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4/18/2026

El daño cerebral del maltrato

 Por Esmeralda R. Vaquero 

Fuentes: Pikara magazine [Ilustración de Deagreez (iStock)]

El estudio ‘Neuropsicología de la violencia de género’, elaborado por varias profesionales de la Universidad de Granada, muestra de forma científica las secuelas de la violencia machista y puede abrir caminos para su abordaje.

Profesionales de la Universidad de Granada han realizado una investigación para aplicar la Neurociencia y la Neuropsicología Clínica en la lucha contra la violencia machista, evaluando las secuelas cerebrales de esta la violencia. La publicación ‘Neuropsicología de la violencia de género’, de 2023, analiza de forma muy completa las alteraciones cerebrales y neuropsicológicas que sufren las mujeres y niñas y niños supervivientes, campo en el que apenas se ha profundizado, pese al aumento de la visibilización de la violencia machista en los últimos años. “La violencia ejercida contra las mujeres por parte de su pareja o expareja (…) constituye un grave problema de salud pública en nuestra sociedad, ocasionando un mayor riesgo de sufrir importantes problemas de salud en las mujeres que la sufren”, apunta el estudio, firmado por Natalia Hidalgo-RuzzanteJulia C. DaughertyNatalia Bueso-Izquierdo, Inmaculada Teva ÁlvarezJuan Verdejo-Román y Miguel Pérez-García.

La violencia física en mujeres supervivientes se relaciona con múltiples alteraciones neuropsicológicas

La evidencia científica muestra que los cerebros expuestos a violencia resultan alterados, a pesar de que no la reciban de forma directa y ‘solo’ la presencien. Muchas mujeres supervivientes han sufrido traumatismos craneoencefálicos, es decir, golpes en el cráneo. “Casi el 80 por ciento de las lesiones encontradas en mujeres víctimas y supervivientes que acuden a urgencias debido a la violencia de género se presentan en la cabeza, cara o cuello. A pesar de la escasa literatura, se sabe que estas agresiones pueden ocasionar diversos síntomas post-conmocionales, como son dolores de cabeza, mareos, problemas de concentración, insomnio, impaciencia y pérdida de memoria”, recoge el estudio. La documentación científica demuestra que la violencia física en mujeres supervivientes se relaciona con múltiples alteraciones neuropsicológicas que afectan a la atención y concentración, velocidad de procesamiento motor y fluidez, entre otras. La falta de investigación se debe, en parte, a las particularidades de la violencia machista: “Algunas mujeres pueden sentir desconfianza a la hora de informar sobre los daños sufridos, debido al estigma existente sobre las víctimas y a los sentimientos de miedo y vergüenza”. Otras no lo cuentan si no han sido explícitamente preguntadas, a veces porque tienen miedo de las consecuencias que les supondría si su pareja se enterara. “Solo entre el 17 y el 21 por ciento de las mujeres que ha sufrido un traumatismo debido a la violencia ejercida por parte de la pareja busca ayuda médica”, recoge también el estudio, que arrancó en 2009. Dolor de cabeza, problemas de concentración, mareos, insomnio, pérdida de memoria o irritabilidad son secuelas frecuentes de los traumatismos craneoencefálicos.

También los estrangulamientos, que sufren más del 50 por ciento de las mujeres víctimas de violencia de género, tienen un apartado destacado en el estudio. Además de aumentar el riesgo de muerte por situar a la víctima al límite de ser capaz de respirar, esta acción violenta desemboca en múltiples consecuencias psicológicas asociadas, como el miedo a ser matada, depresión, estrés postraumático o ideación suicida.

El llamado trastorno de estrés postraumático (TEPT, o trauma) es la etiqueta diagnóstica más frecuente en mujeres supervivientes, desde el punto de vista psicológico. Lo desarrollan una media de un 64 por ciento de ellas, pero los estudios al respecto son escasos. La repetición es un factor clave en las consecuencias neuropsicológicas del maltrato, ya que sufrir traumatismos durante años, además de padecer eventos emocionalmente impactantes en largos períodos de tiempo y por parte de alguien emocionalmente cercano a la víctima, son condiciones relevantes que precisan de nuevas denominaciones. De ahí que desde 2008 se haya habilitado el nombre trastorno por estrés traumático complejo (o trauma complejo), que incluye los síntomas principales del trauma (re-experimentación del trauma, evitar los recuerdos traumáticos y un sentimiento persistente de amenaza) así como un conjunto adicional de síntomas llamados de alteración en la auto-organización (desregulación afectiva, autoconcepto negativo y alteraciones en las relaciones), cuenta la investigación.

“La exposición crónica al estrés se ha relacionado con alteraciones cerebrales, cognitivas y psicopatológicas”, explica el estudio. Y continúa: “Hasta el momento, los estudios han mostrado que existen unos elevados niveles de cortisol en mujeres supervivientes que desarrollan trastorno de estrés postraumático (TEPT) y/o depresión. Sin embargo, otros estudios recientes han mostrado que la severidad de la violencia sufrida se relaciona con elevados niveles de cortisol, después de controlar los efectos de la depresión y del TEPT”. Además del trauma, diversos trabajos han demostrado que la ansiedad crónica y la depresión contribuyen a explicar las alteraciones neuropsicológicas en mujeres supervivientes. EL trastorno de estrés postraumático se concreta en problemas en la atención, funciones ejecutivas (como planificar, organizar, tomar decisiones, control de impulsos), memoria y otros procesos del sistema nervioso.

Por otra parte, la depresión y la ansiedad también son problemas de salud mental frecuentes en mujeres supervivientes. Dificultades para identificar las propias emociones, disminución de la autoestima, afectación del sueño y la alimentación (anorexia, bulimia), problemas con el consumo de alcohol, miedo generalizado, irritabilidad o trastornos emocionales producidos por el bloqueo se asocian con sufrir violencia de género.

Infancia

La Ley Orgánica 8/2015 reconoce a las niñas y los niños como víctimas directas, ya que sufren las consecuencias de la violencia, algo que se aborda en el estudio. “Además de las mujeres, sus hijos e hijas también se exponen a la violencia de género, ya sea directamente, siendo víctimas de maltrato físico, presiones, insultos y/o vejaciones; al estar presente en la comisión de la violencia; u observando las consecuencias en sus madres, lesiones o daños de la propiedad (la vivienda). Además, los hijos e hijas de mujeres asesinadas por su pareja sufren otro tipo de victimización tras estos asesinatos: pierden a su madre en circunstancias brutales, siendo el culpable el padre u otro miembro de la familia cercana. Múltiples estudios coinciden en señalar que la violencia de género repercute de manera muy negativa en la salud mental de los y las menores que la sufren”, recoge el amplio estudio.

Además de tener más probabilidades de verse inmersa en violencia en su etapa adulta, la infancia testigo de violencia de género “se expone a un sistema de creencias patriarcal y a un estilo de crianza machista que puede ocasionar consecuencias” en su vida. Entre los problemas psicológicos más frecuentes se encuentran la ansiedad, depresión, miedo, ira, desesperanza, fobias, ideación suicida y baja autoestima, así como conductas agresivas o delictivas. En lo referente a lo cognitivo, ven afectada su inteligencia general, velocidad de procesamiento, atención, memoria o comprensión verbal. El porcentaje de niños y niñas con estrés postraumático en la infancia víctima de violencia de género se sitúa en torno al 50 por ciento.

Una de las cuestiones más preocupantes es la transmisión intergeneracional de la violencia de género. En un estudio del año 2013 realizado con 150 diadas madre-hijas a lo largo de diez años, y donde se evaluaba la violencia de género durante tres generaciones, se detectó, por ejemplo, que, si la abuela fue maltratada por su marido, “su hija tenía más probabilidad de ser acosada sexualmente en la infancia y también era más probable que tuviera una relación de violencia con su pareja en la etapa adulta”. Del mismo modo, “si la madre fue sexualmente violentada durante su infancia, se incrementaba el riesgo de que su hija sufriera abuso sexual cuando era niña”. El estudio hablaba también de la maternidad con altos niveles de violencia de género alrededor, lo que conlleva “conductas de crianza menos sensibles por parte de sus madres”. Las consecuencias del maltrato en madres y criaturas, entre las que se encuentran problemas emocionales o altos niveles de estrés, pueden afectar tanto los hijos e hijas, como al vínculo materno-filial y a la propia recuperación familiar: “Un vínculo seguro con la madre es uno de los factores más importantes para lograr paliar los efectos negativos de la exposición al maltrato”.

Esperanza

La amplitud de los daños del maltrato es evidente. Sin embargo, y si es posible hablar de una buena noticia en este ámbito, el cerebro puede recuperarse gracias a su plasticidad. Una evaluación y posterior rehabilitación neuropsicológica individualizada y multidisciplinar puede contribuir a ello, pero las secuelas cognitivas todavía se infravaloran en las intervenciones médicas, lo que puede dificultar los procesos.

La inclusión de la neuropsicología forense en la atención a las mujeres supervivientes permitiría evaluar el funcionamiento cognitivo y conductual y reportar los daños psíquicos. Y aquí aparece otra cuestión destacada en el estudio, vinculada con la responsabilidad y la reparación del daño: al igual que en cualquier otro procedimiento penal, si hablamos de violencia de género deberían poder fijarse “las consecuencias que un proceso traumático ha tenido sobre las facultades mentales de la víctima, y así servir para que la jueza o juez pueda establecer una compensación económica”, como existe en otros delitos en los que hay lesión y la persona responsable está obligada a reparar el daño y compensar por lo perdido y por las secuelas.

“Al igual que en otras causas, como los accidentes laborales o de tráfico, la violencia contra la pareja podría provocar una incapacidad”

La realidad ofrece una panorámica distinta. El estudio confirma que la valoración de la víctima, que no siempre se lleva a cabo, “se utiliza para valorar la credibilidad de su relato, y no para conocer la existencia de posibles secuelas consecuentes al maltrato y optar por indemnizaciones acorde a las mismas”. Y añade: “Es indispensable señalar que una declaración puede ser inconsistente por diversas razones, no necesariamente por engaño deliberado”. Por esto es importante la mirada neuropsicológica que explique las secuelas de la violencia física y psicológica en supervivientes de violencia de género. “Estas secuelas pueden justificar una baja calidad en el relato, no atribuible a la inexistencia o alteración voluntaria de los hechos declarados”, recuerda el estudio. Pese a la evidencia científica, no es habitual incorporar estas variables en una evaluación forense, lo cual deja fuera muchas realidades: “Al igual que en otras causas, como los accidentes laborales o de tráfico, la violencia contra la pareja podría provocar una incapacidad”.

Los agresores

En cuanto a los hombres maltratadores, entre otras cuestiones, el estudio explica que emplean procesos de disociación moral para justificar sus comportamientos y lo hacen minimizando su conducta agresiva, mostrando bajos niveles de culpa y atribuyendo esta a sus parejas: “Con frecuencia se encuentra que los hombres maltratadores indican que su condena se debe a las características personales y de agresividad de la víctima. En definitiva, los maltratadores tienen creencias de superioridad hacia las mujeres y estas creencias les hacen justificar sus comportamientos”.

En las últimas décadas, ha cobrado relevancia la investigación del sistema emocional en hombres maltratadores. “La escasa literatura indica que presentan déficits en la regulación emocional y que estos tienen un papel crucial en los actos violentos contra sus parejas o exparejas”. Dichas complicaciones se combinan con las normas masculinas de dominación, control emocional y autosuficiencia. “Los hombres con dificultades para manejar las emociones tienen más posibilidades de maltratar a sus parejas y tienden a creer que los hombres no deberían compartir sus emociones o pedir ayuda (…). Los hombres maltratado res que sienten que no están cumpliendo las normas tradicionales de género, no regulan las emociones generadas por ese malestar y ejercen violencia contra la pareja”, añade el estudio.

Fuente: https://www.pikaramagazine.com/2026/04/el-dano-cerebral-del-maltrato/

4/29/2019

En 2018 murieron 2 mil 908 menores debido a la violencia: Ricardo Bucio


El Sistema Nacional de Protección Integral de Niñas, Niños y Adolescentes (Sipinna) reconoció la violencia que sufren los menores de edad y anunció que presentará acciones para combatirla.

Ricardo Bucio, secretario ejecutivo del Sipinna, expuso que la violencia que ha vivido el país en años recientes no ha tenido una limitación respecto de la que se inflige a los niños y a las niñas. Tenemos situaciones muy complicadas, muy dramáticas. En el año 2018 se reportaron 2 mil 908 denuncias por homicidios contra infantes.
Además, calificó como muy grave la incidencia en la pornografía y turismo sexual infantil, así como el incremento de lesiones hacia este sector de la población: Hay más de 305 por ciento de aumento en éstas, por ejemplo, abuso sexual a niños menores de cinco años.
Después de participar en el Festival de los Derechos de la Niñez, Bucio dijo que vivimos una situación que ha ido permeando el hecho de que se normalice la violencia y se hayan ido perdiendo mecanismos de protección hacia la niñez.
Pasamos, por ejemplo, de la permisión de la nalgada al feminicidio de niñas; del abuso sexual, que cada vez se da más a temprana edad, al hecho de tener 11 mil partos de niñas entre 10 y 14 años como promedio en los años recientes, añadió.
El funcionario señaló que el 23 de abril pasado sostuvo una reunión con el presidente Andrés Manuel López Obrador, y resaltó que una de las preocupaciones principales es trabajar en contra de la violencia hacia la niñez.
Bucio también dio a conocer que el 30 de abril, durante una reunión que tendrá el Sipinna, presentarán una serie de acciones para combatir la violencia hacia este sector de la población, que incluyen la participación de instituciones federales, estatales y locales.
Por su parte, la titular del Sistema Nacional DIF, María del Rocío García Pérez, informó que prepara un programa que iniciará el próximo año en el cual, a través de cursos y pláticas, se difundirá entre los padres la importancia del cuidado y los derechos de los menores.
En la inauguración del Festival de los Derechos de la Niñez, organizado en el contexto del Día del Niño, que se conmemora el 30 de abril, el secretario de Salud, Jorge Alcocer Varela, señaló que uno de los objetivos es lograr generaciones de mexicanos que gocen de mejor salud y bienestar, y pidió a los menores que asistieron guardar una semilla de la Cuarta Transformación.
En el Complejo Cultural Los Pinos, un par de niños leyeron un decálogo sobre los derechos de los menores y expresaron su deseo de ser felices.
Jessica Xantomila
Periódico La Jornada
Lunes 29 de abril de 2019, p. 15

6/30/2018

"Carta a las buenas conciencias"


Carta de la periodista Soledad Jarquín Edgar
   Violencia, corrupción e impunidad


#JusticiaParaSol
Faltan sólo unos días para que termine el proceso electoral más violento de la historia. Hasta empezamos a perder la cuenta del número de víctimas en sólo unos meses. Son los tiempos de una “democracia bajo fuego” sin estar en guerra.
Detrás de cada víctima quedamos muchas más víctimas. La muerte violenta alcanzó a muchas personas inocentes, tantas que su sangre ha regado este país doliente donde la palabra justicia y las voces que la demandamos y reclamamos renunciamos a que quede en desuso, en la costumbre, en el abismo de la impunidad y de la omisión.
Soy Soledad Jarquín Edgar, la madre de MARÍA DEL SOL CRUZ JARQUÍN, una joven de 27 años víctima de esa circunstancia letal que vive México y la corrupción que se empalma con el viento del poder desmedido y la ambición que podría materializarse sin recato alguno a través de las urnas.
Ella, mi hija, es parte de esa juventud sacrificada en este país que desacierta el rumbo para las y los jóvenes, un país equivocado para ellas y ellos, un país cuyo gobierno ha dado muestras que no le importan esos muchachos y muchachas sin oportunidades para consolidar sus proyectos de vida y sus deseos profesionales.
Enviada por su jefe, Francisco Montero López, ahora ex secretario de Asuntos Indígenas del gobierno de Oaxaca que encabeza Alejandro Murat Hinojosa, para apoyar con su trabajo como fotógrafa y videasta y hasta de diseño de propaganda de la campaña política del candidato del PRI-PVEM-PNA a la presidencia municipal de Juchitán de Zaragoza, Hageo Montero López. Si ella se negaba perdería su empleo como jefa del departamento de Comunicación Indígena Intercultural, una oportunidad que había recibido de manera formal apenas el 1 de enero pasado, una oportunidad que emocionada había recibido sin saber que marcaría de manera fatal su destino por el capricho de un político que a todas luces incurrió en un delito electoral.
Lejos de su fuente de trabajo en una oficina de la llamada Ciudad Administrativa en Tlalixtac de Cabrera, un municipio conurbado a la ciudad de Oaxaca, murió en Juchitán de Zaragoza acribillada junto con la candidata a segunda concejala de ese municipio ubicado en la región del Istmo de Tehuantepec, Pamela Itzamaray Terán Pineda y el conductor del vehículo Adelfo Guerra, la madrugada del 2 de junio.
Lejos de su casa, MARIA DEL SOL, la más pequeña de mis hijas, fue víctima no sólo de un acto criminal, sino también de la corrupción que se afanan en cometer algunos funcionarios como Francisco Montero López para favorecer con recursos públicos, materiales y humanos, de la Secretaría de Asuntos Indígenas a su hermano Hageo Montero López, quien este domingo sin pena ni vergüenza alguna pretende ser electo presidente municipal de Juchitán de Zaragoza, un pueblo lastimado por los sismos de septiembre pasado, pero más que nada, por la desgracia de las malas prácticas políticas, hasta el grado de convertirlo en uno de los 10 primeros municipios más violentos del país.
Tanto el ex funcionario como su hermano, el candidato a la presidencia municipal del PRI, no tuvieron el valor de comunicarse conmigo aquella fatídica madrugada del 2 de junio para darme la fatal noticia, un acto que se espera de cualquier persona con algo de humanidad en el corazón. Así por horas, MARÍA DEL SOL permaneció en calidad de “desconocida” en un servicio médico forense “particular”, aun cuando entre sus pertenencias se encontraba su credencial para votar y una credencial de la Secretaría de Asuntos Indígenas. Fueron las preguntas de una compañera de trabajo y las mías las que me llevaron la mañana de aquel día, que quisiera borrar de mi memoria, a determinar que una de las victimas del triple asesinato era mi hija.
Por el contrario, Francisco y Hageo Montero López cometieron más actos de corrupción en las mismas horas en que la angustia y el dolor consumían mi vida. Pretendiendo eliminar toda prueba del trabajo que mi hija desarrollaba contra su voluntad para no perder su trabajo (en un país donde lo que menos tienen las y los jóvenes son oportunidades), al robar de entre sus pertenencias el equipo de trabajo propiedad de mi hija -una cámara fotográfica, una cámara de video y su computadora-.
Hoy a 24 días del 2 de junio no encuentro las palabras exactas para describir su infame cobardía, que en lugar de limpiar sus huellas terminaron por ensuciar el crimen que contra ella cometieron.
Como tampoco entiendo la postura del Partido Revolucionario Institucional, cuyos dirigentes René Juárez Cisneros, en el ámbito nacional, y Jorge González Ilescas, en el estatal, no han dado respuesta a una carta que públicamente presenté y les envíe el pasado 7 de junio solicitando se retirara la candidatura de Hageo Montero López a la presidencia municipal de Juchitán de Zaragoza, como un acto de congruencia con uno de los principales dichos del candidato presidencial de ese partido, José Antonio Meade, quien aseguró que no pactaría con delincuentes. Los hechos demuestran otra cosa.
Por el contrario, en el PRI están convencidos que el asesinato de mi hija no tendría nada que ver, lo califican como un hecho aislado, prefieren, como sucede con la Secretaria General del PRI en Oaxaca, Mariana Nassar Piñeyro, no mirar el fondo fangoso y mal oliente en que se convierte la utilización y desvío de recursos públicos, materiales y humanos que laboran para una dependencia del gobierno de Alejandro Murat, para respaldar con su trabajo profesional, las campañas políticas de candidatos de su partido, un hecho que la Ley Electoral tipifica como un DELITO, y lo hacen fieles a su costumbre, pero eso tiene un nombre: COMPLICIDAD, es crimen organizado.
A priistas como los Montero López, y de otras y otros que se niegan a cambiar como lo exige la sociedad mexicana, nada les importa la vida de las personas, creen que pueden disponer de los seres humanos que jerárquicamente dependen de ellos, son reyezuelos políticos corruptos e insaciables detrás poder.
Ante los oídos sordos del PRI, ojalá el pueblo de Juchitán no se equivoque este 1 de julio.
Entre tanto, seguiré a través de las vías legales buscando y clamando justicia para MARÍA DEL SOL, mi pequeña hija cuyos sueños han sido arrebatados desde el momento en que fue enviada por el ex secretario de Asuntos Indígenas, Francisco Montero López, para apoyar la candidatura de su hermano Hageo Montero López.
Si esto no es corrupción, que el PRI me diga cómo se le llama, porque todavía hay quienes nos negamos a aceptar vivir la tragedia de ser víctimas de las malas prácticas políticas que llevaron a MARIA DEL SOL CRUZ JARQUIN a ese destino que ella ni nadie se merecen.
#JusticiaParaSol
Con todo mi dolor
Soledad Jarquín Edgar

Imagen retomada de Chelsy Wong
Por: Soledad Jarquín Edgar Cimacnoticias | Oaxaca, Oax .-