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4/21/2020

Premian a investigadora del CIESAS por publicación de desplazadas en la región triqui

 
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Ciudad de México. La Asociación de Estudios Latinoamericanos (LASA, por sus siglas en inglés) premió a la profesora mexicana Natalia De Marinis por su libro “Desplazadas por la guerra. Estado, género y violencia en la región triqui”.
Natalia De Marinis es profesora-investigadora del Centro de Investigación y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS), Unidad Regional Golfo. Actualmente trabaja en el proyecto “Violencias interseccionales y acceso a la justicia y seguridad. Memorias y testimonios de mujeres indígenas en Zongolica, Veracruz”.
Como parte de su trabajo, en 2019 realizó el libro “Desplazadas por la guerra. Estado, género y violencia en la región triqui”, el cual describe las luchas por la libre determinación de los pueblos indígenas en México, desde una perspectiva de género.
Por este trabajo, la investigadora se hizo acreedora al Premio LASA México 2020 para el libro en Ciencias Sociales, que consiste en un estímulo económico y un diploma. El objetivo de este premio es reconocer al mejor libro original relacionado con el estudio de México, publicado entre septiembre del 2018 y agosto del 2019.
“Desplazadas por la guerra”, basado en 6 años de trabajo etnográfico en la región triqui y en el plantón de desplazados, recupera los testimonios de las mujeres en medio de la masacre y el despojo y sus memorias en torno a la guerra histórica.”
El libro premiado es un trabajo etnográfico en la región triqui y en el plantón instalado en el zócalo de la Ciudad de Oaxaca, el cual inició en 2009 un grupo de mujeres víctimas de despojo territorial, racismo, paramilitarismo y desplazamiento forzado.

11/29/2019

México, entre los 20 países con más desplazados: ONU

Conflictos y violencia internos

Siria ocupa el primer lugar, con 6.1 millones debido a la guerra; le siguen Colombia y República del Congo

México se encuentra entre las 20 naciones con mayor número de desplazados internos, de acuerdo con el informe más reciente de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).
En el reporte global 2020, este brazo de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) documentó que los conflictos y la violencia han provocado desplazamientos al interior de los países. Con datos recogidos hasta el final de 2018, la OIM informó que la mayoría de los afectados se ubicaban en Medio Oriente o África Subsahariana.
La República Árabe Siria tuvo el mayor número de desplazados debido al conflicto bélico (6.1 millones), seguida de Colombia (5.8 millones). La República Democrática del Congo registró el tercer mayor número (3.1 millones), seguida de Somalia (2.6 millones) y Afganistán (2.6 millones). México se ubica en el sitio 20, con menos de medio millón.
La OIM puntualizó que el número de migrantes internacionales en 2019 se calcula en 270 millones, y el principal destino sigue siendo Estados Unidos, con casi 51 millones. Según la agencia de la ONU, más de la mitad de los migrantes internacionales (141 millones) vive en Europa y América del Norte. Se calcula que 52 por ciento de la cifra mundial son hombres y cerca de dos tercios de ellos salen en busca de trabajo.

Tercer lugar en recepción de remesas
India se mantuvo como el país de origen con más emigrantes (17.5 millones de sus nacionales viven en el extranjero). México ocupa el segundo lugar, con 11.8 millones, y China le sigue, con 10.7 millones.
Sobre las remesas internacionales, señala que aumentaron 689 mil millones de dólares en 2018. India fue el que más dinero recibió (78 mil 600 millones de dólares), seguido por China (67 mil 400 millones), México (35 mil 700 millones) y Filipinas (34 mil millones).
Estados Unidos permaneció como el principal emisor, con 68 mil millones de dólares. Le siguieron los Emiratos Árabes Unidos, con 44 mil millones, y Arabia Saudita, con 36 mil 100 millones.
“Si bien la mayoría de los migrantes viajó a Estados Unidos, el informe da cuenta de otros corredores importantes de migración de países pobres a naciones con ingresos altos o medios como Francia, Rusia, los Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita.
En África, Asia y Europa, la mayoría de los migrantes se queda en sus regiones de nacimiento. Caso contrario ocurre con los de América Latina y el Caribe, que salen de este hemisferio.


Periódico La Jornada

11/24/2019

Nuestros propios desplazados


Editorial La Jornada

Opacado por los vaivenes de la política, las peripecias de la economía y las cifras de la violencia que desde hace años azota a vastas regiones del país, el fenómeno de los desplazados internos en México suele ser considerado un asunto menor. No lo es. Un informe publicado a fines del año pasado por la Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos estimaba que entre 2006 y 2018, cerca de 340 mil personas se habían visto obligadas a abandonar sus lugares de origen a causa de la violencia. Disputas entre facciones del crimen organizado o entre éste y las autoridades, presiones de la delincuencia para entregar impagables cuotas a cambio de supuesta protección, ataques de talamontes y grupos paramilitares, y hasta conflictos por la tenencia de tierras, mantienen a miles de familias en un estado constante de temor y privaciones, hasta que ante la ineficacia de las medidas que (a veces) ensayan las autoridades, con unas pocas pertenencias a cuestas, salen de sus comunidades rumbo a la incertidumbre.
Guerrero aporta, según la organización mencionada, más de 40 por ciento de los desplazados en el interior de la República, en episodios no siempre ligados entre sí y en localidades donde el problema tiene distintas caras y protagonistas, con la brutalidad y la violencia como únicos elementos en común.
En esta ocasión, habitantes del municipio de Zirándaro –en la Tierra Caliente de Guerrero en el límite con Michoacán– denuncian que aunque funcionarios de los gobiernos estatal y federal sostienen que en esa zona no hay desplazamientos, pobladores de 20 comunidades han tenido que dejar sus viviendas a causa de las amenazas de las bandas delictivas. La ríspida pugna que por controlar la plaza mantienen grupos presuntamente vinculados a los cárteles de Jalisco Nueva generación y la Familia michoacana, envolvió a los pobladores en un remolino de violencia que además de amenazar su integridad les hizo casi imposible la vida cotidiana. En los hogares ni siquiera se puede surtir la canasta básica (porque impiden el paso de los transportes de mercancías); los estudiantes de preescolar, primaria y telebachillerato no pueden acudir a clases (porque no se imparten), y un permanente clima de inseguridad y miedo se ha apoderado del rumbo.
La situación descrita durante una protesta realizada en Guayameo, al sur de Zirándaro –donde se han asentado provisoriamente la mayoría de los desplazados de esta última localidad– alcanza tintes dramáticos y no parece fácil de solucionar. Según los damnificados, el envío (por lo demás reciente) de elementos de la Marina, el Ejército y la Guardia Nacional no ha servido para llevar paz a la región, entre otras razones porque las bandas organizadas cuentan con una logística que les permite anticiparse a cada movimiento de los uniformados. En semejante escenario, los desplazados –que sumarían más de un centenar de familias con un total de mil 400 personas– han recibido el compromiso gubernamental, por medio del subsecretario de Derechos Humanos, Población y Migración, Alejandro Encinas, de contar con mayor apoyo para aliviar el difícil trance por el que están atravesando.
Lo fundamental, sin embargo, es encontrar mecanismos para terminar con la situaciones de violencia que provocan los desplazamientos. Dichos mecanismos, de acuerdo con las políticas adoptadas por la actual administración, deberán contener una compleja mezcla de elementos políticos, económicos y sociales, orientados a erradicar las causas generadoras de la violencia. Pero se trata, en cualquier caso, de una tarea urgente.

3/19/2019

Los desplazados de Guerrero que acampan frente al despacho del presidente

Pie de Página

Desde hace un mes, casi 400 personas esperan afuera de Palacio Nacional una respuesta del gobierno. Son desplazados internos de la sierra de Guerrrero. Un par de grupos armados los corrieron de sus pueblos. Esperan acciones del gobierno de Andrés Manuel López Obrador. ¿Qué ocurre en la tierra de estas familias que no pueden habitarlas libremente?
“Tomaron los pueblos, saquearon nuestras casas, se están comiendo nuestras cosechas. Hay un saqueo…”. Antes de terminar la frase, Crescencio Pacheco baja la mirada y niega con la cabeza. Él vivía en Campo de Aviación, una ranchería en el municipio de Leonardo Bravo, donde si ahora regresa lo matan.
Mientras Crescencio cuenta la historia de sus comunidades, unos niños juegan alrededor con sus trompos. Al lado, una señora amamanta a un niño mientras su hija mayor se cepilla el cabello, sentada en una cubeta de plástico. Más allá, en una improvisada cocina comunitaria, varias mujeres preparan el desayuno para unas 300 personas.
Pareciera la cotidianeidad de la vida de campo, salvo una cuestión. Desde la madrugada del 18 de febrero, es una rutina enclavada en el ajetreo de la Ciudad de México. Entre la banqueta del Zócalo y la fachada de Palacio Nacional, donde han estado viviendo.
“Veníamos con la propuesta y ésa es la postura, de platicar con el presidente”, explica Cresencio. Piden, entre otras demandas, que el gobierno repliegue a los grupos armados que tomaron sus viviendas para que ellos puedan regresar.
Una semana después de llegar a la ciudad, un grupo de personas se colocó en cada puerta de Palacio Nacional. Interceptaron a Andrés Manuel López Obrador en su auto. Él bajó el vidrio y pudieron hablarle:
“Señor, ayúdenos, somos desplazados”, dijo uno de ellos.
“Sí, ya tengo conocimiento”, contestó y se detuvo a leer las pancartas y las lonas de los desplazados. Rápidamente dio instrucciones. “Ahorita los va a atender ella”.
Ese lunes se reunieron con Leticia Amaya, coordinadora de Atención Ciudadana de Presidencia, quien a diario recibe decenas de cartas con peticiones para el presidente. Después se reunieron con Alejandro Encinas, subsecretario de Derechos Humanos, y con varios de sus colaboradores, pero no han tenido ninguna respuesta.
Además del regreso a sus comunidades, piden una opción de vivienda provisional, una renta mensual, porque al ser gente de campo no tienen qué cosechar ni de qué vivir, y una ayuda económica para reponer los muebles y electrodomésticos que les robó la gente que tomó sus pueblos.
Del campo a la ciudad
En el campamento también hay unos 70 habitantes de la comunidad de Zitlala, en el municipio de Tlaltempanapa. Una población náhuatl que enfrentó la misma suerte que la de Leonardo Bravo:
Un grupo armado llegó a su pueblo y secuestró a tres hombres por no querer trabajar con el crimen organizado. Como resultado, varios hombres huyeron el 4 de noviembre con lo que tenían puesto.
Al día siguiente, el mismo grupo armado amenazó con matar al pueblo entero si no regresaban esos hombres. Sin pensarlo, las mujeres del pueblo también huyeron, sin nada más que sus hijos.
Tanto hombres como mujeres coincidieron en buscar refugio en Copalillo, una comunidad cercana, donde se encontraron. Desesperados, después de cuatro meses sin solución, decidieron llegar a la Ciudad de México.
Fue entonces cuando Manuel Olivares, director del Centro de Derechos Humanos José María Morelos y Pavón, tomó el caso de ambas comunidades.
“Se calcula una diáspora de mil 600 personas, de las que llegan 320 a la Ciudad de México. Los demás huyen como pueden por sus redes familiares”, asegura Alba Patricia Hernández Soc, una posdoctorante especializada en el desplazamiento forzado interno en Guerrero, que ha dado seguimiento a ambos casos.
Un recibimiento con balazos
Antes de decidir acampar en pleno Zócalo, el gobierno de Guerrero les aseguró a las comunidades que podían regresar a sus tierras. Y organizaron una caravana de retorno, liderada por militares y policías. Atrás iba un grupo de 15 reporteros y las mil 600 personas desplazadas.
Aún no llegaban al primer pueblo, cuando escucharon detonaciones de armas de grueso calibre. Los grupos armados les daban la bienvenida.
“No se puede confiar en un gobierno que solo simula”, dice la doctora Hernández. “El gobierno de Guerrero les está diciendo que pueden retornan cuando ellos quieran, bajo las condiciones que ellos quieran, que ahí Guerrero los está esperando. Esto es absurdo después de tres meses que no hizo nada, y que los puso en riesgo al regresarlos en una zona no pacificada”.
La doctora, que es parte del Seminario permanente sobre desplazamiento forzado interno de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, explica que desde 2014 en Guerrero existe la Ley 487, que aboga por los derechos de las personas desplazadas, sin embargo, no opera porque no existe un reglamento que la regule.
Todos saben quién es el responsable
“Sabemos quién fue el causante y el promotor de esta situación”, asegura Cresencio.
La violencia, explica, se disparó a raíz de la muerte de Jesús Nava Romero “El Rojo”, muerto en el mismo operativo que Arturo Beltrán Leyva, en Cuernavaca en 2009, lo que desató una fuerte pelea por el control territorial.
A partir de esa pelea, el grupo armado que controla Onésimo Marquín Achapa, “El Necho”, ganó un gran poder. Tanto que se estima que su grupo está conformado por unas 3 mil personas. Son originarios de Tlacotepec, municipio de Heliodoro Castillo, y controlan Iguala, Cocula, Apaztla, Teloloapan, San Miguel, Quetzala del Progreso, y recientemente, Leonardo Bravo.
La emergencia obligó a que en octubre de 2013 el gobierno estatal aprobara la creación la Unión de comisarios por la paz, seguridad y desarrollo de la sierra A.C. Una policía rural conformada por los mismos habitantes.
“No queríamos policías del estado, sino del pueblo, pero queríamos que se les diera un sustento, un desarrollo. De ahí, sacamos un cuerpo de 200 hombres, que fueron las plazas que aprobó el estado”, cuenta Crescencio, quien formó parte de esa policía.
Para entender el problema se necesita tener en mente dos cuestiones: la primera, que el municipio de Leonardo Bravo es una de las regiones de mayor producción de amapola en el país, y la segunda, que ese mismo terreno descansa sobre una veta minera rica en oro, plata y zinc.
“Lo que nosotros tratábamos de explicar a los que se llevan este producto era que entrara quien entrara a comprar, nosotros no queríamos ningún problema”, asevera.
No fue el opio, fue el oro
Naturalmente la gente relacionó los primeros enfrentamientos armados en la región con el trasiego de drogas, pero poco a poco se dieron cuenta que estaban muy equivocados. La causa de la discordia yacía bajo sus pies.
Para que se dieran cuenta tuvo que caer el precio de opio, a causa de un aumento en el consumo de fentanilo, un opioide sintético que ha ido desbancando al opio natural en el mercado.
Así, desde 2017, el precio del opio pasó de 20 mil pesos por kilo de goma base a 3 o 4 mil pesos.
“Esa madre ya no se siembra, ¡ya para qué! Inviertes 10 mil (pesos) y de ganancia vas a tener 5 mil. No te conviene. ¿Te vas a chingar 90 días trabajando en la amapola para que el día te salga en 20 pesos? No conviene”, dice Cresencio.
En cambio, si se miran en un mapa los poblados que ha ido tomando el grupo armado, se cae en cuenta que lo que persiguen es el control de una gran veta minera. Incluso en el municipio vecino, Eduardo Neri, hay minas que explotan oro, plata y zinc.
“Las mineras se aliaron a los grupos armados, para poder ir teniendo más dominio y más terreno, más hectáreas para esta explotación de minas. Si ahorita estuviera el precio de la amapola, o de la marihuana como en su apogeo, no hubiera desplazamiento, al contrario, hubiera más producción”, explica Cresencio.
La teoría del campesino es respaldada por la doctora Hernández Soc.
“La parte que conocemos como Filo de Caballos es conocida como La franja de oro, o El cinturón de oro, que abarca todos estos nuevos yacimientos encontrados.
“Podemos hablar de dos cosas hipotéticamente: que la mina puede estar pagando al crimen organizado para que se haga dueña de todos estos territorios, o bien, estos grupos están cobrándole a la mina, como una especie de seguridad interna, para despoblar y repoblar con nuevas personas”.
De acuerdo con un estudio de la Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de Derechos Humanos, en el México, de 2011 a 2017, más de 8 millones 700 mil personas tuvieron que cambiar de domicilio por la violencia que los rodea. Sin embargo, es una estimación obtenida con la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción de la Violencia, que no toma en cuenta a gente que cambió su residencia por megadesarrollos u otros motivos que no sean violencia. Tampoco especifica de qué lugares se tuvo que desplazar la gente ni a dónde llegó.
Para los pobladores de Leonardo Bravo poco importó si las estadísticas son certeras o no. Poco a poco, vieron cómo se les deslavaba encima, desde los cerros, una ola de violencia que terminó por sacarlos de sus casas.
“Desde esta organización, estamos en constantes reuniones. Monitoreábamos el problema. Sabemos cómo viene operando este grupo delictivo”, cuenta Cresencio.
“Desde que llegaron a Verde Rico, en Tlacotepec, dijimos ‘aguas, el problema viene fuerte para acá. Hay que estar alertas’”.
Lo sabían, además, porque este grupo avisa antes de llegar a las comunidades que van a tomar. Mandan amenazas a través de redes sociales, avisando a qué pueblo se dirigen y así, antes de que lleguen, gran parte de la gente ya se fue.
“Cuando supimos que entraron al pueblo de Corralitos, Puentecías, Ranchito y Filo de Caballos, es cuando nos pudimos escapar. Porque sabíamos que esos estaban a 10 minutos de donde nosotros vivimos”.
La espera por la Guardia Nacional
Actualmente, muchas viviendas de las rancherías del municipio de Leonardo Bravo están ocupadas como casas de seguridad. El despojo pasa casi en frente de los militares. El cuartel de Chilapa, que alberga a la 35 Zona Militar está a tan solo una hora y media en automóvil. Y en las inmediaciones entre los pueblos de la sierra hay puestos de verificación.
“Hemos platicado con soldados razos. Aunque ellos recorran con armas largas y sus camionetas, no pueden hacer absolutamente nada ¡Porque no tienen órdenes de sus superiores!”, dice desesperado Cresencio: “Si nos dieran órdenes los jefes, los altos mandos –¡pat! ¡pat!, truenan los dedos– en cinco horas limpiamos el pueblo, va a ser la pinche agarradera de gente”.
Aun así, Cresencio, y muchas de las personas que están acampando afuera de Palacio Nacional tienen la esperanza puesta en que entre en marcha la Guardia Nacional, que ya se aprobó por todos los Congresos de los estados y a la que sólo le falta la firma del presidente para que empiece a funcionar. Pese a que la operación de la corporación podría tardar meses o incluso años.
Mientras, la gente espera. “A ver qué sale”, dice Cresencio sin mucha esperanza.

11/22/2018

Personas indígenas desplazadas de Chiapas inician “Caravana pies de cansados”


Exigen que sus demandas sean escuchadas
   

Más de 500 indígenas de tsotsiles desplazados de sus comunidades de origen en los Altos de Chiapas, iniciaron esta tarde una caminata de 80  kilómetros desde San Cristóbal de Las Casas hasta la capital del estado, a la que denominaron “Caravana de Pies Cansados”.
Diego Cadenas, Director del Centro de Derechos Humanos Ku’untik y abogado de la Coordinadora de Personas Desplazadas del estado de Chiapas, dio a conocer que esta caminata está integrada por personas desplazadas del ejido Puebla, Chenalhó; de la comunidad de Xu-lvó de Zinacantán y de las comunidades de Tenango y Cintalapa en Ocosingo.
La “Caravana de pies cansados”, partió alrededor de las 14 horas del kilómetro 46 de la autopista San Cristóbal – Tuxtla, debido a que existen sectores vulnerables como mujeres, ancianos, niños y niñas decidieron avanzar lentamente.
“Nuevamente instalaremos en plantón por el incumplimiento de acuerdos por parte del gobierno de Manuel Velasco Coello, sobre todo en lo referente al otorgamiento de los alimentos”, dijo Cadenas.
Las personas desplazadas se mantenían en un campamento en San Cristobal de las Casas, sin embargo, debido a la falta de seguridad alimentaria del gobierno del estado decidieron emprender dicha caravana. Señalaron que se instalarán nuevamente hasta la plaza central de la capital chiapaneca cuando la caravana termine.
El pasado 27 de octubre, tras una mesa de diálogo en las autoridades gubernamentales les mencionaron que resolverían las demandas de retorno a sus lugares de origen de los cuatro grupos levantaron por tercera vez un plantón.
La semana pasada, el pleno del congreso del estado aprobó un punto de acuerdo por el que se exhortó al gobernador Manuel Velasco Coello la elaboración del programa estatal para la prevención y atención del desplazamiento interno.
Las y los legisladores le pidieron también al Ejecutivo el informe de instalación y en su caso actividades del Consejo Estatal de Atención Integral al Desplazamiento Interno, reconocidos en la Ley Para la Prevención y Atención del Desplazamiento Interno en el Estado de Chiapas.
Además realice acciones y dicten las medidas necesarias, idóneas y suficientes para garantizar la vida e integridad de las personas desplazadas de los municipios de Chalchihuitán, Aldama, Ocosingo, Zinacantán y Chenalhó; así como del resto del estado de Chiapas y garantices su retorno en condiciones dignas y seguras a sus comunidades de origen.
“Chiapas es el estado donde, en estos momentos, existen más personas en situación de desplazamiento forzado, de la República Mexicana” indicó Cadenas Gordillo.
La semana pasada, cientos de mujeres, hombres, niños y niñas se vieron obligados a dejar sus viviendas en la comunidad de Chavajeval, para buscar refugio en las montañas, en comunidades vecinas y en la cabecera municipal de El Bosque, luego de un conflicto interno en la comunidad.
Ante ello, el Comité de Derechos Humanos “Fray Bartolomé de las Casas” concluyó que la comunidad de Chavajebal, incrementa las cifras de desplazamiento forzado en Los Altos de Chiapas, entre ellas las de comunidades tsotsiles desplazadas en los municipios de Chalchihuitán y Aldama. A consecuencia, se intensifica la crisis humanitaria y las graves violaciones a derechos humanos en población de Pueblos Originarios ante la omisión del gobierno de Chiapas. 

CIMACFoto: César Martínez López
Por: Isaín Mandujano
Cimacnoticias/ChiapasParalelo | Tuxtla Gutiérrez, Chis.- 

12/02/2017

En riesgo, mujeres embarazadas desplazadas de Chenalhó y Chalchihuitán

Algunas se encuentran a días de parir y hay recién nacidos
   


A 10 días de que miles de personas de las comunidades de Chalchihuitán y Chenalhó se esconden de los grupos paramilitares en los montes de los Altos de Chiapas, la ayuda del gobierno comenzó a llegar a cuenta gotas pero para las más de 100 mujeres embarazadas aún es difícil acceder a la atención médica.
La coordinadora del área de comunicación del Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas (Frayba), Azalia Hernández, informó a Cimacnoticias que ayer llegaron las brigadas de salud del gobierno de Chiapas pero únicamente a la cabecera municipal de Chalchihuitán, “de entrada por salida”.
Debido a la disputa territorial entre ambos municipios (Chalchihuitán y Chenalhó) es imposible que las mujeres y niñez que se refugian en los montes, regresen a sus localidades, ya que los caminos se encuentran obstaculizados por personas armadas, “es absurdo que se les pida trasladarse a los municipios”, señaló la activista.

La situación se agrava día a día, la información que ha recibido el Frayba es que hay mujeres a pocos días de parir, en total tienen el registro de 114 mujeres embarazadas, hay bebés recién nacidos, por ejemplo, la asociación conoció un caso de un bebé de 20 días de vida.
“Médicos están  dispuestos a dar trabajo humanitario, pero es imposible ingresar. En la mañana nos informaron que las personas que bloquean las entradas comenzaron a quemar llantas. Tienen el territorio controlado”.
Según la información que publicó el gobierno estatal en su página web oficial, Protección Civil y paramédicos están atendiendo en Chalchihuitán a las mujeres embarazadas para llevarlas en helicóptero al municipio de Simojovel, pero la mayoría, como indicó la integrante del Frayba, están refugiadas en las montañas.
Lo mismo sucede para la niñez y adultos mayores que presentan enfermedades respiratorias y gastrointestinales por vivir en la intemperie. No hay registro de que las brigadas estén atiendo de forma directa a estos pueblos tzotzil, precisó Azalia Hernández.
“Las familias desplazadas huyeron de sus casas sin nada. Especialmente las mujeres se encuentran en extrema vulnerabilidad, en campamentos hechos con plásticos a temperaturas muy frías, sin alimentos. No pueden regresar a sus casas, les fueron quemadas, robaron sus animales y destruidas sus pocas pertenencias”, comentó.
La vulnerabilidad no sólo es en su salud física sino también mental. Azalia mencionó que en los campamentos las mujeres, niñas y niños están viviendo con un profundo temor de ser perseguidos y encontrados por los grupos paramilitares.

EL CONFLICTO
El conflicto territorial entre Chalchihuitán y Chenalhó comenzó en los años setenta cuando San Pablo Chalchihuitán obtuvo el Reconocimiento y Titulación de Bienes Comunales (RTBC). El municipio recibió hectáreas que eran parte de la localidad colindante.
Desde entonces se desató la problemática que aún sigue sin resolverse. Actualmente continúa en juicio en el Tribunal Unitario Agrario 03 de Tuxtla Gutiérrez la denuncia de la población de Chenalhó por la distribución del territorio.
Asimismo el conflicto de grupos paramilitares en esta zona es añejo. Hace 20 se suscitó la masacre de Acteal en localidad de Chenalhó. Un grupo paramilitar conocido como “Máscara Roja” asesinó el 22 de diciembre de 1997, a 18 mujeres adultas, 7 hombres, 16 menores de 17 años y 4 niños entre los 15 y 2 años de edad.
Fue una masacre planeada en contra de los miembros de la Sociedad Civil “Las Abejas” mientras hacían una jornada de paz para Chiapas. El caso llegó hasta a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).
La integrante del Frayba –asociación que acompañó el caso Acteal- afirmó que el conflicto armado continúa en estos municipios por la incapacidad del gobierno para desarmar a los grupos paramilitares y la impunidad de castigo a quienes participaron en ellos.

DESPUÉS DEL DESPLAZAMIENTO
Por ello las organizaciones y comunidades temen no sólo de otra masacre como la de Acteal, sino también del futuro de estos cientos de familias. Azalia Hernández explicó que en casos de desplazamiento forzado por grupos paramilitares que ha documentado el Frayba, a muchas poblaciones les es imposible retornar a sus comunidades.
El asentamiento de grupos armados en sus localidades los orilla a comenzar su vida en lugares aledaños. Las familias pierden sus propiedades y terrenos de siembra. También hay una pérdida cultural (tradiciones, lengua) como parte del desplazamiento forzado.
Por ello, dijo, la acción del gobierno debe estar enfocada en cuatro ámbitos: la atención urgente a la población desplazada, el desarme de los grupos armados y la atención del problema estructural en la comunidad, y la reparación del daño integral para los habitantes.
De acuerdo con los registros del Frayba, en Chalchihuitán son 5 mil 23 personas desplazadas, y de la comunidad de influencia zapatista, Chenalhó, la cifra aumentó a 900 personas.

NACIONES UNIDAS PIDE ATENCIÓN URGENTE
En tanto, en un comunicado la Oficina en México del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ONU-DH) expresó su preocupación por el desplazamiento forzado de estas comunidades.
Indicó que “es necesario lograr una solución integral y duradera que ponga en el centro los problemas estructurales que han dado origen al desplazamiento interno forzado y la solución de los conflictos que enfrentan estas comunidades”. Pidió que se cumplan las medidas cautelares emitidas por la Comisión Nacional de los Derechos Humanos.
Por su parte la Comisión Interamericana de Derechos Humanos informó al Centro de Derechos Humanos Ku’untik que ya integra la solicitud de medidas cautelares para las personas desplazadas que la organización solicitó.
De acuerdo con el Centro, estas serán una extensión de las medidas cautelares (MC-361-17) que dictó la CIDH en octubre por el desplazamiento forzado de 248 personas del Ejido de Puebla localidad de Chenalhó, de la misma forma por parte de grupos paramilitares

CIMACFoto: César Martínez López
Por: Hazel Zamora Mendieta
Cimacnoticias | Ciudad de México.- 

12/01/2017

Paramilitarismo y desplazamientos forzados en Chiapas




Renzo D‘Alessandro*



El escalamiento de la violencia derivada de un rancio conflicto de límites territoriales entre Chenalhó y Chalchihuitán, dos de los municipios más pobres de México, ha llegado a niveles alarmantes de más de cinco mil desplazados de los cuales la mayoría son niños y cientos de mujeres embarazadas y recién nacidos. Las familias desplazadas provienen de las comunidades indígenas de Ch’enmut, C’analumtic, Pom, Tzomolton, Bejelton, Tulantic, Bololchojón, Cruz Acalnam, Cruztón, ubicadas al sur del municipio de Chalchihuitán afectando a su vez a siete mil personas de una docena de comunidades vecinas en una franja limítrofe con Chenalhó.

La situación está a punto de un grave derramamiento de sangre, así lo han reiterado las denuncias de actores locales mientras que las autoridades estatales mantienen una ambigua postura ante esta emergencia social. Tanto el párroco de Chalchihuitán, como el párroco Marcelo Pérez de Simojovel y el reconocido internacionalmente Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas (Frayba) han lanzado alertas y comunicados a las autoridades federales y estatales entre ellas la Secretaría General de Gobierno a cargo de Juan Carlos Gómez Aranda y la Fiscalía General de Chiapas dirigida por Raciel López Salazar, cuya tímida respuesta ha sido declarar una reunión mixta con policías y militares.

La ola de violencia y desplazamientos es parte de una administración del conflicto errónea que inicia con la incompetencia por omisión de parte de los diferentes niveles de gobiernos estatal y federal para desarmar a grupos paramilitares provenientes de Chenalhó. La situación se agudizó con el asesinato de Samuel Pérez Luna, habitante de Chalchihuitán, perpetrado el pasado 18 de octubre. A partir de mediados de noviembre con la quema de muchas casas, así como de las cosechas, amenazas y balaceras a la población local por parte de cerca de 200 paramilitares fuertemente armados por el Partido Verde Ecologista y por Rosa Pérez Pérez, presidenta municipal de Chenalhó ante la anuencia silenciosa del gobierno estatal.

El conflicto se origina en 1975 ocasionado por la ineficacia e intereses de los gobiernos federal y estatal con una dotación de tierras en favor del municipio de Chenalhó que quedó inconclusa por problemas tributarios. Posteriormente en 1980, el gobierno federal ejecuta una nueva sentencia que reconoce como bienes comunales cerca de 18 mil hectáreas en favor de mil 787 campesinos del municipio de San Pablo Chalchihuitán, sobreponiendo una parte del territorio otorgado sobre los límites que se disputaba Chenalhó.

Según Martín Gómez Pérez, actual presidente municipal de Chalchihuitán, el clima de confusión se acentuó al llegar Rosa Pérez Pérez a la presidencia municipal, quien inició una serie de bloqueos carreteros solapados por el gobierno estatal que impiden el paso a los habitantes de Chalchihuitán. Asimismo, existen intereses económicos estipulados en 2012, con la firma de un convenio por parte del gobierno estatal en el que se comprometió al pago de 15 millones de pesos, la construcción de 300 viviendas y la implementación de proyectos productivos para el municipio perdedor de juicio de agravio iniciado en 2005 (expediente 181/2005) aún sin resolver en el Tribunal Agrario 03 de Tuxtla Gutiérrez.

En opinión de Pedro Faro, director del Frayba, el bloqueo y la crisis de desplazados implican la necesidad urgente de actualización y adopción de las medidas cautelares que terminen con la confrontación entre municipios garantizando los derechos humanos de los afectados y la libre circulación para el acceso de ayuda. Asimismo, existen diferentes propuestas para encaminar una solución definitiva al conflicto ocasionado por el propio gobierno, mismas que desde el año 2010 han sido conformadas y lanzadas por un grupo de especialistas en el tema pero que sólo han recibido indiferencia desde las esferas del gobierno chiapaneco.

Los desplazados en la franja de Chalchihuitán y Chenalhó revelan que el gobierno no está dispuesto a hacer nada contra la gran amenaza para la cultura, los derechos y el estilo de vida de los pueblos indígenas que denunció precisamente en Chiapas hace un par de semanas Victoria Tauli-Corpuz, relatora de las Naciones Unidas (ONU) sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas.

El mediocre manejo institucional evidencia un desprecio profundo del gobierno federal y chiapaneco hacia los pueblos indígenas. La situación de desesperanza e inanición alimentaria y médica de las familias que duermen atemorizadas en la intemperie y el frío de la montaña, ha convocado la solidaridad de la sociedad civil para juntar víveres e intentar llevarlos a través de carreteras bloqueadas. Sin embargo, los impulsos de solidaridad aún esperan una respuesta que supere la inoperancia de los representantes del gobierno estatal quienes, plagados de señalamientos de impunidad hacia el paramilitarismo, continúan creando perversamente conflictos económicos y de partidos entre los pueblos indígenas, alcanzando en menos de una semana –por acción u omisión– una de las peores crisis de desplazamiento forzado en este sexenio.

* Doctor en Sociología y miembro de la Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad (UCCS)

11/29/2017

Urge atención médica para 114 mujeres embarazadas desplazadas de Chenalhó

 Huyen de balaceras y se refugian en las montañas, la situación se agrava



En la montañas de los Altos de Chiapas al suroeste de México, en condiciones inhumanas y sobreviviendo a temperaturas extremas de frío, se calcula que más de 5 mil personas entre mujeres embarazadas, niñez y adultos mayores se escoden de los grupos paramilitares por el conflicto territorial entre los municipios de Chalchihuitán y Chenalhó.

El pasado 21 de noviembre, organizaciones de la sociedad civil en Chiapas como el Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas (Frayba), Servicios y Asesoría para la Paz (Serapaz) y el Centro de Derechos Humanos Ku’untik, fueron alertadas sobre el desplazamiento forzado de los pueblos tzotzil de Chalchihuitán y Chenalhó.

La disputa por el territorio entre ambos municipios comenzó hace más de 40 años, recordó el Centro de Derechos Fray: en 1975 el municipio de San Pablo Chalchihuitán obtuvo el reconocimiento y Titulación de Bienes Comunales (RTBC) y fue beneficiado con 17 mil 948 hectáreas de terreno, y como complemento, en 1981 se entregaron 252 hectáreas más.

La población del municipio colindante, San Pedro Chenalhó se inconformó por el reparto de tierras porque no se respetaron los limites naturales del río Mashilhó y los antiguos documentos de los pueblos indígenas e interpuso una demanda en 2005, actualmente sigue en juicio en el Tribunal Unitario Agrario 03 de Tuxtla Gutiérrez (expediente 181/2005).

Hasta ayer el Frayba informó en un comunicado que únicamente de la localidad de Chalchihuitán son 5 mil 23 personas desplazadas, y  de Chenalhó –comunidad de influencia zapatista- se estima son al menos 300 personas.

De acuerdo con los registros de la asociación civil, el conflicto se agravó el 13 de noviembre tras el ingreso de grupos armados a la región de Chalchihuitán. Las familias huyeron de las balaceras y se reguardaron en los montes de los Altos de Chiapas, donde permanecen incomunicadas y con miedo de ser localizadas.

Al sobrevivir bajo temperaturas frías y condiciones inhumanas, hay personas enfermas, principalmente recién nacidos, niñez y personas adultas, además urge la atención médica para 114 mujeres embarazadas, según los registros del Frayba.

En las imágenes y entrevistas que han difundido las organizaciones que ingresaron a los montes, se observan a niñas y niños durmiendo en el pasto, a mujeres calentando la escaza comida en campamentos construidos con ramas y lonas, personas adultas y niñez reposando por alguna enfermedad. Los únicos médicos que hay son los chamanes de las comunidades.

La situación empeora porque el municipio de Chalchihuitán está sitiado y la única carretera que conecta con San Cristóbal de las Casas está bloqueada, por lo que es imposible proveer de ayuda, alimentos y medicinas sobre todo para las mujeres, niñas, niños y adultos mayores, reportaron las asociaciones.

El Frayba documentó las comunidades y personas que fueron desplazadas de Chalchihuitán: de Ch’en Mut 700 personas (8 mujeres embarazas); de Pom más de 2 mil personas y 100 mujeres embarazadas; Tzomolton son 800 personas y 6 mujeres embarazadas; C’analumtic 600 personas; Bejelton 150 personas; Tulantic 350 personas; Vololch’ojon 150 personas; Cruz c’ac’al nam 200 personas; y Cruz ton 73 personas desplazadas.

El Centro de Derechos Humanos informó que ha recurrido a las instancias internacionales, envío una solicitud de medidas cautelares a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), a la Relatora Especial sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, Victoria Tauli Corpuz y el Relator Especial sobre los Derechos Humanos de los Desplazamientos Internos, Chaloka Beyani, ambos de Naciones Unidas.

Hasta el momento el gobernador de Chiapas, Manuel Velasco Coello no se ha pronunciado al respecto y tampoco se conoce sobre la intervención del gobierno, por el contrario, las organizaciones civiles alertaron que las personas de la comunidad refieren que ha habido cortes de energía eléctrica e intervenciones de otros grupos armados.

A 20 AÑOS DE MASACRE EN ACTEAL

El miedo de la población y de las organizaciones civiles es que el enfrentamiento culmine en otra matanza como la ocurrió casi 20 años atrás en la comunidad de Acteal del municipio de Chenalhó.

El 22 de diciembre de 1997 –en la presidencia del priista Ernesto Zedillo- un grupo paramilitar asesinó a 45 personas, entre mujeres, hombres, niñas y niños, miembros de la Sociedad Civil Las Abejas, cuando hacían una jornada de ayuno y oración por la paz de Chiapas.

El caso fue acompañado por el Centro Frayba y lo presentó en 2005 ante la CIDH. Cinco años después la Comisión Interamericana lo admitió (Informe 146/10 “Manuel Santiz Culebra y otros Masacre de Acteal”).

El director del Frayba, Pedro Faro Navarro, relató en una audiencia pública de la CIDH –un mes antes de ser aceptado- que en 1996 inició una nueva etapa del conflicto armado interno en Chiapas como respuesta a la creación del Municipio Autónoma Rebelde Zapatista de San Pedo Polhó.

Para minar el apoyo de la población civil a la guerrilla en las zonas de los Altos, el gobierno actuó a través de acciones paramilitares.

Según la información que dio la organización, la masacre fue planeada varios días antes por el Ejército mexicano y su Fuerza de Tarea Arcoíris comandada por el General Mario Renán Castillo, la estrategia fue revelada en un documento conocido como “Plan Campaña Chiapas 94”.

El 22 de diciembre a las 11 horas en Acteal, en el campamento de desplazados “Los Naranjos”, los paramilitares del grupo "Máscara Roja" asesinaron a 18 mujeres adultas, cuatro de ellas embarazadas, 7 hombres, 16 mujeres menores de 17 años de edad, y 4 niños entre los 15 y 2 años.

Sin embargo, el Estado mexicano sostiene que el conflicto se trató de una riña intercomunitaria e incluso interfamiliar. Hasta ahora no se ha sancionado o investigado a los autores materiales e intelectuales de los hechos.

ACUSAN INTERESES POLÍTICOS

Por su parte la asociación Centro de Derechos Humanos Ku’untik,  acusó en un pronunciamiento que los grupos paramilitares actúan por los intereses de la alcaldesa del municipio de Chenalhó, Rosa Pérez Pérez, quien dijeron, “disputa las tierras colindantes con Chalchihuitan y persigue a sus opositores”.

La parroquia de Chenalhó también se pronunció en un comunicado y dijo que el conflicto es parte de las acciones de los gobiernos estatales, por lo que pidió a las comunidades dialogar y permanecer en paz, e hicieron un recordatorio de la matanza de Acteal.

El Centro Frayba coincidió, “es clara la responsabilidad de los distintos niveles del gobierno que han permitido que esta situación se torne de emergencia humanitaria. Además se ha evidenciado la incapacidad de las autoridades en atender las causas y los efectos de la violencia”, concluyó.

CIMACFoto: César Martínez López

Por: Hazel Zamora Mendieta

Cimacnoticias | Ciudad de México

4/05/2017

De 2009 a enero de 2017, en México 310 mil 527 personas fueron víctima de desplazamiento interno forzado: CMDPDH


 “Dentro del marco de inseguridad y violencia en México, en un clima de corrupción e impunidad se han generado enfrentamientos prolongados entre las fuerzas armadas y de seguridad contra grupos del crimen organizado, las desapariciones, secuestros, reclutamientos forzados, asaltos, robos de bienes materiales, extorsiones, amenazas, desalojos arbitrarios, violaciones graves a los derechos humanos, ejercidas por autoridades municipales, estatales y federales, generalizadas o sistemáticas, han sentado las bases para una nueva ola de desplazamiento interno forzado en el país”, denuncia la Comisión Mexicana de Defensa y Protección de los Derechos Humanos (CMDPDH).

Lo anterior como parte de su informe Desplazamiento interno forzado en México. En donde además, señala que las víctimas de desplazamiento son por lo general niños, niñas y adolescentes, indígenas, estudiantes, profesionistas, adultos mayores, campesinos, pequeños propietarios de negocios, empresarios, activistas, periodistas, defensores de derechos humanos, funcionarios públicos y mayoritariamente mujeres, madres de familia que ante eventos de violencia se ven obligadas a huir con la finalidad de salvaguardar su vida y la del resto de su familia llevando con ellas niñas, niños y ancianos.
En cuanto a cifras, en 2016 el sector indígena fue el más afectado, en al menos 7 eventos de desplazamiento interno forzado. El desplazamiento en México ha sido tanto un recurso reactivo como preventivo.
“Las y los desplazados huyen de sus hogares de residencia habitual ya sea como consecuencia de actos criminales y violaciones de derechos humanos cometidos en su contra o hacia su familia, o bien, como consecuencia del temor fundado de ser víctimas ante un clima generalizado de inseguridad y de impunidad”, señala la Comisión.
Además, indica que durante el año 2016 se registraron 29 episodios de desplazamiento masivo en el país, impactando en al menos 23,169 personas, en 12 entidades del país: Chiapas, Chihuahua, Durango, Guerrero, Hidalgo, Jalisco, Michoacán, Oaxaca, Sinaloa, Tamaulipas, Veracruz y Zacatecas.
De estos episodios de desplazamiento 20 fueron causados de manera directa por la violencia. Es decir, en 2016 al menos 21,031 personas tuvieron que abandonar su lugar de residencia de manera temporal o permanente con la intención de salvaguardar su vida a causa de la violencia.
Durante el periodo de 2009 a enero de 2017, en México 310,527 personas que tuvieron que desplazarse de manera interna debido a la violencia o por conflictos territoriales, religiosos o políticos. En tanto, Michoacán fue el mayor expulsor de población con motivo de violencia. Al menos 10 mil personas fueron desplazadas por violencia en el estado, informó la CMDPDH.
Y suma que dentro del estado se llevó a cabo un desplazamiento masivo de población que no fue debidamente registrado por los medios de comunicación en los días 23 y 24 de mayo; sin embargo, de manera inmediata y en el transcurso de los siguientes meses, la misma cantidad de población proveniente del estado de Michoacán fue registrada por autoridades y organizaciones civiles en Tijuana.
“La localidad de Huixiopa, perteneciente al municipio de Badiraguato en el estado de Sinaloa, fue la que presentó un mayor número de eventos de desplazamiento. A lo largo del 2016, tres veces se registraron eventos de desplazamiento interno masivo en la localidad. En una de las ocasiones el desplazamiento fue llevado a cabo por más del 96% de sus habitantes”, señala.
Es por esto que la CMDPDH que frente a la ausencia de reconocimiento gubernamental y de políticas públicas de prevención y de atención integral y soluciones duraderas para las víctimas de desplazamiento interno en México, la población víctima de desplazamiento interno forzado continúa en aumento.
“En el año 2016, al menos 23,169 personas se convirtieron en víctimas de desplazamiento interno forzado, sumándose a las cientos de miles de víctimas que a la fecha permanecen en un estado de profunda vulnerabilidad debido a la ausencia de reconocimiento y cobertura gubernamental”, reitera la Organización.

2/25/2017

Hay más de 30 millones de refugiadas o desplazadas en el mundo: CEDAW


Insoslayable violación a sus DH

De los 65 millones de personas refugiadas y desplazadas por las guerras y el cambio climático en el mundo, el 49 por ciento son mujeres. Constituyen el mayor desplazamiento forzado desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, y la violación de sus derechos humanos es insoslayable. Así lo señala el informe sobre refugiadas del Estado español, que debatió el 18 de febrero la Plataforma CEDAW Sombra y que será presentado en julio próximo. 

La Comisión Europea lanzó en mayo la Agenda Europea de Migración para salvar vidas, aumentar los Fondos de Asilo, Migración e Integración a los países de frontera exterior y “cuotas de solidaridad" entre los estados miembros.

En junio se comprometió a la reubicación en otro país de 160 mil personas que ya estaban y habían pedido asilo en la Unión Europea (UE), sobre todo en Grecia e Italia, y al reasentamiento de 22 mil procedentes de campamentos de personas refugiadas fuera de Europa, mayormente de Líbano, Turquía y Jordania, donde hay 3 millones.

El Consejo de la UE de septiembre de 2015 rebajó los objetivos, ante la escasa acogida general y el veto de Polonia, Hungría, República Checa y Eslovaquia, pese a la normativa existente.

Un año después, sólo había acogido al 7 por ciento, y el cierre de fronteras ha dejado, solo en 2016, 4 mil 700 cadáveres en el Mediterráneo, mil muertes más que en 2015. El 7 de marzo de 2016, el Consejo de la UE acordaba la ‘externalización a Turquía’ del derecho europeo de asilo, y la devolución en masa de cientos de miles de personas refugiadas.

España, con el 9 por ciento de la población de la UE, se comprometió en junio 2015 a reubicar antes de septiembre 2017 a 15 mil 888 (9 mil 323 desde Grecia e Italia) y reasentar a mil 449, pero a 23 de enero 2017 solo ha proporcionado reubicación a 745 personas y reasentamiento a 289 (previsiblemente incrementadas pronto por unas 200 procedentes de Turquía), en total  mil 34 personas, mayoritariamente sirias, iraquíes y eritreas. Un incumplimiento del 94 por ciento de su compromiso.

CIERRE DE FRONTERAS Y TRÁFICO

En “Asilo en cifras 2015”, de Eurostat, de sus 22 tablas de datos, solo 4 cuatro se desglosan por sexos. Al cerrarse las vías legales y seguras de entrada en la UE, aumenta el negocio de los traficantes, que sufren especialmente mujeres y niñas. Se requiere también una actuación urgente que permita solicitar asilo o visados humanitarios, que contempla el marco legal español y europeo, pero no se han desarrollado por falta de voluntad política. Y hay que recordar que subsisten las devoluciones en caliente que las autoridades españolas llevan a cabo en las fronteras de Ceuta y Melilla.

El 8 de marzo 2016 se aprobó la Resolución del Parlamento Europeo sobre la situación de las mujeres refugiadas y solicitantes de asilo en la UE, señalando que desde el verano 2015 son mujeres, niñas y niños el 55 por ciento del millón de personas refugiadas llegadas a Europa y que las mujeres y las niñas sufren violaciones, extorsiones, matrimonios precoces y forzados, prostitución, sexo forzado y trabajos degradantes en origen, tránsito y destino.

La Resolución llama a evitar las muertes en las fronteras, abrir vías seguras y legales hacia la UE y que las normas sobre migración no impidan el asilo. También propone repartir la acogida entre los 28 Estados miembros y reconocer mutuamente las concesiones de asilo, inscribir individualmente a las mujeres, para garantizar su seguridad, libertad y servicios, que participen en el reparto de alimentos y ayudas a las familias y en los comités de personas refugiadas, identificar y proteger a solicitantes de asilo vulnerables a la Mutilación Genital Femenina (MGF) y a la persecución de población Lésbica, Gay, Transexual, Transgénero, Travesti y Bisexual (LGTB).

Asimismo, sugiere que la UE ratifique y aplique el Convenio de Estambul, recuerda que el Internamiento de migrantes o solicitantes de asilo debe ser la excepción y nunca de niñas, niños o embarazadas, plantea investigar todas las denuncias de abusos sexuales y violencia de género en los Centros de Detención de Inmigrantes o en las fronteras, y facilitar acceso de los periodistas y las ONG, así como garantizar fondos para que las autoridades regionales y locales promuevan la integración laboral, social y política de refugiadas, su contacto con autóctonas y la atención a los niñas y niños.

SOLIDARIDAD CON REFUGIADAS

En los años 2015 y 2016 la solidaridad con las personas refugiadas ha dejado de ser exclusiva de las ONG especializadas, aunque sólo el 0.4 por ciento de la población declara preocuparse por ello (CIS, mayo 2016). Ante la falta de voluntad política del gobierno para garantizar la protección y los derechos de las personas refugiadas, numerosas organizaciones sociales han realizado acciones reivindicativas y de solidaridad.

Se han llevado a cabo concentraciones, movilizaciones, publicaciones específicas como las desarrolladas por Pikara e informes realizados por organizaciones como Women´s Link Worldwide, campañas de recogida de ayuda humanitaria, como la del Consejo de Mujeres de Gijón (Asturias) en 2017 recogiendo tampones, compresas y pañales, para los campamentos en Grecia.

La Caravana a Grecia realizada del 15 al 25 de julio del 2016 y que, tras un encuentro estatal en noviembre del 2016 se repetirá en 2017. La Plataforma CEDAW Sombra organizó una Jornada sobre Mujeres Refugiadas el 23 de abril de 2016 en Madrid, que reunió a 303 activistas de organizaciones feministas, de derechos humanos y de desarrollo, sindicatos, partidos, responsables y profesionales de administraciones locales, autonómicas y estatal.

Tras una concentración en el Parlamento, enviaron un Manifiesto firmado por 183 ONG a los Ministros de Asuntos Exteriores y Cooperación, y su Oficina de Derechos Humanos; del Interior y su Oficina de Asilo y Refugio y de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad y el Instituto de la Mujer. No se ha obtenido ninguna respuesta.

ASILO SIN PERSPECTIVA DE GÉNERO

Las autoras del informe que estudia el grado de cumplimiento de las recomendaciones de la CEDAW aseguran que no han obtenido el dato de cuantas mujeres presentan solicitud individual, y en qué relación con su familia. “La ausencia de datos es un dato”, afirmaba Maje Girona durante la presentación del borrador. Una vez concedido el asilo al solicitante principal o a una o un menor de edad,  no se le concede automáticamente al resto de la familia (punto 42 de la RG32) sino en un proceso de extensión del asilo que es muy complicado.

En puntos fronterizos, aeropuertos y puertos internacionales (la proporción de personas que ha entrado en pateras o por los Pirineos es menor) no hay personal idóneo para tramitar solicitudes de asilo, lo que sumado al cierre y externalización de fronteras, restringe o anula el derecho al asilo. Miles de mujeres, niñas y niños no sólo están sometidos a largos y arriesgados trayectos, sino que en territorio europeo tampoco cuentan con condiciones mínimas de alimentación, cobijo, salud y seguridad.

En algunos CIE se han mejorado las condiciones bajo mínimos y se permite el acceso, con horarios muy restringidos, de ONG humanitarias y jurídicas, que insisten en que es necesario seguir mejorando las condiciones de vida de las personas recluidas. Son frecuentes los amotinamientos, como los del CIE de Aluche en Madrid.

El procedimiento de asilo y los plazos establecidos tampoco se realizan con la debida diligencia y la falta de personal, de traductores, de abogados y abogadas y el escaso plazo para recurrir impide que el procedimiento de asilo se realice de manera individualizada aplicando una perspectiva de género y de derechos de la infancia.

“No nos consta que haya un mecanismo para la pronta identificación de las mujeres solicitantes específicas de protección y asistencia, mujeres con discapacidad, niñas no acompañadas, víctimas de traumas, de trata o de prostitución forzada, de violencia sexual, tortura o maltrato, ni medidas de acción positiva. En algunos centros grandes hay choques de culturas y los estereotipos de género se repiten en los centros y pisos de acogida, asignando un papel pasivo en los conflictos de convivencia.

El documento también recuerda que “la solicitud de asilo no es un acto ilícito y no debe penalizarse, tampoco mediante reclusión, a las mujeres solicitantes de asilo por entrar o permanecer de forma ilegal y nunca debe internarse a menores y madres con hijos e hijas lactantes o menores de edad”.

Imagen retomada del portal de AmecoPress. Por: Gloria López
Cimacnoticias/AmecoPress | Madrid, Esp .- 

12/01/2016

Los cambios en la sociedad civil: del Caso Martí a las brigadas que buscan fosas


Diez años de guerra.Como hemos cambiado

La violencia ha provocado que los ciudadanos deban hacer el trabajo que el Estado ha dejado de hacer. Estas organizaciones son las que están desenterrando a sus desaparecidos por todo el país.

Todo empezó con un grupo de Whatsapp. En él la veracruzana Lucy Díaz comenzó a compartir con otras cinco madres de familia el peso de la incertidumbre y la angustia de no tener noticias de su hijo Luis, secuestrado en el Puerto de Veracruz en 2013. 


Al principio sólo era eso: una válvula de escape para aliviar el peso aplastante de la depresión. El grupo fue creciendo y, además de palabras de consuelo, las mujeres comenzaron a intercambiar consejos prácticos sobre cómo levantar denuncias por desaparición forzada o secuestro. También a organizarse para ir a Xalapa a demandar resultados a las autoridades o para exigir una entrevista con el gobernador. 

-Tocamos todas las puertas –asegura en entrevista Lucy Díaz-. Incluso, fuimos en una ocasión a hablar con (el ex gobernador) Javier Duarte y se comprometió con nosotras a recibirnos cada 15 días para darnos información de nuestros casos. 

Pero nunca lo cumplió. Ni tampoco las autoridades ministeriales que prometieron una y otra vez que investigarían las desapariciones. Lucy y muchas otras madres tuvieron que dejar sus trabajos, sus familias y buena parte de sus vidas para convertirse en los propios agentes ministeriales y peritos forenses de sus casos. 

-Nos dimos cuenta de que si el Gobierno era el que iba a hacer la búsqueda de nuestros hijos, las madres jamás volveríamos a saber de ellos, ni sabríamos nunca la verdad de lo que les sucedió –dice Lucy y después se pregunta cómo podría el Estado investigarse y castigarse a sí mismo por las desapariciones forzadas cometidas por sus autoridades, como el caso de los 43 normalistas de Ayotzinapa, en Guerrero. 

Como respuesta, Lucy plantea que organizarse como un grupo de madres para hacer presión a las autoridades ya no era suficiente. Necesitaban pasar a la acción. Tomar con sus manos el pico, la pala y las varillas de fierro y remover la tierra en busca de sus seres queridos. 

Fue así como en 2014 las madres abandonaron el grupo de Whatsapp y crearon el Colectivo Solecito, una brigada en la que actualmente participan 50 mujeres cuya labor ya ha dado resultados tangibles: en septiembre de este año encontró en el Puerto de Veracruz un predio en el que a la fecha se han localizado 105 fosas clandestinas, con un número todavía por determinar de cadáveres que esperan ser identificados. 

-Este es el ejemplo de que en México si quieres que algo suceda tienes que hacerlo tú mismo –dice Díaz-. Porque el Estado no lo va a hacer por ti. 

Para Lucy este hallazgo, junto con otros como el que realizó la Brigada Nacional de Búsqueda de Personas Desaparecidas, que el pasado abril encontró 15 fosas en tan solo 15 días de rastreo en la zona centro de Veracruz, es el resultado de una sociedad empoderada que reaccionó ante la violencia y la inoperancia del Estado. Una sociedad que ya en 2008 dio el primer aviso de que no se quedaría con los brazos cruzados ante los muertos y los desaparecidos de la violencia de la guerra contra el narcotráfico.



Del ‘caso Martí’ a la ‘Ley Sicilia’



Vestidos de blanco y con pancartas que rezaban “Si no pueden, renuncien”, el 30 de agosto de 2008 miles de personas salieron a las calles de México para protestar contra la violencia. La marcha Iluminemos México estuvo encabezada por el empresario Alejandro Martí, cuyo hijo Fernando había sido asesinado un mes antes, tras ser secuestrado. 

Esta fue la primera gran movilización social durante la guerra contra el narcotráfico que, además, dio como resultado la firma del ‘Acuerdo Nacional por la Seguridad, la Justicia y la Legalidad’, en el cual se incluyeron varias demandas ciudadanas en materia de seguridad, como realizar una depuración a fondo de los elementos policiacos del país. 

Sin embargo, aunque los medios titularon este acuerdo entre gobierno y ciudadanos como “histórico”, los asesinatos y las desapariciones continuaron. 

Poco menos de tres años después, en abril de 2011, el asesinato del hijo del poeta Javier Sicilia volvió a convulsionar al país, y desencadenó en mayo de ese año la Marcha por la Paz. Una movilización que a su vez supuso el punto de partida para la creación del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad y para la realización de varias caravana, en las que Sicilia, activistas y familiares de víctimas, recorrieron México y Estados Unidos para exigir un alto al tráfico de armas y al consumo de drogas. 

Fue al término de la ‘Caravana del Consuelo’ el 10 de junio de 2011, en Ciudad Juárez, que diversas organizaciones ciudadanas anunciaron un nuevo pacto nacional ciudadano contra la inseguridad e hicieron un llamado al gobierno de Felipe Calderón para iniciar un diálogo. 

Días después, el 23 de junio, el Movimiento por la Paz y la administración de Calderón iniciaron los llamados ‘Diálogos por la Paz’ en el Castillo de Chapultepec, en la Ciudad de México. En los encuentros participaron víctimas de la ‘guerra contra el narco’, el presidente Calderón, y parte de su gabinete de seguridad. Entre las demandas ciudadanas destacaron dos: la desmilitarización de la política de seguridad del país y la creación de una Ley General de Víctimas. 

Aunque la primera demanda no ha sido cumplida hasta la fecha –con el presidente Peña Nieto el Ejército continúa patrullando las calles haciendo labores policiacas-, el 30 de abril de 2012 el Senado mexicano aprobó la minuta de la nueva Ley de Víctimas –también conocida como Ley Sicilia-, la cual plantea acciones para reparar el daño a las víctimas de la violencia. 

Javier Sicilia e integrantes del Movimiento por la Paz recibieron la noticia en el Senado con gritos de “¡Sí se pudo!”. Pero meses más tarde, el 6 de julio de 2012, el presidente Felipe Calderón congeló la ley y la regreso al Congreso tras argumentar que la propuesta tenía “varios errores”. 

Fue hasta enero de 2013, ya con Peña Nieto en Los Pinos, cuando se promulgó la Ley General de Víctimas, la cual incluyó buena parte de las demandas ciudadanas que surgieron tras los movimientos sociales por los casos Martí y Sicilia. 

Por ejemplo, se creó la Comisión Ejecutiva de Atención a las Víctimas (CEAV), el órgano operativo de la Ley General de Víctimas que busca atender a los ciudadanos que han sufrido delitos o violaciones a sus derechos humanos, y otorgarles una reparación integral del daño.


De Ayotzinapa a las brigadas ciudadanas



El 26 de septiembre de 2014 otro hecho violento marcó un punto de inflexión en la relación entre las víctimas y el Estado mexicano. Ese día 43 estudiantes de la normal de Ayotzinapa fueron atacados por policías municipales de Iguala y Cocula, en Guerrero, y entregados al crimen organizado. 

La falta de resultados de la investigación policial en este caso –más de dos años después, el Gobierno Federal aún no ha sido capaz de esclarecer los hechos-, originaron nuevas marchas multitudinarias en el país, y el surgimiento paulatino de nuevas brigadas ciudadanas integradas por organizaciones civiles y por familiares de víctimas de desaparición forzada. 

Además del Colectivo Solecito, la Red Enlaces, y de la Brigada Nacional de Búsqueda de Personas Desaparecidas, que está integrada por múltiples víctimas y organizaciones civiles de estados como Coahuila, Sinaloa, Morelos, Chihuahua y Nuevo León, el grupo ‘Los otros desaparecidos de Iguala’, en Guerrero, también ha conseguido resultados tangibles sin la ayuda de las autoridades: en 2015, esta brigada integró una lista con 360 desaparecidos (60 más que los registrados oficialmente ese año) y encontró decenas de cuerpos en fosas clandestinas. 

Asimismo, las organizaciones civiles también ejercieron una fuerte presión para que el Proyecto de Ley para prevenir la Desaparición Forzada, en discusión en el Senado desde diciembre de 2015, incluyera algunos de los 11 puntos que las víctimas exigían, como que dicha ley sea obligatoria para todas las instituciones de los tres niveles de gobierno. 

E incluso, ayer mismo, 29 de noviembre, organizaciones de víctimas presentaron sus propuestas para la Nueva Fiscalía General de la República, para la que exigen un fiscal que sea “independiente” del Gobierno Federal. Por lo pronto, y ante la presión social, el presidente Peña Nieto envió ayer una iniciativa al Senado para que Raúl Cervantes, actual procurador vinculado al PRI, no se convierta en automático en el nuevo Fiscal de la nación cuando se dé la transición a ese organismo.


“Hay una evolución, pero no es el movimiento que necesita un país con miles de desaparecidos”



Perseo Quiroz, director ejecutivo de Amnistía Internacional México (AI), destaca que la aprobación de la Ley General de Víctimas y la discusión de nuevas iniciativas como la ley para prevenir la desaparición forzada, son logros de las víctimas y de la sociedad civil a lo largo de estos 10 años. 

No obstante, para el integrante de AI aunque estos logros “son significativos”, los avances también han sido “pequeños”. Y pone como ejemplo la Comisión de Atención a Víctimas, la cual ha recibido críticas por parte de la sociedad civil y de las víctimas, debido a que “no tiene un comisionado independiente y autónomo, que de verdad esté dispuesto a enfrentar los problemas de las víctimas”. 

En estén sentido, Quiroz señala que hacer una reforma a la ley de víctimas (que se encuentra en discusión en el Senado) está bien, pero en su opinión México necesita “un viraje completo” de su política de seguridad “y lograr un enfoque de derechos humanos”. Algo que, hasta el momento, la presión social no ha logrado. 

Por su parte, Lucy Díaz, considera que en estos 10 años de ‘guerra contra el narcotráfico’ “sí ha habido una evolución de la sociedad y de las víctimas”. Pero la activista también cree que el avance no es suficiente. O al menos, no se está dando al ritmo que requiere la gravedad del problema. 

-No estamos ante el movimiento social que debería haber en un país con más de 100 mil desaparecidos –critica la integrante de Solecito-. Estamos hablando de un cantidad tremenda de desaparecidos. Y sin embargo, el movimiento de la sociedad mexicana es insignificante para el gran problema que tenemos.  

11/30/2016

Desplazamiento forzado: el saldo oculto de la guerra


La crisis de los desplazados por violencia apenas comienza en México: casi una tercera parte de sus municipios tienen menos habitantes que antes de que los homicidios se generalizaran en el país.  



La violencia homicida

En el país cada año nacen más personas de las que fallecen gracias a lo cual la población del país crece, según estimaciones oficiales, a un ritmo de 1.4% anual. Esta tendencia permanece desde el año 2000, según el Instituto Nacional de Geografía y Estadística (INEGI).

Sin embargo, en los últimos 10 años, en el mapa surgieron y comenzaron a expandirse algunos puntos en los que la tendencia fue a la inversa: zonas que, en vez de tener cada vez más habitantes, comenzaron a perder población.

Los registros censales e intercensales del INEGI señalan que, sólo entre 2010 y 2015, 691 municipios del país comenzaron a despoblarse.

¿Qué ha ocurrido para que en el 28% del total de los ayuntamientos la población decidiera irse?

Según el "Informe especial sobre desplazamiento forzado interno en México", que presentó la Comisión Nacional de los Derechos Humanos en mayo pasado, la movilidad de las personas registrada en el país en los últimos años es originada por "una violencia diferente". Esta es ejercida por "grupos armados que están azotando diversas partes del territorio nacional", y cuya operación "no se ha podido frenar por parte de las autoridades".

Este diciembre se cumple una década desde la puesta en marcha de la que popularmente se denominó "Guerra contra el narco" y, aunque es difícil determinar con exactitud los resultados obtenidos con esta estrategia oficial, algunos rasgos de esta confrontación entre fuerzas públicas y grupos criminales sí pueden analizarse.

Estadísticas del INEGI dejan ver, por ejemplo, que entre 2006 y 2010 en 827 municipios del país se experimentó un aumento en la tasa de homicidios por cada 100 mil habitantes: en ellos hubo un incremento repentino de la violencia homicida, que coincide con el inicio de la guerra contra el narco.

La violencia continuó aún después del cambio de administración federal: entre 2011 y 2015 (los últimos dos años de gobierno del ex presidente Felipe Calderón y los primeros tres del presidente Enrique Peña Nieto), se registró un nuevo incremento en 106 de esos municipios que ya habían sido impactados al inicio de la guerra.

En este último lustro, otros 275 municipios se sumaron a la lista de localidades en las que aumentaron los homicidios. Así, entre 2010 y 2015, un total de mil 102 municipios del país sufrieron un aumento en esta violencia homicida. Eso equivale a 49% de los municipios del país.

Desplazamiento


Las estadísticas oficiales también dejan ver que, durante los primeros cuatro años de confrontación entre las fuerzas públicas y grupos criminales, 246 municipios del país comenzaron a perder su población. Esto creció durante los dos últimos años de gobierno de Calderón y los primeros tres de Peña.

Las estadísticas del INEGI señalan que entre 2010 y 2015 el número de municipios que redujeron su población llegó hasta 691 ayuntamientos.

Este fenómeno fue documentado en octubre de 2015 por una delegación de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos que visitó México. Después informó que una "de las graves violaciones a derechos humanos que ha generado las diversas formas de violencia que se han venido dando en México, durante los últimos años, tiene que ver con el desplazamiento interno forzado".

Según las observaciones preliminares de la visita del organismo interamericano, esta violencia es ejercida por "grupos del crimen organizado, los cuales, en algunos casos, se encuentran coludidos con agentes estatales".

Uno de los testimonios recabados por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos ilustra dicha violencia: "Fuimos desplazados por la delincuencia organizada –narró una víctima de Guerrero–. Somos 58 familias y entre esas 58 familias llevamos 27 muertos y tres desaparecidos. Fuimos atacados en nuestras casas.

Llegaron cinco veces a atacarnos en las casas. Ahí mataron, son 27 (víctimas fatales). Una niña de ocho años vio cómo mataron a su mamá y a su hermano. Fue en 2012. Querían madera, plantar drogas y los minerales que hay ahí".

Esta problemática, sin embargo, "no ha sido documentada y analizada de forma integral por el Estado (Mexicano), lo cual constituye el principal obstáculo, de cara a la respuesta integral que México debe darle a este fenómeno", tal como concluyó la Comisión Interamericana, al presentar en diciembre de 2015 su Informe sobre la Situación de los Derechos Humanos en el país.

Fuente : http://www.animalpolitico.com/diez-de-guerra/desplazados.html

11/28/2016

10 años de guerra: cómo hemos cambiado


Animal Político
El 11 de diciembre de 2006 el entonces presidente Felipe Calderón dio la orden de enviar 7 mil soldados a Michoacán, su estado natal, para combatir al crimen o1rganizado. Cuatro meses antes, el 6 de septiembre, el cártel La Familia Michoacana había arrojado cinco cabezas humanas en un club nocturno de Uruapan.
Han pasado 10 años desde el día en que comenzó la Guerra contra las drogas y el país es muy distinto hoy, en muchos aspectos, a lo que era en ese momento. En Animal Político, más allá de posturas y filias o fobias, queremos explicarnos qué ha pasado en México y cómo hemos cambiado.
Hay muchos factores a explicar. Por ejemplo, la violencia. Pasamos de tener un índice de homicidios de ocho por cada 100 mil habitantes en 2007 a un máximo de 23.5 en 2011. La cifra disminuyó los siguientes años, pero hoy va en aumento: este año puede ser el de mayor violencia desde 2012.
Para no hablar sólo de cifras, el equipo de Data Cívica realizó cuatro gráficos interactivos en los cuales podrás saber cuánta gente como tú —de los más de 150 mil homicidios que se han cometido esta década— ha padecido las consecuencias de este enfrentamiento.

Un tema poco conocido —y no reconocido por las autoridades gubernamentales hasta el momento— es el del desplazamiento forzado interno: miles de personas que, por miedo, han tenido que dejar sus casas y buscar una vida en otro sitio del país. Para la Comisión Nacional de los Derechos Humanos esta es una crisis que no se ha querido reconocer. En este especial están los números de personas que han migrado de sus municipios y la mayor parte de ellos se encuentran en zonas de alta violencia. También sus historias, para entender por lo que han tenido que pasar.

La crisis que sí se reconoce pero que continúa creciendo es la de las desapariciones. Ha sido la sociedad civil la que ha tenido que tomar palas y picos y buscar a sus familiares y amigos en cerros y jardines, desenterrarlos, la que ha tenido que organizarse para cumplir las tareas que deberían hacer las autoridades. Su participación en este momento es fundamental para entender cómo el Estado ha quedado rebasado en distintas tareas.

La sociedad no es la única que ha ido desgastándose a diario. Las fuerzas armadas también han tenido que involucrarse en una guerra ante la que no estaban preparadas. El número de soldados muertos en enfrentamientos sigue creciendo, aunque el número de civiles lo hace aún más. El problema es que la sociedad en este momento no puede conocer las cifras de los civiles muertos en estos enfrentamientos los últimos cuatro años.

Esta guerra no se entiende sin los cambios que ha habido en el crimen organizado y la evolución de pequeños cárteles a líderes a nivel global. El Cártel Jalisco Nueva Generación es un ejemplo de ello no sólo a nivel local, sino que ya se ha expandido a al menos dos continentes y también a Estados Unidos y Canadá.

Este especial es la aportación de Animal Político para entender qué ha pasado y cómo hemos cambiado en esta década de guerra.  

Mael Vallejo

Editor general de Animal Político

11/06/2016

"Abandonados o en manos del crimen", decenas de pueblos


Es más fácil para las empresas asentarse en poblados abandonados: Centro Morelos
El crimen organizado opera como brazo armado de las mineras en Guerrero

Hermann Bellinghausen
Periódico La Jornada

Foto
Decenas de familias de la comunidad de El Cubo y El Guayabo se desplazaron
a la cabecera municipal de San Miguel Totolapan, Guerrero, por los enfrentamientos entre
grupos rivales de la delincuencia organizada Foto Víctor Camacho
En la sierra de Guerrero, entre la Costa Grande y la Tierra Caliente, decenas de poblados y núcleos ejidales se encuentran abandonados o en poder de la delincuencia organizada. Están prácticamente deshabitados, salvo por los pobladores que aceptaron o fueron obligados a trabajar para los criminales. Manuel Olivares, director del Centro Regional de Derechos Humanos José María Morelos y Pavón (Centro Morelos), con sede en Chilapa, Guerrero, describe la situación con elocuencia.
Señala que detrás de esta condición están los intereses de las empresas mineras, tanto trasnacionales como nacionales. La delincuencia organizada opera como brazo paramilitar de ellas. Aunque no existe un registro completo de los afectados, se trata de centenares de familias en circunstancias trágicas, muchas de ellas dispersas en la entidad, el resto del país o en Estados Unidos.
En la llamada región Sierra de Guerrero hay comunidades deshabitadas por completo, en los municipios de San Miguel Totolapan, Ajuchitlán del Progreso, Arcelia y Coyuca de Catalán, refiere Olivares. La Laguna, por ejemplo, se encuentra deshabitada desde 2011. Lo mismo en las partes serranas de la Costa Grande, en los municipios de Petatlán, Coyuca de Benítez y otros.
Entrevistado por La Jornada, Olivares destaca sin ironía alguna: Casualmente, en todas esas localidades existen varias concesiones mineras que no se habían podido instalar a causa de los ejidos y poblados que se resistían. Casi todos los ejidos que actualmente sufren ocupación de la delincuencia organizada se habían negado a titular sus parcelas con los programas de Certificación de Derechos Ejidales y Titulación de Solares Urbanos (Procede) y el de Certificación de Derechos Comunales (Procecom) del gobierno.
Para las mineras resulta más sencillo operar en tierras despobladas que lidiar con asambleas ejidales y comunitarias, así que los ejidos fueron dispersados. Comisariados y delegados ejidales han huido con sus familias, al igual que los demás ejidatarios o comuneros. Muchas veces dejan atrás la documentación del territorio que tienen. En los hechos se volvieron tierras desocupadas, algunas hace más de cinco años. De acuerdo con la ley, si nadie las habita ni trabaja, se consideran abandonadas.
Un caso: Guajes de Ayala. Salieron casi todos, incluidas sus autoridades. Ahora no tienen documentos que prueben su calidad de ejidatarios. Pero “no toda la gente dejó los anexos. De 16 mil hectáreas, sólo 5 mil están sin dueño. En las otras, la gente que se quedó paga ‘impuesto’ o trabaja para las organizaciones criminales”, agrega el director del Centro Morelos, el cual lleva decenas de casos de desaparición en la región, todos en el contexto de la invasión de la delincuencia organizada. Las familias que buscan a sus hijas e hijos suman decenas.
“Las mujeres son un verdadero botín de guerra. Ahí ve uno a las muchachitas viviendo con los narcos. Las mujeres y los niños son los que más sufren; no queda ningún código de honor, ningún derecho. Los hombres y jóvenes sirven para el sicariato, cultivan amapola o mariguana, les trabajan”.
Olivares expone que otro factor de esta situación desesperada es “la lucha entre las organizaciones criminales por el control de territorio y la ‘necesidad’ que tienen de mayores extensiones de tierra. Y como también requieren mano de obra, incorporan la población al grupo o le exigen recursos económicos. Por eso tantos se van; es insoportable”.
La dispersión de las comunidades llega ser total. Algunas decenas de familias se han refugiado en otros municipios de Guerrero. Pero son incontables las familias que migraron a Michoacán, Jalisco, Baja California o Estados Unidos, y ahora son jornaleros. El Centro Morelos trabaja ahora con grupos de nueve, 16 o 34 familias desplazadas en la misma entidad, que reclaman sus tierras y el derecho a vivirlas y trabajarlas.
A la pregunta de si se trata de comunidades indígenas, Manuel Olivares responde terminante: No lo son. Los lugares abandonados estaban habitados por campesinos mestizos o pueblos que dejaron sus lenguas y costumbres hace tiempo. Resulta más fácil que ellos abandonen sus ejidos. Los pueblos indígenas tienen una cosmovisión diferente respecto de la tierra y la oposición a las minas y la delincuencia organizada. En las comunidades indígenas de la Montaña, la Sierra y la Costa se han formado policías comunitarias para contener la delincuencia y la minería.
Así, las comunidades indígenas se defienden y no abandonan tan fácil sus lugares en estas y otras regiones de Guerrero, también asoladas por la delincuencia y codiciadas por las mineras.