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8/25/2020

A. Einstein (1949): ¿Por qué socialismo?.


¿Debe quién no es un experto en cuestiones económicas y sociales opinar sobre el socialismo? Por una serie de razones creo que si.

Permítasenos primero considerar la cuestión desde el punto de vista del conocimiento científico. Puede parecer que no hay diferencias metodológicas esenciales entre la astronomía y la economía: los científicos en ambos campos procuran descubrir leyes de aceptabilidad general para un grupo circunscrito de fenómenos para hacer la interconexión de estos fenómenos tan claramente comprensible como sea posible. Pero en realidad estas diferencias metodológicas existen.

 El descubrimiento de leyes generales en el campo de la economía es difícil por que la observación de fenómenos económicos es afectada a menudo por muchos factores que son difícilmente evaluables por separado. 

Además, la experiencia que se ha acumulado desde el principio del llamado período civilizado de la historia humana --como es bien sabido-- ha sido influida y limitada en gran parte por causas que no son de ninguna manera exclusivamente económicas en su origen. 

Por ejemplo, la mayoría de los grandes estados de la historia debieron su existencia a la conquista. Los pueblos conquistadores se establecieron, legal y económicamente, como la clase privilegiada del país conquistado. Se aseguraron para sí mismos el monopolio de la propiedad de la tierra y designaron un sacerdocio de entre sus propias filas.

 Los sacerdotes, con el control de la educación, hicieron de la división de la sociedad en clases una institución permanente y crearon un sistema de valores por el cual la gente estaba a partir de entonces, en gran medida de forma inconsciente, dirigida en su comportamiento social.

Pero la tradición histórica es, como se dice, de ayer; en ninguna parte hemos superado realmente lo que Thorstein Veblen llamó "la fase depredadora" del desarrollo humano.

 Los hechos económicos observables pertenecen a esa fase e incluso las leyes que podemos derivar de ellos no son aplicables a otras fases. Puesto que el verdadero propósito del socialismo es precisamente superar y avanzar más allá de la fase depredadora del desarrollo humano, la ciencia económica en su estado actual puede arrojar poca luz sobre la sociedad socialista del futuro.

En segundo lugar, el socialismo está guiado hacia un fin ético-social. La ciencia, sin embargo, no puede establecer fines e, incluso menos, inculcarlos en los seres humanos; la ciencia puede proveer los medios con los que lograr ciertos fines. 

Pero los fines por si mismos son concebidos por personas con altos ideales éticos y --si estos fines no son endebles, sino vitales y vigorosos-- son adoptados y llevados adelante por muchos seres humanos quienes, de forma semi-inconsciente, determinan la evolución lenta de la sociedad.

Por estas razones, no debemos sobrestimar la ciencia y los métodos científicos cuando se trata de problemas humanos; y no debemos asumir que los expertos son los únicos que tienen derecho a expresarse en las cuestiones que afectan a la organización de la sociedad. 

Muchas voces han afirmado desde hace tiempo que la sociedad humana está pasando por una crisis, que su estabilidad ha sido gravemente dañada. 

Es característico de tal situación que los individuos se sienten indiferentes o incluso hostiles hacia el grupo, pequeño o grande, al que pertenecen. Como ilustración, déjenme recordar aquí una experiencia personal. Discutí recientemente con un hombre inteligente y bien dispuesto la amenaza de otra guerra, que en mi opinión pondría en peligro seriamente la existencia de la humanidad, y subrayé que solamente una organización supranacional ofrecería protección frente a ese peligro.

 Frente a eso mi visitante, muy calmado y tranquilo, me dijo: "¿porqué se opone usted tan profundamente a la desaparición de la raza humana?"

Estoy seguro que hace tan sólo un siglo nadie habría hecho tan ligeramente una declaración de esta clase. Es la declaración de un hombre que se ha esforzado inútilmente en lograr un equilibrio interior y que tiene más o menos perdida la esperanza de conseguirlo. 

Es la expresión de la soledad dolorosa y del aislamiento que mucha gente está sufriendo en la actualidad. ¿Cuál es la causa? ¿Hay una salida?

Es fácil plantear estas preguntas, pero difícil contestarlas con seguridad. Debo intentarlo, sin embargo, lo mejor que pueda, aunque soy muy consciente del hecho de que nuestros sentimientos y esfuerzos son a menudo contradictorios y obscuros y que no pueden expresarse en fórmulas fáciles y simples.

El hombre es, a la vez, un ser solitario y un ser social. Como ser solitario, procura proteger su propia existencia y la de los que estén más cercanos a él, para satisfacer sus deseos personales, y para desarrollar sus capacidades naturales.

 Como ser social, intenta ganar el reconocimiento y el afecto de sus compañeros humanos, para compartir sus placeres, para confortarlos en sus dolores, y para mejorar sus condiciones de vida. 

Solamente la existencia de éstos diferentes, y frecuentemente contradictorios objetivos por el carácter especial del hombre, y su combinación específica determina el grado con el cual un individuo puede alcanzar un equilibrio interno y puede contribuir al bienestar de la sociedad. 

Es muy posible que la fuerza relativa de estas dos pulsiones esté, en lo fundamental, fijada hereditariamente. Pero la personalidad que finalmente emerge está determinada en gran parte por el ambiente en el cual un hombre se encuentra durante su desarrollo, por la estructura de la sociedad en la que crece, por la tradición de esa sociedad, y por su valoración de los tipos particulares de comportamiento. 

El concepto abstracto "sociedad" significa para el ser humano individual la suma total de sus relaciones directas e indirectas con sus contemporáneos y con todas las personas de generaciones anteriores. 

El individuo puede pensar, sentirse, esforzarse, y trabajar por si mismo; pero él depende tanto de la sociedad -en su existencia física, intelectual, y emocional- que es imposible concebirlo, o entenderlo, fuera del marco de la sociedad. 

Es la "sociedad" la que provee al hombre de alimento, hogar, herramientas de trabajo, lenguaje, formas de pensamiento, y la mayoría del contenido de su pensamiento; su vida es posible por el trabajo y las realizaciones de los muchos millones en el pasado y en el presente que se ocultan detrás de la pequeña palabra "sociedad".

Es evidente, por lo tanto, que la dependencia del individuo de la sociedad es un hecho que no puede ser suprimido -- exactamente como en el caso de las hormigas y de las abejas. Sin embargo, mientras que la vida de las hormigas y de las abejas está fijada con rigidez en el más pequeño detalle, los instintos hereditarios, el patrón social y las correlaciones de los seres humanos son muy susceptibles de cambio.

 La memoria, la capacidad de hacer combinaciones, el regalo de la comunicación oral ha hecho posible progresos entre los seres humanos que son dictados por necesidades biológicas.

 Tales progresos se manifiestan en tradiciones, instituciones, y organizaciones; en la literatura; en las realizaciones científicas e ingenieriles; en las obras de arte. Esto explica que, en cierto sentido, el hombre puede influir en su vida y que puede jugar un papel en este proceso el pensamiento consciente y los deseos.

El hombre adquiere en el nacimiento, de forma hereditaria, una constitución biológica que debemos considerar fija e inalterable, incluyendo los impulsos naturales que son característicos de la especie humana.

 Además, durante su vida, adquiere una constitución cultural que adopta de la sociedad con la comunicación y a través de muchas otras clases de influencia. 

Es esta constitución cultural la que, con el paso del tiempo, puede cambiar y la que determina en un grado muy importante la relación entre el individuo y la sociedad como la antropología moderna nos ha enseñado, con la investigación comparativa de las llamadas culturas primitivas, que el comportamiento social de seres humanos puede diferenciar grandemente, dependiendo de patrones culturales que prevalecen y de los tipos de organización que predominan en la sociedad. 

Es en esto en lo que los que se están esforzando en mejorar la suerte del hombre pueden basar sus esperanzas: los seres humanos no están condenados, por su constitución biológica, a aniquilarse o a estar a la merced de un destino cruel, infligido por ellos mismos.

Si nos preguntamos cómo la estructura de la sociedad y de la actitud cultural del hombre deben ser cambiadas para hacer la vida humana tan satisfactoria como sea posible, debemos ser constantemente conscientes del hecho de que hay ciertas condiciones que no podemos modificar. 

Como mencioné antes, la naturaleza biológica del hombre es, para todos los efectos prácticos, inmodificable. Además, los progresos tecnológicos y demográficos de los últimos siglos han creado condiciones que están aquí para quedarse. 

En poblaciones relativamente densas asentadas con bienes que son imprescindibles para su existencia continuada, una división del trabajo extrema y un aparato altamente productivo son absolutamente necesarios. 

Los tiempos -- que, mirando hacia atrás, parecen tan idílicos -- en los que individuos o grupos relativamente pequeños podían ser totalmente autosuficientes se han ido para siempre. Es sólo una leve exageración decir que la humanidad ahora constituye incluso una comunidad planetaria de producción y consumo.

Ahora he alcanzado el punto donde puedo indicar brevemente lo que para mí constituye la esencia de la crisis de nuestro tiempo. Se refiere a la relación del individuo con la sociedad. El individuo es más consciente que nunca de su dependencia de sociedad. 

Pero él no ve la dependencia como un hecho positivo, como un lazo orgánico, como una fuerza protectora, sino como algo que amenaza sus derechos naturales, o incluso su existencia económica. 

Por otra parte, su posición en la sociedad es tal que sus pulsiones egoístas se están acentuando constantemente, mientras que sus pulsiones sociales, que son por naturaleza más débiles, se deterioran progresivamente. 

Todos los seres humanos, cualquiera que sea su posición en la sociedad, están sufriendo este proceso de deterioro. Los presos a sabiendas de su propio egoísmo, se sienten inseguros, solos, y privados del disfrute ingenuo, simple, y sencillo de la vida. El hombre sólo puede encontrar sentido a su vida, corta y arriesgada como es, dedicándose a la sociedad.

La anarquía económica de la sociedad capitalista tal como existe hoy es, en mi opinión, la verdadera fuente del mal. Vemos ante nosotros a una comunidad enorme de productores que se están esforzando incesantemente privándose de los frutos de su trabajo colectivo -- no por la fuerza, sino en general en conformidad fiel con reglas legalmente establecidas. 

A este respecto, es importante señalar que los medios de producción --es decir, la capacidad productiva entera que es necesaria para producir bienes de consumo tanto como capital adicional-- puede legalmente ser, y en su mayor parte es, propiedad privada de particulares.

En aras de la simplicidad, en la discusión que sigue llamaré "trabajadores" a todos los que no compartan la propiedad de los medios de producción -- aunque esto no corresponda al uso habitual del término. Los propietarios de los medios de producción están en posición de comprar la fuerza de trabajo del trabajador. 

Usando los medios de producción, el trabajador produce nuevos bienes que se convierten en propiedad del capitalista. El punto esencial en este proceso es la relación entre lo que produce el trabajador y lo que le es pagado, ambos medidos en valor real. 

En cuanto que el contrato de trabajo es "libre", lo que el trabajador recibe está determinado no por el valor real de los bienes que produce, sino por sus necesidades mínimas y por la demanda de los capitalistas de fuerza de trabajo en relación con el número de trabajadores compitiendo por trabajar. Es importante entender que incluso en teoría el salario del trabajador no está determinado por el valor de su producto.

El capital privado tiende a concentrarse en pocas manos, en parte debido a la competencia entre los capitalistas, y en parte porque el desarrollo tecnológico y el aumento de la división del trabajo animan la formación de unidades de producción más grandes a expensas de las más pequeñas. 

El resultado de este proceso es una oligarquía del capital privado cuyo enorme poder no se puede controlar con eficacia incluso en una sociedad organizada políticamente de forma democrática. 

Esto es así porque los miembros de los cuerpos legislativos son seleccionados por los partidos políticos, financiados en gran parte o influidos de otra manera por los capitalistas privados quienes, para todos los propósitos prácticos, separan al electorado de la legislatura.

 La consecuencia es que los representantes del pueblo de hecho no protegen suficientemente los intereses de los grupos no privilegiados de la población. Por otra parte, bajo las condiciones existentes, los capitalistas privados inevitablemente controlan, directamente o indirectamente, las fuentes principales de información (prensa, radio, educación). 

Es así extremadamente difícil, y de hecho en la mayoría de los casos absolutamente imposible, para el ciudadano individual obtener conclusiones objetivas y hacer un uso inteligente de sus derechos políticos.

La situación que prevalece en una economía basada en la propiedad privada del capital está así caracterizada en lo principal: primero, los medios de la producción (capital) son poseídos de forma privada y los propietarios disponen de ellos como lo consideran oportuno; en segundo lugar, el contrato de trabajo es libre. 

Por supuesto, no existe una sociedad capitalista pura en este sentido. En particular, debe notarse que los trabajadores, a través de luchas políticas largas y amargas, han tenido éxito en asegurar una forma algo mejorada de "contrato de trabajo libre" para ciertas categorías de trabajadores. 

Pero tomada en su conjunto, la economía actual no se diferencia mucho de capitalismo "puro". La producción está orientada hacia el beneficio, no hacia el uso. 

No está garantizado que todos los que tienen capacidad y quieran trabajar puedan encontrar empleo; existe casi siempre un "ejército de parados". El trabajador está constantemente atemorizado con perder su trabajo. Desde que parados y trabajadores mal pagados no proporcionan un mercado rentable, la producción de los bienes de consumo está restringida, y la consecuencia es una gran privación. 

El progreso tecnológico produce con frecuencia más desempleo en vez de facilitar la carga del trabajo para todos. La motivación del beneficio, conjuntamente con la competencia entre capitalistas, es responsable de una inestabilidad en la acumulación y en la utilización del capital que conduce a depresiones cada vez más severas. 

La competencia ilimitada conduce a un desperdicio enorme de trabajo, y a ése amputar la conciencia social de los individuos que mencioné antes.

Considero esta mutilación de los individuos el peor mal del capitalismo. Nuestro sistema educativo entero sufre de este mal. Se inculca una actitud competitiva exagerada al estudiante, que es entrenado para adorar el éxito codicioso como preparación para su carrera futura.

Estoy convencido de que hay solamente un camino para eliminar estos graves males, el establecimiento de una economía socialista, acompañado por un sistema educativo orientado hacia metas sociales. 

En una economía así, los medios de producción son poseídos por la sociedad y utilizados de una forma planificada. Una economía planificada que ajuste la producción a las necesidades de la comunidad, distribuiría el trabajo a realizar entre todos los capacitados para trabajar y garantizaría un sustento a cada hombre, mujer, y niño. 

La educación del individuo, además de promover sus propias capacidades naturales, procuraría desarrollar en él un sentido de la responsabilidad para sus compañeros-hombres en lugar de la glorificación del poder y del éxito que se da en nuestra sociedad actual.

Sin embargo, es necesario recordar que una economía planificada no es todavía socialismo. Una economía planificada puede estar acompañada de la completa esclavitud del individuo. 

La realización del socialismo requiere solucionar algunos problemas sociopolíticos extremadamente difíciles: ¿cómo es posible, con una centralización de gran envergadura del poder político y económico, evitar que la burocracia llegue a ser todopoderosa y arrogante? ¿Cómo pueden estar protegidos los derechos del individuo y cómo asegurar un contrapeso democrático al poder de la burocracia?

https://www.marxists.org/espanol/einstein/por_que.html

Antonio Gramsci/Marxists Internet Archive

Primera Edición: En Monthly Review, Nueva York, mayo de 1949.

Digitalización y Fuente: Unión de Juventudes Socialistas de Puerto Rico.

Esta Edición: Marxists Internet Archive, 2000.



2/08/2020

El Socialismo es la Sociedad del Cuidado. Entrevista a Alba Carosio

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Se llega la Huelga Internacional Feminista este 8 de Marzo y con ella TatuyTv presenta a Alba Carosio: investigadora feminista nacida en Argentina y residenciada en Venezuela desde los 70'; quien llega a nuestra sede a hablarnos del movimiento feminista venezolano, el rol de la mujer en la Revolución Bolivariana y la necesaria apuesta por una economía feminista, una economía del cuidado. Previo a la Revolución Bolivariana los movimientos de mujeres se organizaron desde la primera ola feminista por la lucha por el voto que se ejerce por primera vez en Venezuela en 1947 luego, en una segunda ola, las organizaciones apostaron por la conquista de los Derechos Sexuales y Reproductivos, el señalamiento de la doble moral y la prostitución. Ninguna de estas olas feministas llegó a las masas, Alba nos confiesa: “éramos grupos pequeños trabajando en un momento hostil y sin ningún apoyo del Estado, cuando llega la Revolución Bolivariana muchas de esas mujeres que ya estábamos organizadas decidimos en primer lugar abocarnos a lo que fueron las propuestas para la constituyente del ‘99. A partir de ahí, además, se emprendió un trabajo de masificar las ideas feministas, entonces por primera vez nosotras tuvimos la oportunidad de hablarle a una gran cantidad de mujeres que eran reunidas todas juntas, porque existía el musculo del Estado”. El proceso bolivariano desembocó en que las mujeres empezaron a salir de sus casas, trascendiendo lo doméstico, incorporándose con mayor fuerza en las dinámicas comunitarias. Las ideas feministas empezaron a masificarse, mucho más cuando Chávez en el 2007 se declara feminista. La mujer entonces, es la principal palanca de apoyo que tiene la revolución: son las que mueven las comunidades, nos advierte. 

Las mujeres se sintieron convocadas por este proceso, la prueba de ello: son las mujeres las que sostienen los CLAP, los Consejos Comunales, las que construyen y sostienen las Comunas y toda la orgánica base del Poder Popular. Sin embargo, el patriarcado ¿por qué? Una mirada feminista de la economía En el imaginario colectivo se asume a la economía desde el análisis de las transacciones en los mercados: lo que se compra y se vende, bien sea fuerza de trabajo, bien sean servicios, o productos de cualquier índole, que se transan y se intercambian con dinero de por medio. Sin embargo, Alba Carosio pone en el debate una gran cantidad de actividades, asumidas fundamentalmente por mujeres que comprende todo lo concerniente al cuidado de la familia; todo lo que permite la reproducción social de la vida: preparación de alimentos, cultivos familiares, trabajo comunitario, trabajo que no se hace dentro de los mercados sino al margen de la economía, trabajo que aporta en la reproducción del capital pues posee un valor económico. 

Esto es justamente lo que reconoce el articulo ochenta y ocho (88) de nuestra Constitución, pero, no se ve ni se cuenta. El papel de la mujer en el cuidado de la vida, es un tema que tiene que ver con lo económico, pero además con lo político y con lo ideológico: asumir este debate público pasa por reconocer la vulnerabilidad de los seres humanxs, la necesidad de interacción entre lxs mismxs, y la necesidad de un cuidado para la reproducción social que no debe quedar limitado a las mujeres: toda la sociedad tendría que maternizarse. -Las mujeres en la revolución 00:00:44 -Pobreza, reproducción y cuidado 00:08:08 -La dimensión económica del cuidado 00:11:18 -¿Cómo se traduce la socialización del cuidado en políticas públicas? 00:19:50

Calvo: Somos socialistas porque somos feministas





La ultraderecha niega el cambio climático y la violencia de género y nos tendrán enfrente porque somos “radicales en la defensa de la igualdad”




Madrid, 06 feb. 20. AmecoPress.- La vicepresidenta primera del Gobierno, Carmen Calvo, inauguró este sábado la Escuela de Pensamiento Feminista Elena Arnedo en la sede de los socialistas en Madrid, en la calle Ferraz.
“Cada vez hay más mujeres mirando al feminismo del PSOE”. La secretaria de Igualdad del Partido Socialista y vicepresidenta primera del Gobierno, Carmen Calvo, aseguró el sábado en Ferraz que en el PSOE se es “doble militante, del feminismo y del socialismo, somos socialistas porque somos feministas” y “estamos aquí” porque este partido “es el que da respuesta a las realidad del país” y en especial, “ahora que los derechos sexuales y reproductivos vuelven a ser cuestionados” desde los sectores más retrógrados.
Calvo afirmó que si el primer gobierno de Sánchez tuvo 17 ministerios por la igualdad “ahora tiene 22 ministerios por la igualdad porque la igualdad, diseñada por las políticas feministas, no es un área, un anexo, es la centralidad de la democracia y del gobierno”.
Advirtió de que la derecha y la ultraderecha “no tienen límites en su retroceso” y atacan dos elementos de la agenda progresista, “la sostenibilidad del planeta y la sostenibilidad de la democracia, que es el feminismo y el ecologismo”. Y “lo han hecho a lo grande”, añadió Calvo, “negando el cambio climático y la violencia de género” y “frente a eso están los socialistas” para “combatir viejos fantasmas con formas nuevas”.
“Se trata de ser radicales en defensa de la igualdad porque la igualdad radical es la justicia, solo pretendemos justicia”. Para la secretaria de Igualdad y vicepresidenta primera del Gobierno, “el combate está cantado” con la ultraderecha “y sus acólitos, el Partido Popular y lo que queda de Ciudadanos” porque dicen que van a defender la bandera de la libertad, de la suya, no de la tuya, y en la suya y en singular, va todo un paquete de cosas: que hagas lo que yo digo y veas el mundo como yo lo veo”.
Durante su intervención en la Escuela de Pensamiento Feminista Elena Arnedo, que dedicó la jornada de este sábado a ‘Sexualidad vs Violencia y Pornografía’, Calvo denunció “la antigüedad” de los que defienden los vientres de alquiler. Cuando la mujer ha alcanzado “la libertad” de que la maternidad no signifique “una obligación inexorable” surja que “se pueden comprar los vientres”. “Hay que estar ojo avizor para ver lo falsamente nuevo y que no nos lo envuelvan en el celofán de la libertad”. “En el mercado de la vida, nuestros cuerpos no son una mercancía” que pueda ser “vendido, comprado, alquilado y asesinado”. “Quieren vendernos el truco de la libertad, el viejo fantasma de siempre, el fascismo, la imposición de un modelo sobre todo, del hombre sobre la mujer. No han inventado nada nuevo”, zanjó.
En la apertura del curso también participaron el secretario general de los socialistas madrileños, José Manuel Franco, y Lorena Valdés, secretaria de Igualdad de PSOE-M.

Foto: archivo AmecoPress
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3/13/2019

Vigencia del Socialismo Más que nunca, mejor que antes.

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Fernando Buen Abad Domínguez

Bastaría con escuchar el odio que inyecta la burguesía a sus denuestos contra el Socialismo para deducir que algo muy bueno para los seres humanos implica terminar con la jerarquía de los opresores para ir a un sistema Socialista capaz de erradicar el interés del capital sobre los seres humanos y erradicar todo el fardo individualista, racista, excluyente y opresor que nos ha amargado la existencia durante demasiado tiempo. Poner a la sociedad como prioridad mayor para la sociedad misma, ha sido una lucha cuya vigencia es cada día mayor según se ven los estragos ecológicos y humanísticos que el capitalismo ha venido causando a lo largo de su historia. La realidad se encarga de reiterar la vigencia del Socialismo.
Es aberrante el tono sepulturero con que la burguesía (y algunos “loros” amaestrados por ella) se empeña en dar por muerto al Socialismo, al Comunismo y al Marxismo. En esas “exequias” propagandistas invierten tiempo, dinero y esfuerzos a granel. Pagan publicistas, académicos y mercenarios de todo tipo para convencernos del “fracaso” de un sistema económico, político y cultural del cual no hemos visto desarrollarse (para decirlo alegóricamente) ni un 10%. Y, en contraste con ese “fracaso”, nos pintan al Capitalismo como s fuese un sistema exitoso que ha triunfado de una forma ejemplar y rotunda. “Hablan sobre el fracaso del socialismo, pero ¿dónde está el éxito del capitalismo en África, Asia y América Latina?” Fidel Castro.
Reina la avaricia antes que el interés por lo social. Mientras el Capitalismo es, según sus resultados macabros, una pesadilla generalizada que cada día empuja al planeta y a los seres humanos a un colapso tapizado por guerras, terrorismo, caos e inestabilidad de todo tipo, las riquezas naturales y laborales se concentran en unas cuantas manos. Unas pocas familias y empresas controlan la mayor parte de las actividades económicas de todo el mundo. La especie humana vive bajo una pauperización galopante mientras la monopolización registra records insalubres para toda forma de vida; mientras las diferencias entre ricos y pobres aumenta sin escrúpulos, sin pudor e impunemente. Se multiplica la inseguridad para los desposeídos y se reprimen las manifestaciones del malestar. Las evidencias son tan ofensivas como numerosas. 
Es crucial resolver la contradicción Capital-Trabajo que tiene secuestradas las fuerzas productivas en todo el mundo y las destruye de manera irracional y procaz, pero hay que resolver tal contradicción con un sistema de planificación inteligente y participativo que permita a la humanidad superar todos los problemas y desarrollarse a un nivel de civilización y cultura profundamente nuevo. El Capitalismo es un sistema socio-económico cuya razón de ser sólo sirve a unos cuantos opresores, “armados hasta los dientes”, que en la terquedad de enriquecerse sin límites está destruyéndolo todo y nos lleva a una fase que sólo implica daños irreversibles para la humanidad. Pero lo pintan como si fuese lo mejor que nos ha pasado.
Es vigente el Socialismo que permite transformar la realidad impulsado por las fuerzas sociales unidas y organizadas igualitariamente. Un Socialismo irreductible por burocracia alguna y sin totalitarismo de Estado. Un Socialismo capaz de cambiar el orden de la realidad para desterrar definitivamente las clases sociales y toda forma de opresión. Un Socialismo no utópico. Un Socialismo científico. Es decir, sin dogmas. Ese que Marx explicó en su Manifiesto. 
Un Socialismo que ponga fin a toda confusión, desorientación o dispersión del movimiento emancipador de la clase trabajadora, que sea capaz de unir fuerzas contra el capitalismo para no repetirlo y para impedir que sobreviva con sus disfraces más socorridos. Que sea capaz de abrir un movimiento transformador a profundidad y sin exclusiones, donde se admita a todas las tendencias que luchan por la emancipación de la humanidad. Socialismo para terminar con la dictadura del Capital, o él acabará con nosotros. Sin atenuantes, sin desviaciones, sin espejismos, sin ilusionismos. Esta vigente el Socialismo porque es necesario para que la humanidad pueda resolver todos sus problemas y escale su desarrollo histórico sin lastres de clase, sin complejos y sin opresores. El Socialismo está vigente porque es una necesidad para la especie humana. Y no hay salidas alternas, la disyuntiva objetiva es: Socialismo o Barbarie. 
Socialismo como radicalización del amor por la vida… capaz de transformar, transformándose. No como un sistema que debe imponerse desde fuera sino como una necesidad que debe desarrollarse plenamente desde el seno de la contradicción histórica del Capital y el Trabajo. “Un movimiento real que anula y supera el estado de cosas actual”. Marx. Una lucha que surge de lo concreto como posibilidad no realizada aun pero realizable. No como un ideal, utópico, sino como un Socialismo Científico, es decir, movimiento real emancipador y producto histórico de ese movimiento.  Socialismo deseable, posible y realizable. Socialismo transformador de las condiciones objetivas incluida la conciencia de su realización, la aspiración a realizarlo con la organización y la lucha correspondientes.
Porque la vigencia del Socialismo como necesidad objetiva y subjetiva de transformar el mundo, es necesidad que no podrá ser ahogada por los “escuderos de la burguesía” que difunden pesimismo pueril e individualismo, irracionalismo, utopismo y consumismo. La vigencia del Socialismo no podrá ser eclipsada por los desesperanzados ni los nihilistas padres del catastrofismo de ocasión. Decía Marx “de lo que se trata es de transformar el mundo” y eso supone luchar contra el capitalismo y el imperialismo pero también luchar -con las armas de la crítica- para que el socialismo sea, verdaderamente, además de deseable y posible… realizable. Como insistía Sánchez Vázquez.
No tenemos en nuestras manos la clave de la historia futura pero anidan en la praxis del Socialismo los más vigentes anhelos humanos dispuestos a darse salidas objetivas y concretas por cuya realización hay que luchar permanentemente. Podemos experimentar ajustes y correcciones que son parte del camino, dejar atrás métodos que resulten inútiles, pero no podemos cambiar de camino -el camino socialista- porque no podemos confundir la táctica con los principios. Y es que en la vigencia del Socialismo hay un componente crítico de importancia suprema que es, en sí mismo, complejo y contradictorio precisamente porque el Socialismo no es la simple aplicación dogmática de una “idea” o “ideal inmaculado” despegado de la realidad. Todo lo contrario. Y, quizá, no sepamos, por ahora, cómo será el Socialismo en su plenitud, pero sí sabemos cómo no queremos que sea. Y eso implica y exige luchar, organizados, por ello. Nada más vigente. 

Dr. Fernando Buen Abad Domínguez
Director del Instituto de Cultura y Comunicación
y Centro Sean MacBride
Universidad Nacional de Lanús

2/16/2019

"Me hice feminista para profundizar en la revolución, no para desviarme de ella"

Entrevista con Claudia Korol, activista por el socialismo
La Tizza

“Lo que está en curso es una guerra contra los pueblos (...) contra las disidencias sexuales”

Dayron Roque (DR): Si tuviéramos que presentar a Claudia Korol a nuestras lectoras y lectores de La Tizza, ¿cómo lo haría?
Claudia Korol (CK): Me presentaría, en primer lugar, como una mujer que, desde jovencita, milita en distintos espacios de lucha política, en lo que aspiramos a que sea lucha revolucionaria por el socialismo. Soy también mamá de una hija que vive conmigo y todavía está creciendo, revolucionándose y revolucionándome. Hago el aporte a esa lucha desde la educación popular. Participo hace muchos años de un espacio que es el equipo de educación popular “Pañuelos en Rebeldía”. Soy feminista, integro Feministas de Abya Yala, una articulación de colectivas del feminismo popular, indígena, negro, campesino. Una red de organizaciones y compañeras de varios lugares del país y del continente. Hago radio en varios programas, y escribo en la medida que puedo.

DR: El momento actual es muy complicado en América Latina y el Caribe. Pasamos de la “época de cambios”, al “cambio de época” y ahora mismo no sabemos en dónde estamos. Todo eso en veinte años, más o menos. ¿Qué lectura hace del momento actual, de sus desafíos, complejidades?

CK: Creo que hubo un apresuramiento en hablar de “cambio de época”, al nombrar a los gobiernos llamados “progresistas”. No se advertía -con esa generalización- las diferencias que había en ese gran paraguas entre todos esos gobiernos. ¿Había cambios estructurales? ¿En qué se alteró la estructura del poder? No se veían los límites de muchos de esos proyectos, sus complejidades, contradicciones. Había un cierto triunfalismo que estimulaba un pensamiento acrítico, en el que las diferencias se estigmatizaban. Se creía que eran procesos irreversibles. Bajo ese nombre, “gobiernos progresistas”, había experiencias muy diferentes, desde la revolución bolivariana de Venezuela -con todas sus contradicciones- pasando por gobiernos capitalistas neodesarrollistas, con alguna propuesta distributiva asistencialista financiada por políticas extractivistas, como el de Kirchner o Lula, procesos con impronta descolonizadora, como el de Evo, y gobiernos fuertemente autoritarios como el de Ortega-Murillo.
Es lamentable esto que ha sucedido, porque todos, todas, hubiéramos querido un cambio de época. Ahora se ve con mucha crudeza que no fue así, cuando con procesos electorales caen algunos de estos gobiernos como castillos de naipes; o con procesos no electorales como intervención, fraudes, golpes de estado -como el caso de Brasil-; y donde la respuesta del movimiento popular muestra una debilidad muy grande. Una se pregunta ¿cuál fue el proceso de cambio? ¿Cuál fue el proceso de transformación, que fue tan débilmente defendido en algunos casos y en otros fue rechazado mediante procesos electorales?
Algunas compañeras nos preguntábamos, cuando asumían estos gobiernos, si lo que estaba sucediendo era resultado de la acumulación de fuerzas de los movimientos populares, o si no era sobre todo un voto castigo a las políticas neoliberales que tanto nos golpearon a los sectores populares, y pensábamos -incluso lo debatimos en otros encuentros de Paradigmas- que así como hubo un voto de castigo contra aquellos gobiernos neoliberales, podría haber luego un voto de castigo hacia los gobiernos “progresistas” que no cumplieran con las expectativas populares; sobre todo -esto es muy importante- si estos gobiernos enajenaban el protagonismo popular y el rol de las organizaciones sociales y políticas. Hay mucho para seguir pensando y aprendiendo entonces de estas experiencias, y es necesario apostarle siempre al pensamiento crítico, ese que permitió experiencias que resultaron tan profundas como la Revolución Cubana.
Yo creo que estamos viviendo un momento muy duro. Podemos caracterizar la etapa como de avance de la derecha conservadora, fascista en algunos casos. Se busca disciplinar a los movimientos populares a través de la represión, del militarismo, del control, del accionar ideológico de las iglesias fundamentalistas, y de un conjunto de medidas que tratan de hacer retroceder a los sectores populares más dinámicos: a las mujeres, a las disidencias sexuales, a los pueblos originarios, negros, afrodescendientes, a las y los migrantes, a movimientos campesinos, de la economía popular, y a quienes sostienen en general su capacidad de lucha, conciencia y movilización.
La actual situación genera una lógica donde las elecciones tienen cada vez menos sentido para la derecha, no así para las izquierdas. Las izquierdas en una gran parte creen en mecanismos de democracia, representación y de gobernabilidad, que las derechas enuncian pero en los que no creen, y utilizan a su antojo desde la hegemonía política del poder.
Lo que está en curso es una guerra contra los pueblos. Hay una guerra contra las comunidades, hay una guerra contra las mujeres, hay una guerra contra las disidencias sexuales.
Las nuevas políticas neoliberales le están arrebatando a los sectores populares organizados los derechos históricos de los trabajadores y trabajadoras, de los pobladores y pobladoras: el derecho a la salud, a la educación, a la vivienda… hay un conjunto de derechos perdidos, muy rápidamente además. Hay un crecimiento de la pobreza, muy rápido también… Están avanzando sobre los cuerpos de las mujeres, a través de la violencia de género, de los feminicidios, del incremento de la violencia sexual como forma de control. Se pretende la subordinación y el control de los cuerpos y de las subjetividades a través de la violencia. Nos quieren aterrorizar y disciplinar.
Ese es el cuadro que veo en casi todos los países. Al mismo tiempo, hay espacios donde la gente está resistiendo. Lo vemos por ejemplo en Venezuela. Hoy la gente está en las calles defendiendo no a un gobierno, sino a su revolución. Eso es resistencia. Celebramos que haya resistencia, porque es lo que no hubo en otros procesos; vemos que en Bolivia se está resistiendo, y tenemos esta fuerza que es la Revolución Cubana, que sabemos que tiene dificultades, y complejidades, pero que es un aliento para los pueblos del continente.
Tenemos, sin embargo, que estar claras, claros, ya que estamos en una guerra, y nos encontramos en una situación muy difícil donde están en juego nuestras vidas, nuestros proyectos y nuestros sueños. Por esas razones, la tarea más importante en este momento creo yo, junto a la resistencia en los territorios y en las calles, es hacer una mirada autocrítica de las experiencias que hemos vivido. La otra tarea es sostener la esperanza, porque un pueblo sin esperanza deja de luchar -como nos dijo Paulo Freire-. Eso implica ejercer la crítica, la autocrítica, hablar de todos los problemas y dificultades que tenemos, y esclarecernos hasta donde podamos y sepamos, porque tampoco es que tengamos todas las respuestas; pero hacerlo con total honestidad, porque no puede producirse -y es un riesgo latente- que intentemos reglamentar el pensamiento crítico y lo que puede decirse y no decirse: tenemos que ser consecuentes con lo que los compañeros y compañeras nos enseñaron cuando inauguraron la revista Pensamiento Crítico: mostrar todas las realidades y los debates todos. Eso necesitamos ahora, porque si no vamos a llegar a nuevos procesos, con las mismas lógicas ideológicas, sin pasar revista de estos. Sería empezar siempre de nuevo.
Por ejemplo: se abre en México la opción política que significa el gobierno de AMLO. Muchos y muchas, incluso dentro de la intelectualidad de izquierda, lo miran con la misma ingenuidad o falta de crítica con que se miró el gobierno de Lula o Correa. Sin profundizar un análisis concreto de las lógicas del poder, las alianzas, las relaciones de fuerza, incluso de la voluntad personal de los liderazgos de abrir nuevos caminos para el pueblo o de cuidar de modo autorreferencial su gestión política. No se trata de desconocer las oportunidades que abren determinados gobiernos a la irrupción política de las experiencias acumuladas de poder popular. Pero necesitamos también advertir los riesgos que hay en estos procesos, su relación con los sujetos sociales y políticos organizados, los proyectos que están detrás. ¿Por qué privilegiar proyectos extractivistas, que en nombre del desarrollo, enfrentan a las comunidades indígenas y campesinas? ¿Por qué atacar los espacios territoriales organizados?
Si desde el activismo popular queremos sostener la esperanza, no lo podemos hacer si no es aprendiendo de las experiencias. Entendiendo que “esto es lo que nos estuvo pasando, estos son los problemas que tenemos, esto es lo que queda también como dificultad…”. Se pudiera mencionar, como ejemplo de las dificultades, de modo muy superficial y rápido: la cooptación, por parte del Estado, de una gran parte de las organizaciones sociales y sindicales. En el caso de Argentina, una gran parte de lo que fue el movimiento autónomo en el 2000, 2001, el movimiento piquetero, el movimiento de las asambleas barriales, las fábricas sin patrones. La cooptación de algunos de esos movimientos debilitaron al campo popular en los gobiernos kirchneristas. A través de los planes sociales, teníamos un modo de vida más aliviado, porque había recursos que se le daban a esas organizaciones, pero cuando había que pararse a luchar, con autonomía, dependías de esos recursos. Hoy hay que rehacer el debate sobre la autonomía.
En el debate ha sido castigada la idea de autonomía y ha avanzado la idea de una “revolución desde arriba”, desde el Estado. Yo pienso que donde hay un Estado que puede aportar recursos, debe hacerlo, pero sin condicionar la autonomía de los movimientos populares. Eso no puede implicar que el movimiento quede sujeto y subordinado a esa lógica y, mucho menos, las revoluciones. Sabemos que son Estados en tránsito, Estados burocráticos, Estados cooptados por sectores del poder, en fin, Estados en disputa. Tenemos que ser capaces de ser parte de esa disputa, pero sin quedar atrapados o subordinados a ellos y a sus lógicas de poder.

DR: En su presentación, colocaba como un asunto central la militancia feminista. También da la impresión de que en el momento actual el feminismo está en el centro de no pocas luchas en América Latina y el Caribe, y en el mundo en general. Creo que es válido preguntarle entonces cómo ve el movimiento feminista hoy, cuánto ha avanzado, en qué direcciones, qué deudas tiene pendientes.

CK: Yo empecé diciendo que mi vida está ligada al feminismo, pero al principio de mis luchas políticas no era feminista. En los años 70, las izquierdas y los feminismos por lo general caminaban desencontrados.
Si me hice feminista fue porque asumí que era imprescindible la dimensión feminista en la lucha revolucionaria. Todavía hoy, incluso aquí mismo -en espacios como Paradigmas-, hay voces que dicen: “el feminismo puede ser tomado por el enemigo”, o que “el feminismo puede actuar como distractor de las luchas populares, clasistas, revolucionarias”. ¡Claro que sí! pero es un riesgo que está en todos los movimientos revolucionarios. Que algunos movimientos pueden ser tomados por el enemigo es una historia que en América Latina y el Caribe la conocemos demasiado. Sin embargo ¿por qué poner la sospecha en el feminismo? Se está así generando desconfianza en uno de los movimientos más dinámicos en la transformación social en este siglo XXI, en el que el feminismo tiene una enorme vitalidad en la interpelación de la cultura patriarcal, sino capitalista y colonial que no la tienen otros movimientos. El feminismo es también una experiencia masiva, que integra la presencia de los cuerpos, de las comunidades y de los territorios en el desafío del poder.
Un ejemplo muy concreto: el primer paro general a Macri, en Argentina, lo hicimos las feministas. Mientras los sindicatos estaban discutiendo y no convocaban, nosotras hicimos un paro que fue internacional y paralizamos el país ese día… nos movilizamos y salimos a las calles, hicimos asambleas -porque somos un movimiento asambleario, con democracia de base- con debates y lucha territorial. En ese proceso reinventamos las herramientas de lucha como las asambleas, el paro, la huelga general. Hay compañeras que nos dicen -ahora que estamos preparando un nuevo paro internacional de mujeres, lesbianas, travestis, trans para el próximo 8 de marzo-: “no podemos parar, porque somos desocupadas”. Lo escuchamos, y nos preguntamos colectivamente: “¿cómo para una desocupada?” y “¿qué es ser desocupada?”. Porque no eres desocupada en tu casa, por ejemplo. Debido a la división sexual del trabajo, trabajo tenemos siempre. Ser trabajadora no es tener empleo en el sistema formal -la mayoría no está en el sistema formal-. Nos hacíamos la pregunta “¿cómo paramos en el barrio?”, “¿cómo trabaja una mujer precarizada, que vive ella y su familia de lo que hace cada día?”. Ese fue un gran debate, muy interesante y necesario, que nos excedió y superó a todas las que habíamos pensado el feminismo en otros momentos y con otras mujeres. Tuvimos que hacer una dinámica de autoformación, diálogos, talleres, y debates enérgicos con los líderes de los sindicatos, y en algunos casos con las mujeres sindicalistas. Muchos dirigentes sindicales nos decían: “ustedes, las mujeres, no pueden convocar a un paro nacional o internacional, tienen que ser los sindicatos”. Nosotras les respondimos: “muy bien, convoquen, e incluyan nuestras demandas en sus convocatorias, pero si no lo hacen, lo hacemos nosotras”. Y se hizo un año, se hizo otro año, y vamos ya por el tercer año. Hicimos esos paros y al mismo tiempo debates teóricos, políticos, ideológicos, discusiones de todo tipo.

El aborto no fue legalizado, pero fue legitimado

La lucha por el aborto fue una movilización que no nació espontáneamente. Fue precedido por treinta y tres encuentros nacionales de mujeres, autoconvocados -y en eso discuto también con quienes piensan al feminismo y al movimiento de mujeres como una suma de ONGs-. El movimiento de mujeres en Argentina, es parte de movimientos populares mixtos en algunos casos, o son organizaciones de mujeres barriales, territoriales, autónomas. También hay ONGs, pero no es lo decisivo. El Encuentro que se hizo en la ciudad de Rosario, en 2016, reunió a ciento veinte mil mujeres. Cada año cambia la sede y cambia la Comisión Organizadora -que la integran el conjunto de las organizaciones de mujeres, de lesbianas, de trasvestis, de trans… de la provincia donde se hará el Encuentro-. Los talleres se autorregulan. Hay compañeras que para ir a esos encuentros hacen actividades para reunir el dinero durante todo el año, hay organizaciones que ocupan ministerios para exigir los autobuses. Esos días en la ciudad se utilizan todas las escuelas de la ciudad para los talleres y como alojamiento. Es un momento con una gran potencia histórica. En uno de esos encuentros se creó la Campaña por el derecho al aborto seguro, legal y gratuito, hace ya más de quince años. Esa campaña ya presentó siete proyectos de ley. La movilización no comenzó el año pasado.
Hay una acumulación detrás de esa lucha y, la verdad, es que el último año fue maravilloso, porque se produjo una irrupción de una generación joven, incluyendo adolescentes. Venían a las asambleas y a las marchas las chicas del colegio secundario con su pañuelo verde, el símbolo de la campaña por el aborto, que como ellas dicen, se volvió parte del uniforme de la escuela.
Yo sé que tanto entusiasmo y optimismo puede generar escepticismo en algunos sectores, pero lo que vivimos fue maravilloso.
Estamos hablando de un millón de mujeres, lesbianas, trasvestis, trans, llenando las calles por el derecho al aborto legal, seguro y gratuito, enfrentándonos a los fundamentalismos religiosos, no en debates teóricos, sino en cada barrio, escuela, universidad, lugar de estudio o de trabajo.
Quiero rescatar el trabajo como feministas en los territorios. No solo fue contra los fundamentalismos religiosos. También hubo sectores de la iglesia de los pobres que salieron a hablar en contra, salieron a decir que las mujeres pobres no abortaban, o que no estaban de acuerdo con el derecho al aborto. Tuvimos que debatir fraternalmente con ellos. Sabemos que en muchas otras luchas vamos a coincidir, pero no estamos dispuestas por ello a silenciarnos, o a negociar nuestros cuerpos y nuestro derecho a decidir.
Este momento de la lucha por el aborto tuvo un golpe en la Cámara de Senadores, a donde había pasado la ley desde la Cámara de Diputados. Sin embargo persistimos. Ya hay un nuevo proyecto de ley para ser presentado otra vez al Congreso este año. No nos hemos desmovilizado. Y con la movilización, superamos lo que imaginábamos que podíamos alcanzar. Logramos que en los barrios populares se pueda hablar de manera abierta del aborto. No fue legalizado, pero fue legitimado. Además, las feministas ya hace año que estamos acompañando prácticas de aborto. Hay una red de socorristas y otra red de profesionales de la salud que hace abortos o los acompaña. Las mujeres que lo necesitan, tienen el acompañamiento de las feministas. Somos feministas compañeras.

El feminismo frente a sus desafíos

Hay una intensa disputa de sentidos en todos los espacios. En el último encuentro nacional de mujeres hubo un debate muy importante por dos temas. Se propuso cambiarle el nombre en dos aspectos: que no fuera más “encuentro nacional”, sino “plurinacional”. Esto lo propusieron las hermanas mapuches y de pueblos originarios que, si bien venían participando en los encuentros anteriores, como esta vez fue en la Patagonia, tuvieron mayor fuerza y presencia. También han profundizado sus debates sobre cómo afecta el patriarcado a las comunidades originarias. Son territorios donde no solo funciona el Estado-Nación.
Hay comunidades de pueblos y naciones que en algunos casos viven ancestralmente en esos territorios, y han resistido a una historia particular de colonización que tiene que ser asumida por el movimiento feminista, porque nos interpela. Nosotras dijimos: “es así, el encuentro tiene que ser plurinacional”, pero no se resolvió en ese encuentro, no se pudo saldar ese debate. Y el otro sentido es que no puede ser solo de mujeres, sino que tiene que ser también de lesbianas, travestis, transgénero; es decir, el Encuentro tiene que integrar también –aunque de hecho ya están participando– a las disidencias sexuales que están siendo parte de la lucha feminista, de la lucha antipatriarcal. Esperamos que en el próximo encuentro, que es este año en octubre, en La Plata, se pueda producir ese cambio de nombre. Esto significa fortalecer la dimensión anticolonial y antirracista del feminismo, sobre todo en Argentina -un país sumamente racista, donde el feminismo históricamente ha tenido una hegemonía blanca, y ha estado alejado de la vida de las comunidades indígenas y negras, así como de territorios de exclusión-. Es cierto que recién ahora comienzan a participar hermanas mapuches o negras que se identifican como feministas. Esto en sí mismo constituye una revolución. Pasa lo mismo con las feministas travestis, transgéneros. Yo creo que tenemos que profundizar el debate antirracista en el feminismo.
El internacionalismo es otro aspecto a profundizar. Si bien está fuerte en el discurso, tenemos que ver cómo rompemos los límites de las fronteras, más en un tiempo donde el tema migratorio es tan fuerte, y sin embargo, hay una adhesión en sectores populares al nacionalismo. El debate sobre el Estado-Nación lo tenemos que hacer, porque el impacto del populismo, muy ligado al Estado-Nación, ha sido fatal para estas personas, que son víctimas también de la creciente xenofobia.
Otra idea a profundizar es la del feminismo, no como una identidad biologicista -encarnada en el cuerpo de la mujer y sus genitales- sino como una ideología y una experiencia política. Hay feminismos que son construidos desde los cuerpos travestis, trans, desde el deseo lésbico Hay compañeras que nos abrieron el camino muy claramente, como Lohana Berkins, feminista, travesti, comunista, como Diana Sacayan, también como Lohana feminista travesti, que fue asesinada hace dos años en un violento crimen cuyo autor fue juzgado y condenado por la figura de travesticidio –un juicio histórico en ese sentido–.
Creo que hay otros desafíos de los feminismos populares, en esta etapa, para actuar en la vida cotidiana. Nos planteamos cómo enfrentarnos a los movimientos neoliberales que nos dejan sin salud, sin alimentos, sin educación. Así nació el feminismo popular en la última etapa en Argentina: eran los espacios de mujeres de los movimientos piqueteros, que eran las responsables de las ollas populares, de las huertas comunitarias, de los comedores. Hoy vamos a regresar a esas iniciativas, y sostener el acompañamiento en situaciones de violencia -porque cuando crece la violencia económica, crece también la violencia en la familia-.
También debemos incorporar en nuestras prácticas otras dimensiones. Decíamos: “haremos olla popular, sí, y ¿qué tiramos a la olla?”. Podemos pensar, por ejemplo, en no tirar alimentos contaminados con agrotóxicos, que nuestras huertas comunitarias produzcan de otro modo. Ello nos ha llevado a que realicemos intercambios con el movimiento campesino, que nos permiten discutir la soberanía alimentaria y no solo la sobrevivencia. Pensamos también en la soberanía energética, el cuidado de los ríos y, con ello, replanteamos nuestra mirada a la naturaleza, no desde una idea de dominación, sino desde la idea y el sentir que somos parte de ella, la cuidamos y la defendemos. Hay una enorme cantidad de temas que rozan problemáticas ecológicas, que los pueblos originarios lo han hecho siempre. ¿Cómo aprendemos a escuchar la historia de lucha por la defensa de los territorios y los cuerpos, los bienes comunes y la naturaleza, en la experiencia de esos pueblos? ¿Cómo enfrentamos la violencia que va desde el feminicidio hasta la violencia cotidiana en las casas y, en particular, la violencia sexual, que es un arma de guerra contra las mujeres?
Una de las grandes novedades que sucedieron en los últimos meses en el feminismo argentino fue decir “¡No nos callamos más!”. Hubo algunas situaciones que detonaron esto, por ejemplo: una actriz denunció haber sido abusada por un actor famoso; esa denuncia, la hizo acompañada del colectivo de actrices argentinas… de las cosas nuevas ¡el colectivo de actrices argentinas se asume feminista! Aquellas actrices que vemos en televisión todos los días, las que jamás una imagina que puedan participar en este movimiento, se pronuncian como feministas y acompañan esa denuncia. Denuncia que, además, se hace en Nicaragua -donde el presidente está acusado de la violación de la hija de su mujer, adoptada por él-.
A partir de eso hubo una ola de denuncias imparable. Se destapó una de las ollas en las que se cocinaba el dolor de miles de mujeres. Pero tenemos que preguntarnos ¿dónde nace la violencia sexual? y ¿cuánto de esa violencia sexual se generó durante la infancia, en las casas, y cuánto hay de acostumbramiento y naturalización a la no denuncia y al silencio? Porque por lo general los abusadores eran los padres, los hermanos, los tíos, los abuelos. Esta nueva realidad implica para nosotras romper todos los “pactos de silencio”, incluso los que puedan afectar a funcionarios, como el presidente de Nicaragua, Daniel Ortega y su esposa y vicepresidenta, Rosario Murillo.

DR: Una de las cuestiones problemáticas para el movimiento revolucionario mundial ha sido el de las relaciones entre los distintos sectores que luchan contra el capitalismo. La dificultad para distinguir entre el diferente y el contrario, o para articularse con otros movimientos que estamos en el mismo lado de la confrontación contra el Capital parece ser el tema de nunca acabar. A propósito de su respuesta anterior, ¿qué valoración hace de las relaciones del feminismo con otros sectores o movimientos, algunos de ellos muy tradicionales como el de los sindicatos?

CK: Uno de los éxitos que hemos alcanzado las feministas es haber roto varias de las barreras que aparentemente separan a los revolucionarios y revolucionarias. Te pongo un caso por ejemplo: en el movimiento feminista y en la lucha por el aborto en Argentina, participaba gente de todos los partidos, de distintos sindicatos. El feminismo es transversal a una buena parte de esos movimientos. Otro ejemplo: hay espacios feministas en todas las centrales sindicales argentinas. Dicen que nosotras, las feministas, dividimos, pero la realidad es que las centrales sindicales están divididas y, sin embargo, nosotras tenemos compañeras que están actuando juntas, de manera articulada, y pertenecen a distintas centrales, que entre sí no coordinan luchas.
Lo que sí es cierto, es que el feminismo problematiza a determinados sectores sociales, sobre todo organizados, pero no lo hace porque seamos “otra lucha”. Nosotras defendemos a los obreros y obreras organizados en sindicatos, somos parte de los sindicatos, somos parte de los movimientos territoriales en los barrios, de los movimientos por la salud y la educación. ¿Cuál es el problema? Si en el sindicato hay un dirigente patriarcal, violento, misógino, o racista … nosotras lo vamos a señalar. ¿Es eso lo que divide? ¿o divide ese dirigente cuando está violentando a las compañeras?
Por otra parte, hemos aprendido a no irnos de los espacios y movimientos organizados de lucha. En otros tiempos, si en el partido, o en el sindicato nos maltrataban, nos marchábamos. ¿Por qué? Porque pensábamos que no podíamos sobrevivir ahí en esas condiciones, donde tenía tanta fuerza la cultura patriarcal, incluso en la organización sindical y política. Ahora, el cambio es que no nos vamos; o intentamos no hacerlo y fortalecernos entre nosotras. Nos quedamos a denunciar su actitud patriarcal y ellos se sienten amenazados, expuestos.
Creo que nosotras, como movimiento feminista, debemos interactuar cada vez más con diversos sectores populares. Es verdad que hay compañeras que no lo hacen. Es una de las razones por las que nos identificamos como feministas populares. ¿Por qué “populares”? Porque si fuéramos todas lo mismo, ya no tendríamos necesidad de ponerle apellido. Nosotras hemos enfrentado a sectores del feminismo que tenían solo una agenda de género y de esos temas no trascendían; o que asumieron posiciones, aun dentro del feminismo, que en nuestra opinión resultan muy funcionales al capitalismo, al neoliberalismo y al individualismo.
Es una polémica que hacemos dentro del feminismo, porque nos diferenciamos, pero también actuamos en unidad cuando se hace necesario.
Como feministas populares estamos organizadas de maneras diferentes. Somos campesinas, negras, indígenas, villeras, trabajadoras precarizadas, estudiantes. Las compañeras del feminismo villero, al principio se enfermaban cuando venían al encuentro de mujeres, porque no se sentían escuchadas por muchas otras; sin embargo, nos logramos articular. En la lucha por el aborto vamos todas. No pensamos “ésta no, porque es burguesa; ésta no, porque es esto otro”. Decimos “¿quieres venir? ¡vamos!”. Más que dividir, hemos logrado encuentros alrededor de determinadas temáticas que son transversales.

DR: Con el medio Desinformémonos quisiéramos preguntarle, ¿por qué no se dio en el kirchnerismo este auge de las luchas feministas? ¿Qué papel ocupa la calle?

CK: Hemos presentado siete veces el proyecto de ley sobre el aborto; sin embargo, durante el gobierno de Cristina Fernández, sus diputados no lo avalaron. Eso hay que recordarlo. Ahora, ella votó a favor del proyecto en el Senado, durante el gobierno de Macri, porque está en la oposición. Incluso hizo un discurso, en el que dijo qué le gustaría responder si su hija y sus nietas le preguntaran sobre ese proyecto de ley que se discutía en el Congreso, y ella decir que lo había apoyado. Pero también podríamos decirle: “¿qué sucede si tu hija y nieta te preguntan, además, por lo que hiciste en los anteriores diez años?” en que podía haber salido la ley, porque tenían mayoría en el Congreso. Hay que pensar no sólo en términos de oficialismo o de oposición. Podemos mirar las políticas concretas.
Y tenemos que decir que con Cristina como presidenta se puso una camisa de fuerza a la movilización por el derecho al aborto.
Quiero destacar, no obstante, que hubo compañeras kirchneristas que sí han estado participando en esta batalla, pero solo una parte. Otra gran parte del movimiento de mujeres kirchnerista dijo “si la jefa no… nosotras no”. Eso generaba un gran condicionante y ellas mismas, al modificarse la posición de Cristina, se sintieron liberadas de cualquier compromiso.
Otra condicionante para el aumento del movimiento, desde 2015, cuando llegó Macri, es la emergencia del movimiento a través del “Ni Una Menos”. Fue una irrupción de cansancio, por el aumento de los feminicidios.

DR: ¿Es que nos están matando más o nos están viendo más?

CK: Hay de las dos cosas. Por un lado se ve más. Hay una cantidad de periodistas feministas que lo comunican, antes no se comunicaba tanto… en ello ha influido que haya comunicadoras feministas en todos los medios, incluyendo en la televisión. El paro internacional de mujeres comenzó con las mujeres del noticiero adheridas al mismo anunciándolo por la TV y la radio.

DR: Algunas, incluso, salieron con sus hijos en la televisión.

CK: ¡Exacto! Son hechos muy impactantes. Pero la reacción patriarcal es violenta. Por eso digo que, también, nos están matando más. Nosotras tenemos debates, en nuestro movimiento, sobre cómo visibilizar el tema. ¿Cómo se comunica el feminicidio sin poner en riesgo la vida?
En cada feminicidio que se denuncia, por lo general hay una complicidad muy evidente de los poderes del Estado o de grupos del crimen organizado que están atravesados por relaciones con las fuerzas policiales. El año pasado, hicimos un proceso llamado “Juicio a la justicia patriarcal”, en el que procesamos más de ochenta denuncias de violencia, señalando cómo el sistema de justicia actuó para legitimar esa violencia; desde el feminicidio territorial de Berta Cáceres, el de Marielle Franco, hasta feminicidios de jóvenes y adolescentes. En todos, incluso en los que parece que no tiene nada que ver, está la justicia del Estado en complicidad. Eso significa que al denunciar corres riesgo de vida, porque nadie se mete con los amos. ¿Cuántas periodistas amenazadas, asesinadas o maltratadas hay? Y nos preguntamos ¿Qué redes tenemos que crear, para que no corra riesgo nuestra vida solo por denunciar estos crímenes? Sabemos que siempre hay riesgo.
Son muchos los temas a debatir. Qué hacer frente a la violencia patriarcal cotidiana. Porque no alcanza con miles de refugios. Hay políticas públicas que son miserables, porque no podemos encerrar a todas las mujeres amenazadas. La respuesta no puede ser solo el refugio, porque eso lleva al aislamiento de las mujeres violentadas, y eso refuerza su vulnerabilidad. ¿Cuál es la red poderosa que debemos crear desde el movimiento de mujeres? Sabemos que no es estatal, porque el Estado está detrás de esto.
Otras preguntas: ¿cómo apoyamos la revolución de las mujeres kurdas? que es nuestra revolución también. ¿Qué hacer si nos están matando gobiernos que gozan de la simpatía de nuestros gobiernos amigos acá en el continente? El gobierno de Turquía está masacrando al pueblo kurdo. Nosotras decimos “esa es nuestra lucha, porque es la revolución de las mujeres”, y es una revolución que interpela el capitalismo, el patriarcado y el colonialismo… ¿Cómo hacemos para defenderla? ¿Cómo no quedarnos sólo en la réplica de políticas de Estado que nos llevan a callarnos frente a esas masacres que se siguen viviendo? ¿Qué hacemos en solidaridad con las mujeres zapatistas amenazadas en sus comunidades? ¿Cómo acompañamos a las mujeres del Movimiento Sin Tierra de Brasil, que ahora van a sufrir una ofensiva brutal desde el gobierno fascista? Habrá quien diga “no se trata solo de solidaridad con las mujeres, es con todo el movimiento, con todo el pueblo”, y por supuesto que sí, es así. Pero sabemos también que en esos momentos de violencia, hay formas específicas de violencia contra las mujeres que se acentúan. Por eso es que necesitamos crear esas redes, no solo locales y territoriales, sino en el mundo.

DR: Hemos conocido a la Claudia Korol que ejerce desde la militancia feminista. Esa militancia, intuimos, ha sido posible también gracias a su condición de educadora popular, tal y como se nos presentó al inicio. Desde esa condición, ¿qué lectura hace del estado actual de la Educación Popular en nuestra región como instrumento de la lucha revolucionaria?

CK: Creo que está en un buen momento, aunque parezca muy optimista esto que digo. En Argentina hay una multiplicación de experiencias de Educación Popular que abarcan a muchas organizaciones. Nosotras somos parte de una red de educadores y educadores populares de Latinoamérica, que es bastante potente, que no solo hace procesos de formación política, sino procesos de formación en salud, acompañamiento a luchas territoriales. Tenemos un área de trabajo para pensar en cómo enfrentar a la criminalización de los movimientos; también desde la educación popular promovemos la recuperación de la memoria histórica. Por ejemplo, dialogamos con las experiencias sobre temas que vuelven a ser fundamentales: ¿cómo resiste un preso político o una presa política en la cárcel? Estamos sistematizando esas temáticas y desde la memoria de lucha de nuestros pueblos; buscamos esos aprendizajes. De manera central, seguimos haciendo formación política.
Por otra parte, creo que se amplió mucho el movimiento de la Educación Popular y que tenemos un problema muy grande con eso. La ampliación ha sido buena y mala, porque al ampliarse tanto, al ganar bastante masividad, hay también que enfrentar algunos niveles de despolitización. La idea central de la Educación Popular, que es la construcción colectiva del conocimiento, tiene que ser más trabajada en esas experiencias y es ahí donde yo veo dificultades. En muchos casos, se nombra la experiencia como educación popular, pero termina siendo una clase “más simpática”… de educación bancaria. Tenemos retos de formación política, de formación pedagógica y metodológica.

DR: En Cuba, la Revolución acaba de cumplir 60 años de su triunfo; hecho que ha sido celebrado en este Paradigmas, y en general por muchas personas en el mundo. Claudia Korol desde su historia de vida, ¿cómo mira a la Revolución a esta altura? ¿Cuánto la sigue encantando y cuánto no?

CK: Lo primero es que miro a la Revolución cubana con mucho amor. Es algo generacional. La llamo la “hermanita Revolución”, porque yo nací en noviembre de 1958, tengo casi los años de la Revolución cubana. Eso me pone un lente especial, que la mejora mucho. Tenemos un compromiso especial con la Revolución cubana. Para mi generación, que crecimos con ella, es la convicción de que es posible hacer una revolución. Así como la amo, me duelen sus dolores. Hemos compartido muchos de sus momentos con compañeras y compañeros a lo largo de estos años y sé lo que ha significado -por ejemplo- el período especial, sé lo que ha significado la lucha de un pueblo. A mí lo que me maravilla, de verdad, es el pueblo cubano, lo quiero mucho.
Cuando murió Fidel, se me partió el alma. Todos sabíamos que tenía que partir algún día, pero ese día lloramos todos, todas. Nos preguntábamos como podía ser la Revolución sin Fidel. Volví después a Cuba, y pude ver la vitalidad de la Revolución cubana. Vi cómo Fidel se encarna en el pueblo. Eso me conmueve. Han habido otras experiencias y procesos de resistencia en América Latina y el Caribe que se le dieron nombres de revolución; pero revolución socialista que perdura, solo en Cuba; y eso a mí me dice mucho, sobre todo sabiendo lo que pueblo cubano ha pasado.
Te decía al inicio que me hice feminista para profundizar en la revolución, no para desviarme de ella, no para distraerme de ella.
El feminismo para mí fue profundizar la revolución. Por eso me emociona bastante ver que un tema difícil como fue abrir el camino al feminismo en la Revolución cubana, los temas de identidad de género y la diversidad sexual hoy se están abriendo paso en Cuba y eso es sumamente saludable. Una espera que la Revolución cubana dé todo y explique todo, pero eso es injusto. A veces nos preguntamos “¿Por qué la Revolución cubana no ha explicado tal cosa…?”, pero la parte de nuestra lucha internacionalista es aportarle también a ella, al marxismo de la Revolución cubana y que sea un marxismo abierto, no dogmático, que se pueda permitir dialogar con otras miradas como el feminismo, y creo que se está haciendo.

DR: Esto es una provocación, ¿hay un marxismo de la Revolución cubana?

CK: Yo tengo el privilegio de haber llegado siempre a la casa de Fernando Martínez Heredia, a quien considero mi hermano y amigo. Aprendí el marxismo de la Revolución cubana de Fernando. Sé que hay otras miradas. He visto espacios donde el dogmatismo es fuerte. Sé que hay un marxismo que ha tomado la matriz soviética y a la caída de la URSS se despegó de esa matriz un poco.
Tiene, sin embargo, la Revolución cubana la vitalidad de que en la práctica, en los hechos, sigue dando respuestas revolucionarias: es lo más importante. También hay amenazas de un pensamiento capitalista, un pensamiento neoliberal, que trata de ganar corazones y subjetividades en el pueblo cubano. Yo le tengo sin embargo, mucha confianza a la capacidad del pueblo revolucionario, de no dejar perder la Revolución, y de seguir revolucionándola.

1/18/2019

Terminar con el neoliberalismo, el camino más corto al socialismo

Editorial de Fragua

El neoliberalismo no se acabará por decreto, sólo por declarar que éste será el último sexenio de una política económica que nos ha desangrado y saqueado como pueblo trabajador y explotado en la ciudad y en el campo. Para terminar definitivamente con el neoliberalismo tendríamos que destruir o barrer con sus pilares fundamentales:
1. La política de privatización, despojo y sobreexplotación que impulsa la burguesía. 2. El terrorismo de Estado, cuya ejecución es realizada por las fuerzas armadas, policiacas y paramilitares, verdugos del pueblo. 3. La alta burocracia que como parásito ha vivido del dinero que se le arranca al pueblo vía impuestos y que trabaja entre altos puestos en el gobierno y en las empresas privadas. 4. Los integrantes del Poder Judicial, principalmente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), quienes nunca cuestionaron todas las reformas neoliberales que violaban la Constitución y que legalizaron la privatización, la sobreexplotación, la represión y la impunidad para los autores de esa política neoliberal tan dañina.
Para que el neoliberalismo no continúe predominando como política económica debemos organizar y movilizar al pueblo para derribar estos cuatro pilares y explicar, todas las veces que sea necesario, que no basta ni la buena voluntad ni los cambios a medias; porque la burguesía y sus fuerzas armadas y paramilitares hoy se pueden “portar bien” (hasta cierto punto) y hacer concesiones mínimas, como el alza de 14 pesos al salario mínimo, para no ceder en lo fundamental y esperar así seis años para después regresar e imponer su venganza a todo el pueblo, otra vez.
Sería necio de nuestra parte no reconocer que ciertas medidas tomadas por el presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) han tocado ciertos intereses de esos cuatro pilares. Como ejemplo podemos tener la medida de que ningún funcionario público gane más que el presidente y la rebelión inmediata de los ministros de la SCJN, quienes se niegan a dejar de ganar casi 600 mil pesos mensuales y a dejar de ser un grupo de parásitos vividores del erario público. Ahí en la SCJN se ha atrincherado la posición más neoliberal por parte de quienes supuesta- mente vigilan que no se viole la Constitución por otros poderes del Estado; invocan a la división de poderes, a evitar su centralización; mientras varios analistas al servicio de la burguesía presentan esta rebelión como una batalla por el control político de la SCJN, cuyo verdadero fin es la imposición de una dictadura personal de AMLO.
Hasta el día de hoy hay 15 mil amparos de personas que no desean ganar menos que el presidente: los vividores se defienden y se aferran como garrapatas a la carne que las alimenta hasta reventar.
Esta medida también hizo evidente que no sólo los ministros de la corte ganan esa enorme cantidad de dinero, sino que los rectores de varias universidades (UNAM, IPN, UAM, entre otras) también ganaban cerca de 200 mil pesos al mes (y eso es lo que se sabe públicamente). Pero ellos, antes de que la rebelión de estudiantes, profesores y trabajadores de las instituciones tomara forma y se cuestionara cómo gestionan y malversan los fondos públicos, decidieron, como tocados por el rayo de la honradez, bajarse sus sueldos.
Y esto es sólo acerca de lo que se sabe, porque en el IMSS, en el ISSSTE, en Pemex existen altos funcionarios cuyo sueldo es secreto, pues de echo se le llama nómina secreta y así está establecida legalmente.
Pero también estaríamos ciegos si no viéramos que la rebelión de la alta burocracia no significa que se haya tocado el nervio de la burguesía, de esa minoría rapaz sin “llenadera” que, por el momento “muy bien portada”, ataca al actual gobierno desde sus medios de comunicación y sus periodistas a sueldo y hace mínimas concesiones como para congraciarse ante el pueblo por el enojo de éste al conocer el tamaño de la desgracia nacional y la magnitud del horror en que han sumido a la mayoría del pueblo.
El combate a la corrupción y la política de austeridad republicana no han alcanzado ni a la burguesía ni a las fuerzas armadas. Ese hecho es importante señalarlo, porque la impunidad lejos de alcanzar el deseo irrealizable de la conciliación entre las clases sociales, fortalece a los empresarios parásitos y verdugos al mismo tiempo y a la columna vertebral de la injusticia: las fuerzas armadas y paramilitares.
En tan poco tiempo de ejercicio del nuevo gobierno puede parecer aventurado afirmar que no será éste quien se atreva a socavar los pilares del neoliberalismo hasta sus últimas consecuencias, pues eso significaría socavar los pilares del sistema económico y social capitalista y porque el mismo AMLO jamás ha declarado luchar contra el capitalismo. Sin embargo, así lo pensamos, y pensamos también que la tarea de socavar los pilares del neoliberalismo hasta las últimas consecuencias y por la vía de los hechos es tarea de quienes tienen por objetivo también superar el modelo capitalista de sociedad que se nos ha impuesto, es decir, de los socialistas y comunistas.
Esta complicada y hasta contradictoria realidad nos impone tener la capacidad, la iniciativa, la creatividad y la audacia para no separar la lucha por nuestro programa mínimo de lucha de aquella por alcanzar nuestro programa máximo.
El programa mínimo son las medidas económicas y políticas realizables dentro del capitalismo para mejorar las condiciones materiales de vida del pueblo. Para enarbolar y luchar por un programa mínimo debemos primero adecuarlo a las nuevas circunstancias económicas y políticas que la realidad nos impone, ya que el programa mínimo intenta expresar las necesidades más sentidas del pueblo en todos los terrenos y al mismo tiempo liga estas necesidades inmediatas a la necesidad histórica de superar el capitalismo y construir el socialismo, que es el programa máximo.
No debemos confundir la necesidad de socavar los pilares del neoliberalismo hasta sus últimas consecuencias, el cual sería un punto del programa mínimo, con la toma de los grandes medios de producción en manos de la burguesía financiera trasnacional, que sería un punto del programa máximo; pero tampoco debemos entender estas medidas como separadas, sin relación, o aplicables de forma mecánica: o la una o la otra, porque el programa mínimo, aunque no rebasa el marco del capitalismo, crea las condiciones económicas y políticas para transitar al socialismo!
¡Contra la explotación, el despojo y la represión; resistencia, organización y lucha por el socialismo!
¡Destruir el neoliberalismo; construir el socialismo!
Nota:
Este artículo fue publicado como parte de la sección EDITORIAL del No. 39 de FRAGUA, órgano de prensa de la Organización de Lucha por la Emancipación Popular (OLEP), Enero-Febrero 2019.