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5/10/2026

Emergencia de desigualdad

Editoral La Jornada 

Jayati Ghosh, copresidenta de la Comisión Independiente para la Reforma de la Fiscalidad Internacional de las Empresas (ICRICT), advirtió que se vive una “emergencia de la desigualdad” a escala mundial. Los datos que dan forma a esta crisis son tan brutales como difíciles de dimensionar para el ciudadano de a pie. Por ejemplo, si Jeff Bezos gastara 16 millones de dólares cada día, le tomaría 49 años acabarse los 286 mil millones de dólares que amasa en la actualidad, y ese cálculo contempla que no añadiera un centavo más a su fortuna en lo sucesivo.

Dado que el milmillonario ya tiene 62 años, si gastara la misma cantidad y muriera a los 100 años, todavía le quedarían 64 mil millones de dólares. En contraste, un trabajador que ganara 29 dólares por hora y trabajase sin parar (24 horas al día, 365 días del año) sin gastar un dólar, necesitaría 63 años para amasar los mismos 16 millones de dólares que Bezos puede dilapidar a diario sin merma alguna para su fortuna.

Semejante asimetría es resultado de un diseño institucional y fiscal global que permite a los ricos incrementar sus capitales con absoluta independencia de la economía real, concentrar riqueza de manera ilimitada, evadir cualquier impuesto y parasitar a estados crónicamente debilitados por la transferencia constante de recursos públicos a manos privadas.

El círculo vicioso de la “carrera fiscal hacia abajo” ( race to the bottom) y la deuda gubernamental constituye la mejor demostración de la manera en que el neoliberalismo sacrificó a la humanidad para enriquecer hasta la obscenidad a un puñado de empresarios y especuladores tan carentes de escrúpulos como sobrados de conexiones políticas.

Desde la década de 1970, se vive la tendencia mundial a la reducción de impuestos a los más ricos. No sólo se trata del derrumbe dramático de las tasas impositivas máximas, que han caído de hasta 90 por ciento en algunas naciones occidentales a un exiguo 30 por ciento o menos, sino de otros esquemas poco conocidos por los ciudadanos. Por ejemplo, la arquitectura del libre comercio incluye cláusulas para prevenir el problema inexistente de la “doble tributación”, consistente en que las empresas paguen impuestos tanto en el país donde generan sus ganancias como en aquel donde tienen su domicilio fiscal.

Sin “doble tributación”, una multinacional minera puede extraer oro de México sin pagar un centavo de impuestos, porque nuestro país ha accedido a permitir que sólo pague en su región de origen. Pero las corporaciones no se conforman con saquear a una nación: registran sus sedes en paraísos fiscales, con lo que tampoco aportan a los países donde surgieron. Además de éstas y otras tretas perfectamente legales, aplican artimañas opacas e incluso delictivas para llevar más lejos la evasión, hasta el punto en que terminan tributando cantidades irrisorias.

A causa de esa generosidad fiscal, los estados se quitaron a sí mismos los ingresos necesarios para cumplir sus funciones, por lo que se ven obligados a recurrir al endeudamiento. Los préstamos son facilitados por la misma clase que dejó de pagar impuestos: el Estado pide prestado a los millonarios el mismo dinero que podría cobrarles en impuestos, y les paga intereses por ello. Es así y no con innovación o creación de valor como 3 mil personas (el 0.00003619 por ciento de la población mundial) acaparan 16 por ciento de la riqueza, y 4 de cada 10 dólares generados desde el año 2000 han ido a parar a los bolsillos del uno por ciento de la humanidad.

En una economía global, ningún país puede abordar por sí mismo la problemática, pues los dueños de los grandes capitales se limitan a mover sus fortunas a jurisdicciones generosas, y si perciben al gobierno que hace lo correcto como molestia real a sus intereses, usan su dinero e influencias para deponerlo. Por ello, como señalan Ghosh y todos los especialistas que estudian la desigualdad con seriedad, sólo hay una manera de revertir esta hiperconcentración: acabar en todo el planeta con el sistema de evasión fiscal legalizada.

8/16/2025

Desigualdad, precarización y violencia, retos de agenda en medios de comunicación

 

.-En el marco de la XVI Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe, solo un panel abordó el papel de los medios de comunicación en el avance a la igualdad

Ciudad de México.- En el marco de la XVI Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe, se realizó el único foro sobre la agenda de medios de comunicación donde se apuntó que a pesar de avances culturales aún permanece el sexismo, desigualdad y precarización laboral para las periodistas.

Con la moderación de Paula Walker, periodista chilena, el foro analizó los avances del Capítulo J de la Plataforma de Acción de la Cuarta Conferencia Internacional de la Mujer (Beijing, 1995) dedicado a los medios de comunicación con dos objetivos estratégicos: (1) erradicar las representaciones mediáticas estereotipas y, (2) promover la participación de las mujeres en las industrias de medios de comunicación.

De acuerdo con el Proyecto de Monitoreo Global de Medios (GMMP, por sus siglas en inglés) en 30 años se han avanzado apenas 8 puntos porcentuales en la representación de las mujeres en las noticias. En 1995 en el primer monitoreo, solo 17 por ciento de las noticias abordaban algún asunto sobre las mujeres, en 2020 fue 25 por ciento, lo que significa que tardaremos 67 años en lograr la paridad en la presencia noticiosa.

Cabe señalar que este foro “El poder de los medios de comunicación para construir la igualdad”, fue convocado por la organización uruguaya Cotidiano Mujer, integrante de la Articulación Feminista Marcosur, donde Rhoda Reddock, experta del Comité de la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW) y originaria de Trinidad y Tobago, destacó la permanencia de estereotipos de género en los contenidos mediáticos que muchas veces reflejan su presencia en la sociedad y reproducen la desigualdad.

Durante su intervención, Lucy Garrido, integrante de Cotidiano Mujer, también denunció la desigualdad en los cargos jerárquicos al interior de los medios. Solo 27 por ciento de las jefaturas de las mujeres están ocupadas por mujeres.

Violencia

Jineth Bedoya Lima, periodista editora de género del Diario El Tiempo en Colombia, destacó la violencia contra la libertad de expresión que tiene impactos diferenciados contra las mujeres y expuso su caso: «hace 25 años fue víctima como otras periodistas durante la guerra, como las periodistas afganas silenciadas por políticas de regresión, las periodistas asesinadas en la Franja de Gaza o las periodistas mexicanas amenazadas por el crimen organizado y perseguidas través de las redes sociales.

La violencia contra las mujeres en los contenidos noticiosos también requiere de análisis pues los abordajes a menudo reproducen justificaciones de la violencia, las culpan de la violencia que viven, naturalizan estos hechos y con ello que sucedan, “si no aplicamos la perspectiva de género va a seguir habiendo feminicidio”.

Avances

Lucy Garrido destacó el poder social de los medios de comunicación “para una mujer hoy es más fácil identificar la violencia que vive, gracias a los medios, a través de un acto de comunicación”.

Además “ya no se titula como antes, no se produce publicidad abiertamente sexista porque se baja o cancela rápidamente… poco a poco los medios se han ido ajustado porque su mercado así lo exigió”.

A decir de Jineth Bedoya, los medios de comunicación han posibilitado comunicar la agenda y avances de las mujeres.

Como nativo digital, Malvestida logró establecerse con el impulso de los blogs y las redes sociales logrando una interacción distinta con su audiencia basada en el tejido de redes, cuidado, ayuda, conocimiento y una alianza que permite la democratización de la información.

Alejandra Higareda colaboradora de Malvestida en México, destacó que la perspectiva de género se incorpora no solo en los contenidos si no al interior de las redacciones implementando una política de cuidados para las mujeres periodistas que colaboran en los medios.

Retos

El avance digital también ha significado un cambio en la producción y el consumo de contenidos mediáticos. Sin embargo, también presenta nuevos retos.

Paula Walker destacó los cambios culturales que han favorecido las redes sociales, por ejemplo, cuando se impulsan campañas para exigir la presencia de las mujeres en espacios cooptados por hombres. La denuncia virtual obligado a la inclusión de las mujeres en distintos espacios como foros.

La violencia digital y el control de las plataformas sobre los contenidos y consumos plantean un reto mayor. “¿Quiénes controlan las plataformas”, ¿Quiénes pueden instalar sus propias narrativas?”

Finalmente, Jineth Bedoya Lima, llamó a los medios de comunicación a entender su responsabilidad social como aliadas para colocar los derechos humanos de las mujeres “los medios pueden salvar una vida”.

1/09/2021

El año de los retrocesos: la pandemia profundizó en 2020 las desigualdades que ya vivían las mujeres

 Desigualdad & Género

Fuentes: La Diaria, 6-1-2021

La crisis desatada por el coronavirus supuso un aumento de la violencia de género, más pobreza y nuevas barreras en el acceso a la salud sexual y reproductiva.


El año que terminó hace pocos días estuvo marcado a nivel global por el coronavirus, que llegó para modificar la vida de prácticamente todas las personas, en todos los sentidos y en todas partes. Una enfermedad que no discrimina, en tanto puede afectar a personas de cualquier edad, clase socioeconómica o género, pero que tiene un impacto diferenciado en las poblaciones que ya atravesaban situaciones de especial vulnerabilidad.

La cronología es conocida: la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró la pandemia de covid-19 en marzo y enseguida los países decidieron imponer confinamientos, restringir la circulación de personas, cerrar fronteras, apostar a las clases virtuales y exhortar a la implementación del teletrabajo.

Las medidas fueron efectivas para contener la propagación del virus. Sin embargo, las consecuencias del encierro no tardaron en aparecer a nivel económico, social y emocional, y muchas brechas que ya existían se profundizaron. Las mujeres, una vez más, quedaron en desventaja.

En América Latina, la pandemia provocó la pérdida de miles de empleos, sobre todo en sectores que tuvieron que paralizar la actividad. Esto derivó en una grave crisis económica que impactó más fuerte en las mujeres, que incluso antes de la pandemia ocupaban puestos laborales más precarizados o estaban en la informalidad. Para muchas, quedarse en casa significó la pérdida parcial o total de los ingresos, por lo que en algunos casos se vieron obligadas a salir a la calle a buscar trabajo ‒pese al riesgo de contagio‒ para no pasar hambre o quedarse sin techo.

A eso se suma que, mientras la actividad mermaba afuera de las casas, adentro aumentaba la carga de las tareas domésticas y de cuidados, que más que nunca recayeron de manera desproporcionada sobre las mujeres.

Con las puertas cerradas, también aumentó el riesgo para las mujeres que vivían situaciones de violencia por parte de parejas o familiares varones convivientes. En la mayoría de los países de la región, de hecho, se dispararon las llamadas a servicios de ayuda o asesoramiento ante casos de violencia de género, especialmente durante los primeros meses de pandemia.

Por otro lado, priorizar recursos para gestionar la emergencia sanitaria implicó en algunos países que los servicios de salud sexual y reproductiva se vieran interrumpidos, sufrieran recortes o directamente fueran negados. En muchos casos, gobiernos nacionales o locales conservadores pusieron la excusa de la pandemia para restringir estos derechos, y fueron aplaudidos por grupos “provida”. Mujeres han denunciado las dificultades en la región para acceder a los servicios de aborto, recortes en el suministro de anticonceptivos y casos de violencia obstétrica “justificados” por el contexto de emergencia.

Ante las diferentes urgencias que desató la pandemia, colectivos feministas tejieron redes para asesorar, acompañar y ayudar a quienes en algunos casos parecían olvidadas por el Estado. Ollas populares, canastas de alimentos, líneas de asistencia para víctimas de violencia y mecanismos de acompañamiento a la distancia para las que necesitaron interrumpir embarazos se replicaron en la región. Frente a la crisis de la parálisis, se activó la solidaridad.

Desempleo y pobreza

Las mujeres son las más afectadas por el aumento del desempleo, la pobreza y la sobrecarga de cuidados no remunerados que provocó la pandemia, aseguró ONU Mujeres en un artículo publicado a principios de noviembre.

Según las estimaciones del organismo, el coronavirus dejará en América Latina a 118 millones de mujeres y niñas en la pobreza. Esto se debe a que la reducción de la actividad económica afecta en primera instancia a las trabajadoras informales que pierden su sustento de vida de forma casi inmediata, sin ninguna posibilidad de sustituir el ingreso diario. “Más de la mitad de las mujeres trabaja en sectores de alto riesgo de ser afectados por la contracción económica: comercio, trabajo doméstico, manufacturas, turismo, servicios administrativos, actividad inmobiliaria y el sector salud; donde las mujeres se encuentran sobrerrepresentadas en la primera línea de respuesta, pero con una participación minoritaria en la toma de decisiones frente a la pandemia”, dice ONU Mujeres.

Las proyecciones de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y de la Organización Internacional del Trabajo señalan que, efectivamente, las mujeres están perdiendo sus empleos a un ritmo mucho mayor que los hombres. A fin de año estimaban que 2020 cerraría con una tasa de desocupación de las mujeres en la región de 15,2%, casi seis puntos porcentuales más que en 2019.

En Uruguay, la emergencia sanitaria también tuvo mayor impacto en las trabajadoras informales, que no sólo no pudieron acceder al seguro de paro sino que, además, integran sectores que se han visto especialmente afectados por las medidas adoptadas para contener la propagación del coronavirus. Así lo aseguran la economista Alma Espino y la socióloga Daniela de los Santos en el informe “Pandemia, políticas públicas y desigualdades de género en Uruguay”, publicado a mediados de año.

Las investigadoras citan el ejemplo de las trabajadoras domésticas, quienes denunciaron reducciones de jornadas laborales, “despidos abusivos” y suspensiones desde que comenzó la emergencia sanitaria.

Otro caso es el de las trabajadoras sexuales, que perdieron posibilidades laborales debido al cierre de boliches, bares y whiskerías, y a la restricción de la circulación en las calles. Sin alternativas para percibir ingresos, unas y otras tuvieron que generar alternativas para sostener la vida de sus familias organizando ollas populares o buscando donaciones de canastas de alimentos y productos de higiene.

La situación en América Latina es también complicada para las mujeres rurales, indígenas y afrodescendientes, que, además de trabajar de manera informal, debido a la pandemia se enfrentaron a obstáculos para acceder a recursos productivos como el agua, la tierra, insumos agrícolas, financiamiento, seguros o capacitación, y tuvieron dificultades para comercializar sus productos en los mercados. Las proyecciones de la CEPAL auguran que seis millones de mujeres rurales de la región corren el riesgo de caer en la pobreza extrema.

En nuestro país, la Red de Grupos de Mujeres Rurales del Uruguay advirtió en octubre sobre el impacto de la crisis sanitaria en la actividad laboral y en su autonomía económica, “que es una de las maneras de luchar contra la violencia patrimonial y desterrar de una vez por todas el patriarcado”, como explicó a la diaria la vicepresidenta de la plataforma, Silvia Páez, en el marco del Día Internacional de las Mujeres Rurales.

Uno de sus comentarios podría resumir la sensación de las trabajadoras en el resto de los sectores mencionados: “Todo ha tenido un proceso de detenimiento y de tener que pensar cómo volver a empezar”.

La crisis de los cuidados

Con los centros educativos cerrados, las personas adultas mayores aisladas y la imposibilidad de contar con alguien externo al núcleo familiar para encargarse del cuidado, las mujeres también tuvieron que asumir gran parte de los cuidados de niñas, niños y otras personas dependientes. Esto implicó el aumento de la carga de una tarea que ya recaía de manera desproporcionada sobre las mujeres.

Así, se vieron obligadas a hacer malabares para conciliar los cuidados con el trabajo remunerado. Las mujeres que inevitablemente tuvieron que salir a trabajar fuera del hogar vieron las alternativas reducidas a la hora de definir con quién dejar a sus hijas e hijos. Aquellas que podían trabajar desde su casa, en tanto, se enfrentaron al doble desafío de ocuparse en simultáneo del trabajo y el cuidado.

Antes de la pandemia, las mujeres de la región dedicaban más del triple de tiempo al trabajo no pago que los hombres, según datos de ONU Mujeres. La crisis sanitaria sólo agravó esta desigualdad histórica y puso en evidencia la necesidad un reparto equitativo de los cuidados, que venga acompañado de un cambio cultural.

“La crisis debe transformarse en una oportunidad para fortalecer las políticas de cuidados en la región, desde un enfoque sistémico e integral, incorporando a todas las poblaciones que requieren cuidados, a la vez que se articulan con las políticas económicas, de empleo, salud, educación y protección social sobre la base de la promoción de la corresponsabilidad social y de género”, aseguran ONU Mujeres y la CEPAL en un informe publicado en agosto.

En Uruguay, “las cargas de cuidados no han estado presentes en el discurso público, así como tampoco las tensiones que conlleva para las mujeres quedarse en casa y no recibir los apoyos de las instituciones educativas y de cuidados durante la cuarentena”, resumen Espino y De los Santos en su estudio. Al mismo tiempo, se preguntan si, “de profundizarse la estrategia de los trabajos remotos”, “se podrán conciliar los tiempos de la vida y del mercado” y “se facilitará la corresponsabilidad en el trabajo no remunerado entre varones y mujeres”.

Unos días después de que se conoció el primer caso de coronavirus en Uruguay, Espino dijo a la diaria que se trataba de una buena oportunidad para llamar a los varones “a tener un papel más relevante y sentirse parte del cuidado de lo más importante que tenemos los seres humanos, que son las personas a las que queremos”. La invitación sigue abierta.

Violencia machista, la otra pandemia

Con o sin pandemia, la mayoría de las situaciones de violencia de género tienen lugar en el ámbito privado y son ejercidas por parte de parejas, ex parejas o familiares varones. Por eso el llamado al confinamiento prendió las alarmas: la casa era el mejor refugio para evitar el contagio del coronavirus, pero el lugar más inseguro para muchas mujeres.

Organizaciones y colectivos feministas iniciaron campañas para alertar y prevenir sobre esta situación, al tiempo que exigieron a los gobiernos la adopción de medidas que se ajustaran a la nueva realidad. Muchos países reforzaron entonces los servicios de atención telefónica y las apps, que habilitaron una vía posible para que las mujeres pudieran pedir ayuda incluso estando encerradas con sus agresores las 24 horas del día.

El número de las llamadas a los servicios de atención a la violencia de género se disparó en la región durante los primeros meses de la pandemia, casi sin excepciones. En Uruguay, el total de consultas telefónicas y presenciales a los servicios del Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres) de todo el país aumentó 25% respecto de 2019. Sólo entre enero y setiembre fueron atendidas 11.281 llamadas al 0800 4141, un promedio aproximado de 41 por día, según cifras del Inmujeres. El pico máximo se registró en abril, con una consulta cada 20 minutos.

En paralelo, hubo una baja de las denuncias policiales, un fenómeno que se repitió en otros países y que dejó en evidencia los obstáculos a los que se enfrentaron las mujeres a la hora de denunciar en el contexto de aislamiento. De todas formas, el Ministerio del Interior registró 33.004 denuncias por violencia de género de enero a octubre de 2020. Es decir, 109 por día. O una cada 13 minutos.

Varios países de la región que optaron por cuarentenas estrictas también enfrentaron un aumento de los femicidios durante la pandemia. En Argentina, por ejemplo, hubo 298 casos del 1º al enero al 31 de diciembre, según datos del Observatorio de Violencias de Género “Ahora que sí nos ven”. De ese total, 217 tuvieron lugar durante el período de aislamiento y distanciamiento social obligatorio, entre el 20 de marzo y el 30 de diciembre. En 65,1% de los casos, los femicidios se dieron dentro de una vivienda, lo cual ratifica que “el hogar de las mujeres continúa siendo el lugar más inseguro”, puntualiza el observatorio en el informe.

Reforzar los servicios telefónicos fue una de las distintas medidas que se adoptaron en la región para abordar la violencia de género. Hubo otras. Las autoridades argentinas, por ejemplo, decretaron una excepción para que mujeres y personas LGBTI en situación de violencia pudieran romper la cuarentena para ir a hacer una denuncia penal o pedir asistencia. El gobierno de Colombia expidió un decreto para garantizar la prestación ininterrumpida de servicios de atención a víctimas de violencia de género en las comisarías de familia, de forma virtual. La Fiscalía de Honduras anunció que investigaría de oficio a personas que promovieran la violencia contra las mujeres a través de redes sociales durante el período de aislamiento.

En todos los países, sin excepción, el riesgo y los obstáculos para huir de las situaciones de violencia fueron y son todavía más grandes para las mujeres en situaciones de mayor vulnerabilidad a múltiples formas de discriminación, como mujeres con discapacidad, con VIH, LGBTI, migrantes, desplazadas y refugiadas, víctimas de conflicto armado, indígenas, afro, rurales o que viven en asentamientos. Por eso, organizaciones sociales insisten en que el abordaje de las distintas problemáticas tiene que incluir siempre la mirada interseccional.

El periplo por la salud sexual y reproductiva

La OMS publicó en marzo una guía con orientaciones para mantener los servicios de salud esenciales durante la pandemia que incluía tanto los relacionados con la salud sexual y reproductiva como los de maternidad. El documento advertía, de hecho, que la reducción de la disponibilidad de esos servicios podía implicar “miles de muertes maternas y neonatales debido a los millones de embarazos no deseados adicionales, los abortos en condiciones de riesgo y los partos complicados sin acceso a la atención esencial y de emergencia”. Incluso alertaba que una reducción de 10% en estos servicios “podría resultar en unos 15 millones de embarazos no deseados, 3,3 millones de abortos en condiciones de riesgo y 29.000 muertes maternas adicionales durante los próximos 12 meses”.

Pero de lo recomendado a lo hecho hubo un largo trecho, y varios países se vieron obligados a priorizar los servicios destinados exclusivamente a atender la covid-19. Como consecuencia, la atención a la salud sexual y reproductiva de mujeres, niñas y adolescentes fue interrumpida, negada o sufrió recortes.

En muchos casos, hubo negación o suspensión de los servicios de interrupción voluntaria del embrazo y recortes de suministros de misoprostol y mifepristona, según denunció en octubre Catalina Martínez Coral, directora regional para América Latina y el Caribe del Centro de Derechos Reproductivos, en una entrevista con la agencia DW. En otros casos, como en Brasil, la crisis redujo drásticamente el acceso a los abortos legales porque muchas clínicas cerraron: de las 76 registradas que brindan servicios de aborto legal en todo el país, sólo 42 permanecieron abiertas durante la pandemia, de acuerdo con datos recopilados por activistas y relevados por la cadena BBC.

Las barreras para el acceso al aborto fueron incluso alentadas y celebradas por grupos “provida”, algunos con influencia en gobiernos nacionales o locales.

Martínez Coral aseguró que las mujeres también encontraron obstáculos para acceder a la salud materna. En ese sentido, dijo que en países como Honduras y Perú se denegaron atenciones prenatales “inclusive a personas que tenían embarazos de alto riesgo”.

En Uruguay no se registraron irregularidades para acceder a los servicios de aborto, pero sí fueron denunciados casos de violencia obstétrica. En concreto, se denunciaron situaciones en las que se prohibió el acompañamiento en controles prenatales y ecografías, así como casos de maltrato verbal. La organización Gestar Derechos advirtió sobre el caso de una mutualista que impuso la cesárea a una mujer con coronavirus y prohibió el acompañamiento de su pareja.

La respuesta de los feminismos, otra vez, fue organizar la sororidad. En Argentina, las Socorristas en Red lanzaron una campaña para recordar que las mujeres tienen derecho a un aborto seguro incluso en cuarentena. “El sistema de salud no te puede abandonar. Los derechos sexuales y reproductivos no se suspenden en pandemia”, decía una de las placas que circularon en redes sociales. En Ecuador, la red Las Comadres también difundió información de contacto para atender a mujeres que quisieran interrumpir el embarazo, tanto por vía telefónica como a través de Telegram. “Un aborto acompañado es un aborto seguro” era una de las premisas. En Uruguay, el colectivo Mujeres en el Horno reafirmó que el aborto es legal incluso en pandemia y le dio difusión al número de la Línea Aborto, mientras que Gestar Derechos se puso a disposición para asesorar a quienes hubieran vivido algún episodio de violencia obstétrica.


Fuente: https://ladiaria.com.uy/feminismos/ 

3/28/2020

Pandemia con desigualdad económica y de género


CIMACFoto: Hazel Zamora Mendieta
COVID-19 como pandemia no sólo tiene efectos en la salud de las personas, también en la economía de los países, una economía globalizada. Si bien como virus no discrimina, “nosotros los humanos seguramente lo haremos, formados y animados como estamos por los poderes entrelazados del nacionalismo, el racismo, la xenofobia, y el capitalismo”, sentencia la filósofa y académica Judith Butler y tiene toda la razón.
Habrá más desempleo dice la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y mayor pobreza para Latinoamerica afirma la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).
Ambas, pobreza y desempleo son significativas para las mujeres.
El escenario “natural” del virus es la desigualdad de género y la enorme concentración del ingreso, la mujer desigual entre las desiguales. Ese es el enorme reto del país para enfrentar esta pandemia: trabajadoras sin derechos, donde la cuarentena o lavarse las manos es un privilegio.
Ya están aquí los primeros indicios de una posible recesión económica. Caídas en las bolsas de valores del mundo, subida exorbitante del dólar, un desplome de los precios del petróleo y, se desacelera la actividad económica en todos los sectores, sólo en la industria es de -3.5 por ciento (2020).
La caída del peso es de 34.2 por ciento -del 31 de enero al 20 de marzo del año actual-, ya que el precio peso/dólar interbancario paso de 18.06 a 24.24 pesos, según datos del Banco de México, la estimación de SHCP para 2020 era de 20.00 pesos (ver gráfica).
Se afectan las finanzas públicas por el pago del servicio de deuda (pago de intereses), así como las empresas que han contraído deudas en dólares y todas las importaciones, que también se pagan en dólares, como las gasolinas .Son factores para la disminucion de las actividades y del empleo.
Aunque las finanzas públicas ya no están petrolizadas ni la economía del país, la terrible caída de los precios del petróleo si impactan, son un revés. Para el 20 de marzo de este año el precio del barril es de 14.54 dólares; desde 1999 no se tenía un precio así. El desplome es de 4.5 veces, ya que en enero de este mismo año el precio era de 66.11 dólares. Todo se originó con la postura de Arabia Saudita (brazo de Estados Unidos en materia petrolera), simplemente incrementó su producción y bajó el precio con un efecto dominó.
La proyección original de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público era de 49 dlb, aunque existe una cobertura ésta no cubre el 100 por ciento la diferencia en el precio, por lo consiguiente tampoco en los ingresos de las finanzas públicas, las que sostienen los programas de bienestar y un pivote básico de este gobierno:  la recuperación de PEMEX y de la soberania energética.
Todas la estimaciones del crecimiento económico son negativas y van de mal en peor, la mínima es de 4.0 negativo y de ahí baja hasta -5 o -6 por ciento; la última cifra negativa que se tuvo fue del 6 por ciento en el gobierno de Calderón con la crisis 2008-2009,  y todavía soplan vientos de esos lodos. 
No solamente el gobierno es un agente económico, tambien están las empresas y… las mujeres. Para todas y todos es un enorme reto enfrentar esta pandemia económica y el tema de salud, no se sabe a ciencia cierta donde inicia una y dónde termina la otra. Se contrajo el consumo, pero también la inversión. En las crisis no todos pierden, se reconcentran los capitales.
La desigualdad marca la vida del país y de sus agentes económico-sociales. No es lo mismo lavarse las manos (prioridad número uno),  en la colonia Nápoles de la Alcaldía Benito Juárez (CDMX), que lavarse las manos en Huajuapan de León, Oaxaca, o en un municipio de la Sierra de Guerrero. Se estima que más de la cuarta parte (27.0 por ciento) de la población no cuenta con agua entubada dentro de su vivienda o que al 36 por ciento no le llega el agua, es un gran lujo poder lavarse las manos, lo más elemental.
Esta Ciudad está tapizada de puestos ambulantes de comida, si acaso 1 por ciento tienen agua corriente; ahí comen todos los días miles de trabajadoras porque es una comida barata y de alto contenido calórico como las famosas guajolotas. ¿Quién se lava la manos? ni los que preparan los alimentos, pero tampoco lo comensales, ya empezaron a poner gel. Es muy poco confiable la higiene, para el COVID-19 y para lo que sea.
Al igual que no es lo mismo ser empresa transnacional que pequeña y mediana empresa nacional, éstas últimas también son pobres y no están reprentadas por el CCE. En tiempos de pandemia económica se puede barrer con muchas de ellas y claro, con los empleos que ahí estan o estaban. Es indispensable generar apoyos con políticas que protejan el empleo, el empleo de muchas mujeres, porque ese es su principal espacio laboral. Seguramente ya hay paros técnicos, aunque no se anuncien.
Habrá nuevos procesos de reconcentración de las gigantes absorbiendo a todos las pequeñas y medianas empresas que no puede aguantar la crisis. Más desigualdad social y económica.
Al momento no se sabe a ciencia cierta si serán suficientes los 180 mil millones de pesos que el Congreso aprobó para enfrentrar esta contingencia. Ante la inminente pérdida de empleos y de ingresos el día 21 de marzo la Jefa de Gobierno dirigió un mensaje a los empresarios, exhortándolos a colaborar con medidas excepcionales, porque también son condiciones más que excepcionales.
En la misma medida en que se ignora el tamaño del golpe, no se puede decir si bastará con los 180 mil millones de pesos que el Congreso aprobó para hacer frente a la emergencia sanitaria y económica.
Tal parece que por desgracia lo que prevalece entre los empresarios es la mezquindad, en redes circula el anuncio de Alsea (corporativo de varias empresas retauranteras). Resulta que 20 de ellas decidieron darle un mes de “ausencia” a sus trabajadoras y/o trabajadores, pero sin sueldo, ahí están: Starbook, Vips, Italiannis, entre otras. 
Una medida en la total ilegalidad, porque aunque usted no lo crea existe una Ley Federal del Ttrabajo que a la letra dice: “En caso de contingencia sanitaria se deberá pagar un salario mínimo por parte del patrón a las trabajadoras cada día de suspensión con límite de 30 días”. Cap.III, Art. 42 y 429. Fracción IV.
Es sabido que la Secretaría del Trabajo sólo puede intervenir “a petición de las partes”, pero como eso no va a suceder y estamos en una crisis que puede hundir al país, se reqiere, es indispensable la voz de la Secretaría del Trabajo, para éste y todos los casos que se presenten. Permitir esta arbitrariedad sienta precedente y lo harán las demás empresas, impunemente
¿Qué hace una jefa de familia en esta situación? no cuenta con suficientes ahorros para esto o para el desempleo inminente; son 5.4 millones y la mayoría con empleos muy precarios. En el outrsourcing (terciarizacion), se estima que hay 4 millones de mujeres y más de 1 millón de jefas de familia, todas sin servicios del IMSS o ISSTE, sin derecho laborales.
Datos de Inegi dicen que son 30.9 millones de personas sin derechos laborales (cero ISSSTE o IMSS): 15.3 millones de mujeres en el comercio amulante con la misma problemática y 2.3 millones de trabajadoras domésticas; todas estas mujeres no cuentan con derechos laborales como la salud, y hoy enfrentan al Covid-19.
Meterse en el campo de la salud es complejo, nadie en su sano juicio puede negar la importancia que reviste la medicina social, un buen sistema de salud pública, con gratuidad en los servicios, el derecho a la seguridad social; todos estos elementos fueron vituperados por Tirios y Troyanos, cuestionando la pertinencia de un INSABI. Hoy ¿qué proponen? qué sería de este país sin esos médicos y demás personal de la seguridad social. Las dos conferencias diarias del doctor López Gatell y su equipo, tienen al país en vilo, lo sostienen.
Nuestra realidad. En el comercio informal hay 26 millones de personas que de ninguna manera pueden darse el lujo de una cuarentena, viven al día y ya saben que menguarán sus ingresos, porque hay menos gente en la calle y con menor salario.
Para remate la pesadilla de Trump quiere cerrar la frontera, tiene un grave problema porque ahí ni sombra de un sistema de salud pública. Han suspendido muchas actividades económicas, con una excepción importantísima: la producción de alimentos, el trabajo de personas jornaleras agrícolas mexicanas, o centroamericanas. En medio de una pandemia mundial, se le pide a una de las poblaciones más marginadas de Estados Unidos, las y los trabajadores agrícolas, que trabajen.
Según el Centro Occidental de Salud y Seguridad Agrícola de UC Davis, alrededor de la mitad de la población de trabajadores agrícolas en California no tiene cobertura de atención médica. Que todo esto sirva de recordatorio: Estados Unidos necesita trabajadores agrícolas y la mayoría provienen de México, South of the Border. La frontera que quiere eliminar.

3/08/2020

La desigualdad social se acentúa en la población femenina


9 de Marzo
Reporte de Coneval
Foto
▲ Mujeres se reunieron ayer frente al Hemiciclo a Juárez –protegido con vallas de 2 metros de altura– para formar una cadena humana en protesta por la violencia.

En la víspera del Día Internacional de la Mujer y del paro nacional convocado para mañana, el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) destacó que este sector sigue dedicando más tiempo a las labores domésticas que los hombres, independientemente de su condición de pobreza o su ocupación.
Asumen la mayor responsabilidad del trabajo doméstico, indistintamente de su condición de pobreza y ocupación. En 2018, ocuparon en promedio 22 horas a la semana a las tareas del hogar y 28 al cuidado de otras personas, mientras los hombres destinaron ocho y 15 horas, respectivamente.
Indicó que también persisten las disparidades en la participación económica, aunque han ido disminuyendo.
La brecha en la participación económica entre mujeres y hombres descendió ocho puntos porcentuales de 2008 a 2018. A pesar de este avance, la diferencia entre los sexos persiste. En este último año, 52 por ciento de las mujeres fueron económicamente activas, cifra que asciende a 83 por ciento en los hombres.
El organismo destacó que de 2008 a 2018, el rezago educativo en las jefaturas de hogar disminuyó tanto en mujeres como en hombres, pero la reducción se presentó principalmente entre la población femenina. Asimismo, aludió que en ese mismo lapso, la tercera parte del ingreso corriente monetario de los hogares correspondió a aportaciones de mujeres, tanto en contextos de pobreza o no.
Sobre la inseguridad alimentaria severa, explicó que se presenta más en los hogares jefaturados por mujeres en situación de pobreza, de manera que dos de cada 10 de estos hogares la sufren.
El Coneval, así como otras secretarías e instancias gubernamentales, invitaron a su plantilla laboral femenina a que decida, en pleno ejercicio de su derecho a la libre expresión y de participación, sumarse al paro nacional convocado para el 9 de marzo.
De acuerdo con el consejo, es fundamental prevenir cualquier forma de violencia contra la población femenina, y, en razón de ello, ha emitido recomendaciones a las instituciones de la administración pública federal para que desarrollen programas que fomenten las relaciones igualitarias.
José Nabor Cruz Marcelo, secretario ejecutivo del organismo, refirió que se trata de impulsar el acceso efectivo a la equidad. Sabemos que en México la desigualdad social afecta en mayor medida a las mujeres.


Foto María Luisa Severiano
Periódico La Jornada
Domingo 8 de marzo de 2020, p. 4

La desigualdad es lo que ha desatado la violencia: AMLO

9 de Marzo

San Luis Potosí SLP., ¿Se considera feminista? El presidente Andrés Manuel López Obrador hizo una breve pausa y respondió: yo me considero humanista, porque también debemos pensar. Estos temas se tienen que debatir con libertad. La Cuarta Transformación es un despertar de conciencias y yo considero que lo fundamental es el humanismo. Ese es mi punto de vista. Destacó, además, como clave del tema, la importancia de la igualdad social.
Por tercer día consecutivo en el que la problemática de la mujer en México surgió en su conferencia matutina , en la que descalificó el oportunismo de los conservadores porque de repente de un día para otro, en un abrir y cerrar de ojos se volvieron feministas. Muy raro. Para el jefe del Ejecutivo el súbito interés conservador por las causas feministas tiene un sólo fin: La posibilidad de atacarnos cuando siempre hemos defendido los derechos de las mujeres.
Fue cuestionado acerca de que, contrario a su anuncio de que los boletos de la rifa del avión presidencial saldrían hasta el próximo martes, después del paro de mujeres en contra de la violencia de género, concedió que esto haya ocurrido.
Es que no sabíamos, lo del lunes, la verdad. No me creyeron algunos, pero yo no digo mentiras. Ya se había iniciado la distribución, no dudo que en algunos casos ya se estén vendiendo los boletos. Se mandó lainstrucción de que se detuviera la distribución hasta después del lunes, porque no queremos caer en ninguna provocación, de nada.
López Obrador consideró que las críticas conservadoras tienen el mismo origen: “están muy enojados con nosotros, ¿saben por qué? –puedo sacar mi pañuelito blanco– ya no pueden atracar, ya no tienen secuestrado al gobierno, como lo tenían”. El presidente involucró a los medios de comunicación en esos ataques contra su gobierno aunque, acotó, “afortunadamente existen las ‘benditas redes sociales’, pero en algunos medios convencionales nos atacan un día sí y otro también, pero son asuntos de la libertad de expresión, así es que no hay problema”.
Reconoce AMLO el valor de movimientos sociales
Al referirse a su postura frente al feminismo, derivó su repuesta a la lucha contra la corrupción porque es lo que ha dado al traste al país, generando la desigualdad y desatando la violencia.
No dejamos de reconocer la importancia que tienen movimientos de gestión social como el feminismo, animalismo, el movimiento ambientalista, de defensa de los derechos humanos, (pero) consideramos que lo principal es la igualdad en lo social, agregó el mandatario.

Enviado y Corresponsal
Periódico La Jornada

3/05/2020

Un nuevo pacto social para reducir la desigualdad


México se ha propuesto un cambio de paradigmas a partir del arribo de un gobierno con objetivos de bienestar social centrales en su programa sexenal. Este cambio demanda conocer las características estructurales de una desigualdad que resulta lacerante en amplias regiones del país. Conocer la situación es condición necesaria para hacer posible su superación, a partir de la puesta en marcha de políticas públicas integrales, territorialmente diferenciadas, con enfoque de género y familia. Romper el círculo vicioso de la desigualdad, demanda cambios en las reglas con las que funciona nuestra sociedad, exige nuevas instituciones que permitan plantearse modificaciones a corto, mediano y largo plazos.
En el estudio Bienestar con equidad: un nuevo pacto social, con información proveniente de la Encuesta de Movilidad Social en México de 2017 del Inegi y de una encuesta levantada por el Centro de Estudios Espinosa Yglesias y El Colegio de México de 2019, se reconoce que la movilidad social en México es baja y las desigualdades son muy grandes. El país está fracturado: los beneficios de la modernización y de la integración comercial se concentran en el norte, mientras en el sur son simplemente inexistentes. No es posible un futuro de prosperidad compartida, como el que necesitamos y queremos, sin políticas públicas que garanticen la ampliación e igualación de oportunidades.
Para estar en condiciones de hacer que estas políticas públicas funcionen, se requiere financiarlas y ello sólo es posible con un nuevo pacto social que se proponga lograr un país en el que exista bienestar con equidad. El diagnóstico es conocido: escasa movilidad social y alta desigualdad hacen que persista una pobreza visible. Pobreza es injusticia, pero también pobreza es ineficiencia económica con altos costos sociales. El estudio muestra que al indagar en la desigualdad que percibimos y la que deseamos, los mexicanos aspiramos a vivir en una sociedad más equitativa y con mayores oportunidades. Sin embargo, ignoramos cómo podríamos construir esta sociedad.
Para poder construir una sociedad equitativa, es indispensable un nuevo pacto social, en el que será necesario que los contribuyentes a la hacienda pública incrementen sus aportaciones. Hay una percepción entre los grupos más favorecidos de la población en el sentido de que la distribución del ingreso es menos inequitativa de lo que es en realidad. Consecuentemente, perciben que el esfuerzo redistributivo que se requiere es de menor magnitud del realmente necesitado. El dato duro que es necesario reconocer es que para que haya una sociedad menos inequitativa y con mayor movilidad social, es indispensable que paguemos más impuestos. Pagar impuestos, como dijo hace tiempo Joseph Stiglitz, es el precio por vivir en una sociedad civilizada.
Por supuesto, si se trata de un pacto social que construya una mejor sociedad, es necesario que quienes contribuiremos fiscalmente lo hagamos en base a una comprensión certera de las características de la base contributiva y la manera en la que se relaciona con las acciones redistributivas. Un insumo fundamental es transparentar la tasa impositiva que deben pagar los diferentes estratos de ingreso. Construir una estructura impositiva progresiva, en la que sepamos la contribución porcentual de los ingresos muy altos, de los altos, los medios, los bajos y muy bajos. Por ejemplo, si se perciben ingresos de $ 100 mil o más al mes debería pagarse 45 por ciento; con ingresos entre 80 y 99,999 pesos la contribución debiera ser de 40 por ciento; entre 60 mil y 79,999 pesos de 35 por ciento; entre 30 mil y 59,999 de 30 por ciento; entre 10 mil y 29,999 de 20 por ciento, y los ingresos menores a 10 mil pesos pagarían 10 por ciento.
Por supuesto, no se trata solo de conocer lo que se paga en cada estrato de ingreso, sino de saber en que se aplicarán los nuevos ingresos fiscales. Los programas públicos de carácter redistributivo requieren explicitar claramente sus reglas de operación, de modo que se conozca la manera en la que se piensa mejorar la distribución del ingreso y lo que se consigue en cada una de las etapas que defina el propio programa. Además, como es obvio, se requiere abrir los espacios de planeación de esos programas para que grupos de la sociedad civil puedan contribuir en su concepción, organización, puesta en marcha y seguimiento. El momento político es oportuno. Se trata de reconocer esta oportunidad y no insistir en que no hace falta una reforma fiscal.

2/21/2020

Hay violencia en las sociedades con problemas de distribución de ingresos: Herbert S. Klein

El estado debe participar en el reparto de la riqueza
Señala experto relación directa entre desigualdad y delincuencia

En todo el mundo la relación de violencia, criminalidad y desigualdad es muy alta. Las sociedades con problemas de distribución de ingresos van a tener actividades criminales que afecten a sus poblaciones, por eso es fundamental la participación del Estado en la distribución de la riqueza y en el control del mercado, afirmó Herbert S. Klein, historiador y experto latinoamericanista.
En entrevista con La Jornada, el profesor emérito de la Universidad de Columbia destacó que cada vez es más claro que la privatización del Estado y la ausencia de su rol en la economía está generando más y más desigualdad. Por ello, enfatizó, son fundamentales las inversiones públicas que se destinan a apoyar a los sectores más empobrecidos, las cuales, reconoció sí cuestan mucho, pero tienen efectos claramente benéficos.
Es prioritario, explicó, atender la pobreza extrema y a la población sin educación ni recursos, así como darles una base, porque es más peligroso para una sociedad no dar estos apoyos y tener personas sin empleo ni acceso a educación y salud.
Galardonado con el premio Alfonso Reyes 2019, que otorga El Colegio de México a los más destacados investigadores en el campo de las humanidades, Klein destacó que todas las naciones del mundo tienen problemas de distribución de ingresos, no tan fuertes como en América Latina y el Caribe, pero existen en casi todos los países, lo que explica en mucho las reacciones populistas derechistas que se viven en Europa y en otras partes del mundo.
En economía, explicó, hay un nuevo debate sobre si el mercado capitalista por sí mismo está generando automáticamente problemas en la distribución de la riqueza, tanto en naciones avanzadas como en las que se encuentran en vías de desarrollo. Y casi todo el mundo, aun cuando están de acuerdo con el neoliberalismo o con un modelo socialdemocrático, coinciden en que el Estado debe controlar el mercado.
Historiador y antropólogo decano en el estudio de las realidades latinoamericanas, experto en historia de la esclavitud y la demografía regional, apuntó que las condiciones de violencia existen en muchos países de la región, donde hay pobreza, desempleo y falta de acceso a la educación para los jóvenes, pero el caso de México es particular: se trata del país más importante para el mercado de drogas de Estados Unidos, pero también tiene organizaciones ilegales que operan de forma importante en el país, casi igual que un Estado nacional.
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▲ El historiador y antropólogo Herbert S. Klein, ganador del premio Alfonso Reyes 2019, en entrevista con La Jornada.Foto Laura Poy
–¿Qué ocurre con la fragmentación social en América Latina y en el caso particular de México?
–Si la economía no marcha, si la distribución de ingresos no está más o menos basada en el mérito, si no hay una élite que genere más recursos por ser productiva y que invierta en el desarrollo de la economía, si esto no existe, poco a poco, en cualquier sociedad, sus enlaces se irán fragmentando.
“En toda sociedad en la que los jóvenes no tienen educación o posibilidad de acceder a una formación de calidad ni a ocupaciones que les den ingresos y, eventualmente, a una vida de familia estable, esto va a afectar poco a poco a todo el sistema, y el gobierno tiene que jugar un rol fundamental para arreglar la situación.
En el caso de Brasil y México se impulsaron programas de distribución de recursos, como Progresa y Bolsa Familia, los cuales fueron fundamentales; no reorganizaron todo el sistema, pero sí lograron sacar a muchas personas de la pobreza extrema.

Políticas criticadas
–En México esas políticas han sido duramente criticadas.
–Es absolutamente fundamental. Cuesta mucho dinero, pero han tenido un impacto directo, inmediato, importante, y se puede ver en los índices de distribución de ingresos: es decir, aquellos con más bajos ingresos están subiendo un poco más rápido que la élite y su ganancia de riqueza.
Ex director del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Stanford, Klein reconoció que ante un escenario de mayor desigualdad, donde la economía no marcha, lo cierto es que no sabemos si la democracia va a sobrevivir, hoy estamos menos optimistas que hace 20 años. Tenemos a China, con su élite de partido, pero tiene errores, como tener un primer ministro para toda la vida, lo que no es una buena idea para ningún país. Pero en realidad no sabemos qué tipo de gobierno va a dominar.
La situación en el mundo, señaló, es seria ahora. No nos hemos recuperado de la crisis económica de 2008, y eso se percibe desde Hungría hasta Estados Unidos. Al estudiar si China puede generar 300 millones de pobladores de clase media, se detectó que tendría un impacto en la clase media de Estados Unidos, porque alguien está pagando por este proceso, no todo el mundo avanza al mismo tiempo. El gran crecimiento industrial de China fue la gran decadencia de Estados Unidos. Tenemos entonces un problema que hay que solucionar, concluyó.

Periódico La Jornada

1/25/2020

Las mujeres, las grandes perdedoras de la distribución de la riqueza mundial





Las fortunas millonarias crecen a expensas del trabajo de mujeres y niñas




Davos (Suiza), 23 ene. 20. AmecoPress/AFP.- Las mujeres son las grandes perdedoras de la distribución de la riqueza mundial, ya sumamente desigual pues 2.153 millonarios poseen más que el 60% de la población, denunció el lunes la ONG Oxfam en un informe.
La ONG señala que las 22 personas más ricas del mundo tienen una riqueza superior a la que poseen todas las mujeres de África.
"Las mujeres, en general y las jóvenes, en particular, son las que menos se aprovechan del sistema económico actual", dice Amitabh Behar, responsable de Oxfam en India, que representará a la ONG este año en la edición del Foro de Davos de este año que abre el martes en el reputado balneario suizo.
El informe anual de Oxfam sobre las desigualdades mundiales se suele publicar antes de la apertura del Foro Económico de Davos, una cita a la que desde hace medio siglo acuden la flor y nata de la economía y la política planetarias.
La edición de este año estará marcada por los grandes movimientos de protesta populares que sacudieron al mundo en 2019 desde Chile a Oriente Medio pasando por Francia.
Según Bloomberg, al menos 119 millonarios, cuya fortuna total se eleva a unos 500.000 millones de dólares (unos 451.000 millones de euros) se espera que acudan a Davos este año.
"En lo alto de la pirámide, miles de millones de dólares se encuentran en manos de un pequeño grupo de personas, principalmente hombres", denuncia Oxfam.
En 2019, los 2.153 multimillonarios que había en el mundo tenían más dinero que el 60% de la población del planeta.
"La brecha entre ricos y pobres no puede ser resuelta sin políticas deliberadas de lucha contra las desigualdades. Los gobiernos deben garantizar que las empresas y los ricos paguen su justa parte de impuestos", asegura Amitabh Behar.

"Las desigualdades indecentes están en el centro de las fracturas y de los conflictos sociales en todo el mundo. No son una fatalidad (sino) el resultado de políticas (...) que reducen la partipación de los más ricos al esfuerzo de solidaridad por el impuesto y fragilizan la financiación de los servicios públicos", insiste de su lado Pauline Leclère, portavoz de Oxfam France, también citada en un comunicado.

Trabajo no remunerado

Según los datos de la ONG, cuya metodología se basa en cifras divulgadas por la revista Forbes y el banco Crédit Suisse aunque es criticada por algunos economistas, 2.153 personas disponen actualmente de más riqueza que 4.600 de millones más pobres del planeta.
De hecho, la fortuna del 1% de los más ricos "corresponde a más del doble de la riqueza acumulada" por 6.900 millones de personas, es decir, el 92% de la población mundial, una concentración que "supera la deuda", señala el informe.
"Las mujeres están en primera línea de las desigualdades a causa de un sistema económico que las discrimina y las encierra en los oficios más precarios y menos remunerados, empezando por el sector de los cuidados", asegura Pauline Leclère.
Según los cálculos de Oxfam, el 42% de las mujeres en el mundo no pueden tener un trabajo remunerado por la carga demasiado importante de trabajo de cuidados en el ámbito privado o familiar, frente a solamente el 6% de los hombres.
Pese a que cuidar de los demás, cocinar o limpiar son tareas esenciales "la pesada y desigual responsabilidad del trabajo de cuidados que recae sobre las mujeres perpetúa tanto las desigualdades económicas como la desigualdad de género", afirma la oenegé.
Oxfam cifra el valor monetario del trabajo de cuidados no remunerado de las mujeres de más de 15 años en 10.800 millones de dólares anuales, es decir "tres veces más que el valor del sector digital a escala mundial", subraya la ONG.
Foto: Archivo AmecoPress.

Oxfam Intermón denuncia que la invisibilidad de los cuidados aumenta las desigualdades



21 de enero de 2020.



Madrid, 21 ene. 20. AmecoPress.- Las mujeres dedican 12.500 horas diarias a trabajos no remunerados de cuidados de niños y niñas, personas ancianas y enfermas, así como tareas domésticas. El valor económico del trabajo de cuidados no remunerado que llevan a cabo en todo el mundo las mujeres de 15 o más años asciende al menos a 10,8 billones de dólares anuales, una cifra que triplica el tamaño de la industria mundial de la tecnología. Son datos de @OxfamIntermon en su informe ‘Tiempo para el cuidado. El trabajo de cuidados y la crisis global de desigualdad’ #TiempoParaElCuidado, que muestra cómo el modelo económico está alimentando la desigualdad. Es un sistema que pivota sobre una contradictoria ecuación: se sostiene porque las mujeres cuidan, pero ellas son precisamente las peor consideradas.
“Si nadie hiciese el trabajo que garantiza la vida, todo el sistema económico mundial colapsaría”, destaca Lara Contreras, responsable de incidencia e investigaciones de Oxfam Intermon. Sin embargo, el 75% de esas labores son realizadas por las mujeres y niñas sin recibir ninguna remuneración a cambio. En España, por ejemplo, esta actividad no remunerada ocupó 130 millones de horas en 2018, lo equivalente a 16 millones de personas trabajando ocho horas al día y a un 14,9% del PIB, según la Organización Internacional del Trabajo. Pero, además, las mujeres constituyen dos terceras partes de la mano de obra que se ocupa del trabajo de cuidado remunerado. Y es, precisamente el sector con más precariedad. De hecho las trabajadoras domésticas son el colectivo laboral más pobre del mundo.
La pobreza se ceba con las mujeres ya que este “modelo económico patriarcal y sexista”, les asigna el rol de los cuidados de manera que esto se convierte en un impedimento para acceder a la educación y para su desarrollo político y personal. “A veces, para poder compaginar el trabajo remunerado con el trabajo doméstico, las mujeres reducen su jornada”, ejemplifica Contreras, “la tasa de parcialidad laboral en mujeres en 2018 fue del 24,6%, mientras que para los hombres era del 6,6%”. Esta desigualdad estructural, se arrastra durante toda la trayectoria vital: el 65 por ciento de personas sin pensión en el mundo son mujeres. Además, tiene como consecuencia que las mujeres siguen sin tener espacio en la toma de decisiones. “La pesada y desigual responsabilidad del trabajo de cuidados que recae sobre las mujeres perpetúa tanto las desigualdades económicas como la desigualdad de género”, concluye.

Los 22 hombres más ricos del mundo gozan de más dinero que todas las mujeres de África

Una desigualdad que “está fuera de control”, advierte el informe ‘Tiempo para el cuidado’, nada más empezar. En 2019, los 2153 milmillonarios que hay en el mundo poseían más riqueza que 4600 millones de personas. Los 22 hombres más ricos del mundo gozan de más dinero que todas las mujeres de África. El 1% más rico de la población ostenta más del doble de riqueza que 6.900 millones de personas. Esta enorme brecha es consecuencia de un sistema económico fallido y sexista que valora más la riqueza de una élite privilegiada, en su mayoría hombres, que los miles de millones de horas del esencial trabajo de cuidados no remunerado o mal remunerado que llevan a cabo fundamentalmente mujeres y niñas en todo el mundo.
Pero además, la situación tiende a agravarse. Si no se adoptan medidas firmes, la desigualdad se agrandará mucho más. El envejecimiento demográfico, los recortes en el gasto público y el cambio climático amenazan, no solo con agravar la desigualdad económica y de género, sino con acentuar la crisis que afecta al trabajo de cuidados y a las personas que los proveen. “La élite rica y poderosa podrá utilizar su dinero para librarse de las consecuencias de esta crisis, pero las personas en situación de pobreza y privadas de poder no tendrán esa oportunidad”, explica Lara Contreras.
La Organización Internacional del Trabajo (OIT) estima que, en 2050, habrá 100 millones más de personas mayores y 100 millones más de niñas y niños de entre 6 y 14 años que necesitarán atención y cuidados. A medida que envejezcan, las personas mayores necesitarán una atención más intensiva y a largo plazo de unos sistemas de salud que no están preparados para ello. Se calcula que, en 2025, hasta 2400 millones de personas vivirán en zonas donde no habrá agua suficiente, de manera que las mujeres y las niñas se verán obligadas a recorrer mayores distancias para encontrarla. Asimismo, el cambio climático reducirá la producción de alimentos y aumentará la incidencia de enfermedades, lo cual incrementará el estrés y las exigencias de tiempo que sufren mujeres y niñas, ya que se espera de ellas que hagan el trabajo adicional necesario para adaptarse a esta nueva situación.

En la radical importancia de los cuidados se encuentra también la posibilidad de generar soluciones

El modelo económico “capitalista y patriarcal” en el que vivimos se articula según una ética y una visión en la que “el trabajo de cuidados no remunerado o mal remunerado es prácticamente invisible”. Esto perpetúa un círculo vicioso de desigualdad económica y de género que a su vez cronifica la situación actual. “El trabajo de cuidados está profundamente infravalorado, y tanto los Gobiernos como las empresas dan por sentado que se va a hacer”, explica Lara Contreras. “De hecho, no suele considerarse un trabajo como tal, y los recursos dedicados a realizarlo suelen contabilizarse como un gasto y no como una inversión, de manera que su aportación resulta invisible a la hora de medir el progreso económico y establecer las agendas políticas”.
Pero en esta radical importancia de los cuidados se encuentra también la posibilidad de generar soluciones. “Los Gobiernos de todo el mundo no solo pueden, sino que deben construir una economía más humana y feminista, que beneficie al 99% de la población, y no solo al 1%”, expone el informe. Lara Contreras resume algunas propuestas: Primero, “reconocer el trabajo de los cuidados”; en segundo lugar, “dar voz a las mujeres”; es necesaria también “una corresponsabilidad que involucre a expresas y a los estados”, que deben garantizar la adopción de políticas jurídicas, económicas y laborales que protejan los derechos de todas las personas que llevan a cabo el trabajo de cuidados sin remunerar y remunerado, tanto en el sector formal como en el informal, así como vigilar la aplicación de dichas políticas.
“Sólo con una subida de un 0,5% en el tipo de impuesto que grava el patrimonio del 1% más rico del mundo, se podría recaudar fondos para crear más de 117 millones de puestos de trabajo en sectores como la educación, la salud y la asistencia a las personas mayores, acabando así con los déficits de cuidados en estos ámbitos”, expone la ONG en su informe.
La apuesta tiene que ver con un enfoque integral. Oxfam propone la adopción de medidas para contribuir a garantizar los derechos de las personas que asumen el trabajo de cuidados, así como para empezar a cerrar la brecha entre las trabajadoras de cuidados no remuneradas o mal remuneradas y la élite rica, que es quien más se aprovecha de su trabajo.

El colectivo de trabajadoras del hogar y cuidados

El caso del colectivo de las trabajadoras domésticas es paradigmático. Son las peor pagadas. En España, el nuevo Gobierno se ha comprometido a ratificar el Convenio 189 OIT. No es la primera vez que se anuncia y desde luego hay que reclamarlo. Pero las mismas organizaciones de trabajadoras domésticas destacan que la mejora en sus condiciones laborales tiene que ir acompañada de otro tipo de políticas públicas porque si el peso de los costes que implican esas mejoras sigue recayendo en las familias –en las mujeres- la situación puede resultar asfixiante. “Desde luego que este sector necesita equiparar sus derechos laborales al resto de las personas trabajadoras –prestación por desempleo, bajas de maternidad, jubilación-, pero ha de hacerse cargo el Estado, como sucede en Francia, por ejemplo”, explica la responsable de Oxfam.

Algunos testimonios

El informe recoge varios testimonios de mujeres de todo el mundo que reflejan las enormes desigualdades existentes y que ejemplifican el aporte que hacen a la sociedad, un aporte que queda invisibilizado en el entramado de un sistema que alimenta una carrera sin fin por la acumulación de riqueza, en lugar de valorar lo que realmente importa, la vida, el postulado fundamental sobre el que construir una economía más humana y feminista.
Buchhu Devi se levanta cada día a las 03:00 de la mañana para cocinar, limpiar, y preparar el desayuno y el almuerzo para su familia. Hay un pozo cerca de su casa, pero como pertenece a la casta más baja (Dalit) no puede utilizarlo y se ve obligada a recorrer 3 km para recoger agua, tres veces al día. Cuenta que trabaja en las obras de construcción de una carretera desde las 08:00 hasta las 17:00, y después todavía tiene que realizar sus tareas domésticas vespertinas, como ir a buscar agua y leña, lavar, cocinar, limpiar la casa, y ayudar a sus hijos e hijas con los deberes. Su jornada termina a medianoche. Si no recoge la leña, la familia no puede comer, y su marido la golpea por ello. “No tengo tiempo” dice, “ni siquiera para morirme, porque estarían condenados... ¿Quién cuidará de ellos y traerá dinero a la familia cuando yo no esté?”
Regina (nombre ficticio) fue víctima de trata para trabajar en la casa de un hombre rico en el Reino Unido. Regina explicó que, una vez en Londres, sus empleadores la obligaban a trabajar todos los días desde las 06:00 hasta las 23:00 en su elegante apartamento del centro de Londres. No recibió remuneración alguna durante todo el tiempo que estuvo allí, ni tampoco tenía permiso para ponerse en contacto con su familia o hablar con cualquier persona ajena a la casa de sus empleadores. Dormía en la lavandería y se alimentaba con las sobras de la comida. Le quitaron el pasaporte, y cuenta que sus empleadores solían abusar de ella física y verbalmente, llamándola “estúpida” e “inútil”.
Foto: archivo AmecoPress, cedidas por Oxfam, como parte del informe

Basada en economía sexista, desigualdad en el mundo crece: Oxfam

Mujer con fuego de leña y comal

Ciudad de México. Mientras que los 22 hombres más ricos del mundo poseen más riqueza que todas las mujeres de África, el valor económico del trabajo de cuidado no remunerado, llevado a cabo por las mujeres mayores de 15 años, asciende a menos de 10.8 billones de dólares anuales, “una cifra que triplica el tamaño de la industria de la tecnología.” de acuerdo con un informe publicado por la organización Oxfam titulado “Tiempo para el cuidado”.
El informe, publicado un día antes de que iniciara el Foro Económico Mundial en Davos, Suiza, advierte que la riqueza del 1 por ciento más rico del mundo ha crecido en las últimas décadas, mientras que gran parte de la humanidad permanece en la pobreza.
Los 2 mil 153 billonarios en el mundo, poseen más riqueza que 4.6 billones de personas en el mundo, informó Oxfam. “Esa brecha es consecuencia de un sistema económico fallido y sexista que valora más la riqueza de una élite privilegiada, en su mayoría hombres, que los miles de millones de horas del esencial trabajo de cuidados no remunerado que llevan a cabo fundalmente mujeres y niñas en todo el mundo.”
Cuidar a niñas, niños y personas de la tercera edad, cocinar, limpiar y recoger agua y leña, son tareas esenciales para el bienestar de la sociedad, sin embargo, este trabajo es mal valorado y mal distribuido entre mujeres y hombres, por lo tanto, “perpetúa tanto las desigualdades económicas como la desigualdad de género.”
De acuerdo con Oxfam. en total, las mujeres realizan más de tres cuartas partes del trabajo de cuidados no remunerado, y constituyen dos terceras partes de la mano de obra que se ocupa del trabajo de cuidados remunerado. “No tengo tiempo ni para morirme”, dice en el informe Buchhu Devi, una mujer hindú cuyo día laboral empieza a las 3.00 am. Ella cocina, limpia y prepara dos comidas para su familia antes de empezar a trabajar en una obra de construcción, entre 8.00 am y 5.00 pm. Después todavía realiza más trabajo en su hogar, por ejemplo, recorrer tres kilómetros para recoger agua. Su jornada termina a la medianoche.
Las mujeres que viven en comunidades rurales dedican hasta 14 horas diarias al trabajo de cuidados no remunerado, cinco veces más que los hombres de estas mismas comunidades, informó Oxfam, subrayando que las mujeres se verán más afectadas por el cambio climático y demográfico. Por ejemplo, con el calentamiento global se aumentará la escasez de agua, y en los próximos diez años habrá 100 millones más personas de la tercera edad, y 100 millones más niñas y niños entre 6 y 14 años que cuidar.
Otro ejemplo de la descalificación de los trabajos de cuidado, sería la situación de las trabajadoras del hogar, “uno de los colectivos laborales más explotados del mundo”. De acuerdo con Oxfam, en el mundo hay 67 millones de personas trabajadoras del hogar, 80 por ciento de ellas, mujeres. 50 por ciento de ellas no recibe el salario mínimo, ni cuenta con un límite de horas a su jornada laboral, y 90 por ciento carece de seguridad social.
Mientras tanto, en el otro lado de la pirámide económica, la riqueza de los billonarios del mundo se está agrandando sin que tengan que hacer un esfuerzo por ello. Oxfam destacó que entre 2011 y 2017, los salarios promedio en los países del G7 se incrementaron en un tres por ciento, mientras que los dividendos de las y los accionistas lo hicieron en un 31 por ciento. El informe dio como ejemplo el de Bill Gates, quien “a pesar de su admirable compromiso de compartir su dinero, sigue teniendo un patrimonio de 100 billones de dólares, el doble que cuando dejó de estar al frente de Microsoft.”
Esta concentración de fortunas extremas, advirtió la organización, debilitaría la democracia. Al mismo tiempo, en muchos Estados, se redujo la tributación de grandes fortunas y empresas. “Nuestro sistema económico está construido por hombres ricos y poderosos, que siguen siendo quienes dictan las normas y se quedan con la mayor parte de los beneficios”, concluyó Oxfam, por lo que en su informe hizo varias recomendaciones a los gobiernos entre las que destacan:
Invertir en sistemas nacionales de atención y cuidados que permitan abordar la desproporcionada responsabilidad de trabajo de cuidados que recae sobre las mujeres y las niñas; acabar con la riqueza extrema para erradicar la pobreza extrema; legislar para proteger a todas las personas que se ocupan del trabajo de cuidados, y garantizar salarios dignos para el trabajo de cuidados remunerado.
También aconsejó garantizar que las personas que llevan a cabo el trabajo de cuidados tengan influencia en la toma de decisiones; combatir las normas sociales nocivas y las creencias sexistas que consideran que el trabajo de cuidados es responsabilidad de las mujeres y las niñas; y promover políticas y prácticas empresariales que pongan en valor el trabajo de cuidados.

1/21/2020

Desigualdad: injusticia y peligro

Editorial La Jornada


Un informe de la organización internacional Oxfam señala que las 2 mil 153 personas más ricas del planeta tienen mayores posesiones que el total de los 4 mil 600 millones más pobres del mundo. En contraste, el aporte no pagado de las mujeres a la economía global –más de 10 billones de dólares al año– es el triple que lo aportado por la industria tecnológica.
Cierto, la desigualdad está modulada de manera regional y tiene uno de sus contrastes más claros entre las mayorías depauperadas de los países del Sur y las clases medias y al-tas de los del Norte, tanto en ingresos como en calidad de vida. Sin embargo, en los estados integrantes del G7, que agrupa a las economías más poderosas, la desigualdad ha aumentado en forma dramática en las primeras dos décadas del presente siglo –70 por ciento de 2000 a la fecha–, lo que se explica, sobre todo, por el diferencial entre riqueza financiera y renta salarial. Otras dimensiones de la desigualdad en el mundo contemporáneo son las diferencias entre mujeres y hombres y las que separan a las poblaciones rurales de los habitantes urbanos. Tales diferencias no se refieren sólo al ingreso ni son únicamente de carácter patrimonial, sino que se traducen en contrastes en la esperanza de vida, el acceso a la educación y al trabajo, los servicios de salud, las condiciones de vivienda y las perspectivas de jubilación, entre muchos otros puntos. A fin de cuentas, estos contrastes determinan la capacidad o la incapacidad de los sujetos para ser dueños de su destino y diseñar su vida, o bien para ser esclavos de la necesidad y la contingencia.
Si bien las mayores concentraciones de pobreza se ubican en el continente africano, en América Latina se tiene la desigualdad más escandalosa, lo que se traduce de forma necesaria en sociedades menos armónicas, en instituciones políticas más inestables y en escenarios de polarización social y política. No parece casual que varias naciones de Sudamérica hayan sido estremecidas en 2019 por revueltas sociales de gran calado –como en Ecuador, Chile y Colombia–, ni que el ex presidente argentino Mauricio Macri –promotor indudable de la desigualdad económica y social– haya sufrido una sonora derrota en los comicios presidenciales del 27 de octubre pasado. Desde luego, la desigualdad imperante en el país fue también un factor importante en el triunfo de Andrés Manuel López Obrador en la elección de julio de 2018, en México, a las que concurrió con una plataforma política caracterizada por las medidas redistributivas y la atención prioritaria a los que menos tienen.
Nuestro país es, con certeza, un ejemplo de desigualdades: las hay regionales, entre norte y sur y sureste; de género, pues en un mismo sector social las mujeres enfrentan condiciones laborales, educativas, salariales y patrimoniales más adversas que los hombres; y también, claro, de origen social y étnico.
Desde cualquier perspectiva, la desigualdad que azota al mundo es resultado de mecanismos inmorales de concentración de la riqueza en manos de unos cuantos. Igual de grave, el contraste entre la pobreza de muchos y la riqueza de unos pocos, no sólo acorta vidas y se traduce en existencias desgraciadas, sino que acaba por amenazar la estabilidad mundial en su conjunto; así lo muestran fenómenos como los flujos migratorios, los aumentos en los índices delictivos y revueltas como las que han conmocionado a Francia por varios meses.
Así pues, por ética, por sentido común y hasta por pragmatismo, la reducción de la desigualdad debe ser asumida como tarea prioritaria y urgente por los gobiernos y los organismos internacionales.

Sin control, la desigualdad económica

En México no cede, revela Oxfam

La histórica desigualdad no cede en el país. Seis de las personas más acaudaladas concentran mayor riqueza que la mitad de la población, 62.5 millones, quienes viven en la pobreza. Esta brecha gira en torno a un sistema económico injusto y patriarcal, que recarga el trabajo no remunerado en las mujeres, aseguró Oxfam México.
Las diferencias de ingresos no son privativas del país. En Tiempo para el cuidado, el organismo destaca: La desigualdad económica está fuera de control. El año pasado, 2 mil 153 millonarios en el mundo poseían más riqueza que 4 mil 600 millones de personas.
Pese a la dimensión de las cifras, la brecha de la desigualdad en México –la relación entre multimillonarios y personas en pobreza– es 38 veces más alta que la del promedio para el mundo.
El reporte de Oxfam cita a los seis mayores multimillonarios mexicanos, según el listado de Forbes. No los menciona por su nombre, pero en la clasificación de 2019 esos lugares fueron ocupados, en orden decreciente, por Carlos Slim Helú (América Móvil), Germán Larrea (Grupo México), Ricardo Salinas (Tv Azteca), Alberto Bailleres (Grupo Bal), Eva Gonda (Femsa) y Marisun Arumburuzabala (Tresalia Capital). En conjunto, reúnen una fortuna de 108 mil 100 millones de dólares.
Oxfam evidenció que mientras más de la mitad de la población vive con menos de 5.50 dólares al día –102.67 pesos–, los 22 hombres más ricos del mundo poseen mayor riqueza que todas las mujeres de África. Estas cifras se enfrentan con el estimado de que sólo 4 por ciento de la recaudación fiscal procede de los impuestos a la riqueza y los grandes capitales evaden hasta 30 por ciento de sus obligaciones.
Al destacar que prácticamente una tercera parte de la riqueza de los multimillonarios proviene de herencias, lo cual ha dado lugar a una nueva aristocracia que debilita la democracia, el organismo compara: entre 2011 y 2017 los salarios promedio en los países del Grupo de los Siete –los más poderosos económicamente– crecieron 3 por ciento, mientras los dividendos de los accionistas ricos lo hicieron en 31 por ciento.
Las cuotas actuales de riqueza extrema se asientan también sobre el sexismo. Nuestro sistema económico está construido por hombres ricos y poderosos, denunció la asociación, en el contexto del Foro Económico Mundial de Davos.
Y es que la mayor parte del trabajo gratuito, como el cuidado de niños, adultos mayores y personas enfermas o con alguna discapacidad, se deja a las mujeres. En todo el mundo, 42 por ciento de éstas se encuentran fuera del mercado laboral por dedicarse a tareas sin paga, proporción que llega a 6 por ciento en el caso de los hombres.
En México, el trabajo no remunerado –del que las mujeres realizan cuatro horas más que los hombres– equivale a 1.7 billones de pesos, casi dos veces la producción minera anual, mientras en los demás países asciende a 10.8 millones anuales, cifra que triplica el tamaño de la industria de la tecnología.
Estamos ahorrando al Estado millones de pesos que tendría que destinar a gasto social para crear mejores sistemas de seguridad, manifestó Rocío Stevens, directora de campañas y comunicación de Oxfam México. En ese sentido, las políticas impulsadas por el presidente Andrés Manuel López Obrador no resuelven los problemas, de acuerdo con investigadores.
Por ejemplo, eliminar guarderías, duplicar las transferencias a personas con discapacidad o promover un sistema universal de salud con el Instituto de Salud para el Bienestar (Insabi) no ven el problema central: ingreso y gasto del gobierno insuficiente, apuntó en conferencia Diego Vázquez, gerente de investigación.
México aporta 7.7 por ciento del producto interno bruto (PIB) a gasto social. Es el promedio más bajo de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, pero ni invirtiendo todos los impuestos que recauda el Estado mexicano podríamos llegar a un nivel satisfactorio (de gasto social), porque el país recauda alrededor del 16 por ciento del PIB, agregó.
Por ello la necesidad de una reforma fiscal que podría empezar a gravar con 0.5 por ciento los bienes de uno por ciento de la población con más ingresos. Con la medida se recaudarían 92 mil millones, con lo que se duplicarían los recursos presupuestarios que tendrá el Insabi este 2020, explicó Milena Dovalí, coordinadora de investigación.
Con esos impuestos progresivos a la riqueza, Oxfam propone crear un sistema nacional de cuidados para frenar el trabajo que se recarga en las mujeres. Stevens añadió que un rediseño para ampliar la política social no se trata sólo de quitar programas por presunta corrupción. Las mujeres que están en los ingresos más bajos son más altamente dependientes de los servicios del Estado. Las que están en el 10 por ciento más alto no son las que se vieron afectadas por el cierre de las guarderías del Instituto Mexicano del Seguro Social, subrayó.

Periódico La Jornada