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12/24/2025

Navidad en la calle

Historias de Navidad


Bajo el resplandor de las luces que adornan las calles de la Ciudad de México, la Navidad se siente en cada rincón. Sin embargo, para muchos, esta época del año no es un momento de celebración, sino un recordatorio de lo que han perdido

Las luces navideñas que cuelgan en la Zona Rosa iluminan fachadas, bares y restaurantes. En la esquina de la calle Amberes con Londres, donde la vida nocturna nunca se apaga del todo, la Navidad no llega envuelta en papel brillante ni con villancicos, sino en el ruido constante de la gente que entra y sale de los locales y en la espera silenciosa de quien no tiene a dónde ir. Ahí, casi siempre en el mismo punto, se encuentra José, un hombre de 61 años que ha hecho de la calle su casa y de la observación su rutina diaria.

Cada noche, José amontona cartones y una cobija para encontrar refugio. Su vida es una constante lucha por la supervivencia, pero a pesar de su situación, lleva consigo una chispa de esperanza. Su pasado está lleno de recuerdos que lo impulsan a seguir adelante, recordándole que siempre hay una razón para levantarse.

Aunque puede sostener una conversación fluida, por momentos divaga o murmura frases que parecen perderse en el aire. No hay agresividad en él; al contrario, su trato es afable y agradecido cuando alguien se detiene a hablarle.

“Nunca se quieren acercar a nosotros, bueno, a mí. Yo creo porque me ven sucio y piensan que estoy loco, pero no estoy loco. Solo que me ven así y creen que les voy a pegar o a hacer algo malo”, dice mientras sigue con la mirada a los transeúntes que pasan sin detenerse.

Perderlo todo

José es originario de Hidalgo. Llegó a la Ciudad de México después del sismo de 1985, con la esperanza de encontrar trabajo. Durante más de cinco años fue ayudante de un tapicero en la colonia Guerrero. Se casó, tuvo un hijo y, en busca de un mejor ingreso, entró a trabajar a una fábrica de harina donde el sueldo era más estable.

La vida parecía encaminarse, pero el alcohol comenzó a ocupar cada vez más espacio en sus días. Primero los sábados y domingos, luego varias veces a la semana, hasta convertirse en una adicción que fue erosionando todo a su alrededor.

Su esposa se separó de él y se llevó a su hijo cuando tenía 11 años, cuenta José, supo que se fueron a Puebla, a casa de la madre de ella, pero con el tiempo perdió todo contacto. Tras la separación, cuando rondaba los 38 años, vivió solo durante un tiempo, hasta que el alcoholismo lo hizo perder el empleo.

Encontrar otro trabajo se volvió casi imposible. Probó como vendedor ambulante en el centro de la ciudad:

    “Antes se podía vender de todo, había muchos puestos. Yo vendía tacos doblados que hacía una señora y me pagaba por día, pero igual estaba yo tomando ahí cuando vendía. Yo sé que hice mal”, cuenta, interrumpiéndose por momentos, para luego retomar la historia.

    “Antes se podía vender de todo, había muchos puestos. Yo vendía tacos doblados que hacía una señora y me pagaba por día, pero igual estaba yo tomando ahí cuando vendía. Yo sé que hice mal”, cuenta, interrumpiéndose por momentos, para luego retomar la historia. 

Ese fue su último trabajo. Después vino la caída definitiva: pedir dinero en la calle, gastar todo en alcohol, no poder pagar la renta y, finalmente, dormir a la intemperie. Pasó por la Alameda y por distintas zonas de la ciudad, hasta que encontró en la Zona Rosa un sitio donde quedarse.

Cuenta que el ruido de los bares no le molesta; al contrario, le da una sensación de compañía. “Aquí siempre hay movimiento, no se siente uno tan solo”, dice, aunque sabe que muchos lo miran con desprecio. “Yo creo que huelo mal, pero si vive uno en la calle, ¿dónde se va uno a bañar?”.

El sentimiento en Navidad

En Navidad, la calle cambia un poco. José cuenta que casi siempre hay alguien que le regala algo de comer: un plato caliente, un pedazo de pan, a veces comida que sobra en los locales de la zona. Para él, eso es un regalo. Hay días en que come muy poco o no come nada porque no tiene dinero.

Durante años, estas fechas le resultaban indiferentes; veía a la gente festejar y para él era un día más. Sin embargo, en los últimos años la Navidad le pesa. La soledad se hace más evidente. Piensa en su edad, en la muerte, en la posibilidad de irse sin que nadie lo acompañe.

    “Un buen regalo de Navidad sería tener comida y saber algo de mi hijo”, dice con la voz baja.

    “Un buen regalo de Navidad sería tener comida y saber algo de mi hijo”, dice con la voz baja. 

No pide volver a su lado ni perdón. Solo saber cómo está, qué ha hecho. Ese deseo sencillo resume una pérdida que no se mide en objetos, sino en vínculos rotos.

José es uno entre cientos. De acuerdo con el Conteo de Personas en Situación de Calle de la Ciudad de México 2023-2024, realizado por la Secretaría de Bienestar e Igualdad Social, se registraron mil 124 personas viviendo en las calles: 86 por ciento hombres y 14 por ciento mujeres.

De ese total, más de la mitad, el 58.17 por ciento, llevan entre uno y 10 años en esta condición. Para ellas, la falta de un techo no siempre es lo más doloroso; lo que más pesa es la indiferencia, el desprecio, el ser ignorados justo cuando la ciudad habla de unión y solidaridad.

En estas fechas, las calles se convierten también en escenarios de encuentros breves y significativos. José se cruza con otros rostros que cargan historias similares: pérdidas, adicciones, rupturas familiares. Juntos, sin proponérselo, reflejan la otra cara de la Navidad, una que no aparece en los anuncios ni en las cenas familiares. 

10/22/2022

Vivir en condición de calle: las infancias y su sobrevivencia

CIMACFoto: Tercero Díaz 

 .-CIMACFoto: Tercero Díaz.-

En México falta mucha información sobre cuántas niñas y niños viven en situación de calle. Sin embargo, gracias a estudios como los desarrollados por la doctora en Antropología Social y Cultural María Espinoza Spínola podemos tener una idea de los factores que llevaron a estos menores a dejar sus hogares y habitar la calle como un espacio de resistencia y libertad.

Espinoza Spínola se dedicó a estudiar la condición de niñas y niños en las calles de la Ciudad de México entre 2000 y 2009. A lo largo de estos años, la antropóloga española identificó una serie de constantes en las historias de las y los menores que deciden abandonar sus hogares.

Una de estas constantes es la separación entre padres y madres, tras la cual, son ellas quienes asumen por completo la responsabilidad del cuidado de hijas e hijos. No obstante, también es frecuente que estas mujeres busquen a otra pareja que cubra sus necesidades económicas y afectivas… algo que no suele suceder.

De acuerdo con las investigaciones de María Espinoza, la llegada de un padrastro a casa puede traer una serie de maltratos hacia la familia. Esto se exacerba en el caso de las niñas; por un lado, porque los hombres suelen ejercer violencia sexual contra ellas, y por otro porque, al ser mujeres, constantemente las descalifican y les hacen sentir que no tienen ningún derecho en el hogar que habitan.

Además de esto, hay otros factores íntimamente ligados con los roles de género socialmente establecidos. Es decir: con lo que nos han dicho sobre cómo tiene que ser una madre.

«Mala madre» y «buena madre»: no hay punto intermedio

Durante su estancia en México, María Espinoza Spínola escuchó los relatos de varias niñas y niños en situación de calle. En estos relatos, uno de los reclamos constantes de niñas y niños fue la falta de cariño de sus madres.

A ellas las calificaban como «malas madres» y mujeres indecentes por unirse con otros hombres tras el abandono de los padres, y también las consideraban tontas porque esos otros hombres las violentaban. Para los padres, por el contrario, no había ningún calificativo en específico, lo cual indica que detrás de la decisión de huir de estas niñas y niños hay concepciones de género revictimizantes para las mujeres y socialmente extendidas incluso en el imaginario de las infancias.

Fotografía: Pexels

De la misma forma, la antropóloga social explica que el reclamo de las y los menores tiene que ver con la concepción de la «madre abnegada» tan arraigada en la cultura mexicana. Esta madre ideal es una madre amorosa consagrada por completo al cuidado de su familia aunque ello implique sacrificar sus propias necesidades.

Ninguno de los menores a los que entrevistó Espinoza Spínola identifica esta figura con la de su madre. Por el contrario, las juzgaban como principales responsables de las violencias ejercidas en su contra, aún cuando muchas de estas violencias provienen de padrastros, tíos y otros familiares varones.

La calle como alternativa a una vida difícil

Las razones que llevan a niñas y niños a abandonar su hogar son muy complejas y no se limitan a los factores expuestos anteriormente. Las situaciones de pobreza y la precariedad económica también juegan un papel importante en esta decisión, así como la violencia como método de educación y aleccionamiento. Pero, ¿por qué elegir la calle para hacer frente a estas condiciones? María Espinoza ha concluido que esto tiene que ver con lo que significa la calle para niñas y niños.

«Las interpretaciones que los chicos y chicas hacían de la calle como lugar de libertad fue una de las explicaciones que me dieron para argumentar su salida», explica la investigadora en su artículo Discursos, narrativas y percepciones entre los y las niñas de la calle en torno a su huida.

Así, la calle se convierte en ese espacio en el que se liberan de la violencia, la pobreza y la disciplina rígida. También, en ese nuevo hogar sin delimitaciones claras encuentran a otros en las mismas condiciones que les ofrecen el apoyo o el cariño que nunca encontraron en el seno familiar.

La calle, por otro lado, también se convierte en un espacio de reafirmación. Una niña llamada Sonia, por ejemplo, confesó a Espinoza que todas las vivencias que ha tenido en el entorno callejero han hecho que no sea una ignorante y sepa defenderse.

Así, lo que para unos puede ser un modo de vida inimaginable, para otros es la mejor posibilidad frente a realidades crueles. No obstante, esto no los exenta de los obstáculos y las otras violencias que esto supone.

México, sin cifras claras sobre niñas y niños en situación de calle

Según datos del Sistema Integral para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF), en 2009, en México había cerca de 94 mil 795 niñas y niños en situación de calle. Desde ese entonces hasta ahora no hay una cifra oficial que dé cuenta de cuántas infancias viven en esta condición de vulnerabilidad.

Lo que sí se sabe es que, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Trabajo Infantil (ENTI) 2019 del Inegi, 2.2 millones de niñas, niños y adolescentes están trabajando. Tres de cada diez de estos menores son del sexo femenino de 15 años o menos, mientras que siente de cada diez son varones. Además, cinco de cada 100 (es decir, cerca de 116 mil 600 menores en total) trabajan por su cuenta, sin aportar nada a ningún familiar o alguna otra persona.

Es posible que esta última cifra corresponda al grupo de niñas y niños que viven en situación de calle en México. No obstante, la falta de datos al respecto no permite hacer inferencias tan a la ligera. Aun así, es innegable que las y los menores en situación de calle suelen hacer uso de diferentes recursos para subsistir, tales como emplearse vendiendo dulces, limpiando parabrisas en los semáforos o trabajando en mercados, entre una infinidad de posibilidades más.

Lo anterior los pone en riesgo de caer en redes de trata o sufrir diferentes tipos de abusos. Aun así, para ellos, la calle es un espacio preferible a la violencia que habita en sus hogares.

9/30/2019

Plantea AMLO sembrar 50 mil hectáreas para crear empleos en Chihuahua



Foto
▲ Mujeres rarámuris con carteles protestaron por haberse quedado sin apoyos de Prospera.
San Juanito, Bocoyna, Chih., Precedido por la exigencia de apoyo de un grupo de rarámuris que portaba cartulinas con la frase Tenemos hambre, el presidente Andrés Manuel López Obrador anunció la puesta en marcha del programa Sembrando vida en 50 mil hectáreas de la región, con lo que se crearán 20 mil empleos.
Después de que los indígenas criticaron la desaparición de Prospera, la mayoría de las familias se quedaron sin apoyos –incluso lo recibieron con frases como Presidente, no eres bienvenido– López Obrador dijo que duele saber que todavía hay tuberculosis producida por hambre en esta región.
Agregó que tenemos que prevenir que haya bienestar, que no falten los ingresos básicos, los satisfactores básicos a las familias, y anunció que por primera vez se incluirá a todos los indígenas de la Tarahumara en el programa Producción para el Bienestar (antes Procampo), luego de que el coordinador de la movilización, Luis Carlos González, señaló que acudieron a pedirle trabajo para combatir la hambruna, pues estamos olvidados.
En el último recorrido de su gira de tres días –que comenzó el viernes en Matamoros, Coahuila– el mandatario comentó en redes sociales que preguntó al director del hospital de este lugar, Hugo Enrique Gutiérrez, si atendían muchos casos de diabetes –como en otras clínicas– y le contestó que no, porque los rarámuris caminan mucho, pero me dijo con crudeza que siguen padeciendo tuberculosis producida por hambre. Mientras exista esta amarga realidad no podemos sentirnos satisfechos, por lo que se comprometió a fortalecer el programa integral de desarrollo de la Tarahumara. La justicia es el camino y la gloria.
A su llegada a San Juanito, el mandatario se encontró con decenas de rarámuris de distintas edades que pedían trabajo y ser incluidos en Sembrando vida. Portaban mantas y cartulinas con leyendas como: Marcha rarámuri por el trabajo, Vivan los indígenas, Señor presidente, por el bien de todos primero los pobres. No Mentir y Fuera Loera, en referencia al delegado federal Juan Carlos Loera, quien según denunció Luis Alberto González no nos escucha, y mencionó que sin Prospera 60 por ciento de las familias de la región perdieron apoyos.
El Presidente aseguró que no les fallará, se atenderán a todos y anunció que cuando concluya la gira por los hospitales rurales de IMSS Bienestar recorrerá las 100 regiones indígenas de México para escuchar y atender sus necesidades.
Después de recorrer el hospital contó que decidió duplicar el apoyo para la región con Sembrando vida –inicialmente había considerado 25 mil hectáreas– porque estoy sintiendo la necesidad que es muy grande en la Tarahumara, mucha pobreza y mucha necesidad de mantener el bosque, de reforestar.
Expresó su satisfacción porque en su gobierno están a punto de llegar a 20 millones de beneficiarios, que reciben de manera directa su apoyo. Es una inversión para este año de 300 mil millones de pesos para el bienestar del pueblo.
Aprovechó para recordar que cuando fue director del Instituto Nacional Indigenista en Tabasco –entre 1977 y 1982– fue fichado por Miguel Nazar Haro, quien fuera titular de la extinta Dirección Federal de Seguridad. Ahí tengo, es para mí un orgullo, reportes firmados por él donde me acusaba de comunista cuando era yo director del INI, por trabajar en favor de los pobres.

Foto Alma Muñoz
Enviada, Periódico La Jornada

5/21/2019

Morirá en pobreza 74% de quien nace en esa condición: expertos

Mujeres, mayor problema de movilidad

Si son originarios del norte del país casi la mitad podrá superar esa situación; en el sureste, sólo 14%

En México 74 de cada 100 personas que nacen en pobreza, morirán en esa situación. Pero hay una diferencia por regiones. Mientras en el sureste del país, 86 por ciento de personas que nació en hogares pobres nunca podrán superar esta condición, cantidad que disminuye si residen en el norte, donde 54 mexicanos siempre serán pobres, señala el reporte Movilidad social 2019 del Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY).

Con base en la encuesta ESRU de Movilidad Social en México (ESRU-Emovi) encontró que la región de nacimiento incide en la falta de movilidad. En el norte del país, son 46 mexicanos de cada 100 los que salen de la pobreza, tres veces más que las nacidas en el sur.

El reporte divulgado ayer con el fin de identificar el peso de las condiciones de origen de las personas en sus opciones de desarrollo tomó como base el último trimestre de 2017 e identifica la forma en la que el acceso a las oportunidades determina la movilidad social en México.

La tendencia de la limitada movilidad social va en aumento, ya que en el reporte anterior eran 70 personas en promedio nacional las que nacían y morían en pobreza. Esta información corresponde a la encuesta de 2013 con base en datos de 2011, informó el CEEY.

Sumado a ello, las mujeres tienen más dificultades para la movilidad social, explicó Mónica Orozco, consultora principal. Aun con condiciones similares de origen, una menor proporción de mujeres que de hombres que nace en la parte más baja de la escala social, tiene la posibilidad de superar la pobreza. Además, a lo anterior hay que sumar el hecho de que las mujeres nacidas en la parte más alta enfrentan un mayor riesgo de descenso en su poder económico.

Mencionó que mientras 82 por ciento de los hombres participa en el mercado laboral, entre las mujeres ese porcentaje es de 43 por ciento, y desciende hasta 36 cuando tienen hijos menores de seis años. Destacó que a mayores niveles de desigualdad menor es la posibilidad de movilidad social y también a menor crecimiento económico.

Angélica Enciso L.
Periódico La Jornada
Martes 21 de mayo de 2019, p. 11

12/03/2018

Niños en México: miles desaparecidos, cientos detenidos y millones en la miseria

Los menores en México han vivido en total desprotección, desde la llamada guerra contra el narcotráfico: más de 6 mil 300 menores desaparecidos, 20 millones en condiciones de pobreza y 281 mil detenciones de niños migrantes

Más de 6 mil 300 niños y niñas han desaparecido en México. El 73.9 por ciento del total de las desapariciones ocurrieron durante el sexenio de Enrique Peña Nieto. El desdén de la administración federal que recién concluyó, ante los menores de edad del país, se resume en un dato: nunca se le asignó presupuesto a un sistema de protección integral de la niñez que se creó en 2014.
Por tercera ocasión, el Estado mexicano reprueba el Examen Periódico Universal (EPU) en materia de protección a la infancia y las juventudes. Las cifras evidencian el abandono gubernamental para este sector de la población: más de 6 mil 300 menores se encuentran desaparecidos; más de 20 millones en la pobreza, y se realizaron 281 mil detenciones de niños migrantes no acompañados.
Organizaciones de la Sociedad Civil (OCS) se han encargado de documentar y exponer ante la Organización de las Naciones Unidas la grave crisis de violación a los derechos humanos que afecta a esta población en el país, una población mayor a los 39 millones, a través del Informe Colaborativo Examen Periódico Universal, México 2018.
Mónica Yerena, de enlace institucional de la organización Educando en los Derechos y la Solidaridad (Educadys), en entrevista con Contralínea comenta que las recomendaciones van enfocadas a la exigencia de que el Estado garantice un efectivo funcionamiento del Sistema Nacional de Protección Integral de Niñas, Niños y Adolescentes (Sipinna) –creado en 2014 con la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes–, sistema al que no se le ha asignado presupuesto público desde ese año.
Entre las recomendaciones hechas por las organizaciones se encuentra la de “diseñar una política pública en materia de protección que incorpore la perspectiva de derechos de la niñez. Además, “a lo largo de los siguientes 4 años, incorporar la perspectiva de derechos de las juventudes en el diseño e implementación de las políticas públicas, particularmente, en materia laboral y de acceso a la justicia en violaciones graves a los derechos humanos”.
Esta situación, también ha provocado que países miembros de la ONU emitan 34 recomendaciones a la administración saliente de Enrique Peña Nieto, como el Reino Unido que solicitó: “Tomar medidas para garantizar que los niños estén completamente protegidos contra los castigos corporales y otras formas de violencia o explotación”. Argelia: “Asegurar una mejor protección de los niños y adolescentes contra la violencia relacionada con el crimen organizado”. Filipinas: “Reforzar las medidas para proteger y brindar asistencia a las víctimas de la trata de personas”.
Carlos Ventura Callejas, coordinador del Centro de Derechos Humanos Fray Francisco de Vitoria, en entrevista con Contralínea explica que en el EPU los Estados parte tienen la posibilidad de hacer recomendaciones al Estado revisado sobre situaciones “preocupantes” y emitir recomendaciones para mejorar la situación de los derechos humanos. “Es un mecanismo de la sociedad civil organizada pero, en general, es para que toda la población pueda usarlo como un mecanismo internacional de exigibilidad de los derechos, y dar a conocer a la comunidad internacional los retos que tenemos como país”.

Pobreza, desaparición y homicidios

De acuerdo a la Encuesta Intercensal del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), 2015, en México habitan 39.2 millones de niñas, niños y adolescentes de 0 a 17, que representan el 32.8 por ciento de la población total en ese año (119 millones 530 mil 753 de personas).
En tanto, el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), en 2018, indica que la pobreza es uno de los problemas sociales más preocupantes. “Una de las razones por las cuales la atención a la pobreza infantil es prioritaria es porque existe un mayor número de probabilidad de que se vuelva permanente y sus consecuencias negativas e irreversibles en la niñez”. Según el organismo, más de 20.7 millones de menores viven en hogares que experimentan algún nivel de pobreza.
La defensora de derechos Humanos Mónica Yerena agrega que en México, ocho de cada 10 hogares indígenas se encuentran en pobreza. “¿Cómo se posibilita que un país pueda garantizar una vida y un desarrollo adecuado para la población?”, cuestiona.
Yerena indica que entre los puntos más preocupantes expuestos es el vivido en los últimos 2 sexenios y que ha incrementado las cifras en desapariciones: “esta lógica de enfrentar un conflicto a través de la llamada guerra contra el narcotráfico”.
En el contexto de las recomendaciones a México, en el marco del EPU, Argelia solicita al gobierno mexicano: “garantizar el acceso efectivo de todos los niños a la educación, en particular los niños migrantes e indígenas, y tomar medidas eficaces para combatir su exclusión del sistema educativo”.

Desapariciones, en aumento

Natalia lleva más de 2 semanas desaparecida. Se ha emitido la Alerta Amber a nivel nacional. Ella es una niña de 11 años que desapareció en la alcaldía de Gustavo A Madero, en la Ciudad de México. Fue vista por última vez el 7 de noviembre de 2018, “sin que hasta el momento se tengan noticias de su paradero. Se considera que la integridad de la menor se encuentra en riesgo toda vez que puede ser víctima de la comisión de un delito”, dice el reporte AAMX1070, del mecanismo de búsqueda.
Al respecto, el Registro Nacional de Personas Extraviadas o Desaparecidas registra 6 mil 330 menores de edad desaparecidos en el país, de las cuales 3 mil 675 son niñas y adolescentes. El informe colaborativo de las organizaciones, presentado para el EPU indica que el 73.9 por ciento de las desapariciones de infancia y adolescencia han ocurrido durante el mandato de Enrique Peña Nieto, “pues desde el 1 de diciembre de 2012 han desaparecido 4 mil 677 menores de edad”.
En tanto, en materia de homicidios, la Red por los Derechos de la Infancia en México (Redim) documenta que a la violencia en México ha provocado que diariamente desaparezcan cuatro niños y/o adolescentes mexicanos. En su Balance Anual 2017, silencios, vacíos y retrocesos en los derechos de la infancia en México, agrega que, otros tres son asesinatos ocurren diariamente.
 “La epidemia de niñez desaparecida, el crimen organizado y el escaso cumplimiento de la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes, se traducen en cifras desalentadoras que se transforman en retos a superar para el siguiente gobierno”, menciona el documento (Contralínea 578).
Tenemos que remover obstáculos para acceder a la justicia, la reparación, la atención de las víctimas y combatir la impunidad, dice Ventura Callejas, quien añade que “el cómo” es una de las grandes interrogantes que tienen las organizaciones, “dado que está en ciernes imaginar o concretizar un mecanismo efectivo para revertir la situación de crisis de derechos humanos. Se ha hablado de iniciar un proceso de verdad, justicia, reparación y no repetición, lo cual nos está colocando en un escenario de mucho trabajo directo con las víctimas.
“No hay una persona en México que alcance a entender la dimensión de la crisis con solamente pensar en las cifras que nos arrojan los registros, subregistros; se debe pensar en todas las personas que no denuncian por miedo”, dice el defensor del Centro de Derechos Humanos Fray Francisco de Vitoria.
En el contexto del EPU, Suiza recomendó a México: “Tomar medidas para garantizar que los niños estén totalmente protegidos contra el castigo corporal y otras formas de violencia o explotación”.
Luis Alberto Muñoz, de la Oficina de Defensoría de los Derechos de la Infancia (ODDI), agrega que en México se está pasando una situación grave de vulneración a derechos humanos en general, “tendríamos que partir de ese escenario. Sin embargo, el Estado tiene una obligación de protección especial para los niños, niñas y adolescentes, lo que hace que cuando se vulnera esta población sea todavía más grave. Este tipo de violaciones las vemos en todos los escenarios: desapariciones; homicidios y migrantes”.

Sistema vacío

El informe colaborativo también emite una serie de recomendaciones al Estado, respecto de la Ley creada para la protección de los menores, y para que se lleve a cabo el fortalecimiento Sipinna, a modo de que sean respetado este sector de la población:
“Asignar presupuesto progresivo a las diferentes estancias que conforman el Sipinna, niños y adolescentes, a nivel estatal y federal…
“Cumplir con la distribución de competencias asignadas en la Ley al Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia, a nivel municipal y estatal, referidas a proteger los derechos de la niñez, cuando estos son restringidos o vulnerados…
“Aumentar el conocimiento sobre la perspectiva de derechos de la niñez entre los actores sociales y los servidores públicos que conforman el Sipinna, en el nivel municipal, estatal y federal…
“Incentivar la participación de la sociedad civil y del Sipinna, a nivel federal, estatal y municipal, en la definición, instrumentación y evaluación de las políticas públicas destinadas a garantizar los derechos de la niñez, mediante la asignación de presupuesto y la creación de mecanismos trasversales y permanentes”.

Retos para el próximo gobierno

Mónica Yerena comenta que ante la llegada de una nueva administración, encabezada por Andrés Manuel López Obrador, en materia de derechos humanos uno de los primeros pasos que se tienen que dar es reconocer el estado en el que nos encontramos. Aceptar: “Nos encontramos en un contexto estructural de crisis profunda y necesitamos pasos profundos. Reconocer el lugar en el que han estado las personas que han enfrentado estas situaciones graves”.
Un segundo elemento que han compartido entre organizaciones, en el marco de lo que ha sido el EPU, “es esta falta de voluntad política, a pesar de tener un marco normativo, no tenemos una realidad que sea acorde con él.
“Cada cambio de gobierno es una oportunidad para repensar las estrategias, el enfoque, la forma en cómo la política pública se instrumenta, pero si se reconoce que el problema es un problema estructural de fondo, donde hay causas que no han sido atendidas, es ahí donde podría estar la clave entre tener un cambio real y no simplemente de nombres [de partidos políticos], colores y/o, nomenclaturas”, añade la defensora de los derechos de la infancia.
Érika Ramírez

6/14/2018

...primero los pobres

Jorge Eduardo Navarrete

Por el bien de todos, primero los pobres ha sido –aunque rara vez se recuerda– la proclama política mejor formulada de las tres campañas presidenciales del siglo XXI mexicano. Ahora, en la tercera, expresa con vigor la exigencia más imperativa e inaplazable que tiene ante sí la nación. En el cauce del combate simultáneo a la pobreza y la desigualdad confluirían y hallarían coherencia todos los elementos requeridos para conformar un nuevo rumbo de desarrollo.

En el último cuarto de siglo se han estancado los niveles de pobreza: el general en alrededor de la mitad y el de pobreza extrema en torno a un quinto de la población. Las dos variantes del proyecto neoliberal que han alternado el poder han sido incapaces de conjuntar las políticas económicas y sociales necesarias con la indispensable orientación redistributiva. A la pobreza persistente se ha sumado la abisal profundización de la desigualdad, debido sobre todo a las omisiones en materia impositiva y de salarios. Se ha inducido la tolerancia social de estos males. Se pretende que cada uno escape a las trampas de la desnutrición, la enfermedad y la ignorancia, sin establecer las condiciones sociales para que todos lo logren.

La política de salarios y, más integralmente, la de ingresos deberían ir al frente. Hay que cerrar las épocas de represión del salario y empeoramiento de la distribución funcional del ingreso. El mínimo debe alcanzar un monto acorde con su definición constitucional e inscribir el ingreso real de los asalariados en una dinámica ascendente. Se afirma que los salarios no deben fijarse por decreto pero se mantiene la práctica de contenerlos artificialmente por designio de política. Ahora que se exige en la renegociación del TLCAN, quizá se consiga que el nivel deprimido de remuneraciones deje de ser el mayor sostén de la competitividad externa. En el corto y mediano plazos no habría estímulo mejor al crecimiento que el proveniente de un aumento sostenido del poder de compra de la gente.
Otra de las cuestiones que se han agravado en lo que va del siglo es el desmedido aumento del sector informal de la economía. Absorbe ya a alrededor de 60 por ciento de la fuerza de trabajo, aunque su aporte al producto interno es desde luego inferior –sólo una cuarta parte. Los esfuerzos para formalizar a este vasto conjunto difícilmente tendrán éxito mientras no vayan en paralelo con mejoras perceptibles del ingreso y los niveles de vida. En materia de salarios e ingresos, hay que considerar esquemas de transferencias monetarias universales sin vínculo con el empleo formal. Garantizar a todos y en primer término a la población más vulnerable un ingreso que permita condiciones de vida tolerables, facilitaría la inserción en tareas productivas, con efecto positivo sobre el crecimiento.
Como Rolando Cordera Campos advirtió aquí este último domingo, los jóvenes son ahora uno de los segmentos más vulnerables. Fuera de las minorías privilegiadas, crecer en el México del siglo XXI significa enfrentar una sucesión de carencias e insuficiencias nutricionales, de salud, educativas y laborales que desembocan en resultados desoladores.
Según cifras reunidas por Gerardo Esquivel, entre 2008 y 2016, las mayores tasas de aumento de la pobreza correspondieron, después del grupo etario de 45 a 49 años, a los jóvenes (15 a 19) y a los adultos jóvenes (20 a 29), que suman 30.7 millones –dos quintos de la población. La pobreza aflige a prácticamente ocho de cada diez jóvenes sin escolaridad o con primaria incompleta; el doble de quienes concluyeron la secundaria o estudiaron más. Fueron también jóvenes las principales víctimas de la violencia: entre 2000 y 2016, el número mayor de homicidios se concentró desproporcionadamente en el grupo de edad de 25 a 29, seguido por el de 20 a 24. Ser joven equivale a enfrentar el más alto riesgo de ser víctima de la violencia.
Los fenómenos diferentes pero simultáneos de niveles de pobreza elevados y persistentes y de desigualdad de ingreso y oportunidades cada vez más aguda han cerrado en la práctica los canales de movilidad ascendente en la sociedad mexicana. Desigualdad en México 2018 (publicado por El Colegio de México) muestra que las oportunidades de avance social son menores y mayores los obstáculos a superar para las mujeres, los pobres y los indígenas; se enfrenta un escenario preocupante de baja movilidad social y precarización laboral (p 8).
En la campaña político-electoral que nos abruma, no se ha otorgado atención suficiente y sistemática –entre otras cuestiones urgentes e inaplazables– a las estrategias de combate de la pobreza y la desigualdad. En México, las campañas parecen servir para otra cosa. Es Andrés Manuel López Obrador –quien en su momento planteó la proclama señalada al principio– a quien cabría demandar llevarla a la práctica de gobierno.

2/25/2018

Sismo en Ñuu Tyendi: los pueblos mixtecos y afromexicanos del epicentro

Cristina V. Masferrer León*


Los daños causados por los sismos en pueblos mixtecos y afromexicanos también son consecuencia del descuido y menosprecio de autoridadesFoto La Jornada


Tenía la esperanza de que fuera de esos temblores casi imperceptibles que otras veces han activado la alerta sísmica en la Ciudad de México. Salí apresuradamente para ponerme a salvo y mientras los perros ladraban y la alarma sonaba, me decía mentalmente que sería un movimiento de baja intensidad. Todo empezó a moverse y, junto con el mareo, me invadió el temor de que se repitieran las pesadillas del 7 y del 19 de septiembre de 2017, pero en plena negación seguía repitiéndome que todo estaba bien, que no habría heridos, ni muertes, ni daños, ni siquiera grietas que lamentar.

Fue en Pinotepa Nacional, magnitud 7.2. Al escuchar esas palabras, mi corazón se pasmó y mi mente se ensordeció, como si me sumergiera en un denso mar de preocupación. La mitad de mi mundo y de mi alma se derrumbaron. No había señal de celular y los números fijos que marqué no lograban completar la conexión; la costa oaxaqueña estaba incomunicada. Conozco la región Costa Chica de Guerrero y Oaxaca gracias a mi trabajo como antropóloga porque se trata de la zona con mayor concentración de personas afromexicanas, quienes han convivido cotidianamente y durante siglos con personas indígenas, en particular ñuu savi (mixtecos), ñomndaa (amuzgos), me’phaa (tlapanecos) y kitse cha’tnio(chatinos), entre otros.

Apenas en septiembre aprendí a decir ni taan iku (ayer tembló) en mis clases de tu’un savi Ñuu Oko (idioma mixteco de Pinotepa) con el maestro Hermenegildo López Castro. Tenía la ingenua ilusión de no tener que pronunciarlas nunca. Prendimos la radio y los noticieros decían calmadamente que no había daños ni víctimas humanas… en la Ciudad de México. ¿Y el epicentro del sismo? –pensaba– ¿Y los pueblos originarios y afromexicanos de la costa de Oaxaca que habían sido sacudidos fuertemente? Poco a poco las noticias empezaron a llegar y se mencionaban las afectaciones de Pinotepa y Jamiltepec, dos ciudades que son centros económicos y políticos de gran importancia a escala regional.

El epicentro se identificó 11 kilómetros al sureste de Pinotepa Nacional, pero de acuerdo con algunas fuentes, la estación que detectó el sismo de manera más cercana fue la de Huazolotitlán. Son pocas las noticias que mencionan a Santa María Huazolotitlán, cabecera municipal, cuyo nombre en mixteco es Ñuu Tyendi. El municipio tiene 11 mil 400 habitantes, de los cuales 49.5 por ciento se autoadscriben como negros o afromexicanos, mientras 45.3 por ciento se reconocen como ñuu savi; además, 30.9 por ciento de los mayores de cinco años hablan el idioma mixteco u otra lengua originaria (Encuesta Intercensal del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, Inegi, 2015).

A cuentagotas, se restauró la comunicación con los pueblos mixtecos y afromexicanos del epicentro. Así supe que no había víctimas mortales ni personas heridas, con excepción de las ocasionadas por el helicóptero de Alejandro Murat y Alfonso Navarrete Prida que, aparentemente, sin protocolos de seguridad y ningún sentido de responsabilidad, aterrizó en la penumbra de una ciudad sin energía eléctrica. Estamos bien, sólo el susto, sigue temblando, pasamos la noche a oscuras y en el patio, seguimos sin luz, no hay heridos, pura gente asustada, me decían docentes, madres y padres de familia.

Las casas de lámina, de tejas, de adobe y algunas de cemento se vinieron abajo o se dañaron severamente; se cayeron las bardas; varios de los salones de las escuelas quedaron inutilizables; los hornos de pan se rajaron; en los panteones se abrieron las bóvedas; las iglesias se agrietaron y el palacio municipal corre el riesgo de desplomarse; hay derrumbes en carreteras y caminos; los centros de salud y hospitales de localidades cercanas tienen deterioros evidentes. Todo eso me narraban las personas con quienes logré comunicarme, entre ellos, la profesora Enedelia Zanábriga, Efrén Piña y Martín Alemán, quienes continúan evaluando la situación en el municipio.

Los daños materiales no se deben únicamente al movimiento telúrico. Cuando visité la zona en octubre del año pasado noté que muchas de las construcciones tenían grietas que revelaban daños estructurales. Si no fueron reparadas a tiempo por las personas de estos pueblos mixtecos y afromexicanos es porque les ha costado años de arduo trabajo edificarlas y no cuentan con recursos suficientes como para volverlas a erigir o reforzarlas. Son personas que trabajan, ¡y mucho!, pero las profundas condiciones de desigualdad de México se han asegurado durante siglos de obstaculizar su crecimiento económico.

En mi opinión, el estado en que se encontraban las construcciones también es muestra del menosprecio y el descuido de los gobiernos federales y estatales hacia los pueblos originarios y negros que incluso han dejado en el desamparo a los gobiernos y las agencias municipales, alimentando tensiones locales con desgastantes pugnas partidistas. Desde 1998 Oaxaca reconoce los derechos de los pueblos y comunidades indígenas y afromexicanos; sin embargo, 20 años después aún es pertinente preguntarnos cuál es el verdadero alcance de ello. ¿Es sólo un logro de papel o se traduce en acciones efectivas en favor de los pueblos originarios y afromexicanos? ¿Cuánto podría haberse evitado si el Estado hubiera tomado medidas preventivas?

17:39, 16 de febrero de 2018. Las placas tectónicas de Cocos y de Norteamérica se estremecen en Ñuu Tyendi, Huazolotitlán, como suplicando a todo México que dirija la mirada hacia los pueblos ñuu savi y afromexicanos del epicentro que históricamente han enfrentado condiciones de racismo, discriminación y desigualdad; los mismos que por más de cinco siglos han contribuido en términos económicos, sociales, culturales y políticos a construir lo que hoy es México. Con este sismo, las grietas [de temblores pasados] se hicieron más grandes y en algunos lugares están por todos lados, me escribió Juliana Acevedo (licenciada en derecho, madre y mujer negra de uno de estos pueblos). También se han hecho más grandes y evidentes las grietas de los sistemas que históricamente han negado y oprimido a los pueblos originarios y afrodescendientes de México. ¿Cuántos sismos más necesitamos para despertar?

* Profesora-investigadora de la Dirección de Etnología y Antropología Social del Instituto Nacional de Antropología e Historia (DEAS-INAH). Autora del libro Muleke, negritas y mulatillos. Niñez, familia y redes sociales de los esclavos de origen africano de la Ciudad de México (INAH, 2013) y de publicaciones sobre racismo y discriminación en México. Integrante de la Red de Investigación Interdisciplinaria sobre Identidades, Racismo y Xenofobia en América Latina y de Afrodescendencias en México AC

12/13/2017

Confirman muerte de cuatro niños y dos ancianos por hambre y frío en Chiapas

Falta de respeto, decir que 5 mil desplazados retornaron a sus casas; los caminos están cerrados


Al menos 3 mil personas procedentes de las comunidades fronterizas de Chenalhó están refugiadas en casas de familiares y amigos, y otras dos mil están dispersas en el monte, asegura el párroco de Chalchihuatán, Sebastián López López. En la imagen, desplazados de Tenejapa descansan en Tuxtla Gutiérrez

Adriana de Jesús Pérez Pérez nació el 29 de abril de 2015 en el paraje Pom, Chalchihuitán. Murió hace 11 días, el 30 de noviembre, de hambre y frío. Estaba desplazada, con su familia y cerca de 5 mil personas más, en la zona montañosa de los Altos de Chiapas. Sus padres son Martín Pérez Luna y Carmela Pérez Pérez.

Maura Pérez Luna era un poco menor. Nació el 11 de junio de 2016 y falleció a la intemperie, enferma y sin acceso a medicamentos, en calidad de desplazada de su lugar de origen, Canalumtik, el pasado 5 de diciembre. Su padre es Pedro Pérez Pérez.

Estos son los testimonios recabados por Nicodemo Aguilar Sánchez, vocero de los tzotziles desplazados de Chalchihuitán, Altos de Chiapas, quien informó además de la muerte de otros dos niños.Sus familias están muy dolidas y resentidas; no quieren proporcionarnos datos y no deseamos explicar los motivos por respeto a la conciencia de los padres del recién nacido, un niño del paraje Canalumtik, y otra niña de Chenmut.

Activista social de su comunidad y agente del consejo de seguridad del municipio de Chalchihuitán, Aguilar se reunió el domingo con estas dos familias en duelo por la muerte de las pequeñas niñas, desplazadas en el paraje Pom, en presencia de las autoridades del lugar. Los dos padres confirmaron los decesos de sus hijas. El mismo Martín Pérez, quien es diabético, está muy delicado de salud y sin acceso a atención médica, ya que la clínica de Chalchihuitán está cerrada por el bloqueo de carreteras.

Nicodemo también informó sobre el fallecimiento de dos ancianos en las mismas condiciones: Domingo Girón Luna, de 70 años, y Martín Girón Rodríguez, de 80, quienes no resistieron el clima y las condiciones de privación en los campamentos de desplazados.

El domingo, la Secretaría de Salud de Chiapas aseguró en un boletín de prensa queno tiene conocimientode esos decesos y que brigadas de la institución han otorgado casi 2 mil consultas médicas en las localidades de Canalumtic, Chen Mut, Pom, Tzomolton, Bejelton, Tulantic, Cruzton, Vololchojon y Cruz Cacal.

Esa fue la misma respuesta que ese día dio el secretario de Gobierno, Juan Carlos Aranda, a una delegación que acudió a Tuxtla Gutiérrez en representación de los desplazados, y que encabezó el presidente municipal de Chalchihuitán, Martín Gómez Pérez, acompañado por autoridades y el párroco de Simojovel, Marcelo Pérez. “Y pues sí –comentó al respecto el presbítero Pérez–, no tienen conocimiento de las muertes de niños ni de lo que pasa ahí porque no han ido hasta el fondo, porque cuando van no llegan hasta los parajes más remotos. Ahí es donde está pasando toda la tragedia”.

Estas familias forman parte de un grupo de al menos dos mil personas que siguen pernoctando en el monte, lejos de sus casas en las comunidades de Chalchihuitán colindantes con el municipio de Chenalhó. Aunque el gobierno del estado aseguró en un boletín informativo, emitido en Tuxtla Gutiérrez, que los más de 5 mil desplazados ya retornaron a sus hogares, Nicodemo Aguilar opina queesa afirmación es una falta de respeto, porque es falso. No ha habido retorno y los caminos de acceso a nuestros pueblos siguen cerrados.

El párroco de Chalchihuitán, Sebastián López López, confirmó lo anterior. Dijo que en la cabecera municipal, donde está su parroquia, al menos 3 mil personas procedentes de las comunidades fronterizas con Chenahló se encuentran refugiadas en casas de familiares y amigos. Otras 2 mil –aunque es muy difícil dar una cifra exacta– están dispersas en el monte.

El viernes, fallo sobre destino de 900 hectáreas en disputa

Comentó que la calma que se aprecia en la cabecera municipal es aparente.Aquí se han apagado las balaceras, pero no en las comunidades cercanas a Chenalhó. Estamos muy preocupados. No sabemos qué va a pasar mañana o pasado mañana.

El próximo viernes, el tribunal agrario debe dictar un fallo sobre el destino de 900 hectáreas que los dos municipios reclaman como propias desde hace 45 años, y que es el origen del actual conflicto.

López López explicó que la ayuda humanitaria que llega desde la capital estatal o de San Cristóbal se reparte desde su parroquia después de dar un largo rodeo por Simojovel, donde coordina la operación solidaria el párroco Marcelo Pérez.Lo que repartimos alcanza sólo para dos días, no más. La situación es muy crítica.

Patricia Muñoz Ríos

Periódico La Jornada
Miércoles 13 de diciembre de 2017, p. 15

El dirigente del Sindicato Nacional de Mineros, Napoleón Gómez Urrutia, dijo que espera que el próximo gobierno del país seaamigabley no enemigo de los trabajadores, con el que las organizaciones puedan tener mejor relación, que respete el estado de derecho y ofrezca condiciones y garantías para que puedan retornar él y su familia a México.

En videoconferencia desde Vancouver, Canadá, señaló que el comité ejecutivo del gremio a su cargo ya ha tenido acercamientos con algunos partidos políticos,excepto con el PAN.

Al hacer un balance de la organización durante el presente año, sostuvo que el promedio de incremento salarial obtenido por el gremio es de 12 por ciento, y que sólo llevó a cabo dos huelgas que se resolvieron favorablemente.

Sobre el proceso electoral en ciernes, comentó que ahora más que nunca es necesario razonar el voto en las próximas elecciones, para cambiar la situación del país, la desigualdad, los abusos y la represión contra los trabajadores. Por ello, dijo, como comité ejecutivo analizaránprofundamentequé candidatos merecen el apoyo, pero no dictarán línea a los mineros.

En 2018 van a cambiar las cosas, estoy seguro de que estaré de regreso. El relevo de gobierno tiene que propiciar una resolución de fondo a este conflicto, independientemente de lo que digan las empresas, me parecería muy tonto que un nuevo gobierno no hiciera caso al respeto a los derechos laborales y humanos, expuso Gómez Urrutia.

Confió en que llegará ungobierno amigo, con el que haya mejor relación, que respete el estado de derecho, la justicia, a la clase trabajadora y los derechos humanos. Van a vigilar qué candidatos reflejan mejor los intereses de la clase trabajadora para tomar una posición, advirtió.

Cuestionado en relación con qué partido cree que pueda garantizar mejor escenario para los empleados, y en particular para los mineros, dijo que su comité ha tenido acercamientos con algunos aspirantes, pero aún no han tenido una conversación formal con ninguna corriente.

También explicó que desde 2014, cuando ganó todas las demandas penales en su contra, pudo haber regresado al país, pero el gobierno federal no le ha querido dar garantías para ello y los abogados recomendaron esperar a que haya este escenario. Sobre todo porque esta administración tiene compromisos con empresas como Grupo México, Peñoles y Acerero de Norte, que son los principales atacantes del Sindicato Minero, destacó.

En otro tema, sostuvo que ha estado cercano a las negociaciones del Tratado de Libre Comercio (TLC) en Estados Unidos y Canadá, y que en esta mesa se ve un panorama muy difícil para México, pues ha funcionado la estrategia del gobierno de Donald Trump para presionar al nuestro y obtener mayores ventajas.

De esta forma, los negociadores mexicanos han empezado a ofrecer algunas concesiones, como en las industrias azucarera y manufacturera, con tal de conservar el acuerdo comercial.

La administración nacional está en una posición muy difícil, pues al igual que Canadá, somos dependientes de exportaciones a Estados Unidos, y nuestro país casi en 80 por ciento, por lo que tendría problemas si se cancela el tratado,como podría suceder, salvo que esté dispuesto a dar más concesiones, dijo.

Foto Óscar León
Blanche Petrich
Periódico La Jornada
Miércoles 13 de diciembre de 2017, p. 15

2/26/2017

Los niños #sicarios de una sociedad criminal



By José Reyez
Mataron, robaron, secuestraron. Son parte de una generación a la que se le cerraron todas las puertas, menos una: la de la violencia generalizada del país. Del seno del narcotráfico y de las pandillas, a las prisiones juveniles, donde siguen siendo víctimas, ahora de la violencia institucional, malos tratos y remota esperanza de rehabilitación.
 “Hablé con el comandante de la organización [Los Zetas] y le pedí trabajo. Me mandó a capacitarme durante 4 meses a Piedras Negras [Coahuila], en armas, tácticas militares, posiciones de tiro, ascenso y descenso de vehículos. Me tocó ir a reventar un rancho de otra organización, para apoderarnos de todo”, dice Carlos, adolescente que en Veracruz permaneció durante 2 años con el cártel más violento de México, convencido de que los miembros de esa organización criminal eran su familia, la que él se buscó y se ganó.
Más de 700 testimonios de adolescentes describen en forma sucinta pasajes de su historia criminal a su corta edad. Son hijos de la pobreza y la desigualdad social, la descomposición de un sistema de corrupción e impunidad, y de gobiernos incapaces de frenar el abismo cada vez más profundo en el que se sumerge este sector de la sociedad.
Para ellos asesinar, robar, vender drogas, vigilar, secuestrar, obedecer órdenes de grupos delictivos es reconocido como su “trabajo”, según sus propios relatos contenidos en el informe Adolescentes: vulnerabilidad y violencia, elaborado por el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS) en colaboración con la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) y publicado en enero de 2017. Son los relatos de las condiciones infrahumanas que han padecido niños de entre 14 y 17 años de edad, hoy privados de su libertad por delitos graves, contados en primera persona.
Son las historias de adolescentes reclutados por La Familia Michoacana, Los Caballeros Templarios, y por los cárteles del Golfo, Los Zetas, los Beltrán Leyva, de Sinaloa, de Jalisco Nueva Generación, de Tijuana, de los Cabrera, del Milenio, o bien, jóvenes que sin haber sido parte de estos grupos, cometieron secuestro, acopio y tráfico de armas, homicidio, entre otros ilícitos.
De los 13 mil 327 adolescentes privados de su libertad por delitos graves que hay en el país, el informe expone los resultados de una encuesta realizada entre 3 mil 327 de ellos, que representa 19 por ciento de la población total. Además de as encuentas, se realizaron 730 entrevistas. El 37 por ciento de niños y adolescentes dijo haber cometido homicidio; el 35 por ciento confesó haber pertenecido al crimen organizado; el 24 por ciento cometió robo con violencia; y el 13 por ciento, secuestro. De todos, el 70 por ciento admitió haber usado armas.
La coordinadora del estudio, Elena Azaola, doctora en antropología social y los especialistas Cristina Montaño, Fernando Figuera, Nallely Reyes y Lorena López, todos del CIESAS, encontraron que el 70 por ciento de los entrevistados son menores de 18 años de edad, muchos de ellos cuentan con apenas 15 años.
La encuesta fue realizada en 17 estados representativos de las regiones norte, centro y sur del país: Chihuahua, Durango, Sonora, Coahuila, Sinaloa, Baja California y Zacatecas; Puebla, Morelos, Hidalgo, Ciudad de México, Estado de México y Jalisco; y Oaxaca, Yucatán, Tabasco y Veracruz. Las entidades estudiadas en 2014, fueron: Coahuila, Sinaloa, Morelos e Hidalgo y en el resto de las entidades las entrevistas se llevaron a cabo durante 2016.
Con base en los relatos de los adolescentes acerca del delito que cometieron, los autores del informe distinguieron tres grupos de acuerdo a las modalidades de la conducta delictiva: narcotráfico, pandillas y delitos individuales. En esta primera entrega, se aborda el primer grupo: el de los vinculados al crimen organizado.

Delincuencia organizada

El informe especial del CIESAS-CNDH reproduce de manera textual los testimonios de los adolescentes involucrados en delitos graves, con nombres ficticios para proteger su identidad, quienes relatan el delito que cometieron, la tortura física y psicológica a la que fueron sometidos y los agravios y vulnerabilidades que padecieron antes de infringir la ley, durante su detención y en los centros de internamiento.
Pavel tiene 17 años. Lleva casi 2 internado en Guadalajara y le quedan poco más de 4 para cumplir con su sentencia. A los 12 años se enroló en el crimen organizado y decidió abandonar su casa cuando empezaron a buscarlo para darle piso (asesinarlo).
Relata: “Cuando me salí de la escuela unos vecinos me contactaron con policías y me llevaron con el grupo. A los 11 años me integré al cártel del Milenio y a los 12 me llevaron a vivir con ellos. El grupo lo integraban de seis a ocho personas, casi todas mayores de edad, y vivíamos en la misma casa. Mi trabajo consistía en levantar, secuestrar y ejecutar”.
A Pavel lo detuvo la policía ministerial: “Desde que me trasladaron, comenzaron a pegarme, y en la delegación me quitaron la ropa y me dieron toques con electricidad, patadas, me colocaron una la bolsa de plástico en la cabeza con agua, gas y chile piquín”.
Intentaron cortarle los dedos de las manos y con una punta debajo de la oreja le provocaron dolor hasta perder el conocimiento, que recobraba con chorros de agua y golpes. La tortura incesante perduró durante 10 días, hasta que, inconsciente, fue internado durante 1 mes en un hospital, donde permaneció más de un mes en  tratamiento de recuperación.
 “Vendía drogas y como me fue bien, me pasaron al área de secuestro; eran mis tareas como parte del cártel de Sinaloa”, relató Lisandro, con 20 años de edad, pero 2 de ellos preso y con 8 más por cumplir. Fue detenido muchas veces, desde adolescente, y de inmediato liberado: “en el grupo había ministeriales y municipales, operábamos libremente, bastaba con dar la clave”. Fue capturado junto con otros miembros del grupo en una casa de seguridad, donde “nos patearon, nos pusieron una bolsa de plástico en la cabeza y nos ahogaban en un bote con agua”. Lisandro recuerda que se desmayó varias veces durante los 6 días de tormento, antes de presentarlo ante el ministerio público.
Alexis, de 20 años, es originario de la Ciudad de México, lleva más de 2 años internado en el Estado de México, donde le quedan más de 3 años para quedar en libertad. Se vinculó con la Familia Michoacana desde los 12 años, cuando conoció al jefe de la plaza, quien “me integró a su grupo como vendedor de droga al menudeo y a los 14 años, como coordinador de escolta”. Cursó la secundaria en el sistema abierto, alternando sus tareas escolares con las de sicario. “Fui adiestrado por un militar que imponía un sistema similar al castrense, tanto en la disciplina como en la forma de otorgar premios y castigos”.
Sandra ingresó al cartel de Los Zetas, se inició como halcón, ascendió a jefa de un grupo de 53 halcones, lo que le valió para que “me pasaran al grupo encargado de secuestros, levantones y de ejecutar a los secuestrados, hasta que me agarraron cuando iba por un rescate”.
Heriberto trabajaba en el campo de Zacatecas, hoy también cuenta con 20 años de edad. Fue cooptado, de adolescente, por los Caballeros Templarios para vender drogas. Durante su estancia en el cartel, recuerda que ni la policía ni las Fuerzas Armadas interrumpieron sus labores delictivas. “Por eso nos sentíamos seguros”. Fue detenido por agentes ministeriales acusado de secuestro, quienes lo torturaron aplicándole toques eléctricos, golpes en el cuerpo, asfixia con una bolsa con chile piquín en la cabeza, y lo sumergían alternadamente en el agua.
El 16 por ciento de los niños y adolescentes que cometieron delitos, contaron que en su grupo participaban elementos que eran o había sido miembros de la policía o del Ejército. También dijeron que sus victimarios fueron invariablemente elementos de la Secretaría de la Defensa Nacional, de la Secretaría de Marina, la Policía Federal Preventiva y los policías de los estados de la república.
Un adolescente de Puebla cuyo nombre ficticio se omite en el informe, describió la forma agresiva en que fue detenido por la Policía Federal durante un operativo. Dijo que el comandante de Los Zetas salió corriendo, y él quedó a expensas de los policías federales. “Me vendaron y golpearon, hincado sobre un palo de escoba con una bolsa en la cabeza y la chicharra en la espalda”. Este joven acabó con la nariz rota. Fue presentado ante el ministerio púbico 4 días después de su detención, pero en su expediente quedó asentado que fue detenido el mismo día. “Me salí de los Zetas porque me di cuenta que, cuando hay madrazos, te dejan tirado”.
Los adolescentes de México muestran una creciente identificación con narcotraficantes y sicarios, por encima de otros modelos como empresario, profesor o miembro del Ejército, señala –en entrevista– el doctor en Ciencias Políticas por la Universidad Nacional Autónoma de México, José del Tronco Paganelli, quien realizó una investigación de la población juvenil.
El estudio se realizó entre agosto y noviembre de 2012 en los estados de Baja California, Chihuahua, Colima, Durando, el Estado de México, Guerrero, Tabasco y Tamaulipas, con los que se pretendió cubrir la diversidad demográfica y socioeconómica de México, encuestando a 1 mil 400 alumnos de escuela secundaria, de entre 13 y 15 años de edad.
Según los resultados, 26.3 por ciento de los jóvenes piensan que ellos mismos, sus amigos o personas de su edad les gustaría parecerse a narcotraficantes y sicarios. Después de estas figuras siguió el de empresario, con el 17 por ciento de preferencia, el 12.4 por ciento se inclinó por el profesor, 10.7 por ciento por el policía o militar, el 4.4 por ciento por funcionario de gobierno y el 1.4 por ciento por un migrante.

Pobreza y disfunción familiar

El informe especial Adolescentes: vulnerabilidad y violencia, destaca que la pobreza y la disfunción familiar figuran entre los múltiples factores que explican el comportamiento delictivo de los adolescentes, ya que 53 por ciento de la población total del país se encuentra en esta condición social, mientras que  la separación de los padres se observa en que el 29 por ciento de los hogares en México son encabezados por mujeres, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).
La deserción escolar es otro de los factores que tiene un impacto muy importante como antecedente de la conducta delictiva de los adolescentes, ya que mientras que en la población en general el ciento por ciento de los niños del país ingresaron a la escuela primaria en el último ciclo escolar (2015-2016), entre los 1 mil 327 adolescentes que cometieron infracciones graves, el 4 por ciento nunca fue a la escuela y 15 por ciento la abandonó antes concluir la enseñanza primaria.
Asimismo, en tanto que en la población en general del país el 76 por ciento de los adolescentes logran completar la secundaria, entre los adolescentes que cometieron infracciones graves sólo lo hicieron el 20 por ciento; y con respecto de la preparatoria, 36 por ciento de la población en general ha cursado algún grado de la preparatoria mientras que sólo 16 por ciento de los detenidos inició este ciclo escolar.
 “Dichos factores requieren del concurso de otros elementos como el bajo nivel de escolaridad de los padres, sus dificultades para supervisar, guiar y contener a los hijos, el abandono, el rechazo, la negligencia, la violencia, el abuso sexual, el consumo de sustancias y el contacto con grupos delictivos, para que, combinados, tengan un impacto en la conducta de los adolescentes”, asienta el documento.
El informe especial incluyó a subgrupos de adolescentes en situación de mayor desventaja y vulnerabilidad aun dentro del conjunto del resto de los infractores de la ley, como son los indígenas, las mujeres y los que son padres o madres que viven en cautiverio. Recoge los testimonios de adolescentes de los grupos étnicos Chatino, Chinanteco, Chol, Huichol, Maya, Mazateco, Mixe, Mixteco, Náhuatl, Otomí, Tarahumara, Trique, Tzeltal, Tzotzil, Zapoteco y Zoque.
Nicasio un chico de origen Zapoteco que se encuentra interno en Oaxaca. Ahora tiene 21 años. Lleva más de 2 recluido en el centro de internamiento y le quedan otros 3 años para cumplir con su sentencia. Nicasio fue acusado de violación tumultuaria por una compañera de la preparatoria que los invitó a beber y luego los acusó de haberla violado. Dice que sus compañeros de la preparatoria fueron una mala influencia para él pues lo invitaban a beber y a consumir drogas y, a pesar de que él ya tenía la responsabilidad de una familia, esto lo perjudicó pues él no participó en la violación de la compañera, pero se los llevaron a todos y no tomaron en cuenta su declaración.
En cuanto a las mujeres, el informe refiere que padecen mayor vulnerabilidad en relación con los varones, al considerar que es más frecuente que ellas hubieran sufrido agresiones sexuales en comparación con los varones y que ello las hubiera dejado expuestas a una situación más frágil y de mayor desprotección.
A sus 14 años en la secundaria Guadalupe consumía alcohol y drogas, y quedó embarazada de su novio. Se inició en la venta de drogas cerca de su casa, donde logró escapar en varias ocasiones de ser detenida por los militares. Ella fue acusada de homicidio. Era la jefa de un grupo de 17 jóvenes que levantaban y se enfrentaban con grupos rivales que invadían su territorio y que ejecutó a un militar al que confundieron como parte de un grupo antagónico, al que interrogaron y ejecutaron a pedradas por órdenes del jefe de plaza. Distribuía marihuana, cocaína y piedra.
Luego de asesinar al militar, Guadalupe huyó del lugar pero fue capturada por agentes ministeriales, quienes en los separos de la policía judicial la colgaron de los brazos, le aplicaron toques eléctricos y el frágil cuerpo de Guadalupe resintió los golpes con una tabla durante varios días. Inerme, fue entregada a los militares. Ya en el cuartel militar, entre amenazas violación, “me daban el ‘privilegio’ de elegir al que me iba a penetrar primero”. Sufrió de peores tormentos. Ahí se quebró y fue llevada de urgencia al hospital, donde a consecuencia de las torturas perdió a su bebé. Tenía 2 meses y medio de embarazo.
Asimismo, es más frecuente que las mujeres hubieran cometido delitos al tener que huir de sus casas por diferentes motivos y que cometan delitos impulsadas por el deseo de acompañar, apoyar, encubrir o complacer a sus parejas, actitud que es consistente con los patrones de conducta de género dominantes en la sociedad.
Un ejemplo de ello es el caso de Mitzi, quien  fue acusada de secuestro y delincuencia organizada. Relata que: “cuando estaba en la secundaria, conocí al papá de mi hijo. Como me fui a vivir sola, él llegaba conmigo y comenzamos a vivir juntos. Quedé embazada y poco después del nacimiento de mi hijo comenzaron los problemas. Mi expareja se robó a mi hijo y prometió que no lo encontraría”. Desesperada, pidió ayuda a la Familia Michoacana para encontrarlo. A cambio, le pidieron trabajar para ellos como halcón y después la obligaron a participar en secuestros.

Situación socioeconómica y laboral

Las familias de los adolescentes que cometieron delitos violentos se caracterizan por el autoempleo, los bajos salarios, la inestabilidad o falta de certeza en el empleo, largas jornadas y carencia de trabajo que les permitieran tener acceso a prestaciones, seguridad social y jubilación.
“No podemos dejar de cuestionar las políticas económicas que desde hace varias décadas han mantenido los salarios y su poder adquisitivo extremadamente bajos para la gran mayoría de la población, al punto de hacer imposible que, con dichas percepciones, las familias puedan tener una vida digna y satisfacer sus necesidades”, destacan los especialistas del CIESAS.

Las estadísticas de la vulnerabilidad adolescente

De acuerdo con los datos del Inegi, México cuenta, en números redondos, con 11 millones de adolescentes de 14 a 18 años. Representan, en 2015, cerca del 10 por ciento de la población total del país.
La población total de los adolescentes privados de su libertad en el país, en enero de 2016, era de 3 mil 761 adolescentes, de los que el 96 por ciento eran hombres y el 4 por ciento mujeres, de acuerdo con datos del Órgano Administrativo Desconcentrado de Prevención y Readaptación Social, de la Secretaría de Gobernación.
Los adolescentes son un grupo excluido que, de acuerdo con el informe Los Adolescentes que el país ha olvidado de la organización Save the Children de 2016, no se está beneficiando de los progresos en el desarrollo “y, por el contrario, la combinación tóxica de la pobreza y la discriminación, les está llevando a tomar una serie de decisiones que afecta de manera negativa sus oportunidades de desarrollo presente y futuro, así como el ejercicio pleno de sus derechos”.
Esta exclusión, señala el documento, está impidiendo que millones de adolescentes accedan a la salud, la educación, el empleo y la protección que requieren.

Pobreza

De acuerdo con el Informe sobre la Situación de la Infancia 2013, del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF, por su sigla en inglés), de los 39.4 millones de niñas, niños y adolescentes que vivían en el país en 2012, el 53.8 por ciento, es decir, 21.2 millones de menores, vivían en condiciones de pobreza.
Por su parte, el informe de Unicef y Coneval (2016) apunta que, en 2014, la población infantil y adolescente sufría con más frecuencia las experiencias de pobreza en relación con otros grupos de edad. Es decir, la proporción de personas de 0 a 17 años en pobreza, fue 12 puntos porcentuales más alto que en la población de 18 a 64 años, así como 8 puntos porcentuales mayor que en la población de 65 años o más.
Destaca que, en 2014, 54 por ciento de la población de 0 a 17 años carece de las condiciones mínimas para garantizar el ejercicio de uno o más de sus derechos sociales: educación, salud, seguridad social, vivienda de calidad y con servicios básicos y alimentación. Además, el ingreso de su hogar era insuficiente para satisfacer sus necesidades básicas.
Asimismo, advierte que la pobreza en la infancia y la adolescencia no se ha modificado entre 2010 y 2014 y no podrá bajar mientras no se incremente el ingreso de los hogares, ya que “existen procesos multifactoriales que afectan a la población infantil y adolescente y aumentan la probabilidad de reproducir la pobreza: hogares ampliados, con alta razón de dependencia económica, jefatura femenina, jefaturas con baja escolaridad, rurales e indígenas”.
El UNICEF y el Coneval destacan que, en 2014, el 11.5 por ciento de la población infantil y adolescente se encontraba en situación de pobreza extrema por carecer de tres o más de sus derechos sociales y ser parte de un hogar con un ingreso insuficiente para adquirir los alimentos necesarios a fin de disponer de los nutrientes esenciales.
Es más fácil reclutar a los jóvenes en condiciones de pobreza y exclusión, que a los beneficiados por una situación económica y social más favorable. Involucrarse en el narcotráfico, no obstante el riesgo, aparece como una oferta atractiva, no sólo por el dinero que se puede obtener, sino por el poder y el estatus, señala el documento Jóvenes y narcocultura, de la dirección de Prevención del Delito y Participación Ciudadana de la Secretaría de Seguridad Pública.

Educación

La escuela como institución ha perdido orientación respecto a qué es lo que hay que enseñar. Un ejemplo de ello es el cambio en el plan de estudios del nivel de educación secundaria en el que se suprimió la materia “formación cívica y ética” para volver a incorporarla después con menos espacio en el nuevo plan de estudios de ese nivel, indica el documento Jóvenes y narcocultura.
El Informe de Unicef de 2013 señala que, si bien la cobertura de la educación primaria para el ciclo escolar 2012-2013 fue del ciento por ciento, la de educación preescolar fue de 70.7 por ciento, la de educación secundaria del 82.4 por ciento y la media superior de 52.9 por ciento.
El informe de Save de Children 2016, por su parte, indica que sólo el 54 por ciento de los adolescentes mexicanos están inscritos en el sistema educativo, lo que constituye el promedio más bajo entre los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), y sólo el 76 por ciento de los adolescentes de 15 a 17 años cuenta con secundaria terminada.
Entre los adolescentes indígenas de 15 a 17 años de edad, sólo el 65 por ciento completó su educación secundaria, frente a 76 por ciento de los que viven en hogares no indígenas.
El informe de la OCDE, Panorama de la Educación 2013, señala que, de los 34 países que integran la organización, México cuenta con el mayor nivel de deserción escolar, especialmente adolescentes de entre 15 y 18 años. “Se trata de una deserción que no es temporal, ya que 40 por ciento de los jóvenes que desertan no regresan a la escuela y tampoco cuentan con un empleo”. La principal razón por la que desertan los adolescentes en el nivel medio-superior es la carencia económica de sus hogares (52 por ciento de los casos).
De acuerdo con la Encuesta Nacional de Deserción Escolar 2012, cada día al menos 1 mil 800 estudiantes de preparatoria abandonan la escuela, principalmente en el primer semestre. De hecho, el 60.8 por ciento de los desertores abandonan sus estudios en el primer año, el 6 por ciento en el segundo y 13.2 por ciento en el tercero.

Empleo

De acuerdo con el informe del UNICEF, tres millones de niños de entre 5 y 17 años trabajaban en 2013 y 39 por ciento de ellos no asistían a la escuela. Asimismo, la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo 2013, del Inegi, reportó que el 46 por ciento de los menores de edad que trabajan, lo hacen sin remuneración, principalmente en el sector agrícola.
La Encuesta sobre Juventud 2013, también del Inegi, indica que el 24.7 por ciento de los jóvenes mexicanos de 15 a 19 años no estudia ni trabaja, mientras que el promedio en los países de la OCDE es de 16 por ciento. Y entre los que trabajan, el 62.6 por ciento lo hace de manera informal y perciben entre uno y dos salarios mínimos.

Salud

Tanto el Unicef como la Coneval señalan que el 65 por ciento de los adolescentes carecen de protección social y el 20 por ciento no tienen acceso a servicios de salud.
De acuerdo con la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas del Instituto Nacional de Psiquiatría, de 2014, el 17 por ciento de los estudiantes de quinto y sexto año de primaria, ha probado el alcohol. En secundaria y bachillerato, el 53 por ciento de los estudiantes consume alcohol. En cuanto a la mariguana, la prevalencia de consumo es de 3 por ciento a los 12 años; 11 por ciento a los 14; 18 por ciento a los 16; y 29 por ciento a los 18 años.
La Encuesta señala que, en los últimos 23 años (de 1991 a 2014), el consumo de drogas ilícitas se duplicó entre la población de 10 a 18 años, al pasar del 8 al 17 por ciento. El incremento es más notable en el caso de las mujeres, pues pasó del 4 al 16 por ciento.

Se dispara la violencia en México

El estudio Violence and Criminal Justice in México and South Africa, de Elena Azaola y Gareth Newham (2016, en prensa), señala que las cifras del sector Salud, que son las que alimentan las Estadísticas de Mortalidad del Inegi, arrojan un total de 120 mil 237 muertes por homicidio durante el periodo del gobierno de Felipe Calderón 2006-2012, mientras que, en los tres primeros años del actual gobierno de Enrique Peña Nieto 2012-2015, sumaron ya más de 57 mil 500 (Inegi 2016).
Durante el periodo 2008-2015, México ha experimentado una grave crisis de seguridad que ha tenido un costo muy importante y lamentable con la pérdida de 178 mil vidas humanas, precisa el estudio.
 “Si bien nos referimos a una crisis de seguridad y de derechos humanos durante el periodo 2008-2015, en realidad los cuatro componentes de esta crisis, son: 1) la existencia de grupos delictivos con la capacidad para representar una amenaza para el estado; 2) la fragilidad o la incompetencia de las instituciones del estado para contenerlos; 3) la descomposición social que se manifiesta en el creciente número de personas capaces de cometer delitos y 4) la falta de controles eficaces frente a los abusos y la violación de derechos por parte de las instituciones del estado”, destaca.
Todos estos componentes, sostiene la doctora Elena Azaola, suponen la existencia de procesos sociales, económicos, políticos y culturales que se han ido construyendo a lo largo de décadas con los lamentables resultados que ahora conocemos. Bajo esta perspectiva, la “guerra” emprendida por el gobierno en contra del narcotráfico, habría sido sólo uno de los factores desencadenantes que propició la emergencia de una crisis que venía gestándose de tiempo atrás.

Detalla que la crisis de seguridad y derechos humanos que México enfrenta, persiste en el actual periodo de gobierno 2013-2018, ya que, a pesar de que el programa de gobierno no colocó como prioridad la de enfrentar a los grupos delictivos en los hechos, durante los 3 primeros años de este periodo se ha mantenido la política de privilegiar el uso de la fuerza y la militarización para combatir al crimen organizado.

 “No cabe duda que el indicador más lamentable de la crisis de seguridad que México ha experimentado en los últimos años es el incremento notable en el número de muertes por homicidio, que ronda los 178 mil habitantes y que rompió con la tendencia descendente que este fenómeno venía observando durante los 20 años previos a este periodo”.
José Réyez/Primera de cuatro partes
[BLOQUE: INVESTIGACIÓN][SECCIÓN: SOCIEDAD]
Contralínea 528 / del 26 de Febrero al 04 de Marzo 2017