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10/17/2018

Hay más niños que adultos pobres en México: OCDE

Necesario, estrategia nacional

Afecta carencia económica a 17% de la población general, pero a 20% de infantes


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▲ En la calle de Madero, en el Centro Histórico de la Ciudad de Mexico, el 25 de junio pasado.Foto Cristina Rodríguez

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México se ubicó entre los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) en los que prevalece un rango alto de pobreza infantil. La proporción de menores que vive en esa condición es mayor que la registrada para el total de la población, reveló un reporte de ese organismo difundido ayer.
Alrededor de 20 por ciento de la población infantil, esto es, uno de cada cinco niños, pertenece en México a familias de bajos ingresos y a menudo enfrentan riesgos de pobreza mayores que los demás grupos poblacionales, de acuerdo con la OCDE.
En México, el total de la población en pobreza, incluyendo niños y adultos, es de 17 por ciento, de acuerdo con información de la organización multinacional.
Para identificar a niños que viven en pobreza económica, la OCDE utiliza el criterio de personas de cero a 17 años con ingresos equivalentes, después de impuestos y transferencias –como programas sociales–, a menos de 50 por ciento del ingreso nacional promedio.
El ingreso promedio en México, según los criterios de ese organismo, es de 15 mil 314 dólares al año, aunque con un nivel de inequidad en el que 20 por ciento de la población más beneficiada tiene un ingreso 14 veces superior al del 20 por ciento menos favorecido.
En el reporte Niños pobres en países ricos: por qué necesitamos medidas de política, el organismo mencionó que en los países donde la pobreza infantil se encuentra por arriba del promedio de la OCDE, los niños suelen estar más expuestos a la pobreza económica que el total de la población. '
En México, la tasa de pobreza económica entre los niños es 7 puntos porcentuales más que el promedio de la OCDE, de 13 por ciento.
En el reporte, la OCDE consideró necesario que a escala nacional se ponga en práctica una estrategia integral de combate a la pobreza infantil.
Las prestaciones familiares y de vivienda pueden sacar a las familias de la pobreza si su ingreso no está desde un inicio demasiado lejos de la línea de pobreza. Si bien esas ayudas también mejoran la calidad de vida de las familias con los ingresos más bajos, su nivel no es lo bastante elevado para sacarlas por completo de la pobreza y atender todas las necesidades de los niños, indica el reporte.
Añade que atender esas necesidades requiere una amplia gama de políticas para mejorar la calidad del entorno en que viven las familias pobres, bien sea en términos de vivienda o para asegurar que se cubran todas sus necesidades básicas en términos de nutrición, vestido o acceso a recursos para estudios y actividades recreativas.

De la Redacción
 Periódico La Jornada

2/04/2018

A Marco Antonio lo torturaron y lo narcotizaron, aseguran sus familiares

Queremos que las autoridades detengan la campaña de desprestigio en su contra

Lo principal es que se investigue a los policías que lo detuvieron, señala el padre del estudiante


Pronto vas a regresar de donde estás, le dice Magnolia a su medio hermano Marco Antonio Sánchez Flores, de 17 años, internado en el Instituto Nacional de Pediatría, donde se recupera de las secuelas de la desaparición forzada que sufrió durante cinco días por parte de policías de la Secretaría de Seguridad Pública de Ciudad de México.
A mi hermano no sólo lo torturaron, sino también lo drogaron. Le metieron varias sustancias: metanfetaminas, taurina, una más que va en el solvente, además algo que traen los cigarros y otras drogas que le dieron ingeridas, porque no tiene piquetes de aguja, dice en entrevista con La Jornada.
Su padre, Marco Antonio Sánchez, ha pasado las noches con él en el hospital y afirma que desde ayer ya ingiere alimento y se comunica: “Papá, quiero ver a mi perro Pancho”, cuenta que le dijo de inmediato. Y añade: Mi hijo fue torturado y narcotizado, todavía está reponiéndose. Ya me reconoce, me dice Papá y me da mis besos, dice en entrevista.
El 23 de enero, mientras Marco Antonio, estudiante de la Preparatoria número 8 de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), tomaba fotos cerca de la estación del Metrobús El Rosario, fue perseguido, detenido y desaparecido, según testimonio de uno de sus compañeros que alcanzó a tomarle una foto, algo que después representó una prueba de su presunta desaparición forzada.
La presión y movilización social logró la recuperación de Marco Antonio, quien apareció deambulando en el fraccionamiento Álamos del municipio mexiquense de Melchor Ocampo, cinco días después.
“Su mamá le ha escuchado balbucear que fueron los policías quienes lo torturaron y lo intoxicaron; es obvio. Seguramente después de madrearlo lo drogaron y dijeron ‘que se lo cargue la fregada’, pero gracias a Dios le ayudó la condición física que tiene por el deporte que siempre ha practicado”, señala.
Cuadro clínico revelador
Después de su localización, las autoridades capitalinas lo trasladaron al Hospital Psiquiátrico Infantil, como una estrategia para desacreditarlo, pero ahí sólo estuvo unas horas y fue trasladado al Instituto Nacional de Pediatría, donde recientemente le realizaron una resonancia magnética, que ofreció información importante.
Le metieron una dosis muy fuerte de drogas, porque la inflamación en el cerebro no ha bajado. Al principio que lo internaron tuvo fiebre y convulsiones, todo producto de la desintoxicación, pero afortunadamente ya está mejor, dice su media hermana Magnolia, quien apenas ayer platicó con él.
Comenta que aún hay lagunas en la cuestión de los tiempos y la ropa diferente que traía al desaparecer y la que usaba cuando fue encontrado. Explica que un nuevo video demuestra que no estaba golpeado cuando andaba en Tlalnepantla: ¿Cómo le cambiaron la ropa, cómo aparece golpeado y sin un tenis?
Afirma que aún no está bien y que de repente canta en inglés: Ayer que lo puede escuchar me dio mucha tristeza. Lo que sí es cierto es que se avienta una canción completa en inglés; él habla muy bien ese idioma, daba clases a niños ahí por la casa. Y ahora le canta a las enfermeras. Ahora ya come y duerme mucho. Espero que pronto Marco Antonio pueda dar una declaración completa de lo que le hicieron.
Añade: Queremos que las autoridades detengan la campaña de desprestigio contra Marco Antonio y qué nos digan qué le hicieron, queremos saber por qué nos lo regresaron así, que se castigue a los culpables. Pedimos justicia.
Tortura y desaparición
La Jornada ha tenido acceso al expediente judicial. El abogado del estudiante Marco Antonio, Simón Hernández, del Instituto de Justicia Procesal Penal, afirma en entrevista que en lo que considera una desaparición forzada participan elementos de la policía de Ciudad de México y Tlalnepantla.
No está muy claro por qué aparece en Tlalnepantla; lo que sí sabemos es que quedó bajo custodia de agentes del Estado. Y lo más grave es que ninguna de las autoridades registró que lo tuvieron detenido. Si no existiera el testimonio de su amigo y el registro de video en el juzgado de Tlalnepantla, en realidad jamás hubieran reconocido que estuvo en custodia del Estado. Tenemos estas evidencias de su participación.
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Queremos que nos digan qué le hicieron, saber por qué nos lo regresaron así, señala Magnolia, media hermana de Marco AntonioFoto La Jornada
Hernández interpuso el amparo por el delito de desaparición forzada, con el número 102/2018-5, y dice que la práctica de varios estudios toxicológicos de orina y sangre ofrecieron un diagnóstico integral: Este es el elemento de carácter técnico que puede establecer que esas afectaciones que sufre se dieron en el periodo en el que fue detenido y desaparecido por los policías.
Añade: Cuando fue detenido, el martes, él tenía una condición normal como cualquier adolescente, y cuando apareció tenía graves afectaciones a su integridad física y personal. Y la Procuraduría General de Justicia capitalina tendrá que dar una explicación de por qué se encuentra en esta situación después de haber estado en custodia de agentes de Seguridad Pública.
Agrega que los hechos que conocen hasta ahora les proporciona la idea de que Marco Antonio sufrió tortura, que confirmará el Protocolo de Estambul: Hay muchos indicios razonables de que esto tiene como origen la participación de agentes del Estado. Y aquí intervienen también los mandos, sea por acción directa o por omisión. Exigimos que se investigue y el caso no se delimite a los responsables materiales y directos.
El litigante condena la desinformación, manipulación y difamación que las autoridades del Gobierno de Ciudad de México han hecho en torno al caso de Marco Antonio y la intencionalidad de apoyar a los policías implicados: Un adolescente desaparece a manos de agentes del Estado y aparece con secuelas muy graves, y lejos de que se investigue, el discurso y la narrativa oficial están más enfocados en la vida y el ámbito privado de un adolescente. Él era un muchacho normal, pero el mensaje que mandan es que la responsabilidad en este tipo de casos es de las víctimas.
La difamación
Indignado por la desinformación y difamación en torno a la vida de Marco Antonio, su papá Marco Antonio Sánchez considera que no se vale incriminar a un adolescente que ha sido víctima de desaparición forzada y tortura.
Lo principal es seguir pidiendo justicia, que ya se dejen de chismes, que se investigue a los policías. Mi hijo es un muchacho normal, es deportista, no consumía drogas. Si ellos lo están incriminando, entonces para qué huyeron. El que nada debe, nada teme. Uno de ellos se fue a su pueblo en Guerrero, además ahora resulta que las cámaras de la patrulla no servían.
Añade: No queremos que lo sigan incriminando, queremos que nos lo curen para poder llevárnoslo ya. Y que se aplique la justicia. Esto que le hicieron no debe quedar impune.
El padre condena la campaña de desinformación alentada por las propias autoridades del gobierno de Miguel Ángel Mancera, que grabó un video de los policías en las propias oficinas: No se vale que lo incriminen. No viene al caso. Ya le hicieron un mal terrible y encima ahora que lo incriminen. Lo ideal era que hubieran detenido a los policías inmediatamente, pero salió Mancera defendiéndolos. ¿Dónde está su lógica?
Agrega: Así como nosotros conocemos a nuestro hijo, lo sano que era, Mancera debe conocer a sus policías. Mi hijo era normal, nomás que ahora lo han hecho famoso. Nosotros no lo buscamos, nosotros no les dijimos que se lo llevaran. Mi hijo Marco Antonio no existía más que para nosotros y nuestra comunidad, y ahora se ha hecho tan famoso que esperamos que después pueda ayudar a muchos jóvenes, para que no les suceda lo que a él le pasó.
Comenta que Marco Antonio era un buen estudiante y excelente deportista, ya que corre, nada y es cinta negra de tae kwon do: Me ha dicho que quiera volver a hacer deporte. Me sonríe y dice que quiere ir a correr. Gracias a Dios está vivo, lo recuperamos, ya veremos lo demás. La verdad pondrá a cada quien en su lugar.

Sanjuana Martínez
Especial para La Jornada
Periódico La Jornada

10/16/2017

Ese cuerpo no te pertenece

Por Carolina Vásquez Araya

La experiencia más dura para una niña es ser violada y no recibir justicia ni protección.

La niña es violada por su padre desde los 8 años. Cumplirá 12 y ahora teme que su hermanita menor sufra la misma suerte. Una amiga de su madre, quien conoce el caso, en lugar de denunciar reúne a su grupo de oración para pedir la intercesión divina, quizá pensando que al fin y al cabo se trata de un asunto privado en el cual nadie más que la propia familia tiene derecho de actuar. O quizá esta mujer de verdad cree en los milagros y entonces ese y todos los papás, tíos, hermanos, maestros, sacerdotes, pastores, médicos y vecinos recibirán la iluminación divina y dejarán de abusar a sus hijas, sobrinas, hermanas, primas, alumnas o hijas de sus feligreses. Esta historia no es invento mío, me la ha compartido un lector horrorizado por el destino de esas víctimas inocentes.
Los embarazos en niñas y adolescentes menores de 14 años no son producto de una violación aislada, sino por lo general se producen por abuso sexual reiterado. Su enorme incidencia ya no permite continuar en el engaño de considerarlos casos aislados, sino producto de una norma tácita de conducta del sistema patriarcal, entre cuyos postulados figura una especie de permiso de propiedad de los cuerpos de las niñas y las mujeres. Esta actitud de desprecio viene desde el momento del nacimiento –el cual, además, en muchos casos genera frustración por ser niña y no varón ese nuevo miembro de la familia- y de manera automática esa nueva vida pasa a constituir parte del patrimonio, quedando sus derechos eliminados de la ecuación. Es de ese modo como una mayoría abrumadora de niñas termina en situación de marginación, utilizadas para labores domésticas, explotadas y discriminadas desde los primeros años de vida, en una posición de absoluta desigualdad.
Este “cuadro de costumbres” no es exclusivo de Guatemala ni de otros países de la región. El incesto y las violaciones sexuales perpetrados contra niñas desde sus primeros años de vida son algunas de las aberraciones cometidas de manera sostenida e impune dentro y fuera del seno familiar. Tampoco es una práctica propia de sectores pobres y con bajo nivel educativo, ya que estos delitos cruzan todos los grupos sociales sin distinción alguna. Si un día se rompieran los diques de esas mal llamada “privacidad” y hablaran las víctimas de incesto y violaciones durante sus años de niñez y adolescencia, estallaría un ensordecedor coro de voces.
Por supuesto, los violadores no atacan solo a sus hijas, también lo hacen con sus hijos desde muy temprana edad, indiferentes al daño físico y emocional provocado sobre ellos. Los resultados de esa violencia, pero sobre todo las consecuencias del silencio de quienes conocen los abusos y prefieren ignorarlos, representan una carga psicológica que durará toda la vida y tendrá impacto sobre cualquier relación futura de esos niños y niñas.
Mientras estos abusos suceden y se multiplican, los derechos de la niñez son ignorados por el Estado y por las instituciones cuyas responsabilidades tocan a este sector vulnerable de la población, como educación y salud. Las niñas embarazadas no solo no reciben una atención prioritaria, sino se las considera parte secundaria de la ecuación y se las obliga a mantener un embarazo por violencia y una maternidad no deseada, que acabará para siempre con sus esperanzas de desarrollo. Para ellas no solo no hay justicia, tampoco el respeto por su condición de niñas con derechos.
La ciudadanía tiene un papel protagónico en este escenario de enorme desigualdad por no denunciar los abusos, por encubrir el incesto –con lo cual lo propicia- y por evadir su responsabilidad en el ámbito de la protección integral de la niñez. Abstenerse de denunciar es participar de los crueles actos cometidos contra este sector tan desprotegido. Ya es hora de actuar.

Las niñas son desprotegidas desde la cuna y con el tiempo se convierten en un objeto a merced de quienes abusan de su integridad.
http://www.carolinavasquezaraya.com
elquintopatio@gmail.com

2/26/2017

Los niños #sicarios de una sociedad criminal



By José Reyez
Mataron, robaron, secuestraron. Son parte de una generación a la que se le cerraron todas las puertas, menos una: la de la violencia generalizada del país. Del seno del narcotráfico y de las pandillas, a las prisiones juveniles, donde siguen siendo víctimas, ahora de la violencia institucional, malos tratos y remota esperanza de rehabilitación.
 “Hablé con el comandante de la organización [Los Zetas] y le pedí trabajo. Me mandó a capacitarme durante 4 meses a Piedras Negras [Coahuila], en armas, tácticas militares, posiciones de tiro, ascenso y descenso de vehículos. Me tocó ir a reventar un rancho de otra organización, para apoderarnos de todo”, dice Carlos, adolescente que en Veracruz permaneció durante 2 años con el cártel más violento de México, convencido de que los miembros de esa organización criminal eran su familia, la que él se buscó y se ganó.
Más de 700 testimonios de adolescentes describen en forma sucinta pasajes de su historia criminal a su corta edad. Son hijos de la pobreza y la desigualdad social, la descomposición de un sistema de corrupción e impunidad, y de gobiernos incapaces de frenar el abismo cada vez más profundo en el que se sumerge este sector de la sociedad.
Para ellos asesinar, robar, vender drogas, vigilar, secuestrar, obedecer órdenes de grupos delictivos es reconocido como su “trabajo”, según sus propios relatos contenidos en el informe Adolescentes: vulnerabilidad y violencia, elaborado por el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS) en colaboración con la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) y publicado en enero de 2017. Son los relatos de las condiciones infrahumanas que han padecido niños de entre 14 y 17 años de edad, hoy privados de su libertad por delitos graves, contados en primera persona.
Son las historias de adolescentes reclutados por La Familia Michoacana, Los Caballeros Templarios, y por los cárteles del Golfo, Los Zetas, los Beltrán Leyva, de Sinaloa, de Jalisco Nueva Generación, de Tijuana, de los Cabrera, del Milenio, o bien, jóvenes que sin haber sido parte de estos grupos, cometieron secuestro, acopio y tráfico de armas, homicidio, entre otros ilícitos.
De los 13 mil 327 adolescentes privados de su libertad por delitos graves que hay en el país, el informe expone los resultados de una encuesta realizada entre 3 mil 327 de ellos, que representa 19 por ciento de la población total. Además de as encuentas, se realizaron 730 entrevistas. El 37 por ciento de niños y adolescentes dijo haber cometido homicidio; el 35 por ciento confesó haber pertenecido al crimen organizado; el 24 por ciento cometió robo con violencia; y el 13 por ciento, secuestro. De todos, el 70 por ciento admitió haber usado armas.
La coordinadora del estudio, Elena Azaola, doctora en antropología social y los especialistas Cristina Montaño, Fernando Figuera, Nallely Reyes y Lorena López, todos del CIESAS, encontraron que el 70 por ciento de los entrevistados son menores de 18 años de edad, muchos de ellos cuentan con apenas 15 años.
La encuesta fue realizada en 17 estados representativos de las regiones norte, centro y sur del país: Chihuahua, Durango, Sonora, Coahuila, Sinaloa, Baja California y Zacatecas; Puebla, Morelos, Hidalgo, Ciudad de México, Estado de México y Jalisco; y Oaxaca, Yucatán, Tabasco y Veracruz. Las entidades estudiadas en 2014, fueron: Coahuila, Sinaloa, Morelos e Hidalgo y en el resto de las entidades las entrevistas se llevaron a cabo durante 2016.
Con base en los relatos de los adolescentes acerca del delito que cometieron, los autores del informe distinguieron tres grupos de acuerdo a las modalidades de la conducta delictiva: narcotráfico, pandillas y delitos individuales. En esta primera entrega, se aborda el primer grupo: el de los vinculados al crimen organizado.

Delincuencia organizada

El informe especial del CIESAS-CNDH reproduce de manera textual los testimonios de los adolescentes involucrados en delitos graves, con nombres ficticios para proteger su identidad, quienes relatan el delito que cometieron, la tortura física y psicológica a la que fueron sometidos y los agravios y vulnerabilidades que padecieron antes de infringir la ley, durante su detención y en los centros de internamiento.
Pavel tiene 17 años. Lleva casi 2 internado en Guadalajara y le quedan poco más de 4 para cumplir con su sentencia. A los 12 años se enroló en el crimen organizado y decidió abandonar su casa cuando empezaron a buscarlo para darle piso (asesinarlo).
Relata: “Cuando me salí de la escuela unos vecinos me contactaron con policías y me llevaron con el grupo. A los 11 años me integré al cártel del Milenio y a los 12 me llevaron a vivir con ellos. El grupo lo integraban de seis a ocho personas, casi todas mayores de edad, y vivíamos en la misma casa. Mi trabajo consistía en levantar, secuestrar y ejecutar”.
A Pavel lo detuvo la policía ministerial: “Desde que me trasladaron, comenzaron a pegarme, y en la delegación me quitaron la ropa y me dieron toques con electricidad, patadas, me colocaron una la bolsa de plástico en la cabeza con agua, gas y chile piquín”.
Intentaron cortarle los dedos de las manos y con una punta debajo de la oreja le provocaron dolor hasta perder el conocimiento, que recobraba con chorros de agua y golpes. La tortura incesante perduró durante 10 días, hasta que, inconsciente, fue internado durante 1 mes en un hospital, donde permaneció más de un mes en  tratamiento de recuperación.
 “Vendía drogas y como me fue bien, me pasaron al área de secuestro; eran mis tareas como parte del cártel de Sinaloa”, relató Lisandro, con 20 años de edad, pero 2 de ellos preso y con 8 más por cumplir. Fue detenido muchas veces, desde adolescente, y de inmediato liberado: “en el grupo había ministeriales y municipales, operábamos libremente, bastaba con dar la clave”. Fue capturado junto con otros miembros del grupo en una casa de seguridad, donde “nos patearon, nos pusieron una bolsa de plástico en la cabeza y nos ahogaban en un bote con agua”. Lisandro recuerda que se desmayó varias veces durante los 6 días de tormento, antes de presentarlo ante el ministerio público.
Alexis, de 20 años, es originario de la Ciudad de México, lleva más de 2 años internado en el Estado de México, donde le quedan más de 3 años para quedar en libertad. Se vinculó con la Familia Michoacana desde los 12 años, cuando conoció al jefe de la plaza, quien “me integró a su grupo como vendedor de droga al menudeo y a los 14 años, como coordinador de escolta”. Cursó la secundaria en el sistema abierto, alternando sus tareas escolares con las de sicario. “Fui adiestrado por un militar que imponía un sistema similar al castrense, tanto en la disciplina como en la forma de otorgar premios y castigos”.
Sandra ingresó al cartel de Los Zetas, se inició como halcón, ascendió a jefa de un grupo de 53 halcones, lo que le valió para que “me pasaran al grupo encargado de secuestros, levantones y de ejecutar a los secuestrados, hasta que me agarraron cuando iba por un rescate”.
Heriberto trabajaba en el campo de Zacatecas, hoy también cuenta con 20 años de edad. Fue cooptado, de adolescente, por los Caballeros Templarios para vender drogas. Durante su estancia en el cartel, recuerda que ni la policía ni las Fuerzas Armadas interrumpieron sus labores delictivas. “Por eso nos sentíamos seguros”. Fue detenido por agentes ministeriales acusado de secuestro, quienes lo torturaron aplicándole toques eléctricos, golpes en el cuerpo, asfixia con una bolsa con chile piquín en la cabeza, y lo sumergían alternadamente en el agua.
El 16 por ciento de los niños y adolescentes que cometieron delitos, contaron que en su grupo participaban elementos que eran o había sido miembros de la policía o del Ejército. También dijeron que sus victimarios fueron invariablemente elementos de la Secretaría de la Defensa Nacional, de la Secretaría de Marina, la Policía Federal Preventiva y los policías de los estados de la república.
Un adolescente de Puebla cuyo nombre ficticio se omite en el informe, describió la forma agresiva en que fue detenido por la Policía Federal durante un operativo. Dijo que el comandante de Los Zetas salió corriendo, y él quedó a expensas de los policías federales. “Me vendaron y golpearon, hincado sobre un palo de escoba con una bolsa en la cabeza y la chicharra en la espalda”. Este joven acabó con la nariz rota. Fue presentado ante el ministerio púbico 4 días después de su detención, pero en su expediente quedó asentado que fue detenido el mismo día. “Me salí de los Zetas porque me di cuenta que, cuando hay madrazos, te dejan tirado”.
Los adolescentes de México muestran una creciente identificación con narcotraficantes y sicarios, por encima de otros modelos como empresario, profesor o miembro del Ejército, señala –en entrevista– el doctor en Ciencias Políticas por la Universidad Nacional Autónoma de México, José del Tronco Paganelli, quien realizó una investigación de la población juvenil.
El estudio se realizó entre agosto y noviembre de 2012 en los estados de Baja California, Chihuahua, Colima, Durando, el Estado de México, Guerrero, Tabasco y Tamaulipas, con los que se pretendió cubrir la diversidad demográfica y socioeconómica de México, encuestando a 1 mil 400 alumnos de escuela secundaria, de entre 13 y 15 años de edad.
Según los resultados, 26.3 por ciento de los jóvenes piensan que ellos mismos, sus amigos o personas de su edad les gustaría parecerse a narcotraficantes y sicarios. Después de estas figuras siguió el de empresario, con el 17 por ciento de preferencia, el 12.4 por ciento se inclinó por el profesor, 10.7 por ciento por el policía o militar, el 4.4 por ciento por funcionario de gobierno y el 1.4 por ciento por un migrante.

Pobreza y disfunción familiar

El informe especial Adolescentes: vulnerabilidad y violencia, destaca que la pobreza y la disfunción familiar figuran entre los múltiples factores que explican el comportamiento delictivo de los adolescentes, ya que 53 por ciento de la población total del país se encuentra en esta condición social, mientras que  la separación de los padres se observa en que el 29 por ciento de los hogares en México son encabezados por mujeres, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).
La deserción escolar es otro de los factores que tiene un impacto muy importante como antecedente de la conducta delictiva de los adolescentes, ya que mientras que en la población en general el ciento por ciento de los niños del país ingresaron a la escuela primaria en el último ciclo escolar (2015-2016), entre los 1 mil 327 adolescentes que cometieron infracciones graves, el 4 por ciento nunca fue a la escuela y 15 por ciento la abandonó antes concluir la enseñanza primaria.
Asimismo, en tanto que en la población en general del país el 76 por ciento de los adolescentes logran completar la secundaria, entre los adolescentes que cometieron infracciones graves sólo lo hicieron el 20 por ciento; y con respecto de la preparatoria, 36 por ciento de la población en general ha cursado algún grado de la preparatoria mientras que sólo 16 por ciento de los detenidos inició este ciclo escolar.
 “Dichos factores requieren del concurso de otros elementos como el bajo nivel de escolaridad de los padres, sus dificultades para supervisar, guiar y contener a los hijos, el abandono, el rechazo, la negligencia, la violencia, el abuso sexual, el consumo de sustancias y el contacto con grupos delictivos, para que, combinados, tengan un impacto en la conducta de los adolescentes”, asienta el documento.
El informe especial incluyó a subgrupos de adolescentes en situación de mayor desventaja y vulnerabilidad aun dentro del conjunto del resto de los infractores de la ley, como son los indígenas, las mujeres y los que son padres o madres que viven en cautiverio. Recoge los testimonios de adolescentes de los grupos étnicos Chatino, Chinanteco, Chol, Huichol, Maya, Mazateco, Mixe, Mixteco, Náhuatl, Otomí, Tarahumara, Trique, Tzeltal, Tzotzil, Zapoteco y Zoque.
Nicasio un chico de origen Zapoteco que se encuentra interno en Oaxaca. Ahora tiene 21 años. Lleva más de 2 recluido en el centro de internamiento y le quedan otros 3 años para cumplir con su sentencia. Nicasio fue acusado de violación tumultuaria por una compañera de la preparatoria que los invitó a beber y luego los acusó de haberla violado. Dice que sus compañeros de la preparatoria fueron una mala influencia para él pues lo invitaban a beber y a consumir drogas y, a pesar de que él ya tenía la responsabilidad de una familia, esto lo perjudicó pues él no participó en la violación de la compañera, pero se los llevaron a todos y no tomaron en cuenta su declaración.
En cuanto a las mujeres, el informe refiere que padecen mayor vulnerabilidad en relación con los varones, al considerar que es más frecuente que ellas hubieran sufrido agresiones sexuales en comparación con los varones y que ello las hubiera dejado expuestas a una situación más frágil y de mayor desprotección.
A sus 14 años en la secundaria Guadalupe consumía alcohol y drogas, y quedó embarazada de su novio. Se inició en la venta de drogas cerca de su casa, donde logró escapar en varias ocasiones de ser detenida por los militares. Ella fue acusada de homicidio. Era la jefa de un grupo de 17 jóvenes que levantaban y se enfrentaban con grupos rivales que invadían su territorio y que ejecutó a un militar al que confundieron como parte de un grupo antagónico, al que interrogaron y ejecutaron a pedradas por órdenes del jefe de plaza. Distribuía marihuana, cocaína y piedra.
Luego de asesinar al militar, Guadalupe huyó del lugar pero fue capturada por agentes ministeriales, quienes en los separos de la policía judicial la colgaron de los brazos, le aplicaron toques eléctricos y el frágil cuerpo de Guadalupe resintió los golpes con una tabla durante varios días. Inerme, fue entregada a los militares. Ya en el cuartel militar, entre amenazas violación, “me daban el ‘privilegio’ de elegir al que me iba a penetrar primero”. Sufrió de peores tormentos. Ahí se quebró y fue llevada de urgencia al hospital, donde a consecuencia de las torturas perdió a su bebé. Tenía 2 meses y medio de embarazo.
Asimismo, es más frecuente que las mujeres hubieran cometido delitos al tener que huir de sus casas por diferentes motivos y que cometan delitos impulsadas por el deseo de acompañar, apoyar, encubrir o complacer a sus parejas, actitud que es consistente con los patrones de conducta de género dominantes en la sociedad.
Un ejemplo de ello es el caso de Mitzi, quien  fue acusada de secuestro y delincuencia organizada. Relata que: “cuando estaba en la secundaria, conocí al papá de mi hijo. Como me fui a vivir sola, él llegaba conmigo y comenzamos a vivir juntos. Quedé embazada y poco después del nacimiento de mi hijo comenzaron los problemas. Mi expareja se robó a mi hijo y prometió que no lo encontraría”. Desesperada, pidió ayuda a la Familia Michoacana para encontrarlo. A cambio, le pidieron trabajar para ellos como halcón y después la obligaron a participar en secuestros.

Situación socioeconómica y laboral

Las familias de los adolescentes que cometieron delitos violentos se caracterizan por el autoempleo, los bajos salarios, la inestabilidad o falta de certeza en el empleo, largas jornadas y carencia de trabajo que les permitieran tener acceso a prestaciones, seguridad social y jubilación.
“No podemos dejar de cuestionar las políticas económicas que desde hace varias décadas han mantenido los salarios y su poder adquisitivo extremadamente bajos para la gran mayoría de la población, al punto de hacer imposible que, con dichas percepciones, las familias puedan tener una vida digna y satisfacer sus necesidades”, destacan los especialistas del CIESAS.

Las estadísticas de la vulnerabilidad adolescente

De acuerdo con los datos del Inegi, México cuenta, en números redondos, con 11 millones de adolescentes de 14 a 18 años. Representan, en 2015, cerca del 10 por ciento de la población total del país.
La población total de los adolescentes privados de su libertad en el país, en enero de 2016, era de 3 mil 761 adolescentes, de los que el 96 por ciento eran hombres y el 4 por ciento mujeres, de acuerdo con datos del Órgano Administrativo Desconcentrado de Prevención y Readaptación Social, de la Secretaría de Gobernación.
Los adolescentes son un grupo excluido que, de acuerdo con el informe Los Adolescentes que el país ha olvidado de la organización Save the Children de 2016, no se está beneficiando de los progresos en el desarrollo “y, por el contrario, la combinación tóxica de la pobreza y la discriminación, les está llevando a tomar una serie de decisiones que afecta de manera negativa sus oportunidades de desarrollo presente y futuro, así como el ejercicio pleno de sus derechos”.
Esta exclusión, señala el documento, está impidiendo que millones de adolescentes accedan a la salud, la educación, el empleo y la protección que requieren.

Pobreza

De acuerdo con el Informe sobre la Situación de la Infancia 2013, del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF, por su sigla en inglés), de los 39.4 millones de niñas, niños y adolescentes que vivían en el país en 2012, el 53.8 por ciento, es decir, 21.2 millones de menores, vivían en condiciones de pobreza.
Por su parte, el informe de Unicef y Coneval (2016) apunta que, en 2014, la población infantil y adolescente sufría con más frecuencia las experiencias de pobreza en relación con otros grupos de edad. Es decir, la proporción de personas de 0 a 17 años en pobreza, fue 12 puntos porcentuales más alto que en la población de 18 a 64 años, así como 8 puntos porcentuales mayor que en la población de 65 años o más.
Destaca que, en 2014, 54 por ciento de la población de 0 a 17 años carece de las condiciones mínimas para garantizar el ejercicio de uno o más de sus derechos sociales: educación, salud, seguridad social, vivienda de calidad y con servicios básicos y alimentación. Además, el ingreso de su hogar era insuficiente para satisfacer sus necesidades básicas.
Asimismo, advierte que la pobreza en la infancia y la adolescencia no se ha modificado entre 2010 y 2014 y no podrá bajar mientras no se incremente el ingreso de los hogares, ya que “existen procesos multifactoriales que afectan a la población infantil y adolescente y aumentan la probabilidad de reproducir la pobreza: hogares ampliados, con alta razón de dependencia económica, jefatura femenina, jefaturas con baja escolaridad, rurales e indígenas”.
El UNICEF y el Coneval destacan que, en 2014, el 11.5 por ciento de la población infantil y adolescente se encontraba en situación de pobreza extrema por carecer de tres o más de sus derechos sociales y ser parte de un hogar con un ingreso insuficiente para adquirir los alimentos necesarios a fin de disponer de los nutrientes esenciales.
Es más fácil reclutar a los jóvenes en condiciones de pobreza y exclusión, que a los beneficiados por una situación económica y social más favorable. Involucrarse en el narcotráfico, no obstante el riesgo, aparece como una oferta atractiva, no sólo por el dinero que se puede obtener, sino por el poder y el estatus, señala el documento Jóvenes y narcocultura, de la dirección de Prevención del Delito y Participación Ciudadana de la Secretaría de Seguridad Pública.

Educación

La escuela como institución ha perdido orientación respecto a qué es lo que hay que enseñar. Un ejemplo de ello es el cambio en el plan de estudios del nivel de educación secundaria en el que se suprimió la materia “formación cívica y ética” para volver a incorporarla después con menos espacio en el nuevo plan de estudios de ese nivel, indica el documento Jóvenes y narcocultura.
El Informe de Unicef de 2013 señala que, si bien la cobertura de la educación primaria para el ciclo escolar 2012-2013 fue del ciento por ciento, la de educación preescolar fue de 70.7 por ciento, la de educación secundaria del 82.4 por ciento y la media superior de 52.9 por ciento.
El informe de Save de Children 2016, por su parte, indica que sólo el 54 por ciento de los adolescentes mexicanos están inscritos en el sistema educativo, lo que constituye el promedio más bajo entre los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), y sólo el 76 por ciento de los adolescentes de 15 a 17 años cuenta con secundaria terminada.
Entre los adolescentes indígenas de 15 a 17 años de edad, sólo el 65 por ciento completó su educación secundaria, frente a 76 por ciento de los que viven en hogares no indígenas.
El informe de la OCDE, Panorama de la Educación 2013, señala que, de los 34 países que integran la organización, México cuenta con el mayor nivel de deserción escolar, especialmente adolescentes de entre 15 y 18 años. “Se trata de una deserción que no es temporal, ya que 40 por ciento de los jóvenes que desertan no regresan a la escuela y tampoco cuentan con un empleo”. La principal razón por la que desertan los adolescentes en el nivel medio-superior es la carencia económica de sus hogares (52 por ciento de los casos).
De acuerdo con la Encuesta Nacional de Deserción Escolar 2012, cada día al menos 1 mil 800 estudiantes de preparatoria abandonan la escuela, principalmente en el primer semestre. De hecho, el 60.8 por ciento de los desertores abandonan sus estudios en el primer año, el 6 por ciento en el segundo y 13.2 por ciento en el tercero.

Empleo

De acuerdo con el informe del UNICEF, tres millones de niños de entre 5 y 17 años trabajaban en 2013 y 39 por ciento de ellos no asistían a la escuela. Asimismo, la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo 2013, del Inegi, reportó que el 46 por ciento de los menores de edad que trabajan, lo hacen sin remuneración, principalmente en el sector agrícola.
La Encuesta sobre Juventud 2013, también del Inegi, indica que el 24.7 por ciento de los jóvenes mexicanos de 15 a 19 años no estudia ni trabaja, mientras que el promedio en los países de la OCDE es de 16 por ciento. Y entre los que trabajan, el 62.6 por ciento lo hace de manera informal y perciben entre uno y dos salarios mínimos.

Salud

Tanto el Unicef como la Coneval señalan que el 65 por ciento de los adolescentes carecen de protección social y el 20 por ciento no tienen acceso a servicios de salud.
De acuerdo con la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas del Instituto Nacional de Psiquiatría, de 2014, el 17 por ciento de los estudiantes de quinto y sexto año de primaria, ha probado el alcohol. En secundaria y bachillerato, el 53 por ciento de los estudiantes consume alcohol. En cuanto a la mariguana, la prevalencia de consumo es de 3 por ciento a los 12 años; 11 por ciento a los 14; 18 por ciento a los 16; y 29 por ciento a los 18 años.
La Encuesta señala que, en los últimos 23 años (de 1991 a 2014), el consumo de drogas ilícitas se duplicó entre la población de 10 a 18 años, al pasar del 8 al 17 por ciento. El incremento es más notable en el caso de las mujeres, pues pasó del 4 al 16 por ciento.

Se dispara la violencia en México

El estudio Violence and Criminal Justice in México and South Africa, de Elena Azaola y Gareth Newham (2016, en prensa), señala que las cifras del sector Salud, que son las que alimentan las Estadísticas de Mortalidad del Inegi, arrojan un total de 120 mil 237 muertes por homicidio durante el periodo del gobierno de Felipe Calderón 2006-2012, mientras que, en los tres primeros años del actual gobierno de Enrique Peña Nieto 2012-2015, sumaron ya más de 57 mil 500 (Inegi 2016).
Durante el periodo 2008-2015, México ha experimentado una grave crisis de seguridad que ha tenido un costo muy importante y lamentable con la pérdida de 178 mil vidas humanas, precisa el estudio.
 “Si bien nos referimos a una crisis de seguridad y de derechos humanos durante el periodo 2008-2015, en realidad los cuatro componentes de esta crisis, son: 1) la existencia de grupos delictivos con la capacidad para representar una amenaza para el estado; 2) la fragilidad o la incompetencia de las instituciones del estado para contenerlos; 3) la descomposición social que se manifiesta en el creciente número de personas capaces de cometer delitos y 4) la falta de controles eficaces frente a los abusos y la violación de derechos por parte de las instituciones del estado”, destaca.
Todos estos componentes, sostiene la doctora Elena Azaola, suponen la existencia de procesos sociales, económicos, políticos y culturales que se han ido construyendo a lo largo de décadas con los lamentables resultados que ahora conocemos. Bajo esta perspectiva, la “guerra” emprendida por el gobierno en contra del narcotráfico, habría sido sólo uno de los factores desencadenantes que propició la emergencia de una crisis que venía gestándose de tiempo atrás.

Detalla que la crisis de seguridad y derechos humanos que México enfrenta, persiste en el actual periodo de gobierno 2013-2018, ya que, a pesar de que el programa de gobierno no colocó como prioridad la de enfrentar a los grupos delictivos en los hechos, durante los 3 primeros años de este periodo se ha mantenido la política de privilegiar el uso de la fuerza y la militarización para combatir al crimen organizado.

 “No cabe duda que el indicador más lamentable de la crisis de seguridad que México ha experimentado en los últimos años es el incremento notable en el número de muertes por homicidio, que ronda los 178 mil habitantes y que rompió con la tendencia descendente que este fenómeno venía observando durante los 20 años previos a este periodo”.
José Réyez/Primera de cuatro partes
[BLOQUE: INVESTIGACIÓN][SECCIÓN: SOCIEDAD]
Contralínea 528 / del 26 de Febrero al 04 de Marzo 2017

5/13/2015

Explotación por parte de autoridades y patrones han provocado la muerte de 32 niños en campos agrícolas


    por:  / 13 mayo, 2015

(13 de mayo, 2015. Revolución TRESPUNTOCERO).- David Salgado Aranda era originario de la comunidad Nahua de Ayotzinapa, municipio de Tlapa, tenía 8 años de edad cuando murió en un surco, atropellado por un tractor, mientras cortaba tomates en el campo de Santa Lucia, perteneciente a la Agrícola Paredes, ubicada en la Sindicatura de Costa Rica en Culiacán, Sinaloa. El pequeño había migrado junto con sus padres y hermanos a la región, como forma de manutención, un mes después murió.
Timoteo Ventura Pastrana a sus cuatro años de edad perdió su brazo en un accidente que provocó uno de los trabajadores del rancho El Carmen, ubicado en el municipio de Cd. Jiménez, en el estado de Chihuahua, a donde sus padres migraron y se enrolaron como jornaleros en el corte de chile jalapeño. El menor se encontraba dentro de dicho campo agrícola, junto con su familia, quienes se encontraban alrededor de una pila con agua, repentinamente Daniel Chacón Chávez de 17 años, chofer de una de las camionetas que traslada a los jornaleros a las galeras donde viven, encendió el motor, aceleró en reversa y se fue a impactar contra el estanque, y entre éste y el vehículo quedó prensado el brazo de Timoteo. Los empresarios se negaron a brindar una atención médica pronta al niño. En el hospital de Chihuahua no le pudieron salvar el brazo.
Según cifras de María Méndez, asistente del Programa de Protección a la Infancia de (UNICEF) en México, “en los últimos 5 años se identificó 30,553 niños y niñas de seis a 14 años, hijos de jornaleros agrícolas migrantes, en 13 estados del país. De estos menores, 18,628 no asistían a la escuela porque tenían que ayudar a sus padres en la recolección”.
Marcial Solano González, originario de la comunidad de Santa María Tonaya, municipio de Tlapa, tenía 11 meses de edad cuando murió de una enfermedad diarreica dentro del campo Isabelitas, que pertenece a Agrícola del Valle, en el municipio de Villa Juárez, Sinaloa. Su muerte se debió a la falta de atención médica de calidad en el Hospital General de esa entidad, en donde se supone que están afiliados por parte de la empresa y deben ser tratados igual que el resto de los derechohabientes de ese estado.  Marcial había sido llevado por su madre Cecilia González Mauricio a Sinaloa, en donde se empleó como jornalera ante la falta de trabajo en Guerrero. Su caso además de evidenciar la negligencia médica del hospital, también mostró la forma autoritaria en que actúan los empresarios de ese estado pues se negaron a apoyar a Cecilia para trasladar el cuerpo de su hijo, más bien fue obligada a sepultarlo en el panteón de la Sindicatura de Costa Rica de aquella entidad.
Un sinnúmero de historias que dan muestra de la realidad de los menores jornaleros terminan en muerte. De enero de 2007 a abril de 2015, el Centro de Derechos Humanos de la Montaña ‘Tlachinollan’ (CDHM) ha documentado la muerte de al menos 39 infantes y 2 adolescentes, que han fallecido en los campos agrícolas debido a accidentes por riesgo de trabajo, al ser atropellados por camiones recolectores o por las camionetas que circulan dentro de los campos agrícolas, asimismo se suma a la falta de atención o negligencia médica: accidentes durante sus traslados del campo a sus viviendas; por picaduras de animales ponzoñosos; por desnutrición, y partos prematuros que no recibieron atención médica oportuna.
De estos, 26 eran niños, 13 niñas y 2 adolescentes, que han fallecido en diferentes campos agrícolas de estados como Sinaloa, Sonora, Zacatecas, Guanajuato, Chihuahua, Michoacán, Jalisco, San Luis Potosí e Izúcar de Matamoros (Puebla) durante su trayecto a su lugar de origen.

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A pesar de que estándares internacionales establecidos por la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CoIDH), proponen criterios de reparación del daño ‘verdaderamente restitutorios’, la realidad es contraria, como muestra se encuentran el número de casos que el Centro da a conocer, en donde las familias jornaleras agrícolas no obtienen justicia alguna. Ya que estos criterios son invisibles y comprueban las prácticas cotidianas en las que incurren los patrones, y en ocasiones “en complicidad con las autoridades, para que se deslinden de toda responsabilidad social y legal evitando cumplir con sus obligaciones”, remarca el CDHM.
El caso de David presentó diversas irregularidades, pues en el acta de defunción que se le entregó a la familia, aparece que la causa de su muerte fue por traumatismo cráneo encefálico, y que los hechos acontecieron en la vía pública. Lo que deslinda de cualquier responsabilidad a la empresa; a pesar de que se abrió la averiguación previa CLN/COSRI/04/07 en Culiacán, Sinaloa, para fincar responsabilidades, ya que falleció ejerciendo la labor de jornalero.
“Si es casi imposible respetar los derechos de los adultos, en este caso de niños jornaleros no existen, son invisibles para el gobierno, la problemática la ha visto como un tema de asistencia social para adultos, y aún así sin un verdadero compromiso, tampoco existe tal por parte de las autoridades inmediatas. Lo que refleja los vacíos que hay dentro de la política pública”, afirma Margarita Nemecio, coordinadora del área de migrantes del Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan.
Y agrega “los vacíos gubernamentales, económicos, políticos, de carácter humano, que se encuentran en la problemática de menores jornaleros, al final derivan en una violación sistemática de derechos humanos que deberían ser fundamentales, sin embargo no solamente son pasados por alto, también desconocidos por el gobierno, producto de esto siguen habiendo entidades donde contratan a niños en la clandestinidad, donde su nivel de riesgo es muy severo y finalmente llega la muerte”.
Además, Nemecio asegura que “resulta terrible observar que ninguna dependencia de gobierno, relacionada con el trabajo agrícola, mantiene vigiladas las zonas de trabajo, tampoco conocen si los contratistas tienen en regla sus operaciones o mecanismos de seguridad, mucho menos se han conformado comisiones para vigilar las condiciones de los trabajadores asalariados en el sector y sobre el problema de la infancia trabajadora que no adquiere remuneración, nadie sabe absolutamente nada”.
Mario Félix Martínez tenía 9 años de edad cuando perdió la vida al ahogarse en un estanque del campo agrícola Patole, de la Agrícola Exportalizas Mexicanas, municipio de San Ignacio, Sinaloa. De acuerdo con el certificado de defunción, la causa fue asfixia por inmersión. El día del suceso el menor regresaría a su comunidad de origen después de haber laborado en el corte de pepino, chile y jitomate, sin embargo, su cuerpo sin vida fue encontrado en un estanque y lamentablemente por la falta de apoyo de la empresa para facilitar y agilizar el traslado del cuerpo, los familiares tuvieron que sepultarlo en el cementerio que se ubica en Dimas, Sinaloa.
“Cuando se ha llegado hablar de la erradicación del trabajo infantil agrícola, solamente se ha supervisado algunos campos y se hacen inspecciones ‘ligeras’, en otros la inspección es aleatoria, y cuando logran encontrar delito, todo se reduce a una suspensión, cuando se habla de multas, son económicas y administrativas, las cuales no son suficientes, porque el marco jurídico que debería de regular este tipo de sanciones, debe ser realmente rígido, ya que ahora solamente finge sancionar, pero no llega a ser un castigo que se encuentre dentro del estándar mínimo de derechos humanos. Así es como se ‘soluciona’ lo inmediato, pero no se regula nada en lo absoluto a largo plazo, es así como la siguiente temporada en ese campo, de ese empresario, la niñez volverá a vivir en el desamparo”, sentencia Nemecio.
Según el Centro de Derechos Humanos de la Montaña ‘Tlachinollan’, el trabajo agrícola se extiende hasta las 6 o 7 de la noche, o incluso más tiempo, si se trabaja a destajo o por tareas, situación generalizada actualmente. Tras la jornada, regresan junto con su familia a las “cuarterías”, cuya característica principal de esta vivienda, es que se encuentra en obra negra y son rentadas por los dueños de los campos en mil y mil 500 pesos mensuales. Los que tienen mayor costo brindan servicios de agua y luz.
En algunos campos agrícolas, los menores jornaleros que tienen menos de 15 años, mantienen una actividad laboral que no está sujeta a un salario como el de los adultos, es decir, que ellos tienen que recolectar el producto e integrarlo al de sus padres o de algún familiar o conocido, para que de esta forma se le retribuya económicamente. Su actividad es un complemento del salario que perciben los adultos.
Según el CDHM  “en los últimos años con las estrategias productivas y de administración laboral de los empleadores, se ha hecho uso extensivo de la mano de obra infantil. Es así como la problemática del trabajo en el caso de menores va en aumento, sin embargo, las políticas públicas impulsadas por el actual gobierno parecen concebir que el problema se resuelve prohibiendo el ingreso de los menores a los campos, sin querer entender que solamente se dará un verdadero paso hacia la solución cuando el salario de los padres de esos menores sea bien remunerado, en la medida en que se amplíe la red de estancias infantiles y escuelas, y se otorguen mejores condiciones laborales a sus padres, de lo contrario, dicha prohibición sólo provoca que el trabajo infantil se traslade a los campos que están en la clandestinidad”.
“La vida no tiene precio, pero estas monstruosas y atroces situaciones de muerte de niños deberían ser indemnizadas, con mayor razón cuando los jornaleros agrícolas deben recibir una ayuda justa por parte de las empresas agrícolas o agricultores, es el mínimo de justicia social a la cual deberían tener acceso, pero sobre todo, los responsables de la muerte de menores y adolescentes no deberían permanecer en la impunidad, como hasta ahora sucede con el respaldo de todas las autoridades involucradas, incluyendo al presidente”, afirma la socióloga Tania Vázquez.
Son las 4:42 de la mañana, Pedro ha despertado 12 minutos tarde, su madre lo apresura, deben estar en el campo antes de las cinco. Por falta de un trabajo estable, la mamá del niño decidió salir de su comunidad hace unos años con sus cuatro hijos.
Han estado en varios campos agrícolas, Pedro de 10 años es quien ayuda a su madre en el corte de tomates. Él los amontona y ella los junta en la cubeta. El menor ha querido seguir estudiando, era el mejor de su clase, pero “si estudio, juego o me quedo en casa, mi madre se cansaría más, no podría trabajar y no tendríamos qué comer, tampoco a dónde ir”, comenta el niño.
La madre de Pedro casi no habla el español, tiene una lengua indígena, pero el menor le enseña algunas frases, ella dice, “no hubiera querido que dejara la escuela, su futuro no debería ser el de un jornalero, pero el precio de la vida está difícil, conforme han pasado los años, comemos cada vez menos y trabajamos cada vez más, esa es la historia del pobre y qué más, nos tocó de este lado, del lado de la miseria”. 

4/17/2015

Niños y adolescentes como carne de presidio



Miguel Ángel Ferrer
Rebelión

Es antigua en México la propuesta de reducir la edad penal. Casi sobra decir que se trata de una idea proveniente de los sectores sociales más derechistas y retrógrados. Ya se sabe que entre esos grupos predomina la tendencia a combatir los efectos de un problema en vez de atender primordialmente las causas que le dan origen.

Esta propuesta reaccionaria no es, por supuesto, exclusiva de México. Ahora mismo (12-19 de abril) se está realizando en la ciudad de Doha, capital de Catar, el Décimo tercer Congreso de las Naciones Unidas sobre Prevención del Delito y Justicia Penal, uno de cuyos temas es precisamente la discusión de la posibilidad y conveniencia de la reducción de la edad para proceder judicialmente contra los menores de edad infractores de la ley.

El carácter universal de esa reunión da cuenta de lo extendido y creciente del problema de la delincuencia juvenil e incluso infantil. Pero también documenta la tendencia planetaria a enfrentar el asunto desde el punto de vista de los efectos, y de la ausencia o escaso peso de la investigación de sus causas. E igualmente descubre la persistencia histórica de la ideología del castigo, del ojo por ojo y del diente por diente, del que la hace la paga.

Atacar los efectos, ciertamente, es más fácil, aunque casi siempre sea inútil y hasta contraproducente. Es claro que mandar a más adolescentes y a más niños a la cárcel no contribuye a eliminar o siquiera reducir significativamente el problema. Y más aún: contribuye indiscutiblemente a su incremento, habida cuenta de la experiencia universal e histórica que califica con razón a las prisiones como escuelas del crimen. Atacar las causas, en cambio, exige estudiar un fenómeno social sin duda complejo y multifacético. Y preguntarse por qué cada día es mayor el número de jóvenes o niños que delinquen.

¿Tiene que ver este continuado aumento con la imparable urbanización del planeta? ¿Es fruto de la bien documentada creciente desigualdad social? ¿De un incremento de la cifra de niños y jóvenes que carecen de medios de vida o con ingresos precarios o insuficientes? ¿De una masificación de la producción de bienes de consumo que ofrece de todo a todos pero que sólo algunos pueden pagar?

¿También será producto del imbatible desempleo, auténtico flagelo de nuestra época o, mejor dicho, de la economía capitalista que mientras más produce menos mano de obra necesita? Un niño o adolescente hijo de desempleados carece de una fuente de subvención de sus necesidades, incluso de las más elementales. ¿Cómo allegarse lo necesario o hasta lo superfluo pero apetecido?

¿Tendrá que ver el asunto con el crecimiento del mercado de estupefacientes, lo que permite a jóvenes y niños incorporarse a actividades no exentas de riesgos pero proveedoras de ingresos?

Hay sin duda algo de esto último, pues se sabe que una buena parte de los niños y jóvenes presos lo están por su participación en estas actividades. Y si el mercado de drogas es creciente, es claro que también será creciente la participación en él de menores de edad.

De modo que, hablando estrictamente, niños y jóvenes caen en la cárcel por participar poco o mucho en una actividad esencialmente comercial antes que delictiva o criminal. Si la producción, distribución y consumo de estupefacientes fueran objeto del código de comercio y no del código penal, esos niños y muchachos serían piezas importantes en el cálculo del producto interno bruto (PIB) y no simplemente carne de presidio.

Blog del autor: www.miguelangelferrer-mentor.com.mx

4/28/2014

La historia negra de Juan Pablo II, encubridor de pedófilos, canonizado junto a Juan XXIII


Dos nuevos santos
Eduardo Febbro*
Desde Roma

Víctimas? ¿Qué víctimas?, preguntó el cardenal Velasio de Paolis. Luego agregó: No sólo están esas víctimas. Después hubo un silencio de cuerpo y alma seguido por la mirada un tanto extraviada del superior general de los Legionarios de Cristo, nombrado en 2010 a ese cargo por el entonces papa Jozef Ratzinger. A la pregunta de De Paolis le siguió una respuesta: las víctimas no eran sólo los miles de menores que sufrieron los apetitos sexuales de las sotanas hipócritas, sino también el mismo Vaticano. Las víctimas no eran únicamente los menores o adultos abusados y violados por el padre Marcial Maciel, el fundador de esa industria de los atentados sexuales que fue, durante su mandato, los Legionarios de Cristo. La víctima era la Santa Sede, que fue engañada.

Juan Pablo II, el Papa que, entre otros tantos horrores, promovió y encubrió a los pedófilos y violadores de la Iglesia, recibió, al mismo tiempo que Juan XXIII, la canonización. Más allá del espectáculo obsceno montado para esta ocasión, del millón de fieles en la plaza San Pedro, de los tres satélites suplementarios para difundir el acto, más allá de la fe de mucha gente, la canonización del Papa polaco es una aberración y un ultraje para cualquier cristiano del planeta. Declarar santo a Karol Wojtyla es olvidarse del abrumador catálogo de pecados terrestres que pesan sobre este pontífice: amparo de los pedófilos, pactos y regateos con dictaduras asesinas, corrupción, suicidios jamás aclarados, asociaciones con la mafia, montaje de un sistema bancario paralelo para financiar las obsesiones políticas de Juan Pablo II –la lucha contra el comunismo–, persecución implacable contra las corrientes progresistas de la Iglesia, en especial la de América Latina, o sea, la frondosa y renovadora Teología de la Liberación.

La frase ¿Víctimas? ¿Qué víctimas? pronunciada en Roma por el cardenal Velasio de Paolis encubre toda la impunidad y la continuidad aún arraigada en el seno de la Iglesia. Jurista y experto en derecho canónico, De Paolis formaba parte de la Congregación para la Doctrina de la Fe en la época en que –años 80– se acumulaban las denuncias contra Marcial Maciel. Sin embargo, fue él quien firmó la segunda absolución del sacerdote mexicano. El ex padre mexicano Alberto Athié contó a Página/12 cómo Maciel solía repartir sobres con dinero y favores para comprar el silencio de las jerarquías. Athié renunció en el año 2000 al sacerdocio y se dedicó a la investigación y denuncia de los abusos sexuales cometidos por clérigos y organizaciones. El destino de Maciel lo selló Benedicto XVI a partir de 2005. En 2004, antes de la muerte de Karol Wojtyla, Maciel fue honrado en el Vaticano. Ese mismo año Ratzinger reabrió las investigaciones contra los legionarios.
El dossier Maciel había sido bloqueado en 1999 por Juan Pablo II y mantenido en estado de invisible por otra de las figuras más turbias de la curia romana, Angelo Sodano, el ex secretario de Estado de Giovanni Paolo. Sodano es una perla digna de figurar en un curso de maniobras sucias. Angelo Sodano, que es decano del Colegio de Cardenales, tenía negocios con los Legionarios de Cristo. Un sobrino suyo fue uno de los asesores nombrados por Maciel para construir la universidad que los Legionarios de Cristo tienen en Roma, la Universidad pontificial Regina Apostolorum.

Sodano, quien fue el número dos de Juan Pablo II durante casi 15 años, tenía un enemigo interno, Jozef Ratzinger, un club de simpatías exteriores cuyos dos miembros más eminentes eran el dictador Augusto Pinochet y el violador Marcial Maciel. Sodano y Ratzinger libraron una batalla sin tregua: el primero para proteger a los pedófilos, el segundo para condenarlos.

En 2004, Jozef Ratzinger obligó a Marcial Maciel a dimitir y retirarse de la vida pública. Dos años después, ya como Benedicto XVI, el Papa lo suspendió a divinis. Las investigaciones reabiertas por Ratzinger demostraron que Maciel era un pederasta, tenía dos mujeres, tres hijos, se movía con varias identidades y manejaba fondos millonarios. Las denuncias previas nunca habían pasado el paredón levantado por Sodano y el hoy santo Juan Pablo.

La carrera de Sodano es toda una síntesis del papado de Karol Wojtyla, en donde se mezclan los intereses políticos, las visiones ideológicas ultraconservadoras, la corrupción y las manipulaciones. Angelo Sodano fue nuncio en Chile durante la dictadura de Pinochet. El diplomático mantuvo una relación amistosa con el dictador y ello le permitió fraguar la visita a Chile que Juan Pablo II hizo en 1987. Su hermano Alessandro fue condenado por corrupción tras la operación Manos Limpias. Su sobrino Andrea corrió la misma suerte en Estados Unidos. La FBI descubrió que Andrea y un socio se dedicaban a comprar –mediante información privilegiada– por un puñado de dólares, las propiedades inmobiliarias de las diócesis de Estados Unidos que estaban en bancarrota debido a los escándalos de pedofilia.
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Se ha promovido a santo a un hombre con las manos sucias, que encubrió a violadores de niños y legitimó a dictadores que dejaron millares de muertos en el caminoFoto Ap

Pero el mundo sucumbió al grito de santo súbito que reclamaba la canonización de un hombre que presidió los destinos de la Iglesia en su momento más infame y corrupto. El Papa viajero, el Papa amable, el Papa de los jóvenes, el Papa catódico era un impostor ortodoxo que desprotegió a las víctimas de los abusos sexuales y a los propios pastores de la Iglesia cuando éstos estuvieron en peligro de muerte. Su visión y sus necesidades estratégicas siempre se opusieron a las humanas.

Ocurre que en la trama de esta historia hay también mucha sangre y no sólo la de los banqueros mafiosos como Roberto Calvi o Michele Sindona con quienes Juan Pablo II se asoció para alimentar con fondos, secretos las arcas del IOR (banco del Vaticano), fondos que luego servirían para financiar la lucha contra el comunismo en Europa del Este o la Teología de la Liberación en América Latina. Juan Pablo II dejó sin protección a los sacerdotes que encarnaban en Latinoamérica la opción por los pobres frente a las dictaduras criminales y sus aliados de las burguesías nacionales.

En 2011, 50 destacados teólogos de Alemania firmaron una carta en contra de la beatificación de Juan Pablo II, por no haber respaldado al arzobispo salvadoreño Óscar Arnulfo Romero, asesinado el 24 de marzo de 1980 por un comando paramilitar de la extrema derecha salvadoreña mientras celebraba una misa. Romero sí que es y será un santo. El arzobispo enfrentó a los militares para rogarles que no asesinaran a su pueblo, recorrió barriales, zonas castigadas por la represión y la violencia, defendió los derechos humanos y a los pobres. En suma, no esperó a que Bergoglio llegara a Roma para hablar de una Iglesia pobre para los pobres. No. La encarnó en su figura y lo pagó con su vida, como tantos otros sacerdotes a quienes el Vaticano tildaba de marxistas o comunistas sólo porque se implicaban en causas sociales.

Juan Pablo II es un santo impostor que traicionó a América Latina y a quienes, desde una modesta Iglesia, osaron decirle no a los asesinos de sus pueblos. Si Juan Pablo II contribuyó en Europa del Este a la caída del bloque comunista, en América Latina favoreció la caída de la democracia y la permanencia nefasta de las dictaduras y su ideología apocalíptica. Un detalle atroz se suma a la ya incontable deuda que el Vaticano tiene con la justicia y la verdad: el expediente de beatificación de monseñor Óscar Arnulfo Romero sigue bloqueado en los meandros políticos de la Santa Sede. Juan Pablo II beatificó a Josemaría Escrivá, el polémico fundador del Opus Dei y uno de sus protegidos. Pero dejó afuera a Romero, incluso cuando estaba con vida y las amenazas contra él se precisaban cada semana. Cada vez más soy el pastor de un país de cadáveres, solía decir Romero.

Juan Pablo II fue electo en 1978. Al año siguiente, monseñor Romero le entregó un informe sobre la espantosa violación de los derechos humanos en El Salvador. El Papa lo ignoró y le recomendó a Romero que trabajara más estrechamente con el gobierno. Como lo recuerda a Página/12 Giacomo Galeazzi, vaticanista de La Stampa y autor de una magistral investigación, Wojtyla secreto, en sus 25 años de pontificado ningún obispo latinoamericano ligado a la acción social o a la Teología de la Liberación fue nombrado cardenal por Juan Pablo II. La respuesta está en una frase de otro de los más dignos representantes de la Iglesia de los pobres, el fallecido arzobispo brasileño Hélder Câmara: Cuando alimenté a los pobres me llamaron santo; pero cuando pregunté por qué hay gente pobre me llamaron comunista.

El show universal de la canonización ya fue lanzado. La prensa blanca de Europa tiene la memoria muy corta y su cultura del otro es estrecha como un pasillo de hospital. Todos celebran al gran Papa. Se ha promovido a la categoría de santo a un hombre que tiene las manos sucias, que ha cometido la infamia de encubrir a violadores de niños, de besar a dictadores y legitimar con ello el tendal de muertos que dejaban en el camino, de negociar beneficios con la mafia, que ha sacrificado en nombre de los intereses de una parte de un continente, el este de Europa, la misericordia y la justicia de otros, entre ellos los de América Latina. Se canoniza a un embaucador. El colmo de la ligereza, del error inmemorial. ¿Ante quién se arrodillarán en adelante las víctimas de los abusadores sexuales y de las dictaduras? Podemos levantar todos juntos un lugar apacible y justo en la memoria con las imágenes del padre Mugica o de monseñor Romero para rencontrarnos con la beatitud y el sentido de quienes, por un ideal de justicia e igualdad, enfrentaron la muerte sin pensar nunca en sí mismos o en bajos beneficios humanos.

11/19/2012

No se atiende impacto de violencia social en la infancia

NACIONAL
   Niñas son ahora más vulnerables ante feminicidio y trata

Especial | ZAQI
Por: Gladis Torres Ruiz
Cimacnoticias | México, DF.- 16/11/2012El incremento de la violencia durante este sexenio afectó de forma dramática a la infancia mexicana, que además de ser víctima de diversos hechos violentos, es testigo de crímenes de alto impacto que le generan temor de transitar libremente por las calles, alertaron activistas.

Durante el foro “Vulnerabilidad jurídica de las niñas y mujeres adolescentes ante la violencia social en México”, realizado en la UNAM, Anthony Caswell Pérez, oficial de Gobernanza desde los Derechos del Niño de la agrupación internacional Save the Children, señaló que el impacto en la infancia del aumento de la violencia social no ha sido atendido de manera específica.

Indicó que según los primeros resultados de la investigación “Identificación y reconocimiento jurídico de la vulnerabilidad de las niñas y mujeres adolescentes ante la violencia social en México”, de 7 mil 938 niñas y niños de entre 7 y 18 años, 84 por ciento cree que puede salir lastimado por la violencia; 72 por ciento ha visto una pistola; 70 por ciento a alguien consumir droga,  y 32 por ciento ha sido testigo de un secuestro.

El sondeo se realizó entre niñas y niños de Sinaloa, Quintana Roo y el Distrito Federal. No obstante, cabe hacer notar que el estudio carece de datos desagregados por sexo.

Parte de sus resultados indican que 63 por ciento de las y los menores de edad afirmó haber vivido violencia en la escuela; 76 por ciento en su comunidad, y 54 por ciento en su familia. El 83 por ciento ha visto violencia en su escuela, 76 por ciento en su comunidad y 54 por ciento en su familia.
Al 42 por ciento de las y los niños consultados la violencia les genera miedo o angustia; al 22 por ciento, enojo; al 23 por ciento, tristeza e impotencia, y al 10 por ciento, indiferencia. De acuerdo con los testimonios, la violencia la generan narcotraficantes, compañeros de la escuela, consumidores de drogas y policías.

Caswell Pérez dijo a Cimacnoticias que los datos servirán de base para un diagnóstico con miras a crear una política pública de atención específica de la violencia contra la infancia, toda vez que el problema es ignorado a pesar de que se cuentan con leyes y mecanismos que la protegen.

La investigadora de la Universidad Autónoma de Baja California, Leonor Maldonado, señaló a esta agencia que las niñas están viviendo violencia sexual al interior de sus hogares, siendo los perpetradores sus propios padres o las parejas sentimentales de sus madres, y no son atendidas de manera adecuada.

Margarita Guillé Tamayo, asesora externa de Save the Children en México, explicó que hay una ausencia de claridad y dirección en políticas públicas para atender la violencia social contra la infancia.

Indicó que la violencia contra las niñas y las adolescentes se traduce en feminicidio, secuestro, violaciones sexuales, y trata de persones con fines de explotación sexual comercial, a lo que se suma que las autoridades saben quiénes son los agresores, pero no actúan.

“La infancia está siendo partícipe de escenarios que en otros momentos históricos del país eran impensables”, apuntó Guillé Tamayo, activista en materia de seguridad y no violencia contra las mujeres.

El Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio (OCNF) ha registrado que de enero de 2010 a junio de 2012, 3 mil 976 mujeres han desaparecido y que 51 por ciento de las víctimas tenían entre 11 y 20 años de edad.
 

4/06/2011

Interés Superior


Interés Superior


Por Nashieli Ramírez*

México, DF, 5 abr 11 (CIMAC).- La Convención sobre los Derechos de los Niños (1989) se sostiene en cuatro principios estructurales: no discriminación, autonomía y participación, protección e interés superior.

Este último obliga a que en todas las medidas que tomen las instituciones públicas o privadas, los tribunales, las instancias administrativas y los órganos legislativos, se les reconozca a las niñas, niños y adolescentes como sujetos de derechos y que prevalezcan las que promuevan y protejan sus derechos.

El interés superior es una garantía, ya que toda decisión que competa a las niñas y los niños debe considerar esencialmente sus derechos. No sólo obliga a las autoridades e instituciones públicas y privadas, sino también a sus madres y padres. Es una norma de interpretación jurídica y una directriz para la formulación de políticas públicas para la infancia.

En nuestro país este concepto es poco entendido y por lo tanto su aplicación es limitada. El presupuesto para las niñas, niños y adolescentes, que representan alrededor de tres de cada diez mexicanos, es limitado y se encuentra como un apéndice invisible de los presupuestos dirigidos a las mujeres y a las familias.

Y esta situación se extiende hacia las acciones gubernamentales y las decisiones judiciales que les competen.

Lo que ustedes encontrarán en esta columna es una mirada hacia las niñas, niños y adolescentes, con un acercamiento inspirado en su interés superior. Intentamos construir un espacio que aborde a la infancia desde sus derechos, muy alejado de los abordajes dominantes del enfoque comercial o de “recetas para la crianza”.

Semanalmente intentaremos colocar en la agenda pública lo que muchos sectores insisten en dejar en la arena de lo privado, en un esfuerzo por visibilizar a la infancia y la adolescencia, y sus derechos.

Intentaremos influir en la transformación de las representaciones sociales que dominan sobre este sector de la población. De contribuir a la modificación de estereotipos e imágenes negativas hacia representaciones que permitan ver a niños, niñas y adolescentes como ciudadanos y ciudadanas con derechos y como actores sociales valiosos y relevantes en el fortalecimiento de sus familias, el desarrollo de sus comunidades. Más que como promesas del futuro, como realidad del presente.

Intentaremos, siguiendo a Eduardo Galeano, contarles a nuestro modo y nuestra manera algunas historias de niños. Ya que día tras día se niega a los niños y niñas el derecho a su infancia. El mundo trata a los niños pobres como si fueran basura. El mundo trata a los niños ricos como si fueran dinero.

Y a los de en medio, a los que no son ni pobres ni ricos, el mundo los tiene bien ataditos a la pata del televisor para que desde muy temprano acepten como destino la vida prisionera.

Agradecemos este espacio a CIMAC, a las mujeres detrás de esta agencia aliada de las luchas sociales, aliada en la lucha por los derechos de la infancia en México.

*Directora de Ririki Intervención Social. Experta en infancia, adolescencia y sus derechos.