7/06/2011

La desesperación de Gordillo


Guadalupe Lizárraga
Gordillo ha perdido poder. Pero para comprender esta pérdida y su significado en la vida política de México en este contexto, es necesario revisar el concepto de poder. Para los medios de comunicación y el grueso de los mexicanos, hablar de Elba Esther Gordillo, “la maestra”, es hablar de una persona corrupta, sin principios ni escrúpulos, experimentada en las negociaciones en “lo oscurito”, fraudulenta y acarreadora de votos, pero sobre todo de una mujer con poder.

"En Contexto", Telemundo, Los Angeles.
Cada que se escucha o se lee el nombre de este controvertido personaje público, se le relaciona con poder, y mucho. Y sin embargo ésta es la mayor necesidad que Gordillo tiene hoy, paradójicamente. Hay que recordar el concepto nada más. Poder significa que los demás la obedezcan. Poder significa que no sólo la sigan, sino que la defiendan y la promuevan. Poder significa que deseen negociar o intercambiar “algo” que ella tiene o puede dar. Poder significa que aún sin repartir recursos, sean atendidas sus órdenes.

Entonces ¿en qué se traduce su poder? Ella misma, en su toda su trayectoria, se ha encargado de hacerlo público, con rumores, con notas de prensa, con filtrar información a columnistas, con sus espectaculares fiestas entre periodistas y políticos, y con hacer alarde de llamadas telefónicas a funcionarios estatales de primer nivel burocrático: los gobernadores, y con algunos federales. Con todo esto crió fama de poderosa, y Salinas de Gortari, Zedillo, Fox y el mismo Calderón la ayudaron proveyéndole los recursos suficientes para intercambiar lo que ella podía ofrecer, el apoyo electoral del magisterio, y de su partido político. Sus imposiciones y reparto de prebendas a los representantes sindicales, y trueque de dobles plazas y direcciones escolares, hasta cargos públicos de relevancia política, todo ha sido posible gracias a esa ostentación de poder.

Entonces ¿por qué Gordillo traiciona a Calderón al revelar el supuesto acuerdo secreto del 2006? A diferencia de otros finales de sexenios, ha tenido que romper antes de tiempo con Calderón, porque Gordillo necesita manejar una zona de incertidumbre al nuevo candidato oficial, en este caso a Enrique Peña Nieto, para seguir perteneciendo a la clase política de elite. Gordillo vive una situación en la que pierde poder ante el magisterio, al que le cuesta cada vez más controlarlo. El magisterio cada vez más recupera capacidad de organización y se encarece ante una líder, que sin recursos políticos y económicos, no lograría por sí misma la obediencia o seguimiento de los maestros. Basta echar una mirada a internet para encontrar el supuesto apoyo popular que tiene. Ninguna figura política nacional ha sido tan denostada como ella.

Pero la mayor evidencia de la pérdida de su poder se pone de relieve cuando Miguel Ángel Yunes, exdirector del ISSSTE de Veracruz, un ex funcionario estatal de tercer nivel, la obliga a dar la cara a los medios para responder sus críticas. Más aún, supongamos que Gordillo, en efecto, con su poder de trueque puso a Yunes en la cabeza del ISSSTE, como declaró a los medios de comunicación. Entonces Gordillo tiene problemas para que la obedezcan, pues si se atreve a desafiarla un funcionario estatal venido a menos, como es Yunes, con mayor razón menguaría su poder cualquier funcionario de primer nivel en el plano nacional.

Las declaraciones de Gordillo sobre Calderón y su irrupción en la arena mediática es un signo de desesperación por mantenerse en la elite política que se está integrando para el 2012. La maestra, quien en 1989, fuera la ficha estratégica de Carlos Salinas de Gortari, hoy parecería que ya están pensando en sustituirla. Han sido 23 años, y estos últimos han sido de desgaste y de asociación de su persona con la corrupción y el fraude. Una figura política que ya no funciona para legitimar las simulaciones que se intentan perpetuar para el siguiente sexenio. Gordillo enturbia más la imagen de Peña Nieto, porque no sólo ha perdido fuerza, sino también “inteligencia política”, si así se le puede llamar a las actitudes cortoplacistas y corruptelas con las que lograba sacar ventaja privada.


En su desesperación declara: “Yo hago política”. ¿Qué acaso en 23 años que lleva en la vida política mexicana nos tiene que recordar qué es lo que hace ella? ¿Para quién es el mensaje que no lo sabe? ¿A quién quiere convencer de su supuesta capacidad en lo que hace? ¿Para quién es la oferta que no la quiere escuchar y se ve obligada a gritárselo en los medios? Si Peña Nieto la quisiera cerca de él, ¿la maestra tendría que recordarle que ella hace política en lo oscurito, y que sus acuerdos privados son para mover votos masivos? ¿Tiene que recordarle que ella es “la maestra del fraude”?, ¿o porque es la maestra del fraude, a Peña Nieto no le conviene tenerla cerca? En cualquiera de los dos escenarios, al parecer, le estorbaría más que ayudarlo. Habría que suponer que Peña Nieto no querría cargar con el adjetivo “espurio” durante seis años, como Calderón, y menos debérselo a “la maestra”.
Por eso, la desesperación de Gordillo.

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