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6/20/2026

Una ley para erradicar la violencia racial y sexual contra niñas indígenas en Argentina

 

Mujeres indígenas celebran la aprobación de la ley fuera de la sede del Poder Legislativo de Salta. Imagen: Cámara de Senadores de Salta.- Florencia Galarza

SALTA, Argentina – Por primera vez, una ley en Argentina reconoce que el abuso sexual sistemático contra niñas y mujeres indígenas, naturalizado bajo el nombre de ‘chineo’, es un crimen de odio que debe prevenirse mediante sensibilización y educación.

El ‘chineo’ es una práctica sistemática de abuso sexual y agresión a niñas, niños y mujeres indígenas por parte de hombres criollos, es decir, de ascendencia no indígena, frecuentemente con mayor poder económico, social o político. En lengua wichí se los llama hätäy, “demonios blancos”.

No por casualidad a la ley 8534, aprobada por el Congreso de la norteña provincia de Salta el 16 de abril, se la conoce como ‘ley Octorina’, en memoria de la lideresa wichí Octorina Zamora que defendió los derechos humanos de los pueblos originarios. Es resultado de una larga lucha de las mujeres indígenas.

El Movimiento de Mujeres y Diversidades Indígenas por el Buen Vivir nació con reuniones en fogones de mujeres referentes que recorrían kilómetros para contar y escuchar los problemas de cada territorio, como la falta de agua potable o la desnutrición infantil, hasta su conformación oficial en 2012, en la ciudad de Rosario, provincia de Santa Fe (centro). Reúne al menos 36 comunidades de más de 20 pueblos indígenas y tiene alcance nacional.

En 2019, el Movimiento lanzó su campaña #BastaDeChineo, creando redes para cuidarse entre ellas y a sus hijos e hijas, asistir a las víctimas y acompañar en sus denuncias a las que no hablan español.

En algunas comunidades, las indígenas se organizaron para denunciar lo que soportaban, como ocurrió en 2022 en la comunidad wichí Misión Kilómetro 2, donde mujeres y adolescentes hicieron una marcha y firmaron una carta pública, luego de la violación y femicidio de una niña de 12 años, Pamela Flores. Con el apoyo de Octorina Zamora, también participaron de la Primera Asamblea de Mujeres Indígenas de la ruta 81 en la que hicieron oír sus reclamos a autoridades provinciales y nacionales.

Octorina Zamora (izquierda) en una protesta por el crimen de la niña Pamela Flores. Imagen:  Cortesía de la Agrupación Las Fieras de Abya Yala

En mayo de ese mismo año, el Movimiento de Mujeres y Diversidades organizó en Chicoana, Salta, el Tercer Parlamento Plurinacional con presencia de más de 36 delegaciones indígenas de todo el país. El Informe de Chicoana, elaborado por las delegadas, incluía el pedido de medidas urgentes contra el chineo.

Varias de sus demandas serían luego parte de la ley, como la obligación de generar estadísticas, la capacitación intercultural de funcionarios, la incorporación de intérpretes y la participación de las comunidades indígenas en las políticas públicas. Otras quedaron por el camino.

Octorina Zamora falleció una semana después del Parlamento Plurinacional. Fue entonces cuando el senador provincial Walter Cruz, del pueblo kolla, ingresó a la legislatura salteña el primer proyecto, rindiéndole homenaje y recogiendo algunas de sus ideas.

“Nosotras [el Movimiento de Mujeres y Diversidades] no participamos en la escritura de la ley directamente”, dijo la activista travesti trans María Pía Ceballos, indígena wichí ava guaraní de la ciudad salteña de Tartagal. “Con excepción de Tujuay [Gea Zamora, hija de Octorina], que sí fue consultada”, añadió.

‘Disciplinamiento colonial’

En la tarde del jueves 16 de abril, un puñado de mujeres indígenas lograron ingresar a la sede de la legislatura de Salta para presenciar el debate y la votación. Rieron, lloraron y se abrazaron. Habían logrado que el Estado reconociera por primera vez la violencia racista y machista que sufren las comunidades wichí, qom, kolla, guaraní, pilagá, chorote y otras en el norte argentino.

Allí estaba Tujuay, la hija de Octorina, quien continúa la lucha de su madre contra el chineo.

“Cuando salimos de la legislatura, nos dimos cuenta de que recién empezaba todo. La ley no es un punto de llegada sino un punto de partida”, dijo Tujuay a democraciaAbierta. Es urgente contar con “herramientas jurídicas para defender” los territorios de “este disciplinamiento colonial”, agregó.

La norma no crea nuevas figuras penales – facultad que recae en el Congreso nacional – ni modifica las sanciones previstas para los delitos sexuales ni los agravantes de delitos motivados por odio racial, religioso, de género, orientación sexual o identidad de género. Su objetivo es reconocer una violencia históricamente invisibilizada.

«Sabemos que es una ley primaria; decidimos aprobarla porque es necesaria. Es un primer paso», dijo a democraciaAbierta el senador Cruz.

La ley dispone crear un organismo que deberá elaborar estadísticas, crear protocolos de actuación, campañas de prevención y mecanismos de protección. Los ministerios de Salud, Educación, Gobierno y Justicia deberán destinar recursos para campañas de difusión multilingües, centros de asistencia intercultural, capacitación de funcionarios estatales y acompañamiento integral a víctimas. La reglamentación, aún pendiente, determinará en qué ministerio recaerá la responsabilidad y definirá su presupuesto.

La norma exige consultas y diálogo permanente con comunidades originarias a través del Instituto Provincial de Pueblos Indígenas de Salta, y habilita la intervención del Ministerio Público Fiscal como actor civil en representación de las víctimas. “Podemos ser pioneros con esta ley. Pero si no la aplicamos bien, habrá sido un lindo papel”, advirtió Cruz.

El escenario político argentino no ofrece un marco favorable para que una norma así sea aprobada para todo el país. Desde que el presidente libertario Javier Milei asumió el gobierno en diciembre de 2023, se eliminaron instituciones y presupuestos para combatir la violencia de género y se desmantelaron organismos vinculados a derechos indígenas.

Justamente por eso, según Cruz, la ley salteña adquiere mayor relevancia. La aspiración es que pueda convertirse en antecedente de legislaciones similares en provincias vecinas o en todo el país. “Sería ideal que esto pueda discutirse también en Chaco, Formosa, Jujuy o Santiago del Estero; el chineo no ocurre solo en Salta”, dijo el senador.

Olvido y miseria

En 2015, Juana*, una niña wichí de la comunidad de Alto La Sierra que padecía microcefalia y retraso madurativo, fue interceptada por ocho criollos que la arrastraron al monte, la drogaron, la golpearon y la violaron. Juana quedó embarazada y, a causa de las distancias, la falta de ambulancias y las barreras idiomáticas no recibió atención médica durante días.

A pesar de que el aborto en caso de violación ya era legal en Argentina, el sistema de salud y la justicia local dilataron los tiempos hasta la semana 19 de gestación. Como el embarazo estaba «muy avanzado», los médicos la obligaron a someterse a una cesárea.

Adolescente wichí. Imagen: Julieta Bogado

Su madre denunció el hecho, pero sufrió amenazas y presiones para desistir de su reclamo judicial que, además, estuvo lleno de irregularidades que derivaron en apartamientos de fiscales, jueces y médicos. Con todo, en 2019 la justicia condenó a los agresores a 17 años de prisión.

Octorina Zamora acompañó a la familia de Juana, como a tantas otras, y realizó un seguimiento incluso años después del hecho. “Juana sigue sometida en el olvido y la miseria, sin una asistencia que le corresponde por ser víctima, por ser mujer, por ser indígena, por ser una niña”, contó en 2020, en un conversatorio del Instituto Nacional contra la Discriminación.

La mayoría de los casos nunca llegan a juicio o quedan paralizados entre barreras idiomáticas, falta de intérpretes o presiones locales, como detalló una investigación que republicó democraciaAbierta.

Una palabra cargada de dolor

El proyecto original presentado por Cruz en 2022 quedó sin tratamiento por la resistencia que oponían algunos partidos políticos y terratenientes a una iniciativa enfocada en los abusos cometidos por hombres no indígenas.

Sin perspectiva de avances, las organizaciones que lo apoyaban decidieron cambiar la estrategia. El texto “ha variado mucho desde su primera presentación”, que hablaba explícitamente de chineo, dijo el senador Cruz. Debido a las contribuciones de “algunas organizaciones de mujeres y derechos humanos”, el término fue eliminado, ejemplificó.

Según Ceballos, el uso de esa palabra genera, aun hoy, debates y contradicciones. “Algunas mujeres indígenas ven ‘chineo’ como una mala palabra y les afecta emocionalmente. Desde el Movimiento explicamos que ese concepto es una práctica de violación sexual colonial y machista que debe nombrarse”, dijo.

Entre 2023 y 2025, el proyecto fue discutido en distintos espacios de intercambio con liderazgos indígenas, organizaciones feministas y actores vinculados a los derechos humanos.

La organización Na’ Nechepa (Levantémonos), impulsada por Tujuay Zamora, la Fundación Juala y varias liderezas territoriales redactaron e hicieron llegar modificaciones específicas al articulado.

Así, aunque la ley recogió parte de las demandas de las organizaciones, el costo de la aprobación fue su reducción.

“La ley sufrió varios recortes en puntos importantes, como la reparación económica y judicial”, dijo Tujuay Zamora. “No es lo ideal, pero es una herramienta útil y un primer paso fundamental para que nos empiecen a ver”.

Una plataforma de lucha

Años antes de la ley, el Informe Chicoana fue mucho más que un petitorio contra el chineo. Fue una plataforma amplia que abordaba el origen de la explotación y el abuso. Reclamaba que se prohibiera trabajar en territorios indígenas a empresas cuyos empleados hubieran cometido abusos y “que se procese, condene y se dé de baja deshonrosa a policías, gendarmes y/o militares” que hubieran incurrido en los mismos delitos.

Proponía expulsar y condenar “a las instituciones y grupos religiosos que operan en territorio indígena y sean cómplices”; así como juzgar, sin fueros, a funcionarios públicos y autoridades tradicionales que hubieran incurrido en chineo como ejecutores, cómplices o facilitadores.

También reclamaba que se embargaran “todos los bienes de los violadores” para aportar a la reparación de la víctima y que fueran las mujeres “las receptoras y administradoras de los programas de alimentación y asistencia social”.

Ceballos explicó este punto: “Tenemos casos donde los conductores de camiones con alimentos solidarios llegan a las comunidades y piden niñas a cambio de entregar los recursos. Y algunos caciques las entregan”.

Tujuay Zamora recordó que su madre ya presenciaba estas situaciones en la década de 1980. “Durante la vuelta de la democracia en Argentina, Octorina denunció que cuando se entregaban las cajas PAN (Plan Alimentario Nacional), algunos conductores pellizcaban en zonas íntimas a niñas de 10 años o intercambiaban alimentos por sexo”.

El Informe Chicoana también explicitó el ‘terricidio’, concepto acuñado por el Movimiento de Mujeres Indígenas por el Buen Vivir para describir la destrucción de la Tierra y de los pueblos originarios, perpetrado por un sistema económico extractivista, colonial y patriarcal. “La civilización ocupante ha generado muerte y la afectación en todas las vidas en los territorios ancestrales. Nuestro dolor y nuestras pérdidas son irreparables”, dice.

En diciembre de 2024, el gobierno derogó una ley que amparaba a las comunidades indígenas y suspendía las órdenes de desalojo de las tierras donde vivían de forma ancestral, aunque no tuvieran títulos de propiedad. Ahora, las comunidades de las provincias de Salta y Jujuy ven con preocupación el avance del Corredor Bioceánico de Capricornio, una red de carreteras sudamericanas que unirá el centro-oeste de Brasil con puertos sobre el océano Pacífico, y que cruzará sus territorios.

Para las indígenas, camiones y nuevas rutas comerciales aparecen asociadas a otro tipo de circulación, como la trata de personas, el narcotráfico y mayor violencia de los criollos.

“Ya existen situaciones de trata en algunas comunidades y esto puede empeorar muchísimo”, dijo Tujuay Zamora. “El proyecto extractivista avanza aunque las comunidades resistan. Entonces necesitamos herramientas para proteger a nuestras niñas y adolescentes de todo lo que se viene”.

La población indígena de Argentina asciende a 1,3 millones, según el censo nacional de 2022 que contabilizó 45,8 millones de habitantes. En Salta suman más de 130.000, un 10% de la población de la provincia. El Estado reconoce la preexistencia de 14 pueblos indígenas en Salta.

“El informe Chicoana y la problemática del terricidio nos puso de acuerdo y permitió la difusión sobre el vacío legal que existe en este tema», dijo Ceballos.

Mujeres que iluminan

Según la cosmovisión wichí, anterior a la colonización española, las atsinay katés (mujeres estrellas) eran portadoras de sabiduría ancestral y pilares fundamentales para la comunidad.

Fabiana Ibarra, integrante del Movimiento de Mujeres y Diversidades Indígenas por el Buen Vivir, es una de esas mujeres estrella. Aprendió a hablar español sola, luego de haber denunciado, con 13 años, el abuso sexual de un criollo. “Nadie me entendió del todo”, dijo a democraciaAbierta. Le tomaron la denuncia con lo poco que lograron entender, aunque “no hubo seguimiento del caso”.

En 2006 un hätäy la interceptó mientras volvía de vender artesanías en el monte de la localidad El Quimilar Carboncito, cerca de la frontera con Bolivia y Paraguay. “No sé si estaba ebrio o drogado; tenía los ojos muy rojos”, recordó Fabiana con un hablar pausado y silencios prolongados. “El hombre me amenazó por la espalda y me llevó hasta unos yuyales donde me abusó”. La causa judicial no avanzó – el hombre tenía familiares dentro de la policía – y ella nunca logró una reparación.

Fueron años de lucha y dolor, que se alivianó cuando comenzó a reunirse con otras hermanas wichí que habían sufrido episodios similares. En las comunidades, explica, todavía es normal escuchar a algunos hombres decir “‘vamos a chinear’. Se refieren a salir a buscar mujeres para abusar, a nosotras, que tenemos los ojos como chinas”.

Hoy Fabiana Ibarra es una mujer estrella que ilumina y guía a otras mujeres indígenas que no pueden expresarse en español frente a médicos, policías o funcionarios judiciales. “Me siento vocera de las hermanas que no pueden hablar”, dijo.

Este artículo se publicó originalmente en DemocraciaAbierta.

6/21/2025

«Si te negabas a recibir una educación colonial, te relegaban a reservas como a animales»

 Entrevista a Tsitsi Dangarembga, escritora y cineasta

Fuentes: CTXT [Imagen cortesía de Plankton Press]

La imposibilidad de “existir plenamente” de las personas provenientes de países africanos con apartheid es un concepto que Tsitsi Dangarembga (Rodesia del Sur, actual Zimbabue, 1959) analiza desde diversos ángulos en Mujer y negra (Plankton Press, 2025). Este existir con restricciones no solo se da entre los ciudadanos que han sufrido la segregación en Sudáfrica o Zimbabue, sino también entre sus descendientes de la diáspora y los nietos de los nietos que fueron forzados a cruzar el Atlántico en barcos, como mercancía.

“Soy una refugiada existencial”, confiesa la autora, cuya primera herida es el imperio, que destruyó la cohesión social, los sistemas políticos y las subjetividades de “personas negras convertidas en recipientes de un discurso imperial”.

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¿Cómo hacer para conformar un yo completo a partir del “estatus subjetivo del no yo” al que fueron relegadas las personas con demasiada concentración de melanina en la piel en la “empresa colonial”? Esta es la pregunta a la que Dangarembga –novelista, ensayista y cineasta– le da vueltas en este libro, valiéndose de herramientas históricas, psicoanalíticas y datos de la propia biografía personal.

Confronta, pues, con la subjetividad construida a partir de las “narrativas opresoras” que conducen al “no-somos” y aboga por una revolución del imaginario, que permita una igualdad discursiva frente al imperio “como guillotina”.

Actualmente, Tsitsi Dangarembga participa de un programa de residencias internacionales del Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB), “para compartir mis perspectivas con productores del sector cultural y del tejido social de aquí”, según sus propias palabras, en esta entrevista que mantuvimos con ella.

¿Podemos hablar de una noción interesante de su libro, como la del ‘regalo envenenado’ del colonialismo?

Quienes forman parte del proyecto colonial han proyectado una imagen de benevolencia, señalando aquellas cosas que trajeron a África. Por ejemplo, la tecnología, la construcción de carreteras, una forma de educación occidental, las lenguas europeas… en fin, esas cosas que no existían antes de la colonización europea y que permitieron a la gente africana participar de alguna manera en las formas de ser que Europa ‘globalizaba’ en ese momento.

Pero a ningún africano se le preguntó si quería participar. Así que no era una cuestión de voluntad, porque si te negabas, te aniquilaban de alguna manera. Si te negabas a ceder tus tierras, te mataban. Si te negabas a recibir educación, te relegaban a reservas como animales cercados en un campo. Por eso, cuando se analiza una donación, creo que siempre es necesario revisar la intención que hay detrás de ella. En este caso ¿la intención del regalo era emancipar a quien lo recibía o poner a quien lo recibía en un lugar que beneficiaba a quien lo daba?

Al mismo tiempo, usted afirma que el colonialismo trae dolor a todos los implicados, a ambos lados.

Sí, lo hace absolutamente. Afecta no solo a las personas que están en el continente africano, sino también a los millones de personas (incluidos sus descendientes) que sufrieron el sistema de esclavitud, en el Caribe y en los Estados Unidos.

Recuerdo, por ejemplo, la actuación de una mujer afroamericana en Suiza, en la década de 1990, que leyó un fragmento de un poema, que decía “¿cómo te imaginas millones y millones de personas que nunca podrán volver a casa?” No pueden construir un lugar que sea verdaderamente su hogar aquí y no pueden ir a ningún otro lugar al que puedan llamar hogar. Este es el legado del que hablo.

El colonialismo destruye las estructuras subjetivas que sustentan el modo de vida de un pueblo

En el propio continente, se destruyeron todas las formas de hacer que validaban su existencia como personas encarnadas tal y como somos los africanos. Esto se hizo intencionalmente, porque así es como se crea el sometimiento, destruyendo las estructuras subjetivas que sustentan el modo de vida de un pueblo. Los británicos lo llamaron ‘crear un imperio metafísico’. Es algo que está subjetiva y físicamente dentro de la memoria viva.

Hay quienes recuerdan que a los ciudadanos locales les vendían las hamburguesas en un pequeño callejón lleno de basura, porque no compraban en el mismo lugar que los colonizadores. Es decir, querían mi dinero, pero no mi sentimiento de valía como ser humano. Tenían que quitarme el dinero cuando ya me habían subyugado.

Quería preguntarle sobre la separación de sus padres en la década de los años 60, cuando la enviaron a vivir con una familia blanca británica, mientras sus padres estudiaban en la universidad, en Londres. ¿Aquella era una costumbre extendida?

Esto se desarrolló en Inglaterra, cuando las personas del continente africano necesitaban ir a Inglaterra para obtener la educación que se requería para volver y ser parte del sistema. Al principio, el gobierno británico exigía que se formaran solo los hombres, por lo cual viajaban sin sus familias. Luego vieron que cuando iban estos hombres –que al principio eran de África Occidental– tenían obviamente relaciones con mujeres blancas. Y esto se convirtió en un problema (incluso a veces también tenían esposas en casa). Así que cuando el gobierno británico adoptó la política de permitir a las familias viajar a Inglaterra, para que tanto la mujer como el hombre recibieran formación, se preguntaron ¿qué hacemos con los niños? Entonces, la solución que se encontró fue que estas familias con subvenciones o becas destinaran parte del dinero disponible a guarderías. Así, un sistema de acogida que ya existía entre los británicos se extendió a los niños de estas familias africanas, para que tanto la mujer como el hombre pudieran estudiar.

Entonces, se les pagaba a familias que no estaban bien económicamente, en ciertas áreas del sur de Inglaterra, para que cuidaran a los niños. De hecho, se convirtió en un sistema de gestión de la necesidad de educar a las personas melanizadas de las colonias.

Así que, sí, fue definitivamente algo así como una norma que se estableció con un propósito.

¿Necesitó un ‘ajuste de identidad’ para volver a su país, a su casa, tras criarse con padres ingleses blancos?

Realmente no puedo hablar de un ajuste de identidad para adaptarme a los padres blancos porque era muy pequeña. No tenía ni tres años cuando esto ocurrió. Por lo tanto, no había desarrollado mucho mi identidad. Obviamente, hubo una ruptura y fue muy traumático, pero no puedo hablar de ello en términos de identidad.

Pero, sí, cuando fui mayor, al volver a Zimbabue, tenía seis años, entonces, sí, entendí quién era o al menos creí entender quién era y luego tuve que reformular esa comprensión.

¿Siente que fue educada por personas que no eran sus padres?

Sí, en efecto, eso es lo que ocurrió. De hecho, hay historias sobre algunos niños que fueron incapaces de adaptarse cuando volvieron a su país de origen y que, por algunos incidentes, esos niños fueron devueltos a la madre de acogida y finalmente crecieron con los padres de acogida.

En uno de los tres ensayos de su libro, también habla de la brecha entre hombres y mujeres de la diáspora africana en Europa: “Allí, mi compañía fueron los amigos zimbabuenses de mi hermano, pues apenas había mujeres zimbabuenses en el grupo. Las mujeres negras solían ser jóvenes antillanas con trabajos manuales, obreras. Los hombres a mi alrededor languidecían en una nube de alcohol, marihuana y música dub”…

Eran los 70, y en esa época no había igualdad de género. Zimbabue todavía era Rodesia, es decir, un estado muy patriarcal, en el que había poco espacio para la emancipación de las mujeres, en general, pero aún más para las mujeres melanizadas. Así, pues, en aquella época no se animaba a muchas mujeres a cursar estudios superiores.

Por lo tanto, las personas que estaban fuera en la década del 70 eran principalmente hombres y a eso es a lo que me refería en ese pasaje.

En las últimas décadas, ha habido un gran impulso a la educación de las mujeres

Hoy en día no se ve una brecha entre la diáspora africana masculina y femenina en Europa. En las últimas décadas, ha habido un gran impulso a la educación de las mujeres que ha sido muy fructífero, creo, y muchas mujeres van al extranjero para formarse.

Lo que me preocupa en este momento es que, debido a la situación económica de Zimbabue, vemos que vuelve a empezar a haber una disparidad, por la que las niñas tienen más probabilidades de abandonar la escuela. Y esto se debe a que las niñas tienen más valor económico para la familia, pueden hacer más tareas domésticas en el hogar. O sea que podría suceder que, a menos que las cosas cambien, volvamos a ver que las mujeres están en desventaja educativa.

Por el momento, no es así en los niveles superiores de aprendizaje, lo cual es positivo.

Cito este texto suyo: “Ser categorizada como mujer y negra no limita mi escritura. Escribir me confirma que soy más que negritud y feminidad”. ¿Desde qué punto de vista hace esta afirmación?

La negritud es que alguien me diga “Tú eres negra”. ‘Soy más que negritud’ implica que no es cierto que alguien se identifique con la negritud.

Hay que aprender a buscar la esperanza

Tienes la sensación de que la gente te categoriza y yo digo que esa es “tu categoría”, pero no es una categoría real. El hecho de que pueda hacerlo es una prueba.

Cuando habla de un feminismo de mujeres melanizadas que debe ir más allá de la lucha de las mujeres de las ONG, ¿puede explicarnos cuáles son esas distancias que observa?

Para mí, una buena inversión de mi agencia humana es crear condiciones en las que los seres humanos puedan prosperar. Creo que esto es particularmente importante para muchas mujeres melanizadas que se identifican como feministas, o que practican el feminismo, porque hemos visto el daño que se hace en los grupos de identidad, ya sabes, en los lugares donde nos identificamos.

Muchas mujeres no han tenido una situación en la que puedan mirar a las personas excluidas y pensarse como parte de ese sector de la sociedad. Otras –que sí hemos formado parte de esos grupos– concebimos el mundo como un lugar que requiere inclusión. En cambio, si una persona es privilegiada, puede concebir el mundo como un lugar que requiere exclusión.

¿Cree que en Zimbabue hoy se puede dar esta esperanza?

No creo que esta esperanza tenga por qué venir solo del entorno físico inmediato. Porque muchos de nosotros vivimos en situaciones que son negativas y que realmente agotan la esperanza. Creo que la esperanza es un proceso interno. Hay que aprender a alimentarla y a seguir construyéndola. Hay que aprender a buscar la esperanza.

Así que, si estoy en Zimbabue, tengo que saber dónde buscar para poder alimentarla. Si busco en otro sitio, mataré la esperanza. Y creo que eso es probablemente cierto dondequiera que uno esté.

Fuente: https://ctxt.es/es/20250501/Culturas/49251/Tsitsi-Dangarembga-zimbabwe-colonialismo-mujer-y-negra-entrevista.htm

4/26/2025

22 años de la muerte de Nina Simone: música, causa antirracista y emancipación

 

.-Ciudad de México.- Eunice Kathleen Waymon nació un 21 de febrero de 1933 con la increíble capacidad de tocar prácticamente cualquier instrumento a oído; una sensibilidad que la llevaría a conquistar el mundo a través del soul. Eunice, quien más tarde adoptaría el nombre Nina Simone, murió un 21 de abril del 2005 y a dos décadas de su fallecimiento, celebramos su vida y festejamos el hechizo que lanzó sobre su música; una música encantadora y revolucionaria que le valdría el apodo de «La suma sacerdotisa del soul».

Probablemente una de las banderas más claras para nombrar a Nina es la lucha que emprendió en contra de la segregación racial de los Estados Unidos, misma, que pretendió -en mas de una ocasión- alejarla del camino de la música. Según escribe en su autobiografía, la primera vez que fue consciente de que algo no estaba bien fue a sus 12 años.

En aquel entonces, Eunice fue invitada para un recital en su escuela, tendría un momento de solista para demostrar sus habilidades en el piano. En aquel entonces, los Estados Unidos se regían bajo el principio del «separados pero iguales», una norma vigente hasta 1954 que segregaba a la población afro; sí podían ocupar espacios públicos, pero sólo ciertas áreas, por ejemplo, en los restaurantes, en el tren o en las banquetas.

La familia de Eunice llegó a la escuela con antelación, pues estaban convencidos de que su hija había sido bendecida con «el don de la música». Sin embargo, poco antes de que Eunice diera su espectáculo, las autoridades escolares les pidieron abandonar las primeras filas y les enviaron a la zona de «colored people» (personas de color). Eunice, teniendo apenas 12 años, presenció el hecho y se negó a tocar una sola nota hasta que regresaran a sus papás a sus asientos.

Este episodio representa un parteaguas en la vida de Nina Simone. Una advertencia de que no sólo enfrentaría un sistema patriarcal, sino también, racial.

Años más tarde, en 1961 -cuando aún existía la norma de segregación racial-, Nina Simone decidió empacar sus cosas y viajar a Filadelfia, donde se encontraba el Instituto Curtis, Y es que, su familia y ella se habían quedado sin fondos para costear su educación en la Academia Julia donde estudiaba, por ello, luchar por la beca en el Instituto Curtis podría ser la moneda al aire que decidiera el éxito en su carrera.

Pasó todos los examenes y el jurado quedó atónito por las piezas que presentó Nina Simone quien estaba segura de haber ganado su lugar en el instituto. Sin embargo, días más tarde le enviaron una carta donde rechazaron darle un lugar. Nunca le especificaron el motivo, cerrandole la puerta de forma definitiva por «determinadas circunstancias»

En su autobiografía Nina Simone escribe: «Fue un golpe de racismo enorme, nunca pude recuperarme de aquello».

A partir de aquí, empezó una pelea contra el mundo; un mundo que le incomodaba la presencia de una mujer negra componiendo y creando piezas afiladas mejores que las de cualquier otro contemporáneo blanco aclamado por la crítica.

De hechizos, lucha social y bisexualidad: La «Niña» Simone

Eunice enfrentó una amplia desilusión con la imposibilidad de continuar sus estudios, para ella, resultaba evidente que el sistema racial no le permitiría alcanzar sus sueños aún, con todo el talento en las manos. Las deudas comenzaron a ahorcar a la familia de Eunice y derivado de ello, decidió buscar trabajo en algunos bares nocturnos donde ofrecía sus servicios como pianista.

En 1954 fue contratada en el Midtown Bar and Grill de Pacific Avenue de Atlantic City, Nueva Jersey. Ahí, el dueño le pidió que también cantara, una idea que desagradó por completo a Eunice pues su sueño era convertirse en la primera pianista negra de los Estados Unidos, no en cantante, sin embargo, la necesidad apremiaba y aceptó el trabajo.

Le tomó sólo un par de presentaciones para que toda Nueva Jersey supiera que en la ciudad existía una de las voces más míticas y contrastantes. Los profundos y ricos tonos vocales que alcanzaba Eunice, en combinación con su extraordinaria habilidad para el piano, la catapultaron a la fama popular y como requería un seudónimo tomó inspiración de la palabra en español «Niña» -como le decía su entonces pareja, un hombre de origen hispano- y la poderosa actriz Simone Signoret, como resultado, una noche nació Nina Simone.

Teniendo sólo 24 años la industria discográfica luchaba por firmarla y así empezaría a ser representada por distintos sellos de disqueras hasta que en los 60s encontró a In Concert y con ellos, lanzó uno de los LP más poderosos en su carrera, convirtiéndola en una de las pocas artistas de los Estados Unidos en denunciar la violencia racial y de género.

En 1963 asesinaron al defensor de derechos humanos Medgar Evers y en respuesta, escribió «Maldito seas Mississippi»; una canción de 3 minutos donde cuestionaba el papel de la sociedad siendo uno de los estribillos: «Este país está lleno de mentiras, todos ustedes van a morir y caerán como moscas».

Rápidamente, Nina Simone empezó a sentir un rechazo absoluto a la industria de la música, se sentía asqueada de los clubes, de los hombres, de los blancos, del racismo, de la música popular y de lo absurdo que era para ella ser explotada, pues además, había coincidido con Andrew Stroud, un hombre que la había enamorado y posteriormente, ejerció un crudo extractivismo en contra de su trabajo.

Stroud era un afilado negociador de la música y llenaba las agendas de Nina Simone para hacer dinero. Poco después, tuvo una hija con ella y durante esta relación, Nina Simone fue víctima de violencia doméstica; la agredía verbalmente y golpeaba de forma reiterada: «Me hacía trabajar como un caballo, le tenía miedo, nunca lo había dicho pero me golpeaba», escribe Nina en su autobiografía «I put a spell on you».

Años después, logró escapar junto con su hija de Stroud y dedicó su música al activismo, a la lucha contra el racismo, pero también, a encontrar el amor en otras mujeres. En aquel entonces la bisexualidad era un espectro desconocido e inexistente, sin embargo, Nina Simone no temía a ser vista con mujeres y por ello, en su autobiografía también dedicó todo un apartado a nombrar a las mujeres a las que amó y quienes la ayudaron a sanar las huellas de la violencia que había dejado Andrew Stroud en su vida.

La gota que derramó el vaso y reventó el hartazgo de Nina Simone fue el asesinato de Martin Luther King. Para ella fue insostenible continuar en los Estados Unidos e inmediatamente, salió del país con rumbo a Barbados, según rememora en I put a spell on you, no soportaba estar ni un minuto más en ese país. Posteriormente, vivió en Holanda y finalmente, al sur de Francia donde su salud mental iba en picada; se sentia deprimida y para 1990 pidió apoyo profesional, recibiendo un diagnóstico de trastorno maníaco depresivo y bipolar.

Algo importante en este diagnóstico es que, una vez que entendió lo que pasaba con ella trabajo con ella y en compañía de su hija, Lisa Simone dio un vuelco completamente nuevo a su carrera, volvió al espacio público y se volvió en una de las etapas más fructíferas de su historia. Nina y Lisa se convirtieron en un refugio mutuo, tocaban juntas y emprendieron giras como pianistas.

Para el 2002 recibió el Diamons Award for Excellence in Music de la Association of African American Music y un año después, en 2003, Nina Simone fallece a causa de un cáncer.

11/30/2024

Violencia política en razón de género contra mujeres indígenas en México

Escrito por Nayeli Castillo Trejo 

.- Todas las mujeres atraviesan por diversas violencias, pero ¿Qué retos enfrentan al llegar a un cargo público?

Ciudad de México.- Ser mujer representa un factor de riesgo en una sociedad patriarcal, donde el sistema político fue creado por y para los hombres, vulnerando de manera histórica la participación de las mujeres en los cargos públicos.

La lucha de las mujeres por apropiarse de espacios públicos que les han sido negados por conductas e ideas machistas aún continúa, ya que si bien existen leyes y organismos que deben de proteger el libre ejercicio de la participación de las mujeres en la política, aún existen diversas violencias que permean el contexto de las mujeres y mujeres indígenas.

El camino para que las mujeres indígenas y afrodescendientes lleguen a los espacios políticos en el país, representa retos, donde la interseccionalidad atraviesa diversos caminos de violencia, ya que existen condiciones que pueden llegar a vulnerar más la participación de algunas ciudadanas.

Violencia política en razón de Género

De acuerdo con información extraída del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), la politóloga Flavia Freidenberg define la violencia política en razón de género como: “(…) aquellos comportamientos dirigidos específicamente contra las mujeres por ser mujeres, con el propósito de que abandonen la política, al presionarlas para que renuncien a ser candidatas o a un cargo público”.

Durante las pasadas elecciones, uno de los temas de la agenda pública fue la violencia política en razón de género, ya que el 13 de junio de 2024, la Sala Especializada del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), declaró que el entonces presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, AMLO, cometió violencia política de género en contra de Xóchitl Gálvez Ruiz, ex candidata a la presidencia de México.

El señalamiento del TEPJF detalló que AMLO, durante ocho conferencias matutinas mejor conocidas como mañaneras, de julio a agosto de 2023, realizó declaraciones con el objetivo de menoscabar el reconocimiento de los derechos políticos de Gálvez Ruiz, con base en su carácter de mujer e indígena, al reforzar el estereotipo de inferioridad o dependencia para acceder a cargos públicos.

El pasado 20 de septiembre del año en curso, en entrevista con la empresaria, política y excandidata a la presidencia de México, Xóchitl Gálvez Ruiz, señaló que durante el periodo electoral fue cuestionada y desacreditada por sus raíces indígenas.

Gálvez Ruiz compartió que desde hace 40 años ella manifestó sus raíces indígenas, “desde que llegué a la universidad dije: yo soy indígena, no fue una decisión”, recalcó, ya que muchas personas piensan que es un discurso o bandera política que adoptó luego de ser candidata a la presidencia de la República Mexicana.

“Me pareció extremadamente violenta la acción de parte del presidente, y el presidente ejerce violencia política en razón de género”, sostuvo la ex candidata.

La Comisión Nacional de Derechos Humanos de México puntualiza en Aspectos básicos sobre derechos humanos de los pueblos y comunidades indígenas, que es muy complicado consolidar la definición de una persona “indígena”, enfatizando que la autoidentificación es el principal fundamento a reconocer.

Violencias contras las mujeres: persisten casos sin sancionar

Las palabras de AMLO que ponían en duda la capacidad de la excandidata por ser mujer, así como cuestionar sus raíces indígenas, no tuvieron consecuencias, ya que, según la ley, “impide sancionar al presidente por este tipo de faltas en materia electoral”.

El caso de la también empresaria Xóchitl Gálvez, hizo que la violencia política en razón de género se visualizará, pero ¿Cuántos casos más existen?

El 27 de marzo de 2024, la Central Electoral del Instituto Nacional Electoral (INE), informó que del 14 de abril de 2020 al 19 de marzo de 2024, se recibieron 402 quejas y denuncias en materia de violencia política contra la mujer en razón de género.

Dichas cifras se dieron a conocer luego de que, en sesión ordinaria, las consejeras del Instituto Nacional Electoral (INE), Carla Humphrey, Norma De la Cruz y Dania Ravel, advirtieran sobre un aumento en las denuncias, pues se presentó un incremento de 28 asuntos en ese último mes.

En el Registro Nacional de Personas Sancionadas en Materia de Violencia Política contra las Mujeres en Razón de Género, actualizado hasta el 23 de septiembre del presente año, indicó que a la fecha se han sumado un total de 457 delaciones por violencia política contra las mujeres.

De los registros anteriores, se han sancionado a 409 personas, mismas que corresponden a 323 hombres y a 86 mujeres, es decir, la violencia política en razón de género es ejercida en mayor cantidad por hombres, pero no exenta a las mujeres de reproducirla.

Las sanciones en relación al ámbito territorial de México fueron presentadas de la siguiente manera; el 70.68% de las personas sancionadas corresponden al ámbito municipal, 14.44% en territorio estatal y el 14.88% en el ámbito nacional, lo que nos muestra que el principal contexto donde se ejerce violencia política contra las mujeres es en las presidencias municipales.

Por otra parte, las principales entidades federativas donde se realizaron las sanciones fueron: Oaxaca, Veracruz, Tabasco, Campeche y Chiapas.

Tal pareciera que el sistema de delaciones sobre violencia política contra las mujeres es muy eficiente al contabilizar las denuncias, pero al analizar los datos y los registros de este, se puede observar que hay denuncias desde el año 2020 hasta 2024 que siguen sin una sanción.

También, hay que aclarar que el número de sanciones realizadas a la fecha, no corresponde al mismo número de casos, sí, existe un número alto de sanciones, pero es debido a que una sola denuncia puede tener más de una sanción.

Un ejemplo es el caso SER-PSC-47/2023, donde una persona de la sociedad civil fue sancionada tres veces, con tres multas, por la reproducción, difusión y manifestación de contenido sexual, minimizando la capacidad de la víctima para desempeñar un cargo público.

Otro ejemplo es el caso contra el presidente municipal de Altotonga, Veracruz, Ernesto Ruiz Flandes, el cual fue sancionado 11 veces en total. El número de sanciones depende de la resolución que se le de al caso, así como de los actos cometidos por el agresor.

Dentro de las acciones que han sido señaladas por las mujeres víctimas de violencia política en razón de género se encuentran acciones como:

·   Violencia simbólica con la finalidad de obstaculizar el ejercicio del cargo de las víctimas.

·   Expresiones verbales dirigidas a la víctima, basadas en estereotipos de género que tienen por objeto minimizar e impedir el pleno ejercicio del cargo partidario que ocupa.

·   Amenazas verbales e incluso con armas de fuego, acoso, hostigamiento, entre otras más.

Un dato relevante es que, incluso algunas de estas denuncias, se han clasificado con la interseccionalidad a mujeres indígenas, pues recordemos que cada contexto es particular.

Usos y costumbres

Para las mujeres indígenas el panorama de la política está lleno de violencias, situación que reconoció Xóchitl Gálvez, al señalar que mujeres indígenas han tenido la oportunidad de participar en la política, no obstante, los usos y costumbres llegan a ser un factor de impedimento para que acepten cargos públicos.

Gálvez contextualizó que las mujeres en el mundo de la política se deben de preparar de forma profesional, pero que el tema de los pueblos indígenas se ha visto como un tema aislado, es decir, ¿de qué manera se preparará la sociedad para participar en la política, si se les aísla de las herramientas necesarias?

“Se piensa que los pueblos indígenas viven en la pobreza por su cultura, por sus costumbres, y no, (…) es un tema de acceso educación, acceso salud, de infraestructura, los pobres no son pobres porque quieren ser pobres, sino porque ha habido un abandono del gobierno”, subrayó la ex candidata Xóchitl Gálvez Ruiz.

Otros retos: Racismo y clasismo

Cristina Solano Díaz, licenciada en Comunicación, activista, intérprete traductora, indígena Ñuu Savi, originaria de la Montaña de Guerrero, en entrevista, señaló que dentro de su participación en la política mexicana ha identificado que el racismo y clasismo son otros de los retos que enfrentan las mujeres.

Cristina Solano, además de ser activista por los derechos indígenas, fue titular del Instituto de la Mujer en Ensenada, Baja California Sur, quién al desempeñar dicho cargo, era cuestionada constantemente sobre su capacidad al ser una mujer indígena.

 “A mí decían cada catorcena que ya me iban a despedir, eso fue de principio a fin, que no iba a durar en el cargo, y finalmente, pues ahí estuve trabajando”, también, Cristina resaltó que el hecho de prepararse de manera profesional fue una gran herramienta. “Obviamente que nos siguen discriminando si no tienes estudios, en Ensenada somos como una ciudad muy noble, pero siempre hay este pensamiento racial y discriminatorio en las personas”, denunció Solano Díaz.

Usurpación de candidaturas

En México, los partidos políticos tienen la obligación de cumplir con una adscripción calificada, se trata de cuota de inclusión, donde los partidos deben de ser integrados por personas indígenas en elecciones federales y locales. Esta obligación fue establecida por el INE, sin embargo, han existido casos de personas que buscan usurpar estos lugares.

La activista Cristina Solano Díaz, resaltó que este problema no es nuevo y que se ha visto en hombres y mujeres, como el caso de Miriam Elizabeth Cano Núñez, candidata de Morena que en 2021 contendía por el XVII distrito de Baja California Sur, y se hizo pasar como mujer indígena del pueblo Triqui, identidad que no logró acreditar.

“Este proceso electoral 2023- 2024 a nivel federal no estuvo exento de esas usurpaciones”, acusó Cristina Solano, quien también enfatizó que los criterios para cubrir la adscripción calificada debe ser perfeccionada, y que incluso, “las instituciones se lo complican porque quieren”, ya que los pueblos indígenas han realizado propuestas para mejorar los criterios y evitar la usurpación de la identidad indígena.

De acuerdo con los resultados finales del monitoreo de violencia electoral realizado por el Laboratorio Electoral, México acaba de atravesar las elecciones más violentas de su historia.

Por eso es necesario resaltar que Ana Hieli Vázquez Reyes, candidata a regidora suplente a nivel municipal de Chiapas; Gisela Gaytán Gutiérrez, candidata a la alcaldía de Celaya, Guanajuato; Lucero López Mata, candidata a la presidencia de la Concordia, Chiapas; Miriam Noemi Ríos Ríos, aspirante a regidora municipal en el estado de Michoacán y Samantha Carolina Gómez Fonseca representante a una senaduría de representación proporcional en la Ciudad de México, fueron asesinadas durante el pasado proceso electoral.

En general, las mujeres en México atraviesan un panorama hostil en la política, plagado de conductas machistas y misóginas, donde deben de enfrentar diversos actos de violencia, cuestionamientos sobre su capacidad de ejercer puestos públicos, clasismo, racismo, usurpación de identidad e incluso acciones que atenten contra su vida.

Actualmente en México la presidencia está a cargo de Claudia Sheinbaum Pardo, la primera mujer presidenta del país, pero, ¿será que una mujer al frente de un país pueda garantizar una agenda pública por y para las mujeres?

* Este trabajo fue segundo lugar en la Segunda Edición del Concurso Universitario con Perspectiva de Género, convocado por Red Nacional de Periodistas, Comunicación e Información de la Mujer A.C (CIMAC) y CIMAC Radio

2/10/2023

Serie mostrará los rostros del racismo en México Pedro Rendón

 

La IBERO mostrará la diversidad de rostros del racismo en México a través de la serie televisiva ‘ABC del racismo en México’, producción de IBERO TV basada en el libro del historiador Federico Navarrete, ‘Alfabeto del racismo mexicano’, y que estará disponible en la red para libre descarga.

La primera temporada la conforman cinco piezas breves que combinan entrevista y animación –que recurre a viñetas mordaces y donde prepondera el collage–, y se presenta en dos versiones: hablada en español y en náhuatl.

El que una producción audiovisual haya retomado sus ideas, dijo Navarrete, demuestra que se debe alimentar un debate sano, crítico y plural en la sociedad mexicana, sobre la forma “en que en nuestro país practicamos de manera cotidiana, continuamente, eso que llamamos racismo”.

Detalló que en la serie se abordan cuatro aspectos esenciales del racismo en México: la belleza, que al estar profundamente racializada y ser excluyente, asimila ser hermosa o hermoso con el tener un tono de piel blanco, parecer europeo y, sobre todo, no parecer indígena o de origen africano.

El segundo aspecto es el español, cuyo uso ‘correcto’ es el de las elites de las grandes urbes –Ciudad de México, Monterrey y Guadalajara–, y cualquiera que hable diferente a ellas se considera persona sujeta de discriminación. Esta discriminación lingüística también es racista cuando se llama ‘dialectos’ a los idiomas de los pueblos indígenas.

El tercero, es la discriminación de la que han sido objeto las personas indígenas, por el hecho de no ser mestizas, no hablar español y por tener culturas, costumbres, formas de ser, de pensar y de vivir distintas.

El último es el humor, la manera en que por medio de chistes aparentemente inofensivos se reproducen muchos estereotipos contra las personas indígenas y de origen africano.

Antonio Arellano, director de ‘ABC del racismo en México’, comentó que ésta “persigue contribuir a la visibilización de nuestras prácticas racistas, ayudar a quitar el velo de prejuicios que nos mantiene sobre una ceguera crónica…De tal modo que, al hacer una serie que exhibe nuestro racismo en México, buscamos ayudar a sopesar el escenario de mantener este tipo de prácticas o de hacer algo para cortar con ellas”.

Al destacar algunas ideas de Federico Navarrete, Arellano mencionó que el historiador expone que el racismo en México se puede rastrear en hechos brutales como la desaparición de los 43 de Ayotzinapa y las muertas de Juárez; o hasta en la definición de quiénes son visibles y admirables, y quiénes deben vivir o tal vez morir en la invisibilidad.

Navarrete señala además que, en la sociedad mexicana actual, ‘las diferencias supuestamente raciales’ se perpetúan entre la gente, cuando al dejarse conducir por prejuicios practica el racismo y normaliza una historia centenaria de desigualdad y discriminación.

Afirma también que no es posible decir que el racismo en México es inocente o trivial, si se mira el largo historial de violencia, despojo, muerte y explotación que le acompaña.

Además de Antonio Arellano, en la presentación de ‘ABC del racismo en México’ -acontecida en el Auditorio Santa Teresa-, estuvieron: José Gutiérrez, productor de la serie y coordinador de IBERO TV; Juan Carlos Henriquez, director del Departamento de Comunicación; y Yásnaya Aguilar, escritora, traductora, activista de derechos lingüísticos y quien participa en uno de los capítulos de la serie. Navarrete no acudió a la Universidad, pero envió, desde Cambridge, Inglaterra, un mensaje videograbado.

Este material se comparte con autorización de la IBERO

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12/17/2022

Algoritmos entrenados para ser racistas

 pikaramagazine.com

Paula Guerra Cáceres

Este tipo de tecnología se ha convertido en una herramienta de construcción de otredad que refuerza el lugar de privilegio de lo blanco.

Ilustración: Sra. Milton

Cuando nos hablan de inteligencia artificial la mayoría de nosotras quizás piense en coches automatizados, aplicaciones móviles, mapas en línea o en Siri y en Alexa. Lo cierto es que pocas personas la relacionan con cuestiones vinculadas al acceso a determinados derechos o con la reproducción de desigualdades sociales.

Esto se debe al relato oficial que sitúa la inteligencia artificial como un sistema matemático neutral, aséptico, sin ideología ni punto de vista. Sin embargo, este argumento se cae cuando pensamos en una obviedad: los algoritmos no se crean por generación espontánea. Existe una persona que lo desarrolla y “entrena”, alguien que decide qué datos selecciona y cuáles descarta.

Imaginemos, por ejemplo, un algoritmo para predecir perfiles de potenciales delincuentes. Si la persona que lo desarrolla toma en cuenta únicamente delitos menores como robos, hurtos o tráfico de estupefacientes, obtendrá un perfil muy concreto. ¿Pero qué pasaría si se incluyeran también aquellos delitos denominados de cuello blanco, como malversación de fondos públicos, blanqueo de capitales o evasión de impuestos? En este segundo caso, es muy probable que el perfil elaborado por el algoritmo incluya a hombres blancos de clase media o alta, con estudios superiores y residentes en barrios acomodados.

El problema es que los desarrolladores de algoritmos suelen ser precisamente hombres blancos de clase media o alta, formados en las mismas universidades, residentes de los mismos barrios, etc., y por tanto es muy poco factible que contemos algún día con un algoritmo de este tipo.

Por lo mismo, lo que suele ocurrir es que se desarrollen herramientas como PredPol, más conocida como “policía predictiva”, un software que “predice” dónde y cuándo se cometerá un delito y que en las ciudades de Estados Unidos donde se implementa ha provocado una sobre presencia policial en barrios de personas latinas y negras.

El sesgo algorítmico

¿Por qué PredPol termina provocando discriminación racial? Porque sus diseñadores decidieron tomar en cuenta algunas variables y dejar de lado otras. Por ejemplo, optaron por entrenar el algoritmo con bases de datos de delitos históricos sin considerar que los delitos menores se denuncian de forma desproporcionada con relación a los delitos de cuello blanco. También decidieron incluir la variable de la ubicación, algo que está directamente relacionado con el factor étnico-racial puesto que las poblaciones racializadas se suelen concentrar en zonas geográficas específicas.

El sesgo de PredPol es lo que se conoce como “sesgo algorítmico”, que ocurre cuando un sistema informático refleja los valores, prejuicios y puntos de vista de quienes participan en el proceso de diseño de un algoritmo.

En el Estado español desde 2018 la Policía Nacional dispone en todas sus comisarías de la herramienta VeriPol, un algoritmo diseñado para detectar denuncias falsas de robos y hurtos, cuyo objetivo es ahorrar tiempo de investigación y evitar fraudes contra seguros.

Dicho así, suena bien. Sin embargo, VeriPol tiene por lo menos dos aspectos cuestionables. Primero, se entrenó con una base de datos de 1.122 denuncias de robos y hurtos interpuestas en 2015, que un policía se encargó de clasificar como verdaderas o falsas basándose en sus años de trabajo y experiencia en interrogatorios. De esta forma, las denuncias que se analizan con el algoritmo de VeriPol en realidad son analizadas bajo el prisma del policía que clasificó ese conjunto de denuncias en el que se basa este algoritmo. Por tanto, VeriPol no predice una denuncia falsa, sino el sesgo del policía que determinó qué es una denuncia falsa.

En segundo lugar, este algoritmo incluye la variable del lenguaje empleado por las personas denunciantes, cuestión que también resulta conflictiva no solo porque los agentes redactan las denuncias con sus propias palabras (no de forma literal) -lo que ya implica un filtro sesgado de la denuncia-, sino porque el algoritmo podría clasificar una denuncia como falsa solo por el hecho de utilizar determinadas palabras, sin tomar en cuenta los aspectos socioculturales del lenguaje. ¿Qué pasa con las personas extranjeras cuyo idioma principal no es el castellano?, ¿o con las personas provenientes de América Latina que hablan un castellano diferente al de España?

El problema del sesgo algorítmico es de larga data. Ya en la década de los años 80 la Comisión de Igualdad Racial de Reino Unido acusó a la Escuela de Medicina de St. George de discriminar por sexo y raza en sus pruebas de admisión tras conocerse que utilizaban un programa informático que analizaba el nombre y lugar de nacimiento de las personas postulantes, lo que dejó fuera a mujeres y hombres de origen no europeo durante años.

Otra herramienta de inteligencia artificial que lleva mucho tiempo poniéndose en tela de juicio son los algoritmos de reconocimiento facial. Diversos estudios demuestran que la mayoría de estos arrojan un porcentaje muy alto de error en rostros de personas no caucásicas, produciendo falsos positivos (identifica las imágenes de dos personas diferentes como si fueran una) y falsos negativos (identifica dos imágenes de la misma persona como si tratara de personas diferentes).

Sin embargo, y a pesar de las evidencias, el reconocimiento facial es una tecnología ampliamente utilizada. De hecho, formará parte de las herramientas que se incluirán en la llamada “frontera inteligente” que se pondrá en marcha este año por el Gobierno de Pedro Sánchez en los pasos fronterizos de Ceuta y Melilla. El objetivo es, según el Ejecutivo, agilizar las respuestas a las peticiones de asilo y “luchar contra el terrorismo”. No hace falta explicar que esto supondrá una nueva vulneración de derechos de las personas migrantes, que serán criminalizadas, marcadas como sospechosas y a quienes se violará el derecho a la protección de sus datos personales que sí se respeta en el resto de la población.

La inteligencia artificial racializa

Pero el problema con la inteligencia artificial va mucho más allá del sesgo algorítmico. La cuestión de fondo es que toda esta tecnología se piensa, desarrolla e implementa en un marco de racismo estructural que es parte constituyente del sistema-mundo y que, por tanto, perpetúa patrones históricos de poder.

En este sentido, la relación entre inteligencia artificial y racismo es mucho más estrecha de lo que se cree. Si tomamos en cuenta que la racialización es el proceso mediante el cual se nos asignan características y cualidades favorables o desfavorables con base en la categoría étnico-racial con la que se nos identifica (persona negra, gitana, blanca, latina, indígena, asiática, árabe), y que, por otro lado, la inteligencia artificial hace desaparecer a la persona real reemplazándola por un conjunto de atribuciones positivas o negativas según datos que son producto de una marginación y criminalización históricas, podemos afirmar que la inteligencia artificial actúa en la sociedad como un mecanismo más de racialización.

Este tipo de tecnologías reproducen y amplifican las desigualdades sociales desde el momento en que se convierten en una herramienta de construcción de otredad que refuerza el lugar de privilegio de lo blanco. Y ya sabemos cómo la construcción de una jerarquía étnico-racial de superioridad versus inferioridad sirve de excusa para justificar una posición subordinada en términos políticos, sociales, culturales y epistémicos de las poblaciones no blancas, así como distintas formas de violencia y explotación.

A esto se suma el hecho de que el uso excesivo de la tecnología en las administraciones públicas impone barreras administrativas y técnicas que afectan a segmentos demográficos que ya están en situación de vulnerabilidad -como solicitantes de asilo o personas que no manejan el idioma- quienes se deben enfrentar a formularios y aplicaciones tecnológicas imposibles cuando intentan acceder a un derecho o realizar cualquier tipo de solicitud.

Marco regulatorio europeo y rol de la AESIA

En este marco de digitalización imparable de la sociedad, aunque también de críticas hacia las consecuencias sociales negativas de este tecnofetichismo, la Unión Europea (UE) presentó el año pasado una propuesta de ley de inteligencia artificial con la que pretende impulsar el campo del desarrollo en este ámbito a escala europea, además de sentar las bases regulatorias para su desarrollo y uso.

En el texto de la propuesta se clasifican los algoritmos en función de su riesgo para el respeto de derechos fundamentales como la privacidad y la no discriminación. Así, el documento señala que la tecnología de reconocimiento facial representa un “riesgo inadmisible” que se debería prohibir, sin embargo, hace una excepción en aquellos casos de seguridad nacional como la lucha contra el terrorismo. Por otro lado, la propuesta tampoco hace ninguna referencia al uso de tecnologías de vigilancia en fronteras ni a los sistemas predictivos en el contexto migratorio. De este modo, la UE ignora una vez más la violación de derechos fundamentales cuando las personas afectadas son migrantes, racializadas y solicitantes de asilo

Las enmiendas a la propuesta legislativa y su aprobación final están previstas para comienzos de 2023. Mientras tanto, debemos estar pendientes del papel que jugará en el contexto español la Agencia Española de Supervisión de Inteligencia Artificial (AESIA). Anunciada en 2021, y cuyo proceso de creación sigue en marcha, esta agencia debería velar para que el uso de la inteligencia artificial no afecte particularmente a colectivos en situación de vulnerabilidad, tal como han demandado diversas organizaciones y entidades que trabajan por los derechos digitales.

Además, tomando en cuenta que España se ha ofrecido como país piloto para testear la regulación de la ley de inteligencia artificial que se debate en estos momentos en la UE, el rol de la AESIA será clave para corregir aquellos errores que conduzcan a la reproducción de desigualdades sociales.

El uso creciente de elementos estadísticos en todos los ámbitos de la sociedad ha creado un imaginario de confianza ciega en las herramientas tecnológicas. Si no atajamos a tiempo esta situación podemos ver mermados derechos básicos en nombre de la supuesta eficiencia y neutralidad de esta.

Tenemos derecho a saber si la toma de decisiones automatizada a través del uso de los algoritmos está condicionando nuestras posibilidades de futuro (por ejemplo, obtener una beca o acceder a una entrevista de trabajo). Tenemos derecho a que los algoritmos se auditen, corrijan e incluso anulen en el caso de reproducir injusticias estructurales. Y tenemos derecho también a que se incorpore una visión de justicia restaurativa de cara a las personas y comunidades afectadas por decisiones basadas en inteligencia artificial.


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Niñas de origen africano; de la esclavitud en la capital novohispana a la invisiblización de la actualidad

  

Como ella, decenas de niñas y niños formaron parte de trueques y ventas para realizar diversas labores domésticas y comerciales, pues entonces se consideraba que “las mulatas eran mejores para dichos servicios”, explicó la investigadora Cristina Masferrer León.

A las niñas y niños los hipotecaron, donaron, vendieron, compraron e incluso fueron entregados como parte de una dote matrimonial. 

Fotografía: Pexels

Durante la conferencia Niñas de origen africano en la capital novohispana, Masferrer León explicó que actualmente “se desconoce la importancia de las personas de origen africano en nuestro país”; sin embargo, han tenido contribuciones sociales, políticas y económicas. 

Por años, las personas de origen africano, en específico las niñas, fueron incorporadas a actividades económicas como: 

El servicio doméstico: barrer, lavar, limpiar, cocinar, cuidar a los hijos de los “amos”, comprar o llevar recados. 

Ámbito artesanal y comercial: fueron desde lavanderas, curanderas, parteras o costureras, auxiliares de panadería u otros oficios. Se integraron a corporaciones gremiales como hiladoras, tejedoras, confiteras, dulceras y cocineras, además participaron en la fabricación de tabaco, en los bordados y cortes de zapatos. 

En el ámbito comercial vendieron frutas, verduras, dulces y alimentos en general, por lo cual recibieron un salario a jornal (el cual en ocasiones era de un peso de oro común al mes). 

“Gracias a su trabajo podía movilizarse la economía”, destacó la investigadora y profesora. 

Para poder obtener su libertad, sus opciones eran: comprarla, reuniendo una cantidad de dinero para pagar por ella; si las o los propietarios cedían su autonomía por medio de testamentos. Sin embargo, algunas personas esclavizadas escaparon de manera individual o colectiva y fueron conocidas como cimarrones

“Las niñas y mujeres vivían opresión, fueran esclavas o libres”, sentenció Masferrer León. 

Fotografía: Museo de la Mujer

Niñas y mujeres afrodescendientes en la actualidad

De acuerdo con el Censo de Población y Vivienda 2020, del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en México viven dos millones 576 mil 213 personas que se reconocen como afromexicanas y representan dos por ciento de la población total del país. De los cuales el 50 por ciento son mujeres y 50 por ciento hombres.

En 2020, poco más del 50 por ciento de la población afromexicana se concentra en seis entidades: 303 mil 923 viven en Guerrero, 296 mil 264 en el estado de México, 215 mil 435 en Veracruz, 194 mil 474 en Oaxaca, 186 mil 914 en Ciudad de México y 139 mil 676 en Jalisco.

Pese a que han pasado décadas, la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México (CDHCDMX) “las mujeres y las niñas afrodescendientes siguen enfrentando múltiples formas de discriminación por su género, identidad, tono de piel, origen étnico, circunstancias agravadas por su situación económica”. 

“Se ubican en esferas laborales menos pagadas y no valoradas como el trabajo doméstico, trabajo informal o de cuidados; dificultad para acceder a la educación y servicios de salud con calidad; e invisibilidad en los espacios de toma de decisión y en participación política. En el caso de niñas afrodescendientes la deserción escolar es más recurrente y presenta tasas más elevadas de mortalidad infantil”, expresó la CDHCDMX.

Ante este panorama la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) señaló que las estadísticas disponibles son insuficientes “para medir adecuadamente las desigualdades raciales en la mayoría de los países de América Latina y en todas las dimensiones del desarrollo social y de la agenda de derechos que debieran ser consideradas”.

Por ello, la prioridad será “impulsar diagnósticos e información que identifique además de perfiles sociodemográficos, los factores que generan la discriminación y las causas del rezago para diseñar políticas públicas nacionales y locales para abatir las brechas de desigualdad e incidir en la mejora de su calidad de vida”. 

Sólo de esta forma se podrá proteger y garantizar los derechos humanos de las niñas y mujeres afrodescendientes, eliminando todas las formas de discriminación desde una perspectiva de género.

7/02/2022

El abuso de las imágenes de violencia contra cuerpos no blancos

 pikaramagazine.com

Quinndy Akeju

La repetición de imágenes de cuerpos no blancos agredidos lleva a deshumanizar tanto a esos cuerpos como a quienes las ven. Ante estos ataques conviene criticar al sistema, no normalizar en el imaginario que ciertos cuerpos pueden recibir violencia.

Ilustración: Señora Milton

Vamos a hacer algo. Te voy a invitar a que pienses cuántas veces has visto a gente negra o, más en general, a gente no blanca siendo agredida o brutalizada en algún video, donde sea, ya sea en redes sociales o en el telediario o en algún medio de comunicación, y quiero que intentes contarlas. Seguramente no podrás contarlas con la mano, es más, seguramente habrás recordado casos de virales de gente no blanca siendo brutalizada que habrás compartido o habrás visto compartidos. Pero, ¿te has parado a pensar en cómo impactan estas imágenes en tu mente y, sobre todo, en la mente de las personas que se ven reflejadas en este tipo de multimedia?

Pensemos: cuando se comparten palizas, asesinatos o cualquier tipo de violencia hacia cuerpos no blancos en situación de desigualdad, ¿de verdad ayuda a sensibilizar sobre el caso? Debemos tener mucho cuidado por los siguientes motivos:

  1. Es deshumanizante. En ningún momento se respetan los derechos de la(s) persona(s) en el video al estar su cuerpo (a veces sin vida, hasta ese nivel de mezquindad hemos llegado) totalmente expuesto en las redes y demás medios. ¿Te gustaría que, si alguien de tu familia viviera una situación de injusticia y le asesinaran, su cuerpo fuera compartido tantas veces en redes? Apuesto a que querrías que se hiciera justicia y lo denunciarías, por supuesto, pero respetando que, la víctima, además de ser una persona, tiene familiares como tú y personas allegadas a las cuales hay que respetar en todo momento, junto a sus procesos de duelo. Que estén viendo la agresión de un familiar una y otra vez, créeme, no ayuda.
  2. Lejos de concienciar, si la crítica no se hace contra los sistemas que perpetúan situaciones de desigualdad, estas imágenes contribuyen a la normalización de esas violencias contra cuerpos bajo los mismos perfiles, con lo cual, un nuevo caso de brutalidad se acaba convirtiendo en “otro más” y en “ay, qué pena”. Desde un punto de vista psicológico, esta normalización permite que el psique asiente en el cerebro situaciones que ve: hace un trabajo de asimilación e interiorización. Inconscientemente se comienza a asentar en el pensamiento común la idea de que estas agresiones a cierto perfil de personas son normales, por lo tanto, también te deshumanizan a ti.
  3. Nunca sabes quién está detrás de la pantalla, ni qué ha vivido esa persona. Compartir imágenes tan desalentadoras y que una persona que haya pasado por una situación similar las vea puede activar mecanismos de defensa propios de un shock post traumático como la depresión. Estar viendo constantemente vídeos sobre cómo asesinan, maltratan o agreden a una persona como tú y ver a todo el mundo compartiendo, desestabiliza la salud mental, conduce a síndromes post traumáticos, e incluso a somatizaciones corporales del estrés y del trabajo emocional que supone consumir ese contenido.
  4. También tiene un componente racista. Ahora piensa en las veces que ha pasado con una persona blanca. ¿Alguna vez has visto un documental sobre violencia de género en el que un hombre pegue en directo a una mujer blanca para mostrar que ha sufrido maltrato físico? Incluso cuando sucedió en 2017 el atentado en Las Ramblas, Barcelona no hubo tantos vídeos de las personas muertas (blancas en su mayoría) circulando por redes sociales y mucho menos en los telediarios. ¿Por qué cuando son cuerpos de personas blancas son respetados, pero las personas no blancas tenemos que aguantar ver a nuestras homólogas siendo destruidas en directo?
  5. Simplemente no es ético.

Si quieres denunciar una agresión, asegúrate de poner el foco de atención en enfatizar y criticar tanto a la persona como al contexto a escala macro que permitió esa violencia. De esa manera harás una denuncia crítica y no deshumanizante. No es necesario enseñar a un cadáver descomponiéndose para entender que una persona ha muerto. Repensemos y revisemos esa mirada occidental y la doble cara racista que sale a la luz cuando se trata de qué cuerpos violentados importa o no que estén expuestos en el mundo de los medios. Es de urgencia dejar atrás esta práctica de exponer constantemente cuerpos no blancos siendo violentados para dejar de normalizar la deshumanización: tanto de las víctimas, como de las personas que lo ven.