5/13/2013

El “tesoro” en aguas profundas…sólo una ilusión…y riesgosa


 


Supremus 1Sobrevendido en la administración de Felipe Calderón como el nuevo “tesoro del mar”, el proyecto de Pemex para extraer hidrocarburos en aguas profundas no ha arrojado un solo barril de petróleo, ha beneficiado a un puñado de empresas que cobran medio millón de dólares diarios a la paraestatal tan sólo por la renta de las plataformas y existe poca claridad frente a las medidas de seguridad y mitigación de riesgos que la paraestatal debe adoptar.

La exploración en aguas profundas de Pemex ha resultado “más cara, más riesgosa y menos transparente”, concluye un informe de 71 cuartillas, elaborado por la organización ambientalista Greenpeace para investigar posibles derrames y medidas de seguridad adoptadas por la Secretaría de Energía, la Comisión Nacional de Hidrocarburos y Pemex.

El informe, cuya copia obtuvo Proceso, se centra en la revisión documental de las licitaciones, los trabajos de perforación y la consulta por la vía de acceso a la información pública de medidas adoptadas por estas tres dependencias responsables en los casos de los pozos Kunah-1, cuya perforación para fines de “evaluación” inició en diciembre de 2011,  y de Trion-1 y Supremus-1, cuyos trabajos iniciaron a mediados de 2012.

A un año y seis meses de haber invertido más de 1 mil millones de dólares para la perforación de la región del Golfo de México profundo, Pemex no ha extraído un solo barril de crudo, pero gastará 2,190 millones de dólares hasta 2015. Estos recursos “son 3.19 veces mayores a los destinados a impulsar la transición energética” en México, destaca Greenpeace.

Tan sólo en el caso del pozo Trion-1, el analista Luis Miguel Labardini, citado por Greenpeace, advierte que haría falta “una inversión de entre 3 mil y 5 mil millones de dólares durante diez años para recuperación de entre 100 y 150 millones de barriles de crudo”.

Pemex recibe un presupuesto anual de 20 mil millones de dólares, de los cuales, 1 mil millones fueron destinados para actividades de exploración en aguas profundas durante 2012. Adicionalmente, cada pozo perforado requiere 150 millones de dólares. “Y la probabilidad de que resulte productor es de 1 de cada 10”, sentenció Labardini.

El despilfarro de Pemex en aguas profundas también ha sido criticado por el Grupo de Ingenieros Petroleros Constitución 1917. Su presidente Francisco Garaicochea, advierte que tan sólo el pozo Supremus 1, después de 20 años, tendría un promedio diario de explotación de 13 mil barriles, “lo que no es significativo contra los 2.5 millones de barriles que se producen al día y la meta es llegar a 3.3 millones de barriles diarios”.

Además, advierte Garaicochea citado por Greenpeace, “se puede concluir que la rentabilidad de la explotación de nuestras aguas profundas del  Golfo de México será negativa, por las siguientes razones: el costo de los servicios que las compañías le proporcionan a Pemex por actividades de exploración, perforación y estimulación de pozos es del orden de 30 por ciento mayor que los establecidos en el sector estadounidense”.
En realidad, las grandes beneficiarias con el “tesoro” no encontrado son un puñado de grandes compañías contratadas por Pemex para la exploración de aguas profundas: Ocean Voyager (frente a las costas de Coatzacoalcos), Noble Max Smith (frente a las costas de Tabasco), Sea Dragon, Petro Rig III, de la empresa británica Larsen Oil & Gas, y las plataformas Centenario y Bicentenario, ambas de Grupo R, frente a las costas de Tamaulipas.

Casi mil millones para Grupo R

De acuerdo con la documentación obtenida por Greenpeace, uno de los grandes beneficiarios en la exploración de petróleo en aguas profundas es la compañía Grupo R, propiedad del empresario tamaulipeco Ramiro Garza Cantú, señalado como uno de los contratistas consentidos de Pemex, desde la época de Joaquín Hernández Galicia, La Quina (ver Proceso Nos. 1314, 739 y 727).

Garza Cantú, considerado por la prensa tamaulipeca como “el dueño de medio Reynosa”, amigo del ex mandatario Felipe Calderón, y acusado en distintas ocasiones por tener “arreglos poco claros” con los funcionarios de Pemex Exploración y Producción (PEP), recibirá casi mil millones de dólares tan sólo por la renta de su plataforma.

La exploración del pozo Trión-1, ubicado a 177 kilómetros de la costa de Tamaulipas,  le correspondió a la plataforma Bicentenario, de  Garza Cantú, propietario de Grupo R Perforación Marina, Grupo R Exploración Marina y de Industrial Perforadora de Campeche (IPC) .

Una copia de la relación de conceptos y precios unitarios que deberán pagarse en esta zona establece que por “renta diaria de la plataforma semisumergible o barco perforador, incluyendo su mantenimiento integral y cuadrillas de operación” Pemex deberá pagar 495 mil dólares durante 1,825 días. Es decir, un total de 903 millones 375 mil dólares tan sólo por la renta de la plataforma.

En el caso del segundo pozo de exploración en aguas profundas, el Supremus-1, se le adjudicó a la plataforma West Pegasus de la empresa noruega Seadrill, a costos muy similares.

El tercer caso es del pozo Kunah-1 que inició su perforación el 16 de diciembre de 2011 con fines de “evaluación del potencial petrolero”, pero se retrasó conforme a lo establecido en el reporte de actividad explotaría de la Comisión Nacional de Hidrocarburo.

La documentación obtenida por Greenpace establece que el retraso en el inicio de la perforación de este pozo “es que el pozo Nen-1 se encontraba en etapa de terminación, este momento”. Es el último pozo que ocupaba la plataforma Centenario, también propiedad de Grupo R, de Garza Cantú. El mismo consorcio empresarial salió beneficiado porque la misma plataforma fue utilizada para la perforación del pozo Kunah-1.
Las compañías de Garza Cantú están acostumbradas a facturar miles de millones de pesos a favor de Pemex. Tan sólo entre 2003 y 2012, la empresa Industria Perforadora de Campeche (IPC), filial de Grupo R, facturó 18 mil 257 millones de pesos a Pemex Exploración y Producción (PEP).



El “tesoro” en aguas profundas…sólo una ilusión…y riesgosa (Segunda Parte)

Escrito por  

reportaje publicado originalmente en Proceso No. 1906. 

Los Escenarios de Riesgo
El accidente más grave en aguas profundas ocurrió el 20 de abril de 2010, cuando explotó la plataforma petrolera Deepwater Horizon, de la empresa British Petroleum (BP), en las aguas del Golfo de México. Foto: AP. Fuente: jornada.unam.mx
El accidente más grave en aguas profundas ocurrió el 20 de abril de 2010, cuando explotó la plataforma petrolera Deepwater Horizon, de la empresa British Petroleum (BP), en las aguas del Golfo de México. Foto: AP. Fuente: jornada.unam.mx

En distintas solicitudes de información, Greenpeace preguntó a la Comisión Nacional de Hidrocarburos sobre los distintos escenarios de riesgo en los tres pozos analizados.

En el caso de Kunah-1 se encontraron 65 escenarios de riesgos clasificados así: 3 como “riesgos intolerables”, 21 “riesgos indeseables” y 41 “riesgos razonablemente aceptables”; a los que, a su vez, corresponden 65 recomendaciones.

“Lamentablemente, los planes de mitigación para atender a dichas recomendaciones, de acuerdo con el Reporte Anual, se muestran en un anexo que no nos fue entregado”, advierte Greenpeace.

Sin embargo, también hallaron que Pemex Exploración y Producción (PEP) subcontrató a la empresa GL Noble Denton para el análisis y el costo de los “peores escenarios previstos”. A la organización ambientalista le entregaron quince páginas de un total de 34, la mayoría testados. El costo del peor escenario sería de 1 mil 370 millones de dólares, en el caso de un derrame en el océano.

En los casos de los pozos Trión-1 y Supremus-1, la Comisión Nacional de Hidrocarburos (CNH) emitió opiniones favorables, pero con condicionantes a Pemex, relacionadas con la capacidad organizativa, material y de logística de la paraestatal.

Por ejemplo, en el caso de Trión-1, la CNH recomendó que Pemex “debe realizar las acciones necesarias para optimizar los recursos logísticos, con el fin de reducir los tiempos de respuesta a las solicitudes de apoyo de la plataforma que realizará los trabajos de perforación”.

Pemex expresó que “se están realizando adecuaciones en el puerto de Matamoros para que pueda darse un mayor soporte a las actividades de perforación de pozos en aguas profundas en esa zona”.

Según la CNH, Pemex “debe realizar dichas adecuaciones en el menor tiempo posible, e informar del avance y terminación de las mismas a este órgano desconcentrado”.

En relación con la preparación de una eventual contingencia o siniestro, la CNH recomendó que Pemex “debe desarrollar protocolos específicos en donde se describa paso a paso, los equipos, materiales y las acciones concretas que ese organismo descentralizado y la empresa Wild Well Control (WWC) realizarán. Lo anterior, con el objeto de garantizar una correcta y pronta respuesta en caso de que suceda una contingencia o siniestro”.
El dictamen de la CNH en el caso del pozo Supremus-1 es más duro. En materia de normatividad técnica y puntos críticos, la Comisión estableció que Pemex “no documentó a satisfacción algunas consideraciones técnicas relacionadas con las presiones esperadas por la posible presencia de gas e hidratos de metano o de un probable flujo de hidrocarburos en la parte somera, durante la perforación del pozo piloto”.

La CNH consideró en su resolución que “el diseño de la perforación de dicho pozo no considera previsiones de tipo mecánico, que en determinado momento ayuden a mantener el control del pozo si se llegaran a presentar presiones superiores a las que se pretende controlar con el fluido de perforación programado”.

“Dicha preocupación –abunda la Comisión- es motivada entre otras, por la existencia de numerosas fallas geológicas presentes en el área y que deben ser consideradas por su potencial para crear porosidad secundaria, que pudiera, a su vez, ocasionar una pérdida de circulación mientras se perfora y en consecuencia, una ruta para la migración de hidrocarburos”.

La CNH recomienda que la Secretaría de Energía “debe valorar el establecimiento de mecanismos de monitoreo más estrictos del desarrollo de la perforación del pozo piloto”.

A partir de estas consideraciones, Greenpeace consideró que “sí hay posibilidades de derrames” en los trabajos de exploración en aguas profundas realizados por Pemex y sus subcontratistas.

La sombra del accidente de British Petroleum

El accidente más grave en aguas profundas ocurrió el 20 de abril de 2010, cuando explotó la plataforma petrolera Deepwater Horizon, de la empresa British Petroleum (BP), en las aguas del Golfo de México. En sólo tres meses, se vertieron 4.9 millones de barriles al mar, cifra superior al accidente del pozo exploratorio Ixtoc, en la Sonda de Campeche, ocurrido en junio de 1979.

En septiembre de 2011, British Petroleum presentó su informe sobre el origen de la explosión y afirmó que no era por un error humano sino “por una confluencia de fallos”, cometidos por esta compañía y las otras dos empresas privadas: Transocean, propietaria de la plataforma Deepwater Horizon, y por Halliburton, constructora del pozo.

Hasta la fecha, se desconocen los impactos reales del crudo derramado, tanto en los ecosistemas como en la fauna marina del Golfo de México a largo plazo.

“Lo que la empresa sí reconoció fue la baja calidad de los materiales con los que estaba construido el pozo, evidenciando que la compañía ponderó las ganancias económicas, sobre la seguridad de la plataforma.
“La contingencia corroboró que ni el gobierno estadounidense ni el sector privado poseen la tecnología necesaria para explorar en las profundidades, y no cuentan con un plan para hacer frente a posibles emergencias” sentenció Greenpeace en su reporte “BP: una Amarga Experiencia”.


reportaje publicado originalmente en Proceso No. 1906.

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