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9/20/2020

Lo que viene en cuatro años

José Antonio Rojas Nieto


Los datos oficiales del Centro Nacional de Control de Energía (Cenace) y del Monitor Independiente del Mercado Eléctrico de México (ESTA International) para 2019 indican una energía eléctrica inyectada a las Redes Nacionales de Transmisión y Generales de Distribución de casi 323 Teravatios hora (TWh), casi 323 mil millones de kilovatios hora (kWh).

En 2018 la energía inyectada fue de 313 TWh. Así, en 2019 creció casi 10 TWh, es decir, poco más de 3 por ciento, pero –sorprendentemente– a este crecimiento eléctrico no correspondió un crecimiento económico. Los datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) muestran que en 2019 el producto interno bruto (PIB) alcanzó un monto –en pesos constantes del año 2013– de 18 billones 473 mil 600 millones de pesos. Comparado con el PIB del año 2018 –de 18 billones 528 mil 700 millones de pesos también del 2013– disminuyó 0.3 por ciento. ¿Cómo explicar, entonces, que pese al descenso de la economía –leve, pero real– la energía eléctrica necesaria en el país subió?

Se elevó la intensidad eléctrica, dicen los especialistas. Creció el numerador del volumen anual de electricidad consumida y bajó el denominador del volumen de PIB. En 2019, esta relación resultó ser de 17.5 kWh de energía eléctrica inyectada en las redes por cada mil pesos de 2013 de PIB. A primera vista, por cierto, fue un mal indicador respecto del registrado en años anteriores. En 2018, por ejemplo, sólo se ocuparon 16.9 kWh por cada mil pesos de 2013 de PIB. Y reitero, a primera vista, porque las condiciones climáticas anuales pueden mover de manera muy significativa este indicador, máxime cuando el consumo de hogares y vivienda representa la tercera parte de la energía inyectada a las redes.

Además de la energía que demandan industrias, comercios, servicios públicos de alumbrado y de bombeo de aguas potables y aguas negras, bombeo de aguas para riego agrícola, para generar y distribuir riqueza (el llamado tradicionalmente consumo productivo), el total incluye la electricidad requerida para la vida de las personas y sus familias (llamado antes consumo improductivo). ¿Cuál? Pues la necesaria para los servicios de iluminación, de preparación y cocción de alimentos, de calentamiento de agua, de refrigeración y conservación de alimentos, de aire acondicionado o calefacción del ambiente, de operación de aparatos de uso básico, de entretenimiento y, ahora más que nunca, de equipos electrónicos de estudio y de trabajo en los hogares. Un consumo al que, por cierto, ya no podremos calificar de improductivo, cuando una parte importante de las actividades productivas ya se realiza en casa.

En 2020 este consumo doméstico se ha incrementado casi 10 por ciento en promedio, aunque en zonas cálidas ha llegado a 30 por ciento. Sólo esto significa incremento de no menos de 3 por ciento en la intensidad eléctrica. A éste habría que añadir también el incremento derivado de la baja utilización de equipos y maquinaria productiva, muy inferior no sólo de sus estándares habituales, sino de sus óptimos técnicos. Si estas realidades la enfrentamos al nivel de la energía eléctrica inyectada a las redes hasta los primeros días de septiembre, es posible pensar en un descenso del PIB muy cercano 10 por ciento. Tremendo por su impacto social. En empleo y remuneraciones, sobre todo. De veras.

9/06/2020

El pesimismo de David Ricardo


La Jornada: José Antonio Rojas Nieto
Por fortuna, se ha extendido la discusión sobre las dos crisis que vivimos. De salud y de economía. Su naturaleza, vínculos, interdependencias, perspectivas. Debate sustancial. Nada más regresivo que tratar de acallarlo. Reflexión esencial en honor de nuestros muertos y enfermos. ¿Qué nos pasa, por qué nos pasa y cómo vamos a salir del embrollo? ¿En cuánto tiempo? ¿Bajo qué condiciones? Momento obligado de reflexión y de acción coherente. Debate sustancial. Urgencia de reflexión colectiva. En múltiples y diversos sentidos.
En este contexto valoro reflexiones como las presentadas ayer en La Jornada por nuestro estimadísimo profesor de la UAM Xochimilco Gustavo Leal. Sí. Análisis crítico de la precariedad del empleo en el sistema de salud y de sus terribles efectos en la calidad de los servicios. Un honor compartir espacio con Gustavo. También con otros que, afortunadamente, lanzan hipótesis sobre la hondura de la crisis, sobre condiciones, características y periodo de recuperación. Entre otras cosas, de los niveles de actividad económica, empleo e ingresos. Al menos a los previos a la pandemia. ¿Dos, tres… más años? No es asunto de adivinos. Hay teorías, métodos, exigencias heurísticas. ¡Qué duda cabe! En un contexto, de pena y dolor. Debemos ser capaces de disfrutar el debate. Sin duda. Me sorprenden diversas lecturas cuando enfrento la de trabajos finales de algunos de mis estudiantes de fundamentos de economía política.
Este semestre –en línea–, concentrados en las tendencias de mediano y largo plazos de la visión de David Ricardo. De su análisis sobre la determinación de los precios naturales y de mercado. De su evolución en el tiempo, irremediablemente afectada por las condiciones de fertilidad decreciente de los recursos naturales privatizados. ¿Primer efecto? Encarecimiento, aparentemente ineludible, de los productos derivados de uso y explotación de recursos naturales. Y digo aparente por los múltiples efectos –temporales, nunca permanentes, dirán sus estudiosos– del cambio tecnológico. ¿Segundo? Tendencia decreciente de la rentabilidad del stock de capital, ya no sólo en la esfera de explotación de recursos naturales, sino en todas las esferas. Vinculada, por cierto, al incremento permanente de la renta del suelo, en las actividades agropecuarias, mineras, extractivas. Y, sin embargo, sujeta a la dinámica de los precios del mercado, en tensión permanente con los precios naturales, tensión que augura crisis.
Además –como otra tendencia derivada de la visión clásica de Ricardo–, evolución desigual de los salarios, dependientes de la resultante entre fertilidad del suelo y penetración tecnológica, aspectos determinantes del valor de la canasta de los trabajadores, del salario clásico. Pero además –y para sólo citar una más– tendencia al deterioro cuando se privilegia el trabajo improductivo sobre el trabajo productivo. ¡Terrible drama contemporáneo!
Por todo esto no puedo menos que celebrar los trabajos finales de casi una decena de mis estudiantes de la UNAM que abordan –con sencillez– esta visión ricardiana. ¡Un privilegio! ¡Un orgullo! De ellas y ellos, que apenas concluyen el primer año de su licenciatura y han logrado introducirse de lleno a la problemática, al sentido, a la heurística, del mundo de la economía. ¡Los necesitamos en el debate! Con otros especialistas irrenunciables. Hoy más que nunca. De veras.

8/23/2020

A Clases en línea


Casi concluimos el trabajo anual con estudiantes del primer año de Economía en la UNAM. Un privilegio. Con dificultades por el confinamiento, pero con ánimo de fortalecer su capacidad de manejo y utilización de mecanismos alternos. Videoconferencia. Comunicación en línea. Sin rendirse –jamás– en el compromiso de fortalecer su formación teórica y metodológica.
Ventajas y desventajas del hoy: sólo se conectaron entre 28 y 30 de una lista de 45 inscritos. Un tercio abandonó el curso, acaso la carrera. Veremos. De los presentes, no más de 10 participa constantemente. Otros argüían no tener disponibles ni sonido ni cámara. Preferían comunicación escrita, con breves mensajes por chat. Buena experiencia. Nos exige más capacitación e instrumentos adaptados para imagen, sonido y comunicación fluida. Y actividades complementarias. Sí, debemos contar con más instrumentos para aprovechar al máximo este mecanismo.
¿Alguna ventaja significativa? Una inmediata: disponer de los materiales del curso en el momento. ¿Ejemplo? Textos originales de Riqueza de las naciones, de Adam Smith, y los Principios de economía política y tributación, de David Ricardo, entre otros. Y para bien y para mal, de traducciones también inmediatas. Otra ventaja: comparar traducciones y hacer en línea búsquedas formales, actividades que exigen esfuerzos específicos. ¿Objetivo? Formación teórica. Imprescindible. La red lo facilitaba. ¿Cómo? Análisis de conceptos. División del trabajo y fuerza productiva, esenciales en Smith. En búsqueda avanzada aparecen, respectivamente, 43 y 24 ocasiones. Obligado estudiar textos y contextos. Son conceptos clave de la teoría clásica.
¿Otro ejemplo? Concepción de trabajo. Más de 900 citas ( labour, que no work). Exige identificar usos, esencia de la comprensión de su teoría del valor. Y sus problemas y contradicciones. ¿Otro ejemplo más? Determinación de precios. Naturales, de mercado. ¡Y qué decir de trabajo productivo e improductivo! ( productive and unproductive) Y trabajo útil ( useful), así como –gran polémica clásica– los diferentes tipos de trabajo. Incorporado ( bestowed), comandado ( commanded), adquirido ( purchased by…). Sin olvidar trabajo ajustado ( adjusted labour). Y así para conceptos fundamentales como salarios, beneficios y rentas. Siempre a partir de su gran proemio: El trabajo anual de cada nación es el fondo que, en principio, la provee de todas las cosas necesarias y convenientes para la vida.
Y de una de sus principales conclusiones. Todo hombre es rico o pobre según el grado en que pueda gozar de las cosas necesarias, convenientes y gratas de la vida. ¡Y qué decir de David Ricardo! De sus Principios, que mucho llaman la atención a estudiantes que inician su formación y que –sin duda– se ven obligados a reflexionar una y otra y mil veces sobre ellos. Y sobre los ingresos de las tres grandes clases. Salarios de trabajadores. Beneficios de poseedores del stock de capital. Y rentas de los propietarios del suelo. No en tierra marginal. Paradojas. Sí, los estudiantes se enfrentan –hoy en la red y sus recursos– con textos originales. Profundidad incuestionable. Polémica abierta por dos grandes autores. Respetabilísimos. Imprescindibles en la formación de economistas que deberán reflexionar sobre los estadios avanzado, estacionario o decadente de la sociedad. Desde el complejísimo estado decadente actual. No ha sido fácil la comunicación, pero hay avances importantes. De veras.


Casi concluimos el trabajo anual con estudiantes del primer año de Economía en la UNAM. Un privilegio. Con dificultades por el confinamiento, pero con ánimo de fortalecer su capacidad de manejo y utilización de mecanismos alternos. Videoconferencia. Comunicación en línea. Sin rendirse –jamás– en el compromiso de fortalecer su formación teórica y metodológica.
Ventajas y desventajas del hoy: sólo se conectaron entre 28 y 30 de una lista de 45 inscritos. Un tercio abandonó el curso, acaso la carrera. Veremos. De los presentes, no más de 10 participa constantemente. Otros argüían no tener disponibles ni sonido ni cámara. Preferían comunicación escrita, con breves mensajes por chat. Buena experiencia. Nos exige más capacitación e instrumentos adaptados para imagen, sonido y comunicación fluida. Y actividades complementarias. Sí, debemos contar con más instrumentos para aprovechar al máximo este mecanismo.
¿Alguna ventaja significativa? Una inmediata: disponer de los materiales del curso en el momento. ¿Ejemplo? Textos originales de Riqueza de las naciones, de Adam Smith, y los Principios de economía política y tributación, de David Ricardo, entre otros. Y para bien y para mal, de traducciones también inmediatas. Otra ventaja: comparar traducciones y hacer en línea búsquedas formales, actividades que exigen esfuerzos específicos. ¿Objetivo? Formación teórica. Imprescindible. La red lo facilitaba. ¿Cómo? Análisis de conceptos. División del trabajo y fuerza productiva, esenciales en Smith. En búsqueda avanzada aparecen, respectivamente, 43 y 24 ocasiones. Obligado estudiar textos y contextos. Son conceptos clave de la teoría clásica.
¿Otro ejemplo? Concepción de trabajo. Más de 900 citas ( labour, que no work). Exige identificar usos, esencia de la comprensión de su teoría del valor. Y sus problemas y contradicciones. ¿Otro ejemplo más? Determinación de precios. Naturales, de mercado. ¡Y qué decir de trabajo productivo e improductivo! ( productive and unproductive) Y trabajo útil ( useful), así como –gran polémica clásica– los diferentes tipos de trabajo. Incorporado ( bestowed), comandado ( commanded), adquirido ( purchased by…). Sin olvidar trabajo ajustado ( adjusted labour). Y así para conceptos fundamentales como salarios, beneficios y rentas. Siempre a partir de su gran proemio: El trabajo anual de cada nación es el fondo que, en principio, la provee de todas las cosas necesarias y convenientes para la vida.
Y de una de sus principales conclusiones. Todo hombre es rico o pobre según el grado en que pueda gozar de las cosas necesarias, convenientes y gratas de la vida. ¡Y qué decir de David Ricardo! De sus Principios, que mucho llaman la atención a estudiantes que inician su formación y que –sin duda– se ven obligados a reflexionar una y otra y mil veces sobre ellos. Y sobre los ingresos de las tres grandes clases. Salarios de trabajadores. Beneficios de poseedores del stock de capital. Y rentas de los propietarios del suelo. No en tierra marginal. Paradojas. Sí, los estudiantes se enfrentan –hoy en la red y sus recursos– con textos originales. Profundidad incuestionable. Polémica abierta por dos grandes autores. Respetabilísimos. Imprescindibles en la formación de economistas que deberán reflexionar sobre los estadios avanzado, estacionario o decadente de la sociedad. Desde el complejísimo estado decadente actual. No ha sido fácil la comunicación, pero hay avances importantes. De veras.

8/09/2020

Indicadores de la regresión económica



La Jornada: 
José Antonio Rojas Nieto

En 2018 la energía inyectada por los generadores –públicos y privados– fue del orden de los 314 mil millones de kilovatios-hora (Kwh), es decir, 314 teravatios-hora (Twh). Con esa energía inyectada a la red se registró un consumo final de electricidad de alrededor de 270 Twh, luego de pérdidas técnicas y no técnicas.

Este consumo final tiene tres grandes componentes: 1) el abastecido por la CFE suministro básico del orden de 220 Twh, a los que se usan otros pequeños consumos; 2) el abastecido por diversos suministradores calificados, apenas poco más de cuatro Twh; 3) el abastecido por las figuras de autoabastecimiento, cogeneración, pequeña producción, usos propios continuos e importaciones en las que la energía se entrega a las cargas quelegalmentese registran como miembros de asociaciones de autoabasto y que en conjunto consumieron poco menos de 40 Twh en 2018.

Así, por el consumo final de electricidad que se alimenta de las redes públicas en México, en 2018 se registró ese total ligeramente mayor a 270 Twh, equivalentes a 86 por ciento de la energía originalmente inyectada a las redes nacionales de transmisión y –en una porción muy pequeña– a las redes generales de distribución. Una parte del 14 por ciento restante corresponde a las pérdidas técnicas de energía, en estándares muy próximos a los internacionales, tanto en las redes nacionales de transmisión como en las redes generales de distribución.

La otra parte a las pérdidas no técnicas, en torno a las cuales se formulan perspectivas de comportamiento mejor. Hay, también y por cierto, un consumo suplementario. El de autoabastecedores que generan y consumen su propia electricidad. Sin entrar a las redes nacionales. Pemex, incluido aquí, por cierto. Las estimaciones de 2018 ubican este consumo entre 15 y 20 Twh. Por una capacidad instalada del orden de 5 mil megavatios (MW) y una operación de 2 mil 700 horas al año. Pero su futuro puede ser interesante si se desarrollan –como debiera ser– formas descentralizadas de energía, que se instalen no sólo con impecabilidad técnica, sino con justeza económica.

Entre ellas la fotovoltaica en los hogares o los aerogeneradores en escala adecuada para diversos servicios en pequeñas comunidades aisladas que posean recursos eólicos. Agreguemos a estos números los de 2019 y los esperados para este 2020, considerando los datos reales a julio. En 2019 la energía inyectada a las redes fue del orden de 321 Twh, poco más del 2 por ciento que en 2018. El consumo final creció en una tasa similar. Pero las ventas de suministro básico y de suministro calificado casi no variaron. Sí, en cambio, la energía suministrada por los autoabastecedores. Poco más de tres por ciento, merced a los beneficios implícitos logrados irregularmente por esta figura.

Para este 2020 se estima ya una caída de la energía inyectada a la red del orden de 3.6 por ciento, poco más de 10 Twh. Las ventas descenderían cerca de 6 por ciento. Pero el suministro de autoabastecedores no. Incluso, podría crecer un poco. Sí, es cierto que experimentaremos el descenso más drástico de la historia del sector eléctrico, por la más drástica caída de la vida económica, derivada, evidentemente, de la terrible pandemia. Y eso a pesar de recuperaciones significativas que se perciben, por ejemplo, en la zona noroeste del país. De veras.

7/12/2020

La recuperación económica


La Jornada
José Antonio Rojas Nieto

Hay novedad económica. Permítaseme indicarla con el consumo eléctrico. Ciertas señales de leve recuperación. En la primera quincena de julio, ese consumo creció 3.2 por ciento respecto del periodo equivalente de 2019. Es el primer dato positivo –de incremento– en el año. Incluso, en relación con el del primer trimestre de 2020, que apenas superó al del primer trimestre de 2019.
De la última semana de marzo a la última de abril, el consumo disminuyó 9.4 por ciento. Y de la última de marzo a la última de mayo, algo similar. En semanas equivalentes del quinto mes del año el consumo nacional de electricidad descendió casi 11 por ciento respecto de semanas equivalentes de mayo de 2019.
En junio, en cambio, el consumo ya sólo registró un descenso de 6.9 por ciento. Y lo sorprendente en las dos primeras semanas de julio es que hay un nivel superior al de las dos primeras de julio de 2019. Los cuatro centros de consumo de Baja California (Ensenada, Tijuana, Mexicali y San Luis Río Colorado) ya registran un consumo de electricidad superior en 13.5 por ciento al del mismo periodo de julio de 2019.
Y los tres centros de consumo de Baja California Sur (Villa Constitución, Los Cabos y La Paz) ya no muestran losderrumbesde los meses de mayo y junio. El consumo en las dos primeras semanas de julio es de menos 3 por ciento respecto del mismo periodo de 2019. Para el caso concreto de Los Cabos, por ejemplo, el descenso en mayo y junio fue de menos 29 y menos 25 por ciento. En esta primera quincena de julio ya sólo descendió menos 12.5 por ciento.
En cuanto a la parte continental del país (Sistema Interconectado Nacional, SIN), los consumos en mayo y junio descendieron menos 12 y menos 7 por ciento. Ya en las dos primeras semanas de julio se registra un ascenso de casi 3 por ciento. En todo el país, el consumo en viviendas sigue en ascenso. Globalmente, como comentamos, ya hay recuperación. La noticia delicada con ésta es el incremento tan grande de contagios y muertes que, a decir de los mismos datos oficiales, se puede agudizar con la recuperación económica. Terrible. Sobre todo, si se registra el llamadorebrote. Pero eso es de especialistas en salud.
Si las cosas de salud mejoran, es probable que la caída del consumo en el año sea de entre 3 y 5 por ciento. Este volumen representa unos 10 a 12 teravatios-hora, o sea, miles de millones de kilovatios-hora, equivalentes a un consumo diario de gas natural de entre 70 y 90 millones de pies cúbicos, en una central de alta eficiencia a gas natural.
Pero más que esto, lo importante es identificar si las condiciones de salud permitirán dicha recuperación. En mayo y junio el consumo eléctrico de la industria descendió de manera muy drástica, del orden de 30 por ciento. En julio se ve mejoría. Se trata del sector más vinculado con las condiciones de recuperación. Junto, sin duda, con los delicados datos de salud que ya nos han tocado de cerca a muchos, por familiares y amigos contagiados. Y por algunos que, lamentablemente, han fallecido. Lo que a muchos nos duele. Mucho. De veras.
NB. Con gran pena por el fallecimiento de nuestro entrañable amigo Gabriel Ruiz Burgos. ¡Qué pena! ¡Qué dolor! Abrazo enorme a su familia.

6/14/2020

Dinámica económica de México: la última




Concluyamos esta serie de comentarios sobre la marcha de la economía con la presentación de los datos reales de los llamados retiros de electricidad de las zonas de carga del país. Son los datos más recientes del Centro Nacional de Control de Energía (Cenace).
Se trata de 108 registros diarios del consumo o retiro horario real de electricidad. Se publican un par de semanas después. ¿Por qué si la medición del fluido eléctrico es instantánea? Por las normas derivadas de las bases del Mercado Eléctrico Mayorista (MEM), en las que no sólo se hace el balance físico de energía eléctrica entregada y retirada de las redes nacionales de transmisión y de las redes generales de distribución, sino también de otros servicios conexos que se prestan cotidianamente en el complicado MEM.
Asimismo, se dan a conocer las famosas pérdidas eléctricas que se desprenden de ese balance, aunque en ese dato de pérdidas aún no se logra diferenciar si son de carácter técnico o no, es decir, –y en este último caso– derivadas de usos ilícitos. Éstos se descubren una vez que las empresas de suministro –básico o calificado– facturan los consumos medidos de todos y cada uno de sus usuarios. Pues bien, recordemos que hay no menos de 132 folios de registros en las liquidaciones que por norma realiza el Cenace y que son liquidaciones que involucran facturas –abonos y cargos– que llegan a revisarse varias veces.
Se trata de unos de los datos más relevantes del funcionamiento eléctrico en el país. Sin duda. Pues bien, al 31 de mayo, y luego de 63 días de registros (última semana de marzo a última semana de mayo), se confirma que el descenso en el consumo nacional de la electricidad que se inyecta y se retira de las redes prácticamente descendió 10 por ciento. Ahora bien, un dato fundamental a observar –como ya indican también los informes oficiales de facturación y cobranza a mayo– es el del incremento en más de 10 por ciento en promedio del servicio doméstico en los meses de abril y mayo, efecto inmediato del confinamiento.
Hay zonas cálidas del país en las que el consumo de las viviendas se incrementó hasta 15 por ciento. Y en algunas muy cálidas el aumento en el consumo de electricidad en las viviendas alcanzó hasta 66 por ciento. Es interesante notar que el consumo de electricidad en riego agrícola también se elevó. Pero el industrial sí cayó en abril y se desplomó en mayo. En la mediana empresa menos 5 y menos 27 por ciento. Y en las muy grandes industrias menos siete y menos 29 por ciento, también respectivamente. Los pequeños comercios, servicios y talleres disminuyeron su consumo en menos 5 por ciento en abril y menos 16 por ciento en mayo.
El efecto conjunto de facturación muestra caída de menos 5 por ciento en abril y menos 25 en mayo. Con las alzas en el consumo residencial y agrícola, el descenso de los dos meses de pandemia es el señalado, alrededor de 10 por ciento. Ahora bien, al analizar los sectores que suben y los que bajan podríamos concluir que la caída económica que se muestra en dicho consumo en el primer semestre de 2020 sería próxima a 6 por ciento. Pero… ya veremos los datos oficiales del producto interno bruto a junio.
Sin duda.

NB. En memoria de René Fierro Hicks, gran ingeniero, gran maestro, gran amigo. Uno de los creadores del prestigiado Programa de Inversiones del Sector Eléctrico (Poise).
Abrazo fraterno a su familia.

5/31/2020

Dinámica económica de México: la catorceava




El Centro Nacional de Control de Energía (Cenace) organiza las entregas de electricidad a los comercializadores –suministradores o no– y a los usuarios calificados en 108 zonas de carga. Los datos reales de estas entregas se tienen cuando el mismo Cenace realiza las liquidaciones. Así se instruye en la base 17 del Mercado Eléctrico Mayorista (MEM). Las liquidaciones involucran a los 181 participantes del mercado de seis tipos. Hay 98 generadores (uno de intermediación), dos suministradores básicos, 54 suministradores calificados, dos suministradores de último recursos, 23 comercializadores no suministradores y, finalmente, dos usuarios calificados.
Por cierto, pueden celebrar contratos de cobertura y realizar directamente entre ellos las liquidaciones correspondientes. Veamos los datos reales disponibles más recientes. De recepciones en ocho áreas de tres sistemas y de entrega en esas 108 zonas de carga. Cubren hasta el sábado 16 de mayo. Del 17 en adelante sólo hay estimaciones, basadas en mediciones diarias y horarias. Incluso instantáneas para atender los procedimientos que garanticen seguridad y calidad del suministro. Asimismo, confiabilidad en todo el sistema eléctrico. Esto es de extrema complejidad. Supone el despliegue óptimo de capacidad y respaldo de generación. De balanceo, de capacidad de interconexión de generadoras a la red y, entre otras cosas, de sistemas de transmisión y distribución suficientes y robustos para garantizar la conexión de las cargas y la satisfacción instantánea de su demanda. Sin cortes de suministro, sin fallas. Debe haber, asimismo, mecanismos e instrumentos de control y medición.
Diariamente se registra el volumen de electricidad recibido de los generadores públicos y privados, firmes o intermitentes, fósiles y renovables, contaminantes y limpios. Sólo unos días después –en las liquidaciones– se validan los datos reales de energía recibida en las redes nacionales de transmisión y en las generales de distribución. Y los datos del consumo de las cargas conectadas. Los de éstos involucran 132 folios de liquidación. ¿Qué novedades o puntos de atención nos muestran hoy esos datos reales? Mencionemos dos muy interesantes, incluso delicados.
El primero, una caída de menos 9.2 por ciento en el consumo nacional. Sí, en 49 días de registros reales, es decir, en las siete semanas que van del domingo 29 de marzo al sábado 16 de mayo ha descendido el consumo nacional de electricidad en casi 10 por ciento. En relación con las siete semanas equivalentes de 2019, del domingo 31 de marzo al sábado 18 de mayo, un registro horario de mil 176 horas. Pero atendamos el segundo dato. En 11 centros de carga (15 por ciento del consumo en 2019) hay una caída estrepitosa de 28 por ciento. Por ello es preciso observarlos y atender los efectos. Deben ser terribles entre la población.
En orden de importancia en el consumo nacional se encuentran Saltillo (menos 35), Irapuato (menos 32), Puebla (menos 28), Querétaro (menos 22), San Luis Potosí (menos 21), Aguascalientes (menos 25), Cancún (menos 24), Monclova (menos 29), Riviera Maya (menos 37), San Martín Texmelucan (menos 37) y Los Cabos (menos 31 por ciento). Han perdido prácticamente un tercio de su consumo. Y, sin duda, deben vivirse momentos dramáticos que exigirán, sin olvidar otros, extrema atención. Sin duda.

5/17/2020

Dinámica económica de México: la treceava



El Centro Nacional de Control de Energía (Cenace) publicó los datos del consumo de electricidad de abril. Ya podemos comparar el comportamiento de cinco semanas fundamentales de 2020 de este complejo periodo de pandemia con las cinco equivalentes de 2019. Última semana de marzo a última de abril. Se trata de 35 días de pandemia. Un total de 840 horas. Recordemos que comparamos el consumo de las llamadas zonas de carga. Un total de 108, distribuidas en zonas como Tijuana, Ensenada, Mexicali, Los Cabos, Ciudad Juárez, Monterrey, Saltillo, Guadalajara, Aguascalientes, Celaya, Querétaro, Valle de México Norte/Centro/Sur, Manzanillo, Acapulco, Huatulco, Tampico, Veracruz, Villahermosa, Oaxaca, Chetumal, Riviera Maya, Cancún, Mérida, entre otras.
Por cierto, en cada una hay nodos p. Un total de 2 mil 502. Por ejemplo, Irapuato, como zona de carga, agrupa 554 nodos p. En ellos se registra el precio por unidad que los suministradores básicos (dos registrados) o calificados (54 registrados) liquidarán por la energía retirada para atender a sus usuarios. Es, también, el precio que pagarán los usuarios calificados (sólo dos registrados) o los comercializadores no suministradores (23 registrados), por el fluido retirado para atender sus requerimientos. Es cierto, en estos registros de retiro de carga no tenemos el perfil específico de consumo de cada zona. Pero, por ejemplo, en la zona Saltillo notamos que a más de los sectores residencial, comercial, agrícola y de bombeo de aguas potables y negras tenemos un bloque de industrias altamente relevantes, tanto en las zonas como Derramadero y Vaquerías como Ramos Arizpe. Incluso, Santa Catarina, Nuevo León, integrada eléctricamente a Saltillo.
El consumo en Saltillo es, por cierto, uno de los de mayor descenso en el periodo de la pandemia. Cayó 35 por ciento. No sólo por ser muy industrial, sino muy automotriz. Similar a los casos de León, Irapuato, Celaya, Aguascalientes, San Luis Potosí y Puebla, también muy automotrices. En conjunto, bajaron más de 20 por ciento. El consumo en zonas turísticas también se redujo mucho. Los Cabos, 32 por ciento; Cancún, 20 por ciento; Riviera Maya, 33 por ciento. Todo indica la grave caída económica. En cambio –lo comentamos hace días con números incompletos–, aumentó el consumo en Tampico, Veracruz, Los Tuxtlas, Coatzacoalcos, Villahermosa, El Carmen y Campeche.
En conjunto, más de 13 por ciento. Es conveniente notar algo más y reflexionarlo. El consumo eléctrico nacional está muy concentrado. No más de 20 zonas de carga (19 por ciento del total) concentran 50 por ciento. Y sólo 43 (40 por ciento del total), 75 por ciento. Así, cerca de 60 por ciento apenas representa la cuarta parte de un consumo nacional próximo a 270 mil millones de kilovatios hora. De esta manera, lo que sucede en 43 zonas de carga determina, esencialmente, el comportamiento eléctrico nacional. Gran dispersión de centros de carga, pero gran concentración de consumo.
Dos observaciones más. Guadalajara, Monterrey y Ciudad de México concentran la cuarta parte del consumo. En este periodo, cinco semanas de pandemia, disminuyó 10 por ciento e influyó en la caída nacional de 8.2 por ciento respecto al mismo periodo de 2019. Es un dato que ayuda a estimar el rezago económico experimentado. Y por experimentar. Y a imaginar los términos de la recuperación. Sin duda.

4/05/2020

Dinámica económica de México: la undécima



Hasta antes de la actual crisis teníamos cerca de 90 millones de habitantes en condiciones difíciles. Muy difíciles. ¡Pobre ingreso! En algunos casos, paupérrimo. Y en otros más, miserable.
¿Por qué? Pues porque poco más de 38 millones de ocupados percibían menos de tres salarios mínimos. Es decir, un promedio diario inferior a 370 pesos, ya con el aumento decretado a partir del primer día de este año.
Cerca de 28 millones de ellos tenían ingresos menores a dos salarios mínimos, un ingreso diario inferior a 247 pesos. Y, lamentablemente, casi 11 millones con menos de 123 pesos diarios. ¿Qué se hace, asimismo, con 370 pesos al día? ¿Con 247? ¿Con 123? Además, recordemos algo. Entre los considerados estadísticamente ocupados por la Encuesta de Ocupación y Empleo (ENOE), que orienta esta reflexión, se incluyen trabajadores dependientes no remunerados y empleados por cuenta propia dedicados a actividades de autosubsistencia. En cierto sentido son los llamados informales, cuyo ingreso actual es absolutamente inseguro. En cierto sentido suman casi 20 millones. Agregados a los 35.5 millones ocupados formalmente suman poco más de 55 millones reconocidos hoy.
Pero no olvidemos a los oficialmente reconocidos como desempleados. Casi 2 millones. Poco más de tres por ciento de una población económicamente activa (PEA) del orden de 57 millones de personas. ¿Qué total de mexicanos de esta PEA estaría en condiciones económicas realmente complicadas en esta crisis pandémica? Pues además de esos casi 2 millones de desempleados, los casi 20 millones que resultan de sumar los trabajadores dependientes no remunerados y los trabajadores por cuenta propia dedicados a actividades de autosubsistencia.
¿Sólo estos? ¡No! Sumémosles los trabajadores en condiciones de empleo formal precario. ¿Cuáles? Lo explica el estimadísimo profesor de la UAM Gustavo Leal ayer sábado, aquí mismo en La Jornada. Los que trabajan bajo contratos temporales de corta duración experimentan un alto riesgo de despido, operan bajo un marco laboral flexible, carecen de organización colectiva, no gozan de prestaciones de seguridad social completas y tienen muy bajo ingreso. ¿Cuántos? ¡Me atrevo a un número! No menos de 9 millones más, si agregamos a los 6 millones de trabajadores que reciben menos de dos salarios mínimos y que no están incluidos en el subtotal anterior, los poco más 3 millones que no reciben ingreso alguno. Sí, en estos momentos habría poco más de 30 millones de personas en condiciones laborales sumamente delicadas. Realmente angustiantes.
Y seguramente son más si añadimos los trabajadores formales a los que no les remunerarán o recibirán sólo una proporción de sus remuneraciones en estas semanas de crisis. ¿Y si consideramos los dependientes económicos de éstos? Pues si hacemos eso nos enfrentamos a cerca de 90 millones de personas en 30 millones de hogares.
Sí, 30 millones de hogares de los casi 40 millones actuales. Y se encuentran en condiciones realmente complicadísimas ante la pandemia. Es cierto –a decir del Coneval– que sólo cerca de 56 millones de habitantes estarían en condiciones de pobreza. Pero si sumamos a éstos los que viven en riesgo por condiciones sociales y los de riesgo por ingresos llegamos a esos 90 millones de personas. Una mayoría que además de la angustia por su salud vive la angustia por su ingreso. ¡Difícil nuestro hoy! ¡Muy difícil! Obliga –qué duda cabe– a una gran solidaridad. De veras.

3/22/2020

Dinámica económica de México: la décima

Pandemia
Según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), la población económicamente activa (PEA) la integran las personas de 12 o más años que realizaron alguna actividad económica (población ocupada) o buscaron activamente hacerlo (población desocupada abierta) en los dos meses previos a la semana de levantamiento de datos e informes.
Los ocupados son los que durante dicha semana presentaron una de las siguientes cinco situaciones: 1) trabajaron al menos una hora o un día para producir bienes y servicios a cambio de una remuneración monetaria o en especie; 2) tenían empleo pero no trabajaron por alguna causa, sin dejar de percibir su ingreso; 3) tenían empleo pero no trabajaron por alguna causa, dejando de percibir su ingreso, pero con retorno asegurado a su trabajo en menos de cuatro semanas; 4) no tenían empleo pero iniciarían con seguridad en cuatro semanas o menos; 5) trabajaron al menos una hora o un día en la semana de referencia sin recibir pago alguno (ni monetario ni en especie) en un negocio propiedad de un familiar o no familiar.
Y los desocupados (abiertos) son los que no trabajaron ni tenían empleo, pero que estaban realizando trámites para conseguirlo. Incluye a los que lo iniciarán en menos de 30 días y los que estaban suspendidos temporal o indefinidamente de su empleo.
La PEA de 2019 alcanzó 57 millones de personas (56.991 oficialmente), casi 46 por ciento de una población estimada en poco más de 125 millones ese año. Del total de la PEA en 2019 los ocupados alcanzaron 35.5 millones de personas. Y los desocupados, 21.5 millones.
Sin embargo, en la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) para 2019 se registraron 55 millones de ocupados. Y esto, en virtud de que a los estrictamente llamados ocupados en los registros de la PEA se agregan dos categorías más: 1) trabajadores dependientes no remunerados; 2) trabajadores por cuenta propia dedicados a actividades de autosubsitencia.
Con estos registros se estima la estructura de ingreso de este total de ocupados, muy próximo a toda la cifra de la PEA. Así, también, con datos oficiales para 2019, por debajo de un salario mínimo hay casi 10.9 millones de personas. Y entre uno y dos salarios mínimos, 17.5 millones de personas.
Esto significa que hay 28.3 millones de personas que ganan menos de dos salarios mínimos. Es decir, 51 por ciento de ocupados registrados por la ENOE. Siguiendo la información de esta encuesta habría 10 millones de personas que perciben entre dos y tres salarios mínimos. En consecuencia, el número de los llamados ocupados en este sondeo con ingresos menores a tres salarios mínimos alcanzaría un total de 38.3 millones de personas, es decir, 70 por ciento de los ocupados.
Hay, además, un registro de 4.6 millones de ocupados con ingresos de entre tres y cinco salarios mínimos. Y de 1.8 millones de personas que perciben más de cinco salarios mínimos. Completan la información de los 55 millones de ocupados, según la ENOE, dos datos importantes más. Un total de 3.3 millones de personas que no perciben ingresos por su ocupación, y un volumen final de casi 7 millones que no proporcionaron información sobre su ingreso.
En cualquier caso, aun suponiendo que estas dos últimas categorías de personas percibieran ingresos superiores a tres salarios mínimos, tendríamos 70 por ciento de ocupados con ese paupérrimo ingreso. Se trata de un dato muy difícil de aceptar. Sin duda.
N.B. ¡Qué hacer sin las brillantes reflexiones de Alejandro Nadal! ¡Abrazo enorme a su hija!

3/08/2020

Dinámica económica de México: la novena



La vida industrial se nutre de las actividades de minería, manufactura, producción y suministro de electricidad, suministro de agua y gas natural y, finalmente, de la importantísima –aunque hoy deprimida– industria de la construcción.
Actualmente estas actividades representan 30 por ciento del producto interno bruto (PIB). El comercio y los servicios, en cambio, cubren la mitad de ese PIB, con 17 y 33 por ciento, respectivamente. El 20 por ciento restante corresponde a transporte, actividades agropecuarias y actividades de información.
De 1993 –uno de los años base para la contabilidad nacional– a la fecha, la actividad industrial de mayor crecimiento ha sido la de suministro de electricidad, agua y gas natural. Básicamente, por un crecimiento anual muy importante de la industria eléctrica. En 2019, por ejemplo, creció casi a 3 por ciento, a pesar de la leve pero significativa caída del PIB. En particular, en actividades como minería y construcción, las manufacturas textil, confección, química, metálica básica y productos metálicos.
Respecto al nivel registrado en 1993, el índice actual de la industria eléctrica corresponde a poco más de tres veces. Algo similar ocurre con la fabricación de equipo de transporte. No es el caso de la minería, cuya producción ha disminuido en 45 por ciento respecto a su nivel de 1993. Fundamentalmente, por la pérdida tan grande en extracción de petróleo y gas natural. Sí, lamentablemente, ésta ha bajado en 30 por ciento en comparación con su nivel de 1993. Pero casi 60 por ciento respecto a su valor máximo registrado, por cierto, en 2004.
La manufactura, en conjunto, ha crecido 75 por ciento en casi 30 años. Pero hay ramas que, pese a su repunte respecto al nivel de producción registrado hace 30 años, actualmente están muy por debajo de su índice medio anual máximo. Es el caso de la textil en su conjunto. Integra insumos y productos textiles, confección y vestido, cuyos niveles actuales de producción son inferiores en más de 30 por ciento a sus valores máximos, registrados en 2000. Sorprenden también caídas importantes en esferas manufactureras, como la metálica básica, del orden de 25 por ciento.
¿Qué sucede? En general, hay procesos de restructuración muy profundos. Muy desiguales, por cierto. Tienen que ver no sólo con la mayor o menor competencia internacional. También con las transformaciones tecnológicas y con cambios similarmente profundos en los procesos productivos y en las habilidades obreras.
En estas actividades industriales se concentra hoy de 12 a 15 por ciento de una población económicamente activa (PEA) que en 2019 promedió 57 millones de personas y de la cual, actualmente, se registran oficialmente 2 millones de desempleados. Sí, cerca de 7 millones de personas se ocupan en minería, manufactura, producción y suministro de electricidad, suministro de agua y gas natural y en la industria de la construcción. Su futuro es incierto.
Concluyamos con una idea difícil de aceptar. Globalmente, las actividades industriales se han debilitado en nuestro país. A principios de los años 80 casi llegaron a representar 40 por ciento del PIB nacional. Hoy, como hemos visto, ha perdido 10 puntos de ese PIB. Lamentablemente. Ya reflexionaremos un poco más sobre los efectos de este debilitamiento industrial. Sin duda.

2/09/2020

Dinámica económica de México: la séptima


Los motivos esenciales de la migración en el mundo –a decir de los especialistas– son cinco búsquedas: 1) de empleo, sea porque no se tiene o se anhela uno mejor; 2) de mejoría de ingreso, cuando no satisface el que se deriva del empleo que se tiene –cuando se tiene– o porque francamente no se tiene ni trabajo ni ingreso; 3) de igualdad económica y social; 4) de equilibrio o balance demográfico; 5) finalmente, de mayor bienestar ecológico y ambiental.
¿Qué buscan los migrantes? Empleo de superior calidad y de mayor remuneración; un ambiente económico y social más justo y menos desigual, y una situación demográfica menos conflictiva. Finalmente, un entorno más limpio, con menos problemas de contaminación y naturaleza más sana.
En este marco, esos mismos especialistas internacionales –algunos brillantes mexicanos entre ellos, en lo fundamental de El Colegio de México, el Colegio de la Frontera Norte, la Universidad Autónoma de Baja California, y de nuestra doliente Universidad Nacional Autónoma de México, entre otras– analizan las tendencias en cuanto a origen y destino de los procesos migratorios, montos de remesas involucrados, condiciones de vida de migrantes, precariedad.
La lectura de varios artículos y diversos reportes internacionales subrayan que a escala internacional algo sorprendente pasó a partir de 2005. ¿Por qué? Porque las remesas recibidas por China ese año se elevaron de 4 mil millones de dólares en 2004 a 22 mil 742 millones. Hasta 2004 el principal receptor de remesas en el mundo era India, con 18 mil 753 millones de dólares, monto muy similar, por cierto, a las que México recibió también ese año. Sin embargo, a partir de 2005 China e India se fueron muy parejos en cuanto a ingresos provenientes de nacionales en el exterior. Y son, sin duda, las dos naciones con mayor dinamismo en el mundo en ese sentido.
China, por cierto –comentémoslo–, elevó tres veces en términos reales su producto interno bruto de 2005 a 2019. Sorprende, sin lugar a dudas, que entre 2006 y 2016 México permaneciera con ingresos muy estables, que no registrara el sorprendente dinamismo de los dos países asiáticos. Y que esos años, por cierto, fuera superado por Filipinas, que hoy ha vuelto a ser el cuarto lugar en cuanto a remesas, luego de que México recuperara cierto dinamismo y ocupara –como lo hace hasta hoy– el tercer lugar, aunque con un monto que apenas alcanza la mitad de lo que India recibe actualmente. Un factor fundamental que también observan los especialistas es el costo implicado en las remesas. A escala mundial el costo promedio de envíos por oficinas postales y transferencias monetarias ( money transfer operators) registrado en 2018 fue del orden de 6 por ciento (5.5 y 6.2, respectivamente).
En el caso de las transferencias monetarias que realizan las oficinas postales ( post money transfer operators), casi 8 por ciento. Y, finalmente, las transferencias bancarias electrónicas cerca de 10 por ciento. Terminemos recordando algunos datos preliminares de 2019 para México. De un volumen total de envíos de mexicanos en el exterior de 111 millones, 98.9 por ciento correspondió a transferencias electrónicas. Y el monto involucrado en éstas fue de 35 mil 600 millones de un total enviado próximo a 37 mil millones. Y de este monto, los bancos se quedan con un promedio de 9 por ciento. ¿Cuánto es eso? Ni más ni menos que más de 3 mil millones de dólares. ¡Qué sangría para los migrantes! ¡Sin duda!