10/11/2014

Niñas, blanco de la violencia de Estado


El 4 de octubre el periodista Humberto Padgett escribía en el portal de noticias SinEmbargo “¿Qué ocurre en un lugar en que una niña termina su vida atravesada por las balas del Ejército mexicano?”, refiriéndose al asesinato de Erika Gómez González de 15 años, una de las víctimas de la ejecución en masa a manos de soldados en el Estado de México el pasado 30 de junio.

La historia, dada a conocer por la revista Esquire, del acribillamiento de 21 presuntos delincuentes y de la menor de edad Erika Gómez en una bodega en San Pedro Limón, en el municipio de Tlatlaya, Estado de México, no sólo evidencia la connivencia del Estado mexicano con la Sedena (Secretaría de la Defensa Nacional) en la fabricación de evidencias sobre el caso como señalaron especialistas, sino también la creciente ola de feminicidios en el Estado de México desde que fuera gobernado por el ahora presidente Enrique Peña Nieto y actualmente por Eruviel Ávila Villegas.

En el libro Las Muertas del Estado. Feminicidios durante la administración mexiquense de Enrique Peña Nieto de Humberto Padgett y Eduardo Loza existe una investigación exhaustiva a través de datos sobre asesinatos a mujeres, entrevistas con familiares de las víctimas, con especialistas en crimen organizado y feminicidio sobre las condiciones de violencia en que han vivido y siguen viviendo las mujeres mexiquenses entre 1990 y 2011, período en el que se centra el libro.

Uno de los datos relevantes es que “el mayor porcentaje de violencia se presenta en las jóvenes entre 15 y 29 años de edad; de ellas, 52 de cada 100 han sufrido al menos un incidente de violencia en el último año”, se señala en el libro en base a la última Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (Endireh) de noviembre de 2011.

Erika Gómez González se encontraba en ése rango de edad, tenía 15 años. Dos imágenes son las que tenemos de ella, una frontal en que observa fijamente a la cámara, con mirada serena, los labios ligeramente entreabiertos, de cabello largo y oscuro, tez morena y vistiendo lo que pareciese ser un uniforme escolar y otra durante un desfile de su escuela en la comunidad de Arcelia, Guerrero, una localidad a escasos kilómetros de donde le fue arrebatada la vida.

Justo este año Naciones Unidas ha designado como eje principal del Día Internacional de la Niña, a celebrarse el 11 de octubre: Empoderar a las adolescentes: terminando el ciclo de violencia.

En un contexto como el mexicano donde la impunidad es reinante, donde los feminicidios se han desbordado no sólo en Ciudad Juárez sino también en el Estado de México como denunció Padgett ¿Qué mecanismos son los más adecuados para que las niñas y adolescentes pongan fin al ciclo de violencia? ¿Dónde inicia, cómo se mantiene, dónde habría de acabar? ¿Cuál es el poder de agencia de las niñas y adolescentes ante la violencia doméstica, de pareja, del crimen organizado, en las calles, del mismo Estado? ¿De qué manera impacta en la vida de las niñas y adolescentes un contexto como el del feminicidio e impunidad en México?

El 1 de septiembre con gran pompa Enrique Peña Nieto envió al Senado la iniciativa de Ley para la Protección de Niñas, Niños y Adolescentes, que a la postre se convertiría en la Ley General de Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes, tras recoger tan sólo algunas de las muchas observaciones de activistas.

Sin embargo temas fundamentales como el embarazo en adolescentes, los matrimonios infantiles, la violencia sexual, la trata de personas, el feminicidio, el trabajo infantil, la niñez migrante y en situación de calle no fueron atendidas a cabalidad pese a que a las niñas y adolescentes viven en constante vulnerabilidad de sus más fundamentales derechos.

El 25 aniversario de la Convención sobre los Derechos del Niño, el pasado 29 de septiembre y el Día Internacional de la Niña a celebrarse el 11 de octubre, dos fechas fundamentales entorno a la infancia, a las niñas y a las adolescentes hablan de lo políticamente correcto que le es al Estado atender los protocolos de las instancias internacionales como la ONU como mero trámite cuando en los hechos se pasa de largo las verdaderas necesidades de las más vulnerables.

Habría que pensar más en construcción de ciudadanía participativa desde la infancia y adolescencia en especial de las niñas no sólo en proveer “derechos” (derechos que lamentablemente no se cumplen del todo) relegándolas a una posición de subordinación.

El derecho a hablar por sí mismas y representarse a sí mismas individualmente y dentro de su comunidad sería la base fundamental para que las niñas vayan adquiriendo ciudadanía en un afán por conseguir agencia y comenzar a romper con los distintos ciclos de violencia en la conformación de una propia subjetividad.

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