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8/01/2026

El movimiento Mujeres Agropecuarias en Lucha cumplió 31 años

 Lucy de Cornelis recuerda el aniversario

Fuentes: Diario Tiempo Argentino

Nació el 3 de junio de 1995 y logró salvar del remate 14 millones de hectáreas. Lucy de Cornelis lo recordó en redes sociales.

“Hoy hace 31 años del nacimiento del Movimiento de Mujeres Agropecuarias en Lucha donde salimos a defender la soberanía Argentina, parando los remates cantando el himno nacional y abrazadas a la Bandera. Así se salvaron 14 millones de hectáreas hipotecadas gracias a la decisión de nuestro presidente Néstor Kirchner, que nos dijo que no habría más remates y cumplió, por eso hoy lo saludo con besos al cielo y a todas la mujeres que ya no están y las que hoy viven las abrazo con todo el amor. Hoy más que nunca defendamos nuestra querida patria que vuelve a estar en peligro”. Este posteo fue publicado el 3 de junio pasado por Lucy de Cornelis, la mujer que impulsó Mujeres Agropecuarias en Lucha, el movimiento que en los ’90 protagonizó una de las resistencias históricas del campesinado.

Un poco de historia

Mediados de los ’90. En plena ola de privatizaciones y en nombre de la “revolución productiva”, el gobierno de Carlos Menem impulsó la renovación de la maquinaria agrícola, obligando a los productores a hipotecar sus campos para hacer frente a los nuevos costos. Los intereses, pronto, se volvieron impagables y la pesadilla de perderlo todo se volvió una realidad. Una mujer de Winifreda, en La Pampa, desesperada por el remate del trabajo de toda una vida, se convenció de que era la hora de actuar.

“Me fui a una radio del pueblo –contó Lucy a Tiempo Argentino en 2020- y denuncié lo que estaba pasando. Después hice lo mismo en Castex, donde varias mujeres me habían esperado para hablar conmigo. A los pocos días ya éramos una asamblea con 350 mujeres de más de 20 localidades de la provincia y en una época en que el hombre de campo no te dejaba salir a pelear a la calle. Cuando lo hacía mi marido me cerraba la puerta con llave, no me dejaba entrar a mi casa, le daba vergüenza lo que yo estaba haciendo. Hasta que comprendió que las mujeres defendíamos el hogar, nuestros hijos y el futuro de la Argentina”.

El 3 de junio de 1995, Lucy oficializó el nacimiento del Movimiento Nacional de Mujeres Agropecuarias en Lucha, una organización que, en palabras de su fundadora, “salvó 14 millones de hectáreas que Menem le iba a vender a Bush padre”.

“Yo creo que fuimos feministas porque nos tocó enfrentar a todos los hombres: a los banqueros, a los rematadores, a los que manejaban el sistema financiero, a los políticos, a los dirigentes de la Sociedad Rural. Soportamos el maltrato, los golpes, que nos metieran presas, pero todo valió la pena”, reflexionó.

Fuente: https://www.tiempoar.com.ar/ta_article/movimiento-mujeres-agropecuarias-en-lucha-cumplio-31-anos/

6/21/2025

Diez años de Ni Una Menos, hora de «recomponer las redes»

 NiUnaMenos & Argentina

Fuentes: https://www.pikaramagazine.com

Mientras el Gobierno de Milei ha desmantelado todas las políticas de género, la violencia contra las mujeres en Argentina no se detiene.


Chiara Páez tenía 14 años cuando el 10 de mayo de 2015 su novio la mató a golpes y la enterró en el patio de la casa de su abuelo, en Rufino, provincia de Santa Fe, Argentina. El asesinato de Chiara, embarazada de dos meses, empujó a las 20.000 personas del pueblo a manifestarse y pedir justicia. La asociación civil La Casa del Encuentro llevaba registrados 140 femicidios solo en los primeros meses de aquel año. Sus estadísticas también mostraban que entre 2008 y 2015 habían sido asesinadas 1808 mujeres en todo el país.

“¿No vamos a levantar la voz? Nos están matando”, tuiteó entonces la periodista Marcela Ojeda. Fue el germen de una marcha que comenzó a gestarse entre un grupo de comunicadoras, que convocó a manifestarse contra la violencia machista bajo la consigna “Ni Una Menos”.

Se eligió que fuera el 3 de junio, un miércoles, frente al Congreso de la Nación. “Si no marchamos juntas nos matan por separado”, decían los carteles. Aquella tarde hubo 150.000 personas en la plaza más céntrica de Buenos Aires, y miles más en otras cien plazas de todo el país. El reclamo principal: que se cumpliera la ley número 26.485 de protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres, sancionada en 2009.

Rodeada de una multitud estaba Verónica, la mamá de Chiara, y su tía, y su tío. Romina, la hermana mayor, había quedado en Rufino, donde las calles desbordaron de gente como nunca antes en la historia del pueblo.

“Hace diez años yo estaba muy encerrada en el dolor, en el enojo, pero el grito de Ni Una Menos fue algo muy importante en medio de los pensamientos. Fue muy emotivo escuchar el nombre de Chiara, y que además de acompañarnos a nosotros era un grito que nos unía a todos los que queríamos decir ¡basta! -recuerda Romina-. Me sentí muy atravesada, fueron tiempos muy difíciles. Pero también pudimos empatizar con el dolor de otros familiares que se nos acercaron y que habían atravesado situaciones similares, nos ayudó a reconvertir todo este dolor en lucha, y pensar que todo lo que había pasado con Chiara nos llevaba a una lucha en común. El primer Ni Una Menos fue una mezcla de sentimientos de dolor y esperanza”.

Luci Cavallero es socióloga e investigadora en la Universidad de Buenos Aires (UBA). Tiene una maestría en Estudios Interdisciplinarios de la Subjetividad es docente en la Maestría de Géneros en la Universidad Nacional Tres de Febrero, coautora del libro Una lectura feminista de la deuda y forma parte del colectivo Ni Una Menos.

“Ni Una Menos nació como un grito colectivo para hacer visible un problema que no tenía visibilidad pública ni estaba tomado con la seriedad necesaria por las políticas públicas: los femicidios como expresión máxima de violencia por razones de género. Fue una manifestación que surgió en redes sociales y que después se transformó en un movimiento estructurado en asambleas y marchas y manifestaciones que fueron complejizando los diagnósticos de las violencias por razones de género”, explica.

Y sigue: “Ni Una Menos es un proceso de sensibilización de la sociedad quecambia los umbrales de tolerancia con respecto a las violencias, que produce desplazamientos subjetivos de las mujeres en todos los ámbitos, pero también transforma a los varones. Y más allá del proceso de destrucción que estamos atravesando en este momento, este proceso sigue presente y latente”.

La destrucción

Tras el MeToo mundial que generó una oleada de denuncias por acoso y abuso, en 2018 comenzó en Argentina el debate por el aborto legal, una discusión que puso al feminismo en primer plano. Y se sumaron las pibas. La marea verde fue la consecuencia de un trabajo de décadas, una marea en la que se encontraron abuelas, hijas y nietas que se unieron para exigir, y se hicieron escuchar. En 2019 se creó el Ministerio de Mujeres Géneros y Diversidad y en 2020, en medio de una epidemia mundial, se aprobó la ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo.

Por entonces Javier Milei era un economista excéntrico que se paseaba por canales de televisión repartiendo frases rimbombantes y protagonizando shows bizarros, como golpear con un palo una maqueta del Ministerio de las Mujeres y prometer que cuando fuera presidente lo tiraría abajo. Fue lo primero que hizo al asumir, en diciembre de 2023.

El Gobierno autodenominado libertario pasó “el tema género” al Ministerio de Justicia. El funcionario al frente de la cartera, Mariano Cúneo Libarona, aseguró que “el género era un tema primordial”. Enseguida le tiraron de las orejas. Desde el propio área de comunicación del Ministerio salieron a decir que el Gobierno no iba a tener políticas de género: “La violencia no tiene género”, fue el mensaje.

Ante el anuncio del vaciamiento, la Comisión de Mujeres y Diversidad de la Cámara de Diputados citó al ministro Cúneo Libarona. El funcionario hizo una polémica presentación contra de la diversidad, negó la violencia contra las mujeres e insistió con las “denuncias falsas que hacen para vengarse”. Aseguró que “el género se acabó”, y que el eje sería “la familia tradicional y cristiana”. También dijo que rechazaban la diversidad de identidades sexuales que “no se alinean con la biología”. Sus dichos generaron masivos repudios, que incluyeron el pedido de juicio político y hasta su renuncia. El Gobierno lo respaldó.

El programa más importante del Ministerio de Mujeres fue Acompañar, que había asistido a 352.000 mujeres en situación de violencia de género. Se les dio, durante seis meses, un salario mínimo para lograr cierta autonomía económica que les permitiera salir de relaciones abusivas. Solo en la ciudad de Buenos Aires se realizan 10.000 denuncias anuales por violencia de género. Según la Corte Suprema de Justicia, hay un promedio de 250 femicidios por año en el país, que suman 2.500 en la última década, y que han dejado más de 3.000 niñas y niños huérfanos.

La provocación

El 8 de marzo de 2024, en el primer Día de la Mujer como gobierno, el Ejecutivo de Milei cambió el nombre al Salón de las Mujeres de la Casa Rosada y lo rebautizaron Salón de los Próceres. Sacaron las fotos de heroínas como Alicia Moreau de Justo, Alfonsina Storni, Juana Azurduy, Victoria Ocampo y Mercedes Sosa para reemplazarlas por cuadros de varones comoCarlos Menem y Julio Argentino Roca. El 8 de marzo de este año el Gobierno volvió a provocar a las mujeres: difundió un video en el que aseguraban que “solo en 2023 se gastaron en género cuatro billones de pesos, que superó al gasto en Defensa o Seguridad en ese año y fue diez veces superior al presupuesto del Poder Judicial”.

“El presupuesto del ex Ministerio de Mujeres, Géneros y Diversidad fue mucho menor. En 2023 gastó $172.000 millones [de pesos]. Representó 0,21 por ciento del gasto total del Estado, muy por debajo de áreas como Defensa (3,38 por ciento) y Seguridad (2,2 por ciento)”, respondió el Equipo Latinoamericano de Justicia y Género (ELA).

“El dinero se destinó a burocracia, oficinas de lujo y políticas simbólicas que no ayudaron a reducir la violencia”, decía también el video libertario. “Los fondos se usaron para programas muy concretos”, aseguraron desde ELA citando la Línea 144 de atención para víctimas, el programa Acompañar y los centros de protección de todo el país que daban refugio, asistencia legal y psicológica.

“Hemos conseguido bajar los homicidios aplicando una sola política: el que las hace, las paga. Fuimos en contra de todos los delincuentes, y las mujeres fueron las más beneficiadas”, asegura otro pasaje del video. La Oficina de Violencia Doméstica de la Corte Suprema asegura que solo en enero de 2025 la denuncias aumentaron un ocho por ciento con respecto al año anterior. En los primeros cuatro meses de 2025 hubo 96 víctimas de violencia de género.

A pocos días de un nuevo 3 de junio, el Gobierno ha salido con otra provocación: “Eliminamos 13 programas ideológicos creados por el kirchnerismo, que eran financiados por todos los argentinos. Entre ellos se encuentra el insólito ‘MenstruAR’”, escribió en sus redes el ministro Cúneo Libarona.

Y detalló: “Los 13 programas que eliminamos son: 1. Menstruar. 2. Promotoras y promotores territoriales de género y diversidad. 3. Fortalecimiento de las organizaciones sociales de género y diversidad. 4. Escuelas populares de formación en género y diversidad ‘Macachas y Remedios’. 5. Perspectiva de género e igualdad en la diversidad en el desarrollo rural ‘Sembrar Igualdad’. 6. Acceso a derechos para personas travestis, transexuales y transgénero. 7. Dispositivos territoriales de protección integral de personas en contexto de violencia por motivos de género. 8. Participación social y ciudadana en materia de género y diversidad. 9. Igualdad de géneros en el trabajo, el empleo y la producción ‘Igualar’. 10. Apoyo urgente y la asistencia integral inmediata ante casos de violencias extremas por motivos de género. 11. Capacitación en perspectiva de género y diversidad para el sector privado ‘Formar Igualdad’. 12. Producir. 13. Generar”.

“Eliminar este despilfarro le ahorrará 6.000 millones de pesos por año a los argentinos”, concluyó el funcionario. Varias organizaciones, entre ellas ELA y Amnistía Internacional, ha salido a cuestionarlo.

“La discusión sobre el margen para asistir a las víctimas de violencia no puede quedar desvinculada de las decisiones que un Estado puede adoptar para distribuir los recursos disponibles. Por ejemplo, si tomamos en cuenta los miles de millones de pesos que el Estado dejó de recaudar del impuesto a las ganancias a magistrados/as y funcionarios/as de los Poderes Judiciales nacional y provinciales (en 2023 esta exención fue de 285.728 millones de pesos en valores nominales), vemos que equivale a 4,2 veces lo que costó el programa Acompañar (67.755 millones de pesos, también en valores nominales)”, aseguraron desde la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ).

“La eliminación sin reemplazo vulnera obligaciones claras del Estado argentino en materia de derechos humanos, establecidas en tratados internacionales con jerarquía constitucional. También ignora las advertencias de organismos internacionales, que alertan que negar la violencia de género o desfinanciar las políticas que la abordan debilita seriamente la legitimidad institucional y la respuesta pública frente a una problemática de altísima importancia”, agregaron.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) publicó el Informe Anual 2024 sobre la situación de los derechos humanos en la región. Su análisis sobre Argentina es malo: “En cuanto a los derechos humanos de las mujeres, la reestructuración de la Administración Pública iniciada en diciembre 2023 ha afectado seriamente la institucionalidad y políticas de protección a sus derechos. En particular, tras la eliminación de la Subsecretaría de Protección Contra la Violencia de Género que concretó el cierre del Ministerio de Mujeres Géneros y Diversidad. Por primera vez en 40 años, el país no cuenta con un organismo rector encargado del diseño y ejecución de políticas dirigidas a prevenir y erradicar la violencia de género”.

La resistencia

“El Gobierno libertario está desarrollando actualmente un ataque sistemático sobre los derechos de las mujeres en nuestro país, no solamente con el desmantelamiento de casi todas las medidas públicas con perspectivas de género que había en el Estado, sino también con discursos de odio. Se usan los cargos máximos del Estado Nacional para promover el odio, para desinhibir una violencia social sobre determinadas poblaciones, entre ellas las mujeres, la población LGBTIQ+. Por otro lado, tiene una política de ajuste muy fuerte que provoca una precarización acelerada en la vida de las mujeres, que tienen muchísimas menos oportunidades para salir de las violencias, con salarios congelados, subsidios y programas sociales eliminados”, asegura Cavallero.

Y concluye: “Nuestro trabajo ahora es recomponer las redes, apostar a las tramas colectivas, la recomposición del tejido social, la prevención de la violencia entre pares y seguir sosteniendo los procesos de organización y movilización”.

A Romina aún se le quiebra la voz al hablar de su hermana: “Hoy en día, a diez años, recuerdo a Chiara con el mismo amor y más, y a veces me agarra el mismo dolor y la misma rabia. Hemos avanzado en varias cosas y tenemos más leyes, aunque ahora vivimos tiempos muy complejos, especialmente las mujeres. Todavía sigue habiendo muertes, pibas desaparecidas, madres que buscan justicia, pero hay que enfocarse en la fuerza de organizarnos, de luchar, que no se ha detenido y que no haya vuelta atrás, que no haya retroceso de los derechos. Lo que falta conseguir lo vamos a conseguir entre todas más allá de las diferencias. Y hoy más que nunca mi hermana Chiara va a estar presente en cada lucha, en cada movilización y en cada una de nosotras”.

Fuente: https://www.pikaramagazine.com/2025/06/diez-anos-de-ni-una-menos-hora-de-recomponer-las-redes/

9/15/2020

Exigen a Estado mexicano, cese la violencia contra movimientos de mujeres en el país

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Ciudad de México. La Red Nacional de Organismos Civiles de Derechos Humanos “Todos los Derechos para Todas y Todos” (RED TDT) exigió el cese inmediato a la represión y criminalización de las manifestantes y familias en distintos estados del país y al Estado mexicano a abstenerse de emitir discursos que invisibilicen las violaciones a los Derechos Humanos de estas mujeres y a la legítima protesta.
En un comunicado, la Red, conformada por 86 organizaciones defensoras de Derechos Humanos, en 23 estados de la República Mexicana, rechazó los pronunciamientos de las autoridades y repudió el uso de la fuerza y violencia sexual ejercida por policías contra las manifestantes en diversos estados de la República Mexicana.
Señalaron como “alarmante” que en los últimos 4 meses, “se haya confrontado a las mujeres por medio de represión sistemática a manifestaciones legítimas en Guadalajara, Jalisco; León, Guanajuato; Ciudad Juárez, Chihuahua; Culiacán, Sinaloa; así como las recientes contra las manifestantes en las instalaciones de la Comisión de Derechos Humanos del Estado de México y frente al Centro de Justicia de Atizapán”.
Expresaron que el Estado es omiso ante los reclamos de mujeres que solo buscan justicia, y lo que ha hecho es criminalizar la protesta social, por lo que es urgente que los gobiernos federales y estatales lleven a cabo acciones para atender de manera eficiente las demandas de las mujeres que han protestado.
“Exigimos al Estado mexicano que en todo momento respete, promueva y garantice los derechos de las defensoras y familias en protesta, absteniéndose de utilizar la fuerza pública. Asimismo, demandamos que las autoridades omitan los discursos que invisibilizan las protestas y que criminalizan y encasillan a los movimientos sociales que protestan por el solo hecho de buscar acceso a la justicia.
“Ya es hora de que el Estado mexicano garantice el cese inmediato de la violencia contra los movimientos de mujeres y familias de víctimas en todo el país” concluyó.

3/23/2019

Derechos de mujeres podrían estancarse en este sexenio, advierte Patricia Mercado


Necesario diálogo del gobierno con movimiento feminista
   

Si el gobierno federal no dialoga de manera seria con el movimiento feminista va a tomar decisiones equivocadas y desafortunadamente este puede ser un sexenio donde los derechos de las mujeres se estanquen, afirma la senadora Patricia Mercado Castro.
En entrevista con Cimacnoticias la política y militante del feminismo hace un balance sobre lo acontecido con los Derechos Humanos de las mujeres durante los primeros tres meses de la presidencia de Andrés Manuel López Obrador y alerta sobre el desinterés del Ejecutivo por las políticas de igualdad de género.
Como ejemplo cita las pifias del mandatario al cancelar los recursos que se les otorga a las organizaciones que operan refugios que atienden a mujeres víctimas de violencia (decisión que rectificó) y el riesgo financiero en el que permanecen las organizaciones que atienden a personas con VIH/Sida o las estancias infantiles para hijas e hijos de madres trabajadoras. 

VISIÓN A SEIS AÑOS

A la excandidata presidencial en 2006 y exsecretaría de Gobierno de la Ciudad de México de 2015 a 2018 se le pregunta qué opina de la política de género de López Obrador pero ante la falta de señales sobre cuál es la política en este tema asegura que primero hay que conocer el Plan Nacional de Desarrollo para saber cuál es la visión para lograr mayor igualdad en seis años. 
“Conocemos algunas cosas. Sin duda hay una preocupación sobre el tema de violencia. Hay una idea de revisión de la Alerta de Violencia de Género. Ahí hay un tema, se está revisando por parte del Gobierno y lo veremos en el Plan Nacional de Desarrollo. ¿Qué piensa hacer en términos de justicia y de procuración de justicia para el tema de la violencia? Esto ligado a la mala noticia sobre el tema de los refugios. 
“Me parece que ahí es muy delicado el tema porque, sin duda, quienes han acumulado experiencia y conocimiento para atender a una mujer en crisis son las organizaciones del movimiento de mujeres dedicada a esto. Un gobierno que llega no puede tomar decisiones sin hablar, sin sentarse a la mesa, sin analizar con estas organizaciones. A partir de eso ¿cómo fortalecemos la atención de las mujeres en situación de crisis?
“Independientemente de los recursos (para los refugios), en la práctica no sabemos qué se va a hacer. En general me parece que esta idea del Gobierno de 'pueblo', es un pueblo sin diferencias. En esta visión del Gobierno federal de que lo que existe es el 'pueblo' como un pueblo uniforme se borra la política transversal”.

Por otro lado, la esperanza, considera Patricia Mercado, es que este Gobierno tiene un gabinete paritario y tiene feministas en puestos de decisión como la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, y hay hombres que están comprometidos con la agenda de los derechos de las mujeres como Alejandro Encinas.
“Fui secretaria de Gobierno y sé que no por ser secretaria de Gobierno tienes todo el poder e influyes y das órdenes, depende el tramo de poder que tengas. La secretaria de Gobernación tiene muy claro que ésta es su agenda, incluso la agenda de la despenalización del aborto es suya.
“Ahora, ¿cuál es su tramo de poder, cómo puede influir, con el apoyo de otras mujeres feministas que hay en la nueva mayoría  política de Morena, que hay en todo lo largo y ancho del país? Hay muchas mujeres que vienen del movimiento de mujeres y feministas comprometidas con esta agenda.
“¿Cómo van a lograr consensar al interior de esta nueva mayoría que estos derechos se concreten? y que se separen de esta historia más priista donde siempre se decía: 'estamos de acuerdo' pero nunca se concretaba, ¿cuál va a ser la novedad que van a poder negociar en este sexenio? Bueno, todo eso está ahí, medio en duda”.
La política explicó que la igualdad de género no es un tema de interés para el presidente de la República. “Ya lo conocíamos desde que fue jefe de Gobierno (de la Ciudad de México del 2000 al 2005). Recuerdo que Patricia Olamendi era la (presidenta) del Instituto de las Mujeres y renunció a medio periodo. No pudo avanzar con él. Me parece que ya lo conocemos”.
“Entonces, si esa es la mirada del gobierno sin duda nos vamos a estancar. Quizás no retrocesos pero nos vamos a estancar”.

ABORTO, GRAN PENDIENTE

Aunque Patricia Mercado no integra la Comisión de Igualdad de Género en el Senado de la República, tiene varios temas de interés en materia de género: el derecho al aborto, el derecho a una vida libre de violencia para las mujeres, los derechos laborales de las trabajadoras y el acceso a la seguridad social universal, por mencionar algunos.
“Me parece que una feminista como yo, en este momento, tiene que ver cómo, en la tarea legislativa, tienes una mirada transversal”, explica la también presidenta de la Comisión de Zonas Metropolitanas y Movilidad.
Al ser fundadora de organizaciones civiles como el Grupo de Información en Reproducción Elegida (GIRE), que ha liderado la defensa del derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo, Mercado tiene clara la necesidad de despenalizar el aborto a nivel federal.
Pero como conocedora de la política mexicana y presidenta de partidos políticos como “Diversa” Asociación Política Feminista (1999-2003), México Posible (2002-2003) y Alternativa Social Demócrata y Campesina (2005-2006), también sabe que la iniciativa ganadora debe surgir de la pluma del partido en el poder.
“En el tema del aborto me parece muy importante que la estrategia la marque el movimiento feminista. En el momento que votemos una ley sobre el aborto es porque ganamos la despenalización si no, no. En eso hay que bajarle siempre a nuestras ansias del tema.
“En el Senado ya van dos iniciativas del PRD que ha presentado para la despenalización. Iniciativas para despenalizar existen. Todas estas iniciativas van a las Comisiones de Justicia, Estudios legislativos y de Salud.

“¿Por qué en Movimiento Ciudadano no metemos una iniciativa? Lo de menos es presentarla. Porque me parece que quien tiene que meter la iniciativa es la mayoría, con su masa crítica feminista, de Morena”.
En este tema hay una división al interior del partido en el poder: Movimiento Regeneración Nacional (Morena). La secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero opta por un Código Nacional Único mientras que López Obrador afirma que la despenalización se debe someter a consulta. Además en paralelo hay otras voces como la de la senadora Martha Lucía Micher que apoya la despenalización o la de la también senadora Lilly Téllez que está en contra.
Para Mercado es claro que ni el Partido Acción Nacional (PAN) ni el Partido Revolucionario Institucional (PRI) votarían una reforma por la despenalización pero hoy que el aborto vuelve a ser parte de la agenda legislativa y social, sostiene que quien lo puede hacer realidad es la mayoría legislativa de Morena.
“En un Gobierno que se define de izquierda, estas son las cosas que marcan entre la derecha y la izquierda”.

MUJERES, MÁS DESIGUALES

El pasado 8 de Marzo, Día Internacional de la Mujer, Andrés Manuel López Obrador dejó ir la oportunidad de mandar un mensaje claro a favor de los Derechos Humanos de las mujeres. “Fue un mensaje débil. Siempre, los 8 de Marzo se espera el gran anuncio del presidente, siempre hay un gran anuncio. No hubo este grana anuncio”, explica la senadora.
“Sobre el tema del aborto volvió a decir lo de la consulta, volvió a decir que no es un tema porque necesitamos serenar al país. Nos pide a nosotras sacrificar un tema tan importante para las mujeres pobres, que es su prioridad, cuando él confronta al país todas las mañanas.
“Finalmente la Cuarta Transformación necesita confrontación en el sentido del cambio, del mensaje, de poner a todos en una nueva realidad. Se confronta (López Obrador) con muchos sectores, entre ellos las organizaciones de la sociedad  civil y a nosotras si nos pide: 'serénense'.
“La Cuarta Transformación no se basa en la serenidad. Se basa en la construcción de acuerdos para transformar al país de verdad, un país tan desigual. Dentro de esa desigualdad la discriminación y la desigualdad hacia las mujeres. Me parece que en ese sentido no fue el gran discurso, el gran compromiso”.
Hoy está claro que el compromiso es “primero los pobres” pero para la legisladora es necesario que las mujeres, las que están en el gobierno y las que están en el Legislativo pongan la mirada de género. “Sí pueden, en algún momento, romper disciplina o hablar de otra manera con el presidente. No pueden apoyarlo acríticamente sobre el tema de las mujeres”, opinó.

CIMACFoto: César Martínez López
Por: Anayeli García Martínez
Cimacnoticias | Ciudad de México.

3/09/2019

Chile feminista: El paro de mujeres y el feminismo autónomo.

Por un movimiento de mujeres y feminista que apueste por una transformación radical de la sociedad.

por Nadia Poblete (*).

La revolución será feminista, pero también será negra, indígena, de los y las pobres, de los y las migrantes; de todos aquellos y aquellas que han sido explotados, excluidos, humillados, golpeados, que han sufrido por esta sociedad patriarcal y racista que se despliega en el marco de un capitalismo apocalíptico que arrebata la vida.
Sin duda en los últimos años el movimiento feminista, en diversos países se ha situado como uno de los actores sociales más convocantes, logrando instalar diferentes problemáticas asociadas al orden socio político y sexual que construye el Patriarcado. Desde mitad de la segunda década del siglo presente, en Chile, ha sido notable el aumento de organizaciones feministas, sobre todo en el ámbito universitario. También, comenzaron las movilizaciones masivas, miles de mujeres en la calle movilizadas contra la violencia, contra la educación sexista y a favor del aborto. En Argentina surge la consigna y la organización Ni Una Menos, las compañeras realizan un gran y masivo llamado a parar actividades productivas y reproductivas, replicando experiencias históricas como la desarrollada por las islandesas el año 1975. Igualmente en Chile, el llamado a huelga, ha sido replicado desde el año 2016, con menor impacto que lo sucedido en Argentina, Brasil o España.
No obstante, a la luz de lo que ha acontecido en estos días ad portas 8 de marzo, ese menor impacto de la convocatoria a huelga ha dado paso a diversas acciones que han evidenciado un movimiento activo. El trabajo de las compañeras de la Coordinación 8M ha logrado articular a muchas mujeres organizadas de distintos territorios, y eso, a lo menos en la Región Metropolitana, ha quedado patente.
En este contexto de avance de la movilización asociada al feminismo, la decisión sobre qué acciones políticas y cuáles son sus sustentos en pos de fortalecer el movimiento son relevantes. Incluso más allá de la masividad o convocatoria que logren, la repercusión que pueden tener esas decisiones en la construcción de una apuesta política mayor es fundamental. Se podría adelantar, en este caso,  que el llamado a movilizarse en un abanico de diversas acciones tendrá un impacto mayor que el llamado a paro o huelga propiamente tal – difícil lograr algo similar a las islandesas: 90% de las mujeres se sumó al paro productivo y reproductivo, cerraron los bancos y varios servicios, y efectivamente el país quedó detenido- e incluso, ese efecto puede diluirse sino se entronca con un relato que plantee la idea y la posibilidad de un proyecto transformador radical de nuestras realidades marcadas por la opresión.
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Es así que, además de la masividad y la capacidad de irrumpir en la ciudad, el movimiento tiene que preguntarse -debemos preguntarnos- sobre el contenido político que las acciones portan y sus alcances. Urge proponernos construir el carácter efectivamente revolucionario y transformador del movimiento y para ello es necesario mirar más allá de la agitación en una fecha emblemática.
En este sentido, hay tres ejes políticos que propongo a la discusión en tanto pilares fundamentales en la apuesta por la emancipación:
Primero el carácter autónomo del movimiento. La autonomía del movimiento feminista ha sido un posicionamiento político central, ha implicado que muchas organizaciones feministas y por tanto, parte importante del movimiento desde los 80’ y con particular fuerza durante los 90’, se cuestionaran las articulaciones que incluían ONG’s, partidos políticos y la pertinencia de exigir derechos a un Estado que estaba ya atravesado por los intereses del capital. Ese cuestionamiento se mantiene vigente, toda vez que los intereses de las organizaciones políticas que tienen como centralidad ocupar puestos en la institucionalidad gubernamental, incide en su por qué y para qué involucrarse con los movimientos sociales.  Sus intereses son absolutamente distintos a los que se van entretejiendo en organizaciones sociales que van posicionándose críticamente ante la realidad que viven.
Imagen relacionadaExperiencias de lo anterior hay muchas, y no es el lugar aquí evocarlas, sino simplemente señalar que en el avance del movimiento feminista, la autonomía entendida como la posibilidad de autodeterminar el actuar político y su horizonte, es sustantivo. La gran articulación en la que cabemos todas es una creencia inocente. Entre nosotras hay diferencias que necesariamente nos posicionan en veredas distintas y eso puede ser un avance político significativo.
Segundo, superar el estatismo y la lógica de la inclusión. Dado que la autonomía del movimiento implica posicionarse desde una crítica profunda al Estado como instancia articuladora y gestora del bien común, seguir demandando a éste que genere las condiciones para nuestra inclusión es puro y simple reformismo. Demuestra que hay un movimiento que está empantanado en el paradigma de la igualdad, que aún cree en el aparato gubernamental cuando ya ha sido más que patente que éste no protege las vidas ni de las mujeres, ni de los niños, ni de las niñas, ni de los pobres, ni los indígenas; solo protege los intereses del capital.
Pensar más allá de la lógica estatista es uno de los grandes desafíos porque supone asumir la autonomía como proyecto político y junto con ello, perfilar y construir formas distintas de nuestra vida, nuestras relaciones humanas y con el espacio que nos rodea. Supone pensar en otro orden social, en otros marcos éticos, en definitiva en nuevas formas de construirnos como seres humanos.
Tercero, la multiplicidad de rostros que tiene un proceso transformación. Postular que las mujeres son las portadoras de la transformación profunda y necesaria en este momento de la historia, es reproducir lógicas ortodoxas que nos impide observar, por un lado, los diversos mecanismos de opresión, y por otro, las múltiples resistencias que una y otra vez emergen en distintos territorios.
La revolución, las transformaciones profundas de esta sociedad que necesitamos con urgencia, no se sustentan ni dependen solo del feminismo, ni de las mujeres.  La revolución será feminista, pero también será negra, indígena, de los y las pobres, de los y las migrantes; de todos aquellos y aquellas que han sido explotados, excluidos, humillados, golpeados, que han sufrido por esta sociedad patriarcal y racista que se despliega en el marco de un capitalismo apocalíptico que arrebata la vida.
Concluyendo, quizás el gran desafío político que nos impone este momento en el desarrollo de nuestra lucha, tiene relación con cómo el movimiento feminista se plantea en términos políticos mayores, cómo el feminismo es un aporte en la construcción de una transformación radical de la vida y cómo esa forma que asume nuestra lucha se sustenta en una lectura y comprensión de lo que ocurre en Chile y en América Latina y que tiene como fuente de origen el avance compulsivo y sin límites del capital. ¿Cuáles son las urgencias que debe asumir nuestra acción y nuestro posicionamiento político? ¿Desde dónde y desde qué análisis se pueden levantar posibilidades de articulación y de construcción de un proyecto transformador?
Un movimiento anticapitalista, como declara ser el movimiento feminista, no puede invisibilizar la política criminal que se despliega ante nuestros ojos. Abya Yala está siendo arrasada por la colusión entre el Capital, el Estado y Fuerzas Policiales y criminales. El Estado y el capital mafializado, asesina a hombres, mujeres, niños y niñas que defienden sus territorios, o que simplemente desarrollan sus vidas en lugares que el capital apetece.
Este movimiento feminista debe romper con la lógica igualitarista que sólo pide inclusión en el mismo sistema que hoy devasta territorios. Nuestra lucha por subvertir la invisibilidad y devaluación generada por el Patriarcado, solo es posible imaginarla y proyectarla a partir de la lucha por la vida que hoy destruye el capital. Esa vida que no tiene nada que ver con la que defienden los fundamentalistas religiosos, ni la mercantilización instalada en los vientres de mujeres pobres.
Así desde las consignas, desde la acción que genera impacto y emoción, que disputa sentidos, desde la masividad, urge construir los contenidos profundos, esos que van perfilando la transformación, que dan sustento a ese proceso revolucionario del que tanto hablamos, gritamos, susurramos y que se nos aparece como sueño. Esperemos que la energía que inunda este hoy, se prolongue y genere espacios de discusión, de formación, de autoformación; momentos en que se tensione incluso lo que hoy nos mantiene con la esperanza arriba, que seamos capaces de ver nuestras limitaciones actuales para ser parte de los procesos que se van gestando en distintos lugares, siempre desde abajo.
Santiago, 05 de marzo de 2018.

(*) Nadia Poblete, militante de la Colectiva “Nosotras decidimos” de Valparaíso.

5/19/2018

Para las mujeres, Mayo del 68 empezó en junio


Andrea Olea
Se cumplen 50 años de uno de los movimientos culturales y sociales más importantes del siglo XX, un canto a la libertad, la justicia y contra la autoridad. Pero esa liberación del cuerpo y la palabra consumada en Mayo del 68, ¿significó lo mismo para las mujeres y para los hombres que lo vivieron?
Asamblea de estudiantes en Toulouse. Junio de 1968. / Foto: André Cros.
Asamblea de estudiantes en Toulouse. Junio de 1968. / Foto: André Cros.
“Fue un momento extraordinario, de suspensión de la vida cotidiana”, recuerda emocionada Martine Storti. Ha pasado medio siglo, pero en la memoria de esta septuagenaria sigue fijado con precisión fotográfica cada instante de esa catarsis colectiva que supuso Mayo del 68, el movimiento que marcó una época en Francia (aunque su eco retumbó en medio mundo), al poner patas arriba el sistema establecido, derivar las convenciones y lograr más conquistas sociales en apenas tres semanas que en las tres décadas precedentes.
Todo había empezado de una forma casi banal: en la recién construida Universidad de Nanterre, en la periferia parisina, los estudiantes empezaron a quejarse por la prohibición de visitar (y por supuesto, dormir) en las habitaciones del sexo contrario. El 22 de marzo, un grupo de 140 jóvenes inició una sentada para protestar contra esa regla y, más allá, contra la restrictiva normativa interna y las pésimas condiciones del centro. La sentada se convirtió en ocupación y la policía acabó entrando a desalojar. Las primeras detenciones, sumadas al cierre de la Facultad, trasladaron la protesta a París capital. De ahí, a la ocupación de la Sorbona. Y a las manifestaciones salvajes. A los adoquines volando y los gases lacrimógenos. A la propagación del movimiento de contestación estudiantil a la clase obrera, a los empleados de los servicios públicos, a medio país, exigiendo una reforma de la Universidad, mejoras salariales o soluciones para el medio millón de personas paradas de la época.
Documentos universitarios de Martine Storti. / Foto: Teresa Suárez
Documentos universitarios de Martine Storti. / Foto: Teresa SuárezEn 1968, Storti tenía apenas 20 años. Estudiante de Filosofía en la Sorbona en París e integrante del comité de huelga de su Facultad, vivió en primera persona esa efervescencia social: la ocupación de la Universidad, la solidaridad entre obreros y estudiantes, las asambleas multitudinarias, el escenario quasi bélico del Barrio Latino entre barricadas y cócteles molotov…. Esos días en que el tiempo se detuvo, y su corazón y su cabeza le decían que sí, que esta vez la revolución estaba en marcha. “Puede sonar naïf, pero queríamos (y creíamos que íbamos a) rehacer el mundo”, asegura la escritora y militante feminista.
Las reivindicaciones se convirtirían en una enmienda a la totalidad del sistema: abajo el capitalismo, yankis fuera de Vietnam, muerte al Estado opresor… libertad. Para pensar, vivir, follar. Lo querían todo y lo querían ya. El 13 de mayo, hubo una huelga general en la que participaron nueve millones de trabajadores, la mayor de la historia en Europa hasta la fecha. Francia revuelta, Francia revolucionaria. La magnitud de la protesta forzaría a claudicar al autoritario Gobierno del general De Gaulle, que empezó aprobando un aumento del 35 por ciento del salario mínimo y, derrotado, terminaría convocando elecciones anticipadas un mes después.

Mayo del 68, el feminismo nunca estuvo allí

Como Martine Storti, miles de mujeres tomaron parte en los eventos de mayo y junio en París y otras ciudades francesas: haciendo piquetes en las fábricas, acudiendo a las manifestaciones estudiantiles, presentes en las asambleas y en las calles, al pie del cañón junto a sus compañeros. Sus rostros aparecen ilustrando portadas de los diarios de la época y los artículos de conmemoración en los años siguentes, jóvenes, desafiantes, combativas. Y sin embargo, de ellas y sus reivindicaciones poco queda en el relato sesentayochista.
Paca Martínez, hija de republicanos españoles exiliados en Francia, tenía por entonces 23 años y era estudiante de tercer año de Medicina en la Universidad de Nancy, en el noreste del país. “Tras las primeras manifestaciones, ocupamos la Facultad y pasamos muchos días y noches acampados allí”, explica en su español resuelto, suavizado por un leve acento francés. “Era un ambiente muy revolucionario: asambleas de medio millar de personas, trotskistas, maoístas, anarquistas, todos debatiendo sobre todo, de las libertades individuales a la sociedad de consumo o la comercialización de la Medicina”, relata. Aunque ella sí mantuvo un rol activo en las reuniones, admite que había muchos más hombres y que eran ellos quienes más tomaban la palabra, porque “claro, muchas no se atrevían a hablar”.
Retrato de la escritora y periodista Martine Storti, militante durante Mayo del 68. / Foto: Teresa Suárez
Retrato de la escritora y periodista Martine Storti, militante durante Mayo del 68. / Foto: Teresa Suárez
“Las demandas de las mujeres estuvieron prácticamente ausentes, y ya ni hablemos un discurso propiamente feminista”, reconoce Storti. “Para todas las organizaciones izquierdistas que dirigían las protestas, ‘la revolución’ era lo prioritario y otras cuestiones, como la igualdad, ya vendrían más tarde”. Mientras los Daniel Cohn-Bendit, Alain Geismar y Jacques Sauvageot tomaban la palabra y lideraban las manifestaciones, las mujeres eran las encargadas de pasar los adoquines, distribuir los panfletos o servir el café. “Me negué a aprender a escribir a máquina porque, en cuanto sabías teclear, quedabas relegada a transcribir las grandes reflexiones de los señores”, recuerda con humor Storti, que posteriormente ejercería de profesora, escritora, periodista o consejera ministerial.
La implicación de las mujeres en el movimiento es incontestable y las universitarias no fueron la únicas: miles de obreras, sobre todo de industrias fuertemente feminizadas como la textil, se sumaron en masa a la huelga en aquellos días, al igual que funcionarias de los servicios públicos y trabajadoras de comercios y grandes superficies como las galerías Lafayette. Su resolución pillaba desprevenia a la propia CGT (sindicato mayoritario en Francia), que, en un informe de la época, mostraba su asombro ante la fuerte presencia femenina en las protestas.
“Mayo del 68 es un momento muy ambiguo para la historia del feminismo”, considera la historiadora especializada en feminismo y sexualidad Bibia Pavard. “Para ellas, fue un momento muy fuerte de militantismo, compromiso y visibilización, pero al mismo tiempo, ver que en el seno de las organizaciones izquierdistas y revolucionarias, se reproducían los mismos mecanismos de dominación masculina que en el resto de la sociedad les supuso una gran frustración. Ellas estaban en todas partes… excepto en los centros de poder”.
El Segundo Sexo de Simone de Beuvoir, publicado en 1949, había marcado a varias generaciones de feministas y desde mediados de los 60, diversas publicaciones cuestionaban la desigualdad de las mujeres, pero la Francia de la época seguía siendo, como el resto del Planeta, una sociedad tradicionalista y fuertemente patriarcal. En 1968, las francesas acababan de salir de su minoría de edad legal: hasta 1965, tenían prohibido abrir una cuenta bancaria, viajar o gestionar sus bienes personales sin el permiso del esposo, y la ley que legalizaba la contracepción sólo se aprobó en 1967.
Durante la revuelta, una única reunión tuvo lugar en la Sorbona para discutir los roles de género, organizada por un pequeño grupo mixto, ‘Feminin, Masculin, Avenir’ (Femenino, Masculino, Futuro), “pero el debate sobre estas cuestiones fue extremadamente marginal”, señala Pavard. Las dinámicas de mayo y junio del 68 evidenciarían el sexismo existente en las organizaciones de extrema izquierda, y la necesidad de crear un movimiento autónomo para emprender su verdadera emancipación.

“Vuestra liberación sexual no es la nuestra”

Retrato de la médica Francisca Martínez, antigua militante del MLAC movimiento pro derecho al aborto. / Foto: Teresa SuárezEn la Francia de los años 60, el conservadurismo social constreñía a toda una generación con ansias de libertad que renegaba de las restricciones de la época, donde el sexo fuera del matrimonio era visto como un sacrilegio y los espacios mixtos aún estaban muy restringidos. Mayo del 68 entró como un vendaval, cuestionando la fidelidad, la monogamia o la heterosexualidad como únicas opciones válidas en las relaciones de pareja, rompiendo con todos los límites establecidos.
Retrato de la médica Francisca Martínez, antigua militante del MLAC movimiento pro derecho al aborto. / Foto: Teresa Suárez
Liberó a las mujeres en la medida en que lo hizo con el resto de la sociedad, al dar un vuelco al concepto de autoridad y arremeter contra la puritana moral de la época. Una rebelión general contra las imposiciones sociales y contra ‘papá’ Estado; en el caso de ellas, contra el padre, contra el marido, contra el amante. Paca Martínez por aquel entonces vivía con un compañero sin estar casada: “A mí me daba igual lo que pensara la gente, porque yo venía de una educación anarquista, libertaria… para mí era lo normal. Pero para la mayoría de mujeres hubo un antes y un después: antes de Mayo pocas se atrevían a decir, ‘Soy libre y vivo como quiero'”.
Pese a todo, expertas y protagonistas coinciden en relativizar la tan aclamada “revolución sexual”, secundaria dentro del marco de reivindicaciones sociales y económicas de aquellos días, y destacan que lemas como “Jouir Sans Entraves” (llegar al orgasmo, gozar sin limitaciones) suponían al final del día una prerrogativa reservada a sus contrapartes masculinos. “¿Cómo hablar de liberación sexual femenina cuando la píldora anticonceptiva apenas estaba disponible y el aborto seguía prohibido?”, se pregunta Storti. “Se hablaba de hacer el amor sin restricciones, pero no hubo una verdadera reflexión sobre la dominación masculina en la sexualidad o las relaciones de poder”, razona Pavard. El debate real sobre el cuerpo y el placer femeninos vendrían después.
A partir del verano y en los dos años siguientes, empezarían a crearse grupos de reflexión para impulsar la creación de un movimiento autónomo y no mixto que luchara por sus derechos civiles, reproductivos y sexuales. En 1970, nacía el Movimiento de Liberación de la Mujer (MLF, por sus siglas en francés), y uno de sus primeros lemas suponía una interpelación directa a los revolucionarios: “Vuestra liberación sexual no es la nuestra”. “La lucha por la contracepción y la interrupción voluntaria del embarazo fue lo que abrió la vía definitiva a la politización del espacio privado”, considera la socióloga Camille Masclet, coautora de un libro sobre las vidas de los militantes sesentayochistas.
Detalle sobre Mayo del 68 en una edición de la época del periódico francés 'Le Monde'. / Foto: Teresa Suárez
Detalle sobre Mayo del 68 en una edición de la época del periódico francés ‘Le Monde’. / Foto: Teresa Suárez
El 5 de abril de 1971 la revista Le Nouvel Observateur publicaba una declaración de principios bautizada irónicamente ‘El Manifiesto de las 343 zorras’: “Un millón de mujeres abortan cada año en Francia en condiciones peligrosas debido a la clandestinidad a la que son condenadas. (…) Millones de mujeres son silenciadas. Yo declaro que soy una de ellas. Declaro haber abortado. Al igual que reclamamos el libre acceso a los medios anticonceptivos, reclamamos el aborto libre”.
Un año más tarde, con 27 años, Paca Martínez empezaba a trabajar en el Dispensario Cervantes, en el cinturón rojo de París. “Era la única mujer médica, y repartía la píldora a diestro y siniestro, a menores, solteras… a todas las mujeres”, explica. Con su larguísima trenza y sus ropas coloridas, sus compañeros se burlaban de ella. “Me decían que con esas pintas de hippy no tendría ni un paciente; al cabo de dos años tenía más que el propio jefe de servicio”, recuerda divertida. De ahí, pasaría a inplicarse en el MLAC, el movimiento por el derecho al aborto nacido en 1973 de la mano del MLF. “Todas las semanas dábamos una rueda de prensa, decíamos, hemos practicados X abortos, que nos detengan”, explica orgullosa. El movimiento se disolvió de forma festiva en 1975: ese año, la Ley Veil legalizaba por fin el aborto en Francia.
Como un río subterráneo que pese a no verse transforma profundamente la naturaleza de la Tierra: así describe la historiadora Michelle Zancarini-Fournel el feminismo en Mayo del 68 para las mujeres que lo vivieron y tantas otras que vinieron después. La revolución que en un principio las silenció permitiría el despegue definitivo de la segunda ola feminista en Francia, que insufló nuevas fuerzas en la lucha por la emancipación femenina.
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3/19/2016

La explotación capitalista siempre tiene una marca de género


Entrevistamos a Julia Monárrez y Lorena Cabnal, representantes del Feminismo en Latinoamérica


JPG - 85.3 KBMadrid, 17 marzo. 16. AmecoPress. Julia Monárrez y Lorena Cabnal han venido a Madrid a impartir un curso organizado por la Asociación de Mujeres de Guatemala sobre Feminicidio en el contexto del capitalismo y del colonialismo. Desde la Academia, Julia se ha convertido en una referente en el estudio y la conceptualización del asesinato sistemático de mujeres a manos de hombre, un fenómeno muy extendido en América Latina y específicamente, en Ciudad Juárez –México-. Lorena Cabnal es activista, indígena, impulsora del feminismo comunitario en Guatemala mediante la Asociación de Mujeres Indígenas Xincas de la Montaña Xalapán. Conversar con ellas es profundizar en las raíces del patriarcado y en la comprensión de la red de factores que generan y sustentan la violencia contra las mujeres, pero también en la memoria de los intentos, en las luchas de nuestras antepasadas y en las múltiples formas de conquistar la autonomía arrebatada.
Habéis venido a Madrid para impartir un curso sobre Feminicidio en el contexto del capitalismo y del colonialismo. ¿De qué manera el capitalismo es un factor de riesgo, un contexto que parece llevar implícita la violencia contra las mujeres?
Lorena: Como mujer indígena, feminista comunitaria, me parece que uno de los efectos estructurales del patriarcado, como sistema de dominación, tiene que ver con cómo se gesta un sistema de dominación capitalista que se basa en la expropiación territorial. El sistema patriarcal es milenario, es el fundante de todas las opresiones, por tanto, el capitalismo es patriarcal, una fase de este capitalismo es el neoliberalismo, que se constituye en una política de expolio y riesgo para los cuerpos de las mujeres. Su desarrollo tiene la consecuencia directa de la violencia territorial y en concreto el asesinato de mujeres por hacer defensa territorial, feminicidio territorial, como el caso reciente de Berta Cáceres. Es bien interesante colocar los cuerpos de las mujeres en la defensa territorial porque justamente están recibiendo una respuesta misógina del capitalismo en su fase neoliberal.
Pero la misoginia capitalista nos afecta a todas las mujeres, en todo el planeta.
Lorena: Sí, pero tiene una caracterización cuando haces la defensa territorial. Hay un permanente asedio y tiene una intención. El hecho de que haya sucedido esto con Berta es lanzar un mensaje a las mujeres de la región, de que regresemos al plano privado, y más a las mujeres indígenas que realizamos este tipo de acción político territorial. Creo que hay una intencionalidad de cómo se expresa la misoginia sobre los cuerpos de las mujeres defensoras de los territorios.
Julia: Hay diferencias en la forma en las que se presenta el capitalismo en los diferentes espacios. Yo hablo desde la posición de una mexicana transfronteriza de Ciudad Juárez. Cada crisis económica es producto de una acumulación de capital y de una acumulación de mano de obra desempleada y explotada. En este sentido, para mí el vivir en una ciudad con un proceso de industrialización transfronterizo ha hecho que lleguen las multinacionales, que ahora no responden a intereses de países en particular, sino a sus intereses, pero, contradictoriamente, representan a los países, que subordinan y explotan a las poblaciones. Pero esta explotación siempre tiene una marca de género. Si hay unos cuerpos explotados económicamente, hay unos cuerpos de las mujeres abusados sexualmente. El capitalismo viene y explota pero hace uso de las discriminaciones que hemos tenido a lo largo de años de colonialismo.
Julia, el concepto feminicidio ha ido evolucionando en los últimos años. ¿Qué ha cambiado desde que se acuñara el término? ¿Cuánto hemos avanzado en este tiempo?
Para mí es muy importante el aporte que hicieron las primeras teóricas, Diana Rusell, Jill Radford y Jane Caputi, cuando ellas definen ese asesinato de mujeres por el simple hecho de ser mujeres. Sin embargo, ellas no hablan de impunidad. Para quienes vivimos en nuestros países la impunidad es un flagelo, junto a la corrupción. Porque si bien las mujeres son asesinadas en todos lados, en nuestros países, nos matan los compañeros íntimos y los extraños, y con una total impunidad, - quiero dejar claro que la impunidad existe no solo para los asesinatos de mujeres también de hombres-.
¿Por qué el término feminicidio se asienta en Latinoamérica y no se asienta en Estados Unidos? Para nosotras, la palabra Feminicidio es una palabra antisistémica, no solamente nombra la discriminación de género, las diferencias de poder, y el poder de matar a la otra, también nombra que la voluntad política de los Estados es la mayor fuente de exterminio de las mujeres, no es que les falte voluntad política –necropolítica que dice Ahim Member- . Por eso en Ciudad Juárez los grupos hegemónicos, políticos y económicos, estaban muy molestos cuando decían que las mujeres asesinadas eran mujeres pobres, porque en ese momento ponían a la luz las condiciones infrahumanas en las que se encontraban.
IMPUNIDAD
Efectivamente la impunidad es el pan diario de las mujeres en México y en el continente. ¿Quiénes son los responsables? ¿Cómo se materializa? ¿Con qué herramientas se lucha contra esta impunidad?
Julia: Hay alguna respuesta frente a la impunidad, pero mínima, y la que hay se debe a la labor de los movimientos de mujeres y feministas que empezaron a llevar a la discusión pública el tema de que lo que estaba pasando con las mujeres no era un asunto de pasión, ni debía ser resguardado en el ámbito privado, sino que era una cuestión en la que el Estado debía intervenir.
JPG - 85 KBCada crisis económica hace que haya una cantidad de seres humanos desechables, descartables, y como no tienen ningún valor económico y en nuestros países sobra la mano de obra, nadie los protege. ¿Quiénes son? Pues son…pero…son vidas nulas, desnudas, no han contado en la vida, sus vidas no han sido dignas de ser vividas, por tanto sus muertes tampoco son dignas de ser lloradas. Por tanto ¿por qué me voy a preocupar de quién las mató? Así es el sistema.
Lorena: En el caso de Guatemala que se empezara a hablar de la violencia contra las mujeres, que haya habido una voluntad política mínima al respecto, ha tenido que ver con la enorme lucha de los movimientos de mujeres. Hay una deuda histórica en el caso de los Estados en relación a la vida y los cuerpos de las mujeres y por otro lado, eso es un tipo de impunidad, porque si un Estado no asume la responsabilidad política del resguardo de las vidas de las mujeres, eso es impunidad. Por eso cuando miras países como México, Guatemala, Honduras, Salvador, somos países que ocupamos los primeros puestos de casos de feminicidio a nivel mundial, y te das cuenta de que tenemos características muy similares: la impunidad, la corrupción, el narcotráfico y la trata y además, la existencia de poblaciones diversas que no tienen políticas públicas específicas, por ejemplo, las mujeres indígenas. En un contexto de colonialismo, que es racista y patriarcal también, esa población no tiene garantizados sus derechos, por ejemplo, en el acceso a la justicia no tienen derecho a tener un traductor en su idioma y hay una interpretación de la justicia occidental. Son elementos que complican la erradicación de la impunidad.
FEMINISMO COMUNITARIO
Cuéntanos acerca del feminismo indígena y el feminismo comunitario.
Nosotras en principio no intencionamos construir una propuesta de feminismo comunitario. Surge a partir de cuerpos indignados, empobrecidos, de mujeres indígenas rurales que no teníamos la respuesta para el fortalecimiento de los acuerdos de paz y vivíamos un empobrecimiento y una desnutrición brutal y que nos hemos indignado mucho de ver mujeres con más de 14 hijos en una sequía. También el en caso de Guatemala, algo que tuvo que ver con el feminismo comunitario es que en el año 2005 empezamos a hacer seguimiento a los casos de violencia sexual y no sabíamos ni cómo nombrarla. Sentíamos que algo nos incomodaba, que nos daba miedo, que sucedían cosas dentro de la comunidad con niñas de 11 o 12 años que eran obligadas a llevar una vida marital, que quedaban embarazadas bien chiquitas, pero cuando queríamos hablar con las autoridades de la comunidad nos decían que “siempre ha sido así”. Empezamos a sentir mucha indignación, fuimos haciendo seguimiento y vamos aprendiendo a nombrar, recibimos la visita de algunas feministas que nos enseñaron algunos conceptos y cuando aprendimos a poner el nombre de violencia sexual ya no nos detuvieron, empezamos a denunciar.
Más tarde, con los años, fuimos haciendo la relación con la cosmonoguía de los pueblos originarios. Donde, por ejemplo, la territorialidad tiene un significado completamente diferente al establecido como interpretación geográfica, poblacional, las fronteras, sino que tiene que ver con una integralidad de la vida, que tiene un lugar determinado, en donde conviven los cuerpos. Empezamos a hablar de cómo nuestro cuerpo era un territorio, en las formas de pensamiento originario se sitúa con ese sentido.
Y fuimos hilando la defensa de territorio tierra –de la lucha contra la minería, petroleras, que en momentos tuvo mucho auge y entró muy fuerte-, pero sin postergar la lucha del territorio cuerpo. Es una incoherencia defender a la tierra y no a las mujeres. Y nace una consigna histórica que se recoge como postulado del feminismo comunitario que es la recuperación y defensa del territorio cuerpo tierra. Para nosotras existe la red de la vida y todo es energía vital para la vida y es importante la defensa del cuerpo. La categoría de género es una denuncia política y, cuando lo traducimos a la comunidad, empezamos a hablar de justicia cosmogónica. Acercarnos al código comunitario desde el feminismo ha sido todo un reto porque no existen palabras que nombren el patriarcado, la misoginia, pero sí tenemos palabras con las que nombramos por ejemplo la desarmonización de la vida. Hay una justicia cosmogónica de cuáles son las responsabilidades de tejer o romper la red de la vida y ahí empezamos con toda una simbología que permite acercar, traducir los enunciados feministas.
Hoy el feminismo comunitario en Guatemala tiene varios enunciados y desarrollos: la recuperación de la memoria de las mujeres, la epistemología originaria –las mujeres tenemos otras formas de hilar pensamientos-, la sanación como camino cósmico político –creemos que las múltiples opresiones se internalizan y se traducen en el cuerpo- , tejer alianzas territoriales –nosotras no hablamos de extranjerías, hablamos de pueblos- …y una de las contribuciones que hace el feminismo comunitario a la pluralidad feminista en el mundo es hacer una interpretación desde mujeres indígenas de los orígenes del patriarcado en el sustrato originario; nosotras postulamos que existen formas patriarcales antes de la colonización.
Julia, ¿en qué consiste el feminicidio sexual sistémico?
Cuando llegué a Ciudad Juárez empecé a construir una base de datos para recoger hechos, realidades, donde están todos los casos registrados desde 1993. Ahora tengo registrados 1570 casos. Y con todos los datos fui reconociendo que eran mujeres jóvenes, que son desaparecidas, torturadas, y la tortura es sexual, hay mutilación, violencia sexual y finalmente su cuerpo es abandonado en zona desértica, en los tiraderos de basura…si no tuvo valor en la vida, tampoco en la muerte, es una “basurización simbólica”. Además, hay familiares que piden justicia y las autoridades les van a decir cosas como que las víctimas eran de otra sociedad, que si no habían recibido la educación adecuada a una mujer…es decir, hay una descalificación de las víctimas. Por eso es importante que se nombre de un modo específico: feminicidio, porque hay una serie de características en estos casos. FEMINISMO EN LATINOAMÉRICA
En el caso de Latinoamérica, las mujeres están asumiendo un rol muy importante en la movilización social y en el impulso de cambios políticos. ¿Estamos en una nueva etapa? ¿Qué elementos de ese fenómeno cree que valdría la pena aprender y exportar a otras regiones del planeta?
JPG - 96.4 KBJulia: Creo que puede aportar una nueva teorización sustentada en los elementos que nos constituyen y en las experiencias económicas y políticas que tenemos. También podemos aportar cómo, a pesar de este sistema necropolítico que está en nuestros países, desde los grupos subalternos, principalmente de las mujeres, hay nuevas formas contra hegemónicas de posicionar la vida.
Lorena: Creo que un aporte de las mujeres del otro lado es poner sobre la mesa de los diálogos plurales feministas, interpretaciones que parten desde nuestros lugares de enunciación. Creo que una fortaleza es acercarnos, no solo a sentir las múltiples opresiones que se han ejercido sobre nuestros cuerpos como mujeres indígenas, sino también las emancipaciones. Creo que las emancipaciones son plurales, no se pueden estandarizar. Estamos en una crisis civilizatoria mundial -que para mí deviene del sistema patriarcal- y las mujeres hemos sido las que nos hemos organizado y luchado frente a esta crisis, tejiendo propuestas con otros movimientos, aunque también nos encontramos con el machismo adentro de los mismos movimientos sociales.
¿Pagaron mucho por definirse como feministas y abordar la lucha por los derechos humanos?
Lorena: Yo tengo el destierro comunitario. En la comunidad operan las formas del patriarcado comunitario y cuando nosotros las evidenciamos y combatimos ese machismo somos insultadas, degradadas, dicen que somos malos ejemplos, traidoras, que ya no pensamos como mujeres indígenas porque prensamos como las extranjeras y feministas. El hecho de nombrarme feminista en la comunidad conllevó una estigmatización muy fuerte, lutos, duelos, la ruptura con mi compañero en ese momento, acusaciones y presiones enormes cuando ayudaba a otras mujeres. Denunciar la violencia machista que ejercen líderes indígenas supuso superar límites, recibir amenazas, es enfrentarte al sistema y recibir un asedio continuo.
Julia: Yo soy académica, la academia siempre tiene protección y admiro mucho el trabajo que hacen compañeras como Lorena y tantas que se exponen mucho. Aunque recibo insultos, descalificaciones, pero no les hago caso.
Foto: Amecopress