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10/25/2026

No dejemos que las grandes tecnológicas dicten el futuro de la humanidad

 Bernie Sanders*

¿Deberíamos los seres humanos seguir controlando nuestro planeta? ¿O deberíamos ser remplazados como especie dominante? Por absurdas que parezcan estas preguntas, y por obvias que parezcan las respuestas, los oligarcas de las grandes tecnológicas que financian la revolución de la inteligencia artificial (IA) han respondido de maneras que deberían alarmarnos a todos.

En Silicon Valley, algunas de las personas más ricas del mundo creen tener el poder de crear una especie superior. Sam Altman, director de OpenAI, escribió en 2017 que la IA permitiría a los humanos convertirse en “la primera especie en diseñar a sus propios descendientes”. Sin embargo, lo que esto significa para los humanos sigue sin estar claro. Según Altman, o bien impulsaremos la inteligencia digital “y luego nos desvaneceremos en una rama del árbol evolutivo, o bien podremos descubrir cómo sería una fusión exitosa”. En otras palabras, los seres humanos están ante una decisión: enfrentarse a la extinción o fusionarse con las máquinas. “Creo que la fusión ya ha comenzado”, añadió Altman, y es “probablemente nuestro mejor escenario”.

De manera similar, Dario Amodei, director de Anthropic, ha hablado de la posibilidad de otorgar derechos a los modelos de IA. “No sabemos si los modelos son conscientes”, explicó, y añadió: “Pero estamos abiertos a la idea de que podrían serlo”.

A principios de este mes, Elon Musk, director de SpaceXAI y el hombre más rico del mundo, publicó en X: “Propagar la superinteligencia a las estrellas es una gran condición de éxito para un gestor de arranque biológico”, comparando a los humanos con la programación que inicia el sistema operativo de una computadora. En pocas palabras, Musk está diciendo que los humanos son simplemente un paso hacia la superinteligencia digital. A Peter Thiel, el multimillonario cofundador de Palantir y un inversor en IA, se le preguntó el año pasado si preferiría que la raza humana perdurara. ¿Su respuesta? “Eh… Bueno, no lo sé. Yo… yo… Hay tantas preguntas implícitas en esto”, balbuceó, antes de admitir a regañadientes que los humanos deberían sobrevivir.

Estas ideas tienen su origen en una ideología que alguna vez fue marginal en Silicon Valley llamada “transhumanismo”. Los transhumanistas creen que la tecnología nos permitirá trascender a la humanidad, ya sea creando una nueva especie o fusionándonos con máquinas. ¿Por qué ir más allá de los humanos? Porque estos nuevos “posthumanos” serán más inteligentes que nosotros. Serán infalibles. Irán a las estrellas y conquistarán el universo. Vivirán para siempre.

Si estas fueran fantasías de adolescentes obsesionados con la ciencia ficción, podríamos restarle importancia. Pero no lo son. Estas son las creencias fundamentales de las personas más poderosas del mundo, que están movilizando miles de millones de dólares para convertirlas en realidad.

Y estas inversiones ya están dando frutos. Durante decenas de miles de años, los humanos tuvieron el monopolio del lenguaje. Ya no. Durante miles de años, los humanos fueron los únicos capaces de resolver problemas complejos en campos como las matemáticas. Ya no. Hasta hace poco, podíamos distinguir con certeza cuándo un humano, en lugar de una computadora, nos hablaba a través de una pantalla. Ya no.

De hecho, las máquinas ya están empezando a remplazarnos. Y la visión que los oligarcas de las grandes tecnológicas tienen del futuro se vuelve cada vez más aterradora. Musk está construyendo Neuralink para implantar chips en el cerebro de las personas con el fin de lograr una “simbiosis con la inteligencia artificial”. Thiel se ha trasladado a Argentina, donde el presidente Javier Milei ha propuesto la creación de “corporaciones no humanas” operadas por agentes de IA, en las que “los accionistas humanos pueden participar, pero no es obligatorio”. Christopher Olah, cofundador de Anthropic, ha intentado convencer a líderes religiosos, incluido el Papa, de que la IA podría ser consciente.

Esto es absurdo e irresponsable. Y casi nadie fuera de Silicon Valley desea este futuro. Hay una razón por la que, según una nueva encuesta, 91 por ciento de los estadunidenses cree que necesitamos límites para la IA, por la que 74 por ciento desconfía de los líderes de las empresas de esta tecnología y por la que a 73 por ciento le preocupa que la IA pueda amenazar la supervivencia humana.

En mayo, el papa León XIV publicó su primera encíclica, La Magnífica Humanidad, en la que advirtió contra una “visión antihumana” según la cual “la persona humana corre el riesgo de ser reducida a datos, un engranaje en una máquina o una mercancía”. El Papa escribió claro: “La humanidad, con toda su grandeza y sus heridas, jamás debe ser remplazada ni superada”.

En respuesta, Thiel tildó al Papa de “agente comunista chino”. Pero el Papa tiene razón. Thiel y sus colegas oligarcas no podrían estar más equivocados.

La humanidad no debe permitir que un puñado de multimillonarios intenten imprudentemente remplazarnos. Debemos pausar de inmediato el desarrollo de la IA avanzada y prohibir la superinteligencia artificial –una mente artificial más inteligente que cualquier ser humano, capaz de operar de forma independiente fuera de nuestro control– hasta que un nuevo organismo federal pueda garantizar la seguridad de la tecnología. Por eso he presentado un proyecto de ley en el Congreso estadunidense para lograr precisamente eso.

La IA es una amenaza existencial para la humanidad. Debe ser tratada como tal.

El futuro de la humanidad no puede quedar en manos de unos pocos oligarcas obsesionados con el dinero y el poder. El pueblo estadunidense y los pueblos del mundo entero deben determinar ese futuro. Los seres humanos, no las máquinas, deben ser la prioridad.

* Bernie Sanders es senador estadunidense que representa al estado de Vermont y el independiente con más años de servicio en la historia del Congreso

8/28/2017

Lozoya Austin segunda generación de tecnócratas, mismo grupo


Black Magazine

Emilio Lozoya Austin es el prototipo de la tecnocracia neoliberal en México, una muestra del estilo de político-funcionario exitoso en estos tiempo. Su más reciente escándalo, de recibir sobornos por diez millones de dólares de la empresa Odebrecht permite observar las formas de actuar de funcionarios y políticos en tiempos neoliberales. Pero sobre todo es una figura que da cuenta de la red de complicidades que estructura el poder político en México.
Emilio Lozoya Austin parecería un joven intrépido, con una formación sobresaliente, (economista del ITAM y abogado de la UNAM, para después doctorarse en Harvard), exitoso en los negocios, que logra ocupar importantes puestos en el gobierno mexicano. Sin embargo, la historia parece menos romántica, es un funcionario-empresario producto de las redes de corrupción y complicidades creadas durante el neoliberalismo en México.
En el gobierno de Carlos Salinas de Gortari se construyó un grupo compacto de empresarios y políticos de alto nivel, que se estableció como el gran poder en el país. Emilio Lozoya Austin es parte de la segunda generación de tecnócratas que se ligan a la primera de forma directa, en su caso por herencia de su padre quien fungió como secretario de energía en el salinato. No es un caso aislado, la tecnocracia de segunda generación es producto de pactos con la primera que son sus padres, familiares o alumnos.
El neoliberalismo en México fue un asalto al poder estatal y una repartición del patrimonio público, vía privatizaciones, subvenciones, rescates, robo simple y corrupción descontrolada, por parte de un grupo compacto muy poderoso. A las grandes fortunas conocidas hechas al amparo del poder público, hay que agregarles las desconocidas, las de políticos de alto nivel que permitieron tal acumulación por despojo.
Esa es la historia de Lozoya Austin, junior millonario, cuyo padre fue participe-cómplice del gran banquete del salinato. Experto en finanzas y socio de fondos de inversiones poco transparentes. Este tecnócrata avecindado en EUA fue colocado en la dirección de PEMEX para cerrar el ciclo de desmantelamiento en el que participara su padre junto a Salinas. ¿Qué cartas para dirigir una empresa como PEMEX tenia Lozoya Austin? Al parecer sus saberes y mañas financieras, necesarias para desmantelar lo que queda de la más importante empresa mexicana.
La tecnocracia mexicana, como Salinas, Peña, Zedillo, Calderón, Luis Téllez y Lozoya Austin no viven de migajas, sus negocios son mucho más grandes que 10 millones de dólares. Bajo su dirección se saqueó este país como nunca en su historia, se construyeron bajo su mandato las más grandes fortunas y en complicidad siguen con las riendas del poder. Investigar a Salinas y su periodo, parece ser la manera más eficaz de entender las características del sistema político mexicano, para entender el neoliberalismo realmente existente en México.
La centralidad de Salinas puede verse en la conformación del gabinete de Peña Nieto, en donde sobresalen los ligados de manera directa a él, además de Lozoya Austin esta su sobrina Claudia Ruiz Salinas como secretaria de Estado, Rosario Robles lo mismo, Francisco Rojas director de PEMEX con Salinas fue director de la CFE con Peña Nieto y el actual director de PEMEX González Anaya es nada más y nada menos que su concuño. Otro ejemplo es el de los Forbes mexicanos que edificaron en gran proporción su fortuna durante el salinato, vía privatizaciones.
Por último, ante las acusaciones y sospechas contra Lozoya Austin, reapareció como su abogado defensor Javier Coello Trejo, el llamado fiscal de hierro. Subprocurador durante el gobierno de Salinas, secretario de gobierno en Chiapas en los noventas, un abogado de la mafia, sobre el que pesan sospechas de todo tipo, corrupción, violación de derechos humanos y ligas con el crimen. Parece ser que esta historia desemboca por múltiples vías en Carlos Salinas de Gortari y su periodo.

7/30/2015

La tecnocracia nos está enterrando a todos


    
revoluciontrespuntocero.com

peñaDOMADOS (1)

La cúpula empresarial comienza a darse cuenta de que el “gobierno” de Enrique Peña Nieto nos está enterrando a todos, incluidos los miembros del reducido grupo de oligarcas que han sido beneficiados ampliamente desde que la tecnocracia sepultó el régimen de la Revolución Mexicana. Aunque para ellos los perjuicios no son de vida o muerte como lo son para la población mayoritaria, sí están preocupados porque pasan los meses y los discursos que desbordan demagogia del inquilino de Los Pinos, no se concretan en hechos.

Así lo patentizan las declaraciones emitidas por los dirigentes de los principales organismos empresariales del país, luego de que el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), informó el jueves pasado que el número de pobres en el territorio nacional aumentó en 2 millones de personas, entre 2012 y 2014. Están conscientes de que así como vamos no sólo se reducirán sus beneficios, por el debilitamiento generalizado de la economía y del aparato productivo, sino que aumentarán dramáticamente los riesgos de graves estallidos sociales.

El Centro de Estudios Económicos del Sector Privado (Ceesp), dependiente del principal promotor de las reformas estructurales, el Consejo Coordinador Empresarial (CCE), afirmó: “Las reformas podrán generar resultados pero la pobreza y la reducción del ingreso no pueden esperar años para que esto suceda. Requerimos una política económica que genere empleo de manera inmediata”. Sin embargo, no hay visos de que el “gobierno” de Peña Nieto tenga intenciones de abrir una válvula de escape a la terrible situación de desigualdad que se vive en el país.

La alta burocracia no está dispuesta a variar un ápice su dogmatismo neoliberal, no mientras no reciba órdenes de Washington en sentido contrario. La élite oligárquica debería tomar muy en cuenta esta situación y proceder de manera lógica: a quienes deben convencer de que se han rebasado los límites de la sinrazón económica, es a los jerarcas del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Mundial (BM). Aunque tampoco serían escuchados porque para dichos organismos globales es fundamental seguir adelante con su proyecto devastador, porque están decididos a eliminar del planeta a un mínimo de 4 mil millones de “estómagos prescindibles”.

El otro método para alcanzar ese diabólico objetivo sería una tercera guerra mundial, pero nadie podría garantizar que los efectos de la conflagración atómica no afectaran los territorios geográficos del Grupo de los Siete. De ahí el fundamentalismo neoliberal, del que los tecnócratas mexicanos son firmes adalides, motivo por el que son muy bien vistos, y aplaudidos, en la Casa Blanca en la capital estadounidense, en Londres, Berlín y París. Por eso la élite burocrática de Los Pinos se muestra siempre tan soberbia y segura de su fuerza.
Sin embargo, la cúpula oligárquica mexicana está siendo afectada por tanto abuso contra el país de parte de los tecnócratas, por eso reclama y alza la voz para pedir que se le tome en cuenta. La pérdida de poder adquisitivo, el aumento de la economía informal, la desigualdad y la violencia extrema se han convertido en un pesado lastre que también está afectando los negocios de quienes no pertenecen a la cúpula financiera, la única realmente beneficiada con el fundamentalismo neoliberal. Así lo demuestra la preocupación externada por los dirigentes de las principales cámaras empresariales mexicanas.

El presidente de la Confederación Nacional de Cámaras Industriales (Concamin), Manuel Herrera Vega, demandó incentivar el empleo formal, adelantar las compras gubernamentales programadas para el último trimestre de 2015 y ejecutar en tiempo y forma el presupuesto de egresos para este año. Desgraciadamente no será escuchado, porque el “gobierno” de Peña Nieto no se saldrá del guion que anunció desde principios de año. Seguirá implementando políticas súper restrictivas, con el pretexto de que el entorno económico mundial así lo exige. Los recortes presupuestales son una decisión inalterable y se pondrán en práctica, sin duda, otras medidas absurdas y fascistas que nos acarrearán grandes males.


La única manera de hacer cambiar a la ultra derecha reaccionaria en el poder, vendida a intereses extranjeros, es mediante la formación de una fuerza popular capaz de cambiar el régimen entreguista, tan consolidada que obligue a la élite de Los Pinos a pensarlo dos veces antes de lanzar contra el pueblo una represión genocida. Esta es la gran tarea de la izquierda, por encima de mezquindades absurdas.