, entre otras trabajadoras, se sumaron al movimiento.

Foto Mario Antonio Núñez
Periódico La Jornada
Martes 10 de marzo de 2020, p. 29

Las mujeres hacen valer su fuerza aun sin su presencia

Un día sin nosotras
Gran respuesta al 9M
En los comercios, los hombres no se daban abasto para atender al público


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▲ La actividad en la Ciudad de México se vio semiparalizada debido a la gran respuesta que tuvo el paro de mujeres.

El gregarismo jubiloso del domingo, ayer fue ausencia y silencio.
Las mujeres demostraron una vez más que pueden estar por miles en las calles y también dejarlas semivacías.
Y que a punta de rebeldía, de recibir la mal disimulada solidaridad patronal o por la llana voluntad de evaporarse del paisaje citadino pudieron cumplir hasta los límites de lo posible la consigna: Un día sin nosotras.
Sin ellas.
Por supuesto no fueron todas...esta vez.
Y quizá por eso se notaban más aquellas que sí salieron. Por lo general solas –o a lo sumo en parejas–, las que no se guardaron esperaban el Metro, caminaban por las calles del Centro Histórico, hacían turismo y otras más portaban los uniformes de los trabajos donde la vocación o las exigencias del oficio las convierte en imprescindibles: la salud, la policía y la limpia pública, principalmente.
Pero estaban también –no pocas, en efecto– aquellas que por la necesidad imperiosa de ganar una comisión (a veces su único ingreso) buscan convencer, persuadir a los transeúntes de entrar a una fonda, de graduarse anteojos, de comprar perfumes, bonetería.
Ellas eran parte de quienes jamás pudieron plantearse no trabajar ayer.
Otros ámbitos donde hubo muchas no obstante su obligada asistencia se hicieron de herramientas para manifestarse. Hacerse oír.
Así, en el Instituto Nacional de Cancerología el paro de trabajadoras fue parcial y concluyó con una concentración en el auditorio a las 2 de la tarde. Pero como desde hace varios días, continuaron a la vista de todo mundo los carteles y cartulinas donde (enfermeras, empleadas administrativas, doctoras y otras más) exponen de forma anónima las conductas violentas a las que –aseguran– son sometidas cotidianamente. Y ayer se sumaron muchas más.
En todas partes las formas de visibilizar la ausencia consiguieron el efecto buscado en la convocatoria El 9 nadie se mueve.
Sin quien vendiera boletos en las estaciones del Metro, también faltaron las empleadas, las afanadoras y las conductoras.
Y para uno de los encargados de la estación Pino Suárez, una de las de mayor aglomeración, desde primera hora se hizo palpable que la mayoría no vendría.
Esta vez los andenes estaban casi solos en el perímetro destinado a las mujeres. Y se acusaba por todos lados la falta de quienes a diario se trasladan presurosas desde los pueblos y colonias del oriente de la ciudad para checar puntualmente en las oficinas y en los comercios del centro, del poniente y del sur.
Ellas y su perfecta sincronía en el tiempo del trasborde y de su recorrido (claro, cuando no hay averías en el servicio) y que lo mismo aprovechan para maquillarse, desayunar algo o dar una fugaz cabeceada. Pero ayer no estuvieron.
Ya sobre las avenidas Pino Suárez, 20 de Noviembre, República de Uruguay, Madero, 5 de Mayo y el resto de las que convergen al Zócalo, los comercios lucían con poca clientela incluso pasado el mediodía.
En la gigantesca mercería Ganón, donde se adquiere todo lo impensable para la confección de ropa (desde un cuello de encaje hasta los remaches de un pantalón de mezclilla), los hombres se volvían locos tratando de suplir a sus compañeras. Y tampoco se presentaron, enumeraba uno de ellos –mientras medía un listón de satín–, las cajeras, las encargadas de facturación, las almacenistas, las encargadas de limpieza, las de telemarketing, las vendedoras…
Y así podía verse también tratando de arreglárselas como podían, los empleados de las zapaterías Vazza y de otras más. Algunos de esos comercios que viven del ajetreo de la venta al mayoreo, de plano no abrieron.
Caso singular. El imán por excelencia de todo el que una vez haya ido al Centro, la farmacia París, que presume trabajar los 365 días del año desde su fundación en 1944, este lunes sólo abrió uno de sus locales. Con cara de desesperación, un cajero ilustraba su improvisación y preguntaba angustiado a un compañero: ¿dónde tienes la Emulsión de Scott?
Con todo, este lunes fue también una suerte de resaca colectiva de la marcha del domingo.
En cualquier diálogo propuesto o escuchado al paso, era tema obligado el de los destrozos, el vandalismo, las pintas aún visibles en muchos lados. Y no menos en la fachada del Palacio Nacional.
Mientras los expertos en restauración utilizaban todas las técnicas disponibles –incluida la de disparar miles de litros de agua a presión– para borrar el grafiti, mucha gente tomaba fotografías y discutía, se quejaba.
Incluso llegaron a formarse círculos espontáneos de debate.
Al pie de la estatua a Francisco I. Madero, pintarrajeada, con pegotes y destrozos con martillos en el pedestal, un joven solitario portaba una cartulina: Quisiera que sólo fuera un día.
En unos minutos, 30 personas –hombres sobre todo– ya lo rodeaban para increparlo y para argumentar cada quien desde su visión. No había agresividad, sólo interés por hablar. Nadie convocó. Sólo el afán de decir.
Le imputaban estar a favor de quienes vandalizan, porque la reparación de todos modos la vamos a pagar con nuestros impuestos. Sin abrumarse, él argüía: ésta no es una lucha de hombres contra mujeres, sino contra un gobierno que no hace nada por proteger a nuestras familias.
Y así seguían, mientras alguien preguntaba: ¿Cuánto tiempo perdurará el eco de estos dos días?

Foto Alfredo Domínguez
Rosa Elvira Vargas
 Periódico La Jornada
Martes 10 de marzo de 2020, p. 2