8/20/2010

El comandante
Luis Javier Garrido

El artículo en dos partes de Fidel Castro sobre México ha generado en este final del verano de 2010 un escándalo político singular por la violenta reacción del gobierno de Felipe Calderón, que ahora él mismo está buscando acallar por temor ante el impacto de este texto, buscando distraer a los mexicanos con una fuerte campaña mediática sobre asuntos de poca importancia y atemorizarlos con la permanente amenaza de mantener al Ejército en las calles e intensificar la violencia en lo que resta del sexenio.

1. El primer aspecto fundamental derivado de este nuevo escándalo está ahí frente a todos y no puede ocultarse, y es que se han puesto de nuevo en evidencia las gravísimas consecuencias que tuvo para los pueblos de México y del continente el fraude electoral que impuso en 2006 a un gobierno espurio de la ultraderecha trasnacional en nuestro país, recordándose de esta manera el hecho de que México no puede seguir siendo el patio trasero de Canadá y de Estados Unidos, y de que debe seguir buscando como en el pasado un destino propio porque es parte fundamental de América Latina.

2. Los dos textos del comandante aparecen en un contexto latinoamericano y mundial que no puede desconocerse por la derechización galopante que se está produciendo en Europa y en Estados Unidos al hacer agua cada vez más el modelo del capitalismo neoliberal. Mientras en Estados Unidos se halla en picada el gobierno de Barack Obama, cuyas políticas reales son cada vez más derechistas por mucho que éste busque encubrirlas con un discurso de corte social, y el repudio orquestado por el Tea Party y la ultraderecha cobra una fuerza inaudita, aquí en México Felipe Calderón busca conformar una alianza con los gobiernos ultraderechistas de Honduras y de Colombia.

3. El largo artículo de Fidel generó un escándalo en el país por el hecho de que asienta en éste que en las elecciones de 2006 López Obrador ganó la mayoría de los votos frente al candidato del PAN, y porque muchas de sus afirmaciones las sustenta en las declaraciones ante la justicia cubana de Carlos Ahumada –cómplice de Fox, Salinas y Diego en la campaña contra López Obrador y en el fraude de 2006– y fue interpretado por lo mismo de manera simplista como una ruptura suya con el gobierno panista, pero muy pocos se percataron por los fragmentos de éste que fueron publicados de que constituye una reflexión sobre el papel y el destino de México, que sitúan a nuestro país en su dimensión latinoamericana.

4. El artículo, titulado El gigante de las siete leguas, apareció en Cubadebate en las ya famosas Reflexiones del compañero Fidel los días 12 y 13 de agosto –y fue reproducido en las mismas fechas por Granma Internacional– pero no fue publicado íntegramente por ningún medio de nuestro país, por lo que el pueblo mexicano no ha tenido la posibilidad de conocer más que algunos de sus aspectos centrales a través de las citas de diversos diarios, a pesar de que entraña una serie de reflexiones fundamentales sobre el contexto político mexicano y latinoamericano derivado del fraude electoral de 2006: un fraude que no fue contra López Obrador sino contra el pueblo mexicano.

5. El desmantelamiento de la nación mexicana por un grupo de políticos y empresarios sin escrúpulos constituye un caso único en América Latina y así lo reconoce Fidel Castro. Luego de recordar cómo llegó a sus manos el 7 de agosto el libro de Andrés Manuel La mafia que se adueñó de México… y el 2012, asienta: “Yo conocía, como otros dirigentes políticos, cómo Washington había elaborado las ideas del ‘neoliberalismo’ que vendió a los países de América Latina y el resto de los países del Tercer Mundo como la quintaesencia de la democracia política y el desarrollo económico, pero nunca tuve una idea tan nítida de la forma con que el imperio utilizaba esa doctrina para destrozar y devorar las riquezas de un importantísimo país, rico en recursos naturales y hogar de un pueblo heroico que tuvo cultura propia desde antes de la era precristiana hace más de 2 mil años”.

6. Las largas citas que hace de este libro que tanto ha impactado a decenas de miles de lectores las cierra el comandante con una afirmación que no sorprende. López Obrador, dice, será la persona de más autoridad moral y política de México cuando el sistema se derrumbe y, con él, su imperio.

7. La segunda parte del artículo fue la que generó, sin embargo, un encono desmedido en Los Pinos, pues en ella Fidel señala con enorme rigor cómo el gobierno cubano pudo tener toda la información sobre el fraude electoral de 2006, en buena medida por la deposición de Ahumada, quien brindó con lujo de detalles las evidencias del complot urdido por Vicente Fox, Carlos Salinas de Gortari y Diego Fernández de Cevallos para lograr que esa mafia de seudoempresarios y políticos que han encabezado pudiera preservar sus privilegios a costa de los derechos del pueblo mexicano y seguir desmantelando así a la nación en beneficio propio.

8. Los artículos de Fidel, quien en el primero de ellos reitera no conocer a López Obrador, fueron agradecidos por éste desde Tabasco el propio jueves 12, pero generaron al día siguiente un violento comunicado de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), que no hizo más que poner en evidencia el estado colérico de quien lo ordenó y que, anteponiendo una vez más sus intereses personales a los de la nación, y evidenciando de tal manera el deplorable nivel en el que se halla la diplomacia mexicana, lanza una serie de invectivas a Cuba. Al tratar de refutar el texto la SRE señala entre otras cosas que Fidel pretende nada menos que descalificar a las instituciones del país, olvidándose de que ningún gobierno ha deteriorado la vida institucional de México como el de Felipe Calderón, quien hizo de las instituciones de la República el botín de un grupo y las ha desprestigiado como nunca antes en nuestra historia.

9. Mucho más patética que la respuesta del gobierno ha sido la de Vicente Fox, quien en un comunicado emitido desde su rancho de San Francisco del Rincón pretendió absurdamente el martes 17 no haber orquestado él ningún complot contra López Obrador ni organizado el fraude de 2006 para imponer en la silla presidencial a quien ahora lo ha traicionado al más puro estilo priísta, a pesar de las evidencias que lo señalan como uno de los mayores delincuentes electorales del continente.

10. Los pueblos de América Latina se hallan inmersos en un proceso irreversible de transformación, del que da cuenta hasta el Foro de Sao Paulo, antaño espacio de los intereses conservadores, que el miércoles 18 acordó que es urgente frenar el avance de la derecha. México no puede ya seguir en esta situación de desastre al que la derecha lo ha llevado, por lo que la responsabilidad de todos para revertir esta situación es cada vez mayor, y ese es, al menos, sin habérselo propuesto, un mérito más del articulista más leído del continente.

El avispero

Jorge Camil

El 10 de agosto pasado La Jornada publicó un cartón de Hernández en el que aparece Felipe Calderón con indumentaria de quienes se dedican a la apicultura: sombrero con red protectora y guantes que cubren manos y brazos. Calderón acaba de propinarle un garrotazo al panal que cuelga de un árbol, y una nube de abejas persigue encarnizadamente a un pobre remendado que se da a la fuga. Esta también es tu guerra, le grita Calderón, a la vez que le pregunta: ¿y ahora qué vas a hacer? ¿Mi guerra?, se preguntan cada día más sectores de la sociedad civil frente al cambio de estrategia presidencial con miras electorales (ya no es guerra, sino lucha; dejó de ser contra el narcotráfico, y se convirtió en un esfuerzo para recuperar la seguridad de las familias mexicanas).

Primero con sorpresa, y después con indignación, la sociedad contesta con el tono de quien recibe una acusación inmerecida e increpa al interlocutor: ¿ahora resulta que la guerra contra el crimen organizado es mi guerra? Porque eso es precisamente lo que el mandatario insinuó en los Diálogos por la seguridad. Tenemos una delincuencia organizada y una sociedad desorganizada, acusó de mala gana el Presidente. Según Proceso (no. 1762), manoteó en la mesa y exigió con impaciencia información confidencial, secreta (no olvidemos que el sitio estaba lleno de religiosos, obligados a llevar el secreto de confesión a la tumba). Después, martillando el inicio de cada pregunta con la frase a mí sí me interesa saber, exigió que la sociedad civil le informe quiénes son los que cobran las cuotas, dónde se reúnen, cómo actúan, quiénes los cobijan y se coluden con ellos. Pidió además los nombres de ministerios públicos, jueces, policías, alcaldes y gobernadores involucrados con el crimen organizado.

“Sí me interesa saber –concluyó insistente Calderón– y la sociedad sé que lo sabe…” ¡Menuda tarea nos deja! Porque hoy, además de temblar frente a la inseguridad y de estar a merced de la violencia, además de recoger cada día más cadáveres de militares, daños colaterales y sicarios, junto con pedazos del territorio nacional; además de vivir en estados y municipios que han dejado de ser parte de la República Mexicana, el mandatario nos exige convertirnos en espías y delatores del vecino.

Héroes también –¿por qué no?– dispuestos a morir para proporcionarle los nombres de quienes cobran cuotas e impuestos en nombre de los cárteles. No tendremos un segundo de respiro ni un minuto de sueño. Debemos convertirnos en el Estado policía que imaginó George Orwell: “Big brother is watching”.

Graves acusaciones las de Felipe Calderón. Asume que gobierna un país de cómplices, en el que detrás de cada puerta hay alguien coludido con el crimen organizado. Insinúa, además, que somos un país corrupto hasta la médula. Una sociedad que pide, recibe y condona el soborno.

El Presidente exigió lo que sería para algunos el sacrificio supremo: dar la vida, violar los votos religiosos, comprometer la paz familiar y la viabilidad de empresas y negocios para ayudarlo a combatir al crimen organizado. Se presentó como héroe incomprendido que lleva a cuestas el peso de la República, mientras los demás, quitados de la pena, compramos y vendemos en efectivo joyas, automóviles, casas y terrenos para contribuir al lavado de dinero; contribuimos sumisos con las cuotas impuestas por el crimen organizado. Insinuó que nos hacemos de la vista gorda frente a la comisión del delito: “la sociedad sé que lo sabe…”

¿Cómo van a cumplir los sacerdotes con la exigencia presidencial? ¿Obtendrán de sus obispos dispensas para denunciar a quienes en forma inverosímil confiesen crímenes y laven pecados con donaciones multimillonarias? (por lo pronto Onésimo Cepeda, obispo político de Ecatepec, acusado él mismo de lavado de dinero, se ofreció obsecuente a excomulgar en forma indiscriminada a capos y sicarios). ¿Es realista esperar que secretarias, actuarios y amanuenses en juzgados y notarías se conviertan de la noche a la mañana en delatores de sus patrones?

El momento de la convocatoria presidencial, y el aparente cambio de marcha, son igualmente preocupantes: ¿debemos atribuirlos a la próxima elección presidencial, o constituyen un verdadero SOS al final del sexenio? (antaño se recomendaba a los radiotelegrafistas recordar las siglas de esta conocida llamada de auxilio como acrónimo de “save our ship” (salven nuestro barco). ¿Acaso reconoce Calderón que se está hundiendo la nave de la República? ¿En un momento así deberíamos hablar del bicentenario?

Francisco Rojas, coordinador de los diputados priístas, se preguntó sorprendido (El Universal, 10/08/10: ¿“ahora (…) después de 28 mil muertos (…) se convoca a la sociedad para que aporte ideas y se haga corresponsable de una decisión que se tomó a solas?” Para Jorge G. Castañeda y Rubén Aguilar (El narco, la guerra fallida) esa decisión fue siempre política: lograr la legitimación supuestamente perdida en las urnas y los plantones, a través de la guerra en plantíos, calles y carreteras, ahora pobladas por mexicanos uniformados.

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