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12/16/2015

Los cortesanos al servicio de los barones del dinero


dinero
    
Al paso de los meses, las relaciones entre la población mayoritaria y el “gobierno” de Enrique Peña Nieto se hacen más tensas y difíciles. Sin embargo, la visión gubernamental es contraria a la realidad que se está viviendo en la mayor parte del territorio nacional. Tal actitud, en vez de sosegar los ánimos de los millones de agraviados por las políticas públicas en marcha, los enardece  aún más, por lo que es previsible que se agraven al comenzar el año 2016.
Los autoelogios del inquilino de Los Pinos muestran el absoluto desinterés del régimen en enfrentar los agudos problemas que agobian a las clases mayoritarias. ¿En que cabeza cabe que sea digna de encomio la decisión de incrementar el salario mínimo en 2.94 pesos? Sólo en la de los cortesanos al servicio de los barones del dinero. El año que viene la pobreza habrá de aumentar dramáticamente, no sólo por el nulo poder adquisitivo de los salarios, sino porque seguirán cerrando sus negocios miles de pequeños, medianos y hasta grandes empresarios afectados por el círculo vicioso de la falta de circulante en el mercado.
Por otro lado, la descomposición del sistema político es cada día más obvia, no sólo por la cerrazón de la burocracia dorada, sino por el afán de burlarse de los ciudadanos más indefensos, como es el caso con el “incremento” del minisalario, y por la imposición de políticas públicas antidemocráticas que contribuyen a exacerbar los sentimientos de odio de clase de los millones afectados por la terrible desigualdad.
Se insiste, desde la cúpula del poder, en echarle gasolina al fuego, como lo patentiza la firmeza gubernamental en obedecer a pie juntillas las directrices de los organismos internacionales al servicio del neoliberalismo. La crispación que provoca tal forma de “gobernar” es cada día más preocupante. Es claro que al régimen no le importaría llenar de presos políticos las cárceles del país, pero las consecuencias no se harían esperar, en detrimento de la escasa gobernabilidad y de la poca estabilidad social y económica.
El amasiato entre la élite oligárquica y la burocracia dorada es público y notorio. De ahí que Peña Nieto se esté ganando a pulso el repudio entre las clases mayoritarias afectadas por esa estrecha y corrupta relación. Esto no parece interesarles ni a unos ni a otros, lo que demuestra el desprecio que sienten por el pueblo. El sábado 12, el juzgado séptimo federal dictó formal prisión contra 30 estudiantes normalistas de Michoacán, de los 57 que fueron detenidos el 7 de diciembre cuando fueron desalojados de la caseta de peaje de la autopista Pátzcuaro-Lázaro Cárdenas Siglo 21, bloqueada en protesta por la “reforma” educativa.
Si el desgobierno de Peña Nieto le apuesta al cansancio de los maestros y estudiantes normalistas, seguro va a perder. Luego de casi tres años de terquedad en imponer la evaluación del magisterio, ha quedado claro que sin una verdadera reforma educativa tal acción punitiva no va a prosperar. Podrán obligar los mentores a que asistan a la “evaluación”, pero lo único que logrará el régimen será ganarse un mayor rechazo de las clases mayoritarias que se reflejará incluso en los comicios del año que se inicia en dos semanas.
Los abusos contra el pueblo son cada vez más obvios, esto por supuesto tendrá un costo que el régimen no querrá pagar, aunque ello le signifique profundizar aún más el abismo que lo separa de las clases mayoritarias. Por eso es ominoso el acuartelamiento de las tropas, en meses recientes muy vistas en las zonas más conflictivas del país. Es asimismo digno de reflexión la creciente salida de capital extranjero, por un monto de más de 91 mil millones de pesos, en los dos últimos meses. Tal movimiento financiero afectará aún más el entorno macroeconómico, de por sí lamentable por la caída de los precios internacionales del petróleo, el aumento del dólar a 17.68 pesos, y el inminente riesgo que sobrevendrá con el incremento de la tasa de interés por la Reserva Federal de Estados Unidos.
De ahí que el 2016 se vislumbre como un año explosivo, no por las elecciones intermedias en 13 entidades federativas, sino por la acumulación de problemas, la mayoría agravados en la presente administración federal, proclive al autoritarismo, a la corrupción en gran escala, y a un evidente desprecio al pueblo.

12/15/2015

Los principales beneficiarios de la corrupción de EPN son las grandes corporaciones trasnacionales


peña
    
En la conmemoración del Día Internacional contra la Corrupción, el representante en nuestro país de la oficina de Naciones Unidas (ONU) contra la droga y el delito, Antonio Luigi Mazzitelli, destacó que varios estudios e índices globales sobre corrupción e impunidad califican a México muy mal. Sigue siendo el país con la puntuación más baja entre los países de la OCDE en lo que se refiere a ambos flagelos.
Los hechos avalan tal certificación, que confirman los múltiples escándalos en que se han visto involucrados altos funcionarios, principalmente el propio Enrique Peña Nieto, quien se burló de la sociedad mayoritaria con el nombramiento de Virgilio Andrade como titular de la Secretaría de la Función Pública (SFP), posición desde la que desvió las investigaciones sobre la asociación corrupta del entonces gobernador del estado de México con la empresa Higa.
El problema se agrava por los altos índices de impunidad que se tienen en nuestro país, problema que también destacó el funcionario de la ONU. Sin embargo, para el secretario Andrade las cosas marchan muy bien, al extremo de que en la reunión del G20 que se llevará a cabo en Gran Bretaña el año 2016, el gobierno de Peña Nieto, dijo, “llegará con importantes avances” en el establecimiento del sistema nacional anticorrupción.
Es obvio que el cinismo es parte fundamental en el avance del flagelo, como ha quedado demostrado en los últimos treinta años, comportamiento que se magnificó en el actual sexenio. Ni que decir tiene que la corrupción y la impunidad, se mantendrán al alza en lo que resta de la presente administración federal. Los regaños provenientes del extranjero son mero formalismo, porque a final de cuentas los principales beneficiarios del flagelo son las grandes corporaciones trasnacionales: tienen abiertas las puertas de la corrupción que les permite un usufructo barato de los principales recursos naturales de México.
No es coincidencia que en el estado de México haya una “política sistemática” de despojo del territorio, agua, bosques y recursos naturales, en el marco de una violación impune de los derechos humanos y colectivos de poblaciones pobres y marginadas, como denunció el Centro de Derechos Humanos Zeferino Ladrillero.
En conferencia de prensa se denunció que incluso con violencia extrema se han impuesto “megaproyectos” y desarrollos inmobiliarios en los que “siempre resultan beneficiados los consorcios empresariales y las grandes corporaciones”. Es cierto que tal práctica viene de sexenios atrás, como lo demuestra el famoso caso de los comuneros de San Salvador Atenco, a quienes en el desgobierno de Vicente Fox se quiso despojar de sus tierras para construir el nuevo aeropuerto de la ciudad de México. Se volvió práctica sistemática en la “administración” del entonces gobernador Peña Nieto.
Tal política pública es consustancial al modelo neoliberal, que aquí en nuestro país encontró un campo muy fértil. De ahí que mientras subsista será imposible poner fin a la corrupción y a la impunidad. Lo que hacen organismos como la oficina de la ONU contra la droga y el delito es llamar la atención a los gobiernos que se pasan de la raya. Así como la DEA no trabaja para combatir el narcotráfico sino para “ordenar” el mercado y evitar un colapso irreparable, que condujera al caos en detrimento de los millones de adictos en el mundo, del mismo modo el máximo organismo mundial vigila que las naciones sigan las normas que marcan las principales potencias globales.
Por eso es impensable, en el actual estado de cosas en el mundo, que las naciones dependientes y menos desarrolladas superen condiciones propias del subdesarrollo. Pudo haberse dado un paso adelante después de la Segunda Guerra Mundial, pero no se dio de manera global por el reparto que hicieron las potencias vencedoras, Estados Unidos y la entonces Unión Soviética. A los latinoamericanos nos tocó formar parte del marco geopolítico estadounidense, con las terribles consecuencias que hemos sufrido desde los inicios del siglo veinte, cuando la nación vecina enseñó su rostro imperialista.
Las famosas reformas estructurales, sobre todo la energética y la laboral, obedecen al móvil de facilitar prácticas corruptas entre las altas esferas de la burocracia y los altos mandos de las corporaciones empresariales. Allí es donde se da la gran corrupción, la que más daña al país y de la que los medios electrónicos jamás se ocupan. Esto no cambiará hasta que el régimen neoliberal sea derrotado.

11/13/2015

Basave, el dirigente de un partido sin futuro


prd
    
El paso previo histórico de un sistema político autoritario y policial, es el control pleno de la “oposición” sin que pierda ese carácter ante sus bases. En eso estamos, con obviedad en el actual sexenio, como quedó demostrado con la cooptación de los llamados “Chuchos” del PRD, hoy en completo desuso al llegar un nuevo dirigente ajeno a ellos, pero más identificado con la derecha en el poder por su extracción académica y política.
 La cooptación de dirigentes de “oposición”, al menos en el caso del PRD, ya no será necesaria: Agustín Basave representa al político bien portado, que interpondrá el diálogo sobre la confrontación. Esto sería positivo, desde luego, si la actitud negociadora estuviera presidida por principios y no por intereses políticos coyunturales. Ya veremos hasta dónde lo deja llegar el PRI y cuánto margen de maniobra tendrá para evitar un pronto desgaste como dirigente de un partido sin futuro; así es porque dejó de representar a la izquierda que lucha por cambios verdaderos.
Otra forma de cooptación de “opositores” está en orillar a los dirigentes a dejar a un lado el trabajo político para dedicarse a simples “gestores sociales”. Así se puso de manifiesto a partir de que Carlos Salinas de Gortari llegó a Los Pinos y favoreció la organización de grupos aparentemente de “oposición”, pero que en realidad le servían al sistema con la estrategia de la “ayuda” social. Tal fue el origen del Partido del Trabajo (PT), entre otros institutos políticos hoy desaparecidos.
En la actualidad, ese tipo de trabajo “político” está en desuso porque el propio gobierno hace “gestoría social” por conducto de la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol), sin disimulo alguno, con absoluto cinismo como es del dominio público. Sin embargo, los “izquierdistas” de la época del salinismo se quedaron anclados en la década de los ochenta y creen que siguen siendo necesarios, aunque en verdad lo único que les interesa es conservar los beneficios que reciben colateralmente ayudando a la Sedesol.
La izquierda verdadera, consciente de su papel histórico, no debe contribuir a enajenar a las masas depauperadas, como en realidad lo hacen quienes diciéndose de “izquierda” hacen una labor nefasta como “gestores sociales”, es decir, dadores de limosnas para mantener a la población en actitud mendicante. Tal acción política es profundamente reaccionaria. Que es política es incuestionable, porque contribuye a mantener un estado de cosas antidemocrático y que atenta contra la dignidad de ciudadanos que tienen el oprobio de la miseria más ruin.
Esos “gestores sociales”, que asumen el papel de redentores de los más pobres con una hipocresía indignante, son más peligrosos políticamente que los que asumen sin ambages su rol de representantes de la derecha en el poder. Es así porque se ocultan tras una máscara “progresista”, cuando en realidad lo que están haciendo es profundizar la desigualdad, al hacer creer al pueblo que con dádivas y limosnas van a poder sobrevivir.
Es preciso decirlo abiertamente: la gestoría social es reaccionaria porque tiene el objetivo político de hacer creer a la masa empobrecida, que mientras no les falten despensas no hay razón para quejarse. De ahí la facilidad creciente para que la derecha en el poder pueda comprar con migajas millones de votos, tal como sucedió en la elección federal del 2012, con la aprobación de los organismos electorales cuyo papel no podía ser más cínico.
Por eso es fundamental que la izquierda verdadera, la que es consciente de su trascendencia histórica, tenga como propósito central de su trabajo político, hacer comprender a la población que vende su voto por frijoles con gorgojos y pantallas de televisión digital que pronto quedarán inservibles, que así no va a salir de la miseria. Muy al contrario, pues con su voto habrá de prolongar una situación cada vez más dramática que aniquilará el futuro de las nuevas generaciones.
Esto no es importante para los “izquierdistas” que dicen contar con un “proyecto de gestoría social” del que carecen quienes no son de su calaña. Dicho “proyecto”, hay que decirlo con todas sus letras, favorece al PRI, al PAN y a los partidos que trabajan para mantener al pueblo indefenso y enajenado. La gestoría que urge impulsar en el sistema político mexicano es por una educación y una concientización integrales, que permita a los más pobres defender sus derechos.

11/12/2015

A México le corresponde el triste papel de esquirol de las grandes trasnacionales


EMPRESARIOS
    

Tal parece que el Grupo de los Siete quiere llevar a la humanidad a la Edad Media, para que sean sólo sus élites las que dispongan a placer de la humanidad, sin tener que regirse por leyes de los países empobrecidos. Así lo deja ver el Acuerdo de Asociación Transpacífico (ATP), cuya finalidad es fortalecer aún más a Estados Unidos y así enfrentar el creciente poderío de una anunciada alianza entre Rusia y China. A México le corresponde el triste papel de esquirol de las grandes trasnacionales que se están tragando al mundo. Pero el costo interno es cada vez más dramático.
Es inviable que la Secretaría de Desarrollo Social se la pase regalando despensas y pantallas de televisión digital todo el tiempo para mantener adormecida a la ciudadanía. Los problemas del país son estructurales y no tienen solución en el  modelo neoliberal. Es preciso un cambio de fondo, que no está muy distante porque han sido demasiados los abusos de las élites en el poder político y económico. Para el 2018 no habrá más que dos salidas a la crisis que sobrevendrá, inédita en cuanto a sus alcances: un cambio de fondo del sistema político, o un caos generalizado cuyos costos serían impagables para la nación.
El ATP habrá de profundizar la desigualdad y las injusticias en el país, lo que a su vez derivará en mayor inestabilidad y descomposición social. Esto lo saben perfectamente las cúpulas del poder, pero obviamente las tiene sin cuidado. Sin embargo, si preocuparán de manera definitiva a las grandes trasnacionales que tienen fuertes inversiones en México. No les quedará más que sopesar qué les resulta más conveniente: el menor de los males, como sería el caso de dar paso a un cambio favorable a la gobernabilidad del país; o apretar aún más el cuello a las clases mayoritarias, para instaurar de una vez un Estado fascista.
La Secretaría de Economía dio a conocer parte del acuerdo mencionado en el que participan 12 naciones encabezadas por Estados Unidos. Lo que se puede apreciar es altamente negativo para los mexicanos, sobre todo los productores del campo, de por sí muy afectados por el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). En tres años, lo poco que queda del agro mexicano podría desaparecer y no quedaría otra opción que depender absolutamente de las importaciones de todos los alimentos que necesitemos, aunque por otro lado llegaría el día en que no tendríamos divisas suficientes para adquirirlos.
El colmo será que se acepten las presiones de los laboratorios más poderosos del planeta, para lograr que sus patentes sigan teniendo vigencia de manera indefinida. Ello traería como consecuencia una mortandad como nunca ha visto la humanidad, toda vez que sólo una minoría podría tener acceso a medicamentos de alta calidad y los genéricos dejarían de fabricarse. Es posible que este sea el objetivo central del acuerdo, teniendo en cuenta que el Grupo de los Siete, sus élites, desean hacer una gran poda de habitantes en el planeta.
El hecho sustantivo es que las economías emergentes seguirán a la baja, sin posibilidad alguna de mejorar sus expectativas, de continuar por la ruta trazada por los grandes intereses trasnacionales. Más aún si en cada país continúa en ascenso la derecha, como si la población mayoritaria estuviera decidida a irse al matadero, como lo hace una manada de cuadrúpedos cuando su líder o macho alfa se deja ir al abismo. México es un magnífico ejemplo de ello, pues a sabiendas de que la derecha en el poder nos está guiando rápidamente a un despeñadero, el ciudadano común sigue si dar señales de alarma o preocupación.
El colmo es que aún haya quien defienda a “benefactores” como Alberto Bailleres, el magnate que recibirá la presea “Belisario Domínguez”, cuando es irrefutable que sus negocios y empresas han sido establecidos con el apoyo total del Estado, sin que él haya tenido que correr un solo riesgo, sin haber invertido un solo peso. Su único mérito ha sido estar en el lugar correcto en el momento más oportuno y cerca de la persona idónea: el inquilino de Los Pinos. Pero incluso estos oligarcas habrán de salir afectados con un acuerdo como el ATP, pues no podrían competir con los consorcios globales, decididos como están a apoderarse del mundo.

11/06/2015

Las élites protegidas por las fuerzas armadas


    
Ejército, Epigmenio Ibarra, muerte

La política es el arte de establecer condiciones concretas para lograr una gobernabilidad básica en una sociedad dividida en clases. De ahí que  los regímenes dedicados a salvaguardar los intereses de la clase dominante, dejen el quehacer político a un lado, aunque ello necesariamente signifique pagar un alto costo, tal como le está sucediendo al “gobierno” de Enrique Peña Nieto, cuya credibilidad se ha esfumado, no obstante los esfuerzos de su equipo de propagandistas por impedirlo, también a un costo elevadísimo.
La derecha no hace política, sino que impone condiciones,  como si la sociedad viviera bajo un sistema monárquico o una dictadura de corte pinochetista. Sin embargo, desde las altas esferas del poder se afirma que México vive en democracia, que hay un Estado de derecho y un sistema de leyes que nos garantizan estabilidad y dan credibilidad al gobierno. Los hechos demuestran lo lejos que estamos de tal versión idílica. La violencia contra la sociedad va en aumento, en muchas formas no sólo la que ejercen las fuerzas armadas.
Es una violencia terrible la marginación en que sobrevive una tercera parte de la población del país, la cual no tiene recursos ni siquiera para adquirir media canasta básica, carece de los más elementales niveles mínimos de bienestar y sobrevive, ahora sí, “hasta que Dios quiere”. Por eso resulta insultante la demagogia que utiliza el inquilino de Los Pinos para hacer creer que vivimos en un país sin problemas graves, que su “gobierno” tiene plena aceptación de la sociedad mayoritaria, cuando lo que sucede es que a ésta no se le permite hacer oír su voz.
A punto de finalizar la primera mitad del sexenio, Peña Nieto no tiene empacho en decir que “vamos por el rumbo correcto”, que prácticamente vamos saliendo de los graves problemas que se vienen acumulando desde hace tres décadas. Ello obedece, según él, a que se ha dedicado a “derribar barreras”, cuando en realidad las ha apuntalado con sus políticas públicas antidemocráticas y regresivas, como las que engloban las mal llamadas reformas estructurales.
Con su demagogia característica, en la capital de Sonora, adonde acudió para apoyar a la gobernadora impuesta por Manlio Fabio Beltrones, la priísta Claudia Pavlovich, afirmó: “Este gobierno (el suyo) partió del diagnóstico existente, en el cual se atribuía la situación a la falta de acuerdos y de las reformas necesarias. Por ello, este ha sido un gobierno que ha venido y ha llegado para derribar las barreras”. ¿A qué barreras se referirá? Porque la realidad demuestra que nunca como ahora, con excepción del porfiriato, la división entre los mexicanos es un factor que obstaculiza el progreso nacional.
De un lado están las élites, protegidas por las fuerzas armadas, y del otro la inmensa mayoría de las clases mayoritarias, las que décadas atrás contaban con el escudo que formaban las clases medias en ascenso. Ese escudo ya no existe, porque en vez de incrementarse, las clases medias han venido disminuyendo de forma acelerada, en consonancia con el aumento del costo de la vida, de la reducción de los salarios, de la falta de perspectivas para los jóvenes que tienen la oportunidad de estudiar una carrera profesional.
Aun así, Peña Nieto afirma: “Algo que me queda muy claro es que cuando hay unidad entre los mexicanos y cuando estamos en un solo frente generamos una fuerza positiva de transformación”. ¿Qué unidad puede haber entre clases tan distantes y desiguales? Obviamente ninguna. Y menos la habrá mientras más avance el sexenio, mientras la derecha se mantenga en el poder, ya que carece del más elemental sentido de solidaridad social, factor determinante para que se den condiciones mínimas para acciones conjuntas entre clases diferentes, pero que al menos tienen un objetivo histórico común, como sucedió en el régimen del Presidente Lázaro Cárdenas.
Que caminamos en reversa no sólo lo afirman los principales organismos internacionales, corresponsables de nuestras desgracias, sino las cifras del Banco de México, el cual bajó por enésima vez la previsión de crecimiento del PIB. El martes lo situó en 2.29 por ciento, cuando un mes antes lo había situado en 2.31 puntos porcentuales. Y seguramente seguirá bajando en lo que resta del sexenio, para que al finalizar sumemos otro sexenio fallido, aunque sólo para el pueblo porque lo que es la cúpula oligárquica sigue acumulando riquezas y privilegios. ¿Hasta cuándo?

EPN está dispuesto a terminar la tarea de restarle al pueblo lo poco que le queda


    

peñaguasonEn este sexenio, la derecha en el poder quiere acabar con lo poco que queda en el país favorable a las clases mayoritarias. Tal voracidad deja ver una de dos cosas: sabe que no tendrá otro sexenio para consumar su latrocinio; o bien, es tal su irresponsabilidad que no le importan las consecuencias de su ensañamiento contra un pueblo cada vez más envilecido, al fin que de cualquier manera la élite oligárquica cuenta con el voto comprado de los miserables, como se demostró en las elecciones del 2012.
Así como la anterior Legislatura inició su labor con una maniobra antidemocrática y de abierta traición a la patria, al aprobar el mal llamado Pacto por México, la que recién se estrenó en septiembre sigue por la misma ruta, aunque por lo pronto sin que sea necesario contar con el PRD. Con el voto del PRI, Partido Verde y el Panal, la Comisión de Seguridad Social de la Cámara de Diputados aprobó la sustitución del Fondo Nacional de Pensiones de los Trabajadores (Pensionissste), por una Administradora de Fondos para el Retiro (Afore).
Como si no bastara la nefasta experiencia de tal sistema en veinte años que llevan las Afores esquilmando a los trabajadores, hasta dejarlos sin posibilidad de una vejez digna, el “gobierno” de Enrique Peña Nieto está dispuesto a terminar la tarea de restarle al pueblo lo poco que le queda para no terminar bajo un régimen de esclavitud asalariada. Con el fin de asegurar que no haya desviaciones ni equívocos, los diputados de la Comisión Social del  tricolor y sus aliados del Verde y el Panal, demandaron que el nuevo esquema esté bajo control del titular de la Secretaría de Hacienda, quien además podrá nombrar a uno de los tres vocales dentro del Consejo de Administración.
Para demostrar su sevicia, dichos “legisladores” incluyeron el “derecho” del trabajador para elegir la institución que administre su cuenta individual para el retiro. Como si le dieran al trabajador el permiso de escoger al verdugo que prefiera para ser llevado a la horca. De tal magnitud es la burla y el dolo de esta acción fascista, que patentiza el desprecio que la derecha le tiene al pueblo, como si estuviéramos en los tiempos en que las monarquías hacían lo que se les antojaba contra una población absolutamente indefensa.
Para no quedarse atrás, el Senado aprobó la entrega de la medalla “Belisario Domínguez” 2015 nada menos que al segundo hombre más rico de México, Alberto Bailleres. Por primera vez en 61 años no se entrega por unanimidad; en lo sucesivo perderá el prestigio que llegó a tener,  porque es inconcebible tal reconocimiento a quien ha dedicado su vida a acumular riquezas y privilegios con el apoyo del Estado mexicano. Sin embargo, para los senadores del PRI y del PAN, el magnate lo merece al ser “un gran empresario y filántropo, generador de empleos e impulsor de la educación”.
Los hechos demuestran que tal definición del magnate es absolutamente ajena a la realidad. El legislador chipaneco que da nombre a la presea, se volvería a morir de la rabia de ver que un neoporfirista es premiado con la medalla que recuerda su gesta heroica, de oponerse con valor y dignidad a la vesania del chacal Victoriano Huerta, quien lo asesinó para cobrarse la afrenta en la tribuna del Senado.
Si la élite empresarial hiciera algo positivo por el país, no la hipócrita filantropía de la que tanto se ufanan sus miembros, México no estaría en las condiciones lamentables en que se encuentra; habrán de empeorar en los próximos años porque las políticas públicas del actual sexenio son incluso más reaccionarias que las de sus antecesores. Lo asombroso es que Peña Nieto siga con su cantaleta de que “vamos por el rumbo correcto”, y más asombroso aún es que haya quien se lo crea. ¿O será que es tan brutal la enajenación de las masas que ni siquiera saben lo que dice el inquilino de Los Pinos?
Sin embargo, el hambre y la miseria extrema tarde o temprano las obligará a despertar de su letargo. Por lo pronto, las élites pueden seguir esquilmando al pueblo, pero al hacerlo de forma tan terrible y deshumanizada, llegará el momento en que la situación se les habrá de revertir, cuando ya no haya a quien robar.

11/02/2015

Lo único que se ha logrado “transparentar” es la falta de ética de la cúpula gobernante


    
TRANSPARENCIA (1)
El mejor antídoto contra la corrupción es que haya Estado de derecho. Sin éste es imposible acabar con el flagelo, como ha quedado demostrado en México a lo largo de su historia. Viene al caso esta afirmación, porque  Enrique Peña Nieto dijo que “la transparencia” es la solución al fenómeno más dañino y costoso para los mexicanos. Lo sería, sin duda, si existieran condiciones para que la hubiera, pero es por demás obvio que no las hay, mucho menos a partir de que se rompieron las reglas no escritas del régimen de la Revolución Mexicana.
¿De qué ha servido que se transparentara la existencia de las cuantiosas “donaciones” al inquilino de Los Pinos y a otros miembros de su gabinete? Una solución de fondo a un asunto de tanta trascendencia para la sociedad no es tan simple. Es preciso que la élite gobernante asuma su responsabilidad con ética, factor que en las actuales circunstancias del país es materialmente imposible. Es tanto como un acto de ilusionismo de un mago milagroso.
La tecnocracia salinista tomó el poder con el único propósito de depredar a la nación, junto con sus amigos del sector privado, hecho que ha sido plenamente documentado. Los costos han sido escalofriantes para las clases mayoritarias, quienes han perdido la viabilidad de mejorar su nivel de vida, de manera cada vez más dramática. La corrupción  en las altas esferas del poder se magnificó como nunca antes, y si no se cambia de régimen dicho proceso se irá agravando.
Según Peña Nieto, “desde el inicio de esta administración hicimos nuestro este innovador modelo (el de la transparencia), este innovador paradigma, promoviendo su adopción dentro y fuera del país”, como afirmó al inaugurar la Cumbre Global de la Alianza para el Gobierno Abierto 2015. Sin embargo, en los hechos lo único que se ha logrado ha sido “transparentar” una incuestionable ausencia de ética de la cúpula gobernante, un cinismo vergonzoso e indignante que ha debilitado al régimen más que cualquier otro problema, de los muchos que padece la sociedad nacional.
Quizá tenga razón el primer ministro de Rumania, Víctor Ponta, quien dijo que “los ciudadanos están dispuestos a perdonar nuestros errores si nosotros comprobamos que somos transparentes y que no tenemos nada que esconder, que queremos hacer un mejor gobierno y que aprendemos de las equivocaciones”. Pero eso es una utopía donde no existe un elemental Estado de derecho, porque así no es posible dar paso a la confianza entre gobernantes y gobernados.
Una cosa es la transparencia y otra muy diferente el cinismo, actitud que caracteriza al grupo en el poder en México. Como ya no es fácil para las élites ocultar corruptelas, yerros y comportamientos antisociales, por la prontitud y eficacia de las redes sociales, se cayó de plano en un cinismo perverso que hace más evidente la falta de principios en la burocracia dorada, absolutamente entregada a la cúpula de la oligarquía, que es donde están los grandes negocios, la gran corrupción.
La presidenta de la Alianza para el Gobierno Abierto (AGA), Suneeta Kaimal, sentenció: “Un gobierno verdaderamente abierto tiene que empoderar a su gente para que tengan voz y tengan manera de regir sus vidas”. Es una manera de decir que sin democracia participativa nomás no hay modo de que haya transparencia, pero como la humanidad ha tirado la democracia prácticamente a la basura, hablar de ella es ahora un anatema, como lo sería hablar de comunismo cuando es por demás obvio que no hay condiciones mínimas para que lo haya.
Democracia real y comunismo democrático son verdaderas utopías en estas primeras décadas del siglo veintiuno. Lo que se ha logrado instaurar ha sido un sistema de corte neofascista, en tanto que se empoderó a una minoría cada vez más selecta y más voraz, como lo eran los aristócratas que llevaron a Hitler al poder y como lo son en la actualidad los grandes plutócratas que sostienen a las élites gobernantes en los países del Grupo de los Siete.
De ahí que sea pura demagogia decir que la transparencia “es el mejor antídoto” contra la corrupción. El único remedio verdadero es empoderar a las clases mayoritarias, porque sólo ellas podrán frenar el flagelo, en beneficio de la sociedad en su conjunto

10/16/2015

Somos unos ingratos con Peña Nieto


peña400    

Según la Presidencia de la República, muchos mexicanos somos unos ingratos porque nos la pasamos criticando al gobierno. Desde su atalaya, donde mira la realidad nacional con un optimismo desbordado, la burocracia dorada no acepta que se ponga en duda que hay margen de sobra para las críticas que se ganan a pulso sus integrantes. Por eso decidió mandar hacer un espot en el que la frase final es lapidaria: “¡Ya chole con tus quejas!”, en respuesta a quienes no aceptamos que México camina en reversa, y que las mal llamadas reformas estructurales están agravando los problemas del país.
A fuerza de espots nos quieren hacer creer que México avanza positivamente en todos los aspectos de la vida nacional, que en el actual “gobierno” se han implementado políticas públicas que, ahora sí, nos impulsarán al primer mundo. Pero como las críticas a tan vulgar y absurdo regaño no se hicieron esperar en las redes sociales, en pocas horas los responsables de la comunicación social de Los Pinos se vieron forzados a retirar de los medios electrónicos dicho engendro.
El despropósito político fue monumental, pues se demostró que las tentaciones autoritarias están allí, en espera de hacerlas realidad a la primera oportunidad. El mensaje es clarísimo: “¡Ya basta de quejas, o te callas o te atienes a las consecuencias!”. Esto a pesar de que los mismos organismos internacionales causantes de nuestras desgracias, se la pasan criticando al gobierno mexicano, no porque no sigan las instrucciones que les dan los jerarcas del Fondo Monetario Internacional (FMI), del Banco Mundial (BM) o de la OCDE, sino porque son demasiado ineficientes y torpes.
Pero como con ellos no se pueden molestar, el enojo lo descargan contra el pueblo mexicano. Y lo hacen de una manera sádica; por  ejemplo, incrementando el salario mínimo en dos pesos a nivel nacional, bajando los precios de productos del campo hasta volver incosteable su producción, propiciando la decadencia de la educación pública gratuita y laica, entre muchas otras acciones empobrecedoras, absurdas a final de cuentas pues inhiben un crecimiento real y fortalecen la desigualdad y la desmoralización de la gente, además de incentivar una acelerada descomposición social, problema que irrita a los organismos internacionales.
La OCDE acaba de dar a conocer su informe titulado Midiendo el bienestar en los estados mexicanos, en el que puntualiza que los resultados de las acciones del gobierno federal “son mediocres”. Asienta que en promedio, el país ha empeorado en lo que se refiere a seguridad, ingresos y empleo. Afirma que “el empeoramiento de la situación laboral, aunque menos grave que el de la seguridad, se ha extendido a la mayoría de los estados en los últimos diez años”.
Las críticas no son a las políticas públicas, pues son impuestas por dichos organismos internacionales desde hace poco más de tres décadas, sino a la impericia de la burocracia dorada, que no ha sabido implementarlas adecuadamente. Según los jerarcas de los organismos globales mencionados, sus estrategias son correctas, lo que está mal es la incapacidad manifiesta del “gobierno” de Enrique Peña Nieto para instrumentarlas correctamente.
El hecho concreto es que aparte de que las políticas públicas derivadas del Consenso de Washington son de por sí antidemocráticas y perversas, la torpeza del grupo en el poder las pervierte aún más. Y lo más dramático del caso es que el futuro se vislumbra incluso más sombrío porque nos esperan problemas terribles una vez que se ponga en marcha el Acuerdo Transpacífico de Asociación Económica (ATP). Tal situación, obviamente preocupa al FMI, al BM y a la OCDE, de ahí sus críticas y señalamientos puntuales al régimen neoliberal mexicano, el cual funcionó bien, conforme a las estrategias trazadas por ellos, en el “gobierno” de Ernesto Zedillo.
Que dicho acuerdo trasnacional tendrá consecuencias desastrosas, incluso para los trabajadores estadounidenses, lo dijo el senador independiente por el estado de Vermont, Bernie Sanders: “Wall Street y otras grandes corporaciones han ganado de nuevo”. Pensando en sus electores, afirmó: “Necesitamos políticas comerciales que beneficien a los trabajadores y los consumidores estadounidenses, no sólo a los directores ejecutivos de las grandes corporaciones multinacionales”.
Con mucha más razón, aquí en México lo que necesitamos es un régimen democrático, que se preocupe por el futuro de los mexicanos no sólo por el bienestar de una minoría apátrida y voraz

10/07/2015

La tan festinada “independencia” de “El Bronco” quedará hecha añicos


    Por:  / 
bronco

La propuesta de las mal llamadas candidaturas “independientes”, suena atractiva a los oídos de una ciudadanía que está harta de los partidos tradicionales. Sin embargo, es preciso admitir que no hay condiciones para que sea una realidad tal objetivo en el actual sistema político mexicano. Se debe partir del hecho de que la democracia es inexistente en el país, sigue siendo una asignatura pendiente de la que incluso nos hemos estado alejando por la propia descomposición de las instituciones, secuestradas por la ultra derecha en el poder firmemente desde hace poco más de tres décadas.
El tema cobra actualidad porque Jaime Rodríguez Calderón, “El Bronco”, tomó protesta el domingo 4 como el primer gobernador “independiente” de México. El que no lo haya patrocinado el PRI o el PAN o cualquier otro partido al servicio de la derecha, no quiere decir que no sirva a los intereses del sistema caduco, corrupto y anquilosado que permite la continuidad de un Estado antidemocrático, sin división de poderes, plenamente controlado por la élite oligárquica.
Lo que sucede es que ante la decadencia de un sistema tan ajeno a la sociedad nacional, dado que la mayoría de la colectividad está harta de tanta demagogia, tanta corrupción y tanta hipocresía, los ideólogos del mismo decidieron explorar este instrumento con el fin de frenar la caída de un aparato electoral que se desfondó, luego de verse obligado a quitarse la máscara que lo cubría. Es obvio que lo que se busca es engañar a la población con el cuento de la “independencia” de políticos cuya trayectoria no deja lugar a dudas de sus compromisos con el poder, ya sea político o económico, o ambos a la vez, como es el caso de “El Bronco”.
De hecho, ante la inviabilidad de que la derecha pueda llegar al 2018 con un abanderado fuerte, capaz de competir con Andrés Manuel López Obrador, el innegable candidato no sólo del Movimiento Regeneración Nacional (Morena), sino de la gran mayoría de la población, el único recurso que le queda es sacarse de la manga a un político “independiente”, tal como lo hizo en Nuevo León. Sin embargo, puede asegurarse sin temor a equivocarnos, que en el tiempo que transcurra de aquí a junio del 2018, la tan festinada “independencia” de “El Bronco” quedará hecha añicos.
No tendrá ninguna posibilidad de actuar con una relativa independencia, aunque lo que le sobrará serán recursos demagógicos para hacer creer a la población desinformada que se maneja de manera independiente de los poderes fácticos. De ello dio muestras en su discurso de toma de posesión. Baste un ejemplo: “Hoy lo digo claro y fuerte: se les acabó la fiesta a los bandidos. Que ni se hagan ilusiones los manos largas. A partir de hoy se acabaron los moches y las transas, los lujos a costillas de la gente. Si quieren lana, háganla por la buena, como la gente honrada”.
Al hacer tal señalamiento está aceptando que en el gobierno de su antecesor, el priísta Rodrigo Medina, hubo “moches y transas”. En consecuencia, lo que en justicia elemental corresponde es llamarlo a cuentas, enjuiciarlo si procede con base en las pruebas reunidas, aunque lo que habrá de suceder (podemos asegurarlo) es que a quienes se aprehenda y lleve a juicio, en el mejor de los casos, será a subalternos de poca monta, como es ya una costumbre del sistema.
En consecuencia, candidaturas independientes las habría en un sistema en el que la democracia participativa fuera ya una realidad incontrovertible, no en el México desgobernado por una tecnocracia al servicio de la élite oligárquica, como es nuestro caso. De ahí que se le esté dando un carácter de propuesta seria a las mal llamadas “candidaturas independientes”. Y para que no quede duda, el propio Instituto Nacional Electoral (INE), por conducto del consejero Arturo Sánchez, puntualizó que el instituto solicitará que haya leyes que “emparejen el piso” y no obstaculicen las candidaturas ciudadanas.
Con todo, no son leyes lo que se necesita, pues ya se tienen de sobra aunque no se cumplan, sino condiciones para una auténtica participación ciudadana y un cabal respeto al voto. En resumen, una nueva realidad democrática, en la que los poderes fácticos no tengan posibilidad de controlar al Estado. Meta difícil pero no imposible.

8/20/2015

El descrédito del régimen es mundial


Por:  / 17 agosto, 2015
PEÑA9

La consecuencia más dramática del régimen vigente, es la violencia que ha colocado a la sociedad nacional al borde del caos. En la actualidad, es de lo más natural que los medios llenen sus espacios con información sobre los crímenes en los que las víctimas son luchadores sociales, periodistas y jóvenes que se ven obligados a delinquir porque no les queda otro camino. Lo terrible es que la sociedad se esté acostumbrando a ver sin estupor una realidad espeluznante, realidad conveniente para la camarilla que secuestró a las instituciones con el fin de utilizarlas en su exclusivo beneficio.
De ahí que sea muy oportuna la carta de protesta que hicieron llegar  a Enrique Peña Nieto intelectuales y artistas de nivel mundial, con el fin de exigir seguridad para periodistas mexicanos. En el documento, que empezó a circular el fin de semana en el blog del Pen American Center, rama regional de la asociación mundial de escritores Pen Club International, se afirma: “Nosotros, periodistas, escritores y artistas creativos de todo el mundo… vemos con indignación los ataques contra los reporteros de México. Cuando se ataca a un periodista se atenta contra el derecho a la información de la sociedad entera”.
Entre los firmantes destacan Noam Chomsky, Paul Auster, Salman Rushdie, Sergio Ramírez y Margaret Atwood, todos ellos escritores de talla universal, a quienes sería impensable acusar de estar al servicio de intereses espurios. Asimismo, participan periodistas de Estados Unidos y de diversas partes del mundo, además de los cineastas mexicanos Guillermo del Toro, Alfonso Cuarón, Gael García Bernal y Alicia García Bergua, entre otros destacados intelectuales de primerísimo nivel en el mundo de la cultura y las artes.
En la misiva se puntualiza que los asesinatos del reportero gráfico Rubén Espinosa y de cuatro mujeres en la colonia Narvarte, son “un parteaguas” que obliga a un llamado de alerta sobre una situación dantesca en México que debe ser firmemente reprobada. “La ciudad de México era considerada uno de los últimos lugares seguros para el ejercicio periodístico. Ahora  no parece haber santuario alguno para los reporteros perseguidos en México”, afirman. Se refieren en particular al estado de Veracruz, donde “las amenazas, los maltratos y asesinatos de periodistas han alcanzado cifras sin precedentes”.
Así es, y no hay manera de desmentir aseveraciones tan contundentes. Por eso puede afirmarse que es dinero tirado los millones de dólares que el gobierno federal gasta en propaganda engañosa, con el fin de mantener una imagen positiva en el mundo que la propia realidad se encarga de poner en su justa dimensión. México es, en la actualidad, uno de los países con más altos índices de violencia contra periodistas, situación que agrava una impunidad inconcebible en naciones que se precian de vivir en democracia. Esta situación es consecuencia de la dramática descomposición del tejido social, que invade como un cáncer maligno a todo el Estado mexicano.
Lo terrible del caso es que las cúpulas del poder económico y político siguen sin darse cuenta de tan terrible realidad. Pero si la conocen fingen no verla, porque les favorece enormemente tener secuestradas a las instituciones, con el fin de obtener beneficios que de otro modo serían imposibles. Aquí radica el origen de la crisis generalizada que estamos viviendo, por eso es impostergable rescatar la soberanía del Estado, pero con la finalidad de iniciar un proceso democratizador de fondo, real y concreto, que permita poner fin a la impunidad de las élites, a la fuerza del crimen organizado y a la irresponsabilidad y corrupción de la alta burocracia.
 La impunidad que priva en el país es una consecuencia más de la descomposición del tejido social, problema que se gestó a partir de que la tecnocracia se hizo del poder para medrar y apuntalar su hegemonía. Carlos Salinas de Gortari se encargó de hacer las modificaciones necesarias, a la Carta Magna,  para que su grupo de compinches gozaran de plena libertad para depredar a la nación. A partir de entonces, México se convirtió en el paraíso de los llamados “delincuentes de cuello blanco”. De ahí la urgencia de cortar de raíz el flagelo de la impunidad, del que han  disfrutado sin cortapisas los gobernadores. Esto es ya del dominio público a nivel internacional, causa fundamental de que el régimen esté cavando su tumba.

8/14/2015

El PRI se colocó incluso a la derecha del PAN





Cuando las pruebas de un delito son por demás obvias, lo más conveniente es aceptar la culpabilidad para que la defensa sea lo menos compleja posible. Viene a colación tal aforismo porque nada ni nadie puede hacer cambiar la contundencia de un hecho a todas luces evidente: el gobierno estadounidense es el que ordena el rumbo de las políticas públicas fundamentales en México, como es el caso de la reforma energética. Pierden su tiempo, y quedan como cínicos  irremediables, los voceros del “gobierno” de Enrique Peño Nieto que afirman sin tapujos que éste ideó y puso en marcha las reformas estructurales.
Tal forma de proceder es una adicional burla al pueblo mexicano, quien tiene plena conciencia de que quienes encabezan las instituciones del Estado están plenamente al servicio de intereses extranjeros. El colmo es afirmar que una elemental defensa de los intereses patrios es “populismo”, como ahora está de moda decirlo cuando la burocracia dorada se queda sin argumentos para defender sus posturas apátridas y antidemocráticas. Así lo hizo Manlio Fabio Beltrones en su afán de congraciarse con la Casa Blanca en Washington y con la élite oligárquica “mexicana”: tachó de “tentaciones populistas” las acciones que llevan a cabo organizaciones progresistas en defensa de las riquezas que aún nos quedan.
Afirmó Beltrones: “Después de tanto tiempo de perder la oportunidad de transformarnos, tuvo que regresar el PRI en una contienda triunfadora en 2012 para que las reformas se llevaran a cabo; hoy habrá que defenderlas”. Su planteamiento es falso de principio a fin: la oportunidad de transformarnos la tuvimos cuando José López Portillo, a la mitad de su sexenio, permite que una tecnocracia dirigida desde Washington empiece a desmantelar la ideología y el aparato del Estado surgido de la Revolución Mexicana. No opuso resistencia, porque no quiso o no pudo, y la historia de México dio un vuelco de ciento ochenta grados. El PRI se colocó incluso a la derecha del PAN, con las consecuencias terribles que estamos viviendo.
La “contienda triunfadora” de que hace mención, todos sabemos que fue un fraude monumental que acaba de probar la comisión especial de la Cámara de Diputados que investigó la triangulación de recursos a la campaña de Peña  Nieto, la cual reportó gastos que ascendieron a 4 mil 599 millones de pesos, cuando el tope no debía rebasar 336 millones. Fue un escándalo que las autoridades electorales avalaron sin ningún rubor, a pesar de que dicha comisión encontró pruebas de sobra de que “sí hubo ejercicio de recursos de procedencia dudosa”. Sin embargo, los priístas siguen hablando de una “contienda triunfadora”, con un descaro incalificable que la cúpula oligárquica, y el gobierno estadounidense, fingen no ver.
Según Beltrones, los pasos que sigue el “gobierno” de Peña Nieto “van en la ruta correcta, de inscribir a México en la modernidad”. El problema es que no es la correcta para los intereses nacionales, ni tampoco para alcanzar una modernidad que sirva para colocar a los mexicanos en el umbral del progreso civilizatorio que tanta falta nos hace, y del cual nos han estado alejando los tecnócratas neoliberales. ¿Qué “modernidad” puede haber en la dramática desigualdad que nos caracteriza actualmente, en la violencia extrema que nos horroriza y nos desprestigia en el exterior, en el abismo que nos separa de los avances científicos y tecnológicos alcanzados por el Grupo de los Siete?
Quienes hablan y piensan como Beltrones sólo demuestran una total falta de compromiso con el país, un desmedido afán de quedar bien con los poderes fácticos antidemocráticos, nacionales y extranjeros, y un desprecio absoluto al pueblo al que consideran una masa carente de raciocinio y de la que pueden seguirse burlando impunemente. Como la información del Departamento de Estado desclasificada se hizo pública, se muestran enfadados y no tienen empacho en afirmar que “miente” la autoridad de la nación vecina.
En el colmo del cinismo, el secretario de Energía, Pedro Joaquín Coldwell, dijo: “Es absolutamente falso que Hillary Clinton o cualquier entidad del gobierno estadounidense, haya sido consultada para la reforma energética mexicana”. Tiene razón: es impensable una consulta cuando sólo se reciben órdenes terminantes. De ahí que mientras más traten de ocultar la verdad, más se hundirán en el fango de la traición a la patria. Al fin que vivimos en el reino de la impunidad.

8/12/2015

Los hijos de la crisis neoliberal




Por:  / 12 agosto, 2015
crisis 1994

En nuestro país hay actualmente 38.8 millones de jóvenes, una población que en otras circunstancias sería un bono demográfico muy valioso para el futuro de la nación. Sin embargo, la realidad es muy diferente. Ese bono se perdió indefectiblemente en las últimas tres décadas, porque sólo un mínimo porcentaje de dicha población tiene un futuro asegurado. La gran mayoría se perderá en el camino hacia la edad adulta, tanto por falta de oportunidades para encontrar un trabajo digno, como porque serán reclutados por el ejército en crecimiento de la delincuencia organizada.
Según Enrique Peña Nieto, la reforma educativa se hizo pensando en los jóvenes. Lástima que la realidad lo desmienta, porque al paso de los años son más los que desertan en algún tramo de su vida estudiantil que los que logran terminar una carrera. Esto sin contar los que teniendo deseos de seguir estudiando, no pueden hacerlo porque no encuentran espacio en los centros públicos de educación superior, principalmente la UNAM, el IPN y la UAM. De ahí que sea una cifra ridícula que sólo 2.5 millones de jóvenes sean becarios, la gran mayoría de los cuales, si logran terminar sus estudios y son perseverantes, se irán al extranjero.
Como afirma José Luis Calva, “no sólo dilapidamos nuestro bono demográfico mediante la exportación de trabajadores; también lo dilapidamos mediante la marginación interna”. Lo mejor de nuestra juventud, la mano de obra más resistente a las duras jornadas, se encuentra básicamente en Estados Unidos, donde está generando riqueza y una plusvalía que si se generara en México impulsaría un crecimiento sostenido, del que se beneficiarían incluso amplios sectores de la iniciativa privada. En cambio, lo que sucede en nuestro país es un criminal desaprovechamiento de la juventud sin oportunidades, forzada a engrosar el campo de la informalidad, que desemboca tarde o temprano en la marginación.
De ahí que suene a burla decir que la reforma educativa se hizo pensando en los jóvenes. ¿Acaso se están abriendo universidades públicas en cantidad suficiente para que ningún joven se quede sin terminar sus estudios? ¿Se ha pensado en la calidad de la enseñanza conforme a marcos universales? Lo que han hecho los “gobiernos” neoliberales es cancelar vías de acceso a una educación superior a cada vez más jóvenes. No es mera casualidad que la inmensa mayoría de quienes mueren en las calles en enfrentamientos con las fuerzas armadas y la policía sean jóvenes no mayores de treinta años; tampoco lo es que quienes caen presos por la comisión de algún delito estén en esa condición.
La población no mayor de treinta años en México no conoce otra forma de vida que la de la crisis surgida del modelo neoliberal. De ahí su comportamiento antisocial, en la mayoría de los casos, porque no saben que hay otras maneras de vivir, como las que conocimos quienes tuvimos la fortuna de criarnos sin televisión, sin medios electrónicos, sin antros donde se empieza a consumir drogas desde temprana edad. No conocieron, estos jóvenes de ahora, el modelo de la Revolución Mexicana, que con todas y sus deformaciones, tuvo la cualidad de construir una sociedad con valores y, aunque parezca increíble, con reglas no escritas que ponían diques a la corrupción, al cinismo y al rechazo a la mexicanidad.
Por eso es correcto lo que afirma Calva: “Causas iguales producen efectos iguales: si continúa aplicándose en México la estrategia económica neoliberal, no obstante sus enormes costos económicos y sociales, los resultados sólo pueden ser más de lo mismo: más años perdidos para el desarrollo, más dilapidación de nuestro bono demográfico, mayor desigualdad en la distribución factorial del ingreso, más pobreza y más sufrimiento humano”.
Desgraciadamente, mientras no se cambie el régimen tal es el futuro que nos espera, y los hijos de la generación de la crisis neoliberal serán incluso más deshumanizados, más “modernos”, es decir absolutamente desconocedores de nuestras raíces culturales, nada “populistas” porque renegarán de valores humanos elementales, como la solidaridad y el aprecio al vecino, el respeto al desvalido. Sin embargo, la élite oligárquica estará feliz en sus palacios, porque podrá contar con un gran ejército de jóvenes sin amor a la vida, dispuestos a todo con tal de sobrevivir, de quienes podrán disponer como les venga en gana a los oligarcas.

8/11/2015

La soberanía y el progreso según el PRI y Peña Nieto



Por:  / 11 agosto, 2015
priaplasta



En vista de los resultados de tres décadas de gestión tecnocrática  neoliberal, no sería exagerado afirmar que el régimen de la Revolución Mexicana fue progresista, no obstante sus muchos defectos, entre los que la corrupción ocupó siempre lugar muy destacado. Es válido decirlo porque los sucesivos gobiernos surgidos del partido oficial, hasta el tercer año del sexenio de José López Portillo, nunca permitieron que el gobierno estadounidense decidiera las políticas fundamentales del Estado mexicano. Ahora no queda duda alguna de que el “gobierno” mexicano sólo obedece las instrucciones que se toman en la Casa Blanca, una vez que salieron a la luz pública los correos electrónicos divulgados por el Departamento de Estado en Washington.
El sitio electrónico DesMog, que tuvo acceso a esos correos, señaló: “Como responsable de la política exterior de Estados Unidos, Hillary Clinton impulso con colaboradores suyos la privatización de la industria energética mexicana, concretada por el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto”. No debe ser fortuito que tres colaboradores muy cercanos de la precandidata del Partido Demócrata a la presidencia de Estados Unidos, sean altos funcionarios en empresas privadas. El entonces embajador en nuestro país, entre los años 2009 y 2011, Carlos Pascual, es ahora miembro del Centro de Política Energética Global de la Universidad Columbia, así como vicepresidente de asuntos globales de la consultoría IHS, cuyas tareas específicas tienen que ver con la “evaluación de opciones futuras en México”.
Es obvio que estamos atados a los designios de los grandes intereses globales, principalmente a los de Washington, de ahí que los discursos de la burocracia dorada ensalzando los “grandes beneficios” que nos aportarán las reformas estructurales, sean una burla de muy mal gusto contra el pueblo mexicano. Sin embargo, no tienen empacho, sus principales voceros, en seguir con la infame cantaleta de que gracias a tales reformas, “México podrá sortear los retos del futuro”. Es preciso reiterar, cuantas veces sea necesario, que así como vamos las nuevas generaciones de mexicanos están condenadas a una vida escalofriante, como la que viven en la actualidad los países africanos más pobres.
La Cepal nos colocó recientemente en el lugar 19 entre las economías latinoamericanas, por debajo incluso de Haití, lo que ya es el colmo. En 2006 el peso relativo del producto interno bruto de México representaba 30 por ciento del total latinoamericano, pero estima el organismo regional que al cierre del año 2015 descenderá a 21 por ciento. Vamos en picada hacia un profundo abismo, a mayor velocidad en tanto que sigamos firmemente atados a los designios de los grandes intereses globales, representados por el gobierno estadounidense y defendidos férreamente por la camarilla en el poder en México.
El problema que pone los pelos de punta es que dicha camarilla está decidida a todo con tal de no defraudar a sus patrocinadores, incluido el tema de la instauración de un régimen dictatorial, en el que las élites se quitarían la máscara democrática, aunque para mayor burla a las clases mayoritarias seguirían hablando de que su quehacer político obedece al imperativo de “acelerar el progreso del pueblo mexicano”. No tienen empacho en hacer declaraciones tan infamantes, con el mayor cinismo y desparpajo, a sabiendas de que los medios electrónicos se encargan de enajenar a las masas, de por si desinformadas y ultrajadas por la pobreza y la violencia sin freno.
Es más que evidente el regreso a etapas que se creían superadas. De nueva cuenta, la derecha ultraconservadora está empecinada en apoderarse del país, mientras que la izquierda no atina a cerrar filas para enfrentar esa terrible amenaza, que en el pasado provocó gravísimos daños a las clases mayoritarias. La mezquindad sigue imponiéndose en el comportamiento de dirigentes sin visión y faltos de escrúpulos, actitud que facilita sobremanera los avances de las minorías con claras tendencias fascistas, las cuales  anteponen sus intereses de clase a cualquier situación política.
Este es el momento ideal para que las organizaciones progresistas y democráticas entiendan que no habrá otra oportunidad para enfrentar a una derecha decidida a imponer sus condiciones de una manera totalitaria y brutal. Basta hacer comprender a la población, que la derecha en el poder es la  causante de la dramática realidad que padecemos. Está entregada a los grandes intereses trasnacionales, como lo patentiza claramente la decisión de Washington de quedarse con el petróleo mexicano.

7/31/2015

El contrapoder del pueblo es la mejor opción para enfrentar a la oligarquía


    
revoluciontrespuntocero.com

pueblo

En las actuales circunstancias del país, la fuerza del contrapoder es la mejor opción para enfrentar a la oligarquía. La etapa de las guerrillas sería suicida en la actualidad, porque las fuerzas armadas están preparadas para aniquilarlas y así justificar la represión contra el pueblo. Táctica y estratégicamente no hay bases para derrotar al Estado oligárquico, si no es con la fuerza del contrapoder. Por eso conviene definir en qué consiste y cómo se puede usar de manera que las clases mayoritarias no carguen con el peso de una derrota histórica.
El contrapoder es la fuerza del pueblo, adquirida con una sólida formación política de las dirigencias de las organizaciones progresistas. Es preciso señalar que no bastaría tal requisito si éstas no cuentan con la suficiente calidad moral para refrendar su liderazgo. Aquí cobra relevancia el dicho de que se debe predicar con el ejemplo. Esta ha sido la base, a lo largo de la historia, del éxito de los movimientos que han impulsado avances fundacionales de nuevas etapas de progreso social. Sus dirigentes han tenido plena claridad sobre el imperativo de contar con la suficiente autoridad moral para enfrentar a las cúpulas del sistema caduco que se opone al desarrollo integral de la sociedad.
La ética política es el factor esencial para que sea efectiva la fuerza del contrapoder, es decir la del pueblo concientizado para dar una lucha frontal contra fuerzas materiales muy superiores, pero al mismo tiempo muy debilitadas por la carencia de ese factor básico, sin el cual un Estado va directo al fracaso, como lo está demostrando el Estado mexicano en la actualidad, luego de más de tres décadas de una acelerada descomposición. Vale decir que todo el poderío que han logrado conjuntar las fuerzas armadas del país, de nada valdría si el pueblo tuviera conciencia de su capacidad moral, muy superior cualitativamente al poderío militar del Estado al servicio de la oligarquía.
Por eso el sistema de partidos políticos de México está metido en una trampa de la que no podrá salir. Así lo demuestra la realidad, razón por la cual el Movimiento Regeneración Nacional (Morena) se organizó sobre bases ajenas a dicho sistema, que obedece a los intereses de la oligarquía, no al imperativo de fundar un Estado democrático. Morena es una organización política de ciudadanos comprometidos con el reto de salvar a México de las garras de los poderes emblemáticos del capitalismo salvaje que, hoy por hoy, es el que prevalece en el mundo.
La fuerza del contrapoder descansa en una ciudadanía consciente de que la corrupción es una de las principales causas del resquebrajamiento del Estado oligárquico.  De ahí la viabilidad de que el pueblo se convierta en un poder real, más fuerte que el poder que descansa en una casta militar al servicio de los intereses más mezquinos y negativos, lo que los lleva a ser derrotados, como así sucedió en la Revolución Mexicana, que culminó con la derrota del ejército al servicio del dictador Porfirio Díaz. Así habrá de suceder en nuestro país, sin que el pueblo tenga que recurrir a la violencia ni caer en las provocaciones que le ponga la élite burocrática, con la finalidad de llevarlo a la desesperación y de allí al uso de las armas.
La fuerza del contrapoder es la del pueblo “armado” de ideales, de solvencia moral, de firmeza en sus convicciones progresistas. Recuérdese que por eso triunfó el movimiento que encabezó Francisco I. Madero, con un uso casi simbólico de las armas, pues el ejército a las órdenes de Porfirio Díaz fue diezmado previamente por la corrupción de los altos mandos, su insolvencia moral y total menosprecio a las masas sumidas en la miseria y en la desorganización. Pero a cambio de todo ello, el grupo de hombres y mujeres  liderado por Madero tenía autoridad moral, ética política y firmes principios que suplieron la falta de recursos y material bélico.
El actual régimen está cavando su tumba sin necesidad de que haya una sangrienta confrontación armada, porque no cuenta con autoridad moral, mucho menos con principios ni metas que favorezcan un mejor futuro para la nación. Su “proyecto” es esencialmente inmoral, pues obedece a fundamentos patrimonialistas, de un egoísmo excluyente sin parangón en la historia.

7/30/2015

“El Piojo” y la incomunicación social que practican los regímenes antidemocráticos


    

Los golpeadores de Televisa

Llama la atención el enorme interés que despertó en los medios la andanada especulativa sobre el futuro del ex entrenador de la selección mexicana de futbol, Miguel Herrera, cuando el país está plagado de problemas estrujantes que afectan sobremanera a las clases mayoritarias, sin que la opinión pública se haga eco de una realidad que merece no sólo serios análisis de la ciudadanía, sino un interés propositivo de todos los sectores sociales. Sin duda, otra muy diferente sería la realidad nacional si los medios, particularmente los electrónicos, mostraran igual o parecido interés que el demostrado por la suerte del llamado “Piojo”.
Es obvio que los medios al servicio del régimen no desperdician cuanta oportunidad se les presenta para distraer al pueblo, controlarlo y hacerlo olvidar la dramática cotidianeidad en que sobrevive. Es parte de la estrategia de incomunicación social que practican los regímenes antidemocráticos, en una complicidad cada vez más cínica con los medios que practican la autocensura, que ofrece buenos resultados en sociedades donde la participación ciudadana es mínima o prácticamente nula, como en nuestro país. Han sido varias semanas de distracción mediática, con el frenesí futbolero que surgió a partir de que “El Piojo” se mostró incapaz de controlar su temperamento.
Mientras lo que realmente debe interesar a la población, la demagogia de un régimen en bancarrota, pasa desapercibida. De ahí que Enrique Peña Nieto no tenga empacho en seguir con su proclividad discursiva, con la que pretende ocultar las verdaderas intenciones de su “gobierno”.  Según acaba de aceptar, no bastan las acciones de política social para combatir la pobreza, pues “lo fundamental para realmente asegurar condiciones de mayor calidad en la sociedad, es el dinamismo de nuestra economía”. Sin embargo, las políticas públicas del régimen tecnocrático están instrumentadas con el fin de obstaculizar ese necesario dinamismo.
Los hechos demuestran que desde hace poco más de tres décadas, la estrategia económica oficial está orientada a frenar el crecimiento. Todas las decisiones gubernamentales en la materia, están dirigidas a restarle dinamismo a la economía en su conjunto, porque actuar en el sentido correcto, sensato y lógico es considerado “populismo”, como lo señaló en días pasados el propio inquilino de Los Pinos.
Sin embargo, la experiencia histórica demuestra que los graves desequilibrios socioeconómicos no son achacables al combate efectivo a las causas de la pobreza, sino a las políticas públicas que sólo favorecen al sector menos comprometido con la calidad de vida de las clases mayoritarias, como sucede en nuestro país. Tal realidad se agrava en México, pues como lo afirma el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), la orientación del presupuesto del gasto tiene un  “alto componente político”. Destacó que desde los tres niveles de gobierno, hasta el Congreso, “los actores  (de la vida pública) buscan asignar presupuesto en actividades que maximicen su presencia política o que minimicen sus costos políticos”. Sobran ejemplos de tal comportamiento.
Y cuando lo que urge es dinamizar el crecimiento real de la economía, como lo acepta Peña Nieto, los principales motores del mismo, Pemex y la Comisión Federal de Electricidad (CFE), se debilitan de manera acelerada. Así lo demuestran las cifras que dieron a conocer las disque “empresas productivas del Estado”. Las pérdidas netas de Pemex en el segundo trimestre del año ascendieron a 84 mil 600 millones de pesos, cifra superior en 61.8 por ciento a las del año pasado.
Por su parte, la CFE tuvo un quebranto de 35 mil 592 millones de pesos, de enero a junio de 2015. A esta lamentable situación se suma la caída del peso frente al dólar. Se rebasó ya el monto de 16.60 pesos por cada billete verde, hecho que presiona la inflación al alza, pues se incrementan los precios de las importaciones, que cada día son mayores en el renglón de alimentos básicos, entre muchos otros renglones. Esto no interesa a los medios de comunicación, como si tuvieran prohibido abordar asuntos serios de interés colectivo.
De hecho no hay una prohibición expresa, sino una lamentable autocensura en la mayoría de redacciones, que enaltece aún más a los pocos medios que la rehúyen como lo que es: un efectivo veneno para liquidar a la opinión pública. Con todo, la realidad que dejan ver las redes sociales, acaba imponiéndose a la demagogia.

La tecnocracia nos está enterrando a todos


    
revoluciontrespuntocero.com

peñaDOMADOS (1)

La cúpula empresarial comienza a darse cuenta de que el “gobierno” de Enrique Peña Nieto nos está enterrando a todos, incluidos los miembros del reducido grupo de oligarcas que han sido beneficiados ampliamente desde que la tecnocracia sepultó el régimen de la Revolución Mexicana. Aunque para ellos los perjuicios no son de vida o muerte como lo son para la población mayoritaria, sí están preocupados porque pasan los meses y los discursos que desbordan demagogia del inquilino de Los Pinos, no se concretan en hechos.

Así lo patentizan las declaraciones emitidas por los dirigentes de los principales organismos empresariales del país, luego de que el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), informó el jueves pasado que el número de pobres en el territorio nacional aumentó en 2 millones de personas, entre 2012 y 2014. Están conscientes de que así como vamos no sólo se reducirán sus beneficios, por el debilitamiento generalizado de la economía y del aparato productivo, sino que aumentarán dramáticamente los riesgos de graves estallidos sociales.

El Centro de Estudios Económicos del Sector Privado (Ceesp), dependiente del principal promotor de las reformas estructurales, el Consejo Coordinador Empresarial (CCE), afirmó: “Las reformas podrán generar resultados pero la pobreza y la reducción del ingreso no pueden esperar años para que esto suceda. Requerimos una política económica que genere empleo de manera inmediata”. Sin embargo, no hay visos de que el “gobierno” de Peña Nieto tenga intenciones de abrir una válvula de escape a la terrible situación de desigualdad que se vive en el país.

La alta burocracia no está dispuesta a variar un ápice su dogmatismo neoliberal, no mientras no reciba órdenes de Washington en sentido contrario. La élite oligárquica debería tomar muy en cuenta esta situación y proceder de manera lógica: a quienes deben convencer de que se han rebasado los límites de la sinrazón económica, es a los jerarcas del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Mundial (BM). Aunque tampoco serían escuchados porque para dichos organismos globales es fundamental seguir adelante con su proyecto devastador, porque están decididos a eliminar del planeta a un mínimo de 4 mil millones de “estómagos prescindibles”.

El otro método para alcanzar ese diabólico objetivo sería una tercera guerra mundial, pero nadie podría garantizar que los efectos de la conflagración atómica no afectaran los territorios geográficos del Grupo de los Siete. De ahí el fundamentalismo neoliberal, del que los tecnócratas mexicanos son firmes adalides, motivo por el que son muy bien vistos, y aplaudidos, en la Casa Blanca en la capital estadounidense, en Londres, Berlín y París. Por eso la élite burocrática de Los Pinos se muestra siempre tan soberbia y segura de su fuerza.
Sin embargo, la cúpula oligárquica mexicana está siendo afectada por tanto abuso contra el país de parte de los tecnócratas, por eso reclama y alza la voz para pedir que se le tome en cuenta. La pérdida de poder adquisitivo, el aumento de la economía informal, la desigualdad y la violencia extrema se han convertido en un pesado lastre que también está afectando los negocios de quienes no pertenecen a la cúpula financiera, la única realmente beneficiada con el fundamentalismo neoliberal. Así lo demuestra la preocupación externada por los dirigentes de las principales cámaras empresariales mexicanas.

El presidente de la Confederación Nacional de Cámaras Industriales (Concamin), Manuel Herrera Vega, demandó incentivar el empleo formal, adelantar las compras gubernamentales programadas para el último trimestre de 2015 y ejecutar en tiempo y forma el presupuesto de egresos para este año. Desgraciadamente no será escuchado, porque el “gobierno” de Peña Nieto no se saldrá del guion que anunció desde principios de año. Seguirá implementando políticas súper restrictivas, con el pretexto de que el entorno económico mundial así lo exige. Los recortes presupuestales son una decisión inalterable y se pondrán en práctica, sin duda, otras medidas absurdas y fascistas que nos acarrearán grandes males.


La única manera de hacer cambiar a la ultra derecha reaccionaria en el poder, vendida a intereses extranjeros, es mediante la formación de una fuerza popular capaz de cambiar el régimen entreguista, tan consolidada que obligue a la élite de Los Pinos a pensarlo dos veces antes de lanzar contra el pueblo una represión genocida. Esta es la gran tarea de la izquierda, por encima de mezquindades absurdas.