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6/26/2014

Pasión y negocios del fútbol



Alainet
La indiferencia que era la gran pasión colectiva, ha sido desplazada por la pasión misma como un sentimiento de entusiasmo profundo por lo que se siente con toda intensidad. El llamado sujeto de mercado, se pone a prueba para consumir, olvidar, soñar, entrar en éxtasis. Esa pasión la produce el fútbol que según los indicadores del rating la vive hoy en todos los espacios cotidianos uno de cada cuatro humanos del planeta. No hay tiempo para largas conversaciones, complejos discursos, argumentos extensos, tampoco para el aburrimiento o la soledad, la pasión es el tiempo mismo, la emoción plena del presente inmediato.

El fútbol, ese juego simple de reglas matemáticas y sentido común del siglo anterior, que permitió conocer países olvidados y geopolíticas excluidas de las Naciones Unidas, pero a la vez saber los humildes orígenes de jugadores criados en barriadas populares que los empresarios compraban para hacer dinero, ha muerto. Ese fútbol dejó de existir, para dar paso al juego complejo, de empresarios que se enriquecen y pueblos enteros que viven la pasión o lo padecen. Hoy el fútbol es una mercancía, creada, calculada, una mezcla de capital trasnacional e identidades colectivas que producen ganancias, es una vía del despojo por otros medios.Africanos, europeos, asiáticos, australianos y latinos, igualados por un instante, pintados o disfrazados no reparan en el color de la piel o el lenguaje. Los une la pasión, los separa la bandera a la que siguen. 

En el estadio ocurren cosas impensables en la política. Un país escondido en el mapamundi como Ghana que hace sufrir a la invencible Alemania, que a la vez tiene bajo control a Grecia entera hipotecada por el Bundesbank y ahora es derrotada por Colombia. 

Costa Rica que saca del camino a Italia, el mismo día que el papa Francisco de Argentina excomulga a la mafia calabresa. 

España la mejor de Europa destronada por Chile al tiempo que abdicaba el rey. La pequeña Uruguay antiimperialista derrotando a la temible Inglaterra victoriosa en la guerra de las Malvinas

.Los estadios y las pantallas son por estos días un Vaticano, una Meca, un Wall Street, en síntesis un centro de pasiones y negocios donde se combinan jugadas que alegran a unos y enriquecen a otros. 

Los estadios son en sí mismos una bienal de arquitectura, escenarios imponentes, con alta tecnología, vigilados y controlados, a los que asisten entre 50 o 70 mil personas pagando cientos de dólares por una entrada. 

Son zonas de distensión real y simbólica del poder en la que gracias a la masa sin forma se puede -como solo puede ocurrir allí- expresar afectos y entusiasmo por Irán o Argelia, sin el temor a ser asesinados por drones o espías americanos. Los estadios adelantan tiempos, el de Manaos –Arena Amazonia- es el primero construido en mitad de la selva más espesa y rica del mundo, apetecida por financistas y mafiosos y por ambos a la vez. El fútbol los traerá de vuelta a implantar bases y trasladar la muerte del desierto al verde amazónico, traen fútbol después guerra.Afuera de los estadios la política suma inconformidades con oportunismos. 

Las calles de Brasil muestran lecturas de la realidad: La del Partido de los Trabajadores que llegó al poder con Lula y tiene al país como sexta potencia económica del mundo y cuya presidenta podrá ser reelegida en octubre; la socialdemocracia que quiere el poder y aúpa un no al mundial acusando cuantiosas inversiones que alientan movilizaciones con disturbios; los socialistas que apoyaron al PT que buscan ser gobierno pero no quieren disturbios, su consigna es si al mundial pero no a la FIFA. El gobierno del PT afirma que invirtió en educación 236 veces más que en estadios y que esperan recibir ingresos por 8 veces más de lo invertido. 

La mercancía fútbol la vende la FIFA convertida en un poderoso para-estado privado que cogobierna al mundo. Coca cola, McDonald y otras trasnacionales a su alcance, controlan el mercado informal que por necesidad habían creado los necesitados y que ellas consideraban despreciable y perseguían. En todo caso nada de este debate y enfrentamiento detiene la pasión ni el consumo.

Por fuera de Brasil, en miles de ciudades del mundo el fútbol llena plazas, como lo hace el Papa cada domingo para anunciar milagros y beatos. La pasión del fútbol también saca milagros de los pies de los jugadores, gente que dice alentarse, amores que se sellan o se rompen, soldados que desertan de sus filas, enfermos que caminan, maldiciones que se van. Las pantallas públicas complacen a funcionarios de jornada continua, taxistas, vendedores informales, profesionales, desempleados, universitarios, colegiales, turistas, vagabundos y transeúntes de todas las nacionalidades. Por suerte o desgracia la mejor manera de pasar la vida para cientos de millones es dejarse llevar por la multitud alegre y ruidosa que grita, que delira. 

La pasión se preparó, se adecuaron lugares, bares, tiendas, calles, plazas, salas. Se acomodaron horarios, vestuarios, comidas. La pantalla traslada modos de vida, costumbres y necesidades de una clase social a otra al ritmo de una globalización que se muestra natural, seductora. Todo lo imaginable ocurre gracias a un juego de pelota que mueve pasiones para acumular millones.Como en un mercado de bienes los jugadores tienen precios que suben y bajan en un parpadeo, en una patada. Messi llegó costando 137 millones de euros, Cristiano Ronaldo 105 y Neymar 87. En una hora ganan lo que cuesta un plan de sanidad para millones de enfermos o miles de becas  para estudiantes universitarios. Los resultados hablan por países y geopolíticas, llevan supersticiones, producen afectos y rabias. 

Los racistas sufren los triunfos africanos, los homofóbicos los besos y cariños entre jugadores, los dueños sudan e infartan su jugador falla y  la bolsa se deprime, los gobernantes preparan alocuciones, los generales revisan estrategias para eliminar a sus contrarios en cambio de vencerlos. La pasión por el fútbol mercancía exalta un patriotismo que se traduce en ganancias para los financistas. 

Los pobres del mundo se divierten, festejan y al ritmo de solidaridades y pasión aceleran la fluidez del mercado en todos sus flancos aunque haya que vender un poco de sangre, un riñón o alquilar su cuarto para comprar un televisor. En Colombia para las mayorías la pasión es euforia, color, banderas, cantos, abrazos y gritos incontenibles. Otros pocos siguen la estética mafiosa y camorrera de la patria dividida por el régimen del odio, celebran con estridencia, a balazos y actuaciones de venganza e irrespeto contra el otro sea hincha o adversario, si el equipo gana celebran inclusive hasta matar o morir, si pierde también. Comentaristas irresponsables exaltan a esta especie vengativa con: somos verracos, únicos, invencibles, matadores, machos, los que no se humillan ni perdonan, los asesinos del balón… Viene ahora la pasión por la paz, la que no es mercancía ni negocio, trae con pueblo pero no trae milagros, odios, ni comentaristas.

6/12/2014

¿Existen vínculos entre el futbol y la política?


Por Jaime Porras Ferreyra
 @@porrasferreyra
ADNPolítico.com 


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Se respira futbol por todas partes. Los campeonatos de casi todos los países del mundo concluyeron hace apenas unos días y el Mundial de Brasil comienza hoy. Es un buen momento para reflexionar sobre los vínculos del deporte más practicado del orbe con la esfera política.

Resulta ya ingenuo describir al balompié como una simple disciplina deportiva; es también un espectáculo planetario, un negocio que genera enormes ganancias, una actividad con dimensiones sociales, simbólicas y culturales, al igual que un espacio de difusión de mensajes políticos de toda índole.

Durante décadas, fueron contados los momentos en los que los sociólogos y los politólogos se interesaron por el rostro político del futbol, seguramente influidos por la costumbre entre muchos intelectuales de mirar con menosprecio a este deporte, salvo contadas excepciones, como lo han sido los textos de Norbert Elías, Pierre Bourdieu y Eduardo Galeano en cuanto al tema. Sin embargo, desde hace algunos años han surgido por fortuna diversos análisis y estudios sobre la forma en que el balompié interactúa con la esfera política.

América Latina, al igual que las demás regiones del mundo, ha sido escenario de la instrumentalización del futbol con fines políticos por parte de gobiernos de todos los colores y en donde, además de los políticos, también han participado en dicho proceso jugadores, entrenadores, presidentes de equipos, autoridades federativas, aficionados y periodistas.

Organizar una Copa del mundo –o bien ganarla- puede representar en algunos casos una oportunidad para tratar de legitimar un régimen. Con el triunfo en el Estadio Azteca de Brasil en 1970, los militares en el poder sabían que podían respirar tranquilos unos años más: la victoria en las canchas de Pelé, Carlos Alberto y Rivelino aseguraba ensalzar el orgullo patrio y disminuir los ímpetus de cambio de muchos brasileños. En 1978, la junta militar argentina estaba consciente que la organización del mundial y el triunfo de su selección podían ser factores de importancia para mostrar al mundo un rostro del país distinto al de los campos de tortura, contando para ello con el apoyo total de la maquinaria periodística nacional.

También ser sede del Mundial ha sido en varias ocasiones la forma en que un país desea hacer público que sus avances económicos le han merecido supuestamente codearse con los poderosos, aunque la ciudadanía exprese en las gradas o en las calles una opinión muy distinta.

Basta sólo recordar los abucheos a Miguel de la Madrid durante la ceremonia inaugural del Mundial de 1986, debido a que los resentimientos hacia el gobierno por su incapacidad para actuar con eficacia en el terremoto de 1985 estaban aún muy frescos. Ahora, sólo basta seguir la actualidad brasileña para constatar que muchos ciudadanos de aquel país no han perdonado a la presidenta Dilma Rousseffel el despilfarro de recursos materiales y humanos.

El futbol es de igual manera un terreno donde los políticos buscan pescar votos o provocar una cortina de humo que sirva para disfrazar grandes problemas nacionales. Hace algunos meses Radamel Falcao, letal delantero colombiano, sufrió una lesión que ha entristecido a millones de sus compatriotas. El presidente Juan Manuel Santos no tuvo mejor idea que ir a visitarlo y desearle la mejor de las suertes, como si Colombia no tuviese problemas más urgentes que encarar. Eso sí, se aplaude la respuesta de Falcao: se deslindó públicamente de cualquier mensaje político.

En estas estrategias político-futboleras, en agosto de 2009 la presidenta argentina Cristina Fernández anunció públicamente la transmisión por cadena nacional de los partidos de primera división. ¿Se trató de un acto de justicia para asegurar el bienestar de los argentinos o la mandataria recurrió al futbol como válvula de escape ciudadana?

En una crónica magistral, el periodista polaco Ryszard Kapuscinski cuenta cómo el choque futbolístico entre Honduras y El Salvador fue utilizado como pretexto para que en 1969 se enfrentaran dichos países en un conflicto bélico debido a problemas agrarios y de inmigración ilegal. Y en estos esperpentos que manchan al balón, México no se salva: calendarios legislativos que coinciden con las actuaciones del equipo nacional y apapachos presidenciales a los guerreros aztecas.

Otro aspecto que permite constatar los nexos entre el balompié y la política es que varias personas ligadas estrechamente al mundo del futbol han querido y a veces logrado convertirse en políticos de tiempo completo, gracias al reconocimiento obtenido en la esfera deportiva. 

A pesar de sus millones en el banco, Mauricio Macri difícilmente hubiese conseguido el cargo de jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires sin sus años como presidente de Boca Juniors (son conocidas también sus relaciones con las barras más violentas del equipo y el uso político que ha hecho de las mismas); Romario es actualmente diputado federal por Río de Janeiro y no hace mucho el veracruzano Carlos Hermosillo tuvo su paso por la Comisión Nacional del Deporte.

Aunque también han existido futbolistas latinoamericanos sin ganas de vivir dentro del presupuesto, pero con la férrea voluntad de comprometerse políticamente: Sócrates, el genial jugador brasileño, nunca escondió sus simpatías hacia el retorno de la democracia en su país y encabezó un movimiento en su amado club Corinthians para democratizar la práctica deportiva. También es conocido el caso de Carlos Caszely, el futbolista chileno que nunca quiso bajar la cabeza ante Pinochet (las torturas sufridas por la madre de Caszely eran razón para no olvidar ni perdonar). 

Y a todo esto la FIFA, el máximo organismo mundial del futbol, no hace más que sumar polémicas por culpa de decisiones que tienen que ver directamente con la esfera política: designación de sedes bajo sospechas de corrupción, violaciones a las leyes laborales (jugadores sin control sobre su futuro, casos de tráfico de niños futbolistas), dueños de equipos con fortunas de dudosa procedencia (¿nada se aprendió de la experiencia de la liga colombiana con los barones del narcotráfico?), declaraciones de Joseph Blatter, presidente del organismo, en las que afirmaba que a veces no es una buena idea organizar eventos en países democráticos, entre otros casos más.

A partir del 12 de junio, nueve equipos latinoamericanos participarán en la máxima justa futbolística a nivel mundial. Conviene seguir de cerca los nexos que se puedan distinguir entre el futbol y la política en este evento.

El político francés Georges Clemenceau comentó alguna vez que la guerra es un asunto demasiado serio como para dejárselo a los militares. Del futbol probablemente los políticos puedan opinar algo parecido.

6/04/2014

No es lo mismo el “amor” al fútbol que fanatismo del mercado futbolero


Las farándulas de la FIFA

Rebelión/Universidad de la Filosofía

A las patadas con la realidad

Uno de los eventos más suntuosos, e innecesarios, es el “Campeonato Mundial de Fútbol” de la FIFA (Fédération Internationale de Football Association) que no sólo no representa al deporte del balompié mundial sino que es ostentación de mafias, de injusticias y de enajenación desde hace décadas. Cortina de humo anastésica. Además de mercantilismo, ilusionismo, explotación y consumismo desaforados, las autoridades del “Mundial” han hecho lujo de su connivencia política con lo peor de las dictaduras. Dicen algunas fuentes que el “Mundial” costará 14.000 millones de dólares [1] pero otras fuentes duplican (y más) esa cifra hasta sumar 38.000 millones. Veamos.

Junto a las millonadas obscenas que mueve antes, durante y después del torneo “Mundial”, la FIFA agita las peores banderas de los nacionalismos que recorren el planeta, ésta vez al servicio de los negociados más in-imaginados entre suvenires, ropa “deportiva”, boletos de avión y paquetes de hotelería y turismo. No faltan las exclusivas “periodísticas” ni los chismes del espectáculo futbolero. Mientras tanto el mundo arde.

El “Mundial” comenzará en Sao Paulo el 12 de junio de 2014 y terminará en Río de Janeiro el 13 de julio. Para FIFA es un negocio tan redondo como los balones con que comercian. Prevén ingresos en torno a 6 billones de dólares, eso incluye tickets, transmisiones televisivas y publicidad. Y, por eso, ya miran hacia el “mundial” de 2022, en Qatar: “Los mega estadios serán de seis estrellas, y los lujos de la ciudad harán que este evento sea el más caro de la historia con una inversión total de US$65.000 millones, según la consultora Merryll Lynch. Para que usted se haga una idea, en Sudáfrica 2010, se invirtieron 11.400 millones. Qatar 2022 contará con un total de 12 estadios; nueve de ellos nuevos y tres remodelados, todos con un especial aire acondicionado para combatir las altas temperaturas. El gasto total de esta inversión rondará los 4.000 millones de dólares.” [2]

¿Qué exhibe y qué esconde todo ese circo?

Ni todas las cifras, con lo odiosas que resultan, permiten ver los trasfondos del “Mundial” en el escenario del planeta durante el mes crucial en que se eclipsará la realidad para someternos a la hipnosis del balompié reducido a show mediático. Hay personas a las que todo pensamiento crítico sobre el negocio de las patadas le resulta insoportable. Reaccionan con ira y no pocos se sienten traicionados como si la FIFA, y su negocio, fuesen de su propiedad o como si se tratase de defender su integridad física o emocional. “Según se desprende del estudio   Annual Review of Football Finance, elaborado por la firma de servicios profesionales Deloitte, el fútbol se ha posicionado como la 17ª economía del mundo, por encima de naciones como Suiza, Bélgica y Taiwán y tendría un PIB de 500,000 mdd; como es de esperarse un mercado de dichas dimensiones no puede pasar desapercibido por las empresas y éstas se han encargado de convertirlo en uno de los negocios más fructíferos de la historia.” El problema es muy serio, especialmente cuando afloran los chovinismos, los nacionalismos irracionales, los racismos y las intolerancias de todo orden. Perecería que la ilusión de ser “campeones” es intocable. Pero la protesta ha comenzado en las entrañas mismas de uno de los países más “futboleros” del orbe y donde el “mundial” resulta ser absolutamente antipático cuando se mira la realidad económica de Brasil y el dispendio del negocio con el balompié.

Palabras especiales se merece la palabrería de los publicistas, y sus clientes jefes, que venden y compran todo tipo de discursos inflamados con exageraciones de mercado y capaces de inventar épicas extraterrestres a los pies de jugadores millonarios que se uniforman para correr tras la pelota y tras la “copa” mundial anhelada por las marcas “deportivas” más onerosas.

No es lo mismo el amor al futbol que fanatismo del mercado futbolero

Quienes disfrutamos del futbol asociación, sin necesidad de alharacas ni prepotencias, sabemos que en las parafernalias del fanatismo se aposentan núcleos mercantiles histéricos que son funcionales a la lógica demencial del capitalismo empeñado en aniquilar el derecho social a la crítica y la más elemental obligación de la autocrítica. “…cerca del 4% de la población mundial, es decir, 270 millones de personas participan activamente en este deporte, dentro de los que destacan 240 millones de jugadores en los 1.5 millones de equipos afiliados a la FIFA”ñ [3] He ahí un asunto de importancia sin exagerar. Hay hambre en el mundo, hay analfabetismo, hay guerras, invasiones y espionajes. Hay injusticias, hay discriminación, machismo y alcoholismo. Tenemos amenazas de barbarie bélica, de irracionalidad politiquera, de corrupción, de fraudes y de esclavitud. El capitalismo lo pudre todo lo que toca, directa e indirectamente. Las máquinas de guerra ideológica que el capitalismo llama “medios de comunicación” usan todo lo que pueden para enajenarnos, domesticarnos en el consumismo y hacernos obedientes y mansos, agradecidos de que nos engañen. Y una de su prendas más queridas es la de su fútbol espectáculo y farándula. Nada de esto implica no ver los partidos, todo esto implica verlos críticamente y con dosis generosas de autocrítica. Que nadie, con sus marcas o sus televisoras, nos usurpe el relato de la realidad aunque compren “mundiales” y periodistas, para esconderla. Ya lo sabemos: Una parte de la burguesía teaparty usará el “Mundial de Fútbol” como cortina de humo anestésica para perpetrar latrocinios económico-políticos. Lo veremos en la tele.

Notas