3/21/2015

“Preservar la autonomía es algo fundamental”


Entrevista: Gladys Tzul, activista

Periódico Diagonal

Los gobiernos comunales índigenas cuestionan el gobierno liberal al hacer políticas desde la experiencia cotidiana.


Gladys Tzul Tzul, activista e investigadora maya kich’e comparte su trabajo en torno a los sistemas de gobierno comunal en las comunidades indígenas en Guatemala, en concreto en el cantón Paquí en Totonicapán de donde ella y su familia provienen. Tzul nos muestra, a partir de experiencias concretas, formas de hacer política que, partiendo de lo comunal, se alejan de la forma liberal de la política dominante, la de Gobiernos estatales y muncipales.

En tu trabajo has investigado en torno a los sistemas de poder y las formas de gobierno comunal indígenas que, coexistiendo con los gobiernos municipales, tienen unas dinámicas propias que no pueden ser leídas como algo esencial o étnico sino que es posible comprenderlas en tanto que entramados de relaciones. ¿Podrías darnos algunas claves de lo que tú llamas entramados de poder comunitarios?

Creo que es preciso desprenderse de lo individual para pensar lo político. En las sociedades indígenas organizadas comunitariamente se dan redes ampliadas que organizan la vida cotidiana, defienden el territorio y recuperan los medios concretos de los que han sido despojadas. Una de las estrategias decisivas para que esta red se sostenga es la producción de la decisión. La decisión tiene que ser producida en el ámbito cotidiano, en las unidades familiares, y luego aparecer en el lugar de la asamblea. Si una examina solo el lugar de la asamblea, allí hay pocas mujeres que hablan. Es la entrada principal que tendría el feminismo liberal. La participación en la asamblea está relacionada con la propiedad de la tierra, titulada mayoritariamente a nombre de hombres, aunque su uso es universal. El padre está obligado a decidir por el uso común de su familia, hay un imperativo ético que lo obliga a participar pensando en trama, no pensando individualmente. Esta es una diferencia radical entre la política liberal y la política comunitaria. Yo puedo usar la tierra, alegar uso, pero no puedo alegar propiedad. Se cambia el lugar de la política, no pensamos la política como propiedad sino la propiedad como uso.

¿Qué relación tienen las comunidades con las municipalidades, que al final son brazos del Estado liberal central?

Es una relación tensa. Hay un discurso ambivalente de uso estratégico y de relación problemática. Los indígenas conocen el Estado como cobrador de impuestos, ejército y escuela, que no son precisamente las instituciones más democratizadoras. El retorno del Estado postneoliberal vía el otorgamiento de la bolsa familia y las políticas condicionadas, hace que la gente tome el dinero y lo use, aproveche sus beneficios, pero esto no hace que mi proyecto político vaya a fallar. Es una relación como de más allá, no puedes negarlo, ahí va a estar pero ese no es tu objetivo. Las comunidades están concienciadas de que es necesario ponerle límites al Estado, que el estado no se meta a decidir cómo tenemos que organizar la vida cotidiana, y cuando lo ha intentado ha habido levantamiento contra esas intromisiones estatales.

¿Qué lugar tiene la preservación de la autonomía en los debates en la asamblea?

La preservación de la autonomía es un trabajo fundamental. Por un lado, la alcaldía municipal ejecuta los programas de gobierno, por otro lado, nos reunimos en la alcaldía indígena que es el rostro representante contra el Estado y el lugar de deliberación sobre la reproducción de la vida cotidiana. Las instituciones municipales intentan convencer a gente dentro de la organización comunitaria ofreciéndoles dinero para que empujen decisiones de injerencia. Pero el Estado no entiende la política comunitaria, lo ve como costumbre, tradición, como folclorismo.

2014 ha estado marcado por el juicio por genocidio a Rios Montt en Guatemala ¿Cómo valoras el proceso y la anulación de la condena?

El juicio contra Ríos Montt, no en sí el proceso jurídico, sino el habla de las testigos, de las mujeres indígenas. Eso abrió la historia nacional completamente. Ellas declararon un delito oculto, el de la violación sexual, que se tiene que castigar. Eso no lo han logrado ni las feministas, ni la académicas, ni los medios de comunicación, ninguna campaña lo logró. Creo que desnudó la política. Para las jóvenes indígenas nos abrió la Historia, nos abrió el tiempo y nos quitó el miedo. El juicio solo es una parte de la justicia, se condenaron los crímenes de lesa humanidad. Pero solo se va a reparar el genocidio cuando nos devuelvan las tierras. Nos quitaron la dignidad pero también la tierra. Además, aunque el juicio haya sido anulado, un decreto no borra la Historia. Ahora éramos nosotros, los indígenas, que íbamos a declarar como acusación y este momento de nombrar y señalar la dominación por lo menos simbólicamente dislocó el sentido de la justicia colonial que hay en Latinoamérica.



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