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2/29/2020

Convocan a huelga mundial de mujeres el 8 de marzo


Ciudad de México. Más de 95 organizaciones feministas, de 36 países del mundo, convocaron a una huelga mundial de las mujeres el 8 de marzo de 2020, para protestar por“las promesas incumplidas hechas por los gobiernos”, en la promoción de la igualdad, el desarrollo y la paz para todas las mujeres. “Si las mujeres se detienen, el mundo se detiene”, es el lema de la huelga.
Aunque el 8 de marzo, este año cae en un domingo, las organizaciones llamaron a las mujeres a detener o ralentizar el trabajo formal o de cuidado y unirse a las protestas. “Forjaremos una alianza para defender y reclamar el poder colectivo de las mujeres para exigir nuestros Derechos Humanos”, explicó Fatima Burnad, fundadora de la Sociedad para la Educación y el Desarrollo Rural e integrante del Consejo Regional del Foro de Asia y el Pacífico sobre la Mujer, el Derecho y el Desarrollo (APWLD), una red de organizaciones feministas que inició la huelga.
“No haremos las tareas del hogar, la responsabilidad doméstica y, cuando sea necesario, pediremos a los socios y aliados masculinos que muestren solidaridad quedándose a cargo del hogar, la familia y la comunidad. Reuniremos a mujeres y aliados en nuestras redes y comunidades para manifestarnos, alzar nuestras voces y unirnos”, dijo Burnad. En la convocatoria, las organizaciones recordaron algunos datos sobre la desigualdad que persiste en el mundo:
  • Las mujeres y las niñas continúan realizando más de las tres cuartas partes de la cantidad total de trabajos de cuidados no remunerados, mientras que el trabajo doméstico es comúnmente mal remunerado y se realiza en condiciones de trabajo precarias.
  • A las mujeres de todo el mundo se les paga 63 por ciento de la cantidad que se les paga a los hombres. La brecha salarial global tardará 202 años en cerrarse.
  • 70 por ciento de las mujeres han experimentado violencia física y/o sexual por parte de una pareja íntima en su vida.
  • 80 por ciento de las personas desplazadas por el cambio climático son mujeres.
“La opresión estructural contra las mujeres, ya sea patriarcado, neoliberalismo, globalización, militarismo, fundamentalismo o destrucción ambiental, persiste”, constataron las organizaciones, por lo tanto, las comunidades y las organizaciones de todo el mundo respaldarían la huelga, y se unirían en solidaridad global para actuar y conectar sus luchas.
La Presidenta de la Unión Nacional de Empleadas Domésticas de Trinidad y Tobago e integrante de la Red Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, Red- DESC, Ida LeBlanc , se sumó a la convocatoria: “Como trabajadoras del hogar, hacemos un llamado a las mujeres que han sufrido violencia y acoso en el trabajo y que han sido explotadas de muchas maneras, para defender sus derechos, y aquellas mujeres que no han experimentado tales abusos, para que se movilicen en solidaridad”, dijo.
Las demandas de las defensoras son sustentadas por una declaración política, del Comité de la Huelga. En ella, se mencionan las evidencias científicas sobre los datos mencionados arriba, pero también incluye demandas como el trabajo decente y salarios dignos para todas, el poner fin a la violencia de género, el acceso justo a los recursos, y la soberanía alimentaria para todas.
Con el fin de globalizar de manera efectiva la Huelga Mundial (Women’s Global Strike, en inglés), las organizaciones crearon una página web, que proporciona en cinco idiomas informaciones sobre las causas, la declaración, y una lista de eventos para organizarse.
20/SG/LGL

3/09/2019

Huelga feminista 8M. Un nuevo momento para el feminismo


Feminismo & Lucha social
www.sinpermiso.info

Las Huelgas feministas a escena.

El 8 de marzo siempre ha sido una fecha señalada. En el Estado español, desde 1978, año tras año, las calles se han teñido del morado feminista. La convocatoria de huelga de 2018 mostró un potente feminismo transversal, en el que millones de mujeres de todo el mundo se sintieron convocadas para expresar su hartazgo e indignación por las muy diversas formas en que el machismo y el patriarcado se expresan en sus vidas.
Las huelgas feministas, que se iniciaron en 2016 con el llamado del movimiento feminista argentino, al que se fue sumando el de muchos otros países, son el testimonio del nuevo momento de la interpelación feminista que se venía fraguando en la última década.
Varios elementos pueden ayudar a una lectura de este recorrido. Uno de ellos es el análisis feminista de la complejidad y profundidad de la crisis y su impacto en las vidas y cuerpos de las mujeres. Supone hablar de la profundización de la división sexual del trabajo, de la privatización del trabajo de cuidados en el marco de las familias, con el consiguiente aumento de la carga de trabajo para las mujeres y el deterioro de las condiciones laborales de quienes los realizan (desde las mujeres en los hogares, las trabajadoras de hogar a las de los servicios sociales). Producto todo ello de la inhibición del Estado y de los hombres de esta responsabilidad.
Este análisis trata de establecer la interrelación de la producción y la reproducción social como parte del mismo proceso económico, y abre alternativas para politizar la reproducción y poner sobre la mesa la centralidad de los cuidados, con el consiguiente cambio de paradigma económico.
En definitiva se trata de aterrizar la articulación entre el patriarcado y el capitalismo racializado en el contexto neoliberal. Algunos de sus efectos son la profundización de las desigualdades, el enfrentamiento a cualquier proyecto colectivo como el que representa el feminismo porque impugna el sistema, la mercantilización de todos los aspectos y espacios de la vida. También supone el reforzamiento del Estado autoritario, que necesita mayor violencia institucional para imponer la salida a su propia crisis, que en esa lógica establece como respuesta a las violencias machistas la vía punitivista y el refuerzo de la lógica “securitaria” frente a la inseguridad que el propio sistema genera, y requiere cada vez más de la disciplina y moralización desde la sexualidad y los cuerpos de las mujeres, volviendo a establecer la distinción entre las buenas y malas mujeres, de la vida y de la propia sociedad.
Las mujeres en el cruce de relaciones de poder
Otro elemento que explica el actual transitar del feminismo es el proceso por el que se va armando el mapa de los conflictos que atraviesan la vida de las mujeres. Esto supone entrar de lleno en el debate sobre el sentido de la diversidad. Dar voz a la diversidad de las mujeres no se inscribe en la lógica de adaptación al mercado en su búsqueda de nuevos nichos de negocio, ni en constituirse en nuevas sujetas de consumo como busca el neoliberalismo, en hacer del feminismo una moda. Se trata de articular una propuesta inclusiva de cambio de las condiciones del 99% de las mujeres, y explica la profundidad social de la contestación feminista, su amplitud y transversalidad.
La interseccionalidad suena a palabro y sin embargo es una herramienta teórica muy útil para entender la dimensión política transformadora de la diversidad de las mujeres. La interseccionalidad señala la relación entre los diversos modos de opresión, patriarcal, capitalista, colonial, las estructuras sociales en que se apoya y las relaciones de desigualdad y poder que generan, a lo que el ecofeminismo añade su relación con los procesos de explotación de los recursos y el medio ambiente.
Es lo que permite hablar de un feminismo anticapitalista y antirracista que no entiende la diversidad como una suma de identidades particulares, ni como una excusa para establecer jerarquías de opresiones, sino que intenta comprender cómo operan esas jerarquías sociales sobre las condiciones materiales de vida y la subjetividad de las mujeres. La situación de las temporeras de la fresa de Huelva, atravesadas por su condición de mujeres, trabajadoras, “migrantes” y marroquíes, víctimas de la explotación, la violencia sexual y el racismo, es un claro ejemplo.
Esta perspectiva amplia da forma explícita al sujeto del feminismo y articula una agenda política atravesada por el reconocimiento de esta diversidad y del reconocimiento de la agencia de las mujeres, de su capacidad para tomar la palabra y expresar. Lo contrario supone mantener una situación de privilegio en el establecimiento de las necesidades, las reivindicaciones y la agenda feminista. Y como señala Chandra Mohanty, “situarse en el privilegio es lo que alimenta la incapacidad de ver a las que no lo comparten”; contra ese riesgo nos alertan las mujeres que el sistema excluye y criminaliza, las que sufren las nuevas formas de explotación, las trabajadoras del sexo que están organizadas, las mujeres racializadas, las mujeres que deciden ponerse el hiyab o las mujeres trans.
La diversidad y la perspectiva interseccional es lo que está dando un significado global al feminismo, el impacto social de la movilización y de la propuesta feminista.
El nuevo internacionalismo feminista
Un último elemento que explica esta nueva ola feminista es el nuevo internacionalismo. Conectadas por redes y encuentros, la política del contagio ha ampliado sus horizontes desde los feminismos locales. Traduce en clave feminista la relación que el capital establece entre el Norte y el Sur global. Son las cadenas globales de los cuidados por las que se transfieren los cuidados de las mujeres del Sur a sus familias, a las mujeres del Norte y las suyas. Son los efectos de las empresas extractivistas del Norte global para apropiarse de recursos y tierras en países como los centroamericanos, donde asesinan a defensoras de las tierras y de los derechos humanos, a feministas, o las expulsan de sus territorios y las obligan a migrar; como sucede con las mujeres que huyen de las guerras que provocan la lucha por apropiarse de esos recursos. Son las violencias que traspasan fronteras en la trata con fines de explotación sexual, mujeres que pueden acabar encerradas en un CIE sin que el Estado les ofrezca ninguna protección. Y son quienes sufren la violencia institucional que representa la negación de asilo a las mujeres que salen de sus países por ser trans o lesbianas.
El internacionalismo, tejido sobre prácticas feministas transnacionales, pone en relación estas situaciones y las salidas a las mismas, sin caer en las continuas trampas que desde el poder transnacional tratan de justificar, en nombre de la defensa de los derechos de las mujeres, políticas militaristas, invasiones a países, políticas antiinmigración e islamófobas.
Hoy inicia también los esfuerzos para articular las resistencias feministas a una extrema derecha que se presenta como solución a la crisis del propio sistema general, tratando de imponer una salida ultraliberal y ultrapatriarcal con los terribles efectos conocidos para las mujeres. Por eso los intentos de descalificar y deslegitimar el feminismo y su resistencia al proyecto capitalista patriarcal estarán a la orden del día.
El feminismo está articulando luchas desde las reivindicaciones más concretas, poniendo sobre la mesa una propuesta global, y proponiendo un nuevo sentido común que impugna al que rige la lógica capitalista y neoliberal.




8M de 2019, huelga feminista y también de consumo

En marzo y siempre
El Salto

La huelga feminista, del próximo 8 de marzo se convoca como laboral, de estudios, de cuidados y de consumo. Igual de importante que las demás es la huelga de consumo por su valor para visibilizar nuestra crítica al modelo de producción y distribución que provoca grandes impactos ambientales y sociales, sobre todo en las mujeres.

Manifestación de la Huelga Feminista, el 8 de marzo de 2018, Madrid. ÁLVARO MINGUITO  
El próximo 8 de marzo volvemos a convocar y a estar convocadas a una huelga feminista general: laboral, de estudios, de cuidados y de consumo. Esta última, la huelga de consumo, tiene un especial valor para ayudarnos a tomar conciencia y hacer visibles nuestras críticas a las prácticas de producción, distribución y contaminación, que provocan grandes impactos ambientales, mercantilizan la vida y explotan o hacen invisibles trabajos de cuidados, usualmente llevados a cabo por las mujeres.
Más en concreto, la huelga de consumo anima a no comprar, por ejemplo, ropa en H&M o fresas de los invernaderos de Huelva donde se explota a trabajadoras migrantes. El objetivo de estas propuestas no es acabar en un solo día con el orden económico neoliberal patriarcal (¡aunque no sea por falta de ganas!) sino permitir dar visibilidad a, por ejemplo, la última huelga de las trabajadoras textiles de Bangladesh, o denunciar la situación de las temporeras marroquíes de la fresa. De hecho, estos dos ejemplos no son casos aislados, sino que muestran una matriz común de la explotación capitalista del medio ambiente y los cuerpos y los trabajos de las mujeres, especialmente las marginalizadas por cuestiones de raza, clase, etc.
Darnos cuenta y dar cuenta de los nexos comunes entre patriarcado, capitalismo y colonialismo, de cómo comparten cultura y prácticas de subordinación, explotación y violencia social y ambiental, es otra de las motivaciones de esta huelga. Además, frente a estas lógicas, cada día y especialmente el 8 de marzo queremos mostrar que hay otras formas de consumir, saludables, sostenibles y responsables; basadas en la justicia, la solidaridad y la cooperación.
El consumo es sólo un eslabón de la sólida cadena que vincula extracción de materiales, producción, distribución, consumo y generación de residuos. Los análisis “de la cuna a la tumba” de muchos productos, también llamados «de mina a vertedero», desvelan los daños que se producen en todos los estadios del ciclo de vida completo de los productos que consumimos. En cada uno de ellos podemos encontrar prácticas que deterioran nuestras vidas (especialmente las de la población más empobrecida, mayoritariamente, mujeres) y las de nuestro medio natural. Desde una perspectiva feminista, además, tenemos la oportunidad para dar cuenta de cómo las tareas de aprovisionamiento doméstico en el orden patriarcal caen de manera sistemática sobre las mujeres , así como las tareas de cuidados, cocina, limpieza, afectando por tanto, también, de manera desigual a los cuerpos de hombres y mujeres.
Las organizaciones convocantes de la Huelga de Consumo del 8M proponemos que ese día (quizá mejor ese mes o, por qué no, toda la vida) dejemos de comprar lo innecesario, de consumir energía en exceso, de derrochar alimentos, de utilizar automóviles para desplazarnos, de adquirir productos fabricados por la industria que experimenta con animales, u objetos a los cuales se aplica la “tasa rosa” , de comprar productos sobre-envasados, o de realizar transacciones bancarias. Son muchas las acciones posibles para quitar el alimento a un sistema que nos roba el tiempo de vida y reduce nuestras probabilidades de supervivencia.
Sin embargo, hay muchas personas, y especialmente también mujeres, dada la tendencia a la feminización de la pobreza , para las que la reducción de consumo no es una opción: que no pueden poner la calefacción o arreglarse la dentadura. La huelga de consumo también permite reflexionar sobre esto: que los consumos necesarios para vivir respetando la tierra, no pueden ser un lujo, como no queremos que sea un lujo sobrevivir en un planeta de recursos decrecientes.
La huelga de consumo es, por tanto, no sólo un momento puntual de activismo anticonsumista, sino el punto de partida de un cambio de pensamiento y de vuelta al sentido común: de abandono de hábitos de sobreconsumo. Es una ocasión para activar un proceso de deconstrucción personal y colectiva de los estereotipos que se nos han inoculado a través de constantes mensajes publicitarios. Esos que transmiten unos modelos volátiles y cambiantes, pero tienden a mostrar a las mujeres como objeto sexual que cumple con los roles de género impuestos por la cultura patriarcal. La venta de ropa, perfumes, coches o palitos de merluza son ocasiones que el mercado no desperdicia para decirnos a las mujeres dónde tenemos que estar y cómo hemos de comportarnos. Las imágenes que nos transmiten, minando nuestra autoestima, tienen como objetivo estimular el consumo de productos de belleza, moda, higiene, etc., en muchos casos tóxicos para el ambiente en su fase de producción y desecho, y tóxicos también para la salud en su fase de consumo.
La huelga de consumo feminista nos recuerda que el consumo es un acto político, una «pequeña» acción que puede transformar la huella negativa que deja nuestra compra en un acto con un impacto positivo. Este acto político puede saltar de escala si se organiza de forma colectiva y se extiende como una mancha de aceite. La alternativa está en nuestras manos: poner el freno, reducir el consumo, ganar a más personas para nuestra causa .
Después del 8M será necesario que sigamos activas para mantener estas prácticas: reducir, reutilizar lo que tenemos antes de reciclar, darle una nueva vida, reparar, oponernos a la obsolescencia no sólo de la tecnología, sino también de las modas; intercambiar, compartir, donar, reducir los residuos… Y denunciar cualquier producto cuya producción y distribución no haya respetado los derechos de las personas, del ambiente y de todos los seres vivientes. Esto supone cambiar nuestra forma de consumir y de pensar para convertirnos en agentes activos del cambio, no sólo por motivos ideológicos y éticos, sino también por el placer de compartir y ganar tiempo y calidad de vida al consumir más responsablemente. Compartir bienes y servicios es una práctica que no sólo resuelve necesidades con menos recursos, sino que fortalece nuestras redes sociales. ¡Dos por uno! (como en el súper, al que no iremos). En lugar de confundir la felicidad con el poseer, de asimilar la satisfacción personal a la adquisición de bienes y servicios, deseamos visibilizar prácticas de vida y de consumo donde la fuente de satisfacción personal individual y colectiva esté en las relaciones interpersonales, las redes sociales y familiares, en el entendimiento, la solidaridad y la actividad colaborativa.
En oposición a los mercados que subordinan la vida de las personas al beneficio monetario, queremos visibilizar otras prácticas que pongan en el centro las vidas de las personas, del planeta y de todos los seres vivientes. Esta huelga de consumo es una llamada también a ese otro consumo, de prácticas justas y sostenibles desde el punto de vista socioambiental: el que apoya y paga justamente a las mujeres del Sur, el de los proyectos agroecológicos, el comercio de proximidad, las cooperativas de energía limpia, los grupos de consumo y la economía social, o el transporte colectivo y ecológico.
Por todo esto paramos también el consumo el 8 de marzo. Porque necesitamos otra forma de organizar las relaciones y la economía. Porque no queremos que haya más ropa manchada de trabajo precario ni fresas recogidas entre tóxicos, dolor y miedo.
En marzo y siempre.
Marien González, Marta Pascual y Katemida Morri, Comisión de Ecofeminismo de Ecologistas en Acción.