3/13/2019

México SA de Carlos Fernández-Vega


Dos Bocas: viento en popa
Resbalón del subsecretario

¿Jaloneo, falta de comunicación, encontronazo? Quién sabe, pero lo cierto es que en el tema de la nueva refinería alguien resbaló, y feo, porque esa obra de infraestructura petrolera fue ofrecida por Andrés Manuel López Obrador desde los tiempos de su campaña electoral, confirmada por el mismo personaje ya como Presidente de la República y detallada por la secretaria de Energía, Rocío Nahle.
Pero algo falló, porque el subsecretario de Hacienda, Arturo Herrera Gutiérrez, declaró al rotativo británico The Financial Times que el gobierno mexicano ha puesto en suspenso un polémico proyecto de refinería (que se construirá en Dos Bocas, Tabasco), en un contexto de desaceleración del crecimiento económico y está preparando una nueva inyección de capital para impulsar la producción en Petróleos Mexicanos.
De hecho, el subsecretario fue más allá y aseguró que no autorizaremos la construcción hasta que tengamos una cifra final que no sea muy diferente de los 8 mil millones de dólares originales; la inversión planeada para este año en la refinería puede ir a exploración y producción.
Pero resulta que no, que Arturo Herrera fue tajantemente desmentido por el propio Presidente, quien en la mañanera de ayer detalló: Contamos con 50 mil millones de pesos para la refinería. Sí tenemos presupuesto y es muy probable que se haga el anuncio sobre la licitación el 18 de marzo. No hay retraso, estamos muy bien y se va a construir; se va a terminar en tres años, como se contempló y va a costar de 6 a 8 mil millones de dólares.
Vieja historia es, año tras año, la del jaloneo por recursos públicos entre la Secretaría de Hacienda y otras dependencias del poder Ejecutivo, pero en el caso de la refinería de Dos Bocas parece que alguien no entendió de qué se trata ni el alcance de la decisión, como Arturo Herrera comprenderá. Todo indica que el funcionario debe estar más atento.
Como candidato a la Presidencia de la República lo señaló en repetidas ocasiones, pero en específico va para un año (en la convención bancaria de 2018, en Acapulco) que Andrés Manuel López Obrador detalló que la construcción de una nueva refinería no era ocurrencia, sino una urgente necesidad que formaba parte de la estrategia de seguridad energética del país, porque México no podía darse el lujo de seguir gastando cantidades impresionantes en importación de combustibles que bien se pueden producir internamente.
México cuenta con seis refinerías y la más joven de ellas data de 1979 (la inauguró José López Portillo hace 40 años), y todas están achacosas. Si bien va, trabajan a 30-35 por ciento de su capacidad y las reconfiguraciones de varias en tiempos de Fox, Calderón y EPN sólo sirvieron para que la cleptocracia nacional metiera la mano hasta el fondo.
Y en aquella ocasión en Acapulco, López Obrador dijo que en Estados Unidos existen 150 refinerías, las cuales trabajan a 98 por ciento de su capacidad. En México hay seis y a duras penas funcionan, por decirlo así, a 30-35 por ciento de su capacidad.
Refirió que India construyó una enorme refinería con un costo cercano a 8 mil millones de dólares, en la que se transforman miles y miles de barriles diarios. En nuestro país se gastó esa misma cantidad en la reconfiguración de las refinerías de Minatitlán, Veracruz, Cadereyta, Nuevo León y Madero, Tamaulipas, y de milagro no se han caído.
A lo largo de los seis sexenios neoliberales, la cantaleta oficial fue que invertir en refinerías no es negocio ni rentable y sólo implicaría dilapidar recursos públicos (preferían robárselos, obvio es), de tal suerte que lo conveniente era importar combustibles.
Y, sí, tal política no fue negocio para el país, pero qué tal para las refinerías foráneas a las que México compró combustibles, tan sólo en los sexenios de Fox, Calderón y Peña Nieto, por más de 200 mil millones de dólares.
Las rebanadas del pastel
Y ahora con ustedes, otro estercolero: el del selecto grupo de proveedores de medicamentos al sector salud.
Twitter: @cafevega

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