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6/08/2019

Aborto: batallas en México y Estados Unidos

La relevancia de lo que resolvió la Primera Sala de la SCJN, con unanimidad de cinco votos, es enorme. La historia es la siguiente. A Margarita, de 40 años, una derechohabiente del ISSSTE, le fue diagnosticado un embarazo de alto riesgo, por lo cual ella solicitó un aborto por la afectación a su salud que implicaba proseguir ese proceso. El Centro Médico Nacional 20 de Noviembre le negó una interrupción aduciendo que la Ley General de Salud no establece nada en relación con el aborto por motivos de salud de la mujer.
Aunque el aborto por razones de salud es legal en la Ciudad de México, las instituciones de salud federales, como el ISSSTE y el IMSS, justifican su negativa a realizar abortos aduciendo que son instituciones federales y que el Código Penal Federal no incluye la causal de salud. Ante la negativa, y consciente de que su caso no era el único que enfrentaba la rigidez burocrática de dichas instituciones, Margarita decidió dar la batalla y, acompañada por el GIRE, puso un amparo.
El litigio duró cinco años, y a lo largo de ese tiempo se fueron sorteando distintos obstáculos hasta llegar al pasado miércoles 15, cuando la SCJN resolvió el amparo 1388/2015. En él determinó que el Centro Médico tenía la obligación de proporcionarle a Margarita el servicio de interrupción del embarazo por las afectaciones y riesgos a su salud, y que al no hacerlo violó su derecho a la salud. El proyecto de la ponencia del ministro Alfredo Gutiérrez Ortiz Mena sostuvo que la Ley General de Salud debe interpretarse de tal manera que las mujeres puedan interrumpir un embarazo que esté afectando su salud, ya que si las instituciones de salud se niegan a interrumpir un embarazo que causaría afectaciones o riesgos a la salud incurren en una violación de derechos humanos. Esta resolución establece un criterio sumamente relevante para resolver casos similares, pues señala que el derecho de las mujeres a interrumpir el embarazo cuando haya afectaciones a su salud debe garantizarse con independencia de que la causal salud esté explícitamente en el código penal.
En Estados Unidos la reciente reforma a la ley de Alabama, que sólo permite el aborto para salvar la vida de la mujer, es parte de una estrategia de los ­republicanos para forzar a la Suprema Corte a que revise la resolución Roe versus Wade, de 1973. Este juicio consagró el derecho de las mujeres a decidir sobre la interrupción de un embarazo, pero desde entonces los republicanos han intentado revertir la legalización del aborto, obstaculizando al máximo los servicios públicos. Con Trump los republicanos han endurecido su postura, aunque estos dos últimos años ha crecido una rebelión interna encabezada por un grupo de mujeres republicanas a favor de la libertad de elección en esa materia.
El aborto se ha politizado y, en el contexto preelectoral de nuestro vecino del norte, varios candidatos presidenciales demócratas ya salieron a plantear que hay que fortalecer el derecho de las ­mujeres a decidir. El senador Cory Booker fue el primero en declarar que, de ser elegido, él garantizaría en todo el país el derecho al aborto, incluso si la Suprema Corte cancelara la Roe vs. Wade. Luego las senadoras Kirsten Gillibrand y Elizabeth Warren prometieron lo mismo. Por lo visto, el tema del aborto será decisivo en las próximas elecciones estadunidenses.
Por lo pronto, mientras la indignación y la pesadumbre embargaban a las estadunidenses por lo ocurrido en Alabama, Busy Philipps, una joven actriz, lanzó una iniciativa similar al movimiento #MeToo. Con el hashtag #YouKnowMe (“tú me conoces”) les pidió a usuarias de redes sociales que compartieran sus historias personales de aborto. Phillips tuiteó:
“1 de 4 mujeres ha tenido un aborto. Muchas personas creen que no conocen a nadie que haya abortado, pero me conoces a mí, así que hagamos esto: si tú también eres una entre cuatro, compartamos y empecemos a eliminar la vergüenza. Usa la etiqueta #youknowme y comparte tu verdad”.
Inmediatamente hubo una respuesta masiva en las redes sociales.
El activismo feminista, tanto el juvenil que estalla en las redes como el organizado en asociaciones ciudadanas como el GIRE, que litiga casos, son muy importantes. Sin embargo, quiero destacar lo crucial que es el compromiso ciudadano de Margarita, quien, aunque ya tenía “resuelto” su problema, estuvo dispuesta a que su caso sirviera para abrirle el camino a las demás mujeres. Y agradezco la fundamental resolución de la SCJN, que reivindica el derecho a la salud por encima de la negativa a interrumpir el embarazo cuando afecta la salud de la mujer.
Este análisis se publicó el 26 de mayo de 2019 en la edición 2221 de la revista Proceso

12/01/2018

Sindicalismo y feminismo

El problema para la ministra es explicarnos por qué el trabajo sexual es la manera en que miles de mujeres logran el mejor ingreso, además con una flexibilidad que les permite conciliar su vida familiar. ¿Dónde está su contrapropuesta de oportunidades laborales en las que se gane bien con flexibilidad? La reacción del gobierno ante la organización sindical de lxs trabajadorxs suscitó que dos organizaciones feministas, la Comisión para la Investigación de Malos Tratos a Mujeres y la Plataforma 8 de Marzo de Sevilla, interpusieran una demanda para ilegalizar al sindicato Otras. 

Un primer manifiesto, titulado “El feminismo ha sido abolicionista desde su raíz”, respaldaba las dos demandas, pero no tardó en aparecer otro titulado “El feminismo no tiene una sola voz en el debate sobre la prostitución”, donde se precisaba que no todas las feministas son abolicionistas y se solicitaba a esas organizaciones feministas la retirada sus demandas. Este manifiesto fue suscrito ya por más de mil 500 personas, entre las que destacan feministas de la talla de Nancy Fraser, Rita Laura Segato, Naila Kabeer, Silvia Federici y Janet Halley. De México aparecen Elena Poniatowska, Ángeles Mastretta, Carmen Boullosa, María Pía Lara y varias más. 

En él se reivindica la enorme diversidad de posiciones y de sensibilidades feministas respecto al comercio sexual y se pide que no se utilice una pretendida unanimidad del feminismo como aval de ninguna medida legal que pueda afectar a las condiciones materiales de vida de muchas personas que trabajan en este sector –en todas sus variantes: prostitución, bailarinas, actrices, teléfono erótico, entre otras–. También se propone un espacio de diálogo donde todas las posturas puedan ser escuchadas en igualdad de condiciones.

No debe impedirse la organización libre y autónoma de colectivos de mujeres con el propósito de avanzar en derechos sociales y laborales básicos en condiciones de igualdad con el resto de la sociedad. Lo que está en juego es el día a día de muchas personas que encuentran en el trabajo sexual su medio de vida sin la cobertura ni protección mínima de derechos. Es imprescindible que las trabajadoras sexuales tengan voz en este debate y se les reconozca capacidad de agencia sobre sus decisiones vitales (reconociendo la pluralidad de experiencias de quienes se dedican a esta actividad, dentro de los límites que impone la necesidad de trabajar y las escasas opciones disponibles para muchas). La sindicalización les permitirá reclamar mejores condiciones de trabajo a los dueños de los establecimientos y hoteles.

El sindicato Otras señala que en España la actividad económica que genera el trabajo sexual (bajo múltiples modalidades) y su legalidad se encuentran avaladas jurídicamente, como se refleja en múltiples sentencias tanto nacionales como europeas. Por tanto, privar del derecho fundamental a constituir sindicatos y afiliarse a ellos a las personas que prestan servicios en esta actividad –también servicios telefónicos o vía web, actores y actrices, etcétera– supone un ataque frontal a un derecho democrático básico del sistema constitucional. Sindicalizarse es un derecho consolidado tras siglos de lucha y resulta lamentable que organizaciones feministas emprendan acciones legales en contra de este derecho. 

Sin duda hay muchos tipos de trabajadoras sexuales y también hay distintas personas y organizaciones que están implicadas en el negocio del comercio sexual, algunas de ellas con turbias e ilegales prácticas. Pero precisamente lo que una organización sindical como Otras pretende es fortalecer a las mujeres para que no caigan en manos de las mafias, para que puedan exigir mejores condiciones y defenderse grupalmente. El trabajo sexual es la ocupación mejor remunerada que consiguen muchísimas personas frente a los brutales cambios económicos que provoca la reestructuración globalizada del capitalismo, que genera precarización laboral, desempleo prolongado y salarios míseros. Más que abolir el comercio sexual, hay que cambiar el sistema socioeconómico. Mientras tanto, hay que apoyar la organización política sindical de lxs trabajadorxs sexuales. 

10/13/2018

Las mujeres en el 68


La ausencia de testimonios y reflexiones en torno al papel crucial que jugaron las mujeres durante y después del movimiento refleja una realidad: el escaso protagonismo político de las mujeres en esa época. No es extraño que, dado el contexto cultural machista de los años sesenta, la gran mayoría de los líderes hayan sido varones y que en sus textos la variedad de la participación femenina apenas se esboce. Una notable excepción es La noche de Tlatelolco, de Elena Poniatowska, libro conmovedor e imprescindible de leer hoy en día, donde la escritora entrevista a 103 mujeres de distintas edades y condiciones sociales involucradas en el movimiento.
Pero, aunque resulta lógica la escasez de mujeres líderes, no es lo mismo con las activistas de base. Las brigadas estaban integradas por muchísimas mujeres y además hubo una gran participación femenina que no ha sido destacada. Deborah Cohen y Lessie Jo Frazier, una historiadora y una antropóloga estadunidenses, convencidas de que la participación masiva de la población fue la que hizo tan poderoso y amenazante al movimiento a los ojos del Estado, estaban sorprendidas de que los relatos de los líderes no registraran a cabalidad la dimensión de la participación de las mujeres, se propusieron investigar el papel que habían tenido las mujeres que se involucraron en ese entonces.
Cohen y Frazier vinieron a México en 1989, entrevistaron a más de 60 mujeres que habían participado en el 68 y registraron qué recordaban y cómo habían vivido el movimiento. La variedad de las entrevistadas incluyó a: “estudiantes universitarias en diversas facultades de la UNAM, en el Instituto Politécnico Nacional, en la Escuela Nacional de Antropología y en las universidades de provincia; estudiantes más jóvenes tanto en escuela mixtas como en las exclusivamente femeninas; mujeres que vivían en los conjuntos habitacionales, principalmente en Tlatelolco, activistas de partidos políticos, incluyendo a la Juventud Comunista, hijas de refugiados europeos, abogadas de prisioneros políticos, mujeres que se preparaban para trabajar en la Olimpiada de 1968, maestras a nivel secundario y universitario, funcionarias universitarias, madres de estudiantes, prisioneras políticas, artistas, activistas sociales, miembros del CNH y profesionistas: psiquiatras, periodistas, antropólogas” (1993:80).
Su investigación ofrece elementos para valorar la participación femenina en el 68. Ellas encuentran que las mujeres se integraron igual que los hombres en todos los niveles del movimiento, la gran mayoría en las brigadas, menos en las asambleas y pocas en el CNH. Y muchísimas mujeres se comprometieron con el movimiento en la tarea sustantiva de organizar las comidas:
El proporcionar las comidas permitía un funcionamiento efectivo y creciente. Además, las horas de comida servían para dar energía y fortalecer la lucha. Cientos de estudiantes regresaban de sus actividades nocturnas, matinales o vespertinas y eran recibidos con una comida caliente y un lugar donde nutrir no solamente su cuerpo, sino su espíritu (1993:82).
Hacer las compras, cocinar y limpiar después, fueron tareas laboriosas consideradas “trabajo de mujeres”. Y fueron indispensables. Jaime García Reyes declara: “para el 23 de septiembre, las escuelas se habían transformado para muchos de nosotros, en nuestras casas, sobre todo los que veníamos de provincia. Comíamos y dormíamos. Todo giraba en torno a las escuelas”.
También Cohen y Frazier registran que otras mujeres desecharon esa tarea típicamente femenina, pues preferían hablar en los mercados y en los autobuses, ya que descubrieron que eran buenas para comunicarse con la gente. Algunas mujeres reformularon la propaganda política, modificando los mensajes “intelectuales” para que se entendieran, haciendo “pequeños cuentos”, incorporando mitos populares y dichos mexicanos. Muchas estuvieron en las guardias nocturnas, lo que les significó una bronca con sus familias. Y porque su condición femenina las hacía menos sospechosas, varias fueron mensajeras, y engañaban a la policía. Las jóvenes de clase alta usaban sus coches.
Yo era estudiante en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH) y al recordar ese tiempo me doy cuenta de que, aunque muchas compañeras participaron en el movimiento, esto no forjó una conciencia feminista. La segunda ola feminista irrumpió en México hasta 1970 y eso explica que en la ENAH las estudiantes mujeres nos hiciéramos cargo de traer o preparar la comida, de darle a la manivela del mimeógrafo e, indefectiblemente, sirviéramos el café. En ese entonces yo no tenía la más pálida idea del feminismo que se estaba gestando en paralelo en Europa y Estados Unidos. Yo era una “compa” más, y asumía las tareas que me encomendaban sin cuestionar esa división tradicional del trabajo que, años después –ya feminista– analizaría y problematizaría. Tal vez hubo flashazos de feminismo espontáneo, como uno que me relató Mariángeles Comesaña. Una de sus compañeras de brigada “Miguel Hernández” decidió que era muy importante entrar a las cantinas, “pues cómo era posible que hubiese un espacio en la Ciudad de México que estuviera prohibido para las mujeres”. Así, un grupo de chicas entraban rapidísimo, entregaban los volantes mientras los meseros o el encargado les decían “Sálganse, sálganse, no pueden estar aquí” y los borrachitos gritaban “déjenlas que se queden”.
El propósito de Cohen y Frazier no fue tomar las experiencias de las mujeres como un complemento de la historia oficial, ni obtener “una perspectiva de las mujeres”, sino ganar una mirada más completa sobre lo que ocurrió. Ellas registran la camaradería entre mujeres y hombres, al grado de que a las mujeres no nos daba miedo quedarnos a hacer guardia en la noche en la escuela, con ellos al lado. Sin duda, el movimiento desafió los valores sexuales tradicionales, y provocó ampliaciones inesperadas en la vida sexual de muchas, con múltiples tránsitos de la política al sexo, del sexo a la política. Los momentos intensos y peligrosos que se vivían cambiaron las relaciones personales de todo tipo. Mientras las familias se sentían amenazadas por las actividades de sus hijas e hijos, las jóvenes descubrían nuevas dimensiones en las relaciones con los hombres: desde como amantes hasta como camaradas. El despertar sexual de muchas mujeres estuvo ligado a su despertar político, y viceversa. La amistad entre hombres y mujeres se volvió una realidad. Podía haber una sola mujer en una brigada y todos eran camaradas. Varias terminaron la relación con el novio porque no apoyaba al movimiento o porque desaprobaba su involucramiento. Las vidas de muchas se transformaron al quedarse de noche en las guardias. Cohen y Frazier recogen las palabras de Luisa, de la Facultad de Ciencias Políticas, sobre el movimiento: “Fue dar un gran paso hacia la igualdad” (1993:98).
Finalmente, algo que para las investigadoras resultó muy significativo fue que la mayoría de las mujeres entrevistadas no consideraba que su participación mereciera un estudio histórico, aunque todas señalaban que el 68 había cambiado profundamente sus vidas. Yo fui una de las 60 entrevistadas y ese fue mi caso: juzgué mi participación como insignificante al mismo tiempo que reconocí que el 68 cambió mi vida. Hoy, 50 años después, puedo calibrar qué tan profunda y sostenida fue esa transformación.
Este análisis se publicó el 7 de octubre de 2018 en la edición 2188 de la revista Proceso.

1/23/2017

Quiebre social y solidaridad - Proceso


Marta Lamas
CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Hace años, cuando ocurrió el huracán Katrina, Nueva Orleans se convirtió durante un tiempo en un espacio salvaje, con saqueos, violaciones y asesinatos. Slavoj Zizek, un filósofo esloveno, reflexionó sobre lo que pasa cuando en el preciso lugar donde uno esperaría un impulso de solidaridad frente a una catástrofe semejante, lo que estalla es el egoísmo más despiadado. Para Zizek el huracán sirvió de “revelador social” de la “naturaleza” del capitalismo en su forma más pura: la afirmación despiadada del yo dentro de la lógica de la competencia individualista. Esto muestra una “naturaleza” humana mucho más amenazante y violenta que todos los desastres naturales juntos. Zizek señaló que por eso es mayor el miedo al ver desintegrarse nuestro tejido social que el que causa un accidente natural.
Tiene razón Zizek: la fragilidad del orden social produce pavor. Y eso es lo que la prensa nos transmite cada día. Hace rato que en México se ha introducido la noción del “desgarramiento del tejido social” en el discurso político. Los desgarros que venimos arrastrando, y que cada día se agudizan y complican más, son exhibidos en la prensa; y las interpretaciones sobre la causa de este quiebre de la socialidad van desde señalar la violencia económica hasta la física: marginalidad, desempleo, corrupción, narcotráfico, impunidad, etcétera. Estas particularidades, elementos indudables de la transformación de la modernidad en el capitalismo tardío, ocurren en todo el mundo. Por eso Gilles Lipovetsky habla de una “mutación sociológica global” que tiene dos características: una negativa –el proceso de personalización remite a la fractura de la socialización– y una positiva –la elaboración de una sociedad flexible basada en la información y en la estimulación de las necesidades personales, el sexo y la imagen, que implica el surgimiento simultáneo de un modo de socialización y uno de individualización.
¿Cómo interpretar los recientes saqueos y protestas por el gasolinazo? Como protesta por un quiebre institucional que cada día se nota más y que da pavor. Pero la política no existe sólo ahí afuera, en la forma de autoridades y burocracias, sino que, como señala Bourdieu, también vive “aquí dentro”, indeleblemente grabada en todos nosotros a través de lo que construimos cognitivamente como el mundo social. Nuestra comprensión de “la realidad” está marcada por el lugar social donde nacemos y accedemos a los dictados del poder mucho antes de comprometernos conscientemente con cualquier acto político. La adhesión al orden existente opera no sólo a través de las ideas y las convicciones ideológicas, sino fundamentalmente de la “naturalización” del mundo social, de su inscripción en los cuerpos y los objetos a través del acuerdo callado e invisible entre las estructuras sociales y las estructuras mentales. Los seres humanos respondemos a las formas predominantes en la vida social, que en la actualidad son el individualismo y el narcisismo, y los rasgos universales de la experiencia humana son moldeados por las particularidades de nuestra cultura. Sin embargo el fenómeno del “desgarramiento del tejido social” está cada vez más difundido, al igual que está muy en boga un discurso individualista, que promueve el interés personal. Aunque el discurso democrático pretende establecer condiciones que hacen posible la lucha contra los diferentes tipos de desigualdad, la mayoría de las personas, sin esperanzas de mejorar su vida en ninguna de las formas que verdaderamente importan, cree que hay que vivir sólo el momento y que lo importante es su mejoría personal.
¿Qué serviría para recomponer el tejido social, para detener los quiebres y desgarres? Tal vez otra pregunta puede ofrecer una pista: ¿qué le da sentido a nuestras vidas? Creo que a todos los seres humanos les dan sentido las relaciones con los demás, aunque éstas se reduzcan al pequeño grupo familiar, a la tribu, al grupo religioso o político. Pero para mantener un lazo social fuerte se requiere la conexión con los otros, los diferentes, los que no son parte de “nuestro” grupo. Pero establecer conexión con “los otros” habla de la capacidad de vincularse, de sentir empatía.
Hay varios estudios que hablan de que las personas que no sienten vergüenza no tienen capacidad de empatía ni se conectan con los demás, ni fortalecen el sentido de vinculación social que tiene la condición humana; desgarran el lazo social, rompen el tejido social. La relación entre la vergüenza y la empatía es la base de la solidaridad. Creo que fue Marx quien dijo que la vergüenza es el primer sentimiento revolucionario. Pero tal parece que los funcionarios no tienen esa vergüenza, vergüenza de cómo vive la mayoría de nuestros compatriotas, del ridículo aumento al salario mínimo de los trabajadores, de la situación de los desempleados, de la vida de las empleadas del hogar, en fin, de todo el horror que ritualmente se denuncia en los medios.
Sin embargo, un rayito de esperanza es la insólita y agradecible decisión del INE de renunciar a construir sus nuevas instalaciones y así devolver mil millones para el gasto social. Ese es el impulso de solidaridad frente a una catástrofe del que hablaba Zizek. Ojalá y esté sentando un precedente que muchas más instituciones sigan.

9/10/2016

África y las mutilaciones genitales


CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Hace unos días el Parlamento de la Unión Africana avaló la prohibición, en toda África, de las mutilaciones genitales de las mujeres. No obstante el Parlamento tiene carácter consultivo, por lo que la decisión sólo implica un respaldo político sustantivo a quienes llevan años luchando para terminar con dicho horror.
¿En qué consiste la mutilación genital femenina? A grandes rasgos se pueden diferenciar tres variantes: 1) la circuncisión “surna”, consistente en cortar “la punta del clítoris”; 2) la escisión del clítoris o clitoridectomía, que también puede estar acompañada por la escisión de las partes adyacentes a los labios menores; y 3) la infibulación, la desaparición total de cualquier apariencia sexual, eliminando clítoris y labios menores y mayores, y cosiendo la superficie hasta dejar un mínimo orificio (muchas veces del ancho de un cerillo de madera, otras de cinco milímetros) para dejar salir la orina y la sangre. Esta operación supone que, para tener relaciones sexuales y posteriormente para parir, la mujer deberá ser abierta (de un tajo a sangre fría, usualmente); después de parir es vuelta a coser y este procedimiento se repite a lo largo de su vida reproductiva.
Las mutilaciones se efectúan, en su gran mayoría, sin anestesia; se llevan a cabo en condiciones poco sanitarias, en la casa de la víctima o en un lugar ritual (recientemente, dado el alto índice de muertes y complicaciones, algunos hospitales han empezado a ofrecer “el servicio”). Cada grupo tiene sus técnicas y sus variaciones en la operación: algunos “cauterizan” el clítoris con fuego, otros frotan una especie de ortiga sobre los órganos sexuales para destruir las terminaciones nerviosas; unos restañan la sangre con compresas de leche, hierbas y miel, mientras que otros utilizan excrementos de animales o cenizas.
También varía la edad en que se les mutila, de acuerdo con la tradición y los procedimientos locales. Unas son “operadas” al octavo día de nacidas, pero la mayoría son sometidas a esta tortura antes de la pubertad. Los casos de infibulación, por ejemplo, se realizan cuando la niña tiene entre tres y ocho años. Muy pocas son las que llegan a la adolescencia sin ser mutiladas, ya que las consideran “sucias” o “impropias” y resulta imposible casarlas si siguen “al natural”. Aunque la edad varía, es una constante en todas ellas el vívido recuerdo que guardan de la mutilación.
¿Por qué se mutila de esa manera a niñas y jovencitas? Las explicaciones que dan los grupos que practican la mutilación genital recorren una amplia gama de justificaciones culturales; desde una supuesta “limpieza” de los genitales femeninos o una “protección contra brujerías”, hasta abstracciones tales como “la religión lo señala” o “así es la costumbre”. Sin embargo hay unanimidad al pensar que representa una “garantía” de la virginidad y que sirve para “prevenir” la promiscuidad femenina (al reducir físicamente la posibilidad del placer sexual y aterrorizar a las mujeres frente a lo doloroso del coito). La práctica pone en evidencia un gran miedo a la sexualidad femenina, que se expresa, por ejemplo, con argumentos como los de los mossi, de Burkina Faso, o los dogon y bambaras de Mali, que creen que el clítoris es un órgano peligroso para los hombres, ya que les trae consecuencias fatales si el pene entra en contacto con él. Como diría Monsiváis: ¡No comments!
Cada año unos 3 millones de niñas son sometidas a este tipo de mutilación, y se calcula que en estos momentos hay alrededor de 125 millones de mujeres víctimas de diversas formas de mutilación genital. Son las propias mujeres africanas las que desde hace años iniciaron una campaña para acabar con estos traumáticos usos y costumbres. Y también son ellas quienes se oponen a que se le llame “circuncisión femenina”. Arguyen que la única similitud entre ambas circuncisiones es el hecho de que se llevan a cabo por motivos religiosos o razones culturales. Sólo que la circuncisión masculina no acaba con la capacidad de placer sexual en los hombres ni les acarrea coitos dolorosísimos o problemas médicos y psicológicos para toda la vida. Este término de “circuncisión femenina” es, por lo tanto, además de incorrecto, confuso, ya que sugiere que lo que se les hace a las mujeres es algo similar a lo que se les hace a los hombres y, por ende, superficial. El clítoris tiene tantas terminaciones nerviosas como el pene y, tomándolo estrictamente como el órgano sexual femenino, una clitoridectomía es más una penectomía que una circuncisión masculina.
La labor de las africanas que luchan contra la mutilación ha logrado que crezca la campaña de denuncia y que rebase las fronteras de sus países. En especial ha logrado atraer la atención de organismos internacionales, como la Organización Mundial de la Salud. Las mujeres que encabezan este movimiento son africanas (y también árabes) que valientemente han desafiado “la tradición” exponiéndose al rechazo y a la agresión al romper ciertos tabúes (dejar fotografiar sus órganos mutilados, hablar de cómo fueron mutiladas) y al no permitir que sus hijas padezcan lo mismo.
Desde ahora los 250 parlamentarios que tomaron tal decisión deben hacerla llegar a sus países y el respaldo internacional que reciban será importantísimo. ¿Nuestro gobierno se pronunciará al respecto?  

7/10/2016

Irinea y Luz: lucha por la justicia


Desde su profundo convencimiento de que su hija había sido asesinada, Irinea emprendió una larga batalla para que se le hiciera justicia. Lo primero que hizo, luego de librar muchos obstáculos, fue conseguir que le permitieran ver el expediente. Al leerlo encontró que estaba incompleto, que faltaban fotografías, que no había registro de ciertas investigaciones o diligencias. El expediente se reducía a cinco hojas donde se asentaba que Mariana se había suicidado.
Doña Irinea se aprendió de memoria el expediente y empezó a estudiar libros de derecho y de criminalística. Con el conocimiento adquirido incluso hizo las pruebas de resistencia al cordón con el que supuestamente Mariana se había ahorcado. Por su constante insistencia logró que se empezaran a integrar en el expediente algunas fotografías y las declaraciones del comandante Hernández Ballinas.
En enero de 2011, en el programa de Paty Kelly, Irinea escuchó hablar del Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio (OCNF) a otra madre cuya hija había sido asesinada por su pareja. Entonces buscó a la organización Católicas por el Derecho a Decidir, donde María de la Luz Estrada es la coordinadora del área de violencia de género y derechos humanos. La socióloga y maestra en derechos humanos de esa organización es, además, la coordinadora ejecutiva del OCNF, que integra a 40 organizaciones en 21 entidades federativas. Luz, como la llamamos quienes la admiramos y queremos, es la encargada de impulsar y sostener el trabajo que requiere el proceso de acompañamiento de casos como el de Mariana Lima Buendía. La visión estratégica y el profundo compromiso de Luz le han dado una fuerza política impresionante al OCNF.
Parte relevante del trabajo de acompañamiento que hacen Católicas y el OCNF es el de desculpabilizar a los familiares, que no se sientan responsables del asesinato de sus hijas o hermanas, pues muchos se lamentan de no haberse dado cuenta de la violencia que ellas vivían. En el caso de Mariana, su madre se torturaba con “si yo no la hubiera dejar regresar por sus cosas”. También hay quienes reciben injustos comentarios de vecinos o amigos en el sentido de criticarlos porque educaron a sus hijas para el sometimiento al marido, “¡y miren las consecuencias!” Elaborar el dolor y la culpa, desarrollarse como defensoras, fortalecerse personal y políticamente, son las metas que les propone el OCNF a las víctimas que quedan luego de un feminicidio. Este acompañamiento resulta fundamental para que puedan hacer un duelo que no las hunda en la depresión, sino que las impulse a la acción. Luz ha señalado que la denuncia de la violencia es indispensable justamente para ir frenando ese tipo de violencia.
Irinea, Luz y su equipo de Católicas, y los abogados del OCNF Rodolfo Domínguez y Ana Yeli Pérez Garrido, lograron, con persistencia e inteligencia, que la Suprema Corte de Justicia de la Nación aceptara el amparo que solicitaron. Hace un año y tres meses la Suprema Corte ordenó a la Procuraduría del Estado de México que se repusiera la investigación desde cero y con el criterio de perspectiva de género. Hace apenas unos días el comandante Hernández Ballinas fue detenido como probable asesino de Mariana. El miércoles 29 se determinó el auto de formal prisión. Y aunque falta todavía la resolución final de un juez sobre su responsabilidad en la muerte de su esposa, es muy alentador el hecho de que la Suprema Corte haya ordenado la reposición de la investigación y que el presunto asesino ya esté detenido. El mensaje que esto manda al sistema de justicia, en especial a los demás policías judiciales, es que cada vez más las “influencias” no sirven ante el coraje de una madre indignada, de una familia que lucha por la justicia, y de un grupo organizado de la sociedad, coordinado por una mujer cuya entrega y valentía no tienen parangón.
Han sido años largos y dolorosos para Irinea y su familia, difíciles y duros para Luz, los abogados y el OCNF. Ellas y todas las personas que han apoyado el proceso han confrontado la forma en que en nuestro país se burla a la justicia por la corrupción y amiguismo entre policías, y también han confirmado que el machismo mata. Hoy, con la detención del policía judicial Hernández Ballinas, doña Irinea, aunque sigue lamentando la muerte de Mariana, está tranquila de que por fin se empieza a hacer justicia.
Gracias María de la Luz Estrada, gracias Católicas por el derecho a decidir y gracias Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio.

5/14/2016

¡Vivas nos queremos!


CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- El domingo 24 de abril, en más de 40 ciudades de nuestro país, miles de mujeres indignadas y esperanzadas expresaron su repudio y su hartazgo ante la violencia machista, gritando: “¡Vivas nos queremos!”. También miles de hombres las acompañaron en su protesta, ubicados en un segundo plano, respetando el protagonismo de quienes pensaron y organizaron esta movilización nacional contra las violencias machistas. Fueron “colectivas” independientes quienes convocaron a mujeres de distintos estratos sociales, variadas ocupaciones y diferentes edades, desde madres de las adolescentes desaparecidas en Ecatepec hasta mujeres profesionistas, pasando por muchísimas jóvenes, intensas, furiosas, lúdicas, aguerridas.

A su llegada al Ángel de la Independencia, al que renombraron la “Victoria Alada”, dieron a conocer un durísimo pronunciamiento, del cual copio únicamente una pequeña parte:

“Hoy, 24 de abril de 2016, nosotras, mujeres feministas, mujeres sin partido, mujeres de todas las diversidades, estamos aquí frente a la historia reciente de México para gritar, exigir, denunciar que estamos hartas de todos los tipos de violencia machista a los que sobrevivimos día a día, desde la más directa hasta la que proviene de las partes más obscuras de este sistema económico, político y cultural heteropatriarcal capitalista; de este Estado fallido e indolentemente feminicida, que nos reconoce como sujetas fiscales, como mano de obra, como capital intelectual y manual para acrecentar su riqueza, pero nos desconoce como personas, que nos quita la identidad en todos los sentidos, condenándonos a una fosa común en la historia.

“Hoy mujeres obreras, campesinas, indígenas, mestizas, estudiantas, militantes, maestras, activistas, trabajadoras sexuales y trabajadoras del hogar, artistas, cocineras, lesbianas, bisexuales, heterosexuales, mujeres trans, disidentas sexogenéricas, mujeres de todas las corporalidades, mujeres con discapacidades, mujeres de todas las clases, profesionistas, analfabetas, encarceladas, guerrilleras, presas políticas, parteras, chamanas, mujeres en situación de calle…, tenemos un propósito común: manifestar nuestro absoluto hartazgo, nuestra rabia acumulada en contra de la violencia estructural, cultural e institucional que crecientemente provoca cifras alarmantes de feminicidios, el extremo más grave de estas violencias, que convierte las desapariciones forzadas y asesinatos de mujeres en manifestaciones brutales de odio y amarillismo.

“Hoy nos manifestamos multitudinariamente para visibilizar estas violencias machistas, pero no queremos dejar esta movilización como un mero acto de rechazo y condena, sino que es nuestra vía para DENUNCIAR Y EXIGIR.

“En esta movilización contra las violencias machistas, buscamos que la denuncia y la exigencia se conviertan en un inmenso, hondo y duradero grito colectivo que haga temblar las instituciones gubernamentales y privadas, económicas, culturales, de medios de comunicación. Un grito que fracture las columnas sobre las que descansa el heteropatriarcado capitalista que nos domina, oprime, explota y violenta.

“Lo que en este pronunciamiento exigimos no debe ni puede quedarse en el archivo de lo postergable, de lo que pueda olvidarse. Cada exigencia a la que aquí llamamos es también una vía de solución que ya incorporamos en nuestras luchas y propósitos.”

Una parte sustantiva del pronunciamiento fue la crítica a lo que está pasando en la Ciudad de México: “Las mujeres feministas y no feministas aquí reunidas denunciamos y exigimos que esta Ciudad que se dice ‘amigable’, que dice estar a la vanguardia de nuestro país, reconozca y enfrente las violencias machistas que las diversas mujeres que somos vivimos en ella día con día y que hoy venimos a denunciar”.

Se califica a la CDMX como un “espacio geográfico, socioeconómico, cultural, administrativo y político donde las violencias machistas las vivimos diariamente las diversas mujeres que allí habitamos, o que transitamos por sus calles y espacios públicos, usamos sus transportes y asistimos a sus instituciones de salud, educación o a sus centros laborales”. Un infierno cotidiano.

Hartas de la impunidad que rodea las agresiones, desde los manoseos hasta los feminicidios, esta marcha exigió un cambio político, no sólo de las autoridades, sino también de la sociedad. Como señaló Lucía Melgar: “Amplios sectores sociales reproducen la misoginia, la cosificación de las mujeres, la sexualización de las niñas, en un afán de dominación que no respeta edades ni parentescos ni lealtades de ningún tipo. Las historias de acoso y abuso sexual, en casas y calles, desde los tres, cinco, seis años, forman parte de obscuros secretos de familia, de hondos traumas personales”. Por eso esta académica y activista concluye: “Sí, algo está podrido en México y no sólo el Estado”.

El #24a exige transformaciones de fondo, tan radicales que podrían parecer inalcanzables en el brutal contexto actual. “No más impunidad”. El machismo mata a las mujeres, mutila emocionalmente a los hombres y nos daña como sociedad. México tiene que cambiar. Falta muchísimo para poder caminar tranquilas por la calle, para tomar el Metro sin temor, para desterrar el miedo. Pero estas mujeres ya están dispuestas a ir a la guerra. Ojalá no sea necesario. 

1/02/2016

Sufragistas y feministas



Oaxaca. Una mujer emite su voto en la jornada electoral 2013. Foto: Hugo Cruz
Oaxaca. Una mujer emite su voto en la jornada electoral 2013.
Foto: Hugo Cruz
MÉXICO, DF (Proceso).- En estos días he escuchado una serie de comentarios sobre la película Las sufragistas, y la mayoría eran de sorpresa por la violencia que vivieron esas mujeres durante su larga lucha para ser consideradas ciudadanas y tener derecho a votar. Comprendo esa sorpresa pues, con muy pocas excepciones, la población desconoce la actividad de las feministas que se dio durante un periodo que va desde finales del siglo XIX a la primera mitad del XX. El filme se desarrolla en Inglaterra y narra un episodio ya cerca del triunfo. Es una cinta con escenas dramáticas, porque retrata las duras condiciones de vida de las trabajadoras y la brutal represión contra las activistas, además de que tiene una trágica escena final que no voy a contarles para no echarles a perder la sesión.

Lo que llama la atención a muchas personas es todo lo que implicó esa larga guerra por dotar a las mujeres de iguales derechos que a los hombres: palizas, encarcelamientos, despidos laborales, repudio social y familiar. Tampoco se sabe de la internacionalización que tuvo la lucha sufragista, del debate intelectual que dieron mujeres y algunos hombres, y de los vínculos políticos que se articularon entre varios países. Se trata de una historia política apasionante, y quienes se interesen en saber más pueden leer el libro Feminismos europeos 1700-1950 (Ediciones AKAL, 2015), donde Karen Offen relata de manera magistral lo ocurrido en ese continente.
Y si quieren saber de México, aquí también tenemos una rica y olvidada historia que recordar. Gisela Espinosa y Ana Lau han recopilado una parte sustancial en el volumen Un fantasma recorre el siglo / Las luchas feministas en México 1910-2010 (UAM-X, Itaca, Ecosur). Varios ensayos de colaboradoras en esa obra tratan el tema del sufragismo en distintos momentos históricos. El primero, de Martha Eva Rocha Islas, lo hace vinculándolo a la participación de las feministas durante la Revolución de 1910. Señala que las demandas y propuestas feministas, junto con la lucha por el sufragio, se expresaron en los clubes liberales, una forma de organización política ciudadana. Como integrantes de esos mismos clubes, las mujeres buscaban información, transportaban correspondencia y armas, e incluso realizaban espionaje.
Si bien entre 1910 y 1914 las mujeres se centraron en la lucha política nacional, a partir de 1915 cobraron presencia en el proyecto constitucionalista, pues no sólo aprovecharon para plantear las propuestas de igualdad que habían sido formuladas desde finales del siglo XIX, sino que la llegada de Salvador Alvarado como gobernador a Yucatán favoreció la actividad feminista. Alvarado alentó en Mérida la realización del Primer Congreso Feminista, que se efectuó el 13 de enero de 1916, con la asistencia de 617 delegadas reunidas en el Teatro José Peón Contreras.
Hace 21 años, durante el Congreso Nacional Feminista del 15 de enero de 1994, Carlos Monsiváis pronunció un conmovedor discurso titulado Alabemos ahora, donde enumeró a varias luchadoras:
…Alabemos ahora a las primeras sufragistas que, antes que nadie, creyeron en la humanización que el voto les conferiría, porque les otorgaba a sus actos esa suprema virtud de la elección, que eso puede ser la ciudadanía. Ellas lo soportaron todo: burlas, vejámenes y condescendencia de quienes no estaban capacitados para entenderlas, intolerancia, agravios, de la estupidez machista y su ideario prostitutario, retrasos burocráticos, engaños políticos, ellas prosiguieron y desfilaron y salieron a la calle no para conquistar las primeras ocasiones, sino con tal de abandonar públicamente sus zonas de encierro y confinamiento: el confesionario, la cocina, la recámara…
Son varias las alabanzas que Monsiváis hace: a las desconocidas, a las maestras rurales, a las mujeres de los anarquistas, a las soldaderas, y también a Juana Belén Gutiérrez de Mendoza, fundadora del Club Amigas del Pueblo y del Consejo Nacional de Mujeres Mexicanas; a Laureana Wright, la directora de Violetas del Anáhuac que en 1887 pide el voto para la mujer y la igualdad de derechos; a las hermanas Frías, fundadoras del club magonista Hijas del Anáhuac; a Adolfina Valencia de Ávila, presidenta del primer Congreso Feminista de 1916, y a dos varones, al poeta Antonio M. Plaza y al general Salvador Alvarado, impulsor del Primer Congreso Feminista en Yucatán.
Monsiváis termina su texto diciendo: Alabemos ahora a las mujeres disidentes que sólo quisieron darle a su género las premisas del libre albedrío y el ejercicio de la voluntad racional. Recuperar ahora con plenitud sus legados es indispensable al tránsito a la democracia y al proyecto civilizatorio. (Este discurso está reproducido en Misógino feminista, el libro póstumo de Monsiváis, editorial Océano, 2013).
Ahora que se cumplen 100 años del primer Congreso Feminista de 1916 en Yucatán, las feministas actuales han organizado unas Jornadas Conmemorativas, precisamente en el Teatro Peón de Mérida y justo el mismo 13 de enero. Ahí se analizará lo trascurrido a lo largo de este siglo, y se debatirán los retos. Tengo la suerte de haber sido invitada y pronto les platicaré cómo estuvo. Por lo pronto, ¡qué emoción!

10/26/2015

Mujeres desnudas


Exigen justicia para las mujeres desaparecidas, asesinadas, violadas... Foto: Eduardo Miranda
Exigen justicia para las mujeres desaparecidas, asesinadas, violadas...
Foto: Eduardo Miranda
MÉXICO, D.F. (Proceso).- Nos desnudamos todos los días, al entrar a la regadera y cuando tenemos relaciones sexuales. Nos desnudamos a solas, o en compañía de quienes nos aman o nos desean. La desnudez está vinculada a la intimidad, aunque un caso excepcional es el nudismo, una postura existencial que implica una búsqueda de contacto con la naturaleza. La desnudez incomoda cuando se sale de ciertos marcos o contextos, cuando algo que se hace en privado se exhibe públicamente. Y aunque en México el fotógrafo Spencer Tunick logró que miles de mexicanos se desnudaran en el Zócalo para tomarles una fotografía, existe un rechazo gene­ralizado a desnudarse en público.
Son escasos los momentos en que la desnudez de alguien no incomoda a otras personas: en un quirófano o en el vestidor de un centro deportivo. En el marco de ciertas situaciones, como la de médico/paciente, o madre/hijo, se acepta la mirada de una persona vestida hacia otra desnuda. De criaturas fuimos vistas desnudas cientos de veces, pero hubo una edad en que empezamos a resistirnos a que nos bañara mamá, o a que papá entrara cuando nos estaban bañando. Excepcionalmente hay padres y madres que se muestran desnudos frente a sus hijos. Desnudarse ante otra persona suele producir vergüenza. El Génesis dice que Adán y Eva vivían desnudos en el Paraíso hasta que comieron la fatídica manzana, y al cobrar conciencia de su desnudez sintieron vergüenza.
Probablemente una vergüenza similar es la que sintió una joven abogada en Tabasco a quien una expareja sentimental traicionó al exhibir en las redes sociales fotos de ella desnuda. Fue vergüenza lo que ocasionó su renuncia al puesto público al que había sido nombrada. Pero esa vergüenza que comunicó a sus amigas hoy se ha transformado en indignación compartida por la vileza de ese tipo. Y somos muchas quienes queremos que ella se reintegre a su trabajo.
El espacio privilegiado de la desnudez es la intimidad amorosa. Supongo que un varón también se indignaría si su expareja lo exhibiera desnudo en una fotografía subida a internet. Por la doble moral existente en nuestra sociedad, la agresión que significa traicionar la intimidad tiene consecuencias distintas en las mujeres y en los hombres. La desnudez de una mujer puede ser utilizada en su contra, y puede provocar una situación de humillación social, ya que las mujeres están insertas en mandatos culturales más estrictos que los de los varones respecto a mostrar el cuerpo.
La exposición a la mirada de los demás de las partes “pudendas” del cuerpo femenino ha ido variando históricamente. Basta recordar, en nuestra cultura, los escándalos producidos por la longitud de las faldas cuando mostraban los tobillos, las rodillas y, finalmente, por la minifalda. Entre los primeros trajes de baño y el bikini actual, entre los calzones y las tangas de hoy, se ha ido desarrollando un proceso cultural de flexibilización ante la desnudez de la carne femenina. Y aunque ninguna mujer iría a su oficina en bikini, aunque se lo ponga en la playa, hoy ciertos escotes causan escozores en el ámbito laboral. Y, hablando de trabajo, sigue siendo todo un tema para las actrices si aceptar o no una escena con “desnudo total”.
Aunque las personas nudistas subrayan la desexualización de su práctica naturista, no hay forma de no ver la conexión entre la desnudez y la sexualidad. Nos desnudamos para tener relaciones sexuales, y la sexualización de la cultura actual muestra un giro público hacia más permisividad visual. Hay un quiebre aparente de reglas, categorías y regulaciones diseñadas para mantener a raya la desnudez, pero estamos rodeados de imágenes obscenas y existe una irrupción de escenas pornográficas con desnudos de una vulgaridad y explicitación brutales. La legitimidad de representar a cuerpos desnudos tradicionalmente la ha monopolizado el arte (y muchas obras de arte han sufrido ataques por considerarse pornografía). Pero hoy se perfila un aspecto nuevo de la disputa legal: la violación a la intimidad. ¿Acaso no es un delito hacer uso de una fotografía, hecha en la intimidad amorosa, para atacar, denigrar, humillar?
La desnudez femenina está rodeada de cuestiones contenciosas, pues el contexto en que aparece una mujer desnuda es determinante. Hay usos y costumbres, hay códigos de decencia e indecencia, y hay transgresiones y delitos. No creo que la decisión de la revista Playboy de ya no publicar fotos de mujeres desnudas tenga que ver con una reflexión sobre la doble moral y la desnudez. Pero tal vez esa noticia y la vileza cometida en Tabasco deberían servirnos como un punto de partida para debatir sobre varias interrogantes: ¿Dónde radica la obscenidad, en la mirada o en la propia desnudez? Kenneth Clark decía que el arte es capaz de transformar una figura sin ropa en un desnudo artístico, pero ¿quién decide cuándo es arte y cuándo pornografía? ¿Es posible, es legítimo, es legal, representar al cuerpo desnudo, sin que influyan códigos moralistas, sin censura, pero sin obscenidad? Y, finalmente, y tal vez eso es lo más urgente, hay que debatir en serio sobre qué debe hacer el Estado ante la violación de la intimidad por un uso indebido en las redes de material fotográfico íntimo

10/03/2015

Las costureras 30 años después



Costureras a 30 años



Costureras a 30 años. Cartón de Rocha
MÉXICO, D.F. (Proceso).- La industria de la confección fue la más golpeada –como industria– por el terremoto del 85. La Cámara Nacional de la Industria del Vestido (CNIV) habló de 500 establecimientos afectados gravemente y de más de 200 totalmente destruidos. Algunos empresarios perdieron todo, pero quienes perdieron la vida fueron las costureras. La mayoría de las fábricas afectadas en la zona de San Antonio Abad y en el centro (Ecuador, Isabel la Católica, Belisario Domínguez, 20 de Noviembre) eran talleres de maquiladores para grandes firmas. El sobrepeso causado por el hacinamiento de maquinaria y telas, o por la concentración desmedida de talleres (el edificio de ocho pisos de Izazaga 65 albergaba 50) potenció la tragedia. Las cifras que aparecieron en la prensa de entonces oscilaron entre 600 y mil 600 costureras muertas.

La indiferencia de algunos patrones, que rescataban la maquinaria y las telas antes que los cadáveres de sus trabajadoras, o que se negaban a pagarles a las sobrevivientes los días trabajados aduciendo bancarrota, sensibilizó a la opinión pública nacional e internacional sobre las espantosas condiciones en que laboraban. No obstante el gobierno, las centrales sindicales y la Cámara del Vestido conocían de sobra la ilegalidad en que trabajaban –a destajo, sin salario base, sin antigüedad, con contratos eventuales, sin prestaciones, en condiciones insalubres–. La importante cobertura periodística que tuvo el caso y la presencia de grupos de diferentes sectores de la población convirtió esa situación en un foco de atención. Las costureras se volvieron emblemas de la explotación laboral y ante el escándalo el gobierno y la CTM tuvieron que manifestarse a favor de ellas. Fidel Velásquez pretendió “disculparse” diciendo que él no sabía nada de la situación de explotación de las costureras, pues “a él le cosían su ropa en casa”.
Mientras la prensa nacional e internacional seguía informando sobre los casos de costureras obligadas a trabajar en edificios clausurados, y de costureras que demandaban a los patrones que se declaraban en quiebra pero que abrían fábricas bajo otro nombre en Naucalpan, la solidaridad fluyó. Al campamento de San Antonio Abad llegó la mayoría de los grupos políticos, estudiantiles y religiosos que se solidarizaron con ellas. En la zona “del Centro”, en Isabel la Católica, atendían los abogados y militantes que brindaron no sólo asesoramiento legal y político, sino que acompañaron a las costureras de manera sostenida durante todo su proceso. Las feministas de varias organizaciones se hicieron cargo del abasto de alimentos, y facilitaron el contacto entre grupos aislados de trabajadoras.
Hubo gran ebullición política. El 2 de octubre se creó la Promotora de Costureras Damnificadas, y el 7 de octubre se formó el Comité Feminista de Solidaridad. Ante la creciente organización, el presidente de la República ordena que se resuelvan los problemas que afectan a las costureras y el 10 de octubre se instala un módulo donde se recogen sus demandas laborales. El 13 de octubre se forma la Unión de Costureras en Lucha (UCL), cuyo pliego petitorio exige negociación colectiva, indemnización a los deudos y a las costureras que lo soliciten, reanudación del trabajo, contrato ley en la industria del vestido y embargo precautorio a los bienes de las empresas mientras se llevan a cabo los juicios.
El 16 de octubre se crea la Organización de Costureras del Centro (OCC) y se acuerda en asamblea de ambas agrupaciones (UCL y OCC) marchar a Los Pinos. El 18 de octubre, casi un mes después del terremoto, cerca de 3 mil costureras, provenientes de 26 fábricas, marchan de la Columna de la Independencia a Los Pinos y se entrevistan con el presidente Miguel de la Madrid, quien les asegura que se tomarán medidas para que los patrones cumplan y les concede la posibilidad de que formen el sindicato. Como para reunir los requisitos de esto último era necesario tener afiliados en provincia, el Frente Auténtico del Trabajo (FAT) los consigue y se establece el Sindicato “19 de Septiembre”, con Evangelina Corona como secretaria general.
Antes de la marcha a Los Pinos, la Secretaría del Trabajo, muy interesada en que el escándalo terminara, jugó un papel muy activo en la defensa de las costureras: citó a los patrones y los obligó a negociar. Pero una vez formado el sindicato, las negociaciones se debilitaron, ya que el gobierno se interesaba más en parar el escándalo mediático que en resolver la ilegalidad de las condiciones laborales de las costureras.
Además, también el caso perdió interés en la opinión pública, pues muchas personas y organizaciones creyeron que ya por tener el sindicato la situación de las costureras estaba casi resuelta. No era extraño escuchar comentarios respecto a cómo era que no estaban trabajando si el gobierno les había dado lo que querían.
El terremoto generó las condiciones que hicieron posible el surgimiento de un movimiento, la creación del sindicato nacional y varias cooperativas y, lo más importante, de una toma de conciencia de una magnitud nunca antes vista. Sin embargo, hoy esa historia está casi olvidada, y las condiciones laborales de muchas maquiladoras siguen casi igual que entonces.
Los sismos de 1985 quebraron la vida de miles de costureras y derrumbaron a unos pocos patrones decentes que, al no tener asegurada la maquinaria, perdieron todo, y encima fueron blanco de agresiones. Son muchas las historias trágicas que pueden recordarse, pero sobre todo, hoy es importante conocer qué está ocurriendo con esta industria. ¿Seguirán los nuevos talleres trabajando a destajo y sin derechos laborales? ¿Qué ha pasado con el sindicato de costureras y con las cooperativas? Ojalá que la conmemoración de los 30 años del terremoto del 85 sirva también para revisar lo que está pasando hoy con los derechos laborales, y no sólo con los de las costureras.

6/14/2015

Nestora en Tepepan


Jueces de Guerrero
Néstora contra los jueces de Guerrero, cartón de Rocha
MÉXICO, D.F. (Proceso).- Luego de casi dos años de estar detenida en la cárcel de alta seguridad en Tepic, Nestora Salgado fue trasladada al Centro Femenil de Reinserción Social de Tepepan en la Ciudad de México. Llegó sosteniéndose en una huelga de hambre que inició el 5 de mayo y que afortunadamente decidió abandonar para seguir luchando por su libertad.

El caso de Nestora, un ejemplo del entramado de venganza política y corrupción que sigue operando en Guerrero al margen del gobierno interino de Rogelio Ortega, tiene dos vertientes: una jurídica y otra política. El aspecto jurídico está plagado de errores y hay una clara ausencia de debido proceso: Los cargos que se le imputan están basados en pruebas ilegales (a las “víctimas” las arraigaron y les tomaron declaración sin seguir el proceso legal); la trasladaron a Tepic antes de que se cumplieran las 72 horas de su primera declaración, por lo cual su abogado de oficio no tuvo posibilidad de presentar recursos; estuvo ilegalmente en Tepic casi un año sin que existiera orden judicial para ello; y, muy impactante, ninguno de sus acusadores se ha presentado a ratificar la denuncia en su contra, pese a que fueron citados. Además, al ser ciudadana de Estados Unidos, ella nunca tuvo acceso a asistencia consular, pese a que la justicia mexicana conoció de su calidad de estadunidense.

Por el lado político, es evidente que, al pretender limpiar de droga y de corrupción a su comunidad de Olinalá, Nestora afectó intereses, y esto no se lo perdonan. Para librarse de ella se le levantaron cargos por “secuestradora”. Me parece inconcebible que la justicia no sea capaz de ver que una mexicana que luego de años de trabajo en Estados Unidos logra no sólo una buena situación económica, sino incluso la nacionalidad, no va a venir a su comunidad a “secuestrar” personas. Desde hacía tiempo Nestora había estado mandando recursos para apoyar a Olinalá, y se fue ganando un lugar de liderazgo comunitario, que culminó con su nombramiento como comandante de la Policía Comunitaria. No hay que olvidar que en Guerrero la Policía Comunitaria existe desde 1995 y que partir de la Ley de Seguridad Pública aprobada en 2007 se le reconoce su carácter de policía preventiva y auxiliar en los municipios, sujeta a los lineamientos del ayuntamiento. Desde 2011 la Ley de Seguridad Pública reconoce que son actos de autoridad los ejercidos por la Policía Comunitaria en sus funciones, como la de detener a delincuentes en las Casas de Justicia.

Es un hecho que los secuestradores no llevan a sus víctimas a lugares conocidos y a la vista de todos. El síndico de Olinalá, Armando Patrón Jiménez, acusado de estar involucrado en el asesinato de dos ganaderos y del robo de su ganado, fue trasladado a la Casa de Justicia, y las cuatro adolescentes que habían sido captadas para el comercio sexual, y cuyas madres le solicitaron a Nestora rescatarlas, fueron llevadas a un convento. Los cómplices del síndico, entre los que probablemente se encuentra el presidente municipal de Olinalá, Eusebio González Rodríguez, la denunciaron por “secuestro”, así como las madres de las adolescentes, a quienes les ofrecieron dinero, becas y recursos si hacían la denuncia, como luego le confesó una de ellas a Nestora. Ninguna de estas personas “secuestradas” ha comparecido para el careo ni para ratificar la denuncia; por eso no se ha dictado sentencia.

Nestora decidió, tal vez demasiado ingenuamente, enfrentar al narco y a los funcionarios corruptos. Y éstos respondieron con las arteras demandas por “secuestro”. Si en algo se equivocó Nestora fue en creer que se puede combatir al mal con el bien. Así, tratando de frenar la connivencia de las autoridades locales con el narcotráfico, tratando de castigar a los políticos corruptos que acaparaban el mercado de la venta de materiales y mercancías amenazando a los empresarios locales para que se retiraran, y tratando de “rescatar” a jovencitas por petición de sus madres, Nestora desencadenó una brutal reacción en su contra.

En Guerrero, como lamentablemente se ha podido comprobar con el caso de Iguala/Ayotzinapa, la corrupción gubernamental es brutal. Este atroz panorama obliga de manera inevitable a formularse una interrogante respecto a Nestora Salgado: Dado ese siniestro entramado, ¿será que el fiscal Miguel Ángel Godínez está amenazado si se desiste de la causa contra Nestora, o será que, por el contrario, él es parte de esa sucia trama? Hoy es la Fiscalía de Guerrero la que puede hacer un sobreseimiento de este caso, pues ya existe una resolución de la justicia federal a favor de Nestora, declarándola inocente.

El jueves 4 Elena Poniatowska, Jesusa Rodríguez, Liliana Felipe y yo visitamos a Nestora en su habitación de la Torre Médica en el reclusorio femenil de Tepepan. Fuimos a refrendarle nuestro compromiso con su liberación y a comunicarle que somos muchas las personas comprometidas con que se haga justicia. Ese mismo día, un poco más tarde, en la estación Periférico del tren ligero, se reunió un grupo de simpatizantes que caminaron, cuesta arriba, hasta llegar al Centro Femenil de Reinserción Social, a manifestarle su apoyo a Nestora y a decirle que se ha vuelto un símbolo de la acción ciudadana contra la corrupción y el narco.  

6/02/2015

Necropolítica y rehabilitación


Para Nestora Salgado, víctima de la necropolítica.

MÉXICO, D.F. (Proceso).- Hace unos días Rossana Reguillo, una de las intelectuales críticas más destacadas de nuestro país, escribió sobre el estremecedor asesinato de un niño de seis años por cinco menores de edad, dos adolescentes de 12 años, dos jóvenes de 15 y uno de 13, que “jugaron” al secuestro del vecinito, al que “levantaron” afuera de su casa y lo llevaron a una de las Laderas de San Guillermo, en Chihuahua, y lo torturaron hasta morir. Luego cavaron una fosa donde arrojaron el cuerpo del pequeño y, para disimular, pusieron encima un animal muerto.
El grito de la descomposición social
Reguillo, que es académica del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO) en Guadalajara, analiza lo ocurrido en un texto titulado “Las esquirlas de las violencias en México” y señala que no encontró mejor metáfora que la de “esquirla” para “intentar nombrar las terribles evidencias de que las violencias en México hablan de un país fracturado, cuyas astillas nos alcanzan y nos hieren de múltiples modos”.

Reguillo piensa que “la normalización de las violencias en México es constatable, ya no sorprenden las noticias sobre fosas, ejecuciones, torturas, levantones, narcomantas, bloqueos, desapariciones, ya no son la excepción sino la normalidad que se experimenta como dato cotidiano que, a lo más, arranca un escalofrío”.
Ella retoma la reflexión de Alain Badiou sobre el acontecimiento para interpretar la ejecución de este pequeño como ese “suplemento azaroso”, que  “llega de más”. Y dice: “No es que no tuviéramos noticias de los niños asesinos, el caso de El Ponchis, estremeció al país; no es que no supiéramos de los niños sicarios; no es que nadie ignorara que muchos niños quieren ser narcos cuando sean grandes y muchas niñas aspiran a ser esposas de narcos; tampoco es novedad que en los patios de las escuelas y en las calles, en los juegos, casi ningún niño quiere ser policía, todos quisieran ser el narco, el capo, el sicario. Pero la muerte de este pequeño, ‘llega de más’, como un suplemento, quizás no azaroso, pero sí terrible, para poner en evidencia el grado de penetración de la narco cultura, el modo en que en México, la necropolítica, ese poder de gestionar la muerte, de hacer morir, se ha convertido en la economía que rige la administración de los territorios y las dinámicas cotidianas de gran parte del país. ‘Llega de más’ por lo que de siniestro hay en este ‘juego’ y sus protagonistas. Uno de los lenguajes de la violencia y el terror, es lo siniestro, que para Freud (Das Unheimliche) significa la transformación de lo familiar en lo opuesto, en algo extraño y amenazante, con potencial destructivo. Los niños en su devenir siniestro, víctimas de esta guerra, convertidos en máquinas de matar, porque es posible hacerlo”.
De ahí que esta intelectual se pregunte: “¿Desde qué lugar de autoridad moral se puede reprobar, gritar, inmolar a unos niños que no hacen sino dar continuidad a lo que el dispositivo del tardo capitalismo, travestido de narcomáquina, sigue sembrando en un país lleno de esquirlas?”
Lo que caracteriza a la necropolítica es justamente ese “matar porque es posible hacerlo”, que no se circunscribe a los adultos, sino que invade la subjetividad incluso de los menores de edad. No puede haber resignación ante ese horror, pero tampoco puede haber un castigo ciego. La necropolítica no sólo impone violencia sino que también estructura nuestra subjetividad. Por eso vale la pena establecer un paralelismo entre los adolescentes que cometieron esa infamia y México; buscar las maneras de rehabilitar a esos chicos es también buscar la forma de sanar a nuestro país.
Las situaciones indignantes suelen conducir a reacciones autoritarias, donde a veces el remedio alimenta la enfermedad. En un país lastimado como el nuestro es imperativo buscar las formas de ir “curando” heridas que, sin duda, dejarán una cicatriz, pero al menos detendrán el derramamiento de sangre. Ante la necropolítica –que se instala cada vez más, lo queramos o no, en toda la población, incluidos los chicos–, hay que buscar la manera de “rehabilitar” a los dañados por sus esquirlas.
No va a ser fácil definir una política de “rehabilitación”. Los regímenes socioeconómicos producen subjetividades, y una característica de la subjetividad neoliberal es su individualismo, lo que dificulta la solidaridad con los otros y produce gran desmovilización social. Esta siniestra situación, que vivimos hoy, genera desmoralización y dificulta pensar políticamente, y el gran peligro es que confundamos el verdadero peligro.
Pese a la desesperanza que nos invade, hay que razonar pensando en el largo plazo. En ese sentido, la mejor propuesta, con implicaciones profundas, es la de trabajar en recomponer el tejido social. Pero ¿cómo hacerlo? No somos el único país donde han ocurrido horrores y por lo tanto podríamos retomar, guardando las distancias necesarias y buscando los parámetros propios,  algunas de las medidas que se han tomado en otras partes de cara a tragedias violentas, similares y distintas a las nuestras. El punto es “rehabilitar” a quienes matan o delinquen, o sea, devolverles humanidad. Esa es una forma imbatible de construir un futuro menos siniestro.

5/09/2015

Ante el embarazo no deseado, una celebración en Tlaxcala


Sin derecho a decidir en Tlaxcala. Cartón de Rocha
MÉXICO, D.F. (Proceso).- En mayo de 2013 las y los dipu­tados de Tlaxcala aumentaron dos causales por las que las mujeres tlaxcaltecas podrían interrumpir su embarazo: 


1) si éste era producto de una inseminación no consentida, y 

2) si el producto presentaba malformaciones graves que no daban posibilidad alguna de sobrevivencia, como sucede con la anencefalia. Esta malformación consiste en una alteración del tubo neuronal del feto, que deja el cerebro expuesto en tanto el líquido amniótico disuelve gradualmente la masa encefálica. La anencefalia no admite tratamiento ni curación posible y, en una gran mayoría de casos, los fetos no resisten la gestación. Los pocos que llegan al parto mueren pocas horas después o duran escasos días.

Hace unos años en Perú, una chica de 17 años, Karen Llantoy, solicitó el aborto por tener un feto anencefálico, y le fue negado: la obligaron a llevar a término su embarazo y la criatura murió a los cuatro días. El escándalo social en torno a su caso hizo que el Comité de Derechos Humanos de la ONU resolviera, en su periodo 85 de sesiones, que el sufrimiento de Karen fue por omisión del Estado, puesto que con el trato cruel e inhumano con el que manejó el asunto había violado el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos –firmado por Perú–, y le exigió la adopción de medidas para evitar casos similares. La causal de malformaciones graves es justamente ese tipo de medida.

Por otra parte, la inseminación artificial no consentida suele implicar una violación, y en nuestro país el aborto es legal en todas las entidades cuando el embarazo es producto de un ataque de este tipo. Como se ve, era muy razonable que estas dos causales estuvieran en la legislación tlaxcalteca; sin embargo, como en torno al aborto se juega el poder simbólico de la jerarquía de la Iglesia católica, poco tiempo después esos mismos diputados y diputadas se echaron para atrás y las quitaron.

Por ello, el presidente de la Comisión de Derechos Humanos de Tlaxcala, Francisco Mixcóatl Antonio, presentó ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación una acción de inconstitucionalidad en contra del decreto mediante el cual el Congreso del estado modificó el artículo 243 del Código Penal, que regulaba esas causales. Su argumento se basó en el principio de progresividad, que consiste en que no se puede quitar a los ciudadanos derechos ya adquiridos. La progresividad, una de las reglas básicas en las que se sustenta toda la estructura de promoción, protección, respeto y garantía de los derechos humanos, beneficia a todas las personas, y el ómbudsman cumplió con su obligación al denunciar el retroceso que el Legislativo de Tlaxcala había llevado a cabo.

A lo largo de la disputa entre el ómbudsman y el Legislativo los grupos que se oponen a cualquier regulación sobre la interrupción del embarazo tergiversaron el tema de las causales. Estos grupos creen que ampliar las causales es estar “a favor” del aborto y se niegan a aceptar que lo que verdaderamente implica es estar “a favor” de evitar el sufrimiento ante gravísimos problemas como la anencefalia o la inseminación no consentida.

Su oposición la formulan desde una idea abstracta de “protección” a la vida intrauterina, que se acerca a lo que el filósofo Richard Hare califica de fanatismo: “La actitud de quien persigue la afirmación de los propios principios morales dejando que éstos prevalezcan sobre los intereses reales de las personas de carne y hueso al mismo tiempo que permanece indiferente frente a los enormes daños que su actuación ocasiona a millones de seres humanos”. Estos grupos, alentados por la jerarquía de la Iglesia católica, no toman en cuenta que es necesario modificar el tratamiento penal que se le debe dar al aborto para así evitar mayores dolores y problemas.

Pero la vida da vueltas insospechadas. Ante la posibilidad de que la Suprema Corte de Justicia de la Nación resolviera la acción de inconstitucionalidad tomando en cuenta el principio de progresividad, se realizó una negociación en la cual, si el ómbudsman Mixcóatl retiraba el procedimiento, el Congreso reestablecería las causales. Parece razonable y hasta loable que se llegue a una negociación inteligente y que, con ella, las mujeres de Tlaxcala ganen.

Al modificar el artículo 243 de su Código Penal, el Congreso de Tlaxcala hoy establece cinco causales para interrumpir legalmente un embarazo:

 1) Si hay aborto culposo (imprudencial);

 2) Si el embarazo es producto de violación; 

3) Si el embarazo es producto de una inseminación artificial no consentida;

 4) Si la vida de la mujer está en peligro o hay riesgo de grave daño a su salud; y 

5) Si hay una malformación del producto que sea incompatible con la vida.

 Además, y tal vez eso es lo más importante, la mujer que interrumpa su embarazo (en cualquiera de las cinco causales) “no ameritará responsabilidad”, con lo que así se deja de criminalizar a las mujeres.

Más vale tarde que nunca y es de celebrar que los legisladores escucharan finalmente la voz del ómsbudsman Mixcóatl, pues juntos lograron ubicar a Tlaxcala como una de las entidades federativas que tiene más causales legales para interrumpir un embarazo no deseado o con graves problemas. ¡Ojalá y los medios de comunicación transmitan con claridad la buena noticia a la sociedad tlaxcalteca!