11/28/2018

Las calificadoras de riesgo contra AMLO

CELAG
Desde las elecciones presidenciales en México hasta ahora, la vida política mexicana tomó color. Lo que se esperaba que fuera un lento proceso al cambio de Gobierno, Morena logró transformarlo en una continuidad de movimiento. Mantuvo la dinámica de una campaña larga pero con todo el viento de cambio a favor.
Sin embargo, no todos vieron con buenos ojos esta transición activa de Andrés Manuel López Obrador (AMLO). Las calificadoras de riesgo siguen paso a paso las menciones de política económica del nuevo gabinete y marcando con la vara lo que está bien y lo que está mal en las posiciones y decisiones del futuro Gobierno.
Uno de los hitos económicos más trascedentes para la economía del país en los últimos tiempos fue finalizar la renegociación del viejo TLCAN y nuevo USMCA con Estados Unidos y Canadá[1]. Ante este panorama, Fitch[2] asumió que deberían reducirse las incertidumbres macroeconómicas y financieras generales y que espera una ligera aceleración del crecimiento para 2019, a medida que disminuya la incertidumbre sobre la política económica del nuevo Gobierno.
Hasta aquí, la base de los negocios comerciales quedó garantizada. Por otro lado, “los factores económicos clave” según Fitch (independencia del banco central, tipo de cambio flexible y metas de inflación) garantizan, para estas calificadoras, un piso de estabilidad.
Sin embargo, el cambio de opinión no se hizo esperar. Ese mismo día Fitch[3], siguiendo a Moody´s, bajó la perspectiva de Pemex a negativa debido a una incertidumbre en la estrategia comercial que podría acelerar un debilitamiento del capital de Pemex. La incertidumbre en la estrategia comercial es claramente un cambio de dirección planteado por el nuevo Gobierno para asumir la deuda de la compañía y rescatar el sistema energético soberano de la continua privatización[4]. Sin embargo, para Moody´s los cambios planteados por el Gobierno afectarán la evaluación de la fortaleza institucional de México y la calidad crediticia del soberano para enfrentar sus obligaciones financieras[5].
Como puede verse, el argumento se basa principalmente en el cambio de política energética. La fortaleza institucional, para la calificadora Moody´s, es mantener la reforma energética iniciada por Peña Nieto pero, ¿para eso los mexicanos votaron a López Obrador?
Otro punto que tocó los nervios fue la cancelación de la construcción del nuevo aeropuerto de Texcoco. Tras la consulta popular, el precio de los bonos vendidos para la construcción del nuevo aeropuerto cayó, y levantó, según las calificadoras, una gran incertidumbre sobre si los mismos serían pagados o no. Sin embargo, días antes de la consulta, López Obrador se refirió a que el Estado asumiría el compromiso con los tenedores de bonos y garantizaría la continuidad del proyecto en Texcoco o en Santa Lucia, dependiendo del resultado de la consulta. Pero, según Fitch, la elección de López Obrador como presidente “promete un cambio significativo en las prioridades de las políticas y una forma de gobierno diferente”[6] y decidió mantener la calificación soberana pero bajó la perspectiva de estable a negativa “asociado a un posible ambiente de incertidumbre y deterioro en las políticas bajo la próxima administración…”. La calificadora mexicana HR Ratings siguió el mismo camino, mientras Moody´s, pese a las incertidumbres mencionadas, mantiene la calificación y la perspectiva por el alto nivel de solvencia.
A principios de noviembre Morena, esta vez desde el Congreso, volvió a poner a prueba a los mercados proponiendo limitar las comisiones que cobra la banca a sus clientes. Ese día cayó el precio de las acciones de los bancos en la bolsa haciendo evidente el poder de reacción y acción de los mercados ante medidas que no los favorezcan. Fitch mencionaba al respecto que la propuesta “podría tener implicaciones negativas sobre las perspectivas de la banca en México” y considera “que la rentabilidad de los bancos mexicanos pudiera reducirse en caso de que se apruebe la iniciativa”[7]. Es importante resaltar, en este caso, que la política no sólo reduciría la rentabilidad de los bancos sino que beneficiaría a la población bancarizada que paga comisiones exageradas por realizar operaciones que impone el mismo sistema bancario.
Implicaciones económicas
Las consecuencias del cambio de perspectiva de las calificadoras de riesgo son varias; por un lado, puede afectar las expectativas de inversión del sector privado en la economía mexicana y, por otro, de caer la calificación de riesgo soberano, incidirá incrementando la tasa de interés a la que el Gobierno deba endeudarse.
Estas expectativas trajeron aparejados movimientos tanto en el índice de precios en el mercado de valores -que en octubre cayó de 49.504 a 43.942,5- como en el valor la moneda local, que perdió valor desde los últimos días del mismo mes.
Si bien López Obrador no tiene intención de agrandar la deuda externa sino disminuirla, y conseguir también un leve superávit primario, lo cierto es que el nivel de deuda externa al segundo cuatrimestre de este año alcanzó el 37,4% del PIB y el total de intereses pagados en 2017 fue de 21.613 millones de dólares, monto que debe alcanzarse -de acuerdo al balance de pagos de los últimos años- exclusivamente con entrada de capitales.
Pero la pulseada ha de seguir si AMLO, como se espera, lleva adelante sus propuestas de campaña. El dato es que el Gobierno de AMLO todavía no empezó y algunas calificadoras ya empiezan a mostrar la hilacha. Las expectativas del mercado pueden hacer pasar al Gobierno un mala pasada, pero esta sólo podrá ser contrarrestada con política real después del 1 de diciembre, con decisiones económicas firmes pero sin anteojeras.
Notas:

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