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3/08/2025

Pronunciamiento del Grupo de Género de la Liga Mexicana por la defensa de los Drecehos Humanos GELIM en el Marco del 8 de marzo de 2025

 


Pronunciamiento del Grupo de Género de la Liga Mexicana por la defensa de los Drecehos Humanos GELIM en el Marco del 8 de marzo de 2025

Hoy, 8 de marzo de 2025, en el marco del Día Internacional de la Mujer, hacemos un llamado a todas las autoridades, organizaciones de la sociedad civil y, sobre todo, a la ciudadanía de México, a reconocer y actuar en defensa de los derechos de las mujeres, que siguen siendo sistemáticamente vulnerados en nuestro país.

En México, las mujeres continúan siendo víctimas de violencia de género, feminicidios, desigualdad salarial, y una falta de acceso a servicios de salud adecuados, educación y justicia. A pesar de los avances en legislación y políticas públicas, la implementación efectiva de estas medidas sigue siendo insuficiente y, en muchos casos, inexistente en las comunidades más marginadas.

Exigimos:

  1. Justicia para las víctimas de feminicidio y violencia de género: Los feminicidios deben ser tratados con la seriedad que requieren y no deben quedar impunes. Exigimos un sistema judicial que garantice justicia, transparencia y castigo a los responsables de estos crímenes atroces.

  2. Acceso a servicios de salud sexual y reproductiva: Es esencial que todas las mujeres, independientemente de su origen, clase social o ubicación, tengan acceso a servicios médicos de calidad y sin discriminación, especialmente en lo que respecta a la salud sexual y reproductiva, incluida la interrupción legal del embarazo.

  3. Desigualdad salarial y económica: Las mujeres en México siguen enfrentando brechas salariales significativas y barreras para acceder a puestos de toma de decisión. La igualdad de oportunidades y la erradicación de la violencia económica deben ser prioridades para las políticas laborales y fiscales.

  4. Erradicación de la violencia institucional: Las mujeres continúan enfrentando violencia en sus interacciones con el sistema judicial, la policía y otras instituciones del Estado. Este tipo de violencia debe ser combatido con medidas firmes de sensibilización, capacitación y sanción.

  5. Empoderamiento político y social: Las mujeres deben estar en espacios de toma de decisiones políticas y sociales, no solo como cifras de representación, sino como agentes de cambio real. Exigimos la participación plena de las mujeres en todos los ámbitos de la sociedad.

  6. Reparación integral de los derechos humanos de las mujeres: La reparación de los derechos humanos de las mujeres debe ser una prioridad. Esto implica no solo justicia, sino también medidas de restitución, compensación y garantías de no repetición.

Reiteramos nuestra solidaridad con todas las mujeres en México que luchan por su dignidad y por sus derechos, y nos unimos a las demandas de justicia, paz, y equidad. Hoy no solo conmemoramos, sino que seguimos luchando por un futuro libre de violencia, discriminación y desigualdad para todas las mujeres en México.

¡Las mujeres somos el presente, y la justicia es nuestro derecho!

Firma: GELIM

Grupo de Género de la Liga Mexicana por la Defensa de los Derechos Humanos 
México, 8 de marzo de 2025

3/08/2020

Día internacional de la mujer trabajadora ¡Las mujeres al frente de la lucha de clases!



Después de compartir y reflexionar sobre las distintas experiencias de lucha en nuestros centros de trabajo y sindicatos, en nuestras comunidades indígenas, en la escuela, en el hogar y en nuestra organización misma; en el marco del día internacional de la mujer trabajadora y ante un escenario de violencia de género permanente que ha tocado todas las esferas en las que nos desarrollamos; las militantes, colaboradoras y simpatizantes del Partido Comunista de México (PCdeM) reunidas en el Encuentro de Mujeres Trabajadoras y Sindicalistas, realizado el pasado 1 de marzo, declaramos lo siguiente:

Conmemoramos este 8 de marzo como día internacional de la mujer trabajadora, recordando las múltiples movilizaciones de mujeres que tuvieron lugar en Chicago y New York en 1908 para exigir igualdad de salarios y reducción de la jornada laboral. Lo conmemoramos atendido al llamado de la Segunda Reunión de Mujeres Socialistas que, en 1909, estableció la fecha como día internacional de la mujer trabajadora, recordando las movilizaciones mencionadas. Lo reivindicamos siguiendo a las comunistas mexicanas, quienes bajo el lema, “las mujeres al frente de la lucha proletaria” convocaron la conmemoración de esa fecha por primera vez en México en 1931. Conmemoramos el 8 de marzo, como un día combativo y como un recordatorio de la lucha de todas aquellas mujeres gracias a las cuales hoy tenemos mayores libertades y que nos han dado la pauta para seguir en el camino de nuestra emancipación.

Actualmente, en México y el mundo, asistimos a una nueva oleada de movilizaciones de mujeres de diferentes sectores. Manifestaciones que, en el caso de México, han ido creciendo y que podemos rastrear, desde hace varias décadas, con las denuncias de los feminicidios hechas por las madres de Ciudad Juárez, hasta las distintas protestas de jóvenes estudiantes y mujeres de diversos ámbitos para denunciar el acoso, los feminicidios y exigir el derecho al aborto legal y seguro. Estas protestas han puesto en primer plano la situación de violencia y la amenaza permanente bajo la que vivimos la mayoría de las mujeres en México.

Con movilización, las mujeres hemos evidenciado que el Estado es el principal cómplice y responsable de la violencia de la que somos víctimas al no garantizar el derecho a la justicia y la reparación de daño de las mujeres que denuncian violencia o de las familias que claman justicia ante el feminicidio. El Estado es cómplice, no sólo por las torpes declaraciones del presidente en turno que muestran indolencia, desconocimiento e ineptitud, sino porque durante décadas, ha mantenido, encubierto, justificado y solapado a policías y jueces corruptos en todos los niveles del sistema judicial que entorpecen e impiden el acceso a la justicia a las familias víctimas de feminicidio y, en algunos casos, han coadyuvado al feminicidio cuando no se otorgan las garantías suficientes a las mujeres que denuncian violencia, dejando libres a sus agresores, que finalmente terminan asesinándolas, aun después de haber recurrido a los aparatos de justicia para buscar protección.

Y en última instancia el Estado es autor de la violencia en contra de las mujeres, porque ejerce violencia de género de forma sistemática contra ellas, como política represiva; tal como la padecieron las mujeres de Atenco, como la sufrieron las maestras de la CNTE, como la han vivido durante décadas las mujeres campesinas e indígenas a manos del ejército y otros elementos represivos del Estado. Por todo lo anterior, señalamos al Estado como el principal responsable y cómplice de la violencia de género que nos aqueja y hacía éste dirigimos nuestras exigencias de justicia.

Como mujeres comunistas, sabemos que esta condición de violencia cotidiana es el síntoma más evidente de la opresión que ha padecido la mujer durante siglos y que es un elemento estructural de las sociedades organizadas en clases sociales y en la división sexual del trabajo. En este sentido, la violencia contra la mujer es sistemática, permanente y estructural, y la palpan día con día millones de mujeres que viven en la pobreza y que al buscar trabajo son arrojadas a la precariedad laboral.

Además de las niñas y niños, las mujeres, han sido las principales afectadas por la pérdida de derechos laborales, la agudización de la pobreza y desigualdad social, que trajo consigo la reestructuración económica que impuso políticas de flexibilidad laboral e incremento de la productividad. Pues en las últimas cuatro décadas, se han fortalecido las prácticas, normas y estereotipos que han marcado la realidad que enfrentan hoy las mujeres en México y toda América Latina; con una precaria situación laboral, en su concentración en ciertos sectores y ocupaciones (educación, salud, trabajo social y trabajo doméstico) -independientemente de su nivel educativo-, lo que ha desembocado en desigualdad salarial, trabajos sin derechos y marginación en el aprendizaje de nuevas tecnologías o de trabajos que requieren de mayor calificación.

Aunado a esto, se han concentrado, aún más, las labores domésticas como responsabilidad casi exclusiva de las mujeres; pues en el capitalismo, a la explotación de nuestra fuerza de trabajo, las mujeres debemos sumar nuestro confinamiento al trabajo reproductivo y la explotación que significa el trabajo doméstico obligado, como un sustrato básico sobre el que descansa la reproducción del capital y por eso mismo, fuente de una desigualdad estructural que no puede combatirse, de manera efectiva, sino desde una posición decididamente anticapitalista, que se pronuncie por la abolición de las clases sociales y la división sexual del trabajo.

Nuestra posición comunista es, en este sentido, una posición radical que busca poner fin a las condiciones de explotación, dominación, discriminación y violencia en que vivimos las mujeres en esta sociedad. Por ello, frente al panorama de insurgencia y creciente protesta feminista, suscribimos y nos unimos al llamado de las mujeres de diferentes sectores y generaciones, a continuar participando masivamente en las movilizaciones y actividades convocadas para el 8 y 9 de marzo y, posteriormente, a seguir impulsando y construyendo organización permanente. Como comunistas, creemos firmemente en mantener y reforzar la organización que las mujeres trabajadoras ya tenemos a través de nuestros sindicatos, impulsando programas y estatutos que no toleren la violencia de género, que pongan en primer plano las demandas que abonan al desarrollo en equidad de las mujeres y políticas que se sumen a las manifestaciones que exigen justicia ante el escenario de emergencia del país.

En nuestras comunidades, escuelas, barrios, etcétera; trabajaremos por crear organizaciones permanentes y más estructuradas, que puedan mantener la lucha por una educación libre de violencia de género y la igualdad efectiva de oportunidades para las mujeres. Además, asumimos como militantes comunistas, que nos mantendremos firmes en mantener una organización partidaria que no tolere la violencia de género en sus filas, como hasta ahora lo hemos hecho, a diferencia de quienes hipócritamente solapan agresores de mujeres e incluso, los encubren.

Como comunistas no dejaremos un solo espacio, público o privado, sin ser trastocado por nuestras demandas de género, que son también las demandas de nuestra clase, y por defender esta lucha frente a los grupos políticos conservadores, institucionales y sectores empresariales oportunistas que intentan capitalizar un movimiento que ha nacido precisamente en contra de todo lo que ellos representan y hacen.

Compañeras, no caigamos en falsas disyuntivas, nuestra lucha como mujeres no está separada de nuestras reivindicaciones clasistas; es ahora y a largo plazo, es por demandas inmediatas como:

– Trabajo estable, con igualdad salarial y prestaciones sociales

– Abolición de trabajo doméstico obligado

– Socialización de las labores domésticas a través de servicios públicos y gratuitos.

– Participación política plena y respeto a nuestras organizaciones

– Derecho a decidir sobre nuestra vida y nuestro cuerpo

– Poner fin a toda forma de violencia y acabar con los feminicidios

Y es también, una lucha estratégica por transformar radicalmente esta sociedad. Hace mucho que otras compañeras empezaron esta lucha, organicémonos, continuemos y fortalezcamos lo que nos toca hacer ahora a nosotras.

¡Contra toda forma de explotación, discriminación y violencia!

¡Las mujeres al frente de la lucha de clases!

¡Por la revolución y el futuro comunista!

¡Proletarios de todos los países, uníos!

Partido Comunista de México PCdeM

Día Internacional de la Mujer

9 de Marzo


Las manifestaciones públicas representan un ejercicio de participación democrática plenamente legítimo. Y este momento de la vida nacional nos demuestra que la humanidad no puede dar por hecho el futuro si las mujeres no lo encaran en las mismas condiciones y oportunidades.
Nuestra nación requiere que la seguridad e igualdad sustantiva de la mujer mexicana sea puesta por encima de todos los intereses públicos para generar un impacto institucional que brinde soluciones efectivas y que verdaderamente incidan en su pleno desarrollo. En este sentido, el Poder Judicial de la Ciudad de México reafirma su compromiso para garantizar el acceso a la justicia y proteger los derechos de las mujeres que acuden a nuestra institución, y así preservar un ambiente libre de violencia.
Es obligación esencial de toda autoridad proteger y garantizar los derechos humanos de todas las personas; en particular de las mujeres, niñas y grupos en condición de vulnerabilidad. Es así que, en el marco de sus facultades, y a efecto de responder cabalmente a las legítimas demandas de nuestro tiempo, el Poder Judicial capitalino redobla esfuerzos para velar por el respeto, promoción, protección y garantía de los derechos humanos. Por lo que:
–Garantiza el efectivo acceso a la justicia, certeza jurídica, igualdad y no discriminación, velando por el debi-do proceso que involucre a los grupos prioritarios; entre ellos, niñas, adolescentes, miembros de comunidades y pueblos indígenas, así como personas con alguna discapacidad sicosocial. Al efecto, durante 2019 se atendieron 96 solicitudes de mujeres que hablan alguna lengua indígena y 77 con alguna discapacidad sicosocial.
–Consolida la impartición de justicia con perspectiva de género, creando unidades especializadas en violencia familiar, feminicidio, delitos sexuales, trata de personas y lesiones.
–Promueve la capacitación, especialización y sensibilización de nuestros juzgadores en materia de violencia de género, mediante la implementación del Programa de Transversalización con Perspectiva de Género y Derechos Humanos, que ha formado a más de 2 mil 300 servidores públicos.
–Ampara a las mujeres que solicitan resguardo en sus juzgados mediante la promoción de medidas de protección con fundamento en el Código Nacional de Procedimientos Penales y la Ley de Acceso a las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, alcanzando en 2019 la implementación de 13 mil 163 medidas.
–Atiende las características, necesidades y circunstancias de las mujeres mediante un trato digno y humano; por lo que, al momento del otorgamiento o imposición de medidas cautelares como parte de un juicio, se considera si las mujeres se encuentran en estado de gravidez, lactancia o reciente alumbramiento. Actualmente se han dispuesto lactarios en cuatro distintas sedes, siendo la primera institución en poner este servicio a disposición de la ciudadanía.
–Cumple con los estándares de calidad que requiere la norma en materia de igualdad y no discriminación laboral, habiendo obtenido la certificación NMX-R-025-SCFI-2015 que reconoce, tanto al Tribunal Superior de Justicia como al Consejo de la Judicatura, ambos de la Ciudad de México, privilegiando la fuerza de trabajo femenina, misma que alcanza 54.8 por ciento de su personal.
El Poder Judicial de la Ciudad de México en nombre de su pleno de magistradas y magistrados, juezas y jueces, auxiliares administrativos y base trabajadora, refrenda su compromiso de implementar en su práctica diaria una perspectiva de género transversal: desde el desarrollo de sus controversias, hasta sus políticas laborales.
Aspiramos a ser un ejemplo de sensibilidad, compromiso y responsabilidad frente a todas las mujeres de nuestro país, propiciando un ambiente incluyente y no discriminatorio al servicio de la Ciudad de México.
* Magistrado Presidente del Poder Judicial de la Ciudad de México

3/23/2019

8M: Transformar el mundo


Mapa paro de mujeres, 8 marzo 2019 

Por tercer año consecutivo, el paro convocado para conmemorar el Día Internacional de las Mujeres ha hecho historia. Los mapas mostraban ya una buena parte del globo terrestre con el pin indicativo de lugares que plegaron a este llamado. Los términos hito, multitudinaria, masiva, se repitieron para aludir a las movilizaciones e iniciativas en Argentina, Chile, Uruguay, España, entre otros.

La expansión geográfica va junto con la proyección de los alcances estratégicos del feminismo: se trata de transformar el mundo, de impulsar un cambio radical del sistema hegemónico, de salir de un capitalismo depredador, de dejar atrás el orden patriarcal y toda forma de dominación, explotación y violencia. Una transformación urgente ante la que las mujeres han tomado la delantera, movidas por un compromiso con la vida que, de diversas formas pero de manera continua, han sostenido a lo largo de la historia. Construir condiciones materiales desde una lógica del cuidado de la vida, luchar por igualdad y justicia, están en la base de experiencias que convierten ya al feminismo en solución para un mundo en crisis.

Aunque con distintas magnitudes de movilización, no quedó país en América Latina y El Caribe fuera de esta corriente poderosa. Las denuncias sobre injusticias y desigualdades se conjugaron con la valoración propia de los aportes cruciales de las mujeres en el trabajo, la economía y en todos los ámbitos. Desde sus realidades y coyunturas concretas, en cada país se enfatizó en temas diversos, pero conectados a una interpelación integral al sistema.

El grito contra la violencia machista en todas sus expresiones sonó con fuerza, aglutinó nuevamente generaciones y lenguajes político culturales. Así también se alzaron las voces frente al retorno de un viejo enemigo, el ajuste neoliberal, con su nueva oleada de privatizaciones, concentración de la riqueza, empobrecimiento, desempleo, ataque a la producción y al bien común en favor de intereses corporativos. El ajuste es violencia, se dijo, y también compromete la democracia y la soberanía de nuestros países.

Reflejando estos alcances de movimiento y pensamiento, circuló en estos días la propuesta de ir hacia una Internacional Feminista. El manifiesto, suscrito entre otras por las destacadas Angela Davis y Nancy Fraser, subraya el protagonismo de las mujeres en las iniciativas más significativas de confrontación al sistema y al avance de la extrema derecha. Las mujeres están hoy al frente de estas luchas en el mundo, al tiempo que han desplegado campañas inéditas de denuncia a la violencia machista y de reivindicación de derechos sexuales y reproductivos. Es una fuerza que irradia desde el Sur global, es anticapitalista, antirracista y anticolonial. Convertir esa fuerza en algo más orgánico sería la propuesta

En este contexto, una expresión de la crisis del sistema y desafío para el movimiento feminista latinoamericano y global constituye la guerra híbrida que soporta Venezuela. Las mujeres atravesaron este 8 de marzo en medio de las graves dificultades generadas por el sabotaje eléctrico que sufrió el país. Este episodio, quizá el más crítico del ataque internacional contra la Revolución Bolivariana, implicó la total paralización del sistema de energía eléctrica, con consecuencias de similar alcance para el funcionamiento de servicios básicos como el de agua potable, transporte y salud.

Los términos hito y masivo se aplican, con connotaciones negativas, a semejante ataque a las condiciones básicas de vida de una población ya atormentada por el asedio constante contra el gobierno y el país, por la guerra económica. Como se viene denunciando de manera reiterada, las crecientes dificultades en la reproducción cotidiana de la vida suponen impactos críticos para las mujeres. En medio de esta emergencia, sus planes de movilización en este 8 M se vieron alterados, al tiempo que sus reclamos de paz y soberanía no pudieron irradiar hacia la esfera mundial en ese día como aspiraban.

La situación que se ha configurado en torno a la República Bolivariana de Venezuela condensa los grandes asuntos de la agenda feminista transformadora. Supone la acción directa de un poder imperial con rostros inocultablemente masculinos y blancos (Trump, Pompeo, Bolton, Rubio), la amenaza a la paz y el despliegue de estrategias militaristas de amplio espectro contra un pueblo. Evidencia el dominio de intereses corporativos del Norte por sobre la institucionalidad democrática y mecanismos internacionales acordados. Implica mecanismos colonialistas de despojo, a través del bloqueo financiero comercial y de la apropiación de depósitos y activos internacionales, así como los afanes de control del petróleo y las riquezas que alberga ese territorio.

Todo esto se traduce en un ataque directo a las condiciones de vida de un pueblo, a su autodeterminación, castigándolo por elegir y defender un proyecto de cambio. No queda fuera la distorsión y la invisibilidad del feminismo como parte de este proyecto. Anticipándose a la corriente actual, hace ya varios años el Presidente Hugo Chávez asumió que sin feminismo no puede haber verdaderas transformaciones; las iniciativas de política pública y de participación popular en ese sentido han sido pioneras.

La defensa y la construcción de la paz están en el origen mismo del movimiento feminista contemporáneo. La agresión intervencionista contra Venezuela, contra la vida de su pueblo, no sólo debería levantar solidaridad, sino una reacción de autodefensa. Es una causa que bien podría activar la primera iniciativa de la Internacional Feminista.

Magdalena León T., economista feminista ecuatoriana, integrante del GT Feminismos, resistencias y procesos emancipatorios de CLACSO.

https://www.alainet.org/es/articulo/198733

3/10/2018

La Ciudad se pinta de morado en el Día Internacional de la Mujer


Feministas exigen seguridad, una vida libre de violencias


“Vengo en primer lugar por el llamado que desde toda la historia hacen las mujeres, que aunque ya hayan muerto su voz ha trascendido. Esa voz yo la siento este día unida a la del presente. Tenemos ese llamado a tomar el lugar que nos corresponde en la historia, en la familia y en la sociedad porque México es hoy un mar de violencias contra nosotras”.
Así lo dijo Marta, una mujer de 56 años de edad, cuando se le preguntó por qué vino a marchar al Centro de la ciudad capital. Ella es defensora de la tierra en el Estado de México, y vino con otras mujeres de su comunidad para conmemorar el Día Internacional de la Mujer, como se hizo ayer en todo el mundo.
A Gloria, otra mujer de 30 años, la invitó su amiga Rosa, que trabaja en el hogar y marchó por sus derechos laborales. Diana, de 22 años, se preparó con sus amigas de la universidad. Laura, de 54, convocó a sus compañeras en las oficinas del gobierno capitalino. María trajo a sus vecinas, con quienes resuelve los problemas de la colonia. Fernanda vino con compañeras del colectivo en el que participa, y Rosario vino sola después del trabajo.
Así fue como llegaron mujeres de diferentes edades, ocupaciones y opiniones a esta gran marcha: un lienzo iridiscente sobre el que se pintó una amplia diversidad femenina.
A todas estas mujeres, más de 2 mil en total, las congregó aquí al menos cuatro cosas en las que coinciden: conmemorar a quienes lucharon antes que ellas, exigir la garantía de todos sus derechos, sacar del silencio las violencias que viven todos los días, y construir lazos entre ellas.
“Esto es una lucha muy larga e histórica, pero no era tan visible. Ahora se hace visible porque la violencia es exacerbada. Es increíble que en un país que se dice democrático y que pertenece a organismos internacionales haya 7 feminicidios al día, sería el colmo que no se saliéramos”, dijo Guadalupe, quien ya se jubiló de su trabajo.
Sahíra, estudiante de historia, coincide: “creo que esta lucha es de todas las mujeres. Vivimos en un sistema patriarcal y capitalista donde es muy clara la explotación de las amas de casa y de las trabajadoras con salarios con los que no pueden ni siquiera vivir. Esta marcha es para hacer ruido en la calle y hacer ver que hay que cambiar este sistema.  Este trabajo empezó hace varios siglos con diferentes mujeres. Ahora en los estados, en la periferia es donde más se tiene que hacer ruido.”
Ingrid y María, estudiantes jóvenes, consideran que “la conciencia que hay ahora sobre la violencia se debe a la sororidad como mujeres, ya que no sólo aprendimos a no quedarnos calladas, aprendimos a apoyarnos.
“Es una unión que se ha dado entre las mujeres que antes no habíamos podido conseguir, en este momento estamos reconstruyendo esas relaciones entre nosotras. Ya podemos ver un poco más hacia dónde es el camino”, comentaron.
María, ama de casa, también coincidió en este punto. “Nosotras hablamos de esto en el mercado, o en las juntas en las escuelas. Somos nosotras quienes nos estamos tendiendo la mano, y quienes ya no nos queremos quedar calladas.
LAS NUEVAS, LAS DE SIEMPRE
La marcha salió puntual del Ángel de la Independencia y con un conglomerado amplio. Al frente, como icono de lo que es este país en materia de violencia contra las mujeres, madres e hijas de víctimas de feminicidio marcharon en fila.
En medio estaba Norma Andrade, madre de Lilia Alejandra García, asesinada en 2001 en Ciudad Juárez, Chihuahua; Norma se volvió la activista de otras madres y sus pies andan en marcha infinita. A su lado caminó Consuelo Salas, madre de Victoria Pamela que fue asesinada apenas el año pasado; ella marcha ahora donde apenas nace el río.
Más tarde la vanguardia la ocupó el contingente de feministas jóvenes, dispuestas a no cederla a ninguno de los hombres. Sus paliacates en la cara, cuerpos pintados, bailes, y ropas negras llenaron de otros tonos la protesta.
Las consignas de cada contingente fueron espejos de la diversidad: “Hija, escucha, tu madre está en la lucha”, la consigna de las víctimas; “que tiemblen, que tiemblen los machistas que América Latina será toda feminista”, la consigna que siempre es vigente; “anticonceptivos para no abortar, aborto seguro para no morir”, la consigna necesaria; “verga violadora, a la licuadora” la consigna de autodefensa; y hubo otras de grupos más específicos: “pucha con pucha, lesbianas en la lucha”.
Ahí también estuvieron las cartulinas con plumón morado: “ya no tenemos miedo”, “tu aliado es el opresor de otras”, “nuestro cuerpo no es para tu consumo”, o “es mi derecho tener un parto respetado”, por decir algunos.
GOLPE DE REALIDAD
Esta marcha no fue tan robusta como la de España. Tampoco fue la de la mayoría de las mujeres, ni estuvieron ahí todas. México es distinto: en paralelo al gran Paro de mujeres en la ciudad, cientos estuvieron en Chiapas en el Encuentro de Mujeres que Luchan, que organizaron las mujeres zapatistas; y al mismo tiempo, las mujeres en los estados también salieron a las calles y organizaron otros encuentros.
México también es particular con más de la mitad de su población femenina en condición de pobreza extrema, o en condición de explotación en sus trabajos; más las que viven situaciones de violencia doméstica. Miles de mujeres que, aunque quisieran, no habrían podido participar en esta marcha o que ni siquiera se enteraron.
A las mujeres de México, la realidad las confronta en la cara: en pleno Zócalo, una mujer y su hijo adulto increpaban a las manifestantes por su protesta. “Lesbiana, “eres una lesbiana” “deberías estar luchando por algo que sí valga la pena” “eres una pinche naca”, les gritaba en la cara de las jóvenes la señora y su hijo.
Además, una periodista que estuvo en la marcha relató que tuvo que insistir a su jefatura de información para que se le permitiera cubrir este evento. Esto implicó más trabajo para el día siguiente.
En los contingentes mixtos, un hombre que se asumió “feminista” con pancarta y todo, comentaba a sus compañeras en tono de burla que no era gay, que no se confundieran.
Algunas mujeres que iban detrás en los contingentes de sindicatos se negaron a dar entrevistas y pedían que éstas se hicieran a los dirigentes de su gremio que sostenían la pancarta. Y al cierre de la marcha, en pleno mitin, otro contingente encabezado principalmente por hombres gritó consignas y anuló con su voz las palabras de las jóvenes que leían poesía.
Con esto a cuestas, las feministas llevan más de 18 años marchando en esta ciudad. La pancarta arriba, los gritos fuertes, los tambores certeros, y el señalamiento expreso. “Ni un paso atrás”, es la consigna que más se grita en una marcha donde año tras año las protagonistas cambian pero la exigencia general es la misma: “vamos todas juntas por nuestra libertad”.  

CIMACFoto: Aline Espinosa Gutierrez
Por: Angélica Jocelyn Soto Espinosa
Cimacnoticias | Ciudad de México.-

El Estado, en deuda con las víctimas: AI

Día Internacional de la Mujer

No se castiga a los agentes estatales por los ataques a mujeres ni se ha reparado el daño
Este sector padece feminicidios, desapariciones, acoso y violencia sexual


Colectivos feministas y sindicales, durante la manifestación conmemorativa del 8 de marzo, llamada Porque nos sobran razones para marchar, ayer en Ciudad de México

El Estado mexicano tiene una gran deuda de justicia con muchas mujeres que han sido violentadas por agentes estatales, afirmó Amnistía Internacional (AI). En tanto, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) indicó que la región aún enfrenta desafíos para garantizar el pleno respeto y protección a ese sector, que sigue siendo víctima de feminicidios, desapariciones, acoso y violencia sexual, entre otras agresiones y delitos.
En el contexto del Día Internacional de la Mujer, Tania Reneaum, directora de AI México, denunció que aun cuando ha habido avances normativos e institucionales para garantizar los derechos de las mujeres, las autoridades mexicanas aún deben justicia en casos emblemáticos de abusos por agentes estatales.
Tres de ellos son: los feminicidios de Ciudad Juárez conocidos como Campo Algodonero; la violación sexual por soldados contra las indígenas Inés Fernández y Valentina Rosendo, en Guerrero –ambos con sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos contra el Estado mexicano por violaciones a las garantías fundamentales–, y el de la tortura sexual contra varias mujeres detenidas en los operativos de San Salvador Atenco, estado de México, en mayo de 2006, que ya analiza el mismo tribunal.
Este 8 de marzo, señaló, estamos presenciando cómo se hace historia a medida que cada vez más mujeres alzan la voz y exigen justicia. Las luchas por la igualdad, por la libertad de decidir y por el derecho a una vida libre de violencia han impulsado victorias importantes en la reivindicación de los derechos de las mujeres. Ahora corresponde a las autoridades mostrar que están escuchando y adoptar acciones contundentes para que no se toleren las agresiones sexuales, el acoso ni ninguna clase de discriminación.
La CIDH también emitió su postura en la conmemoración del Día Internacional de la Mujer. Enfatizó que en la región hay un contexto de violencia y discriminación estructural y endémica en su contra. Ante esa realidad, instó a los estados del continente a trabajar para alcanzar esa meta y abstenerse de adoptar medidas que tengan impacto negativo o regresivo en el respeto y garantía de sus derechos fundamentales.
Lamentó las altas tasas de homicidios por razón de género, desapariciones, acoso y violación sexual, entre otras formas de violencia; además de que subsisten obstáculos que impiden a las mujeres tener acceso oportuno y sin discriminación a la justicia y a la reparación del daño y protección integral ante estos delitos.
Afirmó que también enfrentan barreras para alcanzar educación de calidad, información y servicios de salud sexual y reproductiva; no hay igualdad en el acceso de oportunidades de trabajo y condiciones de empleo y, en particular, a igual remuneración que sus colegas hombres, ni tienen acceso a un lugar de trabajo libre de acoso sexual.
La comisionada Margarette Macaulay, presidenta de la CIDH y relatora sobre los Derechos de las Mujeres, ha señalado que las medidas que representen un retroceso en los esfuerzos de los estados para cumplir con estas obligaciones pueden constituir una violación a los derechos humanos de las mujeres y, por ende, resultan inaceptables.

Foto Cristina Rodríguez
Emir Olivares Alonso 
Periódico La Jornada

Vivir sin miedo y no reproducir roles, los retos para la liberación femenina

Día Internacional de la Mujer

El hartazgo por la violencia y la discriminación une a manifestantes en CDMX


Foto
Colectivos feministas y sindicales marcharon del Ángel de la Independecnia al Zócalo capitalino para exigir respeto a sus derechos como mujeres y en repudio a la violencia de género

No vivir con miedo y no reproducir los roles que alguien más decide para ellas. Con base en estas dos grandes ideas miles de personas participaron ayer en la marcha conmemorativa del Día Internacional de la Mujer, durante la cual el hartazgo ante la violencia y la discriminación fue el eje que unió las diferentes voces de las participantes.
Una vez más, el Ángel de la Independencia fue el punto de partida donde confluyeron activistas, estudiantes, trabajadoras, madres y ciudadanas que alzaron la voz para exigir respeto y reconocimiento a sus derechos como mujeres, mediante una actitud no de víctimas, sino de generadoras del cambio social.
Para asistir a esta movilización muchas participantes decidieron faltar a sus escuelas o trabajos, haciendo eco del Paro Internacional de Mujeres al que se sumaron cientos de miles de personas en varios países por segundo año consecutivo, con el propósito de denunciar el machismo y la discriminación, pero también para exigir el reconocimiento de sus aportaciones tanto en el mundo laboral como en el ámbito familiar.
Las reivindicaciones fueron múltiples y se expresaron con indignación y enojo, pero también con ingenio.
En mantas y pancartas se leían frases como Calladitas no nos vemos más bonitas, Nosotras marchando no celebramos y Juntas sí, difuntas no. Incluso hubo lugar para el humor: ¿Roles de género? Mejor roles de canela.
Entre las miles de participantes en la movilización estaba Xoxana, productora de teatro, acompañada de su pequeña hija, Anais, quien no dejaba de mirar asombrada a su alrededor al tiempo que jugaba con su patín del diablo.
Acudir a la marcha con su pequeña, manifestó, es una forma de continuar con la enseñanza de libertad que le dejó su propia madre, una feminista que rompió moldes, que trabajó cuando no era bien visto que las mujeres lo hicieran y me enseñó que puedo hacer lo que quiera con mi vida.
Pero también es una apuesta al futuro, porque en algún momento su hija será adolescente y Xoxana quiere que ejerza libremente su sexualidad, sin tener miedo ni ser víctima de los feminicidios, que hoy representan una de las facetas más crueles de la violencia de género.
Camila y Aranza, ambas estudiantes, son menos optimistas. Consideraron que una marcha no cambiará la situación, pero pone sobre la mesa las violencias que viven las mujeres cada día.
El machismo no terminará pronto, por eso tenemos que salir a cada momento para mostrar que las agresiones no las provocamos nosotras, dijo una de ellas. La otra espera que con estos movimientos las mujeres se unan más y podamos empoderarnos para que nos respeten.
Entre los contingentes de la marcha hubo uno en particular cuyas integrantes decidieron mostrar el torso desnudo y pintar frases sobre él, haciendo énfasis en que su cuerpo les pertenece y sólo ellas pueden decidir sobre su vida sexual y reproductiva.
Cuando pasó por la Alameda Central, la movilización se dividió entre las manifestantes que formaban parte de sindicatos y organizaciones políticas y las integrantes de colectivos civiles.
Las primeras decidieron leer un pronunciamiento y dar por terminada la marcha, mientras que las segundas continuaron avanzando rumbo al Zócalo.
Una de las demandas de los colectivos civiles que siguieron marchando fue que su contingente sólo estuviera integrado por mujeres, por tratarse de una movilización para exigir respeto a los derechos de este sector de la población.
Al llegar al Zócalo de Ciudad de México, las manifestantes hicieron suyo el templete que estaba instalado ahí y subrayaron que ellas no necesitan de sindicatos ni partidos políticos para luchar por sus derechos.
Somos la voz de aquellas camaradas y compañeras que ya no están con nosotras. Somos todas y cada una de las gotas de sangre que han sido derramadas por la educación machista del Estado, que cada vez más y más nos deja sin nuestras compañeras, expresó una de las participantes en la marcha, entre aplausos y gritos de apoyo de sus compañeras.

Foto Cristina Rodríguez
Jessica Xantomila y Fernando Camacho 
Periódico La Jornada

Protestan millones contra la brecha salarial y la violencia de género

Día Internacional de la Mujer
Realizan manifestaciones en países de Asia, Europa, Medio Oriente y América Latina

En Buenos Aires, decenas de miles de argentinas realizaron una manifestación que culminó frente al Congreso Nacional para demandar la igualdad de género


Cientos de miles de mujeres participaron en las protestas en España contra la brecha salarial, la precariedad laboral y la violencia machista. En la imagen, en la Plaza del Sol, en Madrid

En el Día Internacional de la Mujer, millones de mujeres en América, Asia y Europa participaron en marchas y protestas contra la brecha salarial, por la despenalización del aborto, por el reconocimiento del trabajo no remunerado y contra la violencia de género.
España fue escenario de las movilizaciones más numerosas. Unas 5.9 millones de españolas se manifestaron con una histórica huelga y paros parciales en varias ciudades para protestar 
contra las brechas de género, la precariedad laboral y las violencias machistas, de acuerdo con datos de los dos sindicatos mayoritarios.
La jornada comenzó pasada la medianoche con una caceroladaen la céntrica Puerta del Sol de Madrid. Uno de los datos más repetidos en España fue que las mujeres cobran 14.2 por ciento menos que los hombres por un trabajo similar, una brecha inferior a la media de la Unión Europea.
Y también por la diferencia en la tasa de ocupación, que es de 65 por ciento para las mujeres con hijos y 21 puntos menos para los hombres.
Mareas de mujeres vestidas de color lila abarrotaron con ambiente festivo las calles de Madrid y Barcelona; también hubo importantes concentraciones en Valencia, Sevilla, Bilbao y Palma de Mallorca.
El combate por la igualdad de derechos continua: Merkel
En Alemania, la canciller federal Angela Merkel afirmó por medio de un video: El combate de las mujeres por la igualdad de derechos continúa, al considerar que aún queda mucho por hacer para que tengan los mismos derechos y también (que haya) nuevas tareas para los hombres.
En Francia, el diario Libération se vendió 25 por ciento más caro a los hombres que a las mujeres para simbolizar la desigualdad salarial entre los sexos, al tiempo que el primer ministro, Edouard Philippe, anunció una serie de medidas con la finalidad de terminar con las desigualdades entre géneros en el mundo laboral.
En Oslo, capital de Noruega, una réplica de la célebre Niña sin miedo (de Fearless Girl) que se enfrenta al toro de Wall Street fue develada frente a la sede del Parlamento.
En Estados Unidos, el diario The New York Times publicó la necrología de 15 mujeres notables, acerca de las cuales no se difundió nada cuando murieron: la novelista británica Charlotte Brontë (1855), la poeta estadunidense Sylvia Plath (1963) y la fotógrafa Diane Arbus (1971).
Las autoridades de Canadá emitieron un billete de 10 dólares con la imagen de la activista social y defensora de los derechos civiles Viola Desmond, quien se convirtió en la primera mujer afrodescendiente que aparece en el papel moneda de ese país.
En países de América Latina también se realizaron manifestaciones para conmemorar el Día Internacional de la Mujer.
En Argentina una masiva marcha en el centro de Buenos Aires exigió igualdad de derechos para las mujeres y la legalización del aborto.
En El Salvador miles de mujeres demandaron también la despenalización del aborto.
Protestas en Irak y Afganistán
Las movilizaciones se extendieron a Asia. Filipinas, India, Corea del Sur y Myanmar fueron escenario de manifestaciones.
En Afganistán cientos de mujeres que habrían tenido miedo de salir de casa durante el régimen talibán se reunieron en la capital para recordar a sus líderes que queda mucho trabajo por hacer para darles voz, garantizar su educación y protegerlas de la creciente violencia.
En Mosul, la segunda ciudad más importante de Irak, recuperada en julio tras estar bajo control del grupo yihadista Estado Islámico, unas 300 mujeres se sumaron a la conmemoración.
El Museo Egipcio de El Cairo expuso de manera excepcional tres tesoros que ilustran el papel de la mujer en el antiguo Egipto, entre ellos un busto de cuarcita de la reina Nefertiti, quien ejerció un papel político y religioso fundamental hace más de 3 mil 300 años junto a su esposo, el faraón Akenatón.

Foto Ap Afp, Ap, Reuters, Dpa, Sputnik y Notimex
 Periódico La Jornada

"Hay derechos que no son siquiera imaginados por el Estado"

Entrevista a Moira Millán: el 8M y los reclamos de las mujeres originarias


Página/12

Moira Millán tiene 47 años. Dentro de su comunidad es una weichafe, es decir, guerrera. Es mamá de cuatro hijos y vive en la lof Pillán Mahuiza, en Corcovado, Chubut, un territorio recuperado en 1999. Mucho antes de la desaparición de Santiago Maldonado se convirtió en vocera de su pueblo denunciando en radios y TV las tensiones entre el Estado, los proyectos extractivistas y la cosmovisión mapuche, y también las violencias contra los pueblos originarios que concibe “como laboratorio de un plan que luego es aplicado contra todos los disidentes”.
“A partir de agosto del año pasado, debido a todo lo que nos ha pasado en Chubut, mi imagen se mediatizó mucho -dice Millán-. Entonces cuando vengo a Buenos Aires y me subo a un colectivo se distinguen dos bandos: quienes me saludan, me animan, me dicen que siga luchando, y otra gente que hace exactamente lo contrario. Es un signo pequeño de un tiempo bisagra del país, que hoy permanece en una tensa calma”. Esta vez estuvo en la Ciudad de Buenos Aires de camino a Chiapas, donde fue invitada al Encuentro de Mujeres que Luchan, convocado por las zapatistas. Un viaje que la entusiasma porque “siempre quise conocer Chiapas pero no para hacer el ‘zapatour’, sino para intercambiar sabidurías”. Allí llevó las experiencias del trabajo que hacen con la organización Marcha de Mujeres Originarias en Argentina.
La naturaleza para Millán durante estos días quedó reducida a unos metros cuadrados llenos de masetas, un pulmón minúsculo en un departamento de Caballito, en medio de lo que ella llama “una vorágine de cemento que te traga, toma tu tiempo, y de pronto un día ya no es nada”. Sigue: “Trato de venir a la ciudad en cuanto puedo. La presencia de los pueblos originarios en Buenos Aires es muy importante para poder traer otras voces, de la mapu, de la tierra. ¿Pero cómo se hace para pedirle a tanta gente sumergida en esta metrópoli cien por ciento pavimentada, que no te da tiempo para nada, que se tome un minuto para pensar cómo quiere vivir?”
-¿Cómo se preparan desde la Marcha de Mujeres Originarias para el 8 de marzo?
-Aquí en Buenos Aires participarán de la gran marcha nuestras hermanas, que estuvieron participando de las asambleas previas. Ya que se conmemora el Día de la Mujer Trabajadora, hacemos énfasis en las condiciones laborales. Hay una gran cantidad, ni siquiera relevada estadísticamente por el Estado, solo por las ONG, de mujeres indígenas explotadas, con trabajo en negro, en condiciones inhumanas, es escalofriante. Gran cantidad de hermanas nuestras mueren por esto. Hay derechos que no son siquiera imaginados por el Estado y que serían vitales para nosotros: por ejemplo, que nuestros días sagrados, cuando hacemos ceremonias, se reconozcan dentro de las legislaciones laborales. Tampoco reclaman por este tema los sindicatos. Nadie se hace cargo de la agenda de los pueblos originarios. Mientras que los días sagrados del cristianismo están reconocidos en Argentina
-¿Qué pasa con el machismo dentro de las comunidades?
-Son siglos de colonización durante los cuales ha penetrado a fondo el patriarcado y la lógica machista. Las mujeres originarias sufrimos por un lado toda la violencia institucional, y por el otro lado, la violencia machista doméstica de nuestros maridos. Lamentablemente es tremendo el nivel de violencia de género hacia el interior de las comunidades en todos los pueblos. Tal vez se dé en menor medida en la nación mapuche porque las mujeres hemos tenido históricamente un protagonismo importante. Hay mujeres machis (mujeres medicina), lonkos (líderes espirituales), weichafes (guerreras). Aún con esa cosmovisión, la comunidad mapuche no está exenta de maltrato. Fortalecer la autoestima de las mujeres indígenas es difícil un país tan eurocéntrico, donde lo indígena se asocia a lo abyecto y la pobreza, nosotras entramos en lo más repudiable.
-Dijo que la violencia institucional contra las comunidades indígenas era un laboratorio para luego aplicarla contra todos los disidentes, ¿evalúa que eso ya está pasando? ¿Hasta dónde puede llegar?
-El Gobierno lejos de reflexionar va a recrudecer la violencia. Ya ha mostrado su arrogancia y necedad. Veo también lo que está pasando a nivel continental y Argentina no puede ser una excepción de la geopolítica global. Puede ser mucho peor. Me preocupa la cantidad impresionante de soldados israelíes en la Patagonia. Me preocupa que ante el levantamiento de diversos sectores sociales que se ven perjudicados la respuesta ya no sean sólo balas de las fuerzas represivas locales, sino que justifiquen intervenciones. La Patagonia es la región más rica del país, y los mapuches somos la población más pobre. Esta asimetría económica y social no es casual, y se debe sostener contra viento y marea a favor de las transnacionales. Por eso buscan demonizarnos, mostrarnos como terroristas. La ministra Bullrich me indilga a mí el rol de vocera de una supuesta célula terrorista. Están más cerca de ser parte de una relatoría psiquiátrica que de ser funcionarios a la altura de las necesidades de los pueblos. Me entristece que el proceso del pueblo argentino para organizarse y unirse contra eso sea tan lento.
¿Dice que hay soldados israelíes en la Patagonia?
-Van como turistas pero a lugares donde no va nadie. Al corazón de la zona de la meseta, por ejemplo. Hacen expediciones, trekking, rápel. Hace pocos días, un matrimonio mapuche que venía de la costa a visitarme pasó por Trevelin. Fueron a parar a un hostel y les dijeron que ésa era una cadena que sólo trabaja con soldados israelíes. Ya empiezan a aparecer sectores de la cámara de comercio y prestadores turístico que se benefician. ¿Por qué tienen que alojarse en lugares particulares? ¿Qué es lo que no podemos ver?
-En este paso fugaz por la ciudad participó del acto por los tres meses del asesinato de Rafael Nahuel. ¿Qué impresión le dejó?
-Me confirmó la idea de que el pueblo argentino es racista hasta para eso. La convocatoria ese día fue muy escasa. El pueblo no salió con la misma contundencia con que lo hizo por Santiago Maldonado porque la vida de los pueblos originarios está más que devaluada ante la mirada social. Hoy no solamente quienes tienen el poder o cumplen funciones públicas se vuelven antimapuches o racistas, sino que lamentablemente hay un sector de la oposición que también lo hace. Se podría trazar otra grieta: entre supremacistas blancos, que no quieren perder privilegios, y los plurinacionalistas. Hay gente dentro de lo que se llama campo popular que se pone la camiseta patriotera y homogeneizante de este país y ve con malos ojos la libre determinación de los pueblos. Nosotros decimos que éste es un territorio plurinacional, y eso debe ser abordado desde una perspectiva que contemple la reciprocidad entre los pueblos.
-Y más allá de ese acto, ¿de qué modo la recibió esta vez la ciudad?
-Antes venía a Buenos Aires y en general había una devolución simpática cuando me veían vestida como mapuche. Debido a todo lo que nos ha pasado en Chubut, mi imagen se mediatizó. Entonces cuando vengo acá y me subo a un colectivo se distinguen dos bandos: quienes me saludan, me animan, me dicen que siga luchando, y otros que hacen exactamente lo contrario. Es un signo pequeño de un tiempo bisagra del país, que hoy permanece en una tensa calma. Hay diferentes manifestaciones frente a la política de ajuste. Se viene alimentando algo que puede desembocar en un estallido, y esa es una fuerza que espero sea encausada por alguna perspectiva de solución, de alternativa. Argentina ya tuvo un 2001, ya se derramó sangre. Seguimos teniendo los mismos personajes reciclados detentando el poder con absoluto desprecio por la vida.
-¿Qué opina del intento de arancelar la salud pública para los extranjeros?
- El exabrupto racista de Jujuy, que ha estallado innumerablemente en otras regiones del país, diría que es un escenario ficticio para seguir descalificándonos. Hay una dirigencia política hábil a la hora de canalizar el racismo de una porción de la sociedad: remarcan con trazos gruesos los rasgos sociales que han estado enquistados siempre con política, presupuesto y con una estrategia lamentablemente eficaz para la penetración de estigmas. Este gobierno en particular es profundamente racista y cruel. El maestro Osvaldo Bayer habla de la crueldad argentina, y yo creo que ellos realmente hoy están encarnando esos siglos de crueldad argentina. La dicotomía civilización versus barbarie se ha perpetuado, tal vez con otras categorías pero que encierran la misma simbología de ir relegándonos y discriminándonos. Lo que nos cabe a las naciones originarias es generar consenso, generar ideas superadoras que eleven la condición de la humanidad que hoy está tan degradada. Desde la organización Marcha de Mujeres Originarias estamos planteando una gran campaña para que el Encuentro de Mujeres -que este año será en Chubut- pueda recoger la bandera de la plurinacionalidad y piense en nosotras, las mujeres de todos los colores y de todos los sonidos, de todas las pertenencias. Lamentablemente cuando en una reunión en Lago Puelo planteamos esta idea de que se lo renombre como “Encuentro Plurinacional de Mujeres”, tuvimos abucheos de compañeras militantes de izquierda. Hablamos de plurinacionalidad y de cohabitar. No es un separatismo. Decimos que el pueblo argentino debe reconocernos en nuestra verdadera identidad y consensuar cómo queremos habitar el mundo y construir el espacio de relación en los territorios.

Te ven en la calle y te gritan mugrosa: sin educación y por su cuenta, mujeres luchan por recuperar su vida

Jóvenes en situación de calle sufren discriminación por ser mujer, consumir drogas y vivir en la calle, además de cargar con un estigma social muy fuerte por parte de sus familias, sus comunidades e incluso las instituciones que les dicen todo el tiempo que son malas mujeres y malas mamás, evalúa la asociación civil El Caracol.

Desde niña, Maribel abandonó su casa por problemas de violencia y convirtió las calles de Ciudad de México en su nuevo hogar.
“Toda mi vida fue de encierro en anexos y casas hogares, a veces en la calle, hasta que me aburría y me iba a algún albergue, pero seguía cotorreando; me gustaba drogarme”, cuenta.
Embarazada de su primer hijo a los 18 años, Maribel decidió abandonar las calles. Cantando en el metro logró juntar dinero suficiente para rentar habitaciones en hoteles de paso; ahora, cinco años después, edad que tiene su hijo mayor, sus ingresos le alcanzan para pagar renta en una casa de interés social.
Con un bebé de meses cargado en la espalda y otro de cinco años sujetando su mano, Maribel recorre todos los días diferentes líneas del metro entonando una canción que le recuerda la etapa más difícil de su vida, cuando consumía drogas y vivía en las calles de la ciudad.
El universo para él no tiene enigmas, lo ha conocido al derecho y al revés; sus viajes locos eran puras fantasías, su combustible era el activo todo el mes…
Actualmente, unas 6,754 personas viven en las calles de Ciudad de México, de las cuales un 12.73 % son mujeres.
Las principales causas por las que estas personas han llegado a las calles son: problemas familiares (39 %), problemas económicos (28 %) y adicciones (14 %), según los resultados preliminares del Censo de Poblaciones Callejeras 2017, elaborado por la Secretaría de Desarrollo Social capitalina (SEDESO).
Entre los problemas familiares, que son la primera causa por la que las personas llegan a vivir a las calles, destacan la expulsión del núcleo familiar (34 %), violencia (33 %), abandono (24 %) y abuso sexual (7 %).
Este grupo de población se encuentra en el lugar 17 de los 41 “en situación de discriminación en la Ciudad de México”, según la Encuesta sobre Discriminación en la Ciudad de México, del Consejo para Prevenir la Discriminación (COPRED), aunque experimentan diferentes formas de rechazo y violencia por cuestiones como su situación de pobreza, su nivel educativo, su apariencia o su género.

En la calle, las mujeres la pasan peor

En los 24 años de trabajo que ha realizado la asociación civil El Caracol, que apoya y orienta a personas de poblaciones callejeras, “vimos que en las calles los hombres la pasan muy mal, pero ellas la pasan mucho peor”.
Desde hace diez años la asociación comenzó a diseñar estrategias de defensa legal de mujeres que pedían apoyo por situaciones de violencia.
“Nosotros ya hablábamos de que sufrían diferentes tipos de discriminación: por ser mujer, por consumir drogas y por vivir en la calle, pero además nos dimos cuenta de que ellas cargan con un estigma social muy fuerte, y es que sus familias, sus comunidades e incluso las instituciones les dicen todo el tiempo que son malas mujeres y malas mamás”, explica Luis Enrique Hernández, director de El Caracol.
De acuerdo con una encuesta realizada a mujeres pertenecientes a poblaciones callejeras en 2017 por El Caracol, ocho de cada 10 señalaron haber vivido situaciones de menosprecio, gritos, humillaciones e insultos por parte de sus parejas, su comunidad, compañeros de trabajo, autoridades del gobierno y desconocidos.
A seis de cada 10 las han amenazado con quitarles a sus hijos, y a cinco de cada 10 se los han quitado, lo que las lleva a emprender procesos legales para recuperarlos, en los que las autoridades les exigen como requisito contar con condiciones que para ellas son difíciles de cumplir, como contar con una casa y con condiciones económicas estables.
Como respuesta a este tipo de problemáticas, expuestas por las mujeres ante el jefe de gobierno capitalino durante una audiencia pública celebrada en 2017, la SEDESO echó a andar el proyecto “Hogar CDMX”, que ofrece un espacio para vivir a familias completas a bajo costo, y da servicio de guardería para que los padres y madres puedan trabajar sabiendo que sus hijos están en un lugar seguro.
Sin embargo, reconoce la titular del COPRED, Jacqueline L’Hoist, para que las condiciones de esta población mejoren hace falta trabajar con las personas en situación de calle, para que accedan a regularizar sus documentos oficiales, y con la sociedad, en general, para que no los criminalicen ni estigmaticen por su condición económica, sus adicciones o su apariencia.

Somos seres humanos con diferentes oportunidades

Karla, de 31 años, tiene cuatro hijos; desde hace años trabaja en el metro vendiendo dulces u otros productos, con lo que obtiene dinero para pagar la renta de una casa.
“Estuve un tiempo en la calle, a veces me quedaba con una amiga y todos los días tengo que estar trabajando con mi hija de menos de un año colgada y con mi mercancía; ando de arriba para abajo en chinga”, cuenta.
A Karla, las situaciones de violencia que vivía en su hogar la llevaron a decidir salir a las calles y consumir drogas, hasta que impulsada por el deseo de recuperar a una de sus hijas, quien está bajo el cuidado de su abuela, decidió buscar otro lugar para vivir y dejar las adicciones.
Karla explica que, en ocasiones, algunas personas se han acercado a ella para cuestionarla por su trabajo y por su apariencia; sin embargo, dice, “para buscar un trabajo formal necesito papeles y no los tengo”.
Para ella, vivir en la calle y ser mamá es algo “triste, porque luego hay personas que te hacen sentir mal; te ven en la calle y te gritan ‘pinche mugrosa’, o le dicen ‘piojosos’ a nuestros hijos”, lo que a su juicio se debe a que no son sensibles a que “también anhelamos y pensamos; somos personas, nada más que con diferentes oportunidades y diferentes vivencias”.
De acuerdo con El Caracol, la baja escolaridad es un rasgo común en este tipo de población y se traduce como uno de los principales obstáculos para que mejoren su condición de vida.
Los datos del Censo de Poblaciones Callejeras de la Ciudad de México revelan que el 9 % de las personas que viven en la calle no saben leer ni escribir, un 11 % no tiene estudios y el 29 % solo cursó algún grado de la primaria.
Otro 23 % cursó hasta la secundaria, 10 % estudió el medio superior y solo un 3 % de ellas ingresaron a alguna carrera universitaria.
Además, el 55 % de las mujeres no cuentan con identificación oficial para acceder a un trabajo formal o a programas de gobierno.

La vida después de las calles

Maribel y Karla son dos de las 15 mujeres cuyas familias se encuentran acompañadas por El Caracol en un proceso de “vida independiente”, que es el nombre que recibe el seguimiento que dan a quienes han logrado salir de las calles.
Cada dos semanas, personal de El Caracol las visita en sus casas para saber cómo se encuentran y si sus hijos continúan acudiendo a la escuela, si tienen amigos en la comunidad y la manera en la que se relacionan.
Enrique Hernández comenta que “esos son los indicadores que vemos que van mejorando, aunque sigan en empleos informales, porque para nosotros ya es un avance muy importante, y una prueba de todo el esfuerzo que ellas hacen, el hecho de que hayan abandonado las calles”.
Aunque, reconoce, no es sencillo: las familias que acompañan en su proceso de vida independiente han tenido que llegar a donde están con sacrificios personales, pues debido a la falta de la regularización de sus documentos oficiales no son candidatas para acceder a programas sociales de apoyo para ellas o sus hijos.
Maribel dice que le gusta cantar y que continuará haciéndolo para ganar dinero en el metro, pues aunque le gustaría tener un empleo distinto, de esos que anuncian “en folletos que me dan en la calle”, no tiene los estudios que solicitan para contratarla.
Con apoyo de su pareja, quien se dedica a vender dulces y pulseras en el metro, saca a sus hijos adelante, y dice que “gracias a Dios” le alcanza para lo necesario: comer y vestir a su familia.
Karla, por su parte, dice que sueña con “estar algún día con toda mi familia, con todos mis hijos y mi pareja”.
“Mi meta es recuperar a mi hija, y a los que tengo, darles lo mejor de mi, mi esfuerzo, buscar un empleo estable y enseñarles valores para que nunca se olviden que venimos de abajo”, expresa.
Para ella, lo importante es inculcarles a sus hijos que “así hayamos avanzado y el día de mañana, Dios quiera, tengamos una casa propia y un carro, jamás se les olvide que hay gente que no tiene nada”.
Esta publicación fue posible gracias al apoyo de Fundación Kellogg.

3/08/2018

La capital mexicana se sacude al paso de la marcha y con el grito de reclamo de miles de mujeres


Estudiantes, académicas, trabajadoras y sindicalistas; ancianas, mujeres, jóvenes y niñas salieron a las calles de la Ciudad de México para demandar igualdad de los derechos laborales y oportunidades de desarrollo, y exigir un alto a la violencia contra las mujeres. 

Ciudad de México, 8 de marzo (SinEmbargo).- Este día, en punto de las 16:00 horas, miles de mujeres marchan por el paseo de la Paseo de la Reforma, en el marco del Día Internacional de la Mujer Trabajadora que no es ocasión para celebrar: es para recordar las condiciones de abuso y desigualdad con las que cientos de miles deben enfrentar cada año de sus vidas. 

Son estudiantes, académicas, trabajadoras y sindicalistas; son ancianas, mujeres, jóvenes y niñas; todas integrantes de diversos contingentes. Las demandas van de la exigencia de igualdad de los derechos laborales y oportunidades de desarrollo, hasta un alto a la violencia contra las mujeres. 

Unas cargan niños; otras recuerdan en pancartas que las mujeres viven en un país en crisis donde los feminicidios son noticia de todos los días y se debe vivir con desigualdad como quien carga con una loza. 

Marchan la Federación Democrática de Mujeres, el Consejo Mexicano de Mujeres con Discapacidad, Colectivo de Mujeres de Ecatepec, la Red de Mujeres Educadoras, el Sindicato de Trabajadoras del Hogar, Maternidades Feministas y el Centro de Estudios de Equidad de Genero de El Colegio de Mexico. 

Y las consignas son varias: se escuchan goyas de la UNAM, y un largo “¡tiemblen, y tiemblen, y tiemblen los machistas, que América Latina será toda feminista”. 

O un “que sí, que no, en mi cuerpo mando yo”. 

O bien: “Mujer organizada, jamás es violentada”. 

Y el grito tristemente recurrente que recuerda un país con miles de desaparecidas, miles de muertas, miles sin justicia: “¡Vivas nos queremos..!”. 

Gritan: “¡Mandar a la licuadora la verga violadora!” 

Madres, trabajadoras, sindicalistas, niñas, ancianas. Mucho qué reclamar. Fotos: Sandra Sánchez, SinEmbargo 

A la altura de Insurgentes, en la capital mexicana, la marcha se ha organizado entre los contingentes separatistas: sólo en la mitad de atrás podrán marchar los hombres que quieran acompañar la manifestación. 

La marcha llegó a la Avenida Juárez cerca de las 5 de la tarde. Los contingentes exclusivos de mujeres son los que lideran esta manifestación que cubrió gran parte de Paseo de la Reforma. 

Se grita y se protesta por el ama de casa, por las políticas, por las prostitutas, por las mujeres asesinadas; en contra de la violencia machista, del sistema patriarcal que excluye a la mitad de la población en México. 


“¡Hay que abortar, hay que abortar, hay que abortar a este sistema patriarcal!”, gritan las mujeres del contingente que lidera la marcha. Van niñas con los rostros pintados y cargando sus mochilas de colores; jóvenes con los senos al aire. Otras van encapuchadas, otras con aerosoles pintando las consignas. 

Aplauden todas y brincan porque la que no lo haga “es macho”. Hoy se puede todo eso. 

Piden no más indiferencia a la violencia de género. 

POBRES Y DISCRIMINADAS 

Mayor pobreza, menos ingreso, mayor rezago educativo, acceso a la salud gracias a que otros le transfieren el beneficio, inseguridad alimentaria y jornadas de trabajo parciales, sin contrato. Esa es la realidad de las mujeres mexicanas, según datos del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval). 

Y además de vivir con todas esas condiciones, estas cifras correspondientes a la continuidad de los indicadores de Pobreza y Género, las mujeres tienen una sobrecarga de trabajo doméstico –no remunerado–, que se traduce en 12 y 17 horas de trabajo por semana más que los hombres. 


Sobre los salarios, las mujeres perciben remuneraciones más bajas que los hombres y esa brecha es más acentuada en la población en situación de pobreza: en 2016 los datos muestran que las mujeres ganan una quinta parte menos que sus pares, aun cuando posean el mismo nivel educativo. 

“Y tiemblen, y tiemblen y tiemblen los machistas, qué América Latina será toda feminista”. Fotos: Sandra Sánchez, SinEmbargo 

En el acceso a la educación, de 2010 a 2016, la brecha en el rezago educativo entre jefes y jefas de hogar disminuyó, sin embargo las mujeres presentan niveles de rezago más altos que los hombres, sobre todo si están en condición de pobreza. En 2016, la brecha educativa entre ambos sexos se ubicó en 6.5 puntos porcentuales. 

Las cifras en cuanto la inclusión al mercado laboral, hay “inequidades” frente a las condiciones de los hombres y se refleja en el acceso diferenciado a la seguridad social como prestación del trabajo. En 2016, por cada 100 hombres ocupados que contaban con los beneficios de la seguridad social por su trabajo, 62 mujeres ocupadas se encontraban en la misma situación y así ha sido desde 2010. 

La brecha se acentúa entre la población con condición de pobreza: en 2016, por cada 100 hombres ocupados que contaban con seguridad social, 49 mujeres ocupadas tenían acceso. 

Mujeres movilizadas hoy, en la capital mexicana. Fotos: Sandra Sánchez, SinEmbargo 


Lo que no sabes sobre el verdadero origen del Día Internacional de la Mujer

Marcha del Día Internacional de la Mujer en Nicaragua, 2018
¿Celebración o injusticia?

REUTERS

El día de la mujer es celebrado actualmente en todo el mundo el 8 de marzo, pero muchas personas no saben que su historia está manchada de muertes, injusticias y la ardua lucha por obtener derechos.

El 8 de marzo de 1875 en una fábrica de textiles en Nueva York cientos de mujeres trabajadoras realizaron una marcha contra los bajos salarios; éstos eran menos de la mitad de lo que los hombres ganaban. La marcha terminó con la vida de 120 mujeres, debido a la fuerza de la policía.

Después de este suceso, las trabajadoras fundaron el primer sindicato femenino y posteriormente comenzaron marchas en otros lugares del mundo.
GETTY IMAGES
Mujeres trabajando en Berlín.

En 1909 se celebró el Día Nacional de la Mujer en Estados Unidos, organizado por mujeres de un partido socialista. Se congregaron más de 15,000 mujeres en una marcha exigiendo reducción de la jornada laboral, mejores salarios y derecho al voto.

En 1911 se celebró por primera vez el Día Internacional de la Mujer el 19 de marzo en Alemania, Austria, Dinamarca y Suiza. Acudieron más de 1 millón de personas a los mítines y se exigió para las mujeres el derecho al voto, al trabajo, a ocupar cargos públicos, a la formación profesional y a la no discriminación laboral.

GETTY IMAGESMujeres trabajadoras en Manchester.

Cuando la primera guerra mundial estaba a punto de comenzar, surgieron movimientos a favor de la paz. Fue en esta época que las mujeres rusas celebraron su primer Día Internacional de la Mujer el último domingo de febrero de 1913 y en el resto de Europa se empezaron a llevar a cabo mítines alrededor del 8 de marzo de cada año. En 1917 después de que 2 millones de soldados rusos murieron en la guerra, las mujeres rusas llevaron a cabo una huelga de "pan y paz". El gobierno intentó controlar la situación, pero finalmente después de 4 días el zar abdicó y el gobierno provisional otorgó a las mujeres el derecho al voto.

Fue el 8 de marzo de 1975 que la ONU celebró por primera vez el Día Internacional de la Mujer.

GETTY IMAGESMarcha del Día Internacional de la Mujer en la ciudad de Nueva York.

Actualmente continúan las protestas en todo el mundo, buscando aún igualdad de derechos y de condiciones para las mujeres.

3/11/2017

Otro 8 de marzo y seguimos igual


Por Regina Tamés

Tras la muerte de dos maestras en su aldea, mujeres piden justicia contra la violencia sexista, plantadas ante la escuela de la localidad, en el estado de Sinaloa, en México. Crédito: Mónica González/IPS
Tras la muerte de dos maestras en su aldea, mujeres piden justicia contra la violencia sexista, plantadas ante la escuela de la localidad, en el estado de Sinaloa, en México. Crédito: Mónica González/IPS

MÉXICO, 5 mar 2017 (IPS) - El 8 de marzo no es un día para regalarles flores a las mujeres, ni felicitarlas ni que todo se pinte de rosa. En esta fecha se pretende que se reconozca la discriminación histórica que han vivido y viven las mujeres en el mundo entero. El objetivo no es colocar a las mujeres en la categoría de víctimas ni condenarlas a generar pena, lástima o empatía. 

Sin duda, muchas mujeres han sufrido violaciones graves a sus derechos humanos, han perdido empleos, han visto morir a sus recién nacidos, han sido violadas sexualmente, han muerto en el parto, reciben sueldos menores que sus colegas hombres o son condenadas a embarazos que no desean.
Pero ninguna quiere que la sociedad sienta lástima, sino que se sumen en la exigencia al Estado de políticas públicas, legislación y presupuesto, que ayuden a prevenir estas injusticias o a encontrar justicia por haberlas sufrido.
La incapacidad social de reconocer la desigualdad entre hombres y mujeres, aunada a la ineficiencia de las autoridades estatales, coloca a las mujeres en una situación compleja pues, en efecto, se han ganado batallas, pero los retos siguen siendo muchos.
Otro 8 de marzo y seguimos igual
La directora de GIRE, Regina Tamés. Crédito: Imer
Los altos índices de pobreza, la inequidad en la distribución de la riqueza, las disparidades en el acceso a la educación y la salud, son algunos de los factores, que afectan de manera diferenciada a las mujeres. De ahí la importancia de hacer un alto este 8 de marzo y analizar la situación en que viven las mujeres.
Hay quienes sugieren que los retos y obstáculos ya han sido superados. Que el panorama no es tan malo y las mujeres exageran. Pero el panorama es devastador. Sí, hemos avanzado, sobre todo en el reconocimiento de los derechos en las leyes, pero la implementación de dicha legislación (que intenta no ser abiertamente discriminatoria como antes) en contextos opresores y misóginos no afecta en la realidad de las mujeres de carne y hueso.

Se han creado instituciones, y se ha sofisticado la discriminación para que no sea tan evidente, pero no sabemos si los resultados son favorables. El impacto de las leyes y políticas debe analizarse de manera urgente para no detener el diseño de burocracia que no ha eliminado la brecha entre mujeres y hombres. Este tema no debe verse desde una posición de privilegio, sino desde la de la mayoría de la población que no tiene acceso a información ni recursos, una mayoría con la cual el Estado está en deuda.
La situación de discriminación no será superada si no se hacen los cruces entre la discriminación por motivos de género o sexo, sumada a otras como las que provienen de orígenes étnicos o nacionales, por condición socioeconómica, edad o preferencia sexual.
Esta doble o triple discriminación afecta de manera distinta a las mujeres indígenas, lesbianas, jóvenes, migrantes o pertenecientes a otros sectores socialmente marginados, colocándolas en una posición de mayor vulneración.

Quisiera invitar a la reflexión sobre un tema puntual que afecta a todas las mujeres que tienen hijos (por elección o no), y que hoy en día aún afecta la posibilidad de que las mujeres ejerzan sus derechos de la misma manera que los hombres.
Hoy por hoy persisten los estereotipos y roles de género en la sociedad, siendo uno de los más fuertes los roles asignados a las mujeres como responsables del hogar y como de cuidadoras y responsables de las hijas e hijos.
Este trabajo no remunerado, sumado al trabajo en el mercado laboral, hace que las mujeres tengan dobles o triples jornadas. Incluso en los hogares en donde otros miembros de la familia participan en estas tareas, existe una carga desequilibrada hacia las mujeres.
Pero la realidad es que esta desigualdad afecta a todas las personas. Las estadísticas indican que por cada diez horas que trabaja una mujer, un hombre trabaja 8,6 (Inmujeres). Es decir que la entrada de las mujeres al mundo laboral remunerado, no ha significado una reducción en las tareas que le han sido tradicionalmente asignadas. Esto afecta sin duda sus posibilidades de crecimiento profesional así como la diferencia salarial que aún existe en el país.

Las jornadas laborales de sol a sol discriminan a todas las personas, pero afectan prioritariamente a las mujeres. Se piensa que el cambio de estructuras y dinámicas laborales puede ser difícil y muy costoso, pero lo cierto es que estos cambios radican principalmente en la voluntad del empleador.
Ejemplo de esto son la adopción de horarios flexibles o escalonados que permitan la convivencia de los tiempos personales, familiares y laborales sin reducir la productividad en el trabajo; horarios cortos de oficina (jornadas de seis horas) o trabajo desde casa, entre otras. Estas modificaciones deben ser para todo el personal, hombres y mujeres, con o sin hijos, enfatizando la necesidad de una corresponsabilidad entre la vida personal y laboral, reconociendo la decisión de reproducirse o no por igual.

Más allá de la responsabilidad de la o el empleador, el Estado debe tomar medidas para fomentar esta corresponsabilidad. En México, la legislación laboral así como la de seguridad social están lejos de cumplir con los estándares internacionales respecto a las licencias de maternidad y paternidad; no se cubre la demanda de estancias infantiles y las reglas para permitir el acceso a hijos e hijas de padres derechohabientes son discriminatorias.
Lo positivo hoy en día es que los derechos de las mujeres tienen más presencia en la sociedad gracias a la suma de voces de mujeres como Emma Watson y Beyoncé. Es una pena que en México las mujeres siguen temiendo declararse feministas. ¡Qué ganas de que mujeres con influencia en las y los jóvenes comprendieran que ser feminista también significa estar consciente de que existe discriminación contra las mujeres y debemos actuar en consecuencia!

Los retos para un mayor reconocimiento y respeto de los derechos de las mujeres no sólo competen al Estado mexicano, sino a todas y todos nosotros desde nuestros diferentes espacios.
Todos tenemos un compromiso con la erradicación de la discriminación hacia las mujeres para lograr una sociedad igualitaria en donde tanto hombres como mujeres gocen plenamente de sus derechos. Esta importante tarea deberá involucrar a diversos sectores gubernamentales y no gubernamentales incluyendo los medios de comunicación, las familias y las escuelas.

El reto es grande y, aunque hemos avanzado mucho, aún queda un enorme camino por recorrer.
Revisado por Estrella Gutiérrez