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11/25/2019

Muerte digna, un derecho humano; la medicina paliativa ayuda a ese fin

Se procura a enfermos crónicos y terminales: expertos

México es reconocido por esa especialidad, pero mucha gente ignora que existe, afirman

La llegada de la muerte cuando se produce por una enfermedad crónica, paralizante y terminal puede ser recibida desde un lecho de abandono y dolor, pero también desde los cuidados paliativos, un derecho humano para enfrentar el final del ciclo vital con dignidad y valentía.
En México, esta especialidad médica ha sido reconocida legalmente y tiene normas para su aplicación. Pero mucha gente ignora no sólo el derecho que le asiste para demandarla, sino incluso su existencia.
Aunque por mucho tiempo los cuidados paliativos se abordaron sólo desde la atención al dolor endémico y a la inminencia del fallecimiento por un mal incurable, una y otra visiones se aplican ya en un espectro mucho más amplio.
Mónica Osio, experta en el tema en México, explica: “En cuidados paliativos no sólo estamos viendo dolor. Su enfoque consiste en mejorar o mantener las mejores condiciones de vida para el paciente y para su familia ante una enfermedad que limita o amenaza su vida.
Y no se refiere sólo a la parte física sino también a los temas sicológicos, la problemática social e incluso aspectos espirituales, como la trascendencia, la necesidad de amar, de ser amado, de ser reconocido como persona, de ser tratado en forma digna hasta el último día de la vida, y del legado que quiere dejar .
Por definición, la medicina paliativa se utiliza cuando ya no hay perspectiva de curación. Sin embargo, Osio considera algunas de sus herramientas como útiles y aprovechables para enfermedades no necesariamente mortales a corto y mediano plazos.
Ubica, por ejemplo, a pacientes con cáncer de mama, estadio 2A o 2B que es potencialmente curable. Desde los cuidados paliativos se le puede dar terapia de soporte, controlar náuseas, dolor y otorgar apoyo sicológico, entre otros, pues existe expectativa de curación.

Un traje a la medida
El tratamiento paliativo siempre será multidisciplinario. Por ley deben participar un experto en esa especialidad, así como un algólogo, un anestesiólogo, una enfermera, un experto rehabilitador, el médico tratante, un sicólogo y un trabajador social. Todo para un mismo paciente: un traje a la medida.
Institutos como el Mexicano del Seguro Social y el de Seguridad y Servicios Sociales así como hospitales de tercer nivel de la Secretaría de Salud disponen de áreas específicas para dar estos cuidados, pero están muy lejos de cubrir el universo de enfermos para quienes recibirlos sería la diferencia entre irse bien de la vida o hacerlo como una tragedia cruel y dolorosa.
En julio de 2018, el Consejo General de Salud publicó la Guía de manejo integral de cuidados paliativos. Ahí se documenta que las enfermedades no transmisibles y/o crónicas (cardiovasculares, cáncer, respiratorias crónicas y metabólicas) son por lo general de larga duración y con progresión generalmente lenta.
En el mundo, 40 millones mueren cada año a causa de esos padecimientos (equivalente a 70 por ciento de las muertes que se producen en el orbe), y de esos decesos, 15 millones son de las llamadas prematuras; esto es, de personas de 30 a 70 años.
Establece entonces que “el diagnóstico tardío y el deseo de recibir tratamiento curativo, independientemente de las posibilidades de beneficio, en ocasiones excluyen –de manera equivocada– instrumentar un manejo oportuno de cuidados paliativos” con los cuales un porcentaje importante de pacientes con enfermedades no transmisibles podrían aliviar su sufrimiento y mejorar su calidad de vida.
Abraham Ochoa Aguilar, académico de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México y con la doble especialidad de algología (estudio y tratamiento del dolor) y de cuidados paliativos, expone el objetivo principal de éstos: dar a los pacientes el respeto que merecen como seres humanos para que mueran bien, tranquilos, con la menor cantidad de dolor.
Y acota: si el dolor está bien cuidado, pero el paciente no se ha despedido de su familia, o está muy solo y sus seres queridos se encuentran desesperados y sin apoyo, para eso estamos los paliativistas. De lo contrario, las personas enfrentan problemas muy severos, pasan por momentos horribles, sin concluir en lo afectivo e incluso en lo legal, para irse en paz.

No equivale a eutanasia
La vida es finita, puntualiza Ochoa. ¿Cuándo nos llegará el momento? (de la muerte), no lo sabemos. Pero el humano es proclive a buscar la felicidad absoluta de manera ilógica y a esperar el bienestar propio por encima del ajeno. Los paliativistas atendemos al paciente y a su comunidad, pero particularmente son los deseos de aquél, nuestro órgano rector. El especialista introduce una distinción importante: cuidados paliativos no equivale a eutanasia.
“Paliativo no implica que morirás cuando yo lo diga o lo decida el paciente. Los cuidados de este tipo deben ofrecerse ante la existencia de una enfermedad que en algún momento tendrá como consecuencia la muerte. Los especialistas estaremos desde el instante del diagnóstico hasta que la enfermedad cumpla su parte.
Se trata sólo de mantener ese camino lo más tranquilo y suave posible para que la naturaleza de una enfermedad no lleve a quien la vive, por los rincones más desagradables, como no poder respirar, sentir mucho dolor, alcanzar estadios de demencia, no dormir o comer y otras cosas que le ocurren al paciente que está a punto de fallecer.
Asegura la médica Osio: “Aunque los cuidados paliativos están en la ley, la gente no sabe que tiene derecho a ellos. Es más, existen autoridades hospitalarias que no saben que es un derecho; y eso es terrible.
“He llegado al punto de decirle a un director de hospital: ‘¿sabes que te pueden demandar por obstinación terapéutica, por hacer más de lo que no deberías hacer, te puedo demandar por abandono de paciente y por no darme atención paliativa porque es parte de mi derecho?’”
Enric Benito, oncólogo reconocido y experto en cuidados paliativos de Hispanoamérica, asegura que resistirse no evita el proceso de morir; que dolor y sufrimiento son cosas distintas. Para el primero está la algología y para el segundo los cuidados paliativos. Resistirse a la realidad es para alguien, en la fase terminal de su vida, un sufrimiento añadido innecesario. Toda persona tiene derecho a morir con dignidad.

Periódico La Jornada

1/25/2017

El proyecto de muerte digna en la CDMX



Bernardo Barranco V.
En México, según el Inegi, para 2030 habrá más de 20 millones de habitantes con más de 60 años. Los avances han posibilitado alargar el ciclo de la vida humana. Hoy día la mayoría de los mexicanos vivimos en zonas urbanas, con la mejora de las condiciones de vida y los avances médicos, la esperanza de vida se ha alargado considerablemente. Somos una población que tiende a envejecer. No sólo el sentido de la vida ha cambiado, sino también el sentido de la muerte. La muerte se ha convertido en un nuevo espacio de debate que involucra el miedo, el sufrimiento y las agonías largas y dolorosas que degradan la condición humana. ¿El bien morir significaría una muerte civilizada? En la tradición judeocristiana sólo Dios tiene la potestad de otorgar y quitar la vida en el momento adecuado. La eutanasia está fuera del lenguaje cristiano desde hace más de 2 mil años. Sólo Francisco de Asís optó por congeniar con la muerte, llamándola la hermana muerte y sugiriendo que detrás de su rostro sombrío había un semblante precioso y brillante, el hecho de la resurrección.
En la actualidad es difícil escapar del debate sobre la muerte digna y el suicidio asistido, los medios de comunicación e Internet nos ofrecen a diario abundantes casos y conmovedoras historias sobre el sufrimiento y la mortalidad humana. Los católicos tradicionales cuestionan el recelo al sufrimiento y a la agonía, pues la sociedad moderna contemporánea nos orilla al hedonismo y al placer. El sufrimiento, señalan, es una prueba de Dios, como lo hizo con Cristo en la cruz. Por ello, el debate es complejo y hasta confuso, no sólo desde la dimensión ética, sino religiosa. El término eutanasia, etimológicamente significa buena muerte o muerte digna, abarca prácticas muy diferentes, no tan obvias al público en general e incluso los profesionales de la salud. Por ejemplo, en el campo de la medicina, el vitalismo terapéutico, que pugna por sostener la vida a cualquier costo y a pesar de todo, incluyendo el dolor y el sufrimiento. Dicho enfoque ha venido cediendo terreno desde los años 60 al morir humanamente.
Sustrayendo los sentidos de lo sagrado y de sus ritos. Una buena muerte es una muerte sin dolor, que se manifiesta tan repentinamente que no la vemos venir. Y cuando es lenta, cuando enfrenta el deterioro físico y sicológico, parece intolerable porque hay una degradación de la dignidad de la persona ¿Vivimos en una época en que sufrimiento, larga agonía y muerte son un mal absoluto? Cuando la modernidad nos insinúa una vida de felicidad, placer, belleza y vitalidad ¿La muerte y la forma de morir es una derrota, una claudicación? Hay nuevos dilemas culturales y jurídicos. ¿La vejez en sí misma no sólo el dolor físico son síntomas de la muerte en la modernidad? Los ancianos y los enfermos en general están en aislamiento social, bajo sentimientos de inutilidad, depresión y, más allá de estos factores, la desesperación y la pérdida del sentido ¿De qué sirve vivir así, es sólo esperar la muerte?
Por ello los legisladores de la Asamblea Constituyente de la Ciudad de México han dado un paso importante sobre el tema, al aprobar el artículo 11 de la futura constitución política que da luz verde al derecho a una muerte digna, no lo dice explícitamente pero deberá ajustarse a una de las figuras de la eutanasia. La iniciativa fue presentada por Jesús Ortega, del PRD. Versa así: Toda persona tiene derecho a la autodeterminación y al libre desarrollo de una personalidad. Este derecho humano fundamental deberá posibilitar que todas las personas puedan ejercer plenamente sus capacidades para vivir con dignidad. La vida digna contiene implícitamente el derecho a una muerte digna. Fue aprobada 56 votos a favor; hubo 27 en contra y una abstención.
Aunque la iniciativa constitucional no proporciona ninguna definición de muerte digna, se entiende como acortar el sufrimiento de una enfermedad incurable; como el acto de dar fin y de terminar con el sufrimiento de un paciente, que por su voluntad o de sus familiares no prolonguen el padecimiento incurable, físico o sicológico insoportable y su situación ya no tenga esperanza. El mismo Jesús Ortega en un comunicado anexo, ofrece su propia definición: son los casos en que las personas están al final de su vida con enfermedades incurables, agravantes a la dignidad de esa persona y también lesiona a los familiares que están alrededor de ellos, por lo que continuar viviendo en esas condiciones lesiona la dignidad humana.
Es importante advertir que la muerte digna no es equivalente a los preceptos de la Ley de Voluntad Anticipada, como ha sostenido Miguel Mancera. Sea por cálculo político o por desconocimiento, el jefe de Gobierno se ha equivocado incluso en su definición de eutanasia. Ha sido reconvenido por Roberto Blancarte, quien le reprochó: Usted no tiene razón en dar marcha atrás porque evidentemente ignora lo que la gente en México piensa al respecto y se sustenta en una contundente encuesta de la asociación civil Por el Derecho a Morir con Dignidad, presidida por Amparo Espinosa. Estas declaraciones han causado confusión entre miembros de la Asamblea Constituyente.
Pese al mensaje tonificante del jefe de Gobierno Mancera, las conservadoras redes católicas han empezado a manifestar inquietud. Desde la Fe, semanario de la
arquidiócesis, y amagos del Frente Nacional por la Familia han empezado por orar por los constituyentes y en acto seguido a criticarlos sin piedad alguna. La Arquidiócesis de México emitió un comunicado en el que criticó la decisión de la Asamblea Constituyente por aprobar la eutanasia en la capital. En el texto llama a la CDMX ciudad asesina, bajo los conceptos religiosos toda persona, institución o gobierno deben hacer todo lo posible para ayudar a conservar la vida y no es posible, dice el comunicado, que ninguna persona, institución o gobierno considere que tiene derecho a quitar la vida de otra persona. Desde la Fe define en su editorial como una Constitución fallida, llama a los constituyentes renegados y amaga con movilizaciones en las calles y castigo católico en las urnas. Esta película ya la hemos visto muchas veces.