3/07/2014

Misoginia bajo las batas


alfonso.morales@24-horas.mx
En el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española (DRAE) se pueden hallar definiciones como éstas: Hombre (Del lat. homo, -ĭnis). 1. m. Ser animado racional, varón o mujer. Mujer (Del lat. mulĭer, -ēris). 1. f. Persona del sexo femenino. O bien: Hombre público. 1. m. El que tiene presencia e influjo en la vida social. Mujer pública. 1. f. prostituta. Así como: Hombre de punto. 1. m. desus. El que es puntilloso. Mujer de punto. 1. f. prostituta.

En los pasillos de cualquier hospital en México es común escuchar que enfermeras y enfermeros llamen “jefe” a la persona que está al mando, sea hombre o mujer. En varias universidades de México y Latinoamérica todavía se les dice ingeniero, físico, médico o arquitecto a las mujeres que estudian esas disciplinas. La cuestión de equidad género en el uso del castellano resulta de lo más injusto pues es bien sabido que a un grupo de mujeres se le puede denominar “ellas” pero basta que se incorpore un varón para que el pronombre cambie a “ellos”; sin embargo, no sucede lo contrario si es una mujer la que se suma a un conjunto de hombres.

En los ámbitos de la ciencia, la tecnología y la innovación también ocurren disparidades, inequidades y hasta verdaderas injusticias. Estudios recientes revelan aspectos muy interesantes de lo que sucede cuando la CTI no sólo se pone tacones, sino que cubre con sus batas prácticas genuinamente misóginas.

Uno de estos análisis, elaborado por Londa Schiebinger, historiadora de las ciencias en la Universidad de Pennsylvania, EU, versa sobre si el pensamiento femenino ha cambiado en algo las formas y los procesos respecto de cómo se hace ciencia en nuestros días. Y revela que a pesar de que tal pensamiento femenino ha acompañado siempre a la humanidad en su construcción social y cotidiana del mundo, casi no ha tenido cabida en el conocimiento científico y tecnológico debido al dominio que lo masculino ha hecho de estos espacios.

En otro estudio, desarrollado por Vincent Larivière en la Universidad de Montreal, Canadá, se descubrió que, de 5.4 millones de artículos científicos revisados por pares, entre 2008 y 2012, los menos citados y con escasas contribuciones internacionales resultaron ser aquellos que habían sido liderados por mujeres, a razón de dos a uno contra los que habían sido firmados por un hombre. Uno más de estos análisis, el del College London, Inglaterra, puso énfasis en el aspecto del financiamiento: sucede que las investigaciones lideradas por mujeres suelen recibir menos recursos financieros que los de sus contrapartes varoniles, lo cual apunta hacia una muy señalada subrepresentación femenina en las ciencias.

¿Y en estos aspectos cómo andamos en México? En diciembre pasado, el Foro Consultivo Científico y Tecnológico, AC (FCCyT), en conjunto con el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), el Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres) y la Universidad del Claustro de Sor Juana, llevó a cabo el encuentro Hacia una perspectiva de género en ciencia, tecnología e innovación. Este ejercicio de análisis y diálogo, que reunió a unas 350 personalidades de las comunidades de CTI y de la sociedad en general, concluyó en la imprescindible confección y puesta en marcha de políticas públicas que atiendan y resuelvan, con una perspectiva de género, los problemas a los que nos enfrentamos como país para revisar, tanto en sus conceptos como en sus prácticas, los procesos sociales que se dan al interior de las comunidades científicas, tecnológicas e incluso productivas, de modo que se pueda incorporar a esa otra mitad del intelecto humano en condiciones de igualdad de oportunidades de desarrollo económico y bienestar social.

Otro aspecto, no menos importante, es la falta de oportunidades para que un mayor número de mujeres asuma cargos en los que la toma de decisión contribuya a mejorar las disparidades que, como se mencionó al principio, no son exclusivas de países como el nuestro, sino que se dan en todos los ámbitos internacionales. A pesar de que el pensamiento femenino (no necesariamente feminista, pero incluso éste) ha estado presente desde el surgimiento del lenguaje y, por lo tanto, de la condición de lo humano, su repercusión y sus contribuciones en la amplitud de los horizontes de investigación todavía es una tarea pendiente; de modo que resultaría muy conveniente que se revisen y mejoren planes de estudio, bibliografías y programas académicos.

Quizás ahí radica un paso importante para que hombres y mujeres nos reconozcamos en una dimensión de genuina equidad, que vaya de los sitios en que se producen los nuevos conocimientos y alcance hasta los rincones más familiares y cotidianos de nuestra vida. Y hacerlo no solamente en momentos coyunturales, por ejemplo en estos días en que se conmemorará el Día Internacional de la Mujer o en el Día de las Madres, sino que sean prácticas diarias y compartidas.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario