4/21/2020

Columnas y opinión del periódico La Jornada




Vale más el barril que el petróleo
México aumenta la producción de refinados
De Hoyos, candidato: el salario social
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El precio del petróleo de exportación de Pemex cayó ayer a -2.37 dólares por barril. En otras palabras, vale más el contenedor que el crudo que lleva adentro. El petróleo tipo West Texas que sigue Pemex se hundió hasta a -30 dólares. Consideraciones:1) el recorte de 10.7 millones de barriles diarios que en días pasados aprobaron los países de la OPEP y el G-20 resultó insuficiente. 2) El mercado está inundado y los especuladores tratan de deshacerse frenéticamente de los contratos a futuro; y 3) el planeta continúa parado, con un consumo de gasolina mínimo, sólo para el desarrollo de actividades esenciales. El panorama es tal cual es: sobran los calificativos. Ninguno embona en una situación que nunca vivió antes la humanidad. Salen sobrando los análisis sesudos de los economistas, lo cierto es que todos, absolutamente todos, erraron en sus pronósticos. En enero hablaban de los efectos de una guerra comercial entre China y Estados Unidos y la realidad resultó que el género humano está enfrentando una guerra sanitaria para la cual no encuentra vacuna ni tratamiento.
¿Qué va a hacer México?
En el tema específico del petróleo, la secretaria de Energía, Rocío Nahle, dice que una de las salidas es la refinación. Se han venido rehabilitando las seis refinerías de Pemex, que el prianismo entregó convertidas en una desgracia. Operaban a 32 por ciento de su capacidad, ya se alcanzó un promedio de 56 por ciento. Eso significa que están produciendo 867 mil barriles diarios de refinados.
De Hoyos, tras la Presidencia
El manifiesto a los trabajadores que lanzó la Coparmex se interpretó como el primer movimiento formal de su dirigente, Gustavo de Hoyos, en su campaña por la Presidencia de la República, apoyado por la ultraderecha. No gustó del todo el que no haya consultado a decenas de miles de pequeños negocios sobre su idea de que deben pagar una mayor cuota al IMSS para el salario social. Eso se llama populismo.

Petróleo basura (por ahora)
Agresiones a personal médico
Trump suspende inmigración
Sabina Berman sale de Tv Azteca
En medio de varios signos trágicos de la realidad mexicana (el barril de la mezcla nacional de petróleo cerró ayer a -2.37 dólares, en caída histórica que fue peor en Estados Unidos), la voz de una enfermera reasignó el tono humano y llamó a la solidaridad verdadera cuando detalló, en la conferencia informativa nocturna sobre el Covid-19, las agresiones que sufre el personal médico a manos de segmentos sociales plenos de ignorancia aberrante.
Fabiana Maribel Zepeda Arias, en su condición de jefa de programas de enfermería del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), informó que en 12 estados del país se han registrado 21 agresiones a integrantes de ese gremio, en una espiral de irracionalidad que ataca verbal y físicamente a quienes constituyen la heroica primera línea de combate a un virus que puede colocar en condición mortal a los propios agresores y, en especial, al personal de enfermería y medicina que arriesga la vida y hoy, en el colmo de la descomposición moral mexicana, sufre embates crecientes.
De vuelta a los escenarios de la gran crisis mundial y sus consecuencias para México, vale mencionar la impactante valoración negativa del barril de petróleo para exportación, que ha sido fuente principal de la riqueza nacional. Recuérdese, también, que dos de las tres grandes calificadoras de riesgos crediticios han rebajado los bonos de Pemex a la virtual condición de basura. Además, Estados Unidos determinó extender por un mes más las restricciones a viajes no esenciales provenientes de Canadá y México. Y, anoche, el propio Donald Trump lanzó una de sus cartas sorpresivas al tuitear que a la luz del ataque del enemigo invisible, así como de la necesidad de proteger los puestos de trabajo de nuestros grandes ciudadanos estadunidenses, ¡firmaré una orden ejecutiva para suspender temporalmente la inmigración a Estados Unidos!
En otro tema, la escritora Sabina Berman llegó 14 años atrás a Televisión Azteca para hacer un muy innovador programa de entrevistas con Katia D’Artigues. Luego, Berman continuó por su lado en espacios de la misma empresa propiedad de Ricardo Salinas Pliego. Dos semanas atrás grabó el último programa para ADN40, en términos que no puede plantear abiertamente por restricciones contractuales. Lo cierto es que ha terminado el ciclo en Televisión Azteca de la autora de la novela La mujer que buceó dentro del corazón del mundo, traducida a 11 idiomas, y de obras teatrales como Entre Pancho Villa y una mujer desnuda y Testosterona (entrevista en YouTube: AMLO, notablemente paciente con Salinas Pliego; no ve sucesos en la dimensión que conviene https://bit.ly/2Ki3Kuk).
La novelista y dramaturga mantiene un programa semanal nocturno con el académico y articulista John Ackerman en Canal Once. Además, publica colaboraciones dominicales en El Universal, fábulas políticas que con acidez y presunta ficcionalidad suelen describir situaciones reales. El pasado 29 de marzo, por ejemplo, en el diario dirigido por Juan Francisco Ealy Ortiz se pudo leer la entrega denominada Mr. Money tiene un plan para la humanidad.
Petróleo en el sótano
Desplome de precios
Exceso de oferta en el mercado petrolero mundial, almacenes internacionales repletos de combustible, caprichosa jugada (7 de marzo) de Arabia Saudita de bajar (20 por ciento) sus precios para abril e incrementar (a 11 millones de barriles por día; el acuerdo OPEP+ fue tardío) su producción de crudo y desplome del consumo de hidrocarburos por la caída económica y el efecto del Covid-19 confluyeron, en un periodo muy corto, para que la tormenta perfecta se concretara.
Ayer, los precios futuros del crudo estadunidense cerraron en negativo por primera vez en la historia, pues se acabó el espacio de almacenamiento, lo que desalentó a los compradores. La demanda física de crudo ha desaparecido creando un exceso de oferta mundial, pues miles de millones de personas se quedan en casa para frenar la propagación del Covid-19. Según el reporte de Reuters, el contrato de West Texas Intermediate (WTI), uno de los crudos marcadores en el mercado internacional) para mayo en Estados Unidos cerró en -37.63 dólares (léase: ¡cifra negativa!) por barril.
Sin embargo, el Brent del Mar del Norte –otro de los marcadores internacionales– se mantiene por encima de 25 dólares por barril, lo que implica que la cotización negativa del WTI no es reflejo del precio del petróleo sino de un contrato no deseado con entrega en mayo, donde no hay capacidad de almacenamiento ( La Jornada, Israel Rodríguez).
A los especuladores se les pasó la mano, y en la histeria nadie quiere mantener o comprometer compras futuras de petróleo – gringo, en particular–,cuando menos no para mayo, y en consecuencia se registra el estrepitoso desplome de precios, de la mano de la caída internacional del consumo y la incertidumbre por el declinante comportamiento económico global tras el estallido de la pandemia.
Por su parte, la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) advierte que los precios internacionales del crudo colapsaron desde marzo de 2020, su mayor caída mensual desde la crisis de 2008. Las ramificaciones de la pandemia de Covid-19 fueron la principal fuerza impulsora, lo que resultó en un choque mundial sin precedente de la demanda y las ventas masivas en los mercados mundiales en medio de un importante superávit de crudo. Y lo que empeoró el de por sí negro panorama fue la citada decisión de Arabia Saudita.
Alto en el camino
Este es un buen momento para hacer un alto en el camino y replantear el sentido de la vida.
Reviso la prensa, las redes sociales, los pronósticos de calificadoras y demás organismos internacionales, como el FMI y el BM, y en todos lados se presentan malas noticias relacionadas con enfermedades y muertes; sistemas de salud colapsados; quiebras; desempleo; caídas de la producción y en el precio del petróleo; devaluaciones; inconsistencia en las políticas públicas; recesión económica, inseguridad y, en pocas palabras, el Apocalipsis o el fin del mundo.
Sin duda que las preocupaciones señaladas tienen sustento, pero el mundo no se va a acabar con una pandemia moderada, frente a otras como la peste negra de 1348-49, la peste bubónica en Inglaterra en el siglo XVII, la de viruela, sarampión y tifo en la conquista de América o la gripe española a principios del siglo XX.
A final de cuentas la sociedad ha sobrevivido a esos retos, lo mismo que ante desastres naturales y guerras mundiales. La civilización, en lugar de renacer más débil, se recupera con rapidez y se vuelve más fuerte y desarrollada. Simplemente, para poner el caso más revolucionario, la peste negra en Europa, a mediados del siglo XIV, junto con otros elementos, generó el Renacimiento, uno de los periodos de la humanidad más creativos desde el punto de vista artístico, cultural, científico y económico. A partir de ahí el desarrollo de la humanidad se aceleró para superar la Alta Edad Media y el oscurantismo de la época feudal.



Injusticia e impunidad, gérmenes neoliberales
El largo y tortuoso camino del neoliberalismo, más o menos 30 años en los que el abandono de los quehaceres fundamentales del Estado quedaron a la deriva y se enseñorearon la corrupción y la violencia, representados en México por el priísmo del salinato y los panistas Vicente Fox y Felipe Calderón, llevaron a buena parte de los habitantes del país a un sendero en el que la única puerta de salida se llamaba Andrés Manuel López Obrador.
Era imposible seguir con lo mismo. El número de pobres aumentaba día con día, la violencia se alimentaba de la injusticia y la impunidad de un pacto no escrito en el que –en las aguas de la ley– no se mojaban los pies los amigos de los gobernantes ni se asustaban sus cómplices. La nación dejó de existir para dar paso a un gran negocio donde sólo mandaban los de mayores recursos.
Ya no había tiempo de considerar ideologías o posibles formas personales de gobernar, había que salir del hoyo, y dentro de los posibles presidentes de la República ningún representante de los partidos hegemónicos planteaba otra cosa que no fuera lo mismo: el mandato del mercado sobre la vida de la gente.
Entonces, el pueblo, burlado tantos años, decidió desde casi todas sus esferas sociales cambiar de rumbo. ¿Hacia dónde? Había suposiciones, ninguna certeza, pero el combate a las desigualdades desde un esquema de honestidad, y eso se supone que quiere decir, por ejemplo, cero impunidad, era la esperanza de salir del profundo hoyo neoliberal.



Editorial
Entre el pasado viernes y ayer, el precio del petróleo West Texas Intermediate (WTI, usado de referencia para tasar el crudo de otras regiones, incluida la mezcla mexicana) se desplomó 92 por ciento, hasta alcanzar un piso de apenas 1.42 dólares por barril. De manera incluso más catastrófica, el agotamiento de los espacios para almacenar crudo hizo que las estimaciones de precios futuros se ubicaran en niveles negativos por primera vez en la historia de ese recurso estratégico.

Apoya Ley de Amnistía ante crisis sanitaria
Se es demócrata, han dicho, cuando se reconoce que el adversario político tiene la razón. Soy un crítico de la actuación del gobierno federal y de la 4T en los diferentes campos. Pero en el caso de la aprobación de la Ley de Amnistía, debo decir que ello equivale en sí, cualquiera que sea su motivación, a un acto de humanidad en medio de una crisis sanitaria, cultural y económica sin precedente, que significa un atorón de la historia misma del mundo.

En tiempos de crisis, el conocimiento racional es el arma más poderosa para salir de ella. Siempre lo ha sido, junto con la cooperación y una visión pertinente de la realidad. Eso fue lo que sucedió con la historia de la humanidad. Los seres humanos somos una de las ocho especies y subespecies que pertenecen al género Homo, cuyos más antiguos registros se remontan a unos ­2 millones de años. Salvo nosotros, el resto de nuestros parientes más cercanos terminaron extinguiéndose. Somos la única y última rama viva de un árbol evolutivo, que no logró mantener a sus especies. Es muy probable que hayan sido el conocimiento racional y la cooperación las que permitieron a nuestra especie continuar existiendo por 300 mil años. Hoy ese conocimiento racional se llama ciencia y esta dimensión de la cultura humana se usa para dos cosas: o para mantener el doble sistema de explotación que una minoría de minorías (el 1%) mantiene sobre el trabajo de la naturaleza (depredación) y sobre el trabajo humano (parasitismo), o bien para la liberación de lo anterior y la defensa de la vida humana y no humana. La primera es la ciencia al servicio del poder corporativo, que en último término busca la ganancia y la acumulación y concentración del capital; la segunda es la que persigue el beneficio social y el respeto por la vida, y es la que se practica en buena parte de las instituciones públicas y en las universidades. De acuerdo con la Unesco (2015), existen casi 8 millones de científicos en el mundo. Los datos indican además una tendencia reciente a la privatización de la ciencia en numerosos países (Sudcorea, China, Alemania, EU, Turquía, Polonia, etcétera). En EU esta tendencia ha sido especialmente marcada. Mientras la relación entre la ciencia académica financiada por el gobierno y la ciencia corporativa era de 60-40 por ciento en 1965, hacia 2006 ésta se había invertido a 35-65 por ciento y alcanzó 30-70 en 2015.
En la Amazonia ecuatoriana, los indios shuar se reúnen al final del día a contarse cómo ha sido su jornada. El escritor chileno Luis Sepúlveda convivió con ellos siete meses y se dejó cautivar por la gestualidad de sus palabras, por el uso de sus silencios y por los rostros felices de los escuchas en esas ceremonias nocturnas. Quedó marcado por la experiencia. Diez años después, a partir de ella, escribió Un viejo que leía novelas de amor.
Un bicho microscópico que se destruye fácilmente en unos segundos con jabón, tiene paralizada a la mayor parte de la humanidad. Esta tragedia inacabable no es producto de una condena de la naturaleza, sino de la estupidez intrínseca de las relaciones capitalistas que rigen la existencia. Por su mandato, los humanos no pueden simplemente producir los bienes que resuelvan sus necesidades: la prevención frente a la enfermedad, o los instrumentos y medicamentos para atender a todos, por ejemplo. No, prevención, instrumentos y medicamentos son producidos si, y sólo si, permiten a unos pocos individuos acaparar ganancias dinerarias sin solución de continuidad, en este caso a costa de la salud de todos, y al precio de la muerte para cientos de miles.
Perdida la guerra contra Estados Unidos, bajo la guía de Lucas Alamán se empezó a construir formalmente el Partido Conservador. Los conservadores pedían un gobierno fuerte y, ante la revolución francesa de 1848, declaraban que la democracia estaba claramente desacreditada incluso en las naciones más civilizadas del mundo, en favor del otro principio que no se llama conservador, sino porque guarda y lleva consigo los elementos de vida y bienestar de las sociedades.

El confinamiento, impuesto con la fuerza de una ley por numerosos gobiernos en el planeta, tiene por objeto proteger a las poblaciones contra el riesgo de ser contaminadas por la temible pandemia de Covid-19 esparcida por el nuevo coronavirus. La ley impone a todos la dura restricción de confinarse en su casa. Los organizadores de esta medida de prudencia habrían podido preparar el público y convencerlo de las ventajas y bondades del encierro aludiendo al célebre pensamiento del matemático filósofo Blaise Pascal, según el cual toda la desgracia de los hombres viene de una sola cosa: la de no saber demorar en reposo, en una recámara. Así, la ley, en lugar de sufrirse como una penosa coerción impuesta a los desdichados ciudadanos, habría podido ser presentada, con la ayuda del filósofo, como un favor reservado a los dichosos elegidos al confinamiento. Estos privilegiados ignoran su buena suerte. Corren en todos sentidos con la esperanza de encontrar una ocasión que les proporcione una razón de vivir, y esta agitación es la fuente de los males de estos insensatos.

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