El acrónimo GAFAM se refiere a las cinco grandes empresas
tecnológicas estadounidenses: Google, Amazon, Facebook, Apple y
Microsoft. Estos gigantes tecnológicos están entre las marcas más valiosas del mundo desde finales de la última década. Cada una se ha especializado en ámbitos como el software, hardware,
servicios de mensajería o la publicidad en línea, pero no compiten
entre sí por productos concretos, sino como un todo. Las GAFAM han
crecido en los últimos años gracias a su enorme inversión en desarrollo y
adquiriendo otras empresas emergentes, eliminando de paso a posibles futuros competidores.
Otro rasgo común de estos gigantes tecnológicos es la gran
importancia que tiene para su negocio recopilar información sobre sus
usuarios, el llamado big data.
Los datos son útiles sobre todo para Facebook y Google, que dependen de
la publicidad y estudian a sus usuarios para mostrarles anuncios
personalizados. Microsoft, Amazon y Apple centran su negocio en la venta
de productos, pero también recopilan información sobre sus usuarios,
como su ubicación o el tipo de dispositivos que usan. Por ello, los
productos de las GAFAM están cada vez más orientados a este objetivo.
Dos ejemplos de ello son los dispositivos que un usuario puede llevar
puestos, conocidos como wearables
(‘ponibles’), como los relojes inteligentes que recopilan datos
biométricos, o redes sociales como Facebook o Instagram, que recogen
gustos y preferencias.
Aunque Google, Amazon, Facebook, Apple y Microsoft llevan años
dominando el sector de las tecnologías de la información, el alza de las
BATX, sus homólogas chinas, podría poner en peligro su hegemonía.
Las siglas BATX corresponden a Baidu, Alibaba, Tencent y Xiaomi, que
controlan desde hace años el mercado chino y se están expandiendo a
nivel en el extranjero. Además de estos gigantes tecnológicos asiáticos,
las GAFAM tienen competidores estadounidenses en algunos sectores, como
el de la música en streaming,liderado por Spotify.
Otras empresas que pueden alzarse como competidoras son Netflix, Airbnb, Tesla y Uber
(conocidas por las siglas NATU), cuatro jóvenes compañías tecnológicas
estadounidenses que crecen rápidamente. Sus productos han revolucionado
el consumo de películas y series, el alojamiento de viajeros, la
industria automovilística y el transporte urbano de viajeros,
respectivamente.
Algoritmo, una palabra para que los errores de los programadores sean aceptables
Vivimos en la época de los algoritmos. Las decisiones que afectan a
nuestras vidas no están hechas por humanos, sino por modelos
matemáticos. Estos esquemas se diseñaron para permitirnos, entre otras
cosas, ahorrar tiempo, pero además se los popularizó como procesos más
justos y objetivos. Antes estas técnicas la resolvían seres humanos,
trabajadores ineficientes, según el progreso por estar dotados de un
cúmulo de problemas: familia, horarios, prejuicios, arbitrariedades,
etcétera, escarbando en montaña de papel para obtener un ¡deficiente! resultado.
Gracias a estos imperdonables e inútiles resultados
nos vendieron la innovación, programas de computadora capaces de procesar miles
de datos de manera rápida e “imparcial”.
Nadie sabe bien cuál es el objetivo del progreso, ni cuál la prisa, menos aún
la necesidad imperiosa del avance tecnológico. Como decía Hegel, “Tengan cuidado, hombres de acción,
porque ustedes son meros instrumentos de los hombres de pensamiento”, y claramente la mayoría no está entre estos
últimos. Los beneficios de los algoritmos son para los que piensan, no para los
que lo ejecutan.
Para tratar de optimizar algo, reducir la
incertidumbre, predecir el futuro, transformar plomo en oro, se ha echado mano
a una antigua disciplina filosófica que combina elementos, la tan mentada
alquimia, que en la actualidad, y dada la modernidad, su nombre mutó al de
“modelos matemáticos”. Estos pueden ser opacos, oscuros e irrefutables, sobre
todo esto último, yo diría incuestionables, incluso cuando están equivocados,
pero esa es una de sus mayores virtudes. Lo más llamativo es, aunque la gente
no lo sepa, que apuntalan a los afortunados y castigan a los oprimidos:
bienvenido al lado oscuro del big data.
La matemática Caty O’Neil nos presenta los modelos que dan forma a
nuestro futuro, no solo como individuos sino como sociedad. Estas “armas de destrucción matemática”,
como titula su libro, califican a maestros y estudiantes, ordenan
currículos, niegan préstamos, evalúan a los trabajadores, dirigen a los
votantes, monitorean nuestra salud, las redes sociales y las
inversiones, entre otras cosas. Gracias a los extraordinarios poderes de
las matemáticas combinados con la tecnología pueden de manera
científica multiplicar el caos y la desgracia y promoverse con casi nula
controversia como: provechosa.
Uno podría pensar que esta mujer es algún tipo de apóstata de la
modernidad, pero no es así. Fue profesora de universidad de Barnard
College, que compartía con la Universidad de Columbia el departamento de
Matemáticas. Decidió cambiar radicalmente su carrera profesional y
comenzó a trabajar como analista cuantitativa para D. E. Shaw, un
destacado fondo de cobertura. Con el tiempo, y con la crisis del 2008,
entendió que se afianzaba un mal uso de las matemáticas, los algoritmos
se ponían más de moda y se extendían a un creciente número de áreas.
Comprendió que funcionaban veinticuatro horas al día procesando inmensas
cantidades de información, en gran parte datos extraídos de las redes
sociales o de páginas web, como dejamos expuesto en el artículo Big Tech, el dominio de la economía del siglo XXX.
En lugar de prestar atención a los movimientos de los
mercados financieros mundiales, se dedicaban cada vez más a analizar a los
seres humanos. Los matemáticos y los especialistas en estadísticas estudiaban
nuestros deseos, nuestros movimientos y nuestro poder adquisitivo. Predecían
nuestra solvencia y calculaban nuestro potencial como estudiantes,
trabajadores, amantes o delincuentes. Esta era la economía del big data, y prometía ganancias espectaculares.
En
1997, el Banco Central sueco concedió el premio a las ciencias económicas en
honor a Nobel, a Myron Scholes y Robert C. Merton por “un nuevo método para
determinar el valor de los derivados”. Por cierto, un derivado es
un producto financiero cuyo precio parte del precio de otro activo,
futuros del petróleo, por ejemplo, y dependen del valor del activo principal,
el barril de petróleo.
Estos
señores habían fundado tres años antes –junto con John Meriwether, antiguo
vicepresidente de Salomon Brothers– un fondo de inversión de carácter
especulativo, Long Term Capital Management o LTCM. ¿Se acuerdan de él? Obtuvo
elevados rendimientos en los primeros años, por lo que todo el mundo los
consideraba unos genios. Pero en 1998, sus modelos de riesgo se fueron al
garete: el fondo perdió 4.600 millones de dólares en menos de cuatro meses,
provocando la intervención de la Reserva Federal de los Estados Unidos, el
rescate por otras entidades financieras y el cierre a comienzos de 2000.
En el 2019, un estudio publicado en la revista Science reveló que era mucho menos probable que un
algoritmo de predicción de atención médica, utilizado por hospitales y
compañías de seguros en los EE. UU. para identificar a los pacientes que
necesitaban programas de “gestión de la atención de alto riesgo», fueran
afroamericanos. En cambio, el algoritmo recomendaría pacientes blancos
para estos programas y no a pacientes negros. El estudio encontró que el
algoritmo usaba el gasto en atención médica como un indicador para determinar
la necesidad de atención médica o el puntaje de un individuo, lo que anulaba,
para obviar largas razones, a hombres y mujeres de color.
Como
se ve, trabajos, inversiones y salud, al menos con los ejemplos expuestos
arriba, están condenados por los algoritmos. Pero la idea es que entendamos
cómo se fabrica el modelo y así comprender lo que sucede. El ejemplo que da en
su libro Caty O’Neil es muy ilustrativo y simpático. Sería como diseñar la
estructura de cómo detener a Messi, pero en beisbol, un deporte que deja marcas
más fáciles de explicar y no el regateo que puede tener el mediocampista, y
cuya tendencia es indeterminada.
Antes
de comenzar quisiera destacar una aclaración que da la misma autora, y es que
el cerebro humano realiza las mismas tareas que un algoritmo. Ella da una
explicación acerca de la preparación de la cena para sus tres hijos, lo que
expone un modelo informal de algoritmo cerebral que como madre emplea a diario.
Cada noche, cuando se pone a cocinar de manera intuitiva, piensa recabando
información cuánto apetito tendrá cada uno de los miembros de mi familia. Sabe
además que uno de sus hijos comerá solo la pasta, que el otro comerá pollo y el
último es fanático de las hamburguesas. Los datos de entrada del modelo son la
información que tiene sobre su familia, los ingredientes que tiene en la
cocina, el tiempo, las ganas, etc. La evaluación del éxito será cuánto cenen o
cuánto dejen. El problema radica en su ausencia, si ella sale y sus hijos se
quedan con la abuela, ¿se puede transmitir el algoritmo, toda la información
obtenida en él para que la abuela haga la cena?, la verdad, no.
Para
afianzar este punto enfoquémonos en cómo hacer para parar a un jugador
específico en el beisbol. Un equipo cambio de posición a sus jugadores porque
descubrió que la tendencia de bateo de quien les había hecho daño en el primer
partido era la misma, siempre al mismo lugar, siempre a la derecha, supongamos,
así que puso a su mejor jugador a la derecha para que atrapara los batazos del
contrario. En la actualidad todos los equipos lo hacen, de hecho, el algoritmo
se va nutriendo con las estadísticas de cada bateo, de cada juego. Y todas las
preguntas que se nos ocurren son las que nutren el modelo. La respuesta del
modelo es ejecutar diferentes escenarios en cada coyuntura para dar con las
combinaciones de respuestas óptimas en cada instancia del partido. El problema
está en las preguntas que lo alimentan.
Si
las respuestas son los gastos en salud y estos gastos dan puntajes para
ingresar a ciertos programas, los afroamericanos que no gastan en salud, por no
tener recursos, harán que el algoritmo los deje fuera, porque se nutre de
gastos para decidir y brindar puntaje, es decir, el diseño de las variables que
nutre las estadísticas está pensado para dejarlos fuera. Eso sí, de manera
matemáticamente justificada, imparcial y científica. Y aquí está el centro de
la mentira y ella da un ejemplo en el que señala sus características
destructivas poco a poco.
El
nuevo alcalde de Washington decidió corregir la situación de las escuelas
deficientes de la ciudad, las que tenían malos alumnos, de los cuales muy pocos
llegaban a graduarse del primario. La teoría generalmente aceptada por el
neoliberalismo era que los alumnos no aprendían lo suficiente porque sus
profesores no trabajaban bien. De modo que, en 2009 se planteó un plan para
extirpar del sistema a los docentes de bajo rendimiento. ¿Cómo?, pues evaluando
a los profesores con una prueba llamada IMPACT, deshacerse de los peores y
colocar a los mejores donde se pueda producir el mayor efecto positivo posible.
Una
de las evluadas era Sarah Wysocki, maestra de quinto grado, que llevaba
trabajando solo dos años en el colegio MacFarland, pero el director del colegio
y los padres de sus alumnos tenían ya una excelente opinión de ella. Elogiaban
lo atenta que era con los niños; “una de las mejores maestras con las que he
tratado nunca”. La maestra Wysocki sacó una penosa puntuación en su evaluación
de IMPACT, esa puntuación, generada por un algoritmo, la dejaba debajo del
umbral mínimo, por lo que ella y 205 maestros más fueron despedidos.
Obviamente, Sarah Wysocki pensó que los números eran terriblemente injustos y quiso
saber de dónde venían.
¿Cómo
estaba diseñado el algoritmo?, ¿qué lo nutria? Bien, el primer problema fue que
la ciudad contrató una consultora que tenía un sistema llamado Mathematica y
dicha consultora no podía revelar su formato, porque la habían contratado
porque tenía el conocimiento para hacer la evaluación. El modelo en sí es una
caja negra, su contenido, un secreto corporativo fieramente guardado. De este
modo, las consultoras con sistemas como Mathematica pueden cobrar más, aunque
este secretismo sirve también a otros propósitos. Intentar puntuar la eficacia
de un docente analizando los resultados de una prueba de solo veinticinco o
treinta alumnos no tiene solidez estadística y es, incluso, ridículo. Pero
¿cómo puede confirmar el sistema que su análisis fue correcto? No puede. Una de
las variables que alimentaba al algoritmo era los resultados de años
anteriores. En ellos los docentes ayudaron a sus alumnos a realizar pruebas
para que el establecimiento quedara bien parado; con esta profesora, eso no
pasó.
Lo
que nutre el algoritmo es lo que se llama “bucle de retroalimentación” Las
empresas, por ejemplo, utilizan cada vez más las calificaciones de solvencia
crediticia para evaluar a los posibles candidatos para un trabajo. Se basan en
la creencia de que las personas que pagan pronto sus facturas tienen más
probabilidades de llegar puntualmente a su puesto de trabajo y de cumplir las
normas. Pero buenos trabajadores tuvieron la desgracia de quedarse desempleados
porque su empresa cerró, por lo que tardan en pagar facturas, lo que hace que
tengan una mala calificación crediticia. No obstante, esta idea de que dicha
mala calificación está relacionada con un mal rendimiento en el trabajo hace
que las personas que tienen una calificación más baja tengan menos
probabilidades de encontrar trabajo. El desempleo los empuja a la pobreza, lo
que a su vez empeora aún más sus calificaciones de solvencia, con lo que les
resulta aún más difícil encontrar trabajo.
Un
algoritmo procesa un montón de estadísticas y produce como resultado una cierta
probabilidad de que una persona concreta pueda ser un mal empleado, un
prestatario de riesgo, un terrorista o un pésimo maestro. Esa probabilidad se
condensa en una puntuación, que puede llegar a destrozar la vida de alguien. Y,
sin embargo, cuando esa persona decide defenderse, las “sugerentes” pruebas en
contra del veredicto son insuficientes para aclarar las cosas.
Después
de la terrible sorpresa de su despido, Sarah Wysocki solo estuvo unos cuantos
días desempleada. Había mucha gente dispuesta a responder por su trabajo como
maestra, entre ellas su director, y en seguida la contrataron en un colegio
privado de un próspero distrito al norte de Virginia. La consecuencia final fue
que, gracias a un modelo altamente cuestionable, un colegio pobre perdió a una
buena maestra, y un colegio rico, que no despedía a los docentes por las
puntuaciones que obtuvieran sus alumnos, ganó una.
La debacle causada por la pandemia del Covid-19 ha devastado economías nacionales, multiplicado el desempleo, marginación, hambre y pobreza y la crisis o quiebra de empresas de todos los tamaños. Pero algunas empresas y algunos de los más ricos del mundo han ganado en grande con esta pandemia.
Se aceleró la preocupante tendencia que ya existía a la digitalización (junto a la robotización y uso de inteligencia artificial) de muchas actividades industriales y financieras, así como de nuevos sistemas de vigilancia y control ciudadano.
Las principales ganadoras de la pandemia son las grandes plataformas digitales: Amazon, Microsoft, Apple, Google (Alphabet), Facebook, Baidu, Alibaba, Tencent. Las primeras cinco, conocidas como GAFAM, tiene matriz en Estados Unidos, las otras tres, con el ahora sugestivo acrónimo de BAT, en China.
Otras plataformas digitales, como las de entretenimiento, Zoom y algunas de entregas a domicilio también han crecido. Otras, como Uber y Airbnb han tenido pérdidas, aunque su meteórico ascenso y competencia desleal con las compañías regulares de taxi y hoteles (mayormente al no pagar impuestos) les habían dado abultadas ganancias.
La primacía de mercado y ganancias de las ocho mayores plataformas (GAFAM y BAT) es abrumadora. Según el informe 2019 sobre economía digital de la Conferencia de Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), 70 plataformas digitales tienen el 90 por ciento del mercado mundial, pero las siete más grandes tienen dos tercios del mercado. Esas mega plataformas han aumentado significativamente sus ganancias en 2020, al igual que sus fundadores, Jeff Bezos (Amazon), Bill Gates (Microsoft) y Mark Zuckerberg (Facebook).
Según UNCTAD, las empresas estadunidenses y chinas controlan el 75 por ciento de las nubes de cómputo, 75 por ciento de las patentes sobre cadenas de bloque (blockchain) y representan el 90 por ciento del valor de capitalización de mercado de todas las plataformas digitales.
Han seguido el mismo patrón que otros rubros industriales: las megaempresas se tragan a competidores más pequeños, logrando un control oligopólico del mercado. En años recientes, Facebook compró Whatsapp e Instagram; Microsoft compró Skype, Amazon compró Souq, la principal plataforma de Medio Oriente. Facebook controla dos terceras partes de la redes sociales y Google más del 90 por ciento de las búsquedas. Amazon, la mayor ganadora con la pandemia, superó a Walmart como la mayor en ventas minoristas a nivel global.
Uno de los nichos de dominación de mercado es que ofrecen almacenar los datos de otras empresas e instituciones públicas en sus servicios de nubes, donde también pueden manejar esos datos con inteligencia artificial. Esta capacidad de almacenamiento y uso de los datos (extracción, minería de datos, gestión, interpretación, venta), es el motor fundamental de sus ganancias.
Siendo un factor de importancia creciente en economías nacionales y rubros industriales esenciales, las grandes plataformas no tienen casi fiscalización, regulación o supervisión pública. Básicamente establecen sus propias reglas, y alegando su carácter global, están entre los mayores evasores de impuestos, lo que significa cifras astronómicas, mayores que el PIB de decenas de países enteros.
El factor fundamental de ganancia son los datos que les entregamos al usar estas redes. No solamente como individuos, también hay gobiernos que entregan o facilitan a esas plataformas los datos de sectores enteros de la población. Por ejemplo, Luis Hernández Navarro explica que en México, la Secretaría de Educación Pública orienta a que la educación a distancia se realice a través de las herramientas que ofrecen Google y Youtube, con lo que éstas tienen acceso a una multiplicidad de datos de las y los profesores, alumnos e instituciones, incluyendo intereses, edad y ubicación geográfica (La Jornada, 14-04-20 https://tinyurl.com/y8q7788x)
Otra importante fuente de datos es el aumento exponencial de sistemas de vigilancia y control. Con la pandemia se ha extendido el uso de aplicaciones que siguen a las y los ciudadanos de ciudades o países enteros, supuestamente para alertar si son o no un riesgo de contagio. Esto a su vez, se cruza con el uso de cámaras y lentes “inteligentes”, conectados a bases de datos estatales o privadas, que ya se usan extensivamente en China, Rusia, Corea y otros países asiáticos, y va en rápido aumento en Europa, América del Norte y del Sur. El negocio es tan lucrativo, que los clásicos competidores de sistemas operativos Google y Apple, colaboran ahora en ofrecer una aplicación gratuita de monitoreo durante la pandemia, que probablemente luego incorporarán por defecto a todos los dispositivos.
Las implicaciones de control, vigilancia y potencial represión gubernamental de estos sistemas quitan el aliento. Pero son aún más amplias las consecuencias políticas y económicas que tienen al otorgar acceso masivo de los datos de los ciudadanos a estas empresas y la “inducción” que las que compran los datos ejercen para vender desde productos a preferencias electorales, como sucedió con Facebook y Cambridge Analytica. No es solo un tema de privacidad de datos personales, se trata de los nuevos gerentes del mundo y cómo vamos a enfrentarlos colectivamente.
Representantes de diversos medios
audiovisuales e impresos así como de plataformas digitales, firmaron el
“Pacto para colaborar en la eliminación de la violencia contra las
mujeres y las niñas en México” enfocado en eliminar los estereotipos
sexistas y garantizar su participación igualitaria dentro de ellos.
Durante el evento realizado en el Auditorio del Centro de
Investigaciones Interdisciplinarias en Humanidades (CEIICH) de la UNAM,
representantes del Instituto Mexicano de la Radio (IMER), el Sistema
Público de Radiodifusión del Estado Mexicano (SPR), la Asociación
Latinoamericana de Internet (ALAI), la Organización Editorial Mexicana
(OEM) y Radio Educación, suscribieron nueve acciones para promover la no
violencia en los contenidos de estos medios.
Entre ellos resaltan la erradicación de estereotipos sexistas, de la
apología de la violencia contra las mujeres y las niñas en los
contenidos, la eliminación de la división sexual del trabajo a través de
capacitación a las mujeres para su incorporación efectiva en áreas como
la producción, edición, iluminación, así como la capacitación en
perspectiva de género a todo el personal de los medios.
En cuanto a las plataforma digitales signantes en las que destacan
sitios como Google, Facebook y Twitter, la directora de la Asociación
Latinoamericana de Internet (ALAI), Sissi de la Peña Mendoza, indicó que
una de las acciones a las que se comprometen son “atacar las
publicaciones que inciten a la violencia contra las mujeres con
mecanismos adecuados y mediante órdenes judiciales para que sea removido
sin menoscabar la libertad la expresión” indicó durante el evento.
Aseguró que para ello, se continuará la difusión de forma clara y
transparente de “nuestras reglas y términos de servicio, así como de
nuestros mecanismos de notificación y objeción en torno a su aplicación”
para que las mujeres ya no sufran más violencia en línea debido a que
en la actualidad 66% las mujeres mayores de entre 15 años han vivido
violencia en estos espacios.
Con la firma de este pacto, más de 100 medios de la mano de la
Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la
Cultura (UNESCO), la Alianza Global de Medios de Comunicación y Género
(GAMAG, por sus singlas en inglés) y la Universidad Nacional Autónoma de
México (UNAM) adoptaron estas políticas que marcaran la ruta para
enfrentar la desigualdad en todas las dimensiones de la comunicación,
como lo ha señalado el capítulo “J” de la Plataforma de Acción de
Beijing.
Hoy
acompañamos la firma de un Acuerdo histórico para, desde los Medios de
Comunicación y Platafornas Digitales, eliminar la violencia en contra de
las mujeres y las niñas, trabajando en contenidos que apoyen el
desarrollo y la igualdad pic.twitter.com/YYUYe6enJj
“Este pacto responde al llamado de las mujeres, a fin de promover la
igualad en estas industrias… Nos comprometemos a acompañar esas acciones
para que se conviertan en un ejemplo y más medios se unan” finalizó la
doctora Aimée Vega Montiel, Investigadora del CEIICH de la UNAM y
Presidenta de la GAMAG.
Más de la tercera parte despierta en la madrugada para revisarlo, revela estudio
▲ Sólo uno de cada 100 jóvenes mexicanos deja de ver su pantalla durante una hora.
El uso de dispositivos móviles está alterando los
patrones de la vida cotidiana en México y ha transformado las relaciones
más personales, en particular la de padres e hijos. Casi tres cuartas
partes de los adolescentes usan todo el tiempo su celular, la mitad
siente la necesidad de contestar de inmediato notificaciones y mensajes,
35 por ciento despierta en las madrugadas para revisarlo, uno de cada
dos se siente adicto, 76 por ciento lo emplea para revisar publicaciones
de las redes sociales y sólo 38 por ciento como herramienta en sus
estudios.
Una investigación de la Escuela Annenberg de Comunicación y
Periodismo de la Universidad del Sur de California encontró que entre
los adolescentes mexicanos y sus padres se han generado nuevas dinámicas
por el uso de la tecnología, al grado de interrumpir su sueño, generar
episodios de ansiedad en caso de estar lejos de los teléfonos y
distracciones a lo largo del día por estar conectados.
Los resultados del estudio, titulado La nueva realidad: padres, adolescentes y dispositivos móviles en México, muestran que 67 por ciento de los muchachos de entre 13 y 17 años de edad usan casi todo el tiempo su aparato, 12 por ciento varias veces por hora y sólo uno por ciento dijo usarlo una vez por hora.
Los padres no se salvan
Entre sus padres, las cifras son muy similares: 71 por
ciento lo revisa prácticamente todo el tiempo, 11 por ciento varias
veces por hora y 5 por ciento una vez cada 60 minutos.
La urgencia por responder de inmediato mensajes de texto, en redes
sociales u otras notificaciones es muy alta: 53 por ciento de los
adolescentes y 48 por ciento de sus padres señalaron que con mucha
frecuencia o siempre; contra 2 por ciento –en ambos casos– que indicaron
que nunca sienten la necesidad de contestar rápidamente.
Estos aparatos también han generado alteraciones en el sueño y el
descanso. Más de un tercio de los adolescentes (35 por ciento) y de los
padres (34) despiertan en el transcurso de la madrugada para checar
mensajes de texto, correos electrónicos o redes sociales.
Además, 32 por ciento de los jóvenes verifica sus dispositivos en un
plazo de cinco minutos después de despertar y siete de cada 10 lo hacen
en un plazo de media hora tras el amanecer. En los padres uno de cada
cuatro lo revisa a los cinco minutos de despertarse y 57 por ciento en
30 minutos.
Las formas de comunicación también se han visto trastocadas. El
estudio –aplicado vía electrónica entre el 15 de mayo y el 19 de junio
de 2019– indica que 67 por ciento de los chicos de 13 a 17 años prefiere
comunicarse con sus amigos por medio de mensajes de texto, 50 por
ciento lo hace en persona, 49 vía redes sociales y 40 hablando por
teléfono.
En tanto, 38 por ciento consideró que los dispositivos móviles son
extremadamente esenciales para mantenerse al día con sus amigos y 45 por
ciento destacó su relevancia para conversar con sus amistades.
Si los adolescentes tuvieran que pasar un día sin su dispositivo
móvil 63 por ciento se sentiría aburrido, el mismo porcentaje estaría
ansioso y 31 por ciento experimentaría soledad. Aunque, 73 por ciento se
sentiría un poco más feliz, 67 sería libre y 64 más tranquilo.
La mitad de los adolescentes y 45 por ciento de sus padres dijeron sentirse adictos al uso del teléfono celular.
El dispositivo móvil es una causa de distracción sensible: 61 por
cien-to de los adolescentes y 57 por ciento de los adultos dijeron que
usarlo los distrae varias veces al día.
El impuesto al valor agregado (IVA) por el consumo de
productos en la economía digital y el uso de transporte mediante
plataformas tecnológicas recaerá en el consumidor final y las empresas
tendrían la obligación de retenerlo y enterar a la tesorería, o bien
enfrentar sanciones como la suspensión de la conexión; además, deberán
pagar el impuesto sobre la renta (ISR).
La Secretaría de Hacienda planteó a la Cámara de Diputados gravar las
transacciones realizadas por Internet mediante una reforma a la Ley del
IVA, que permita definir que aun cuando las empresas tengan residencia
en el extranjero se considere que el servicio se presta en México, cuando el receptor se encuentre en territorio nacional.
El coordinador de los senadores de Morena, Ricardo Monreal,
presentará hoy una iniciativa con el fin de que las plataformas
digitales extranjeras que operan en el país y que obtienen ganancias millonarias por la venta y suscripción de sus servicios paguen los mismos impuestos que cualquier empresa mexicana.
Van por los cuatro grandes
La propuesta del senador advierte que la Comisión
Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), estimó un potencial
de recaudación de 178.8 millones de dólares al año por servicios
digitales, si se consideran únicamente los ingresos de cuatro grandes
empresas: Netflix, Amazon Prime, YouTube Red y Spotify.
En el documento que Hacienda entregó el domingo a los diputados, se explica que con la reforma a la mencionada normativa se
genera un criterio vinculativo que permite al Estado recabar del
residente en el extranjero, sin establecimiento en México, el IVA por
los servicios digitales, cuando el receptor del servicio se encuentre
ubicado en territorio nacional.
Precisa que el crecimiento del comercio electrónico en México es de
tal magnitud que en 2017 representó 4.6 por ciento del producto interno
bruto (PIB).
De esta manera, pidió cobrar el IVA a quienes descarguen o tengan
acceso a imágenes, películas, texto, información, video, audio, música,
juegos –incluso los de azar–, así como contenidos multimedia, ambientes
multijugador, tonos móviles, visualización de noticias en línea,
información sobre tráfico, pronósticos meteorológicos y estadísticas.
La propuesta es que el proveedor de los servicios digitales realice
el cobro del IVA a sus clientes y lo declare. En el caso del transporte
mediante aplicaciones, Hacienda justifica que no se exentará del IVA al
transporte público terrestre de personas.
Monreal indicó que su propuesta busca, además, que las plataformas
digitales disponibles en el país garanticen que 30 por ciento de sus
contenidos sean producidos en México para fomentar los valores
culturales y de identidad mexicanos, y en apoyo a productores
nacionales.
Se trata de una reforma a la Ley del IVA y lo que busca es lograr equidad tributaria, de ninguna manera se trata de la creación de un nuevo gravamen.
La falta de regulación afecta a más de 350 mil familias en México que
de manera directa trabajan en los medios de comunicación, la industria
del cine, los medios públicos, sindicatos del ramo y las sociedades de
gestión colectiva. Además, sostiene, provoca pérdidas por más de 3.5 mil millones de pesos.
Monreal señala que la regulación tributaria de las plataformas
digitales permitirá obtener recursos para que el programa Internet Para
Todos crezca 5.7 veces o que lo invertido en la Red NIBA de la UNAM
aumente 49.8 veces.
Facebook y otras redes sociales se han vuelto populares por
su interface sencilla y fácil de usar, pero muchas veces los usuarios
omiten configurar sus cuentas para proteger sus datos. Foto: Cuartoscuro
#MetaDatos
| A pesar de que en México la Ley de Protección de Datos Personales
prohibe que la información proporcionada a plataformas de redes sociales
–como Twitter y Facebook– sean entregadas a terceros sin consentimiento
del usuario, las apps que en esta plataforma diseñan compañías o
programadores no siempre garantizan el buen manejo de los datos.
Los usuarios no están relacionados con estas herramientas debido en
parte a que los proveedores de servicios de redes sociales promueven
poco las posibilidades que existen en la configuración de las cuentas.
Por eso, a continuación, les planteamos algunas maneras de evitar que
los datos personales sean vulnerados.
Ciudad de México, 13 de abril (SinEmbargo).– De acuerdo con el Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos (INAI), los usuarios de redes sociales en México tienen derecho a que los datos personales que proporcionan a plataformas como Twitter o Facebook
estén protegidos. Sin embargo, a pesar de las estrictas regulaciones a
nivel mundial a las que se someten los desarrolladores de aplicaciones
en estas plataformas, en ocasiones emplean de manera inapropiada la
información que obtienen de los usuarios.
El escándalo de Cambridge Analytica –en mayo de 2018– activó las
alarmas en todo el mundo y visibilizó las vulnerabilidades de Facebook
para garantizar la seguridad de los datos de sus usuarios. Una de las
principales consecuencias de este episodio fue la aprobación por la
Unión Europea del Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) que
extendió su regulación a los desarrolladores, aun cuando las compañías
no pertenezcan a Europa.
El RGPD hizo más riguroso el tratamiento de datos en Facebook y en
esta norma destaca la solicitud del consentimiento del usuario para
hacer uso de sus datos. Sin embargo, las normativas se diluyen en la
práctica, donde los casos de filtraciones de datos continúan, e incluso
la minería de datos y otras metodologías para recolectarlos son cada vez
más sofisticadas.
No se trata ya sólo del nombre de usuario y su correo electrónico, la
recolección de información es realizada también mediante inteligencia
artificial. De acuerdo con una investigación de NBC News,
publicada en febrero de 2019, el corporativo IBM recolectó miles de
fotografías de la red Flickr, una de las plataformas sociodigitales más
antiguas del mundo, con el objetivo de desarrollar algoritmos de
reconocimiento facial. Las imágenes fueron tomadas de cuentas de usuario
sin su consentimiento y sin dar aviso a los usuarios.
Lo que los usuarios comunes de Facebook ven en la plataforma es sólo
una parte de ella, detrás de los perfiles, las publicaciones y los “me
gusta”, “me encanta” y “me enoja” operan otras interfaces del mismo
producto.
La interfaz de programación de aplicaciones (API) de Facebook, es la
cara menos conocida de la plataforma. Sus ventajas son que se divide en
varias interfaces como el Graph API, Ads API, Chat API, cada una
orientada al desarrollo específico de aplicaciones a partir del código
abierto.
Es en esta otra cara de Facebook, se diseñan las aplicaciones de
juegos y otros productos de entretenimiento como los test de
personalidad, las adivinanzas y otros contenidos. Si el usuario no está
al tanto de la información que recolectan, estas apps pueden obtener por
meses acceso a datos personales.
De acuerdo con la información que proporciona Facebook respecto sus
políticas se configuración, si un usuario descarga una app pero no la
utiliza por 90 días, esa app caduca en la cuenta del usuario. Esto no
implica que los datos almacenados se eliminen por completo. Aunque una
vez que la app ha caducado, el desarrollador no tiene acceso a
información reciente del usuario, en muchos casos conservan los datos
que obtuvieron cuando el usuario usó su producto y para que estos datos
sean eliminados de manera definitiva no basta con eliminar la app de la
cuenta: el usuario tiene que solicitar de manera directa al
desarrollador o compañía que elimine sus datos.
Aun
cuando las apps y juegos son eliminados de un perfil de Facebook,
algunos de los datos
que acumulan sólo es posible removerlos por
solicitud directa a la empresa o proveedor.
Foto: Facebook
Una de las apps con más éxito en México son los juegos de
la compañía Fantastic Apps, de la que hay escasa información en la Red
pero que ofrece decenas de juegos y test graciosos, algunas veces con
temas polémicos y tendencias nacionales. Aunque sus productos suelen ser
muy divertidos, al hacer uso por primera vez de la aplicación ésta no
describe con precisión al usuario qué datos extraerá de su perfil y esto
sólo es posible de verificar a través del aviso de privacidad.
Love app es uno de los juegos de Facebook más conocidos en México. Foto: Facebook/Love.app
Al ingresar al aviso de privacidad, Fantastic Apps señala que obtiene
del usuario datos de manera temporal y para mejorar la experiencia del
usuario.
La app indica que del usuario obtiene su ID o número de
identificación en Facebook, además de información que describe como
“pública” y que incluye la fotografía de perfil del usuario.
En si versión en inglés describe en el apartado de salvaguardías que
recolecta la lista de amigos que usaron la misma app, el tiempo que
invierte el usuario en los juegos, la fecha y horario de actividad, así
como datos de ubicación del usuario, esto con el objetivo de enviarle
notificaciones en el momento apropiado, en el documento en español esto
no se menciona en ninguna sección.
Fantastic Apps no describe en su aviso de privacidad si el marco
legal bajo el que opera incluye al RGPD. Además de que el documento
cambia de manera sustancial en su versión en español, en donde se
asegura que la app no genera bases de datos de ningún tipo.
Uno
de los riesgos de emplear apps y juegos de Facebok es que los
desarrolladores también
pueden acceder a los datos de los contactos del
usuario. Foto: Facebook/Love app
En México, hace ya casi una década, se viralizaron aplicaciones que
supuestamente revelaban a los usuarios quiénes visitaban sus perfiles o
quienes les eliminaban de su red. Con el paso de los años se volvieron
más diversos los temas. En la actualidad es común que estas apps
ofrezcan entretenimiento a partir de comparaciones con famosos o
adivinanzas, en algunos casos Facebook les ha dado de baja; sin embargo,
este tipo de aplicaciones continúa sin muchos cambios en la manera en
como se ofrece a los usuarios.
EL INAI ha lanzado una alerta este año sobre este tema.
De acuerdo con el instituto, estas aplicaciones en algunas ocasiones
pueden obtener la lista de contactos del teléfono del usuario e incluso
rastrear la ubicación en tiempo real a través del sistema GPS. Esto
permite que, algunas veces, quienes desarrollan estas apps no garanticen
la protección de datos. Algunas de estas aplicaciones no sólo vulneran
los derechos de los usuarios interesados en adquirir sus servicios, sino
también los de sus contactos.
En México la extracción de datos mediante apps comenzó con los testo para saber quiénes
visitan los perfiles. Foto: Facebook
El testo My Personality se volvió escándalo mundial a raíz del caso Cambridg Analytica.
Foto: Facebook
CONFIGURACIÓN SEGURA
Especialistas en este tema sugieren que los usuarios de las redes
sociales deben procurar resguardar su información a través de varias
prácticas, éstas están disponibles en la interface pero tienen poca
difusión y son desconocidas por muchos de los usuarios.
Los pasos básicos para evitar estas malas prácticas inician en la
carpeta de configuración de cuenta, a la que se accede en la pestaña
superior que se encuentra a la derecha del menú. Una vez que se accesa a
este menú, se encuentra el apartado “aplicaciones” donde aparece el
listado de las apps que han tenido acceso a información del usuario.
Para
eliminar o desactivar aplicaciones y juegos el usuario requiere
ingresar a la
configuración de su cuenta y realizar esta operación en
los apartados “Aplicaciones” y “Juegos”.
Foto: Facebook
Una
vez que se ingresa al apartado de aplicaciones se desglosan todas las
que se encuentran
activas, en otra pestaña están las que han caducado, y
las que han sido eliminadas. Foto: Facebook.
Aunque en el aparato “ver y editar” es posible configurar la
información que se proporciona a la app o juego, en algunos casos no es
posible y se da consentimiento al desarrollador a extraer datos al dar
inicio al juego. A partir del 25 de mayo cada vez son más apps las que
solicitan el consentimiento, y permiten editar estos accesos antes de
que se comience a emplear el producto. Sin embargo, todavía hay algunas
aplicaciones que no operan de esta manera. En el caso de Love.App,
Facebook informa que recolecta: nombre y foto de perfil, género, amigos y
conexiones, idioma y zona horaria sin opción a editar estos datos. Esta
no es la única aplicación que presenta esta configuración en Facebook.
Love app no permite editar la información que los usuarios proporcionan. Foto: Facebook
En Twitter, también es posible configurar la información que se
proporciona a las aplicaciones. Esta puede ser editada en el menú
“configuración y privacidad” aparece un listado donde se encuentra la
sección de aplicaciones. Al ingresar a este apartado se enlistan todas
las apps activas que el usuario a empleado. Aunque sea sólo una vez, o
se empelara por unos minutos, estas aplicaciones pueden continuar
extrayendo información del usuario por meses y para cancelarlas basta
con dar clic en la pestaña derecha para “revocar acceso”.
El servicio de mensajería
WhatsApp, que por su extensión, prestaciones tecnológicas y capacidad de
manejar contenidos ha ido evolucionando en una suerte de red social,
anunció que ha reducido el límite de destinatarios de cada mensaje de 20
a cinco, a fin de combatir la desinformación, los rumores y el spam o
publicidad no deseada. Al anunciar la medida, Victoria Grand,
vicepresidenta de Política y Comunicaciones de la subsidiaria de
Facebook, señaló que con esa medida, WhatsApp espera que la mensajería
se enfoque a contactos cercanos de los usuarios.
Si se considera que un grupo de WhatsApp puede tener hasta 256
integrantes y cada uno tenía la posibilidad de mandar un mensaje a 20
destinatarios, el contenido podía llegar a más de 5 mil personas en un
solo renvío. Con la nueva medida, los destinatarios quedarán reducidos a
mil 280.
En la década reciente la expansión acelerada de los servicios de
mensajería digital y la eclosión de las redes sociales han empoderado a
la gente en general en el ámbito mediático y han hecho posibles nuevas
formas de activismo en todos los terrenos, pero también han creado un
enorme territorio para la desinformación, las campañas de intoxicación
de la opinión pública, el acoso y el desprestigio de inocentes, la
difusión de virus, así como los fraudes cibernéticos.
Un caso de particular gravedad es el de la propagación de rumores y falsas noticias (fake news), un fenómeno que en India ha desembocado en varios linchamientos.
Sin duda, las maneras de distribuir información, que fueron
predominantes durante el siglo pasado, han cambiado para siempre. Lo
anterior se ha traducido en el surgimiento de nuevos sujetos
informativos y ha generado un retroceso en audiencias en los medios
tradicionales, como los impresos, la radio y la televisión, los cuales
han debido, con éxito variable, adaptarse a las nuevas plataformas.
Paradójicamente, los profesionales, tanto los mencionados como los
que nacieron en Internet, son en la actualidad más importantes que nunca
para validar las noticias y confirmar o desmentir lo que se difunde en
las redes. En el nuevo escenario, las corporaciones propietarias de
éstas, como Facebook, Twitter, Google, Instagram y YouTube, así como los
servicios de mensajería que manejan crecientes cantidades de contenido,
como el referidoWhatsApp, están obligados a comprender y a aplicar
criterios editoriales para garantizar la libertad de expresión, pero
también para evitar que sus plataformas sean utilizadas en actividades
indebidas o claramente delictivas.
Cabe esperar que las direcciones de esos corporativos, que proceden
generalmente del mundo de los negocios y de la informática, pero no de
ámbitos periodísticos, sean capaces de superar semejante desafío.
Una de las 100 personas más influyentes del mundo: Revista Time
Roya
Mahboob es una mujer extraordinaria. Originaria de Afganistán, país en
el cual hasta 2001, ni una niña estaba inscrita en una escuela porque el
gobierno islamista radical del Talibán lo prohibía. Ella logró ser la
primera directora general de una empresa de tecnología en su país.
Mahboob creció en Pakistán e Irán, países donde su familia buscó
refugio después de la llegada al poder del Talibán. Cuando en su etapa
de adolescente descubrió las infinitas posibilidades del internet, su
vida cambió. Se graduó en Ciencias de Computación de la Universidad de
Herat, en Afganistán, y también cursó estudios en universidades
internacionales. Fundó su propia empresa: “Afghan Citadel Software”,
consultora en tecnologías de la información.
Como el avance de las niñas, adolescentes y mujeres es muy importante
para ella, creó la fundación “Digital Citizen Fund”, la cual imparte
cursos de educación digital para niñas y adolescentes entre 12 y 18
años. Además, fundó una plataforma digital donde las mujeres de su país
pueden expresarse a través de videos, blogs o fotografías. En 2013, la
“Revista Time” la nombró una de las 100 personas más influyentes del
mundo.
A pesar de que Mahboob ahora vive en Nueva York, afirma que su país
ha cambiado muchísimo desde el año 2001. En ese entonces, después de los
ataques islamistas del 9 de septiembre, el presidente de Estados Unidos
George W. Bush ordenó la invasión en Afganistán en contra de los
talibanes, quienes fueron sacados del poder pero luego recobraron
fuerza, y el conflicto armado se prolongó.
En 2014, el Ejército estadounidense y sus aliados se retiraron, pero
el país sigue en situación de inestabilidad. La violencia obliga a miles
de personas cada año a buscar refugio en otros países. Pero hay otro
lado de la moneda mucho más positivo, afirma Roya Mahboob, quien fue
invitada por la Universidad Panamericana en la Ciudad de México para
impartir la conferencia “Digital Entrepreneurship for Global Women. The
successful case of Afganhistan”, y concedió esta entrevista a
Cimacnoticias.
- Sonia Gerth (SG): Cuando una niña nace en el Afganistán de hoy,
digamos en Herat (ciudad natal de Mahboob) ¿cuál es su perspectiva de la
vida?
- Roya Mahboob (RM): Creo que para las generaciones nuevas las cosas
han cambiado completamente. Las niñas de hoy pueden ir a la escuela,
pueden ir a buscar trabajo, no tienen que casarse a temprana edad. Sí
puedo afirmar que muchas cosas han cambiado, en las grandes ciudades.
- SG: ¿Y en el campo?
- RM: En el campo falta mucho trabajo que hacer pero las cosas están
mejorando, comparado con el año 2001 (año de la caída del gobierno
Talibán). No podemos ignorar este mejoramiento, pero vamos a necesitar
un largo tiempo para lograr un cambio.
- SG: Cuando tú creciste nadie pensaba que fueras una de las primeras
directoras generales de una empresa en Afganistán. Eras refugiada en
Pakistán e Irán. ¿Cómo fue que tomaste este camino tan inusual para una
mujer afgana, una carrera en la tecnología?
- RM: De hecho, no fui refugiada en Pakistán, sólo en Irán. En 2003,
cuando conocí el mundo de las computadoras, todo cambió. Decidí meterme
en ciencias de computación. En ese tiempo empezamos a programar software
y dimos la licencia libre a organizaciones sociales. Pero luego tuvimos
la oportunidad de conocer a gente de Silicon Valley (región en
California sede de las empresas de tecnología de información más
importantes del mundo), y del Programa de Desarrollo de Naciones Unidas.
Y ellos dijeron: “¿Por qué no piensan en comercializar su producto?”
Fue entonces cuando decidimos crear la compañía. Había varios objetivos:
emplear a mujeres que se graduaran en computación, crear oportunidades
de trabajo y construir un ambiente laboral seguro para ellas. Las
mujeres se sienten más a gusto para programar, no tienen problemas con
la familia o con la cultura cuando trabajan rodeadas de mujeres.
- SG: Seguramente encontraron muchas dificultades en el camino. ¿Puedes mencionar algunas?
- RM: Claro que sí. Digamos que ser una directora general de una
compañía técnica es difícil, no importa en qué parte del mundo estés.
Pero en Afganistán, se supone que las mujeres no deben trabajar fuera de
casa. Hubo ataques contra nosotras, personales y profesionales. Muchos
hombres no querían trabajar con nosotras. Y cuando ganamos clientes,
luego no nos pagaban. Nos espiaban, nos amenazaban. Y la corrupción fue
otro problema, en aquellos tiempos había mucha corrupción en el gobierno
y sector público. Entonces hubo muchas dificultades, el acceso a
financiación es un reto grande para una mujer, las barreras culturales
en la vida cotidiana de ellas fue otro…
- SG: Y cuando ves el camino que tomaste ¿cuáles fueron las lecciones
aprendidas que te llevaron a querer promover a niñas y mujeres en
tecnologías de información?
- RM: Creo que en mi recorrido por la tecnología y el negocio
descubrí que el internet y los medios sociales le ofrecen alternativas a
las mujeres. Nos conecta con otras partes del mundo. No hay una
frontera física que pueda limitar a una mujer que tiene acceso a
tecnología y comunicación. Ellas pueden hacer lo que quieran. En mi
caso, no había otra opción. Decidí buscar clientes fuera de Afganistán,
mientras que yo me quedaba ahí. Tenía un pasaporte digital con el cual
podía viajar a cualquier parte del mundo. Encontré mi inversor en Nueva
York. De hecho, él me encontró, pero no importa, la compañía creció y
pudimos emplear mucho más mujeres. Creo que para un país conservador, la
tecnología y la educación son las herramientas claves para mejorar y
para que las mujeres se conviertan en ciudadanas globales.
- SG: En el resto del mundo tenemos una muy mala imagen de
Afganistán. Inseguro, corrupción, los Talibanes… pero vi en uno de tus
tuits la cita: “Afganistán no es el país que fue hace 17 años.” ¿Puedes
ampliarnos un poco?
- RM: Pues no sé, en la mayoría de los casos, ustedes los medios
siempre muestran la parte mala. Pero hay 34 millones de personas
viviendo en Afganistán. Celebramos fiestas, bodas, somos felices, nos
ayudamos, vamos a la escuela, al trabajo, hacemos deporte… ¡tenemos
todas estas cosas! Por supuesto, parte del país es inseguro. Hay ataques
de bombas, y creemos que nuestras vidas están en las manos de Dios. La
situación no es tan buena en las ciudades grandes como Kabul, pero en
general, todo está bien. Si comparas con el año 2001, cuando ninguna
niña iba a la escuela, hoy 35 por ciento de la población estudiantil son
niñas. Hay nueve millones de niñas y niños estudiando. También en las
universidades, las mujeres forman 35 por ciento de las y los
estudiantes. Tenemos 30 por ciento de diputadas en el parlamento, ahora
hay cuatro ministras, apuntadas por el Presidente Ashraf Ghani. Entonces
cuando vemos los sectores de política, educación, negocio, hay muchos
avances. Pero siempre tenemos que trabajar más duro. Por supuesto que
hay problemas, y no los ignoramos. Pero hay avances también.
- SG: Pero tú también recibiste amenazas por estar haciendo el trabajo que haces ¿Cómo se expresaron?
- RM: Hay muchas cosas cuando trabajas en un ambiente conservador. No
solamente está el Talibán que te envía amenazas. Pero la mafia de la
industria TI está detrás de ti porque conseguiste un contrato. O la
gente cuando ve que trabajas con estadounidenses, o trabajas afuera,
piensan que no estas siguiendo las tradiciones, o no te adhieres a la
cultura, y te odian.
Por ejemplo, instalaron un espía en mi compañía. Tuvimos que superar
todo eso, pero cuando comparo con los tiempos hace ocho años, tal vez
todo esto pasó porque fuimos la primera compañía con una directora
general femenina. Hoy en día las cosas han cambiado. El gobierno intenta
proteger a las mujeres. El anterior no dio mucho respaldo en eso, pero
éste sí. Tenemos que trabajar para que estas cosas se normalicen. Cuando
eres la primera en hacer lo que sea, la gente te critica, no les gusta,
hacen drama, pero cuando aseguras que no sigues siendo la única en
hacerlo, las cosas se normalizan. Y eso es lo que estamos haciendo. Hoy
tenemos miles de estudiantes que participan en nuestros programas de
tecnología, 13 mil ya se graduaron. Tenemos cien mujeres que pusieron
sus empresas incipientes. Empezamos un programa donde las mujeres
construyen robots. Todas esas son cosas que producen cambio. Y la gente
cambia su manera de pensar sobre mujeres en la tecnología.
El triunfo de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) en las elecciones del domingo marca el ingreso a una nueva etapa en el desarrollo científico y tecnológico en México. Lo que viene ahora es la exploración de una nueva ruta, aunque con un destino aún incierto al no existir una política suficientemente estructurada en esta materia en Morena, carencia que se debe en gran parte a la juventud de esta organización política. Aún así, no podría afirmarse que otros institutos políticos, a pesar de su mayor antigüedad, cuenten con programas sólidos en estas áreas, pues, por ejemplo, los partidos Revolucionario Institucional o Acción Nacional (que ya han gobernado a nivel federal) han ensayado estrategias que tienen una vida media muy corta (sexenal en el mejor de los casos), son oscilantes y han mantenido al país por décadas en el atraso y la dependencia frente al exterior.
Lo primero es reconocer que en seis años apenas se podrá esbozar una política de ciencia a la que habrá que dotar desde el inicio de una orientación diferente a la de las décadas pasadas. Al mismo tiempo, es necesario identificar entre las políticas actuales, aquellos elementos que, pese al rezago en que nos encontramos, puedan servir como punto de arranque para impulsar nuevas acciones. Para citar un par de ejemplos, en materia presupuestaria no es imaginable ir hacia atrás, sino, por el contrario, se deben encontrar los elementos objetivos que permitan sustentar un crecimiento sostenido del gasto en ciencia y tecnología. De igual modo, las políticas de formación de recursos humanos deben expandirse hasta llenar al mundo con jóvenes mexicanos absorbiendo conocimientos y tecnologías de vanguardia en los campos del conocimiento que puedan ser definidos de interés prioritario.
A diferencia de otros países, la ciencia en México se ha desarrollado, en general, al margen de la economía. El empuje industrial que jala e incorpora a la creación de conocimientos no es algo que haya formado parte de la experiencia en nuestro país. Así, la ciencia mexicana se caracteriza por la existencia de dos núcleos diferentes, los cuales han sido ajenos uno de otro: una ciencia surgida en las universidades que desde la segunda mitad del siglo XX ha impulsado principalmente programas de investigación básica y cuenta con una comunidad que ha participado en la creación de instituciones claves como el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología o el Sistema Nacional de Investigadores, y otra que crece de una manera muy lenta, que es la ciencia ligada a la producción de bienes y servicios, y que hasta hace algunos años era prácticamente inexistente.
Un punto de definición importante es no prescindir de la investigación básica, pues en ella se concentra nuestra historia, tradición científica y los cimientos sólidos para atisbar hacia el futuro. La ciencia vinculada con la producción de bienes y servicios ha sido impulsada por diferentes gobiernos con un enfoque basado en los estímulos o subsidios. Debe haber una revisión a fondo de estas políticas de fomento al sector privado, pues si bien su desarrollo es muy importante, deben reconocerse más las iniciativas surgidas desde las propias empresas y no verlas como minusválidas. Contraponer un tipo de investigación con la otra es una falsa disyuntiva, ya que los dos aspectos son igualmente necesarios e importantes. Además, Morena cuenta en su política de desarrollo industrial con elementos para la vinculación entre la academia y las empresas. Habrá que ver cómo se concretan, para evitar que sigan habitando en mundos paralelos.
Lo que puede dar sustento a una nueva política depende de cómo se articule a la ciencia con los objetivos del gobierno de AMLO. Hay un acento en las políticas sociales para abatir la pobreza y la desigualdad. Otro de los grandes desafíos es la inseguridad, ante la que el líder de Morena ha planteado ir a las causas brindando a los jóvenes educación y empleo. Esto lo señaló el domingo en la concentración en el Zócalo, donde también se refirió al desarrollo de proyectos productivos a lo largo de todo el país para crear empleos. Es aquí donde debe diseñarse una estrategia para involucrar a la investigación científica y tecnológica con los nuevos objetivos del progreso nacional, pues aportaría los elementos objetivos para el despegue de estas actividades.
Pasando a otro tema, el primero de julio se me impidió votar, pues unos días antes alguien eliminó mi nombre de la lista nominal a causa de… mi fallecimiento. Lo anterior muestra la desesperación a la que se llegó en los núcleos de poder y la sofisticación que han logrado los delincuentes electorales para expulsar selectivamente a los opositores de las urnas. Confío en que con la estrepitosa derrota que han sufrido los jefes de estos malhechores queden este tipo de acciones en el museo de monstruosidades de nuestra democracia.
Cuando pensamos en
la era digital, probablemente lo primero que acude a la mente son
computadoras, teléfonos móviles y otros elementos obvios de lo que se ha
dado en llamar TIC: tecnologías de información y comunicación. Parece
algo etéreo, pero en realidad conlleva enormes impactos ambientales y energéticos.
Además, la industria digital va mucho más allá de esas primeras
imágenes. Es una de las bases fundamentales del tsunami tecnológico que
ya está sobre nosotros, pero que difícilmente percibimos en todas sus
dimensiones. Entre ellas, por ejemplo, el rápido avance del Internet de las cosas,
que se propone sustituir al comercio convencional –incluyendo hasta la
compra semanal de los hogares–; la tecnología digital que mueve los
mercados financieros; las transacciones y monedas digitales; la
digitalización de la agricultura, con el uso de autómatas, drones,
satélites, sensores y big data; la optogenética que propone
manipular seres vivos a distancia; la omnipresencia de cámaras y
sensores que se comunican con gigantescas bases de datos, que pueden
incluir hasta nuestros datos genómicos; el Internet de los cuerpos,
con la digitalización de la medicina y las nuevas biotecnologías, y el
avance de la inteligencia artificial que subyace a todo ello. Todas son
áreas de fuertes impactos –escasamente comprendidos por la sociedad– y
la lista apenas comienza.
Uno de los aspectos más pesados y a la vez invisibles de la
era digital, es que contrariamente a lo que se podría pensar, los
impactos materiales, en el medio ambiente, en recursos y demanda de
energía son enormes. Jim Thomas, codirector del Grupo ETC, ejemplifica
esto en tres sectores: el iceberg de la infraestructura
digital, la demanda de almacenamiento de datos y la voraz demanda
energética del uso de las plataformas digitales.
La infraestructura digital y de telecomunicaciones ya instalada es
muy desigual. Mientras en la mayoría de países de África y otros países
del Sur global no llega a 20 por ciento de acceso de la población, en
América del Norte supera 90 por ciento. En conjunto, constituye lo que
Benjamin Bratton llama la mayor construcción accidental de infraestructura que la humanidad haya hecho jamás.
Es decir, la infraestructura está conectada –o pretende estarlo– a
todos los rincones del planeta, pero nunca se han tomado decisiones de
conjunto sobre ésta, sus múltiples implicaciones e impactos. La mayor
parte de la discusión global al respecto, a menudo promovida por
empresas de telecomunicación y big data, es sobre supuestos aspectos de equidad (todos deben tener derecho de acceder a la red),
y por tanto lo que plantean es que los gobiernos o agencias de apoyo al
desarrollo deben construir y pagar por la infraestructura donde no la
hay, y en muchos casos le dan prioridad frente a otras necesidades. Lo
que en general no se nombra es que la expansión de la infraestructura
digital implica, entre otras cosas, aumentar la red de radiación
electromagnética a todas partes, que tiene efectos negativos graves,
pero poco estudiados, sobre la salud y la biodiversidad. Es, además, un
motor de conflictos para extraer los materiales necesarios para
construir teléfonos celulares y otros aparatos de trasmisión y
recepción.
Paralelamente, el almacenamiento de toda la información
digital generada en el planeta se estimó para 2016 en 16.1 zettabytes
(un zettabyte es un billón de gigabytes). Para 2025, se calcula que se
requerirán 163 zettabytes, 10 veces más (IDC).
Para hacer la cifra un poco más tangible, serían unos 16 mil millones
de dispositivos de almacenamiento, aproximadamente dos discos duros de
alta capacidad por cada persona en el planeta. Esto requiere una
cantidad gigante de materiales, que incluyen minería de muchos
elementos, incluyendo raros y escasos, la producción masiva de químicos
sintéticos (y basura tóxica) y una enorme cantidad de energía para
extracción, fabricación, distribución y uso, incluyendo la operación y
ventilación de los dispositivos, etcétera.
Los requerimientos energéticos son a menudo invisibilizados, porque
se supone que la digitalización demandaría menos energía que otras
actividades, lo cual podría suceder en algunos casos. No obstante, uno
de los ejemplos más contundentes de lo contrario es el uso de monedas
digitales como el bitcoin. Según datos recientes, una simple transacción
en bitcoin, requiere la misma cantidad de energía que usa una casa
promedio en Estados Unidos ¡durante dos semanas! (Digiconomist.net)
Estos son algunos ejemplos de los impactos que en general no se
consideran. Todos ellos implican además efectos devastadores sobre las
comunidades y poblaciones de donde se extraen los recursos, además de
las consecuencias sobre la salud de usuarios y quienes están cerca de
las líneas y torres de trasmisión, así como sobre fauna, vegetación y
biodiversidad.
La tremenda demanda de energía de la infraestructura y operación
digital se suma a los factores principales causantes del cambio
climático. Por todo ello es necesario que desde las bases de la sociedad
asumamos el análisis y evaluación múltiple de los desarrollos
tecnológicos, incorporando todos sus aspectos, no solamente los que las
industrias quieren vendernos.
Innovación necesita diversidad de género y perspectivas, afirman
La
brecha de género en el acceso a las tecnologías persiste debido a que
las mexicanas se ven obligadas a cumplir con los estereotipos que
indican que deben dedicarse a actividades tradicionales de su género
como ser enfermeras o maestras, así lo dijo Ana María Martínez Franklin,
directora de operaciones de Laboratoria, una empresa de tecnológica que
forma mujeres con potencial e interés en esta área.
Todo tipo de innovación digital necesita diversidad de género y de
perspectivas, es por ello, que Laboratoria busca hacer conscientes a las
mexicanas de su talento y empoderarlas a través de la tecnología con el
fin de mostrarles que los límites marcados por los estereotipos o las
convenciones sociales no existen, dijo Martínez Franklin.
En conferencia de prensa realizada el día de ayer al sur de la Ciudad
de México, la CCO anunció que este 23 y 24 de abril se organizaría un
Hackathon, un espacio donde las estudiantes graduadas de su programa
educativo podrían contactar con empresas enfocadas en transformación
digital para que éstas las conocieran y facilitaran el reclutamiento de
las estudiantes.
Este maratón para mujeres programadoras y desarrolladoras de páginas
web, conocido como Talent Fest (feria de talentos) se realizó a
propósito del 26 de abril, Día Internacional de las Niñas en las
Tecnologías de la Información, fecha propuesto por la Organizaciones de
las Nacionales Unidas (ONU) con el propósito de impulsar la
participación de las mujeres dentro del sector tecnológico.
En el evento, inaugurado la tarde de ayer, las estudiantes junto con
las empresas trabajarían en propuestas para solucionar retos
tecnológicos.
Este Talent Fest, explicó Martínez Franklin, pretende cumplir con dos
objetivos: mostrar a las mexicanas un nuevo modelo educativo con
oportunidades laborales de calidad y proponer otro tipo de perfil a las
empresas nuevos perfiles de empleadas. “Las empresas que buscan innovar
en lo digital siempre van a reclutar a las mimas universidades, donde la
mayoría son hombres, sin embargo, ellos no son el único perfil que se
necesita”, añadió.
El programa de estudio de Laboratoria inició en Lima, Perú, en 2014
para apoyar a mujeres jóvenes con limitaciones económicas a emprender
una carrera en sector digital y así aprovechar la demanda de mercado,
las necesidades de los desarrolladores web en la industria digital y dar
mayores oportunidades educativas y laborales a las mujeres.
Martínez Franklin explicó que la finalidad de su programa es preparar
a las mujeres para los “trabajos del futuro”, por ello relaciona la
enseñanza con terapias grupales de empoderamiento para un desarrollo
pleno de sus capacidades. “Laboratoria se enfoca en brindar el talento y
la diversidad que el sector tech necesita para crecer”.
Las estudiantes deben pasar por 5 etapas que se desarrollan antes,
durante y después de graduarse: postulación, selección, boot camp,
Talent Fest, inserción laboral y educación continua. Cada etapa cuenta
con eventos diseñados para acercar a las estudiantes con posibles
empresas empleadoras.
Resaltó que México cuenta con la mayor cantidad de jóvenes mujeres en
Latinoamérica que no trabajan ni estudian, cuando están en el mercado
laboral ganan 68 por ciento menos que los hombres y representan menos
del 10 por ciento de la planta trabajadora en el sector tecnológico,
“hoy, apenas 7 de cada 100 programadores latinoamericanos son mujeres”,
enfatizó.
Actualmente Laboratorio cuenta con seis sedes en Lima, Santiago de
Chile, Sao Paulo y dos México –una ubicada en la capital y otra en
Guadalajara, las cuales, según dijo, son las sedes con mejores
resultados desde 2015 donde se han graduado más de 220 estudiantes, de
las cuales 90 por ciento cuentan con un trabajo como desarrolladoras web
y ganan el cuádruple de un salario anterior.
Abril Juárez, alumna de Laboratoria en la Cuidad de México, explicó
que durante 6 meses intensivos se les enseñó a adaptarse a trabajar en
diversas situaciones y a ser autodidactas ya que –añadió- el campo
laboral tecnológico se encuentran en constante cambio.
Con este Hackathon, Laboratoria aspira a reducir el proceso de
contratación tradicional de 2 a 3 meses a sólo 36 horas. Otra forma de
contratación que permite Laboratoria es mediante su app Hiring, en la
cual las empresas pueden consultar los portafolios de las estudiantes,
dos semanas antes de la Hackathon.
Algunas de las empresas participantes, en el primer día, fueron:
CitiBanamex, Volaris, BBVA Bancomer, Scotiabank, Accenture, AXA seguros,
IBM, Grut Studio, Lagaash, Texico, Datank, GFT, Yalo, entre otras.
Si hubiera que llegar a una sola conclusión general acerca de la filtración de datos en la que estuvo involucrada Cambridge Analytica, la consultora electoral que obtuvo información de más de 87 millones de cuentas de Facebook, es que debes dudar antes de compartir tus datos con una marca desconocida.
Esta lección es pertinente para casi todo lo relacionado con la tecnología personal, incluyendo las aplicaciones que descargas para tu celular o computadora y los servicios gratuitos que utilizas en línea.
Por si fuera poco, la información que te pueden robar se está haciendo cada vez más personal. Los teléfonos inteligentes, por ejemplo, tienen micrófonos, sensores de movimiento y cámaras que pueden vigilar cada paso que das si son interceptados por una persona o empresa con malas intenciones. Los dispositivos domésticos, como termostatos o tomas de corriente conectados a internet y los altavoces inteligentes, pueden reunir información sobre tus actividades en casa: son capaces de escuchar tus conversaciones y saber cuándo no estás.
Es hora de dejar de usar la tecnología y el internet como si estuvieras de compras en un supermercado. En una tienda de abarrotes, puedes suponer razonablemente que las etiquetas de los alimentos son precisas y los productos son seguros para ingerir, porque la industria alimentaria tiene muchas regulaciones. El manejo de información personal digital, por otro lado, no está bien regulado. Ha habido muchísimas empresas opacas que te atrapan con productos que prometen mejorar tu vida, pero en realidad sacan provecho de tus datos.
“No sabemos por qué confiamos en que una empresa específica con acceso a nuestros datos no hará algo como venderlos, rentarlos o compartirlos sin nuestro consentimiento”, dijo Lee Tien, abogado de la Electronic Frontier Foundation, una organización sin fines de lucro que se enfoca en los derechos digitales.
Estos son algunos ejemplos de ocasiones en que las marcas nos dañaron y las lecciones que podemos aprender.
Correo electrónico ‘gratuito’
El año pasado, The New York Times reveló que Uber compró información sobre Lyft, su principal competidor en el sector del transporte privado en Estados Unidos, a través de Unroll.me, un servicio de correo gratuito que ofrecía a la gente cancelar sus suscripciones a correos publicitarios.
¿Cómo obtuvo Unroll.me datos de Lyft? Unroll.me escaneó los buzones de entrada de los usuarios para buscar información y la vendió a otros negocios; Uber pagó por los datos que hubiera encontrado acerca de los recibos de Lyft. A muchos clientes les pareció engañoso que una empresa que prometía ayudarte a eliminar el correo no deseado de los anunciantes hiciera dinero vendiéndoles tu información a ellos y a otras empresas.
Este es el giro inesperado: la verdad siempre estuvo disponible en la política de privacidad, que decía: “Podríamos recolectar, utilizar, transferir, vender y revelar información no personal para cualquier propósito” y que los datos podían usarse “para construir productos y servicios anónimos de investigación de mercado”.
En respuesta a las críticas, Unroll.me dijo que fue “descorazonador” ver que la gente estaba molesta y prometió ser más transparente con respecto al su uso de datos. La aplicación sigue operando.
Las lecciones: Cuando tengas tiempo, lee las políticas de privacidad antes de compartir tus datos con una marca. Es una tarea engorrosa, pero también un ejercicio saludable, particularmente cuando no conoces la empresa y sientes desconfianza de una compañía dudosa. Haz tu mejor esfuerzo para investigar el modelo de negocio de la empresa. Cuando un producto o servicio es gratuito, siempre debes suponer que tu información personal se usa para obtener ganancias.
“Todos debemos saber que, cuando no pagamos por un servicio o aplicación, entonces lo estamos haciendo de una manera no monetaria”, comentó Tien.
Mensajería y espionaje
Una aplicación llamada Soniac estaba disponible el año pasado para los celulares Android en la tienda de aplicaciones Google Play. Soniac se anunció como una aplicación de mensajería y, en efecto, incluía funciones para enviar mensajes de texto. Las características menos evidentes: la aplicación también podía grabar audio sin revelarlo, tomar fotos con la cámara, hacer llamadas y descargar registros de llamadas, entre otras funciones.
Lookout, una firma de seguridad que da seguimiento al software nocivo en los dispositivos Android, alertó a Google acerca de las habilidades ocultas de Soniac el año pasado y rápidamente eliminaron la aplicación de la tienda de aplicaciones.
No obstante, Lookout dijo que sus investigadores habían identificado más de mil aplicaciones de programas informáticos espías con muchas de las mismas características que tenía Soniac. Muchas de esas aplicaciones espías estaban ofertadas en tiendas de aplicaciones de terceros que no tienen autorización de Google.
Las lecciones: Para empezar, antes de instalar una aplicación de una empresa de la que nunca has escuchado, revisa las reseñas de los usuarios y haz una búsqueda en la web acerca de la empresa para ver si sus servicios son legítimos. También puedes revisar publicaciones web de prestigio que reseñan aplicaciones, como TouchArcade, CNET y Tom’s Guide.
Además, cuando instales una aplicación, revisa bien los datos a los que tiene acceso. Las aplicaciones de los teléfonos inteligentes te piden permiso para tener acceso a ciertos datos y sensores. Si una aplicación pide datos que no están relacionados con el producto, no la instales. Puedes esperar que una aplicación de mapas te pida tus datos de ubicación, por ejemplo, pero no debería tener acceso a tu cámara.
Datos sobre menores de edad
Cuidado, padres de familia: algunos productos de internet han recolectado datos específicamente de niños. EchoMetrix es un ejemplo tristemente célebre. En 2009, la empresa emitió un comunicado de prensa en el que presumió de haber predicho el ganador de la competición American Idol de ese año.
¿Cómo lo hizo? A través de la información privada de los niños. La empresa comenzó en 2004 con el nombre SearchHelp y, en ese entonces, ofreció una aplicación de control parental llamada FamilySafe para que los padres monitorearan las actividades en línea de sus hijos. Cinco años después, se convirtió en EchoMetrix y lanzó Pulse, una herramienta para proporcionar a anunciantes datos acerca de los jóvenes, la cual se obtenía a partir de los datos de millones de transcripciones de conversaciones y publicaciones de blog de adolescentes, entre otras fuentes. Después de una acción legal en contra, EchoMetrix prometió dejar de analizar o compartir información de usuarios menores y ahora se promueve como Protext Mobility, empresa de biotecnología.
Las lecciones: Sé prudente cuando elijas productos de tecnología para tus hijos. Se está volviendo cada vez más frecuente que los juguetes vengan con conexión a internet. Antes de comprar un juguete “inteligente”, investiga qué hacen las empresas con los datos. Common Sense Media, una organización sin fines de lucro que evalúa contenido y productos aptos para toda la familia, es un buen lugar para comenzar tu investigación.
Quizá la lección más importante es reconocer que no sabes nada acerca de la gran mayoría de las marcas con las que interactúas en internet. Así que procede con cuidado.
“Estos riesgos no se irán”, dijo Tien. “Con la expansión de la recolección de datos y de lo que es posible reunir, la situación seguirá creciendo”.
Brian X. Chen, principal reportero de tecnología de consumo de The New York Times, es autor de la columna Tech Bits.