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12/20/2025

«Graves violaciones a DDHH» tras asesinato de dos niñas en Sinaloa a manos del ejército: CNDH

 

El Centro Pro recordó que se trata de hechos en los que dos niñas de 7 y 11 años de edad – Leidy y Alexa-, fueron privadas de la vida, a la vez que su prima y primo de 12 y 14 años de edad, así como dos adultos fueron heridos de gravedad; esto, consecuencia de que elementos del Ejército abrieron fuego sin justificación alguna en contra de la camioneta en la que circulaban en una carretera en el estado de Sinaloa.

En un inicio, se anunció que se trató de un enfrentamiento, versión que nunca fue desmentida ni corregida públicamente por las autoridades.

Cimacnoticias reportó que Alexa y Leydi eran dos primas de 7 y 11 años respectivamente. Las dos niñas viajan a junto a sus familiares Saúl de 45 años, Anabel de 40, Gael de 12 y otra menor de edad en una camioneta GMC por Badiraguato, Sinaloa, cuando fueron interceptados por agentes militares y posteriormente, atacados con armas de fuego.

Niñas Alexa y Leydi, asesinadas por el Ejército mexicano, acusan familiares. Efectos de la militarización

Según se reportó, el Ejército Mexicano estaba en medio de un enfrentamiento contra civiles armados en una carretera que lleva a Parral, ubicado en el estado de Chihuahua, a la altura de La Ciénaga. Por lo que, en varios medios de comunicación abordaron el incidente como producto de fuego cruzado que provocó la muerte de las niñas y que el resto de acompañantes resultaran heridos.

Sin embargo, los familiares de las niñas acusaron al Ejército Mexicano por atacar directamente a la camioneta por medio de una publicación de Instagram y un video de TikTok:

«A mis pequeñas le arrebataron la vida los militares, sí, nuestro propio gobierno. Los militares confundieron el automóvil en la cual mi familia viajaba y empezaron a disparar sin cesar hasta acabar con la vida de mis niñas. Es un acto totalmente injusto, se supone que están para “combatir el crimen”, pero esta vez ellos mismos le arrebataron la vida a mis pequeñas. Les arrebataron sus sueños en un instante, esto no puede quedar impune, por mis pequeñas, sobrina y primita. ¡Con las niñas y los niños no!»

El informe «La violencia contra las mujeres y niñas en contextos de crimen organizado» de la Iniciativa Spotlight explica que la violencia está arraigada con las dinámicas de poder, género, y desigualdad estructural que son claves cuando hablamos de mujeres víctimas directas del crimen organizado, el cual puede ejercer violencia sexual, trata de personas e incluso feminicidios. Se trata de una serie de estrategias de castigo o intimidación en comunidades donde operan grupos criminales.

La recomendación

El Centro Pro calificó la recomendación como «acertada», porque reconoce que las niñas fueron privadas de la vida resultado del uso indebido de la fuerza por parte de los elementos militares, que sus derechos como niñas se vieron vulnerados; así como, se violentó el derecho a la integridad personal de las personas sobrevivientes y el derecho a la familia de los integrantes de esta.

Además, en esa misma recomendación se hace una referencia importante respecto a que las víctimas son parte de una familia que ya se había visto agraviada por abusos militares en 2008, cuando uno de sus integrantes fue privado arbitrariamente de la vida por elementos del Ejército, lo que derivó en que el caso llegara a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), remitiendo al informe publicado por este órgano internacional.

Aunque el equipo de defensoras y defensoras reconoció esta recomendación, señaló que la CNDH » es omisa de hacer un análisis más profundo sobre las implicaciones respecto a lo que representa este caso en el marco de una política de seguridad que ha perpetuado y profundizado el despliegue militar, aunado a la falta de medidas de no repetición ante graves violaciones a derechos humanos documentadas en los últimos años, como las que ya había sufrido esta familia.

La CNDH omite denunciar la práctica de la Fiscalía General de Justicia Militar de abrir investigaciones paralelas en casos de violaciones graves a derechos humanos e incluso legitima las actuaciones iniciales llevadas a cabo en el fuero militar. Adicionalmente, el organismo no hizo un análisis urgente y necesario sobre el rezago en el acceso a la justicia que ha provocado que las investigaciones a cargo de la FGR a la fecha no tengan buen cause. 

Con base en los patrones previos visto en casos como el presente, preocupa que la Comisión no investigó a profundidad el intento inicial de encubrir los hechos circulando el rumor de que se había tratado de un fuego cruzado; versión que en eventos similares de uso arbitrario de la fuerza por elementos castrenses ha sido utilizada frecuentemente, como justificación para evitar la rendición de cuentas.

Finalmente, en la integración del expediente de queja se privó de una perspectiva victimal; sin poner al centro las exigencias de las víctimas respecto a sus expectativas de las investigaciones –en el fuero civil y por el propio organismo de derechos humanos– y de las medidas reparatorias que son fundamentales para la familia.

La recomendación incluye una serie de medidas reparatorias, entre otras, una disculpa por parte de las Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA), la cual, conforme a los estándares internacionales, debe de ser consentida en todos sus extremos por las víctimas. 

De acuerdo con el Centro Pro, el caso de Leidy y Alexa:

«Pone rostro a los efectos más lesivos y dolorosos de una política de despliegue militar, sin controles efectivos para la rendición de cuentas, en particular en un contexto de debilitamiento de las instituciones que deberían de fungir como contrapesos, como lo hemos documentado respecto de la propia CNDH. También, es un reflejo de la necesidad de que desde las más altas autoridades se emita un mensaje claro de que este tipo de hechos, constitutivos de graves violaciones a los derechos humanos, no deben volver a repetirse».

Las familias continuarán denunciando y exigiendo justicia para estas dos niñas y para quienes han sido objeto de las graves violaciones a derechos humanos derivadas de estas políticas de profundización de la militarización, que se perpetúan a lo largo de las diversas administraciones.

Este caso nos recuerda las advertencias que hacían expertas en Derechos Humanos cuando México apostó por la militarización del país, es decir, cuando se aprobó en el 2022, la adhesión de la Guardia Nacional (GN) a la Sedena por parte del Senado y la Cámara de Diputados aprobó una reforma constitucional para extender la temporalidad del Ejército en funciones de seguridad ciudadana hasta el 2028 y no hasta el 2024, como se estableció cuando se creó la GN.

Estado mexicano, responsable de "violación sexual, tortura y muerte" de Ernestina Ascencio: Coidh

Marta Inés y Carmen Ascencio, hijas de Ernestina Ascencio Rosario.
Marta Inés y Carmen Ascencio, hijas de Ernestina Ascencio Rosario. 
Foto Cuartoscuro / archivo

Ciudad de México. La Corte Interamericana de Derechos Humanos (CoIDH) declaró que el Estado mexicano es responsable por la “violación sexual, tortura y muerte” de Ernestina Ascencio Rosario, perpetradas en 2007 por parte de un grupo de soldados en la sierra de Zongolica, Veracruz.

En su sentencia, notificada hoy, el tribunal internacional resolvió que el Estado incumplió su deber de brindar atención médica oportuna, por lo que concluyó que la violación sexual y “graves lesiones” causaron la muerte de la mujer indígena náhuatl que tenía 73 años de edad.

Asimismo, determinó que México incumplió el deber de investigar con “debida diligencia reforzada” estos hechos y garantizar el acceso a la justicia en condiciones de igualdad a los hijos e hijas de la señora Ascencio Rosario. Puntualizó que la indagatoria fue cerrada “prematuramente” sin haber agotado las línas, no fue conducida con un un enfoque de interseccionalidad, particularmente relevante por tratarse de una mujer indígena mayor, ni incorporó perspectivas de género, étnica ni etaria.

La CoIDH “constató” que la señora Ernestina –una mujer indígena náhuatl monolingüe de 73 años habitante de la comunidad de Tetlalzinga, ubicada en la Sierra Zongolica en el estado de Veracruz– “fue violada por miembros del Ejército mexicano el 25 de febrero de 2007”, durante el sexenio Felipe Calderón y en el marco de la llamada lucha contra el narcotráfico, indicó. 

“La Corte determinó que la violación sexual sufrida por la señora Ernestina constituyó un acto de tortura, toda vez que fue intencional, causó severos sufrimientos físicos y mentales y se cometió con el propósito de intimidar, degradar, humillar y controlar a la víctima”, determinó. 

En la notificación de la Corte, participaron representantes del Estado mexicano, entre ellos Víctor Sánchez Colín, embajador en Costa Rica, y Rosalinda Salinas, directora de casos en litigio internacional de la Secretaría de Relaciones Exteriores; así como los representantes legales de las víctimas.

Rodrigo Mudrovich, juez vicepresidente de la CoIDH, señaló que como medidas de reparación por este caso se ordenó al Estado conducir una “investigación penal exhaustiva y seria en un plazo razonable sobre la violación sexual, tortura y muerte de la señora Ernestina Asensio Rosario para identificar, juzgar y, en su caso, sancionar a los responsables materiales e intelectuales de estos hechos”.

También indicó que debe realizar un acto público de reconocimiento de responsabilidad internacional, así como brindar el tratamiento médico, sicológico, siquiátrico o sicosocial, cultural y lingüísticamente adecuada y efectiva a través de instituciones de salud especializadas a Francisco, Marta y Carmen Inés Asensio, hijos de la finada. 

Asimismo, el Estado deberá otorgar una beca en una institución pública americana de educación básica y/o técnica a favor de los hijos y hijas de Julio, Francisco, Marta y Carmen Inés Ascencio, consertadas entre estos y el Estado para realizar estudios básicos, superiores técnicos o universitarios, ya sean de pregrado o prosgrado o bien para capacitarse en un oficio.

En su resolución, la CoIDH resolvió que el Estado mexicano violentó los derechos –establecidos en tratados internacionales– a la vida, la integridad y la salud; a la no discriminación, y de acceso a la justicia, a la verdad y protección judicial, en perjuicio de Ernestina Ascencio. 

Además, la Corte decidió aceptar el reconocimiento parcial de responsabilidad internacional efectuado por el Estado, así como desestimar las excepciones preliminares relativas a la falta de agotamiento de recursos internos y la ausencia de litis. 

También indicó que el Estado deberá garantizar que el Hospital Regional de Río Blanco y la Fiscalía General de Veracruz cuenten con un servicio de intérpretes y traductores que faciliten la adecuada atención y acompañamiento a las personas indígenas monolingües.

Además, México deberá pagar indemnizaciones por daños materiales e inmateriales y por el reintegro de costas y gastos a los familiares de Ernestina Ascencio, y los reintegrará los recursos al Fondo de Asistencia Legal de las víctimas de la Corte Interamericana. 

De acuerdo con la sentencia, el Estado tendrá un año contado a partir de este martes, para rendir a la Corte un informe sobre las medidas adoptadas para cumplir con la misma. 

“La Corte supervisará el cumplimiento íntegro de la sentencia y el ejercicio de sus atribuciones establecidas en la Convención Americana sobre Derechos Humanos y dará por concluido el presente caso, una vez que el Estado haya dado tabal cumplimiento a lo dispuesto en la misma”, concluyó. 

10/12/2024

Las violencias cometidas por el Ejército contra mujeres indígenas. Informe del Mecanismo para el Esclarecimiento Histórico II

 

Dentro de este Informe Final del Mecanismo por la Verdad «se profundiza en aquellas violencias y casos en contra de: movimientos y organizaciones político-militares, comunidades campesinas y afromexicanas, disidencias político-partidistas movimientos urbano-populares, luchas contra el narcotráfico, así como personas y grupos que se opusieron a proyectos de desarrollo.

En el tomo II se documentaron las principales agresiones cometidas en contra de mujeres e infancias bajo el lema del progresismo mexicano que, más allá de apostar por el bienestar colectivo, ejerció un profundo ejercicio de violencia con secuelas que, a la fecha, no han sanado. 

De 1965 a 1990, el Estado mexicano cometió diferentes violaciones graves a los derechos humanos bajo el escudo intencional de imponer mega proyectos y combatir el sembradío de narcóticos, como resultado, se produjeron fenómenos violentos como  desplazamiento forzado, despojo de tierras, represión, discriminación y desaparición forzada, circunstancias que se recrudecieron con más violencia en contra de los pueblos indígenas purhépecha, tsotsil, tseltal, chol, zoque y mixe.

El Estado Mexicano se coordinó durante ese lapso de 30 años con diferentes cuerpos de gobierno como la Comisión Federal de Electricidad, la Secretaría de la Reforma Agraria o la Secretaría de Recursos Hidráulicos para amedrentar e imponer las obras públicas a costa de las resistencias de las comunidades y de los movimientos ambientalistas, estudiantiles o socioculturales de todo el país.

El músculo de la violencia era el Ejército mexicano, que ejecutaba órdenes de control territorial, ejecuciones extrajudiciales, intimidaciones y amenazas. 

Estas prácticas de represión sistémica se recargan en un profundo pensamiento de colonialismo y correspondía a la orden capitalista de impulsar el supuesto progreso y la producción que exigía la dinámica internacional.

La entrada de la guerra narcotráfico, el  Ejército y criminalización

En mayo de 1978 el Ejército mexicano se colgaba las medallas por sus valerosas ofensivas en contra del narcotráfico, sin embargo, el panorama terminaría por tornarse sombrío cuando dos activistas y abogados, presentaran un informe que recapitulaba toda la violencia que habían cometido los elementos de seguridad en su paso por las operaciones antinarcóticos. 

Los abogados, Carlos Morán, Norma Corona y Jesús Jacobo recopilaron información sobre las detenciones arbitrarias y las condiciones de las personas al interior del Centro de Readaptación Social de Sinaloa; 8 de cada 10 personas que estaban ahí, eran jornaleras y campesinas.

En el listado de tortura se encontraban golpes en oídos para romper el tímpano, introducción de gasolina por la nariz, toques eléctricos en órganos sexuales, introducción de la cabeza en excusados con excremento, reclusión en espacios estrechos en condiciones de calor y forzar al hombre a presenciar la tortura de esposa, hijas e hijos.

En materia de mujeres, el informe recuperaba abortos producidos por golpes, tortura sexual, traumatismos psíquicos y ejecuciones extrajudiciales que, para el Ejército mexicano, no eran novedosas. De hecho, 7 años antes de que los activistas recuperaran estos datos, se presentó la Masacre de El Realito donde asesinaron a:

  • Linda Contreras Villa de 17 años
  • Martha Rodríguez de 33 años 
  • Bertila Coronel Payán (embarazada de 7 meses), 35 años 
  • Hermelinda Contreras Villa de 15 años
  • Griselda N. de 25 años
  • Mujeres heridas de gravedad:
  • Mireya Ramos de 18 años, herida por arma de fuego en rostro
  • María Trinidad Páez de 23 años, herida por arma de fuego en la región dorsal 
  • Lilia Leyva Bárez de 19 años, herida de fuego en la región dorsal 
  • Silvia Contreras Villa (sin datos), herida por arma de fuego en la espalda
  • Sinaloa en los años 80s

En el marco de la implementación de la Fuerza de Tarea Cóndor, pobladores de las zonas rurales de Sinaloa fueron víctimas de detención arbitraria, tortura y desaparición forzada. Manuel de Jesús Elizalde, víctima indirecta de este proceso, reconstruyó para el Mecanismo por la Verdad cómo sucedieron los hechos en estas comunidades sinaloenses. 

La población de Badiraguato se encontraba en situación de extrema pobreza cuando inició la siembra de amapola; el objetivo de las familias era obtener algo de dinero para sostenerse, por supuesto, también continuaron sembrando maíz y frijol. La necesidad de las familias empujaba a buscar otras vías para sostenerse, hasta que el ejército arribó; Manuel recuerda que eran personas armadas con palos y resorteras en contra de elementos del ejército fuertemente armados. 

«Las redes comunitarias en su totalidad, padecieron violaciones graves a sus derechos, hombres y mujeres de todas las edades que, sin haber cometido delito alguno, también sufrieron detenciones arbitrarias, ejecuciones extrajudiciales, desapariciones forzadas, tortura, violencia sexual y violaciones contra niñas, niños y adolescentes, por el sólo hecho de vivir en comunidades donde se cultivaban enervantes o tener algún vínculo familiar o afectivo con quienes sí estaban involucrados en la producción de enervantes»

Cuando se veían militares en la zona, las mujeres tomaban a sus hijos y huían hacia los montes para esconderse. Aquellas que se quedaban, eran víctimas de tortura sexual y abuso multitudinaria entre los elementos castrenses. 

Este modus operandi en Sinaloa también se repitió en el poblado de San Ignacio, donde las mujeres eran víctimas de abuso sexual por miembros del Ejército y también, las obligaban a realizar trabajos forzados y como parte de su resistencia, las adolescentes, niñas y mujeres obedecían con la esperanza de que no hicieran daño a su familia. Les preparaban comida y echaban tortillas; este mismo fenómeno se repitió en Chihuahua.

Simojovel, Chiapas, mujeres ante los desplazamientos forzados

El Estado arribó a la comunidad de Chanival y de forma violenta, inició un proceso de desplazamiento forzado; querían despejar la comunidad y llevar a las personas a migrar a Marqués de Comillas, pues el gobierno construiría en esa zona la presa de Itzantún.

El Mecanismo refiere que a las personas las llevaron por la fuerza a espacios de difícil acceso donde era selva y no había, siquiera, caminos. 

Algunas mujeres se encontraban embarazadas al momento de este desalojo ilegal y con el forcejeo con elementos del Ejército, algunas de ellas, perdieron a sus bebés, dejando serios problemas físicos, psicológicos y emocionales tras el aborto incidental. 

 Aunado a esto, son las mujeres y las infancias quienes no gozaban en aquel entonces de un reconocimiento pleno de sus derechos lo que imposibilitó un acceso a la justicia que reparara los daños del Estado.

El derecho a la niñez que se violó con mayor incidencia fue el acceso a la educación; sacaban a las infancias de sus comunidades, las trasladaban a otros lugares y prometían que construirían escuelas nuevas.

Tardaron años en hacerlo y durante un periodo de tiempo muy largo, las adolescencias e infancias indígenas fueron privadas de asistir a la escuela, como consecuencia, el analfabetismo aumentó hasta un 50%. 

Además de la educación, los sistemas de salud eran aún más escuetos y no había personal médico en estos «nuevos poblados» de víctimas de desplazamiento forzado.

El informe recopila la historia de Leonila, una mujer chinanteca en Oaxaca que perdió a sus dos hijos; al no haber médicos, su bebé murió al interior del vientre y su otro hijo, un niño de 6 años enfermó y murió sin la posibilidad de haber recibido ninguna clase de valoración médica. 

Maribel, otra mujer, narra que cuando tenía 7 años también enfermó a causa de la picadura de un animal que, para ella y su comunidad era desconocido, «un bicho que hay allá».

Sin acceso a servicios de salud, su papá la montó en un caballo y juntos viajaron a otro poblado donde sí había médico; Maribel, siendo una niña, pudo recibir atención y su caso expone la negligencia del Estado al trasladar a comunidades enteras a territorios que les resultan desconocidos -en flora, fauna y clima-, y además, sin acceso a servicios médicos. 

Entre las brechas de género también se presentó el fenómeno de la injusticia agraria, pues durante el proceso de asignación de tierra, las mujeres no fueron contempladas como ejidatarias, es decir, muchas de ellas, madres autónomas y trabajadoras fueron expulsadas de sus hogares por la fuerza y posteriormente, al momento de luchar por un nuevo terreno, el Estado les negó la posibilidad de ostentar la titularidad. 

Por otro lado, las familias que sí fueron reubicadas a nuevas casas de lámina sufrieron estragos importantes, pues el espacio era inhóspito; el frío se colaba entre las láminas y en días de calor, la casa alcanzaba temperaturas extremas. Aunado a esto, se aumentó la carga de trabajo de las mujeres quienes se encargaban exclusivamente del trabajo de cuidados, preparación de alimentos y limpieza. 

Resultaba imposible cocinar al interior de la casa, no había fuentes de agua potable y dedicaban más tiempo a sus actividades de cuidado – domésticas. 

Chihuahua

En Guadalupe y Calvo, al sur de Chihuahua se vivió el desplazamiento forzado entre 1970 y 1980. Una de las sobrevivientes, narra el Mecanismo, es Verónica quien junto a otras mujeres de la comunidad las obligaban a trabajar a tiempo completo como cocineras; preparaban mucha comida y cuando algún familia de estas cocineras hacía enojar a los elementos, las mujeres eran golpeadas: ¡Les vamos a dar una friega!, repetían. 

«Les hacíamos comida a los militares, mucha comida, hacíamos para darles. En una ocasión el teniente nos ordenaba que les teníamos que dar comida y hacer la comida. Yo acababa de dar a luz a una niña, estaba en cuarentena, así les hacía comida todos los días. Eran muchos militares. La comida la hacíamos en las casas y ahí la dábamos». (Verónica, sobreviviente)

En este mismo poblado chihuahuense se presentó una serie de violaciones a los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres. 

Una familia, conformada por Manuel, Carmen y su hija, Luz fue detenida arbitrariamente. El hombre fue llevado por agentes federales y Carmen junto a su hija regresaron a casa, sin embargo, poco después elementos ingresaron a la propiedad donde las violentaron verbalmente. A causa del shock y del temor, la señora Carmen que en ese momento se encontraba embarazada, terminó por perder a su segunda hija. 

Impacto diferenciado: Tortura y aborto incidental

A manera de reivindicar el papel de las mujeres que no sólo fueron acompañantes de estos fenómenos de represión, es necesario apuntar a que las mujeres también estuvieron al frente de las familias que cultivaban enervantes; fueron parte activa contra la lucha sistémica y la organización por resistir. 

El rol de género es palpable en este mapeo general y el machismo de las fuerzas armadas queda expuesto en los testimonios recopilados por el mecanismo; mientras los hombres se escondían para no ser detenidos -y a quienes detenían les ponían ropa de mujeres y los forzaban a besarse los unos a los otros-, muchas mujeres y adultas mayores se quedaban en el pueblo a pesar del peligro a la violencia sexual que ello representaba. 

El objetivo era claro: apaciguar a las fuerzas armadas. Les ofrecían tortillas recién hechas : «se ponían en chinga a darles para que no lastimaran a sus maridos o hermanos», dice uno de los testimonios. 

Pero como el cuerpo – territorio de la mujer también es botín de guerra para el control, se documenta la desaparición de mujeres con el objetivo de amedrentar a las comunidades; los elementos se las llevaban para dar mensajes específicos sobre el control de sus tierras. 

Asimismo, como se ha advertido, la violencia obstétrica fue una constante. Carmen Buelna, una de las mujeres sobrevivientes refiere para el Mecanismo que, a pesar de estar embarazada de 8 meses, recibió toques eléctricos en la PJF de Culiacán en el 78. Posteriormente, los agentes llevaron a su hija y comenzaron a torturarla enfrente de Carmen; a causa de las lesiones y el estado de crisis, la mujer perdió a su bebé poco después.

En estas mismas instalaciones de la Policía Judicial Federal, una mujer rarámuri identificada como Alejandrina también fue golpeada en el estómago en reiteradas ocasiones a pesar de haberles pedido a los agentes que se detuvieran, pues estaba embarazada. 

El Mecanismo sostiene que los elementos de seguridad parecieron ensañarse particularmente con las mujeres embarazadas y practicaban modos de tortura para forzarlas a abortar. Rita Villa López, otra de las mujeres sobrevivientes, sostiene que fue detenida y torturada; la mujer les explicó que estaba embarazada y que «por piedad» la liberaran, sin embargo, un agente la acostó boca arriba, se subió en su vientre y comenzó a saltarle encima. El aborto fue inmediato. 

Pero, ¿por qué estas mujeres eran agredidas de forma tan cruenta? El Mecanismo refiere que muchas veces bastaba con que pertenecieran a alguna comunidad y bajo un discriminatorio «perfilamiento racial«, eran detenidas arbitrariamente y torturadas para que hablaran sobre la siembra de droga; muchas de ellas, no tenían conocimiento de ello. Paralelamente, se tiene registro de otros elementos de seguridad que simplemente robaban pertenencias y desalojaban los hogares de las familias; robaban lo que se encontraban a su paso. 

Febronia Acosta Pérez, una mujer de la tercera edad fue torturada por soldados que le exigían que les diera todo lo que poseía. La adulta mayor fue sometida a ahogamiento y sólo refería que no tenía nada de valor. 

«Y ya que no sacaron nada, entonces me metieron a un charco y con las dos manos me aplastaban la cabeza pa ahogarme. Yo me hacía pa’cá y pa’llá hasta. que me desbalagaba. Y decían: ‘ay, esta viejilla tan valerosa que no nos quiere dar lo que tiene ni aunque la estemos matando’ …Y me volvían a sambutir» 

El Mecanismo refiere que no sólo el Ejército cometía estos delitos, sino también, la fuerza policiaca. Estos cometidos se lograban a través de dos circunstancias propiciadas:

  • Detener a parejas en lugares solitarios con fines de extorsión y que posteriormente, derivaban en la violencia sexual de la mujer. 
  • Fabricar delitos a mujeres para detenerlas arbitrariamente y una vez en los separos, se propiciaba el espacio de vulnerabilidad; una vez privadas de su libertad, eran abusadas y violentadas. 

Esto último, con mayor incidencia en zonas conurbadas, en esta línea, se tiene el registro de una mesera abusada por 8 elementos de la Academia de Policía o las obreras, Roberta Moncada y Martha, quienes al salir de su jornada laboral fueron atacadas; Martha logró escapar y pidió ayuda a dos policías, Rodrigo Flores y Álvaro Álvarez, quienes le pidieron subir a la patrulla para ayudar a su amiga Roberta. Una vez adentro, fue víctima de violación. 

Esto evidencia que las y los trabajadores urbanos – rurales, siempre han sido objetos de una violencia sistémica coludida por el Estado mismo que se articula con sus fuerzas armadas para abusar, torturar, desaparecer, ejecutar y amedrentar desde la criminalización y el punitivismo. La única regla en este panorama es focalizar esta violencia sobre los cuerpos de las mujeres, las niñas, niños, personas racializadas, migrantes y  de comunidades indígenas. 

Te compartimos la nota informativa del volumen 1 del Informe Final del Mecanismo para la Verdad y el Esclarecimiento Histórico:

Indígenas, afromexicanas y campesinas: Los crímenes cometidos por el Ejército   

8/24/2024

Indígenas, afromexicanas y campesinas: Los crímenes cometidos por el Ejército

 

En la parte I del primer volumen del Informe Final 2024, el Mecanismo dedica parte del esclarecimiento a comunidades campesinas indígenas y afromexicanas en el marco del control territorial, la lucha agraria y la contrainsurgencia pero solo fueron detectados 2 casos.

El primero de ellos es de 7 mujeres víctimas de detención arbitraria, tortura y violencia reproductiva que vivieron durante los operativos antinarcóticos de la Operación Cóndor, en las décadas de 1970 y 1980.

Así como dos mujeres víctimas de tortura en la masacre del Rancho «El Mareño» en Michoacán, en 1985, en este registro documentaron que elementos de la Policía Judicial Federal asaltaron el Rancho El Mareño, en Michoacán, en donde presuntamente se encontraban secuestrados el agente de la DEA Enrique Camarena y del piloto mexicano Alfredo Zavala Avelar.

Ahí cinco personas fueron asesinadas y cinco más fueron detenidas arbitrariamente y torturadas,
entre ellas, estas dos mujeres quienes sufrieron violencia sexual.

Hay que señalar que esta investigación incluyó entrevistas con víctimas, militantes de organizaciones político-militares o de partidos políticos, profesorado, campesinos, pescadores, estudiantes, obreros, migrantes, hombres y mujeres que de una u otra forma tuvieron participación en la lucha popular, además de colectivas, periodistas y académicos.

Luchas agrarias: 130 personas asesinadas 

En las comunidades campesinas, indígenas y afromexicanas, la lucha por los derechos agrarios estaba creciendo de forma exponencial; fuertes grupos comunitarios exigían el control sobre sus tierras y una mejoría en la industria. En respuesta, el Estado inició una contención de estos movimientos civiles haciendo uso de su principal recurso: La violencia extrema.

El informe recopila, por ejemplo, el bombardeo aéreo que cometió el ejército contra el movimiento Partido de los Pobres y la cantidad de familias oriundas de Guerrero quienes tuvieron que escapar de sus comunidades que hasta la fecha han sido borradas del mapa. En total, el Mecanismo logró identificar a 123 mil 034 víctimas de desplazamiento forzado. 

Fuente: Cimac Foto

Asimismo, se identificó que entre las principales instituciones que cometieron estas violaciones se encuentra la Secretaría de la Defensa Nacional, que coordinó la implementación de planes, operaciones y estrategias dirigidas a exterminar estos movimientos. Esta institución se articuló con la, actual extinta, Secretaría de la Reforma Agraria, Comisión Federal de Electricidad, Secretaría de Recursos Hidráulicos y los gobiernos de las entidades que fueron permisivos en estos actuares de abuso, tortura y masacre.

«El Estado hizo uso de instituciones federales y locales para diseñar, plantear y concretar sus políticas de desarrollo económico, que beneficiaron al estado e instituciones locales representadas por particulares promotores de las políticas de Estado.», denuncia el mecanismo. 

A estas acciones se suman terratenientes y otros grupos armados financiados que, en conjunto con las instituciones estatales, se encargaban de ejecutar medidas como intimidación, agresiones, amenazas, control territorial y supuestas órdenes de desalojo. 

Se habla de una cadena de violencia que empezó en los sesentas y terminó por arraigarse con otro fenómeno que comenzaba a arreciar: el narcotráfico. Una amenaza latente para el Estado que no logro contener, pero que sí resultó en un recrudecimiento de violencia contra las comunidades indígenas, poniendo la lupa, especialmente, en mujeres, niñas y adolescentes que fueron víctimas de tortura y violencia sexual por parte del ejército. 

Contextos de violencia subsecuentes: Comunidades rurales e indígenas vs el narco

El Ejército ya había hecho de su hogar las comunidades rurales por órdenes del Estado por aplacar a toda reunión guerrillera o de probable colusión, sin embargo, el escenario inició un proceso de turbulencia aún mayor con la amenaza del narcotráfico; como si la fuerza ejercida en estos poblados no fuera suficiente, parecía que esta vez, no daría tregua, desatando así, una perpetración inhumana de violaciones contra familias campesinas, supuestamente, ligadas al narcotráfico. 

Una criminalización sin precedentes que, según data el Mecanismo, se trataba de personas que eran extorsionadas para cubrir cuotas, entre la encrucijada, terminaban cultivando en sus territorios mariguana y amapola que el crimen organizado les demandaba; fueron estas familias las víctimas de las ejecuciones, de abuso sexual y de tortura. La población rural, empobrecida y explotada terminó pagando el precio de las operaciones de antinarcóticos. 

Fuente: Cimac Foto

Parte de las prácticas de tortura, el Ejército recurrió al cuerpo de las mujeres como botín de guerra, es decir, la tortura sexual. Mujeres de las comunidades también eran torturadas y víctimas de violencia sexual de manera reiterada por parte de miembros del ejército. Algunas de estas víctimas, eran niñas. 

En este sentido, el Mecanismo registra testimonios anónimos de mujeres originarias de la Sierra Tarahumara, quienes reconocen que entre 1970 y 1980, fueron víctimas de tortura sexual. 

«Es importante precisar, además, que hubo un patrón diferenciado en función del género y la edad, pues en las detenciones arbitrarias, las mujeres eran mucho más propensas a sufrir violencia sexual, mientras que los varones eran objeto tortura”

Mecanismo para la Verdad y el Esclarecimiento

Asimismo, otro hallazgo es que se tiene registro de mujeres campesinas que fueron separadas de sus hijas e hijos como resultado de la violencia estatal. 

Después de 60 años en el que la información se movió desde la opacidad y la información sobre el actuar de las fuerzas castrenses en las comunidades campesinas, indígenas y afromexicanas se mantuvo en resguardo, por primera vez, se reconoce que del 65 a 1990, el Ejército no sólo se asentó en campamentos político – militares de las áreas rurales de nuestro país, sino que ahora, se reconoce que muchas familias que migraron a otras entidades o zonas conurbadas en las últimas décadas, lo hicieron a causa de violencia ejercida por las Fuerzas Armadas quienes articularon sus 3 principales herramientas: Detenciones arbitrarias, desaparición forzada y violencia sexual. Finalmente, se reconoce un aproximado de 8 mil 593 víctimas de crímenes inhumanos como ejecución extrajudicial y tortura sexual.

¿Qué es el Mecanismo para la Verdad y el Esclarecimiento Histórico?

Es uno de los cinco mecanismos que conforman la Comisión para la Verdad, el cual se integra de un conjunto de personas independientes, expertas y con trayectorias relacionadas con el esclarecimiento de la verdad, la memoria, la justicia y la lucha por los derechos humanos en nuestro país.

¿Qué es la Comisión para la Verdad?

En octubre de 2021 fue creada por decreto presidencial la Comisión para el Acceso a la Verdad, el Esclarecimiento Histórico y el Impulso a la Justicia de las Violaciones Graves a los Derechos Humanos cometidas de 1965 a 1990.

Tras años de lucha por la justicia y reconocimiento de las violaciones a derechos humanos cometidas en contra de cientos de personas en diversas regiones de nuestro país. La creación de esta comisión surge del acuerdo entre la Presidencia de la República y los colectivos de sobrevivientes, víctimas y familiares, en respuesta a años de impunidad y el silencio  de este periodo de la historia reciente de México.

Fuente: Cimac Foto

8/17/2024

Las 9 mujeres desaparecidas en «vuelos de la muerte» por el Ejército mexicano

.- Ciudad de México.- En 1975, el estudiante izquierdista Jesús Ibarra fue detenido arbitrariamente por elementos policiales de Monterrey un 18 de abril; jamás fue encontrado. A partir de este momento, su madre, Rosario Ibarra de Piedra se convirtió en una de las pioneras por esclarecer las desapariciones durante el régimen priista y fundaría el Comité Eureka que, a principios del 2000 recibió una carta que ahora, 20 años después ha dado fe de la violencia militar que ejerció el Estado mexicano en los llamados «Vuelos de la muerte«. 

La carta fue firmada por un tal Apresa Benjamín, militar desertor que deseaba «saldar deudas«, sin embargo, se desconoce su paradero o si el nombre con el que firmó es, siquiera, fidedigno.

Cuando la carta llegó a manos de Rosario Ibarra de Piedra, la madre buscadora prescindió de este documento, probablemente, dudaba del contenido y tomó la decisión de archivarlo. Al interior de la carta, se encuentran 183 nombres de personas quienes fueron torturadas por elementos castrenses y arrojadas al mar en la ciudad de Acapulco, 9 de ellas, son mujeres. 

Rosario Ibarra de Piedra murió en 2022 y la carta del militar desertor permaneció en desconocimiento del ojo público y no fue hasta el día de ayer, que la periodista Marcela Turati, investigadora de los crímenes ejercidos durante la llamada Guerra Sucia, dio a conocer la carta, primero, a familiares enviando un mensaje de resistencia y posteriormente, a la población civil a través de la publicación de un artículo.

Fuente: Centro ProDH captura de pantalla vía Youtube

Mujeres en la lista de «vuelos de la muerte»

Consultando el documento oficial, Cimacnoticias encontró que se tiene registro de 9 mujeres víctimas de esta práctica, la mayoría, víctimas de desaparición forzada por elementos de seguridad y asesinadas con mayor incidencia en el 74 en el estado de Guerrero, sólo una de ellas, originaria del, entonces, Distrito Federal.

Mayormente, estudiantes de entre 18 – 30 años, militantes de la Liga Comunista, esposas o hermanas de militantes / fundadores de movimientos izquierdistas.

La información recopilada, queda constituida de la siguiente manera:

  1. Teresa Estrada Ramírez «Norma», lugar: Distrito Federal. Registrada en el viaje 8 el 1 de septiembre del 74.
  2. Matilde Santiago Vázquez, lugar: Coyuca. Registrada en el viaje 7 el 2 de octubre del 73.
  3. Ramona Riosque Roque, lugar: Acapulco. Registrada en el viaje 10 el 19 de abril del 74. Ramona era integrante de la Brigada Campesina de Ajusticiamiento, desaparecida y torturada junto a su compañera, Marina Texta quien no aparece en el documento. 
  4. Isabel Jiménez Fernández, lugar: San Andrés de la Cruz. Registrada en el viaje 11 el 2 de junio del 72. Esta mujer fue detenida arbitrariamente, según documenta Cimacnoticias, se dedicaba al trabajo doméstico cuando fue detenida en Guerrero por militares, buscaban a su esposo militante del PDLP; no lo encontraron y se la llevaron a ella en su lugar.
  5. Perla Sortelo Patiño «Ilda», lugar: Santiago de la Unión. Registrada en el viaje 12 el 2 de julio del 74.
  6. Isabel López Blanco, lugar: Atoyac. Registrada en el viaje 20 el 18 de julio del 74, Isabel era una estudiante guerrerense de entonces 18 años de edad.
  7. Gloria Guerrero Gómez, lugar: Atoyac. Registrada en el viaje 22 el 20 de septiembre del 74.
  8. Mariana de la Cruz Yáñez «Maribel», lugar: Atoyac. Registrada en el viaje 23 el 13 de octubre del 74.
  9. Martina Reyes Ahuejote, lugar: Kilómetro 17 (*caso extraordinario, pues es la única con este registro). Registrada en el viaje 23 el 20 de noviembre del 74.

Es importante señalar que aún quedan pendientes el esclarecimiento de más casos de mujeres que, probablemente, fueron víctimas de los vuelos de la muerte y de otras prácticas inhumanas por parte del Estado. 

Como, por ejemplo, las hermanas Ana Luz y Sara Mendoza Sosa, jóvenes que militaban en Movimiento de Acción Revolucionaria y que fueron desaparecidas por el Ejército al ser detenidas por un retén en Veracruz. 

Lourdes Martínez Huerta, de 23 años e integrante de la Liga Comunista 23 de septiembre, fue detenida en junio de 1975 en Culiacán, Sinaloa, cuando ella presentaba un embarazo de entre tres y cuatro meses de gestación. Hasta la fecha se desconoce su destino y el de su hija o hijo.

Marina Texta, compañera de Ramona Ríos Roque, fue torturada por el Estado para confesar que conocía al líder izquierdista Lucio Cabañas; no se volvió a saber de ella. 

Alicia de los Ríos Merino, era originaria de San José Bachíniva, Chihuahua; militaba en la Liga Comunista 23 de septiembre. Fue detenida el 5 de enero de 1978 en la colonia Nueva Vallejo, en la Ciudad de México, por agentes de la División de Investigación para la Prevención de la Delincuencia, al mando del coronel Francisco Sahagún Baca, y fue vista por última vez ese mismo año en una base militar en Guerrero. Cimacnoticias documentó el pasado 3 de abril cómo Ríos Merino fue una de las víctimas de los vuelos de la muerte. 

Fuente: Centro ProDH captura de pantalla vía Youtube

La lista sí coincide con las listas de personas desaparecidas en los 70s

A raíz del trabajo de investigación realizado por Marcela Turati, las organizaciones de investigación iniciaron un proceso de cotejo del asunto. El veredicto: Sí hay elementos de verosimilitud. 

 El Centro Prodh, Fundar, Centro de Análisis e Investigación y Artículo 19, habiendo tenido acceso al documento pudieron constatar que al menos 160 de los 183 nombres contenidos en la lista sí corresponden a personas desaparecidas que se encuentran en los listados Femospp, Comverdad, CNDH, en Archivos de la Represión o en el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas.

Dentro del cotejo informativo, el Centro Prodh refiere que las fechas y lugares de detenciones realizadas entre el 72 y el 74 corresponden entre sí, es decir, son concordantes, lo que esboza que, efectivamente, la carta del militar desertor empata con los tratos inhumanos y su probable servicio activo. 

Otro apunte importante es que esta carta, aunque recién ha estallado, el Estado mexicano ya está al tanto de lo que contiene el documento, según infiere información disponible del Centro Prodh, que exigen se inicie una investigación exhaustiva y den a conocer todos los documentos relacionados con los Vuelos de la Muerte. 

Fuente: Centro ProDH captura de pantalla vía Youtube

Y es que, es necesario apuntar a que desde hace años las organizaciones y centros de investigaciones han exigido a la Secretaría de la Defensa Nacional información sobre los asesinatos que cometieron al arrojar a personas a mar abierto. La respuesta, siempre es la misma:  No existen listas sobre dichas ocasiones. 

Con esto, se dota de mayor importancia que, por primera vez, se posea una lista con nombres y fechas que dan fe de que las fuerzas armadas fueron responsables de estos crímenes humanos. Asimismo, hay que apuntar a que estos 183 nombres sólo corresponden a un par de años, lo que expone que la cifra de homicidios cometidos es mucho mayor de lo proyectado, pues esta práctica se ejerció, por lo menos, durante 6 años. Las víctimas eran cargadas con piedras, amarradas a bloques de concreto – metal y otras, heridas con bayonetas para que fuesen devoradas por animales marinos.

«Ya va a cumplir 50 años desde que se lo llevaron y hasta hace menos de un mes aparece una ruta de esto, pero la sensación es que si esto le pasó nunca vamos a poder recuperar los restos, y que lo asesinaron de esa forma, que de todas las alternativas escogieron ese método. Siempre pensando si le rompieron los huesos, si lo torturaron con choques eléctricos, si lo picaron y lo aventaron al mar, si los aventaban vivos, No alcanzo a imaginar todo ese terror”, Angélica María Ramírez, hija de Gorgonio Santiago, víctima de los vuelos de la muerte en entrevista para Marcela Turati. 

Según expuso el militar desertor, es el capitán Javier Barquín el autor material de todos estos crímenes cometidos en la década de los 70s. Sin embargo, no ofreció más información al respecto, señalando que investigando al capitán se descubriría la verdad, pero que él no podría hacer más porque su vida y la de su familia correría un gran peligro.

En el documento, el militar desertor refiere que abandonó su misión en el 76 cuando fue descubierto por Barquín. En la carta enviada a Rosario Ibarra de Piedra se lee lo siguiente:

«Como le comente en días pasados, estube en el 74 comisionado en Pie de la Cuesta comisionado a las ordenes del entonces capitan Javier Barqin Alonso y en ese entonces me percate de la forma en que desaparecen los cuerpos de los guerrilleros que asesinaban y que eran metidos en el avion Aravat 2003 para arrojarlos en el mar. Por diferencias con dicho capitan tube que desertar en el 76ya que me amenazó de muerte si yo desia lo que habia visto”

Independientemente de la carta, Rosario Ibarra de Piedra fue una investigadora aguerrida que ya le había seguido la pista al capitán Javier Barquin, segundo comandante del grupo operativo de la Policía Militar y del temido Grupo Zorba.

Este documento, es apenas la antesala para exponer la participación del Estado mexicano en uno de los episodios de tortura y homicidio más cruenta del último siglo. Hasta el momento de publicación de este artículo, no existe un pronunciamiento oficial por parte del presidente de la República ni de la SEDENA.  

8/11/2024

El informante dejó una carta y 183 nombres. ¿Víctimas de los “vuelos de la muerte”?


Una carta perteneciente al archivo del Comité Eureka contiene una lista con 183 personas detenidas en México entre 1972 y 1974, cuyos cuerpos habrían sido arrojados al mar desde aviones que salieron de la base militar de Pie de la Cuesta en Acapulco. Expertos consideran creíble la información y señalan coincidencias con documentos de la época, pero piden cautela hasta verificar su contenido.

Ciudad de México, 8 de agosto (A dónde van los desaparecidos).– Hace 20 años, un hombre que se presentó como militar desertor entregó a Rosario Ibarra de Piedra, la madre buscadora y lideresa del movimiento por la liberación de los presos políticos, una lista con 183 nombres de personas detenidas entre abril de 1972 y diciembre de 1974, que habrían sido desaparecidas en 25 vuelos que despegaron de la base aérea militar de Pie de la Cuesta, en Guerrero, desde donde fueron arrojadas al mar.

El informante le dejó una carta en la que se lee, textualmente: “Tengo en mi poder relación de los vuelos efectuados que creo que le servirán de mucha ayuda para que se investigue directamente a [el capitán] Javier Barquin ya que el fue el autor material de esos crímenes. Como comprenderá no puedo arriesgar a mi familia por eso le hago llegar estos documentos con un propio”.

La misiva, con fecha del 26 de mayo de 2004, iba acompañada por cinco hojas escritas con una máquina de escribir antigua, en las que se enlistan 24 “viajes” y un “viaje especial” ocurridos en 1974, durante los que se habrían arrojado al océano Pacífico, en grupos de hasta ocho personas, los cadáveres de las 183 víctimas, todas identificadas con sus nombres.

De confirmarse la información en poder del Comité Eureka, que fundó Ibarra de Piedra, sería la primera revelación de las identidades de personas desaparecidas en los “vuelos de la muerte” en México: 174 hombres y nueve mujeres, quienes fueron registrados con sus nombres completos, sus “seudónimos” como militantes o guerrilleros, el lugar y la fecha de su captura, y las unidades o dependencias que las detuvieron.

Diez corresponden a la temida Dirección Federal de Seguridad (DFS), cinco a la Policía Judicial de Guerrero, y las restantes a manos del Ejército: 116 capturadas por elementos de la 27a Zona Militar —distrito cuya sede en esa época estaba en El Fuerte de San Diego; actualmente en Acapulco—, 32 por la Policía Militar, y 17 por el Batallón de Fusileros Paracaidistas.

Entre los nombres figuran el fundador de la Liga Comunista 23 de Septiembre, Ignacio Salas Obregón —registrado en el cuarto viaje con una cruz, una clave en los registros militares de que la persona murió cuando era torturada—. También está el músico y cantautor Rosendo Radilla —a bordo del tercero—, por cuya desaparición forzada la Corte Interamericana de Derechos Humanos emitió una sentencia en contra de México por los crímenes de Estado del periodo conocido como la “guerra sucia”.

La inédita información, que desde 2004 reposaba como un papel más en los archivos del Comité Eureka, es actualmente analizada por personas expertas en el periodo de la contrainsurgencia e investigadoras de organizaciones de derechos humanos que representan legalmente a víctimas de ese periodo histórico o son independientes, quienes han encontrado similitudes con otros documentos generados por el Ejército y la DFS durante esa época, así como coincidencias con los datos de los registros de las personas desaparecidas esos años, y con testimonios y documentos oficiales sobre los llamados “vuelos de la muerte”. Los especialistas aún no han llegado a una conclusión.

Gracias a testimonios de perpetradores, de sobrevivientes de cárceles clandestinas y de testigos, ha podido establecerse que desde 1974  hasta 1979 el Ejército mexicano utilizó los “vuelos de la muerte” para deshacerse de quienes consideraba sus opositores. Los aviones despegaban de la base militar número 7, ubicada en el municipio de Acapulco, y desde el aire arrojaban personas —vivas o muertas— al océano, algunas dentro de costales cargados con piedras, otras picoteadas por bayonetas para que fueran devoradas por los tiburones, otras amarradas a vigas metálicas o a bloques de concreto para asegurar que nunca aparecieran.

Por eso, esta nueva información es devastadora para muchas familias.

Hasta el momento no ha sido posible determinar si Benjamin Apresa, el firmante, es el nombre real del supuesto delator. Su nombre no aparece en los organigramas de quienes participaron en la contrainsurgencia en ese periodo. Aún está por resolverse si era información falsa para entorpecer las investigaciones de las familias o dar carpetazo a sus búsquedas. Lo que queda claro es que su autor conocía bien la logística de la desaparición de personas.

A pesar de eso, esta semana diversas autoridades comenzaron a distribuir el documento a líderes de colectivos de víctimas y a familias de las personas mencionadas en las bitácoras, que a su vez lo compartieron con más familias de víctimas. A algunas de las ya informadas se les contactó para ser entrevistadas para este reportaje para no ocasionar más impactos emocionales.

“Cuando me avisaron de la lista y que aparece mi papá sentí un vuelco en el corazón, empecé a llorar en silencio, tratando de asimilar la información que estaba recibiendo, pensando lo que sufrió, que lo arrojaron al día siguiente de que lo capturó el ejército”, dijo en entrevista Angélica María Ramírez Hernández, hija de Gorgonio Santiago Alvarado, quien es registrado en el “viaje 23” junto a otras cinco personas, dos de ellas mujeres.

Ella habló del impacto de la noticia: “Ya va a cumplir 50 años desde que se lo llevaron y hasta hace menos de un mes aparece una ruta de esto, pero la sensación es que si esto le pasó nunca vamos a poder recuperar los restos, y que lo asesinaron de esa forma, que de todas las alternativas escogieron ese método. Siempre pensando si le rompieron los huesos, si lo torturaron con choques eléctricos, si lo picaron y lo aventaron al mar, si los aventaban vivos, No alcanzo a imaginar todo ese terror”.

Ramírez Hernández pertenece al Colectivo de Esposas e Hijos de Desaparecidos y Desplazados de la Guerra Sucia del Municipio de Atoyac de Álvarez; su padre fue capturado por el ejército el 24 de noviembre de 1974 y llevado en helicóptero a la base militar de ese municipio. Ella aún no cumplía dos años de edad. Ha pasado su vida esperándolo.

“No he podido decirle a las familias que conozco, a las que aparecen sus familiares. No es porque no merezcan saberlo, sino porque quiero dejar a la autoridad que nos explique si la lista es cierta o no, que nos expliquen lo que han investigado”, dijo entristecida luego de que un exfuncionario de la Comisión Nacional de Búsqueda le dio la noticia.

El nombre de Gorgonio Santiago Alvarado, desaparecido por el ejército en 1974, está registrado en el “viaje 23” consignado en el documento. Foto: Óscar Guerrero/Cromática/ Obturador MX.

“METIDOS EN EL AVIÓN PARA ARROJARLOS AL MAR”

La mayoría de las personas mencionadas en la lista de “los viajes” (el documento original no los registra como vuelos) fueron capturadas en Guerrero —164 del total— durante la feroz persecución, por tierra y aire, de militares, agrupaciones especiales y judiciales contra la guerrilla de Lucio Cabañas Barrientos, el profesor que fundó el Partido de los Pobres, movimiento en el que participaba Gorgonio Santiago. El castigo fue también contra los pobladores de la costa y la sierra que eran sospechosos de simpatizar con Cabañas o se apellidaban como él.

Del resto de las personas registradas, siete fueron detenidas en Michoacán, cuatro en Hidalgo, dos en el Distrito Federal, dos en el Estado de México, una en Morelos, otra en Oaxaca y una más cuyo lugar de captura no se especifica.

Solo cuatro fueron detenidas en 1972, once en 1973, y el resto, 168, en el mortífero año de 1974, cuando —sugiere la carta— fueron asesinados.

“Como le comente en días pasados, estube en el 74 comisionado en Pie de la Cuesta comisionado a las ordenes del entonces capitan Javier Barqin Alonso y en ese entonces me percate de la forma en que desaparecen los cuerpos de los guerrilleros que asesinaban y que eran metidos en el avion Aravat 2003 para arrojarlos en el mar. Por diferencias con dicho capitan tube que desertar en el 76ya que me amenazó de muerte si yo desia lo que habia visto”, escribió, textual, el informante en la carta escrita con mayúsculas y dirigida a Rosario Ibarra de Piedra.

El desertor se refiere a Javier Barquín Alonso, segundo comandante del grupo operativo de la Policía Militar y del temido Grupo Zorba, que trabajaba bajo el mando del coronel de infantería Francisco Quirós Hermosillo, operador de la salvaje represión. Se sabe que Barquín era el encargado de registrar en “un libro de pastas negras” la relación de los “paquetes”, como en el argot militar se referían a las personas presas en cárceles clandestinas, que serían torturadas para extraerles información y después —en su mayoría— desaparecidas.

La Asociación de Familiares de Detenidos Desaparecidos y Víctimas de Violaciones a los Derechos Humanos en México (Afadem) acusa a estos militares —y al general Mario Arturo Acosta Chaparro— de haber desaparecido a 143 personas. Calcula que durante la contrainsurgencia mil 200 personas fueron víctimas de desaparición forzada a manos de agentes del Estado; la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) registra 532 casos.

El informante menciona el avión Aravat, aunque su nombre correcto es Arava; se refiere a las aeronaves de fabricación israelí compradas por el Gobierno mexicano, diseñadas para transportar carga, sobrevolar superficies y practicar el paracaidismo, pero que fueron usadas para desaparecer guerrilleros y disidentes políticos y, posteriormente, traficar droga.

La carta no era conocida, hasta ahora, por las familias que desde hace medio siglo exigen al Gobierno la presentación con vida de sus seres queridos detenidos-desaparecidos durante el periodo de la mal llamada “guerra sucia”, tampoco por sus representantes legales ni por quienes han investigado de manera independiente la represión en esa época.

El documento pasó 20 años inadvertido en los archivos del Comité Pro-Defensa de Presos, Perseguidos, Desaparecidos y Exiliados Políticos de México, como se conoce al Comité Eureka. Fundado en 1977 por doña Rosario a raíz de la desaparición de su hijo Jesús Piedra Ibarra en 1974, aglutinó a cientos de familiares de personas desaparecidas en el país por su militancia o afinidad con movimientos políticos, sociales o armados que el régimen priista veía como una amenaza.

Esta reportera recibió la lista al solicitar documentos del archivo de Eureka que el Centro Académico de la Memoria de Nuestra América (Camena), de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, digitalizó, ordenó y clasificó por varios años, y que planea publicar en septiembre. Dos integrantes de Eureka consultados para este reportaje dijeron que desconocían la existencia de la carta.

Extracto de un expediente de los juicios contra tres militares (Acosta Chaparro, Quirós Hermosillo y Javier Barquín) en 2002, en el que se reconstruyeron los “vuelos de la muerte” con base en las declaraciones de miembros del Ejército. Foto: Captura de pantalla.

NUEVAS PISTAS

Tres expertos que revisaron el documento consideran la lista como “plausible” y su contenido “coincidente” con otros documentos generados en esa época.

“¿Quién tiene esta información reunida en esa época? ¿Quién puede tenerlo todo? ¿Quién puede saber qué corporación y en qué fecha detuvieron a quién y lo de los vuelos? Pues la DFS o el Ejército”, opinó Javier Yankelevich, quien fue jefe del Equipo Especializado en la Búsqueda de Personas Desaparecidas Forzadamente durante la “Guerra Sucia”, perteneciente a la Comisión Nacional de Búsqueda (CNB). El historiador obtuvo por su cuenta la relación de vuelos al solicitar todo el acervo de Eureka vía Transparencia.

“Solo para indagar esta lista se necesitaría otra comisión de la verdad; este es el inicio de lo que debería de ser una gran investigación y no el fin”, consideró en entrevista, tras conocer los papeles, el abogado César Contreras, del Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez (Centro Prodh), organización que representa a varias víctimas de las llamadas “desapariciones del pasado”.

Otras personas expertas en el periodo de la contrainsurgencia que han tenido acceso al contenido de la carta también lo consideran verosímil. Notaron que coinciden fechas, lugares de detención, compañías participantes, seudónimos, así como el estilo de redacción y la manera de registrar de la Sedena y la DFS, que son similares a otros documentos bajo resguardo del Archivo General de la Nación (AGN).

Sin embargo, algunos especialistas piden cautela.

“El documento en sí tiene mucha relevancia, aunque no podamos decir que todo su contenido efectivamente trata de los ‘vuelos de la muerte’. Es muy relevante porque nos permite hacer preguntas y abre una línea de investigación sobre los vuelos. Si después de una investigación seria resulta que no tiene que ver con esto, de todos modos va a estar relacionado con otras cosas sobre las estrategias de contrainsurgencia”, estimó el historiador Camilo Vicente Ovalle, quien coordina las investigaciones de la Comisión para el Acceso a la Verdad sobre la Guerra Sucia, uno de los instrumentos de la Comisión para el Acceso a la Verdad, el Esclarecimiento Histórico y el Impulso a la Justicia de las violaciones graves a los derechos humanos cometidas de 1965 a 1990.

Consideró que se requiere un análisis más profundo del documento para dar por válido su contenido. Al experto le llama la atención que la relación de viajes, en sí misma, no contiene la palabra vuelos —como sí aparece en otros archivos históricos—, solo viajes, y que carece de un título que indique de qué es el listado y de la fecha en que se hicieron los traslados.

Lo que llamó la atención al Centro Prodh, tras un primer análisis, es que incluye 13 nombres que no están mencionados en fuentes abiertas o en registros oficiales o en las listas de víctimas de la CNDH, la Comverdad de Guerrero, la Fiscalía Especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado (Femospp), los archivos de la represión encontrados en el AGN, u otras investigaciones de esclarecimiento histórico. También considera relevante que de un número elevado, 170 nombres, haya coincidencias con distintos informes.

De las 183 personas enlistadas, 40 no están en el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas (RNPDNO). Hasta ahora no se habían mencionado las identidades de las posibles víctimas de los crímenes cometidos hace medio siglo, solo los tipos de aeronave —al menos dos aviones Arava de manufactura israelí y un número no identificado de helicópteros que despegaban de las costas de Guerrero—, los métodos de ejecución, los nombres de los generales y capitanes que ordenaban los operativos y de los subalternos que los llevaban a cabo, y los modus operandi que confesaron pilotos, mecánicos y militares de distintos rangos en el juicio que la Procuraduría General de Justicia Militar entabló en 2002 contra los generales Acosta Chaparro y Quirós Hermosillo y el ya retirado Barquín Alonso, por las desapariciones forzadas de 148 personas, a la par de otro juicio por narcotráfico. Los dos últimos murieron durante el proceso, mientras que Acosta fue absuelto.

El nombre de Ignacio Salas Obregón, fundador de la Liga Comunista 23 de Septiembre, fue registrado en el cuarto viaje. Estas fotos son de los archivos de la DFS, la corporación que se encargó de sus torturas e interrogatorios.

SEÑALAN COINCIDENCIAS

Yankelevich, historiador que este sexenio estuvo a cargo de la unidad que investigaba las desapariciones del pasado en la CNB, de donde fue despedido este año, pidió por transparencia el archivo digitalizado por Camena y comenzó sus propios cotejos. Releyó la confesión que en 1975 envió desde Petatlán, Guerrero, a su casa en Mexicali, el soldado Benito Tafoya Barrón, en la que se refiere a los mortales vuelos en los que participó; el AGN tiene una copia.

Tafoya formaba parte de una de las unidades que cercó y atrapó al guerrillero Lucio Cabañas. La misiva contiene dos datos que llamaron la atención de Yankelevich. Habla de dos mujeres que acababan de ser arrojadas al Pacífico —en el viaje 23 se mencionan los nombres de dos mujeres—, y cuenta que participó en la captura de Cabañas y en echar al mar a uno de sus acompañantes. Efectivamente, en el “viaje 24” de la lista aparece Marcelo Serafín Juárez, un menor de edad, quien fue el único compañero del líder guerrillero del que, tras ser detenido, aún se desconoce su paradero.

La carta del soldado, publicada por primera vez por el periodista Gustavo Castillo en La Jornada en 2008, dice: “Hermanos quiero que en cuanto reciban esta carta me contesten, mándenme decir si ya les mandaron decir de la casa de la Güera [Nicolaza] se fue con su novio y que Raquel y Paz se andan metiendo en problemas muy serios, que se andan metiendo de guerrilleras, digo problemas serios porque me ha tocado ver como acaban los que se dicen guerrilleros, digo que me ha tocado ver porque yo participé cuando rodiamos a Lucio Cabañas y su gente y murieron muchos y a los que agarramos vivos [fueron varios] a mí me tocó subirlos a un helicóptero amarrarlos de pies y manos y atados a unas barras de fierro e irlos a tirar al mar y entre ellos iban dos muchachas, por eso yo temo que ellas lleguen a caer en manos de la policía y tengan el mismo fin, de mis compañeros del batallón mataron nada más a uno y a nosotros nos tocó matar a Lucio Cabañas”.

Aunque cuando se descubrió la carta el militar fue interrogado por un Ministerio Público —según consta en el AGN—, a quien dijo que era una broma, los datos sobre su hermana son reales: Raquel fue detenida y encarcelada en Sinaloa y fichada como miembro de la Liga Comunista 23 de Septiembre.

Para Yankelevich, las menciones de Tafoya y las listas tienen datos coincidentes. La información que dio el mecánico militar Margarito Monroy Candia en los juicios de 2002 sobre el número de personas que cabían en cada vuelo (siete u ocho) —aunque se refería a los que partieron de 1975 en adelante y en el Arava 2005—- concuerda con el número de personas registradas en los vuelos enlistados en la carta

“No es claro cuándo se hizo la lista, acá no hay fechas de viajes, sí de detenciones. El estilo es consistente con lo militar, las siglas, las puntuaciones”, señaló Yankelevich. “Menciona a personas de detención tardía; haciendo una inferencia, el documento se elaboró en diciembre del 74, […] [y en 1975] la carta del soldado que dice que desde el helicóptero tiró al mar a los detenidos, y te da un cruce fuerte: Serafín está en la lista de gente lanzada al mar”.

Con estos hallazgos, Yankelevich comenzó a hablar con algunos familiares para explicarles, paso por paso, la información encontrada, y los hallazgos de sus cotejos.

Lo que el informante de la carta pretende dejar claro es que todos los detenidos desaparecidos estuvieron en 1974 en la base aérea militar número 7 de Pie de la Cuesta, en Acapulco, lugar que fue el destino final de un número aún indeterminado de disidentes políticos del régimen priista, pues se sabe que los vuelos continuaron hasta 1979.

“Es un documento valioso. Pero hay que irse con cuidado, indagar y hacer una investigación mucho más compleja para verificar el documento”, advirtió Vicente Ovalle, autor del libro Tiempo suspendido, sobre las desapariciones forzadas.

Señala que el documento también pudo haber sido construido por el propio Ejército para desviar la atención o engañar; o porque en 2004 entre las filas castrenses existían rencillas internas.

“Puede estar relacionado con los ‘vuelos de la muerte’, el problema es saber cómo está relacionado. No irnos con la finta: ¿qué tipo de traslado menciona?, ¿por qué dice la palabra viaje y no vuelo?, ¿de dónde a dónde eran esos traslados? Falta ver cómo podemos relacionarlo con Pie de la Cuesta, con los vuelos, con las bitácoras y cosas por revisar. Esta es una pieza de un rompecabezas pero tenemos que saber qué nos dice”, precisó.

La carta generó esta semana que las organizaciones de derechos humanos Fundar, el Centro Prodh y Artículo 19, integraran un grupo de trabajo para contrastar su contenido con los datos que se tienen de ese periodo, y para planear un posicionamiento.

Detonó también que la agrupación Fundar —representante legal de Tita Radilla, hija de Rosendo Radilla— enviara la carta a la Fiscalía General de la República, al área donde se investigan los llamados delitos del pasado para que se analice, y eso mismo hizo el área de esclarecimiento histórico de la Secretaría de Gobernación que, junto con la CNB, crearon ya un grupo de trabajo para examinar la carta. También ha llegado a manos de los comisionados de la verdad del Mecanismo de Esclarecimiento Histórico que presentarán este mes su informe final.

“VIVOS SE LOS LLEVARON, VIVOS LOS QUEREMOS”

¿Hubo alguna razón por la que la fundadora de Eureka descartó su contenido? ¿Hizo Rosario Ibarra de Piedra algo con la lista? Es difícil saberlo; la también exsenadora, quien llegó a ser  la primera mujer candidata a la Presidencia de México, murió en 2022. Su familia no respondió a una petición de entrevista.

Este martes por la noche la información llegó a algunas de las compañeras de Rosario Ibarra, conocidas como Las Doñas.

Sara Hernández, esposa de Rafael Ramírez Duarte, desaparecido en 1974 e integrante de “Las Doñas de Eureka”, respondió que dudaba que el documento sea certero.

“Primero, Rosario hubiera buscado la forma de confirmar esa información. Tenía muchos contactos para eso. Segundo, nunca se buscó a los desaparecidos muertos, siempre con vida. Vivos se los llevaron, vivos los queremos. Tercero, ella algo hubiera hecho pero jamás archivarlo”, opinó.

Pero quienes conocieron a Ibarra de Piedra —madre de la actual titular de la CNDH, Rosario Piedra Ibarra— saben de su eterna renuencia a considerar que las personas desaparecidas forzadamente pudieran estar muertas.

“Parece que quieren darle carpetazo a las investigaciones diciendo que fueron aventados al mar y que no hay manera de identificar a las víctimas, cuando muchos de ellos fueron vistos con vida en el Campo Militar Número Uno”, declaró en 2002 al periodista Gustavo Castillo, cuando trascendió que tribunales castrenses juzgaban los “vuelos de la muerte”. Siempre consideró sospechoso que la Procuraduría General de Justicia Militar aceptara que 143 desaparecidos políticos en Guerrero fueron asesinados y arrojados al mar.

Éramos radicales en nuestro lema: “Vivos se los llevaron, vivos los queremos”, confesó una persona perteneciente a Eureka, omitían hablar de los indicios de que algunos de los desaparecidos ya habían sido asesinados.

En ese contexto hay que situar a Eureka. Ibarra recibió la carta cuando acababan de terminar los juicios y se cerraba la decepcionante investigación de los delitos del pasado de la Femospp, y recibía muchos documentos y confesiones de todo tipo; las familias habían sido engañados durante años por funcionarios de gobierno, que les mentían o entregaban información falsa. Y la consigna de Eureka era que aparecieran con vida, no dejaba que se mencionara otra posibilidad.

Sin embargo, entre familiares que reciben la lista siempre surge la pregunta: ¿Por qué Rosario no nos informó?

Han sido días difíciles para mucha gente a partir de que circuló esa información. También han comenzado a escucharse las exigencias de verdad.

“Si el Ejército tuvo la lista de 1974 debe existir listas de los años posteriores, al menos hasta 1979 que se tienen documentados los vuelos de la muerte. La mayoría de las víctimas enlistadas fueron aprehendidas por el Ejército y su último paradero conocido fue en las instalaciones militares. Este hallazgo es un punto de inflexión que hace vigente la exigencia histórica de las familias de que el Estado mexicano entregue todas las listas con los nombres de las víctimas de esta operación”, dijo Contreras, del Centro Prodh.

“Pedimos a la Sedena que colabore y no ponga obstáculos o nos dé información a cuentagotas. También llamamos a la cautela; aunque tiene información verídica, Tita Radilla ya antes había recibido otra lista de ‘vuelos de la muerte’ que tenía inconsistencias; esta tiene datos verídicos, por eso pedimos a las autoridades darle importancia”, concluyó el abogado Humberto Guerrero Rosales, de Fundar.

La lista de los presuntos vuelos comenzó a divulgarse en grupos de mensajería de colectivos de víctimas desde este martes por la noche. En A dónde van los desaparecidos y Quinto Elemento Lab decidimos publicarla porque ya está en los celulares de las familias de las víctimas de manera descontextualizada y sin explicaciones certeras. Como sabemos que está causando dolor e indignación preferimos que esté acompañada de esta investigación.

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Marcela Turati

Periodista mexicana especializada en temas de derechos humanos, que desde el año 2000 cubre las desapariciones de personas, cofundadora de Quinto Elemento Lab y coordinadora del proyecto “A dónde van los desaparecidos”.