Mostrando las entradas con la etiqueta explotación laboral. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta explotación laboral. Mostrar todas las entradas

5/03/2020

Maquiladoras: las ganancias sobre la vida



Activistas y representantes de los trabajadores de empresas maquiladoras ubicadas en Baja California, protestaron ayer en contra del gobierno de la entidad por permitir la reapertura de plantas industriales mediante una reclasificación de sus actividades como presuntamente esenciales. En un manifiesto dado a conocer por distintas organizaciones, denunciaron como criminal la decisión del gobernador, Jaime Bonilla, cuya administración sostuvo que los trabajadores están más seguros dentro de las empresas, y, asimismo, denunciaron que los dueños de las fábricas anteponen sus ganancias a las vidas de los empleados.
Tijuana, ciudad fronteriza donde laboran 232 mil de las 332 mil 533 personas adscritas a la industria manufacturera de Baja California, se ha vuelto un caso tristemente emblemático, debido a que la ciudad acapara 153 de las 223 muertes producidas por la enfermedad Covid-19 hasta el pasado 30 de abril en la entidad, lo cual la convierte en la zona más afectada dentro del estado que ocupa el segundo lugar en número de muertes y el tercero en contagios a escala nacional. En Ciudad Juárez, otro de los grandes centros manufactureros del norte del de la República, los trabajadores denuncian que al menos 25 personas que laboraban en las maquilas han muerto a causa del coronavirus.
Desde inicios del mes pasado, los trabajadores han denunciado la negativa de decenas de empresas a cumplir con las medidas dispuestas por las autoridades federales para frenar la propagación de la pandemia, así como la inacción o incluso la connivencia de autoridades de distintos niveles al permitir que las plantas continúen abiertas. Entre las prácticas registradas en compañías de Tijuana, Ciudad Juárez, Matamoros y otras ciudades del norte del país, se encuentra el obligar a los obreros a ejercer sus labores en condiciones que violan cualquier protocolo de prevención: desde la ausencia flagrante de la sana distancia necesaria para reducir el riesgo de contagio, hasta la negativa a permitir el lavado de manos o a proporcionar insumos de protección personal. También se ha señalado que algunas plantas se niegan a cerrar, incluso cuando existen casos comprobados de contagio entre sus trabajadores que han producido muertes entre los mismos, pese a que semanas antes habían alertado a los patrones sobre los riesgos, e incluso se ha despedido al personal que se atreve a denunciar la situación.
En suma, ante la crisis sanitaria que enfrenta la nación, algunas de las empresas maquiladoras han hecho gala de una irresponsabilidad temeraria y una notoria falta de consideración por el bienestar de sus trabajadores, muchos de los cuales ya enfrentaban condiciones adversas antes de la pandemia: como es sabido, la industria maquiladora es un modelo de negocio basado en atraer procesos de manufactura con el perverso incentivo de una reducción de costos lograda a expensas de la precarización laboral, las altas tasas de explotación y los bajos salarios.
Cabe esperar que las autoridades de todos los niveles dejen atrás cualquier actitud omisa y, en cambio, cumplan con su deber de proteger las vidas de los centenares de miles de empleados que se encuentran expuestos al contagio en estas plantas. Asimismo, las autoridades en materia laboral deben impedir represalias por parte de los patrones contra quienes han exigido el respeto a su derecho a la vida y la salud.

3/21/2020

El coste de la fresa. Esclavas del siglo XXI

 
print sharing button
facebook sharing button
twitter sharing button
linkedin sharing button
sharethis sharing button
whatsapp sharing button
    


El proceso de contratación en Marruecos busca mujeres con cargas familiares de 25 a 45 años: necesitadas y sumisas


Madrid, 10 mar. 20. AmecoPress.- El objetivo del debate que el pasado día 5 de marzo acogió el Museo Reina Sofía de Madrid fue conocer, reflexionar y entender la situación que viven las jornaleras marroquís que llegan a los campos de Huelva en las campañas de recogida de la fresa, contratadas desde sus lugares de origen. Para ello, se contó con las voces de Rahma El Basraoui, Fátima Boubkri, Pastora Filigrana García, Justa Montero y Soulaima Vázquez, quienes estuvieron moderadas por Nines Cejudo.
Las mujeres que cultivan la fresa –y el resto de frutos rojos que llegan a nuestras mesas- vienen a los campos de Huelva tras pasar un proceso de contratación en el origen, considerado un “modelo de migración ordenada” por las instituciones, pero criticado profundamente por las organizaciones. La abogada y mediadora intercultural Rahma El Basraoui explicó que se trata de un convenio bilateral entre España y Marruecos que no garantiza los derechos de las trabajadoras. Recordemos que este año han sido 20.000 mujeres las que han sido contratadas en Marruecos bajo estos requisitos.

20.000 jornaleras sin derechos

“En ningún momento las trabajadoras conocen las condiciones en las que van a trabajar, ni sus derechos”, advertía la presidenta de la Unión de Asociaciones Marroquíes de la Comunidad Valenciana y portavoz de la Plataforma de Apoyo a las Trabajadoras del Campo. El perfil que se pide para acceder a este proceso de selección es el de mujer, casada, viuda o divorciada con cargas familiares (hijos e hijas de hasta 14 años), con una edad que va de 25 a 45 años. Todo esto tiene que estar acreditado por las mujeres, que en su mayor parte no saben leer ni escribir, que se ven obligadas a ir a la oficina con sus bebes en un tiempo muy corto.
Cuando llegan a España, encuentran que el sueldo recibido no coindice siquiera con lo prometido en el convenio: les pagan 0,75 céntimos de euro por recoger una caja de 5 kg de fresas. Viven en módulos prefabricados en malas condiciones. No se les ofrece una mínima formación en castellano, como se supone exige el convenio, ni se les da una copia del contrato y, si tienen algún conflicto, no pueden cambiar de empresa. Las empresas ejercen control sobre la vida de las trabajadoras, que son aisladas del entorno social. “Si quieren bajar al pueblo, tienen que hacerlo en el coche de compañeros que a veces le ofrecen hacerles la compra a cambio de favores sexuales.”

El contexto: un sistema patriarcal y racista basado en la explotación de las personas migrantes

La abogada y activista Pastora Filigrana García contextualizó esta situación, dentro de un sistema patriarcal y racista basado en la explotación de las personas migrantes. “El fruto rojo no permite una recolección mediante máquinas; se necesitan manos”, explicó. “Recoger la fresa es un trabajo duro. Hay que arrancar el fruto uno a uno. Doblar la espalda durante horas”. ¿Quién está dispuesta a trabajar más por menos sueldo? Quienes tienen más necesidad: ellas, las mujeres racializadas. Por ello, cada año, miles de mujeres marroquíes llegan a Huelva, entre febrero y abril, para, en el microclima de los invernaderos, trabajar duramente, día tras día, hasta los meses de junio y julio.
En Huelva se produce más del 90 por ciento de la fresa de España, que se exporta a Europa, a Francia y a Alemania sobre todo. Es un negocio que mueve unos 500 millones de euros cada año, que practica una agricultura intensiva, criticada por las organizaciones ecologistas por la fuerte demanda de agua que requiere. De este negocio vive mucha gente, no solo las mujeres marroquíes, también migrantes de otros países y población autóctona. “También entre ellos tienen conflicto, agitados por la extremaderecha, que pone a la gente a competir”.
El sector se colocó en el ojo del huracán después de que una revista alemana publicase un reportaje de dos reporteras en el que se denunciaban las condiciones en las que trabajan las temporeras marroquíes en la fresa. Las cuatro mujeres trabajadoras marroquíes denunciaron al manijero por acoso sexual acompañadas por las organizaciones Asnuci y Mujeres 24 h y el activista por los derechos humanos Antonio Abad. También interpusieron una demanda laboral contra la empresa y una denuncia ante la inspección de trabajo.
“La publicación de la historia puso de manifiesto unas situaciones que las organizaciones venían denunciando durante años” aseguró Pastora Filigrana, frente a la negación de numerosos sectores y la falta de credibilidad que se le ha dado a la voz de las jornaleras.
“En el feminismo no nos estamos escuchando. Parece que la mujer blanca es la que tiene voz y de las mujeres marroquíes solo se habla para hablar del velo”, expuso Soulaima Vázquez, mediadora intercultural y activista feminista, perteneciente al colectivo Alharaca, cuyo objetivo es sensibilizar y concienciar sobre el racismo y la islamofobia. “Nos movilizamos más porque lleven velo que porque sufran una violación”, sentenció.
La activista Justa Montero profundizó en la desigual respuesta que las situaciones de injusticia generan, según afecten a unas mujeres o a otras. En 2016, los medios de comunicación se hicieron eco de una violación sufrida por una mujer en Pamplona, miles de mujeres salieron a las calles y de este modo se puso en marcha un proceso que afectó al ámbito jurídico incluso. En 2018, algún medio se hizo eco de unas violaciones que habían sufrido mujeres marroquíes en Huelva, la respuesta feminista fue pequeña, solo en algunas ciudades, y la judicatura sigue su curso ejerciendo lo que las organizaciones llaman “racismo institucional”.

“Somos muchas las mujeres feministas blancas que pensamos y sentimos de corazón que el feminismo será antirracista o no será”

“Tenemos que revisar nuestro feminismo, nuestras agendas y nuestras prácticas”, dijo Montero. “Creo que somos muchas las mujeres feministas blancas que pensamos y sentimos de corazón que el feminismo será antirracista o no será; si no articulamos respuestas en esa dirección, no habrá derechos para todas las mujeres”.
“Las jornaleras marroquís que llegan a los campos en las campañas de recogida de la fresa, contratadas desde sus lugares de origen, vienen con una idea de lo que van a vivir y luego encuentran otra cosa”, insiste Fátima Boubkri, profesional de la hostelería, activista e integrante del equipo de madres de Dragones de Lavapiés. Esta mujer, natural de Marruecos que, tras 16 años en España, lucha por visibilizar las dificultades del colectivo migrante femenino desde su experiencia en primera persona. “Tenemos que agradecer y apoyar a las mujeres valientes que levantaron su voz y denunciaron la violencia que estaban viviendo,” dijo Boubkri.
Tras la denuncia, se pusieron en marcha algunas medidas –un equipo de mediadoras, la inclusión de un protocolo de acoso y abusos sexuales en el nuevo convenio- pero “en la práctica no sabemos si esto está sirviendo para acabar con los abusos y con la impunidad”.
El coloquio, desarrollado dentro la Revuelta feminista del 8 de marzo, estuvo acompañado de una performance y un vídeo documental con testimonios que pretende colocar la reivindicación de estas mujeres en primera línea y hacerse eco de sus voces.
Foto: AmecoPress

11/09/2019

América Central es tierra fecunda para la trata de personas

Una mujer mayor pide limosna en una calle de San Salvador. Los grupos criminales de trata se aprovechan de personas muy vulnerables, como los indigentes, para obligarlos a mendigar para personas o redes. Pero en América Central, 80 por ciento de las víctimas son mujeres y niñas, con fines de explotación sexual. Crédito: Edgardo Ayala/IPS
Por Edgardo Ayala
SAN SALVADOR, 6 nov 2019 (IPS) - 

 La empobrecida América Central,  con fuerte presencia de pandillas, gran expulsora y tránsito de migrantes irregulares hacia Estados Unidos, es una zona donde ha echado raíces la trata de personas, el tercer delito  más lucrativo en el mundo.
Esas características han permitido que el fenómeno de la trata en la región, sobre todo en Guatemala, Honduras y El Salvador esté presente desde hace décadas, y cada vez más exige un esfuerzo conjunto de los Estados, para desbaratar policialmente las bandas criminales dedicadas a la trata y también para ofrecer programas de apoyo a las víctimas.
El fenómeno “ha tenido mayor visibilización en los últimos años, pero no se ha avanzado mucho en la parte de atención más directa a las víctimas”, dijo a IPS la religiosa católica Carmela Jibaja, de la Red Ramá contra la Trata de Personas.
“Sabemos que en El Salvador, Honduras y Guatemala son países de mucho tránsito de personas que viajan de forma irregular y eso los pone en riesgo de ser víctimas de trata”: Carlos Morán.
Esa organización civil centroamericana integra la Red Internacional contra la Trata de Personas Talita Kum, con sede en Roma, que aglutina a 58 agrupaciones de organizaciones contra ese delito en todo el mundo.
Jibaja señaló que, “el mayor problema (de trata) se da en las fronteras, porque El Salvador es país de expulsión de migrantes”, así como en centros turísticos. La modalidad más reconocida en la región es la explotación sexual y tiene como víctimas a mujeres.
En ello concuerda Carlos Morán, oficial de seguridad de la Interpol y miembro de la Unidad de Cibercrimen de la policía de Honduras.
“Sabemos que en El Salvador, Honduras y Guatemala son países de mucho tránsito de personas que viajan de forma irregular y eso los pone en riesgo de ser víctimas de trata”, dijo Morán a IPS durante su participación  en un foro regional sobre el problema, que ha acogido San Salvador desde el lunes 4 y hasta el 8 de noviembre.
El “Seminario regional sobre técnicas de investigación y protección de víctimas de trata de personas” ha reunido a funcionarios de los Ministerios Públicos (fiscalías), agentes policiales, peradores de justicia y otros actores clave y expertos de Guatemala, El Salvador y Honduras,  los países que conforman el llamado Triángulo Norte Centroamericano.
El objetivo es el de fortalecer las capacidades y las buenas prácticas en la investigación del delito de la trata, en especial cuando el delito tiene carácter transnacional.
Fiscales, agentes policiales, funcionarios, especialistas y representantes de organizaciones sociales de América Central participan entre el 4 y 8 de noviembre en un seminario especial sobre la trata de personas con el fin de identificar y coordinar esfuerzos conjuntos contra un crimen vergonzoso. Crédito: Edgardo Ayala/IPS Morán y otros participantes en el encuentro declinaron hablar de cifras sobre el alcance del delito en la región centroamericana, por la ausencia de datos confiables consolidados.
Fiscales, agentes policiales, funcionarios, especialistas y representantes de organizaciones sociales de América Central participan entre el 4 y 8 de noviembre en un seminario especial sobre la trata de personas con el fin de identificar y coordinar esfuerzos conjuntos contra un crimen vergonzoso. Crédito: Edgardo Ayala/IPS
Sociedad civil en apoyo a víctimas
En los países del Triángulo Norte existen  esfuerzos gubernamentales por desarrollar programas de atención a las víctimas, pero resultan insuficientes y las organizaciones de la sociedad civil han debido asumir ese reto.
“El problema es grave, porque nos enfrentamos a redes con mucha capacidad económica y política, y no se protege a la víctima”, ni hay muchos programas de reinserción, explicó a IPS la directora ejecutiva de la Asociación para la Autodeterminación de las Mujeres Salvadoreñas (AS Mujeres), Mirna Argueta.
Víctimas dentro del país o región

En su Informe Global sobre la Trata 2018, la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD) enfatiza que "al contrario de la percepción general de que la trata de personas implica un tránsito internacional, una característica del fenómeno es que suele afectar mayoritariamente a las víctimas en sus propios países o regiones de origen”.
Precisa que América Latina refleja la tendencia global. “En Centroamérica y el Caribe, 75 por ciento de las víctimas es identificado en su propio país o en la misma subregión. En Suramérica, esta cifra asciende incluso a 93 por ciento”.
La ONUDD, también conocida como UNODC, su sigla en inglés, puntualiza que la trata y tráfico de personas son delitos diferentes. En el primero, la víctima es involuntaria e incluye la captación, traslado (dentro o fuera del país) o recepción de personas bajo coacción, engaño o uso de la fuerza, para su explotación laboral o sexual.
El tráfico ilícito cuenta con el consentimiento de las víctimas, es siempre transnacional y consiste en el traslado ilegal de personas de un país a otro, en general en condiciones degradantes y peligrosas, a cambio de un beneficio financiero. Pero acaba al llegar la víctima al destino, sin explotación persistente posterior.
Esa organización trabaja desde 1996 con víctimas de trata, ofreciendo apoyo sicológico y médico, y es además una aliada importante de la Fiscalía General de la República en la labor de protección de víctimas.
AS Mujeres colabora con la policía y los fiscales cuando se necesita trasladar a víctimas de un lugar a otro, de la manera más sigilosa posible, sobre todo cuando los casos judiciales contra redes del crimen organizado aún están en proceso.
En el pasado también ha ofrecido albergue a mujeres que han sufrido ese delito, pero ahora eso lo hace la fiscalía, aseguró Argueta, quien además es coordinadora en El Salvador del Observatorio Latinoamericana sobre Trata y Tráfico de Personas, que aglutina a 15 países.
El programa de atención de AS Mujeres incluye, además de la asistencia sicológica, la parte médica pero incorporando técnicas no tradicionales como el biomagnetismo, realizadas por una médica especializada en esa área, así como la revitalización corporal por medio de masajes y la aromaterapia.
“La experiencia nos ha demostrado que con la combinación de esas tres técnicas la recuperación es más efectiva, la atención es más integral”, acotó Argueta.
Añadió que desde que inició el programa, en 1996, han acogido en el programa a unas 600 mujeres víctimas de trata.
Actualmente ofrecen ese tipo de apoyo a cinco, a las que IPS no pudo tener acceso porque están bajo protección legal y la divulgación de sus nombres o proporcionar algún número de teléfono de ellas trae consecuencias penales.
Por esa misma razón la fiscalía del país también vetó el realizar entrevistas a víctimas bajo su protección.
AS Mujeres también impulsa la red de autocuidado.
“Cuando la víctima ha superado diferentes etapas, la integramos con otras mujeres y pueden compartir esa experiencia, para que sea menos dolorosa, y que la ayude a reinsertarse”, agregó Argueta.
Dijo que muchas creen que ya están “dañadas”, desvalorizadas, y “ellas mismas van a prostituirse”.
La duración del programa de ayuda puede durar de seis meses a dos años y medio, dependiendo de la complejidad de cada caso. Por ejemplo, hay mujeres con agudos problemas de depresión, ideas suicidas y delirios de persecución.
Según cifras de la oficina de las Naciones Unidas en Honduras, divulgadas en julio,  80 por ciento de las víctimas de trata de personas en América Central son mujeres y niñas.
En El Salvador, 90 por ciento de los casos se dan en la modalidad de explotación sexual, según cifras oficiales de la fiscalía suministradas durante el foro regional en  San Salvador.
Sin embargo, se han detectado los otros tipos de trata, como explotación laboral, mendicidad y otros.
En lo que va del año, la fiscalía ha reportado 800 víctimas, casos que aún siguen abiertos.
Mirna Argueta (I), directora ejecutiva de la Asociación para la Autodeterminación de Mujeres Salvadoreñas, y la religiosa católica Carmela Jibaja, de la centroamericana Red Ramá contra la Trata de Personas, dos activistas que trabajan para brindar atención a víctimas de trata, que en esta parte del mundo son en su mayoría mujeres. Crédito: Edgardo Ayala/IPS
Mirna Argueta (I), directora ejecutiva de la Asociación para la Autodeterminación de Mujeres Salvadoreñas, y la religiosa católica Carmela Jibaja, de la centroamericana Red Ramá contra la Trata de Personas, dos activistas que trabajan para brindar atención a víctimas de trata, que en esta parte del mundo son en su mayoría mujeres. Crédito: Edgardo Ayala/IPS
En Guatemala, en 2018 el Ministerio Público detectó 478 posibles víctimas de trata de personas, cuatro por ciento más que el año anterior. Las denuncias concretadas fueron 276, un incremento también de cuatro por ciento.
La niñez y adolescencia continúan en una situación de vulnerabilidad ante la trata, ya que fueron detectados 132 niñas, niños y adolescentes posibles víctimas de trata de personas, 28 por ciento del total, de los que se lograron rescatar 111.
La modalidad del delito contra esas víctimas fue la adopción irregular, explotación laboral, matrimonio forzoso o servil, mendicidad forzosa, explotación sexual y trabajo o servicios forzados. Pero el más invisibilizado, subraya la fiscalía, es el del reclutamiento de menores de edad para el crimen organizado.
Pandillas entran en la trata
Especialistas consultados por IPS destacan que muchos de los casos de trata son producto de una modalidad relativamente nueva, en la que intervienen las pandillas, responsables de la ola delictiva que viven los tres países del Triángulo del Norte.
Las pandillas han mutado a verdaderos grupos del crimen organizado, con tentáculos en el comercio ilícito de drogas, extorsión, sicariato (asesinato por encargo) y ahora trata de personas, entre otros.
En El Salvador, es común escuchar historias en barrios y pueblos controlados por las pandillas sobre jovencitas que son “pedidas” por algún líder de esas bandas para provecharse sexualmente de ellas, tanto él como otros miembros del clan, y que las familias aceptan entregársela porque saben que pueden ser asesinados de no hacerlo.
Pero no es solo eso. Los pandilleros obligan a sus víctimas a prestar servicios sexuales con fines lucrativos, lo que amplía el caso de trata.
Cifras oficiales del Consejo Nacional contra la Trata de Personas, que aglutina a todas las instancias de Estado para enfrentar el flagelo, señalaron que en 2018 hubo 46 víctimas confirmadas, 43 investigaciones policiales y 38 procesos judiciales.
De esos juicios, hubo cuatro condenas y dos absoluciones, el resto aún están en los tribunales del país, según el Informe de Labores 2018 del Consejo.
El documento también reportó que, como parte de la atención a las víctimas, se las apoyó con programas de emprendimiento, así como medidas de reparación integral a familias de niñas y adolescentes del albergue especializado.
Se coordinó además acciones de equipos de respuesta inmediata, para la atención a víctimas, nacionales y extranjeras.
El Salvador es parte de La Coalición Regional contra la Trata de Personas y el Tráfico Ilícito de Migrantes, junto a Belice, Costa Rica, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Panamá y República Dominicana.
En Honduras también se ha dado ese tipo de apoyos para la reinserción productiva, entregando capital semilla para que se monten pequeños negocios de bisutería, entre otros, contó Morán, el oficial de la Interpol.
En ese país, al menos 337 personas han sido rescatadas entre 2018 y lo que va de 2019, de ellas 13 fueron localizadas en Belice y Guatemala, según un informe de la Comisión Interinstitucional Contra la Explotación Sexual Comercial y Trata de personas en el país.
Edición: Estrella Gutiérrez

7/20/2017

Los barones del azúcar



Ana de Ita
El 5 de julio pasado la industria estadunidense productora de azúcar aceptó a regañadientes el acuerdo al que habían llegado los gobiernos de su país y México un mes antes, como forma de resolver el conflicto del comercio de azúcar. A pesar de que México concedió sin chistar todas las demandas de Estados Unidos, el acuerdo les pareció poca cosa a las Big Sugar.
Encabezada por los barones del azúcar Alfonso y José Fanjul, la industria azucarera estaba ansiosa de que el presidente Donald Trump atendiera el caso de las importaciones provenientes de México.
Los hermanos Fanjul son dueños de la mayor empresa de refinación de azúcar en el mundo: American Sugar Refining, formada por Florida Crystals propiedad de los Fanjul y una Cooperativa: Sugar Cane Growers. El grupo posee además ocho refinerías de azúcar en Estados Unidos, Canadá, Belice, Inglaterra, Portugal y el ingenio de San Nicolás en Veracruz, México. Tienen también plantaciones y refinerías en República Dominicana.
Según refiere una entrevista en Vanity Fair (goo.gl/iAYyfC), los multimillonarios Fanjul salieron de Cuba, huyendo de la revolución, donde eran propietarios de 70 mil hectáreas de caña y 10 ingenios, y se instalaron en Palm Beach, Florida, para construir un nuevo emporio. Compraron ranchos ganaderos, granjas hortícolas y establecieron una plantación de 73 mil hectáreas en los Everglades. El embargo de Estados Unidos a Cuba prohibió la importación de azúcar y fue un gran incentivo para su producción en el país y para su importación desde distintos orígenes como República Dominicana.
La explotación de mano de obra jamaiquina para el corte de caña, fue una pieza clave para su veloz y exitosa expansión. Alrededor de 20 mil jornaleros llegaban cada año a la zafra de los barones del azúcar, apoyados por un programa de gobierno, y eran enrolados en un sistema de esclavitud moderna, con jornadas de trabajo extenuantes y mal pagadas, viviendo en barracas insalubres y sin poder denunciar su situación para mantener el empleo. A pesar de que en 1986 el gobierno impulsó un programa de amnistía para trabajadores agrícolas que les otorgaba permiso de trabajo, las compañías azucareras lograron que los cortadores de caña no tuvieran acceso a este permiso pues los liberaría de las plantaciones. Esto enfureció a muchos jornaleros que se atrevieron a participar en una acción colectiva para demostrar la falta de derechos laborales y los fraudes salariales de los que habían sido objeto. El juicio tardó 10 años debido a la influencia política de los demandados y costó a muchos trabajadores sus empleos. Después de este juicio, los Fanjul decidieron mecanizar el corte de caña y desechar a los migrantes.
Pero los barones del azúcar no sólo amasaron su fortuna explotando la fuerza de trabajo del Caribe, también son responsables por la contaminación de los Everglades con fosfatos y plaguicidas utilizados en sus plantaciones. En la bárbara carrera de la agricultura industrial del siglo XX, los ingenieros drenaron miles de hectáreas pantanosas para construir el área agrícola de los Everglades, sobre la que se expandieron rápidamente las plantaciones de nuevos tipos de caña. Un costoso sistema de bombas, diques y canales impide que el área agrícola regrese a su condición original de pantano y que el lago Okeechobee se inunde. Pero este sistema no ha podido controlar el flujo río abajo de los fertilizantes pesados que aplican los azucareros, ni de otros desechos agrícolas que han contaminado los Everglades. El desastre ambiental se manifestó en últimas fechas con la proliferación de algas azules tóxicas para la salud humana y de los ecosistemas.
Una de las principales enseñanzas de la experiencia cubana según los Fanjul, fue que para que los negocios prosperen no se debe estar fuera de la política. Así desde su llegada a Estados Unidos se enfocaron en establecer relaciones con el poder político, sin importar la orientación partidaria. Alfonso es demócrata y Pepe republicano. La donación de recursos a las campañas políticas es una práctica que les retribuye con creces distintos favores. Una costumbre que disfrutan es invitar a su casa de Palm Beach o de Dominicana a personajes de influencia política. Se ha rumorado que el acuerdo paralelo sobre el azúcar del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, pudo tener su origen en una visita social de Serra Puche a los Fanjul. Wilbur Ross, secretario de Comercio de la administración de Trump y encargado de la reciente negociación del azúcar es amigo de Pepe Fanjul desde hace casi 10 años y ha vacacionado en Casa de Campo. Pepe Fanjul donó una considerable suma para los festejos
de campaña del presidente Trump.
Se descubren los hilos tras el tinglado que permiten a los barones del azúcar creerse con derecho de obtener aún más concesiones.

5/30/2017

Jornaleros mexicanos, explotados como en el siglo XIX


By Érika Ramírez @erika_contra

Sin vivienda ni salario seguros, con extenuantes jornadas de más de 16 horas, expuestos al maltrato y al abuso de enganchadores, capataces y empresarios, alrededor de 9 millones de jornaleros languidecen en plantaciones de todo el país. Las políticas públicas ignoran a esta población al grado de que ni siquiera se cuenta con un censo confiable
Su hermana parió en la calle, sobre la banqueta que da a la entrada del Centro de Salud José María Pino Suárez, de la Secretaría de Salud del Estado de Jalisco. Llegó al servicio de urgencias y la burocracia hacía de las suyas; le pedían su papeleo, que si había asistido a revisión médica, que sí traía carnet… los dolores se intensificaban, el bebé venía en camino.
Los encargados de brindarles atención médica pedían papeles, “pero hay mujeres jornaleras que no sabemos ni pedir ayuda en español, nosotros hablamos nu’ saavi, y a mi hermana no la atendieron aunque ya iba con dolor de parto”, relata Lucy, una jornalera agrícola que se ha visto obligada a bajar de la montaña de Guerrero en busca de mejores condiciones de vida.
Lucy Peña Four tiene 28 años y ha vivido en los campos agrícolas de otros estados desde que tiene uso de razón. Recuerda que desde niña se ha montado en camiones de redilas, con los suyos, para salir de la extrema pobreza que lastima la región. Ella creció entre los surcos de las agroempresas instaladas en Baja California, Zacatecas y Jalisco. Va y viene de un lado a otro, a donde haya trabajo. Vive donde mejor le convenga. A la montaña ya casi no sube, la ha ido dejado.
Es madre de dos niños, de ocho y dos años de edad, a quienes deja con su pareja mientras ella va a trabajar. “Nos turnamos por temporadas para cuidarlos; cuando él tiene trabajo, yo los cuido y al revés. Es la única forma en que podemos hacerle para trabajar los dos y no dejarlos solos”, dice en entrevista.
Sabe del riesgo que corren sus hijos en los campos agrícolas, ellos no tienen atención médica y ha habido muertes en el área de trabajo: “los han atropellado, y qué es lo que hace el patrón o el encargado, les compra el silencio a los padres, sólo les da unos cuantos pesos para que se callen y no haya justicia”, comenta.
Manuel Oliviera Anzueto, director de igualdad laboral para jornaleros indígenas, jóvenes y personas privadas de su libertad en la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, asegura que sí hay una política de atención para erradicar el trabajo infantil en la agricultura y dice que en 10 años se ha disminuido en 50 por ciento el trabajo infantil.
“Sin embargo, hace falta fortalecer las acciones y darles un enfoque más sistémico, porque sacamos de trabajar al niño de la agricultura y qué pasa, ¿hay fortalecimiento en la estructura de los sistemas para atenderlo en su educación, salud, alimentación? Habría que ver, ese es el área de oportunidad, fortalecer esa coordinación para poder dar alternativas”, comenta.

Sin garantías

Información del Centro de los Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan, indica que la pobreza extrema, discriminación y exclusión son los patrones con quienes conviven día con día los jornaleros agrícolas desde sus lugares de origen.
La falta de trabajo y acceso a los derechos básicos a la alimentación, salud y educación obliga a miles de familias a abandonar sus hogares y buscar en los campos agrícolas la oportunidad que les permita sobrevivir.
El forzado éxodo es el impacto de la omisión de las autoridades municipales, estatales y federales para garantizar los derechos básicos de la ciudadanía.
Según los registros del Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan, los estados a los que migra la población jornalera de Guerrero son: Coahuila, Chihuahua, Sonora, Baja California Sur, Sinaloa, Nayarit, Jalisco, Colima, Zacatecas, San Luis Potosí, Guanajuato, Michoacán, Estado de México, Hidalgo, Morelos, Guerrero (Tierra Caliente) —por lo menos 90 por ciento de estas zonas enfrentan delincuencia organizada—.
Cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), mediante la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), indican que en México la población mayor de 15 años de edad ocupada en el trabajo agrícola es de 5 millones 538 mil 979 personas.
La ENOE muestra que de estos millones, el 56 por ciento son agricultores y el 44 por ciento trabajadores agrícolas de apoyo (peones o jornaleros). Con respecto al género, entre los trabajadores agrícolas el 89 por ciento son hombres y 11 por ciento mujeres.

Entre el olvido y el peligro

Los migrantes del país, los más pobres, viajan hacinados en vehículos en mal estado. El peligro los acecha en las terracerías y las carreteras. Castro Solano, de la comunidad Colonia de Guadalupe, Tlapa, en la región de La Montaña de Guerrero denuncia el olvido que hay por parte de las autoridades y la falta de auxilio.
El hombre, originario de uno de los municipios más pobres del país, recuerda el accidente ocurrido el año pasado en el norte del país: “una camioneta grande, en la que viajaban cinco niños que pretendían cambiarse de trabajo (viajaban de Torreón, Coahuila, al municipio Escalón, en Chihuahua), se volcó”.
Luego, dice Castro Solano en el marco del foro: Jornaleras y jornaleros agrícolas. Presente y futuro, “este año (entre enero y abril) se murieron cinco de nuestro pueblo; una mujer y cuatro niños, en Sinaloa. Hasta ahorita no sabemos nada de nuestro gobierno. Solamente los de Tlachinollan [organización defensora de derechos humanos] son los que luchan por nosotros  y nos ayudan a regresar a algunos cuerpos a su origen. Cada año, de mi comunidad se mueren dos o tres niños y, a veces, se entierran donde estén o se los llevan al [lugar de] origen”, denuncia.
“En su traslado, los accidentes automovilísticos, los retenes policiales y militares son algunas de las arbitrariedades a las que las familias jornaleras se enfrentan”, documenta el Centro de los Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan.
Mientras, el Catálogo de Localidades de la Secretaría de Desarrollo Social indica que Tlapa de Comonfort, lugar de origen de Castro Solano, evidencia que en esta región la pobreza existe en todas sus clasificaciones. El documento oficial indica que ahí viven 81 mil 419 personas, de las cuales 38 mil 122 sobreviven en “pobreza extrema”; es decir que el 45.76 por ciento de pobladores de ese municipio no tiene ni para comer.
En lo que respecta al grado de marginación, según muestra la Sedesol, 15 mil 127 se encuentran en un muy alto grado de marginación (44.07 por ciento); 65 mil 774 (26.27) en un grado de marginación alto y apenas el 0.85 por ciento, que representan 39 personas, tienen un grado de marginación medio.

Migrar desde el sur

El norte, para miles, aparenta oportunidad. Pareciera que no es necesario salir del país cuando miras hacia arriba en busca de mejorar tus condiciones de vida. Abraham Gómez, de la Coalición de Indígenas Migrantes de Chiapas, ha sido uno de esos miles que buscan huir de la miseria que agobia a sus pueblos.
Cada viaje implicaba recorrer una distancia de más de 2 mil 200 kilómetros, aproximadamente. Los padecían con la precariedad en que viajaban y el hambre que tenían que aguantar. Y cuándo parece que las cosas cambiarán para mejorar llegan los abusos, violaciones laborales y explotación.
Abraham, quien empezó a migrar en el 2007 rumbo a los campos agrícolas de Sonora, se dio cuenta de que los problemas inician desde el momento mismo en que se entabla relación con un reclutador o enganchador, quien ofrece buenos empleos, pero cuando se llega a las plantaciones la realidad es otra.
“Llegas al campo y no tienes los servicios necesarios. Todo es una cadena de violaciones a los derechos de los jornaleros: somos explotados como migrantes y trabajadores, las condiciones de vida y de trabajo son de esclavitud”, relata.
Él mismo sufrió esta situación en un campo llamado Casas Grandes, en aquella entidad. “Fuimos contratados y, supuestamente, el camión que te lleva de Chiapas a Sonora te tiene que regresar y no pasó así. Se habla de un contrato pero no se hace un contrato formal y tú como jornalero si haces valer tu derecho, el patrón te desconoce, dice que no eres su trabajador”, comenta.

La esclavitud moderna

“Vivimos en condiciones infrahumanas”, suelta Lorenzo Rodríguez Jiménez, secretario general del Sindicato Independiente Nacional Democrático de Jornaleros Agrícolas (SINDJA), originario de San Martín Itunyoso, Oaxaca (este municipio está catalogado con un “muy alto” índice de marginación. En él habitan 2 mil 460 personas).
El SINDJA es la primera organización constituida como sindicato ante la Secretaría del Trabajo y Previsión Social y respalda a los jornaleros del Valle de San Quintín, en Baja California, quienes incluso han parado labores y protestado por las condiciones de explotación en la que trabajan en la pisca de alimentos.
Es muy común que en este trabajo los patrones registren a los jornaleros ante el Instituto Mexicano del Seguro Social para cubrir con el requisito requerido por la Ley; pero son dados de baja en los primeros días para no pagar la cuota correspondiente, acusa el líder sindical.
No acaban de entender que “nadie deja su pueblo de origen por gusto o a sus hijos. Es por una necesidad, y esa necesidad no ha sido porque los jornaleros seamos personas flojas, que no les guste trabajar, que solamente estemos tendiendo la mano para que el gobierno nos de comer; sino que las políticas públicas del gobierno no han funcionado lamentablemente y los beneficios y proyectos productivos no han llegado a las manos de los campesinos del país”, dice en el marco del foro, llevado a cabo en la Facultad de Economía de la Universidad Nacional Autónoma de México.
Lorenzo es jornalero activo, trabaja desde los 15 años en los surcos de Baja California “porque en mi pueblo no hay oportunidad para poder superarse, para poder llegar a tener una profesión”, dice.
El 17 de marzo de 2015 miles de jornaleros “nos cansamos de vivir todo este tipo de explotación; decidimos dejar el miedo a un lado, organizarnos y alzar la voz, porque todo el gobierno se ha hecho de oídos sordos, los sindicatos de protección y los empresarios”.
El líder de los jornaleros señala a los culpables de la miseria de estos trabajadores: “Los principales culpables son el gobierno, porque no crea políticas públicas que realmente puedan beneficiarlos, que puedan aplicar para que a un jornalero se le pueda vigilar que se respeten sus derechos mínimos, humanos y laborales establecidos en la constitución.
“El segundo culpable es el empresario, porque de acuerdo con la ley Federal del Trabajo, al momento de contratar a los trabajadores, tiene la obligación de afiliarlos al Instituto Mexicano del Seguro Social, de otorgarles todas las prestaciones que la misma ley establece.
“El tercer culpable son los sindicatos de protección que han sido cómplices durante años junto con el gobierno y los empresarios para que se den estas condiciones de esclavitud moderna, en pleno siglo XXI. El punto principal aquí es la corrupción, los delegados que nombra para que no se violenten esos derechos no han sido capaces de hacer su trabajo porque les encanta el dinero, hasta el día de hoy no hemos conocido un sindicato que luche por los trabajadores”, dice.

Las carencias

Isabel Margarita Nemecio, representante de la Red Nacional de Jornaleros y Jornaleras, dice que la organización se ha enfocado en la demanda de cinco puntos principales:
  • Se necesita un registro actualizado de los jornaleros en México, para poder instrumentar políticas integrales que realmente atiendan a la población.
  • Se debe mejorar la articulación de las autoridades en los tres niveles de gobierno, para mejorar el impacto de los programas públicos
  • Se deben revisar las reglas de operación de los programas existentes para asegurar que tengan mayor potencial de impactar positivamente en la protección de los jornaleros agrícolas migrantes, principalmente el Programa de Atención a Jornaleros Agrícolas (PAJA), operado por la Sedesol.
  • También pidió contar con indicadores cualitativos y de impacto que permita medir los efectos en la población jornalera agrícola de estos programas.
  • La Red se unió a las exigencias del SINDJA en Morelos para que los dueños del ingenio Beta San Miguel (el más importante del país) y la Unión local de productores de caña de azúcar lleguen a una negociación con los cortadores de caña.

4/10/2016

Cuerpos sin nombre



Ilán Semo
La Jornada
La rectitud de la diferencia. En Medios sin fin. Notas sobre política Giorgio Agamben recuerda el breve artículo que Hannah Arendt publicó en 1943 en The Menorah Journal con el título: Nosotros los refugiados. Un texto que adquirió celebridad sólo hasta los años 80, en que la autora planteaba uno de los paradigmas centrales que habrían de distinguir a los tiempos que corren. Para Arendt la figura del refugiado encerraba el núcleo de las transformaciones de lo político que aguardaban a las sociedades occidentales. Arrancados de sus países por las guerras, la violencia y la vida precaria, los refugiados –Agamben extiende la figura a la de los actuales migrantes– que habían perdido todos sus derechos en su éxodo, acabarían por renunciar a integrarse a una nueva identidad nacional, no obstante la hostilidad que esto les acarrearía, para contemplar lúcidamente su situación y convertirse en los agentes de una nueva conciencia histórica. Esa conciencia que haría a un lado las aporías de los derechos ciudadanos, incluso de los derechos humanos, para situar la defensa de las formas de vida en el centro de la defensa de la vida misma.
Porque si algo han mostrado (y se han demostrado) las comunidades mexicanas en Estados Unidos es que la única forma de resistencia a una sociedad que reduce su propio mundo del trabajo (y no sólo el de los mexicanos) a sombras, cuerpos sin nombre y cifras es preservar esa condición que, mucho antes que los derechos ciudadanos, homologa la existencia con el derecho asumido a la diferencia. Y es esta formidable y lúcida sabiduría la que hoy enardece a la extrema derecha estadunidense, dedicada a encontrar chivos expiatorios –sujetos impolíticos– para imponer condiciones extremas –las condiciones que implica la crisis actual– a toda la sociedad de ese país.
El mercado de las sombras. Ya lo sabemos: la lógica de la migración de trabajadores de México a Estados Unidos se rige por el principio del secuestro perfecto. Si los trabajadores emigran es porque ahí se abren las esclusas –siempre subrepticiamente– para garantizar que las industrias que requieren competitividad global –frente a China, por ejemplo– mantengan regímenes de vida y trabajo propios a los siglos XVII y XVIII, ¡ante los ojos de todas las autoridades estadunidenses! Cruzar la frontera norte en calidad de ilegal implica hoy una riesgosísima aventura, que además cuesta entre 8 mil y 12 mil dólares. Nadie quien la haya cruzado, volvería –en sus cinco sentidos– a intentarlo. Sin oficializarlo, el migrante es prácticamente secuestrado, incluso por la fantasmagoría del sueño americano. Hay cientos de miles de padres, hijos, hermanos, esposos que nunca han vuelto a encontrarse con los suyos en México. La ilegalidad legaliza la autorretención de un trabajador que además es parte intrínseca de la economía del adentro en Estados Unidos.
Por otro lado, si las industrias de Chicago y Detroit emigran hacia México no es tan sólo porque los salarios sean más bajos. Según esta lógica, ¡Haití –donde los salarios son los más bajos del continente– tendría que concentrar una parte de la inversión del mundo entero! Las industrias emigran porque la relación entre la productividad y los salarios es más óptima en México que en Estados Unidos. La inversión moderna busca ante todo maximizar utilidades, no salarios bajos en sí. No es casual que las mayores productividades se concentren en países con sueldos cuantiosos (Alemania, Canadá, Inglaterra, etcétera). La productividad es un fenómeno complejo. Requiere de la conjunción de muchos e intrincados factores: infraestructura, transporte, calificación de la mano de obra, sistemas de información, entre otros. Al menos para el mercado estadunidense, China, Japón y México llenan estos requisitos.
México es, a su vez, el segundo socio comercial de Estados Unidos. En la balanza, nuestra economía induce probablemente más trabajos en el norte de los que absorbe.
El mutismo como política. Lo que todo mundo parece olvidar en el actual trance retórico de la campaña electoral en Estados Unidos es la indiferencia y el desdén con que la política oficial mexicana ha tratado a las comunidades de migrantes. Indiferencia que se extiende ya desde los años 90 hasta la fecha. Lejos de apoyar a las comunidades mexicanas, que abastecen al país con uno de sus principales ingresos externos –las remesas–, la política ha sido el mutismo; darles una y otra vez la espalda. ¿No sería ya hora de convertir a los mexicanos que viven en Estados Unidos en sujetos de una política de Estado? Política de Estado en todos los ámbitos que ello implica: defensa de derechos humanos, educación, salud, derechos electorales, etcétera. El problema no sólo es que el actual régimen estadunidense los convierte en ciudadanos de segunda clase, sino que para el Estado mexicano lo son de tercera clase.
Seamos sinceros: el proyecto que se inició en México a partir de la irrupción del salinismo en los años 90 –y que continúa hasta la fecha– colocó a los designios del país en manos de las oportunidades que se abrirían en Estados Unidos. A partir de 2008, esas oportunidades se han ido estrechando visiblemente. Pero el grado de simbiosis y docilidad de la tecnocracia mexicana con el establishment de Washington ha alcanzado tal grado que la vida les parece impensable sin esa simbiosis. Y como de costumbre, se olvida que Estados Unidos puede dar virajes de 180 grados en un abrir y cerrar de ojos.

11/23/2015

“Tercerización”: subcontratar a las mujeres para explotarlas más



   Especialistas advierten negación de derechos a las trabajadoras

Sin inspecciones laborales, sin sanciones y sin la participación de las mujeres en las representaciones sindicales, la “tercerización” –una forma de contratación que impulsa el Ejecutivo federal– contribuye a que se violen las garantías de las trabajadoras, en lugar de propiciar su estabilidad laboral.

 
Especialistas en materia de trabajo debatieron en el Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), el modelo de “tercerización” que en nuestro país se conoce como subcontratación u “outsourcing”, y que está regulado desde 2012 en la Ley Federal del Trabajo (LFT).
 
La abogada e investigadora de la Facultad de Derecho de la UNAM María Guadalupe Evaristo, coincidió en que la subcontratación –que se empezó a practicar en México en los años 70– es consecuencia del mercado globalizado, que busca beneficiar a quienes tienen los medios de producción en detrimento de las y los trabajadores.
 
La litigante explicó a Cimacnoticias que en México más mujeres son contratadas bajo esta modalidad, ya que los horarios más flexibles en los empleos informales les permiten conciliar su trabajo con las actividades familiares, además de que para ellas es más complicado ingresar al mercado laboral formal.
 
Evaristo criticó que la “tercerización” haya sido impulsada por el Ejecutivo con las llamadas reformas estructurales, ya que si bien está fundamentada en el argumento de que desconcentra procesos productivos y pretende generar un sistema de “negocio rentable”, desatiende compromisos laborales, precariza las relaciones de trabajo, y desarticula el binomio empleado-patrón.
 
Para las empresas –explicó la investigadora–, la subcontratación es un gasto de producción en el que se paga al personal por día laborado o por obra, sin dar certeza en el empleo ni en el tiempo de las jornadas. “Este tema ha sido mal entendido, pero bien aprovechado por las empresas”, consideró.
 
María Guadalupe Evaristo recordó que en México quienes tienen los ingresos más bajos (70 pesos diarios equivalentes al salario mínimo) son precisamente las y los trabajadores temporales, quienes se emplean en el sector comercio, tienen un trabajo informal, las personas migrantes, las desempleadas, y quienes viven de la asistencia social.
 
Señaló que la reforma laboral de 2012 –en la que se definió el papel del intermediario y la subcontratación como régimen laboral– debe ir acompañada de un registro público de empresas subcontratistas sujetas a fiscalización y sanciones en caso de abusos.
 
También se debe garantizar la prohibición de subcontratar las labores que forman parte del “objeto social” de la empresa, así como garantizar inspecciones laborales en las subcontratistas y las empresas contratantes.
 
Asimismo se debe prohibir que las “terciadoras” roten trabajadores o tengan la intención de evadir derechos laborales y fiscales; por lo que se les debe obligar a cumplir las normas laborales.
 
La experta criticó que hasta ahora ninguna empresa haya sido sancionada por realizar prácticas abusivas de contratación, además de que la Suprema Corte de Justicia de la Nación no haya analizado a profundidad una tesis sobre esta forma de contratación.
 
Según los censos económicos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), en 2004 había más de 20 millones de personas ocupadas, de las que 13.6 por ciento era “personal ocupado no dependiente de la razón” (subcontratado), pero para 2014 el porcentaje ascendió a 16.6 por ciento, pues fueron las empresas medianas y grandes las que más subcontrataron.
 
El comercio –una de las principales ramas en las que se concentra la fuerza de trabajo femenina, según Inegi– es donde más se subcontrata personal; y al menos 8 por ciento de las trabajadoras que están en este sector “no son dependientes de la razón social”.
 
La especialista en Derecho del Trabajo de la Universidad Externado de Colombia, Katerine Bermúdez Alarcón, explicó que en su país la intermediación en los procesos de producción (que se refiere a la contratación de personal para la producción de bienes o servicios) está basada en el principio de la libre competencia del mercado.
 
La “tercerización” –ahora regulada en su país tras sendos recursos jurídicos– trajo consigo prácticas abusivas en contra de las y los trabajadores, según relató la también doctora en Derecho.
 
Por ejemplo, que las mismas empresas conformaran cooperativas –cuyo crecimiento fue exponencial del año 2000 hasta 2010– a fin de contratar por ese medio a casi todo su personal, con mayor flexibilidad en los contratos, y sin estar formadas en los principios de autonomía, autogestión y autogobierno estipulados en la ley.
 
También añadió que se firmaron contratos sindicales que sumaban personal afiliado, “o asociados”, para realizar trabajos para las empresas –algunos eventuales– sin garantizar las condiciones mínimas de empleo decente, y flexibilizando sus condiciones a fin de complicar la exigencia de derechos.
 
En breve entrevista, Katerine Bermúdez observó que las consecuencias negativas de esta forma de contratación son peores para las mujeres, quienes históricamente se mantienen en los estratos más bajos del empleo, y recordó que la tercerización no puede existir para violar derechos de las y los trabajadores.
 
Abundó que el mejor contrataque a cualquier reforma laboral que precarice las condiciones laborales es la organización de las y los trabajadores; sin embargo, incluso los sindicatos que se autodenominan democráticos niegan o limitan la participación de las mujeres en las negociaciones colectivas y las patronales, por lo que sus necesidades no forman parte de los temas prioritarios en las negociaciones, consideró.
  

Por: Angélica Jocelyn Soto Espinosa
Cimacnoticias | México, DF.- 

11/18/2015

Acuerdo migratorio México-Canadá explota a las indígenas



   PTAT fomenta violencia y racismo, denuncia especialista


El Programa canadiense de Trabajadores Agrícolas Temporales (PTAT), mediante el cual emigran cada año mujeres indígenas del estado de Yucatán, fomenta la violencia y el racismo contra ellas, aseguró la antropóloga Marie France Labrecque.
 
Al participar en el seminario “Violencia, Racismo y Xenofobia”, en el Instituto de Investigaciones Antropológicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la experta canadiense informó de algunos de sus hallazgos tras investigar el funcionamiento del PTAT, entre 2011 y 2015, entre migrantes indígenas provenientes de Yucatán.
 
La doctora en Antropología por la Universidad de Nueva York expresó que ese programa descansa en un acuerdo bilateral entre México y Canadá que data de 1974, y con el que cada año viajan más de 20 mil personas a ese país del norte, entre ellas más de 500 mujeres.
 
Anteriormente, el PTAT acogía principalmente a personas provenientes de entidades cercanas al DF, pero a partir de 2002 se empezó a registrar más población de los estados del sur: al menos 300 yucatecos indígenas, de los que 3 por ciento son mujeres y que conforman un conjunto fuertemente discriminado por su ascendencia indígena y sus condiciones económicas, acotó Labrecque.
 
La investigadora detalló que son los empresarios canadienses quienes deciden si necesitan a hombres o mujeres, el número y la edad de las personas que emigran.
 
No obstante –observó– las mujeres indígenas son más vulnerables que las del resto del país, ya que reciben menor remuneración y no tienen posibilidades de conseguir la residencia oficial porque el PTAT las sitúa en el último escalón de la clasificación de trabajadores, tienen menos experiencia laboral y menos trayectoria migrando.
 
En contraste, los hombres del centro de México, que no son de origen indígena, tiene más posibilidades de ascender y son los capataces, mayordomos y gerentes que mandan a la población indígena mexicana en Canadá.
 
El PTAT, dijo Labrecque, no sólo resulta en un estatus especial para las y los indígenas, también distingue entre extranjeros y ciudadanos, y entre los extranjeros divide entre los “menos especializados”, quienes resultan a su vez los menos favorecidos.
 
“(El PTAT) los tacha de inferiores y ha permitido la perpetuación de racismo para bloquear que consigan su residencia y su permanencia en Canadá”, denunció la especialista, quien además aseguró que este programa no resulta positivo ni siquiera para ese país de acogida porque impide la cohesión social.
 
Y expresó que “la estructura del programa se ha configurado de tal manera que las y los trabajadores se insertan en un mercado de trabajo segmentado donde las condiciones actuales son más desfavorables para los nuevos trabajadores que para los más antiguos. Los trabajadores temporales sirven para precarizar aún más las condiciones de trabajo de la mano de obra que ya está, y contribuye a las desigualdades entre los países del norte y del sur”.
 
A esa exclusión laboral se suma la discriminación que de por sí vive la población indígena nativa en Canadá con la Ley sobre los Indios de 1996, que permite el despojo de sus territorios y establece condicionantes a la vida de las personas originarias sin que ellas las hayan aprobado.
 
Se agrega que en Canadá hay una vulnerabilidad específica contra las mujeres, toda vez que la tasa de desapariciones está por encima de las estadísticas nacionales.
 
Marie France Labrecque puso como ejemplo que en una comunidad de Quebec recientemente varias mujeres de la Primera Nación denunciaron abusos de autoridad y violaciones durante 20 años por parte de miembros de la policía provincial, lo que provocó la renuncia de la ministra de Seguridad Pública.
  
Por: Angélica Jocelyn Soto Espinosa
Cimacnoticias | México, DF.-

10/23/2015

Neoliberalismo es igual a explotación y exclusión de las mujeres


   Presentan estudios del impacto de género de política económica

A más de 30 años de haberse implementado en México el modelo económico neoliberal, sus efectos se traducen en la precarización laboral, la sobrecarga de trabajo y la exclusión social de las mujeres, que cada vez más se están convirtiendo en las únicas proveedoras de sus familias.

Así se advierte en al menos cinco investigaciones académicas de diversas universidades que se presentaron hoy durante el XXI Coloquio Internacional de Estudios de Género, al que convocó el Programa Universitario de Estudios de Género (PUEG), de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Las y los investigadores que participaron en la Mesa 10 de este coloquio –sobre pobreza y precarización– coincidieron en que las prácticas neoliberales, que privilegian a las empresas y desatienden servicios básicos como salud, seguridad y empleo, obligan a las mujeres urbanas y rurales a asumir sobrecargas en tareas de cuidados, y aceptar trabajos precarios y de baja remuneración que les permitan sobrellevar esta doble jornada.

Como ejemplo, Monserrat Olivera, académica de la Universidad Autónoma de Tlaxcala, analizó las estrategias de sobrevivencia de cuatro jefas de familia tlaxcaltecas con hijas o hijos con enfermedades como leucemia.

La especialista observó que la falta de servicios médicos y de cuidados gratuitos orilla a estas mujeres a insertarse en empleos con ingresos de apenas 100 pesos diarios y sin ninguna prestación en salud.

“Todas estas situaciones estructurales van generando en ellas una serie de desventajas sociales que se acumulan y las están llevando a una pobreza que es un círculo sin salida, ya que es muy difícil que ellas puedan mejorar sus condiciones de vida, y sólo lo que hacen es ir subsistiendo día a día, pero no es una subsistencia sólo económica, sino también familiar y emocional por las tensiones y porque ellas ven la muerte como una forma de aliviar su situación”, dijo la experta en breve entrevista.

Asimismo, el investigador Luis Alberto Valdivieso, doctorante del Colegio de Michoacán y quien hizo una investigación sobre el uso del tiempo en familias del municipio de Valle de Chalco, Estado de México, y la cual reveló diferentes experiencias de mujeres y hombres que habitan la periferia de las grandes urbes.

El experto explicó que gran parte de la población del Valle de Chalco son personas migrantes que han sido desplazadas del campo, porque éste ha dejado de ser sustentable, pero cuando llegan a vivir a las periferias de las metrópolis no consiguen un empleo formal, y las mujeres se ven obligadas a desarrollar estrategias de subsistencia, como la venta de productos por catálogo o ingresar a la economía informal.

Los varones tampoco acceden a empleos y –según las experiencias de vida que Valdivieso indagó– ellos delegan el papel de proveedoras a las mujeres. La falta de servicios básicos y de un ingreso económico que cubra las necesidades elementales de la familia propicia la violencia intrafamiliar, las adicciones y la falta de un proyecto de vida personal, determinó el investigador.

“Las personas se retiran del mercado laboral cansadas, enfermas, con artritis (…). Desde la década pasada ya no se están creando empleos, sino que inició una restructuración de mercados de diferentes giros que dan trabajo sólo en la construcción y trabajos por cuenta propia. (El neoliberalismo) sacó a los campesinos del campo, los trajo a la ciudad y los convirtió en obreros, pero las personas añoran regresar a su pueblo a sembrar, sin que puedan hacerlo”, precisó Valdivieso.

La investigadora María Lucero Jiménez Guzmán, del Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias y quien fungió como moderadora de la mesa, dijo que estos casos concretos son una prueba de los efectos neoliberales en la vida de las mujeres, quienes –reafirmó– a través de impulsar “desde las bases” estrategias de trabajo colectivo, han buscado sortear el azote de estos efectos.
 

Por: Angélica Jocelyn Soto Espinosa
Cimacnoticias | México, DF.- 

6/26/2015

14 jornaleros permanecen detenidos en Ensenada; “si es un delito levantar nuestras voces asumimos la responsabilidad”


    



(26 de junio, 2015. Revolución TRESPUNTOCERO).- Fidel Sánchez Gabriel, uno de los voceros oficiales de la Alianza de Organizaciones Nacional, Estatal y Municipal por la Justicia Social, informó que aún permanecen 14 trabajadores jornaleros detenidos -en el cerezo de Ensenada, acusados de robo calificado- tras las agresiones de que fueron objeto en la propiedad denominada Rancho Seco, a manos de la Policía Federal y estatal, y que la versión oficial calificó como un “enfrentamiento” en el Valle de San Quintín.
Sánchez declaró, en entrevista con Revolución TRESPUNTOCERO, que aunque existe el compromiso del gobierno federal de ayudar económicamente al movimiento para reunir el dinero de la fianza de cada uno de ellos, sin que hasta el día de hoy hayan tenido ningún acercamiento con funcionarios federales.
El líder jornalero añadió que hasta la fecha, no han podido ver o hablar con los detenidos, pero esperan que a la brevedad posible se lleve a cabo un encuentro, pues desconocen las condiciones en que se encuentran, tanto físicas como emocionales.
Consideró que el uso de la fuerza que el Estado utilizó en contra de los trabajadores del campo el pasado mayo, que dejó como saldo al menos 70 jornaleros heridos, siete de ellos de gravedad, fue completamente desproporcionado, pues “las únicas armas que tenemos son nuestras voces y la Constitución, el exigir el cumplimiento de la Ley Federal del Trabajo; si es un delito levantar nuestras voces y se tiene que pagar con cárcel, estamos dispuestos y asumimos la responsabilidad, pero las detenciones son injustas”, sostuvo.
Informó que el aumento en los sueldos que se logró conseguir, tras el diálogo con los dueños de los ranchos donde laboran miles de jornaleros agrícolas y las movilizaciones emprendidas por los mismos, para exigir mejoras en sus condiciones de vida, así como el respeto a sus derechos humanos y laborales, entrará en vigor la primera semana de julio.
Como se recordará, después de varias mesas de diálogo en las que participaron autoridades federales y estatales, se acordó el aumento del salario en tres categorías: A, 180 pesos; B, 165 y C, 150 pesos diarios; sin embargo, el planteamiento inicial de los jornaleros es que se les pagara mínimo 300 pesos por jornada laboral, días más tarde bajaron su demanda a 200, para mostrar su buena voluntad frente a la reticencia de los empleadores.
“Hicimos una propuesta inicial de 300 pesos, el 27 de marzo lo bajamos a 200 y a final de cuentas, quedaron esas tres categorías; sin embargo, consideramos que se consiguió algo histórico en nuestro país, sabemos que ningún sindicato ha podido conseguir siquiera el 10 % de incremento salarial y la Alianza de Organizaciones, junto con los compañeros jornaleros, sí lo conseguimos”, declaró Fidel Sánchez.
Otro de los acuerdos signados por autoridades federales y estatales con los jornaleros, fue el tema de que, en coordinación con representantes de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS) federal, así como la estatal, los trabajadores agrícolas participarán en la categorización de las zonas laborales, pero en este punto tampoco ha habido avances.
“Ni de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social federal ni la del estado, se ha visto el trabajo; la misma ley establece que debe asesorar y defender a los trabajadores; prácticamente deberían ser los abogados de los trabajadores y tienen facultades para realizar inspecciones de las condiciones laborales en las diferentes empresas, pero hasta el día de hoy no se han hecho. En la minuta se estableció que habría una comisión de la Alianza de Organizaciones en las inspecciones, pero no  ha llegado ese momento”, comentó a Revolución TRESPUNTOCERO el vocero de los trabajadores agrícolas.
La Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), a través de sus visitadores, ha tenido diversos acercamientos con el movimiento de jornaleros, quienes han solicitado se realice un seguimiento permanente al tema y se acrediten las violaciones a los derechos humanos de que han sido objeto, pero la dependencia aún no ha emitido su posicionamiento al respecto.
“Hasta el día de hoy, la CNDH no nos ha informado qué es lo que ha podido establecer durante su labor de investigación y visitas a Baja California, esperamos que la primer semana del mes de julio entregaran un informe completo sobre si hubo o no violación a los derechos humanos de los compañeros”, declaró Fidel Sánchez.

Sin cuentas claras
En sesión ordinaria, la Comisión Permanente del Congreso de la Unión aprobó solicitar a la Procuraduría General de la República (PGR) y a la Procuraduría General de Justicia del estado de Baja California, que lleven a cabo las investigaciones correspondientes sobre “la probable violación de derechos humanos derivadas del posible uso excesivo de la fuerza pública en contra de los trabajadores agrícolas del Valle de San Quintín”.
Ante la falta de información sobre el tema de diversas dependencias federales, el Legislativo solicitó que la CNDH emita a la brevedad posible sus resoluciones sobre las agresiones a los jornaleros.
El Ejecutivo no quedó fuera del tema y se le solicitó que, a través de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social; en un término no mayor a 15 días, informe sobre el avance del diálogo y los compromisos adquiridos con los trabajadores del Valle de San Quintín, así como de las acciones que llevará a cabo para garantizar los derechos laborales, de salud, educación, vivienda y libertad de expresión de los jornaleros. Al gobernador de la entidad se le solicita hacer público su posicionamiento sobre el mismo tema.
Los legisladores emitieron un llamado a la Secretaría de Gobernación (Segob) y a la STPS para que implementen acciones para dar seguimiento a la protección, defensa y promoción de los derechos humanos de los trabajadores agrícolas.
La Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol), dependencia a cargo de la experredista Rosario Robles, se le solicita que informe de las acciones que ha llevado a cabo a través del Programa de Atención a Jornaleros Agrícolas, en especial en el Valle de San Quintín, Baja California.

6/12/2015

La delgada línea entre el trabajo y la explotación infantil

   QUINTO PODER

Argentina Casanova*

En medio del creciente número de niñas y niños relacionados con hechos de violencia, se habla y se discute de bajar las edades para sancionarlos penalmente, de castigar, de sancionar y establecer responsabilidades.
Poco se habla de ellas y ellos cuando sus derechos son vulnerados, lo cual ocurre constantemente en México, donde particularmente quienes trabajan contribuyen a la economía familiar.
En el país 3.6 millones de niñas, niños y adolescentes de entre cinco y 17 años de edad están trabajando porque las condiciones en sus hogares son difíciles, y la economía obliga a las familias mexicanas a buscar alternativas de trabajo para todas las y los integrantes de la casa; eso significa muchas veces llevarles a ambientes que no son propicios para ellas y ellos.
En los datos sobre Trabajo Infantil de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE 2007) se menciona que este número de niñas y niños que trabajan equivale al 12.5 por ciento de la población infantil de este mismo rango de edad.
De ellos, 1.1 millones son menores de 14 años; es decir, no han cumplido con la edad mínima para trabajar marcada por la Ley Federal del Trabajo.
Este 10 de junio se conmemora a nivel internacional el Día del Trabajo Infantil, una fecha que busca visibilizar esta problemática que se agudiza y está presente exclusivamente en los países llamados “en vías de desarrollo”.
Y cuando hablamos de trabajo pensamos no necesariamente en condiciones de explotación o de violencia, aunque muchas veces la “delgada línea” suele perderse.
No es nada fácil para las madres y padres comprender qué tanto puede llegar a ser violencia contra una pequeña el que tenga que trabajar hasta más allá de las 9 de la noche, o que se encuentre en ambientes que representan un riesgo para su vida.
Es común que encontremos niñas y niños vendiendo afuera de los supermercados, en los estacionamientos ayudando a su padres a lavar autos, en los changarros de comida ayudando a la madre a preparar alimentos, en las tiendas apoyando en la distribución de la mercancía en las bolsas, aunque a últimas fechas se ha privilegiado ayudar de esta forma a personas de la tercera edad.
Lo cierto es que el trabajo infantil supone muchos riesgos para la salud, pero también afecta a la educación, ya que muchas veces los pequeños se sienten cansados para asistir a la escuela y terminan por abandonarla o, de continuar, su nivel de aprovechamiento es muy bajo, contribuyendo así a una cadena de factores que inciden en sus expectativas de desarrollo en su edad adulta.
Una vez más y para desgracia de la población, son factores que contribuyen a la llamada pobreza generacional.
Las expectativas de vida se ven afectadas así y las probabilidades de permanecer en condiciones de pobreza son quizá las mismas que las de sus padres y madres.
La realidad se convierte en el enemigo a vencer para superar los pronósticos de marginación, que deben enfrentar sin educación formal, sin oportunidades para acceder a mejores empleos y con ello también a merced de ofertas del crimen organizado.
¿Cuál es la responsabilidad de la sociedad para con las y los niños? Acaso podemos hacer de cuenta que esto no está ocurriendo y admitir que la infancia en México no tenga expectativas de vida futura, relacionada con la condición, el lugar donde nacen, el color de la piel, el origen étnico.
¿Acaso estamos condenando así a un exterminio y a una vida sin expectativas? Si les quitamos el sueño, qué le queda a la infancia de este país.
Apenas durante las elecciones las y los niños votaron; una imagen que se difundió en las redes sociales muestra la opinión en una boleta: “Lo que yo quisiera es que: nunca más desaparezcan las personas”.
Eso nos da una idea de la realidad de terror que viven en muchos estados de la República. De la consciencia de lo que les ha tocado vivir y que como adultos hemos sido incapaces de protegerles o de garantizarles un mejor ambiente para vivir.
Nunca el trabajo infantil será algo que debamos aceptar o naturalizar. Nunca el trabajo infantil tiene que ser parte de las estadísticas. El compromiso de la sociedad debe ir hacia asumir la protección de la infancia por todas y todos.
El Estado tiene la enorme deuda de cumplir y garantizar la protección de los derechos de la infancia.
*Integrante de la Red Nacional de Periodistas y del Observatorio de Feminicidio en Campeche.
CIMACFoto: Yunuhen Rangel Medina
Por: Argentina Casanova*

Cimacnoticias | Campeche.-